AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 18  Mayo   2001
#Aznar dice que con la «vía irlandesa» Arzallus busca lo mismo que Eta: la autodeterminación
Carmen Morodo - Madrid.- La Razón 18 Mayo 2001

#Respeto a Redondo
Editorial ABC 18 Mayo 2001

#El otro despropósito del País Vasco
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón  18 Mayo 2001

#Sublime decisión
Carlos DÁVILA ABC  18 Mayo 2001

#AZNAR DEBE COMBINAR FIRMEZA Y FLEXIBILIDAD FRENTE AL PNV
Editorial El Mundo  18 Mayo 2001

#Diálogo sin debilidad
Editorial La Razón  18 Mayo 2001

#Miro al PSOE con temor
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC  18 Mayo 2001

#El enemigo esta en casa
Ignacio Villa Libertad Digital  18 Mayo 2001

#Más vale tarde
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 18 Mayo 2001

#Ventajismo constitucional
JAVIER PÉREZ ROYO El País  18 Mayo 2001

#El director de ABC defiende la implicación a favor de las libertades en el País Vasco
MADRID. ABC 18 Mayo 2001

#Aznar es la monda
MANUEL HIDALGO El Mundo 18 Mayo 2001

#Equilibrio de fuerzas
José María CARRASCAL La Razón 18 Mayo 2001

#Efecto contagio
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón 18 Mayo 2001

#Gorka II
ERASMO El Mundo 18 Mayo 2001

#Resultado injusto
Gregorio ROBLES La Razón 18 Mayo 2001

#El discurso del método
JUAN LUIS CEBRIÁN El País 18 Mayo 2001

#La trastienda del 13-M
CASIMIRO GARCIA-ABADILLO El Mundo 18 Mayo 2001

#El pacto incumplido
Enrique de Diego Libertad Digital  18 Mayo 2001

#Aznar se puso al frente del timón
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón   18 Mayo 2001

#Movida socialista y terapia de grupo
Lorenzo Contreras La Estrella   18 Mayo 2001

#«La sensación de que íbamos a andar por la calle con libertad se esfumó el domingo»
OSCAR SUBIJANA El Mundo  18 Mayo 2001

#Con los “amigos” de González
Susana Moneo Libertad Digital   18 Mayo 2001

#¿Existe el nacionalismo moderado?
Ignacio Villa Libertad Digital  18 Mayo 2001

#La santa continuidad vasca
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 18 Mayo 2001

#El discurso de la amnesia
Enrique de Diego Libertad Digital 18 Mayo 2001

#Rodeados por fuera o rotos por dentro
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 18 Mayo 2001

#Estatuto corso
Editorial El Correo  18 Mayo 2001

Aznar dice que con la «vía irlandesa» Arzallus busca lo mismo que Eta: la autodeterminación
Explica que «Los que matan pretenden la rendición inmediata y otros, a plazos»
El presidente del Gobierno, José María Aznar, valoró ayer por primera vez públicamente los resultados de las elecciones vascas. En una larga entrevista concedida a RNE, acalló las críticas de quienes le acusaban de «esconderse», asumió personalmente la responsabilidad de todo lo hecho, y ratificó la validez de la posición de su partido ante el País Vasco. Avisó también de los posibles planes independentistas del PNV, escondidos tras la apariencia de la llamada «vía irlandesa» propuesta por Javier Arzallus como modelo para crear un nuevo foro por la pacificación.
Aznar valoró ayer en RNE los resultados de las elecciones vascas
Carmen Morodo - Madrid.- La Razón 18 Mayo 2001

Aznar cree que, tras el resultado de las elecciones vascas y el reconocido triunfo de Juan José Ibarreche, es ahora el PNV el que tiene que «mover ficha» y demostrar si es capaz de administrar correctamente el mandato de las urnas. Son los nacionalistas los que deben hacer ver que son capaces de rectificar el camino erróneo seguido durante la pasada legislatura y asumir la responsabilidad que les corresponde, principalmente en lo que afecta a garantizar los derechos y las libertades de todos los ciudadanos vascos.

Él, por su parte, mantiene su discurso y su posición ante el País Vasco, desde la absoluta convicción de que «quien defiende la legalidad», el marco constitucional y estatutario, no tiene por qué rectificar. «Eso es coherencia, no obcecación», puntualizó.

El jefe del Ejecutivo aprovechó para responder a las críticas recibidas por no haber comparecido antes para valorar los comicios autonómicos. Tras explicar que ha preferido esperar a que hiciera balance el PP vasco, y la propia dirección nacional del partido, bajo su presencia, sentenció: «Yo no valgo para esconderme detrás del burladero. En este tema me siento responsable de todo y por todos».

Hecha esta declaración de principios, alertó de los posibles planes independentistas de los nacionalistas vascos. Ya concurrieron a las autonómicas, recordó, defendiendo en su programa electoral el soberanismo, y ahora está por ver si Ibarreche es capaz de cumplir su palabra de no pactar con EH pese a haber recibido 80.000 votos procedentes de la plataforma independentista que lidera Arnaldo Otegui.
Además, propuestas como la realizada por el presidente del PNV, Javier Arzallus, de tomar como modelo la «vía irlandesa» para crear un nuevo foro de paz, no buscan, a su juicio, otra cosa que la autodeterminación.

«Aquí hay quien quiere conseguirla, por decirlo de esa manera, directamente, y por eso mata y extorsiona, y hay quien quiere conseguirla a plazos. Unos buscan la rendición inmediata y, otros, en el tiempo», afirmó, antes de dejar claro que no es posible establecer comparación alguna entre la situación de Irlanda del Norte y el País Vasco. «La autonomía que la vía irlandesa concede a Irlanda del Norte, al lado de la que tiene el País Vasco, es una cosa como de broma», aclaró. No pasó de esta cuestión sin advertir también de que hay una mayoría de vascos que en ningún modo quiere que se avance hacia el camino de la autodeterminación, y que lo único que pretenden es que se acabe con el terrorismo y poder convivir en paz.

Por otro lado, a pesar de reconocer el triunfo nacionalista en los comicios, Aznar consideró que las elecciones significan un «antes y un después» para los partidos constitucionalistas porque es la primera vez que ha tomado cuerpo la «alternativa de la libertad», pese a que ha habido algunos «a los que no se les debe nada, que no han ayudado nada y sólo han procurado emponzoñar». «Pero eso hoy no toca», dijo para poner punto y final a ese mensaje ambiguo.

Respeto a Redondo
Editorial ABC 18 Mayo 2001

El Partido Socialista está especialmente aturdido tras las elecciones vascas, quizá por el sabor de la frustración, quizá por el vértigo ante el futuro inmediato. Algunos de sus líderes nacionales transmiten la sensación de que la estrategia de los socialistas vascos no iba con ellos y que el Acuerdo por las Libertades suscrito con el PP está muerto y sepultado. Hoy resultan especialmente esclarecedoras las palabras de Aznar, quien, además de rechazar paralelismos con el Ulster y confirmarse en el acuerdo de diciembre de 2000, ha apoyado expresamente a los líderes vascos de su partido. 

En el PSOE se han sucedido declaraciones contradictorias sobre el papel que asumiría el PSE, y, aunque ha quedado fijado en la oposición, es palpable la facilidad con que algunos socialistas -los partidarios de no sumar fuerzas con el PP- reanudarían la entente cordial con el PNV. En este momento, esa posibilidad es menos importante por los riesgos de deslealtad y vuelta a las andadas que entraña cuanto por la injusticia gratuita que supone para Nicolás Redondo y sus compañeros socialistas. Los especuladores de su partido -federalistas de laboratorio y doctrinarios a distancia- están humillando a los vencidos, que son de los suyos, que lo han sido no por defender el programa del PSOE, sino los valores y principios constitucionales. Que estén aturdidos, se comprende; que ofrezcan a sus pares como sacrificios para calmar al nacionalismo, no.

El otro despropósito del País Vasco
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón  18 Mayo 2001

El PNV es un partido demócrata cristiano. Pertenece o ha pertenecido, hasta los pactos con Eta, a la misma internacional que el PP. Parecería lógica la alianza entre los dos partidos que constituyen abrumadora mayoría en las Vascongadas. Casi el setenta por ciento de los votos son de centro derecha en aquellas provincias. Pues no. Con el PNV se alinean los comunistas de Madrazo que están atizados desde el Caribe por Fidel Castro, gentil protector de etarras y delicado abofeteador de la dignidad española. Hasta el escándalo del pacto de Estella, es decir, hasta el escarnio de la alianza pública con los terroristas, el PNV contó con el apoyo y la participación en su Gobierno no del afín PP, sino del PSOE. 

Salvo el escarceo de 1996, cuando Arzallus pensaba engañar a Aznar y acercar a los presos de Eta, el PNV ha sido un partido cristiano de centro derecha que nunca ha querido saber nada del Partido Popular, sencillamente porque se disputan el mismo electorado. Por eso los peneuvistas han demonizado en el País Vasco a los populares con los espantajos de la extrema derecha y la losa de Franco. El centro derecha sería ampliamente mayoritario en España si pudieran sumarse los votos de los nacionalistas vascos y catalanes. Pero la distorsión del mapa político ha generado, sobre todo en el País Vasco, el despropósito de que los afines no puedan trabajar aliados y sí lo hagan los dispares.

Sublime decisión
Por Carlos DÁVILA ABC  18 Mayo 2001

Por mi cuenta y riesgo -¡vaya si existe en este caso el riesgo!- alerto sobre la siguiente posibilidad: si de aquí, mayo de 2001, a marzo de 2004, mes, en principio, de las próximas Elecciones Generales, el País Vasco complica su situación al punto de que los nacionalistas se decantan radicalmente por el ejercicio de la autodeterminación, el presidente Aznar tomará una sublime decisión: revisará su promesa de no presentarse como candidato a la Presidencia en esas elecciones. Esa sería la «situación excepcional» (los términos no son del cronista) que harían a Aznar cambiar de criterio, aun sabiendo que ello le supondría una quiebra en uno de sus principales activos políticos: el crédito de sus palabras, la confianza en sus compromisos.

La posibilidad escrita es tan cierta como cierto es que es de esperar una extensión en las aspiraciones secesionistas del Partido Nacionalista Vasco y, desde luego, de sus socios coyunturales, los discípulos de Garaicoechea. Sin prisa, pero sin pausa, tópicamente, el partido de Arzalluz se dispone a afrontar un «desiderátum» que ellos, también los nacionalistas, han incluido en su programa reciente, ya sea por exigencia de Eusko Alkartasuna o por su propio deseo, cosa que poco importa para el momento. Lo previsible es que el PNV intente quebrar el entendimiento, la juntura constitucional y estatutaria del Partido Popular y el PSOE, para regresar a una propuesta similar a la que una vez formuló el ex lendakari José Antonio Ardanza, propuesta -hay que recordarlo- tan soberanista como pudo ser el pacto de Estella, de infeliz memoria, pero con el PSOE dentro y HB fuera; esa era la diferencia. Esta es la trampa que sólo tiene una desembocadura; la autodeterminación. Es cierto que sin el PSOE Arzalluz, Egibar e Ibarretxe no se atreverán siquiera a plantearla, pero a ello van. Por ellos van. Que nadie lo dude. Aznar, que no lo duda, por tanto empieza a barruntar que puede cambiar si en el instante definitivo llega su promesa de siempre. Sublime decisión.

AZNAR DEBE COMBINAR FIRMEZA Y FLEXIBILIDAD FRENTE AL PNV
Editorial El Mundo  18 Mayo 2001

El presidente del Gobierno ha adelantado los planteamientos de futuro de su partido, una vez que la estrategia puesta en marcha para derrotar al nacionalismo en las urnas no ha dado el resultado que él esperaba. Aznar ha dejado claras dos cosas importantes. Primero, que está totalmente dispuesto a recuperar el diálogo institucional con el Gobierno de Ibarretxe en el marco de la legalidad vigente, la Constitución y el Estatuto. Y segundo, que el Gobierno central no está en absoluto dispuesto a entrar en un proceso similar al irlandés. Tal propuesta lanzada por Arzalluz le parece un intento de «buscar la rendición poco a poco».

Ambos planteamientos del líder del PP son correctos. Por mucho que le suponga un esfuerzo, después de la gran tensión del último año y medio, Aznar tiene la obligación ineludible de flexibilizar sus posiciones para satisfacer algunas de las demandas -legítimas- que el Gobierno vasco plantee para el cumplimiento del Estatuto. Una flexibilidad combinada con la firmeza de exigir a Ibarretxe lealtad constitucional y un compromiso claro en la lucha contra el terrorismo y en la protección de los vascos amenazados por ETA.

También acierta Aznar en rechazar el modelo irlandés. En este asunto, como es habitual, el PNV ha dado una de cal y otra de arena. Mientras Arzalluz propuso una mesa como la de Irlanda, Egibar ha dicho que ahora no es el momento. Al margen de que es obvio que ambas situaciones no tienen ninguna similitud, poner en marcha un proceso de esas características significaría, en la práctica, una revisión del marco constitucional. Lo cual es totalmente implanteable bajo la coacción de los asesinatos.

También el PNV está dando pistas de por dónde va su estrategia. Egibar dijo ayer que las urnas «han dado una soberana respuesta» al pacto antiterrorista firmado por el PP y el PSOE. Es muy posible -como ha advertido el propio Aznar- que los nacionalistas intenten dinamitar este acuerdo, cortejando a los socialistas. Y tampoco es improbable que el PSOE pueda caer en la tentación de llegar a un pacto con el PNV. Ante esta posibilidad, tanto Rodríguez Zapatero como Aznar deben actuar de forma responsable. El líder socialista sólo debe negociar con los nacionalistas dentro del marco constitucional. Y el presidente del Gobierno tiene que ser flexible para no dar a Zapatero una coartada que acabe con el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo.

Diálogo sin debilidad
Editorial La Razón  18 Mayo 2001

El presidente del Gobierno, José María Aznar, aprovechó ayer una entrevista en Radio Nacional para exponer su posición sobre las elecciones vascas. Un pronunciamiento esperado, y tal vez innecesariamente diferido, que tiene la virtud de situar las cosas en su sitio.

Aznar parte de la base de que la primera pieza en el tablero tiene que moverla el PNV, como vencedor de las elecciones. Sólo a partir de ahí se puede comprobar si será posible o conveniente buscar un acercamiento de posiciones. Porque si Ibarreche incumple su promesa de no pactar con el brazo político de Eta, cualquier diálogo será imposible. Si, por el contrario, el PNV apuesta por un diálogo que respete las instituciones y no quiera acabar con ellas, entonces el entendimiento será muy fácil.

El mensaje de Aznar es correcto. La derrota electoral no puede forzar a la renuncia a unos principio, y más si éstos se corresponden a la defensa de la legalidad constitucional y estatutaria. Si el PNV intenta soslayarlos, es su responsabilidad, pero en ese camino dificilmente puede encontrarse con el Partido Popular. Por eso, los intentos iniciales de algún dirigente peneuvista de sortear las instituciones democráticas para proponer instancias de negociación fuera de ellas, como la «mesa a la irlandesa» propuesta por Arzallus, son inasumibles para Aznar.

El presidente del Gobierno lo planteó claramente ayer. Hay unos, los terroristas de Eta, que quieren acabar con la legalidad por las armas. Hay otros que intentan llegar a los mismos objetivos sin ellas. Pero acceder a las pretensiones de estos último no es más que «rendirse a plazos», es decir, acabar con la legalidad del Estado democrático, y con el propio Estado.

Por eso, el diálogo que Aznar está dispuesto a aceptar es el de la búsqueda de soluciones para acabar por Eta. Nunca la negociación para pagar un precio político a Eta en forma de autodeterminación, como algunos insinúan. Porque eso no sería más que ofrecer en bandeja a Eta una recompensa por haber matado; y, de paso, premiar a quienes han acompañado a Eta en ese viaje, aun por medios pacíficos.
Si leemos las posiciones del PNV de los últimos días podemos diferenciar claramente entre Juan José Ibarreche (y su portavoz Josu Jon Imaz) que plantean el diálogo y reconocen que no se puede prescindir del PP, segunda fuerza en el País Vasco. Pero también leemos las propuestas a la irlandesa de Arzallus, o las condiciones que empieza a apuntar Eguíbar, como que el PP y el PSOE tengan que romper el pacto antiterrorista si quieren dialogar con el PNV.

El PNV tiene que unificar su mensaje y dejarse de ambigüedades. Ha conseguido un éxito al apoyarse en un electorado que le ha votado en unas elecciones celebradas bajo la libertad constitucional. Podría cometer el error de atender más al sector radical de este electorado, sin entender que la mayor parte de él quiere avanzar en paz y en progreso con el actul marco legal que le da amplísima autonomía.

Finalmente, hay que subrayar que Aznar se mostró justamente dolido con Pujol, que pronunció la frase sobre la derrota de la «cruzada antinacionalista». Es duro aceptar frases así, cuando son el PP y el PSOE los que han sufrido una verdadera cruzada terrorista. El fanatismo, aquí, guste o no a Pujol, está en el lado que está, aunque la indignación que produce ser víctima haga que, a veces, los mensajes se salgan de tono. Pero más se sale de tono el fragor de una bomba asesina.

Miro al PSOE con temor
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC  18 Mayo 2001

A medida que pasen los días se irá viendo con claridad que las elecciones vascas no han sido un fracaso. Han sido un paso más en la progresión del voto constitucionalista -españolista según Arzalluz, unionista según Otegi- y han supuesto un arriesgado reagrupamiento de fuerzas nacionalistas en torno al PNV. Así pues la consigna de «saber esperar» de José Antonio Zarzalejos no está basada en la resignación sino en la nueva y positiva correlación de fuerzas. ¿Por qué entonces me sigue pareciendo «límite» nuestra situación, como la califiqué antes de las elecciones? Dicho de otro modo ¿por qué no acabo de fiarme de unos resultados que son objetivamente esperanzadores? Sencillamente, no termino de fiarme del PSOE. Temo que rectifique. Temo, por tanto, que pueda romper el bloque sobre el que descansa mi esperanza, y pienso que lo mismo que a mí les sucede a otros muchos ciudadanos.

Hay demasiados síntomas de que puedan volver a imponerse actitudes socialistas anteriores a las elecciones, favorables a un entendimiento con el PNV que vaya más allá de la colaboración contra el terrorismo y por la defensa del Estado de Derecho. El mismo día 13, en pleno escrutinio, cuando aún no se había llegado más que a la mitad de éste, intervino el secretario de organización del PSOE, Pepiño Blanco, para tender la mano al PNV. Una actitud irresponsable, por cuanto se adelantaba a Nicolás Redondo, y ominosa. Blanco tuvo que rectificar después de una llamada airada del candidato socialista.

Blanco venía a recordarnos la existencia de esa otra alma, confederal y oportunista, del PSOE. No tardó una hora Odón Elorza en criticar los errores de Redondo y enseguida se hizo oír Pascual Maragall, no menos reconfortado que Pujol de que hubiera sido derrotada la «campaña antinacionalista». Entretanto no dejaba de enredar González, desesperado, rabioso, un peligro para el PSOE y también para todos. Está en lo que ha dado en llamar la «deconstrucción» de la Nación, del Estado y del PSOE...

Los ojos de muchos ciudadanos se vuelven hacia el PSOE. Se sabe que de éste va a depender la estabilidad del bloque constitucional. De momento el pacto del PP y PSOE contra el terrorismo pasa a un segundo plano en la medida que se responsabiliza de ese cometido a este PNV poselectoral. Ahí comienza a ser menos necesaria que antes la unidad de los constitucionalistas. De momento ya no cuenta aquel primer folio del Pacto contra el terrorismo que exigía del PNV una renuncia a Estella. Por lo mismo ya no resulta tan necesaria la unidad de socialistas y populares. Ambos tendrán que contar ahora con el PNV sin ningún tipo de exigencia previa. Y también gracias a esta dinámica nueva puede alterarse la relación de fuerzas en el interior del PSOE, a favor de los González/Maragall. Esa sería la gran victoria del PNV. Después de haber conseguido el agrupamiento de la mayoría de los nacionalistas vascos, habría roto el bloque constitucionalista. Ya no podría hablarse del empate entre los seiscientos mil votos del PNV y los quinientos setenta y cinco mil del PP y del PSOE. La balanza se inclinaría de forma llamativa a favor del primero y de su estrategia autodeterminista.

Esta hipótesis supondría una quiebra de tal envergadura para el Partido Socialista y para el Estado mismo que se tiende a desconsiderar. Sin embargo, ahí está Maragall, ahí está González. Los dos quieren otra conformación del Estado que podría pasar por una negociación de la paz, esto es, un trueque de ésta por la autodeterminación.

Eso es lo que me perturba a pesar de los nada despreciables resultados electorales, como tuve ocasión de decir la misma noche del 13 de mayo.

El enemigo esta en casa 
Por Ignacio Villa Libertad Digital  18 Mayo 2001

José Luis Rodríguez Zapatero no ha respondido a las expectativas, a las necesidades de su partido. No ha entrado en el fondo de la cuestión. Se ha limitado a solemnizar lo obvio, a moverse con agilidad entre los problemas, pero sin entrar en ellos, y evitando posicionarse con claridad en todos los asuntos que están afectando, y mucho, a los socialistas. Despeja balones y ataca, pero no resuelve.

Para empezar, Zapatero ha hablado de dialogo con el PNV. Por un lado, muestra su disposición al diálogo, pero luego impone condiciones para hablar. ¿Qué condiciones? Las mismas que se imponen en el Pacto Antiterrorista. Es decir, el globo se desinfla. Aportaciones cero. Habla de diálogo para contentar los deseos de González. Impone condiciones para calmar a los socialistas vascos. Y al final, toda la aportación es volver los principios del Pacto antiterrorista. Mucha elocuencia que esconde también mucho humo.

Más tarde, el líder socialista se ha referido también al PSE; de nuevo maniobra para la confusión. Por un lado ha dicho que los errores de la campaña se deben achacar a Ferraz y no a los socialistas vascos. Un respaldo en apariencia, claro, pero con trampa. Se ha lavado las manos cuando no ha promovido una unidad de criterio en esta cuestión primordial. Ha dejado hacer, no ha cerrado la puerta a las críticas publicas a los socialistas vascos. Y no ha recordado que son ciudadanos que, para vivir, tienen que llevar escoltas, no como otros muchos que desde otros puntos de España se permiten el lujo de dogmatizar sobre el País Vasco.

Y, para terminar, se ha mostrado incapaz de solucionar los problemas internos, ha sacado sus mejores armas para atacar al presidente del Gobierno. Es cierto que la actitud de José María Aznar después de las elecciones vascas es susceptible de críticas. Pero, puestas en la boca de Zapatero, le delatan. Cuando no sabe y no puede poner orden en su partido, echa carnaza a las fieras: ¡ataquemos al Gobierno!

En fin, lejos de solucionar todas estas contradicciones y problemas, José Luis Rodríguez Zapatero los esquiva. El enemigo esta en casa mientras no sepa poner orden y claridad.

Más vale tarde
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 18 Mayo 2001

Al tercer día, también Aznar parece resucitado. Miércoles en el Parlamento y jueves en la radio ha estado como tenía que haber estado domingo noche, lunes y martes. Pero, en fin, más vale tarde que nunca. El presidente, que por cómo funcionó la noche del 13-M debe de vivir ya en una burbuja de oxígeno, como Michael Jackson, ha salido a tomar el aire, primero en las Cortes y luego en las ondas. Ha hablado Aznar, ha dicho lo único que puede decir pero que sólo puede decir él y ya empieza a respirar su partido en toda España, aunque ahí queda el susto de su silencio sepulcral en la noche de autos. Prueba también de la ineficacia de las pirámides y de los laberintos interiores para comunicarse con el exterior, trámite previo y obligado para transformarlo.

Al margen del berrinche personal, Aznar no tiene otra salida si quiere cumplir el formato que él mismo se ha impuesto y nos ha impuesto a todos para su trasplante, que no abandono, del Poder. No puede cambiar ahora el paso, con Galicia en el horizonte, y menos aún puede transmitir una sensación de abandono de la clave nacional por parte del Gobierno cuando González está pergeñando de forma cada vez más evidente su vuelta como hombre providencial, para «hacer la paz» con el terrorismo nacionalista, previa rendición constitucional de España, y limpiar de cadáveres las aceras. Por unos días, claro. Pero la estrategia del Triángulo de las Bermudas de la democracia española González-Polanco-Arzalluz (con Pujol en vez de Polanco y Don Jesús en lo alto, si vamos de pirámides) ya fue descarada en la campaña electoral y es ahora tan sinuosa como decidida, aunque hipocritona, en el trámite del nuevo Gobierno vasco. Redondo y el PSE han quedado, de momento, arrumbados en la cuneta y Zapatero es un zombi político desde la noche del 13-M, uno de esos días en que un político pasa a la Historia o pasa al trastero. Este se nos está quedando viejo sin haberse puesto nunca de moda.

Pero la mayoría absoluta de Aznar y la refacción del PP como partido, primero de oposición y luego de poder, tienen su raíz en la concepción nacional de la política. Cuando los democristianos y Fraga fletaron media docena de partidos de derecha regional para conjurar el fantasma de un PSOE eterno, uncido a los nacionalismos, se embarcaron en un desastre organizativo que duró 10 años. Basta ver a este PSOE para comprobar que el carácter de partido nacional español no es sólo bueno o malo, que también, sino indispensable si se pretende gobernar España, no sólo mandar en parcelas. Menos mal que el presidente del Gobierno aún se acuerda de José María Aznar.


Ventajismo constitucional
JAVIER PÉREZ ROYO El País  18 Mayo 2001

La Constitución Española descansa en múltiples compromisos de naturaleza política, pero de todos ellos el más difícil de alcanzar fue el reflejado en el artículo 2. Dicho artículo expresa el compromiso entre dos interpretaciones de la historia de España que habían venido enfrentándose desde hacía varios siglos, sin que hubiéramos sido capaces de encontrar un punto de encuentro entre ambas. Para unos, España es una nación única; para otros, España es una realidad plurinacional. El constituyente resolvió el enfrentamiento afirmando el principio de unidad política de la nación española, pero condicionando su vigencia real y efectiva al ejercicio del derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran.

Adolfo Suárez consiguió, en una inteligente negociación con Josep Tarradellas, incorporar al nacionalismo catalán a ese compromiso constituyente desde el principio. El nacionalismo vasco no lo rechazó expresamente, pero tampoco lo aceptó. Se mantuvo en una posición de desconfianza que sería superada en el otoño de 1979 con la negociación, también dirigida personalmente por Adolfo Suárez, del Estatuto de Autonomía. El nacionalismo vasco, que era la única parte de la constitución material de España que había quedado fuera del consenso constituyente, se incorporó al mismo a través del Estatuto de Gernika. Políticamente no fue con la aprobación de la Constitución, sino con la del Estatuto vasco, con la que se cerró el proceso constituyente. A partir de ese momento no quedaba ninguna parte significativa de la sociedad española fuera de la Constitución.

Este compromiso se alcanzó en el proceso constituyente, pero tiene que ser renovado constantemente. No hay, posiblemente, tarea más importante para el Gobierno de la nación y para los de las comunidades autónomas que la de mantener vivo dicho compromiso y hacerlo operativo mediante el ejercicio de la parte de poder de la que cada uno dispone. Pero, sobre todo, para el Gobierno de la nación. Ésa fue, en mi opinión, la aportación más importante de Adolfo Suárez al proceso constituyente. Y ésa tiene que continuar siendo la aportación más importante de quien ocupe la presidencia del Gobierno en cada momento. De ello depende la estructura del Estado y una convivencia no impuesta entre las diversas 'nacionalidades y regiones' que componen España.

En la renovación de este compromiso no han faltado momentos de tensión, pero nunca había sido puesto en cuestión en cuanto tal desde 1979. Ha sido puesto en cuestión por primera vez durante la primera legislatura en la que José María Aznar ha sido presidente del Gobierno y lo está siendo todavía más en el comienzo de esta segunda. La deslealtad con que el PNV y el PP se han comportado entre ellos y respecto de todos los demás ha sido inmensa. La apuesta de Lizarra por parte del PNV, independientemente de que se hiciera con buena voluntad, supuso una ruptura del compromiso constituyente. De la misma manera que lo ha supuesto también la 'cruzada antinacionalista' desatada por el PP aprovechando el error del PNV.

En lugar de intentar conseguir la rectificación del PNV y de facilitar su reincorporación al consenso constitucional, una vez que dicho partido había dado 'por muerto' el Pacto de Lizarra, el Gobierno y el PP han hecho un uso ventajista de la Constitución que acentuaba todavía más la exclusión de la misma del nacionalismo vasco.

Afortunadamente, los electores han puesto las cosas en su sitio. A EH, en primer lugar, pero también al PP. No se puede no aceptar la Constitución y el Estatuto como marco de referencia de la acción política. Pero tampoco se puede expulsar al nacionalismo vasco de la Constitución, porque es materialmente parte de la misma. La autocalificación de algunos partidos como constitucionalistas ha sido un disparate que es de esperar que desaparezca para siempre. No hay mayor manifestación de ventajismo constitucional que ése.

El director de ABC defiende la implicación a favor de las libertades en el País Vasco
MADRID. ABC 18 Mayo 2001

El director de ABC, José Antonio Zarzalejos, defendió ayer en el Club Siglo XXI la implicación de los medios de comunicación en la campaña electoral vasca a favor del cambio político por considerar la causa «moral y justa». Zarzalejos destacó que en una sociedad democrática la Prensa tiene la obligación de defender unos principios y unos valores como los derechos humanos, además de denunciar la corrupción o criticar al poder.

En un almuerzo-coloquio sobre «El presente y el futuro del País Vasco», al que asistieron, entre otros, el fiscal general del Estado, Jesús Cardenal, y el nuncio del Papa, monseñor Monteiro de Castro, el director de ABC hizo un análisis sobre la situación tras los comicios del pasado domingo en el que dijo que ni el Gobierno ni el PSOE han reaccionado bien ante los resultados porque a unas expectativas excesivas se ha sucedido una desilusión excesiva.

Zarzalejos recordó que los partidos constitucionalistas han defendido en la campaña electoral posiciones morales antes que ideológicas o de programa, principios y valores sobre los que no pueden ni deben rectificar.

También destacó que de los resultados electorales se deduce un «reajuste» dentro de la comunidad nacionalista, dado que PNV y EA han unido sus fuerzas y han recibido 80.000 votos procedentes de Euskal Herritarrok. Tras la victoria nacionalista, 33 escaños frente a los 32 que sumaron PP y PSE, Zarzalejos comentó que «ETA no ha parado ni va a parar» y que corresponde a Juan José Ibarretxe aclarar en qué terreno y con qué reglas quiere jugar.

El director de ABC dijo estar convencido de que los nacionalistas rechazan los asesinatos de ETA, pero también de que siempre tienen la tentación de sostener que esos asesinatos deben desaparecer a cambio de algo. Corresponde pues ahora a Ibarretxe decir si «tenemos que pagar en términos políticos y económicos por la paz y la libertad», agregó.

Sobre la campaña de Jaime Mayor Oreja y su futuro, Zarzalejos agregó que pudo caer en el error del exceso de confianza y que debió haber dejado antes el Ministerio del Interior para preparar con más tiempo los comicios. «Ahora debe estar en la oposición y trabajar para ofrecer una alternativa», añadió.

El director de ABC, además de reconocer su escepticismo sobre un posible cambio en el PNV, recordó ante la constante apelación al diálogo como fórmula mágica para solucionar el problema del terrorismo, que esa vía la han intentado los gobiernos del PSOE y del PP. El resultado fue que la banda no se ha conformado nunca con la única cesión que puede hacer el Estado democrático, la generosidad con los terroristas presos.También recalcó que el País Vasco disfruta ya de unas cotas de autogobierno desconocidas en toda Europa y que rozan la cuasi soberanía en todos los ámbitos, incluidos el fiscal y el de seguridad. Al hilo de esas reflexiones, el director de ABC destacó que el Concierto Económico que toca renegociar este año es una particularidad que el propio Gobierno se ve obligado a defender en las instancias comunitarias.

Aznar es la monda
MANUEL HIDALGO El Mundo 18 Mayo 2001

Aznar es la monda, sí. Dijo que la solución para el País Vasco estaba en estas elecciones. Reforzó, como había hecho contra González, un clima político irrespirable, agobiante, angustioso, y se la jugó a la carta de las urnas. Ha perdido las elecciones, ha hecho crecer el nacionalismo y no ha eliminado el terrorismo. Y, después de este triple fracaso, no sólo dice que no tiene nada que rectificar, sino que dice que rectifiquen los que han ganado. ¿Y para qué van a rectificar los que han ganado, si siendo como son, o pese a ser como son, o precisamente por ser como son, han ganado?

Si eso no es ser la monda, Aznar es como el vaquero del chiste que, rodeado por mil indios, les exige que se rindan.

A ver si nos aclaramos. Uno no puede ponerse en manos de un cirujano, aceptar operarse a vida o muerte, quedarse peor que antes y, encima, tener que escuchar que lo importante es seguir el régimen de comidas, continuar con las gotas y estar dispuesto a otra operación, que, ésa sí, será la buena. Ni hablar.

Aznar y los suyos han errado gravemente en su estrategia, y son ellos los que deben rectificar porque, y es duro decirlo, a la gente no se le puede prometer el paraíso si persevera en el empeño, para más adelante, mientras sube la temperatura del infierno. Eso no es política, es una religión.

Lo que mucha gente piensa no es en renunciar a los principios. No se trata de abandonar ningún barco como las ratas, ni de traicionar el basta ya al crimen y al absolutismo. Lo que muchos piden es encontrar otro camino de defender idénticos principios y de obtener mejores resultados. O sea, el trabajo de un político.

Por lo pronto -con el no por delante a los excesos del nacionalismo y con el sí a la preservación de los derechos constitucionales, la libertad y la vida-, algunos pensamos, o muchos piensan, que hay que probar con otros modos, con otro sistema, con otro talante, con otras maneras, y añadiré, aunque no me guste, etcétera, etcétera.

Los ganadores -sus figuras, no algunos hinchas- se han mostrado cautos y razonables, piensen lo que piensen. Y el señor Aznar, que ha perdido su apuesta, se muestra intransigente y áspero. Aspero, como es él. Y eso no tiene lógica. Ni en este tema, ni en ningún otro.

La firmeza es muy buena, avala la seriedad de las convicciones. Pero también hay una firmeza militar, cuartelaria, carente de talante democrático. Y hay una forma de defender principios con el diálogo, creando un clima distendido, reconviniendo. No se trata de ceder, no. Se trata de acondicionar una atmósfera con oxígeno. Los principios también respiran mejor con oxígeno.

Equilibrio de fuerzas
José María CARRASCAL La Razón 18 Mayo 2001

Arzallus, Ibarretxe y toda la plana mayor del PNV se cansaron de decir durante la campaña electoral que los atentados de Eta favorecían al PP. Tanto lo dijeron que hasta los del PP llegaron a creérselo. Gran error. Los atentados de Eta favorecieron al PNV. Hubo un segmento del nacionalismo vasco que, asustado por las salvajadas de la banda terrorista, en vez de dar su voto a EH, como venía haciendo, se lo dio al PNV, que engordó artificialmente, como ya había engordado naturalmente con los votos pactados de EA. Aquella profecía de Arzallus ¬«unos sacuden el árbol y otros recogen las nueces»¬ se cumplió al pie de la letra.

Pero el mapa político vasco no ha variado por ello. El equilibrio de fuerzas se mantiene. Pese a los altos y bajos que experimentan las distintas formaciones, existe allí desde hace décadas un empate técnico, con un 51-52 por ciento de voto nacionalista frente a un 48-49, no nacionalistas. Los trasvases de votos de un partido a otro producen el efecto óptico de corrimientos de fuerzas, pero es algo más aparente que real, ya que se trata siempre de trasvases dentro del mismo bloque, nunca fuera de ellos. Ha habido momentos en los que el PNV perdió votos que fueron a parar a EH, mientras en esta ocasión, los votos que perdió EH fueron a parar al PNV. Como es también posible que algún voto del PSE vaya al PP, y viceversa. Pero todo dentro de la propia familia, nunca fuera de ella. Los nacionalistas votan siempre nacionalista, en sus distintas versiones moderada o radical, mientras los no nacionalistas votan siempre no nacionalista, en sus versiones PP o PSE-PSOE. Sin que a ningún nacionalista se le ocurra votar no nacionalista, y viceversa. Casi podría decirse que en el País Vasco hay sólo dos grandes partidos, que se reparten el electorado por la mitad. Y si es verdad que los no nacionalistas no pueden gobernar contra los nacionalistas, como quedó demostrado el pasado domingo, no menos es cierto que los nacionalistas tendrán enormes problemas para gobernar contra los no nacionalistas. Ibarretxe y Arzallus cometerían un error semejante al de Aznar y Mayor Oreja si lo intentasen. Y es que en nuestros días, no se puede gobernar con la mitad del país en contra.

En estas condiciones, el único camino razonable que queda a las dos grandes fuerzas políticas de Euskadi es llegar a un compromiso. Es lo que uno y otro bando se han hartado de decir los últimos días. La cúpula del PNV se ha mostrado dispuesta a dialogar, y otro tanto han hecho la del PP y la del PSOE. El problema empieza con los temas del diálogo. Pues la única negociación que ha venido interesando al PNV hasta ahora es la transferencia de más soberanía. Y eso ni quieren ni pueden hacerlo los constitucionales. El único diálogo posible gira en torno a la forma de traer la paz al País Vasco. Que, por cierto, es lo que pidió aquel electorado el pasado domingo. Vamos a ver si ganadores y perdedores lo han escuchado. En otro caso, seguiríamos como y donde estábamos.

Efecto contagio
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón 18 Mayo 2001

Tras la victoria de los nacionalistas en el País Vasco, el 13 de mayo, se ha producido la previsible reacción eufórica de sus homólogos catalán y gallego, que se han apresurado a interpretar el inesperado resultado como el anuncio de movimientos electorales análogos en sus Comunidades. El líder del Bloque Nacionalista Gallego ha llevado su entusiasmo al punto de agitar el espectro de la felizmente olvidada Declaración de Barcelona, aquella malhadada alianza contra la Constitución de 1978, de la que afortunadamente Jordi Pujol y Juan José Ibarretxe se han ido paulatinamente distanciando con encomiable prudencia.

Sin embargo, la rica pluralidad interna de España afecta también a los contextos sociales en que se desenvuelven nuestros tres entrañables nacionalismos particularistas clásicos. La extrapolación del fenómeno acaecido en el País Vasco el pasado domingo a los actuales escenarios gallego y catalán puede ser útil a efectos propagandísticos o como generador de ilusión en las bases de las correspondientes formaciones, pero carece de cualquier fundamento real serio.

En el caso catalán, el gobierno nacionalista minoritario depende críticamente de los votos del abominado PP porque no se ha atrevido a cerrar un acuerdo con el independentismo republicano como seguramente hubiera sido su deseo, sabedor de que sus votantes moderados castigarían semejante exceso. Además, su carismático jefe de filas, guía espiritual y sempiterno candidato se encamina a la jubilación voluntaria y existe una alternativa preparada que ya superó en votos a Convergencia i Unió en 1999. Por tanto, nada indica que el futuro en las urnas del nacionalismo pujolista sea color de rosa a corto plazo, salvo que Pasqual Maragall insista en hacer tonterías como la que cometió en el último pleno del Parlamento del Parc de la Ciutadella, apareciendo como si en vez de pertenecer a un partido asociado al PSOE acabara de llegar de Marte. En cuanto al nacionalismo gallego, es un hecho innegable que la sociedad de aquella autonomía, a diferencia de lo que sucede en Cataluña o en el País Vasco, jamás ha mostrado una marcada proclividad a transformar la identidad cultural en bandera política y se siente bien representada por el autonomismo galleguista que allí encarna patriarcalmente Manuel Fraga, dispuesto, en excelente forma física y mental, a revalidar mandato en otoño. Además, la única organización terrorista ultranacionalista que opera en España es vasca, lo que condiciona la dinámica social, electoral y política de los tres territorios históricos de una manera que no admite paralelismo con ninguna otra parte de la geografía nacional. Por mucho que lo sueñen Mas y Beiras, no habrá efecto contagio en su beneficio. Los hechos diferenciales también lo son, y no poco, en su percepción y traducción política de sus diferencias caracterizadoras. Por eso España es una nación y no cuatro.


Gorka II

ERASMO El Mundo 18 Mayo 2001

Se abre la veda: ETA reivindica el derecho de autodeterminación para el pulgar de su mano derecha. También le sobraban tres falanges, obviamente españolas: falangista, en suma. Mientras, Ibarretxe exigirá, según lo reiterado los últimos 20 años, que EH condene la violencia: propiciará un plan de reconversión para que los pájaros carpinteros se dediquen a la fontanería.

Resultado injusto
Gregorio ROBLES La Razón 18 Mayo 2001

Lo dijo Arzallus poco antes del 13-M: acataremos los resultados aunque sean injustos. Al pronunciar esta frase se estaba curando en salud porque pensaba que los comicios iban a ser desfavorables para el PNV y propicios para los partidos constitucionalistas. Ahora sabemos que expresaba algo que se ha hecho realidad, si bien en un sentido contrario al que se esperaba. Aunque, como demócratas, haya que acatar fielmente los resultados, no por eso se ha de pensar que son justos. Lo primero que salta a la vista es que nadie conoce bien a la sociedad vasca, ni siquiera quienes se consideran sus naturales portavoces. 

Esta vez, para colmo de paradojas, las encuestas se han acercado a la realidad, pero ¿quién se puede fiar de ellas cuando nos han dado ya tantos chascos? En segundo lugar, parece fuera de toda duda que el apoyo otorgado a PP y PSOE es menor del merecido, si se tiene en cuenta el sufrimiento y la abnegación de estos partidos frente a la persecución, la violencia y el crimen organizados. La imagen desarbolada del PNV, con un Ibarreche a la deriva en la última legislatura, no podía generar una idea de éxito llamativo. 

¿Qué ha ocurrido entonces? Creo que la clave de estas elecciones está en la compleja combinación de varios factores: 

1) el ansia de los partidos constitucionalistas por acabar con el crimen con la consiguiente precipitación en reclamar nuevas elecciones; es muy comprensible que se haya querido ver el final del túnel siniestro y que se confunda el deseo con la realidad; 

2) fruto de este ansia, estaba la creencia de que la incipiente movilización ciudadana contra el terrorismo había alcanzado ya una cota de intensidad capaz de arrastrar a amplios sectores, más pasivos, de la sociedad; 

3) la sociedad vasca en su conjunto está instalada en la cultura y el lenguaje políticos del nacionalismo, lo que permite que los instrumentos de análisis y de comunicación de la gente no especialmente cultivada ni politizada estén presididos por dicha cultura y dicho lenguaje, con la consecuencia natural de ver el mundo social y político con las «gafas» nacionalistas; 

4) una campaña poco certera por parte del PP y del PSOE, que al acentuar el aspecto crítico y llamar al voto contra el crimen, han descuidado la demagogia del halago, lo que, por contra, ha manejado muy bien el PNV, con eso de que la juventud vasca está muy bien preparada o que se trata de una sociedad moderna, y argumentos similares; 

5) aunque Jaime Mayor es un gran político, de dotes extraordinarias, al «venir de Madrid», y además haber sido hasta ese momento ministro del Interior, era presa fácil del discurso nacionalista más simplificador; no le ha ayudado nada el triunfalismo, ni tampoco algunos desafortunados episodios, como el de Fraga con lo del euskera como «lengua de mausoleo»; 

6) fruto de esa misma actitud de crítica ramplona, pero no menos eficaz, ha sido también la crítica contra Redondo, acusándole de «seguidista». 

Sin embargo, a pesar del resultado, no hay motivo para la desolación, aunque sí para la revisión y el análisis. Las cifras cantan: casi 600.000 votos a favor del Estatuto y la Constitución impresionan a cualquiera. No se ha retrocedido, antes al contrario, ha habido un cierto avance sobre la situación anterior. La decepción ha sido la consecuencia de unas expectativas sustentadas más en el deseo que en un examen desapasionado de la situación. 

El voto al PNV ha sido el resultado de una inesperada suma, cuyo significado real está todavía por ver. En cualquier caso, no ha alcanzado la mayoría absoluta. Por último, el terror ha perdido apoyo en una dimensión notable. Veremos qué uso hace el PNV de los votos que ha recibido y que no esperaba ni de lejos. Ha ganado las elecciones y ahora se enfrenta a su verdadera encrucijada: tiene ante sí la enorme responsabilidad de garantizar la seguridad de las vidas. En esto no caben ya excusas. PP y PSOE tienen, por su parte, un ingente capital político y su ardua tarea, además de la leal oposición, es reorganizar sus fuerzas y extenderlas en el seno de la sociedad civil, la cual ha empezado a moverse apenas hace dos años. El enemigo se llama desaliento.

El discurso del método
JUAN LUIS CEBRIÁN El País 18 Mayo 2001

Una de las muchas cosas admirables de la democracia -un hombre, un voto- es que sirve para demostrarnos, por un lado, que la política no es una ciencia, aunque se estudie como tal, y por el otro, que la propia democracia, el gobierno del pueblo, significa lo contrario a la aristocracia, es decir, el gobierno de los mejores, o de los que tal se creen, por cuna o inteligencia. El ejercicio reciente del voto en el País Vasco ha deshecho, así, algunos mitos y enfatizado no pocos errores. Un importante embeleco destruido por las urnas es la suposición de que profesores de sociología y columnistas de periódicos pueden emplearse, sin esfuerzo ni demora, como estrategas políticos, pues, además de analizar lo que acontece, serían capaces de predecirlo o de condicionarlo con sus juicios.

 Algunos los han expresado con tanta rotundidad, cuando anunciaban un cambio histórico en Euskadi de manos de la alternancia, y ha sido tan evidente la ofuscación con que confundieron deseos y realidades, que hoy prefieren no apearse del machito, afirmando que, antes o después, triunfarán sus tesis, pues sólo han errado en el tiempo.

Actitud ésta que recuerda muy mucho aquella famosa frase de Alfonso Guerra, cuando determinó, a raíz de una derrota electoral del PSOE, que el pueblo español se había equivocado. Equivocado o no, el pueblo vasco ha puesto de relieve que, efectivamente, se ha producido un cambio profundo en la dialéctica política de Euskadi, pero de signo contrario al que pretendían los agitadores al servicio de Mayor Oreja, y ahora se abre una nueva etapa que demuestra el fracaso de la estrategia de la confrontación, desarrollada por Aznar y compañía.

Tantas veces he escrito y me he pronunciado contra los nacionalismos que nunca pude suponer me sentiría, en cierta medida, aliviado por un triunfo tan sonoro como el del PNV en las pasadas elecciones. Y esto, no porque concuerde con sus postulados, que no quiero ver progresar, sino porque, como tantos otros españoles, he contemplado con preocupación la batalla verbal -y no sólo verbal- que desde el nacionalismo español se había entablado contra el nacionalismo vasco, alimentando un espíritu casi de cruzada. Lo menos que puede decirse del resultado de las elecciones es que no es casual, sino fruto de una política, a todas luces errónea, diseñada e instrumentada directamente desde Moncloa y que contó no sólo con el beneplácito, sino con el aplauso ancilar del candidato socialista. Tan buen tino ha tenido éste que ha logrado perder para su partido un escaño, al tiempo que ha desdibujado su papel como eventual componedor del conflicto. Esa estrategia que hemos visto naufragar se inscribía en la configuración de un auténtico frente político que ha utilizado partidariamente a las víctimas del terrorismo -incluso a aquellas que, evidentemente, no endosaban para nada sus análisis- y en la satanización del PNV y sus principales dirigentes, a los que se ha llegado a acusar de cómplices de la escalada sangrienta de ETA.

 Muchos de los intelectuales, valiosos y honestos, arrastrados por la marea de esta campaña hacia las posiciones de Aznar, lo han hecho movidos por sólidas razones morales, preocupados por la discriminación que en la Universidad y otros sectores cívicos de Euskadi se produce contra los no nacionalistas, y por el clima de terror e inseguridad ciudadana creados por ETA y la kale borroka. La amenaza terrorista no se cierne sólo sobre ellos, sino sobre toda España, pero experimentan una sensación de desamparo y aislamiento social que no ha lugar en el resto de la Península. Sus sufrimientos demandan no únicamente solidaridad sino, más que nada, soluciones. Pero su razón moral no avala ni justifica su equivocación política, que comenzó por forzar, mediante todos los medios imaginables a su alcance, unas elecciones que los peneuvistas no querían. Aunque algunos busquen consuelo en el derrumbamiento de Euskal Herritarrok, el corolario de los votos ha sido bien opuesto al efecto buscado: más poder para los nacionalistas vascos, a los que prometían desalojar, y derrota de los partidos que, de manera abusiva, se habían presentado a los comicios como defensores exclusivos de la democracia, el Estatuto y la Constitución, para desgracia de muchos entusiastas de ésta que no concordaban con sus posiciones.

Semejante apropiación indebida de nuestra Carta Magna por parte del PP, que también ha querido adueñarse para él solo del espíritu de la Transición y hasta de la invención de la lengua castellana, nos habla muy mucho del verdadero talante de sus líderes. Acostumbrados al todo vale en la persecución del poder, no paran en barras, y terminaron por convertirse en el asombro de Occidente cuando declararon, con reiterada solemnidad, que PNV y ETA eran la misma cosa porque perseguían los mismos fines, cuando el más elemental manual de la democracia obliga a distinguir entre objetivos y medios. Según los arúspices de la segunda Transición, ensimismados en el recreamiento, a su modo, de las guerras entre carlistas y liberales, esa especie de alianza objetiva entre Arzalluz y los etarras respecto a las metas justificaba dejar fuera de la circulación democrática a los nacionalistas. Del dicho al hecho, el habitante de la Moncloa aplicó hasta el límite la política de acoso y derribo, que tan buenos resultados le diera con el PSOE, propiciando la expulsión del PNV de cualquier foro de diálogo, fueran la Internacional Democristiana o los despachos de sus líderes con el lehendakari, y practicando una especie de política de tierra quemada que ha dejado como un erial el campo que entre todos es preciso, ahora, cultivar. Sin embargo, es difícil admitir que la coincidencia en los fines de PNV y ETA -la independencia de Euskadi- permita por sí sola criminalizar al primero, entre otras cosas porque éste aboga por el separatismo desde prácticamente su fundación, hace más de cien años, y sus famosas dos almas -la autonomista y la soberanista- se resuelven en un solo impulso a la hora del voto. 

Pero, sobre todo, porque es en los métodos, y no en los fines, en lo que se distingue a un demócrata de otro que no lo es. Diferenciar entre métodos y fines pertenece al ideario básico de las democracias burguesas, por algo llamadas formales; cualquier olvido de tan simple regla esconde siempre una frustración autoritaria. Por lo demás, sería ridículo desconocer que las tendencias al separatismo de amplios sectores de la ciudadanía vasca constituyen un serio problema para toda la población, nacionalista o no, y es inadmisible sugerir que los españoles no vascos apenas tenemos nada que decir sobre eso. Pero hemos convivido con esta cuestión durante décadas, y es probable que lo sigamos haciendo antes de que la situación se decante por una solución no ambigua. Respecto al conflicto de fondo, probablemente lo mejor a que podemos aspirar unos y otros, en el corto plazo, es a ir tirando, clarificando, comprendiendo, conviviendo en medio de un panorama endiabladamente complejo, con lo que el famoso doble lenguaje peneuvista, del que a veces nos hemos quejado, quizá acabe convirtiéndose paradójicamente en una especie de bendición celestial. 

El fortalecimiento de las instituciones democráticas en Euskadi requiere flexibilidad en el diálogo, y rechaza cualquier numantinismo en los principios. Entretanto, el principal problema de la política española sigue siendo la delincuencia política de ETA y la destrucción del orden público por la kale borroka. Resolver ambas cosas compete, desde luego, al Gobierno de Vitoria pero también, y sobre todo, al de Madrid, por lo que parece urgente un cambio severo en la política antiterrorista inspirada por el PP, hábil en encabezar las lamentaciones de los que sufren y en divulgar culpas ajenas, pero menos en la prevención de los hechos y en la localización y detención de comandos. La instrumentación del caso GAL, y el de los fondos reservados, en su asalto al poder ha tenido indudables consecuencias en lo que se refiere al grado de eficacia de las diversas policías. Es urgente que los respectivos Gobiernos y los partidos políticos democráticos que los apoyan, entre los que todavía el PNV goza de mayor tradición y mejor pedigrí que los populares, lleguen a acuerdos concretos que permitan una más vigorosa actuación de jueces y fiscales, de las fuerzas de orden público y de los servicios de investigación. Al fin y al cabo, tras las elecciones del día 13, cualquiera sabe ya que la violencia política perjudica enormemente los sueños soberanistas del PNV, tanto como los benefició la tregua. El terrorismo es hoy una amenaza para todos los españoles sin distinción, al margen las ideologías de cada cual, y la primera asignatura de quienes nos gobiernan consiste en acabar con él. Para ello, es esencial recuperar la unidad entre los demócratas, cuya fractura en el pasado reciente constituyó un verdadero triunfo de ETA.

No es nada fácil la tarea que se avecina, ni la ha dejado cómoda el cúmulo de despropósitos, mentiras, acusaciones, insultos y arrogancias que, desde todo ámbito, se han vertido durante los días de la campaña. La ocasión merece un derroche de paciencia, de serenidad y de altura de miras, cualidades que no abundan hoy en la gobernación del Estado. De todas formas, Ibarretxe cuenta para emprenderla con un apoyo social impresionante, casi sin precedentes, en la Comunidad Autónoma vasca. Esperemos que administre su rotundo triunfo con mayor templanza que la mostrada por José María Aznar en sus iniciales reacciones después de la derrota. Pues, como dice Montaigne -en frase recordada, días pasados, por Carlos Fuentes- uno puede estar sentado todo lo alto que quiera o pueda imaginarse, pero nadie ha de sentarse nunca por encima de su propio culo.

La trastienda del 13-M
CASIMIRO GARCIA-ABADILLO El Mundo 18 Mayo 2001

¿Por qué se han visto decepcionadas las expectativas del PP y del PSOE el 13-M? ¿Cuál va a ser la actitud del Gobierno hacia el PNV? ¿Qué va a hacer el PSOE ahora? Las reflexiones del presidente del Gobierno, apuntadas ya en su contestación a Gaspar Llamazares en el Congreso, se convirtieron ayer en respuestas contundentes, clarificadoras, en la entrevista concedida a Julio César Iglesias para Radio Nacional.

Aznar, superado el shock del primer momento, quiere dar un mensaje de optimismo. El PNV ha ganado, sí, pero la alternativa (por primera vez y no será la última, había una alternativa al nacionalismo) ha obtenido 570.000 votos, más del 40% del electorado. Si no se ha podido formar gobierno, tal vez, sugiere el presidente, es porque el País Vasco aún no está maduro para el cambio. Hace falta tiempo y el PP y el PSOE forzaron la carrera llamando a la convocatoria de elecciones anticipadas. Quizás no tenían más remedio que hacerlo. Sin embargo, los errores, que los ha habido, no sirven para explicar del todo lo sucedido el pasado domingo. Los vascos, la mayoría de los vascos, han puesto al PNV ante la responsabilidad de gobernar. Han tenido miedo al cambio pero quieren la paz: esa es la lectura de la subida del PNV y del descalabro de EH.

¿Ha entendido Ibarretxe el mensaje? ¿Gobernará el lehendakari para todos los vascos?

Esa es, sin duda, una de las grandes cuestiones cuya respuesta no conoceremos hasta dentro de unos meses. Hay que darle un margen de crédito, pensar que ha dicho la verdad cuando ha asegurado que quiere respetar el marco estatutario. Lo que el presidente del Gobierno no puede expresar, al menos en público, es su desconfianza hacia lo que hará el PNV en el futuro. Egibar ya ha iniciado la ofensiva contra el pacto PP-PSOE. Arzalluz ha planteado el asunto así: «Al PSOE no lo necesitamos para gobernar, sino para construir la paz». Es decir, que la oferta de diálogo se va a plantear en términos de paz a cambio de soberanía. De nuevo Lizarra pero con otro nombre y, a ser posible, con el PSOE. Si esa es la oferta de diálogo, Aznar va a decir «no». En los principios, el presidente no va a dar ni un paso atrás. El problema es si Redondo y Zapatero van a resistir las embestidas políticas y mediáticas para que rectifiquen y rompan el acuerdo antiterrorista firmado con el PP.

El panorama, pues, se abre. Los socialistas podrían caer en la tentación de dejar sólo al PP para acercarse a los nacionalistas pensando en las próximas elecciones generales. Sería un grave error. El PSOE sólo ha llegado al poder con una política nacional, de defensa del marco constitucional.

Ahora queda un camino largo y duro. Lo malo, que nadie lo olvide, no es que el PNV haya obtenido 33 escaños. Lo peor es que ETA va a seguir matanto, va a redoblar sus esfuerzos para hacerle ver al PNV que una parte de sus votos son prestados. Ante esa realidad, no cabe otro camino que seguir al lado de las víctimas. Así piensa Aznar.

El pacto incumplido
Por Enrique de Diego Libertad Digital  18 Mayo 2001

Las falacias suelen sublimarse en mitologías. De una lectura apresurada y falsa de los resultados electorales (Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo han conseguido los mejores resultados de la historia de sus partidos), Xabier Arzalluz ha pasado a la mitología irlandesa, de tan rancia tradición como la progenie de Aitor o la reinterpretación de la batalla de Munguía.

No voy a entrar en las manifiestas diferencias entre el caso irlandés y el vasco, porque en el primero todos quieren unirse no separarse, aunque la disputa esté en con quién. Es todo bastante más sencillo: el pacto irlandés no es otra cosa que una copia del precedente español. Tal acuerdo o mesa de la paz ya se hizo aquí. Fue un conjunto de decisiones como la amnistía de etarras y el Estatuto de Guernica. La diferencia es que en España se hizo de manera gratuita, sin contraprestaciones, por complejos de culpa franquistas. Es decir, ni el nacionalismo cedió en su reivindicación soberanista, mientras que tanto el Ira como Irlanda sí lo han hecho, ni el terrorismo entregó las armas. De hecho, por analogía, el debate entre Eta pm y “militar” es similar al que se ha dado en el Ira, donde una parte -o Ira auténtico- se ha escindido para seguir con la violencia, mientras la otra sí ha aceptado el compromiso. En nuestro caso, por los imponderables y apresuramientos de la transición (algún día habrá que revisar ese tópico de “pacífica” cuando hay un millar de víctimas por asesinatos políticos), la Eta “auténtica” fue la parte mayoritaria mientras los polis-milis la minoría.

La nefasta forma de hacer aquel pacto en vez de reducir el conflicto introdujo la perversa relación asesinato-cesión política, en la que seguimos, aunque los electores lo hayan corregido el 13 de mayo. Pero para que nadie se llame a engaño la capacidad de maniobra de cualquier mesa de diálogo, al margen de análisis más de fondo, es escasa por no decir nula, salvo en un escenario de grave conflicto institucional de impredecibles consecuencias. Sólo queda “negociar” la independencia, la ruptura de la Constitución, la desestabilización de España como sociedad abierta y la propia monarquía como garante de la unidad (nada más postmoderno y delirante que ver al consuegro del rey, Urdangarín, celebrando la victoria de su partido independentista dispuesto a socavar la institución de la que ahora viven sus hijos y nietos).

La historia reciente del País Vasco es, en buena medida, la de un incumplimiento del nacionalismo de un generoso acuerdo de pacificación. Ha sido y es el nacionalismo el que mantiene el conflicto para obtener ventajas políticas, que es incapaz de conseguir en las urnas, como han vuelto a demostrar las elecciones, a pesar de las histéricas lecturas de la cambiante opinión pública madrileña, tan tendente a confundir deseos con realidades y a perderse en oportunismos del instante. Nosotros hicimos antes el pacto irlandés. Ahora Aznar y Zapatero tendrían que “negociar”, por ejemplo, Navarra. ¿Se han vuelto locos algunos dirigentes socialistas como Alfonso Guerra?. ¡Ah!, por supuesto si el PSE y Nicolás Redondo Terreros hubieran adoptado otra posición hubieran sido fácil pasto del voto útil a favor del PP y Jaime Mayor Oreja.

Aznar se puso al frente del timón
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón   18 Mayo 2001

El nerviosismo que chisporrotea alrededor de la casa presidencial no ha hecho mella en el jefe de la cosa, afortunadamente. Julio César Iglesias, que hace entrevistas con retranca ¬esto es, que pregunta las cosas como si no fueran con él y consigue que el entrevistado se sienta a gusto¬, sacó ayer del silencio al presidente y les quedó un diálogo interesante, más por las buena imagen del jefe del Ejecutivo que por las novedades.

El caso es que ha tenido que salir Aznar a ponerse al frente del timón para untar una especie de bálsamo en la situación general, desde la Economía hasta el resultado de las elecciones vascas. Y apareció con ganas de hablar, pues si algo no le preguntaban se lo contestaba él solo, y si algo quería dejar claro lo repetía tres veces, como dictan las normas: una para decirlo, otra para que se entere el público y la tercera para que tomen nota los periodistas. De lo dicho queda claro que una cosa es perder frente a las encuestas y otra la realidad: los que piden independentzia decrecen en apoyo popular en cada elección y por el contrario se consolida el voto que defiende la Constitución. Lectura electoral sencilla si no se hubiera cruzado por el medio una expectativa desaforada a la que no se puso freno en los últimos meses.

Y otra cosa que parece que algún nacionalista no ha entendido: cuando Aznar dice que está dispuesto a defender las ideas que han votado cuatrocientos y pico mil ciudadanos ¿qué esperaban? La Democracia consiste en que ganan los más votados, no en que se callen los demás. Si el PP tiene más votos hoy que hace dos años, merecerá la pena seguir defendiendo el proyecto.

Movida socialista y terapia de grupo
Lorenzo Contreras La Estrella   18 Mayo 2001

Era inevitable después de los resultados de las elecciones vascas. Tenía que producirse, con mayor o menor intensidad, una cierta movida en el seno del PSOE, incluida su versión vasca del PSE. Cuando en una formación política tan atravesada por polémicas internas y puntos de vista contradictorios sucede que un personaje tan equívoco como Odón Elorza, alcalde de San Sebastián, acaba capitalizando la "razón práctica" porque las cifras salidas de las urnas así lo disponen, poco remedio tienen los militantes y dirigentes que no sea el de entregarse a sesiones continuadas de terapia de grupo. Y ya se sabe que esas terapias incluyen altas dosis de recriminaciones recíprocas en las que el perdedor en los comicios lleva obviamente las de perder también aquí.  

No podía dejar de ocurrir otro fenómeno fácilmente predecible a priori, aunque esa presunción no fuese planteada hacia afuera en su momento. Se trata de la actitud del PSC catalán, cada día menos PSOE clásico y más nacionalista, apenas encubierto con vestiduras federales. O, si se prefiere, federalistas.  

Entre Pasqual Maragall y Odón Elorza constituyen una pareja crítica de primera importancia. El próximo Comité Federal del PSOE promete ser agitado. Y durante su transcurso, todos los requemares y descontentos que se ha venido alimentando en el seno de los diversos sectores, por motivos incluso ajenos a las propias elecciones vascas van a aflorar aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid. A ver quien le arrebata, por ejemplo, al guerrismo la oportunidad de ensayar su primera gran descalificación del zapaterismo. Y menos aún dejará de ocurrir que los dinosaurios del partido encubran, con las críticas a la estrategia electoralista del 13 de mayo, la alarma indignada que sin duda les inspira el proyecto zapaterista de limitar a tres los mandatos institucionales y de partido para la militancia colocada.  

Limitación de mandatos e intensificación de la práctica de elecciones primarias son anuncio seguramente mal recibidos donde verdaderamente duelen, que es en el mundo de los situados. Que este reto, revestido de democracia interna ante el futuro, provenga de una dirección, la de Zapatero, cuya primera experiencia como piloto de elecciones se ha saldado con un sonoro fracaso, incrementa la irritabilidad de los destinatarios directos de la pretendida renovación doméstica.  

Atrapado entre los enemigos de las mudanzas, o sea, "barones" más guerristas, por un lado, y nacionalistas camuflados por otro, el actual secretario general, con su cohorte de secuaces, tiene motivos para lamentar especialmente el fracaso de los socialistas en Euskadi. Esto significa que puede peligrar el pacto PP-PSOE por las libertades y contra el terrorismo, no porque deje de preocupar la defensa de la libertad y la causa de la paz, sino porque lo que ahora parece plantearse en el mundo socialista es la denuncia de una "connivencia con la derecha".  

Todos los demonios familiares del PSOE han sido convocados al aquellarre, donde esta vez las posibles brujas tendrán que defenderse de la hoguera. Conviene no descartar la influencia que puedan desarrollar, frente a quienes alertan contra los peligros del soberanismo vasco, aquellos otros socialistas partidarios de recomponer, en términos de posibilidades de poder, las relaciones de colaboración con los nacionalistas.

ANA URCHUEGUIA / ALCALDESA DE LASARTE-ORIA
«La sensación de que íbamos a andar por la calle con libertad se esfumó el domingo»
OSCAR SUBIJANA El Mundo  18 Mayo 2001

LASARTE-ORIA.- La alcaldesa socialista de Lasarte-Oria, Ana Urchueguía, vive con resignación y cierta desilusión, tras los resultados electorales del pasado 13 de mayo. Confiesa que, el hecho de que una parte de la sociedad haya dado la espalda a la otra, es un acto de insolidaridad con las víctimas de ETA.

- La respuesta al resultado electoral por parte de ETA no se ha hecho esperar. Han intentado asesinar a un periodista.

- Lo que quiere ETA es estar siempre presente en esta sociedad. Al margen del resultado electoral, de la participación del 80% de la población, de la bajada espectacular de HB, que ETA quiera estar presente a las 48 horas del proceso electoral, demuestra que nada ha cambiado en los planteamientos de la organización terrorista. Lo dramático es que el martes le tocó a Gorka, hace una semana le tocó al presidente del PP de Aragón, hace mes y medio a Froilán.

- ¿ETA está ciega?

- Buscar racionalidad en un sistema de planteamientos irracional no tiene mucho sentido. Tras un atentado hay gente que busca respuestas, pero no las hay. Sólo hay una organización que quiere hacer daño, quiere tensionar a parte de la sociedad. Gorka me había hecho hace escasos días una entrevista para Cambio 16 y ahora es terrible ver su foto en los periódicos.

- Un compañero de partido ha dicho que los comandos de ETA actúan con información recogida por vecinos de la localidad donde se atenta. Esto pasó con Froilán.

- Evidente. Me puedo equivocar, pero lo de Froilán fue un tema de control de la gente de aquí, de Lasarte. Y lo de Gorka ha sido muy selectivo. Porque llegar al nivel de buscar la fórmula para que la persona no desconfíe, quiere decir que el nivel de tecnicismo de los terroristas es enorme.

- Para los que forman la infantería de los partidos, el lunes debió de ser un día difícil.

- Todo se truncó a las 11 de la noche del domingo, cuando ya visualizas que tu vida apenas ha cambiado. Esa esperanza que teníamos y las expectativas del cambio, la sensación de que íbamos a poder respirar mejor y andar por la calle con más libertad, se esfumaron la noche del domingo. Entonces pensé: Ana, tienes que seguir igual y aguantar más tiempo así.

- ¿A quién hay que pedir que esto no ocurra?

- Yo no pediría, exigiría. El que ha ganado estas elecciones tiene la obligación de solucionar los problemas del conjunto de los ciudadanos vascos, le hayan votado o no. Yo soy alcalde de los que me han votado y también de los que no me han votado. Lo mismo el señor Ibarretxe. Tiene la obligación de protegernos, de proteger a nuestras familias.

- Usted ha afirmado que los resultados electorales destilan insolidaridad. ¿En qué se basa?

- Evidentemente. Hay una parte de la sociedad que ha mirado para otro lado. Que ha sido bastante insolidaria con otra parte de la sociedad que está sufriendo. Militantes y votantes de PNV-EA entendían el lunes mis afirmaciones porque reconocían que hay una parte de esta sociedad que no tiene libertad. Mi visión desde mi condición de militante del PSE es que una parte de los ciudadanos ha demostrado no ser demasiado solidaria con nosotros. Hay casi 600.000 votantes que han pasado un poco de nosotros.

- ¿Ana Urchueguía cree en pactos transversales, gobiernos de concentración?

- No. La sociedad ha dado un mensaje claro a la coalición ganadora. Y tiene la responsabilidad de gobernar. Nosotros, con nuestro resultado electoral tenemos que estar en la oposición.

- ¿Cree que se puede producir una vuelta a Lizarra?

- Oyendo a Ibarretxe, no parece que él quiera volver. Lo que no sé es si le van a obligar a volver, que es muy diferente. Estoy con bastante incertidumbre.

- ¿Qué ha fallado en el PSE?

- No creo que haya fallado nada. Hemos hecho la campaña que hemos podido hacer con la falta de libertades que hemos tenido.

Con los “amigos” de González
Por Susana Moneo Libertad Digital   18 Mayo 2001

Se veía venir. La actitud de la ejecutiva socialista, desvelada por José Blanco, Pepe Blanco para los amigos, es la culminación de lo que hemos presenciado en las últimas semanas con una campaña electoral en la que Ferraz ha querido imponer su pauta frente a los criterios de Redondo Terreros y los suyos. Se ha aclarado ya lo que muchos llamaban ambigüedad. Los continuos guiños de Zapatero al PNV, sus insistentes réplicas al PP o su escandalosa desaparición en la jornada electoral, trazaron el camino que llega finalmente a los “amigos” de González.

Redondo Terreros, Ares, Rojo, Rosa Díez y tantos otros han luchado con valentía y decisión por recomponer un panorama que su partido se ha empeñado en desbaratar con deslealtad y alevosía. Y si esto es grave de por sí, más lo es si se trata del País Vasco. Los primeros han apostado firmemente por unos principios jugándose incluso la vida. Los segundos juegan en la distancia por sus propios intereses, con los principios y la legitimidad de los demás.

¿Por qué Zapatero se quiere reunir con Ibarreche? Si quiere ningunear y desautorizar a Redondo lo que consigue es dejar en evidencia su propia incapacidad para liderar son seriedad y responsabilidad el principal partido de la oposición. Está llevando al PSOE a un torbellino de despropósitos jaleado por su “equipo habitual”. Pero está rozando el límite de la credibilidad y andando sobre una cuerda cuyos vaivenes pueden hacerle caer. La mano que la mece ya ha traicionado antes.

¿Existe el nacionalismo moderado?
Por Ignacio Villa Libertad Digital  18 Mayo 2001

Después del atracón electoral y de varios días de derrumbamiento en las filas “populares”, comienzan a aflorar ya análisis objetivos con ciertas dosis de saludable autocrítica. Los dos errores de estrategia electoral tienen nombre y apellidos. Son dos conceptos, más cercanos a la teoría que a la realidad: la abstención del miedo y el nacionalismo moderado.

Los “sociólogos de cabecera” que revolotean en La Moncloa han dado siempre como seguro dogma electoral, que la abstención en otras elecciones autonómicas del País Vasco se debía al miedo. Por ello, deducían, era necesario movilizar a aquellos que no habían votado en otras ocasiones. Eso explica que los primeros mensajes electorales fuesen pidiendo o insistiendo a los ciudadanos que participaran activamente en las elecciones del 13 de mayo. Se daba como seguro que, con mucha participación, habría una victoria segura. El aumento del voto por correo era -decían- un buen presagio. La realidad ha sido muy distinta. Se ha registrado una alta participación nacionalista en el voto por correo y, además, la abstención de otras ocasiones no era fruto del miedo, era especialmente una abstención nacionalista.

Errónea esta primera premisa, el resto llega solo. Y es que también la “sociología monclovita” apostó muy fuerte por cautivar el voto del llamado “nacionalismo moderado”. Un concepto que los resultados electorales se han encargado de difuminar. Durante la campaña, desde las filas “populares”, se ha repetido mucho que el ciudadano nacionalista antes que otra cosa ha de ser demócrata. A estas afirmaciones, los nacionalistas han respondido recordando que son, ante todo, eso: nacionalistas, y que las etiquetas de “moderado” o “radical” son propias de los sesudos analistas.

Al final llegamos a dos planos. Uno político, de principios, en el que el PP ni puede, ni debe rectificar: Constitución, Estatuto, ¡no! rotundo a Estella, etc. Otro plano electoral, donde los errores deberían ser subsanados. La campaña fue montada por el PP sobre dos pivotes: la abstención del miedo y el voto del nacionalismo moderado. Los datos han demostrado que eran dos conceptos equivocados. Figuraciones lejanas a la realidad del País Vasco.

La santa continuidad vasca
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 18 Mayo 2001

La victoria monumental del PNV, el colosalismo de lo vasco, parecían iniciar el domingo un alba de oro para su presente y su futuro, para sus proyectos expansivos y su utopía en paz. En seguida se ha demostrado que los sondeos no tienen nada que ver con la sangre, cuando la muerte ha vuelto a rozar a un periodista. No hay ninguna incoherencia en este atentado, pues sabido es que los políticos hacen su política y los violentos hacen otra. ¿Beneficia esta sangre a la causa vasca? No, pero da fe.

Lo que triunfó el domingo en el País Vasco fue la gran burguesía, escalonada con la pequeña y la mediana, que así es como está montado el PNV. Las votaciones fueron una respuesta a la presencia de «Madrid», que Arzalluz y otros se han ocupado de satanizar y fascistizar. Pasado el éxtasis vasco de tres días, ETA vuelve a disparar. ETA no cree en la democracia ni tiene por qué. ETA cree más en la Historia y quiere rehacer o reinventar la suya. La victoria peneuvista no es su victoria, sino la de los tibios y los moderantistas que pretenden conservar las formas.

Todo buen burgués tiene un perro y los etarras no quieren seguir siendo el perro que se envisca contra el «opresor». ETA dispara inmediatamente antes o después de las elecciones, por decirles a los suyos que eso de votar es una idea de Madrid y una manera de perder el tiempo. La victoria del PNV no es la victoria de ETA, y por eso volvemos a la «santa continuidad» del filósofo: ustedes a parlamentar y nosotros a matar.

Los violentos y sus pensadores entienden este problema como una guerra abierta, total, una guerra por el soberanismo, la independencia y la exaltación de la raza vasca, lengua y geografía. Arzalluz y otros sutiles distribuyen e interpretan la energía sobrante de ETA, las pistolas suenan como ladridos, la noche vasca es «un horizonte de perros» y esto tranquiliza a unos y horroriza a otros. Nada ha cambiado porque nada podía cambiar.

Como los objetivos de los violentos tampoco son inmediatos, a lo que hemos vuelto en seguida, ya digo, es a la la santa continuidad, a la alternancia trabajo/muerte. La victoria de Ibarretxe sólo significa que este hombre encarna lo conservador/subversivo, y la derrota de Otegi nos confirma a todos -quizá a él mismo- en que el camino de la revolución no es el colegio electoral.

Volverán a las armas con más afición. Han vuelto ya. La burguesía está autosatisfecha con la victoria asamblearia que se ha otorgado a sí misma, aunque sólo sea nominal, y Mayor Oreja, como el llanero solitario que es, persiste en no moverse del sitio. Aznar rechaza la «mesa irlandesa» propuesta por Arzalluz, por darse el gusto de no agachapandarse ante el crecido poder del jesuítico, y luego se mete en números. Los números a mí me dicen que los peneuvistas son los mismos de siempre, pero más amontonados para impresionar. Como diría Luis Escobar, «acojonan». Su triunfo no es la cantidad sino la unanimidad.

El discurso de la amnesia
Por Enrique de Diego Libertad Digital 18 Mayo 2001

Desconocía que las urnas produjeran un efecto de amnesia colectiva o que el fracaso de las expectativas lo fuera de la realidad y estableciera un juicio moral. Con tales criterios, absurda hubiera sido toda lucha contra los totalitarismos; bien estaban los disidentes en las clínicas psiquiátricas. Quizás a estas alturas resulte improcedente recordar que Adolfo Hitler llegó a los campos de exterminio a través de los formalismos democráticos.

Sorprendente resulta no sólo el análisis irreal de los resultados, también la idílica edulcoración del panorama vasco. De pronto, San Sebastián no es Salamanca, sino la Arcadia feliz. Ni ha habido asesinatos de representantes políticos, ni hay miedo en el País Vasco, ni se impone el pensamiento único nacionalista en pueblos y barrios: si en El Goyerri el PP nunca presenta candidaturas no es porque no pueda sino porque no le da la gana, pues todo el mundo está dispuesto a morir por una concejalía. Entrañable resulta que se hable del Rh, se diabolice a los españoles como “emigrantes” y se proclame la identidad de fines con una banda terrorista. Tales cuestiones han sido inventadas por las víctimas, por los perseguidos, para justificar una política de “confrontación”.

No sabíamos que Sabino Arana fuera uno de los padres fundadores de la democracia, más o menos el Hamilton vasco, con esas inocentes obsesiones por los apellidos o la negación de cualquier derecho, amén del sufragio, a los maketos. El discurso del método no es el de la racionalidad. Ya se sabe la pasión de Descartes por Esparta y la planificación legal por una sola mente, o sea, la dictadura. No es legítimo, como le sucede a Juan Luis Cebrián, sólo leer los títulos de los libros.

Por si es preciso borrar las huellas de las tumbas de las víctimas para que se pierda su memoria, y aun sostener que Estella nunca existió, pues todo ha sido una quimera -las lesiones de Gorka Landaburu son fruto de un accidente doméstico-, nos queda como signo de contradicción eso de Udalbiltza, que de seguro ha de interpretarse como una hartera maniobra de los constitucionalistas para buscarle tres pies al gato, pues nada más moderado y cohesionador que una institución de representación sólo nacionalista al marco de las instituciones legales y con cargo al presupuesto público. ¿Manifestación de pedigrí democrático? Sin duda, porque nada lo demuestra más que duplicar parlamentos.

Olvidemos, pues, las públicas denuncias sindicales de órdenes para inhibirse ante la kale borroka, pues a pesar de la transferencia de competencias del orden público, tal materia es obligación del Gobierno “de Madrid”. Y avergoncémonos de haber roto la unidad de los demócratas que con tanto esfuerzo recompusieron Arzalluz y Antxa en Estella/Lizarra. La culpa de todo la tiene José Luis López de la Calle, que ya está muerto. El PP, además, debe dejar de instrumentar el sufrimiento de sus muertos, cosa de suma gravedad, que lo empeora todo, como bien apunta este luchador de las libertades que es Juan Luis Cebrián, con tan desconocido pedigrí democrático.

Reescribir la historia es un ejercicio autoritario. Hacerlo con un pasado tan reciente resulta tan impropio como hacer comulgar con ruedas de molino. Empezando porque los resultados comentados son una ficción, quizás interesada. Nada de buscar consuelo en el hundimiento de Euzkal Herritarrok ni apuntar que sólo se ha producido un trasvase de votos hacia la coalición PNV-EA ¡Qué bien se ven los toros desde la barrera! ¡Desde los cómodos despachos de Madrid! ¡Desde el capitalismo salvaje! ¡Qué exquisita moderación en las moquetas! ¿Pero es que hay un conflicto en el País Vasco? ¿No será todo el fruto de la instrumentación de las denuncias del GAL?

Rodeados por fuera o rotos por dentro
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 18 Mayo 2001

El panorama político español después de los comicios vascos no puede ser más preocupante. Los peores resultados autonómicos del nacionalismo en toda su historia, como bien ha recordado Borrell, están produciendo paradójicamente verdaderas convulsiones en las dos grandes fuerzas políticas españolas, PP y PSOE, firmantes hace apenas unos meses del pacto por las Libertades y contra el terrorismo con general aplauso y reconocimiento. De todas formas, lo peor no es lo que pasa sino lo que puede pasar. Ni sobre el futuro de los socialistas ni del de los populares puede hoy asegurarse nada y eso es precisamente lo peor que puede pasar en un panorama político que exige solidez y perseverancia.

Nicolás Redondo Terreros superó este viernes con menos desperfectos de los previstos una situación de cerco absoluto a sus posiciones por parte de los más variopintos oportunistas de la familia sociata. Los de la testimonial e inútil Izquierda Socialista, como De la Rocha; los del guerrismo añejo, como Ibarra; los antiespañoles estratégicos y patológicos como Maragall; los exdirigentes del PSOE en la época de sumisión al PNV, que fue también la del GAL, como Jauregui y Benegas; todos cargaron contra el PSE por una cosa o por otra.

Sucede que entre todos ellos no reúnen ni la mitad de mérito que los socialistas vascos y el temor a perder uno de los pocos activos que tienen ha podido más que esa falta de vergüenza que exhiben hasta los que más tienen que callar y que tapar. Que se atrevan a criticar los resultados de Redondo dirigentes como Benegas, que sacó muchos menos cuando era candidato, o como Ibarra, que sigue promoviendo peregrinaciones a la prisión de Barrionuevo y Vera, amén de hacer la apología de Galindo, sorprende por su impudicia, asombra por su iniquidad.

Lo que sucede en el PP es muy distinto pero igualmente grave. Mayor Oreja ha vuelto a mostrar signos de alarmante debilidad al decir, precisamente ahora, que la política del País vasco debe hacerse desde allí y no desde Madrid. En el caso de los socialistas, eso supondría defender las posiciones contra ETA y el PNV; en el caso del PP es una autocensura del propio Mayor, que ha hecho todos estos estos años la política vasca desde Madrid a través de Iturgáiz y en perjuicio de otros dirigentes populares más solidos pero menos obedientes. ¿Y desde cuándo el PP, que felizmente sigue defendiendo el "ámbito español de decisión" sobre el futuro del País Vasco, se ha convertido a la superstición "abertzale" del culto al localismo como solución de un problema nacional?

Nos gustaría equivocarnos y no ver en estas manifestaciones de Mayor la falta de solidez y seguridad en las propias fuerzas y en el proyecto del PP que viene apuntando desde el 13-M y que se han convertido en el principal problema del PP después de los comicios. Ojalá sea una sutileza democristiana apuntando al PSOE y no una muestra de blandura de remos en la dirección del PP. Ojalá. De otro modo, entre los rodeados por fuera y los rotos por dentro, los políticos españoles del País vasco van a quedar como unos zorros. Y todo, por hacer, simplemente, lo que debían hacer.

Estatuto corso
Editorial El Correo  18 Mayo 2001

El proyecto de ley de un nuevo estatuto para Córcega empezó a ser debatido por la Asamblea Nacional francesa el pasado martes. Previamente enmendado en la Comisión de Leyes para soslayar cualquier riesgo de inconstitucionalidad, el proyecto debería contar, en un tono de gran debate nacional, con una clara aprobación en términos aritméticos.

En efecto, además de los grandes factores del Gobierno, socialistas y verdes, votarán a favor buena parte de los partidos de centro y derecha, animados, a fin de cuentas, por la prudente actitud final del presidente Chirac, inicialmente muy reticente: «Mi opinión -ha venido a decir- es la del Consejo Constitucional». Tras esta conducta moderada y este clima sereno se esconde una transacción que, intentando sintetizar ciertas aspiraciones corsas y una tradición de República única e indivisible, podría terminar por no contentar del todo a casi nadie. Y, desde luego, al ala dura del nacionalismo corso, que ve los últimos retoques como inaceptables y cierra filas en un tono que, a veces, sugiere la vuelta de la violencia.

A un ciudadano español le sorprenderá que sea tan inquietante remozar un Estatuto para permitir al Parlamento corso adecuar cierta legislación, innovar en materia fiscal y fomentar la enseñanza de su lengua. Pero Francia es lo que es y buena parte de su cuerpo social es aún muy centralista y unitarista. El Gobierno ha hecho bien en preparar y defender su iniciativa, pero también cumplirá con su deber inhibiéndose si vuelve el terrorismo. Ésa es la única unanimidad en París: bajo la amenaza de las armas, nada.

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