AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 25  Mayo   2001
#Por la vida y la palabra
Editorial El Correo 25 Mayo 2001

# «El silencio es cómplice del terror»
JOSE Mª ALONSO El Mundo 25 Mayo 2001

#Viva el perder
FERNANDO SAVATER El País 25 Mayo 2001

#Nubarrones
Jon Juaristi ABC 25 Mayo 2001 

#El horror en el espejo
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón 25 Mayo 2001

#ETA es la realidad
Editorial ABC 25 Mayo 2001 

#La teoría delirante de ETA
Iñaki Ezkerra La Razón 25 Mayo 2001

#La estrategia de la desmoralización
Editorial La Razón 25 Mayo 2001

#EL INUTIL EMPEÑO DE ETA EN MATAR AL MENSAJERO
Editorial El Mundo 25 Mayo 2001

#ETA contra los vascos
Ignacio Villa Libertad Digital 25 Mayo 2001

#La hiena rabiosa
Enrique de Diego Libertad Digital 25 Mayo 2001

#ETA saluda con el crimen la victoria nacionalista
Lorenzo Contreras La Estrella  25 Mayo 2001

#La muerte de nuevo
José Luis Balbín La Estrella  25 Mayo 2001

#Crimen en la redacción
Editorial La Estrella 25 Mayo 2001

#Ni un respiro
Pablo Sebastián La Estrella 25 Mayo 2001

#Duelo vasco
Editorial El País  25 Mayo 2001 

#El reflujo
ANTONIO ELORZA El País  25 Mayo 2001

#Vascos en el punto de mira
José María CARRASCAL La Razón 25 Mayo 2001

#La violencia vidente
Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC  25 Mayo 2001 

#¿Quién se saltará el guión?
Juan BRAVO La Razón  25 Mayo 2001

#La cosa vasca
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 25 Mayo 2001

#La realidad de la realidad
JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA El Correo  25 Mayo 2001

#Matar a un hombre
ANTONIO PAPELL El Correo  25 Mayo 2001

#Como siempre
Carlos DÁVILA ABC 25 Mayo 2001 

#Las armas de la ley
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 25 Mayo 2001

#La fuerza de la palabra
JAVIER ELZO El Correo  25 Mayo 2001

#Muerte e independencia
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC  25 Mayo 2001

#Los niñatos
Jaime CAMPMANY ABC 25 Mayo 2001 

#Cerco a la pluma
ANTONIO ELORZA El Correo 25 Mayo 2001

#Apunte sobre la información y el nacionalismo vasco
José Antonio ZARZALEJOS ABC 25 Mayo 2001 

#Las plumas de la libertad
El Correo 25 Mayo 2001

#Tras los ataques nacionalistas a la prensa, Eta asesina a un directivo de El Diario Vasco
E. Mejuto / Vasco Press - San Sebastián.- La Razón  25 Mayo 2001

#Míster X no se aclara
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 25 Mayo 2001


Por la vida y la palabra
Editorial El Correo 25 Mayo 2001

No cabe duda alguna respecto al propósito de los asesinos de Santiago Oleaga: lo mataron con un sadismo indescriptible para, a través de su muerte, llevar la desazón y el miedo a cuantos profesionales desarrollan su labor en los distintos medios de comunicación que ETA ha señalado con su diana. Pero los terroristas no podían haber elegido otra víctima más idónea para demostrar cuál es la intención última de su acción: acallar la palabra que esos medios transmiten para enmudecer así a toda una sociedad hasta someterla a su abominable tiranía.

Santiago Oleaga era un profesional excepcional, cuyo sentido común, perseverancia y rigor van a quedar entre nosotros, los que hacemos posible ‘El Diario Vasco’, EL CORREO y cada una de las cabeceras del grupo, como una gran lección de honestidad aplicada al trabajo. Pero Santiago Oleaga era sobre todo un ciudadano vasco deseoso de ver cuanto antes cómo la tierra de sus padres y la tierra de sus hijos se libera de odios e incomprensiones, de la podredumbre moral y del mísero cálculo político que la tiene empantanada en la inanición y en la tristeza. De ahí que su asesinato represente mucho más que la muerte de un ‘periodista de los números’. Santiago Oleaga no podrá ya alcanzar ese sueño íntimo al que dedicó tantos años de esfuerzo para que, jornada tras jornada, miles de personas encontraran en los quioscos el periódico que querían leer. Es la demostración de que tras cada diario impreso, cada informativo o cada imagen, hay centenares de personas vinculadas a una profesión que es mitad oficio y mitad vocación, pero que se resisten a convertir su entrega en heroísmo porque así lo hayan decidido los terroristas. Esas personas encarnan -encarnamos- uno de los basamentos imprescindibles de todo sistema de libertades: el cauce diáfano por el que pueden discurrir la información y las ideas.

Durante meses, la convicción de que ETA estaba empeñada en acabar nuevamente con la vida de cualquier persona vinculada a los medios de comunicación ha pesado en la profesión como una amenaza ante la que los periodistas se vienen enfrentando desde hace tiempo con una mezcla de impotencia y encomiable entereza. Los numerosos intentos fallidos han ido dejando un rastro siniestro, mientras los terroristas aumentaban su obsesión contra la Prensa y sus profesionales. La persecución exterminadora que ETA venía aplicando contra representantes públicos del PP y del PSE-EE amenazaba con alcanzar cada día a más ciudadanos. El hecho de que haya decenas de profesionales de medios de comunicación obligados a tomar medidas de seguridad refleja el grado de excepcionalidad a que ha llevado el terrorismo la situación en Euskadi. Cuando poder transmitir noticias y opiniones ha de ser a la vez un ejercicio de libertad y una condición para la democracia, el hecho de que quienes desempeñan dicha tarea se hallen en los primeros puestos del amenazante listado que maneja ETA convierte a Euskadi en un punto negro en el mundo.

Es la palabra lo que nos hace humanos. Por eso, quienes quieren acabar con la palabra no hallan en sus corazones pétreos reserva alguna para terminar también con la vida de sus semejantes. La vida y la palabra constituyen el único aliento de esperanza que queda en el País Vasco. Permitir que el terror acabe sometiendo la palabra a la dictadura del silencio, al campo de concentración del miedo, sería tanto como consentir que acaben con nuestra naturaleza humana. Pero ya no basta una palabra cualquiera. Las palabras necesarias son aquellas que pueden mostrar sin ambages los sentimientos más profundos de una ciudadanía que en Euskadi en demasiadas ocasiones se comporta con un pudor insano y fatal a la hora de expresar lo que de verdad piensa. Por eso mismo, los medios de comunicación tenemos el deber ineludible de romper con la apatía allá donde ésta pueda encubrir actitudes de desdén o indiferencia ante la vulneración de los más fundamentales derechos de la persona. Un periodista que crea ser a la vez ciudadano no puede actuar en Euskadi desde una concepción equivocada de la neutralidad frente a la extrema injusticia que supone el asesinato; y mucho menos cuando él está también bajo amenaza.

Ya no basta una palabra cualquiera. Pero además, lo que no tiene sentido alguno es orientar esa palabra hacia los oídos de quienes no desean escuchar más que la detonación de sus propias armas. Resulta un empeño vano y torpe enviar mensajes demandando cordura a quienes ayer acribillaron por la espalda a Santiago Oleaga y hoy estarán planeando su próximo crimen. Entre otras razones porque para que oigan el mensaje, para que la palabra retumbe en sus oídos, hacen falta muchas, muchísimas voces diciendo lo mismo continuamente. Hace falta que una marea de voluntades ocupe cada rincón de nuestra sociedad en que el fanatismo se haya hecho fuerte. Son los rincones de la indiferencia, de las actitudes acomodaticias, de la insolidaridad hacia el vecino amenazado, de la impasibilidad y de la doblez moral. Hasta que la razón y los sentimientos más nobles desalojen esos rincones innobles de todas las inmundicias con las que los terroristas alimentan su macabro mecanismo, la vida y la palabra seguirán secuestradas. Por eso esta tarde, a las 20.30 horas, San Sebastián ha de acabar inundada de sentimientos y razones por la vida y la libertad; y de ahora en adelante ni la más pequeña fisura entre las instituciones y los partidos políticos debe mancillar la memoria de Santiago Oleaga y de tantas y tantas personas que han sido asesinadas por ETA.

 «El silencio es cómplice del terror»
José María Bergareche afirmó que «las armas las cargan los que pretenden que la opinión pública sea neutral ante la muerte»
JOSE Mª ALONSO El Mundo 25 Mayo 2001

SAN SEBASTIAN.- El silencio que imperaba ayer en la sede de El Diario Vasco contrastaba con el ruido que acontecía a unos pocos metros de distancia. Las oficinas del periódico donostiarra apenas soltaban palabras. No había mucho que decir. En cambio, la calle era un hervidero de periodistas y políticos. La llegada de personalidades para dar el pésame por la muerte de Santiago Oleaga fue in crescendo a medida que avanzaba la mañana.

Alrededor de las 13.30 horas, representantes del Grupo Correo, encabezados por el presidente de la entidad, Santiago Ibarra, el consejero delegado, José María Bergareche, y el director de El Diario Vasco, José Gabriel Mujika, salían a la luz de la calle para ser engullidos por una nube de fotógrafos, periodistas y cámaras de televisión.

En la mano de Bergareche sobresalía el comunicado suscrito por los trabajadores del Grupo Correo. El consejero delegado tomó la palabra y afirmó que, tras el asesinato de Oleaga, «tenemos el derecho de recordar que el silencio es cómplice del terror y que por eso mismo no lograrán callarnos». Además, prosiguió, «tenemos el derecho de denunciar que las armas con que en este país se dispara contra la libertad de expresión y contra el derecho a la información las cargan todos aquellos que, de una u otra forma, jalean la coacción o pretenden que la opinión pública permanezca neutral ante el combate que la vida ha de librar contra la muerte».

Tras reconocer que informar a la sociedad con el «rigor y la solvencia» que impone el «oficio y la vocación» se convirtió ayer en una tarea «terriblemente difícil» para el Grupo Correo, Bergareche aseguró que tenían la «obligación de relatar al mundo que un grupo de fanáticos liberticidas han asesinado a un profesional de la comunicación».

Mientras el consejero delegado desglosaba el contenido del documento, los trabajadores de El Diario Vasco permanecían, en silencio, concentrados. Las caras de rabia e indignación eran más que palpables. «Estamos rotos», «ha sido un palo enorme» o «no hay derecho» eran las únicas palabras que se desprendían de su boca.

Bergareche indicó que, al «no poder llenar el vacío que Santiago ha dejado», la obligación «es continuar con nuestra tarea, que era la tarea» del director financiero. El consejero del Grupo Correo señaló que ETA «ha pretendido matarnos un poco a todos nosotros y en nuestra dignidad como seres humanos en nuestra profesionalidad, como periodistas», y, por ello, reafirmó «más fuerte que nunca» el compromiso de la entidad «con esta tierra y con la verdad de la vida frente a la muerte».

Bergareche agregó que el asesinato de Oleaga ha tocado de lleno a aquellas personas que «hemos contraído el compromiso con la sociedad vasca de servir a su convivencia y a su progreso, haciendo posible que cada día fluyan libres la información y el pensamiento». En este sentido, se comprometió a «mantener su pálpito y renovar la promesa que, como profesionales de un medio de comunicación, nos hemos hecho a nosotros mismos».

El consejero delegado del Grupo Correo mostró su «más firme repulsa ante tan odioso crimen», al tiempo que tuvo un emotivo recuerdo para la mujer y los dos hijos de Oleaga, a quienes «unos asesinos les han arrancado el corazón».

Por su parte, el Comité de Empresa y el colectivo de trabajadores de Sociedad Vascongada de Publicaciones S. A. condenaron «enérgicamente el vil e inútil asesinato» de Santiago Oleaga. El presidente del Comité de Empresa, Celso Argomaniz manifestó que «este tipo de actos no van a impedir que este periódico siga informando con objetividad y pluralidad a una sociedad que ha manifestado en las urnas su deseo de paz y rechazo a las vías violentas.

El viceconsejero de El Diario Vasco y presidente del Aquarium de Donostia, Vicente Zaragüeta, se resistía a asumir la idea de que ETA acababa de asesinar a Oleaga. Dirigentes de todos los partidos políticos, a excepción de EH, asistieron a la concentración. 

Viva el perder
FERNANDO SAVATER El País 25 Mayo 2001

Fernando Savater es catedrático de Ética de la Universidad Complutense. 

No me refiero, claro está, al Alavés. Creo que hay otros subcampeones que también merecen elogio por el modo en que llegaron a serlo y, sin embargo, sólo han recibido pésames o reproches. De modo que vamos a hablar por fin de los resultados de las elecciones vascas del 13 de mayo.

Ahora nos dicen, incluso los que más callaron cuando hablar aún comportaba riesgo de equivocarse o comprometerse, que ya estábamos advertidos. ¿De qué nos advirtieron? De que la forma más segura de no perder es renunciar de antemano a ganar. 'Si no os hubierais hecho tantas ilusiones'... Claro, no cabe duda: el que se resigna a llegar segundo cuando sólo corren dos, nunca tiene sensación de haber quedado el último. El gran pecado de los partidos constitucionales fue creerse capaces de vencer; su intolerable arrogancia, su prepotencia, consistió en no aceptar por primera vez su papel de comparsas y segundones, intentar efectivamente ser también vascos optimo iure pese a no ser nacionalistas, constituir una alternativa válida a quienes llevan más de dos décadas gobernando un país aterrorizado y ensangrentado..., al menos al 50%. ¡Qué osadía! No pretendían cambiar de gobierno, sino cambiar de régimen. Pero al régimen nacionalista, convertido ya tras dos décadas de información y educación por él controladas en 'lo natural' para el País Vasco, radicalizado progresivamente durante su omnipotencia indiscutida e institucionalmente privilegiada, cimentado en un clientelazgo con pánico a la cesantía, no se le podía desplazar ni corregir tan fácilmente. Como mucho, podían dejar de convencer; que dejasen de vencer ya era otro cantar. Una esperanza excesiva. Como dice la milonga, 'muchas veces la esperanza / son ganas de descansar'. Quienes están ya cansados de luchar por lo obvio, por lo que es obvio para la ciudadanía en otro lugares, estaban -estábamos- demasiado esperanzados. Y no han sido el PSOE ni el PP los derrotados en los comicios vascos, sino la frágil esperanza.

Porque se equivocan o mienten los agoreros a toro pasado que hablan de enorme derrota de los partidos firmantes del pacto antiterrorista. ¿De dónde sacan semejante sandez? Con doscientos votos más en Vizcaya, los constitucionalistas hubieran superado en escaños a la coalición de PNV y EA. Tanto el PP como el PSOE lograron aumentar considerablemente su número de votantes respecto a las anteriores elecciones autonómicas y de nuevo se ha acortado la siempre mínima diferencia entre nacionalistas y no nacionalistas. Si nadie hubiera confiado en la posibilidad de un cambio de régimen, ahora podríamos estar celebrando lo obtenido el 13 de mayo a pesar de todos los pesares. ¿O es que ya nadie se acuerda del contexto en que se ha realizado la campaña electoral y la misma votación? ¿Acaso cree de veras alguien que es lo mismo poder ir libremente casa por casa -y funcionario por funcionario, como ha hecho el PNV- que arriesgarse a la pena de muerte por sólo requerir, acorazado entre fuerzas de seguridad, el voto de los amedrentados insumisos? ¿Qué les ocurrió cuando fueron a votar a los candidatos constitucionales, al presidente del Foro de Ermua o quizá a otros menos notorios? Pocos días antes de las elecciones, un catedrático de sociología experto en tales lides me comentó que si se hubieran aplicado a esos comicios los baremos de calidad democrática que los observadores de la ONU aplican en otras ocasiones, difícilmente éstas hubieran cubierto mínimos. Nos responderán: 'Y si eso ya lo sabíais de antemano, ¿por qué pedir elecciones anticipadas?'.

Respuesta: porque así no podemos seguir y no podíamos pedir otra cosa. ¿Acaso íbamos a pedir la guerra civil, como nos reprochaba el propio Ibarretxe?

A algunos escritores y profesores que nos comprometimos dentro de organizaciones cívicas en el apoyo a los partidos firmantes del pacto antiterrorista nos han llovido durante toda la campaña las peores descalificaciones desde el campo nacionalista; ahora, en el día después, se nos zurra también desde otras posiciones, digamos que más... resguardadas. Que hagamos moral, pase, porque es pasatiempo inocuo y edificante, pero ¿quién nos manda meternos en política? En este pintoresco país nuestro, o se lamenta el culpable y cómplice silencio político de los intelectuales o se denuncia a los intelectuales culpables y cómplices que no guardan silencio en política. No es fácil dar gusto a quien lo tiene estragado: si te callas es porque te han dado una sinecura, si hablas es para que te den una sinecura. Y, además, metes la pata, porque eso de la política es cosa demasiado seria para tarambanas como nosotros. De modo que lo mejor es dedicarse a empresario o banquero: así lo que se pierde en claridad de ideas se gana en nitidez de intereses. Seguro que después hacemos política con mayor acierto...

Por equivocados que estuviésemos, sin embargo, los ilusos de Basta Ya, logramos algunas cosillas. No olvidemos que hace menos de un año tuvimos que batallar lo indecible -¡y no sólo contra los nacionalistas!- para movilizar a la gente tras una pancarta que hablase de Estatuto y Constitución. Meses después, los dos partidos mayoritarios de nuestro Estado de derecho firmaron el pacto por las libertades y contra el terrorismo, que refrendaba el Estatuto y la Constitución como el punto de partida institucional contra la violencia. Y así se configuró la posibilidad de una alternativa política en el País Vasco, lo suficientemente creíble como para que ochenta mil votos de EH se pasaran al PNV-EA y le diesen la victoria electoral, debilitando seriamente al brazo político de ETA. ¿Fue un error criticar abiertamente al Gobierno nacionalista, denunciar con abundancia de pruebas sus tergiversaciones informativas y educativas, explicar que ETA no recluta a los jóvenes en la estratosfera, sino en una juventud maleada en el culto impune a la violencia fanática, señalar la insuficiente respuesta policial de la Ertzaintza de acuerdo con testimonios de miembros sindicales de esa policía autónoma, protestar por el secuestro del euskera para fines partidistas próximos a los violentos, documentar el clima totalitario de coacción reinante en muchísimas localidades y el desamparo de cargos públicos o ciudadanos desafectos al régimen nacionalista que sólo recibían de éste la condolencia tras el tiro en la nuca o el coche bomba, pero nunca la mínima comprensión antes? Pues bendita equivocación, porque gracias a ella ya ciertas cosas nunca podrán volver a ser vistas del mismo modo por ninguna persona honrada, incluyendo a los nacionalistas menos cerriles.

De todas formas, hay que reconocer que el nacionalismo tiene bastante suerte. Si se le hacen reproches, por fundados que estén, de inmediato forman parte de una 'cruzada antinacionalista'. Quien denuncia sus abusos no puede ser más que un nostálgico de Ramiro de Maeztu y Queipo de Llano, que cobra de fondos reservados por agitar a favor de Mayor Oreja. La izquierda, esa izquierda arterioesclerótica que ve la falta de sentido de Estado en el ojo ajeno pero no el sectarismo revanchista en el propio, denuncia enseguida el afán uniformador y el atentado contra la diversidad. Habría que recordarles a esos atontados que ciertas 'uniformidades' son logros del progresismo democrático -como la seguridad social o la educación general-, mientras que muchas 'diversidades' no hacen sino enmascarar el privilegio y la discriminación. No me extraña que los nacionalistas vascos, caiga quien caiga y cuantos caigan, sigan votando nacionalista porque nada pierden con ello y temen perder algo cambiando el paso. Es mejor seguir como hasta ahora: lo nuestro es nuestro y lo demás a medias. Mayor madurez no puede darse sin riesgo de putrefacción. Y ETA, que también es muy madura, ha entendido perfectamente el mensaje: hay que seguir arreando, porque los vascos nacionalistas están contra la violencia, pero mucho más contra los que pretenden deslegitimar del todo a los violentos y combatirles sin más contemplaciones que las propias de la legalidad. Tras la bomba a Gorka Landaburu y otro par de intentos fallidos vino ayer mismo el asesinato a tiros del director financiero de El Diario Vasco: ¡y decían que si Mayor Oreja ganaba las elecciones ETA se sentiría más legitimada para proseguir con la violencia! Ahora sí que se sienten llamados a matar a mansalva, porque ya vislumbran que se acerca la mesa definitiva, que no será la de Ajuria Enea, ni siquiera la de Lizarra, sino una mesa petitoria...

Sentirse animado o desanimado ahora es ya cuestión de carácter. Comprendo muy bien a los que, ante el olor y el color de lo que han sacado a flote estas elecciones, sienten la tentación de tirar de la cadena y marcharse dignamente. Pero yo prefiero acordarme de aquel ácrata, 'tipógrafo que fue de La Moderna' en el bello poema de Félix de Azúa, que gritó ante el pelotón de fusilamiento: '¡Viva el perder!'. Y permanezco junto a los que siguen jugando, aun sabiendo que hay tantas cartas marcadas. A los acomodaticios, a los resignados, a los amonestadores que todo lo adivinaron antes que nadie pero procuraron decirlo después, a quienes nos preguntan: '¿Habéis aprendido la lección? ¿Os arrepentís?...', les responderemos la palabra sagrada con la que empieza la libertad: '¡No! Claro que no'.

Nubarrones
Por Jon Juaristi ABC 25 Mayo 2001 

CONOZCO bien a los nacionalistas vascos (y cuanto mejor los conozco menos me gustan, lo admito). Su triunfo electoral no los ha transfigurado. Al menos, no ante mis ojos. No los encuentro hoy más cautos, más intuitivos ni más demócratas que antes del trece de mayo. Supongo que ellos siguen detestándome en la misma o mayor medida que cuando Arzalluz, en el último acto de la campaña, rugía lo de «¡Renegad del nacionalismo y os harán directores de la Biblioteca Nacional!». Alimentar tales expectativas de empleo entre los suyos no denota precisamente cautela por parte del presidente del PNV. Para dirigir la Biblioteca Nacional se requiere también distinguir un incunable de una oveja, pongo por caso. «Las derrotas hay que saber administrarlas con prudencia y las victorias con inteligencia», afirmaba a su vez Ibarretxe al poco de conocerse los resultados. Y añadía a continuación: «Euskadi ha dado un ejemplo de modernidad. Hemos terminado el escrutinio de los votos antes que Italia, que es un país del G-7». A esto se llama, efectivamente, agudeza y arte de ingenio.

Así están las cosas. El prudente Arzalluz y el inteligente Ibarretxe regirán los destinos de la Comunidad Autónoma Vasca en los próximos tiempos. Más de lo mismo: más de la prudencia que han derrochado en los últimos años; más de esa rara inteligencia que ha sido el pasmo del mundo. En fin, la decisión mayoritaria de mis paisanos me exime de seguir impostando un optimismo que nunca he sentido, pero que resultaba necesario exhibir para no desesperarse ante la evidencia de la catástrofe moral en que treinta años de terrorismo y veinte de nacionalismo galopante han sumido a una sociedad que ya venía muy torcida de la etapa anterior. Nunca fui complaciente con sus mezquindades y no veo por qué debería serlo ahora, por muchos votos que el miserabilismo clientelar y la astucia etarra hayan acarreado al molino del PNV. Con el primero ya contábamos: la especie nacionalista emergente se ha venido caracterizando por una sensibilidad de paquidermo ante el sufrimiento ajeno. Temíamos la segunda, y lo cierto es que resulta digna de admiración la destreza semiótica de Euskal Herritarrok. Los pasquines en que se invitaba a abofetear a Mayor Oreja propiciaban una interpretación que contradecía la explícita petición de voto para los radicales. Floja bofetada habría significado mantener las proporciones del reparto del voto nacionalista en las elecciones autonómicas de 1998. Para gobernar, el PNV habría tenido que pedir de EH una nueva edición del pacto de Estella, con la consiguiente sumisión de todas la fuerzas abertzales a las condiciones exigidas por ETA. Tras el fracaso de la política frentista de 1998-2001, esta era ya una vía impracticable para el propio Arzalluz, pese a todo su energumenismo retórico. No sé cómo se las ha arreglado EH para conseguir que sus seguidores entendieran lo que se pretendía de ellos, pero la ambigüedad ha dado sus frutos. Exactamente la mitad siguió la orden literal y volvió a apostar por Otegi; la otra mitad descifró la metáfora del soplamocos y entregó sus papeletas a Ibarretxe, bloqueando así la posibilidad del cambio.

Tanto en la noche del 13 de mayo como tras su entrevista con el candidato a lehendakari (y actual lehendakari en funciones), Otegi se ha mostrado satisfecho. Sabe que no se contará con él para un futuro pacto de Gobierno. Sabe también que no necesita para nada de un acuerdo semejante, porque Arzalluz el Prudente e Ibarretxe el Inteligente (¿o es al revés?) saben ya a estas alturas que los ochenta mil votos cedidos por el nacionalismo radical representan una hipoteca que va a pesar lo suyo sobre la gestión del próximo gobierno autónomo. Los nuevos votantes del PNV no van a exigir de éste que pise el acelerador del soberanismo (para eso se bastarán ya EA, desde dentro del gobierno, y EH, desde fuera del mismo). No: Otegi cuenta con el incremento de la base electoral moderada como un dispositivo de seguridad para impedir que el gobierno del PNV y EA se exceda en su celo al asegurar la protección de los constitucionalistas vascos (o sea, en la persecución policial de ETA y la kale borroka). Una política policial rigurosa se traduciría de inmediato —como de costumbre— en imputaciones de colaboracionismo contra el ejecutivo autónomo. A EH no le costaría demasiado recuperar a los electores prestados, primero para grandes movilizaciones de protesta y, más adelante, para los comicios locales. El nuevo gobierno nacionalista lo va a tener difícil. Hasta ahora, el PNV ha evitado enfrentarse con EH en la calle, estableciendo una tajante distinción entre ETA y su organización subalterna. Es, sin embargo, previsible que los primeros síntomas de funcionalidad en la Consejería de Interior sean contestados por EH con llamadas a la insurgencia de las bases abertzales moderadas (ya no tan moderadas) contra sus gobernantes. Podría inspirarse para ello en la experiencia republicana irlandesa; esta vez, retrocediendo en el tiempo hasta los años setenta (aunque, en la tradición del nacionalismo vasco radical, una eventualidad semejante nunca ha dejado de contemplarse).

Ojalá que el futuro gobierno vasco no dimita desde el principio de su principal obligación: la defensa de la vida y la seguridad de los ciudadanos. De todos, pero, en especial, de los más amenazados por el terrorismo. No atisbo muchos motivos para ser optimista al respecto, si me paro a considerar lo que ha sido hasta hoy la trayectoria del lehendakari en funciones. Casi dos semanas después de la jornada electoral, se advierte en Ibarretxe una prisa inusitada por llegar el primero al lugar del crimen y mostrarse compungido. Ha mejorado, sin duda, su velocidad de lamentación, pero sus quejas no restaurarán la mano de Gorka Landaburu, que estreché entera, por última vez, el pasado 28 de abril en el espigón de Gros. Ni devolverán la vida a Santiago Oleaga. ¿Cómo se las arreglará, desde hoy mismo, para que la librería Lagun pueda abrir sus puertas de nuevo al público? Al cuarenta por ciento de los electores vascos no le queda demasiada paciencia. Ante la escalada criminal de ETA, una buena parte de la población del País Vasco, que nunca más consentirá en ser tratada como chusma advenediza, exige del candidato más votado el trece de mayo algo distinto a sus habituales alardes públicos de pesadumbre. 

El horror en el espejo
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón 25 Mayo 2001

El éxito de una empresa puede ser juzgado de acuerdo con las expectativas de sus impulsores y, bajo esta óptica, el resultado obtenido el 13 de mayo por el PP y el PSOE admite el calificativo de decepcionante. Pero también cabe analizar el veredicto de las urnas con criterios ajenos a la subjetividad de sus protagonistas y, desde luego, el crecimiento ininterrumpido en votos y en porcentaje de los partidos constitucionalistas a lo largo de los últimos quince años no sólo no se ha estancado en esta nueva cita electoral, sino que ha seguido su marcha ascendente. Además, si a los militantes de estas fuerzas políticas les hubiesen vaticinado en 1990 que un día estarían en condiciones de aspirar seriamente a sustituir a un lehendakari nacionalista al frente del Ejecutivo autonómico, seguramente hubieran recomendado al profeta en cuestión que se sometiese a la prueba de alcoholemia.

   Recrearse ahora en detectar a toro pasado errores estratégicos del Pacto de la Libertad es un ejercicio que corre el riesgo de caer en el mal gusto. La única explicación racional de un comportamiento tan estéril, tal como ha quedado patente en el celebrado artículo de un conocido académico y experto en comunicación global ideológicamente ajeno al nacionalismo étnico, que ha manifestado paradójicamente su alegría por la victoria del principal firmante de Estella, es la confusión de planos entre la normal y saludable confrontación entre gobierno y oposición a nivel nacional y la imprescindible unidad de todos los demócratas para salvaguardar los derechos humanos fundamentales. Habrá que concluir que a algunos, una vez perdidos en los vericuetos de la red, hasta la ética se les vuelve virtual.

   Es innegable que los planteamientos de ¿Basta ya!, del Foro de Ermua, de Manos Blancas y de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, así como los de los integrantes de las listas socialistas y populares en el País Vasco, han sido radicales, duros, inconmovibles, firmes y sin un ápice de complacencia con los asesinos, con sus cómplices y con los que coinciden con ellos en los fines aunque no en los métodos. Cuando te están aniquilando a base de bombas y de balas, y has escogido voluntaria y heroicamente defenderte de tus verdugos sólo con palabras, pedirte que suavices tu alegato a favor de la democracia y en contra de la barbarie, pertenece al género del sadismo más cruel.

   No es que la sociedad vasca no estuviese madura, ésta es una apreciación demasiado prudente. La sociedad vasca que se ha movilizado para apoyar a Ibarreche no estaba preparada para contemplarse en el espejo que han puesto inmisericordemente ante sus ojos Savater, Juaristi, De Nicolás, Ibarrola, Ezkerra, Mayor, Díez y Redondo. Ante el horror que ha vislumbrado, se ha refugiado en sí misma. Tenemos cuatro años por delante para acostumbrarla a mirar sin huir y para ayudarla a cambiar. Lo necesita.

ETA es la realidad
Editorial ABC 25 Mayo 2001 

Mientras en el País Vasco los principales partidos —PNV, PP y PSE— están ajustando sus palabras y sus gestos al guión virtual de una posible nueva etapa de entendimiento, ETA ha demostrado que es su violencia la seña de identidad de la realidad vasca. En 24 horas, la banda terrorista ha acumulado dos objetivos muy representativos de su obcecación asesina. El miércoles quiso matar a un vigilante jurado de la Universidad del País Vasco y sólo la fortuna evitó que perdiera la vida. Ayer no falló. Asesinó ferozmente, con tres tiros en la cabeza, uno en el cuello y tres en la espalda, a Santiago Oleaga, director financiero de «El Diario Vasco», perteneciente al Grupo Correo. El diario donostiarra ha sido el objetivo frustrado de ETA en los últimos meses. Quisieron matar a su director, a quien los terroristas siguieron durante semanas; y quisieron dinamitar la sede de su Redacción. El asesinato de Oleaga es el trofeo del asesino y la foto fija del estado en que se encuentran las libertades básicas de una gran parte de los ciudadanos vascos, de aquellos que no son nacionalistas y que no les pasa lo que a ciertos dirigentes del PNV, que temen a España más que a ETA.

Los dos atentados de los últimos días tienen en común que las víctimas pertenecen a colectivos —la Universidad y la prensa independiente, la libertad de pensamiento y la de expresión— debidamente señalados y marcados por la izquierda proetarra y sus medios de comunicación, con la inestimable colaboración de algunas plumas más cercanas al PNV. Es ahora el momento de recordar que durante años y, especialmente, en los últimos meses, el nacionalismo de todo signo y expresión se ha ensañado con la prensa no nacionalista, culpándola de distorsionar la verdad de un País Vasco casi idílico o de no contribuir al proceso de construcción nacional vasca. Han sido irrelevantes, cuando no despreciadas, las advertencias sobre los riesgos de estas invectivas. El tiempo da la razón, porque en el País Vasco no sale gratis que a un medio o a un periodista se le esté señalando con el dedo. Una vez más, las víctimas han tenido el coraje de volver a denunciar la situación antidemocrática del País Vasco, como hizo ayer José María Bergareche, consejero delegado del Grupo Correo, cuyas lúcidas y valientes palabras reafirmaron el compromiso de sus periódicos con la sociedad vasca al tiempo que resaltaban las complicidades que ayudan a ETA.

Así pues, ETA ha utilizado el lenguaje primario y disyuntivo en que se expresa y debate la realidad del País Vasco: vida o muerte, libertad o tiranía. Y el problema en lo político es el mismo: que el nacionalismo sigue sin asumir la sencillez brutal del lenguaje etarra, desenfocando la inmoralidad intrínsenca del terror con aderezos de soberanía y conflicto, algo ya habitual. Ayer mismo, Ibarretxe desaprovechó la ocasión de dar cuerpo a sus lemas de buenas intenciones y dedicó su comparecencia tras el asesinato a repetir la letanía de lamentos, ruegos y preguntas. La unidad democrática y el diálogo sincero con los constitucionalistas, si realmente los quiere Ibarretxe, sólo serán posibles si el lendakari asume inmediatamente los compromisos de dedicar la Ertzaintza a combatir a ETA hasta derrotarla, de desmontar política y financieramente Udalbiltza y demás criaturas de Lizarra, y de aislar a EH. Ya nadie quiere más intervenciones solemnes ni emplazamientos pueriles a ETA para que deje de matar, ni preguntas absurdas sobre lo que la banda terrorista quiere para el País Vasco. A los etarras ni se les ruega ni se les pregunta: se les persigue sin cuartel. Ya sabe Ibarretxe que en la senda de la lucha contra ETA y de la protección de todos los ciudadanos va a estar respaldado por PP y PSE, de quienes Ibarretxe no debe dudar. Pero ETA, con su gesto atroz y sangriento, recuerda que el 13-M no hizo borrón y cuenta nueva en la sociedad vasca y que el 40 por ciento de los ciudadanos vascos votó a PP y PSE para que las cosas cambiaran con nuevas políticas y resultados concretos, y no para entrar en intercambios protocolarios de intenciones bondadosas. La responsabilidad de estos partidos es recordar a Ibarretxe que la derrota de ETA tiene que ser la prioridad de su Gobierno y exigirle que actúe como un gobernante legítimo y democrático: combatiendo el crimen y defendiendo a los ciudadanos.

La teoría delirante de ETA
Iñaki Ezkerra La Razón 25 Mayo 2001

Se sabía que Eta iba detrás de los medios de comunicación tras la fecha del 13 de mayo. Se sabía que corría peligro cualquiera que pudiera representar a esos medios y que a Eta le sirviera para su siniestra publicidad. Y han ido a lo que les ha parecido más fácil, a por un hombre que no llevaba escolta, que no era exactamente un periodista aunque representara a uno de esos medios y que vivía en Guipúzcoa, la provincia vasca que permite huir a Francia más rápida e impunemente. Para asesinar a Santiago Oleaga, director financiero de El Diario Vasco; para atentar contra la libertad de expresión, Eta ha buscado el camino más cobarde y más fácil, como lo buscó hace unos días en el atentado fallido Contra Gorka Landaburu y como lo halló hace un año para matar a José Luis López de Lacalle. Eta quiere sembrar la conmoción entre quienes hacen periódicos y colaboramos en ellos. Eta tiene la teoría delirante de que en la reciente campaña electoral vasca ha habido una conspiración mediática contra el nacionalismo. Eta ha asesinado a un hombre que representa a un periódico absolutamente respetuoso con la ideología nacionalista, tan respetuoso que la mayoría de los propios nacionalistas prefieren leer ese periódico antes que el que lleva el sello oficial de su ideología.

   El Diario Vasco en San Sebastián, como El Correo en Bilbao, son diarios de un grupo que tradicionalmente han cumplido un papel estabilizador en la sociedad vasca al recoger todas las sensibilidades y plasmar su pluralidad política.

   Pero lo grave no es que Eta tenga esas teorías sino que ese grupo terrorista las comparte con gente que representa al nacionalismo llamado «moderado» y «democrático». En los días pasados hemos visto a Arzalluz, a Gorka Knörr y a otras voces de ese nacionalismo echar pestes contra los medios de comunicación que no controlan y hacer campaña contra esos medios. ¿Es que no saben a estas alturas que con esa actitud alientan y dan cobertura teórica a los crímenes de ETA? Ibarretxe, en lugar de presentarse como un santo por no pactar con EH ahora que no necesita de esa formación política ni para sostener su Gobierno ni para imponerse en el Parlamento de Vitoria; en lugar de proponer «desarmes verbales» que nadie practica en sus propias filas, lo que debe hacer es cambiar el falso discurso victimista frente a los medios de comunicación, guardar el tópico de la «brunete mediática» en el armario de los disfraces de Nochevieja defender la libertad y poner a trabajar a su Departamento de Interior en la persecución de los asesinos de Santiago Oleaga así como de los nazis de la «kale borroka».

   El nacionalismo no puede lavarse las manos, poner cara de santo y permitir que ésta sea «la legislatura del terror». La seguridad ciudadana no es algo que pueda depender de quién gane en las urnas.

La estrategia de la desmoralización
Editorial La Razón 25 Mayo 2001

El terrorismo de Eta tiene la finalidad evidente de buscar la desmoralización de cuantos sectores pueda, para hacer vulnerable a la sociedad y facilitar, desde esa debilidad, la consecución de sus objetivos. Es preciso denunciarlo así, precisamente para evitar que Eta se apunte con cada crimen una victoria. Porque una respuesta moral, política y policial firme es justamente el mejor antídoto contra ese ácido que corroe el tejido social.

   Es obvio que Eta ha podido leer como un éxito el hecho de que ante su escalada de terrorismo se hayan podido escuchar voces derrotistas. Especialmente cuando los réditos electorales de ese terrorismo han ido a parar a otros nacionalistas con acento soberanista, aunque nada tengan que ver con los asesinos. Los síntomas de falta de entereza de muchos ciudadanos tras el 13-M han sido el mayor acicate para Eta. El siguiente paso de su estrategia estaba cantado, y así se anunció desde esta página editorial. Eta iba a intentar ahora, en su habitual ejercicio de la escuela marxista-leninista, la agudización de contradicciones en el nacionalismo vasco, el que se consideraba satisfecho con su victoria. Para llevar a sus filas, también, la desmoralización. Y, a través de ella, dejar el mensaje de que sólo con el pago de un precio político a Eta, ésta dejaría de matar. No es de extrañar, por eso, que después del atentado contra el periodista Gorka Landáburu arreciaran las llamadas al diálogo. Y que éstas se hayan amplificado tras el cruel asesinato del director financiero de El Diario Vasco, Santiago Oleaga.

   Cada vez que aparece la reivindicación polisémica del diálogo (que cada uno entiende como quiere) Eta se crece. Por eso es preciso poner de una vez por todas límites a esa expresión. Todo diálogo que no sea cómo reunir a las fuerzas democráticas en un combate frontal contra Eta desde todas las instituciones, vascas y de la Nación, es sólo un mensaje patético de sumisión a la iniciativa terrorista. El único diálogo posible es, pues, el que ponga como único punto del orden del día la forma de quitar toda esperanza a Eta.

   El atentado de ayer tenía como objetivos debilitar la sensación de triunfo del PNV (recordándole que aunque gane en las urnas es impotente contra Eta); rozar al mundo del nacionalismo como aviso; y acogotar a los medios de comunicación, cuyas denuncias sobre las atrocidades terroristas les han hecho quedar marcados con la señal amarilla que los nazis y los talibanes utilizan para distinguir a sus víctimas.

   La irresponsabilidad de aquellos medios del PNV que cargaron implacablemente contra la Prensa se ha demostrado otra vez. Y, por su parte, Eta (que era antes la que tenía el monopolio de «señalar» a los periodistas) se ha aprovechado de estos ataques desmesurados contra la «brunete mediática» matando (y esto no es figurado) dos pájaros de un tiro: presiona a la Prensa y, a la vez, deja en evidencia a los dirigentes nacionalistas que hicieron verbalmente lo mismo, por supuesto sin calcular que estas acusaciones iban a tener las consecuencias que están teniendo. Si se da cuenta de ello el PNV, en vez de aprovechar la angustia provocada por el terrorismo para arañar soberanismos bajo la excusa de la pacificación, y si lo hacen los partidos de ámbito estatal, que deben alentar a la sociedad a la respuesta contra esta terrible amenaza, y nunca propiciar la rendición, podremos ganar. Aunque sea difícil decirlo con la sangre derramada que ahora nos entristece y por la que nos solidarizamos de corazón con los compañeros de El Diario Vasco.
 

EL INUTIL EMPEÑO DE ETA EN MATAR AL MENSAJERO
Editorial El Mundo 25 Mayo 2001

Todo asesinato es igualmente reprobable desde el plano moral. Pero el crimen cometido ayer por ETA en San Sebastián es especialmente repugnante tanto por el ensañamiento contra la víctima, acribillado por siete disparos, como por los motivos de la banda terrorista. Santiago Oleaga, director financiero de El Diario Vasco, no fue asesinado por sus ideas políticas ni por su significación personal. Fue elegido como blanco por trabajar en un medio de comunicación que se niega a plegarse a los dictados de la organización terrorista.

Si hay un periódico que irrita a ETA en Guipúzcoa, es precisamente El Diario Vasco. Su altísima difusión, su éxito empresarial y su imbricación en la sociedad guipuzcoana, superior a la de cualquier otra institución, hacen de este periódico un enemigo de los designios de la banda. Al disparar contra un indefenso ejecutivo, ETA pretendía sin duda abatir todo lo que El Diario Vasco representa en la lucha por las libertades y la dignidad. Y pretendía, sobre todo, amedrentar a los cientos de profesionales de la información del grupo El Correo y a los periodistas vascos de todos los medios que se dieron cita hace unos días en el Peine de los Vientos tras el atentado contra Gorka Landaburu.

EL OBSTACULO. No es casualidad que la primera víctima mortal tras las elecciones vascas sea una persona ligada a los medios de comunicación. Hace mucho tiempo que ETA ha desistido de convencer a la sociedad y, hace mucho tiempo, que considera a los periódicos y a las emisoras como el gran obstáculo para imponer su proyecto totalitario por medio del terror.

Con su demencial lógica, ETA asesinó hace meses a un cocinero de San Sebastián por servir en un cuartel de la Armada. Anteayer, quiso matar a un guarda jurado para castigar a la Universidad vasca. Y ayer acribilló a una persona por su mera vinculación laboral con un periódico. A José Luis López de Lacalle le quitaron la vida por sus ideas. A Santiago Oleaga le han matado por trabajar en El Diario Vasco, aunque tal vez por estar al frente del departamento financiero quieran presentarle además como símbolo del capitalismo opresor.

Pero la cuestión esencial no es hoy interpretar las intenciones de ETA sino hacer frente a sus acciones criminales. Y para ello sólo hay un posible camino: la unidad de los partidos democráticos en el repudio del terror y en una firme lucha policial contra la banda.

El lehendakari Ibarretxe tiene ahora la gran oportunidad de aglutinar a la sociedad vasca contra el terrorismo, asumiendo un liderazgo que hasta ahora no ha podido o no ha sabido ejercer. Los resultados electorales le conceden un amplio margen de actuación que antes no tenía.

REACCION DEMOCRATICA. Ayer Ibarretxe tuvo el gesto de acercarse a la sede de El Diario Vasco para solidarizarse de forma especialmente afectuosa con sus profesionales y de leer un comunicado de inequívoca condena de ETA. «Ha llegado la hora de dar una respuesta contundente a la inhumanidad de la banda», dijo el lehendakari. Al mismo tiempo, todos los partidos democráticos comparecieron conjuntamente en Vitoria para expresar su repulsa por el asesinato, un gesto sin precedentes desde la ruptura de la tregua. Algo, y para bien, está cambiando en el País Vasco.

Hace pocas semanas, Xabier Arzalluz presentaba a los medios que le incomodan como enemigos del pueblo vasco y mercenarios al servicio de oscuros intereses. Y, hace un año, el PNV había instado al boicot contra otro periódico del grupo El Correo y coaccionado a sus directivos. Su consejero delegado, José Bergareche, afirmó ayer que «las armas las cargan los que pretenden que la opinión pública sea neutral ante la muerte». Así es. Quienes -como ha hecho Arzalluz- han demonizado a los medios, han equiparado las víctimas con los verdugos y han pretendido situarse en una imposible equidistancia también son en parte responsables morales de la campaña contra la Prensa. Además de condenar estos actos, deberían hacer una autocrítica y, sobre todo, un firme propósito de la enmienda.

La defensa de la libertad de expresión y de la pluralidad no es una opción partidista. Es un elemental deber de cualquier gobierno democrático y, particularmente, del que va a presidir Ibarretxe, al que ETA ha desafiado ayer al ponerle un cadáver antes de iniciar su mandato y enviarle el mensaje de su desprecio hacia los resultados de las urnas.

Lo verdaderamente inaceptable del cobarde asesinato de Oleaga es que ETA ha pretendido acallar un voz institucional especialmente respetada en la sociedad vasca y sembrar el terror entre los profesionales de la información. Jamás lo logrará porque las pistolas nunca han logrado acabar con la determinación de pensar y expresarse libremente. Las ideas son mucho más poderosas que las balas y, por ello, ETA va a fracasar en su vana pretensión de matar al mensajero.

ETA contra los vascos
Por Ignacio Villa Libertad Digital 25 Mayo 2001

La banda terrorista ETA y su brazo político, Euskal Herritarrok, dicen que tienen como objetivo prioritario luchar a favor de la independencia del pueblo vasco. Y lo hacen, como siempre, de la única manera que saben: matando, los unos, y mirando para otro lado –o, peor aún, señalando–, los otros. Justifican su sanguinaria actitud diciendo que es necesario abrir la vía de la soberanía y que los vascos puedan decidir su futuro. Sus objetivos sólo los explican matando. Sus fines sólo los divulgan asesinando. Sus intenciones sólo las diseñan con una pistola en el cinto.

ETA y EH dicen buscar la independencia del País Vasco. Y la buscan matando salvajemente a ciudadanos vascos. Ellos matan y matan indiscriminadamente. Matan a los ciudadanos que teóricamente se benefician de sus objetivos de independencia. ETA mata a vascos, sus supuestos compatriotas. Sus presuntos beneficiarios del sueño secesionista. ¿Alguien lo puede explicar?

La banda terrorista ETA, un auténtico anacronismo en esta Europa contemporánea, no tiene razón de existir. Nadie asesina para alcanzar un objetivo político, sólo los que están inmersos en la locura. Los ciudadanos vascos son los que han castigado a ETA en las últimas elecciones vascas, reduciendo a la mitad los escaños de EH. Ahora también tienen que ser los ciudadanos vascos los que, con su actitud constructiva y pacífica, deben lograr que el PNV y EA se aparten definitivamente de sus viejas amistades con los cómplices de ETA.

El PNV ha anunciado que no contará con EH en el futuro Gobierno vasco. Un enunciado de intenciones que no es suficiente. El PNV y su socio parlamentario, Eusko Alkartasuna, deben ahora manifestar con hechos que quieren rectificar de verdad. Y no sólo eso; los ciudadanos vascos que han dado su voto al nacionalismo deberán de vigilar que cumplen con su palabra. El PNV y EA, con este nuevo asesinato de ETA, ya saben cuál es el camino: reconocer que el terrorismo es un problema real del País Vasco y, por lo tanto, exigir que se pongan los medios para acabar con él.

ETA mata a los vascos. Y el Gobierno vasco no puede mirar hacia otra parte.

La hiena rabiosa
Por Enrique de Diego Libertad Digital 25 Mayo 2001

El asesinato de una persona es tal agresión a la convivencia, la eliminación de lo más absoluto que tiene el hombre, la extensión del dolor a una familia, que todo otro comentario huelga. El asesinato terrorista entraña una psicopatía añadida pues entre el verdugo y la víctima no hay otra conexión que un odio abstracto, totalitario, el propio de los asesinos en serie, siendo la elección gratuita y simbólica.

Lo cierto es que los “compañeros patriotas” de Otegi decidieron desde antes de las elecciones seguir con su instinto de muerte y la hiena está rabiosa después de que los ciudadanos vascos hayan vuelto la espalda a su partido. Eh ha desaparecido de Álava con un 6,23 % de los votos y de Vizcaya, con un 8,13. Guipuzcoa ha dejado de ser su feudo, pues con un 15,37 % de los votos es la cuarta fuerza política. No pueden condicionar a la sociedad más que por el asesinato. El 13 M ha sido más que el principio del fin, ha sido su confirmación.

Hasta ahora los mensajes más nítidos de la banda terrorista respecto a los objetivos de su rabia van dirigidos letalmente a los periodistas y a la Universidad. Primero fue el intento de asesinar a Gorka Landaburu, después la bomba-lapa contra el vigilante de la UPV y ahora el asesinato de Salustiano Oleaga. Es un atentado directo contra la libertad de expresión, contra el “Diario Vasco”, contra el Grupo Correo y contra todos los periodistas y medios de comunicación. La elección de la víctima parece la consecuencia de un seguimiento y el establecimiento de que la rutina de sus sesiones de rehabilitación y la ausencia de escolta lo convertían en un objetivo fácil. El hecho de que fuera director financiero es un elemento que parece aleatorio.

Por de pronto, junto con Madrid, ETA extiende el terror al País Vasco. Si EH “había pedido” que durante la campaña hubiera pocos atentados y fuera del País Vasco, tal relativismo moral ha sido roto en lo que es un intento absoluto de amedrentar a “toda” la sociedad vasca, pues el asesinato de Salustiano Oleaga sale, además, de la estricta estrategia de acoso a los partidos constitucionalistas, para apuntar a la sociedad vasca en general. Por muchos motivos, el Grupo Correo es la emanación de la burguesía vasca, manifestación de la zona más moderada de la sociedad, oscilante sin beligerancias entre el nacionalismo moderado y el constitucionalismo, un lugar de acogida de ambas posturas, sin otro compromiso que el rechazo de la violencia. En muchos aspectos, se puede decir que ETA se sitúa al borde de dirigir su punto de mira contra el PNV.

En lo que se refiere a la libertad de expresión, poco conseguirán pues no se concibe el periodismo sin tal libertad, pero el atentado en sí representa un reto para Juan José Ibarretxe pues liderar la unidad de los demócratas pasa por el aislamiento de EH y por, al margen de cualquier otra consideración, soluciones policiales que prevengan los asesinatos, erradiquen la kale borroka y conlleven la detención de los asesinos. Eso es obligación estricta de cualquier gobierno.

Hay, además, diecisiete ayuntamientos que están gobernados por EH en minoría. La unidad de los demócratas pasa por desalojar de tal posición a un partido que no es que no condene los asesinatos, como se dice en púdico eufemismo, sino que los apoya, les da cobertura política. Quien ha asesinado a Salustiano Oleaga es un “compañero patriota” de Arnaldo Otegi. Es preciso exigir a EH que condene este atentado o establecer un pacto mediático de silencio a sus ruedas de prensa.  

ETA saluda con el crimen la victoria nacionalista
Lorenzo Contreras La Estrella  25 Mayo 2001

Ni siquiera se puede decir que ya empezamos, tras las elecciones vascas. En realidad, sencillamente, no terminamos. Es una manera de hablar. Se quiere decir que no terminan, que no consideran concluido su programa de crímenes en ningún sentido, incluido el de hacer un pequeño alto para estudiar el paisaje. ETA, en efecto, ha mantenido olímpicamente su línea asesina como si el 13 de mayo no hubiera existido, o como si hubiese sido una fecha más del calendario. Aquí no ha pasado nada y, por tanto, puede seguir ocurriendo todo.

No podía imaginar Ibarreche, o tal vez sí, que su audiencia a Jaime Mayor Oreja como cumplimiento de un protocolo postelectoral de consultas a los líderes de los partidos vascos iba a tener que suspenderse porque en San Sebastián acababa ETA de asesinar al director financiero de El Diario Vasco. La primera, en la frente. Es que al lehendakari no le han dejado ni respirar. La sociedad vasca, en funciones electorales, descalificó en las urnas al brazo político de la banda, a EH, que era tanto como lanzar un vade retro a la propia organización terrorista. si alguien pudo abrigar la ilusión de que ese veredicto condenatorio a través de las urnas haría recapacitar a los de la bomba y la metralleta, los hechos empiezan a demostrar cuántos deben ser moralmente los estragos de la ingenuidad. ¡Qué desilusión! EH reducida parlamentariamente a la mitad de sus efectivos y ellos como sin nada. Ellos, es decir, los que hicieron posible que ese brazo político existiese para hacerse sentir en la sociedad bajo el nombre de Herri Batasuna, como si ETA fuese, por organización interpuesta, una fuerza política operante, son los mismos que han dejado a su "criatura" sin palabra y sin argumentos.

Naturalmente no les importa. EH/HB, en cuanto mera pantalla, no tiene otra misión que poner a la banda una carátula respaldada por poco más de un centenar de miles de votos. El asesinato del dirigente empresarial de El Diario Vasco de San Sebastián es un paso más en el camino de reducirlos. Porque, tras el 13 de mayo, ya carece de interés para ETA una realidad política en abierto retroceso. Es material de desecho, como bien ha comprendido la corriente Aralar y han delatado en ocasiones recientes sus militantes Patxi Zabaleta e Iñaki Aldecoa.

Lo ocurrido ayer, 24 de mayo, no es ni siquiera algo histórico, un hecho que pueda marcar un hito en una escala de acontecimientos. Es simplemente, valga el tópico, más de lo mismo. La declaración de guerra que la banda hizo a los medios de comunicación ha tenido, sencillamente, otra manifestación práctica. Y el lehendakari, que ya sabía a qué atenerse antes de que volvieran a hablar las armas después de las elecciones, ha entrado, quizás a partir de ahora más que nunca, en la danza de los funerales, de los duelos, de los discursos fúnebres.

Sólo que ahora, y ahí radica la única novedad del momento, tiene que hacer honor a un mandato electoral que ha condenado el terrorismo, que se ha pronunciado contra unos métodos de acción y que, por consiguiente, demanda una respuesta policial. Se decía que con Mayor Oreja ETA replicaría con una especial oleada de crímenes. No ha ganado Mayor y a la banda le ha faltado tiempo para emprender exactamente la misma marcha que con una eventual victoria del ex ministro del Interior podía temerse.

No se trata de vengar unos resultados con los que ETA ya contaba, ni de lanzar al lehendakari una advertencia porque no se cuenta con EH para los futuros diálogos sobre la situación vasca. Sin embargo, por rutina, la relación causa-efecto ha empezado a invocarse. Sólo queda saber cuánto tiempo tardarán los nacionalistas gobernantes en aducir que, al carecer de remedio esta crisis de treinta años, es inevitable dialogar a mayor escala. Y una nostalgia de Estella/Lizarra impregnará los ánimos de quienes jamás se han arrepentido de aquella experiencia.

La muerte de nuevo
José Luis Balbín La Estrella  25 Mayo 2001

Siguen matando. Quisiera creer en lo de las soluciones políticas, quisiera creer que de nada vale la réplica policial, pero los hechos son tercos. ¿Cuántas negociaciones se llevan, reconocidas o no? ¿Cuántos juegos de manos y malabarismo político? ¿Cuántas muertes? ¿Cuánto "crescendo"? 

Hace tiempo que la evolución de la partida está parada y yo sólo le veo finales siniestros. Quisiera ver otros, pero no lo consigo. Tampoco soy político y, por lo tanto, la solución no está en mis manos, pero daría lo que fuera necesario por añadir un grano no de arena, sino de cemento en el arreglo.

Aquella sociedad, la sociedad vasca, está dividida más o menos por mitades. Un poco más de un lado, o un poco más del otro, según que coloquemos a algunos nacionalistas del lado de los violentos o del lado de los demócratas. La sociedad toda es decir, la de aquende el País Vasco y la de allende está masivamente contra la autodeterminación, no digamos contra la independencia. Y nadie va a convencer a la inmensa mayoría de que nada pinta en un asunto en el que tiene siglos de historia, capitales de inversión e infraestructura, centenares de miles de indígenas de aquí residentes allí.

Por la paz se podría acceder a la radicalidad ajena. Pero ¿garantiza eso la paz? Hay dos preguntas decisivas al respecto, con respuestas en cualquier caso inseguras, si no agoreras.

Primera: ¿Para qué vale un referéndum en un momento de la historia, aunque fuera en beneficio de los radicales? Sólo para obtener una respuesta, con escasa diferencia de votos, en ese momento de la historia, que puede estar edulcorado por una situación de violencia extrema, pero que, de todas maneras, necesitaría de otro referéndum al año siguiente y al otro y al siguiente, en una cadena sin fin, puesto que si lo que se necesita es la adaptación a la opinión de unos ciudadanos en un momento dado, esa opinión podría cambiar también año tras año. Año tras año, pues, o mes tras mes, o semana tras semana, necesitaríamos nuevos referémdums para saber si los vascos, o quienes en aquellas tierras residen, siguen deseando la independencia, suponiendo que, a la primera consulta, ellos la quisiesen.

Segunda pregunta: una vez hecha la primera consulta, suponiendo que ganasen los independentistas radicales, ¿aceptarían un nuevo referéndum, pasado un tiempo prudencial?; ¿a quiénes permitirían votar?; ¿lo permitirían a los partidarios de una autonomía no independiente; a los no indígenas que, sin embargo, ahora los apoyan; a los actuales nacionalistas supuestamente no violentos?

Por eso, aun con las mejores y más pacíficas intenciones, no acabo de ver solución negociada al conflicto.

Crimen en la redacción
Editorial La Estrella 25 Mayo 2001

El asesinato de Santiago Oleaga, director financiero de El Diario Vasco, es un crimen contra la vida de una persona ejemplar y un nuevo atentado contra la libertad porque la banda terrorista ha elegido al representante de un destacado medio informativo. Y lo ha hecho con la calculada premeditación de quien busca una diana fácil y una víctima indefensa. Una persona dedicada al campo de la gestión o al mundo empresarial, con el añadido de que trabaja en un periódico que defiende la democracia, la libertad y la cultura e identidad del pueblo vasco y de su ciudad, San Sebastián.

Al final ETA ha pegado un disparo en el seno de la redacción de El Diario Vasco, que es tanto como dar un tiro, uno más, al corazón mismo de la libertad de expresión. Y con este disparo ha puesto ahora sobre aviso a todo el colectivo de la comunicación, de la misma manera que en su día lo hicieron con las Fuerzas Armadas, Fuerzas de Seguridad, con empresarios, políticos o periodistas, ampliando más y más su siniestro campo de tiros en la nuca con el triple objetivo de matar, aterrorizar y, a la vez, de buscar víctimas indefensas e inesperadas en pos de la propia seguridad del comando agresor.

La derrota electoral de ETA y su entorno el pasado día 13 y la negativa del Gobierno vasco a darle a EH una mano tendida en la nueva etapa política que se debiera iniciar en la legislatura en ciernes están en el origen de este crimen, cuidadosamente seleccionado con los terroristas y preparado desde hace tiempo, al igual que ocurrió con nuestro compañero Gorka Landaburu. ETA festeja así su derrota y responde así a la negativa de Ibarretxe de reactivar un frente común nacionalista bajo el paraguas de la violencia.
Qué hacer? En primer lugar, conseguir la unidad de los demócratas en la política buscando que ese noventa por ciento de los ciudadanos vascos que el 13-M han votado opciones democráticas y han reducido el espacio de EH actúen unidos frente al terror y su entorno, dando cobertura y la imagen de unidad al conjunto de la sociedad.

Asimismo, el Gobierno de Vitoria y el de Madrid deben mejorar su colaboración y reforzar su acción policial, mientras los movimientos ciudadanos y los medios de comunicación deben, por su parte, colaborar en la unidad de ese frente democrático ideal que reduzca el espacio de los violentos a su mínima expresión, sin dar la imagen de frentismo y de fractura social entre los demócratas que se dio y que continúa durante y después de la campaña electoral.

Es en esa unidad democrática, basada en el diálogo y en el respeto mutuo, desde donde se puede y se ha de construir un nuevo proceso de victoria de la democracia, la paz y la libertad.

ETA ha pegado un nuevo tiro en la redacción de un medio, apreciado y querido como El Diario Vasco, a ellos y al Grupo Correo enviamos nuestro emocionado abrazo convencidos de que el crimen no frenará ni dañará sus trayectorias editorial y empresarial que están ancladas en la democracia y en la libertad.

Ni un respiro
Pablo Sebastián La Estrella 25 Mayo 2001

Están los primeros protagonistas de las pasadas elecciones vascas del 13 de mayo en la primera toma de contacto con el lehendakari en funciones en Ajuria Enea y ya tenemos a la vista una nueva avalancha terrorista que ha segado las manos del periodista Gorka Landaburu, que estuvo a punto de matar al guarda jurado de la Universidad y que acaba de asesinar de siete balazos al director financiero de El Diario Vasco, Santiago Oleaga.

Siete tiros con saña en la cabeza y cuerpo de un inocente cuyo delito ha sido trabajar, con eficacia y con dignidad, en el primer periódico de San Sebastián. Pena de muerte y ejecución sumaria y sanguinaria aplicada a un inocente sólo por que sí, porque era muy fácil de matar y porque su asesinato puede tener lectura política relacionada con medios de comunicación y con el reciente fracaso de ETA y de su entorno en la pasada campaña electoral.

Éste es otro ejemplo más del modelo de sociedad, democracia y proyecto de Estado vasco que propugnan ETA y HB/EH. Al que no está con ellos se le cose a balazos y ya está. Y de paso se da un aviso a todo el que hoy trabaje en un medio de comunicación, en pos de eliminar ese compromiso democrático con el País Vasco y con la verdad al que hizo alusión José Bergareche en su emocionado comunicado de ayer por la mañana en el nombre del Grupo Correo y El Diario Vasco.

Se acercan días muy difíciles. La banda y todo su entorno están furiosos por lo ocurrido en las urnas y marginados de las instituciones, como lo confirmó Ibarretxe a Otegi en su ronda de conversaciones, y han decidido regresar al terror con prisas y estruendo por la vía fácil de las personas sin protección. Después de los días de alta tensión electoral, ETA no ha querido dar ni un respiro a la sociedad. Al contrario, busca un nuevo clima de presión y crispación, a ver si se rompe la esperanza de diálogo entre demócratas que se empieza a vislumbrar tras los comicios del 13-M.

Un diálogo que debe concluir en unidad frente al terror y que debe abandonar el campo de ese frentismo vivido días atrás y que, después del terror y la muerte que expande ETA, es el otro segundo peligro que amenaza a la sociedad del País Vasco. De ahí que los demócratas y todos los movimientos sociales deben aparecer juntos poniendo en evidencia la minoría del terror. De la misma manera que en el campo de las instituciones los gobiernos de Madrid y de Vitoria deben abandonar la tensión y la vuelta a la escalada verbal reforzando la lucha contra ETA y su colaboración, especialmente, en este sector.

Quizás ETA se equivoca si cree que pegando tiros por la espalda conseguirá la ruptura del diálogo que se inició el 14-M. A lo mejor con esta nueva avalancha van a conseguir todo lo contrario de lo que esperaban: que el diálogo y la unidad de los demócratas vayan más deprisa de lo que parecía posible por las tensiones y heridas abiertas en todos los frentes: político, social, institucional, informativo y cultural. Desde luego con estos crímenes no conseguirán nada más que ir aumentando el número de sus adversarios y disminuyendo el número de sus adeptos.

ETA sigue, a la vista está, sembrando el terror y poniendo en su lista preferencial a los medios de comunicación. Pero los medios y los demócratas de dentro y fuera del País Vasco también van a avanzar sin dar un paso atrás convencidos que este desafío lo vamos a ganar. Se puede ganar. El Diario Vasco nos da en esta mala hora un ejemplo excepcional que todos los profesionales y colaboradores del sector de la comunicación seguiremos sin vacilar.

Duelo vasco
Editorial El País  25 Mayo 2001 

El asesinato de Santiago Oleaga, director financiero de El Diario Vasco, de San Sebastián, se inscribe en la misma lógica de intimidación contra concejales, ertzainas, profesores, jueces y otros sectores sociales cuya voluntad esperan modificar a tiros; no sus convicciones personales, pero sí su actitud pública. Lo decía hace poco la propia ETA en su boletín Zutabe: 'Es seguro que la opinión de esos medios y de esas personas no va a cambiar, pero ése no es el objetivo de nuestras acciones, sino cambiar su participación y posicionamiento en el conflicto: que se pase de pedir la guerra a pedir soluciones'. Esto es, que pidan a los políticos y a las instituciones que se plieguen a las exigencias de ETA. Razón de más para que los partidos democráticos, con el apoyo de los ciudadanos, reafirmen su voluntad de combatir unidos a la minoría fascista que trata de condicionar a la mayoría.

La prensa ocupa desde hace años un lugar estelar entre los objetivos de ETA. El de ayer es el quinto atentado con intención de matar realizado contra trabajadores de los medios de comunicación desde el final de la tregua. Tales atentados son, a su vez, la desembocadura de una escalada de pintadas, consignas coreadas en mítines y agresiones de violencia callejera que marcan a las posibles víctimas, adelantando los motivos por los que un día podrán ser asesinadas. A ello se ha unido recientemente una teorización, incluso con pretensiones académicas, que presenta a los medios como parte del conflicto, en lugar de notarios del mismo. Según esa teoría, de neto sabor totalitario, los periodistas deberían ser neutrales entre los que consideran legítimo eliminar a sus rivales políticos y los eliminados.

A los fanáticos debe parecerles inadmisible que en Guipúzcoa, la provincia más nacionalista de Euskadi, siete de cada diez lectores de periódicos prefieran el diario en que trabajaba Santiago Oleaga, y no el que a ellos les gusta más. La solución es volarlo: desde el final de la tregua ha habido cinco ataques de terrorismo callejero contra sus instalaciones, un consejero recibió una carta bomba hace siete meses y en poder de un comando detenido en febrero se encontraron planes para derribar con explosivos su sede central.

El asesinato de ayer ha interrumpido la ronda de contactos poselectorales del lehendakari en funciones con vistas a la configuración del próximo Gobierno. De las entrevistas mantenidas hasta ahora se deduce que la actitud moderada de Ibarretxe puede propiciar un reencuentro de los partidos democráticos desde un rechazo compartido de la violencia. Redondo ha combinado la mano tendida ante los movimientos de Ibarretxe (nada con Euskal Herritarrok mientras no se desmarque de ETA, búsqueda de un diagnóstico conjunto, ninguna iniciativa unilateral) con la coherencia de trabajar desde la oposición.

Los votantes han dado a Ibarretxe la responsabilidad de liderar el intento de recomponer la unidad democrática frente al terrorismo: entre Madrid y Vitoria, y entre el Gobierno y la oposición en Euskadi. Del mismo modo que hubiera sido absurdo invocar razones ideológicas para prescindir del nacionalismo a la hora de combatir el fascismo de ETA, también lo sería ahora cualquier intento de marginar al PP, primer partido de la oposición vasca y partido del Gobierno en España. El pacto antiterrorista PP-PSOE es una garantía contra esa tentación, pero su existencia tiene que ser compatible con la reconstrucción de un foro similar al Pacto de Ajuria Enea que establezca un diagnóstico compartido de acuerdo con la situación actual, incluyendo la experiencia del fracaso de Lizarra.

Porque el atentado de San Sebastián ilustra por enésima vez que no hay posibilidad de persuadir a ETA de que se disuelva sin derrotarla antes políticamente. Y ello implica abandonar discursos que puedan ser interpretados por los terroristas como una prueba de que actúan en nombre de toda la comunidad nacionalista. Es hora de alcanzar algunos consensos básicos entre los demócratas para combatir con todos los medios de que dispone un Estado de derecho la violencia terrorista, también la que ha dado en llamarse kale borroka. Eso es lo que esperan hoy todos los ciudadanos de bien para recuperar la confianza en sus gobernantes.

El reflujo
ANTONIO ELORZA El País  25 Mayo 2001

'Vae victis'. La suerte de los vencidos nunca es envidiable y no lo será sin duda la que puede tocarles a quienes han defendido abiertamente la causa del pluralismo y de la democracia en muchos lugares del País Vasco. Con un grado de dramatismo mucho menor, tampoco se han librado de la quema aquellos que con la pluma apuntalaron la solución mal llamada 'constitucionalista'. En estas mismas páginas, el ajuste de cuentas alcanza el peligroso extremo de la condena de los intelectuales, cuya aspiración al 'gobierno de los mejores, o de los que tal se creen' opone en un artículo Juan Luis Cebrián al reciente ejercicio de la democracia en Euskadi. Se confunden además con los 'agitadores' al servicio del 'habitante de la Moncloa' o, en el mejor de los casos, resultan objetos 'arrastrados por la marea de esta campaña hacia las posiciones de Aznar'. Javier Tusell, que tal vez por el número de libros publicados escapa ya de la categoría, se escuda en Ortega para ridiculizar al intelectual como fabricante de objetos imposibles. Excesivo.

El denominador común en este tipo de planteamientos consiste en la negativa a vincular la atención hacia las víctimas del terror con la elaboración de una estrategia política. Es como si lo primero llevase a la confusión en lo segundo, cuando por el contrario el desamparo de las víctimas es en este caso la clave para medir las responsabilidades de la institución encargada de protegerlas práctica e ideológicamente en la sociedad vasca. El argumento de los detractores enlaza aquí con el rechazo de la 'satanización' del nacionalismo democrático. Olvidan que sin salir de las informaciones de este periódico hay acumuladas sobradas pruebas de pasividad del Gobierno Ibarretxe, complicidad al frenar la acción de la policía vasca, e incluso inducción cuando el grupo dirigente del PNV acusó a los periodistas de llevar ellos, y no ETA, la guerra a Euskadi. La crítica era inexcusable, así como la exigencia de buscar una alternativa política, subrayando que como el PNV no es el señor natural de Euskadi, su Gobierno en minoría, surgido de Lizarra, debía someterse a las urnas. Otra cosa fue la deriva de Aznar hacia un puro y estricto antinacionalismo, con las consecuencias sabidas.

¿O es que Euskadi is different, y por eso allí, estando ETA, resulta inocuo que un partido democrático coincida con la organización terrorista en su objetivo de panvasquismo irredentista, cuya obtención hace inevitable la violencia y que desestime aquellas instituciones en cuyo marco gobierna? ¿Constituye un signo de democracia votar bajo la coacción? La solución de Cebrián 'ir tirando' equivale en todos los sentidos a aceptar la prolongación del imperio de la muerte.

Por lo demás, la nueva situación política demuestra que las críticas no han sido inútiles y el atentado de ayer en San Sebastián, unos días después del sufrido por Gorka Landaburu, prueba que la propia ETA ha percibido los efectos de las mismas, haciendo inaceptable toda relación política entre el nacionalismo democrático y el vinculado a ETA. Es cierto que algunos, como José María Aznar, de nada se enteran, pero todos los indicadores apuntan a una revisión de actitudes protagonizada por Ibarretxe. El PNV parece darse cuenta al fin de que la clave de una construcción nacional, la política de integración, resulta incompatible en Euskadi con la exclusión de los demócratas no nacionalistas, por lo cual, sin renunciar a la meta final de la independencia, se impone hoy buscar una alianza con sus viejos amigos y rivales del PSOE, IU añadida. Sería un viraje no exento de riesgos, porque ahí están el soberanismo primario de EA y sobre todo la respuesta inevitable del terror de ETA. Por la misma razón, de confirmarse esa propuesta política, la elección racional a partir del reflujo de las elecciones debe consistir para los demócratas en un voto de confianza a Ibarretxe, por encima de los intereses de partido, condicionado eso sí al mantenimiento de la política de concordia. A pesar de un pasado imborrable, pero pensando en el futuro de la democracia vasca. Ahora bien, si tras los gestos de distensión su segundo Gobierno reprodujera la línea de actuación del primero, habrá que seguir desde la palabra fabricando el objeto imposible de poner un freno al crimen político en Euskadi.

Vascos en el punto de mira
José María CARRASCAL La Razón 25 Mayo 2001

Los dos últimos atentados de Eta, los primeros tras las recientes elecciones, tienen un elemento en común: lo «vasco». Atentado con bomba contra un guardia jurado de la Universidad del País Vasco, que milagrosamente se salvó. Disparos en la nuca al director financiero del Diario Vasco, que, desgraciadamente, falleció. Una coincidencia puede ser casualidad. Dos, ya no, indicando premeditación. Sobre todo andando por medio Eta, que planea todo hasta el último detalle. Esta vez no se trata de amedrentar a los perdedores de las últimas elecciones, que ya están bastante amedrentados. Se trata de amedrentar a los ganadores, no vaya a subírseles el triunfo a la cabeza y empiecen a creérselo. La llamada de atención al PNV cuando los ecos de los comicios todavía retumban es clara: ¿Cuidado con lo que haces con esta victoria que has obtenido con la mitad de nuestros votos! Cuidado porque podemos ir también contra vosotros, que seguimos tan fuertes, tan capacitados, tan decididos como siempre.

   Se cumple implacablemente la ley de hierro impuesta por la banda: no basta ser vasco para estar a salvo de sus atentados. Ni siquiera basta ser nacionalista. Se tiene que ser nacionalista radical, violento. Se tiene que estar en guerra abierta con España. Menos que eso, aunque se tengan diez apellidos vascos, no les llega. En realidad, a quienes más detestan es a los vascos que no odian a España. Lo que en cierto modo es lógico, pues desmonta de raíz su teoría de que lo vasco y lo español son conceptos antagónicos. Una realidad histórica con la que ellos quieren acabar a tiros y a bombazos. No van a conseguirlo, pues las realidades históricas son testarudas. Pero de momento están acabando con muchas vidas humanas. Treinta y una desde que terminó la tregua. Ocho este año. Y las que vendrán. 

El terrorismo tiene una dinámica implacable. Empezaron con los del PP. De ahí pasaron a los del PSOE. Los próximos serán los de IU. Y los siguientes, los del PNV que no se plieguen a sus planes. Cuando uno sustituye los argumentos por los tiros, tiene que seguir disparando hasta que mata a todos los que no opinan como él. Aunque sea de la misma casa. Es la ley de hierro de las pistolas. Los últimos atentados son dos disparos ante la proa de un PNV que todavía no sabe qué hacer con su triunfo. ¿Qué digo disparos! Torpedos a la misma línea de flotación. O estás conmigo o estás contra mí. Si te desvías un milímetro de la línea que hemos acordado, ya sabes lo que te espera. Si crees que la pérdida de votos nos ha hecho recapacitar estás muy equivocado. Al revés, estamos más decididos que nunca a alcanzar nuestros objetivos. Tú veras. Con lo que a la natural indecisión que anida en el PNV sobre la estrategia a seguir para conseguir sus sueños nacionalistas se añade el factor miedo. Hoy hay en el País Vasco, ¿cuántas?, ¿cien mil?, ¿doscientas mil personas más con miedo a salir de casa, ir a comprar el periódico, a encender el coche. Y una familia más sin padre. ¿Qué he hecho yo para merecer esto?.   

La violencia vidente
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC  25 Mayo 2001 

Se dice que la violencia terrorista es ciega. Y se dice mal. Por el contrario, es vidente, perfecta y criminalmente vidente. Se dice que ETA nació contra la dictadura. Y se dice mal. Nació contra la apertura democrática del Régimen; no para favorecerla, sino para abortarla. Por eso ETA, salvo error o impotencia, golpea allí donde puede provocar reacciones que favorezcan su estrategia de confrontación civil al servicio del logro de sus intereses totalitarios. Por eso sus objetivos son cada vez más amplios y pueden llegar a ser indiscriminados (por ejemplo, Hipercor), mas nunca ciegos. Sus víctimas pueden ser miembros de las Fuerzas Armadas, funcionarios de prisiones, políticos constitucionalistas, niños... Pero sus golpes no son ciegos, sino videntes, pues persiguen la conquista del poder y la instauración de un régimen totalitario. Es esa naturaleza totalitaria, que algunos se empeñan en no ver y que, más pronto que tarde, llegará a alcanzarles, la que les conduce a asesinar a escritores, profesores y periodistas, porque, aunque en el amplio gremio haya de todo, en su mayoría se encuentra la voz de la libertad y de la dignidad.

Si uno de los pilares de las sociedades liberales y democráticas es la libertad de expresión, nada resulta tan natural como que los totalitarios escojan a sus víctimas entre los profesionales de la palabra libre. Quieren matar a la palabra bajo el peso totalitario del miedo. Siguen así a sus modelos: Hitler, Stalin, Pol Pot. El más radical enemigo del totalitarismo es la palabra libre. Contra ella combaten. Que algún que otro necio crea que ETA es una especie de movimiento de liberación nacional que persigue la independencia vasca, no quita necedad a su diagnóstico. La autodeterminación y la soberanía son mero pretexto. Su designio es el poder total que extermine al disidente. A todos, menos a ellos. Cuando Arzalluz afirmó que en un País Vasco etarra él sería balsero dijo una verdad, cualidad en la que no se prodiga. Lo malo es que no extrae las consecuencias lógicas. Extravagante paradoja sería esa consistente en dialogar con los asesinos de la palabra. El mejor aliado del terror es la ceguera de muchos de sus enemigos. Éstos son los ciegos. Los crímenes de ETA son, por el contrario, tan perversos como videntes.

¿Quién se saltará el guión?
Juan BRAVO La Razón  25 Mayo 2001

Primera fase: Eta se presenta como un movimiento antifranquista. Los sectores en lucha contra la dictadura pican en el anzuelo y llegan a verla con simpatía, «olvidando» el terrorismo, fascinados por su condición de marxistas, entonces de moda.

   Segunda fase: acabada la dictadura, y alcanzada la amnistía, Eta vuelve a la carga, pero esta vez con la reivindicación de los «derechos del pueblo vasco». Frente a eso, otros ingenuos como los anteriores piensan que con una amplia autonomía, se sentirá satisfecha. A cada víctima sucede una cesión, sin atender que, para entonces, Eta ha liquidado a la UCD vasca y ha puesto al estado al borde del golpe con los atentados contra mandos militares.

   Tercera fase: El País Vasco ya tiene la autonomía más amplia posible. Entonces Eta sigue matando para convencer a los españoles de que lo mejor es la independencia, y para presionar al PNV para que se someta a esta reivindicación como medio para la «pacificación (con el caramelo, además, de que sacará tajada).

   Cuarta fase: arrastrados los nacionalistas y acoquinados los demás, Eta no sólo plantea la independencia del País Vasco, sino también de la gran Euskalherría. Y sigue matando.

   ¿Habrá quien decida saltarse el guión, o nos preparamos para la quinta fase?

La cosa vasca
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 25 Mayo 2001

En una tertulia radiofónica me entero de que Ibarretxe no es tan importante como parece, y que el que manda es Arzalluz. Buscaron una cara a lo Kennedy para el cartel electoral y lo más aproximado que les ha salido es Ibarretxe, al que además hicieron un poco de cirugía facial. Quedaba de miedo. Pero de miedo de salir corriendo.

Asimismo, me entero de que Otegi tiene poco poder en ETA, cuando yo le creía el capitán, por la seguridad con que habla y porque no sabe sonreír. Arzalluz es el hombre charnela, la bisagra que hace girar a ETA y el PNV para que se reúnan o se separen. De todos modos, se dice que le van a jubilar pronto. La política vasca es tan cruenta como todas las políticas. Dice Arzalluz que no ha llamado «tonto» al rey «ni siquiera a Aznar». Pero Aznar le comió mucho sembrado en las generales y ahora hubiera podido llegar a un empate, si supiese -ya lo habrá aprendido- que los vascos antes que nada son vascos y desecharían a su padre si no fuera tan vasco como ellos. Lo vasco no es una idelogía sino una manía, en ciertas personas. Uno no se imagina a un señor de Soria diciendo todo el rato que él es soriano y que cuidado con Soria.

Pero los vascos no hablan de otra cosa que su vasquismo, en la radio, en el restaurante y en la vida. Si ustedes se fijan, en una tertulia con predominio del elemento vasco nunca se habla de cine, de fútbol, de literatura, de ciencia, de cienciología, de ropa o de amores. Muchos vascos son monotemáticos y el monotemático acaba en maniático.

Va uno llegando a la pavorosa conclusión de que en ciertas zonas del alma vasca lo vasco es el principio y el final de todo, con las correspondientes amenidades: cocina vasca, pelota vasca, raza vasca. Hubo una generación joven que hizo un buen cine vasco, pero ahora están todos en la kale borroka. Lo más brillante y atractivo que tiene Madrid son los restaurantes vascos, que desde luego prefiero a esos delincuentes restaurantes chinos, a esos denunciados restaurantes moros, a esos grasientos restaurantes japoneses, que son como la trasera de una pescadería en desahucio. Y me refiero, naturalmente, a los que me refiero, algunos, y no para nada a los demás. La comida vasca se ve como más sana y yo incluso me he tomado un café en Princesa con Jon Idígoras, cuando los tiempos eran tiempos. Lo que quiero decir es que el tema vasco, la cosa vasca, se ha convertido en asunto de conversación nacional, y es lógico porque estamos en guerra, pero tampoco conviene decir que estamos en guerra, con lo que la cosa se alarga dando rodeos. Yo creo que si dejásemos de hablar un poco del tema vasco, a lo mejor volvía la alegre irregularidad de la vida, y se hablaba de adulterios y de pelis en las cenas de matrimonios, como toda la vida.

El problema vasco hay que resolverlo, de todos modos, y mejor a favor de ellos, pero uno, como hombre que alterna y hasta va a la radio, ha descubierto que lo peor de los vascos son los vasquistas, como lo peor del Real Madrid son los madridistas. Esto de Vasconia, por lo que se dice en el coloquio/tertulia, tienen que resolverlo los políticos. Que sea para pronto y que podamos seguir hablando de lo que de verdad nos gusta, como los coches, la vecina del quinto, Tómbola y las violaciones de la semana, que algunos periódicos ya tienen sección de violaciones entre las esquelas y los bares de ambiente. O sea Madrid.

La realidad de la realidad
JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA El Correo  25 Mayo 2001

ETA no es el síntoma. ETA es la enfermedad. Es hora de que lo reconozcamos y lo digamos con todas las palabras. ETA no es la expresión de un conflicto irresuelto. ETA es el conflicto por resolver. Es hora de que obremos en consecuencia. ETA no es -como tan frívolamente se ha dicho- la úlcera que se soporta con bicarbonato. ETA es el cáncer que amenaza con hacer metástasis en todos los órganos del cuerpo social. Es hora de que dejemos de engañarnos y de engañar a los demás. Sin ETA, nuestro ‘conflicto’ no pasaría de ser una ligera indisposición. Molesta, pero llevadera y, sobre todo, remediable. Ésa es la realidad.

No es casualidad que dos de los atentados que ETA ha perpetrado tras las recientes elecciones hayan estado dirigidos contra sendos representantes del mundo de la comunicación. Un periodista de oficio, Gorka Landaburu, felizmente superviviente, y un directivo de ‘El Diario Vasco’, Santiago Oleaga, desgraciadamente fallecido. Podrían haber sido otros nombres, cualesquiera de los muchos que arriesgan su voz o su mano para ponernos todos los días en contacto con nuestra realidad.

Ése es precisamente su pecado. El periodismo, si quiere ejercerse con lealtad a su deontología profesional, no tiene más remedio que señalar con el dedo la realidad. Acertará o errará, según los casos, pero, en conjunto, depurados los errores de unos con los aciertos de otros, el paisaje que el periodismo nos pinta y la historia que nos cuenta cada mañana vienen a coincidir con eso que los ciudadanos percibimos y reconocemos como ‘la realidad’. A ella se debe el periodismo.

No por azar, de las descripciones y relatos que el periodismo nos ofrece todos los días en torno a este país peligroso que nos ha tocado habitar, destaca siempre un dato que, por perturbador, a muchos nos gustaría soslayar o relegar, al menos, a una especie de nota a pie de página que no nos interrumpiera la lectura de la otra realidad alternativa que nos gustaría imaginar: el dato de la abrumadora omnipresencia de ETA, sin cuya actividad destructora resulta hoy prácticamente incomprensible el más nimio detalle de nuestra vida social. ETA está siempre ahí. Ella es la realidad. El periodismo es el aldabonazo molesto que nos despierta, una mañana sí y otra también, de la realidad soñada del país que no habitamos a la realidad sentida, sufrida, del compañero amenazado, mutilado o asesinado. A la realidad de la realidad.

A nadie nos gusta vivir en ella. Pero a quien más molesta que la señalen como esa única realidad de la realidad es a la propia ETA. Aunque halagada, sin duda, por el protagonismo que con ello adquiere, ETA preferiría que todos miráramos hacia otro lado. A nadie le resulta grato ser el asesino, por muy protagonista que tal hecho le haga. ETA prefiere, por eso, señalar hacia otro lado, apuntar al ‘conflicto’, transferir a él toda la culpa y sacudirse así su propia y exclusiva responsabilidad. Querría que todos miráramos hacia donde su dedo señala y que, diluida su culpa intransferible en ‘el conflicto’, nos la repartiéramos entre nosotros o se la imputáramos a los políticos por no saber o no querer resolverlo. ¡Cuántas veces, al dirigir ingenuamente la mirada hacia esa realidad mentirosa con que ETA trata de embaucarnos como a niños, hemos cargado nosotros con la culpa de que ETA quiere cínicamente escabullirse!

El periodismo, en cambio, cuando es de verdad, nos devuelve siempre del conflicto mentiroso a la realidad más verdadera. A la realidad de la realidad. A la mano mutilada, a la cara chamuscada, al cadáver desangrado. A ETA, por tanto, como la única causante de toda esta tragedia que el ojo desnudo del verdadero periodismo, desprovisto de prejuicios, puede percibir. Ésa es la razón por la que ETA lo odia, lo persigue y lo asesina.

En la enloquecida confusión que últimamente hemos vivido y que todos desearíamos dar por superada, el periodismo también -¡cómo no!- se ha visto arrastrado a una polémica sobre su propia función -militante o no- en el enfrentamiento. Es un debate de calado. Pero la diversidad de posturas en torno a él no debería hacer olvidar a nadie que la auténtica militancia del periodismo se dirime y se ejerce en la lealtad incondicional a la realidad y, por tanto, en la desconfianza radical para con todos aquellos dedos que siempre tratan de señalar hacia otro lado, desviando la atención de los hechos desnudos y confundiendo el conflicto con la barbarie, la úlcera con el cáncer, el síntoma con la enfermedad. Sabemos del riesgo que la lealtad profesional conlleva, pero reconocemos el valor que demuestran todos aquellos que, mañana tras mañana, nos despiertan a la única realidad que, por desgracia, todavía cuenta en nuestro pueblo. Ingrata labor, pero imprescindible. Nos impide levitar. 

Matar a un hombre
ANTONIO PAPELL El Correo  25 Mayo 2001

El atentado que ha costado la vida a Santiago Oleaga constituye objetivamente una agresión gravísima a toda la sociedad vasca, a la que se quiere privar ya no sólo de la paz, sino también de la libertad de expresarse, del derecho a informarse, de su condición de comunidad civilizada y madura. Es incierto que la violencia mal llamada política no tenga grados, que no cabe hacer distingos entre unos crímenes y otros, aun dentro de su general maldad intrínseca y de la condena universal que suscitan. Siempre, en verdad, «matar a un hombre es matar a un hombre, no defender una idea», como dijo Miguel Servet. Pero cuando la violencia no sólo se ejerce contra el adversario, sino que pretende, como es el caso, acallar la pluralidad de un pueblo, privarle de la voz y de la idea, anonadarlo mediante la extinción de sus grandes instituciones, que son a la vez columna vertebral y médula de sus designios colectivos, el crimen adquiere una envergadura insólita puesto que se dirige al corazón de la ciudadanía para secarlo primero y arrancarlo después.

Al asesinar a sangre fría a Santiago Oleaga ETA no sólo ha buscado amedrentar a la clase periodística vasca, ya muy curtida por una larga e inicua historia de amenazas y agresiones, sino socavar y a la larga intentar desmantelar una estructura periodística absolutamente enraizada en su sociedad que ha contribuido decisivamente a mantener enhiestos los principales valores racionales de los que puede enorgullecerse la ciudadanía de Euskadi, así como los principios democráticos que lógicamente ponen en evidencia a la sinrazón etarra y constituyen el muro contra el que se estrellan los alegatos fascistas de los intransigentes.

La muerte siempre es inoportuna, pero esta vez, en plena digestión de unas elecciones y a las puertas de un nuevo período político, este ominoso crimen quizá pueda servir a los electos para identificar mejor dónde está el verdadero antagonista. Siempre habrá quienes esgriman únicamente la palabra para convencer una posibilidad real de acuerdo para construir y progresar. Pero los que destruyen y arrebatan, los que matan y amedrentan, siempre estarán al margen de los que quieren avanzar mediante la razón y la voluntad. Es hora, en fin, de excluir y detestar no sólo a quienes esgrimen las pistolas, sino también a los que acunan sus crímenes y los acogen en el seno fanático de una pretendida utopía.

Saben los terroristas que no podrán nunca conseguir la adhesión masiva de los ciudadanos vascos si antes no destruyen a la propia sociedad, si no cuartean sus resortes vitales, si no la desproveen de sus mecanismos de defensa, si no laminan sus principios y sus convicciones más acendradas y profundas. Saben que si consiguieran limitar su libertad de expresión, si lograran que sólo se emitiese un mensaje monocorde y sin contraste posible, si pudieran extender un pensamiento único, la ciudadanía, reducida a un conjunto desagregado de individuos, se volvería maleable y dócil en su inhumanidad. Pero de ningún modo van a poder humillarla hasta este extremo: sobre la sangre misma, la libertad renace, tenaz, y hoy todos los periódicos denuncian la atrocidad con más fuerza, si cabe, que antes del terrorífico agravio.

No podrán con nosotros los sayones de ETA. Ni con los españoles, ni con los vascos, ni con los periodistas, ni con los ciudadanos que siempre anhelamos la claridad de la palabra porque pensamos que a su través han de llegarnos siempre nuevas iluminaciones. Estas páginas, hoy impregnadas de la sangre invisible de Santiago Oleaga, no van a doblegarse a la pretensión atroz de los verdugos. Seguirán denunciando que, frente a la mayoría que vive y que alienta la pura ilusión de ser, hay una minoría sanguinaria y ágrafa que querría extender el silencio, un silencio plano y total, para que no se oyese más que el fragor de su gran amenaza. No lo conseguirán, por cierto. Ni la voz de la Prensa cesará, ni callará tampoco el eco clamoroso de esa atónita sociedad indignada que hoy es tan víctima como la propia víctima.

Como siempre
Por Carlos DÁVILA ABC 25 Mayo 2001 

Nada más fácil que atemorizar a toda una sociedad: basta con «extender el sufrimiento» como gustan decir ETA, sus corifeos y sus cómplices, y también con encontrar gentes que compartan los objetivos de los asesinos. Los cómplices son, además, activos: son los chivatos, los malsines que forman una red de cuentalotodos que trabaja ya por toda España. Si algo revelan los últimos atentados, es que ETA controla, al milímetro, todos los avatares de miles de personas, periodistas o no, que para el caso es lo de menos, en el País Vasco y fuera de él. Esto es lo más preocupante de la situación.

Es estúpido, en otro orden de cosas, dolerse porque ETA no haya «entendido» el mensaje del día 13. A ETA le importa un comino tal mensaje, sobre todo, tras conocer que una parte, por ahora sólo la pequeña, de la coalición ganadora insiste en que se debe contar con los desharrapados de la pistola y la bomba, los soplones de Otegi, Permach y Morcillo, para construir su paz, o sea, la paz de la secesión. Hay que seguir objetivamente los pasos de Ibarreche en este sentido, porque las alharacas injustificadas con que los crédulos interesados han recibido sus primeros escarceos tras el triunfo pueden convertirse en nuevos lamentos cuando se constate que el otra vez lendakari no va a arrumbar ninguna de sus propuestas —incluida la independentista— de su programa electoral. Mientras esto sucede, otra vez lo de siempre: lloros y condenas por doquier ante una crueldad animal que el diario «Gara», en el día del asesinato de un hombre de Prensa, titulará hoy así: «Muere en atentado el director financiero de “El Diario Vasco”». Como siempre en una sociedad que soporta a los chivatos y a sus conmilitones, y que se mesa los cabellos si unos y otros son puestos fuera de la Ley. Una Ley que cualquier país que no tenga, como nosotros, una democracia boba, se aplicaría en la persecución no sólo de los que han asesinado a Oleaga, sino de los que han descubierto sus costumbres, de sus cómplices y, desde luego, de los que quieren pactar con los asesinos.

Las armas de la ley
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 25 Mayo 2001

«Vamos a acabar con ETA usando las armas de la Ley» se suele decir tras un atentado y, desde luego, es la voluntad de todo el mundo: usar más la Ley que las armas. El problema es que una vez expresada la decisión de acabar con los terroristas, la pregunta es ¿y con qué armas?

   Los ciudadanos honrados cuando dicen que confían en las armas de la Ley se están refiriendo básicamente a dos: la policía y los jueces ¿De qué armas nuevas estamos hablando ahora, porque ni la policía ni los jueces están sirviendo para mucho en el País Vasco?

   Por parte de la seguridad, la realidad es que la Ertzaintza recibe órdenes de no actuar con contundencia; la Guardia Civil y la Policía Nacional no tienen la información ni la colaboración que debería prestarles la Ertzaintza... Y por parte de los jueces, ya hemos visto que algunos necesitan encontrar la nómina de la empresa terrorista o una confesión de parte para considerar delincuentes a los que se logra detener... ¿Qué otras armas nos quedan?

   Es imposible hablar de las «armas de la Ley» cuando el PNV no quiere usarlas y su política acaba de ser refrendada en las urnas. El PNV no quiere leyes ni policías contra los terroristas porque cree que Eta se terminará rindiendo cuando se empiece una cosa que llaman «diálogo» sobre una cosa que llaman «el conflicto». Esta es la realidad en la que estamos.

   Si PP y PSOE hubieran sacado los 33 escaños que ha obtenido el PNV, tenderíamos a ver en los atentados una respuesta de Eta. Como no es así, lo único que sale decir es que ni hacen caso a las urnas ni hacen caso a nada. Pero eso ya lo sabíamos, como sabemos que o nos inventamos nuevas armas legales o usamos las que existen o dejamos de decir que ganaremos con las armas de la Ley.

La fuerza de la palabra
JAVIER ELZO El Correo  25 Mayo 2001

Ayer por la mañana, a eso de las 9.30, un jubilado, emocionalmente roto, me decía en la calle: «Pero, ¡si Santiago llevaba trabajando desde siempre en ‘El Diario Vasco’, llevando las cuentas! Recuerdo que cuando yo estaba aún trabajando (en tal empresa) me relacionaba con él...», y empieza a contarme su mutua historia, quebrada un rato antes por un pistolero. Después, en el tiempo que estuve fuera de casa, la gente (el empleado de una entidad financiera, el vendedor de comestibles, el que me vendió el periódico, etcétera) se decía y me decía: ¿por qué han hecho eso? ¿A quién beneficia tanta muerte? ¿Para qué sirve todo esto? ¿A dónde vamos a llegar? ¿Es que no hay forma de pararles? ¿Para qué han servido las elecciones? ¿No se enteran de lo que queremos los vascos?

La familia de Santiago Oleaga es la primera y principal víctima de su asesinato. Nunca sabremos estar demasiado cerca de ellos y todo lo que digamos no aliviará un ápice su dolor y su rabia. Pero tenemos que seguir hablando. Podrán acabar con muchos pero no podrán acabar con nuestra palabra. Ésta es la primera reflexión que me sugiere el asesinato de Santiago Oleaga.

Es evidente que en este caso, como anteriormente Gorka Landaburu, Aurora Intxausti y su marido Francisco Palomo, por reseñar los últimos, han sido la proa de ETA por trabajar en los medios de comunicación social. Los objetivos de ETA son, en este caso, las entidades y las personas que trabajan en los medios. Trabajen en lo que trabajen. Ya quisieron volar ‘El Diario Vasco’ y atacaron EL CORREO, por ceñirme hoy a estos dos medios, sin importarles las víctimas que pudieran llevarse por delante. En este sentido es muy importante tener claro que lo que se combate, digan lo que digan, no son los planteamientos o proyectos, reales o supuestos, imputables a EL CORREO o a ‘El Diario Vasco’. No. Lo que se combate es que haya gente que sea libre para decir lo que estime deber decir. No está en juego la línea ideológica de este o aquel medio. Está en juego algo mucho más básico y profundo: es la posibilidad de tener prensa libre, es la propia democracia. Hay que tener muy claro que, con estos atentados a la prensa, lo que nos jugamos no es que haya más o menos nacionalismo en la sociedad vasca, sino que haya o no haya democracia, esto es, que la palabra de los ciudadanos tenga un fiel reflejo en los medios de comunicación social. Una sociedad sin prensa libre no es una sociedad democrática y a todas luces lo que ETA pretende es aterrorizar a las personas que trabajan en los medios. Todas las personas. Por eso hay que decir, cuantas veces sea necesario, que la libertad de prensa es la libertad de todos. Que en la libertad y seguridad de todos los que trabajan en los medios de comunicación nos estamos jugando la libertad y seguridad de todos los ciudadanos. Independientemente de nuestro credo político. Cada vez que ETA asesina a alguien hay una parcela de la libertad del pueblo vasco que queda destruida. Esto me lleva a la segunda reflexión.

No es cierto que estas muertes sean una consecuencia de un conflicto no resuelto y que mientras no se dé respuesta (la respuesta de ETA y EH) al problema vasco, habrá que lamentar esas muertes (pero no condenar el asesinato), como si esas muertes fueran algo inevitable en razón de la situación. Más allá del reprobable juicio ético que merece tal planteamiento, hay que decir, mil y una veces, que ese planteamiento es rigurosamente falso. Lo he dicho en otras ocasiones. Hace seis años, en un Congreso sobre Biología y Sociología de la Violencia, escribía, refiriéndome al País Vasco, que «la violencia de intencionalidad política y la violencia terrorista no son la consecuencia ineludible de una situación objetiva de injusticia social y nacional (comparativamente hablando con la que podemos encontrar en otros enclaves geográficos con similares ‘problemas de identidad nacional’ y estructuras socioeconómicas parecidas, como, por ejemplo, Flandes y Cataluña), sino la consecuencia inducida por una determinada lectura de esa situación social y nacional, propiciada por el MLNV, que se ha propuesto unos objetivos que, admitidos en su totalidad solamente por una minoría de la población vasca, se ven impelidos al uso de la violencia ante la imposibilidad manifiesta de alcanzarlos por las vías democráticas».

Éste es el fondo del problema que no debemos olvidar nunca para no caer en graves errores de diagnóstico. El problema vasco por excelencia es ETA y su carácter de organización terrorista de signo totalitario, antidemocrático y antisistema que, apoyándose en los sentimientos de pertenencia de no pocos vascos, se autoerige en intérprete de ellos y no duda en asesinar a quienes, sencillamente, discrepan de sus fines y de sus medios. De ahí la falacia de decir que la violencia se terminará cuando se haya resuelto el denominado contencioso vasco, cuando en realidad eso quiere decir que se acabaría cuando los objetivos de ETA, todos los objetivos de ETA (una Euskadi independiente, euskaldun, unificada y socialista), se hayan cumplido. Evidentemente a ETA poco le importa que los ciudadanos la quieran así o no. No nos hagamos ilusiones. Les importamos, nosotros y nuestros puntos de vista, un bledo.

Para salir de esta sangría hay que empezar por hacer un buen diagnóstico y a partir de ahí empezar a pensar, al fin, en un plan y en una movilización global que consiga acabar con ETA y lograr que este pueblo resuelva sus diferencias como lo hacen todos los países democráticos del mundo: con la discusión, la persuasión y la confrontación en las urnas. Con la palabra en suma. Porque no les importa la palabra y porque la temen, han matado a Santiago Oleaga, y por eso seguirán matando. Pero nosotros debemos defender el libre ejercicio de la palabra. Por eso no hay que callar. Sí, nos queda la fuerza de la razón y es más fuerte que la sinrazón de la fuerza. 

Muerte e independencia
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC  25 Mayo 2001 

Una cosa es el respeto a los resultados electorales, y otra la sacralización del partido ganador y su programa; una cosa es que el PNV haya sido el partido más votado, y otra que se hayan desvanecido sus responsabilidades por haber llevado al País Vasco a esta situación catastrófica; una cosa es que el partido de Arzalluz haya conseguido el apoyo del cuarenta y dos por ciento del electorado, y otra que su proyecto siga siendo totalitario; una cosa es que Ibarretxe haya sido el candidato preferido, y otra que represente la lucidez frente al oscurantismo de su partido.

Son innumerables los ejemplos de políticos que han conseguido el apoyo popular y no por ello dejaron de ser... Carlos Andrés Pérez, Alan García, Fujimori, Berlusconi, Andreotti, Craxi, el FIS argelino, Milósevic... No hace falta llegar al ejemplo de Hitler. Sólo en un contexto tan primario políticamente como el nuestro se puede convertir una elección en una transustanciación.

Antes Ibarretxe engañaba, y hoy miente. Antes el PNV tenía dos políticas, y hoy sigue manteniendo esa doblez. Antes se limitaba a pedirle a ETA que dejara de matar cada vez que había un asesinato, y ahora ha vuelto a hacerlo. No obstante, en esta ocasión ha dado insconscientemente un paso más: ha dicho que con el atentado a Santiago Oleaga, «ETA ha procurado recuperar el terreno perdido en las urnas», y así ha identificado a EH con ETA. ¿Se acuerdan los lectores que no hace tanto tiempo se nos reprochaba a algunos periodistas que calificáramos a EH como el brazo civil de ETA y que denunciáramos que el PNV se apoyara en EH? Ahora lo reconoce paladinamente Ibarretxe. En eso hemos ganado. Por lo mismo ahora todo acuerdo o apoyo o pacto con el PNV es meridiano. La historia va poniendo en su sitio las cosas. En tiempos de Ajuria Enea no se quería ver lo que había en la ideología y en la práctica del PNV, e incluso se le siguió disculpando después del pacto de Estella. Ahora, estamos en el baño democrático de las elecciones. Durará poco. Hemos llegado demasiado lejos.

Va a ser imposible ocultar la estrategia del PNV, esto es, el cambio de paz por negociación política. De nuevo se hablará del diálogo y de la cerrazón del PP. De nuevo se aprovechará algún entierro para defender concesiones en la concepción del Estado. El PNV y EA pondrán precio a alguna otra tregua. Con el apoyo de los otros nacionalistas y con el de este desecho de la política que es González. A buen seguro pondrán sobre la mesa los muertos de ETA.

Cretinamente se dice que la primera prioridad (qué horror de lenguaje y qué espanto conceptual) es poner fin al terror. Como si el terrorismo no se apoyara en el independentismo y como si esta lucha en la que estamos lo fuera de principios y derechos abstractos.

Al director de «El Diario Vasco» le ha matado ETA porque no estaba por la secesión del País Vasco y porque dirigía la Administración de un periódico autonomista, no separatista como «Gara» o «Deia». No querer reconocer las razones por las que han matado a Santiago Oleaga es tanto como rebajar su personalidad profesional y ciudadana, y es quitar importancia a su sacrificio.

¿En qué se habría diferenciado la situación si en estos momentos fuera lendakari Mayor Oreja? No sólo que con Mayor Oreja habría habido una confianza mayor en la lucha contra ETA, sino que sería de todo punto inútil plantear muertes como la de Santiago Oleaga como condiciones para la paz. Por eso, los resultados del día 13 han sido un desastre; no desde el estricto punto de vista electoral (que fueron muy positivos) sino desde el punto de vista de la cohesión nacional y, por lo mismo, del pluralismo autonomista y de los derechos individuales y colectivos, incluido, claro está, el de la vida.

Los niñatos
Por Jaime CAMPMANY ABC 25 Mayo 2001 

Las circunstancias del nuevo crimen etarra en San Sebastián parecen indicar que el asesinato lo ha cometido la nueva leva de alevines de terrorista. No tiene el aspecto de un trabajo de profesionales expertos como los viejos etarras, educados e instruidos larga y cuidadosamente en las técnicas del terror. La banda ya no dispone de los campos de entrenamiento de que antes disponía en el Yemen o en cualquier otro punto del mundo soviético, y así algunas de sus últimas fechorías tienen la apariencia de ser obra de aprendices. A Santiago Oleaga le han llenado el cuerpo de plomo, le han metido siete balazos, tres en la cabeza, otros tres en la espalda y otro más en el cuello. Tradicionalmente, los etarras han matado de una manera más profesional, con un solo tiro en la nuca, todo lo más, dos.

Quizá los mandos de «ETA» están utilizando a esos niñatos sangrientos de la kale borroka, alevines de criminales, monaguillos del terror, crías de hiena en caza de aprendizaje, hijos de puta a medio destetar. Es probable que este asesinato sea una diablura más de esos muchachos díscolos de las algaradas juveniles, como dice Javier Arzalluz. La víctima ha sido elegida con cuidado para eliminar casi enteramente el peligro que pudieran correr los asesinos. Un hombre de mediana edad, desarmado y pacífico, que todos los días hacía un mismo recorrido para ir al Hospital donde se sometía a un cierto tratamiento de recuperación. Acudía allí solo, sin escolta y sin compañía. No había riesgo de que la agresión fuese repelida ni de que alguien viera el rostro del asesino y pudiera reconocerlo después.

Esos «muchachos díscolos de las algaradas juveniles» están siendo educados, no sólo en el crimen, sino en la vileza y en la cobardía. Lección primera: disparar por la espalda a personas inermes, solitarias, indefensas. Escapar enseguida y borrar las huellas haciendo volar el coche de la huida. Si todo esto es así, si «ETA» está poniendo en primera fila del frente a aprendices sin formación y con la única experiencia de los tumultos callejeros, no parece muy descabellado pensar que la banda se halla debilitada, tanto en sus mandos como en sus efectivos. Pero no cabe duda de que no se rinde. Sigue matando. Las urnas no han conmovido sus propósitos ni les han convencido de que con el crimen no se consigue nada. Al revés, han azuzado la jauría.

Hace poco, Javier Arzalluz, el siniestro renegado de san Ignacio, se quejaba del mal trato que el PNV había recibido de algunos medios de comunicación. No era la primera vez que las acusaciones nacionalistas recaían en los medios de comunicación y en los periodistas. Desde entonces, los atentados contra unos y otros se suceden casi sin interrupción. Y estas palabras de Arzalluz, que sonaban como el señalamiento de un objetivo; «ahí está el enemigo», han alcanzado una respuesta casi inmediata. Un nuevo aviso de «ETA» para el Grupo Correo. Ya pueden tener claro el ultimátum terrorista. O con «ETA» o contra «ETA».

Juan José Ibarreche, lehendakari en funciones y en cierne, se ha apresurado a pronunciar un alegato en que se acusa a los etarras de no querer que en el País Vasco se haga política. «No quiere que haga política ni siquiera EH», ha dicho. Podría parecer un nuevo descubrimiento del Mediterráneo. Aunque no sé, no sé. La política de EH y a veces también la del PNV son un valioso complemento a la política de la banda etarra. Unos han de matar para que otros negocien con los muertos. Dice también Ibarreche que «todos tenemos que defendernos del terrorismo». ¡Toma, claro! Pero ¿cómo? Porque son muchos los españoles que se preguntan: ¿Está utilizando el Estado todos los medios que la Ley proporciona para acabar de una vez con esa manada de hienas?

Cerco a la pluma
ANTONIO ELORZA El Correo 25 Mayo 2001

Era un pronóstico fácil: tras su descalabro electoral, ETA iba a concentrarse en una acción punitiva contra aquellos que a pesar del riesgo mantuvieron en alto el estandarte de la razón contra el terror, haciendo cada vez más impresentable cualquier tipo de concesión política del nacionalismo democrático en dirección de los seguidores de ETA. Al mismo tiempo, era lógico también que intensificara la socialización del sufrimiento, sin cuidarse ya como antes de que los atentados respetasen a las personas del círculo peneuvista.

Quizá la prensa democrática, en este como en otros momentos históricos, cometió errores -algo consustancial a una expresión libre- pero esa carga quedó sobradamente compensada por su labor de información y esclarecimiento aplicada al discurso y a las acciones de ETA y EH. A pesar de ello, no faltaron insensatos que desde la cúpula del nacionalismo democrático pronunciaron, hasta en la misma campaña electoral, acusaciones contra la prensa como responsable con sus opiniones críticas de la guerra y de la violencia cuya autoría corresponde de modo exclusivo a ETA. Sería un buen signo de concordia que ahora rectificasen lo dicho, favoreciendo de este modo el entendimiento general entre los demócratas, que constituye el único recurso efectivo para imponerse a la cascada de muerte que se nos viene encima. No cabe buscar lenitivos para el dolor que produce la muerte de nuestro compañero de "El Diario Vasco". Sólo resulta válido plantear, una vez más, ante los terroristas que su acto es políticamente inútil y éticamente despreciable. Por mucha sangre inocente que viertan, la libertad de expresión seguirá siendo una defensa infranqueable contra su barbarie.

Apunte sobre la información y el nacionalismo vasco
Por José Antonio ZARZALEJOS ABC 25 Mayo 2001 

El inmenso poder del nacionalismo en el País Vasco -construido desde la vigencia del Estatuto de Autonomía- se basa en una política que explota, de una parte, la violencia terrorista; y de otra, el clientelismo. El «comportamiento», público y privado más allá de la militancia, conforme a pautas de nacionalismo social (los hijos en la ikastola; la euskaldunización de nombres; la adhesión al sistema de valores del PNV, etc.) supone de hecho un «paraguas», quizás más aparente que real, ante la agresión terrorista suponiendo que los criminales perpetran sus delitos sobre «los otros», es decir, aquellos que se sitúan extramuros de la comunidad nacionalista. Puede que estas afirmaciones suenen a excesivas. No lo son porque el nacionalismo vasco no es una ideología, sino un movimiento, un sentimiento, que trasciende al hecho concreto de la emisión del voto. El nacionalismo es una concepción global de la vida pública y privada y comporta una determinada manera de relación con el entorno.

Los nacionalistas han logrado imponer ese modelo social, penetrar todas sus manifestaciones públicas y «extranjerizar» otras que, siendo igualmente tradicionales, no coinciden, e incluso entran en contradicción, con el imaginario nacionalista. Existe un rasgo muy distintivo de ese modelo social nacionalista: la interiorización individual y colectiva de que el vasco es «distinto» y a la vez «superior», sea en los negocios, en el deporte o en cualquier otro quehacer. Rasgo distintivo que conecta sin solución de continuidad con otro antitético: pese a esa superioridad, los vascos serían «víctimas de una sistemática negativa al reconocimiento de su superioridad. El «buen vasco» lo es de «raza» y lo es de «fe». El «buen vasco» es de rasgos distintos (RH negativo) y espiritual, limpio y noble («palabra de vasco»). Pues bien, la integración en esa sociedad endogámica -no muy alejada, todo hay que decirlo, de los criterios que ha profesado un sector de la derecha no nacionalista atacada de similar complejo de superioridad- garantiza la efectiva ciudadanía vasca, en la que a estas alturas, los rasgos étnicos pueden ser sustituidos por la adhesión inquebrantable a ese elenco de creencias nacionales.

Pero los nacionalistas vascos han asegurado aún más la suerte, y han desplegado a lo largo de veinte años un clientelismo digno del siglo XIX. Gracias al Concierto Económico, que implica autonomía de ingreso y de gasto, han elevado la denominada «acción de fomento» institucional a la categoría de instrumento de «nacionalización». La clase empresarial, de una parte, y los empleados de otra, han encontrado en las terminales institucionales del PNV un suministro de dinero y cargo retribuidos del que han succionado con fruición a cambio de una férrea fidelidad a los que mandan. La economía del País Vasco es, hoy por hoy, la más intervenida de España y en la que las inversiones o son públicas o apenas existen. La masa laboral que emplea el PNV es igualmente considerable. Además de las nóminas en el Gobierno vasco, Diputaciones y Ayuntamientos, los nacionalistas han entretejido una tupida red de empresas públicas, consorcios, fundaciones de las que cobra una nueva clase media poco dispuesta a que una posible alternancia en el poder autonómico y foral les prive de sus canonjías.

En este panorama agobiante sólo la Universidad y la Prensa son sectores que el nacionalismo vasco no ha podido controlar. Es más, en ambos tiene más penetración y peso el entorno de ETA que el propio PNV. Universidad y Prensa se resisten al nacionalismo porque ambos, por definición, son incompatibles con una constante consigna pasional y no pueden sobrevivir en el sectarismo.

El caso de la Prensa vasca, y en particular la «distorsión» que suponen periódicos no nacionalistas de gran éxito frente a un electorado tan decantado por las opciones nacionalistas, es un fenómeno muy tratado, aunque no siempre bien analizado. Los dos periódicos no nacionalistas -El Correo y El Diario Vasco- acaparan, tanto en difusión como en audiencia en los tres territorios, el ochenta por ciento del mercado. A este dato constante desde hace un cuarto de siglo, debe añadirse la presencia relevante de los periódicos de difusión nacional (unos con ediciones regionales y otros no) y de las televisiones de ámbito nacional, tanto públicas como privadas, en la Comunidad autónoma. Y por supuesto, las emisoras de radio.

CARÁCTER TOTALITARIO
Naturalmente, el PNV no ha dejado de sangrar por esa herida desde hace veinte años. Ha intentado frenar la expansión de los periódicos no nacionalistas por todos los medios coactivos (desde «boicots» públicos hasta descalificaciones de todo género) con la «inestimable» ayuda de los terroristas que han hostigado a sus representantes y profesionales, han atentado contra sus instalaciones y, de forma permanente, les han tratado de amedrentar. Más adelante, cuando llegue el momento oportuno, relataré mis muchos años de comentarista político en el País Vasco (1978-1989) y las experiencias vividas como director de El Correo (1993- 1998) que demostrarán el carácter totalitario, intolerante y cínico de la clase dirigente del PNV respecto a la libertad de expresión.

El nacionalismo no sólo se ha quedado en el hostigamiento. También ha jugado a empresario de comunicación. Y aunque el resultado no es otro que un fracaso, merece la pena describir el intento. Deia es el único periódico de partido en España. Con un cierto arraigo en Vizcaya, ha constituido un fiasco en Álava y Guipúzcoa, territorios en los que su presencia es testimonial. Si no fuese porque desde todas las instituciones y empresas en la órbita del PNV apoyan a Deia disciplinadamente, el periódico carecería de la más mínima viabilidad. Por si acaso, Deia no está sometido a la Oficina de Justificación de la Difusión (OJD) y sus ventas son un relativo misterio. El papel de Deia sin embargo es trascendente: actúa de mazo contra cualquier disidencia interna en el PNV, transmite las consignas, estigmatiza a los adversarios y desertiza, en la medida que puede, cualquier debate ideológico. El periódico nacionalista es arropado y secundado por el aparato público audiovisual de estricta observancia: Euskal Irrati Telebista (EITB), la Radio y Televisión vascas sobre cuyo partidismo sectario no me extenderé por conocido.

Gara es el diario del entorno de ETA. En su esquema, resulta plenamente coherente. Desde la defensa de la «lucha armada» hasta la transcripción de los comunicados públicos de la banda terrorista cuando y como le convienen, el diario Gara es una pieza en el andamiaje subversivo de los terroristas.

Claro es, que ese modelo nacionalista de convivencia le garantiza la respetabilidad suficiente para que al diario no le falte publicidad institucional, privada y hasta patrocinios para sus promociones. Más descarada es la versión en euskera de Gara y que pasa por todavía más respetable: Egunkaria. Recibe subvención directa del Gobierno (sin la que no subsistiría), un alud de suscripciones en ikastolas y centros públicos, y se permite soslayar cualquier límite porque, como es sabido, la prosa periodística en euskera es un territorio impune. Egunkaria, por supuesto, repica cuando toca, los comunicados de la banda terrorista.

Podría seguirse en esta descripción abordando cómo maneja el PNV, o al menos lo intenta, las televisiones locales o cómo ha tratado -con escasísimo éxito- de adentrarse con un periódico en Álava o su intento de poner un pie en Navarra con otra publicación que no hace sino subrayar el liderazgo del histórico del Diario de Navarra. Sin embargo, lo sustancial de esta esquizofrenia entre la mayoría electoral y la mayoría social -aquélla que vota nacionalista y ésta que compra y lee medios de comunicación independientes- estriba en la debilidad intelectual del nacionalismo y en la precariedad de su liderazgo en el País Vasco.

Las plumas de la libertad
El Correo 25 Mayo 2001

E AITOR ARRUTIUSKADI SUFRE LA OCUPACIÓN DE «UN EJÉRCITO QUE PRETENDE IMPONER POR LA FUERZA EL PROYECTO DE ESPAÑA»; DE UN ESCUADRÓN DE «VOCEROS DEL MINISTERIO DE LA GUERRA» QUE, ARMADO CON PLUMAS Y MICRÓFONOS, CONSTITUYE LA «RAMA MEDIÁTICA DEL ESTADO», PARALELA -Y EQUIPARABLE- A LA POLICIAL Y MILITAR. SU OBJETIVO ES «IMPULSAR LA ESPAÑOLIZACIÓN, APOYAR LA REPRESIÓN Y DESFIGURAR O ATACAR LOS CIMIENTOS DE EUSKAL HERRIA». EN DEFINITIVA, «NEGAR EUSKAL HERRIA, COLABORAR ACTIVAMENTE CON LA ESTRATEGIA DE GUERRA DE ESPAÑA» Y OFRECER «PROTECCIÓN A LOS DOS ESTADOS QUE NOS OPRIMEN». ESE BATALLÓN DE «PERIODISTAS TXAKURRAK» TRABAJA EN «LA VANGUARDIA DE ESTRATEGIAS DISEÑADAS DESDE EL MINISTERIO DE INTERIOR» PARA «MANTENER PERMANENTEMENTE EL CONFLICTO». «MIENTRAS NO VEAN EN PELIGRO SU CÓMODA SITUACIÓN Y SU VIDA NO HAY QUE ESPERAR QUE CAMBIEN DE ACTITUD». ATENTAR CONTRA ELLOS, POR TANTO, NO ES ATACAR LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN, SINO A «ENEMIGOS DE EUSKAL HERRIA». 

Este patético análisis de la realidad vasca, propio de una mente enferma que se niega a aceptar la imagen que se refleja en el espejo, es la coartada con la que ETA intenta justificar en un boletín interno -el "Zutabe" de febrero- su ofensiva terrorista contra la Prensa. Una oleada creciente y brutal que ha adquirido velocidad de vértigo desde que su brazo político se estrelló en las urnas el pasado día 13. Desde entonces, en apenas una semana y media, un libro bomba ha mutilado a Gorka Landáburu, delegado de "Cambio 16" en Euskadi, y dos pistoleros han asesinado de siete tiros a Santiago Oleaga, director financiero de "El Diario Vasco". Un comando desarticulado en febrero por la Ertzaintza planeaba dinamitar la sede central del periódico en San Sebastián y tenía abundante información para atentar contra su director.

ETA ha colocado a la Prensa en su punto de mira con una obsesión desconocida en su sangrienta historia. Los medios de comunicación se han convertido en uno de sus objetivos prioritarios -más conforme avanza el tiempo- con una veintena larga de acciones contra ellos desde que, en noviembre de 1999, rompió la tregua. Hasta el extremo de que cada día más periodistas llevan la sombra de un escolta cuando van a entrevistar a un político, entran o salen de la oficina o pasean con la familia. Un fenómeno particularmente intenso en Guipúzcoa, donde el comando Donostií -el más activo de la banda en los últimos meses- ha extendido su manto de terror sobre amplios colectivos sociales. Otros han optado por el exilioí y han abandonado el País Vasco.

La apertura del abanico de objetivos forma parte de la macabra lógica terrorista. Su fin último consiste en forzar la capitulación de las instituciones democráticas mediante la instauración de un clima social de pánico, lo más amplio posible, que les fuerce a satisfacer las demandas políticas que son incapaces de lograr en las urnas. Una vez que la sociedad se ha acostumbrado a digerirí la tragedia de los marcadosí por la ceguera etarra -policías, militares, cargos públicos, empresarios, jueces, fiscales...- en un inagotable chorreo de sangre, mantener o ensanchar la mancha del miedo obliga a buscar víctimas en nuevos sectores. (La intelectuales. La Prensa. Y los guardas de seguridad, como el de la Universidad del País Vasco que salvó milagrosamente la vida el pasado miércoles). O a abrir el punto de mira en los ya señaladosí: de los mandos policiales, a los agentes de pie; de los líderes políticos, a los concejales... En definitiva, la socialización del sufrimiento.

Excepción hecha del asesinato de José María Portell en 1978 y del atentado perpetrado en 1980 contra José Javier Uranga -el entonces director del "Diario de Navarra" resultó gravemente herido-, la espita contra la Prensa se abrió de par en par en 1995. En enero de aquel año, la coordinadora KAS, controlada por ETA, planteó por primera vez la conveniencia de atentar contra periodistas en una ponencia denominada Txinaurriakí (Hormigas).

Sus autores incluían a la Prensa entre los nuevos instrumentos de represión. Los profesionales de la información se han «blindado en nombre de la libertad de expresión», actúan con una «impunidad total» y causan un «dolor tremendo». «Pero no se les puede tocar (...) Tienen interiorizada esa sensación y, en cierta medida, la izquierda abertzale la acepta». KAS apuesta por atentar contra sus directivos y asumir el coste político de su «intervención».

Las campañas de acoso se han sucedido desde entonces como una marea que ha ido in crescendoí de forma imparable, mientras las organizaciones del entorno de ETA creaban el adecuado caldo de cultivo para justificarlasí. Primero fueron carteles amenazantes y pintadas. Luego, concentraciones frente a medios. Posteriormente, acciones de violencia callejera: quemas de ejemplares, artefactos en oficinas comerciales o en repetidores de radio y televisión... Hasta llegar a la amenaza directa a periodistas -jefes e indiosí- y empresarios del sector, los ataques contra sus viviendas o atentados terroristas para acabar con sus vidas bien mediante paquetes bomba (Carlos Herrera, de Radio Nacional; Jesús María Zuloaga, de La Razóní...) o el tiro en la nuca.

Una espiral diabólica que degeneró hace un año en el asesinato de José Luis López de Lacalle, columnista de El Mundoí. El matrimonio de periodistas compuesto por Aurora Intxausti (El Paísí) y Juan Palomo (Antena 3), y su hijo de 18 meses, se salvaron milagrosamente al fallar el artefacto colocado en la puerta de su casa. Luis del Olmo y Antonio Burgos también figuraban, entre otros, en la tétrica nómina de ETA.

En apenas tres meses, ha intentado volar El Diario Vascoí, arrasar con cócteles molotoví la sede de EL CORREO, asesinar a Gorka Landáburu... Con la muerte de Santiago Oleaga, como con sus dentelladas precedentes, ha intentado cercenar las plumas de la libertad. Impedirlo, demostrar su fortaleza, queda en manos de todos.

Tras los ataques nacionalistas a la prensa, Eta asesina a un directivo de El Diario Vasco
Santiago Oleaga Elejabarrieta, de 54 años, director financiero de «El Diario Vasco», fue asesinado a tiros ayer por la mañana en San Sebastián. La víctima fue tiroteada en la cabeza cuando se dirigía a un centro hospitalario para una sesión de rehabilitación de una lesión que tenía en el hombro. Los autores del atentado huyeron en un vehículo que fue hecho estallar una hora más tarde. Tras los ataques nacionalistas contra la Prensa, la banda criminal intentó asesinar al periodista Gorka Landaburu hace sólo diez días con un paquete bomba y ahora continúa su ofensiva contra profesionales de los medios de comunicación con el asesinato de un directivo del medio de comunicación más importante en Guipúzcoa.
E. Mejuto / Vasco Press - San Sebastián.- La Razón  25 Mayo 2001

A las ocho y media, como de costumbre, Oleaga se desplazó desde su domicilio en un Saab 9000 de su propiedad y estacionó el vehículo en el aparcamiento de la Fundación Matía. El estacionamiento, ligeramente separado del hospital, se encuentra sobre una colina desde la que se puede divisar la sede central del rotativo guipuzcoano, en el barrio de Ibaeta.

   La víctima salió del vehículo y apenas había comenzado a andar en dirección al centro sanitario cuando dos individuos, a cara descubierta, se le acercaron y comenzaron a dispararle. Oleaga recibió siete impactos de bala, tres en la espalda, otros tantos en la cabeza y uno en el cuello. Los agresores se dieron a la fuga a pie en dirección al barrio del Antiguo, según indicó un testigo a la Policía.

   El directivo de El Diario Vasco quedó tumbado sobre la hierba de un descampado, fuera del límite del aparcamiento al lado de su coche. Médicos de la Fundación Matía fueron los primeros en intentar auxiliarle, pero desde el primer momento se comprobó que la víctima carecía de pulso. Poco después llegó a la zona una unidad medicalizada que intentó reanimarlo sin éxito.

   Mientras tanto, la Ertzaintza estableció un cordón de seguridad en la zona para buscar los casquillos correspondientes a los proyectiles disparados e interrogar a los posibles testigos del atentado. Los testigos vieron a un único individuo huir a pie tras disparar contra el ejecutivo del periódico guipuzcoano, pero tras los análisis de balística se determinó que dos armas fueron las utilizadas para el asesinato. Con una se realizó cuatro disparos y tres con la otra.

   Según los testigos uno de los asesinos es un individuo joven, con aspecto atlético, que mediría entre 1, 70 y 1, 75 metros, y vestía un pantalón oscuro y una cazadora o chamarra también oscura. A las 9:25 horas, casi una hora después del atentado, hizo explosión una bomba colocada en un Renault 5 estacionado a la altura del número 3 del Paseo de Lamberri, a menos de un kilómetro de distancia del lugar donde había sido asesinado Santiago Oleaga. El Renault 5, que llevaba unas placas de matrícula de San Sebastián falsas, había sido robado el pasado domingo en el barrio de Eguia de la capital guipuzcoana. Según la Ertzaintza, este vehículo pudo ser el utilizado para huir por los miembros de Eta que perpetraron el crimen. Desde el lugar del atentado hasta donde apareció el vehículo apenas se tarda dos o tres minutos. Se sospecha que tras abandonar el R-5, los terroristas utilizarían un segundo coche para alejarse del lugar.

Sin huellas
La deflagración del artefacto colocado en el Renault 5 provocó un incendio que calcinó por completo el vehículo, aunque no afectó a unas viviendas próximas. La explosión, que se produjo sin que se hubiera registrado aviso previo, no alcanzó tampoco a ningún vecino ni transeúnte. Al parecer, la bomba colocada dentro del Renault 5 contenía medio kilo de explosivo, posiblemente dinamita, y un recipiente con disolvente para que se incendiara tras la deflagración y destruyera el vehículo, evitando que se pudiera encontrar huellas. Dotaciones de los bomberos acudieron al lugar para sofocar las llamas. El cuerpo sin vida de Oleaga permaneció en el lugar del atentado hasta unos minutos antes de las once de la mañana, en que el juez de guardia ordenó el levantamiento del cadáver y su traslado al depósito de Polloe donde le fue practicada la autopsia.

   Finalmente el cuerpo de Santiago Oleaga fue trasladado al tanatorio de Zorroaga, en San Sebastián, donde quedó instalado su velatorio, en la intimidad de sus familiares y amigos, hasta las 10.00 horas de hoy. Media hora más tarde, serán incinerados los restos del director financiero de «El Diario Vasco»en el crematorio del Tanatorio de Polloe.

Míster X no se aclara
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 25 Mayo 2001

Iba a impartir doctrina Míster X desde el púlpito de Polanko cuando el último atentado etarra le obligó a cambiar de disco. No obstante, el siniestro ex-presidente insistió en sus contradicciones habituales: dice que el PNV debería perseguir a los terroristas, forma de confesar que no lo ha hecho. Entonces, ¿por qué ha defendido a Arzallus frente a Aznar? ¿Por qué sigue con la machica de que Aznar opone un nacionalismo a otro si es mentira y, además, si el nacionalismo vasco sigue matando, como ETA, o sin perseguir a los que matan, como el PNV?

¿Cómo le da consejos a Ibarreche el incondicional González, el que le pasaba por las narices a Redondo Terreros en plena campaña electoral aquella frasecita inolvidable de "mis amigos del PNV"? ¿Cómo pretende dar lecciones de eficacia anti-ETA el jefe político del GAL, el actual abogado de los nacionalistas contra el Gobierno de España, el que dejó a la nación desprestigiada, arruinada, envilecida y partida por la mitad, sólo por perpetuarse en el Poder y conseguir que otros fueran por él a la cárcel?

Para desesperación de Zapatero y sus menguadas huestes, Míster X sigue al aparato, al aparato polanquista, claro. ¿Por qué no habla hoy de la "satanización del nacionalismo" y de las "campañas antinacionalistas de la prensa del PP? Sólo por una razón: porque hay un muerto todavía caliente. Mañana, volverá a las andadas. ¿Dónde irá el buey que no are?

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