AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 19  Mayo   2001
#Ante el abismo nacional, el PSOE da un paso al frente
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 19 Mayo 2001

#Defensa de la Constitución, desarrollo de la izquierda
JOAQUÍN ARRIOLA, FÉLIX PÉREZ CARRASCO Y JOSU UGARTE El Correo 19 Mayo 2001

#Palabra de Ibarretxe
Editorial El País 19 Mayo 2001

#La verdadera paz
ANTONIO ELORZA El País 19 Mayo 2001

#¿HASTA DONDE SE VA A DEJAR LLEVAR ZAPATERO?
Editorial El Mundo 19 Mayo 2001

#La voz de «¡Basta ya!»
EDUARDO MENDICUTTI El Mundo 19 Mayo 2001

#La decisión
FERNANDO ONEGA El Mundo 19 Mayo 2001

#Miedo al cambio
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo 19 Mayo 2001

#Respaldo sensato
Editorial ABC
19 Mayo 2001 

#El discurso del buitre
José Antonio Zarzalejos Director de ABC 19 Mayo 2001

#...Y el PNV recoge las nueces
ISABEL SAN SEBASTIAN El Mundo 19 Mayo 2001

#El «mesurado» Pujol
Carlos HERRERA ABC 19 Mayo 2001

#Diálogo o capitulación
Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 19 Mayo 2001

#Dos cabezas de turco
Jaime CAMPMANY ABC 19 Mayo 2001 

#Zapatero cede ante sus barones y dice que «la Constitución no es un límite».
MANUEL SANCHEZ El Mundo 19 Mayo 2001

#La variedad
MARTIN PRIETO El Mundo 19 Mayo 2001

#Funcionarios con acento extranjero
Impresiones El Mundo 19 Mayo 2001

#Españoles en babia
Nota del Editor 19 Mayo 2001

#Acoso a Zapatero

Editorial La Razón 19 Mayo 2001

#Resistiremos
José Antonio VERA La Razón 19 Mayo 2001

Ante el abismo nacional, el PSOE da un paso al frente
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 19 Mayo 2001

Hay que verlo para creerlo. Hay que frotarse los ojos y volver una y otra vez sobre el texto de la ponencia política del PSOE para comprobar que no se trata de una tomadura de pelo. En realidad, es eso y mucho más. Es el mayor ejercicio de irresponsabilidad, la mayor prueba de indigencia intelectual y el más escandaloso alarde de incapacidad moral de los muchos que ha protagonizado la clase política española desde la Transición. Resulta que Zapatero ha encontrado la fórmula para encajar dentro de una España nuevecita, reinventada y requetesolidaria todas las amenazas contra su unidad, que lo son también contra la libertad de los españoles. Ya tiene el crisol donde refundir el separatismo etarra, el independentismo catalán, el nacionalismo balear, el aislacionismo aragonés y el naufraguismo canario, sin olvidar el caciquismo andaluz, el irredentismo gallego y el tercermundismo extremeño. Todo cabe en el nuevo Estado federal, en realidad confederal y seguramente cantonal que el cerebro privilegiado de Zapatero, el talento vertiginoso de Pepiño Blanco y la portentosa inteligencia de Jordi Sevilla, entre otros filósofos inéditos de la Escuela de Javea, sector Mortadelo, han alumbrado para remediar los viejos y absurdos males de la Patria.

Por lo visto, creen estos pensadores de la nada o esta nada política puesta a pensar, que el problema de España es puramente verbal, que el separatismo es un conflicto psicológico y que los novecientos asesinatos etarras son producto de un malentendido. Por lo visto, Zapatero cree que la prohibición del español en la Administración Pública y la Enseñanza de Cataluña y Baleares es una reacción sanamente instintiva por la secular incomprensión centralista. Por lo visto, esta dirección teledirigida del PSOE cree que se puede alentar cualquier movimiento político centrífugo y que basta con legalizarlo para que se convierta en centrípeto. Vamos, que si a Arzallus se le reconoce el derecho al separatismo y a la anexión de Navarra renunciará a ejercerlo y además se sumará al debate para recrear una España acogedora y cariñosa. Y con él Josu Ternera. Y después Pujol. Y después Beiras. Y delante de todos ellos, más nacionalistas que los nacionalistas, todos los caciques regionales del PSOE: Maragall, Iglesias, Antich, Touriño, Bono, Chaves, Ibarra y demás hermanos náufragos en la sopa de letras del federalismo asimétrico. De no verlo, no creerlo.

Estos tíos o, como a ellos les gusta, estos tíos y tías del PSOE, no renovado sino patidifuso, están dispuestos a cargarse la Constitución que garantiza muy precariamente la unidad nacional a cambio de una quimera verbal que les permita ponerse a la cabeza de diecisiete manifestaciones distintas en las diecisiete autonomías españolas. No es la primera vez que en España una tribu de izquierdistas cretinoides juega a trocear el Estado, presuntamente para unir más “voluntariamente” a la nación. Pi i Margall y los federalistas de la I República se las arreglaron para que en un año el régimen republicano naufragara en el caos cantonal, hasta que los militares desembarcaron en el caos y acabaron con guerras civiles como las de Cartagena contra Murcia, incluido el bombardeo de la costa por la escuadra de dos barcos de Tonet. Pero esto de Zapatero y demás compañía felipista no sería un Viva Cartagena, sino un Adiós, España; bienvenidos a Yugoslavia. Como después de las elecciones vascas muchos temían ver a España al borde del abismo, los socialistas han decidido dar un paso al frente. Lástima de frenopático.

Defensa de la Constitución, desarrollo de la izquierda
JOAQUÍN ARRIOLA, FÉLIX PÉREZ CARRASCO Y JOSU UGARTE El Correo 19 Mayo 2001

El gran teórico de la política Antonio Gramsci señalaba que en el sistema capitalista existe democracia cuando entre el grupo dirigente y los grupos dirigidos hay cierta permeabilidad, es decir, cuando el desarrollo económico y legal favorece que aquellos que pertenecen a las clases subalternas puedan pasar, individualmente, a la dirigente. En el País Vasco, aprobados la Constitución y el Estatuto, desde el primer Gobierno nacionalista y con la gestación de la Administración vasca, el ciudadano ha visualizado esta dimensión de la democracia: mucha gente de la base social ha accedido a un empleo público, mecanismo de promoción social indudable en tiempos de precariedad laboral. Pero eso sí, el acceso a dichos puestos se restringe para quienes no profesan la fe nacionalista.

Este peaje ha sido asumido por un sector mayoritario de la ciudadanía, permitiendo así el establecimiento de una hegemonía cultural que se basa sobre todo en la gestión patrimonial de los recursos públicos. Esta gestión nacionalista de la vida colectiva ha convivido con un problema de libertades fundamentales: el derecho a la vida, a la libre expresión de ideas… Lo que algunos llaman problema prepolítico. La falta de libertad de expresión se acentúa en aquello que no se considera opinable, por ejemplo, considerar como lengua propia de los vascos el euskera, pero no el español; el ‘hecho diferencial’, que se puede considerar parte del mito constitutivo del nacionalismo, pero se reacciona con virulencia cuando se pretende actuar políticamente sobre esa consideración; o la ‘mejor’ situación relativa de los trabajadores vascos frente a los del resto de España, mientras las diferencias salariales se han recortado y se mantienen unos niveles de paro muy superiores a los de otras comunidades con niveles equiparables de desarrollo.

El PP es el principal perjudicado por el terrorismo y ha cogido, con fuerza, la bandera de la libertad. Y aún hoy, muchos partidos y sectores sociales se resisten a reconocer esta realidad. Esa anticipación es la que le ha otorgado al PP legitimidad para erigirse en defensor de la Constitución y del marco de libertades básicas amenazadas. Pero el que este partido aparezca ante la opinión pública en dicho papel de garante de las libertades constitucionales no garantiza el mantenimiento de un sistema ‘ordenado’ de promoción social.

A diferencia de lo ocurrido en el resto de España, donde el PP ha podido renovar su estructura partidaria, dejando a la vieja guardia franquista y posfranquista en el control del sector empresarial público y privatizado, en Euskadi dicha renovación no ha ido acompañada de una nueva hegemonía de la derecha hispana en clave democrática, porque ese espacio ya estaba ocupado por el PNV, y el sector público empresarial vasco desapareció en la reconversión, sustituido sólo parcialmente por el nuevo sector empresarial alimentado desde el presupuesto público.

Si en la alternativa no nacionalista el PP es mayoritario, es normal que ello se traduzca en una confrontación en la cual las izquierdas quedan laminadas: si ETA es la gran derrotada en el reciente proceso electoral, también el PSOE e IU han visto reducirse su presencia en los núcleos urbanos obreros, sobre todo de Vizcaya, claves para articular sus proyectos con alguna expectativa de éxito. Este resultado es debido a los graves errores de las izquierdas vascas, al menos en tres frentes: la defensa de las libertades, la movilización social y el programa alternativo.

Entendemos que la Constitución se debe defender desde la izquierda como medio de progreso social -lo cual exige su desarrollo, en particular en aquellos elementos menos aplicados, a saber, los derechos al bienestar, la igualdad y la participación efectiva de la mayoría de la población en las decisiones que condicionan su propia vida-. La violencia que generan las privaciones y la pobreza, la marginación dentro del sistema -ese 30% de analfabetos funcionales en nuestra comunidad, ¿qué pueden decir, qué pueden decidir en esta sociedad?- requiere propuestas desde la izquierda para toda la sociedad, y ciertamente, el ámbito constitucional está lejos de haberse agotado como marco de expresión de las mismas.

Por el contrario, desde las organizaciones más activas frente al terrorismo en el ámbito político y social se ha asumido una defensa numantina de la Constitución, como trinchera frente a las agresiones terroristas y como límite al nacionalismo, lo cual expresa la hegemonía conservadora respecto al desarrollo constitucional. El partido socialista no ha sido capaz de liderar la movilización social en otro sentido, mientras que la dirección de Izquierda Unida pretende estar de vuelta sin haber llegado, en una estrategia ambigua que la ha conducido a una alianza incomprensible y suicida con el nacionalismo político.

Ahora bien, el PP se presentó como alternativa de gobierno, pero no como alternativa de poder, por cuanto más allá de la confrontación con el PNV en torno a cuál de los dos ocupa los espacios de decisión institucional en el país (Gobierno vasco y Haciendas forales, esencialmente), ambos partidos vienen aplicando una política de consenso, de la cual participa el gran capital, y de modo subordinado el PSOE, en torno a algunas decisiones de gran calado, como el modelo de desarrollo económico, las prioridades presupuestarias, el ajuste fiscal, el modelo urbano y las redes de comunicaciones e infraestructuras o el modelo de relaciones laborales, excluyendo del debate social estas propuestas concretas de construcción del país.

La debilidad de la izquierda que se desprende de esta situación es responsabilidad de las propias fuerzas político-sociales que se reclaman como tales, incapaces de articular y movilizar a favor de un programa de progreso y de cambio estructural a los sectores partidarios del cambio social, no sólo político: sindicalistas, organizaciones de autoayuda (mujeres), sectoriales (ecologistas, internacionalistas, minorías), intelectuales. Aun cuando la existencia de ETA, en la medida en que debilita la democracia, pueda contribuir también al debilitamiento de la izquierda, como hemos podido comprobar hace unos días.

Además, muchos sectores de las izquierdas han alimentado, en cierta forma, algunas de las complejas estructuras psicosociales del terrorismo, por su falta de coraje para enfrentarse a él desde un discurso que desarticulase los resortes intelectuales del fanatismo y la barbarie, instalados en sectores nada despreciables de una sociedad que se reclama formalmente democrática. Quizá, esas izquierdas deban rebuscar, para expulsarlos, aquellos principios de su discurso tradicional contradictorios, por ejemplo, con los fundamentos filosóficos, indivisibles e interdependientes, de los derechos humanos.

Podemos afirmar que la izquierda social, fragmentada y concretada en actuaciones de corto plazo, no interviene a través de los partidos de la izquierda, a pesar de que les pueda dar su voto. Dichos partidos, en vez de incorporar a sus sectores sociales en la lucha por el cambio social, han caído en formas de ensimismamiento, enclaustradas en sus tareas institucionales -de gobierno el PSOE, parlamentarias IU-, sin otra perspectiva que continuar su posición subordinada en el proyecto político de otros partidos y fuerzas sociales.

Una consecuencia de esta situación es la evolución políticamente errática de diversas organizaciones sociales, desde CC OO hasta el Foro de Ermua. Aquellas que mantienen una mayor claridad de objetivos y un espacio social activo, suelen estar influidas por sectores políticos de la izquierda marginal, o simplemente carecen de articulación política, lo cual dificulta la traducción de sus programas en actuaciones institucionales y políticas.

La creación de un espacio social para la izquierda en el País Vasco exige desprenderse de una agenda política en clave nacionalista, y de una agenda económico-social escrita con tinta neoliberal. El espacio social de la izquierda sólo se puede construir desde la reflexión crítica sobre la realidad, y desde la participación de los ciudadanos en dicho debate. A los partidos de izquierda les corresponde facilitar los espacios de diálogo y participación, como tarea prioritaria para la reconstrucción del tejido social de la izquierda. 

Palabra de Ibarretxe
Editorial El País 19 Mayo 2001

Ibarretxe está en condiciones de elegir la senda trazada por José Antonio Ardanza o la de Telesforo Monzón. Desde que se cerraron las urnas el pasado domingo, recibe incitaciones en ambas direcciones, pero las señales que él ha emitido hasta ahora van en el sentido de la primera hipótesis: abrir una nueva etapa de entendimiento entre los demócratas. El secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, mostró ayer su disposición a actuar de puente con el PNV y a participar en una mesa de diálogo si se respetan unas condiciones mínimas: rechazo a cualquier acuerdo con EH, abandono de las instituciones paralelas tipo Udalbiltza y renuncia a planteamientos de paz a cambio de concesiones políticas. El ministro portavoz declaró ayer que el Gobierno comparte esa propuesta. Los mensajes introducidos por Ibarretxe en los últimos días de campaña podrían ser compatibles con este planteamiento.

Xabier Arzalluz consideró ayer paradójico que los perdedores digan lo que tienen que hacer los vencedores para aceptar pactar con ellos, y dijo que si el presidente del Gobierno niega la existencia de un problema político es porque no quiere enfrentarse a la cuestión de la autodeterminación. Sin embargo, cuando hay ayuntamientos importantes en los que todos los representantes de partidos democráticos han dimitido por miedo justificado a ser asesinados, la primera responsabilidad del Gobierno que forme Ibarretxe será devolver a las personas perseguidas, sin libertad, y que se han sentido abandonadas, la confianza en las instituciones. Sin ello, y por mucho que el PNV tenga una mayoría suficiente para gobernar, no se restablecerá un clima plenamente democrático.

El capítulo más urgente del nuevo Gobierno de Ibarretxe ha de ser garantizar la libertad y amparar a los que se sienten perseguidos o han tenido que exiliarse. Los electores han decidido quién tiene que liderar ese esfuerzo desde el Gobierno, pero esa recuperación de la confianza perdida es una tarea que deben abordar conjuntamente Gobierno y oposición. Para ello es necesario regresar a los consensos básicos. No se trata ahora de plantear las cuestiones ideológicas o programáticas de cada partido, sino de recuperar los acuerdos que permitieron en el pasado la convivencia entre las formaciones políticas representativas de la mayoría social en Euskadi.

Por ello, las condiciones establecidas por Zapatero, y que el Gobierno considera coincidentes con las propias, son realistas: resulta artificioso discutir sobre si en el día de mañana se reconocerá la soberanía plena cuando los ciudadanos no tienen libertad para expresarse sobre asuntos mucho más inmediatos, como el derecho a manifestarse libremente contra ETA, a circular sin ser agredido, a discrepar sin ser amenazado, a ser concejal en representación de un partido no nacionalista, a dar clases en la universidad o a abrir sus establecimientos si no se comparten las razones de una convocatoria de huelga. La kale borroka se puede combatir si hay una firme determinación política. Avanzar en esa dirección debería ser un objetivo compartido por todos los partidos democráticos. Como se ha dicho durante la campaña y reiterado tras la jornada electoral, para gobernar basta la mitad de los votos, pero para acabar con el clima de coacción y la falta de libertad hace falta un acuerdo de todos los demócratas.

El hecho de que el PNV haya tenido que enfrentarse por primera vez a la hipótesis de perder el poder, aunque finalmente haya resultado legítimo vencedor en las elecciones, favorece una corrección por vía de hecho sin que ello suponga desgarros internos. Ibarretxe ha salvado a los suyos de una derrota que algunos de ellos consideraban probable. De haberse producido ésta, la rectificación de la estrategia de Lizarra se habría dado seguramente en condiciones mucho más dramáticas y con riesgo de ruptura interna. Si Ibarretxe es consecuente con los compromisos adquiridos en los últimos días de campaña, es posible acabar con la dinámica de agravios recíprocos y regresar de la ideología a la política.

La verdadera paz
ANTONIO ELORZA El País 19 Mayo 2001

Antonio Elorza es catedrático de Pensamiento Político de la Universidad Complutense de Madrid.

En una vieja película de Joshua Logan, La leyenda de la ciudad sin nombre, un predicador enumeraba exhaustivamente los vicios que reinaban en aquel poblado del Oeste y cerraba su alocución con una pregunta dirigida a sus habitantes: '¿Queréis ir al cielo o al infierno?'. 'Al infierno', respondían a coro. Algo de eso ha sucedido en la reciente campaña electoral vasca. Los partidos constitucionalistas, que bien pudieran haber elegido la etiqueta de estatutistas, describieron ante el electorado el conjunto de horrores que la mezcla de terrorismo y de nazismo había sembrado en la sociedad vasca, en tanto que el Gobierno de Ibarretxe miraba hacia otro lado y acababa siempre enfrentándose a quienes denunciaban la situación. Tenían aquéllos sobradas razones para decir lo que dijeron, cuando desde el Gobierno nacionalista se frenaba la labor de la propia policía y se insistía en mantener unos objetivos políticos comunes con los etarras: la Gran Euskal Herria. Pero una cosa es el fundamento de una crítica y otra suponer que va a ser asumida mayoritariamente, sobre todo si se presenta con un ropaje antinacionalista que favorece la tendencia habitual del PNV a actuar como fortaleza sitiada. En un partido a balonazos, sus posibilidades de victoria fueron mucho mayores.

Además, por debajo de los medios de comunicación de masas, operaba el control nacionalista de unas tupidas redes de sociabilidad, impregnadas del mensaje maniqueo según el cual el triunfo del PP, con el PSOE de comparsa, era el regreso del fascismo y de lo español. Pero sobre todo Ibarretxe vino a recordar a muchos vascos que vivían muy bien, con el correlato escondido de que las víctimas eran sólo de un color. 'Nosotros' estamos de maravilla; en todo caso el infierno es para 'ellos' y por eso mejor olvidarse de él. Únicamente los políticos españoles y los intelectuales empeñados en denunciar el terror eran los culpables de 'la crispación'. Siniestro, pero eficaz.

Porque una cosa es compadecer a las víctimas y otra bien distinta vincularse políticamente con ellas, cuando la máquina de matar e intimidar permanece intacta. El PP insistió en la exigencia de vencer a ETA, con el pequeño inconveniente de que durante la campaña no se registró éxito policial alguno y sí hubo dos espectaculares atentados. De modo que en vez de asumir lo que las circunstancias de crisis política provocada por la gestión del PNV parecían aconsejar, buena parte de los vascos optó por dar la espalda al frente antiterrorista y apoyar a quien había subido al poder con los votos de ETA, vía EH. Tal vez su gesto de buen chico compungido reflejaba la impotencia de toda una sociedad para escapar de la violencia; sus responsabilidades fueron olvidadas.

Hay escenas del 13 de mayo que reflejan mejor que ningún otro dato la situación en que se encuentra hoy el funcionamiento de la democracia en Euskadi. Resulta ya lamentable que unos energúmenos, acreditados además como interventores de una organización legal, interfieran en el acto de emisión de voto de los dirigentes democráticos, y les insulten, exhibiendo contra la ley sus consignas políticas, pero el cuadro pasa ya de esperpéntico si los presidentes de mesa lo toleran y los encargados del orden no actúan o lo hacen tardíamente. En especial, el voto de Redondo, flanqueado por dos propagandistas de EH con sus pancartas; fue la imagen viva de quién manda en Euskadi y del grado de respeto al pluralismo. No hace falta el 'censo vasco', ni la consiguiente exclusión de los nuevos 'invasores'. Con la intimidación tolerada desde arriba es posible alcanzar los mismos objetivos.

En consecuencia, desde un punto de vista democrático, resulta obligado acatar los resultados de las elecciones y sacar las consecuencias de la victoria abertzale, que afectan a todos. Ello no significa en este caso, empero, proclamar con satisfacción que vox populi, vox Dei. También Silvio Berlusconi, el amigo de José María Aznar, ha ganado las elecciones italianas y no por eso deja de ser un personaje siniestro. En su periodo de gobierno, Ibarretxe fue incapaz de impedir un grave deterioro de la vida democrática vasca. Volvió la espalda a la supresión de las libertades que imponía la violencia de los seguidores de ETA a los demócratas en las ciudades y pueblos de Euskadi. Eligió hasta el 13-M la condición de líder del 'pueblo vasco', no del conjunto de ciudadanos vascos. En términos democráticos, ha vencido. No por eso su duplicidad, que podría resumirse en el dicho 'hitzak ederrak, bihotza paltso', palabras hermosas y corazón falso, supone un buen augurio de cara al futuro. Recemos a San Ignacio para que cambie. Los primeros indicios son positivos.

A la vista de la derrota en las urnas, la alternativa democrática se ha derrumbado. Será difícil evitar que este hundimiento afecte también al pacto antiterrorista por las libertades, ya que el PSOE estará sometido a los cantos de sirena de quienes vieron siempre con malos ojos su alianza, y el balance del comportamiento político del PP, con su errónea aceptación de la pelea de carneros desde la prepotencia de Aznar, apuntala las críticas. Cabe adivinar asimismo el sentimiento de frustración que en estos momentos debe dominar a tantos demócratas vascos que se han volcado en estos meses para crear las condiciones de un cambio político, jugándose en muchos casos las propias vidas. Ahora, ¿para qué seguir?, pueden decirse a sí mismos. Por eso hay que insistir en que si la derrota es grave para el futuro de la democracia en Euskadi, no cabe olvidar lo que representa positivamente el auténtico plebiscito anti-ETA en que han consistido las elecciones. La propia organización terrorista lo tendrá en cuenta, debiendo elegir el modo más eficiente de impulsar el independentismo que subyace al nuevo gobierno PNV-EA. En el nuevo escenario, no hay que retirarse de una partida todavía abierta, ya que el triunfo sin mayoría absoluta obliga al PNV a contar con otros grupos para sacar adelante sus propuestas.

Ahora bien, el camino a recorrer se dibuja ya, una vez que los votos procedentes de EH, con el refuerzo de EA, convierten al PNV en un auténtico frente nacional, base del Gobierno Ibarretxe. Desde su propia lógica, llega el momento de poner en marcha la mesa de 'diálogo' tantas veces propuesta anteriormente, con la Constitución en el margen, el Estatuto como plataforma para su propia 'superación' y el ejercicio de la autodeterminación como objetivo concreto, tras el que se adivina la independencia, que se ofrece a ETA a cambio de una paz que sería indirectamente victoriosa.

Los críticos no podremos decir en lo sucesivo que la autodeterminación para la independencia resulta incompatible con las preferencias políticas de los vascos, aun cuando siga siendo en todas las encuestas una opción muy minoritaria. Hay, pues, que dar una respuesta democrática a lo que se avecina, tanto desde el nuevo Gobierno y el PNV como desde los partidos estatutistas, y no sería malo que éstos intentaran ahora lo que no hicieron en la campaña: sacar a Ibarretxe de su ambigüedad, exigiéndole que descubra cuál es su meta política, si un autogobierno ampliado dentro de un nuevo marco estatutario o la independencia de la CAV, prólogo del viaje hacia esa ninguna parte llamada Euskal Herria.

Al resolver ese enigma, sabríamos si Ibarretxe desea sinceramente la concordia o si coincide con Marx en el pensamiento de que la violencia es la partera de la historia, en este caso, las urnas bajo el efecto de la violencia, según el ya conocido y eficaz reparto de papeles. De ser así, la sociedad vasca sólo alcanzará 'la verdadera paz' que promete Arzalluz siguiendo el ejemplo del Ulster, al modo que se atreven a descubrir sus voceros auxiliares, mediante 'la plena soberanía'. Ante esta perspectiva, convendría que Aznar renunciase a abordar el conflicto como si se tratara de una pelea de carneros.

¿HASTA DONDE SE VA A DEJAR LLEVAR ZAPATERO?
Editorial El Mundo 19 Mayo 2001

La intervención ante el Comité Federal en la que José Luis Rodríguez Zapatero esbozó las líneas generales de la estrategia de su partido en el País Vasco merece un análisis detallado, no sólo porque arroja novedades sobre el discurso que mantuvo el PSOE en la campaña vasca, sino también porque abre numerosas incertidumbres preocupantes acerca del proyecto socialista para la vertebración del Estado.

Es evidente que el líder del PSOE se está desmarcando del PP con la misma claridad con la que se acerca al PNV. Zapatero coincidió ayer con Ibarretxe y Arzalluz en que Aznar «no ha entendido» el resultado del 13-M. Ha reaccionado -dijo- como «un autista político» y es el responsable de que exista un debate «desgarrado» sobre la independencia del País Vasco. Aunque sea falaz e injusto culpar a Aznar de un debate secesionista planteado por el PNV, podría entenderse que estas críticas son un brindis al sol ante un tendido ansioso por volver a la confrontación izquierda-derecha.

Tampoco parece muy claro que el PNV, como sostiene Zapatero, esté dando síntomas de ir por el buen camino, a juzgar por las declaraciones de ayer de Xabier Arzalluz en las que identificó la «movida» en favor de las víctimas con la que organizan las Gestoras en apoyo de los presos de ETA encarcelados por asesinatos y extorsión. Muy fino tendrá que hilar el PSOE para explicar un acercamiento a quien defiende semejante aberración moral. Aunque es verdad que, en cuanto a la negociación con el PNV, el líder socialista es coherente al poner como requisito para sentarse a negociar que no se ponga precio político a la paz.

Sin embargo, otros pasajes de su discurso son más preocupantes. Según Zapatero, la alternativa de un Gobierno de las fuerzas constitucionalistas no es la única que existe en el País Vasco. Un giro claro respecto a lo que ha mantenido hasta la fecha. Y, lo que es más grave, considera que «la Constitución no puede ser un límite» para vertebrar España. Lo cual puede ser cierto como principio filosófico, pero no es aplicable al País Vasco, donde se pretende un cambio constitucional a cambio de que los terroristas dejen de matar.

Para entender este viraje en las posiciones de Zapatero hay que remitirse a los discursos de los barones regionales en el Comité Federal. Maragall dijo que hay que alejarse del PP «como de la peste» y Rodríguez Ibarra coincidió con el catalán -del que siempre ha sido enemigo declarado- en que el PSOE no debe descartar gobernar con el PNV. No cabe otra interpretación. Zapatero está desbordado por el acoso interior, al que hay que unir las presiones de ámbitos mediáticos felipistas que buscan un ajuste de cuentas con Aznar. Sólo cabe preguntarse hasta dónde se va a dejar llevar el, hasta ahora razonable, líder socialista.

La voz de «¡Basta ya!»
EDUARDO MENDICUTTI El Mundo 19 Mayo 2001

Ha pasado casi una semana desde las elecciones vascas y casi todo el mundo ha dicho lo que tenía que decir sobre unos y otros. Los únicos que no han dicho nada han sido los portavoces de ¡Basta ya! ¿Por qué no ha hablado todavía Fernando Savater? Sobre ¡Basta ya! tampoco ha dicho nadie nada, creo yo. Y, sin embargo, hay que hablar de ¡Basta ya!, y tenemos que oír de nuevo su voz.

Cuesta trabajo criticar a ¡Basta ya! Era duro antes, y es duro ahora, porque tenía y tiene toda la razón del mundo para hacer patente su dolor y su rabia: el que los nacionalistas hayan ganado las elecciones no borra algunas verdades: en el País Vasco hay mucha gente que tiene su libertad secuestrada. Pero ¡Basta ya! se equivocaba gravemente al poner todo el peso de su emocionante valor y de su testimonio sobrecogedor en esa estrategia de enfrentamiento brutal con los nacionalistas en bloque, sin matices y con acusaciones injustas y disparatadas. Tampoco se pueden borrar otras verdades: la inmensa mayoría de los nacionalistas vascos no son ni asesinos ni cómplices de los asesinos, que tan rotundamente han fracasado. Ya sé que ésa es la estrategia que ha seguido el PP y ha apoyado el PSOE, pero ahora están pagando políticamente su error. Lo que produce verdadero desconsuelo es que alguien se haya empeñado en uncir la razón de ser de ¡Basta ya! al resultado electoral de Mayor y Redondo. La consecuencia evidente es que ¡Basta ya! se ha quedado de pronto muda, como si el desenlace de unas elecciones democráticas pudiera taparles la boca a las víctimas del terror. Es como si hubieran sido empujadas hacia un callejón sin salida. Alguien debería dar la cara y hacerse responsable de tan desastrosa equivocación.

Savater es un hombre inteligente, valeroso, pasional, tenaz y necesario. También temible: es capaz de endilgarle una retahíla de insultos atroces o sarcasmos demoledores a cualquiera que, aun manifestándose profundamente solidario con él y con aquellos a quienes representa, le exprese una mínima discrepancia. Pero yo creo que cabe pedirle a alguien que ha dedicado su vida a pensar que piense cómo deber ser, a partir de ahora, la insoslayable voz de ¡Basta ya!. Por cierto: no estaría mal que cambiase de nombre; la plataforma, digo, no Fernando. Una voz que busque la concordia. Una voz que no esté secuestrada. Ni por unos ni por otros.

La decisión
FERNANDO ONEGA El Mundo
19 Mayo 2001


Durante la campaña electoral vasca, los socialistas tuvieron un extraño privilegio: fueron cortejados de palabra por nacionalistas y populares. Es decir, que durante unos días fueron la novia de Euskadi. Consiguieron el ideal de todo partido, que no es otro que situarse en el centro del escenario. No lo supieron aprovechar. La presión de sus víctimas, el espejismo del cambio y la lealtad al pacto con Aznar no les permitieron esa posición centrista. Y lo que es peor: se quedaron sin imagen ni mensaje, ocultos bajo la sombra de Mayor Oreja y diluidos en el agua del españolismo. Al mismo tiempo, ese Felipe González que llamó al reencuentro con los «amigos nacionalistas», no fue entendido y, aireado por la presión mediática, surtió un efecto negativo: llevó todavía más confusión al electorado. No es extraño que hombres como Odón Elorza paseen una imagen desolada y triste, como de lejanía de su propia fuerza política. Ahora, conocido el mandato de las urnas, los socialistas se encuentran en otro callejón: no saben hacia dónde mirar. Se dice que Ibarretxe les puede invitar a formar parte de su Gobierno, pero no lo creo. El lehendakari no los necesita. 

No se entiende cómo los socialistas se podrían sentar en la misma mesa de Consejo donde se sentarán representantes de EA, que piden claramente la autodeterminación. Y los votantes no entenderían que se hiciera coalición con un partido a quien se vapuleó en la campaña. Como ayer dijo José Bono, los mensajes electorales deberían servir para algo. Cuestión distinta es el entendimiento con el PNV. Entenderse, contra lo que dice el pensamiento único, no es ceder, ni entregarse, ni rendirse. Entenderse es contribuir al descenso de la tensión. Entenderse es tender puentes y hablar. Entenderse es romper la dramática barrera que secciona a la sociedad vasca. Al Partido Socialista le corresponde ese papel. Le debería corresponder, obviamente, al Gobierno de la nación, pero tiene bastante con dedicarse a restañar heridas, devolver honores a Ibarretxe, serenar a sus agobiados militantes y prepararse para el crucial momento en que se planteen los pasos hacia la independencia. Los socialistas no tienen esas ataduras. Pero tienen, por la representación que ostentan, la obligación de la grandeza para ser instrumentos de pacificación. Pacificar no es sólo que callen las armas. Es lograr que el nacionalismo no se aparte más del Estado. Y es contribuir a que termine el dramatismo de la actual confrontación. Porque la idea de que estamos ante dos bloques irreconciliables, ¿a quién beneficia? A nadie. Desde luego, no a la convivencia. Mucho menos, a la idea de España, que se asienta en la integración y no en el frentismo. Solamente conviene a los terroristas, que encontrarán en ese frentismo munición ideológica para seguir.

Miedo al cambio
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo 19 Mayo 2001

Un minuto antes de que se cerrasen los colegios electorales el pasado domingo, los máximos dirigentes del PNV acudían demudados a la liturgia del comienzo del recuento de votos; un minuto después de conocerse el resultado electoral, los mismos dirigentes no daban crédito a su propio triunfo, perplejos por unos resultados que no esperaban ni por asomo. Esa sensación de sorpresa en los principales beneficiarios de las elecciones del pasado día 13 refleja hasta qué punto lo que ha ocurrido era inesperado para todos. Posiblemente las fuerzas constitucionalistas, en su afán por acabar con su dolor, con el sufrimiento, muerte, miedo y escolta de sus miembros, se autoconvencieron de que era posible el triunfo. Pero sólo gracias a ese afán voluntarista, por primera vez, los nacionalistas han sentido el riesgo de perder el poder. Ese vértigo ha hecho que la inmensa mayoría del voto nacionalista se concentrase en el PNV, lo que ha multiplicado un resultado electoral bueno hasta convertirlo en espectacular.

¿Qué ha pasado para que el deseado vuelco de los autonomistas se haya convertido en una marea de los nacionalistas? Pues que los votantes han demostrado tener más miedo a un eventual triunfo del PP y el PSE-EE que al refrendo de un partido que ha pactado con ETA; que una porción de votantes ha preferido lo malo conocido que lo bueno por conocer y que una porción de votantes se siente más cercana, por muchas razones, a los nacionalistas que a las víctimas y a quienes las defienden. Las fuerzas constitucionalistas se han vaciado en la lucha contra el terrorismo, han derrotado a EH, pero el trofeo lo ha alzado el PNV. Los que defienden a las víctimas, las víctimas mismas, han pisado el acelerador a fondo para acabar con el estado de excepción que vivían, viven, y en ese afán han amenazado con trastocar las inercias del sistema y han llevado a votar al PNV a los votantes de EH, a los de EA e, incluso, a abstencionistas que prefieren el régimen nacionalista antes que las incertidumbres que les plantea Mayor Oreja.

De la misma manera que el miedo a que viene la derecha sacó votos favorables al PSOE de debajo de las piedras en 1993, el miedo al PP ha concentrado el voto en el PNV y ha movilizado a electores pasivos. Esta evidencia ha eclipsado un dato que es clave y del que no se habla lo suficiente: la clamorosa derrota de los que apoyan a ETA con su voto, un fracaso sin precentes en la historia democrática del País Vasco. Esta marea nacionalista ha eclipsado también el evidente aumento en el número de votantes del PP y del PSE-EE y el estrechamiento de las diferencias entre nacionalistas, cada vez más reducidos en términos relativos a pesar del evidente éxito, y los autonomistas, cada vez más crecidos a pesar de la sensación de fracaso.

A partir de ahora el PNV puede deslizarse por la deriva independentista. Razones no les faltan a quienes apoyan esa vía, no sólo el ‘subidón’ de votos, también la certeza de que ha ganado apoyos con un programa soberanista, el condicionamiento de EA -que gritaba batasunamente «independentzia» la noche de autos- y el aluvión de votos de EH, fortalecen a los que creen que es el momento de declaraciones solemnes que empiecen a desgajar al País Vasco del resto de España. Hay quien plantea, dentro del propio PNV, la conveniencia de atraerse al PSE-EE -incómodo, sobre todo en Madrid, con la estrategia de ir de la mano con el PP-, pero con un fin muy parecido al que defienden los más lanzados: conseguir de hecho un Estado independiente aunque sin escenificar una declaración explícita. El tiempo inmediato dirá por dónde va el balón.

De momento se ha despejado uno de los muchos miedos que aventaron los que no querían que ganase el PP. Sostenían que con un lehendakari autonomista el terrorismo sería aún mayor. No se qué hubieran dicho del intento de asesinato de mi compañero Gorka Landaburu, en el caso de que hubiera ganado Mayor; posiblemente hubieran sostenido, con el mismo desapego hacia las víctimas que siempre les ha caracterizado, que ya lo habían dicho ellos. Este crimen, felizmente frustrado, como los que tengan en cartera, demuestra y demostrará de forma fehaciente hasta qué punto los terroristas han asesinado en todo tiempo y con todo tipo de gobiernos, hasta qué punto era demagógico y repugnante decir que con un lehendakari no nacionalista, más crímenes.

Cuando se baje la fiebre de los análisis post- electorales, quedará de manifiesto, por desgracia, que el problema por excelencia sigue pendiente de solución: gentes que son asesinadas por defender la Constitución y el Estatuto, gentes que viven en la clandestinidad ante el riesgo de sufrir la pena de muerte del terrorismo nacionalista, gentes que han tomado la decisión de irse del País Vasco lo antes posible ante el triunfo del nacionalismo. Ha ocurrido que un sector de gente ha preferido el bienestar de dónde cenamos kokotxas esta noche, antes que la evidencia de vivir en un país con miedo, escoltas y muerte.

Autocríticas mediante, lo cierto es que se ha iniciado un nuevo ciclo en la política vasca, gracias al tesón de los que defienden a las víctimas, que nos sitúa cada vez más cerca del final del terrorismo.

Respaldo sensato
Editorial ABC 19 Mayo 2001 

El apoyo que ayer recibió Nicolás Redondo por parte del Comité Federal de su partido incorpora un tono de sensatez al debate del PSOE sobre su futuro político en el País Vasco. A lo largo de la reunión, Rodríguez Zapatero puso sordina, pero no las rebatió, a las propuestas de crisis en las relaciones con el PP, al ratificar el pacto antiterrorista y defender la estrategia de su partido frente al nacionalismo. Es posible que todo esto sea sólo una pausa durante la ronda de conversaciones abierta por Ibarretxe, que ayer inició con IU. Flaco favor habría hecho el PSOE a sus aspiraciones futuras con el nacionalismo si hubiera enviado al encuentro con el lendakari a un Redondo desautorizado y terminal. El enfriamiento de los ánimos impuesto por Zapatero frena provisionalmente la reacción revisionista de algunos líderes socialistas, a todas luces precipitada porque aún el lendakari no ha fijado las directrices de su nuevo gobierno. Será entonces cuando todos puedan medir el ajuste necesario a su política con el PNV. Por lo pronto, ya es muy significativo que, a pesar de haber ganado las elecciones, la pregunta sea qué va a hacer Ibarretxe. Sería una distorsión del reparto electoral de responsabilidades que formaciones llamadas a ser oposición eviten la concreción política de las verdaderas intenciones del nacionalismo. Después de tantos años de victimismo nacionalista —aquello de «entre unos y otros», etcétera—, es el momento de que el PNV se enfrente, solo y sin presión externa, a la tarea de gobernar.

El discurso del buitre
Por José Antonio Zarzalejos Director de ABC 19 Mayo 2001 

LA venganza es plato a deglutir en frío, y Juan Luis Cebrián, con glotonería resentida, lo ha degustado en caliente. Poca cosa es quien para sacarse la espina del fracaso de su apuesta en las elecciones generales del año 2000 —mayoría absoluta del PP de José María Aznar— utiliza las pinzas de la victoria de los nacionalistas en las elecciones vascas del pasado domingo. El consejero delegado de Prisa, en un artículo misérrimo, incurre en lo mismo que critica aunque de forma más soez porque él ha sido anfitrión —ya se ve que oportunista— de «agitadores al servicio de Mayor Oreja», categoría en la que podrían incluirse por deducción muchas gentes que colaboran en su periódico y otras de la izquierda que han abdicado de su libertad personal para que ahora su patrón les reproche que su razón moral «no avala su equivocación política», afirmación que vuelve a testimoniar el carácter embaucador y contingente que para algunos tienen los más sublimes conceptos de la vida pública.

El cuadro de miserables invectivas se completa con la denominación de «ancilar» dedicada al candidato del PSE-PSOE, al que se le imputa la pérdida de un escaño pero no su sufrimiento y su gallardía, que Redondo resume en su persona y trayectoria representativa de la de otros «ancilares» como Rosa Díez, Javier Rojo, Ana Urchueguía y tantos otros que amanecen y se acuestan con el nudo en el estómago de la ansiedad y el miedo por su vida y su integridad. Castigo que, para Cebrián, no merece demasiado reproche porque aquellos que han pactado con ETA y recibido sus garantías de inmunidad disponen de mejor «pedigree» democrático que aquellos que militan en partidos que llevan años poniendo las víctimas.

Pero al que fue director de «El país» el discurso y la estrategia de confrontación con los nacionalistas le parece poco saludable porque el PNV es metodológicamente distinto a ETA. Vaya descubrimiento. La convergencia de fines y la diferencia en los métodos hace angelicales a los nacionalistas. Tanto, que Cebrián en un bucle melancólico que no mejora Arzalluz aspira a retrotraer la historia a los tiempos de la ambigüedad, del doble lenguaje, del «ir tirando», y ese estado de cosas le parece una «especie de bendición celestial». Torpe, muy torpe, porque Cebrián, tan «aliviado» por la victoria nacionalista, confunde deseos con realidad. Lo que él pretende propugnar es el regreso a los tiempos en los que él y algunos de los suyos mandaban en ese enmarasmado terreno político en el que fue posible la peor de las corrupciones y el terrorismo de Estado.

Para reacción resentida, la de Cebrián —mejor ejemplo, imposible—, como lo demuestra su contento por una victoria de aquellos con los que se dice no coincidir. La vieja tendencia humana a que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, la lleva el articulista a su extremo más transparente y por lo tanto más grotesco.

Pero seamos claros. A Cebrián, en realidad, no le alivia que los nacionalistas hayan vencido; tampoco las esperanzas que le suscita el Gobierno de Ibarretxe. A Cebrián lo que le fascina es haber agarrado un argumento arrojadizo contra Aznar y el PP, político y partido que se permitieron el lujo de ganar unas elecciones generales en marzo del año pasado contra el criterio de sus «agitadores mediáticos» y contra los intereses del grupo que dirige. Cebrián, y no Redondo, es la expresión ancilar de un resentimiento y lo ha vomitado desde las páginas de su periódico con tanto estruendo y tan poco matiz que ha puesto perdidos a buena parte de aquellos que creían tener en él a un hombre inteligente y, probablemente, amigo.

Un texto repleto de contradicciones y que exuda rencor puede convertirse en una pesadísima losa para quien lo firma si, como es el caso, más allá de las afinidades median realidades que justificarían hasta para el más obtuso de los analistas una mínima grandeza de espíritu. El ajuste de cuentas de Cebrián obvia el dramatismo de la muerte, del miedo y de la angustia y juega con apuestas vitales de gentes de bien que son reconocidos como auténticos héroes cívicos. Tamaño desafuero es el reflejo de una frustración y de una impotencia sin límites y de una peligrosa nostalgia de un poder que se esgrimió arrebatado de soberbia y que acaso tendrá que humillarse cuando alguno de los vapuleados en ese texto se encuentre inerte bajo una sábana ensangrentada y rodeado del homenaje de los que tienen más «pedigree» democrático que la propia víctima.

Carlos Fuentes ha escrito una novela fantástica y fantasiosa que titula «Instinto de Inez», de donde Cebrián toma una cita del autor mexicano cedida por Montaigne: «Nadie puede estar sentado por encima de su culo». Cebrián le lanza la cita a Aznar, sin reparar que su artículo es precisamente la aplicación práctica de que nadie —y menos que nadie el articulista— puede estar por encima de su trasero. Si la biología es inevitable, no lo es la elegancia espiritual, la fineza intelectual y la sensibilidad humana que permiten volar como águilas imperiales. Cebrián, sin embargo, ha optado por un vuelo circular y amenazador como el de los buitres.


...Y el PNV recoge las nueces
ISABEL SAN SEBASTIAN El Mundo 19 Mayo 2001

El salón grande del Kursaal estaba lleno hasta la bandera y ovacionó con un clamor de aplausos el nombre de Manuel Giménez Abad, asesinado por ETA tres días antes en Zaragoza. Carlos Iturgaiz, telonero de lujo del último mitin de Jaime Mayor Oreja en su ciudad natal, había calentado el ambiente en castellano y en vascuence, hablando una vez más de la necesidad de «descabezar a la serpiente». Cuando todos esperaban ya la intervención del candidato, subió al escenario una mujer menuda y desconocida del gran público, que se identificó como Conchita Martín, viuda del teniente coronel Blanco, primera víctima de la banda terrorista tras la ruptura de la presunta tregua del 98. Su mensaje fue claro y escueto:

«Estoy aquí para pedir cuentas al pueblo vasco en nombre de las víctimas. Para deciros que en esta tierra se ha generado un virus que afecta a toda España y que ha provocado ya muchos muertos y enfermos incurables, como yo misma. Para exigiros que, en justa contrapartida, nos proporcionéis el antídoto contra ese mal y la vacuna para erradicarlo».

A esa misma hora, dos señoras de edad madura y ajenas a cualquier militancia caminaban por el Bulevar donostiarra, comentando en términos elogiosos la intervención de una dirigente popular en un programa de televisión. En un momento dado, se les acercó una amiga y quiso participar en la conversación...

-Estábamos diciendo que María San Gil es una mujer valiente, que tiene un discurso moderado...

-Aquí no hay discursos que valgan- terció la recién llegada. Ya nos ha dicho el partido que estamos ante una emergencia nacional y hay que obrar en consecuencia.

Estas dos escenas, absolutamente reales, reflejan mejor que cualquier análisis lo sucedido el pasado 13-M en las urnas del País Vasco, donde competían mucho más que unos cuantos partidos con sus respectivos programas.

El domingo pasado se enfrentaban al veredicto del pueblo vasco dos concepciones totalmente diferentes de la política y su razón de ser; dos reglas de juego incompatibles entre sí; dos escalas de valores sin semejanza alguna. De un lado se situaban quienes, aún a costa de sacrificar su propia vida y libertad, luchan por que cualquier proyecto de futuro pase por garantizar previamente la vida y las libertades individuales de todos y cada uno de los ciudadanos vascos.

Del otro, concurrían los convencidos de que «en Euskadi se vive muy bien» o, mejor dicho, los beneficiarios de esa confortable situación de abundancia, siempre dispuestos a cerrar los ojos al sufrimiento de la minoría.

Ganaron estos últimos. Una vez más, las víctimas fueron convertidas en verdugos para que el mensaje del miedo llegara eficazmente a su destino. El llamamiento a defender el territorio de la tribu de la amenaza extranjera fue debidamente respondido. El nacionalismo logró que una mayoría ciudadana inapelable identificara «vasco» con «nacionalista» y primara las declaraciones de lealtad a un pueblo sobre pruebas de amor tan irrefutables como la sangre derramada para defender su dignidad. Caló el viejo discurso de la imbatibilidad de ETA y el 53% del electorado llegó a la conclusión de que es preferible sentarse a hablar con una banda terrorista que asesina a personas inocentes, antes que hacerle frente y arriesgarse a convertirse en víctima potencial.

Ganó la insolidaridad frente al coraje. La «prudencia» frente a la dignidad. El «apaciguamiento» frente a la paz en libertad. Los vascos dijeron a ETA, eso sí, que están cansados de muertes y de violencia. Que el terrorismo que ha sacudido el árbol desde hace 33 años ya puede dejar de hacerlo, toda vez que el PNV ha recogido su abundante cosecha de nueces. Ganó la «emergencia nacional».

LA LLAMADA
Iruin «clavó» el resultado

Votos prestados. El abogado batasuno Iñigo Iruin, que tuvo una participación decisiva en las negociaciones que condujeron al pacto suscrito en el verano de 1998 entre el PNV y ETA y a la consiguiente «tregua» de la banda terrorista, clavó la semana anterior a las elecciones el resultado de las urnas vascas. Iruin predijo -en conversación con un juez de la Audiencia Nacional- que su partido, EH, perdería siete escaños, de los cuales seis irían al PNV y uno a IU-EB. Lo que no supo precisar es qué hará ahora el PNV con esos votos prestados.

LA NOTICIA
Amenazada y expulsada

Piso de alquiler. La concejal del PP, Charo Dorda, que hace semanas sufrió un atentado con bomba en su domicilio de Fuenterrabía, ha tenido que marcharse a vivir a Irún. Dorda, madre de otro cargo electo del PP que se encontraba en el interior de la vivienda en el momento de la explosión, y a quien sólo el blindaje de los cristales salvó la vida, ha tomado esta decisión después de buscar en vano un piso en alquiler en Fuenterrabía. Las excusas han sido varias, pero lo cierto es que nadie ha querido alquilarle una casa.

EL PERSONAJE
La «corte» de George Bush

Gran despliegue. En fuentes próximas a la Presidencia del Gobierno se comenta con cierta guasa el despliegue de medios y personal efectuado por la Casa Blanca para organizar la próxima visita del presidente de los Estados Unidos, George Bush, a España. En el contexto de esos preparativos, hace unos días se desplazó a nuestro país una delegación oficial compuesta por 30 funcionarios y dos decenas de periodistas. Sus interlocutores de La Moncloa subrayan que se trata de la primera de las cuatro «avanzadas» previstas.

El «mesurado» Pujol
Por Carlos HERRERA ABC 19 Mayo 2001 

Algunas de las frases hechas más populares de la política de nuestro país son aquellas que, como lugar común, consisten en alabar gratuitamente y sin que venga a cuento la «moderación y sensatez» de Jordi Pujol. Pase lo que pase y diga la barbaridad que diga, siempre hay algún contertulio que se ve obligado a alabar la «prudencia» con la que está visto que se comporta siempre este hombre. Eso sí que es imagen de marca. El mismo Honorable que ha empobrecido la vida cultural catalana, que ha demonizado el castellano, que ha transformado injustamente la imagen de Cataluña en la de una pila de avaros y egoístas, acaba de tildar a los firmantes del Pacto contra el Terrorismo, víctimas de tantos crímenes, como «Cruzada anti-nacionalista». Esta vez ha sido el mismísimo Aznar, presidente de un partido al que le matan a sus miembros uno tras otro y que sustenta a Pujol en el Parlamento catalán —no al revés— el que, después de contestar con más o menos «firmeza», ha soltado la retahíla esa de «inteligente, mesurado y ponderado». ¿Qué tiene que decir o hacer Pujol, pues, para dejar de ser «inteligente y mesurado»?: ¿Salir al balcón —esa tentación irresistible y común en forma de sueño nacionalista que es asomarse a proclamar Repúblicas— y anunciar la segregación?

A ningún miembro de colectivo nacionalista que se precie se le ocurriría jamás decir de Aznar —o de González— que se trata de un hombre «mesurado y prudente». Jamás. Y no porque Aznar no lo sea, que esa es otra discusión en la que el día que quieran ustedes nos metemos, sino porque es el presidente del Gobierno de España, enemigo siempre potencial de las aspiraciones «nacionales» de determinados territorios. Sin embargo, todo gobernante español que se precie tiene forzosamente que decir que, el mismo Pujol que se frota las manos ante un hipotético futuro «autodeterminado» de los vascos, es un hombre tranquilo y edificante.

Este país nuestro está lleno de aquellos que no quieren enterarse de las cosas. Sigue siendo un lugar ideal para criar fama y echarse a dormir.

Diálogo o capitulación
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 19 Mayo 2001 

Los resultados de las elecciones autonómicas vascas cambian algunas cosas, pocas, pero no cambian ni la mayoría ni las más importantes. Ya hemos empezado a asistir, y me temo que no es poco lo que nos queda, a la profanación de uno de los más nobles menesteres humanos: el diálogo. Lo malo es que quieren colarnos moneda falsa. Nos hablan de diálogo, cuando lo que quieren decir es claudicación. Si antes ya nos atormentaban con la tan bienintencionada como torpe monserga del diálogo, después del 13 de mayo la avalancha puede ser ciclópea.

Conviene clarificar los conceptos. No es lo mismo hablar, que negociar o que pactar. Son cosas distintas. Por mi parte, yo estaría dispuesto a hablar con cualquiera, pero a negociar sólo bajo condiciones de racionalidad e igualdad, y a pactar sólo aquello que sea susceptible de ser pactado. No, desde luego, sobre mi vida y la ajena, sobre mi libertad y la ajena, sobre mi dignidad y la ajena. Los valores morales no son moneda de cambio ni objeto de transacción. Se puede hablar con cualquiera. Con ETA, también. Siempre se puede aprender algo hablando.

Como mínimo, se conoce un poco mejor al interlocutor. Nada impide hablar con ETA. Negociar requiere, sin embargo, condiciones de igualdad y de racionalidad, que no se dan cuando una de las partes, o parte de una de las partes, asesina, extorsiona y coacciona a la otra. La primera condición del diálogo es el cese de la violencia o la existencia de una violencia recíproca. Entre otras razones, porque lo que se consiente bajo la coacción no es libre y, por tanto, no obliga. El pacto otorgado bajo coacción es nulo de pleno derecho. Y, sobre todo, porque eso no es diálogo. La actividad criminal de ETA, lejos de ser una razón para negociar, es el argumento decisivo para no hacerlo. Los beatos del falso diálogo tal vez arguyan que con ETA no se negocia pero que con el PNV sí. Por supuesto que ETA y el PNV no son lo mismo. Pero negociar con el PNV una reforma constitucional bajo el atento «arbitraje» de ETA no es diálogo. Máxime cuando dirigentes del PNV, ignorando quizá la naturaleza totalitaria de ETA, han declarado compartir fines, aunque no medios, con la banda terrorista. Sí cabe negociar un «alto el fuego» entre dos grupos armados que se combaten con las mismas armas. 

Dos Estados o grupos armados que se combaten pueden y deben entablar negociaciones de paz. Pero está claro que entre el Estado español y los nacionalistas vascos no se da esa simetría. Las bajas caen siempre del mismo lado (salvo en la abyecta y corta etapa de los GAL). Cuando una parte pone las víctimas y la otra las exigencias, no cabe la negociación, sino el combate. La negociación sería posible si las víctimas etarras cayeran con semejante regularidad a la de las víctimas constitucionalistas. Conceder todo al adversario para que a cambio éste le respete a uno gentilmente la vida no es negociar; es capitular, enarbolar la bandera blanca, aceptar la rendición incondicional. No es posible la negociación mientras una parte exhibe la lógica bélica y la otra los principios del Estado de Derecho.

Quienes invitan al Gobierno de la Nación al diálogo, quienes se lo exigen, deberían saber que sólo se negocia entre semejantes y que aquí la simetría no existe porque el terror es de una sola dirección. Lo que los dirigentes del PNV deberían reflexionar, en esta hora dulce de su victoria, pero amarga para casi la mitad de los vascos y la casi totalidad de los españoles, es si están o no dispuestos a beneficiarse políticamente del terror de ETA. Si cesara, definitiva y no transitoriamente, este terror cabría hablar de todo, incluida la absurda segregación del País Vasco (aunque, eso sí, con todos los inconvenientes inherentes al caso). De todo, menos de aquello que es irrenunciable por ser inherente a la dignidad humana, como la vida, la libertad y la justicia. Pactar bajo el terror no es dialogar; es capitular. 

Dos cabezas de turco
Por Jaime CAMPMANY ABC 19 Mayo 2001 

Una frase tópica muy repetida en estos días poselectorales es esta: «El éxito tiene muchos padres; el fracaso es huérfano». El frente españolista que formaron el PP y el PSOE en las elecciones autonómicas vascas salió derrotado de las urnas y esa derrota ha producido una gran decepción en los dos partidos, quizá porque las esperanzas en su triunfo eran exageradas y alegremente optimistas. Ahora, a toro pasado, se ve muy claramente que la empresa de poner al PNV de patitas en la oposición tenía mucho de sueño. Alfonso Ussía explica la derrota así: «No se trataba de sustituir a un gobierno, sino de derribar un régimen». El entramado político, económico, social, cultural, educativo y religioso que ha tejido el nacionalismo en Euskal Herría es muy difícil de desmontar.

Y ya hay algunos que buscan culpables de lo que entienden, no como una hazaña ardua que no se alcanza, sino como un error y un desaguisado. Una alianza entre socialistas y populares que no logra buen éxito tenía, por fuerza, que levantar ronchas. Y las ha levantado, sobre todo entre los socialistas, que han perdido un escaño. Los populares, al fin y al cabo, han crecido en votos y en diputados, aunque no se puede olvidar —para mal o para bien— que fueron los inventores de la fórmula, los que trajeron estas gallinas desconocidas en nuestra democracia. Claro está que en algunos casos la búsqueda de culpables y la atribución de responsabilidades tiene un sentido de defensa. En cuanto se encuentra una cabeza de turco, las demás cabezas se libran del chichón.

Vamos al verbigracia. Desde dentro y desde fuera del Partido Popular, hay quien señala como responsable del fracaso electoral en el País Vasco a Jaime Mayor Oreja, y se habla con naturalidad de su «error». Hombre, en todo caso, el «error» de Mayor Oreja habrá sido un «error de obediencia». Con los datos que ofrece la ingrata realidad, habrá que reconocer que tal vez haya sido un error presentar a un ministro de Interior, recién levantado de ese sillón, como candidato a lehendakari. Si se estimaba que Mayor Oreja era el mejor candidato que tenía el PP para ese puesto, tendrían que haberlo «liberado» del Ministerio mucho antes, y ni así se habría evitado el alud de recelos y acusaciones que ha caído sobre él durante la campaña. Es posible que un candidato ideal hubiese sido Gregorio Ordóñez, pero ya se encargaron los etarras de eliminar criminalmente esa posibilidad.

También desde dentro y desde fuera del Partido Socialista de Euskadi se hace responsable a Nicolás Redondo Terreros del contratiempo de las elecciones, en el que algunos quieren ver un descalabro. Ya se sabe que el triunfo de aquella insólita alianza era dificultoso. Pero además ya se encargó Felipe González de desacreditar la operación y de adelantar malos augurios antes aún de que los vascos hubiesen acudido a las urnas. Que un ex presidente del Gobierno, perdedor en las urnas y caído del poder cubierto del oprobio de la corrupción y el crimen de Estado, se fuese a Baracaldo a nadar contracorriente del candidato y de su propio partido, es algo que hay que calificar con dureza. Con toda razón ha dicho Aznar que hubo «alguien» que se adelantó a predecir el fracaso y a representar el papel de aguafiestas previo. A José María Aznar sólo le faltó decir el nombre. Debió decirlo. Estas cosas, cuanto más claras, mejor. Y no se olvide que las cabezas de turco, usadas por los caballeros de los años épicos para adiestrarse en el manejo de la lanza, devuelven el golpe sobre la molondra de los jinetes torpes y desmañados. Los golpes en las cabezas de Mayor Oreja y de Redondo, descargarán al final sobre los responsables máximos de sus propios partidos. En vez de buscar responsables, hay que encontrar soluciones. 

Zapatero cede ante sus barones y dice que «la Constitución no es un límite».
Maragall afirma que el PSOE «debe alejarse del PP como de la peste» - Rodríguez Ibarra insiste en la ruptura del pacto antiterrorista - Ocho de los intervinientes en el Comité Federal proponen que los socialistas entren en un gobierno con el PNV
MANUEL SANCHEZ El Mundo 19 Mayo 2001

MADRID.- «La Constitución no puede ser un límite, una amenaza, no es algo que nos atenace, que nos tenga, es algo que tenemos, un cauce».

Con estas palabras, prácticamente, arrancó su intervención en el Comité Federal el secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, marcando así el camino de un importante giro en la estrategia de los socialistas tras las elecciones vascas.

Tal y como le pedían importantes sectores del PSOE -desde el PSC, pasando por destacados dirigentes guerristas, hasta la corriente Izquierda Socialista-, Rodríguez Zapatero sí dio ayer un mensaje más claro y, sobre todo, más destinado a un acercamiento futuro al PNV y un alejamiento del PP y la política de Aznar.

De hecho, siempre en su primera intervención, fue muy crítico con el PP, a quien acusó de estar deteriorando la vertebración de España por el tono de confrontación empleado con los nacionalistas.

Además, indicó que la «alternativa democrática, así formulada, era para algunos el único camino posible. Respeto esa posibilidad» añadió, «pero no comparto que la alternativa de un Gobierno de las fuerzas llamadas constitucionalistas sea, ni mucho menos, la única alternativa».

El máximo dirigente del PSOE también discrepó con Aznar en su lectura de los resultados: «Sería inmoral esperar otra vez cuatro años», por lo que anunció la disposición socialista para acercarse a una Mesa por la Paz con tres condiciones: que el PNV no pacte con EH; que no se creen ni se fomenten instituciones paralelas (Udalbitza) y que el fin de la violencia no se condicione a ninguna modificación política.

Por ello, indicó también que el PSOE le pide al PNV que «rectifique, sin que esto suponga un trágala, y creo que los primeros pasos van en buena dirección».

A esta idea, ya lanzada por el ex secretario general del PSOE Felipe González en su único mitin durante la campaña vasca en Barakaldo, sumó la necesidad de lograr la unidad de los demócratas como objetivo fundamental, y volvió a instar a José María Aznar a que recupere el diálogo institucional.

Asimismo, hizo una defensa a ultranza del Pacto Antiterrorista, y aseguró que sigue siendo un instrumento válido y la esencia en la lucha contra ETA.

Todos estos mensajes estuvieron rodeados de una clara defensa de Nicolás Redondo Terreros y del PSE, llegando a pedir incluso que se culpara a la Ejecutiva Federal de los resultados obtenidos o de la estrategia política, pero no a los socialistas vascos.

Esta petición sí que caló entre los 31 miembros del Comité Federal que pidieron la palabra, ya que todos ellos elogiaron al PSE-EE, a su secretario general, y mostraron su solidaridad con las dificultades que habían tenido los socialistas vascos para realizar la campaña.

Pero, una vez admitido esto, el secretario general del PSOE tuvo que oír muchas cosas, aunque todas en un tono moderado, bastante constructivo, y muy lejos de enfrentamientos viscerales del pasado, que temían algunos miembros de la dirección del PSOE.

Así, desde el sector guerrista, Juan Carlos Rodríguez Ibarra volvió a mantener en privado lo que ya dijo en público: «Si el lehendakari rechaza a EH, es que Lizarra ha muerto, y lo mismo puede considerarse del Pacto Antiterrorista».

El presidente extremeño también pidió una mesa de diálogo entre todos los demócratas y apostó porque en el futuro los socialistas se planteen entrar en el Gobierno e, incluso, formar un Ejecutivo de concentración.

En esta misma línea y con los mismos matices se manifestó otro barón socialista, el presidente del PSC, Pasqual Maragall. Aunque los socialistas catalanes intentaron suavizar su mensaje, respaldar a Rodríguez Zapatero y a Redondo Terreros, el dirigente catalán también abogó por «no descartar, cuando las condiciones lo permitan, la formación de un gobierno de amplia base democrática». Como adelantó este diario, el PSC fue muy crítico con la línea del PP durante la campaña y acusó a Aznar de haber empleado una «retórica guerrera de españolismo rancio». Por ello, pidió al PSOE «huir como de la peste de cualquier connivencia con esta retórica».

Otros significativos dirigentes del PSOE, como los miembros de Izquierda Socialista, José Antonio Barrios o Manuel de la Rocha, censuraron el «seguidismo» del PP que se ha hecho durante la campaña y pidieron el abandono de esta estrategia.

Tirar piedras
A este mensaje se unió el propio secretario general del PSOE valenciano, Joan Ignasi Pla, quien reclamó que se dejara ya de hablar de los bloques constitucionalistas y nacionalistas.

Todas estas intervenciones fueron contestadas al final del Comité Federal, primero por Redondo Terreros y, luego, por Rodríguez Zapatero. El secretario general del PSE-EE respondió a Ibarra que criticar el Pacto Antiterrorista es «tirar piedras contra nuestro propio tejado» y dijo que no es partidario ahora de «aislar al PP».

Por su parte, Rodríguez Zapatero, tal vez por no haber conseguido lo esperado en la reunión, cambió en cierta medida su mensaje final con respecto al que abrió el Comité Federal.

Así, indicó que el PSOE mantendrá la misma estrategia anunciada en la campaña, manifestó que «no hay que separarse ni del PP ni del PNV» e, incluso, defendió al presidente del Gobierno de las duras críticas que se escucharon contra él: «Aznar ha caído en su propia trampa, pero no es inteligente que el PSOE ponga eso ahora encima de la mesa».

La variedad
MARTIN PRIETO El Mundo 19 Mayo 2001

Si necesitas dar fe administrativa a tu pareja de hecho te vas a la Comunidad Valenciana de Zaplana, que en esto se ha independizado del PP central; si precisas ejercer tu testamento vital y escapar a la medicina encarnizada te vas a Galicia donde a Fraga no se le ha visto en otra liberal parecida; el masoquismo turístico lo puedes ejercitar en Baleares pagando la ecotasa; abrir cuenta corriente en Extremadura te permite el regodeo de contribuir al impuesto revolucionario a la Banca; en el País Vasco rige la pena de muerte y la amputación de manos de los talibanes de Aitor sostenidos por 80.000 votos y media legión de Pilatos que miran a otra parte; si eres mujer maltratada más vale que te vejen en Castilla-La Mancha, y si eres fémina en peligro de muerte a manos de la otra mitad de la pareja lo correcto es situarse en Madrid o en Gijón donde te proveerán de un GPS de localización inmediata por satélite. 

Esto será el federalismo asimétrico que postula el socialista-catalanista Pascual Maragall, dómine del exangüe nacionalismo español. Hasta ahora teníamos suficiente con el Derecho Civil catalán o los regímenes fiscales y sucesorios de Aragón, Euskadi y Navarra, pero no habíamos catado la diversidad autonómica (y hasta municipal) sobre cuestiones como la familia, la vida y la muerte. En la variedad está el gusto y ahí tenemos el ejemplo estadounidense donde según qué Estado, delito, raza o fortuna, te pasan a mejor vida también de forma variopinta, o te guardan en formol penitenciario hasta tu óbito natural. La lista de Bono, publicitando doblemente sentencias públicas, es resurrección del rollo o picota para vergüenza pública en la plaza del pueblo y chirría con la filosofía del Derecho que ya no contempla el escarnio, e incita a los cascadores a subirse hasta Castilla y León para dar suelta a la mano larga. Bono se ha inspirado en la publicación por los tabloides ingleses de listas de pederastas, excitación a la Ley de Lynch que acabó con un pediatra hospitalizado tras ser confundido semánticamente con un paidófilo. 

Peor lo ponen Telefónica, Comunidad de Madrid y Ayuntamiento de Gijón dotando de GPS a las mujeres en peligro; iniciativas parejas acabarán insertándolas un chip localizador en la oreja como a ganado. Todo, cualquier cosa con apariencias políticamente correctas, antes que meterle mano al Código Penal haciendo llover cárcel segura y extrañamientos sobre los maltratadores, y a esos jueces que confunden un homicidio frustrado con un delito de faltas. La diversidad es la vida, sí, pero a no mucho necesitaremos otra Loapa porque aquí ya legislan hasta las pedanías. Me abroncaron en un bar californiano por llevar mi cerveza a otra mesa no teniendo en aquel Estado permiso para transportar bebidas alcohólicas. Por favor: a tanto no.

Funcionarios con acento extranjero
Impresiones El Mundo 19 Mayo 2001

Los ciudadanos de la UE y de los países que negocian la adhesión podrán trabajar a partir de ahora en la Administración del Estado, según aprobó ayer el Consejo de Ministros. El único requisito sine qua non para que puedan acceder a las ofertas de empleo público será que conozcan correctamente el castellano. No podrán, sin embargo, ejercer la función pública en Defensa y Fuerzas Armadas, el sistema judicial y el Banco de España, que quedan reservados a ciudadanos españoles. La decisión del Gobierno se ajusta al principio de libre circulación de personas dentro de la UE, recogido en el Tratado de Amsterdam. Todos los países comunitarios se han comprometido a adoptar una medida similar a la que ayer tomó el Gobierno español. La Europa sin fronteras llega también a la Administración del Estado, un cambio que parece tan inevitable como deseable.

Españoles en babia
Nota del Editor
19 Mayo 2001

Esto de que cualquier ciudadano de la UE pueda trabajar a partir de ahora en la Administración del Estado, es una consecuencia lógica de la europeización, así que nada que objetar, salvo que no debería haber limitación alguna respecto al sistema judicial ni al Banco de España, y en cuanto a Defensa y fuerzas armadas, sería mejor olvidarse de ellas de una vez y potenciar los servicios de seguridad que son los que la sociedad  necesita para que la protejan de la minoría peligrosa. 

La evaluación del conocimiento del español, puede hacerse mediante un programa de certificación similar al inglés o americano,  pero si no se considera simplemente un criterio obligatorio y se le pretende dar un peso en la valoración global, introducirá algún que otro conflicto.

A vista de pájaro las cosas no parecen lo mismo, ya que la Administración del Estado, debido a su atomización  autonomías, que son las que detentan la mayor parte de los posibles puestos, parece que tiende a desaparecer y por tanto no habrá ofertas,  y como las "autonosuyas", tienen o tendrán "lengua propia", esto se desinfla y estamos como antes.

Acoso a Zapatero
Editorial La Razón 19 Mayo 2001

La posición de la dirección del PSOE, encabezada por José Luis Rodríguez Zapatero, sobre el panorama postelectoral en el País Vasco ha sido, haste este momento, impecable. Ayer, el secretario general socialista recordó, sin ambages, las veleidades del PNV respecto a sus relaciones con los proetarras y, al margen del resultado de las urnas, le exigió una rectificación moral en ese sentido. No para cerrar las puertas a un diálogo, pero sí para acotar el marco en el que éste se debe producir: dentro del marco institucional, y con previa disolución de los montajes parainstitucionales a los que acudió el PNV con EH, como la llamada Udalbiltza (asamblea de electos municipales).

   Éste es el camino acertado, y sus palabras son un apoyo justo al trabajo del PSE, y al de Nicolás Redondo Terreros, que no sólo ha demostrado un gran coraje cívico, sino que ha crecido en votos, aunque haya perdido por escaso margen un escaño. Y es lo que esperan los más de doscientos mil votantes socialistas vascos, que pueden haber perdido las elecciones pero han demostrado una poderosa presencia social.

   Pero no lo va a tener fácil Zapatero. Hay, en su partido, tendencias centrífugas, alguna difícil de justificar moralmente, como la de el líder socialista catalán, Pascual Maragall. Y tiene enfrente a un poderoso grupo mediático que ha recibido instrucciones de sus mandos, interesados en negocios que les pueden facilitar los gobernantes del PNV, que han decidido cargar contra Zapatero y entregarse al partido de Arzallus.
   Cabe, en todo caso, elogiar la firmeza de Zapatero en la defensa del pacto antiterrorista con el PP, (que fue iniciativa del PSOE, aunque hay quien no quiere recordarlo), así como su lealtad al marco constitucional frente a las tentaciones entreguistas de algunos de sus compañeros. Y no puede ser de otra manera: cualquier debilidad en ese terreno marcaría irremisiblemente su porvenir como alternativa al Gobierno de España.

Resistiremos
José Antonio VERA La Razón 19 Mayo 2001

Aquella mañana, perdona, alguno tuvo la tentación de poner un cartel con la leyenda: «El último, que apague la luz». Pero al día siguiente, después de los llantos y los lloros, después del hundimiento, muchos dijeron: «Ni un paso atrás: en tiempos de tribulación, no hacer mudanza». Y ahí siguen todos, quietos-como-estatuas, rebobinando, haciendo autocrítica, diciendo que, el problema es que nos creímos nuestras propias ilusiones, confundimos la realidad con la esperanza y con la necesidad de acabar de una vez con ese miedo lacerante, angustioso, pegajoso, con ese estado continuo de turbación, con ese terror vil y cruel, con la pasividad de la Ertzaintza y del nacionalismo de Arzallus e Ibarreche.

   Se habían forjado tantas expectativas, que ahora ya nadie se cree de verdad que se ha avanzado. En serio. Quizás porque hubo demasiada prisa. Quizás porque vemos que aquello se nos ha ido de las manos. A algunos les molesta reconocerlo. Pero es verdad. Se les pudo haber dado la mitad de las competencias en educación que hoy tienen, pero no se atrevieron. Se pudo haber hecho una Ertzaintza sin competencias en orden público o en la lucha contra el terrorismo, pero nadie fue capaz de decirles que no. Les transferimos el concierto y el cupo y la Sanidad y la Cultura y los medios de comunicación. El Estado allí casi no existe. Se ha recluido en Inchaurrondo y vive agazapado. Les dimos todo lo que pidieron porque, de lo contrario, te anunciaban más dolor y más muertos y porque los que entonces gobernaban pensaron, con buena fe y mucha ingenuidad, que dándoles todo lo que pedían dejarían de reivindicar y de matar.

   Grave error, porque el nacionalismo nunca cede. Empuja y empuja hasta que acaba por derribar el muro y luego construye el suyo propio para marcar el territorio y para emprender desde allí nuevas conquistas. No fue sólo cosa de la ucedé que, en efecto, les dio todo lo que quisieron. El psóe gobernó con ellos durante años y les dejó hacer a su antojo en materia de euskera e ikastolas y con la Ertzaintza y la etebé. Hasta cambiamos el nombre de los «gobernadores civiles» por el de «subdelegados del gobierno», indecorosa expresión que pone de manifiesto la sumisión ante el nacionalismo.

   Aquella noche del trece-eme, aquella mañana del catorce, España entera decía que «lo mejor será que les demos la independencia, a ver si así dejan de matar a los nuestros y se matan entre ellos». El derrotismo avanza en las filas constitucionales, pues no se ve horizonte ni meta cercana, pese a que el psóe ganó en votos y porcentajes y el pepé en votos y escaños. El derrotismo avanza porque sólo se ven muertos y más muertos, atentado tras atentado, dolor y llanto y lágrimas y gente pidiendo paz y justicia. Por eso es fácil que te digan: «Que sean independientes si lo quieren, pero que nos dejen tranquilos a los que queremos vivir tranquilos».

   Grave error, pues el nacionalismo siempre pedirá más. Cuando les demos, un suponer, la independencia, o el estado-libre-asociado a la Corona que sugieren, dirán que muy bien, estupendo, muchas gracias, pero «ahora toca Navarra». Y cuando les demos Navarra dirán que el problema es que los límites de Euskadi, según el documento histórico de Manuel de Irujo, basado en los que supuestamente hablaban vascuence en el Medievo, se extiende a territorios de Zaragoza, Lérida, Huesca, Logroño y Burgos, sin olvidar los enclaves históricos del Condado de Treviño y Villaverde de Trucíos. De manera que les habremos dado la independencia, sí, pero de poco servirá porque seguirán matando hasta poner nuevas fronteras y hasta llegar a la Gasconia francesa y hasta incorporar a Lapurdi, Zuberoa y Benanabarra a la Gran Euskalherría.

   El nacionalismo ha ganado el trece-eme. Pero el nacionalismo vasco de Arzallus y de Begoña Errazti no es de fiar. Comparten los objetivos de Eta y lo proclaman sin sonrojo. Avanzan a medida que avanza Eta y utilizan sus «acciones» para plantear nuevos objetivos y reivindicaciones. El nacionalismo vasco, no todos los que les votan ni todos sus dirigentes, pero sí sus principales líderes, se ha forjado sobre los pilares del racismo sabiniano y predica y proclama el culto a la etnia, el orgullo euskaldun, la pureza de la sangre y la adoración a los símbolos. No les importa que unos maten y otros sean asesinados. No les importa que unos tengan miedo y otros sean perseguidos. Sólo miran la meta y todo lo justifican en función de esa meta.

   Se jactaba Ibarreche el otro día de que el nacionalismo ha logrado 600.000 votos y Arzallus de que siguen teniendo mayoría. También a Hitler le votaron trece millones de alemanes. Los votos dan legitimidad para gobernar. Pero no dan la razón ni sirven para redimir los pecados ni mucho menos para borrar los crímenes cometidos en nombre del nacionalismo. El que crea que Arzallus ha dejado de ser Arzallus por haber logrado treinta-y-tres escaños, se equivoca. Su pacto de Lizarra con los terroristas sigue vigente. También el ideario que pregona y los símbolos que exhibe y las barbaridades que dice.
   Hoy más que nunca hay que perseverar en la defensa de las libertades que no existen en Euskadi.

 Tenemos quinientas mil razones. Hay que redoblar el apoyo y la seguridad de los que allí viven. Hay que decirles que no están solos. Debemos hacer un plan para recuperar el terreno perdido en estos veinte años de miedo y dinamita. Tenemos que sacar fuerzas de donde no las hay para apoyar y aplaudir y alentar el compromiso con la democracia. Flaquear ahora sería imperdonable. Ceder a lo que piden, un nuevo error. Fomentar la huida, una capitulación, el reconocimiento de que no existe la justicia. Por eso hay que seguir. Porque los que están allí necesitan nuestro reconocimiento. Y porque de los principios no se abdica.

   Por muchos votos que tenga Arzallus, resistiremos. No queda otro remedio.

 

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