AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 20  Mayo   2001
#El peso de la tradición
JUAN RAMÓN LODARES El País 20 Mayo 2001

#Ante el abismo nacional, el PSOE da un paso al frente
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 20 Mayo 2001

#ETA es la prioridad
Editorial ABC  20 Mayo 2001

#Reflexiones para después de casi un empate
PEDRO J. RAMIREZ El Mundo 20 Mayo 2001

#El enigma de las elecciones en el País Vasco
Benjamín GARCÍA SANZ, profesor de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid La Razón 20 Mayo 2001

#Villanías
Carlos DÁVILA ABC 20 Mayo 2001

#De fracaso, nada. y 3
Enrique de Diego Libertad Digital 20 Mayo 2001

#Hacia la normalidad
Editorial El Correo 20 Mayo 2001

#El PSE advierte que los concejales están «hartos»y peligra su implantación
MADRID. G. López Alba/Ep ABC 20 Mayo 2001 

#Reencuentro, ¿cómo, dónde, cuándo?
José María CARRASCAL La Razón 20 Mayo 2001

#ANTE EL NUEVO ESCENARIO VASCO
Impresiones El Mundo 20 Mayo 2001

#Resultados previstos
Miguel MARTÍN La Razón 20 Mayo 2001

#¿A quien creer?
Pilar CERNUDA La Razón 20 Mayo 2001

#El puzzle imposible
Alejandra Ruiz-Hermosilla - Madrid.- La Razón 20 Mayo 2001

#Continuar o tirar la toalla
ANTONIO BASAGOITI El Correo 20 Mayo 2001

#Atentado en Vitoria contra el domicilio del juntero socialista Juan Carlos Prieto
L. R. N. - Vitoria / Bilbao.- La Razón 20 Mayo 2001

#Aznar atribuye la derrota en Euskadi a que los vascos no están maduros para el cambio
JAVIER CASQUEIRO   Zaragoza El País 20 Mayo 2001

#Grietas en la causa de la paz
FRANCISCO PEREGIL  Bilbao El País 20 Mayo 2001 

#Pluralidad cultural: el nuevo vínculo de España con Estados Unidos

#El peso de la tradición
JUAN RAMÓN LODARES El País 20 Mayo 2001

#Ante el abismo nacional, el PSOE da un paso al frente
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 20 Mayo 2001

#ETA es la prioridad
Editorial ABC  20 Mayo 2001

#Reflexiones para después de casi un empate
PEDRO J. RAMIREZ El Mundo 20 Mayo 2001

#El enigma de las elecciones en el País Vasco
Benjamín GARCÍA SANZ, profesor de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid La Razón 20 Mayo 2001

#Villanías
Carlos DÁVILA ABC 20 Mayo 2001

#De fracaso, nada. y 3
Enrique de Diego Libertad Digital 20 Mayo 2001

#Hacia la normalidad
Editorial El Correo 20 Mayo 2001

#El PSE advierte que los concejales están «hartos»y peligra su implantación
MADRID. G. López Alba/Ep ABC 20 Mayo 2001 

#Reencuentro, ¿cómo, dónde, cuándo?
José María CARRASCAL La Razón 20 Mayo 2001

#ANTE EL NUEVO ESCENARIO VASCO
Impresiones El Mundo 20 Mayo 2001

#Resultados previstos
Miguel MARTÍN La Razón 20 Mayo 2001

#¿A quien creer?
Pilar CERNUDA La Razón 20 Mayo 2001

#El puzzle imposible
Alejandra Ruiz-Hermosilla - Madrid.- La Razón 20 Mayo 2001

#Continuar o tirar la toalla
ANTONIO BASAGOITI El Correo 20 Mayo 2001

#Atentado en Vitoria contra el domicilio del juntero socialista Juan Carlos Prieto
L. R. N. - Vitoria / Bilbao.- La Razón 20 Mayo 2001

#Aznar atribuye la derrota en Euskadi a que los vascos no están maduros para el cambio
JAVIER CASQUEIRO   Zaragoza El País 20 Mayo 2001

#Grietas en la causa de la paz
FRANCISCO PEREGIL  Bilbao El País 20 Mayo 2001
 

#Pluralidad cultural: el nuevo vínculo de España con Estados Unidos
BARBARA PROBST SOLOMON El País 20 Mayo 2001

El peso de la tradición
JUAN RAMÓN LODARES El País 20 Mayo 2001

Juan Ramón Lodares es autor de Gente de Cervantes (Historia humana del idioma español). 

Si me preguntaran si el idioma español se impuso en España diría: 'Efectivamente'. Si bien, menos que la peseta. Si me preguntaran si fue por obra de la ley y la fuerza, diría que no tanto. No han faltado leyes, pero la fuerza del Estado para ejecutarlas ha sido limitada. Desde mediados del siglo XVI, cuatro de cada cinco españoles ya se entendían en castellano espontáneamente. El otro lo aprendió, más bien, por necesidad o interés. Juzguen el éxito de la imposición: en 1900 el 64% de la población era analfabeta.

Hecho el balance de la legislación lingüística -sin las matizaciones exigibles, pero que el espacio impide- podría decirse que hasta 1936 eran ilustrados, liberales y organizaciones obreras quienes defendían la comunidad lingüística en español, a veces, proponiendo la erradicación de otras lenguas. De aquí nacen normas, a veces delirantes, para limitar o liquidar el plurilingüismo. Algunas están hechas para instruir a rústicos en una lengua de más alcance que los bables o el vizcaíno, pero ¿quién pagaba al maestro cuando las escuelas dependían de los municipios y los municipios de señoritos sin interés en que los rústicos aprendieran español, se marcharan y dejaran de pagar rentas? Lo denunció Ramiro de Maeztu: 'La tierra de Vizcaya pertenece a una minoría de capitalistas que vive ociosa en las villas, con la única preocupación de impedir que se alteren las costumbres del país. Para que este sistema perdure es absolutamente indispensable que el casero no aprenda castellano, ni se roce con gente'.

Se entiende así que sean las oligarquías locales, los conservadores y la Iglesia regionalista quienes más pugnen por el plurilingüismo y les inquiete enormemente la emigración y la mezcla. Esto explica que -a principios del siglo XX- voces dentro del movimiento obrero hagan una llamada al Gobierno para que prohíba las 'lenguas regionales' (como respuesta, Alfonso XIII se hacía socio de la Eusko Ikastkunza, sociedad para la unificación del eusquera); esto explica que en los ateneos obreros barceloneses los trabajadores consideraran al catalán 'una ranciedad'; esto explica que en 1931 el diputado socialista Enrique de Francisco manifestara en las Cortes que la enseñanza del vasco era un arma de la ultraderecha. No estaba descaminado; entonces un modelo de 'España plurilingüe' se exponía en un curioso libro de José Antonio publicado en catalán.

Al contrario de lo que se cree, la España plurilingüe nunca ha sido un proyecto ajeno a nuestro credo ultraconservador, ni al nacional-catolicismo. Eso sí, fue proyecto vejado en la guerra civil por sus propios mantenedores. Alzaron, al calor de los aires nazi-fascistas del momento, una España donde sólo se hablaba español, que era entonces la lengua de la Raza, de la Patria, del Imperio. De ahí la sañuda y arbitraria persecución de otras lenguas (y de hablantes de cualesquiera de las de España, que fue más grave) como símbolos censurables de desafecto, en ocasiones, a manos de las propias autoridades locales dispuestas a hacer méritos. Ejemplar en esto fue el obispo de Barcelona, que castellanizó el latín. El franquismo se pertrechó entonces de un modelo de lengua patriótica, falangista, afecta, imperial y total, y echó un manchón horrible -que todavía no hemos limpiado- a la fama de las dos grandes líneas mantenedoras de la comunidad lingüística de preguerra defensoras, en ocasiones, de la España unilingüe: la liberal (o la universalista de Unamuno) y la obrerista.

El catalanismo y el vasquismo católicos, por su parte, avanzaron con el tiempo su credo plurilingüe -no sin encontronazos con el régimen- que el Movimiento empieza tímidamente a reconocer a finales de los cincuenta (cuando aparecen, por ejemplo, las primeras ikastolas). El proceso tuvo éxito entre una izquierda que había perdido la memoria y todavía no la ha recuperado. Paso a paso, llegamos a las actuales leyes de normalización, cuyas exageraciones quizá no hubieran tenido éxito con la Constitución republicana en la mano.

Se entiende así que la España 'normalizante' y conservadora de lenguas se haya puesto de moda sin contestación posible, con una ingeniería social pasmosa. Que el proceso sea hijo de ideas liberales, progresistas y modernas -o que vaya a ser beneficioso para el conjunto de los trabajadores españoles- es muy discutible. Parece, más bien, un renuevo de nuestra tradición. Como tal, posiblemente levantará fronteras lingüísticas y humanas, creará pequeñas patrias unánimes, cerradas y 'protegidas' de los forasteros, todo entre proyectos de diferenciación cultural y lingüística que, al serlo para España, lo serán para Europa y de cuyos resultados avisó Konrad Lorenz en un ensayo de expresivo título: Sobre la agresión.

Ante el abismo nacional, el PSOE da un paso al frente
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 20 Mayo 2001

Hay que verlo para creerlo. Hay que frotarse los ojos y volver una y otra vez sobre el texto de la ponencia política del PSOE para comprobar que no se trata de una tomadura de pelo. En realidad, es eso y mucho más. Es el mayor ejercicio de irresponsabilidad, la mayor prueba de indigencia intelectual y el más escandaloso alarde de incapacidad moral de los muchos que ha protagonizado la clase política española desde la Transición. Resulta que Zapatero ha encontrado la fórmula para encajar dentro de una España nuevecita, reinventada y requetesolidaria todas las amenazas contra su unidad, que lo son también contra la libertad de los españoles. Ya tiene el crisol donde refundir el separatismo etarra, el independentismo catalán, el nacionalismo balear, el aislacionismo aragonés y el naufraguismo canario, sin olvidar el caciquismo andaluz, el irredentismo gallego y el tercermundismo extremeño. Todo cabe en el nuevo Estado federal, en realidad confederal y seguramente cantonal que el cerebro privilegiado de Zapatero, el talento vertiginoso de Pepiño Blanco y la portentosa inteligencia de Jordi Sevilla, entre otros filósofos inéditos de la Escuela de Javea, sector Mortadelo, han alumbrado para remediar los viejos y absurdos males de la Patria.

Por lo visto, creen estos pensadores de la nada o esta nada política puesta a pensar, que el problema de España es puramente verbal, que el separatismo es un conflicto psicológico y que los novecientos asesinatos etarras son producto de un malentendido. Por lo visto, Zapatero cree que la prohibición del español en la Administración Pública y la Enseñanza de Cataluña y Baleares es una reacción sanamente instintiva por la secular incomprensión centralista. Por lo visto, esta dirección teledirigida del PSOE cree que se puede alentar cualquier movimiento político centrífugo y que basta con legalizarlo para que se convierta en centrípeto. Vamos, que si a Arzallus se le reconoce el derecho al separatismo y a la anexión de Navarra renunciará a ejercerlo y además se sumará al debate para recrear una España acogedora y cariñosa. Y con él Josu Ternera. Y después Pujol. Y después Beiras. Y delante de todos ellos, más nacionalistas que los nacionalistas, todos los caciques regionales del PSOE: Maragall, Iglesias, Antich, Touriño, Bono, Chaves, Ibarra y demás hermanos náufragos en la sopa de letras del federalismo asimétrico. De no verlo, no creerlo.

Estos tíos o, como a ellos les gusta, estos tíos y tías del PSOE, no renovado sino patidifuso, están dispuestos a cargarse la Constitución que garantiza muy precariamente la unidad nacional a cambio de una quimera verbal que les permita ponerse a la cabeza de diecisiete manifestaciones distintas en las diecisiete autonomías españolas. No es la primera vez que en España una tribu de izquierdistas cretinoides juega a trocear el Estado, presuntamente para unir más “voluntariamente” a la nación. Pi i Margall y los federalistas de la I República se las arreglaron para que en un año el régimen republicano naufragara en el caos cantonal, hasta que los militares desembarcaron en el caos y acabaron con guerras civiles como las de Cartagena contra Murcia, incluido el bombardeo de la costa por la escuadra de dos barcos de Tonet. Pero esto de Zapatero y demás compañía felipista no sería un Viva Cartagena, sino un Adiós, España; bienvenidos a Yugoslavia. Como después de las elecciones vascas muchos temían ver a España al borde del abismo, los socialistas han decidido dar un paso al frente. Lástima de frenopático.

ETA es la prioridad
Editorial ABC  20 Mayo 2001

Los resultados electorales del 13-M han perfilado con mayor nitidez los márgenes de maniobra de los partidos vascos, pero no los han ampliado. Por el contrario, la decantación de los mensajes emitidos antes y durante la campaña, junto al 80 por ciento de participación, han puesto sobre la mesa política todo lo que hay, por ahora, en la sociedad vasca. Con esos factores, sean fijos o variables, hay que comenzar esta nueva legislatura vasca. La madurez de los partidos autonomistas —PP y PSE— se medirá por la ansiedad o por el control que demuestren tener ante los movimientos tácticos iniciales del nacionalismo. Ibarretxe ha comenzado su premandato con formas y mensajes muy similares a los de octubre de 1998. Unidad, diálogo, conciliación son los lemas que el PNV ha puesto en circulación para evitar contradicciones con su discurso electoral, pero también para tensar la relación entre populares y socialistas. Se abre así lo que Mayor Oreja califica en la entrevista que hoy publica ABC como un «compás de espera» ante lo que haga el PNV. Pero los márgenes no han cambiado e imponen una alternativa que sólo Ibarretxe puede despejar: que sea cierta la propuesta de diálogo con las demás fuerzas democráticas o que su propuesta sea una oferta imposible que justifique por enésima vez la vuelta al frente nacionalista, porque siempre podrán decir los líderes del PNV que ellos, populares y socialistas, «no han querido».

Por sus hechos habrá que conocer a Ibarretxe, y será ETA la que dé el calibre de la sinceridad del lendakari. En una semana, los nacionalistas han hablado de paz, de independencia, de «desarme verbal», pero de ETA, ni media palabra. Este espeso silencio sobre el terror no puede propiciar ningún diálogo fructífero del nacionalismo con el 40 por ciento de la población vasca declarada abiertamente autonomista. Por el contrario, anuncia un encadenamiento de planteamientos oblicuos, que mezclen paz con soberanía, y conflicto con violencia. La prueba del nueve es que Ibarretxe, con la misma claridad coyuntural que utilizó para rechazar los votos de EH, anuncie ahora que la prioridad de su gobierno será derrotar a ETA en todos los frentes que dependan de los recursos de la autonomía vasca, principalmente los policiales. Sin este compromiso escrito en el frontispicio del diálogo, todo será una nueva farsa. No obstante, esta certeza moral que muchos comparten sobre las verdaderas intenciones del nacionalismo gobernante ha de ser compatible con la recuperación del diálogo institucional entre el Gobierno vasco y las fuerzas autonomistas. Creer en la democracia es algo más que un ejercicio momentáneo de aritmética electoral. Es la capacidad para discernir qué quieren los ciudadanos y en las urnas del día 13 los vascos dijeron que querían a Ibarretxe como lendakari. Pues que lo sea y que administre el «lizarrismo» de sus colegas del Euzkadi Buru Batzar, la excitación soberanista de su socio —EA— y las amortizaciones del préstamo que le dio HB. En esa tarea no juegan ningún papel socialistas ni populares, eternos reprendidos por no dejar al PNV gobernar a sus anchas. Sus coordenadas están en la oposición, colaborando en la actividad legislativa, controlando la acción de gobierno y poniendo de su parte esa forzada normalidad de actitudes que será el líquido de contraste del gobierno de Ibarretxe.

Si frente al PNV la mejor opción es aplicar el «compás de espera» a que alude Mayor Oreja, PP y PSE tendrán que seguir mirándose a los ojos, porque, al margen de tragedias venideras, la defensa de la Constitución y del Estatuto es un elemento de unión mucho más fuerte que las tensiones disolventes internas del PSOE. Los que ahora ponen el grito en el cielo contra el seguidismo del PSOE al PP, comprobarán muy pronto que no lo es menos en sentido inverso, y que realmente no hay seguidismo, sino consenso en torno a las tres condiciones que el viernes reiteró Zapatero para dialogar con el PNV: exclusión de EH, abandono de Udalbiltza y rechazo de cesiones políticas a ETA. Exactamente lo que dice el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo suscrito con el PP, como Pacto de Estado frente a una estrategia política y violenta que persigue la imposición de la autodeterminación soberanista. Mientras este análisis encuentre fundamento en la política nacionalista, PP y PSOE no tendrán opción para variar el discurso, por responsabilidad institucional y por lealtad a la Constitución.

Reflexiones para después de casi un empate
PEDRO J. RAMIREZ
El Mundo 20 Mayo 2001

Sólo cuatro de las seis formaciones que concurrían a las elecciones vascas tenían posibilidades y aspiraciones de formar gobierno, mediante la modalidad de las dobles parejas. Mientras PNV y EA hicieron de tripas corazón para presentar una sola lista, optimizando así la utilidad del voto nacionalista que no respaldara a ETA, el PP -con el añadido de Unidad Alavesa- y el PSOE competían lógicamente por separado, por mor de su historia y clientela, pero reconociendo abiertamente que formaban parte de una misma alternativa. Los ganadores del domingo obtuvieron el 42,7% de los votos y 33 escaños y los perdedores el 40,8% y 32 escaños. Habría bastado, pues, con que la mitad de las 24.000 papeletas que inclinaron la balanza hubiera cambiado de bando, para que PP y PSOE pudieran sentirse legitimados para intentar atraer a IU-EB hacia un pacto de legislatura o al menos conseguir su no alineamiento con un PNV-EA, públicamente comprometido a desechar el apoyo de EH. Incluso sin necesidad de ese trasvase de votos, la mera asignación al PSOE del quinto escaño por Vizcaya -decantado por un puñado de papeletas- hubiera sido suficiente para permitir tal margen de maniobra y desembocar o en un gobierno constitucionalista en minoría o en el denostado tripartito que quién lo pillara ahora.

En los núcleos urbanos de más de 50.000 habitantes, siempre más permeables a cualquier cambio y en los que el anonimato contribuye a proteger la libertad de voto, la superioridad de PP y PSOE ha sido tal que si todo el electorado hubiera seguido esa pauta, ahora tendrían el 49,8% de los votos y nada menos que 40 escaños. En términos de evolución histórica, la distancia entre las fuerzas nacionalistas, incluyendo a EH, y las no nacionalistas, contando con IU-EB, se ha acortado hasta un mínimo, inimaginable hace una década, de poco más del 6%.

Es cierto que, como bien se ocupó de subrayar Xabier Arzalluz en su primera reacción tras el recuento, en el Parlamento vasco hay mayoría absoluta de los nacionalistas, pero eso no tiene nada de nuevo, excepto por su mengua. De ahí que lo procedente sea replicarle que lo que también habrá en el hemiciclo renovado es un 90% de demócratas sin precedente en ninguna anterior legislatura.

Podrá alegarse que todo esto no son sino variaciones habilidosas sobre el mismo y conocido tema de que quien no se consuela es porque no quiere. Pero lo que los datos prueban es que el único fundamento de la sensación de fracaso que ha impregnado muchas reacciones en el bando constitucional es su notorio desfase con las previsiones atolondradamente optimistas que, tal y como se reflejaba el pasado domingo en esta misma página, impregnaban el ambiente de la España más dinámica y comprometida. De los tres escenarios de referencia que yo barajaba en mi artículo, lo ocurrido no se ha parecido finalmente ni a la apoteosis que el PP vivió el año pasado ni al escueto triunfo del cambio en el 96, sino al insuficiente avance del 93. Claro que la decepción es más amarga en este caso por la naturaleza de los valores que estaban en juego, pero ese antecedente y todo lo que aconteció después demuestran que los procesos políticos requieren un tiempo de gestación y que en democracia no tiene sentido el «ahora o nunca» y menos aún la delectación catastrofista en un desastre inexistente.

A quienes tienen la errónea sensación de que la mayoría de la sociedad vasca les ha dado la espalda porque es insensible al acoso y persecución que sufren, debería reconfortarles el recuerdo de que también en el 93 parecía que el conjunto de los españoles se había mostrado indiferente a las apabullantes revelaciones sobre la corrupción y el crimen de Estado ya realizadas por nuestro periódico. Entonces, como ahora, se demostró que hay amplias capas de la sociedad -sobre todo en el ámbito rural- en las que por muy racionalistas que sean unos planteamientos que impliquen cambio y renovación, cuanto más verosímil se haga la alternativa, más intenso es también el movimiento reflejo de aferrarse con fuerza a lo existente. De la misma manera que Aznar perdió paradójicamente aquellas legislativas al ganar su primer debate televisado con González, es muy probable que el punto de no retorno para Mayor y Redondo, ese momento a partir del cual la magnitud de las olas que generaban no impulsaba ya su propia nave sino la adversaria, fuera esta vez el impactante éxito -que siempre podrá enorgullecer a sus promotores- del acto conjunto en el Kursaal.

Parecían tan a punto de lograr lo que pretendían que el pánico a perder grandes y pequeños espacios de rutinaria comodidad se extendió como un reguero de pólvora por una comunidad con una arraigada tradición clientelar, hasta movilizar el abstencionismo de esa Euskadi profunda que no en vano siempre se ha ufanado de no haber sido romanizada.

El triunfo nacionalista ha sido indiscutible, pero ha sido un triunfo a la defensiva. El hecho de que PNV y EA hayan superado en votos a PP y PSOE ni convierte en verdadera su falsificación de la historia de España ni blanquea su negra conducta desde los acuerdos secretos con ETA hasta la disolución del Parlamento vasco ni tampoco transforma el pensamiento de Javi Clemente en un corpus doctrinal más profundo que los ensayos de Savater, Azurmendi y Juaristi juntos. Les proporciona, eso sí, una nueva oportunidad de gobernar la comunidad autónoma, según las previsiones estatutarias, bajo el control y vigilancia de una leal oposición, obligada a superar la acritud de la campaña con la actitud más constructiva que las circunstancias permitan.

Puede parecer un sarcasmo que sea al vencedor al que se le pida que «rectifique» como, cada uno en su tono, han hecho Aznar y Zapatero, pero sólo si el PNV recupera la centralidad y la moderación que deliberadamente abandonó en la anterior legislatura será posible normalizar el clima de convivencia política. Si tal y como hizo González en el 93, tan sólo finge haber «entendido el mensaje» y sigue empecinado en desarrollar su proyecto de soberanismo excluyente, entonces la escalada de la confrontación se reanudará de forma inevitable. Aunque por ahora hay signos contrapuestos -la equiparación que anteayer hizo Arzalluz entre las «movidas» de las víctimas y las de los presos es una de las más infames que se recuerdan- es de justicia concederle a Ibarretxe el beneficio de la duda y un razonable margen de maniobra, qué menos que durante los primeros 100 días que marca el ritual.

En cuanto a la reacción de Aznar, puede decirse que lo que le ha salido del alma es la fidelidad al famoso consejo de Churchill que recomienda ser «magnánimos en la victoria» y «desafiantes en la derrota», entendido este término más en su sentido de firmeza que en el de obcecación o chulería. Al margen de sus proverbiales carencias para las relaciones públicas, la posición de fondo del presidente es impecable: hay valores cuya defensa no puede depender de su episódica cotización electoral y el principio de que la siempre posible modificación de la Constitución es implanteable mientras exista una coacción sangrienta encaminada a forzarla, debe ser uno de ellos.

Aznar tiene ante sí el reto de demostrar por la vía de los hechos que no es ni un antipático inmovilista dispuesto a secundar los disparatados análisis de una resurgente ultraderecha irracional, ni el frívolo veleta capaz de cambiar de la noche a la mañana de orientación y Norte para tranquilidad de espíritus encogidos y apaciguadores bienpensantes. Nada de lo sucedido el domingo justifica o avala ni la apelación revanchista a las previsiones constitucionales para situaciones de emergencia, ni el discurso derrotista del pongamos frontera en el Ebro y si quieren ser independientes que lo sean.

Tampoco la autoflagelación debe llegar más lejos de lo justo. A toro pasado los errores resultan obvios: demasiada obsesión por forzar el anticipo electoral, demasiados homenajes madrileños, por merecidos que fueran, para un candidato que pasaba del ministerio a la cabecera de cartel sin solución de continuidad, demasiados ministros y ex-ministros en campaña, demasiada presión mediática -y esto me concierne a mí como al primero- en pro de un anhelo ennoblecido por la sangre de las víctimas, demasiado dramatismo por muy dramático que efectivamente fuera el escenario. En cuanto a las descalificaciones del adversario es sabido que en campaña se dicen cosas muy fuertes, pero en ésta nadie se ha llevado del todo la palma, pues si Aznar, en una reunión restringida con periodistas extranjeros, llegó a definir a Arzalluz como «el jefe de los nazis», éste le responsabilizó en un mitin del bombardeo de Gernika y el casi siempre ponderado Garaikoetxea, en entrevista publicada en este diario, equiparó a Mayor con Goebbels. Y si hablamos de las majorettes de cada bando, tertulianos Torquemada los ha habido en las cadenas nacionales, pero también en Radio Euskadi.

Más significativas y difíciles de archivar a beneficio de inventario fueron las intolerables circunstancias de coacción y violencia que enmarcaron la votación de los principales líderes de PP y PSOE. Es inaceptable que esos incidentes no tuvieran ni respuesta inmediata de los presidentes de mesa y agentes de la Ertzaintza, ni hayan dado pie a posteriori a iniciativa de sanción de ninguna clase. Si los intimidadores no se recataron de actuar en las grandes ciudades y ante las cámaras de las televisiones, qué presiones de toda índole no se habrán desplegado en los núcleos pequeños de lo que hemos venido en llamar el gulag vasco.

A juzgar por algunas reacciones de estos días, incluso de eso se terminará responsabilizando a Aznar y Mayor Oreja, al «provocar» con su «cruzada españolista» la espontánea reacción de la juventud vasca... Y es que nunca se había visto tanta mezquindad y oportunismo como el que han empezado a desplegar quienes, en su afán de ajustar cuentas con todo lo que la figura del líder del PP viene representando en la última década, están demostrando ser capaces de alentar los más inquietantes aventurerismos, con tal de hacerle pagar la factura más alta posible, por no haber alcanzado lo que en definitiva había sido hasta el domingo una meta compartida. Lo de menos es que algunos que se preparaban para autoproclamarse padres de la victoria, prohíjen ahora la derrota en exclusiva a Aznar. Lo de más es que el verdadero retroceso de la bien llamada alternativa de la libertad puede terminar siendo fruto no tanto del veredicto de las urnas, como de la quiebra de la unidad entre sus patrocinadores. Pocas veces se habían visualizado como anteayer, en un Comité Federal del PSOE tipográficamente preparado desde por la mañana, los peligros de toda esa ponzoña que a base de rencor, ambición e insolvencia va restringiendo el espacio político de Zapatero y Caldera, de Nicolás Redondo y Javier Rojo.

De todos los frentes del problema vasco el que más rápidamente puede empeorar es éste de Madrid con derivación en esa Barcelona que Maragall trata de proteger de la «peste» españolista. Lo cual sería especialmente lamentable teniendo en cuenta que donde por desgracia no se va a quebrar el hermanamiento en el dolor y la solidaridad del remar juntos contra corriente es entre los rangos de a pie de esos 579.000 votantes vascos que han formado la mayor plataforma social no nacionalista de la historia democrática. Patética paradoja sería que los nacionalistas, representando intereses de votantes tan heterogéneos como los arañados al PP en Alava o los prestados desde EH en Guipúzcoa, fueran capaces de mantener la unidad en su cúpula; y en cambio los jerifaltes de PP y PSOE se astillaran en la crisma las nítidas banderas con que han movilizado a unos electores a quienes la dura realidad seguirá homogeneizando en una trama de marginaciones cotidianas.

Nadie debe ser fundamentalista sino respecto a lo fundamental. Zapatero es el líder de la oposición, no un apéndice del poder de Aznar, y tiene que comportarse como tal. Que el PSOE tenga autonomía y perfil propio en el Parlamento vasco puede ser incluso muy conveniente para la reconstrucción de la unidad de los demócratas en una nueva Mesa de Ajuria Enea sin EH. Pero es esencial que los objetivos estén claros y los jóvenes dirigentes socialistas no caigan en la trampa de cambiar la ecuación del Pacto Antiterrorista por la de una excursión entre Lizarra e Irlanda, a cambio de los votos nacionalistas en la investidura de un 2004 sin mayoría absoluta por parte de nadie.

En abstracto, claro que «la Constitución no es un límite», pues por algo incluye sus propias previsiones de reforma, pero mientras los vientos que intentan troncharla o desplazarla provengan de la onda expansiva de los coches bomba, Zapatero y todos los demócratas debemos aferrarnos a ella como al inamovible palo mayor. Tras dos generaciones sin violencia, viva la República Cantonalista Asimétrica -por mí, como si el Estado se hace presbiteriano- si así lo deciden los españoles, y pista libre, por supuesto, para cualquier despegue que respete los derechos constitucionales de todos los ciudadanos vascos. Pero por la fuerza, por esa fuerza ejercida de manera tan vil y abyecta, ni árbol, ni nueces, ni silla, ni mesa, ni nada de nada. Abajo el periscopio, inmersión del submarino y escrupuloso respeto a las leyes de navegación vigentes. Y eso debe ser así tanto con estos prosaicos 32 escaños como con aquellos 38 del ensueño que se desvaneció el domingo.

Queda por delante una larga paciencia, en la que la flexibilidad y la mano tendida hacia el nacionalismo moderado deben convivir con la firmeza. España no ha de ser un búnker, pero tampoco una almoneda. Y menos aún cuando quienes parecen dispuestos a traficar con ella explotan ya pingües negocios en el entorno peneuvista o tienen la desvergüenza de zaherir la prisa democrática, la precipitación liberal y el engreimiento constitucional del aznarismo, fingiendo olvidar que la receta alternativa que ellos emplearon para combatir la extorsión y la muerte, fue matando y extorsionando. pedroj.ramírez@el-mundo.es

El enigma de las elecciones en el País Vasco
Benjamín GARCÍA SANZ, profesor de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid La Razón 20 Mayo 2001

Reconozco que estoy, como otros muchos españoles y analistas políticos, sorprendido por los resultados electorales del País Vasco. Esperaba un mayor avance del bloque constitucionalista, PP/UA y PSE-EE, y unos resultados algo peores para el Partido Nacionalista Vasco. Estamos ya tan cansados de la violencia de Eta y de sus estrategias independentistas que creíamos que, por fin, se iba a dar una reacción de la sociedad vasca para desmarcarse totalmente del camino emprendido por Eta y de la ambigüedad de la que ha hecho gala el Gobierno vasco en estos últimos años.

   Una mirada atenta a los resultados electorales pone de manifiesto que la sociedad vasca ha optado por una solución intermedia; ha dado la espalda y se ha desmarcado claramente por todo lo que rodea a la banda armada de Eta, pero ha apostado por el PNV como el gran garante de la gestión de «lo vasco», en este momento de crisis y de ambigüedad. Que se ha dado una apuesta de los vascos contra la violencia de Eta, lo demuestran los resultados electorales. EH, expresión política de Eta, ha perdido nada menos que ochenta mil votos y ha sufrido una caída en su representación parlamentaria de 14 a 7 escaños. Sólo una minoría muy pequeña, apenas el 10 por ciento, apuesta ya por la confrontación y parece que está dispuesta a todo, incluso a la violencia armada, para conseguir sus objetivos independentistas, pero recalco que es una minoría, menos de ciento cincuenta mil personas, sobre un total de más de un millón y medio de electores. Pero junto a este hecho la mayoría de los vascos, casi seiscientos mil votantes y un nada despreciable 42,7 por ciento de los votantes, ha dado su confianza al PNV y ha manifestado a través del voto que quiere que sea este partido, y no el bloque constitucionalista, el que de momento gestione sus intereses. Habrá que dejar pasar el tiempo para hacer una valoración correcta de este hecho, pero al menos, en este momento, están claras estas dos cosas; la primera, que la sociedad vasca quiere que sigan siendo los vascos, que se han decantado por posiciones soberanistas/independentistas, los que asuman las riendas de la situación y busquen una solución a los problemas que están planteados; y la segunda, que esto se haga por la vía democrática, sin contar con la colaboración y con la amenaza de Eta. Está por analizar la composición del voto de los distintos bloques o partidos, pero a simple vista parece que, en contra de lo que está sucediendo en otras sociedades en las que se está dando un avance del voto estratégico respecto al voto ideológico o político, en la sociedad vasca más bien ha sucedido lo contrario. Tengo la impresión que detrás del voto nacionalista hay todavía un número importante de pequeños y medianos empresarios, que han antepuesto los intereses políticos a los económicos, y que esto ha sucedido no sólo en el medio rural, sino también en el urbano. De hecho el PNV ha cosechado su triunfo, tanto en las grandes ciudades (Bilbao y San Sebastián), como en los pequeños pueblos rurales.

   Entiendo que PSE-EE Y PP/UA estén decepcionados y, hasta cierto punto, quieran arrojar la toalla; pero, mirando los resultados electorales en términos de sociedad y no de intereses de partido, no son tan malos y menos tildados de catastróficos. Con cerca de seiscientos mil votos, y algo más del cuarenta por ciento de los votantes, nadie puede concluir que la sociedad vasca esté orientada en una sola dirección. Hay ya un grupo muy importante de vascos que no sólo se están enfrentando abiertamente a Eta, sino que desconfían también de los métodos utilizados por el PNV para combatir la violencia, y piensan que la solución al problema vasco pasa necesariamente por dar la confianza al bloque constitucionalista y enviar al PNV a la oposición.

   Vistas las elecciones desde la perspectiva histórica y desde un punto de vista social nos preguntamos si estamos ante un cambio radical de tendencia o ante un cierto impasse que puede consolidar en el futuro una tendencia que ya empieza a aflorar con cierta fuerza. Parece claro que el PNV ha recibido un espaldarazo para que gestione «lo vasco» por la vía democrática y a espaldas de los grupos violentos, pero no está claro si gestionar «lo vasco» conduce inexorablemente a la independencia o a adoptar fórmulas más abiertas de colaboración con otros partidos. Está por ver cual será la reacción de los votantes del PNV, si un día se plantea la independencia en los términos en los que la formula el Sr. Arzallus, pero me temo que no se mantenga la unidad ideológica que parece haber sido la seña de identidad de estas elecciones. Respecto al bloque constitucionalista parece que aún no ha llegado su hora, pero no se pueden negar los grandes avances que han conseguido. Hay que reconocer que han cambiado la tendencia y que en un momento o en otro pueden ganar. Todo dependerá de cómo el PNV administre el caudal político que los vascos han puesto en sus manos y de cómo se haga la oposición. La amenaza de Eta va a seguir ahí, y el PNV aún no ha roto del todo con los violentos. La vuelta a la vía democrática le llevaría a asumir muchas de las tesis defendidas por el bloque no nacionalista, pero me temo que los dirigentes del PNV (al menos los más influyentes en el partido) no están dispuestos a correr este riesgo.

Posiblemente el cambio no ha hecho más que empezar, y lo que hoy se anuncia como una gran victoria no sea más que el inicio de una derrota que ya se ha empezado a fraguar. Todo dependerá de cómo se resuelva el problema de Eta y la convivencia pacífica de los ciudadanos vascos, empezando por el derecho a la vida y por la confianza ciudadana de que las fuerzas políticas están dispuestas a defenderla por encima de cualquier otra veleidad.
 

Villanías
Por Carlos DÁVILA ABC 20 Mayo 2001

Reza el adagio: «Después de lo visto, todos listos». Y bien: los listos que se apunten al éxito de unas profecías que nadie conoció. Es igual: admitamos que las hicieron y que hasta las publicaron en la revista de su comunidad de vecinos. Aceptamos también que, dada su capacidad prospectiva, se dirigieron al PP y al PSOE para advertir de lo que se les venía encima, y que ambos partidos —¡estúpidos ellos!— les dieron con la puerta en las narices. Aguantamos que intentaron, en el colmo de su bonhomía política, que gastaron millones de pesetas en teléfono para «tender puentes» entre nacionalistas y constitucionalistas. Estamos incluso dispuestos a soportar las mentiras de estos «rappeles» de ocasión, de unos intermediarios más turbios que un «broker» del fútbol, y de estos desahogos de la presión informativa.

Hasta ahí cuesta, pero, ¡hale!, que pase, pero lecciones ni una, y menos de los miserables que acusan al PP de espolear las quejas, los sollozos de los que sufren, porque da la puñetera casualidad de que estos presuntos agitadores del lamento llevan en poco más de año y medio ¡catorce muertos enterrados! Me trae por un higo que me acusen de defender a los populares en este trance, pero el cronista, que ha asistido a más de cien sepelios (algunos de muy amigos), más que los vistos por esos ácidos y vengativos comunicadores bancarios, no tiene por menos que irritarse ante tantísima desvergüenza.

En esta feria de saltimbanquis en que se ha convertido el postpartum vasco se acumulan tal cantidad de canalladas que no hay forma de quedarse con la menos leve. Hay una especialmente sebosa: la ha perpetrado Maragall, próximo presidente de la Generalitat, si Dios no lo remedia, que parece que no, que ha dicho: «Ha sido una derrota del españolismo». O sea, de sus propios compañeros de partido. ¡Qué ejemplo de solidaridad socialista! Pues bien, este es el consejero principal y áulico de Zapatero.

De fracaso, nada. y 3
Por Enrique de Diego Libertad Digital 20 Mayo 2001

Ni el País Vasco ha oscilado hacia el nacionalismo más de lo que estaba, ni lo ha hecho en absoluto Álava, e incluso con estos resultados en la mano, la coalición PNV-EA hubiera perdido las elecciones en Bilbao. Ni conviene olvidar ni es baladí recordar que el PNV ha obtenido estos resultados merced a una estrategia de moderación en la campaña, no de soberanismo. Si se radicaliza, veríamos... No ha sido ese el escenario de estas elecciones.

De fracaso, pues, nada. ¿Quiere ello decir que no hay que extraer lecciones? Por supuesto. Una que es hay una opinión pública nacional y otra vasca. Que hay una “Brunete mediática” del nacionalismo, además de una capilar red de batzokis que pueden desarrollar el boca a boca que a otros está vedado. ¿Cómo entender en otro caso que se diga que Jaime Mayor Oreja, con su trayectoria democrática, era entendido por el nacionalismo como un riesgo para el autogobierno? Pero a estas alturas, ¿no es el mayor riesgo el terrorismo para las autonomías? O que está en peligro tal o cual aspecto de la cultura autóctona. Bien, hay una alta dosis de manipulación. Pero ¿podrá utilizarla siempre el nacionalismo cuando en esta ocasión ha tenido que concentrar su voto de manera tan clara?

Sí hay lecciones en cuanto a la pedagogía. Una de las evidencias de las elecciones vascas es el poder de las palabras. El nacionalismo, a través de la escuela y de su poder mediático, se ha convertido en gramático. Han triunfado, sea cual sea su contenido real, las palabras positivas, las que suenan bien y generan un horizonte de esperanza, aunque analizadas desde la racionalidad puedan esconder trampas saduceas. Nada de lo Winston Churchill de sangre, sudor y lágrimas. Esos los pone la banda terrorista y los padece sólo una parte de la población, así que el resto puede acogerse al privilegio de la inmunidad.

De esa forma, el lenguaje resistente abunda en conceptos que están diabolizados en la opinión pública vasca, como solución policial o lucha contraterrorista o fin de Eta. El concepto libertad cotiza muy bajo en las encuestas cualitativas, mientras constituyen auténticas palabras tótem diálogo y paz, de amplio respaldo, que se convierten en banderas del PNV. Hay un viejo principio de la estrategia política, utilizar siempre conceptos positivos y nunca negativos, que el terrorismo distorsiona, pero al que se acoge el nacionalismo cuanto menos en la retórica: bai, sí, es una de las palabras más usadas en el márketing político del PNV. La manipulación semántica de las palabras positivas tiene décadas de tradición y ha constituido un argot propio, casi un nuevo sentido común, que es siempre el menos común de los sentidos.

La conclusión inquietante es que en un referéndum de independencia el sí caería del lado nacionalista y el no del lado constitucionalista. Quizás sea precisa una reflexión pedagógica, para lo que hemos de suponer que están preparados los asesores de La Moncloa y Ferraz, porque hay que preparar el futuro, desde unas bases que nunca habían existido, y menos que nunca cuando Gregorio Ordóñez cuando con un par de amigos tuvo la osadía de presentar una candidatura al Ayuntamiento de San Sebastián. Todos queremos la paz, pero muchos no queremos el totalitarismo.

Hacia la normalidad
Editorial El Correo 20 Mayo 2001

El escrutinio sobre las elecciones del 13 de mayo ha dado paso a los prolegómenos para la formación del nuevo Gobierno vasco que acapararán la actividad de las próximas semanas. El restablecimiento de la normalidad institucional y el diálogo entre las formaciones democráticas aparecen como tareas ineludibles de la legislatura. La sensación de que podemos encontrarnos ante una etapa nueva en la política vasca abre expectativas que sería imperdonable que se malogren. Es probable que dicha sensación obedezca a los efectos que la catarsis electoral y la propia sorpresa de su resultado han imbuido en el nacionalismo democrático y, en general, en todos aquellos sectores que no habían realizado una apuesta comprometida con la alternancia. Pero ni la sociedad ni las instituciones están sobradas de recursos como para desperdiciar un clima propicio al entendimiento.

Ello no debe hacernos olvidar que tanto el diálogo propuesto por Ibarretxe como el «desarme verbal» proclamado por Egibar, con ser condiciones necesarias, pueden desvanecerse por insuficientes en muy poco tiempo. En contra de lo que en numerosas ocasiones ha sugerido el lehendakari Ibarretxe, el diálogo no posee un poder taumatúrgico si no se afronta por parte de sus actores con el compromiso previo de alcanzar un acuerdo; de establecer líneas de consenso básico. El anuncio de que EH no podrá ser partícipe de las conversaciones entre los partidos mientras siga negándose a condenar el terror y la noticia de que el PP acudirá a cuantas citas institucionales sea convocado introducen cambios apreciables respecto a la situación precedente. Pero el problema fundamental que presenta la política vasca no se limita a cuestiones de actitud o talante, sino a la difícil coexistencia entre proyectos políticos que apuntan en sentido divergente.

Por eso adquieren una especial importancia las tres condiciones que Rodríguez Zapatero expuso ante el Comité Federal del PSOE para restablecer la sintonía democrática en Euskadi. La renuncia a establecer acuerdos con EH por parte del nacionalismo democrático, el compromiso de no imputar un precio político a la paz y la desaparición de Udalbiltza como organismo que ensombrece y cuestiona la legitimidad de las instituciones democráticas constituyen tres requisitos más que razonables para reconocer el período posterior al 13 de mayo como una etapa realmente nueva en la política vasca. El nacionalismo gobernante se equivocará si considera que esas tres condiciones responden a un interés partidista, y mucho más si ironiza con que sean los ‘perdedores’ quienes ponen condiciones a los ‘vencedores’. Por encima de la legítima defensa de las ideas propias, uno de los retos de la democracia en Euskadi es que las formaciones políticas sean capaces de posponer sus respectivas aspiraciones al previo restablecimiento del consenso democrático; especialmente si alguna de esas aspiraciones pudiera terminar engrosando los argumentos que ETA emplea para justificarse como si fuese el brazo ejecutor de un anhelo compartido por el conjunto del nacionalismo. El otro gran reto, que dará la medida del liderazgo que las urnas han encomendado a Ibarretxe, es la protección a ultranza de la libertad y la seguridad de los ciudadanos vascos, enfrentándose a la violencia de persecución con todos los instrumentos del Estado de Derecho, pero también con una creciente movilización solidaria y con comportamientos políticos consecuentes frente a la grave amenaza que para la democracia supone la coacción sistemática sobre sus representantes.

El restablecimiento de la normalidad institucional requiere el concurso activo del Gobierno de Aznar y del PP; compromiso que ayer asumió el presidente en Zaragoza. Los resultados electorales indican que la regeneración de la vida política en Euskadi y la recuperación de los valores de la libertad y del Estado de Derecho no son posibles sin la participación del nacionalismo en ese esfuerzo común. Aznar explicó los resultados considerando que «la sociedad vasca no estaba suficientemente madura para entender nuestro mensaje de cambio». Pero la inviabilidad de la alternancia el 13 de mayo -que desbarata cualquier propósito de alcanzarla si no es en un clima de normalidad- obliga a quienes la pretendieron a revisar sus propios objetivos para aproximar su política a lo posible. Tras las elecciones, el PP no podrá ser el intérprete único del ‘pacto por la libertad’ que suscribió con el PSOE. A la recuperación de la lealtad en las relaciones entre la Administración central y las instituciones autonómicas y al reconocimiento del liderazgo institucional que corresponde al lehendakari, el PP habrá de añadir un especial cuidado para que las discrepancias que pudieran suscitarse respecto al PSOE sean superadas mediante la concertación de una política unitaria en una materia que exige una visión de Estado compartida por ambas formaciones.

El PSE advierte que los concejales están «hartos»y peligra su implantación
MADRID. G. López Alba/Ep ABC 20 Mayo 2001 

Patxi López, secretario provincial del PSE de Vizcaya, destacó el viernes ante el Comité Federal del PSOE el «gran esfuerzo» que está teniendo que hacer la dirección del País Vasco «para mantener la organización» en toda la Comunidad porque, sobre todo los concejales de pequeñas localidades, «están muy hartos de tener que ir con escolta».

El dirigente vizcaíno señaló que los concejales, que durante la campaña fueron calificados de «infantería democrática» por Nicolás Redondo, «tenían una esperanza excesiva en poder cambiar su “mala vida” a partir del día 14», y ahora, al haberse frustrado la expectativa de un cambio de Gobierno, pueden tener la tentación de arrojar la toalla, por lo que subrayó que «hay que cerrar filas con ellos».

Sus palabras resultaron premonitorias porque ayer mismo se conoció la dimisión del único concejal socialista en la localidad guipuzcoana de Azcoitia, Ventura Garnateo Romero, quien alegó motivos personales y de trabajo, según informa Europa Press. Con éste son ya diez los concejales socialistas que han dimitido desde abril.

Los socialistas creen que es en los Ayuntamientos, en los que el PNV ha seguido votando con EH, donde deben producirse las primeras pruebas del esperado cambio de actitud de los nacionalistas. «Más allá de las palabras y de las actitudes conciliadoras de Ibarretxe, y de las no tan conciliadoras de otros, la realidad se verá en los Ayuntamientos. O en ellos se produce la unidad, o las palabras se quedarán en palabras», indicó Pasqual Maragall tras la reunión.

Otro de los ámbitos en los que el PSOE espera obtener pruebas del cambio de política que esperan de Ibarretxe es el educativo. Redondo Terreros anunció que el PSE presentará una iniciativa en el Parlamento vasco para proponer, como planteaba en su programa electoral, un «pacto educativo» que fomente la tolerancia y haga del euskera un cauce de convivencia en lugar de un instrumento soberanista. La seguridad y los medios de comunicación serán otros dos escenarios de prueba.

RIESGO DE QUE IU OCUPE SU ESPACIO
Por otra parte, Ramón Jáuregui advirtió que si el PSE «no recupera el papel histórico de centralidad que ha desempeñado durante cien años», se corre «el riesgo de que lo juegue Izquierda Unida».

Frente a la línea ampliamente mayoritaria que se impuso en la reunión a favor de actuar de «puente» entre el PP y el PNV, sin explicitar pero sin descartar la posibilidad de participar a medio plazo en el Gobierno, el dirigente alavés Javier Rojo fue el único en defender rotundamente que el PSE debe seguir teniendo como objetivo «ser alternativa al PNV», sin que ello sea óbice para contribuir, desde la oposición, a que se recupere la unidad democrática.

Reencuentro, ¿cómo, dónde, cuándo?
José María CARRASCAL La Razón 20 Mayo 2001

No creo que nadie en España ¬me refiero a nadie con un mínimo de decencia y dos dedos de frente¬ se oponga a un entendimiento entre los grandes partidos nacionales y el nacionalista PNV, para ver si entre todos traen la paz a Euskadi, ya que no pueden traerla por separado. A fin de cuentas, es lo primera preocupación de los vascos según dejaron saber hace una semana.

¿Por qué, entonces, sentimos como un escalofrío cuando oímos hablar a Rodríguez Zapatero de «reencuentro»? Pues, de entrada, por lo temprano del anuncio. Parece como si tras el tropezón del domingo, a los socialistas les corriese prisa reencontrarse con los nacionalistas. Luego, porque hay un precedente muy poco alentador: también el PNV quiso acercarse a Eta, con el propósito de traer la paz a aquellas tierras, y ya sabemos todos lo que trajo, aunque alguno no pueda contarlo. La política vasca es un campo minado, y al menor descuido, salta uno por los aires. Los pactos hay que hacerlos una vez que todo está bien discutido y mejor acordado. En otro caso, no son pactos sino trampas.

   Indudablemente, al PNV le interesa ese reencuentro más que a nadie. Llevarse al PSOE al río, después de que éste, del brazo del PP, intentara echarle del poder tiene que ser una enorme satisfacción para Ibarreche y Arzallus, al ensanchar su base de gobierno de tal forma que les convierte de hecho en invencibles y al dejar más sólo que la una al mismo PP que había intentando aislarles a ellos. Una auténtica gozada para los nacionalistas, inimaginable hace tan sólo una semana. Pero la política democrática tiene estas cosas, que un día estás arriba, y el siguiente, abajo. Pero, por eso, el PSOE tiene que andarse con pies de plomo. Se entiende su frustración y sus ganas de sacarse cuanto antes la espina electoral. Pero la frustración y las prisas suelen ser malas consejeras, sobre todo cuando se parte de posiciones débiles. No hay nada malo, como les decía al principio, en pactar con el PNV. Al revés, puede ser la mejor de las noticias que podamos oír..., siempre que el PNV se comprometa, como gobierno y como partido, a defender la libertad en Euskadi y las vidas de los que allí están amenazados. En todo lo demás puede haber compromiso, en esto, no. No, porque las libertades democráticas y la vida de las personas no son negociables. Y cualquier concesión que se haga sobre ellas produciría más mal que bien, creando nuevos problemas sin solucionar los anteriores. Eso lo saben los dirigentes socialistas, sobre todo los del País Vasco. Si, por la causa que sea, lo olvidan, pueden encontrarse con que, en vez de una elección, han perdido dos. La primera, en las urnas. La segunda, más importante, en la mesa de negociaciones. No hay nada deshonroso en perder unas elecciones. Les ha ocurrido a todos los grandes partidos. Lo grave es perder la memoria, el pudor, la palabra y los papeles. Espero que no lo veamos. Y si lo vemos, que nos equivoquemos en lo que estamos diciendo.
 

ANTE EL NUEVO ESCENARIO VASCO
Impresiones El Mundo 20 Mayo 2001

Redondo, a punto de dejar solo al PP
Nicolás Redondo, candidato socialista en las pasadas elecciones vascas, afirmó ayer que no votará en contra de Ibarretxe en la próxima investidura si el PNV «se compromete a recuperar la unidad democrática», a «aceptar las reglas de juego» y a «rechazar la violencia para conseguir un objetivo político». Las palabras del secretario del PSE constituyen una sorpresa, ya que había defendido durante la campaña la unidad de acción con el PP y la necesidad de una alternativa democrática frente al nacionalismo. Ahora Redondo se declara no sólo dispuesto a llegar a pactos puntuales con Ibarretxe sino incluso abierto a abstenerse en su investidura. El cambio, explicable tal vez por las presiones internas en su partido, es llamativo. Cabe la reflexión de si los electores socialistas vascos van a entender este giro estratégico que deja al PSOE en una especie de tierra de nadie al no entrar en el Gobierno pero tampoco decidirse a ser oposición.

Aznar reprocha al PSOE falta de «claridad»
Aznar se dirigió ayer en Zaragoza a Rodríguez Zapatero para pedirle «la misma claridad» que mantiene él respecto al nacionalismo vasco y la política antiterrorista. «Hay veletas más firmes que las convicciones de algunos que circulan por la vida política española», dijo Aznar en alusión a algunos dirigentes socialistas que ahora propugnan un entendimiento con el PNV. El presidente del Gobierno afirmó que su partido defenderá a los 575.000 votantes del bloque constitucionalista «sin dar ni un solo paso atrás». Y achacó la victoria del PNV a que la situación vasca no estaba «suficientemente madura para el cambio». El discurso de Aznar es coherente con su política, pero el PP deberá combinar esa firmeza en la defensa de sus principios con una oposición flexible para no quedarse aislado. Aznar afirmó que está dispuesto a dialogar con el PNV, lo cual es ya un buen punto de partida.

Otegi hace un amago de autocrítica
Arnaldo Otegi, portavoz de EH, reconoció ayer que los resultados de la coalición fueron decepcionantes. Otegi cree que la sociedad vasca culpabilizó a EH de la ruptura de la tregua por parte de ETA y admite que, tal vez, se equivocaron al abandonar el Parlamento. Sus palabras son lo más parecido a una autocrítica. Pero Otegi no está dispuesto a ir más allá en su análisis, porque ello supondría distanciarse de ETA y condenar sin equívocos la lucha armada. IU hizo también ayer balance de las elecciones vascas, en las que ha logrado romper la inquietante tendencia a la baja que había experimentado en las generales y en los últimos procesos electorales. Un eufórico Javier Madrazo se mostró partidario de entrar en el Gobierno de Ibarretxe, sea cual sea la decisión del PSOE, aunque considera preferible la presencia de los socialistas. Falta por saber las contrapartidas que está dispuesto a ofrecer Ibarretxe, que no necesita a IU como aliado en el Gobierno.

Resultados previstos
Miguel MARTÍN La Razón 20 Mayo 2001

Para mí, lo más sorprendente de las pasadas elecciones en la región vasca no fueron los resultados, sino la rapidez meteórica en darlos a conocer. Es lógico, pues, que el lendakari Ibarreche se mostrara orgulloso de la eficacia inhabitual en los recuentos del altísimo porcentaje de votos emitidos. En apenas unos minutos del cierre de las urnas, supimos con exactitud el número de escaños que habían obtenido las formaciones políticas en liza.

   Habida cuenta de la presión del radicalismo separatista sobre una considerable parte del electorado, de los muchos miles de funcionarios autonómicos bajo estricto control del partido en el poder, de los no pocos beneficiarios de la tolerancia fiscal con el régimen peneuvista y de otras determinantes insoslayables no cabía esperar mejores resultados para los partidos constitucionalistas.

   Fuimos unos ilusos. ¿También Aznar? No lo creo; puede que su talento no sea excesivo, pero su desconfianza de todos y de todo es insuperable. No le considero capaz de forzar unas elecciones autonómicas que pudieran disminuir su prevalencia a nivel nacional. La regañina que le han dispensado los medios de comunicación y la ciudadanía por retar al separatismo vasco sin las máximas garantías de derrotarlo no merma en absoluto sus posibilidades de triunfo en unos comicios generales. Al contrario: ¿cómo los españoles convictos iban a dar el gusto a los puñeteros nacionalistas de castigar a quien trató de neutralizarlos políticamente?

   Si bien se mira, el prudente silencio del bocazas Arzallus durante el período preelectoral no puede ser gratuito, como tampoco no arrogarse el mérito del inesperado triunfo y, menos aún, que no lance las enconadas bravatas de rigor al Estado constitucional.

¿Estarían «previstos» los resultados y calibradas las consecuencias que generan mediante un acuerdo tácito?

   Los inocuos discursos electorales en ningún momento provocaron la crispación de los oponentes, como si todos dieran por buenos los resultados «previstos». A ningún candidato se le calentó la boca al extremo de reconocer que estuviera en juego la unidad de España. Fue tal el espíritu de concordia en el transcurso de los comicios, que cualquier observador poco avisado pensaría que los aspirantes pugnaban por la presidencia del Athletic, la Real y el heroico Alavés.

   Puede que la amplia entrevista de Pedro Ruiz a Ibarreche, emitida por TVE hace algunos meses, fuera el inicio de una sutil campaña, previa a la convocatoria electoral; el lendakari nos ofreció una imagen tierna, paternal y sensiblera que nada tenía que ver con la de su mentor ni, por supuesto, con el terrorismo etarra. ¿Un bendito! El Gobierno tiene hoy más posibilidades de finiquitar el odioso terrorismo. ¿Cómo? Haciendo algunas concesiones que dos semanas antes el pueblo español no toleraría.

¿A quien creer?
Pilar CERNUDA La Razón 20 Mayo 2001

Ibarretxe pone cara de bueno, Arzallus se mantiene en un estratégico silencio y Otegui trata de distanciarse de Eta, pero al cuarto de hora debe rectificar, obligado posiblemente por una llamada hecha desde Francia en la que le recordaban cuál era la senda que debía seguir. Desde el PNV se da a entender que Ibarretxe ha cogido las riendas, que está dispuesto a mantenerse alejado de EH y que va a luchar por la unidad de las fuerzas democráticas; pero esa película ya la hemos visto. Repetida y en sesión continua. 

El problema es que ha habido demasiados bandazos en épocas todavía recientes, que Arzallus se ha llevado siempre al final el gato al agua, y que los nacionalistas han dicho de todo ¬y malo¬ sobre los que no comulgan con sus ideas. No extraña que ante tanto revuelo peneuvista, con encuentros, entrevistas, reuniones y afirmaciones tajantes de que hay que unirse luchar contra los terroristas sin fisuras, pues nos invada una especie de ola de escepticismo. En los dos últimos años nos hemos llevado serios batacazos, se han roto muchas esperanzas, se han frustrado infinidad de ilusiones. Así que, hoy por hoy, sólo nos queda la certeza de que Eta va a seguir golpeando. Y duro. Todo lo demás hay que meterlo de momento en el capítulo «palabrería».  

El puzzle imposible
El análisis de los resultados de las recientes elecciones vascas revela que los partidos constitucionalistas ganaron en las tres capitales y en los municipios de más de 30.000 habitantes. Esta diferencia entre el voto urbano y el rural, que dio la victoria a los nacionalistas, se une a otra importante fractura para dibujar la complejidad política y social del País Vasco: Álava votó constitucionalista, Guipúzcoa, nacionalista, y Vizcaya rozó el empate.
Alejandra Ruiz-Hermosilla - Madrid.- La Razón 20 Mayo 2001

No es lo mismo votar en Zalduondo que en Vitoria, ni en Aracaldo que en Bilbao, ni en Oreja que en San Sebastián. No es lo mismo tener toda la información que disponer sólo de una parte y no es igual ser una persona anónima y, por tanto, más libre que no serlo. Por eso, el voto urbano fue diametralmente distinto al rural en las recientes elecciones al Parlamento vasco.

   Si el pasado 13 de mayo sólo hubieran votado quienes residen en las tres capitales vascas y en los municipios de más de 30.000 habitantes, los constitucionalistas (Partido Popular, Partido Socialista e Izquierda Unida) habrían obtenido la mayoría absoluta. Vitoria, Irún, Rentería, San Sebastián, Baracaldo, Basauri, Bilbao, Guecho, Portugalete, Santurce y Sestao dieron el 56,8 por ciento de sus votos a las opciones no nacionalistas frente al 42,28 por ciento que sumaron la coalición formada por el Partido Nacionalista Vasco y Eusko Alkartasuna, y los radicales de Euskal Herritarrok.

   En todos y cada uno de los once municipios más grandes del País Vasco triunfó la opción constitucionalista. La mayor ventaja se contabilizó en Álava (64,8 por ciento frente a 34,2), seguida por las ciudades vizcaínas (57,11 por ciento contra 41,92) y las guipuzcoanas (53,46 por ciento frente a 45,83). Por eso, es Bilbao, la capital de Vizcaya y la urbe más grande del País Vasco con más de 300.000 habitanes, el mejor ejemplo del voto urbano registrado en las últimas elecciones autónomicas vascas. En las urnas de Bilbao, la ciudad tipo, los no nacionalistas lograron el 54,4 por ciento de los votos. IU y PSE-EE mantuvieron el porcentaje obtenido en los anteriores comicios autonómicos de 1998, EH perdió el 6 por ciento y tanto el PNV-EA como la coalición Partido Popular-Unidad Alavesa crecieron un 3 por ciento.

   Pero en el País Vasco hay, con diferencia, muchos más pueblos que ciudades, el voto rural es muy superior en número al urbano y además, es mayoritariamente nacionalista. Abundan los ejemplos que evidencian que a menor número de habitantes, mayor es el porcentaje de voto al PNV y a EH. En el municipio guipuzcoano de Oreja, con un censo de 74 electores, votó el 97,3 por ciento, es decir, 72 vecinos, en la línea de alta participación que se ha registrado en estos comicios. El resultado fue un voto en blanco, otro nulo, 8 para el PNV, 62 para EH, cero para el PP, el PSOE e IU. Tampoco en Gizaburuaga (Vizcaya) lograron los partidos constitucionalistas ni un solo voto de los 97 emitidos entre un censo de 119 votantes. La misma situación se repitió en Altzaga (Guipúzcoa): 88 electores, 75 votos válidos y 75 votos nacionalistas.

   En los pueblos guipuzcoanos de Baliarraín (90 electores) y Orendaín (122 electores), de los tres partidos consitucionalistas, sólo el PP logró un voto. En Amoroto (Vizcaya), los 273 votos se repartieron entre los partidos nacionalistas con dos únicas excepciones que fueron a parar a las arcas de IU. Ni el PP ni el PSOE obtuvieron un solo voto. En Arratzu, también en Vizcaya, los cuatro únicos votos no nacionalistas fueron para el Partido Popular, frente a los 291 que aunaron los nacionalistas. Uno de los municipios en los que se produjo menor participación fue en Larraul (Guipúzcoa) donde sólo votó el 65,5 por ciento y lo hizo mayoritariamente al PNV y EH, ya que los constitucionalistas sólo lograron dos votos que correspondieron al PP entre los 76 emitidos.

Votar diferente es peligroso
«Ese votante único del PP o del PSOE en un pueblo de 100 habitantes debe sentir una enorme angustia personal y una tremenda decepción al comprobar que ningún vecino piensa como él y que no puede comunicarse con nadie. Ni siquiera puede llorar en el hombro de un compañero y tiene que vivir sometido a la dictadura del partido hegemónico (PNV o EH) en su municipio». Es el lamento de Carlos Urquijo, diputado popular en el Congreso y uno de los tres concejales que el PP tiene en el Ayuntamiento de Llodio (Álava), gobernado por Euskal Herritarriok.

   La vinculación de los pueblos al nacionalismo y de las ciudades al constitucionalismo que el análisis de los resultados electorales evidencia tiene una explicación. Según Carlos Urquijo, «desde hace años, los partidos no nacionalistas están ganando terreno en las ciudades grandes, donde la persona es más independiente y más anónima. Los nacionalistas se han quedado en los municipios pequeños en los que la gente se conoce entre sí y hay más temor a que tu vecino sepa cuál es tu adscripción política».

   Y es que en el País Vasco, el que se conozca a quién votas puede ser peligroso. «Quien vota nacionalista no tiene ningún miedo a reconocerlo, pero quien vota a los partidos no nacionalistas sí. Por eso, en los municipios grandes y en las capitales, que es donde hay mayor libertad a la hora de ejercer el derecho al voto, crecen las opciones no nacionalistas. Los reductos que le quedan al nacionalismo son las zonas rurales, donde hay más temor a ser señalado con el dedo por no practicar la religión del nacionalismo», explica Carlos Urquijo a REPORTER y añade: «La prueba de que a medida que hay más libertad se abre paso la alternativa al nacionalismo es que, de las tres capitales vascas, el PP ha ganado en una (Vitoria) y ha sido la segunda fuerza política más votada en dos (San Sebastián y Bilbao)».

Agravios en la campaña
Desde el Partido Socialista también se ha analizado la fractura entre el voto urbano y el rural. Javier Rojo, vicepresidente del Senado y secretario general del PSOE en Álava, está convencido de que «no hay votos mejores ni peores, cada hombre y cada mujer es un voto, pero hay en la sociedad zonas más dinámicas que son agentes de opinión y que se localizan en las áreas urbanas, donde el voto es más moderno, más actual y más informado y comprometido. No quiero devaluar ningún voto, pero las tendencias las marcan las zonas urbanas y en ellas el nacionalismo no tiene la implantación que tenemos PSOE y PP».

   Además del miedo a que tu nombre pueda llegar a aparecer en una diana pintada en la pared por haber votado a Jaime Mayor Oreja o a Nicolás Redondo, la falta de información también ha perjudicado a las filas constitucionalistas. Javier Rojo ha reconocido a REPORTER que «han sido unas elecciones en las que no todos hemos estado en igualdad de oportunidades. No pretendo minusvalorar la victoria del PNV-EA, pero tengo que decir que ha habido zonas enteras de Euskadi en las que no hemos podido entrar porque la Policía y los escoltas nos recomendaban que no fuéramos allí por nuestra propia seguridad».

   La imposibilidad de pegar carteles electorales, repartir propaganda o celebrar mítines se ha producido, sobre todo, en las zonas rurales, pero también en los cascos antigüos de algunas ciudades. Sin embargo, Carlos Urquijo no desespera y se muestra seguro de que «en el momento en el que tengamos todas las mesas electorales cubiertas con interventores o con apoderados populares y socialistas, aflorarán votos al PP y al PSOE que hoy están callados». Javier Rojo va un poco más allá y le pide a Juan José Ibarreche que, dentro de cuatro años, cuando se celebren las próximas autonómicas, «tenga yo las misma garantías de libertad que él o que Anasagasti».

   Mientras los partidos constitucionalistas intentan ganar la batalla del voto rural poniendo fin al miedo a ser diferente en un entorno violento, otra fractura se une al profundo abismo que hay entre el campo y la ciudad para dibujar el complejísimo panorama social y político del País Vasco: la distancia que separa hasta el infinito a los tres territorios históricos, Álava, Guipúzcoa y Vizcaya.

   Los alaveses eligieron mayoritariamente la opción constitucionalista, ya que populares, socialistas e Izquierda Unida consiguieron el 59,2 por ciento de los votos, un 20 por ciento más que la suma de los porcentajes obtenidos por la coalición PNV-EA y EH. Por contra, en Guipúzcoa, los nacionalistas se hicieron con el 60 por ciento de los sufragios frente al 39,5 de los constitucionalistas. Vizcaya arrojó un resultado que rozaba el empate: 47,4 por ciento para los constitucionalistas y 51,8 por ciento para los nacionalistas.

Virgencita, virgencita...
Esta división es, en palabaras de Javier Rojo, fruto de la complejidad del País Vasco, que describe con un ejemplo: «El periódico que se lee en Álava no se lee en Vizcaya ni en Guipúzcoa. Para cada territorio, los diarios del País Vasco tienen una edición diferente. Álava se corresponde mucho mejor con lo que tendría que ser la realidad social de toda la comunidad, porque en ella nadie se siente discriminado. Guipúzcoa es mucho más cerrada y más radical, y Vizcaya es el feudo del nacionalismo tradicional, donde fundó Sabino Arana el PNV».

   Los resultados electorales en Álava frente a los del Vizcaya y, sobre todo, Guipúzcoa, tienen una lectura muy clara según Carlos Urquijo: «Los nacionalistas dicen que Euskalherría tiene seis o siete provincias, en función de con quién hables, pero los resultados electorales dicen que ese proyecto soberanista tendría en este momento sólo dos patas: Guipúzcoa y Vizcaya. Álava no es nacionalista y si se planteara cualquier aventura fuera de la Constitución y del Estatuto, este territorio se quedaría probablemente al margen».

   El puzzle imposible que configuran los votos emitidos el pasado día 13 desluce el triunfo nacionalista, pero no lo oculta. Carlos Urquijo afirma que «el crecimiento del PNV se debe tanto a los 80.000 votos que ha perdido EH, que se han ido al voto útil a la coalición PNV-EA, como al nuevo electorado que se ha movilizado ante la campaña del miedo montada por el PNV. Por primera vez se había visto la posibilidad efectiva de una alternativa en el poder, por lo que el PNV tocó arrebato: vótanos a nosotros porque como llegue Mayor Oreja, poco menos que se organiza una guerra civil y entra con los tanques, que los tiene en Miranda de Ebro. Mucha gente que no necesita escolta ha pensado virgencita que me quede como estoy ».

   Tanto Carlos Urquijo (PP) como Javier Rojo (PSOE) insisten en que «nos encontramos ante el Parlamento vasco menos nacionalista de la historia», en que «ha votado el 80 por ciento de los vascos, por lo que estas elecciones son muy reales» y en que «la sociedad vasca ha votado, sobre todo, por la convivencia».
 

Continuar o tirar la toalla
ANTONIO BASAGOITI El Correo 20 Mayo 2001

A buen seguro asistiremos en los próximos días a interpretaciones muy diversas sobre los resultados que arrojaron las urnas el pasado 13 de mayo. Y muchas de ellas coincidirán en destacar el respaldo obtenido por la coalición PNV-EA. Los ciudadanos vascos han revalidado a estas formaciones nacionalistas con su voto y les han encomendado la responsabilidad de gobernar este país en los próximos cuatro años.

Como representante del PP del País Vasco, pero fundamentalmente desde mi posición de concejal en el Ayuntamiento de Bilbao, me gustaría hacer algunas consideraciones para que nadie tenga duda sobre la forma en la que afrontamos las personas del PP la próxima legislatura.

Es cierto que muchos de nosotros nos hemos preguntado si merece la pena continuar arriesgando y condicionando nuestras vidas después de comprobar que quienes acordaron con los terroristas y quisieron poner precio a la paz han obtenido un importante número de escaños. Y es que muchos de nosotros tememos que nos quedan por delante cuatro años muy difíciles.

Pero de la misma forma estoy convencido de que, tras una necesaria reflexión, esta constatable desazón y desilusión va a ser superada en las próximas semanas por la misma convicción moral que nos ha hecho seguir adelante en condiciones complicadísimas. Si algo hemos aprendido los concejales del PP en estos últimos años es a trabajar con dificultad y a luchar por la libertad en condiciones muy adversas.

Tampoco hay que olvidar que hay más de 320.000 vascos que han querido que les representemos en nuestras instituciones y éste es aliciente suficiente para que superemos sin dificultad cualquier adversidad que se nos presente en el camino. Una parte importantísima de nuestra sociedad ha reconocido nuestro trabajo, nuestro sufrimiento y hasta nuestro dolor, y nos ha encomendado un compromiso al que no vamos a fallar.

La esperanza de que se produjera un cambio político en el País Vasco que primara las libertades sobre cualquier otra consideración política nos ha hecho albergar esperanzas que al final se han visto desvanecidas. Pero hay un número muy importante de vascos que nos han dado su confianza, que nos han dicho que tenemos que seguir trabajando para que definitivamente también pueda llegar a esta tierra la alternancia que necesitan todas las democracias.

No hay ninguna duda de que a los hombres y mujeres que representamos al Partido Popular del País Vasco nos hubiese gustado otro resultado, pero no es menos cierto que corrigiendo o mejorando lo que sea necesario vamos a seguir trabajando en nuestras instituciones para que en la próxima convocatoria electoral nuestro respaldo siga creciendo. La sociedad vasca confía en nosotros como nunca lo había hecho y nuestra obligación es responder a esta confianza con trabajo, responsabilidad y absoluta disposición.

El único motivo que tendríamos para dejarlo todo, para volver a una vida más cómoda y tirar la toalla, sería el que se aceptase la negociación y la sumisión a la banda terrorista ETA. Esto querría decir que no ha servido para nada nuestro drama, que han sido inútiles las muertes de nuestros compañeros y que no pintamos absolutamente nada defendiendo la libertad y exigiendo la paz. Nuestra derrota sólo llegará cuando triunfe el sometimiento al chantaje, cuando se decida poner precio a la libertad, a la paz; en definitiva, cuando se decida poner precio a la vida. Nuestra vida no tiene precio y por fortuna este pensamiento es compartido hoy por la inmensa mayoría de la sociedad vasca. 

Atentado en Vitoria contra el domicilio del juntero socialista Juan Carlos Prieto
Un potente artefacto causó cuantiosos daños materiales pero no hubo que lamentar víctimas
Un potente artefacto explosivo destrozó ayer parte del domicilio vitoriano del portavoz socialista en las Juntas Generales de Álava, Juan Carlos Prieto, y causó cuantiosos daños materiales en las viviendas colindantes. Afortunadamente, el político alavés no se encontraba en esos momentos en el inmueble, y tampoco hubo que lamentar víctimas entre los demás vecinos del edificio situado en la calle Los Herrán de Vitoria. Asimismo, en la noche de ayer se registraron otras dos explosiones, de menor intensidad, en Bilbao, junto al Instituto Social de la Marina, según informó la Ertzaintza.
L. R. N. - Vitoria / Bilbao.- La Razón 20 Mayo 2001

El portavoz del PSE-EE en las Juntas Generales de Álava, Juan Carlos Prieto, era el objetivo de la potente bomba que anoche hizo explosión en su domicilio de Vitoria. El artefacto, cuya composición y peso se desconocía al cierre de esta edición, provocó «cuantiosos daños materiales» en el bloque de pisos donde vive el juntero alavés pero, afortunadamente, no causó daños personales, informaron fuentes de la Ertzaintza.

   La bomba explotó a las 22,04 horas en el domicilio de Juan Carlos Prieto, situado en la calle Los Herrán de la capital alavesa y provocó numerosos destrozos en las viviendas contiguas y en la del piso inferior a la del juntero, que en ese momento estaba deshabitada. La Policía Autónoma vasca se desplazó inmediatamente al lugar del atentado y ordenó a los vecinos que no entrasen ni saliesen de sus domicilios por su propia seguridad, ya que la escalera estaba llena de humo. No obstante, no fue necesario evacuar a los residentes. Aunque las fuentes consultadas eludieron pronunciarse sobre la autoría del atentado, las características del mismo hacen presumir que se pueda tratar de una nueva acción de Eta.

   Juan Carlos Prieto tomó posesión el 6 de julio de 1999 como portavoz del PSE-EE en las Juntas Generales de Álava, donde desempeña también funciones de secretario de la Comisión de Reglamento y Gobierno interior y de la Comisión de Hacienda, Finanzas y Presupuestos.

   Además del atentado en Vitoria, otros dos actos, probablemente de violencia callejera, tuvieron lugar en Bilbao. Fuentes del Cuerpo de Bomberos confirmaron el envío de una unidad a la calle Virgen de Begoña, donde se encuentra el Instituto Social de la Marina, para apagar un incendio al que no dieron excesiva importancia y que se habría originado hacia las diez de la noche.

Noche de ataques
Las mismas fuentes añadieron que, cuando llegaron, el fuego se encontraba prácticamente extinguido y que no fue necesario ni desalojar ni acordonar la zona. Las dos detonaciones se registraron junto al Ambulatorio Virgen de Begoña, que comparte edificio con el Instituto Social de la Marina. Uno de los miembros del personal que se encontraba de guardia ayer por la noche en este centro sanitario escuchó la primera explosión y, según explicó a este diario, «salí a la calle acompañado de una enfermera y con un extintor pensando que se trataba de una explosión de gas». Cuando estaba apagando las llamas, se produjo la segunda detonación a unos quince metros de distancia de donde se encontraba, aunque afortunadamente ni él ni la enfermera resultaron heridos.
   A continuación ambos volvieron a entrar en el ambulatorio hasta que llegaron los servicios de emergencia, que les aconsejaron que permanecieran encerrados en el centro.

   «Transcurrió menos de un minuto entre una y otra, y la segunda me pareció que fue de mayor intensidad», señaló el testigo. El responsable del ambulatorio también dijo que «parece que han sido dos artefactos caseros, pero han destrozado la entrada del edificio».

Aznar atribuye la derrota en Euskadi a que los vascos no están maduros para el cambio
El presidente reafirma sus acuerdos con el PSOE y propugna el diálogo en el marco constitucional

JAVIER CASQUEIRO  Zaragoza El País 20 Mayo 2001

José María Aznar expuso ayer en Zaragoza, en el homenaje del PP a Manuel Giménez Abad, su presidente en Aragón al que ETA asesinó el pasado 6 de mayo, las conclusiones de lo ocurrido en las urnas vascas. El presidente del Gobierno apuntó que había concluido con facilidad de la lectura de esos resultados que sus 'deseos de un cambio político en Euskadi no se habían culminado'. Pero no por ningún fallo propio. Aznar entiende que, 'como ocurrió en 1993' con la última victoria de los socialistas en las elecciones generales, 'la sociedad vasca no está lo suficientemente madura para recibir el mensaje del cambio' y para producir el 'fruto adecuado'.

Aznar empezó por admitir que sigue con gran interés y diversión las múltiples interpretaciones y análisis 'pintorescos' que se han hecho del veredicto de las urnas. Él cree que 'no hace falta mucho tiempo' para concluir que su proyecto de alternancia no ha logrado el objetivo empeñado. Fue así como llegó a la reflexión de que el problema para que su oferta no haya cuajado ahora no era propio de su estrategia frentista contra el nacionalismo sino de la sociedad.

En una de sus habituales frases pretendidamente enigmáticas, Aznar aseguró: 'Hay en España veletas más firmes que las convicciones de algunos'. El presidente del PP aseguró, por el contrario, que sus 'principios y convicciones siguen igual'. Y agregó que ante el escenario de violencia y terror que se vive en Euskadi no se puede permitir 'ni un paso atrás'.

El jefe del Gobierno construyó su discurso respecto a Euskadi sobre cinco puntos. Primero se refirió a sus militantes y simpatizantes vascos amenazados. Fue a ellos a los que demandó que 'recarguen' su compromiso y que olviden 'la tentación de dejarlo o abandonar'. Y ofreció a cambio una garantía personal e institucional: 'Saben que el presidente del Gobierno está detrás'.

En segundo término aludió al deber 'de lealtad y coherencia' de sus electores, los 323.000 del PP, pero también a los del PSE. En fin, hacia los 575.000 votantes que apoyaron a las fuerzas constitucionalistas. Aznar destacó en tercer lugar la 'gran decepción' observada en toda España por el fracaso de su proyecto para Euskadi y se sintió obligado a reafirmar la necesidad de un 'compromiso conjunto, entre vascos y españoles' para el futuro.

El presidente consideró, ante 1.600 personas en un pabellón de la Feria de Muestras de Zaragoza, que su cuarto objetivo 'principal' es revalidar sus acuerdos con el PSOE. Aznar, ante las posiciones críticas y que él considera ambiguas que han surgido en los últimos días entre dirigentes socialistas, reafirmó la validez de los pactos con ese partido, pero le exigió que hable con 'claridad'.

Aznar insistió en su tesis de que ésta ha sido la primera vez que se ha planteado una alternativa seria y posible al nacionalismo y advirtió indirectamente a responsables de otras formaciones nacionalistas, como Jordi Pujol, que esa opción 'legítima' no significa 'una cruzada contra nadie sino una alternativa democrática, entre gente amenazada que se ha dejado la vida y quiere vivir libre'. Y retomó el discurso inicial sobre la falta de madurez de la sociedad vasca para asegurar que 'esa alternativa será en su momento mayoritaria, como ahora ha estado a punto [de serlo]'.

El quinto mensaje se lo dedicó íntegro al PNV. Admitió sin ambages que esa formación había resultado la ganadora, pero para requerirle la mayor responsabilidad. Aznar apuntó hacia Ibarretxe para recordarle su promesa electoral de que no llegará 'a ningún acuerdo con los cómplices del terror' y para alentarle a que combata con contundencia a los violentos. Fue en ese punto cuando subrayó que ni él ni el Gobierno ni su partido entrarán 'en un juego de personas, de si uno dice una cosa y otro juega otro papel, unos los buenos y otros los malos'.

Aznar quiere 'contenidos' en las propuestas de diálogo que le plantee Juan José Ibarretxe ya como lehendakari en su cita institucional con Jaime Mayor. Y le recomendó 'lealtad'. Aznar reiteró que sólo dialogará para fortalecer las instituciones y nunca para reventar o rebasar los cauces constitucionales, cuestión que subrayó especialmente para los responsables del PSOE, que le acusan de llevar esa exigencia al límite y de apropiarse de la Carta Magna. 

A Aznar tampoco le agrada que desde el PNV le vengan con 'ejemplos foráneos', como las vías irlandesas, en las que al final hay que sentarse a negociar con el brazo político de los terroristas. 

Grietas en la causa de la paz
Los grupos del movimiento ciudadano vasco ofrecen versiones diferentes sobre las consecuencias de los resultados electorales
FRANCISCO PEREGIL  Bilbao El País 20 Mayo 2001 

Las cuatro de la tarde del miércoles 15 de mayo, tres días después de las elecciones vascas. Un piso clandestino de San Sebastián, sin ningún distintivo exterior, sede de la plataforma ¡Basta Ya! Nueve personas congregadas. ¿Qué sintieron al ver que la mayoría de los vascos, muchos de ellos amigos, sobrinos, tíos, hermanos, compañeros, no votaron al PP ni al PSOE, la alternativa que ellos defendían y por la que estaban arriesgando la vida?

-Primero -explica una profesora- me dije: que le den dos duros a este país. Y después sentí vergüenza, la verdad. Me pregunté: ¿qué van a pensar de nosotros en el resto de España? Ahora, en vez de decir 'ETA no, vascos sí', a lo mejor se oye 'ETA no, algunos vascos sí'.

-Yo el domingo dije que me iba -añade otra compañera-. Pensé que ahora que todo el mundo tiene un cuñado, un amigo, un conocido con escoltas, la sociedad gritaría ¡basta ya! Y resulta que sólo somos los mismos que ya gritábamos hace años basta ya. Más organizados, sí, pero los mismos.

Si se mide por socios o colaboradores directos, se podría decir que ¡Basta Ya! son sólo unas veinte personas. Si se les juzga por la capacidad de movilización, es preciso recordar que en la manifestación del 23 de septiembre, convocada por la plataforma en San Sebastián, cien mil personas corearon ¡basta ya!

-La noche de las elecciones me pregunté: ¿qué más tiene que pasar aquí para que algo cambie? Y llegué a una triste conclusión: tienen que matar a mucha más gente.

-Yo, después de acostar a mi niño -señala Maite Pagazaurtundua, concejal socialista de Urnieta, Guipúzcoa, 5.300 habitantes, única de los presentes autorizados a dar nombre y apellido, por estar protegida-, lo primero que pensé lo hice en euskera. Me dije: qué barato resulta que te maten en esta tierra. Inmediatamente después pensé en los amigos muertos: en Fernando [Buesa] y José Luis [López de Lacalle]. Seguro que si José Luis viera el panorama pensaría: 'De la que me he librado'. Todo esto me recuerda a cuando te dejaba el novio de adolescente y te decía: 'No sé por qué te has hecho ilusiones, si es que nunca te he querido. Me voy con ésta que tiene caserío'. Aquí la gente no ha querido renunciar a su bienestar económico. Se vive bien, muy bien. Y éste es un pueblo muy temeroso. No hay que olvidar que, cuando Franco venía de vacaciones a San Sebastián, muchos vascos salían a saludarle a los balcones.

Dos días después de aquella noche de domingo en que algunos miembros de la plataforma sopesaron la posibilidad de abandonar la tierra donde nacieron, se reunieron en la sede de San Sebastián y... 'Acordamos seguir en la brecha', comenta una secretaria. 'Tampoco es tan fácil irte, aunque quieras. No todo el mundo puede cambiar su trabajo. Además, si dijeras que pasando de todo fuésemos a vivir mejor, a lo mejor podrías planteártelo. Pero no va a ser así. Yo esto no lo hago ni por la patria ni por nada. Lo hago por dignidad personal. Y, por favor, haz constar que nos da muchísima rabia hablar sin dar nuestros nombres'.

Lo que sí que se están planteando en ¡Basta Ya! es cambiar de estrategia, seguir denunciando los atropellos a los derechos humanos, pero tal vez de otra forma que aún no tienen clara. 'Mi hijo', relata una profesora, 'me decía que, si hace diez años los lisiados de ETA se hubieran puesto a dar vueltas en círculo frente a la sede de HB, tal vez los resultados habrían cambiado un poco'.

-Seguiremos con la misma ilusión -sentencia Maite Pagazaurtundua.

Ante esas palabras, un compañero trata de contener la risa, pero no puede, se le escapa y, cuando el periodista repara en ello, casi todos reconocen que es imposible seguir con la misma ilusión, al menos tres días después de las elecciones, pero aseguran que van a intentarlo. 'Hay 575.000 personas que votaron al PP y al PSOE. No estamos solos', concluyen.

De parecida forma a ¡Basta Ya! piensa la veintena de personas, casi todas con escoltas, que integran el Foro Ermua, creado en abril de 1999, meses después del asesinato del concejal Miguel Ángel Blanco.

El presidente del Foro, Vidal de Nicolás, de 79 años, comenta: 'Hubo mucho desánimo la noche del domingo, gente que quería abandonar. Pero ya nos hemos repuesto. Seguiremos en la brecha. Y sin ayuda de partidos políticos. Nicolás Redondo proponía que se creara una fundación para luchar contra la creciente indefensión que padecemos. Pero el jueves nos reunimos los del Foro Ermua y decidimos que no queremos fundaciones. Queremos preservar nuestra independencia al margen de los partidos políticos'.

La lectura que extraen los movimientos cívicos Elkarri y Gesto por la Paz de las elecciones es bien distinta a la del Foro Ermua y ¡Basta Ya! Gesto por la Paz cuenta con 130 grupos diseminados por distintos barrios de todo el País Vasco, que desde 1986, después de cada atentado mortal, se concentran silenciosamente en señal de protesta. Colaboradores directos, según la organización, son unos 300. Pedro Luis Arias, profesor ingeniero de la Universidad del País Vasco, cuenta en nombre de la organización cómo se interpretan los resultados electorales: 'A pesar de que en Gesto por la Paz hay gente de todas las tendencias políticas, el sentir mayoritario fue de moderado optimismo. Estos resultados no van a ser el bálsamo de fierabrás. Pero creemos que la situación ahora está menos bloqueada que antes del domingo'.

'Las elecciones', continúa Pedro Luis Arias, 'han demostrado que el ciudadano común no es fácilmente manipulable. Desde los medios de comunicación ha tenido un eco muy importante todo lo que hacían o decían los líderes de ¡Basta Ya! Pero la gente tiene criterio, y eso a pesar de que la manipulación de los medios ha sido tremenda. Mi padre no es nacionalista. Pero cuando vio que en Televisión Española no salía ni una reacción de condena del PNV al atentado del presidente del PP en Aragón, mi padre reconoció que eso era impresentable. Como también es impresentable el hecho de que en la ETB, la televisión del País Vasco, cuando salió Mayor Oreja reconociendo que el PNV había ganado las elecciones, dividieron la pantalla en dos y en la otra parte se veía la fiesta de la gente del PNV celebrando la victoria en el hotel'.

'A nosotros', añade el representante de Gesto por la Paz, 'vincular el derecho a la vida y la libertad con opciones políticas no nos parecía correcto. Por eso vemos los resultados con optimismo'.

'A nosotros', alega el alcalde socialista de Ermua, Carlos Totorika, de ¡Basta Ya!, 'concentrarnos en silencio no nos parece suficiente. Eso podría estar bien hace diez años cuando la gente estaba muerta de miedo. Hoy hay que alzar la voz'.

Los miembros del colectivo Elkarri, que aglutina a más de tres mil socios y cien grupos de voluntarios, son también partidarios de alzar la voz. Pero para pedir diálogo sin exclusión de ningún grupo político. 'El problema', arguye Totorika, 'es que donde ellos dicen diálogo nosotros seguimos viendo cesión y chantaje'.

¿Se oyen voces de autocrítica en ¡Basta Ya!? Una integrante de la plataforma aduce que las mayorías no siempre tienen toda la razón y que a Hitler lo llevaron las urnas al poder.

El alcalde socialista de Ermua, Carlos Totorika, localidad donde el PSOE ha perdido cinco votos, el PP 200 y el PNV ha ganado 900, sí reconoce un error: 'Cometimos uno sólo. Pero probablemente volveríamos a cometerlo. Hemos hecho una campaña basada en una política de valores. Ante el problema de los asesinatos, la vivienda, la sanidad, el producto interior bruto, pasaron a un muy segundo plano. Y en el tema del euskera hemos abierto un frente que les ha servido a los nacionalista para gritar 'que vienen los españoles a cargarse las ikastolas'. ¿Cómo nos vamos a cargar nosotros las ikastolas? A un concejal del PNV de Ermua le dije esa misma noche: 'Lo que más me ha dolido de toda la campaña es que dijeras que mi voto era el voto de Madrid. Me cago en la leche, si es que soy vasco, aparte de los 36 apellidos y todas esas zarandajas, es que soy vasco, ¿no lo ves?'.

Elkarri es el grupo que más contento se declara tras las elecciones porque, según su coordinador de área, Gorka Espiau, los votantes han venido a pedir a los políticos lo que Elkarri viene demandando desde hace años: diálogo sin exclusiones. 'La locura de ETA se ha visto desautorizada. Y la estrategia de negación del diálogo de Mayor-Oreja, también'.

Desde ¡Basta Ya! se tiene la impresión de que los miembros de Elkarri son los pacifistas que más cómodamente viven en el País Vasco. 'Es cierto que como Elkarri nunca hemos recibido amenazas de nadie', asume Gorka Espiau, 'y que la mayoría de nuestros socios no necesitan escoltas. Pero sí que hay miembros de Elkarri, como Ernest Lluch, que han sufrido atentados'.

Con optimismo o sin él, con ilusión o sin ella, los cuatro grupos piensan seguir adelante. A pesar de todo.

'Tenemos fosas para todos'
Entre los anónimos recibidos por ¡Basta Ya!, uno es de clara amenaza: 'Ancha es Castilla. Tenemos suficiente terreno para enterraros a todos'. Y otro, de sorna: '¿Dónde están ahora vuestros líderes que tanto salían a dar la cara? ¿Por qué no hablan del batacazo en las urnas?'. Sin embargo, la mayoría de los mensajes, como éste, remitido con el nombre y los dos apellidos, son de apoyo: 'Yo, como humilde ciudadano que se considera de algún modo implicado, pretendía renunciar a la cómoda vida que llevo en estos momentos -desde un punto de vista profesional y familiar- para poner mi grano de arena (sin falsa modestia, mi currículo no es nada desdeñable) de algunos de estos vascos de bien'. De Ciudad Real procedía éste, también con nombre: 'Tanto mi familia como yo, después de los resultados, os seguimos mandando nuestro apoyo en un momento que al menos desde aquí se vive con decepción y preguntándonos qué tipo de moral tienen vuestros conciudadanos para que, a pesar de ver situaciones como las vuestras (escoltas, peligros para vuestra vida) continúen votando a los que hacen desde el poder la vista gorda ante estas situaciones'. 'Ahora más que nunca', señala en otro mensaje una mujer del País Vasco, 'la sociedad civil debe demostrar que puede hacer lo que los partidos no pueden o no saben. Lleváis mucho recorrido, no es justo que lo hagáis sólo vosotros, pero no estáis solos'. Un dirigente de ¡Basta Ya! explica que la gente que colaboraba con la plataforma desde una tercera fila, de forma muy indirecta, es la que más animada se encuentra ahora.

Pluralidad cultural: el nuevo vínculo de España con Estados Unidos
BARBARA PROBST SOLOMON El País 20 Mayo 2001

Barbara Probst Solomon es periodista y escritora estadounidense.

Hace ya tiempo que saltó la noticia de que Estados Unidos ha dejado de ser un país blanco y anglosajón: el grupo que crece más rápidamente es el formado por los inmigrantes hispanohablantes, procedentes de la República Dominicana, El Salvador, México, Cuba, etcétera, además de los portorriqueños, que ya son ciudadanos estadounidenses. A pesar de que este crecimiento repentino de la cultura española y la forma en que el idioma español está cambiando el perfil del inglés hablado en EE UU afecta de forma evidente a las relaciones culturales de España con EE UU, España no ha encontrado aún una forma útil de plantearse esta nueva pluralidad cultural estadounidense. Es importante que los intelectuales, escritores, académicos, y aquellos que hacen la política del Gobierno en España, aborden esta sorprendente transformación social que está motivada por el idioma español; si no, España se convertirá en un espectador en lugar de participar en ella.

Hay que desprenderse de todas las viejas ideas históricas acerca de la vulnerabilidad de España ante el todopoderoso Tío Sam y pensar por anticipado en este nuevo futuro: dentro de diez años, ¿cómo serán las relaciones entre el Ahmed de la nueva Europa, la nueva España, y Juan Pérez, el nuevo yanqui? Tradicionalmente, España ha tenido una conexión con EE UU mucho más débil que la de otros países europeos, como Francia, el Reino Unido e Italia. Ahora esa historia se ha dado la vuelta; mientras el idioma español florece aquí, Francia experimenta el problema opuesto: se reduce el interés en la cultura francesa debido a que el francés se usa cada vez menos. En Naciones Unidas, en realidad en todo el mundo, el inglés, no el francés, es el idioma diplomático preferido. El español ocupa ahora el segundo lugar. Tanto es así que han surgido nuevos problemas: el español ha entrado en el inglés americano con tanta fuerza que ahora hay que prestar atención para asegurarse de que las traducciones de las obras españolas hechas en Inglaterra no confunden a los lectores norteamericanos porque suenan demasiado a Londres. A los europeos no se les acaba de meter en la cabeza que el idioma que se habla en Estados Unidos tiene escasa relación con el inglés británico. Si una novela que se supone que se desarrolla en Sevilla, por ejemplo, evoca Londres o Cambridge al lector estadounidense, y no Sevilla, la novela está perdida.

A los europeos que ven a los nuevos emigrantes como una amenaza (hordas de almogávares en la frontera una vez más, alterando su cultura homogénea) les resulta difícil comprender del todo que los estadounidenses perciben estas llegadas como una saludable expansión económica. Más trabajadores, más crecimiento, más gente a quien vender cosas. Además, dicho de forma más directa, del mismo modo que el catedrático de universidad de Barcelona o Madrid de visita en EE UU no quiere que se le confunda con una asistenta de la República Dominicana o de México, hay una tendencia entre los visitantes españoles a apartarse con nerviosismo de la mezcolanza tumultuosa de la vida cultural estadounidense, para que los estadounidenses de élite no les confundan con esos que llegan todas las semanas del sur de la frontera. Por tanto, los españoles que están en Estados Unidos malgastan demasiadas energías en definirse a sí mismos como personas que no provienen de México ni de El Salvador.

Pero lo que hay que aclarar es que la nueva influencia del idioma español no sólo está relacionada con nuestros nuevos inmigrantes; como los estadounidenses somos gente pragmática, la mayoría de los estudiantes que provienen de ambientes no hispanos ahora eligen automáticamente el español como segundo idioma, y cuando estudias un idioma estudias su cultura. A consecuencia de esto, hay un número sin precedentes de estadounidenses con un legado no hispano que están siendo expuestos a todos los aspectos de la cultura española.También es difícil para los europeos hacerse una idea de la rapidez con la que los nuevos inmigrantes en EE UU -en este caso, la población hispanohablante- pasan a formar parte de la clase media. En una sola generación, los hijos e hijas del dueño de una tienda de ultramarinos de El Salvador pasan a formar parte de la clase profesional: llegan a ser médicos, abogados, lo que sea. Dentro de una generación, según las estadísticas recientes, y debido a la alta tasa de matrimonios mixtos, la población hispana absorberá y será absorbida por la no hispana. Así, lo que comienza como la nueva sociedad de pluralidad cultural se transforma rápidamente en el tradicional crisol estadounidense. En el futuro inmediato, un porcentaje sustancial de la clase media estadounidense tendrá alguna herencia española, y el resto de la clase media tendrá la misma familiaridad con la cultura española que la que los estadounidenses cultos tuvieron una vez con la cultura francesa.

Es de destacar que la explosión de la cultura española en EE UU no se debe únicamente a los grandes cambios demográficos en la población. Hay otras razones: la expansión de la población americana de habla hispana se produjo en el mismo momento en que la mayoría de las instituciones estadounidenses -universidades, corporaciones, etcétera-, por razones más o menos nobles, estaban impulsando la pluralidad cultural. Y así, el pluralismo cultural que para muchos ha sido 'lo bueno' (aunque también ha tenido muchos detractores) pasó a representar a lo hispánico, o la cultura española y la cultura negra unidas a la asiática. Lo que no se dice nunca, pero que yo creo que tiene una tremenda importancia en la forma tan rápida en la que la identidad estadounidense ha cambiado sin angustia y de forma fácil su identidad fundamental, es que los estadounidenses se aburren con lo que ya conocen. Estamos aburridos de nuestra historia de blancos, anglosajones y protestantes, que asociamos vagamente a los años cincuenta, a los guantes blancos y a la ropa incómoda. La imagen del aristócrata de Boston ha dejado de captar nuestra imaginación, queremos más gancho. Y es humano pensar que las oportunidades que importan, importan por el trabajo duro, no por una situación demográfica casual. Pero aquí está: una nueva oportunidad. Por primera vez España tendrá una relación doble con EE UU. Como miembro de la Comunidad Europea (parece que la presidencia de Bush va a tener algunas temporadas glaciales con la UE), la política de España será la de Europa. Su relación cultural, tremendamente más importante, está aún por definir.

 

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