AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 24  Mayo   2001
#El síndrome caudillista
Iñaki EZKERRA La Razón  24 Mayo 2001

#Varapalo al exceso nacionalista
Editorial La Razón 24 Mayo 2001

#Elección prudente de Redondo
Editorial La Razón 24 Mayo 2001

#Coherencia
Editorial ABC 24 Mayo 2001

#Redondo debe quedarse en la oposición
Impresiones El Mundo 24 Mayo 2001

#Euskadi como metáfora
KEPA AULESTIA El Correo 24 Mayo 2001

#El portavoz de “Basta Ya” dice que los vascos han elegido la comodidad abandonando a los amenazados
Efe Libertad Digital 24 Mayo 2001

#Los tirillas y el cambio espasmódico
Enrique de Diego Libertad Digital 24 Mayo 2001

#Oscuro debate
Ramón PI ABC 24 Mayo 2001 

#La coral de vicetiples
José A. SENTÍS La Razón 24 Mayo 2001

#Ibarreche y la prueba del nueve
Lorenzo CONTRERAS La Razón 24 Mayo 2001

#Las razones de los perdedores
PATXO UNZUETA El País 24 Mayo 2001

#Gorriarán contra Cebrián
El Conspirador La Estrella 24 Mayo 2001

#La sórdida alianza
Pío Moa Libertad Digital 24 Mayo 2001

#Haciendo amigos
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 24 Mayo 2001

#ETA asesina a tiros en San Sebastián al director financiero de 'El Diario Vasco'
AGENCIAS | San Sebastián El País 24 Mayo 2001

#ETA intenta asesinar a un vigilante de la UPV con una bomba bajo el asiento de su coche
OLATZ BARRIUSO BILBAO El Correo 24 Mayo 2001

#Las tortillas del día siguiente
Carlos Semprún Maura Libertad Digital 24 Mayo 2001


El síndrome caudillista
Iñaki EZKERRA La Razón  24 Mayo 2001

Lo que pasó el fatídico 13 de mayo puede explicarse por el proceso de «lobotomización» al cual el nacionalismo ha sometido a la sociedad vasca durante años en la escuela y los medios de comunicación. Puede explicarse por el miedo a que la llegada del Estado de Derecho que representa Mayor Oreja agravara la situación (como si fuera fácil agravarla más): por ese pánico infantiloide que lleva al enfermo a temblar más ante la jeringa que ante el propio virus. Puede explicarse por una corrupción estructural que no afecta ya sólo al PNV sino a toda la sociedad vasca, por esa boyante empresa que se llama «Problema Vasco S. A.» y por el famoso «más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer». Pero hay que explicarlo también por la fascinación que despierta en un importante sector del electorado nacionalista el propio Arzalluz con sus delirios etnicistas y esa mandíbula mussoliniana que, en sus espectaculares corrimientos, evoca el carrete de una Olivetti.

   El mérito del frente nacionalista ha sido el de saber arramblar con los votos de esa fascinación totalitaria y los de la moderación que acabó encarnando Ibarretxe al recular a media campaña en todos los postulados radicales, al prometer no pactar con EH, no reeditar Lizarra y defender el propio Estatuto aunque lo dijera en voz baja para no entrar en escandalosa contradicción con el programa soberanista de su partido. Gracias a esa mezcolanza tienen tanta razón Otegi como los «autonomistas» al reclamar del PNV que vaya en la dirección constitucionalista o en la dirección independentista, en la de Arzalluz o en la que ahora amaga representar Ibarretxe. Por esa razón no se va a ir nunca Arzalluz por mucho que lo anuncie y a no ser que se cumpla la lúcida profecía de Tip: «Arzallús, Arzallús, cuando mueras ¿qué harás tú?».

   Arzalluz es un caudillo en toda regla y, como ocurre con los caudillos a cuya bota se acostumbran los pueblos, despierta adhesiones incondicionales, más cuando se encuentra aislado y acorralado. Arzalluz despierta el «síndrome caudillista», que es muy parecido al «síndrome de contigo pan y cebolla» que experimentan los amantes cuando los padres, los amigos o la sociedad se oponen a su relación. Oposición que sólo sirve en esos casos para que la relación se reafirme. Eso pasó en los últimos días de Franco y pasa en los últimos días de Castro. Las multitudinarias concentraciones de ayer en la plaza de Oriente y las de hoy en la plaza de La Revolución de La Habana no pueden leerse como signos de salud de unos regímenes sino como los cantos del cisne que delatan la agonía. ¿Y si estuviera pasando eso en Euskadi con el régimen nacionalista?
 

Varapalo al exceso nacionalista
Editorial La Razón 24 Mayo 2001

El Gobierno dio a conocer ayer una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre Cataluña. Su relevancia, no sólo a la hora de determinar la tendencia de voto ante unas posibles elecciones autónomas sino en sus aspectos cualitativos, se ha visto afectada por la polémica. No parece razonable que se presente, sin que nadie tuviera conocimiento, una encuesta tan significativa cuando faltan dos años para las elecciones autonómicas y poco después de la consulta en el País Vasco. Pero es importante destacar que el estudio ofrece datos muy relevantes: en lo que hace referencia al empate de escaños entre CiU y PSC, a pesar de que este último logra un porcentaje de voto algo mayor, permite afirmar que se produce un estancamiento de los dos grandes partidos catalanes y que la alternativa de Maragall ha tocado techo. 

El líder del socialismo catalán ha incurrido en el error de centrar su labor de oposición en un nacionalismo que llega a desbordar a Pujol por la izquierda y en la ausencia de propuestas, más allá de un discurso errático. Por su parte, CiU pierde terreno como consecuencia del agotamiento en un mensaje que tras más de veinte años de gobierno no ha sido capaz de renovarse. El PP muestra un crecimiento sostenido, fruto tanto de recoger los beneficios de la acción del Gobierno como de su papel determinante en la política catalana. No hay que olvidar que el PP siempre muestra un mayor voto oculto que el resto de partidos catalanes, por lo que la tendencia es el elemento más significativo. En caso de que la previsión se confirmara en las urnas, CiU tendría una dependencia total del PP.

   Hay otro aspecto fundamental de la encuesta, sin lugar a dudas el más relevante, y es que los catalanes apuestan mayoritariamente por el Estado de las Autonomías, en un 80 por ciento, aunque con la habitual tendencia de quienes desearían la ampliación del techo compentecial. Esta demanda se ha convertido en un dato consustancial a cualquier encuesta en todas las Comunidades en las que se pregunte sobre estas cuestiones. Los que desearían la independencia representan menos del 20 por ciento y la mayoría se sitúa en el catalanismo o nacionalismo moderado. Es decir, un fuerte sentimiento autonómista y un decidido apoyo por el actual modelo de Estado. Los catalanes dan la espalda a los radicalismos.

Elección prudente de Redondo
Editorial La Razón 24 Mayo 2001

El secretario general del los socialistas vascos, Nicolás Redondo Terreros, anunció ayer que su partido esperará hasta conocer las propuestas del PNV para el próximo Gobierno antes de adoptar una decisión sobre la postura en el debate de investidura del candidato nacionalista Juan José Ibarreche. Una vez más, Redondo ha demostrado que es un político prudente y conocedor del País Vasco y del sentido del voto que los ciudadanos depositaron en las urnas el pasado día 13. Por eso acudió a la cita con el lendakari en funciones con espíritu abierto y haciendo oídos sordos a las consignas de la vieja guardia del PSOE, que se apresura a intentar echar al partido en brazos de Arzallus para tocar de nuevo algo de poder, y asestar de paso al PP un golpe lo más espectacular posible. Pero el líder de los socialistas vascos no está dispuesto a obedecer ciegamente a los amigos socialistas de Arzallus y recordó ayer que su oposición se hará en colaboración con el secretario general del PSOE, Rodríguez Zapatero.

   La prudencia se presenta sin duda como la mejor opción ante la situación política y conviene concederse el mayor tiempo posible para conocer qué postura adoptará finalmente el candidato del PNV, porque las cosas pueden cambiar rápidamente. De hecho, algo ha cambiado cuando Ibarreche, a pesar de lo dicho en su momento por Arzallus, dio muestras de seriedad al rechazar cualquier apoyo de lo batasunos, ante la negativa de Otegui a condenar expresamente la violencia. Es decir, que ha cumplido, al menos en el primer envite, su promesa electoral de no pactara ni aprovechar apoyos manchados de sangre. Y hay que reconocer que no se trataba de una postura fácil, como demuestra la crisis desatada en sus propias filas por la presidenta de EA, Begoña Errazti, que se ha enfrentado públicamente a Ibarreche y defendido una opción independentista que se hubiera acrecentado con la compañía de los votos de Otegui.

   Ibarreche tendrá que demostrar que, como ha hecho en los últimos días, no será la marioneta de Arzallus que fue en al anterior legislatura, aunque la confianza que reclama debe obtenerse por la vía de los hechos. Hace bien Redondo en esperar a conocer la obras del candidato y si presenta planes «serios y sinceros» para revisar su política en asuntos como la educación, los medios de comunicación, el desarrollo estatutario y, sobre todo, la recuperación de las libertades para todos los ciudadanos, incluidos los no nacionalistas y el vigilante de la Universidad del País Vasco que ayer salvó la vida de milagro al no hacer explosión la bomba-lapa colocada por Eta bajo su coche.

Coherencia
Editorial ABC 24 Mayo 2001

La ronda de entrevistas convocadas por el lendakari en funciones, Juan José Ibarretxe, está sirviendo para que todas las formaciones, excepto la suya, el PNV, fijen con más o menos claridad sus posiciones a corto plazo en el País Vasco. Ayer lo hizo el Partido Socialista. Nicolás Redondo y Jesús Eguiguren acudieron a Ajuria Enea con un mensaje previo de Rodríguez Zapatero: los socialistas no apoyarán a Ibarretxe como lendakari. Además, Redondo había ratificado la vigencia del Acuerdo por las Libertades firmado con el PP. El socialismo vasco ha evitado con estas actitudes despeñarse por el talud de la incoherencia. La ruptura con la estrategia mantenida hasta el día 13 no tenía motivo alguno, salvo la obsesión rencorosa y agria de ciertos líderes del PSOE hacia el PP y, en concreto, hacia Aznar. En todo caso, hay razones para mantener esa estrategia, y la fundamental es que, si realmente sirvió para que ahora el PNV e Ibarretxe moderen su discurso, la lógica democrática —basada en la lealtad al electorado— exige que los socialistas perseveren en ella. Cualquier otra opción elegida por los socialistas habría agradado el oído nacionalista, pero hubiera supuesto bajar el nivel de exigencias a Ibarretxe, trocando el requerimiento de una política de hechos por el de una política de gestos, cuando no de simples palabras. El umbral de la democracia es mucho más alto, incluso en el País Vasco, y el socialismo debe defenderlo.

Redondo debe quedarse en la oposición
Impresiones El Mundo 24 Mayo 2001

Nicolás Redondo no tiene aún claro cuál será la posición del grupo socialista en lo referente a la investidura de Ibarretxe. Tras su reunión con el lehendakari en funciones, ha dicho que su partido «va a ver lo que dice quien tiene la responsabilidad de tomar la iniciativa». Es verdad que el reglamento vasco sólo permite dos alternativas: votar a favor del candidato o abstenerse. Es decir, no contempla el voto en contra. Lo lógico, por tanto, sería que el PSE-EE se abstuviera. El mero hecho de que Redondo contemple la posibilidad de votar a favor de la investidura del dirigente del PNV es motivo de preocupación. Sólo tendría sentido si hubiese llegado a un acuerdo de gobierno o de legislatura con Ibarretxe. Pero ello supondría ir en contra del mandato que le han dado los electores para ofrecer una alternativa al proyecto nacionalista. Para ser coherente, Redondo debe quedarse en la oposición.

Euskadi como metáfora
KEPA AULESTIA El Correo 24 Mayo 2001

Durante los últimos dos o tres años, la situación en Euskadi ha sido una referencia constante para buena parte de la política y la opinión pública en el resto de España. Pero no lo ha sido únicamente por la gravedad de los acontecimientos o debido a la inseguridad que la perpetuación del terror extiende por toda su geografía. Euskadi se ha convertido, también, en el envés recurrente de una determinada concepción de la democracia, de la política y del Estado. Utilizar una situación extrema como contra-modelo nunca es del todo aconsejable para una sociedad avanzada. El recurso a la situación vasca como representación del mal absoluto no sólo implica una gran dosis de injusticia, sino que induce a imaginar el bien sin matices. Como si todo lo que se aleje o se enfrente a un estado que, ciertamente, es de excepción tuviera que ser consagrado como parte de la esencia misma de la democracia.

Para las democracias europeas el recuerdo del holocausto, el descubrimiento de lo que se ocultaba tras el Muro o la limpieza étnica en los Balcanes constituyen mucho más que unos capítulos negros en la historia: son la historia misma. El totalitarismo y el etnicismo siguen siendo esos peligros de los que no se pueden sentir libres las sociedades occidentales. Pero la democracia no puede ser pensada exclusivamente como antítesis de las más flagrantes vulneraciones de los derechos humanos. Entre otras cosas porque mientras mantengamos los ojos bien abiertos para prevenir las mayores atrocidades puede que no nos percatemos de esas otras flaquezas, más sutiles o tenues, que erosionan la vivencia de la libertad.

Euskadi ha sido durante todo este tiempo una metáfora útil, pero extraordinariamente peligrosa. En Euskadi, más que en ninguna otra parte, resulta necesario reiterar lo obvio porque quedan aún mentes y conciencias total o parcialmente opacas al reconocimiento de esos mínimos que toda sociedad precisa para reconocerse como tal. La dignidad del ser humano, la legitimidad de las instituciones, la aceptación de unas reglas de juego comunes y el gobierno de la ley son aún hoy valores que se ponen en entredicho constantemente en Euskadi. Pero, por eso mismo, el resto de España debiera aprovecharse de su suerte para hilar más fino en cuanto a la democracia, la división de poderes o el Estado de las autonomías. La lógica incomprensión ante el estado de cosas reinante en la comunidad autónoma vasca y el consiguiente rechazo que provoca un conflicto que exporta violencia fuera de «los límites de la patria» han terminado animando una cierta visión de España que, de existir, nunca puede concebirse como la única posible sin llevarse por delante la pluralidad.

Las palabras de José María Aznar, interpretando el resultado electoral del domingo 13 como muestra de que la sociedad -o la situación- vasca «no estaba suficientemente madura» reflejan los perniciosos efectos que la metáfora puede inducir. No sólo porque el presidente identifica la madurez de la sociedad -o la situación- con que el electorado secunde sus posiciones; sino, sobre todo, porque sugiere que los ideales democráticos sólo pueden ser alcanzados de una única manera; y porque lo expresa, además, en un mensaje dirigido no a los vascos, sino al resto de los españoles para que miren a los vascos de esa misma manera.

El peor de los males que afectan a la política -aquí y en cualquier parte- no se halla en la defensa a ultranza de determinados principios, sino en la reducción dogmática que supone pensar que esos principios sólo pueden realizarse de una sola forma. Parece más que dudoso que de haber seguido una estrategia de campaña y precampaña distinta -menos dramatizada o pretenciosa- las opciones constitucionalistas hubiesen alcanzado un mejor resultado. Desde ese punto de vista, tiene poco sentido hablar de equivocaciones electorales. Por el contrario, quizá el principal error de los constitucionalistas haya sido concebir la alternancia como un fin en sí misma. De modo que al fracasar en su intento su indisimulada decepción ha terminado revelando carencias en cuanto a los fines propuestos y una notable falta de medios más adecuados a la ‘inmadurez’ de una sociedad -o una situación- tozuda, que nunca se comporta como cada cual desearía.

Lo curioso del caso es que, conocidos los resultados electorales, Euskadi ha vuelto a ser una metáfora; aunque esta vez parece que en sentido inverso al anterior. En esta ocasión, Euskadi ha sido convertida en la metáfora de las flaquezas del aznarismo; en un argumento implacable que permite imaginar cómo podría acortarse el ciclo político que los populares desearían culminar más allá de la presente década. No hay causa más legítima para cambiar de parecer que un resultado electoral inapelable. Sin embargo, ni siquiera un resultado electoral inapelable desde el punto de vista de quién está mandatado para gobernar el país es capaz de cambiar el país mismo. Cuando algunos dirigentes socialistas y líderes de opinión no han tenido empacho en sugerir que el mal resultado del PSE-EE puede constituir, al mismo tiempo, una buena noticia para el PSOE, resulta obligado advertir de la carga de oportunismo que segrega todo escrutinio electoral. Diríase que, frente a la incomprensión y a la ignorancia que algunos alientan respecto a los que vivimos aquí, surge cíclicamente la comprensión fingida de quienes terminan concluyendo que «los ciudadanos han dicho que quieren diálogo y no cerrazón», creyendo que con semejante aserto descubren algo nuevo o contribuyen a hallar una salida al problema. En el fondo, ambas actitudes coinciden al asignar a Euskadi un papel metafórico. No podemos ignorar que hay vascos que se sienten cómodos representando ese papel. Pero es un papel denigrante, que empantana a Euskadi en una especie de reserva argumental; y pernicioso para aquellos sobre los que se trata de hacer luz echando mano de nuestro ejemplo. 

El portavoz de “Basta Ya” dice que los vascos han elegido la comodidad abandonando a los amenazados
El portavoz de la Plataforma Basta Ya, Carlos Martínez Gorriarán, afirma que los resultados de las elecciones autonómicas demuestran que la sociedad vasca ha elegido “su comodidad y ha dejado sola a la gente perseguida y amenazada por enfrentarse a ETA”.
Efe Libertad Digital
24 Mayo 2001

En una entrevista con la agencia EFE, el portavoz de la plataforma señaló que tras las elecciones se aprecia “que en la sociedad vasca ha aparecido un grupo grande que cuando se le ha dado a elegir entre su confort particular y un cierto riesgo por el enfrentamiento abierto contra ETA y su mundo, ha elegido su comodidad y ha dejado sola a la gente amenazada”.

Martínez Gorriarán reconoció que, después del 13 de mayo, “se ha esfumado la esperanza de un cambio político rápido”, admitió que existe “cierta decepción moral” y que, en un futuro, “habrá que hacer política de otra manera”.

En relación a la decisión de Ibarretxe de excluir de la mesa por la paz a EH, Martínez Gorriarán señaló que “no se pueden tirar las campanas al vuelo” y recordó que aunque “Ibarretxe diga que no va a gobernar con EH es lógico porque no los necesita”.

Sobre el futuro político a medio plazo, Martínez Gorriarán señaló que el “propio PNV tendrá que digerir los votos que ha recibido y ver su margen de maniobra. Es cierto, subrayó, que tienen 33 escaños si la coalición con EA no empieza a resquebrajarse”. Y eso, a su juicio, ya ha comenzado “porque se oyen los chirridos de EA que quiere contar con EH, y el PNV no”.

No obstante, advirtió que “nunca en el Parlamento vasco ha habido una oposición de 32 escaños y eso sí podría dar por fin con la verdadera política”. En su opinión, “lo importante es si este Gobierno va a tomar la decisión de enfrentarse de verdad al terrorismo y apoyar a la gente perseguida o amenazada o si, como hasta ahora, seguirá sacando conejos de la chistera en busca de la fórmula mágica que, sin ningún tipo de confrontación, dé más dividendos al nacionalismo”. 

Los tirillas y el cambio espasmódico
Por Enrique de Diego Libertad Digital 24 Mayo 2001

El tirillas es, en castellano castizo, el joven con apariencia pero sin fondo; un chulito de poca monta que sirve para figurar pero con el que no se puede contar para nada importante; un gracioso que tampoco sirve de mucho cuando se adentra la noche. Cuadra para definir a la actual dirección socialista, cuyo cambio tranquilo adquiere tonalidades de cambio espasmódico o de baile de San Vito: no es preciso acudir a las hemerotecas para percibir que cambian de opinión cada dos por tres. Ha bastado que se hayan celebrado unas elecciones autonómicas –en las que el nacionalismo ha bajado, a pesar de la movilización– para que Rodríguez Zapatero embista contra la Constitución (o sea, aquí y ahora, contra España). Suficiente que Nicolás Redondo sólo haya subido treinta mil votos para que se le sitúe a los pies de los caballos nacionalistas. En una situación de crisis real, es para echarse a temblar con estos chicos.

Estos tirillas han entrado, además, en esa costumbre de tergiversar los términos. Para explicar sus espasmos, Jesús Caldera sitúa como “objetivo de Estado” que el PNV “no dependa de Eh”. Si no hay dogmas doctrinales ni convicciones éticas, resulta bastante chocante que en veinticuatro horas se pongan tan dogmáticos en la estrategia. Primero, circunloquio, porque lo que dice Caldera es que el PSE se entregue sin condiciones a Ibarretxe. Segundo, manipulación semántica de inconsistentes porque eso no es otra cosa que hacer suyo el compromiso del lehendakari. Tercero, tergiversación histórica, por cuanto en la pasada legislatura el expresidente del club ciclista de Llodio no tuvo por qué depender de EH, pues bien pudo pactar con el PSE, siguiendo la tradición anterior, pero tal cambio fue impuesto por ETA en las negociaciones entre Arzalluz y Antxa. Redondo nunca fue intransigente, lo fue Arzalluz.

Si sobre este panorama, se recuerda el tono de gallinero del último comité federal y se tiene en cuenta hasta qué punto Felipe González ha situado en la posición de meritorio a Rodríguez Zapatero, no cabe más que compadecer a Nicolás Redondo Terreros con tal retaguardia y la vuelta a la doctrina Almunia de pactar con cualquier folclórica y cualquier nacionalista. En realidad, los datos dan mucha capacidad de maniobra al PSE y posibilidades de establecer condiciones, porque son el PNV e Ibarretxe –condicionados por el radicalismo de EA y los votos tránsfugas de EH– los que necesitan imperiosamente a los socialistas, no al contrario, pero los tirillas se venden a precio de baratillo, ni siquiera regatean.

En estos casos, y para la supervivencia de Nicolás Redondo Terreros –lo único relevante– sólo es recomendable oración y ayunos para pedir el milagro con peregrinaciones a Begoña, Aranzazu e incluso a Lourdes, tan bendecido por la luna de miel de Sabino Arana con Nicolasa Achica-Allende, la de los 126 apellidos euskéricos, a pesar de las apariencias del primero. Se echa en falta a José Borrell e incluso a José Bono. Esto no es la tercera vía, esto es una panda de amiguetes: los tirillas con los que no contaba González. ¡Por algo era! Ahora se ve claro.

Oscuro debate
Por Ramón PI ABC 24 Mayo 2001 

En el interior del Partido Socialista se ha desencadenado un debate sordo, del que llegan a la opinión pública sólo algunos destellos, como el discurso de Felipe González en el homenaje póstumo a Ernest Lluch o las protestas de Juan Carlos Rodríguez Ibarra por su forzada ausencia de la campaña electoral vasca. Parece que la materia del debate es si el Partido Socialista de Euskadi (el PSOE vasco) debe acudir en socorro del PNV vencedor para darle la mayoría absoluta que lo pondría a cubierto de eventuales disensiones con Eusko Alkartasuna, o si, por el contrario, debería mantenerse en la oposición, y colaborando sólo en todo lo que signifique la lucha sin subterfugios contra ETA. Lo primero daría más seguridad física a los socialistas vascos, les permitiría tocar poder y relegaría al Partido Popular a una posición marginal en la política autonómica pese a ser el segundo partido vasco. Lo segundo significaría el mantenimiento de una posición de principio, aunque con réditos políticos a medio o largo plazo. De triunfar una u otra tesis pueden derivarse consecuencias importantes para el socialismo español, con el correspondiente reflejo en la situación de unos u otros dirigentes.

Digo que parece que se trata de eso, porque podría ocurrir que en el fondo, bajo esta discusión, latiera una operación de más calado, consistente en segarle la hierba debajo de los pies no sólo a Nicolás Redondo Terreros y quienes comparten sus puntos de vista, sino también, y acaso sobre todo, al mismo secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero; los segadores serían algunos viejos tiburones del partido, a cuya cabeza estarían el propio González y el ex alcalde de Barcelona Pasqual Maragall, y algún grupo mediático y editorial. Cada cual buscaría sus propios intereses: el uno, volver a ser decisivamente influyente en el partido; el otro, arañar votos nacionalistas catalanes en su casa; el de más allá, tener la oportunidad de jugar con ventaja en negocios de alto bordo en el País Vasco. Debate oscuro, sí.

La coral de vicetiples
José A. SENTÍS La Razón 24 Mayo 2001

Hasta los propios nacionalistas han quedado sorprendidos por la tramontana levantada en torno a su victoria. Lo que pensaban, o vendían, como una corriente imparable de nacionalismo español al asalto del bastión de los vascones se transformaba ante sus ojos en una brisa sutil, más bien una calma chicha. Los tercios de flandes estaban subidos en barquitos de papel y la armada invencible era una coral de vicetiples. La marea de liberación no era más que parafernalia que escondía un derrotismo subyacente. Ahí están los felipes y los cebrianes para demostrarlo. Tan sorprendidos han quedado los soberanistas de ayer por esta reconversión que se han mudado en posibilistas de hoy. «Habremos exagerado», deben pensar. Desde el capo di tutti capi nacionalista hasta sus padrinos locales se han visto impelidos a retranquearse en su impulso reivindicativo, mientras que otros, desde el foro, se han apresurado a decir que bueno, que si quieren irse, que se vayan, con tal de que no maten (es decir, no les maten). Ay, hasta Pedro J. Sin terrorismo se puede hablar de todo, dice ahora el coro; hasta de independencia.

   Efecto salvífico éste, el de las consultas electorales. Los que enarbolaban la bandera independentista deciden arriarla por el momento (porque sabe lo dura que es, de puro imposible) y algunos de los que gritaban no pasarán, sus y a ellos, por Castilla y por el Cid, dicen que qué más da, así es la historia, hoy contigo y mañana sin ti. El oportunismo ha calado en ambos lados. En uno, por olvidar a marchas forzadas su antigua sumisión a Eta; en otros, por arrugarse ahora en la respuesta moral a aquella indignidad.

   Pese a todo, algo hemos ganado: nadie, por nacionalista que sea, podrá olvidar después de estas elecciones a las víctimas y a los exiliados interiores y exteriores. Aunque hayan perdido, pesan casi tanto en votos como los ganadores. Las cosas ya no serán como eran, aunque haya algunos más encantados de haberse conocido, pero también más asustados por la responsabilidad que les viene encima (el PNV); y otros más conscientes de que su papel no es siempre el de los arcángeles de la buena nueva, sino que en ocasiones toca ser el pollino que tiene que hacer la travesía del desierto. La ventaja de este último es que está exento de responsabilidades, y la desventaja del primero, del vencedor, es que tiene que demostrar cada mañana que es el jefe de la manada, cuando tiene un belicoso émulo dispuesto a disputar la hegemonía. Si en ese combate diario termina por someterse, el PNV habrá dictado su sentencia ante la historia, porque nadie, nunca, volverá a creer en él. Y si vence será, paradójicamente, porque haya renunciado a esas reivindicaciones soberanistas tan incómodas para el que las propone como para el que las combate. Entonces ganarían los que han perdido, y los oportunistas sólo habrían hecho el ridículo.

Ibarreche y la prueba del nueve
Lorenzo CONTRERAS La Razón 24 Mayo 2001

Hay que estar inevitablemente atentos a la peregrinación de los distintos líderes políticos vascos al palacio de Ajuria Enea. Allí, en el despacho del «lehendakari» en funciones, señor Ibarreche, se ha empezado a escribir, día a día, o por horas, el borrador del futuro político de Euskadi. Y la primera impresión es que el personaje parece dispuesto a cumplir su promesa de no contar con EH, en los diálogos para la paz en una mesa de partidos, mientras la rama política de Eta no condene la violencia, que sería tanto como condenar a la propia banda.

   Si es además cierto que Javier Arzallus estaría dispuesto a aceptar como cabeza del PNV un olvido temporal del principio «soberanista», que es como decir el ideal independentista, según declaraciones suyas a Radio Euskadi, se podría entrar de lleno en un paisaje político ilusionante. Las recomendaciones del «plan Ardanza» habrían obtenido una cierta audiencia práctica en el sentido de que se aplazara o, en palabras de Arzallus, se «aparcara» lo prioritario, lo que constituye la esencia del nacionalismo, en provecho o beneficio de otras urgencias inaplazables para la construcción de unos cimientos de paz.

   Ahora bien, junto a estos esperanzadores indicios, quedan aguardando turno las realidades prácticas que habrán de perfilar el mañana vasco y por extensión el de España. Salvo milagros, la violencia de Eta no tardará en manifestarse. Y esa será la prueba del nueve para las cuentas del poder nacionalista. Cuál sea la respuesta que la Ertzaintza, sin haber cambiado de jefes, dé a esa actividad criminal para que, dentro de lo posible, no resulte impune como ha venido siendo el caso hasta ahora, proporcionará la clave para interpretar el momento y lo que ese momento augura.

   Pero habrá de ser en el terreno del llamado «terrorismo de baja intensidad» donde se aprecie verdaderamente el cambio. El Gobierno de Vitoria ¬igual el de Madrid¬ se verá impotente para evitar este o aquel atentado clásico de la banda contra personas o bienes catalogados como imprevisibles. Sin embargo, la actividad callejera, la conocida por «kale borroka», sí entra en el ámbito de lo reprimible «in situ». El incendio de autobuses, la quema de cajeros automáticos, el maltrato de viandantes, los cócteles molotov contra edificios, toda esa gama de agresiones que da ocupación y entrenamiento a los llamados «cachorros» de Eta, son objetivos inocultables de la policía autonómica. En realidad constituyen su propia razón de ser, el elemental control de la calle si por calle se entiende un espacio urbano común y no un campo de batalla.

   Todo esto quiere decir que los datos del problema no están en el secreto de los despachos ni en los tanteos entre políticos de diferentes tendencias. Euskadi, por desgracia, es cualquier cosa menos un misterio insondable. Es una inmensa calle, un enorme escaparate.


Las razones de los perdedores
PATXO UNZUETA El País 24 Mayo 2001

La víspera de las elecciones vascas un oyente de Vitoria llamó a una emisora y criticó a los periodistas por haber dicho que la mitad de la población de Euskadi estaba perseguida cuando 'en realidad no pasan del 2%'. En el País Vasco hay 2.100.000 habitantes (los mismos que tenía Berlín a comienzos de los años 30), luego el 2% supone algo más de 40.000 personas. En 1933 los judíos de Berlín no sabían cuántos eran, entre otras cosas porque muchos de ellos se enteraron de su condición de tales cuando comenzaron a perseguirlos, pero seguramente no serían menos de 40.000. En Euskadi, si a aquellos a los que arrancan las manos o la vida por expresar sus ideas en voz alta se suman los que han dejado de hacerlo por temor, la cifra de judíos potenciales se amplía considerablemente.

Algunos convecinos suyos han dicho que los resultados de las elecciones han supuesto la derrota no sólo del PP y el PSOE sino de ¡Basta Ya! y el Foro Ermua. Lo han dicho con alivio, porque esperan que la derrota de los que proponían no ceder más ante ETA les libre de escuchar cosas desagradables. En Euskadi hay más rechazo que nunca al terrorismo, pero también hay mucho rechazo a cualquier planteamiento que suponga voluntad clara de enfrentarse a ETA. Esto último es lo que exigía ¡Basta Ya!: que el Gobierno vasco se comprometiera a hacer frente al terrorismo; política y policialmente. Precisamente porque ETA no es sólo una mafia, la primera medida política para combatirla eficazmente es dejar de legitimarla con discursos como el que afirma que detrás de la violencia hay un conflicto no resuelto; o el de que comparten fines con aquellos a quienes tienen la obligación de combatir.

Plantear eso no es satanizar al nacionalismo. El PNV es un partido de tradición y electorado democráticos, pero la estrategia desplegada a partir de Lizarra no lo era. Consistía en intentar apaciguar a ETA ofreciendo concesiones a expensas de los no nacionalistas. Es falso que el PNV y EH sean lo mismo, pero es en cambio cierto que sus estrategias han sido objetivamente complementarias durante un periodo. Señalarlo no es cuestionar el derecho de los nacionalistas a defender sus ideas sino intentar restablecer la lógica democrática. La misma que hacía necesario reclamar la convocatoria de elecciones una vez que Ibarretxe se había quedado en minoría (27 frente a 32 escaños). Había fuertes motivaciones morales y democráticas en el intento de hacer posible la alternancia. La primera, acabar con una situación de hecho según la cual, hagan lo que hagan, al final siempre gobiernan los mismos, solos o en coalición. La verosimilitud del cambio ha sido uno de los motivos que han desplazado 80.000 votos de EH al PNV. Según reflejaba la encuesta de EL PAÍS (6-5-01), el temor a que el PNV pasase a la oposición era mayor entre los votantes de EH que entre los del propio PNV (79% frente a 67%). La red clientelar (empleos públicos, subvenciones) tejida a lo largo de 20 años ha dado base material a la combinación entre ideal patriótico y seguro de vida que ofrece el nacionalismo en una sociedad en la que esto último no está garantizado para toda la población.

En esas condiciones, lo sorprendente no es que PNV-EA haya obtenido más del 42% de los votos, sino que PP y PSOE hayan alcanzado el 40%. Una vez reconocida esa realidad cobra un sentido más matizado el señalamiento de los errores cometidos por los vencidos: no haber previsto que la polarización deliberadamente buscada actuaba también como aglutinante del electorado nacionalista, y anulaba la posibilidad de que aflorase un voto vasquista crítico con el soberanismo; por lo mismo, no haber sabido resaltar que la frontera decisiva seguía estando entre mayoría democrática y minoría violenta, y que el consenso debía reconstruirse en torno al respeto a las reglas democráticas y no a la renuncia ideológica.

Los resultados electorales sirven para decantar mayorías de gobierno, no para dirimir dilemas morales o la justeza de las razones políticas. ¿Habría que olvidar que en octubre de 1999 Ibarretxe votó, con todos sus diputados, en contra de una proposición que proclamaba la vigencia del Estatuto de Gernika? Sí, hay que olvidarlo, porque ya nos enseñó Renan que las naciones se construyen con olvidos compartidos.

Gorriarán contra Cebrián
El Conspirador La Estrella 24 Mayo 2001

Por allí viene el Correo echando humo y vapor con esa locomotora negra y aguerrida que se llama doña Sarita, como aquella que don Camilo José Cela tiene en su fundación de Iria Flavia. Lo del Correo viene a cuento del origen bilbaíno de El Maquinista, fallido, de La General, más madera que es la guerra.

Por allá pita furioso el Rápido de Valdemorillo, ese otro tren del que tira "La Rusa", máquina de guerra a la que nadie puede parar (¡no hay cojones!). Ambos hasta hace muy poco en la misma vía y en la misma dirección de la campaña electoral vasca, el frente españolista, PSOE-PP, y ambos en la misma vía pero en direcciones contrapuestas y enfrentadas.

Hablo de la tensión y la polémica pública y notoria entre El País y ABC a propósito del resultado y su causa de las elecciones vascas del 13-M, de acuerdo con los artículos y editoriales publicados en uno y en otro rotativo, y concretamente el de Cebrián poniendo orden en su territorio, y el de Martínez Gorriarán, que acusa al consejero delegado de Prisa de difamar y ridiculizar a sus intelectuales y columnistas. Por cierto, Pradera salió ayer del sarcófago para decir a Cebrián (segunda guerra cainita, después de aquella de la OTAN) que es muy fácil escribir a toro pasado, que los derrotados el 13-M tenían razón pero que "la trompetería estridente de la campaña" fue sólo obra de los medios del PP, y no de los buenos o entorno de Savater (el caballista).

Acusa a Martínez Gorriarán a Cebrián de un cambio de rumbo de trescientos ochenta grados por la sola ambición de arrinconar a Aznar, de rehacer (con la ayuda de González) el pacto de los nacionalistas con el PSOE y de buscar la reconquista de la Moncloa. Algo de eso hay, pero en el discurso del método de Cebrián hay argumentos sólidos hoy reconocidos por todos como la demonización indiscriminada del nacionalismo vasco (lea Gorriarán a Valcárcel en ABC) y el truco falso de que el fin común de la independencia, de ETA y del PNV los sitúa a ambos en la misma situación. Semejante conclusión daría por bueno el argumento de ETA de que la violencia y el terror son la única vía posible para conseguir la independencia o la autodeterminación.

De igual manera se entiende el desasosiego y el desamparo de quienes, desde las filas del PP (el partido que lideró el frente constitucional), ven hoy fracasado su intento y crecida la parte contraria, a la vez que se les acusa de agresión al nacionalismo las que son o han sido víctimas o a gentes amenazadas de la agresión mucho mayor, que afecta a su libertad y supervivencia. Pero se olvida Gorriarán de que en la estrategia del PP, de asalto al Gobierno de Vitoria, había un doble fondo electoralista y abultado: la de presentarse en todo el territorio español como el Don Pelayo de la reconquista de territorios nacionalistas, reescribiendo de facto el actual marco autonómico y constitucional y metiendo al PSOE en su interna contradicción de su discurso federal.

Hubo electoralismo de los dos. Y hoy El País se hace más posibilista y aprovecha esta derrota del proyecto de Aznar en favor del PSOE, mientras que ABC, marcado por la obsesión de su derrotado capitán, se bunqueriza y no quiere ver una salida a  una crisis política y a una nueva realidad nacida de unas elecciones anticipadas que ambos dos partidos, y ambos dos periódicos, han exigido.

El gran error del PNV fue no romper con ETA en el mismo día en el que sonó el primer disparo tras la ruptura de la tregua. Y el gran error del PP, luego seguido a regañadientes por el PSOE para frenar el electoralismo españolista nacional de Aznar, fue el no abrir una puerta al PNV cuando Ibarretxe, tarde y mal, rompió con EH. Pensaron que el PNV estaba en un callejón sin salida y que era el momento de liquidarlo o de partirlo. La dosis letal fue tan alta, tan soberbia y tan ruidosa y tan poco democrática que al final el pueblo vasco sacó en andas al PNV y le dio la victoria final. Una victoria que puede ser mayor si PP y PSOE se enzarzan en la batalla y si  sus grandes tinglados mediáticos facilitan este bonito espectáculo del choque de trenes a todo vapor. De momento va ganando Cebrián.

La sórdida alianza
Por Pío Moa Libertad Digital 24 Mayo 2001

La figura de Felipe González quedará para la historia como símbolo de la época de peor corrupción, probablemente, en la historia española contemporánea. También de otras cosas, no todas malas, pero de esa, desde luego. Juan Luis Cebrián personifica el encubrimiento de la corrupción desde los medios de masas, y Arzallus el separatismo antidemocrático y racista, aliado con el pistolerismo. Los tres se presentan como demócratas y moderados, en un abuso del leguaje muy coherente con aquel intento de presentar como “sindicato del crimen” a quienes denunciaban la corrupción, pues a tal grado de manipulación e inversión de los valores llegó el encubrimiento de las corruptelas del felipismo.

Pasando revista a los años de democracia, vemos que ésta ha sufrido tres gravísimos y persistentes peligros: el terrorismo, la corrupción y la desvirtuación de la independencia judicial. Esos peligros están concentrados en los tres personajes, que intentan formar una alianza contra quienes defienden la unidad de España y el estado de derecho.

¿Qué hará el PSOE? Como indiqué otra vez, la historia de este partido muestra una fuerte tensión entre la defensa y el ataque a España, entre la tendencia totalitaria y la democrática. González finge equiparar lo que llama nacionalismo español, defensor de las libertades y la ley, con el nacionalismo aranista, tan dañoso para la libertad de todos, empezando por la de los vascos a quienes dice defender contra inexistentes agresiones. Pretende aislar a “la derecha española”, y apoyar en cambio a la ultraderecha aranista, disimulando sus fechorías en Vasconia. Los socialistas vascos, que conocen bien la situación porque la sufren directamente, más una amplia opinión en el resto del PSOE, no dispuesta a seguir tragando las ruedas del molino del democratismo del PNV, han propiciado el Pacto Antiterrorista, pero no es seguro que esa política se asiente. Las fuerzas en contra son muy poderosas. Baste pensar que el grupo de Polanco constituye hoy el verdadero aparato de propaganda del PSOE, al que tiene, así, cogido por el cuello.

Con todo, esta sórdida alianza lo tiene difícil. Ibarreche acaba de rechazar el apoyo de EH porque ésta no condena a ETA. El problema es: ¿la condena Ibarreche?. No quiero decir si la condena retóricamente, que eso carece hoy de valor, sino si está dispuesto a usar los poderosos medios legales que le concede el estatuto para defender la libertad y hacer cumplir la ley y a dar marcha atrás en sus campañas de fanatización de los vascos. Ésta tiene que ser exigencia fundamental y la base de la política de los demócratas en Vasconia. Ahora veremos lo que hacen unos y otros.

Haciendo amigos
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 24 Mayo 2001

Cada día se parece más Rodrigo Rato a la opinión que de él tienen sus enemigos. Antipático, faltón, soberbio, metiendo miedo a los de dentro y a los de fuera... en fin, una joya. Y como en España sólo han dejado dos grandes bancos, al que más tradición tiene de estudios y análisis sobre la sociedad Española, el BBVA, zas, le atiza un linternazo en la boca de la credibilidad. "A ver si nos van a enseñar financiación autonómica" -dice el vicepresidente económico, en una agresión tan injustificada como innecesaria. Y hala, hasta la próxima afrenta. Así, haciendo amigos, va a llegar muy lejos el Gobierno en general y Rato en particular. Tan lejos, que en vez de sucesor de Aznar va camino de quedarse en sucesor de Solchaga.

Por otra parte, en el estudio del BBVA hay un dato que, a expensas de matizaciones cuantitativas, vale su peso en oro, si es que el Gobierno estuviera por hacer política en vez de deshacerla. Sólo tres comunidades autónomas dan más de lo que reciben del estado, Madrid, Cataluña y Baleares, pero sobre todo y sobre las otras dos, Madrid, que es ya el primo financiero de Zumosol, la única economía próspera y, como suelen decir los socialistas y democristianos asimilados, verdaderamente solidaria. La única comunidad autónoma sin nacionalismo ni regionalismo, y sin embargo o precisamente por eso, la que más crece, más aporta, más prospera y menos se queja. Un verdadero ejemplo nacional. Y además con un presidente o, por lo menos, un gobierno autonómico del PP. ¿No merecería ese dato al menos un comentario atento e interesado de todo un vicepresidente económico? ¿O es que ya se le ha olvidado hacer política a Rodrigo Rato, que casi no ha hecho otra cosa en su vida y que además antes solía hacerla bien?

El Gobierno está de los nervios. Y entre lo que no hace y debería hacer y lo que no debería hacer pero hace, cada día se mete en un jardín, chapotea en un charco o aterriza en un avispero. Sin duda, entre los efectos de la mayoría absoluta y de la prolongada estadía en la poltrona destaca el de la antipatía generalizada y el de no desperdiciar ocasión de agravio particular. En circunstancias normales, esto sería un anuncio saludable de alternativa de gobierno, pero, teniendo enfrente al federalismo asimétrico, la alternativa es, hoy por hoy, salto en el vacío. Pero Rato empuja fuerte. No es el único, pero sí al que se le nota más. 

ETA asesina a tiros en San Sebastián al director financiero de 'El Diario Vasco'
Santiago Oleaga Elejabarrieta, de 54 años, ha recibido tres disparos en la cabeza cuando estacionaba su coche frente a un centro sanitario

AGENCIAS | San Sebastián El País 24 Mayo 2001

ETA ha asesinado esta mañana al director financiero de El Diario Vasco, en el primer atentado mortal que se produce tras las elecciones vascas. Santiago Oleaga Elejabarrieta ha recibido tres disparos en la cabeza cuando se dirigía a un hospital de San Sebastián para hacer rehabilitación por una lesión de hombro. Ésta es la quinta acción de la banda terrorista contra profesionales de los medios de comunicación desde la ruptura de la tregua. La última se produjo el pasado día 15 cuando el periodista Gorka Landaburu resultó herido tras abrir un paquete bomba.

El atentado tuvo lugar sobre las 8.30 horas, cuando Oleaga, de 54 años, casado y con dos hijos, bajó de su automóvil en el aparcamiento del Hospital Matía para acudir a rehabilitación, rutina que realizaba a diario desde hace un mes, antes de acudir a su puesto de trabajo, informaron fuentes del citado rotativo, que señalaron que este directivo no llevaba escolta.

Santiago Oleaga acudía diariamente desde hace un mes al centro hospitalario para someterse a una terapia de rehabilitación de una lesión que había sufrido en el hombro y las cervicales.

Esta mañana, a las 8.30, como de costumbre, se desplazó desde su domicilio en un Saab 9000 de su propiedad y estacionó el vehículo en el aparcamiento de la Fundación Matía.

La víctima salió del vehículo y apenas había comenzado a andar en dirección al centro sanitario cuando un único individuo, a cara descubierta, se le acercó y le disparó tres tiros a la cabeza. El agresor sedio a la fuga a pie en dirección al barrio del Antiguo, según ha indicado un testigo a la policía.

El directivo de El Diario Vasco quedó tumbado en un pequeño jardín, al lado de su coche. Médicos de la Fundación Matía fueron los primeros en intentar auxiliarle, pero desde el primer momento se comprobó que la víctima carecía de pulso. Poco después llegó a la zona una unidad medicalizada que intentó reanimarlo sin éxito.

Mientras tanto, la Ertzaintza estableció un cordón de seguridad en la zona para buscar los casquillos correspondientes a los proyectiles disparados e interrogar a los posibles testigos del atentado.

Éstos han declarado que han visto a un único individuo huir a pie tras disparar contra el ejecutivo del periódico guipuzcoano, pero se supone que al menos un cómplice le estaba esperando en las cercanías a bordo de un vehículo en el que se dieron a la fuga.

Explosión de un coche
A las 9.25, casi una hora después del atentado, ha hecho explosión una bomba colocada en un Renault 5 estacionado a la altura del número 3 del Paseo de Lamberri, a menos de un kilómetro de distancia del lugar donde había sido asesinado Santiago Oleaga.

El Renault 5, que llevaba unas placas de matrícula de San Sebastián falsas, había sido robado el pasado domingo en la capital guipuzcoana. Según la Ertzaintza, este vehículo pudo ser el utilizado para huir por los miembros de ETA que perpetraron el crimen.

Desde el lugar del atentado hasta donde apareció el vehículo apenas se tarda dos o tres minutos. Se sospecha que tras abandonar el R-5, los terroristas utilizarían un segundo coche para alejarse del lugar.

La deflagración del artefacto colocado en el Renault 5 ha provocado un incendio que calcinó por completo el vehículo, aunque no ha afectado a unas viviendas próximas. La explosión, que se ha producido sin que se hubiera registrado aviso previo, no alcanzó tampoco a ningún vecino ni transeúnte. Dotaciones de los bomberos acudieron al lugar para sofocar las llamas.

El cuerpo sin vida de Santiago Oleaga ha permanecido en el lugar del atentado hasta unos minutos antes de las 11.00 de la mañana, cuando el juez de guardia ordenó el levantamiento del cadáver y su traslado al depósito de Polloe donde le será practicada la autopsia.

Ataques a los medios
Este atentado es la quinta acción de ETA contra profesionales de los medios de comunicación desde que la organización terrorista rompió la tregua a finales de 1999. Dos de ellos han resultado mortales: el cometido esta

mañana y el que acabó con la vida de José Luis López de la Calle.

El último atentado etarra contra informadores tuvo lugar el pasado día 15, cuando el periodista Gorka Landaburu resultó herido de gravedad al explotarle un paquete bomba en su casa, en la localidad guipuzcoana de Zarautz.

El 10 de noviembre del pasado año se produjo otro atentado en San Sebastián, dirigido contra los periodistas Aurora Intxausti y Juan Francisco Palomo, que salvaron la vida al no estallar el artefacto colocado por los terroristas en el rellano de su vivienda.

El 7 de mayo, en Andoain el columnista de El Mundo José Luis López de Lacalle fue asesinado a tiros cuando volvía a su domicilio tras comprar los periódicos.

Además, el 27 de marzo, la policía desactivó un paquete bomba remitido por ETA a Carlos Herrera, ex director del programa Buenos Días de Radio Nacional. El paquete, oculto en una caja de puros, fue enviado a través de una mensajería a los estudios de la emisora en Sevilla,

desde donde el periodista avisó a la policía al sospechar del contenido.

Al margen de estos hechos, los miembros del comando Barcelona de ETA intentaron en siete ocasiones a lo largo del pasado año atentar contra el periodista Luis del Olmo, sin lograr su propósito en ninguno de los intentos. En Sevilla miembros de ETA estuvieron esperando al periodista Antonio Burgos para dispararle, pero el atentado no se consumó porque la víctima no fue localizada.

ETA intenta asesinar a un vigilante de la UPV con una bomba bajo el asiento de su coche
El trabajador, que viajó con el artefacto desde el campus de Leioa a su domicilio en Barakaldo, salvó su vida por un fallo en el mecanismo Arrojó la fiambrera cargada con un kilo de explosivo a un contenedor
OLATZ BARRIUSO BILBAO El Correo 24 Mayo 2001

ETA quiso asestar ayer, por segunda vez, un golpe mortal a la comunidad universitaria vasca. Tras el atentado fallido contra la profesora Edurne Uriarte en diciembre pasado, la banda amplió el radio de su macabra lista de objetivos e intentó asesinar, con una bomba colocada en su vehículo, a un vigilante de seguridad privada del campus de la UPV en Leioa, un colectivo que, hasta ahora, nunca había sufrido una acción terrorista directa ni estaba catalogado por la Policía como ‘grupo de riesgo’. Aunque viajó varios kilómetros con la muerte acechando bajo el asiento del conductor, el trabajador logró salvar su vida por un fallo en el mecanismo de activación de la carga explosiva.

La pesadilla para el empleado de la empresa Prosetecnisa, cuya identidad no ha sido facilitada, comenzó minutos antes de las tres de la tarde cuando, finalizado su turno laboral en el recinto universitario, regresaba en coche a su domicilio en el barrio baracaldés de Cruces, separados por unos cinco kilómetros. Su vehículo había sido recientemente objeto de un robo, por lo que los problemas con la cerradura -que los terroristas tuvieron que forzar para introducir la carga- no le inquietaron.

A mitad del breve trayecto, el guarda jurado, de 22 años, se percató de la presencia de un «objeto extraño» colocado bajo el asiento de su vehículo particular, un Renault 21 de color marrón matriculado en Bilbao. Pese a sus sospechas -fuentes de la compañía indicaron a este periódico que los grupos radicales que actúan en el campus de Leioa habían lanzado «repetidas» amenazas verbales contra el colectivo de vigilantes-, el trabajador decidió continuar su itinerario hasta su domicilio de Cruces, donde vive con sus padres.

Según relataron fuentes de Prosetecnisa, el joven, precavido, condujo hasta las cercanías del frontón de Cruces, ligeramente apartado de los bloques de viviendas. Paró el motor y extrajo el bulto de debajo del asiento. Acto seguido, comprobó estupefacto que se trataba de una fiambrera, aunque aún entonces no tuvo la certeza de tener entre sus manos un artefacto explosivo y letal. Pensó que podía tratarse de una jugarreta de sus compañeros de trabajo. «Sólo barajaba dos opciones: o era una broma o era una bomba», explicaron.

Explosión controlada
Acto seguido, el vigilante arrojó la fiambrera a un contenedor de basuras y subió apresuradamente a su casa, situada a unos 50 metros del lugar, para telefonear. El primer número que marcó fue el de un superior de su empresa. «No te hemos gastado ninguna broma. Llama inmediatamente a la Ertzaintza», fue su respuesta. La Policía autónoma recibió el aviso a las tres y media de la tarde e inmediatamente desplazó al lugar a los especialistas en desactivación de explosivos, que extrajeron la bomba del contenedor y la colocaron en el suelo para proceder a su explosión controlada. Los agentes dispararon contra el artefacto con un cañón que provocó la destrucción inmediata de los sistemas de activación, aunque la zona permaneció acordonada hasta las seis de la tarde.

El Departamento de Interior confirmó que la fiambrera contenía aproximadamente un kilo de explosivo, muy probablemente dinamita ‘Titanite’, perteneciente a la partida que ETA robó en la localidad bretona de Plevin. Según los primeros informes de los técnicos, la bomba contaba con una ampolla de mercurio que debería haber provocado su deflagración con el movimiento del vehículo pero, por causas que aún se desconocen, falló.

La Policía trabaja para determinar cuándo y dónde fue introducida la carga. Según las fuentes consultadas, los terroristas pudieron aprovechar que los guardas del campus estacionan sus vehículos «donde pueden» y no en la zona restringida, reservada a los profesores amenazados. No obstante, no se descarta que la bomba fuera colocada el martes por la noche en Barakaldo.

Los partidos democráticos condenaron de forma unánime el atentado, «contrario a la voluntad de la sociedad», y la UPV ha convocado un paro de una hora y una concentración a las doce del mediodía. 

Las tortillas del día siguiente
Por Carlos Semprún Maura Libertad Digital 24 Mayo 2001

Como previsto, los diputados votaron el proyecto de nuevo estatuto para Córcega en primera lectura. Ahora, el texto tiene que pasar al Senado, que tal vez lo vote, y vuelta a la Asamblea, y así vamos tirando hasta las elecciones del año que viene. Aparentar apertura y no decidir nada puede producir votos. Como ya tuve ocasión de señalar, el proyecto votado está bastante descafeinado en comparación con sus primeras redacciones. Así, por ejemplo, la enseñanza del corso ya no es obligatoria, la Asamblea corsa podrá adaptar ciertas leyes, pero muy pocas, y si los corsos se hacen dueños de su litoral, no será para protegerlo, no seamos idiotas, sino para ser ellos lo únicos propietarios de su destrucción, o si se prefiere de su construcción.

Nuestras propias costas son un modelo de destrucción construcción: destrucción de bellezas naturales y construcción de horrores por doquier, en las que desempeñó un papel prominente el PC francés. ¿A que no lo sabían nuestros internautas? Varios líderes de la oposición, como Giscard y Balladur, votaron dicho proyecto, después de que el Gobierno les hubiera prometido que se trataba de un primer paso hacía una verdadera descentralización en todo el país. Esto de la descentralización ya no sé si es el cuento de la lechera, o el de nunca acabar. De todas formas, Gobierno y Parlamento actúan como los laboratorios farmacéuticos: prueban prudentemente un nuevo remedio y si da buenos resultados, lo pondrán en venta libre en 2004.

A propósito de “lenguas regionales”, y en particular del corso, Jean-Claude Casanova, director de la excelente revista Comentaires, publica hoy en Le Figaro un artículo en el que recuerda que el corso es un dialecto del italiano, una lengua únicamente hablada, no escrita. En Córcega, clero y letrados escribían en italiano hasta el siglo XIX, en el que se pusieron a escribir en francés. La enseñanza del corso debería ser, pues, la enseñanza del italiano, cosa que considera muy positiva, en el marco de la construcción europea, en la que, es obvio, los europeos deberían conocer más lenguas europeas, incluido el italiano. Lo mismo en relación con el alsaciano, bastardo del alemán. No se trata de prohibir nada, claro, ni siquiera el bretón en Bretaña, se trata de impulsar, creemos muchos, el conocimiento de las grandes lenguas europeas, curtidas por los siglos, y que se han impuesto gracias a su eficacia y a su belleza. Sí, repito, su belleza. Hay lenguas más bellas que otras y también por ello se impusieron. Eso no lo decido yo, por capricho, lo constato como evidencia, aunque en estas refriegas lingüísticas, jamás se aluda a la belleza.

Ya está. El diario comunista L´Humanité se ha pasado al capital privado. Digo bien, privado, porque hace decenios que había enterrado las banderas de la lucha de clases y de la dictadura del proletariado, para defender el capitalismo estatal contra el privado. Pero ahora, TF1, Hachette, los tanques y misiles Matra y otras empresas y personas millonarias han entrado en el capital de ese diario obrero. Y ese periódico y ese partido, ya que sigue bajo control del PCF, que pretendía rejuvenecerse atacando la moderación del Gobierno y los despidos en Danone, Moulinex, etc., despide al 40% de su plantilla. Cuando algunos periodistas malévolos les preguntan si no se sienten molestos ante tamaña contradicción entre los dichos y los hechos, responden: “No tienen nada que ver, los nuestros son despidos comunistas, los otros, infames despidos capitalistas. Todo ese dinero, añadido a las subvenciones estatales que ya cobran, no les servirá para nada, un periódico no vive sin lectores, y no los tiene. Lo mismo que L´Unitá o Mundo Obrero. Ese comunismo impreso sólo se vende en El País.

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