AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 23  Mayo   2001
#Los medios y el método
Carlos Martínez Gorriarán. Profesor de Filosofía. Universidad del País Vasco ABC

#Pues claro que funcionó la dictadura del miedo
Luis María ANSON La Razón 23 Mayo 2001

#El odio a España
Enrique de Diego Libertad Digital 23 Mayo 2001

#El mensaje de los vascos
NICOLÁS SARTORIUS Y DIEGO LÓPEZ-GARRIDO El País 23 Mayo 2001

#De números y letras
Nota del Editor  23 Mayo 2001

#Hay que salvar al «buen» PNV
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 23 Mayo 2001

#Oposición de Zapatero
Pablo Sebastián La Estrella 23 Mayo 2001

#Predicciones falsas y compromisos
JAVIER PRADERA El País 23 Mayo 2001

#Tentaciones
TONIA ETXARRI El Correo 23 Mayo 2001

#Discrepancias
Editorial ABC 23 Mayo 2001 

#Savater cree que Arzalluz miente, incluso cuando se desmiente
CARMEN GURRUCHAGA El Mundo 23 Mayo 2001

#Federalismo fiscal
Primo González La Estrella 23 Mayo 2001

#Bocadillos para la paz
ENRIC SOPENA, ANTONI ESTEVE Y ANDREU MISSÉ El Correo 23 Mayo 2001

#Ni memoria tienen
Carlos DÁVILA ABC 23 Mayo 2001 

#La Asamblea francesa aprueba la autonomía corsa
Josefa Rodríguez - París.- La Razón 23 Mayo 2001

#La guerra de la Independencia
Nota del Editor 23 Mayo 2001

#LA MESA DE BABEL
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 23 Mayo 2001

Los medios y el método
Por Carlos Martínez Gorriarán. Profesor de Filosofía. Universidad del País Vasco ABC 

CUANDO René Descartes publicó su «Discurso del Método» no podía suponer que, andando el tiempo, el título de su trabajo más conocido sería utilizado para dar brillo racionalista a presupuestos e intenciones completamente ajenos a los suyos. Descartes empezó su reflexión junto a una estufa para urdir algún método definitivo que condujera a la certidumbre sobre los fines, y así se elevó hasta el famoso «pienso, luego existo»; 364 años después, Juan Luis Cebrián le birla el título («El discurso del método», El País, 18 de mayo de 2001) con propósitos antagónicos: colocar los medios o métodos por encima de todos los fines. Suele pasar con esos dueños de poderosos medios (de comunicación) que riñen a los profesores de filosofía o sociología para exigirles que les dejen la política a ellos. Por supuesto, una política ajena a fines como la libertad o la decencia moral, cosas que no sólo no tendrían nada que ver con el acierto político, sino que lo impedirían. Cómo entender, si no, la frase apodíctica de Cebrián dedicada a los vascos amenazados y perseguidos por oponerse al terrorismo, elegir el lado de las víctimas y criticar al nacionalismo: «su razón moral no avala ni justifica su equivocación política». Que, tratada como aconsejaba Hegel hacer con las frases ambiguas (dándoles la vuelta), significa esto: el acierto político de los triunfadores avala y justifica su equivocación moral.

El resultado de las elecciones vascas ha sorprendido a todos en no pocos aspectos, pero no en todos ni a todos. En efecto, hubiera sido mucho esperar que el nutrido gremio de los profetas retrospectivos, expertos en predecir el pasado, tuviera al menos la decencia de compartir la sorpresa general, felicitar a los ganadores y consolar a los derrotados que, por cierto, se jugaban y juegan mucho más que unos cuantos escaños en Vitoria. Todos sabían a la perfección lo que iba a ocurrir, porque el método —una vez olvidados los fines— no era apropiado. ¿Apropiado para qué? Para apoderarse de Ajuria-enea, faltaba más. Pero, ¿era ése el único fin de los partidos vascos no nacionalistas y del movimiento social que les ha empujado y dado más del 40% de los votos? ¿Elegir la libertad, no será algo más que un mero método para esos votantes?

Hay, los métodos. En la sincera contribución de Juan Luis Cebrián a la teoría de la democracia, se lee que «es en los métodos, y no en los fines, en los que se distingue a un demócrata de otro que no lo es. Diferencias entre métodos y fines pertenece al ideario básico de las democracias burguesas, por algo llamadas formales; cualquier olvido de tan simple regla esconde siempre una frustración autoritaria».

Es obvio que, a diferencia de los universitarios y columnistas que ridiculiza y difama —incluyendo los de su propio periódico— Cebrián se siente tan capacitado para la alta estrategia política como para la más refinada filosofía política. Pero con ese punto de vista se es un demócrata intachable promoviendo hasta la limpieza étnica, a condición de que se haga respetando las formas. Bajo este principio también se podría defender la inferioridad jurídica de las mujeres, la prohibición de los derechos laborales e incluso la esclavitud. Valores como la igualdad ante la ley, los derechos universales o la libertad personal, en tanto que asuntos formales, deberían ser valorados desde la perspectiva de su utilidad instrumental para dominar el poder político, sin que constituyan fines en sí mismos. Formalidades burguesas, según el cínico criterio de los ex-izquierdistas de salón metidos a intrigantes aúlicos.

Corolario de lo anterior, entre los fines perfectamente aceptables para la democracia figurarían todos los imaginables, incluyendo la disminución de los derechos ciudadanos de las minorías políticas mediante formas apropiadas de persuasión que estimularan el desistimiento ciudadano. Sería perfectamente legítimo tratar de convencer a los vascos renuentes al nacionalismo de que les iría mucho mejor asumiendo la generosa oferta de Arzalluz para imitar a los «alemanes en Mallorca» y resignarse a votar sólo en las municipales. La aceptación de esta generosa oferta nacionalista ofrecería no pocas ventajas. Se lograría de una tacada la desaparición del llamado «problema vasco» (que ya no sería tanto ETA como la fastidiosa resistencia constitucionalista de los vascos españoles a la hegemonía abertzale) y la formación de una nueva alianza con el PNV para el verdadero objetivo de la gran estrategia política: reconquistar La Moncloa.

La verdad, tras escuchar o leer las declaraciones de Leguina, Cebrián, Rodríguez Ibarra o Felipe González, ¿podemos estar seguros de que todos los socialistas españoles están interesados en sostener un socialismo vasco que, por su comunidad de sufrimiento y de intereses democráticos con el PP y grupos cívicos como ¡Basta Ya!, estropea la deseada convergencia de PSOE y derecha nacionalista periférica?

En fin, las razones de Arzalluz para actuar como suele —difamando, amenazando, aventando odios— son bastante conocidas. Es inútil esperar de él siquiera un poco de compasión y piedad para las víctimas del terrorismo y la persecución. Su petición de sosiego, concordia y desarme verbal tras su innegable victoria del 13-m quedó desmentida en cuanto ha tenido oportunidad de explayarse a gusto, como con la revista mexicana Proceso.

Las razones de Cebrián para arremeter contra el constitucionalismo vasco, a cuyos representantes moteja de «agitadores al servicio de Mayor Oreja», ya son otra cosa. No sé si recordarán ustedes una de las amenazas de Arzalluz contra Nicolás Redondo; no es fácil con alguien que vierte incontables. Me refiero a la provocada por la foto que resumía el mitin de ¡Basta Ya! en San Sebastián, cuando Fernando Savater unía las manos de Redondo y Mayor. «Redondo tendrá tiempo de arrepentirse por la foto con Savater y Mayor», tronó la voz. ¿A qué se refería? Para encontrar la clave, relean el artículo de Juan Luis Cebrián. Nada más claro. Con los ojos puestos en La Moncloa, los treinta y tres escaños de PNV-EA son más valiosos que los trece de Redondo. Medio por medio, Arzalluz ofrece veinte «medios» más al método necesario. Y ya sabemos que ni los fines ni la razón moral tienen ninguna importancia. 

Pues claro que funcionó la dictadura del miedo
Luis María ANSON La Razón 23 Mayo 2001
de la Real Academia Española 

El 12 de abril de 1931, las candidaturas monárquicas sumaron 22.150 concejales; las candidaturas republicanas, 5.775. Pero como la victoria republicana se produjo en las grandes ciudades, se entendió que era la auténtica voz del pueblo, la no condicionada, y aquellas elecciones municipales liquidaron nada menos que el entero sistema monárquico.

   El 13-M, en las ciudades de más de 30.000 habitantes, los partidos nacionales (PP, PSOE e IU) obtuvieron el 56,8 por ciento de los votos; los partidos nacionalistas (PNV y EH), el 42,2 por ciento. Funcionó, funcionó la dictadura del miedo. Funcionó en todos los sitios pero de forma acentuada en los pequeños municipios, donde se votó bajo la coacción del PNV y EH, con ausencia muchas veces de interventores del PP y del PSOE, sin cabinas, con vecinos que se conocen todos entre ellos y recelan, con no pocos electores exhibiendo su papeleta para que se viera a quién votaban. La diferencia total de sólo 24.000 votos el 13-M entre los partidos nacionales y los nacionalistas se deriva de las zonas rurales, de los pequeños municipios.

   El PNV, entre el redoblar de las campanas triunfales, ha puesto los pies en la realidad de las cifras y ha comprendido que no están las cosas maduras para el asalto final. Hay que esperar cuatro, tal vez ocho años, para incorporar las nuevas promociones salidas de las ikastolas que alteren el voto en los municipios de más de 30.000 habitantes. Hay que manejar a fondo la apisonadora gubernamental peneuvista, el PRI vasco, con el dominio de todos los medios de comunicación, el incremento del número de funcionarios, la creación de centenares de empresas públicas, las subvenciones, las ayudas, las asistencias, las camelancias, la tela de araña de los intereses creados que convierten en cautivo el voto de una parte cada vez más copiosa de los electores vascos.

   Y hay que engañar a los pardillos de los partidos nacionales, como se ha hecho en las dos últimas décadas. Por eso Ibarreche afirma que no pactará nunca con EH mientras no condene la violencia. Es mentira. Pero a ver si cuela y fractura el pacto entre el PP y el PSOE. A ver si tragan los socialistas. El PNV necesita ocho años más para culminar su traición histórica al gesto del Gobierno de Madrid que le entregó el poder, al iniciarse la Transición, creyendo ingenuamente que así comprometía a los nacionalistas con la Constitución.

   Que nadie se engañe. Los peneuvistas van a intentar entre ésta y la próxima legislatura sus objetivos máximos. En el fondo, no quieren ni diálogos ni negociaciones. Eso son simples coartadas. Quieren la rendición. Veremos si la consiguen. Porque no todo está perdido. Veinte años de claudicaciones tal vez hayan enseñado algo al PP y al PSOE. Con inteligencia y tenacidad las cosas todavía se pueden reconducir.

El odio a España
Por Enrique de Diego Libertad Digital 23 Mayo 2001

El odio a España... y a la libertad personal

Ninguna lógica –ni desde el materialismo dialéctico ni desde los silogismos aristotélicos, ni desde la cuenta de la vieja– tiene acusar al PSE de ir “con la derecha” cuando IU hociquea con el PNV, pues el partido de Sabino Arana ha de situarse, en tales términos, en la extrema derecha xenófoba. Tanto el PNV como IU representan dos tradiciones contrarias a la libertad personal, proclives a la persecución del disidente y a los campos de exterminio. Esa narrativa paralela puede explicar la coyunda, amén de consideraciones de lucro cesante personal en el caso de Madrazo a la búsqueda de legítimas prebendas.

Mas lo que hemos visto en estos días en que todo oportunismo ha tenido su asiento, y en el que por momentos ha parecido el solar patrio un desierto moral, es un acendrado odio a España. No a la España eterna, ni a la histórica, sino a la concreta, real, cotidiana, a la que representa aquí y ahora la defensa de la libertad personal. Nunca había sido España un dique tan claro a los totalitarios y a los resentidos, una idea tan sinónima de pluralidad, como cuando ha estado en subasta en las sedes nacionalistas, en el comité federal del PSOE y en las redacciones de los periódicos nacionales jugando unos al odio contra Aznar a cualquier precio –incluido el de la ruptura constitucional y la desestabilización institucional– y otros a no perder pie en el mercadeo del progresismo (en el que ni PNV ni IU tienen pedigrí ni posibles para pujar).

Porque lo que han pugnado en las elecciones vascas no ha sido ni tan siquiera una idea de España y otra de Euzkal Herria, como entidad inexistente en construcción, sino dos visiones de lo que es una nación, dos modelos de sociedad; una que tiene su asiento en la persona y otra en la colectividad; una en la pluralidad de opciones y culturas, y otra que pretende hacer a los hombres esclavos de su propia cultura; entre la sociedad abierta y la tiranía de las almas, pues el constitucionalismo, con sus mártires, es la resistencia activa a esa cruzada totalitaria que intenta imponer una sola lengua, una sola cultura, un único Rh; un canon étnico y cultural.

La idea de la España constitucional rechaza caminar hacia la nación prevista por Fichte en la que “la nueva educación debería consistir precisamente en aniquilar por completo la libertad de la voluntad”. O por Hegel: “las individualidades desaparecen para nosotros y son para nosotros las que vierten en la realidad lo que el espíritu del pueblo quiere”. Porque esa idea atrayente de la España de los individuos rechaza el modelo de Estado omnipresente del totalitarismo hegeliano: “los principios del Estado deben considerarse, según se ha dicho, como válidos en sí y por sí; y sólo lo son cuando son conocidos como determinaciones de la naturaleza divina misma”.

Es la libertad personal lo que se defiende en la España de los individuos frente a los que odian España porque odian la libertad concreta, la humilde y creativa libertad de cada cual. Es la libertad la que está amenazada, de la que España es hoy su abstracción.

El mensaje de los vascos
NICOLÁS SARTORIUS Y DIEGO LÓPEZ-GARRIDO El País 23 Mayo 2001

Diego López-Garrido es diputado por el PSOE y Nicolás Sartorius es abogado. 

I. La ciudadanía vasca, en un ejercicio encomiable de civismo, ha acudido masivamente a votar en unas elecciones realizadas, no se olvide, en el marco legal democrático del Estatuto de Gernika, cuyas instituciones salen reforzadas. Y el primer mensaje que ha lanzado, con evidente contundencia, es que las cuestiones políticas deben ser decididas por las urnas y no por las armas. En este sentido, las elecciones autonómicas del 13-M han significado una derrota sin paliativos de ETA y las posturas violentas. Cuando ETA dejó de matar, durante la tregua de 1998, EH / HB logró su mejor resultado electoral; cuando la banda terrorista ha vuelto a asesinar el descalabro ha sido espectacular. Si se respetase la voluntad de los electores, que se ha manifestado en este 'espacio vasco de decisión', la conclusión no podría ser otra que el abandono de la violencia; un camino que ETA ha vuelto a despreciar con el atentado a Landaburu.

Entre otras circunstancias que explican el masivo trasvase de votos de EH al PNV / EA se encuentra el temor suscitado, en una parte significativa de la sociedad vasca, ante la torpe cruzada antinacionalista del PP y acompañantes, que ha movido a concentrar el voto útil nacionalista, sin fisuras, en la coalición liderada por Ibarretxe. Pero no todo el crecimiento del PNV procede de EH. El electorado ha premiado la campaña en positivo de su candidato a lehendakari, con su rechazo a cualquier acuerdo directo o indirecto con EH -incluso obligando a rectificar a Arzalluz- y, de una tacada, dejando fuera de juego y, por lo tanto, haciendo inútil el voto a EH. No debería olvidar Ibarretxe que los electores le han premiado cuando ha dicho netamente no a EH y se había desmarcado de Lizarra. Situación diferente a las elecciones de 1998, vigente aquel pacto, cuando quien creció fue EH y el PNV se apoyó en sus votos para poder gobernar en una legislatura agónica y nefasta. No es menos cierto que en esta ocasión la coalición nacionalista se ha presentado con un programa más autodeterminista, si bien el resultado de las urnas no ha dejado un mensaje claro en esta dirección y tampoco ha sido el centro de la campaña del lehendakari en funciones. Los partidos que defienden esa posición sacaron en el 98 el 60% de los votos y ahora han obtenido el 58%.

II. La ciudadanía vasca ha dado la espalda, también, a la estrategia de la confrontación, y a los 'frentes', practicada sobre todo por el PP. Los vascos han demostrado ser y querer ser una comunidad plural y no dos comunidades. Oponer al nacionalismo como un todo -sin distinciones claras- un bloque llamado constitucionalista ha sido un error serio, aparte del daño que se hace a la Constitución y la confusión que introduce. Se ha lanzado el mensaje de que la batalla no era contra los violentos -prácticamente no ha habido campaña contra EH-, sino contra el nacionalismo o contra un nacionalismo que, en el fondo, legitimaba a los terroristas. Idea que no ha calado en los electores, sino todo lo contrario. Ha sido contraproducente, al igual que acaba siendo todo lo que es incierto, como también lo ha sido la desbocada campaña mediática -y de bienintencionados publicistas inexpertos en política- que ha asustado más que ha convencido. El comportamiento de las televisiones gubernamentales, y sus acólitos, ha sido deleznable, por su falta de sensibilidad y conocimientos de la realidad vasca. En este sentido, la estrategia Aznar / Mayor ha fracasado, lo que demuestra una vez más lo delicado que es dejar en manos de la derecha española el manejo de esta cuestión. Ni han logrado la 'alternancia', ni han debilitado al PNV, ni han convencido a los vascos de que con ellos las cosas irían mejor. En su equivocada línea política han arrastrado, en parte, al PSE-EE. Bien es cierto que éste lo tenía muy difícil, con una polarización creciente en la sociedad y, no obstante, ha mantenido los electores. Pero no ha sido capaz, a pesar de sus esfuerzos, de aparecer con un perfil nítidamente propio y, en ocasiones, parecía que marchaba en coalición con el PP. Por otra parte, la insistencia desde valiosos y valerosos sectores sociales en pedir el voto para los 'constitucionalistas', sin más distinciones, beneficiaba sobre todo al PP, que aparecía como la cabeza de ese supuesto bloque. Hay que comprender las terribles condiciones en que los militantes del PSE y del PP desarrollan su labor en Euskadi y el enorme mérito que tienen. Pero por eso mismo la unidad de los demócratas debe de ser la línea maestra y no la división entre nacionalistas y no nacionalistas, que es la estrategia del adversario.

III. La sociedad vasca, según estos resultados, quiere decidir y, posiblemente, más autonomía, pero sin aventuras. Rechaza la violencia, desea el diálogo y no hace avanzar el independentismo. Si los nacionalistas, en el 98, sumaban el 55%, hoy suman algo más del 53%, y si los no nacionalistas entonces eran el 45%, hoy son el 47%. Tampoco hay que olvidar que si los nacionalistas -incluyendo EH- han ganado 59.532 votos en comparación con el 98, los no nacionalistas han aumentado 94.532, incluyendo los 7.384 de IU. De la misma manera han dicho con claridad que desean que el proceso político, en los próximos cuatro años, lo dirija el PNV con Ibarretxe a la cabeza. Pero un PNV / EA al que no han otorgado mayoría absoluta y que se ha comprometido formalmente a no contar para nada con EH. La dirección del mensaje es muy clara: el PNV debe de encabezar el Gobierno autónomo y los partidos democráticos deben recomponer su unidad. Ahora bien, cuando existe una amenaza terrorista de carácter totalitario o bien se crea un gobierno de concentración democrática -que en el caso de Euskadi es muy difícil en estos momentos- o se aplica la tesis de 'los dos gobiernos', para entendernos. Es decir, un pacto democrático para resolver el problema de la violencia, que deberían suscribir y 'gobernar' todos los que rechacen aquélla y un gobierno que, entre otras cosas, defienda con eficacia la vida y seguridad de todos.

IV. ¿Cómo articular los objetivos que los vascos han marcado con su voto? De entrada, mediante un amplio diálogo político que podría proyectarse, en el futuro, a través de una Mesa, de la que deberían formar parte todos los que rechacen la violencia. En sus posibles contenidos deberían aparecer dos puntos esenciales: qué hacer, entre todos, para acabar de una vez con el terrorismo y cómo pueden las aspiraciones plurales de la sociedad vasca encontrar el mejor acomodo en España y Europa, en el desarrollo de las potencialidades del marco constitucional y estatutario. No nos parece realista pensar que no hay alternativas entre una independencia, que sólo conduce al enfrentamiento y al aislamiento de Europa, y el Estatuto de Gernika en versión inmovilista.

No debería ser un obstáculo para el diálogo la idea de que no se puede conceder un precio político al terrorismo. Estamos de acuerdo, pero no se trata de esto, sino de responder al mensaje que la sociedad vasca ha lanzado el 13-M en el sentido de que los partidos deben encontrar juntos el camino de la paz y de la plena libertad para todos. Ello requeriría una nueva actitud del Gobierno de Aznar y una recomposición de las relaciones institucionales con Ajuria Enea. En el horizonte que se abre, sería conveniente un nuevo protagonismo del partido socialista, en una política progresista y nacional vasca y en la intermediación con el nacionalismo, pues por historia y sensibilidad es el mejor situado para lanzar y liderar un proyecto armónico para Euskadi y para España.

De números y letras
Nota del Editor  23 Mayo 2001

He comenzado a leer el articulito anterior y no he podido llegar al final, tanta sabiduría, tanta capacidad de pasar números a letras (especialidad de los informáticos, no de los políticos) , intenciones a votos (especialidad de los confesores, algo de los sociólogos, y también de los informáticos cuando al ciudadano se le permita participar directamente en todas las decisiones sin la intermediación despreciable de muchos "políticos" panzistas), rebatido todo en estas páginas, no merece más comentario.

Hay que salvar al «buen» PNV
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 23 Mayo 2001 

1) Para juzgar al PNV actual es obligado recordar el pacto que hizo con ETA en Estella, con el que se formalizó el frente abertzale por la independencia.

2) Los asesinatos que siguieron a la tregua no llevaron al PNV a una ruptura con ETA. Aznar pregunta a Ibarretxe: ¿cuántas muertes necesita el PNV para rectificar?

3) Arrecia la kale borroka o terrorismo de «baja intensidad», cantera de etarras, calificada por Arzalluz como algaradas juveniles.

4) La ineficacia de la Ertzaintza frente al terrorismo cotidiano es escandalosa y culpable, como demostraría el informe de Gil-Robles para el Parlamento Europeo.

5) Arzalluz hace constantes actos de profesión independentista y se niega a condenar a ETA «mientras siga habiendo presos en la cárcel».

6) Las críticas de algunos miembros del PNV, abochornados moralmente por la colaboración objetiva de su partido con el terrorismo, son descalificadas por Arzalluz como «michelines»: la grasa que sobra.

7) Ibarretxe aparece ante la opinión pública como un mero instrumento de Arzalluz: un «bastón de hombre ciego» según la expresión ignaciana.

8) El PNV juega a capitalizar manifestaciones de forma partidaria y se opone a las protagonizadas por el PP y PSOE.

9) El PNV relanza la idea de un censo «vasco», obviamente discriminador y etnicista.

10) Estudios de historiadores y geógrafos denuncian la situación de la educación en el País Vasco: toda una generación educada en el odio a España y a lo español.

11) Colaboradores obvios o crípticos del PNV achacan la polarización de la sociedad vasca al frentismo del PP, es decir, a las víctimas.

13) La intensificación de asesinatos, extorsiones y desórdenes llevan a las bases socialistas a acercarse al PP. «Mis hermanos son los del PP, los que mueren con nosotros», dice el senador Rojo.

14) La defensa del «diálogo» como fórmula de salvación tiene su cenit en el entierro de Ernest Lluch. ¿Concesiones a la autodeterminación? El globo se desinfla.

15) La situación es tal que Rodríguez Zapatero lanza la idea de un Pacto antiterrorista que termina siendo aceptado por el PP.

16) PP y PSOE invitan al PNV y EA a que entren en el Pacto si previamente renuncian de modo formal al compromiso que establecieron en Estella con ETA.

17) El Pacto abre un clima de colaboración entre los constitucionalistas; se formaliza el «Basta ya» a partir del Foro de Ermua; se organizan manifestaciones conjuntas.

18) La confrontación entre constitucionalistas y nacionalistas es especialmente dramática en las manifestaciones que siguen a los asesinatos.

19) El PNV se limita a condenas retóricas de los asesinatos a concejales y políticos del PP y del PSOE. Se resiste a romper el frente abertzale.

20) Se suceden los exilios de profesores, cantantes, periodistas, que son minimizados por los dirigentes del PNV.

21) Las elecciones vascas provocan la alianza del PNV con EA, partido que tiene la independencia como objetivo prioritario.

22 ) Las elecciones premian la radicalización del PNV hasta el punto de llevarse la mitad de los votos de EH/HB.

23) Ni siquiera los atentados de ETA en plena campaña le quitan votos al PNV. Éste aparece como la garantía del mundo abertzale frente al españolismo.

24) Celebradas las elecciones, el PSOE es atacado por una amnesia repentina.

25) El PP aparece como el culpable de haber intentado desplazar al PNV del poder, así que ahora son muchos los que corren en defensa del ganador, este pobre y buen PNV al que es preciso salvar de las garras de EH.

 

Oposición de Zapatero
Pablo Sebastián La Estrella 23 Mayo 2001

Las elecciones vascas han marcado un punto de inflexión en el PSOE. En sus inmediatas y respectivas apariciones públicas, oral y escrita, tanto Felipe González como Juan Luis Cebrián han señalado el terreno de juego en el que debe actuar, a partir de ahora, José Luis Rodríguez Zapatero, su modelo de Estado (puesto que Aznar no lo tiene, según González), es decir, algo parecido al proyecto federal y asimétrico de Pasqual Maragall, lo que dará al PSOE cohesión interna y relaciones privilegiadas con los partidos nacionalistas con vistas a las elecciones del 2003 y 2004 (municipales y generales).

Zapatero ha entendido el mensaje, pero este discurso y estrategia política, que dista y mucho de la campaña electoral del PSE-PSOE en las elecciones vascas, también tiene su rebote y su resquemor dentro del Partido Socialista, sobre todo en el llamado sector guerrista, donde los seguidores de Alfonso Guerra o el propio líder extremeño Juan Carlos Rodríguez Ibarra han marcado sus distancias con el proyecto federal  y estaban en mayor sintonía con la propuesta de corte unitarista de Aznar.

El drama del guerrismo es que se quedaron, en el último Congreso del partido, sin participar en la Ejecutiva y no tienen presencia en medios de comunicación. Parecía incluso algo intencionado que González, desde Barcelona, quisiera ahogar el discurso de Alfonso Guerra en Madrid, cuando ambos coincidieron con sus declaraciones en contra de Aznar y su Gobierno. González con el acento más marcado en el tema vasco y Guerra en la cuestión internacional.

Sin embargo, esta tensión interna, por el flanco izquierdo del PSOE, que nadie sabe cómo va a terminar y si Guerra permanecerá siempre en silencio y achantado, alcanzó una cota mayor de evidencia con la propuesta de limitar mandatos de los dirigentes autonómicos del PSOE, lo que ha motivado las iras apasionadas del extremeño Rodríguez Ibarra, anunciando su retirada si ese proyecto tiene continuidad y se confirma.

Más callado está José Bono, que rehace, poco a poco, su liderazgo manchego confiado en que González acabe no sólo influenciando a su ex contrincante Zapatero, sino sustituyéndolo. Bono está en su disidencia local más cerca de Ibarra que del modelo Maragall. El que hoy apadrina González más por estrategia de poder (derrotar a Aznar y sacarlo del centro con un enfrentamiento con los nacionalistas de PNV y CiU) que por devoción al Estado federal asimétrico del que habla el líder socialista catalán.

En la misma línea de Guerra, Ibarra y Bono está Vázquez, el alcalde de La Coruña, un político más cerca del centro derecha, o de la derecha, que del pacto político e ideológico que el PSOE mantiene con BNG en ayuntamientos gallegos y que podrían renovar en la Xunta si consiguieran entre ambos derrotar a Fraga. Los resultados del PNV en el País Vasco desataron cierta euforia en el Bloque gallego de cara a las que pronto serán elecciones autonómicas.

En todo caso, Zapatero parece claro que está más cerca de González y su entorno mediático que de cualquier otra posición. Probó fortuna junto al PP en Euskadi y se equivocó, y ahora hizo suyo el discurso de González (ayer lo reiteró en el Congreso de los Diputados Caldera) de que no se puede dejar a Ibarretxe dependiendo del EH.

Las elecciones vascas han tenido importantes consecuencias en Euskadi, pero también fuera de ese territorio, como era de esperar. Y no sólo para el PP y el proceso de sucesión de Aznar, sino también para el PSOE y el liderazgo de Zapatero. Las primeras noticias lo demuestran y el tiempo lo confirmará.


Predicciones falsas y compromisos
JAVIER PRADERA El País 23 Mayo 2001

La política cotidiana ofrece ejemplos en abundancia de la brecha que separa el mundo tangible del ser y el ámbito etéreo del deber ser; la confusión entre los juicios de realidad, vehículos de saberes cognitivos, y los juicios de valor, cauce de normas morales y propuestas programáticas, embarulla a veces innecesariamente las polémicas: mientras cabe comprobar si un hecho es cierto o falso, el contenido prescriptivo de un mandato se resiste a esa verificación. A menos de que sólo sean engañosas formas de expresar deseos vestidos de ropaje científico, las predicciones electorales pertenecen al campo cognitivo y son independientes de los compromisos políticos: también aquí se deberían evitar los equívocos. Durante los años cincuenta, los militantes comunistas tenían que precaverse tanto de la persecución de la policía como de los vigilantes de la ortodoxia partidista, que equiparaban cualquier manifestación de escepticismo respecto a los triunfalistas pronósticos sobre la inminente caída de Franco con el propósito de torpedear la lucha contra la dictadura. En democracia, las expectativas suscitadas por los llamamientos a las urnas tampoco deberían provocar ese tipo de confusiones: la poca confianza en la victoria del PSOE en las elecciones generales del año 2000 no implicaba la renuncia de sus simpatizantes a votarle.

Las recientes elecciones autonómicas vascas permiten examinar desde otro enfoque las implicaciones de pronósticos optimistas que resultan falsos: el error cognitivo de predicción cometido el 13-M por los votantes convencidos de que un aumento de los votos del PP y del PSOE permitiría un Gobierno de coalición entre ambos partidos no invalida las razones valorativas motivadoras de su apuesta. A toro pasado, resulta fácil descubrir las raíces de ese diagnóstico equivocado: las verdaderas tripas de la mayor participación (casi el 80% del censo), por un lado, y el trasvase de 81.000 votos del nacionalismo radical a la coalición PNV-EA, por otro. La menor abstención no sólo no perjudicó a los nacionalistas (una errónea creencia de casi todos los analistas), sino que les benefició. Y, aunque la suma de los sufragios obtenidos conjuntamente por populares y socialistas el 13-M (575.000) superase ampliamente los resultados conseguidos por ambas formaciones en las autonómicas de 1998, no es menos cierto que ese total de 2001 ha quedado ligeramente por debajo de los votos agregados alcanzados por los dos partidos en las elecciones generales de 2000 (586.000, con un 64% de participación).

Pero las predicciones equivocadas o las expectativas exageradas de los afiliados vascos del PP y del PSOE o de los activistas de ¡Basta Ya! y del Foro Ermua, promotores de sus candidaturas, no pueden ser esgrimidas como argumento contra los contenidos valorativos de su derrotada apuesta política, al igual que la victoria de Aznar hace un año o de Berlusconi ahora no suprime las razones de sus adversarios. Por lo demás, los errores de pronóstico tal vez sean parcialmente explicables por las estrategias de los partidos durante la campaña electoral, metafóricamente interpretable como nexo de unión entre el ser y el deber ser. La teoría según la cual el factor decisivo de la ajustada victoria de la coalición PNV-EA (33 escaños frente a 32, con 25.000 votos de diferencia) fue la trompetería estridente de la campaña llevada a cabo por los medios de comunicación controlados por el Gobierno y por el PP no puede hacerse extensiva, en cualquier caso, a la labor realizada por los movimientos sociales vascos, que orillaron cualquier esencialismo patriotero y se limitaron a defender las libertades individuales y los derechos civiles. La altruista solidaridad con las víctimas, el valeroso enfrentamiento con la amenaza terrorista y la denuncia del Pacto de Estella como instrumento de exclusión de los vascos no nacionalistas, núcleo esencial del mensaje de las plataformas ciudadanas ante el 13-M, probablemente contribuyeron a propiciar la espectacular caída del voto de EH y a moderar el discurso del candidato Ibarretxe.

Tentaciones
TONIA ETXARRI El Correo 23 Mayo 2001

De los consejos que va impartiendo Felipe González vale la pena destacar su recomendación a Ibarretxe de que acabe con el terrorismo callejero (la ‘kale borroka’ en eufemismo abertzale, que se ha vuelto a cebar con la librería Lagun), porque de esa indicación se desprende la convicción de que, desde la responsabilidad de gobierno, no se puede acabar con ETA tan fácilmente, pero con el acoso organizado, si existe voluntad política, sí.

Sabe Ibarretxe que tiene que recuperar esa confianza que muchos ciudadanos siguen sin tener en los responsables políticos porque no se han sentido arropados en la pasada legislatura y porque al oír decir a Arzalluz que colectivos como Basta Ya están financiados con fondos reservados, ven que estas provocaciones nada tienen que ver con el cambio de estilo propugnado desde la Lehendakaritza y, en consecuencia, les deja el poso de la duda sobre si el ‘desarme verbal’, en vez de reflejar un plan estratégico, no responderá a una necesidad táctica.

Difícil papeleta para Ibarretxe que es consciente de que su situación de provisionalidad no la puede prolongar por mucho tiempo dada la situación de emergencia que vive este país en relación a la convivencia. Ayer estuvo con Otegi, cuya vuelta al Parlamento le supondrá un recordatorio constante de la presión que puede ejercer EH mientras ETA siga estando ahí. Tampoco lo tiene fácil con su socio ( desde EA ya se refieren a la coalición como una «selección» con la que se ha jugado, pero cada cual pertenece a un equipo) que no deja pasar ni un día sin reclamar la aplicación de su programa. Soberanía. Y sin dejar de lado a EH, por supuesto, con especial atención a Aralar con quien tienen más en común que con el PNV.

Si desde su entorno se le presiona para que dedique todos sus esfuerzos en modificar la Constitución para lograr el derecho de autodeterminación mientras ETA sigue persiguiendo a los no nacionalistas, habrá perdido su segunda oportunidad para gobernar para todos los vascos. Hoy Nicolás Redondo le hablará de prioridades; en la misma línea que Zapatero. Un compromiso sólido hacia todos los cargos públicos amenazados. Habrá que ver si Ibarretxe tiene de verdad las manos libres para gobernar a su estilo ahora que Arzalluz ha insinuado su retirada. Cuesta mucho romper con el pasado pero si éste ha estado presidido por políticas tan erráticas que han provocado fisuras y confrontaciones, lo mejor sería recuperar la centralidad. Porque seguir pensando que en el País Vasco se vive de maravilla a condición de que no se disienta del nacionalismo, resulta perverso. Y preocupante. 

Discrepancias
Editorial ABC 23 Mayo 2001 

El encuentro celebrado ayer entre Juan José Ibarretxe y Arnaldo Otegi permitió al lendakari en funciones trasladar personalmente al dirigente de HB su negativa a cualquier relación política mientras la coalición proetarra no condene la violencia. Las opiniones de ambos interlocutores estaban previamente anunciadas —oferta soberanista, de una parte, y rechazo de la violencia, de otra—, por lo que la reunión tuvo únicamente el valor de una puesta en escena preliminar del desencuentro entre las ramas del nacionalismo vasco. Sin embargo, Eusko Alkartasuna ha irrumpido en el apacible escenario creado por Ibarretxe tras el 13-M recordando dos cosas: que el compromiso electoral de la coalición nacionalista es un proyecto soberanista y que es un partido con una visión propia de la política vasca y de las relaciones con HB. 

Desde el mismo día de las elecciones, EA ha resaltado su condición de formación estrictamente independentista, renovando los planteamientos que llevaron al nacionalismo a una lucha fratricida, primero con la escisión del PNV y luego con la expulsión de EA del Gobierno de José Antonio Ardanza. Reforzado gracias a la coalición, EA no se va a dejar deglutir por el PNV y su sistema de defensa va a ser la reiteración del mensaje soberanista y la fuerza de sus parlamentarios. Las primeras discrepancias con el PNV no son nimias. EA defiende, sin ambigüedad, un gobierno monocolor, la independencia y la inclusión de HB en el diálogo institucional. Tres argumentos que, cada uno en su dimensión, constituyen un golpe directo a la estrategia.

Savater cree que Arzalluz miente, incluso cuando se desmiente
Dice que no merece consideración moral y que la derrotada ha sido la esperanza
CARMEN GURRUCHAGA El Mundo
23 Mayo 2001

MADRID.- El filósofo y escritor Fernando Savater, fundador del movimiento ¡Basta, ya! calificó de «mentiras» las declaraciones de Xabier Arzalluz en el sentido de que esa plataforma cívica, así como El Foro Ermua y La Fundación Miguel Angel Blanco son financiadas con fondos reservados del Ministerio del Interior. «Arzalluz no merece consideración política ni moral, sabe que miente, pero también es mentira el desmentido posterior. Mentira sobre mentira. Es una receta de la casa, de Sabin Etxea (sede del PNV)», añadió.

Savater presentó ayer su nueva obra, A caballo entre dos milenios, en la que recoge su pasión y afición por las carreras de caballos, que conoció de la mano de su padre en Lasarte cuando tenía cinco años y que le ha llevado a recorrer el mundo de hipódromo en hipódromo. En su opinión, Arzalluz «es una cosa que sólo hay en el País Vasco, y porque hay personas que tienen mal gusto, lo soportan, mientras que los demás, de dentro y fuera del País Vasco debemos hacer el menos caso de él posible».

El escritor vasco no tenía muchas ganas de hablar de política, pero le resultó inevitable ante al insistencia de los periodistas que acudieron al acto. Así pues, calificó al líder peneuvista de «desecho de tienta que no merece consideración ni política ni moral».

Savater tampoco quiso ofrecer una valoración de los resultados electorales, porque prefiere hacerlo por escrito y de forma más sosegada, más adelante. Quiso restar importancia al dramatismo con el que algunas personas han valorado los resultados porque según dijo no ha «habido barrida del nacionalismo», ya que, según lamentó, «la verdadera derrotada de los comicios ha sido la esperanza». Además, haciendo un símil con las carreras de caballos, señaló que la situación en el País Vasco y su posible solución es «una carrera de fondo y de obstáculos». Asimismo, se refirió a las críticas vertidas desde sectores nacionalistas a intelectuales y escritores por su apoyo manifiesto durante la campaña a los partidos no nacionalistas. «Imagínate que alguien hubiera reprochado a Umberto Eco por haber estado contra Berlusconi denunciando lo que iba a ser malo para los italianos. Ahora Berlusconi ha ganado las elecciones pero no creo que Eco ni otros intelectuales hayan cambiado de opinión. No veo por qué los que tenemos razón vamos a tener que cambiar porque haya muchos que piensen otra cosa», apostilló.

Con la ironía que le caracteriza indicó que ha aprendido a disfrutar de su afición acompañado siempre por escoltas a los que a veces sopla algunos números. Además, el problema no es llevarlo, sino que exista una situación en la que eso sea necesario, pero sé disfrutar de las cosas más elementales».

La dirección de El Foro Ermua ha calificado de «nuevo Goebbels» al presidente del PNV, Xabier Arzalluz, ante las acusaciones que el responsable peneuvista lanzó contra esta organización en la revista mexicana Proceso. «Afortunadamente, nuestras cuentas son públicas y transparentes. Están a disposición de quien quiera comprobar nuestros ingresos, no hay problema», puntualizaron.

Así, en un comunicado emitido ayer por la plataforma cívica contra la violencia, sus portavoces incidieron en que el nuevo Goebbels, en referncia al presidente del PNV, ha aplicado el «miente, que algo queda», y anuncian que comprobarán el contenido de la entrevista a Arzalluz publicada en el semanario mexicano: «El Foro Ermua comprobará el contenido literal de esa afirmación para interponer una querella por injurias», matizaron.

«No obstante, importa poco lo que diga ese personaje tan caracterizado por representar la cara más sucia e innoble de la política. Ofende quien puede, no quien quiere», añadieron.

Federalismo fiscal
Primo González La Estrella 23 Mayo 2001

La sola mención de la palabra federalismo, cuando se alude a la España de las Autonomías como horizonte posible o deseable desde algunas ópticas políticas, es suficiente para generar un acalorado debate. Mentar la palabra federal o sus numerosas variantes es en la España de hoy políticamente incorrecto. Con el paso de los años, España se ha convertido sin embargo en un país auténticamente federal en lo fiscal y en amplias parcelas de lo económico. Un Estado en el que las autoridades autonómicas disfrutan en muchos casos de competencias de las que carecen muchos Estados federales.

Escuchando ayer a tres destacados expertos (dos de ellos economistas) sobre el tema de la financiación autonómica en España parecen existir pocas dudas al asegurar que España se ha ido convirtiendo, con el amontonamiento de negociaciones y acuerdos, generalmente bilaterales y casi siempre mediatizados por razones de conveniencia política de muy corto plazo, en un país bastante avanzado en cuanto a su estructura económica de corte claramente descentralizado y, más aún, federal. España ya es, en lo económico y en lo fiscal, un Estado federal, mal que pese a muchos. Sin habérselo propuesto, España ha ido construyendo este Estado federal en lo económico a lo largo de los últimos 20 años, siempre de espaldas al consenso político que ha presidido la redacción de algunas normas fundamentales del Estado.

Para mayor abundamiento, además de contar con una estructura económica y especialmente fiscal que se parece mucho a una estructura federalista, tenemos un Estado bastante desorganizado en lo económico, una auténtica anarquía de competencias, asimetrías competenciales, agravios comparativos, irresponsabilidad fiscal y paternalismo centralista... Unas competencias que se han ido sumando sin criterios aplicables a la generalidad de los territorios y casi siempre arrancadas por la vía de una negociación eminentemente política, sobre todo en los dos momentos en los que el Gobierno central ha tenido que recurrir a las alianzas políticas por insuficiencia de mayoría parlamentaria. El grueso de la regulación económica que ha ido cimentando la descentralización económica española y la distribución de competencias procede de los dos periodos de minoría parlamentaria, uno del PSOE, otro del PP. A cual peor. El último de ellos, el de 1996, está a punto de terminar su plazo de vigencia y ya se le está buscando un relevo.

Un grupo de expertos, reunido por la Fundación BBVA, acaba de alumbrar un amplio informe titulado "Bases para un sistema estable de financiación autonómica", informe dirigido y coordinado por el profesor González-Páramo y que ha contado con las aportaciones de media docena de expertos de primera fila, posiblemente entre los mejores que se pueden encontrar hoy en España sobre este asunto. Algunos de ellos han participado en la redacción de los informes que han servido de base para la negociación de transferencias o para la fijación de algunas posturas del Gobierno de turno en este tipo de negociaciones. Las reflexiones de este grupo de expertos no tienen desperdicio porque ponen de relieve hasta qué punto el famoso Estado de las Autonomías se le ha ido de las manos a la sociedad española en unos momentos en los que entrábamos en el espacio económico y regulado de la Unión Europea.

La financiación autonómica tiene una patente actualidad, y la va a tener en los próximos meses, porque este año expira el sistema de financiación acordado en el año 1996 y que está vigente para casi todas las Autonomías. Tres de ellas prefirieron en su día descolgarse del sistema general. Éste es, además, año de renegociación del Concierto con el País Vasco, que es la región autónoma española con mayor autonomía fiscal, junto con Navarra, derivada de la historia foral de ambas Comunidades. La renegociación del Concierto vasco es tema de alta tensión política, a tenor de cómo han quedado desde el pasado 13 de mayo las relaciones entre Madrid y Vitoria, cuya recomposición plantea en estos momentos serias dudas a más de uno.

Cerca del 30% del gasto que realizan las Autonomías españolas está ya en manos de los poderes políticos locales, un porcentaje que supera el de algunos territorios en otros países con estructura política declaradamente de Estado federal. El paso desde el Estado autonómico al federal, siempre hablando en lo económico, fue franqueado en el momento en el que las autoridades autonómicas empezaron a asumir capacidad normativa (es decir, a determinar la cuantía de los impuestos que desean) y a practicar un mal llamado principio de corresponsabilidad fiscal.

Esta vía tiene bastantes visos de seguir profundizándose en el futuro y sería deseable que, puestos a llamar las cosas por su nombre, la idea de corresponsabilidad fiscal quedara claramente consagrada como una práctica en la que las Autonomías puedan prescindir de las garantías de las que se han dotado en los últimos años. La corresponsabilidad fiscal con red, como la que tenemos ahora en España, significa que las Autonomías tienen escasos incentivos para mejorar la recaudación. No sólo porque presionar a los ciudadanos para que paguen más impuestos no le gusta a nadie, sino porque existe una garantía del Estado central que asegura un determinado nivel de ingresos sin esfuerzo recaudatorio. Es uno de los numerosos despropósitos en los que ha incurrido este sistema, al que los propios expertos desearían no llamar ni siquiera "sistema", porque lo construido sin reglas, sin normas y sin concierto se parece más a un galimatías que posiblemente resulta injusto, además de ineficiente y que ha llegado a donde nadie había pretendido.

Bocadillos para la paz
ENRIC SOPENA, ANTONI ESTEVE Y ANDREU MISSÉ El Correo 23 Mayo 2001

Hace ahora un año, el jurado del Premio Josep María Lladó a la Libertad de Expresión concedió este galardón a José Luis López de Lacalle. Le fue otorgado a título póstumo: ETA lo había asesinado a causa de su vinculación con el Foro Ermua y, sobre todo, por sus comentarios periodísticos sobre Euskadi. A lo largo de estos tiempos, ETA ha intentado matar a otros colegas, aunque afortunadamente no lo ha conseguido. Con motivo del Día Mundial de la Libertad de Expresión, Reporteros sin Fronteras enumeraba aquellos países en los cuales los periodistas corren graves riesgos como consecuencia del ejercicio de su profesión. España figuraba en tan penoso ranking. ETA era la culpable.

El 15 de mayo, menos de 48 horas después de que se hubieran cerrado las urnas, los terroristas volvían a poner en peligro la vida de Gorka Landaburu, que sufrió un mutilación en sus manos y serios destrozos en la cara, aparte de otras heridas. Gorka Landaburu, como también lo era José Luis López de Lacalle, es un periodista de inequívoca trayectoria progresista. Pero esta circunstancia -queremos subrayarlo de inmediato- no la consideramos un dato relevante a los efectos de la espantosa acometida de ETA. Compañeros y compañeras, asimismo amenazados, también lo son. Otros, no. Sin embargo, entre unos y otros sí hay un nexo común: su condena a la violencia como instrumento político. Lo demás, en este caso, nos parece secundario. La cuestión de fondo es que periodistas de izquierdas, de centro o de derechas -como sucede, por lo demás, con todas las víctimas de esta banda criminal- son amedrentados, agredidos y hasta liquidados físicamente.

Situarse periodísticamente contra ETA -y contra lo que ETA dice representar- puede significar, pues, un delito tipificado con pena de muerte. ETA ejecuta a todo aquel, o aquella, que no coincide con sus planteamientos o no calla, o no mira prudentemente hacia otro lado. Su nauseabunda actuación impide el normal funcionamiento del sistema democrático, donde nadie debiera sufrir el más mínimo quebranto por defender sus ideas o por informar de acuerdo con la legítima visión que se tenga de la realidad. En Euskadi, y por extensión en el resto de España, ETA ha llegado a ser un obstáculo gravísimo para la libertad de expresión. Lucha, según sus proclamas, en favor del pueblo vasco. Pero sus tesis -más allá de cualquier otra valoración- quedan invalidadas de raíz porque el comportamiento de ETA es abyecto: oscila entre el de la mafia y el de los nazis.

Acabar con ETA es, sin duda, objetivo prioritario para Euskadi y para el conjunto de España. El 13 de mayo hubo elecciones. Nunca tanta gente había acudido en el País Vasco a las urnas. Nunca el partido afín o próximo a ETA había cosechado un peor resultado. Pero nunca la campaña -y desde bastante antes de ésta- había puesto dramáticamente de relieve la desunión entre las fuerzas democráticas, divididas de forma artificial y suicida en nacionalistas y constitucionalistas. Los enfrentamientos y los odios han proporcionado un lamentable espectáculo que, como mínimo, habrá servido de aliento a ETA tras el declive electoral de EH. Nosotros, como Grup de Periodistes Progressistes Josep Maria Lladó, entendemos que ha llegado la hora -porque más vale tarde que nunca- de poner punto final a tanto desatino.

Estamos al lado de las víctimas -de todas- y, estos días especialmente, al lado de Gorka Landaburu. Le expresamos nuestro apoyo, nuestra solidaridad y nuestro afecto. Le felicitamos por su coraje y por su lucidez. Gorka le dijo, desde el hospital, a Iñaki Gabilondo -quien, por cierto, nos acompañó con su presencia y con un extraordinario discurso en el acto de entrega del premio ‘in memoriam’ a López de Lacalle- unas palabras que suscribimos: «Hay que dialogar, hay que sentarse, traeremos los bocadillos, las comidas, que estén todos reunidos y que no salgan de donde sea hasta ponerse de acuerdo porque este problema es un problema de todos».

Señor Ibarretxe, señor lehendakari: le rogamos que atienda la exhortación de Gorka, que es la de tantísima gente; también la nuestra. Promueva -como parece que es su intención-, sin vacilaciones ni ambigüedades, un proceso de reconciliación y de unidad frente al terror. Los votos lo han revalidado y lo han legitimado abrumadoramente. No pierda ocasión, no pierda un minuto, señor Ibarretxe. Olvide los agravios y sepulte los rencores. Busquen las coincidencias -que son muchas- su partido, el PSE y el PP. Hágalo, y todos los que le acompañen en este recorrido, de este color o de aquel otro, sentirán el calor y la esperanza de millones y millones de ciudadanos, vascos y no vascos, independentistas o autonomistas. Eso ahora importa poco. Lo mejor que le puede pasar a Euskadi -a todos nos enorgullecería- es que se convirtiera en un referente de convivencia y de paz en libertad. No en sinónimo de miedo y de violencia, como sucede con demasiada frecuencia.

Nos gustaría, Gorka, que tú pudieras escribir, con tu mano izquierda -la otra te la han destrozado los asesinos-, la primera crónica anunciando que, esta vez sí, ha empezado una nueva y hermosa era. En la que las libertades se respeten escrupulosamente y en la que los periodistas podamos cumplir con nuestra obligación sin necesidad de ser héroes o de ser mártires. Ánimo, pues, señor Ibarretxe. Den ustedes también el paso, señores Mayor Oreja y Redondo, «porque este problema es un problema de todos». Nosotros, desde luego, nos comprometemos, mientras estén reunidos, y con mucho gusto, a proveerles de bocadillos. Los más sabrosos: bocadillos para la paz.

Ni memoria tienen
Por Carlos DÁVILA ABC 23 Mayo 2001 

Llegó el PSOE al Gobierno en el 82 y la revista «Time», encendida por la prestancia suficiente de González y sus neófitos cachorros, les dedicó una portada con este gran titular sobre una foto del presidente: «Los jóvenes nacionalistas». Destacaba «Time» el intento integrador de un socialismo que parecía haber abandonado el radicalismo y se había plegado a los dictados del pragmatismo, al punto de que González y los suyos habían adoptado los postulados básicos de la defensa de todo lo español que hasta entonces había detentado —escribo detentado— la derecha franquista. El nacionalismo de González fue, durante mucho tiempo, básico fundamento de su política y de su estrategia. Sobre todo en el País Vasco, donde muchísimo electorado conservador, huérfano de UCD y receloso de Fraga, apoyó al PSOE porque era el único que garantizaba la supervivencia de los valores constitucionales en las tres provincias. Luego González se dio al GAL, se hinchó de corrupción y, al tiempo, empezó a soportar la existencia de jerifaltes regionales con un concepto territorial que volvía a los tiempos en que el PSOE no hablaba de España sino de la Federación de Pueblos Ibéricos.

Como ahora, que por aislar al PP y quitarle todo el poder posible, González, al que Zapatero ha dado carta blanca para hacer el trabajo sucio contra Aznar, intenta aligerar la presencia gubernamental del PP en las Autonomías, y dejarlo en el País Vasco más solo que la una, aun a costa de volar todo lo prometido por los socialistas vascos en la reciente campaña. González es un mentiroso de tomo y lomo al que el PSOE utiliza. Que nadie crea que marcha por su cuenta. Miente cuando dice que ahora hay más terrorismo que en su época (pues no, 392 asesinatos contra 51, una media de 32 anuales contra 10), y miente cuando asegura que Aznar pone en peligro la vertebración nacional. Eso en él, amigo de Arzalluz y promotor del nacional-socialista (escríbase, por favor, así) Maragall es un sarcasmo. En cuanto a Guerra, otra vez palmero de González, qué decir de su endemoniada relación Aznar-Berlusconi-mafia italiana. El PSOE, ¿que se dio el morro con Craxi? Pero, ¿es que ni memoria tienen?

La Asamblea francesa aprueba la autonomía corsa
Josefa Rodríguez - París.- La Razón 23 Mayo 2001

El proyecto de ley de autonomía para Córcega pasó ayer el primer dictamen de la Asamblea Nacional francesa con una votación que rompió las barreras entre la derecha y la izquierda. Entre los 287 votos a favor se contaron los de socialistas, verdes y varios diputados centristas y liberales, como el presidente de la Asamblea corsa, José Rossi, o el ex primer ministro Edouard Balladur. Pero el trasvase de votos también se produjo en sentido contrario, ya que a los de la derecha del RPR se sumaron los de los seguidores del ex ministro del Interior d Jospin, Jean-Pierre Chevenement, que calificó el proyecto de «aventura peligrosa» que puede llevar a «una Francia federal». En total, 217 votos en contra. Los comunistas tampoco apoyaron el texto del Gobierno y optaron por la «abstención expectante».

   El proyecto aprobado, notablemente suavizado con respecto al que remitió el Ejecutivo, será debatido en el Senado en octubre. Prevé que la Asamblaea corsa pueda adoptar leyes y reglamentos, aunque siempre bajo el control del Parlamento francés, establece la generalización de la lengua corsa en las escuelas elementales, revisa el estatuto de zona franca de la isla, y autoriza a la Asamblea corsa a elaborar un plan de actuación y desarrollo del litoral que anula la prohibición de urbanizar las costas. Este último apartado ha levantado abundantes críticas, entre ellas las del ex presidente Giscard d'Estaing, que se escudó en él para cambiar su inicial apoyo al proyecto por la abstención.
 
Nota del Editor 23 Mayo 2001
 
Esta noticia, de haberla recibido durante la guerra de la independencia, me habría alegrado mucho, hoy me causa tristeza, pues se inicia la apertura de otra caja de los truenos; pero afirmo solemnemente que no aprenderé corso, breton, vasco o cualquier otro de la misma calaña y seguiré con el idioma de la república, el francés. Centralización - descentralización: eterno problema que nos causan los políticos, un constante y eterno ciclo como el del universo de expansión y compresión. Las naciones se rompen a trozos, para  abortar más puestos políticos que ofrecer a los más gritan o matan, mientras tanto las empresas se unen para ganar en eficiencia en la aldea global.
LA MESA DE BABEL
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 23 Mayo 2001

No era la torre de Babel, pero sí la mesa de Babel: Juan y yo hablábamos en gallego con mi padre, mientras Mario y Carmen solían hacerlo en castellano; aunque no siempre, los cuatro hermanos utilizábamos el castellano entre nosotros; y también el castellano con mi madre, cacereña de Plasencia. Si a la hora del café aparecían por allí nuestro amigo Manolo o mi tío Pepe, el babel se convertía en una algarabía en ambas lenguas, donde chascarrillos y cuchufletas, dimes y diretes, fluían indistintamente en gallego y castellano sin que al final de la velada uno pudiese decir con seguridad con quién había hablado en una lengua o en la otra.

Así fue siempre en casa de mis padres, y ha sido, y sigue siendo, en gran medida, en muchas casas, bares, oficinas, colegios o facultades de Galicia. Así es, de hecho, en nuestras calles, como puede comprobar quien se pasee con los oídos bien abiertos. Por aquí lo sabe todo el mundo, salvo los que sólo tienen relación con las únicas personas que hacen del gallego un uso mayoritariamente ritual, falto habitualmente de espontaneidad y de frescura: las personalidades que ocupan cargos políticos, sindicales o académicos. Sólo ellos saben siempre en qué idioma están hablando, pues sólo ellos se ven constreñidos por la corrección política hoy en boga a no expresarse nunca públicamente en castellano, aunque ese sea su hábito idiomático privado.

Los demás, que somos la inmensa mayoría, no hemos sufrido jamás tales problemas, pues tenemos un hábito lingüístico normal, no necesitado, por lo tanto, de normalizaciones impuestas por los que hacen del gallego un uso ritual: hablamos en castellano o en gallego dependiendo de cuándo, de dónde y de con quién. Así de fácil: con total libertad, con la que todos tenemos en Galicia desde que se aprobaron la Constitución y el Estatuto. Vivimos en dos lenguas de verdad y por ello nada ni nadie nos fuerza a estar constantemente comprobando si utilizamos la una o echamos mano de la otra. Como nadie podría forzarnos a vivir midiéndonos la tensión o mirándonos el pulso, para constatar así una y otra vez que estamos vivos.

Esta normalidad es, para algunos, una patología urgente de corregir. Son los mismos que se consideran con derecho a atribuir patentes de amigos y enemigos del gallego. Los mismos que acusan de ser un monstruo antigallego a un buen amigo de la infancia que es bilingüe desde niño, que ha hablado en gallego siempre con buena parte de sus tíos y sus primos, y también con muchos de sus amigos más queridos. Un gran rival de Galicia y del gallego éste mi amigo, que en gallego hablaba con su padre, como siempre, cuando su padre, ya muy enfermo, se le iba poco a poco. ¡Qué locura!

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