AGLI

Recortes de Prensa     Martes 22  Mayo   2001
#Las elecciones y la moral
Ignacio Sánchez Cámara. Catedrático de Filosofía del Derecho ABC 22 Mayo 2001

#Un grupo de riesgo
MIGUEL ÁNGEL AGUILAR El País 22 Mayo 2001

#Nueva etapa
Ramón PI ABC 22 Mayo 2001

#¡No te vayas!
Jaime CAMPMANY ABC 22 Mayo 2001

#Tigrekán I, Rey de los Buitres
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 22 Mayo 2001

#Elecciones
ROSA MONTERO El País 22 Mayo 2001

#Carta a Ibarretxe
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 22 Mayo 2001

#La manzana de Madrazo
Iñaki EZKERRA La Razón 22 Mayo 2001

#Mujeres vascas, las otras víctimas de la violencia de Eta
Mª Enriqueta BENITO BENGOA es vicesecretaria General de Unidad Alavesa La Razón 22 Mayo 2001

#ETA y el FLN
RAUL DEL POZO El Mundo 22 Mayo 2001

#El PNV necesita al PSE... para la independencia
Enrique de Diego Libertad Digital 22 Mayo 2001

#NI EL PP DEBE QUEDARSE QUIETO NI EL PSOE CORRER TANTO
Editorial El Mundo 22 Mayo 2001

#Un michelín de menos, 100 kilos de más
Julián LAGO La Razón 22 Mayo 2001  

#La autodeterminación
Pío Moa Libertad Digital 22 Mayo 2001

#Xabier Arzalluz primero insulta y luego difama
Impresiones El Mundo 22 Mayo 2001

#Pero, ¿es que se va el caimán?
Lorenzo CONTRERAS La Razón 22 Mayo 2001  

#La educación
Dalmacio NEGRO La Razón  22 Mayo 2001

#Xabier se va, pero ¿vuelve!
Fernando JÁUREGUI La Razón 22 Mayo 2001

#La librería Lagun abrirá en junio pese al acoso de la violencia proetarra
VITORIA. J. J. Saldaña ABC 22 Mayo 2001 

 

Las elecciones y la moral
Por Ignacio Sánchez Cámara. Catedrático de Filosofía del Derecho ABC 22 Mayo 2001

LAS cuestiones morales no se dirimen mediante el sufragio universal. Las elecciones no otorgan razones ni deciden acerca de lo verdadero y lo falso, de lo bueno y lo malo. El procedimiento democrático de toma de decisiones, en sí mismo moral, no garantiza la justicia de las decisiones adoptadas. El cuerpo electoral no es un oráculo que profiere las palabras divinas. Absurda extravagancia fue aquella de someter a votación parlamentaria la existencia de Dios. Las urnas reflejan la voluntad popular, pero no dirimen cuestiones morales y de razón. Seiscientos mil hombres son más que cuatrocientos cincuenta mil, pero no tienen ni más razón ni más derechos. La mayoría que aplasta a la minoría es antidemocrática e ilegítima. Perder unas elecciones no tiene por qué entrañar la renuncia y la dejación de las propias convicciones. Los crímenes de ETA poseen la misma perversidad con independencia de que el PNV sume ciento sesenta mil votos más o EH vea reducidos sus escaños a la mitad.

Un puñado de votos otorgan apoyo popular mas no dignidad moral. No todo lo que emana de las urnas es bueno. ¿Estarían dispuestos los demócratas frenéticos de ocasión a sostener que Israel tiene toda la razón en su conflicto con los palestinos y los países árabes porque su política obtenga el apoyo de un Parlamento democrático? ¿O a que la pena de muerte sea justa porque una determinada mayoría quiera implantarla? Al parecer, todavía abundan los beatos de la democracia morbosa que creen que el sufragio universal decide sobre cuestiones científicas, morales, estéticas y religiosas. Existen las mismas razones para sostener que la mayoría tiene siempre la razón moral como para pretender que el mejor libro sea el más vendido. Perder las elecciones no significa perder la razón. Perder las elecciones no obliga a abdicar de las propias convicciones morales. Ser demócrata obliga a aceptar la victoria electoral ajena, mas no a hacer propios los valores, o los contravalores, de la mayoría ganadora. En suma, no existe ninguna razón para dejar de defender después del 13 de mayo lo que defendíamos antes: la unidad de España, la vigencia de la Constitución y del Estatuto de Autonomía vasco, el valor de la vida, la libertad y la dignidad humanas. Por muchos votos que tenga detrás, si el futuro Gobierno autónomo vasco conculca los derechos de los ciudadanos no nacionalistas no será un Gobierno legítimo. Una cosa es que muchos vascos quieran caminar hacia la independencia, inmenso desatino histórico, y otra que sea lícito transitar hacia ella por cualquier itinerario.

Decía Fichte que la misión del político consiste en declarar lo que es. Sólo reconociendo la realidad se puede actuar sobre ella. Pero una cosa es contar con la realidad y otra conformarse con ella y no aspirar a cambiarla. Por más vueltas que se le dé, los dos partidos constitucionalistas han sufrido un grave revés electoral que entraña una tristísima realidad para España. El triunfo del PNV no admite discusión ni reserva: no sólo se ha adueñado de la mitad del botín electoral proetarra sino que ha recibido la mayoría de los votos que antes no llegaban a las urnas. Pero ante estos resultados adversos, no debemos ser, como ante nada en la vida, ni apocalípticos ni ilusos. Lo peor, junto a la derrota de los constitucionalistas y, lo que es aún peor, de los defensores de las víctimas y de los oprimidos, es la indecente insolidaridad de la mitad de un pueblo con las víctimas, miembros de ese mismo pueblo, que padecen un hostigamiento criminal. Esta actitud sitúa a gran parte de la sociedad en los límites del envilecimiento moral. No es lícito otorgar más valor a los propios objetivos políticos que a la vida y a la libertad de quienes disienten de ellos. Por otra parte, una mayoría política no puede utilizarse para atacar la legalidad, aunque sí para cambiarla legalmente, ni para romper una nación centenaria. Los resultados del 13 de mayo no suspenden la validez de la Constitución ni del Estatuto sino que, por el contrario, se fundamentan en ellos. Hoy, como antes del día 13, sigue siendo crimen el crimen. Hoy, como antes, sigue siendo inmoral la exclusión política y, en muchos casos, física, de los no nacionalistas. Hoy, como antes, sigue siendo el independentismo un anacronismo estéril y una traición a la historia.

Es natural que algunos sientan la tentación de sucumbir al desaliento, pero no nos está permitido. Es preciso reconocer la realidad y actuar de acuerdo con ella, pero sin renunciar a los principios. La derrota, mayor por las expectativas que se habían suscitado, no puede justificar las opiniones oportunistas de quienes ahora exigen rectificaciones y responsabilidades. Nunca se puede rectificar el cumplimiento del deber. Otra cosa es lo que ahora aconseje la prudencia política que, en ningún caso, puede entrañar la renuncia a los principios morales. No se puede confundir el error en los pronósticos con el error sobre los principios. Éstos no pueden quedar afectados por las previsiones equivocadas. Una cosa es defender principios e ideales y otra ejercer de adivino. Y, sobre todo, no hay mayoría política que justifique el abandono a su suerte de quienes han dado el más alto ejemplo de valor y coraje cívico. No están solos.

Los resultados son los que son, pero no cabe omitir la profunda anomalía bajo la que se han producido. Mientras la vida, la libertad y el ejercicio de los derechos de la mitad de los vascos no estén garantizados, mientras la educación y la policía se pongan al servicio de una parte de la sociedad, no es posible sostener que exista una verdadera democracia. No son el PP y el PSOE quienes tienen que rectificar (salvo en la solidez de sus pronósticos y, tal vez, en su estrategia ante la nueva mayoría del nacionalismo vasco, mas no en sus objetivos y principios), sino el PNV, que, en parte ya lo hizo durante la campaña al negarse a pactar con EH mientras no condenara el terrorismo, y después, al rechazar incluir a la coalición proetarra en las futuras negociaciones mientras persista en su actitud.

Vienen tiempo difíciles. Llevamos muchos años en ellos. Pero es en esos momentos de profunda crisis histórica en los que más deben imperar la serenidad, la inteligencia, el valor y la decencia moral. Y también la paciencia. Vencer no es lo mismo que convencer. La sinrazón no deja de serlo porque obtenga la adhesión de muchos. La mayoría que oprime a la minoría es antidemocrática e injusta. Perder las elecciones no significa perder la razón. Mientras exista la violencia terrorista, no hay nada que negociar. Se negocia la política, pero la moral es innegociable.


Un grupo de riesgo
MIGUEL ÁNGEL AGUILAR El País 22 Mayo 2001

Sobre la condición dañina, contraproducente, de los entusiastas excesivos, que desnaturalizan cuantas causas adoptan, se ha escrito algo en estos días mientras se digerían los resultados electorales del 13 de mayo en el País Vasco. Pero el perjuicio causado por los entusiastas desmedidos para nada se circunscribe al ámbito político, puede observarse en las confrontaciones militares, culturales, deportivas o periodísticas. Véase, por ejemplo, el grave daño que le hicieron al Real Madrid los ultrasur, que nunca eran desautorizados del todo por los sucesivos presidentes del club, para quienes esa hinchada constituía un activo tal vez poco manejable y de aparente zafiedad, pero necesario preservar de todo punto en aras de su pretendida utilidad para ocasiones comprometidas.

Claro, que en el principio de las grandes empresas no fue la flema, sino el esfuerzo continuado de muchos. Y que la expansión británica, por ejemplo, o la aventura textil de Inditex, el descubrimiento científico de la neurona por Santiago Ramón y Cajal o los trabajos de la transición en los que se empeñó el Rey sólo después, con el paso de los años, pueden dar origen a esas imágenes coloristas tan cinematográficas de flema imperturbable. Por eso, después de los resultados del 13 de mayo se recomienda la renuncia a ese entusiasmo tan español por el desastre y resulta justo y necesario el reconocimiento del triunfo que en cada momento se haya producido. Pero debe evitarse al mismo tiempo incurrir en el comportamiento que Don Quijote reprochaba a su escudero cuando le dijo aquello de bien se ve, Sancho, que eres villano, de los que gritan viva quien vence.

En el caso que nos atañe ahora, cuando debiera procederse por todas partes a la desmovilización de los que han sido contendientes en las elecciones vascas, se impondría con carácter previo el cumplimiento de algunas obligaciones como la de reiterar el respeto a las víctimas, tributarles el honor permanente que merecen, procurarles el reconocimiento debido y la de exigir del Gobierno de turno que les brinde la protección y la seguridad necesarias contra toda amenaza, en tanto que emplea a fondo los medios precisos para su desactivación definitiva. De ninguna manera ninguna de las víctimas puede llegar a sentir que tras los pasados episodios de la campaña su presencia pasa a ser vista como perturbadora o inconveniente.

Nos corresponde a todos y a cada uno hacer imposible que ninguna de ellas pueda interpelarnos como Miguel Hernández en El rayo que no cesa, cuando nos dice aquello de yo sé que ver y oír a un triste enfada/ cuando se viene y va de la alegría. En modo alguno pueden volver a intentarse las equiparaciones tantas veces padecidas entre las víctimas y los condenados por sus asesinatos, aunque todos sean vascos, españoles, europeos, católicos y descendientes del hombre de Neanderthal.

Durante la travesía que se inicia necesitaremos la compañía de un adalid del patriotismo crítico, José María Blanco White, y releer sus ensayos contra la intolerancia, y consultar a Ángel González en su nuevo libro de poemas (Otoños y otras luces, Tusquets Editores) cuando enmienda a Pedro Salinas y escribe sobre la luz a ti debida.

Hay una luz y un entendimiento de los valores fundamentales que les debemos a las víctimas del terrorismo, que nunca han aportado ceguera a la vida colectiva. Puede que entre ellas algunas puedan responder a la definición que Juan Marsé hace en su novela Rabos de lagartija del héroe de guerra como una mera casualidad sangrienta. Puede que para algunos su tragedia sólo sea explicable en términos de cálculo de probabilidades, como si se tratara de un accidente de tráfico o de una catástrofe natural en forma de desbordamiento, gota fría, seísmo o huracán. Pero, entre nuestros conciudadanos vascos y del resto de España, hay muchos que sienten gravitar sobre ellos una probabilidad reforzada, que sin paranoia alguna se saben objetivos declarados de la amenaza y que conocen de sobra qué deberían hacer para perder su condición de destinatarios predilectos del terror. Por eso, Gorka Landaburu, siempre estaremos en deuda contigo, más allá y más acá de las diferencias de adscripción profesional o política. Tu valor cívico, como el de tantos otros, nos obliga también, más ahora cuando ha de garantizarse a todos que el pleno ejercicio de las libertades cívicas no les incorpora a un grupo de riesgo.

Nueva etapa
Por Ramón PI ABC 22 Mayo 2001 

Las elecciones vascas han iniciado una nueva etapa ciertamente paradójica. A pesar de que la distancia entre el voto nacionalista y el voto integrador es cada vez más pequeña (avance del apoyo a PP, PSE y UA en un 1,83 por ciento desde 1998, y retroceso del apoyo al conjunto de PNV, EA y EH en un 1,89 por ciento), el trasvase de sufragios de EH a PNV y EA pone a estos dos últimos partidos en una situación más cómoda para gobernar, gracias a haber obtenido un escaño más que los integradores. Esta nueva situación ofrece algunos rasgos sobre los que los partidos afectados quizás deberían reflexionar.

El Partido Popular, sobre todo sus concejales y militantes, podría caer en un desánimo que no respondería, en realidad, a un cambio producido en las elecciones, sino a la diferencia entre unas expectativas demasiado optimistas y una realidad sólo modestamente satisfactoria. Jaime Mayor Oreja, en esta tesitura, tiene una obligación añadida, que es la de no dar la menor impresión de que se desentiende de esta carrera de fondo. Y los vascos que temen un recrudecimiento de la dictadura silenciosa del nacionalismo tienen que percibir el apoyo y la ayuda, en todo lo posible, por parte de personas e instituciones del resto de España. No están solos, y es preciso impedir que piensen que lo están.

El Partido Socialista, requerido de amores políticos por el PNV, se ve abocado a la tentación de desmarcarse de la unidad de criterios de fondo con el Partido Popular en lo tocante al terrorismo, la violencia callejera y la españolidad de las tres provincias vascas. Una tentación que opera con señuelos muy brillantes: dejar de estar en el punto de mira de los asesinos, tocar poder, marcar distancias respecto del conjunto de España. Pero si cae en esta tentación, el electorado puede pasarle una factura carísima, también fuera del País Vasco.

El PNV, por su parte, dejará claro con su comportamiento, y no con sus palabras, su actitud respecto a ETA y su acompañamiento social y político. El gran test será lo que haga la Ertzaintza. Así de fácil.

¡No te vayas!
Por Jaime CAMPMANY ABC 22 Mayo 2001 

Cuando Ibarreche empezaba a ser Ibarreche, me entró la natural curiosidad por conocer algunos rasgos sobresalientes de su personalidad. Quise saber andanzas, venturas y desventuras del personaje y en definitiva hacerme cargo de la clase de sujeto con el que los vascos iban a jugarse los cuartos, y también, de alguna manera, todos los españoles. Tuve ocasión de pedir esta información a cierto amigo vascón y muy vascón, de cuyo nombre no quiero acordarme, y que había compartido con Ibarreche estudios o trabajos. «Es muy buena persona —me dijo—, hombre sensato, de buen corazón y notable inteligencia, pero peligroso en política». «¿Y por qué?», pregunté. «Porque no es español», fue la respuesta.

Hoy, cuando he leído el curioso anuncio de Javier Arzalluz en el que adelanta su abandono «progresivo» de la política y designa heredero y delfín de su liderazgo en el PNV a Juan José Ibarreche, he recordado esta conversación que ha venido más de una vez a mi memoria. No es que yo haya creído a pies juntillas ese adiós a plazos que adelanta Arzalluz. Esas tempraneras que se toman algunos políticos para anunciar su retirada de la vida pública me resultan más que sospechosas. En eso, los políticos imitan a algunos toreros y a algunas folclóricas, y hay ejemplos de los unos y de los otros que llevan retirándose toda la vida. O no se retiran, o a la semana siguiente ya han vuelto a los ruedos o a los escenarios. En todo caso, hay que exclamar aquello del Burlador: «¡Tan largo me lo fiáis!».

El delirio que acomete a Javier Arzalluz consiste en un deseo vehemente de ser el «libertador» del País Vasco, el héroe de su independencia. Para lograr eso ha sido capaz hasta de pactar con los etarras que asesinan, extorsionan y siembran el terror y la sangre. Le costará trabajo abandonar esa enloquecida ilusión. No creo en la jubilación de los políticos, que es castigo de las urnas o pena de déspotas, ni siquiera en el ostracismo voluntario, no ya de diez años como entre los griegos antiguos, sino de dos o tres. Cuando un político de raza se aparta de la vida pública es que usa una estratagema para volver a ella con mayor fuerza o solicitado por los clamores del pueblo. Entre nosotros, el caso de Adolfo Suárez (tan dolorido estos días) es excepcional y misterioso.

Javier Arzalluz ha sufrido una cierta contestación, que no ha llegado a rebeldía, dentro de su propio partido. Se le encampanaron un tanto los que él llamó «michelines» sobrantes o superfluos, el sebo o la grasa que estorbaba la agilidad y la línea del partido. En este momento, su soberbia estará satisfecha porque pensará, y con cierta razón, que su política ha alcanzado la victoria más sonada del PNV en toda su historia. Quizá haya creído llegado el momento de anunciar el adiós, para que todos los peneuvistas, hasta los contestatarios, le rueguen a gritos: «¡No te vayas!».

Recuerdo un breve cuentecillo. Iba por los pueblos haciendo bolos una compañía de varietés no demasiado numerosa ni brillante, cómicos viejos de regreso del fracaso o la mediocridad. Componían el cuadro artístico una intérprete de la copla, un cantaor de flamenco con un guitarrista que también «hacía solos», una pareja de baile que lograba una creación singular de «La danza del fuego» y un recitador que declamaba «El embargo», de Gabriel y Galán, y cosas así. Los artistas iban alternando sus números hasta llenar las dos horas del espectáculo. Al final de una de sus actuaciones, hacía mutis la cupletera con saludos al respetable. Se oyó la voz vigorosa de un espectador: «¡No te vayas, que sale el recitador!». Pues, eso. ¡No te vayas, Arzalluz, que viene Ibarreche!

Tigrekán I, Rey de los Buitres
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 22 Mayo 2001

Vuelve Tigrekán a la carga. Vuelve Mister X "con toda su muerte a cuestas", a caballo del rencor y rodeado por los buitres que tratan a España como carroña y, como buitres, pretenden merendársela. González vuelve para liquidar el Pacto por las libertades y contra el terrorismo que su partido invitó a firmar al PP, que el PP firmó y que ahora pretende convertir en papel mojado. Rodeado por los separatistas píos de Unió y los menos píos de Convergencia, a espaldas del Partido Socialista de Euskadi y en contra de los principios éticos y políticos más elementales que puedan mover la política nacional, González vuelve a suscribir en el espíritu y en la letra el discurso de Arzallus contra Aznar, que es además el discurso del separatismo y de la exculpación del terrorismo. El jefe del GAL vuelve para dar lecciones de política.

Que sea precisamente en un acto de recuerdo a un asesinado por ETA donde diga González que Aznar utiliza el terrorismo para hacer política retrata a Tigrekán y a su sombría y carroñera circunstancia. Demuestra también que la estrategia de Polanko y el Akadémico Cebrián para desestabilizar a Aznar aunque sea a costa de deteriorar irreversiblemente el campo de defensa de la nación y la Constitución es irreversible. Dijimos hace algunos días que González sólo puede volver en una situación de crisis y ofreciéndose para hacer la paz con ETA, es decir, para tramitar la rendición de España ante el terrorismo y el separatismo. Esa es su estrategia y así hay que combatirla.

La suya no es una opinión, sino una ambición. Y cuando dice que Aznar no tiene una política de estado interior ni exterior hay que entender que él sí la tiene, como en efecto sucede. Su modelo político oscila entre el del colombiano Pastrana y el de Sansón. Más cerca del segundo que del primero. Tigrekán ha vuelto y se queja de que no le dejan hablar. ¡Si no para! Pero a los que él no nos pudo hacer callar del todo, tampoco nos vamos a quedar mudos. Aunque Cebrián lo proponga para el sillón X de la Akademia.

Elecciones
ROSA MONTERO El País 22 Mayo 2001

He dejado pasar una semana desde las elecciones vascas por ver si con el tiempo se me iluminaban las entendederas y era capaz de decir algo atinado sobre el asunto, pero los días transcurren y mis neuronas no terminan de dar el do de pecho. Oigo hablar a los del PNV de la 'soberana respuesta de los vascos' al pacto antiterrorista y me echo a temblar. Detesto las frases hechas y lo del 'pueblo soberano' es pura retórica. Convendría recordar, por otra parte, que los pueblos pueden equivocarse. Los alemanes eligieron en las urnas a Hitler, por ejemplo; y los argelinos, a los espeluznantes integristas. Y hace sólo unos días, en fin, los italianos cometieron una pifia menos grave, pero también notoria, prefiriendo al impresentable de Berlusconi y dejando fuera de juego a políticos tan interesantes como Emma Bonino.

De modo que ningún dogma nos asegura la infalibilidad del electorado. La grandeza de la democracia no reside en que los votantes no puedan equivocarse, sino en ese compromiso de buena voluntad que todos aceptamos, en el hecho de que ciudadanos libres elijan libremente respetar unas reglas de juego por las cuales no manda el más fuerte, el más bestia o el más armado, sino aquel que reúna más papelitos. Lo admirable de la democracia es que, aunque los votantes desatinen, el juego en sí es sagrado. Lo sacraliza algo tan ligero y tan firme como nuestra voluntad, nuestra palabra, la decisión de ser civilizados.

Es evidente que, si la mayoría de los vascos desea la independencia, tienen todo el derecho a conseguirla. Pero esta obviedad se complementa con otra, a saber: que para que ese independentismo sea legítimo ha de ser democrático. Tal vez las pasadas elecciones hayan sido el resultado de un equívoco; lo que mucha gente votó fue nacionalismo sí o no, pero para mí lo que en realidad se dirimía era algo mucho más fundamental: las reglas del juego, la democracia misma. No puedo evitar pensar que un país que permite que un tercio de su población viva en el terror es un país mayoritariamente indigno. Aunque, quién sabe, tal vez de ahora en adelante Ibarretxe y Arzalluz sean capaces de defender a sus conciudadanos... Haré un esfuerzo e intentaré creérmelo.

Carta a Ibarretxe
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 22 Mayo 2001

Uno de sus argumentos para no disolver el Parlamento, lehendakari, era que las elecciones no iban a resolver nada: «Después vamos a estar los mismos para resolver los mismos problemas». Están los mismos, aunque no en la misma situación, usted ha debido de notarlo en sus propias carnes. El pueblo vasco le invistió en las urnas de una nueva legitimidad y algunas de las polémicas de la legislatura anterior han perdido buena parte de su sentido.

Tenemos los mismos problemas que el día 12. Tanto es así que el principal problema puso en marcha el mecanismo que destrozó las manos de Gorka Landaburu antes de conocer el resultado de las urnas. No es la primera vez que lo hacen. La noche de las generales del 96, ETA colocó bajo el coche de Montxo Doral la bomba que lo mató, estoy seguro de que usted lo recuerda especialmente.

Después de las elecciones nos aguardan, en consecuencia, los mismos problemas que teníamos la semana anterior. A uno, con todo respeto, le parece que los más urgentes son tres: la seguridad de los ciudadanos, la recuperación de las libertades públicas y la reparación a las víctimas. Es verdad que algo de esto ya se hace. Este mismo domingo se celebraron sendos actos en memoria de Joxe Mari Korta y Ramón Díaz. En Barcelona tuvo lugar ayer otro homenaje a Ernest Lluch. Según dijo hace seis meses Gemma Nierga, «Ernest habría intentado hablar incluso con el que le mató». No fue una descripción verdadera de la realidad. Después supimos que la víctima intentó escapar y desgraciadamente no pudo hacerlo. José Zunzunegi, profesor de Korta en el seminario, dijo el domingo que «Joxe Mari es capaz de abrazar a sus propios asesinos porque con la grandeza, la profundidad de corazón y las ganas de vivir que le ha dado Dios podría hacerlo. Y su asesino le daría gracias a Dios porque Joxe Mari le ha perdonado». Son palabras cargadas de buena voluntad, sin duda, pero no describen con mucha precisión la realidad. Los asesinos no parecen muy ansiosos por conseguir que les perdonen sus víctimas y la mayoría de las víctimas no se sentirían reconfortadas con estas palabras, porque su experiencia ha sido justamente la contraria: después de asesinadas han sido escarnecidas.

Si me admite un consejo, no equipare lo que un burukide llamaba sin mucha sensibilidad «la movida de las víctimas» con «la movida de los presos». Los segundos están en la cárcel por «la movida» de haber asesinado a los primeros. En fin, lehendakari, ha recibido usted una nueva legitimidad para afrontar estos problemas. Le deseo suerte, coraje e inteligencia para resolverlos. Nos jugamos tanto. 

La manzana de Madrazo
Iñaki EZKERRA La Razón 22 Mayo 2001  

Lo que nos faltaba ya por ver: Madrazo en plan serpiente bíblica tentando al PSOE con la manzana de un huequecito en el Gobierno de Ibarretxe. La verdad es que Madrazo con una manzana no parece una serpiente bíblica ni por el forro. Lo que parece es el gordo de la clase intentando hacer negocios turbios y fraudulentos con su merienda de mediopensionistas.

   Por más que algunos de su partido le quieran dejar en bolas sobre el edén postelectoral, Nicolás Redondo Terreros no debe aceptar la manzana de ese árbol porque no es el de la ciencia sino el de la independencia, o sea el de Lizarra 2, el de las putas nueces; porque no es una manzana en definitiva sino una nuez hueca, una cáscara vacía. La presencia de los socialistas en un gobierno nacionalista tendría algún sentido si sirviera para moderar. Pero supone un paso en falso si sólo sirve ¬como resulta previsible¬ para que el PNV les tome el pelo y vaya a la autodeterminación con el certificado de buena conducta que ellos le firmen. Ibarretxe debe cometer solo sus errores y Redondo debe estar satisfecho de su campaña electoral. Con ella ha salvado hasta ahora la imagen del partido. El Pacto por las Libertades ha sido, además de un buen pacto, un seguro para que el socialismo vasco no hiciera el ridículo. ¿Se va a cargar el PSOE ese seguro y hacer el papelón que éste les ha ahorrado?

   Aquí hay demasiado listo. ¿Quien le tira ahora de las orejas a Redondo Terreros? Rodríguez Ibarra, ése que tan pronto quiere irse con Arzalluz como mandar los tanques. ¿A ver si se aclara o se toma un valium! ¿Quien más anda ahora haciendo de pitoniso? Felipe, el gran estratega, el cráneo privilegiado que advirtió de lo peligroso que era que ganara en Euskadi las elecciones el PP. Vale, bien, ya ha quedado salvado ese peligro. Ya se ha llevado un buen chasco Aznar. Ya puede Felipe frotarse las manos. Ya puede saborear su éxito. Ahora que explique con quien va a celebrarlo, con quien va a brindar.

   Como Mayor Oreja, Redondo Terreros ha trabajado para hacernos creer que el bloque constitucionalista iba a ganar. Esa es la misión de todo verdadero político: hacer creer algo que no se ve. A veces ese algo, el triunfo, se acaba viendo de tanto creerlo y a veces no. Y alguna vez ocurre algo insólito: que el triunfo llega pero no lo vemos. Es lo que hizo Benegas en 1986 cuando obtuvo un escaño más que el PNV y no quiso ser lehendakari. Creyó que su error pasaría desapercibido, pero cuanto más tiempo pasa se hace más imperdonable. No. No es grave hacernos creer que íbamos a ganar cuando íbamos a perder. Creyéndonoslo ganaremos un día. Grave es lo que hizo Benegas: hacernos creer que habíamos perdido cuando habíamos ganado.


Mujeres vascas, las otras víctimas de la violencia de Eta
Mª Enriqueta BENITO BENGOA es vicesecretaria General de Unidad Alavesa La Razón 22 Mayo 2001

Desde hace treinta años muchas mujeres han padecido en nuestra Comunidad y en el resto de España la violencia terrorista de Eta. La sufrieron las madres, las hijas, las esposas... de las casi 900 víctimas. Eta eligió la vía de los atentados terroristas para luchar por su causa, antifranquista decían, independentista, izquierdista, ¿quien lo sabe?

   Del terror salió una hidra de muchas cabezas que se multiplica con el fanatismo y el envenenamiento ideológico al que está sometida una parte de nuestra juventud.

   Las mujeres, antes, sufríamos en calidad de familiares, como entes pasivos a los que se nos despojaba de nuestros seres queridos, a los que a su vez se les pretendía arrebatar una memoria digna. La cobardía de muchos, la complicidad de algunos con los valientes gudaris, la incomprensión de bastantes (incluso en el resto de España), hacían probablemente más amargas las lágrimas por la muerte del ser querido.

   Antes Eta funcionaba con su particular machismo. Las mujeres éramos víctimas directas muy esporádicamente: mujeres de las fuerzas de seguridad (en menor medida que los hombres), o bien mujeres que pasaran por la calle o estuvieran haciendo la compra en el gran almacén en el momento en que los terroristas hicieran estallar la bomba. Hoy, en nuestro mundo, las mujeres cada vez estamos adquiriendo más protagonismo social y público, eliminando las barreras de la discriminación, los «techos de cristal» en la política, en la carrera académica, en la profesión periodística, intentando conciliar nuestra vida privada y nuestra vida pública, exigiendo igualdad de oportunidades y de trato. Y Eta se pone también al día en feminismo a la hora de señalar sus objetivos terroristas, porque nosotras denunciamos a Eta como una organización terrorista, con una ideología fascista que se basa en un ultranacionalismo mesiánico, racista y excluyente, conculcador de todos los derechos humanos y con un programa político de futuro que prevé excluir a la mitad de la población de su mito etno-cultural: «Euskalherria». Quien no comulgue con todo ello se convierte en «enemigo del pueblo vasco» y objetivo, por tanto, de sus acciones terroristas. Tenemos muy claro lo que está pasando. Toda persona, hombre o mujer, que discrepe de ese sanguinario «Pueblo Vasco» al que Eta dice representar, se convierte en reo de muerte o de atentado de kale borroka, o de amenazas o de extorsión económica. Toda persona que luche por la libertad, por los derechos humanos, por la democracia en Euskadi se convierte automáticamente en enemigo del «pueblo vasco» al que Eta representa.

   Pues bien, los valientes guerreros no nos excluyen ya a las mujeres como objetivos directos. Mujeres de las asociaciones de víctimas que hace ya mucho tiempo encendieron la llama de la justicia y de la resistencia frente a los bárbaros, mujeres políticas que no nos vamos a callar, a pesar de estar, como es mi caso, en todas las listas de los asesinos, porque representamos la dignidad de haber sido elegidas por una ciudadanía libre, mujeres profesoras que no están dispuestas a renunciar a la libertad de cátedra y al magisterio de los derechos humanos para la juventud, mujeres periodistas que defienden la libertad de expresión como el aire que respiramos, mujeres de las fuerzas de seguridad que defienden los derechos y la seguridad de las personas en democracia, mujeres juezas que aplican las leyes del Estado de Derecho.... En Euskadi llevamos muchos años de «caravana de la muerte» y también aquí tenemos la esperanza de que habrá un día en el que serán juzgados no sólo los ejecutores, también los instigadores, los cómplices, los que han minimizado el sufrimiento de tantas personas, los que han intentado aprovecharse del miedo y de los ataques a la libertad. ¿Acaso dirán como Pinochet que fueron sus subordinados? No nos sorprendería.

   Aquí hay que destacar y denunciar el desamparo al que estamos sometidas por parte de los responsables políticos de este país. Tenemos un gobierno nacionalista que ha dado mas apoyo a los presos que a las víctimas, un gobierno que ha dado mas apoyo a los cómplices de los asesinos, incluso han gobernado con ellos, que los que sufrimos la violencia, tenemos consejeros que se manifiestan con los colectivos del entorno radical en vez de manifestarse con quienes somos la diana, Y esto hay que denunciarlo no sólo aquí sino en el resto de España, y por supuesto en Europa.

   Las mujeres de Euskadi estamos empeñadas en detener la «caravana de la muerte». Por nuestras familias, por nuestros conciudadanos aquí y en el resto de España, por nuestras vidas, por la libertad.


ETA y el FLN
RAUL DEL POZO El Mundo 22 Mayo 2001

El presidente del Gobierno parece decidido a resistir frente a ETA y a seguir combatiendo a los nacionalistas. A pesar de que dice el maestro Manuel Vázquez Montalbán que PP más PSOE emprendieron la batalla de las elecciones como una expedición, una anexión, un zafarrancho de efectivos mediáticos, un gran desembarco, una cruzada nacional-constitucionalista, los dos partidos, que representan la mayoría no combatieron al nacionalismo como a una hidra, sino como a una alternativa que pone en riesgo el sistema de libertades y el modelo de Estado que nos dimos en la Constitución. 

Estamos en guerra, una guerra secreta, atípica, modernísima, cuyo resultado final depende de la voluntad de resistencia de ambas partes. El PSOE y el PP pensaron que para dirigir esa guerra en el País Vasco era mejor un Gobierno de leales a la Constitución que de partidarios de la autodeterminación. 

Pero olvidaron que los nacionalistas cuentan con muchos amigos, compañeros de viaje e intelectuales orgánicos. ETA conserva ese halo de invencibilidad de la guerrilla, sigue armada y espera mucho del agotamiento de la población y de la falta de firmeza de los políticos. Es aquí donde empiezan a verse quebrantos después del fracaso electoral. Se lee el resultado como un descalabro, y es algo peor que una derrota: pone en riesgo la unidad y, por lo tanto, reforzará las posiciones nacionalistas. 

Tenemos algunos ejemplos históricos; el FLN argelino no se parece a ETA; aquél sí que era un movimiento de liberación contra una metrópoli colonial; nos sirve de analogía en el sentido de que el FLN alcanzó sus objetivos porque la opinión francesa se cansó de una lucha indefinida; se dividieron, como aquí, los intelectuales. El desenlace llegó cuando el general De Gaulle se convenció de que el repliegue respondía al interés nacional. Francia decidió pactar con los argelinos a pesar de que el FLN no logró ningún éxito militar importante. Escribe Raymond Aron que el FLN alcanzó su objetivo político sin victoria; apostó todo a la división de los franceses. 

ETA no tiene apoyos internacionales como los movimientos de liberación de los 60 y 70; está más aislada, le falla el santuario; su baza fundamental sería la división de los partidos y el cansancio de los ciudadanos. Aznar piensa que la política más costosa es la de ceder, la de ir tirando. Cree que el peligro está en que el PSOE se empeñe en convertir a España en una serie del modelo Baleares. El presidente ha cambiado de parecer en algunas cuestiones, pero en lo del nacionalismo está cada vez más firme porque se ha convencido de que representa un golpe de Estado permanente y de que la diferencia que hay entre los nacionalistas y ETA es que los nacionalistas quieren la independencia a plazos y ETA de golpe.

El PNV necesita al PSE... para la independencia
Por Enrique de Diego Libertad Digital 22 Mayo 2001

La delirante y mendaz interpretación de los resultados vascos en clave entreguista trata de ocultar, so capa de resentimientos y vendettas felipistas contra Aznar, lo que de victoria pírrica hay en la realidad, pues el PNV ha ganado con una campaña moderada los votos radicales, pero también con un programa que no es la paz sino la independencia, ya que tales términos son sinónimos en el argot nacionalista. Ibarretxe está condicionado por su promesa de no pactar con Eh y de ir a la independencia en esta legislatura.

Ese es el objetivo, que nadie se engañe. El nacionalismo entiende el diálogo de una manera artera, autista, como la cesión del otro, pues en ningún caso está dispuesto a dialogar sobre el cumplimiento íntegro de las penas o sobre la política de orden público para erradicar la kale borroka ni sobre la coordinación policial para acabar con el terrorismo o sobre cualquier otro tema que no sea la independencia como efecto del síndrome de Estocolmo por el terror.

Así que estos primeros compases del vals de Ibarretxe son una púdica ficción para la zarabanda independentista del segundo tramo de la legislatura, sin otra finalidad que intentar desgastar a los constitucionalistas y, sobre todo, al PSE y a Nicolás Redondo Terreros. En esto, la equivocación que trata de imponer el pensamiento único nazi-estalinista es algo así como que el PSE precisa pactar o entregarse al PNV para lavar no se sabe qué culpas del Kursaal, cuando es el PNV el que precisa angustiosamente al PSE para atravesar el Rubicón independentista sin que Ibarretxe quede en el terreno de nadie de los insustanciales tres escaños de IU o teniendo que recurrir a su diabolizado y maltrecho compañero de viaje de Arnaldo Otegi. El PSE está en posición de poner condiciones al PNV, no al revés. Supongo que Redondo lo sabe, aunque su retaguardia madrileña sea tan inconsistente.

Por supuesto que ciertas dosis de flexibilidad en las formas son perfectamente compatibles con la firmeza en las convicciones y que no votar en contra de Ibarretxe en la investidura, como insinúa Redondo como peaje a las olas encrespadas de su partido, no es ni una herejía ni una cesión en los principios, pero un acercamiento excesivo puede comprometer la capacidad de maniobra. Porque ahora el nacionalismo sólo pretende presentar como culpables a los constitucionalistas de que no haya diálogo, entendiendo por tal la rendición al chantaje de la violencia, para luego dar el salto al referéndum de independencia, habrá que esforzarse en la pedagogía, pues tal horizonte sería, sin duda, la ruina económica para el País Vasco.

Amén de que el principio de autodeterminación no puede establecerse de forma excluyente. Por de pronto, Álava, como Navarra, también tiene derecho a la autodeterminación, sin que puedan imponerle su voluntad los guipuzcoanos.

El escenario de independencia no parece posible antes de las elecciones generales, y sin desalojar al PP del Gobierno mediante una coalición del PSOE con los partidos nacionalistas, que es a lo que juega el inconsistente Zapatero, con Maragall, Antich y el neonacionalista Rodríguez Ibarra.

NI EL PP DEBE QUEDARSE QUIETO NI EL PSOE CORRER TANTO
Editorial El Mundo 22 Mayo 2001

A poco más de una semana de las elecciones vascas, nos encontramos ante un escenario político totalmente nuevo. Los principales partidos están cambiando y de los movimientos que se han producido en los últimos días se extrae una conclusión cada vez más clara: el PNV, bajo la batuta de Juan José Ibarretxe, modula su discurso para alcanzar un entendimiento con los socialistas que les permita ocupar la centralidad de la política vasca.

Si socialistas y nacionalistas siguen por este camino, sin que el PP reaccione, Aznar corre el riesgo de aparecer como un líder poco dialogante e incapaz de asumir la derrota. Es verdad que su reflexión de que la «situación vasca» -que no la «sociedad», como interesadamente se ha dicho- no estaba madura para la alternativa quizá no fue afortunada en la medida en que ha sido interpretada como una duda acerca de la madurez de los votantes. Y tal vez el PP se haya encelado demasiado analizando las causas de un resultado peor de lo previsto.

Pero ni el presidente del Gobierno ni su partido deben ensimismarse en un debate que ya pertenece al pasado. Ahora les corresponde tomar la iniciativa política, no en vano el PP gobierna con mayoría absoluta en España y es el primer partido de la oposición en el Parlamento vasco. En sus manos tiene instrumentos más que de sobra para poner a prueba su capacidad para la negociación y el diálogo. Aznar debe restablecer más pronto que tarde la interlocución con Ibarretxe. Los portavoces del PP deben hacer lo propio en el Parlamento nacional y Mayor Oreja en el de Vitoria y en la mesa de partidos vascos -con la exclusión de EH- que empieza a vislumbrarse.

Pero si el PP se puede estar quedando corto, los socialistas corren el peligro de ceder posiciones demasiado deprisa. La velocidad con la que sus dirigentes -Zapatero el primero- están abriendo la puerta a una revisión de la Constitución es, a todas luces, excesiva. Deberían esperar un poco para comprobar si el PNV es sincero en sus proclamas de moderación. En este sentido, acierta Javier Rojo cuando propone que los partidos democráticos desalojen a EH de los 17 ayuntamientos en los que gobierna en minoría. Sería un paso importante.

Al secretario general del PSOE, además, le acecha el peligro interno de un Felipe González y un Alfonso Guerra que han visto en los resultados vascos la ocasión propicia para ajustar cuentas con Aznar. Es toda una paradoja que el ex secretario general acuse al presidente del Gobierno de utilizar el terrorismo como arma electoral cuando bajo su Gobierno se montaron los GAL. El resentimiento de González y la extravagante identificación de su figura con las libertades públicas -ayer dijo que la prueba de que el Gobierno está «estrechando» los márgenes de libertad son las duras críticas que se le hacen- no son las mejores credenciales con las que Zapatero puede definir su estrategia política.

Un michelín de menos, 100 kilos de más
Julián LAGO La Razón 22 Mayo 2001  

Uno de los efectos colaterales que ha tenido las elecciones vascas se llama Javier Arzallus. Pese haber sido su partido el triunfador del 13-M, el político nacionalista ha anunciado que en dos o tres años dejará la presidencia del PNV. Largo me lo fiáis, podrá argumentarse: en política dos o tres años resultan toda una eternidad. Otros interpretarán tal gesto como un guión con reparto de papeles entre Ibarreche y Arzallus, cuyas recientes declaraciones a la revista mexicana «Proceso» han tenido que ser desmentidas por la dirección peneuvista. Ya durante la campaña Arzallus se vio obligado a rectificar su tesis de colaboración con EH en un posible gobierno del PNV/EA. También su defensa del pacto de Estella ha quedado arrumbada por el propio lendakari en funciones.

Así, mientras Arzallus insistía en una mesa a la irlandesa, Ibarreche apuesta contrariamente por un foro ex novo alejado de la confrontación con los partidos estatutarios. Cierto es que quien se presentaba a la reelección era Ibarreche, pero también es verdad que la autoritas del lendakari nacionalista, cualquiera que éste fuere, venía condicionada por la potestas omnipresente del presidente del PNV en todas y cada una de las grandes decisiones políticas. No olvidemos que el enfrentamiento de Arzallus con Garaicoechea produjo la crisis histórica del PNV, con cisma incluido, cuando éste intentó en vano una política autónoma para Ajuria Enea.

   Resulta obvio que la apuesta soberanista a cara de perro le ha ocasionado a Arzallus un serio desgaste personal, más allá de los propios resultados, con evidentes consecuencias internas dentro del PNV, cuya estructura de poder teocrático no ha salido ni mucho menos incólume de las urnas. Por primera vez, el PNV cuenta con un lendakari que se ha sacudido a la vez tanto a Otegui de su secuestro parlamentario como a Arzallus de su dependencia orgánica. Sin la humillación de una derrota electoral, a Arzallus se le brinda ahora una ocasión de oro a fin de proceder al recambio en la dirección del PNV, a cuyo frente se ha mantenido tras varias décadas con un hiperliderazgo en paralelo. Aunque sólo fuere porque Arzallus forma parte de una generación política a la que la Historia se ha encargado de ir jubilando, parece igualmente imperioso el relevo generacional del nacionalismo, tal como en su día experimentara el PP con Aznar o el mismo Zapatero, años después, con el desatascamiento del tapón generacional de González, al que, por cierto, aún se resisten alguno de los afectados como el extremeño Rodríguez Ibarra. 

Por todo ello, Ibarreche tiene ante sí la oportunidad histórica de suprimir de la cintura del PNV a su michelín más pesado. Sólo los hechos demostrarán que su actitud, formalmente conciliadora, va más allá del marketing de imagen, del que está obteniendo una magnífica rentabilidad política. De momento, el asesor de Ibarreche demuestra más talento estratégico que el marido de la ministra Villalobos y, seguro, no cobrará al año 100 millones del partido.
 

La autodeterminación
Por Pío Moa Libertad Digital
22 Mayo 2001

Un problema de la política es la corrupción del lenguaje y las trampas que éste tiende. Ahí está, por ejemplo, la consigna de autodeterminación invocada por el PNV y compañía. Con ella crean una doble y falsa impresión: la de que la integración de Vasconia en España se ha realizado contra la voluntad de los vascos, y la de que los nacionalistas representan automáticamente esa voluntad, oprimida por quienes rechazan la consigna.

Al oponerse a la “autodeterminación” y llamar al pacto de Estella “una rendición a plazos”, Aznar cae en la trampa, y transmite una imagen de nerviosismo. Ni el PP ni ningún partido democrático puede rechazar la autodeterminación, pues el pueblo vasco se ha autodeterminado desde siempre. Su integración en España nunca fue el fruto de una invasión o imposición, como sí lo fueron, en cambio, la integración de Quebec, de Irlanda y de tantos otros, en estados mayores. Ha sido una integración libre, cuyo último episodio histórico ha sido la aceptación del Estatuto emanado de la Constitución.

Los nacionalistas aspiran, precisamente, a romper esa autodeterminación refrendada por muchos siglos de convivencia, para separarse. ¿Por qué hablan de autodeterminación y no de secesión, como sería lógico? Porque la secesión refleja la voluntad particular de unos partidos, mientras que la autodeterminación crea la impresión falsa, de involucrar a todos los vascos, a quienes un poder hostil impediría, al parecer, ejercer sus derechos. Con esa demagogia intentan poner a la defensiva al gobierno y arrastrar a muchos ciudadanos opuestos a una cruda separación.

La cuestión es: ¿existe hoy día alguna razón para romper la autodeterminación histórica de los vascos? ¿Se ha producido en estos años una represión especial o una segregación de los vascos en el conjunto de España, de modo que sean oprimidos y tratados como gente aparte? No hay nada ni remotamente parecido. Bajo la falsa autodeterminación nacionalista, late solamente el ansia, difícilmente confesable, de grupos que aspiran a dominar sin trabas el País Vasco, a imponer su voluntad a los demás vascos y al conjunto de los españoles. Se trata de implantar un nuevo régimen antidemocrático y antiliberal. “Antiespañol y antiliberal es lo que todo buen vasco debe ser”, pontificó el obtuso iluminado a quien el PNV ha tenido siempre por “Maestro”, con mayúscula. La secesión sería el poder despótico de los “buenos vascos” discípulos de Arana.

Autodeterminación suena a democracia, pero ¿qué clase de demócratas son los nacionalistas? Sus obras, el fruto de su acción durante casi un cuarto de siglo, enseñan más que cualquier discurso. Su odio gratuito y siniestro lleva años manifestándose en el asesinato, el terror y la amenaza de los llamados “radicales”, combinados con la hipócrita complicidad práctica de los llamados “moderados”. La sangre y el pus. La hipocresía ha sido el rasgo más definitorio del nacionalismo aranista.

Algunos cierran los ojos a la realidad y exigen que no se “satanice” al PNV. ¡Nuevamente la perversión del lenguaje! Con el truco de evitar la “satanización” quieren impedir la denuncia de la muy real complicidad de ese partido con el terrorismo, al que intenta extraer rentas políticas, la denuncia del carácter antidemocrático de su doctrina, de sus falsificaciones de la historia. Quieren que el PNV siga sembrando impunemente la confusión y el fanatismo entre las gentes, como hasta ahora. ¡No se debe “satanizar” a un partido cuya propaganda siempre ha satanizado, gratuita y falsamente, la democracia y la historia española, en las que tanta parte tienen los vascos! Es decir, los “malos vascos” según su lenguaje envenenado.

Por eso podríamos decir que la lucha en Vasconia es de autodeterminación contra secesión, de democracia y libertad contra el despotismo, de unidad de España contra balcanización de España. Basta exponer la alternativa en su sencilla y real claridad, para que todos podamos comprender lo que nos jugamos. Claman otros que nada se puede hacer en el País Vasco sin el PNV. Cierto, como nada se ha podido hacer en muchos países, durante largos años, sin contar con los partidos comunistas, con los cuales ha habido que negociar diversas políticas. Pero eso no significa que debamos engañarnos o engañar a la gente sobre la significación real de unos y otros. Una política basada en el embaucamiento puede terminar extremadamente mal. 

Xabier Arzalluz primero insulta y luego difama
Impresiones El Mundo 22 Mayo 2001

Las declaraciones de Xabier Arzalluz a Proceso corroboran por enésima vez la incapacidad de medir sus palabras del líder del PNV, que insulta frívolamente al jefe del Estado al tacharle de «tonto». El PNV intentó arreglar el desaguisado desmintiendo unas palabras que están grabadas. Siendo grave este exceso verbal, lo es mucho más la acusación de que los colectivos pacificistas -Foro de Ermua y ¡Basta ya!, entre ellos- cobran de los fondos reservados de Interior. Arzalluz, al ratificar esta grave imputación lanzada por Anasagasti en unas declaraciones también grabadas por la misma periodista, pone así a dichas organizaciones en la diana de ETA. Que luego no se lave las manos sobre las consecuencias, perfectamente imaginables a juzgar por la fotografía que hoy publica EL MUNDO en su primera página donde se advierte «que se vayan... preparando» a los intelectuales vascos que defienden la libertad de expresión.

Pero, ¿es que se va el caimán?
Lorenzo CONTRERAS La Razón 22 Mayo 2001  

Arzallus se va. Cuando Franco se extinguía físicamente alguna gente cantaba aquello de «se va el caimán». Ahora podría repetirse el estribillo porque si hay alguien en la vida de los humanos que se parezca al caimán, ése es el actual líder nacionalista. Siempre está a la orilla del río, dejando que otros naveguen bajo su ojo atento y al alcance de sus afilados dientes. Así pereció Garaicoechea, demasiado crédulo, excesivamente confiado en sus posibilidades de quedarse con el PNV desde la plataforma del Gobierno vasco. Así se apagó la estrella de Ardanza, demasiado moderado, con peligrosos ataques de sensatez que perturbaban la siesta del caimán.

   Pasada la etapa de Ardanza, había que inventar un nuevo «lehendakari». Y es preciso reconocer que Ibarreche dio la medida de lo que Arzallus necesitaba, no otra cosa que una personalidad mediocre, perfectamente utilizable, dúctil y maleable como el oro, pero sin oro. Y, de repente, por ganar unas elecciones que perdieron otros dentro de una sociedad alarmada, ese personaje, porque lo dice el caimán, se convierte en el líder deseado, el único, por lo visto, que reunía las debidas cualidades para conducir al pueblo vasco, es decir, al nacionalista, hacia las felices playas de la preindependencia sin guerra, sólo con los tiros y las bombas de Eta, que previsiblemente no van a faltarle.

   ¿Alguien cree que Arzallus va a cumplir su anuncio de «retirada progresiva»? La edad, ya sobre los setenta, puede no ser argumento bastante. Pero, aunque lo fuese, no garantizaría la marcha del ayatola al Aventino. Yo no sé cuánto duran los caimanes, y sin embargo cabe creer en su longevidad y en su apacible y larga vigilancia junto a los limos del río. Arzallus ha demostrado ser un maestro en el arte, siempre difícil, de estar sin estar. Gracias a ello su desgaste ha sido mínimo. Ha hablado mucho, eso sí, y sabido es que por la boca muere el pez. Pero no el caimán, del que no hay constancia de que haya mordido jamás ningún anzuelo.

   Cuesta, por consiguiente, trabajo imaginarlo ahora en actitud de atentar contra su propia obra, dejando a su criatura política, Ibarreche, verdaderamente dueño y ejecutor de un programa nuevo, una especie de tercera vía entre la antigua Mesa de Ajuria Enea y Estella/Lizarra. Un auténtico milagro a base de mimbres desconocidos todavía. El reeditado «lehendakari» suelto de manos, dejado ir aguas adelante mientras el caimán y su auténtica pareja de hecho, Joseba Eguibar, se quedan en estado político letárgico, pasivo y complaciente.

   Increíble. Por qué no pensar que Ibarreche va programado, con el guión aprendido, con la carta de navegación incrustada en los cromosomas. Una vez más es aconsejable la prudencia de esperar, no mucho ciertamente, a que la historia vaya escribiéndose.

La educación
Dalmacio NEGRO La Razón  22 Mayo 2001

Las elecciones vascas han terminado con la sensación de fracaso de los dos grandes partidos nacionales que, por primera vez, después de veinticinco años, se han preocupado seriamente por hacerse con el gobierno de aquella región sin perjuicio del régimen de autonomía. Pero las elecciones no han puesto fin a un proceso; a partir de ellas comienza ¬debiera comenzar¬ una nueva fase completamente distinta, si la Nación ¬los partidos nacionales¬ quieren de verdad reintegrar a esta última aquella región. Una de las metafísicas del poder es la duración: mediante ella se alcanza el crédito en que se asienta un régimen político al configurarse nuevos hábitos y costumbres relativos a la obediencia. Y veinticinco años son muchos años de abandono; en su transcurso, el Partido Nacionalista Vasco, cuyas intenciones independentistas, al menos las de la fracción más radical ¬la que suele imponerse en casos así¬, sólo podían ignorar quienes viven en la inopia o comparten secretamente sus fines, ha enraizado allí como una alternativa al gobierno de la Nación. Ahora hay dificultades añadidas a los intereses creados: los hábitos y costumbres contraídos durante tan larga etapa, consentidos y casi alentados por los gobiernos del Estado con sus continuas cesiones y la credibilidad y capacidad de los partidos no nacionalistas a los ojos de los habitantes de esa parte de la Nación que habían entregado al nacionalismo.

   En este contexto, lo más curioso es que se olvide que se trata de una de las regiones españolas más conservadoras y tradicionales. Su nacionalismo es debido justamente a este hecho y su virulencia es proporcional a la desnacionalización a que ha sido sometida paralelamente por los poderes públicos durante estos años la Nación española, cuyo sentimiento político nacional siempre ha sido escaso, en parte porque ha estado vinculado a la religión, en parte porque la estatalidad ha sido muy débil: pues, una cosa es que el Estado se comporte de manera molesta y otra que sea fuerte. Unido todo ello al sentimiento de impotencia y al aburrimiento engendrado por el abandonismo complaciente de tantos años, ha crecido la desconfianza en la capacidad y buena fe de los políticos, lo que explica que una mayoría de españoles sea ya partidaria de que se solucione el problema vasco incluso con la independencia. Actitud que probablemente comparten muchos que han votado a favor del nacionalismo. El ligero avance del PP puede deberse a que algunos han creído que la firmeza y el valor que ha mostrado esta vez, no es pura cháchara impolítica; por el contrario, en el mayor fracaso del PSOE, a pesar del coraje de tantos socialistas vascos, ha debido influir la desconfianza de si este partido, debido al indeferentismo de su ideología internacionalista y su ansia de gobernar, no chalaneará, llegado el momento, con el nacionalismo, prolongando la situación de incertidumbre.

   En el fracaso de la opción nacional tiene seguramente mucho que ver, que el Partido Socialista en tanto socialista y bastante nihilista, disgusta más que el nacionalismo, a fin de cuentas conservador. Y, en cuanto al Partido Popular, su vacuo centrismo, abierto por definición a toda clase de oportunismos, no puede atraer a un desconfiado electorado tradicional. Como es notorio, en la lucha por la cultura, lo decisivo a la larga en estos casos, se inclina a todo lo que suene a cosmopolitismo y progresismo; así, la absurda tarascada contra la Iglesia durante la campaña electoral ha podido tener alguna influencia. No es, pues, pensable que, en una situación como la del País Vasco, un electorado conservador, tanto si se cree de derechas como de izquierdas, se incline de pronto hacia un partido proclive al progresismo, aunque sea demagogia para cazar votos. Esta sensación está generalizada en toda la nación, y es lógico que, aparte de las demás circunstancias concurrentes incluido el «más vale malo conocido que bueno por conocer», el electorado conservador de una región donde hay un fuerte partido de este signo, se incline hacia él. En la lucha política también cuentan las leyes físicas y el PNV quizá sólo podría ser vencido por un partido nacional, liberal pero inequívocamente a la «derecha», que sea capaz de suscitar más confianza que el radical nacionalismo separatista, también de «derechas».

Xabier se va, pero ¿vuelve!
Fernando JÁUREGUI La Razón 22 Mayo 2001

A penas acaba de anunciar que se marcha (eso sí, dentro de «dos o tres años»), y ya está volviendo. Arzalluz, digo. Vuelve a decir cosas raras, me refiero. Mientras Ibarretxe nos lanza un mensaje de moderación, diálogo y reconstrucción de puentes bastante rotos ¬entre otras instancias, con los medios de comunicación y con las instituciones¬, don Xabier galopa, en una entrevista, sobre los insultos al Rey, las viejas descalificaciones a la prensa y las falsedades obvias. ¿Pues no dice que al Foro de Ermua y a «Basta Ya» los financia Interior con fondos reservados? ¿No asegura acaso, tan serio, que el mismísimo Aznar es el director de este periódico? Claro que también dijeron en el PNV que el actual inquilino de La Moncloa tenía que pedir perdón por el bombardeo de Guernica, del que, como se sabe, Aznar fue promotor. Soy de los que creen que quizá los medios de comunicación tengan que iniciar una reflexión sobre su papel en la campaña vasca. Pero dejar pasar sin comentarios este retorno a la insensatez verbal del presidente del PNV me parecería delito de leso periodismo. Incluso el PNV ha tenido que salir a desmentir al mensajero, en este caso una revista mejicana, seguro que centralista y recibiendo órdenes «de Madrid».

La librería Lagun abrirá en junio pese al acoso de la violencia proetarra
VITORIA. J. J. Saldaña ABC 22 Mayo 2001 

La propietaria de la librería donostiarra Lagun, María Teresa Castelles, que resistió múltiples ataques a su negocio, el cual permanece cerrado tras el atentado perpetrado contra su marido, el ex consejero vasco de Educación José Ramón Rekalde, sigue decidida a reabrir la librería a pesar de que hayan vuelto a aparecer pintadas amenazantes. Ésta volverá a abrir sus puertas en junio, según confirmó a ABC uno de los más próximos colaboradores de Castelles, Ignacio Latierro, una vez que finalicen las obras de acondicionamiento del nuevo local, cuya ubicación no se ha hecho pública hasta el momento por motivos de seguridad y que se han visto obligados a buscar ante el acoso de los proetarras.

En las pintadas, se podía leer «Que se vayan... preparando» y «Faxista Kanpora (fascistas fuera)», un mensaje que se podía entender que iba dirigido contra el proyecto de apertura de la librería, en el que colaboran intelectuales y empresarios de forma anónima.

Hace tres años, este local, situado en plena parte vieja de la capital donostiarra y que, en su día, fue lugar de encuentro de antifranquistas , sufrió más de 20 ataques seguidos. En uno de ellos, los radicales sacaron, incluso, libros del escaparate y los quemaron haciendo una pila. Tras múltiples ataques, la librería permanece cerrada desde hace ocho meses, a raíz del atentado perpetrado por ETA contra Rekalde, el pasado 14 de septiembre.

Además, en la madrugada de ayer, unos desconocidos lanzaron un cóctel molotov contra el vehículo particular de un militar en la calle Vizcaya de la localidad guipuzcoana de Irún. El coche del militar no sufrió grandes daños, y no se produjeron heridos gracias a la rápida actuación de los vecinos de la zona que extinguieron el pequeño incendio.

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