AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 17  Mayo   2001
#Autodeterminación
MARTIN PRIETO El Mundo 17 Mayo 2001

#Los límites del diálogo
Editorial La Razón 17 Mayo 2001

#Maragall, problema para Zapatero
Editorial La Razón 17 Mayo 2001

#Terapias y diagnósticos
Valentí PUIG ABC 17 Mayo 2001 

#Dos historias 
Ramón PI ABC 17 Mayo 2001 

#Con los “amigos” de González
Susana Moneo
Libertad Digital 17 Mayo 2001

#Consideraciones postelectorales
JOSEBA ARREGI El País 17 Mayo 2001


#La contabilidad
Nota del Editor 17 Mayo 2001

#De fracaso, nada. 2
Enrique de Diego Libertad Digital 17 Mayo 2001

#Pánico a los ratones
 Pío Moa Libertad Digital 17 Mayo 2001

#La cruz de Ibarreche
José A. SENTÍS La Razón 17 Mayo 2001

#Un referéndum sin pregunta
Lorenzo CONTRERAS La Razón 17 Mayo 2001

#Negro País Vasco
LUIS ANTONIO DE VILLENA El Mundo 17 Mayo 2001

#Respeto institucional ¿Política ficción?
Ignacio Villa Libertad Digital 17 Mayo 2001

#Gentes de cristal
JOSEP RAMONEDA El País 17 Mayo 2001

#Elogio de Iturgaiz
Iñaki EZKERRA La Razón 17 Mayo 2001

#Abatimiento general
RAUL DEL POZO El Mundo 17 Mayo 2001

#La primilla de campanario
Antonio GARCÍA-TREVIJANO La Razón 17 Mayo 2001

#'Defenderemos, pase lo que pase, la libertad de expresión'
 Bilbao EL PAÍS 17 Mayo 2001
 

#PP y PSE logran 'mayoría absoluta' en núcleos urbanos
CARLOS SEGOVIA El Mundo
17 Mayo 2001

#¿De verdad gana el nacionalismo?
NICOLAS DE LAURENTIS El Mundo 17 Mayo 2001

#Un pasar
Tomás Cuesta La Razón 17 Mayo 2001

#Al día siguiente
MARIO ONAINDIA El Mundo 17 Mayo 2001

Autodeterminación
MARTIN PRIETO El Mundo 17 Mayo 2001

Cuando el Rey sancione con su firma el documento histórico que recoja la desagregación del País Vasco de España dará igual que el Príncipe se case con una modelo noruega o con una suripanta nigeriana porque entonces la familia Borbón habrá de ir preparando por enésima vez las valijas ante una nueva conjura republicana (que ya no podrá pactar en San Sebastián) que reprochará a la Corona no haber servido a la longeva unidad de España. Al tiempo será imposible contener independentismos como el catalán, el gallego y hasta el canario, sobre todo si Repsol descubre el petróleo que está buscando en sus aguas jurisdiccionales, y se habrá hecho realidad el sueño de Sabino Arana de construir Euskal Herria sobre los escombros de la nación española, la más abyecta de Europa. 

Para los secesionistas toda comparación es viable y así recuerdan Letonia, Estonia, Lituania, Escocia, Córcega, Bretaña, las danesas islas Feroe, la descomposición balcánica o los palestinos, aunque a Xabier Arzalluz se le esté poniendo cara de Ben Gurión proclamando Israel desde un balcón, pero para esta ocasión quieren recurrir a la mesa irlandesa que ofrece la ventaja de no tener el Reino Unido una Constitución escrita a sus espaldas. España sí, y encierra una trampa saducea: puede hasta abolirse si se quiere, pero con el voto de todos los españoles. Introducir en ella el derecho de autodeterminación de las autonomías (todas más históricas que la vasca o la madrileña) provocaría el voto de bloqueo de los que creen que España es una habitable casa común y no un cajón de sastre. 

A menos que se cumpla la improbable broma de Felipe González a su amigo Arzalluz: «Si seguís así los españoles van a votar en un referéndum por separarse de los vascos». Pese a la iconografía electoral de HB, el nacionalismo vasco, el de los votos y el de las pistolas en inevitable coyunda, es como la masturbación: no engendra y provoca melancolía, porque esa construcción nacional o es violenta o no será. Ni con el 51% del censo vasco en favor de la independencia tiene ésta carriles para proclamarse, excepto con la antecitada balcanización de España, prerrequisito del soberanismo euskaldun. Pero ni en ese imposible se posaría la paz sobre la mesa irlandesa, porque siendo el vasco un nacionalismo-imperialismo de juguete, seguirían los tiros y las bombas por domeñar Alava, y someter Navarra e Iparralde, más algunos flecos por Aragón, Rioja o Cantabria que completen la gran Euskal Herria. Y acabado el proyecto, la izquierda abertzale pasaría a cuchillo a los derechistas del PNV que habrían de pedir asilo político en los retales haraposos de España. De la I República vasca a la III República española. No debe haber Rey ni presidente del Gobierno que consientan en la ilusa mesa irlandesa so pena de que les cuelguen de las farolas de la Carrera de San Jerónimo.

Los límites del diálogo
Editorial La Razón 17 Mayo 2001

Antes de que los nacionalistas vascos, eufóricos por la victoria, se lancen a futuras utopías conviene que recuerden que la posición de los partidos mayoritarios en España no es, precisamente, aceptar un trágala con lo que se le pase por la cabeza a Arzallus en relación con la llamada paz.

   La paz en el País Vasco no necesita mucha negociación. Como sólo es un bando el que mata, y otro el que muere, basta con que el de las pistolas deje de disparar. En ese mismo momento, la tan ansiada paz llega. No hacen falta mesas irlandesas ni montajes espectaculares. Si lo que se pretende es comprar por un precio político el silencio de las armas de Eta, eso no es una negociación de paz, sino un chantaje al Estado. Si eso es lo que quiere plantear Arzallus, nos tememos que no podrá tener una respuesta afirmativa. No sólo porque el PSOE no parece querer, sino porque el PP en el Gobierno lo ha negado con convicción. Y ellos no sólo son la práctica mitad del electorado vasco, sino las tres cuartas partes del conjunto de España. Si Arzallus quiere ser el gestor de la paz, basta con que convenza a Eta. Si la única manera que encuentra para ello es vaciar los bolsillos del Estado, entonces no está buscando la paz, sino poder.

   El diálogo tiene el límite de no superar las instituciones, como ayer confirmó Aznar. El presidente del Gobierno no puede hacer otra cosa: cualquier cesión constitucional, si pudiera hacerla (que no puede por su cuenta, porque requiere el concurso parlamentario, con fuertes condiciones) le situaría fuera de la ley. Todo lo demás son fantasías para consumo interno. E Ibarreche lo sabe.

Maragall, problema para Zapatero
Editorial La Razón 17 Mayo 2001

No deja de causar estupor que un dirigente socialista se alegre por la derrota de su propio partido. Tratándose del presidente de los socialistas catalanes, Pasqual Maragall, la sorpresa es menor, aunque su incoherencia no permite minimizar la crítica al secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez-Zapatero, y a sus compañeros del Partido Socialista de Euskadi. Los diputados del Parlamento catalán escucharon ayer estupefactos cómo Maragall invitaba a Pujol a cambiar las cosas en Cataluña tras la «derrota del nacionalismo español». Es difícil esperar que en su caótica y difusa ideología, que oscila entre el pragmatismo y el nacionalismo catalán, incluya lecturas de Gellner, Hastings o Hobsbawm que le aclaren la idea de nación. 

Los esfuerzos del dirigente socialista catalán por marcar distancias con respecto al PSOE, algo que Zapatero no ha sido capaz de impedir desde que asumió la secretaria general, pone de manifiesto la ignorancia de Maragall sobre el nacionalismo. Cabe afirmar que contraponer los nacionalismo particularistas y excluyentes con un inexistente nacionalismo español que estaría representado por el PP y el PSOE es la expresión de una supina ignorancia. Los grandes partidos defienden un proyecto de España basado en la solidaridad y la cohesión territorial, mientras que los nacionalismos vasco, catalán y gallego parten de posiciones excluyentes en las que se pone la nación inventada por encima de las personas. Zapatero tiene un grave problema con Maragall, pero ahora sufre las consecuencias de los pactos que le auparon al poder.

Terapias y diagnósticos
Por Valentí PUIG ABC 17 Mayo 2001 

Una adecuada dosificación de principios éticos e imaginación política sería buen método para afrontar el significado de las elecciones en el País Vasco. La ambigüedad puede resultar ser una perversión del lenguaje porque hace estragos en la exactitud semántica que requiere un Estado de derecho, pero la brusquedad también puede ser beligerante en otro sentido, precisamente en una época en la que los lenguajes belicosos son el gran impedimento para arrimarse con cierta eficacia a la complejidad de las cosas. Inventarse un país distinto al real para que puedan encajar nuestros pronósticos no es la forma más idónea para contrarrestar el choque de un resultado electoral. Se pide entonces capacidad de maniobra y ya se sabe que los políticos con imaginación son los más capacitados para cortar el nudo gordiano o hallar un espacio para el juego de piernas cuando se está entre la espada y la pared.

Cuando se tiene la ley de parte de uno, las situaciones pueden ser incómodas porque ya se sabe que lo justo no siempre coincide con las circunstancias de lo cómodo. Así se siente la opinión que secundó el pacto antiterrorista y que deseó alguna clase de alternancia en el País Vasco. Ahora estamos en la etapa de obligada administración de los gestos y de un riguroso cumplimento de las formas al margen de los desaires. Sólo ajustando esas tonalidades puede encauzarse la imaginación política. Aun así, la generosidad no merece ser confundida con el seguidismo, del mismo modo que en toda negociación las partes tal vez hayan de ceder en algo, sin que se erosionen los fundamentos del sistema.

Conocemos en parte cuál es la naturaleza del nacionalismo representado por el PNV y hay noticia de sus complicidades. Incluso contando con ese conocimiento, las normas de juego implican que en la salida de los equipos al terreno de juego el marcador esté en posición de cero. Aunque sea con un pasado tantas veces equívoco, la partida recomienza de nuevo. Es de desear que nos olvidemos de las partidas de dados en las que todo se juega de una vez y desempolvemos el tablero de ajedrez.

Decía un ciudadano vasco que en su país se vive muy bien si uno no se mete en líos. En tal caso, puede necesitar guardaespaldas o un ataúd, según los precedentes. Ese no es un asunto que únicamente afecte a los vascos: la euforia del nacionalismo catalán más exótico por los resultados del domingo puede traducirse en modos de emulación que vayan cuarteando dialécticamente el edificio constitucional.

La anécdota es un Quebec que va convocando un referéndum tras otro sin llegar a ninguna conclusión. Menos trivial es el componente de descomposición colectiva, de anomia y abaratamiento de las palabras que importan. Desde las perspectivas más diversas, en casos como el País Vasco acertar en el diagnóstico y equivocarse en la terapia viene convirtiéndose en costumbre. El Estado no es algo que se pueda llevar de aquí allá, de forma trágica ni tan siquiera banal. Si la realidad autonómica es Estado, sentido de Estado se le puede requerir a quien la represente y gestione. Hay algo desvergonzadamente irónico en la suposición de que la estabilidad, la imaginación y el rigor son una tarea que sólo concierne a La Moncloa. No es mucho pedir que por una vez cada uno se haga responsable de lo que hace y dice. Cuando no es así, acostumbra a acontecer que la Historia se repite.

Dos historias 
Por Ramón PI ABC 17 Mayo 2001 

Un joven donostiarra vio un asesinato cometido a sangre fría, de un tiro en la nuca a bocajarro. Su espíritu cívico lo llevó a declarar ante la Policía autónoma, y ofrecer datos sobre el asesino; estatura, edad aparente, vestimenta. Al día siguiente, en las paredes de su casa aparecieron unas pintadas: «Chivato, vamos a por ti». Este muchacho hace años que desapareció del País Vasco. Hoy está en paradero que desconocen hasta sus amigos íntimos de 1993. El ejercicio de su deber cívico le volvió la vida del revés. Nadie puede afirmar que fuera la Policía autonómica la que dio el soplo a los asesinos, ni la autora de las pintadas. Lejos de mí semejante pensamiento. Lo más probable es que todo eso fuese obra del Hombre Invisible. Pero no quiero detenerme en este punto oscuro, sino en la reacción que se produjo, a raíz de las pintadas, por parte de gente que el joven suponía que estaba de su parte: «Te lo has buscado tú mismo. Con las cosas como están, lo mejor es no ver nada».

Un profesor universitario, también de San Sebastián, es hijo de un veterano militante nacionalista. Al cumplir más o menos la veintena, llegó a la conclusión de que no estaba de acuerdo con lo que pasaba en el País Vasco, y explicó a su padre su convicción de que el País Vasco sólo sería habitable por todos si dejaba de anclarse en la mentira histórica y cultural y asumía sus raíces españolas, y si sus gobernantes ponían por delante de la ideología la defensa de la vida y la integridad de cada individuo. La respuesta de su padre fue: «Hijo, si piensas así, creo que deberías pensar en marcharte. Serías más feliz». No se ha ido, pero sus relaciones familiares han quedado reducidas a la pura cortesía.

Estas dos historias, ciertas, me parece que explican bien hasta qué hondura de degradación moral ha llegado una sociedad que prefiere ignorar valores esenciales antes que hacer frente a una realidad intolerable. Y explican, además, el desánimo de los que ven cuán lentamente se avanza hacia una normalización de la vida vasca que sea merecedora de este nombre.

Con los “amigos” de González
Por Susana Moneo
Libertad Digital 17 Mayo 2001

Se veía venir. La actitud de la ejecutiva socialista, desvelada por José Blanco, Pepe Blanco para los amigos, es la culminación de lo que hemos presenciado en las últimas semanas con una campaña electoral en la que Ferraz ha querido imponer su pauta frente a los criterios de Redondo Terreros y los suyos. Se ha aclarado ya lo que muchos llamaban ambigüedad. Los continuos guiños de Zapatero al PNV, sus insistentes réplicas al PP o su escandalosa desaparición en la jornada electoral, trazaron el camino que llega finalmente a los “amigos” de González.

Redondo Terreros, Ares, Rojo, Rosa Díez y tantos otros han luchado con valentía y decisión por recomponer un panorama que su partido se ha empeñado en desbaratar con deslealtad y alevosía. Y si esto es grave de por sí, más lo es si se trata del País Vasco. Los primeros han apostado firmemente por unos principios jugándose incluso la vida. Los segundos juegan en la distancia por sus propios intereses, con los principios y la legitimidad de los demás.

¿Por qué Zapatero se quiere reunir con Ibarreche? Si quiere ningunear y desautorizar a Redondo lo que consigue es dejar en evidencia su propia incapacidad para liderar son seriedad y responsabilidad el principal partido de la oposición. Está llevando al PSOE a un torbellino de despropósitos jaleado por su “equipo habitual”. Pero está rozando el límite de la credibilidad y andando sobre una cuerda cuyos vaivenes pueden hacerle caer. La mano que la mece ya ha traicionado antes.

Consideraciones postelectorales
JOSEBA ARREGI El País 17 Mayo 2001


Joseba Arregi
ha sido parlamentario autonómico del PNV en las dos últimas legislaturas.

Se han celebrado las elecciones vascas. Unas elecciones muy esperadas, que incluso pueden haber servido para algo. Pero ahora viene lo difícil. Y la dificultad es previa incluso a la de saber administrar los resultados de estas elecciones: se encuentra en la misma interpretación de los resultados. Es necesario hacer justicia a éstos, entender su significado. Esta exigencia es siempre importante, pero más cuando lo que está en juego es la paz en libertad, cuando se trata de hacer frente al terror y de superarlo, cuando lo que preocupa es evitar cualquier riesgo de fractura en la cohesión de la sociedad vasca.

Antes de pasar a cualquier interpretación y valoración de los resultados es preciso proceder a algunas constataciones. Estas elecciones han producido una victoria del nacionalismo moderado, una victoria de Ibarretxe. Una victoria que no significa la conquista de la mayoría absoluta, pero sí significa ser la fuerza más votada, poder formar Gobierno e incluso poder gobernar en minoría.

La segunda constatación pertinente es la del fracaso del nacionalismo radical. Es la única fuerza que baja en número absoluto de votos, a pesar de la gran participación electoral. Su representación parlamentaria ha quedado reducida a la mitad. No estarán en situación de condicionar la vida parlamentaria.

Tercera constatación: el fracaso de la autoproclamada alternancia. La decepción del Partido Popular y del Partido Socialista tiene, en parte, su raíz en haberse exigido a sí mismos alcanzar una meta quimérica, en haber esperado demasiado. La mayoría absoluta para el conjunto PP-PSOE no tenía ningún fundamento en la realidad social.

Cuarta constatación: no solamente ha fracasado la pretensión de sustituir al nacionalismo en las instituciones vascas de gobierno, sino que ha fracasado la estrategia seguida por el Partido Popular y por el Gobierno del Estado de querer laminar al conjunto del nacionalismo, de querer culpabilizar a todos los nacionalistas, de demonizar al nacionalismo y de querer curar a la sociedad vasca de la enfermedad del nacionalismo.

Quinta constatación: a pesar de todas las constataciones anteriores, y siguiendo la costumbre de contar los votos como nacionalistas o no nacionalistas, costumbre que el día que Euskadi llegue a ser una sociedad normal perderá su sentido, nos encontramos con que su reparto no ha variado sustancialmente respecto al resultado del 28 de octubre de 1998; es decir, respecto del resultado que se produjo en las elecciones celebradas bajo las condiciones de la tregua de ETA y de la proclamada unidad nacionalista en el acuerdo de Estella-Lizarra.

La sociedad vasca sigue siendo, electoralmente y respecto a su ubicación en la coordenada nacionalista-no nacionalista, igual que lo era en las últimas elecciones autonómicas; es decir, una sociedad plural en lo que al sentimiento de pertenencia se refiere.

Teniendo en cuenta estas constataciones es como hay que intentar analizar el significado de estas elecciones. La primera consideración que quisiera ofrecerle al lector comienza por la última constatación: la división electoral en dos campos. Creo que sería un error creer que la sociedad vasca está ubicada limpiamente en dos bloques separados políticamente. Creo que no es cierto que existan dos comunidades políticas netamente separadas. Sería un error grave por parte de todos los partidos políticos suponer que es posible dar una significación unilateral y exclusiva a los votos que han recibido.

Desde el voto radical nacionalista hasta el voto netamente español existe un deslizamiento en la significación y en la ubicación del voto vasco. Sería mejor interpretar la adjudicación de los votos como una campana de Gauss, de forma que la mayoría de los votos tienden a concentrarse en el centro de la campana, hacia el que la curva de ascenso es muy rápida, al igual que la de descenso, mientras que hacia los extremos las curvas tienden a ser más planas.

Es preciso que los partidos, todos, sepan consolidar ese centro. Es preciso que los partidos políticos vascos entiendan que su labor a favor de la normalización tan predicada de la sociedad vasca radica en el fortalecimiento de ese centro. Y ello implica fortalecimiento institucional. Son precisamente las instituciones públicas los ejes que componen el centro de la campana de Gauss, hacia el que tienden, por un lado y por otro, las curvas de la campana.

Como segunda consideración importante quisiera subrayar el gran número de votos que, según todas las evidencias, han ido del nacionalismo radical al nacionalismo democrático, de EH al bloque PNV-EA. Para el futuro de la sociedad vasca es de una importancia extrema que estos dos partidos, PNV y EA, sean capaces de fijar definitivamente esos votos en el nacionalismo pacífico y en el nacionalismo democrático, aquel que sabe defender su visión del País Vasco y de la sociedad vasca sin violentar su realidad plural ni tratar de homogeneizarla por todos los medios. En este esfuerzo y en el éxito que le pueda acompañar radicará en buena medida gran parte de la solución al problema del terror.

La tercera consideración, en conexión estrecha con las dos anteriores, nos lleva a ser conscientes de que nos encontramos con la situación que nos es conocida desde hace muchos años: la necesidad de encontrar y labrar una solución al problema del terror desde y en el respeto profundo a la realidad plural de la sociedad vasca; es decir, de buscar la paz en la libertad.

Esa solución para el problema del terror no va a ser fácil, y nos volveremos a engañar si creemos que puede venir de la mano de alguna receta sencilla. No la hay. Pudiera ser más o menos fácil conseguir la paz aceptando el requisito de considerar a la sociedad vasca como un todo homogéneo que se define a sí misma de una forma uniforme en sus derechos. Pero para ello sería necesario sacrificar la pluralidad que nos caracteriza, sería necesario sacrificar la libertad de quienes no encajan en la homogeneidad. Y no podemos olvidar que la democracia, en último término, se mide en la capacidad de la integración de las diferencias.

Solamente un desarrollo continuo y cabal de las instituciones que nos hemos dado, un fortalecimiento institucional de la sociedad, la vasca y la española, puede preparar una situación en la que plantear hablar y negociar con los terroristas pierda su significado de ceder al chantaje. Para que se dé ese fortalecimiento institucional de la sociedad vasca y de la española es preciso que sus instituciones desarrollen una capacidad cada vez mayor de integrar diferencias. Por supuesto, las instituciones vascas, especialmente si están regidas por los nacionalistas. Por supuesto que el nacionalismo debe entender que la sociedad vasca es plural en lo que afecta al sentimiento de pertenencia, y debe extraer todas las consecuencias que de ese entendimiento se derivan, en especial la de que no existe un sujeto unívoco y homogéneo de quien se puedan predicar derechos de Estado-nación.

Pero también las instituciones españolas, comenzando con la Constitución. No basta con proclamar sin cesar el apego a los valores constitucionales y tratar de laminar a partir de esa proclama lo que esos valores han querido precisamente proteger y desarrollar. Cánovas creó el nacionalismo vasco. Franco lo enraizó hasta límites insospechados. Aznar está en camino de volver a dotarle de unidad y de apiñarlo. Debiera distanciarse de quienes pretenden convencerle de que el Estado español que se ha construido a partir de la transición a la democracia debe ser llenado ahora de España como nación. El sentido de Estado le debiera llevar a recordar que esfuerzos parecidos han conducido siempre a lo contrario: a sembrar la semilla de la desintegración.

A nadie nos hace falta una hinchazón nacionalista. Más bien lo contrario: una fuerte dosis de secularización y de laicidad nos vendría muy bien a todos. Y, dicho de paso, también a todos esos comentaristas que con ocasión de combatir el crimen terrorista han declarado la guerra al infiel. No se trata de desarmar voluntades, pero sí de desarmar las palabras y los sentimientos.

La contabilidad
Nota del Editor
17 Mayo 2001

La contabilidad indica siempre el estado de una empresa en un momento pasado.  Hay empresas que pueden llevar varias contabilidades,  unas para escapar al fisco, otras para ceder al secuestro terrorista. La contabilidad que nos han presentado, es una, no la contabilidad, por tanto su interpretación no es la, sino una y además sesgada. Las empresas nacen y mueren a pesar de la contabilidad y lo  mismo ocurre a los partidos políticos, que además de existencia persiguen su persistencia en el poder (despojado a los ciudadanos).

De fracaso, nada. 2
Por Enrique de Diego Libertad Digital
17 Mayo 2001

Otra de las mentiras de los análisis apresurados de la pasión del momento, y de la tan extendida frivolidad del gremio periodístico en cuestiones serias, es la suposición de que ha habido una modificación en el mapa político de Álava. Nada más lejos de la realidad. No ha sucedido cosa distinta a que PNV y EA han unificado sus votos en una lista única. Si tal cosa hubiera sucedido en las elecciones autonómicas de 1998, habría sucedido lo mismo, pues esa coalición habría obtenido el 28,31 por 100 de los votos, frente al 27,02 del PP. En las pasadas elecciones, PNV-EA ha obtenido el 33,8 por 100 de los votos, frente al 32,7 por 100 de PP-UA. La distancia es idéntica, a pesar de que a favor de la primera han concurrido votos de Eh, que en Álava ha recibido el más duro castigo, bajando seis puntos, del 12,22 al 6,1.

Jaime Mayor Oreja y la candidatura del PP no sólo ha conseguido mantener los votos anteriores de esa formación más los de Unidad Alavesa, sino que ha aumentado en 2.566 votos. ¡Un resultado histórico! Por encima de cualquier previsión. También el PSE-PSOE ha mejorado sustancialmente sus resultados en dicha provincia o territorio histórico, pues desde el 17,04 del año 98 ha ascendido al 20,6 del 2001, con trece mil votos más.

La suma de los porcentajes de voto de PP y PSOE ofrece un resultado del 53,3 por 100, por lo que en absoluto puede hablarse a nada parecido a un vuelco en Álava o a una deriva hacia los compañeros de Urdangarín.

Lo dicho con anterioridad vale aún más en el caso de la capital, Vitoria. En este caso, el partido más votado ha sido el PP con 50.248 votos (1260 votos más), seguido de PNV-EA con 41.462. El PSOE obtiene 32.882, con un ascenso de 9.446 votos. La suma de PP-PSOE se eleva a 83.130, que dobla a los de PNV-EA y está muy lejos de los 48.825 de PNV-EA más EH.

Más clara es aún la situación de Bilbao. De repetirse los resultados en unas municipales, ¡el PNV perdería la alcaldía de Bilbao! Cierto, queda como primer partido (gracias a la suma de EA) con 91.630 votos, con un ascenso de 15.996 (EH pierde 11.500). Pero el Partido Popular obtiene 70.988 con un ascenso de 13.897 votos, mientras el PSE queda como destacada tercera fuerza con 43.054 votos y un incremento respecto a las pasadas autonómicas de 4.690 votos. Es decir, PP y PSE controlarían el Ayuntamiento de Bilbao. Tampoco puede hablarse de fracaso ni mucho menos en San Sebastián donde el Partido Popular cosecha 4.685 votos nuevos y el PSE otros 3.848, mientras EH pierde 7.920 que ha de ser una de las bolsas de voto de las que se beneficia PNV-EA que aumenta 12.882, pero PP y PSE son respectivamente la segunda y la tercera fuerza políticas.

¡Se ha vuelto a dar la diferente forma de voto entre grandes ciudades y zonas rurales! Pero ¿puede obviarse o convertirse en una ficción que en amplias zonas de Bizkaia y Guipuzkoa no se presentan listas del PP a los Ayuntamientos, ni hay sedes, ni se puede hacer campaña? ¿No es un hándicap terrible, por basarse en la coacción y el asesinato, y difícil de salvar? ¿Por qué de manera perversa a la hora de analizar los datos de las urnas siempre se obvia tal estado de excepción? ¿No es el negar esa evidencia la traslación de una frivolidad típicamente de salón madrileño y de tertulia de café? ¡Sólo elogio y apoyo merecen los que se juegan su vida por la libertad de todos y hacen la campaña que pueden aislados tras sus escoltas! ¡Cuánto intelectual a la violeta! ¡Cuánto derrotista de la estulticia que desconoce la realidad de partida!

Pánico a los ratones
Por Pío Moa Libertad Digital
17 Mayo 2001

A unas expectativas excesivas suelen corresponder desilusiones excesivas. Las elecciones en Vasconia habrían sido históricas si hubieran producido un vuelco a favor de los partidos democráticos. Pero esto era improbable, como he insistido, pues los efectos de errores prolongados durante decenios rara vez se enmiendan en un golpe de suerte. Por tanto, las elecciones han tenido poco de históricas. Han dejado la situación más o menos como estaba.

Sin embargo también puede volverlas “históricas” el pánico o la cobardía de quienes, tras unas ilusiones infundadas, lo dan ahora todo por perdido. Un espectáculo repugnante y repetido en la historia es el de la falta de valor de los políticos, defensores supuestos de unos principios, pero que en realidad sólo defienden unas carreras personales. Algunos hablan ahora como si la defensa de la democracia y las libertades hubiera sido un error. Eso nunca lo es, como tampoco lo es la lucha contra la corrupción y la prepotencia del poder, por más que en esa lucha se produzcan reveses y la deseable victoria se aplace.

El mismo Aznar, a quien se le supone serenidad y nervio, ha calificado de “desesperadamente lento” el avance de los constitucionalistas. Es lento en comparación con sus deseos, pero nada más. En 1986, los votos nacionalistas duplicaban muy ampliamente a los democráticos, y en 1990 todavía los duplicaba: 671.000 frente a 322.000. Pero desde 1994 la diferencia se acorta con rapidez, y en los pasados comicios fue de 742.500 frente a 653.300. Precisamente esa fuerte tendencia es una causa principal de que el PNV haya decidido “ir a por todas” antes de que sea demasiado tarde.

El PNV, y no ETA, es el principal responsable de que millares de personas se vean perseguidas y amenazadas o hayan tenido que huir de Vasconia, de que allí las libertades estén cercenadas y la cota de democracia sea enormemente inferior a la del resto del país. De que, en suma, no exista el imperio de la ley. Ahora el PNV habla de diálogo. Muy bien. Pero no dialogó en torno a la manera de ampliar y legitimar esa situación siniestra, sino justamente en torno a los medios para recuperar la normalidad democrática y cortar los abusos, los chantajes y la connivencia aranista con el terror. Sobre esto hay que llegar a acuerdos. El PNV chantajea con la violencia ilegítima de ETA, para sostener esa opresión. Ha ido ya demasiado lejos, y quizá sea hora de hacerle ver con firmeza que el Estado podría verse obligado a ejercer su fuerza legítima en defensa de la ley y la democracia.

Es en los momentos difíciles donde los gobernantes dan la talla o no la dan. No siempre se cuenta con un Churchill para tales ocasiones, pero en este caso tampoco hace falta: comparada con las que tuvo que afrontar el estadista británico, ésta es una crisis ratonil. 

La cruz de Ibarreche
José A. SENTÍS La Razón 17 Mayo 2001

Qué poco dura la alegría en la casa del vencedor, debe pensar Ibarreche. Es cierto que se ha garantizado su chiringuito, y eso siempre reconforta. Pero, qué duro es el poder. Se puede convertir en verdadera tortura. Sin ir más lejos, Ibarreche tiene una cruz que nadie le puede envidiar: su coganadora, la presidenta de EA, Begoña Erratzi. Sí, hombre, esa que cogió el micrófono como Agustina de Mondragón gritando «independencia, independencia».

   Esta Erratzi es un antídoto contra la inteligencia, pero está bien para las arengas. Su razonamiento de que la Constitución no vale porque ella no la ha votado es muy bueno. Como le tomen la palabra, ni el Estatuto de Autonomía por el que gobernará, que forma parte del cuerpo constitucional, sería legítimo. Pero, reflexiones constitucionales aparte, Ibarreche va a tener que poner un bozal a su socia (espero que le ofrezca algún cargo, constitucional por supuesto), porque con amigos así, no necesita enemigos.

   El caso de Agustina de Mondragón es el reflejo chusco de ese mundo entre simbólico y político que se concierta alrededor del nacionalismo. Cuando actúa en lo primero, en lo sentimental, necesita aire de folklore, agitar de banderas y apelación al irredentismo histórico. Pero, me temo que Ibarreche debe estar ahora pensando más en lo segundo: cómo poner cara de estadista, cómo recibir turistas y cómo impedir que la Real Sociedad baje a segunda. Cosas importantes. Hombre, a nadie le amarga una estrella en Europa, un escaño en la ONU, una entrega de credenciales del embajador de Moldavia. Pero como eso no está muy claro aún, e Ibarreche quizá no quiera que se rían de él si lo propone, lo mejor es ir despacito, no se vayan a poner nerviosos los del BBVA, los de Iberdrola, los de Eroski; en fin, la gente de posibles que tiene una descriptible afición por la aventura. Quizá con algunos años más de desespañolización en las ikastolas, y si se exilian esos tipos tan raros que se empeñan en votar en clave española, lo pueda lograr. Siempre, claro, que se quiera suicidar el Estado, lo que no es fácil.

   El problema real que tiene Ibarreche es que algunos (no ya de la zoopolítica, sino de la zoología pura y dura) se han emperrado en que les debe los votos prestados, y se los quiere cobrar más pronto que tarde. El PNV se los quiere canjear en plan civilizado: tregua, negociación, presos, algún acicate y asunto concluido. Pero, ay, los malos quieren el santo y la limosna, y le van a tocar los ijares a Ibarreche con espuelas de muertos. Mientras sean ajenos, pase. Son lamentables, pero dan pocos votos a los adversarios. Pero como tengan la tentación de agudizar las contradicciones en el nacionalismo, el asunto se puede puede poner feo. De momento, ganará tiempo, pero alguna vez tendrá que decidir: o la batalla frontal contra Eta como lendakari, o aceptar su dogal en el cuello como dócil txakurra
 

Un referéndum sin pregunta
Lorenzo CONTRERAS La Razón 17 Mayo 2001

Después del 13 de mayo, como no podía ser de otro modo, se ha entrado en la fase de la «inspección técnica». La máquina ideada para llevar a la victoria de los constitucionalístas no ha funcionado debidamente. Y, en consecuencia, ya estamos todos los espectadores afanados en examinar las tripas del invento. ¿Qué ha fallado? Se han señalado múltiples factores que sería tedioso reiterar; entre otros, por sólo indicar uno, la pésima conducción de la campaña y el deficiente planteamiento del asalto democrático a Ajuria Enea. Lo que desde el mundo oficial no ha trascendido esta vez es la paternidad directa del error.

   Siempre se dijo, y es verdad, que la derrota, con todos los paliativos que ocasionalmente merezca, es carne de hospicio. Ni padre ni madre que respondan de la criatura. Cuando el PP de Aznar se anotó el éxito del año 2000, con aquella mayoría absoluta, surgió radiante la figura de Mariano Rajoy, convertido de la noche a la mañana en mago de la cosa. Ahora, en cambio, un espeso silencio, si exceptuamos las indirectas de Luis María Anson, tapa al misterioso protagonista que, aparte de las responsabilidades del propio Aznar, tendría que aparecer en escena con el sambenito puesto .

   Entre los riesgos que no se calcularon y, por tanto, no se conjuraron durante la campaña con la oportuna denuncia preventiva, figuraba la conversión del 13 de mayo en un referéndum sin pregunta. El paralelismo que Arzallus ha establecido entre el caso del País Vasco y el de Irlanda, como marco de unas futuras «negociaciones de paz» con Madrid, ilustra sobre el juego sucio y el contrabando político que los ganadores de las elecciones preparan. No podía estar mejor dibujada la sombra de Estella como factor destinado a presidir torticeramente los anunciados diálogos que Ibarreche dice querer entablar con las distintas fuerzas políticas. El valor de referéndum que los nacionalistas darían al resultado de las urnas parece haber tomado por sorpresa a nuestros gobernantes.

   Pero el caso es que Irlanda retorna como modelo interesado. Y se aduce con razón que entre Euskadi y el Ulster no hay analogía posible. No hay en las Vascongadas una potencia ocupante ni soldados desplegados que hagan costosa, al menos, la beligerancia de los terroristas. Por consiguiente no hay metrópoli colonial que pueda retirarse del escenario para que dos comunidades ¬caso de Irlanda del Norte¬ negocien las condiciones de la paz.

   La perspectiva es sencillamente tramposa. Tanto hablar, con referencia a Eta, de tregua trampa ¬que lo era¬ y no caer suficientemente en la valoración de lo que se avecinaba, es decir, que habría de corresponder a los nacionalistas la conversión de unas elecciones en un falso referéndum de preconizada independencia, con doña Begoña Errazti oficiando de altavoz en la eufórica comparecencia de los vencedores.

    
Negro País Vasco
LUIS ANTONIO DE VILLENA El Mundo 17 Mayo 2001

Hitler y Mussolini (pongo casos extremos) tardaron menos de 10 años en conseguir que una gran mayoría de los alemanes e italianos se volviera ultranacionalista, fascista o nazi. Franco, para conseguir algo similar en España, necesitó ganar una Guerra Civil. Los varios nacionalistas vascos (todos con casa común) en más de 20 años sólo han logrado que sea nacionalista -o ultranacionalista- la mitad de la sociedad vasca. No todos ellos, cierto, han sido tan feroces. Lo que parece difícil entender hoy es cómo los políticos estatalistas no se dieron cuenta que el nacionalismo crece por educación y clamor (lentamente quizá) y casi nunca por generación espontánea. El País Vasco se normalizará de verdad, de fondo, cuando allí no se estudie ni la historia dictada por Franco ni la historia dictada por Sabino Arana. ¿Era tan difícil, hace años, darse cuenta de eso? Parece que sí.

Por ello, porque el País Vasco vive una situación exaltada y casi irreal, es todo tan difícil. Las elecciones -digámoslo otra vez- no han arreglado nada. Han agitado el cóctel, han castigado teóricamente a los proviolentos, pero el quid del problema (cómo arreglar la fractura cada día más grave entre nacionalistas y no-nacionalistas) está donde estaba. Varios políticos -Otegi, Mayor Oreja y Redondo- se han equivocado en diversos grados, pero gravemente, y no lo reconocen. El problema está donde estuvo, porque si la democracia señala un camino, no da soluciones, a no ser que los políticos las cacen al vuelo, lo que no parece el caso...

Seguro que hay que dialogar. Pero ¿se puede hablar mientras las pistolas apuntan y además disparan? ¿Es lo mismo vivir bajo la amenaza que sin ella? ¿Hasta cuándo se puede aguantar que maten, mutilen o coarten a los tuyos sin defenderte? ¿Sabrán librarse los vascos -o sus políticos- de una confrontación civil (no quisiera exagerar) que crece cada día en posibilidades? Oscuro es el horizonte. Difícil. Aunque podría no serlo. Pero, o cesa la degollina, cesan las amenazas, las extorsiones, y dialogan todos o ¿qué queda? ¿Qué puede quedar -si no hay paz y diálogo igualitario enseguida- sino zarpazo y matanza, pero ya no unilateral, si llega a soltarse la fiera? Todos tienen que darse la mano y todos ceder mucho. ¿Pero ETA? ¿Las bombas? ¿Las incendiadas catilinarias de Arzalluz? ¿Se va a la paz entre las llamas?

Respeto institucional ¿Política ficción?
Por Ignacio Villa Libertad Digital 17 Mayo 2001

La prueba de fuego para conocer el fondo de la estrategia del PNV tiene nombre propio. Va a ser el llamado respeto institucional. Después de las elecciones del pasado domingo, los nacionalistas vascos están haciendo algunos amagos; gestos que tienen buen aspecto formal, como el anuncio de dejar fuera a EH de la ronda de contactos que va a iniciar Ibarretxe, una exclusión que durará –dicen– mientras no condene la violencia.

Por desgracia, estos síntomas, que en otras ocasiones podían considerarse como positivos, tienen el sello de la experiencia. Y la experiencia enseña que, desde el PNV, muchas veces se predica con una apariencia de buena intención que nada tiene que ver con el verdadero fondo, muy lejano a las declaraciones públicas.

En esta ocasión, todo es más fácil. Aquí no hay engaños, ni trampas. Si el PNV quiere realmente reconducir la situación, deberá acatar públicamente el respeto institucional. Es decir, tendrá que reparar el daño tan grave que hizo en la última legislatura a las instituciones como el Parlamento vasco o el Estatuto.

José María Aznar lo ha recordado en la sesión de control en el Congreso. Los dirigentes nacionalistas mantienen desde hace un tiempo una actitud de falso dialogo con el objeto de dinamitar, desde el Pacto de Estella, las instituciones vascas. Y, precisamente, si su anunciada disposición de diálogo es sincera, deberá reponer ese respeto institucional dejando fuera del circuito a los cómplices de los violentos; es decir, a EH.

El PNV ha vivido a expensas de los terroristas y de sus cómplices durante una legislatura. Por lo tanto, todo pasa por una rectificación de esa posición. Pero ¡ojo!, si eso cambia sólo será el principio. Tendrá que confirmarse en el tiempo que ese cambio tiene fundamento. Y, por el momento, estamos hablando de política ficción. El PNV está todavía donde estaba: más cerca de Estella que del respeto a las instituciones.

Así que, de momento, no hay motivos para el optimismo.

Gentes de cristal
JOSEP RAMONEDA El País 17 Mayo 2001

La incorporación de ETA a las reflexiones postelectorales mediante sus técnicas de expresión habituales ha hecho que el principio de realidad quebrara súbitamente las fantasías de los vencedores y las melancolías de los perdedores. Por si la tendencia humana a olvidar rápidamente lo que no nos gusta o apartar de nuestra vista el cáliz del dolor ajeno había empezado ya a funcionar en la conciencia de la ciudadanía, ETA se ha apresurado a poner en primer plano las semejanzas entre el día antes y el días después. Y así emerge a la superficie algo que parecía haber quedado por unas horas soterrado entre la euforia de unos y las frustración de otros: la situación de las personas que viven bajo el fundado temor de un atentado.

Dice el lehendakari Ibarretxe que la totalidad de los votantes del PNV se sienten solidarios de los ciudadanos sometidos al terror. Pero hay una cosa cierta que el lehendakari no puede olvidar: la mayoría de las personas amenazadas no se han sentido hasta ahora suficientemente amparadas por su Gobierno. El lehendakari puede creer que este recelo no es fundado. Aunque espero que me conceda que las rutas trazadas por el PNV en el laberinto vasco durante el proceso conocido como la crisis de la tregua no son precisamente para dar confianza a quien se sabe en el punto de mira del terrorismo. El lehendakari sabe que en política la percepción es tanto o más importante que la realidad de los hechos. Como decía en una expresiva metáfora uno de los amenazados, Teo Uriarte, hay días en 'que tienes la sensación de que eres de cristal y los demás no te ven'. Que estas gentes se sientan protegidas físicamente y amparadas moralmente forma parte también de las obligaciones de quien gobierna Euskadi. Los primeros pasos que el lehendakari ha dado apuntan a una clara apuesta por la reconstrucción de la unidad democrática y a una ordenación de las prioridades que pone el fin de la violencia por delante de los objetivos soberanistas del propio PNV. Ibarretxe no depende de nadie externo a su coalición para trazar su camino. Los problemas los tendrá en casa. Desde la misma noche electoral ha insistido en que se abre una nueva etapa. Lo cual parece indicar que entiende que hay que rectificar estrategias anteriores. Todo ello lo veremos cuando Ibarretxe defina su política aniterrorista e invite a los demás a compartirla.

Ibarretxe insiste en las buenas palabras: diálogo, debate, paz, consenso, modelo de convivencia. Una retórica habitual en el lehendakari que siempre me ha parecido meliflua en una situación tan grave pero que sin duda resultó atractiva y tranquilizadora para muchos votantes. Pero Ibarretxe sigue sin precisar el qué y el cómo del rosario de buenas intenciones. Las elecciones han dejado los círculos concéntricos de ETA bajo mínimos en cuanto a apoyos. Ibarretxe debe aprovechar esta debilidad, sin darles oportunidad de reoxigenarse. Para ello no bastan las mesas de la paz. Dando por supuesto que Ibarretxe considera deseable la derrota política y policial de ETA, debe instrumentar todos los mecanismos para hacerla posible. Y transmitir la confianza de una acción de Gobierno orientada en esta dirección a los demás partidos. Es así como se podrá realmente construir la unidad democrática. Los tiempos del bla,bla,bla deberían estar tan agotados como los tiempos de los insultos y de los rencores.

Ibarretxe debe tener entre sus prioridades superar el desaliento que hoy cunde entre muchos de los que viven amenazados por el terrorismo. Cuando lleguen las municipales, ¿encontrarán el PP y el PSOE gente dispuesta a jugársela en sus candidaturas a los ayuntamientos de los pueblos y ciudades más hostiles? Es una pregunta que se repite estos días y que expresa una legítima ansiedad ante el panorama poselectoral. Será una medida del éxito o del fracaso de Ibarretxe, porque si dos partidos que representan el 42% de los votantes tuvieran que renunciar a presentarse en algunos lugares -como ahora han tenido que renunciar a poner carteles y a hacer mítines- la precariedad de la democracia vasca seria incuestionable. Ni siquiera los más cegados ideológicamente podrían ya negarlo. 

Elogio de Iturgaiz
Iñaki EZKERRA La Razón 17 Mayo 2001

Ya es bastante duro perder unas elecciones como éstas, en las que íbamos con la verdad en la mano, para añadir a ello el dolor de regañinas extemporáneas y andar tirándonos los trastos a la cabeza tras una derrota tan injusta que nadie podía prever. Si a Madrazo se le ha dejado perder a gustito en tantas ocasiones, que nos dejen también a nosotros perder una vez. ¿A ver si hasta en eso vamos a ser ciudadanos de segunda!

   Por esa razón pienso llenar esta columna de elogios constitucionalistas. Elogios para Nicolás Redondo Terreros, que con el lío que tenía en su partido, consiguió imponer el seguidismo de la libertad y la dignidad. Elogios para los sociatas que no quieren estar en Lizarra 2. Elogios para los cámaras de televisión, los de los focos, las maquilladoras, los electricistas... Elogios para Jaime Mayor Oreja que se va a quedar en Euskadi y que ha conseguido por primera en vez en la democracia montar una verdadera oposición al nacionalismo ya que hasta ahora era el nacionalismo el que jugaba a ser su propia oposición. Y elogios también para ese Iturgaiz que quería anteayer ceder la presidencia del PP vasco a Mayor Oreja y al que no le dejó terminar de hablar una cerrada ovación.

   Sí, mi héroe de las elecciones vascas es Iturgaiz. Lo fue ya el día en que sonó por primera vez la posibilidad de que Mayor Oreja encabezara la candidatura por Vizcaya y lo siguió siendo en los días en que ese rumor tomó consistencia sin que Iturgaiz mostrara la más leve contrariedad. Ni un comentario torpe ni un mohín feo ni un silencio a destiempo. Ni la menor muestra de mezquindad, orgullo herido o legítimo desánimo al ver cómo quizá se le estaba escapando la «oportunidad laboral de su vida» ¬la de ser lehendakari¬ que le correspondía por turno.

   Ante la llegada de un político mayor y Mayor, Iturgaiz se echó a un lado sin dudarlo para dejarle «paso misí, paso misá», por la puerta de Alcalá». Y lo hizo de la forma má s discreta que podía hacerse eso, sin que se notara, sin que lo notaran ni los periodistas ni los nacionalistas, que ya es decir. Lo hizo sin dar carnaza a nadie, con la elegancia de quien no se nota que está siendo elegante, que es la difícil, la escasa, la verdadera elegancia. Así ha hecho las cosas ese hombre valiente por fuera y por dentro que protagonizó la travesía del desierto en Euskadi, este gudari del constitucionalismo que es Iturgaiz.

   Le llaman «el acordeonista» pero ha currado con una disciplina de violinista de orquesta. Digan lo que digan las urnas, para mí es el triunfador moral de estas elecciones. Con gente como él los vascos hoy levantamos la cabeza aunque no levantemos cabeza. Yo me uno a esa cerrada y emotiva ovación.
  

Abatimiento general
RAUL DEL POZO El Mundo 17 Mayo 2001

Crucé por delante de los leones de las Cortes fundidos con el bronce tomado al enemigo en la guerra de Africa; en el bajorrelieve de Ponzano seguía España abrazando a la Constitución, pero me dio la impresión de que la dama se va deslizando hacia el vacío. Después me eché a dormir en un sillón de terciopelo, al lado del busto de Agustín Argüelles, frente a los retratos de Bravo Murillo y Olozaga; era la hora de la siesta y soñaba bajo las arañas de cristal, en un paisaje de mármol, madera, nácar y ágata, entre reyes y políticos. El Congreso me pareció más que nunca un panteón. De pronto, una voz surgió de la vidriera del lucernario:

-Que usted descanse bien.

Creí que me hablaba Emilio Castelar, pero era Luisa Fernanda Rudi, presidenta del Congreso, que cruzaba el salón de los Pasos Perdidos, pisando la alfombra interminable. Llevaba una traje de chaqueta de color de ceniza y un pañuelo purísima concepción. Yo estaba cansado de ir de una emisora a otra a hablar de mi libro, pero también parecía ayer tarde agotada la clase política después del revolcón del País Vasco. El abatimiento es general. Muchos se avergüenzan de las convicciones de hace una semana. No se oye sino hablar de la moderación del PNV, de la necesidad de diálogo con los nacionalistas.

El terrorismo, esa guerra sin frentes, continúa. Vivimos el shock de las elecciones perdidas, el primer serio traspiés del presidente, el primer fracaso del líder de la oposición, el error de análisis de los periodistas. Arzalluz ha dicho hace unas horas que el problema más serio es el terrorismo y que para abordarlo quiere hablar con todos, pero especialmente con Felipe González. Está dispuesto a arrancar una tregua a ETA.

En la sesión de control sólo Gaspar Llamazares de IU aludió al riesgo en que vivimos. Preguntó al presidente cómo y de qué manera piensa restablecer las relaciones con el PNV. Aznar estuvo indeleble: «Con arreglo a nuestro ordenamiento constitucional». Llamazares le inculpó de utilizar al Gobierno de España contra el Gobierno vasco y de iniciar una Reconquista; le invitó a rectificar y le aconsejó que no escuche a los contertulios que piden la intervención en el País Vasco basándose en el Artículo 155. Eché mano a la Constitución y se me abrieron las carnes. Artículo 155: «Si una comunidad autónoma no cumpliese la Constitución, el Gobierno, previo requerimiento al presidente de la comunidad autónoma, y, en caso de no ser atendido, con la aprobación de la mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquella al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del interés».

Aznar contestó con calma: «Yo no quiero iniciar la Reconquista sino ganar las elecciones». «Yo no cambio de convicciones por un resultado electoral». «El Gobierno dialogará pero no para acabar con las libertades y las instituciones». Aún no ha estallado la opinión pública, pero ya se masculla la crisis nacional, aunque la consigna es tranquilidad.

La primilla de campanario
Antonio GARCÍA-TREVIJANO La Razón 17 Mayo 2001

A Luis María Anson
   
   El resultado de las elecciones en el País Vasco era bien previsible. Las cosas no podían quedar como antes. Algo nuevo las precedió y algo distinto debía suceder. Lo nuevo vino de fuera. Allí se había cambiado poco. Sólo en matices nacionalistas dentro de una misma parroquia. Que ha reaccionado con instinto a lo que aquí se accionó con aspaviento. La consecuencia lógica no es atributo de las acciones inteligentes. También opera, y con más rigor, en las iniciativas de la torpeza. Si es falsa la emoción nacionalista de estar viviendo en un país ocupado por un Estado extranjero, ahora toma realidad la ilusión de haber resistido la invasión de los ocupantes del Estado propio. Todas las ficciones no consiguen la misma potencia destructora de la verdad. Las mitológicas y las jurídicas son inevitables y casi naturales. El «como si» es un presupuesto de las leyes. Pero las ficciones políticas participan de la artificialidad e inseguridad de todo lo que se manipula con materiales inflamables. Sobre todo con el explosivo retardado de la demagogia. Con él se fabricó la opinión española sobre Autonomías y nacionalismos periféricos.

   La demagogia transforma la naturaleza de las cosas sociales. Y no sólo su apariencia. Convierte en héroes a las desgraciadas víctimas ocasionales del terror, que ni siquiera saben por qué son matadas. Configura los atentados contra las vidas de personas anónimas como si fueran ataques conscientemente dirigidos a la libertad política o la democracia. Condecora la memoria de los torturadores de nacionalistas, en nombre de la igualdad. Ensalza a los terroristas de Estado. Moviliza manos blancas, indignadas por la falta de seguridad, para hacerlas protagonistas de no sabe qué y asociarlas al fracaso de los Gobiernos. Coloca autoridades al frente de unas manifestaciones que no tienen más sentido que el de ir dirigidas contra ellas. Separa al horror de las causas que lo engendran. Incluso en los infolios judiciales. Cuarenta años condenando el terrorismo con las mismas imbecilidades y los mismos errores.

   La propaganda de lo ficticio, cuando es sistemática, crea realidades antagónicas de las figuradas. Y la ola «soberanista» ¬que hasta ahora se deslizaba, sobre huellas de violencia, en una ondulante corriente de indecisión¬ ha sido aireada y encrespada por un eólico soplido de la meseta eterna: un espeso vendaval de belicismo ético contra las conciencias nacionalistas, un aire enrarecido de histérico azote anímico a otros sentimientos del mundo, una impaciente aspiración de invasores intelectuales de territorios mentales desconocidos, un siroco de la soberbia de gobernante. El error del partido gubernamental y de su «adlater» socialista, el oportunismo de los intelectuales sin ideas propias que se subieron al dorado carro estatal del miedo colectivo para disimular el propio, traerán cola de viuda.

   Tal vez, deba recordar, para evitar la deformación de lo que digo entrelíneas, que esta columna la escribe quien puso en el objetivo de la oposición unitaria a la dictadura la restauración de los Estatutos autonómicos derogados por las armas. Y también el primero que, al instante de anunciada, levantó su voz contra la irresponsable demagogia de las Autonomías, el café para todos, que irremediablemente empujaba a los nacionalismos catalán, vasco y gallego a buscar la identidad de su diferencia en cimas nevadas de autodeterminación en competencias soberanas. Los Gobiernos que siguieron al de la demagogia inicial dieron alas, en asuntos de Estado, al vuelo de la primilla de campanario que ayer pretendían cazar a lazo electoral. Sólo su chasco hace más alto de lo que ha sido el vuelo del cernícalo sobre la iglesia donde anida.
 

'Defenderemos, pase lo que pase, la libertad de expresión'
 Bilbao EL PAÍS 17 Mayo 2001 

El texto íntegro del manifiesto leído ayer por Ander Landaburu en la concentración de San Sebastián es el siguiente:

'Hace seis meses y en este mismo lugar los periodistas vascos nos concentrábamos para denunciar ante la opinión pública el intento de ETA y su entorno de acallar nuestra palabra, con el atentado contra Aurora Intxausti y Juan Palomo.

Hoy, tras el nuevo intento de asesinato de nuestro compañero Gorka Landaburu, volvemos a decirle a ETA que bajo ningún concepto estamos dispuestos a ceder frente al chantaje y la coacción de las pistolas y de las bombas.

Que no vamos a aceptar ni a tolerar su campaña de atentados, ni los señalamientos practicados por sus acólitos delatores que ponen en el punto de mira a los periodistas, como lo han hecho con otros sectores de nuestra sociedad.

Que por mucho que asesine y trate de imponerse por el terror, nosotros los profesionales de los medios de comunicación defenderemos, pase lo que pase, la libertad de expresión que tanto nos ha costado conseguir en este país.

Manifestamos a la sociedad vasca:

Que debe ser muy consciente de que el intento de cercenar la libertad de expresión conlleva el riesgo de su propia destrucción como sociedad democrática y acarrea la imposición de una nueva dictadura.

Que el asesinato de periodistas, el acoso y la amenaza a los profesionales de la comunicación ataca directamente al derecho a la libre información que les asiste como ciudadanos.

Que no es una frontera ideológica, sino moral, la que hoy separa a los que se oponen a ETA de quienes consienten y justifican su intento de imposición.

Que ningún proyecto político digno se puede construir sobre los cimientos del terror y de la sangre'. 

PP y PSE logran 'mayoría absoluta' en núcleos urbanos
Mayor Oreja y Redondo Terreros se imponen en municipios de más de 50.000 habitantes, pero pierden en el resto del País Vasco
CARLOS SEGOVIA El Mundo
17 Mayo 2001

MADRID.- Ya pero y si... Los partidos derrotados leen y releen estos días los resultados y están obteniendo algunas conclusiones que endulzan el trago.

Si se distingue el voto urbano del voto rural, el Partido Popular y el Partido Socialista de Euskadi (PSE), los partidos llamados constitucionalistas, presentan mejores resultados. Ambos habrían logrado mayoría absoluta si, en una ensoñación, sólo se contabilizaran los municipios de más de 50.000 habitantes. Y, por el contrario, se habrían estrellado teniendo sólo en cuenta los municipios con menos de esa cifra.

Por otra parte, si los populares y los socialistas vascos hubieran formalizado su alianza al igual que lo hicieron sus principales rivales el Partido Nacionalista Vasco (PNV) y Eusko Alkartasuna (EA), habrían ganado las elecciones.

El voto urbano
A más población, menos nacionalismo. El secretario general del PP, Javier Arenas, ya aseguró al Comité Ejecutivo Nacional del partido, el pasado martes, que populares y socialistas habían ganado en los municipios de más de 50.000 habitantes. Si sólo se hubiera votado en estos municipios, la mayoría absoluta habría sido para Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo Terreros. El primero habría obtenido 24 diputados y el segundo, 16. Entre los dos, por tanto, encabezarían 40 diputados, frente a 28 del PNV, 4 de EH y 3 de Izquierda Unida.

En la provincia clave, Vizcaya, la media de los municipios de más de 50.000 habitantes -Bilbao, Barakaldo, Portugalete y Santurce- no deja mal parados a los no nacionalistas. PP, PSE e IU suman el 49,1%, frente al 43% nacionalista, que suma el 37,1% de PNV-EA y el 5,9% de EH.

Sin embargo, en la media de los municipios vizcaínos de menos de 50.000 habitantes, los nacionalistas copan el 63,9% de los votos, frente al 30,1% constitucionalistas y el 4,8% de IU. En este tipo de municipios, los socialistas casi empatan con los populares al representar el 14,5% de los votos, frente al 15,6% de Mayor Oreja.

Los partidos constitucionalistas son aplastante mayoría en Vitoria, el único municipio con más de 50.000 habitantes de Alava. El PP y Unidad Alavesa (34,9% de los votos) y el PSE (22,9%) representan al 57,8% de los votantes. Si se suma el 6,6% de Izquierda Unida los no nacionalistas duplican al 33,9% abertzale.

La presidenta de EA, Begoña Errazti, proclamó en la noche electoral ante la militancia que «Araba quiere ser euskaldun». Los datos no ratifican esta frase, porque incluso en municipios de menos de 50.000 habitantes hay un porcentaje importante de población que no votó en clave abertzale. En ellos, el 42,1% de los votos quedó para no nacionalistas -25% para PP, 13,3% para PSE y 3,8% para IU- y el 56,7% para nacionalistas.

En el global de Alava, PP, PSE e IU representaron el 58,7%, frente al 39,6% soberanista.

Guipúzcoa
La provincia guipuzcoana se resiste a los constitucionalistas en casi todos los baremos. Aunque teniendo en cuenta la frontera de los 50.000 habitantes por municipio -sólo San Sebastián e Irún superan ese listón en Guipúzcoa-, PP y PSE representarían el 49,1% de los votos, sin contar el 6,2% de IU. Frente a ellos, los abertzales sumarían el 43% con una aportación de EH de sólo el 5,9%. Las diferencias son más claras en el resto de municipios. PNV y EA representan el 52,7% de los votos y EH, el 11,2%. En contraste, el PP cuenta con el 15,6% y el PSE, con el 14,5%. IU suma un 4,8%.

Euskal Herritarrok
El único partido que no condena el terrorismo tiene menos influencia en los grandes núcleos urbanos que IU.

En Vizcaya, la formación de Arnaldo Otegi representa el 5,9% los votos de los municipios de más de 50.000 habitantes, frente al 6,2% de IU. En Alava, el 5,1%, frente al 6,6% del partido de Javier Madrazo. Y en Guipúzcoa, su bastión, sí logra un 9,4% mientras que IU se queda con el 6,4%.

En lo municipios con menos población, emerge EH con algo de más fuerza. En Guipúzcoa, cosecha como media un 18,3%, la segunda fuerza política tras PNV-EA, que supera el 48,3%. En Vizcaya es la cuarta fuerza política con un 11,2% y un 9,1%, respectivamente.

La gran coalición
Si PP y PSOE se hubieran atrevido a formar lo que en Alemania llaman la gran coalición -alianza entre democristianos y socialdemócratas-, habrían logrado mejores resultados al beneficiarse de la Ley d' Hont que rige las votaciones en España. Con PP-PSE y PNV-EA frente a frente, populares y socialistas habrían obtenido 34 escaños, en lugar de los 32 que han obtenido por separado. Los nacionalistas habrían cosechado 31, dos escaños menos que su resultado real actual. Y EH e IU no se habrían visto afectados y se quedarían con los mismos siete y tres escaños que han obtenido respectivamente.

La mejora para la gran coalición no implicaría cambios en Alava, su feudo, pero sí en las otras dos provincias. En Vizcaya habrían logrado 11 escaños, uno más que los obtenidos por separado. Se habrían asegurado el disputado último escaño que consiguió el PNV a costa del PSE. Los nacionalistas, por su parte, habrían obtenido 11 escaños, uno menos que el 13-M.

En Guipúzcoa, el mapa político sería menos hegemónico para el PNV y EA, que perderían un diputado. En cambio, la coalición PP-PSE se habría apoderado de 9 escaños -uno más que por separado. 

¿De verdad gana el nacionalismo?
NICOLAS DE LAURENTIS El Mundo 17 Mayo 2001

Se comprende la desilusión que hemos sentido muchos españoles por el resultado de las últimas elecciones autonómicas en el País Vasco. Pero, ¿está justificada esta frustración por los propios datos o por una expectativa desmedida generada en torno a esas elecciones? Unos sencillos datos nos aclararán por qué ni está justificado el desánimo de quienes confiaban en los partidos constitucionalistas ni está justificada en absoluto la euforia de los partidos nacionalistas.

Consideremos los porcentajes obtenidos por los partidos nacionalistas en las cuatro últimas elecciones autonómicas. Sumamos los resultados de PNV, EA y HB-EH. No sumamos los de IU-EB porque, en primer lugar, forma parte de un partido de ámbito nacional, a diferencia de los anteriores, y desconocemos la posición nacionalista o constitucionalista de sus votantes, que no tiene por qué coincidir con la de sus dirigentes, ya que se trata de una fuerza política en la que lo esencial es el componente ideológico, y no el territorial.

Pues bien, los porcentajes de voto obtenidos por los tres partidos nacionalistas vascos han sido los siguientes: 1990, 65,4%; 1994, 56,6%; 1998, 54,5%; 2001, 52,8%.

Los partidos nacionalistas han cosechado los peores resultados en toda la historia de las elecciones autonómicas.

Y lo que es aún más perjudicial para sus intereses: la serie de resultados marca una tendencia decididamente adversa al nacionalismo, y éste es el dato histórico verdaderamente importante a la hora de considerar con perspectiva las últimas elecciones. El cambio de tendencia se está produciendo en la sociedad vasca. Probablemente más lentamente de lo que muchos desearíamos, pero de forma inexorable.

¿Cuál fue el reflejo de esos porcentajes en la distribución de escaños? El conjunto de los nacionalistas (PNV, EA, HB) obtuvo en 1990, 44 escaños, frente a los 25 de los constitucionalistas (PP y PSOE). En 1994, los primeros lograron 41 diputados frente a los 28 del otro bloque.

En 1998, los nacionalistas llegaron de nuevo a los 41 escaños frente a los 32 de los constitucionalistas. Ahora, los primeros han logrado 40 frente a, de nuevo, 32 diputados constitucionalistas.

Como puede apreciarse, también en escaños estas últimas elecciones son las peores para los nacionalistas vascos. Lo que ha sucedido simplemente es un trasvase interno en su electorado: EH pierde siete escaños, de los que seis van a PNV-UA y uno a IU-EB. Eso es todo.

Es verdad que en esta ocasión las fuerzas nacionalistas han sumado más votos que nunca, pero eso también les ha sucedido a los constitucionalistas. Incluso más espectacular que nada es la evolución del PP, ya que en 1990 no llegó a 100.000 votos sumando los de Unidad Alavesa (84.000 PP más 14.000 UA) y ahora ha conseguido 251.000.

Ante estos datos, repito, no cabe rasgarse las vestiduras sino por comparación con unas expectativas desmedidas, fruto más de un deseo de recuperar el Estado de Derecho en el País Vasco que de un análisis riguroso del ritmo de cambio en la sociedad vasca. Recuerda algo a lo sucedido en las elecciones generales de 1993, donde se esperaba ya la victoria del PP, sin tener en cuenta que la sociedad española no estaba aún lista para el cambio.

Uno se pregunta a santo de qué la arrogancia de los nacionalistas tras estos comicios, exigiendo poco menos que la apertura de un proceso de independencia. Si los árboles permitiesen ver el bosque, lo que se tornaría obvio es que cada vez se desinfla más la opción nacionalista. Y ¿qué sería si la parte constitucionalista de la sociedad pudiese vivir, educar, e informar con libertad, sin la permanente amenaza de sus vidas y sus bienes? ¿Qué sería si la educación en el País Vasco no fuese puro adoctrinamiento nacionalista, lo que ha condicionado ya a toda una generación en la mitología de la independencia y en el odio a España?

Esos son los dos problemas básicos que deben resolverse si se quiere que las próximas elecciones autonómicas se celebren en condiciones de igualdad para los contendientes. Porque hasta ahora, aunque intentemos soslayar esta realidad, los nacionalistas están jugando con una descarada ventaja antidemocrática. ¿Quién le pondrá el cascabel al gato de la violencia y de la educación sectaria? Desde luego, no un Gobierno vasco nacionalista.

Un pasar
Tomás Cuesta La Razón 17 Mayo 2001

Hace algún tiempo, el diario filoetarra «Gara» se preguntaba en un titular «¿Qué nos está pasando?» y algunos -gentes de buena fe; o sea, perfectamente asesinables- llegaron a pensar que las sombras platónicas de la realidad habían penetrado en el cubil de los irracionales. Pero apenas unas lí- neas más allá saltaba la liebre del sarcasmo. La pregunta no hacía referencia a los problemas de una sociedad en la que el miedo, la renuncia, la delación, la mezquindad, la ceguera acomodaticia y la barbarie se han convertido en el «humus» que sustenta un devenir cateto y miserable. Lo que querían decir los batasunos, elaborando, sin querer, un chiste de vascos, era que qué ocurría con el Athletic de Bilbao, que no acababa de levantar cabeza ni apelando a los valores de la raza. (Por cierto, que Javier Clemente -el mismo que durante la noche triste se desmayaba en brazos de su tocayo Arzallus- era también el que, antes de defender los colores de España, blasonaba de los cojones del Athletic cuando uno de sus chicazos, Goicoechea, dejó a Maradona cojitranco).

   Vivir, a estas alturas, en el País Vasco es lo mismo que jugar al mus cuando no se llevan cartas. Hay que pasar a todo por más que te chuleen, aunque se rían de ti para cazarte. Pasar a grande, a chica, a pares y hasta a juego cuando tienes treinta y una y no eres mano. Por descontado que, a fuerza de pasar, uno acaba perdiendo la partida, echando a perder la dignidad y contribuyendo, por fas o por nefás, a la miseria circundante. A cambio, los que pasan de todo no han de temer por nada. Porque a los otros, a esos a quienes se les hinchan las meninges y ponen las neuronas en orden de combate, les colocarán una pistola encima de la mesa para que se tengan que comer los amarracos.

   El domingo, en Vitoria, repartieron los naipes que nos tocan para los próximos años. No llevamos lo que se dice ni un clavel, lo justo para envidar a Mayor y con cuidado. Pero habrá que jugar, y jugaremos, aunque alguno pretenda que se rompa la baraja.
 

Al día siguiente
El presidente de los socialistas de Alava considera que hay dos Euskadis: la que sufre en sus carnes el acoso de la violencia terrorista con concejales escoltados y la alegre y pizpireta, que funciona como si ETA no existiera. La mayoría ha preferido esta segunda Euskadi
MARIO ONAINDIA El Mundo 17 Mayo 2001

En estas elecciones se han presentado al pueblo vasco dos vías para resolver el problema del terrorismo y de la falta de libertad. Por un lado, la cara más crispada y dramática de los partidos acosados por los terroristas que tienen a sus concejales escoltados, que continuamente se refieren a las víctimas del terrorismo, cuyo sólo nombre recuerda el silencio ominoso o el miedo a la muerte propia... Por otra parte, la Euskadi alegre y pizpireta, la del desarrollo tecnológico, la que es capaz de resolver todos los problemas «hablando como personas y no como bestias».

Hacía falta tener a flor de piel los valores humanistas y democráticos para anteponer a cualquier otra consideración la solidaridad con las víctimas y los acosados para dar el voto a los partidos constitucionalistas. Y a pesar de ello, han obtenido medio millón de votos.

Pero la mayoría ha preferido la Euskadi afable que funciona como si ETA no existiera más que justo en el instante en que estalla el coche bomba o el tiro en la nuca, o como si sólo fuera una organización que ensucia el nombre de nuestro país en el extranjero, da votos a Aznar o protege a los nacionalistas sin que se lo hayan pedido, pero que en cualquier caso no les ataca.

Y así el PNV ha planteado una batalla fictica contra el «franquismo». Como casi siempre va con una guerra de retraso, poniendo en práctica el refrán de «a moro muerto, gran lanzada», y ha obtenido 33 diputados, uno más que la suma del PP y del PSE-EE. El mayor logro de su historia.

La gente que literalmente se juega la vida por la democracia, lógicamente está decepcionada y siente no sólo que la mayoría de la sociedad se desentiende de su dolor, sino que el nuevo gobierno tampoco va a asumir la defensa de la democracia y de la libertad, que seguirá recayendo en los mismos del 12 de mayo.

Era difícil que la cosa fuera de otro modo. Al fin y al cabo, no hace más que año y medio que Fernando Buesa enarboló la idea de la rebeldía social democrática en defensa de la libertad; y en este tiempo, aunque hayan asesinado a 30 personas, seis de ellas socialistas, la posibilidad de alternancia al nacionalismo que mira para otro lado no está madura.

Pero, las condiciones para que se fragüe esta alternancia hoy son mejores que hace una semana: por primera vez en la historia el PNV tiene mayoría suficiente para dirigir un gobierno monocolor y poner en marcha su estrategia maravillosa basada en el diálogo para «normalizar» la sociedad vasca y, por tanto, para que considere que los crímenes de ETA son injustificados no sólo éticamente sino también políticamente, porque ha desaparecido el «contencioso»; de manera que el Gobierno vasco será tan beligerante con el terrorismo como actualmente lo son los otros partidos políticos vascos. De esta manera, no podrá justificar sus virajes como supuestas imposiciones de sus aliados, como el «espíritu del Arriaga», para pactar con los socialistas, o «el espíritu de Estella», para pactar con Herri Batasuna.

Podríamos encontrarnos así, por primera vez en la historia también, ante el compromiso del PNV de aceptar el resultado de un diálogo al que no pondría una «disposición adicional» para significar que el citado acuerdo no resuelve el famoso «contencioso», como ocurrió con la Constitución y con el Estatuto de Gernika.

Lo que hay que exigir a Ibarretxe es que asuma que los protagonistas del diálogo no pueden ser los partidos políticos -lo que le excluiría a él- sino los grupos parlamentarios, y que no hay mejor escenario que el Parlamento vasco.

Este diálogo debería servir no sólo para pacificar los ánimos y moderar los talantes sino también para que la política vasca, particularmente la nacionalista, descienda del reino de la teología al terreno pragmático de los hechos.

El martes por la mañana pudimos ver las dos Euskadis. Una en la persona de la presidenta de EA, vestida con sus mejores galas confirmando que nunca aceptará la Constitución española que le garantiza tanto el disfrute de los derechos ciudadanos que ella sabe no tiene amenazados, como el goce de un autogobierno, sin asumir ninguna obligación ni riesgo a cambio. Y la del periodista y ciudadano Gorka Landaburu, víctima de un atentado, para quien la democracia y la libertad sólo reportan obligaciones y riesgos, pero ningún derecho.

Hace falta ser iluso para apostar por la segunda Euskadi. Pero, bueno, ya somos medio millón que además de lamentar y condenar los atentados defendemos la libertad por encima de todo.  Mario Onaindía es presidente del PSE-EE de Alava.

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