AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 21  Mayo   2001
#El truco del adiós
Editorial ABC 21 Mayo 2001

#LA SEGURIDAD DE LOS CONCEJALES, PRIMER TEST PARA IBARRETXE
Editorial El Mundo 21 Mayo 2001

#Se atreven contra ETA, no contra la Secta
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 21 Mayo 2001

#Privilegios desmesurados
Editorial La Razón 21 Mayo 2001

#La resaca
José Luis Manzanares La Estrella 21 Mayo 2001

#¿Qué han votado los vascos?
CÁNDIDO ABC 21 Mayo 2001

#Zapatero no es un dogma
Enrique de Diego Libertad Digital 21 Mayo 2001

#Mirando hacia atrás sin ira
ÁLVARO DELGADO-GAL El País 21 Mayo 2001

#Resumiendo
ANTONIO GALA El Mundo 21 Mayo 2001

#Un solo enemigo
EMILIO LAMO DE ESPINOSA El País 21 Mayo 2001

#Los cruzados
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 21 Mayo 2001

#Decenas de empresarios vascos han cedido al nuevo chantaje de ETA
CARLOS SEGOVIA. Enviado especial El Mundo 21 Mayo 2001

#Los proetarras reanudan la oleada de actos de «kale borroka»
VITORIA. J. J. Saldaña ABC 21 Mayo 2001

#¿Un discurso sin preguntas?
Luis GONZÁLEZ SEARA La Razón 21 Mayo 2001

#Resentimiento de lo español
Antonio GARCÍA-TREVIJANO La Razón 21 Mayo 2001

#Ocultar el móvil

Nota del Editor 21 Mayo 2001

#El 13 de mayo produce espejismos
Lorenzo Contreras La Estrella 21 Mayo 2001

#Dos rencores
ANTONIO BURGOS El Mundo 21 Mayo 2001

#Testimonio de valentía
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 21 Mayo 2001

#¿Y los michelines?
IÑAKI EZKERRA El Correo 21 Mayo 2001

#Los nuevos españoles
JAVIER ARTETA El Correo 21 Mayo 2001


El truco del adiós
Editorial ABC 21 Mayo 2001

El presidente del PNV, Xabier Arzalluz, ha comenzado a vender la idea de que ya va de retirada y que, en dos o tres años, abandonará la política. En realidad se trata de una impostura más, según la cual pretende aparecer como un desprendido patriarca que se marcha después de haber hecho su trabajo, cuando la fecha elegida (el año 2003) para su venturoso retiro coincide exactamente con el término de su mandato en Sabin Etxea, que él mismo había asegurado hace tiempo que sería el último. Intuir cualquier signo de generosidad o desprendimiento en tan codicioso personaje es no conocer a Arzalluz. Y como no suele dar puntada sin hilo, es más que probable que con estas palabras sólo busque atraer a otros partidos hacia el PNV, sin que éste haya renunciado rotunda y explícitamente a un soberanismo ya patente, aunque en fase primigenia, en el programa electoral con el que compareció a las elecciones del 13-M.

Arzalluz se sabe una rémora, pues él fue el gran chambelán que presentó a los peneuvistas en el acuerdo independentista de Estella y el que pactó con ETA. Pero sin que exista un compromiso claro de Juan José Ibarretxe —el delfín designado— para desligar la paz del soberanismo, torticera e inmoral manera de poner precio a la vida y la libertad, igual da que esté Arzalluz o su secuela. Las palabras del mandamás del PNV hay que enmarcarlas en el discurso hacia el pretendido moderantismo que postula el lendakari en funciones. Nunca más allá.

LA SEGURIDAD DE LOS CONCEJALES, PRIMER TEST PARA IBARRETXE
Editorial El Mundo 21 Mayo 2001

Casi todos los analistas políticos estaban de acuerdo en que una derrota electoral del PNV habría supuesto, más temprano que tarde, el abandono de Xabier Arzalluz de la dirección del partido. Pero lo que muy pocos habían previsto es que la victoria nacionalista facilitaría también la salida del líder nacionalista y la renovación de la cúpula del partido. Arzalluz afirmó ayer que dejará la dirección del PNV en el plazo de dos o tres años y sugirió que su sucesor será Juan José Ibarretxe, al que colmó de elogios. «Es un fuera de serie», dijo. Pero no aclaró si el lehendakari asumirá en el futuro la presidencia del partido, rompiendo con el actual modelo.

No hay duda que el éxito electoral ha reforzado extraordinariamente al presidente del Gobierno vasco, que tiene una especie de cheque en blanco en sus manos. La cuestión es si Ibarretxe va a utilizar su amplio margen de maniobra para avanzar hacia el soberanismo o está dispuesto a dar prioridad al diálogo con la oposición democrática. Hay signos esperanzadores de que se inclina hacia la segunda opción, pero habrá que esperar a las actuaciones del nuevo Gobierno más que a sus promesas o a su programa de investidura.

El clima político en el País Vasco se ha distendido en los últimos días, pero las intimidaciones y los ataques de la minoría violenta contra quienes no comulgan con sus ruedas de molino no han variado. En la madrugada del domingo, el domicilio del portavoz socialista en las Juntas de Alava, Juan Carlos Prieto, sufrió graves desperfectos tras estallar un potente artefacto.

Rodríguez Zapatero, secretario del PSOE, pidió ayer desde Canarias a Ibarretxe «un compromiso sólido hacia todos los cargos públicos que tienen amenazada su libertad» en el País Vasco, palabras a las que se suma Jesús Caldera en una entrevista que hoy publica EL MUNDO, en la que reivindica la Constitución como marco estable de convivencia en el País Vasco.

Proteger a los centenares de concejales y electos del PSOE y del PP debe ser la primera prioridad del futuro Gobierno, que, haga lo que haga, habrá fracasado si no logra garantizar la vida y la libertad de sus oponentes políticos.

Y éste es un parámetro que también debería tener en cuenta el PSOE a la hora de definir su posición respecto al PNV, cuyo distanciamiento de los violentos sólo será creíble si utiliza sus muchos recursos policiales y políticos para acabar con la kale borroka y el amendrentamiento cotidiano que sufren los representantes no nacionalistas.

Se atreven contra ETA, no contra la Secta
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 21 Mayo 2001

El espectáculo de abdicación intelectual y capitulación moral de los columnistas de "El País" tras el vomitivo artículo de Cebrián contra el PP, el PSOE y todos los que en el propio periódico han defendido la necesidad de una alternancia democrática en el País Vasco sólo sorprenderá a quienes desconozcan el estilo genuinamente estalinista que impera en lo que no es un periódico sino una secta político-cultural donde lo único que no se discute es la obediencia, o sea, la consigna. Todo lo demás, es decir, todos los demás, en las letras, las artes, la política o los negocios pueden ser objeto de análisis despiadado, campaña difamadora o apuñalamiento informativo. Sólo la línea jerárquica, la consigna, la sumisión al Comisario Jefe, siempre Cebrián, ni admite dudas, ni permite pluralidad ni tolera disidencias. En cuanto a los sectarios, obedientes, pueden plantar cara valerosamente y jugarse la vida contra ETA, pero no se atreven a jugarse la pertenencia a la secta. Es triste y puede parecer increíble. Por desgracia es sólo evidente, inapelable, indiscutible.

Si ni siquiera en algo tan de conciencia, tan íntimo, tan aparentemente irrenunciable como las posiciones mantenidas en torno a las elecciones del País Vasco, los Pradera, Santos Juliá o el mismísimo Savater, protagonista no involuntario de estas elecciones a través de la plataforma "¡Basta ya!", se atreven a plantar cara al Comisario Cebrián para reivindicar no sólo su derecho a defender lo que han defendido sino a seguirlo defendiendo y manteniendo, en ese u otro periódico, ¿quién creerá en la independencia de tan presumidos y vanidosos moralistas? Como sucedía con los comunistas en tiempos de Stalin, que para algunos por lo visto son eternos, se puede arrostrar el terror, la tortura y la muerte contra los enemigos oficiales, pero no la expulsión del partido, de la Iglesia Roja, de la comunión de los elegidos a la sombra del Jefe, Señor de la Historia. El antecesor de Beria como jefe de la NKVD dijo en la Lubianka antes de ser ejecutado: "Díganle a Stalin que muero con su nombre en los labios". Pradera, Juliá y demás pontífices de la superchería intelectual de su empresa, acaso el propio Savater, pueden ahora publicar otro manifiesto "Ante el acoso", por las críticas que Cebrián ha recibido en "ABC", e incluso en "El Mundo", cuyo derrotismo ha ayudado a corregir. También pueden mandarle un telegrama a Cebrián: "Juan Luis, me has convencido. Nos vemos en la Akademia; o mejor, en el Batzoki". Con suerte, a lo mejor los perdona. Fuera de la Secta hace mucho frío.

Privilegios desmesurados
Editorial La Razón 21 Mayo 2001

La decisión del Servicio Vasco de Salud de primar los permisos de sus funcionarios para visitar a los presos con los que tengan hasta un segundo grado de parentela, por encima de los demás permisos ordinarios a los que tienen derecho, es una demostración más del uso de la arbitrariedad de la administración autonómica por motivos ideológicos. Así, mientras los permisos por asuntos propios tienen limitaciones claras (no son retribuidos, no pueden exceder de tres meses en dos años y están en función de las necesidades del servicio), los que se destinen a visitar presos están liberados de estas normas: serán retribuidos, sin límite temporal y no sujetos al servicio. Por supuesto, la norma no tiene precedentes en ninguna otra Comunidad Autónoma

   El problema no está aquí en el derecho de los trabajadores del SVS a visitar a parientes presos. Pero se hubiera podido añadir en condiciones de igualdad al resto de los permisos, sin favoritismos. Debemos deducir, por tanto, que lo que subyace tras esta distinción es dar la imagen de una especial consideración de amparo a los presos vascos. Como quiera que entre éstos se encuentra la mayor parte de los miembros de Eta encarcelados (no todos, porque no todos los etarras son vascos) lo que ha hecho el SVS es dar a estos criminales un beneficio extraordinario. Por esa línea, es muy difícil explicar a la sociedad vasca el daño que los terroristas le hacen. Al contrario, les cataloga como sujetos de privilegios, lo que no es más que la enésima humillación a sus víctimas.
 

La resaca
José Luis Manzanares La Estrella 21 Mayo 2001

El resultado de las elecciones vascas ha sorprendido en general y ha golpeado duramente a los seguidores de los partidos llamados constitucionalistas o españolistas. Dentro del más puro voluntarismo y con el muy destacado apoyo de los medios de comunicación se había extendido la idea de que, una vez denunciadas las concomitancias del PNV con el brazo político de ETA, cuando no con la misma organización terrorista, la sociedad vasca volvería la espalda a todos los socios del pacto de Estella. Al no ocurrir así, el desánimo ha cundido entre quienes, si bien ha visto defraudadas sus expectativas, no sólo no han perdido votos frente a las convocatorias anteriores, sino que han acortado distancias respecto a sus rivales.

Aunque se comprende fácilmente el disgusto por la diferencia entre lo esperado y lo conseguido, conviene recordar que, aun así, continúa la aproximación numérica al bloque nacionalista. La comparación puede establecerse tanto con la meta no lograda como con los procesos electorales de las dos últimas décadas, y en este segundo cotejo no hay razones para la insatisfacción. Si se cuenta a IU entre los partidos que defienden la Constitución y el Estatuto de Guernica como base de la convivencia, se ha pasado desde la proporción de dos a uno, favorable a las agrupaciones nacionalistas, en los comicios de 1980, 1984, 1986, 1990 y 1994, a las actuales cifras de 740.000 y 652.000 votos respectivamente. Incluso la distancia habría disminuido respecto a 1995, pese a la mayor afluencia de votantes en los comicios de ese año. 

El relativo fiasco del PP y del PSV se explica en primer término por el rechazo de muchos electores a la imagen de un PNV demasiado complaciente con ETA y su entorno. Gran parte de la población vasca considera bienintencionado el intento de disolver la excrescencia terrorista en el marco común de un proyecto independentista que respete los derechos fundamentales del hombre, empezando por la libertad y la vida. La baja evaluación de Mayor Oreja en las encuestas, bastante inferior a la de su propio partido, debió haberse interpretado como un síntoma de que su mensaje no era convincente en este punto. El temor a un movimiento pendular, que no se detuviese en la erradicación de la banda armada, puede haber contribuido también al rotundo triunfo del PNV. En realidad, los únicos derrotados en las urnas han sido ETA y sus valedores políticos.

Existe, además, un importante factor que distorsiona en mayor o menor grado el curso regular de las elecciones celebradas en el País Vasco durante los últimos años. Hay miedo a la estigmatización, a la malquerencia expresada activa y pasivamente y a la tacha como traidor a Euskalherria. Ningún nacionalista dejará de votar por las presiones ambientales, pero quienes comulgan con otros ideales no lo tienen igual de fácil en aquellas comarcas donde el separatismo radical ni siquiera retrocede ante el crimen. Con un voto absolutamente libre en toda la geografía vasca conoceríamos mejor la verdadera relación de fuerzas.

¿Qué han votado los vascos?
Por CÁNDIDO ABC 21 Mayo 2001

Es una pregunta, ¿qué han votado los vascos?, cuya finalidad es la de indagar los futuros procesos del desenvolvimiento político en aquella Comunidad donde la Constitución y el Estatuto chocan por decisión popular contra los principios expresos del Partido Nacionalista Vasco. Esos principios y la Constitución no podrán marchar paralelamente por tiempo indefinido, que hoy por hoy es a lo más que podemos aspirar en la práctica. Los objetivos son diferentes y contradictorios. La Constitución resuelve el problema con el Estatuto, que está dentro del ordenamiento jurídico vigente, y el PNV reargumenta con el soberanismo, que requiere otro ordenamiento jurídico, la reforma cualitativa de la Constitución y deja al margen de cualquier deliberación política al resto de los españoles. Cerca del 43 por ciento de los sufragios emitidos el 13 de mayo refuerzan la aspiración al cambio legal constitucional, tienen ese sentido innegable.

Debemos advertir que la masa electoral del PNV guarda una vinculación vital con el partido que es anterior a su vinculación política, fundamentada en numerosos aspectos ligados entre sí, sociales, económicos, religiosos, en la tradición, en el ceremonial del sentimiento romántico de los nacionalismos, y sobre todo en un fenómeno de endogénesis muy acentuado. Son notas que añaden a las de un partido moderno y secularizado las de las hermandades, cofradías o gremios de la época medieval. Esa masa electoral ha resistido hasta ahora por razones, digamos, gremiales, el impulso del rechazo público a ETA, y en esta ocasión ha salvado al partido de la connivencia del pacto de Estella haciéndole pagar a Euskal Herritarrok no sólo su cobertura directa del terrorismo, sino también la responsabilidad que corresponde al PNV en cuanto al pacto, lo que implica una decisión paliativa de aquella responsabilidad. ¿Por qué? Pues porque no consideró que la connivencia con EH fuese una desviación del objetivo.

Las raíces del grupo se hunden en lo municipal y en lo rural adscribiendo a esas instancias el progreso general y la supervivencia de las tradiciones. Entonces las ideas adquieren la sacralidad del tótem. El PNV no es por tanto una mera superestructura política. Es un grupo vital, por tanto de tendencia inflexible, al contrario que el resto de las formaciones políticas que actúan en el País Vasco. Si no existiese un Parlamento con representantes elegidos, el PNV existiría igualmente bajo cualquier otra forma aglutinante, políticamente orientada e históricamente definida.

El hecho es que el PNV sutilmente, aunque a veces pierda la sutileza, y el nacionalismo radical brutalmente, encuentran hoy su definición de combate en aquello que «no es» el País Vasco. Así, el País Vasco es lo que «no es» España. Se considera, como en la época de Franco, un «bien castrense» del Gobierno español. Aquel «no ser» del País Vasco, esa aserción de negatividad, la administra el PNV como una fuerza y ha concurrido a las urnas con ella. Cierto que nadie se plantea históricamente su voto, pues el voto no es para la historia, sino para la vida. No es en primera instancia un efecto del conocimiento teórico y sistemático de la historia, sino la fórmula que quiere resolver un momento presente.

Así y todo el Estatuto atendió a la historia, fue en cierto sentido una «restauración» de un momento original y libre adaptado a los factores irreversibles del «enorme» proceso de la unidad de España, no gratuito y muy anterior a la doctrina del independentismo: ni la independencia de las partes, que disolvería el todo, ni la sujeción absoluta de las partes al todo, que asfixiaría el pluralismo de la democracia moderna. El Estatuto fue una buena idea que articulaba por fin el concepto del poder central y el de las estructuras nacionales. De un centralismo jacobino se pasaba a una conexión funcional regida por los principios de un Estado ostensiblemente más liberal de lo que dice la Constitución. El voto vasco ha rechazado el Estatuto. Y al rechazar también a EH, rechaza el peso depravado que el independentismo llevaba encima. Lo salva. Los medios no justifican el fin, pero no lo invalidan. Así es como está la situación.

Zapatero no es un dogma
Por Enrique de Diego Libertad Digital 21 Mayo 2001

Que la Constitución no es un dogma es otro a su vez, según la sólida crítica al relativismo. De hecho, toda Constitución es un dogma o un conjunto de ellos y como tal se articula estableciendo los principios y el marco de la convivencia. No quiere decir que no pueda ser debatida, discutida y planteadas alternativas. Hay cuestiones con las que no estoy de acuerdo, empezando por la monarquía, y que no tendría inconveniente en discutir, pero acepto como acuerdos comunes. Tampoco Zapatero es un dogma, ni lo es el PSOE. Pero en la manipulación semántica habitual, el inconsistente secretario general cuando habla de Constitución quiere decir España. Afirma que ni España es un dogma ni su unidad es un límite. Esto es, en propiedad, un debate preconstitucional, existencial. Lo que cuestiona no es tal o cual punto de la Constitución, sino su existencia misma, la capacidad de que haya cualquier o una Constitución.

No sabía que hubiera existido votación alguna en España sobre la Constitución para que Zapatero saliera por este registro. Ni tan siquiera lo que se deduce de sus declaraciones es una propuesta de reforma constitucional, sino una especie de liquidación por derribo bajo un grosero síndrome de Estocolmo. Si en los momentos de tensión es cuando se ve la catadura de un líder, la altura demostrada por Zapatero es ínfima. En términos históricos, no es ni Churchill ni Chamberlain, ni tan siquiera Petain, figura que le cuadra más a Felipe González. No hay nadie que se le parezca en niveles de cobardía moral e indignidad, salvo Zapatero mismo. El zapaterismo es la histeria medrosa del cambio hacia ninguna parte.

El mismo concepto de federalismo es una falacia si se pretende articular alrededor de él cualquier debate, pues el Estado de las autonomías es un Estado federal con otro nombre, con ejecutivo y legislativo en cada uno de los territorios autónomos, algunos con policía propia y plena autonomía fiscal. Lo que hay es un debate en algunas zonas de España para independizarse, con el agravante de que cada una de esas propuestas es a la vez imperialista, como extensión del conflicto. De esa forma, una parte de los guipuzcoanos, donde está localizado el conflicto, reivindican Álava, también Navarra, amén de territorios franceses. Los catalanes de Pujol hacen lo propio con la Comunidad Valenciana y Baleares. Hay mapas que introducen la desestabilización en Asturias, La Rioja y Aragón. Que el PSOE ha dejado de ser un partido español, incluso un partido, para ser una confederación de ellos, hace tiempo que lo sabíamos, no era preciso que Zapatero lo certificara. El único error disculpable de Mayor Oreja en las elecciones vascas ha sido no pedir el voto útil; disculpable porque Nicolás Redondo no se lo merecía, pero error porque Zapatero, sí. Ahora queda más claro por qué Felipe González no le nombró para la más mínima responsabilidad durante catorce años.


Mirando hacia atrás sin ira
ÁLVARO DELGADO-GAL El País 21 Mayo 2001

Las sorpresas aturden; el aturdimiento impulsa a buscar seguridades; y las seguridades más a mano son las inmediatamente anteriores a las que acaban de desvanecerse. De modo que en ambientes de Madrid, tras el resultado electoral decepcionante, ha vuelto a instalarse la idea de que el PP y el PSOE se equivocaron al suscitar el frentismo en el País Vasco. Corolario de la misma idea es que fue un error forzar el adelanto de las elecciones.

Contra la idea matriz, conviene protestar por razones de decoro intelectual. El Pacto de Estella se cerró en secreto entre nacionalistas -violentos y no violentos- y contemplaba un orden político que dejaba marginados a los no nacionalistas. Transcurrido un tiempo, los últimos decidieron aliarse. Imputarles un frentismo fratricida es, por tanto, perverso. Dado que lo obvio fatiga, no me alargaré más sobre este punto. Quiero defender una tesis, lo admito, más contenciosa: la de que fue racional forzar el adelanto de las elecciones.

Tres motivos avalaban esta decisión. Uno, que la situación se había hecho intolerable en el País Vasco. Los representantes de los partidos nacionales iban con escoltas; la respuesta del Gobierno local a la violencia era equívoca, y parecía teñida aún por el compromiso de Estella, y así sucesivamente. Como guinda está la afirmación, hecha por Arzalluz -y por Ibarretxe también-, de que en el País Vasco se vive estupendamente. La única interpretación posible es que en el País Vasco se vive estupendamente a condición de que uno no disienta del nacionalismo. Y esto resultaba todavía más preocupante. La estrategia Mayor estribaba en asentar el Estado desde dentro del Estatuto, usando instrumentos institucionales oriundos. No sé si era la mejor estrategia del mundo. Pero era conservadora y amarrona donde las haya.

Paso a la variable nacional, políticamente decisiva. Tras la ruptura de la Mesa de Ajuria Enea, y hasta la fecha, el mensaje del PNV ha sido que volvería a las reglas de juego si se aceptaba -por simplificar- el ámbito vasco de decisión. Llamemos a esto -por simplificar otra vez- 'solución confederal'. Yo no tengo nada contra las confederaciones en abstracto. En el contexto español, sin embargo, y máxime con un Estado debilitado por la violencia, resultaría muy difícil que la solución confederal no se extendiera a Cataluña, y por contigüidad, a Galicia, y acaso, al resto. Un experto en teoría de juegos nos diría que cualquier arreglo intermedio es inestable, y que tal vez acabara enredándose la confederación con la propia estructura autonómica. En Madrid se quería evitar esto, a mi entender, con buen juicio. Y se determinó probar suerte en unas elecciones democráticas. De nuevo, una opción conservadora.

El tercer motivo de la apuesta era que las elecciones iban a salir bien para los constitucionalistas. Y éste sí que ha sido un mal motivo, porque no han salido bien. Delego en los expertos el análisis de la campaña y todo eso. Estamos en lo que estamos y hay que hacer balance. ¿Empeora una decisión en principio racional el futuro político de la nación?

Los optimistas confían en que la victoria dé alas a Ibarretxe y éste se desvincule de Arzalluz hasta el extremo de erigirse en valedor sincero del Estatuto. No lo creo. Primero, porque también Arzalluz ha salido fortalecido. Segundo, porque el PNV tiene más recursos que antes, y no menos, para ir más allá del Estatuto. Pero sí ha sucedido algo bueno: y es una dilatación, tal vez preciosa, de las escalas temporales.

En el periodo subsiguiente a Estella, la puesta en marcha de instituciones extraconstitucionales y la retórica expansiva del PNV hicieron temer un desafío directo al Estado. Opino... que el desafío no se produjo porque los comicios del 98 no apuntaron hacia donde esperaban los nacionalistas. Pero estaba la vehemencia, estaba la urgencia, y detrás de ellas estaban los compromisos de Estella. Ahora no parece haber urgencia, lo que indica, por retorsión, que el PNV ha recuperado buena parte de su libertad. Y esto es efecto de las eleciones y del batacazo de EH.

El pulso se echará a otro nivel, buscando la envolvente nacional y relecturas creativas de la Constitución. Indudablemente, ha cambiado el panorama.

Resumiendo
ANTONIO GALA El Mundo 21 Mayo 2001

Lo que de veras ha fracasado en las elecciones vascas han sido las ilusas expectativas de Aznar y de Mayor. Además, claro, del sector del crimen. Por lo demás, todo ha sido normal: el PNV se enriquece con la mitad de los votos de EH; el PP crece un poco; el PSOE cae otro poco; la distancia con el nacionalismo es la menor que ha habido. Apenas lo haga mal el PNV... Que el presidente piense en la alternancia no parece excesivo. Ahora no estaba madura. Quizá cuando lo esté ya no esté él. O puede que aún sí. Son gajes de su oficio.

Un solo enemigo
EMILIO LAMO DE ESPINOSA El País 21 Mayo 2001

Los esfuerzos inútiles producen melancolía; los contraproducentes, frustración. Y frustración es lo que ha producido la derrota de quienes apostaron por el Pacto por la Libertad. Esperemos que ello no nos lleve, como parece ocurrir, a confundir el enemigo una vez más. Pues en el tema vasco hay muchos contrincantes pero un solo enemigo: la violencia, sea cual sea su nombre.

Una violencia que se reanudó brutalmente tras la tregua generando un notable deterioro de las libertades públicas. Mientras los nacionalistas disfrutaban del indudable bienestar material del país, disfrute al que se sumaban quienes optaron por no ver, no oír y no entender, la otra mitad tuvo que extremar las cautelas, hablar con susurros, acostumbrarse a mirar debajo del coche o, simplemente, solicitar escolta para poder caminar por las impolutas calles del País Vasco. Los tiempos de silencio regresaron (¿se fueron alguna vez?) al amparo del calibre 9 Parabellum y la complicidad de los muchos que recogen las nueces. Otegi puede votar en libertad, pero la oposición no puede dejar la escolta ni frente a la mesa electoral. Pujol debe recordar esto.

Por ello, el problema vasco no es ni el 'contencioso histórico' ni la deriva soberanista del PNV, su delirio independentista y, menos aún, su nacionalismo, que si puede alimentar la violencia, también puede inhibirla (véase Cataluña). El problema es el terror mismo y la indiferencia, si no complicidad, con él. Arzalluz o Ibarretxe son muy dueños de desear la secesión de Euskadi y su fusión con Ucrania o Namibia; ni son los primeros ni los últimos en sostener proyectos políticos disparatados. Lo malo es que la convergencia en los fines con los asesinos les llevó a una culposa tolerancia hacia los medios que dejó indefensos a muchos de sus ciudadanos.

El Gobierno tomó buena nota de la situación y optó por la respuesta más prudente, ganar las elecciones para iniciar desde Ajuria Enea la regeneración democrática de Euskadi, rechazando la alternativa más arriesgada: tomar las medidas que el Estado de derecho y la Constitución le permiten (¿le obligan?) adoptar en defensa de los ciudadanos. Y así, el Gobierno hizo de las elecciones un test que no se podía perder. Pero quizás hemos llegado tarde y el deterioro moral de la sociedad vasca era mayor del previsto. Sin duda nos hemos equivocado al no separar suficientemente el terrorismo y sus complicidades del nacionalismo. Y en todo caso había motivos sobrados para sospechar este resultado: el nacionalismo vasco es muy fuerte y con dosis importantes de antiespañolismo. Y así, frente al sueño de un triunfo del Pacto por la Libertad lo que hemos cosechado es el triunfo rotundo del nacionalismo, dando aval democrático al soberanismo. Justo lo que se trataba de evitar.

Sólo los niños creen que basta con tener razón para obtenerla. Los adultos sabemos que, además, es necesario que esa razón se ejercite en tiempo y manera. El Pacto por la Libertad tenía razón, pero no ha sabido ejercitarla. Tantos errores y tan de bulto debieran exigir una autocrítica y una rectificación, y nada sería peor que el sostenella atribuyendo el fracaso a una supuesta falta de madurez de los vascos. En democracia sólo hay un combate válido, el electoral, y no se ganan elecciones con discursos que arrinconan a la mayoría del electorado. Pero frustrada la esperanza de la regeneración interna, el problema sigue ahí, como lo muestran los nuevos atentados. De modo que es la hora de la más severa exigencia de respeto a las libertades, ante quien sea y sin más límite que el Estado de derecho. El Gobierno, y nosotros con él, no puede tolerar más que la mitad de los vascos vivan en el terror. Cierto, ni un paso atrás, e incluso varios adelante. El verdadero test de Ibarretxe es qué planea hacer con el entramado de ETA, tema del que aún no ha dicho nada. Pues sólo después, restablecida la paz y recuperadas las libertades (y esto es también el modelo irlandés), será la hora de la más amplia comprensión hacia el sentimiento nacionalista vasco democráticamente expresado, incluso (y sobre todo) para disentir de él. No ha ganado el PNV; hemos perdido nosotros, que no hemos sabido convencer. Pero el triunfo del nacionalismo puede darnos a todos una nueva oportunidad que debemos alentar. Puede que sea la última.


Los cruzados
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 21 Mayo 2001

El último «cruzado» que murió en el cerco de Jerusalén fue Manuel Giménez Abad, el presidente del PP de Aragón. Bien es verdad que era un cruzado rarísimo. La batalla en la que cayó tratando de deshacer la heroica defensa que los muslimes artillaron en sus castillos y haciendas no viene en los libros de estrategia militar. Iba con su hijo a ver un partido del Real Zaragoza, en La Romareda, una tarde de domingo. No iba a asaltar el estadio con su cota de malla, su yelmo y su armadura, no. Tampoco planeaba una degollina de los hinchas del equipo rival, en una competición deportiva que, como otras veces en la Historia, camuflase una masacre civil. Las huestes enemigas eran los seguidores del Numancia de Soria, heroico equipo de bélicas resonancias, como acreditan los historiadores romanos que hicieron la crónica de su resistencia a las legiones del SPQR, tan larga y fiera que desde entonces se llama «numantina» a una resistencia hasta la muerte. Pero entre los habitantes del «alto llano numantino» que cantó Machado, dos mil años después ya no se lleva el suicidio colectivo. La heroicidad actual es mantenerse en Primera División con presupuesto escuálido, oponiendo a los rivales una defensa sólida y un peligroso contraataque, sobre todo en las faltas al borde del área y en los balones altos de Pacheta. Por lo demás, la hinchada numantina se siente en Zaragoza como en casa, por los muchos sorianos que han trocado el Duero por el Ebro. Giménez Abad acudía a tan descomunal batalla con su hijo una tarde de primavera. Llevaba muchos años como letrado en las Cortes de Aragón y en el día de su muerte, lo único que esperaba es que Esnáider viera puerta. Belicosidad de cruzado.

Arzalluz ha denunciado siempre esa «cruzada antinacionalista» de políticos y periodistas, con peligro de muerte sólo para los cruzados. En ella insisten, celebrando su fracaso, Pujol, Maragall y Juan Luis Cebrián. El asesinato del político aragonés camino de La Romareda ha sido el hecho más cruento de tal cruzada. Después, el último cruzado herido en combate ha sido Gorka Landaburu cuando trataba de asaltar el envoltorio de una revista. Todas las cruzadas que recordamos son semejantes: así, el asesinato del cruzado sevillano Jiménez Becerril y su esposa cuando paseaban de noche por el Barrio de Santa Cruz. De Santa Cruz, claro. O el asesinato a cámara lenta del cruzado Miguel Angel Blanco. Los etarras y asociados celebran con champán el continuo fracaso de esta permanente cruzada antinacionalista. En el último año y medio, el PP ha perdido 14 cruzados; el PSOE, menos. Los infieles, ninguno. Ya digo que estos cruzados son rarísimos; no matan, se dejan matar y, después de muertos, se les puede insultar. Gratis.

Decenas de empresarios vascos han cedido al nuevo chantaje de ETA
La banda emplea nombres y direcciones de familiares en las cartas que les envía
CARLOS SEGOVIA. Enviado especial El Mundo 21 Mayo 2001

BILBAO.- Decenas de empresarios vascos han decidido ceder a la nueva táctica de chantaje de ETA y pagar el impuesto revolucionario. La decisión de ETA de enviar cartas de forma masiva con el nombre y dirección de familiares y amigos en los remites ha tenido impacto.

«Esta novedad ha provocado especial angustia, porque añade una perversión más al ya de por sí perverso chantaje del impuesto, porque es extender la desazón a un colectivo más amplio como es el conjunto de la familia», admite José Guillermo Zubía, secretario general de Confebask, la patronal que agrupa a 12.000 empresas.

«Se está pagando a ETA en cantidades industriales», afirma un importante empresario miembro de una conocida estirpe vasca. Este, tras consultar con su esposa e hijos, decidió no pagar, pero sabe que la última táctica de ETA ha tenido impacto entre algunos de sus allegados. «Cuando ves en el remite a un familiar o a un amigo y ves que ETA sabe dónde viven, es difícil resistir», comenta.

«Si continúa el clima de violencia, la sociedad tendrá que preguntarse si quiere empresarios, si cree que puede exigirles que sigan en primera fila», dice el director del Círculo de Empresarios Vascos, Enrique Portocarrero.

Los remites
Desde los dos últimos meses en que se empezó a percibir la nueva táctica recaudatoria de ETA, se han dado casos de cartas cruzadas entre hermanos empresarios cuyo contenido es la terrible misiva de ETA. Las cartas son las mismas habituales escritas en euskara y con traducción en posdata al castellano.

«Si con cinco millones te dejan en paz a ti y a tu familia, te planteas pagar», piensa el dueño de un conocido restaurante vasco, que acaba de tomar la decisión.

«Los empresarios se guardan su secreto y no lo esgrimen como argumento para justificar una menor subida salarial, pero está claro que se paga; hay establecimientos muy importantes a los que nunca rompen cristales», afirma Carlos Trevilla, secretario general de UGT en el País Vasco.

El colectivo
ETA solía dirigir sus exigencias recaudatorias a los principales empresarios y banqueros, pero ha tenido que cambiar, porque los grandes son los que menos pagan. Cada vez más se está dirigiendo a profesionales que, al estar menos custodiados, pueden ser más vulnerables. Hosteleros, abogados, médicos, futbolistas y otros profesionales con alto volumen de ingresos son objetivo.

El terror
El asesinato, el pasado año, del presidente de Adegi, la patronal guipuzcoana, José María Korta, fue un mensaje especial de ETA a la clase empresarial. Korta, nacionalista y muy representativo del empresariado, nunca había recibido una carta para pagar el impuesto, pero se había alineado con la posición moderada que defiende Confebask. Con Korta, ETA ha asesinado a una treintena de empresarios y secuestrado a más de 50 desde 1970. Algunos extorsionados acuden a Confebask, que les presta ayuda psicológica y les recomienda no pagar.

Las rebajas
«Hace años te pedían 25 millones, pero ahora se conforman con cinco o 10», afirma un industrial. En Confebask han detectado últimamente una horquilla amplísima que puede ir desde las 500.000 pesetas hasta los 80 millones. «Y las cantidades que se reclaman no corresponden a los teóricos ingresos de los extorsionados; a veces parece que, más que recaudar, sólo quieren intimidar», afirman en la patronal vasca.

Los proetarras reanudan la oleada de actos de «kale borroka»
VITORIA. J. J. Saldaña ABC 21 Mayo 2001

Tras las elecciones del pasado fin de semana, el País Vasco ha sido víctima de una nueva ola de actos de «kale borroka» con un total de seis acciones violentas entre el sábado y el domingo, sin que se practicara ninguna detención. El ataque más grave tuvo lugar en Vitoria el sábado contra el domicilio particular del portavoz del Grupo socialista en las Juntas Generales de Álava, Juan Carlos Prieto.

Poco después de este atentado tuvieron lugar otras dos explosiones en los aledaños del Instituto Social de La Marina, situado en el bilbaíno barrio de Begoña. Unas tres horas mas tarde unos proetarras lanzaron «cócteles-molotov» contra la sede de la Seguridad Social de Basauri. Finalmente, sobre las siete de la mañana, en otro ataque, se intentó quemar un autobús de la compañía Tecsa, en Lekeitio. A todos estos actos, ocurridos en Vizcaya, hay que sumar el ataque contra un repetidor ubicado en el monte Karakate en Soraluze, Guipúzcoa, ocurrido en la madrugada del sábado. Asimismo unos desconocidos arrojaron pintura roja y amarilla contra un «batzoki» de Bilbao.

¿Un discurso sin preguntas?
Luis GONZÁLEZ SEARA La Razón 21 Mayo 2001

En la actual política europea se habla mucho de retos, globalizaciones y mensajes, pero se hacen pocas preguntas innovadoras. La cosa es preocupante. Dice Martin Heidegger que las preguntas son como la devoción, la oración, del pensamiento humano. Y, en el caso de la política, hay que plantearlas con toda crudeza, para intentar después darles respuestas imaginativas que impulsen hacia delante la vida colectiva. Se puede considerar que lo político se halla moribundo y que los propios políticos andan desazonados con el hecho de que los ciudadanos los valoran mal y se desentienden de sus guerras verbales, como piensa Hans Enzensberger. Pero la realidad también muestra que los ciudadanos someten al Estado a una inflación de demandas, sin reparar en lo inadecuado u obsoleto que pueda hallarse el sistema institucional. 

Y aquí deben comenzar las preguntas. ¿Tiene sentido que se exija al gobierno del Estado una actuación urgente y eficaz en el mal de las vacas locas, pongamos por caso, cuando el tribalismo autonómico ha dejado al Estado central sin competencias ni para improvisar una incineradora del ganado? Y hecha esta pregunta elemental, se podría pasar a una de más calado. ¿Puede alguien explicar por qué EE UU se esfuerza en avanzar políticamente, reforzando la capacidad del Estado para actuar, no sólo en el orden internacional, sino incluso en la garantía de derechos de ciudadanía antes descuidados, mientras Europa experimenta una peligrosa regresión nacionalista, con guerras sangrientas y una empecinada carrera hacia la insolidaridad movilizada para dejar sin agua y sin voto al vecino? Pasado el entusiasmo inicial de la caída del muro de Berlín, el hundimiento de la URSS y, con ella, la desaparición del enemigo del Este ¿por qué ahora el enemigo se ha vuelto hacia dentro, dispuesto a desenterrar el hacha de la guerra civil? 

¿Adónde creen los europeos ¬da igual que sean serbios, vascos o corsos¬ que se puede llegar con el principio étnico de la autodeterminación, en una sociedad mundializada que ha enviado el letal concepto de soberanía al museo de las antigüedades? ¿Es necesaria una nueva confrontación bélica en Europa para que pueda emerger definitivamente la nación europea unida? ¿Hay alguien interesado en ello? A lo mejor, sólo se trata de la estulticia ciega del europeo opulento. Hace unos años, George Steiner, escribía: «Se han acumulado pruebas de que es muy difícil para el hombre, particularmente para el hombre desarrollado, altamente cualificado y tecnológicamente equipado, soportar largos periodos de paz... Parece como si las grandes fuerzas del aburrimiento, del fastidio, construyeran en nuestro interior complejos sistemas sociales y crearan tensión para lograr una violenta liberación». No se puede ser más explícito. ¿Cabe esperar que la UE tome el acuerdo de que permanecerá fuera de sus fronteras cualquier etnia o territorio que se separe de un Estado miembro? He ahí una pregunta que exigiría una respuesta clara.

Resentimiento de lo español
Antonio GARCÍA-TREVIJANO La Razón 21 Mayo 2001

Lo podemos ver hoy en todos los medios de comunicación no nacionalistas o no comprometidos en sus intereses empresariales con la situación creada. Menos mal que la portada histórica de LA RAZÓN, sobrevolando lo inmediato, obliga a la reflexión. Por mi parte, como político que inició el proceso frustrado de la ruptura democrática de la dictadura, sólo puedo decir que nunca antes me había sentido públicamente comprendido en mi resistencia de veinticinco años contra los falsos valores, no democráticos, de la Transición. Tanto en lo referente a la libertad política, y a la verdad de los hechos históricos, como a la configuración del Estado de Autonomías. Ahora empieza a verse una parte del desastre a que nos conducen. ¿Por qué ahora y sólo en parte?

   El afán de poner fin al terrorismo ocultaba, a los ojos inocentes, el móvil profundo de la «cruzada antinacionalista», justamente denunciada por Pujol. El sólo hecho de que al frente de la misma figurara el ministro del Interior demostraba que el objetivo no era aumentar la eficacia policial contra Eta, sino desplazar al nacionalismo de la gobernación del País Vasco, bajo el pretexto de su pacificación. Una simpleza de tipo militar que obligaba a identificar nacionalismo y terror. Una estrategia tan torpe, de quienes no siéndolo han parecido retrasados mentales, tenía que responder a otros sentimientos viscerales difíciles de reprimir en el Gobierno de los intereses, clases y categorías que antes sostuvieron la dictadura nacional.


   La frustración no habría sido tan profunda si la cruzada no hubiera sido tan extensa, ni contado con el concurso impúdico de la intelectualidad. Ha pasado lo mismo que cuando para desalojar a Felipe González, bajo el pretexto de su indudable corrupción, muchos medios y personas de conciencia progresista, en lugar de abstenerse, pidieron el voto para el PP. Es fácil suponer que el primer partidario de la cruzada era Eta. Nadie le negará que hizo lo que pudo, con el atentado de Zaragoza y el coche bomba de cierre de campaña en Madrid. Si no había logrado su máxima aspiración ¬que se declarara el estado de excepción¬, esperaba que la invasión de los cruzados produjera en el PNV una reacción similar a la de una intervención del ejército.

   La frustración de deseos anidados en la penumbra de los sentimientos se manifiesta incluso en los habituados a pensar con tino. El sentimiento natural de lo español era, en ellos, más profundo de lo que creían. De otra forma no se comprendería su actual resentimiento ante el fracaso de la cruzada española. No hablo de los que nunca apartaron de su conciencia la aberración de hacer incompatible la democracia con la unidad de España, sino de la enorme cantidad de buena gente que rechazó la afirmación de lo español para alejarse de la dictadura que lo tomó como identidad del vencedor. Ahora brota del inconsciente en forma de resentimiento colectivo. O sea, de un segundo sentimiento que busca justificarse en otra fuente de desilusión distinta de la real. Son las ilusiones infundadas las que crean desilusiones irracionales.

   Era infundada la esperanza de que el ministro del Interior triunfara en el tema donde tanto había errado. Y hoy es fácil de comprobar, en los columnistas y opinantes de la derrota, que la desilusión no viene de una anterior ilusión de acabar con el terrorismo, sino de no haber cercenado la posibilidad de que el soberanismo del PNV utilice el pretexto de la negociación con Eta para dar un paso irreversible a la independencia de Euskadi. Esas personas creen estar tristes y desesperanzadas, y no resentidas, porque son generosas y no conocen que el más insidioso de los resentimientos surge del fracaso de las ideas o creencias en las que se vive. Pues el riesgo de secesión no lo crea, en España, el separatismo nacido de la libertad de asociación. Y lo diré.
 
Nota del Editor 21 Mayo 2001
 
Si pudiera, le recomendaría al Sr Trevijano que echase un vistazo a la página de AGLI, donde hace ya algunos años que tenemos nuestro slogan antinacionalista, así que de ocultar el móvil de la campaña antinacionalista, nada; si tuviera tiempo de seguir leyendo en nuestra página, por cierto, en general de más fácil comprensión que sus, a menudo,  farragosos razonamientos, se daría cuenta de que esta vez no anda bien centrado. Y aquí seguimos los republicanos luchando por las causas perdidas (si hay suerte hasta que la sociedad se despierte).
 
El 13 de mayo produce espejismos
Lorenzo Contreras La Estrella 21 Mayo 2001

Estamos en el espejismo. El lenguaje moderado de Ibarreche como lehendakari confirmado en las urnas y pendiente de ratificación parlamentaria está haciendo soñar a muchos con una entrada de Euskadi, bajo la férula nacionalista reeditada el 13 mayo, en vías de relativa tranquilidad y moderación política. Para llegar a estas conclusiones optimistas se recurre a una base: la victoria del PNV procede del castigo electoral recibido por EH/HB, lo cual significa que ha habido una opción no radical en el mismísimo sector abertzale, con traslación de votos de esta procedencia al mundo nacionalista democrático, es decir, no violento. Y, por tanto, si se ha castigado al brazo político de ETA, queda claro que es la propia banda terrorista la destinataria por excelencia del rechazo electoral. 

De ahí a pensar que ella misma va a modificar su comportamiento y ensayar posibilidades políticas emparentadas con algún tipo de tregua sólo hay la distancia que media entre el sueño y la alucinación febril. De momento le ha puesto una bomba al portavoz socialista en las Juntas de Álava, manteniendo así el clima de tensión persecutoria que existía antes de las elecciones contra todo lo que oliese a español o sonase a sintonía con Madrid.

Si resultase ser verdad que Ibarreche, con Arzallus a su sombra, rechazará toda relación con EH mientras no abandone su línea presente, habría motivos para imaginarse un retorno de la política nacionalista a los tiempos de los pactos de Ajuria Enea. Pero esa perspectiva no tiene por qué autorizar la presunción de que tales pactos más o menos reeditados conducirían a una etapa tranquilizadora. En plena vigencia de aquéllos, antes de la llegada de la locura lizarresca, ya se vio y comprobó la fragilidad de la situación entonces reinante, la influencia que los atentados de ETA ejercían sobre las convicciones pacificadoras de los dirigentes nacionalistas y el progresivo naufragio de la "Línea Ardanza", incluso antes de que el PNV rompiese sus entendimientos parlamentarios y su relativa avenencia con el Gobierno central.

En el seno del abertzalismo han surgido síntomas de descontento con la trayectoria de EH, algo así como una recapacitación política de sus cabezas principales para que no se incurra en el error de abandonar la presencia en el Parlamento de Vitoria. El propio Otegui parece haber asumido una actitud más templada que la de antaño, después de haber reconocido que la violencia etarra perjudicó las posibilidades de su formación política en las urnas del 13 mayo.

Ya en los albores de la precampaña electoral, la corriente Aralar de EH, con el navarro Patxi Zabaleta en primera línea, hizo llegar a la cúpula batasuna una petición aclaratoria de sus intenciones poselectorales sobre la ocupación de los escaños que le correspondiesen en el Parlamento de Vitoria. Parecía una muestra de cansancio ante el seguimiento pertinaz de un camino hacia ninguna parte. Recuérdese que el pasado 22 de febrero, cuarenta y ocho horas después del asesinato de dos trabajadores vascos en Martutene, Zabaleta publicó un artículo titulado "Hasta aquí hemos llegado".

Aralar había ido ganando presencia polémica a partir de la terminación de la tregua etarra, el asesinato de Ernest Lluch y el propio atentado de Martutene. Otegui intentó quitar importancia a estas desavenencias de método, que coincidían con un pronóstico del abogado Txema Montero, antiguo dirigente abertzale, según el cual podía producirse una ruptura entre EH/HB y la corriente crítica. Según Otegui, si se registrara esa escisión, sería muy limitada. Y llevaba razón porque no llegó a consumarse hasta ahora. El dirigente de EH culpó al PNV de inspirar el descontento de Aralar, aunque redujo la importancia política del directo causante, que habría resultado ser el moderado nacionalista Juan María Atucha. De coña.

Por entonces ya las encuestas perfilaban un descenso del voto proetarra y un desplazamiento del sufragio independentista hacia el PNV, que es precisamente lo que ha ocurrido. Esto último sí que ha distado de ser una broma o una patraña. Ahí están los datos y, por supuesto, un relativo acto de contrición, en labios de Otegui, por los pecados políticos cometidos. Pero, atención. Será ETA la que marque la ruta. Todo lo demás es, a escala de conclusiones anticipadas, puro espejismo.

Dos rencores
ANTONIO BURGOS El Mundo 21 Mayo 2001

Esto de dos rencores, ¿a que les suena a bolero de cantor melódico con dedicatoria previa? Eso que sale el vocalista con el bigotito y dice en el micrófono: «Y a continuación, y a petición de una amable señorita, voy a interpretar el bolero que lleva por título Dos rencores». En este baile, los dos rencores son las dos amargas gardenias para ti, Jaime Mayor Oreja, en la margarita se llama mi amor a la Constitución que deshojan para formar Gobierno en la autonomía vasca. Vamos, en este país, por decirlo en términos tan políticamente correctos como el mapa con las nuevas cadenas de Navarra que luce Karmona en su camiseta cuando lo entrevistan.

Redondo acabará entregando la cuchara, porque está cogido entre dos rencores. Se barrunta un pacto entre dos rencores. Pero no dos rencores cualesquiera. Son dos rencores de cinco estrellas. Ríanse de Viriato al lado del rencor de González y de Arzalluz, sobre un horizonte editorial y de titulares de primera donde el polanquerío se queda con el oro y el moro de las exclusivas de publicidad del cinturón de hierro mediático del PNV. Tras la traición de Audax, Ditalco y Minuro y la matanza del pretor Galba, Viriato juró odio eterno a los romanos. Pero eso de los romanos en general era muy vago y difuso, por muy eterno que fuera el juramento de odio. Lo de estos pastores nada lusitanos de sus rebaños es un odio mucho más concentrado y concreto. Debemos entender que González y Arzalluz han jurado odio eterno a los romanos, pero que el romano en este caso es sólo uno, y se llama Aznar. No se lo perdonan. ¿El qué? Todo. No le perdonan nada. El uno, que lo derrotara en las urnas por dos veces. El otro, que se empeñe en defender la Constitución. Si el uno está en el ámbito vasco de soberanía, el otro anda en el ámbito español del rencor, que no sé qué será peor. Estar cogido entre estos dos rencores es como si le viene a uno el AVE de Puertollano por un lado y el Alaris de Valencia por el otro. Eso no hay quien lo resista, y dudo que Redondo lo aguante. Lo fácil ante estos rencores es hacer como Madrazo, que ya se ha tirado de espontáneo, pero no para pegarle tres mantazos a la Constitución, sino que éste va de Audax, Ditalco y Minuro en una sola pieza y a cambio quiere que lo pongan en el cartel de Ajuria Enea poco menos que de José Tomás.

En éstas, me explico perfectamente lo del Campeonato Mundial de Póquer. Como Carlos Mortensen estaba en Las Vegas y hasta allí no llega el fuego cruzado de los dos rencores, pudo gritar libremente «¡Viva España!» Cualquiera es el guapo que se atreve a gritar «¡Viva España!» en Mendizorroza, cuando el Barcelona le va ganando por 1 a 0 al Alavés...  www.antonioburgos.com 

Testimonio de valentía
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 21 Mayo 2001

Gorka Landaburu apareció ayer en las pantallas de televisión a través de TVE y confesó que tras el estallido del paquete bomba gritó algo así como «me han cazado». Y decía que más que un alarido de dolor era una muestra de rabia: al final, los terroristas lo habían conseguido.

   Es imposible resignarse a que las cosas que pasan tengan que seguir así cuando se ve un testimonio de valentía como el del periodista. Más bien pareciera que hablaba un herido de una guerra y no la víctima de un atentado. Como si durante mucho tiempo se hubiera mentalizado de que eso podía ocurrir; y como si de mucho pensarlo hubiera llegado a la conclusión de que si le eliminaban por defender las ideas de paz y libertad no tendría importancia, pues otros seguirían en esa batalla.

   Quizás por eso dice con aparente tranquilidad «me han amputado dos dedos, pero no la lengua». Lejos de amedrentarse, Landaburu sigue en la brecha ¿Qué pensarán sus asesinos cuando lo vean? ¿Qué fuerzas pueden tener para seguir matando? ¿Qué más pruebas necesitan algunos para cambiar de actitud?

   No parece que Landaburu quiera menos a su tierra y a sus costumbres y a su familia que los que han querido matarle. Y no parece que aquéllos sean más valientes que este hombre que resignada mente habla del problema con su ojo, con sus manos y con su oído como si estuviera convaleciente de un accidente de tráfico porque resbaló el coche en un charco de aceite.

   Es decir, que haya pasado lo que haya pasado, va a seguir clamando por la paz y por la libertad con la misma fuerza que antes de perder los dedos.

   Los terroristas han querido silenciarle, pero lo que han conseguido es un testimonio más para repudiarles.
 

¿Y los michelines?
IÑAKI EZKERRA El Correo 21 Mayo 2001

Aparecieron durante la legislatura de Lizarra y como una alternativa a Lizarra. Arzalluz los llamó «grasa que le sobra al partido», «michelines». Y uno cuando los veía en actos públicos, en inauguraciones, cócteles y manifas constitucionalistas, no podía quitarse de la cabeza esa imagen tan plástica y tan fisiológica. Uno se los imaginaba, en efecto, como michelines andantes por las alfombras y por las tarimas del parquet a la manera de esa mano autónoma que corretea sola por los salones en las películas de la familia Adams.

Se dijo de ellos que eran la prueba del pluralismo del PNV y de que en éste había más voces que la de Arzalluz. Se dijo que eran la reserva ética de ese partido. Y se dijo también que eran simplemente una estrategia, una «farsa posibilista», gente a lo sumo pragmática y realista que trataba de salvar los muebles ante una apuesta radical que, planteada nítidamente y como una reedición de Lizarra, prometía serios riesgos.

Algo de caso les hizo el PNV cuando suavizó su discurso en la campaña electoral, escondió las bravuconadas etnicistas en un armario y maquilló lo mejor que pudo a un Ibarretxe que ahora prometía no pactar con EH, que defendía el Estatuto, aunque con la boca pequeña para no entrar en escandalosa contradicción con su programa soberanista, y que prometía traer la paz al País Vasco. Esa operación les ha salido bien, hay que reconocerlo. Gracias a ella han ganado estas elecciones.

Por buscar alguna lectura positiva desde el lado constitucionalista, o sea desde el lado de los perdedores, esta legislatura que ahora comienza va a servir para que el PNV quede radiografiado de cuerpo entero. Con ese triunfo se va a ver realmente qué es esa formación política, si se lanza a sus pretendidas aspiraciones vertebradoras de la sociedad vasca, si trata de asumir de verdad ese hasta ahora más que discutible papel de ‘opción moderada’ o ‘partido guía’; si crea, en fin, el discurso civil que hasta hoy no ha tenido o si nos mete en una Lizarra 2 en la que la fuerte apuesta ideológica de la independencia se combine con los atentados.

Por fin se va a poder saber quién es Ibarretxe y si existían de verdad unas voces discrepantes en ese partido frente a la de Arzalluz. Si dentro de uno o dos años alguien se pregunta qué fue de los michelines como quien se pregunta ahora qué fue de Mario Cabré o de Herta Frankel, habrá que pensar que eran un truco cinematográfico como esa mano que pulula sola por los pasillos y los salones de la mansión de los Adams.

Los nuevos españoles
JAVIER ARTETA El Correo 21 Mayo 2001

El fenómeno de la inmigración nos ha cogido por sorpresa, como ocurre frecuentemente con todo lo que, de la noche a la mañana, altera sustancialmente nuestra realidad. Sabíamos que había gente que cruzaba en pateras el estrecho y perdía la vida en nuestras costas o caía en manos de la Guardia Civil. Nos llegaban ecos lejanos de agresiones pandilleras a seres humanos que habían cometido el delito de abandonar la miseria de su país, buscando mejor acomodo en el nuestro. Pasábamos, no obstante, de página o de canal; y no, seguramente, por mala voluntad, sino en virtud de esa atención distraída que suele dedicarse a lo que, estando entre nosotros, no acaba de ser nuestro.

Bueno, pues ya lo es, a juzgar por la evolución de los acontecimientos. Hoy se puede afirmar, sin incurrir en exageración alguna, que la inmigración ha perdido en España su carácter exótico, para convertirse en algo auténticamente nacional. Y empezamos a ser plenamente conscientes de que los inmigrantes han venido aquí para quedarse, no como extranjeros a quienes con paternalismo se les consiente ‘ganarse la vida’, sino como personas dispuestas a compartir ciudadanía, como conciudadanos sujetos a los mismos derechos y deberes que el resto de nuestros compatriotas.

Y, poco a poco, los miedos, los silencios y el espíritu de sumisión que parecían propios de los recién llegados se han ido transformando en rebeldía, coraje, autoafirmación y actitud reivindicativa. Paulatina, pero perceptiblemente, quienes, asustadizos y atemorizados, ‘tragaban con todo’ para sobrevivir, se van transformando a ojos vistas en un colectivo organizado que lucha por sus intereses, defiende su dignidad, organiza huelgas, se encierra en iglesias, condiciona el debate político (al menos, el que le afecta más directamente) y hasta se atreve a perseguir por las calles a un distinguido político octogenario, ‘catalán de toda la vida’, que se permitió expresar, sobre la inmigración, opiniones francamente sonrojantes, por utilizar una expresión benévola.

Esta realidad, parece que irreversible, ha disparado las señales de alarma de todos los nacionalismos hispanos. O, para ser más precisos, ha puesto al descubierto la existencia de un mismo nacionalismo español que tal vez ofrezca manifestaciones diversas y hasta enfrentadas, pero que, en el fondo, comparte la misma obsesión identitaria y los mismos recelos; y, hasta cierto punto, la misma actitud defensiva, corres pondida con la misma comprensión mutua ante la ‘amenaza externa’ representada por quienes se instalan entre nosotros para engullir, con el pan de nuestros hijos, la propia identidad nacional, según determinan los que se consideran propietarios seculares del territorio supuestamente invadido.

De ahí que declaraciones tan abiertamente racistas y xenófobas, como las expresadas recientemente por Marta Ferrusola y Heribert Barrera, amén de destapar una preocupante complicidad política, institucional y social en Cataluña, hayan encontrado una reacción tan tibia por parte de un Gobierno de España especializado en zarandear nacionalismos excluyentes, normalmente ‘periféricos’. Reacción que prácticamente se redujo a unas declaraciones leídas por el portavoz gubernamental y dichas más bien con la boca pequeña, como para salvar el expediente. Declaraciones que, a su vez, se vieron contestadas por alguna puntualización hecha desde el nacionalismo catalán, sin ánimo tampoco de ‘hacer sangre’. La cosa, por tanto, no fue a más, porque lo cierto es que todos tenían razón.

Tenía razón Pío Cabanillas cuando advirtió el riesgo de que los nacionalismos periféricos alienten la xenofobia y el racismo, por la defensa a ultranza de sus identidades. Es casi innecesario advertir de tal peligro cuando, como ocurre en nuestros lares, el peligro salta a la vista, porque aún no se ha determinado quién es ciudadano de Euskadi al cien por cien y los censos, por ello, tienden a duplicarse peligrosamente. Hoy es el día en que el Parlamento vasco se ve en la obligación de recordar que «todos los ciudadanos vascos se hallan en posesión de los mismos derechos, independientemente de su lugar de nacimiento». Y lo recuerda, no por caprichos partidistas, sino saliendo al paso de periódicas andanadas contra los inmigrantes, ¡establecidos aquí desde hace decenios!, como las proferidas por el máximo dirigente del PNV.

Pero también llevan razón los nacionalistas periféricos, al matizar, por boca de un portavoz convergente, que con precedentes como el de El Ejido, ni el PP ni su Gobierno están como para tirar cohetes. La actitud defensiva con que el Ejecutivo de Aznar está tratando el tema de la inmigración, considerado básicamente un problema de orden público (problema y, además de orden público, equiparable al del terrorismo, según los ministros Mayor Oreja y Rajoy), no parece mostrar precisamente indicios de una idea de nación especialmente abierta y acogedora. Máxime si, de forma recurrente, nos encontramos con dichos y hechos de quienes ostentan máximas responsabilidades en la materia, como el delegado del Gobierno para la Extranjería, Enrique Fernández-Miranda.

El promotor de ese fantasmagórico viaje de ida y vuelta para que miles de inmigrantes ecuatorianos regularicen su situación, ha sido también quien, más recientemente, ha dejado caer su abierta preferencia por el inmigrante católico sobre el de otras confesiones religiosas, con el argumento indemostrable de que los católicos se integran mejor en la sociedad española. Resucita así prejuicios ancestrales propios del mito reconquistador, profundamente etnicista, del nacionalismo hispano, conformado en muy buena medida por su ‘cruzada contra el infiel’. Unos prejuicios aún arraigados en buena parte de la sociedad española, cuya agresividad contra ‘el moro’, y los que vienen tras él, ha crecido alarmantemente en los últimos tiempos.

Y es que la inmigración se ha convertido ya en algo tan nuestro, tan español, que puede incluso determinar la calidad y el futuro de nuestra democracia. Y no será reeditando el ‘Santiago y cierra España’ como nos prepararemos mejor para enfrentarnos a esta nueva realidad, sino volviendo al espíritu constitucional y su probada capacidad de alimentar consensos básicos que proporcionen mayores dosis de estabilidad política para el conjunto del país.

 

Recortes de Prensa   Página Inicial