AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 26  Mayo   2001
#Víctimas doblemente asesinadas
Editorial La Razón 26 Mayo 2001

#Vuelve la palabra
Editorial ABC 26 Mayo 2001

#LAS DOS CARAS DEL PNV
Editorial El Mundo 26 Mayo 2001

#Complejo, confusión y oportunismo
Edurne Uriarte.. Profesora de Ciencia Política. Universidad del País Vasco ABC 26 Mayo 2001

#Ya no quiero la palabra, lendakari; quiero la vida
Mikel AZURMENDI ABC 26 Mayo 2001

#Un mandamiento os une
Juan Manuel DE PRADA ABC 26 Mayo 2001

#Criminalmente tendencioso
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 26 Mayo 2001

#Otro jueves
Carlos HERRERA ABC 26 Mayo 2001

#Técnicas nazis 
Enrique de Diego Libertad Digital 26 Mayo 2001

#Cuestión de principios
Ignacio Villa Libertad Digital 26 Mayo 2001

#Contra tiros, contundencia
Lorenzo CONTRERAS La Razón 26 Mayo 2001

#Algo contundente
TONIA ETXARRI El Correo 26 Mayo 2001

#La lucha de razas

FRANCISCO UMBRAL El Mundo 26 Mayo 2001

#Una multitud arropa la unidad política contra ETA
LOURDES PÉREZ SAN SEBASTIÁN El Correo 26 Mayo 2001

#Los ertzainas piden a Ibarretxe que acabe con los «comisarios políticos» del Cuerpo
MADRID. D. Martínez / J. Pagola ABC 26 Mayo 2001 

#Indignación entre los grupos pacifistas: Niegan recibir subvenciones y dicen que no son coches bomba que haya que desactivar
El Mundo 26 Mayo 2001

#Garantes de la libertad
Editorial El Correo 26 Mayo 2001

#La prueba de Ibarretxe
IÑAKI EZKERRA El Correo 26 Mayo 2001

#Otra vez la ética como esperanza
JOSÉ IGNACIO CALLEJA El Correo 26 Mayo 2001

#Defensa o disparate
José Antonio VERA La Razón 26 Mayo 2001

Víctimas doblemente asesinadas
Editorial La Razón 26 Mayo 2001

El nuevo talante que muestra el PNV de Ibarreche, tras su portazo democrático a los batasunos de Otegui y sus últimos actos y declaraciones a favor de las víctimas y contra Eta, tiene su cruz en las increíbles declaraciones del portavoz del PNV en el Congreso de los Diputados, Iñaki Anasagasti. El diputado nacionalista hace ya mucho que dejó atrás su fama de hombre moderado y dialogante, que se ganó a pulso en los pasillos y salas de comisiones del palacio de la Carrera de San Jerónimo. Es imposible reconocer a aquel político en sus difamatorias manifestaciones a una cadena mexicana de televisión, en la que pide «desactivar» a las asociaciones pacifistas y de víctimas del terror tras acusarlas de financiarse con fondos reservados o a costa del PP.

   El enfado de Anasagasti, su diatriba y su elogio por las asociaciones Elkarri y «Gesto por la Paz» no debería causar sin embargo extrañeza pues los miles de personas que han sufrido en un absoluto abandono el doble crimen de haber visto caer asesinados a sus familiares y luego silenciado su recuerdo como algo molesto para el «diálogo», conocen de sobra que para muchos sectores del nacionalismo vasco son antes enemigos que víctimas de los terroristas.

   Asociaciones como el «Foro Ermua», «la propia AVT, el Foro del Salvador, «Miguel Ángel Blanco» o «Basta ya», entre otras, reciben, en el mejor de los casos, el más absoluto de los silencios mientras que los grupos de apoyo a criminales etarras presos reciben subvenciones de instituciones gobernadas por el PNV, que también ayuda económicamente a las citadas «Elkarri» o «Gesto por la Paz». Falta dinero para las víctimas, para ayudar a la reparación de los daños del terror, pero no para subvencionar a los batasunos en sus marchas con las banderas de Eta izadas. Las palabras de Anasagasti son, en fin, una vergonzosa ratificación de lo que ha sido una terrible realidad en el País Vasco, donde a buen seguro los personajes de su catadura echan de menos aquellos tiempos en los que se enterraba de tapadillo y de forma vergonzante a los ciudadanos asesinados por el terror, cuando había muertos de segunda. Precisamente los que no eran nacionalistas.

   Ibarreche tiene ante sí un dificilísimo reto; si es cierto que quiere ser el lendakari de todos los vascos, si en verdad quiere acabar con Eta y es igualmente sincero su pesar por los asesinatos y, en especial, por el perpetrado por el director financiero del Diario Vasco, Santiago Oleaga, el presidente vasco en funciones debe también convencer a su propio partido de que las cosas deben cambiar. De que las víctimas no requieren carné de vasco para serlo, de que cualquier crimen es condenable.

   Las víctimas del terrorismo son la voz de la conciencia de quienes han recogido las nueces del árbol golpeado por Eta.

Constituyen las diaria evidencia de que las libertades y derechos humanos no están garantizadas en el País Vasco. Tiene toda la razón el director de El Correo, Ángel Arnedo, cuando reclama de Ibarreche que persiga a los terroristas hasta el final y deje de decir únicamente que «necesitamos la paz». PP y PSOE revisarán hoy su pacto contra el terror, para abrirlo a otros partidos. En él siempre habrá lugar para un PNV como el que nos anuncia Ibarreche, pero no para el PNV que representan Anasagasti o Arzallus.

Vuelve la palabra
Editorial ABC 26 Mayo 2001

El comienzo del desistimiento ante el terror llegará cuando la sociedad baje los brazos y pierda la capacidad de movilización cada vez que ETA asesine. La rutina de las manifestaciones y de los comunicados de repulsa es percibida por muchos ciudadanos como un síntoma de impotencia frente a una violencia cuya exasperante eficacia asesina parece superior a la reacción policial que provoca. Sin embargo, es un grave error despreciar el valor de la resistencia cívica que encarnan quienes, día tras día, muestran en las calles vascas su determinación de no ceder ni un palmo a ETA. Es un error, una injusticia y también una demostración de ignorancia sobre la fuerza real que tiene una sociedad unida y movilizada cuando el objetivo del terror es rendirla y humillarla. Ayer, esa sociedad maltratada, cuya razón moral es tan ilimitada que nunca habrá votos suficientes para medirla, arropó en San Sebastián a los periodistas amenazados y compartió el dolor de los profesionales del Grupo Correo por el asesinato de Santiago Oleaga. Y, con ellos, todos los ciudadanos de España que saben que una sociedad no es libre sin una prensa libre; que la conciencia de un país sin libertad de información es como el agua estancada, que acaba envenenada. Por eso, cuando ayer los periódicos del Grupo Correo llegaron a las manos de los ciudadanos vascos, éstos volvieron a ser un poco más libres y a estar un poco más seguros de que después del eco del disparo siempre vuelve la palabra.

LAS DOS CARAS DEL PNV
Editorial El Mundo 26 Mayo 2001

¿Estamos ante una virtuosa representación teatral o el espectáculo que ofrecieron ayer dirigentes del PNV como Ibarretxe, Imaz y otros es auténtico? A juzgar por la manifestación unitaria de anoche en San Sebastián, el PNV ha asumido un firme compromiso en la lucha contra ETA y en la defensa de las instituciones vascas. Decenas de miles de personas, con Ibarretxe a la cabeza, flanqueado por representantes de todas las fuerzas políticas democráticas, se manifestaron en silencio por el centro de la capital donostiarra bajo el lema «ETA no. Paz y Libertad».

Pero las declaraciones de Iñaki Anasagasti y Xabier Arzalluz muestran una cara del PNV, que no tiene nada ver con el rostro amable ofrecido anoche por Ibarretxe. En una entrevista realizada por una televisión mexicana, Anasagasti acusó a los colectivos de apoyo de las víctimas del terrorismo de ser unas marionetas en manos del Gobierno, aseguró que estas organizaciones están financiadas por el PP y se mostró partidario de «desactivar» a estos grupos, entre los que incluye al Foro de Ermua y ¡Basta ya!. Para el portavoz nacionalista en el Congreso, sólo Gesto por la Paz y Elkarri son organizaciones auténticamente pacifistas.

Hace falta una «desvergüenza increíble», como dijo ayer Fernando Savater, para pedir que se disuelvan o desactiven las asociaciones que defienden a quienes más han sufrido el conflicto vasco en sus carnes: las víctimas y sus allegados. Anasagasti les niega incluso el derecho democrático más elemental: el de expresarse. Le molestan tanto las voces que representan a las 800 personas asesinadas por ETA que considera que lo deseable es no escucharlas jamás. A lo mejor, la solución es enterrar a los muertos en silencio y fingir que no existen.

En línea con el discurso de Anasagasti, Arzalluz afirmó ayer que es un acto de «degeneración» matar a «un empleado que no tiene arte ni parte en nada que puedan alegar [los terroristas] de la prensa tendenciosa» (sic). Arzalluz considera, por tanto, que es indecente matar a un empleado, máxime si no forma parte de lo que él llama «la prensa tendenciosa». ¿Quiere decir que, en cambio, es comprensible el asesinato si la víctima no es empleado y presta sus servicios en esa «prensa tendenciosa»? Las palabras de Arzalluz son inquietantes porque establecen implícitamente diferentes raseros morales para medir el tiro en la nuca.

¿Cuál es la verdadera cara del PNV? ¿La de Ibarretxe en el Peine de los Vientos con los periodistas o la de Arzalluz cuando habla de «la Brunete mediática»? ¿La cara compungida de sus dirigentes en la manifestación de anoche o la de Anasagasti al condenar al silencio a las víctimas? El tiempo lo dirá. Pero, como la experiencia enseña, no es posible defender indefinidamente una cosa y su contraria.

El espíritu y la letra de lo que ha venido diciendo estos días Ibarretxe es absolutamente contradictorio con las manifestaciones de Arzalluz y Anasagasti. Si quiere gobernar para todos los vascos, tarde o temprano el lehendakari tendrá que enfrentarse con ese sector de su partido que todavía cree que las víctimas son un obstáculo para la paz y que repudia los asesinatos en función de la identidad de los muertos.

Complejo, confusión y oportunismo
POR Edurne Uriarte.. Profesora de Ciencia Política. Universidad del País Vasco ABC 26 Mayo 2001

VISTAS las reacciones de ilustres constitucionalistas ante la derrota del PP y del PSOE en las elecciones vascas, se entienden perfectamente las razones de esta derrota. José María Aznar ha dicho que la sociedad vasca no está madura para el cambio. Pero más bien habría que decir que hay muchos intelectuales, periodistas y políticos españoles que no están maduros para el cambio en el País Vasco, y que si esas élites no son capaces de asumir la necesidad de ese cambio, es harto difícil que la asuman los ciudadanos. La tesis sobre el triunfo nacionalista de importantes intelectuales, periodistas y políticos españoles, a ninguno de los cuales supongo votante del PNV o de EA, ha sido básicamente la siguiente: es normal que hayan ganado los nacionalistas dado el extremismo y el antinacionalismo de los constitucionalistas. Véase como uno de los ejemplos últimos de esta tesis la comparación de Miguel Angel Aguilar entre los constitucionalistas vascos y, nada más y nada menos, que los Ultrasur. Corolario de la tesis anterior es la propuesta para el futuro de todos los anteriores: hay que volver a acercarse a los nacionalistas.

Creo que la tesis del antinacionalismo y la de la propuesta de un nuevo acercamiento a los nacionalistas muestran una combinación preocupante de complejo y confusión respecto al nacionalismo de un importante sector de la élite intelectual y política española. La confusión y el complejo vienen de muy atrás, pero habían quedado convenientemente congelados antes de las elecciones ante la eventualidad de que ganaran los constitucionalistas. Cuando no ha sido así, a la confusión y al complejo se les ha sumado el oportunismo de colocarse cerca de los ganadores donde, ya se sabe, se está bastante mejor.

¿Cómo se va a producir una marea social de cambio en el País Vasco si todavía hay élites importantes en España que a la crítica al nacionalismo y a la pretensión de un gobierno no nacionalista lo llaman antinacionalismo? Tras estas elecciones, empiezo a tener la impresión de que hay una generación de españoles educada políticamente en el antifranquismo que está definitivamente perdida para la resolución del problema vasco. Y lo está porque es incapaz de criticar al nacionalismo y de intentar superarlo con unas nuevas propuestas políticas. Han asumido como tesis inmutable que sólo los nacionalistas pueden gobernar y que la alternativa más legítima en el País Vasco es la nacionalista, o, dicho de otra forma, que es la mitad no nacionalista la que debe integrarse en el proyecto nacionalista, pero nunca al revés.

Esta generación de españoles vive marcada con el fantasma del nacionalismo español. Aprendieron en el franquismo que el nacionalismo español era algo relacionado con la dictadura y con un concepto trasnochado y antiliberal de lo español, y han sido incapaces de comprender que hay millones de españoles educados en la democracia para los que el concepto de España se relaciona con modernidad, consenso, solidaridad y democracia. Esta generación perdida está tan anclada en el pasado de España que es incapaz de construir y de ofrecer una propuesta para el presente y futuro de España como proyecto político y como nación. No tienen proyecto, porque ni siquiera son capaces de abordar su discusión.

Por eso son también incapaces de entender el problema vasco. A la propuesta de libertad la confunden con antinacionalismo, y a la propuesta de defensa de sistema autonómico frente a independentismo lo llaman nacionalismo español. Para estas gentes defender nuestra actual estructura autonómica, una de las más descentralizadas del mundo, frente a la propuesta independentista de EH, PNV y EA, es una muestra de intolerante nacionalismo español. Lo más sencillo sería invitarles a que trasladen su residencia al País Vasco y se sumen a la aventura independentista nacionalista, porque mientras ellos curan de esa forma su complejo nacionalista, muchos vascos nos trasladaremos a otros lugares de España y les cederemos gustosamente nuestro lugar para tan emocionante viaje.

Su tremendo complejo les impide incluso reconocer el programa nacionalista. Son incapaces de aceptar que el PNV y EA están proponiendo, al igual que EH, la independencia para el País Vasco. O hay que estar ciego o ser un completo idiota para a estas alturas no ser capaz de entender que autodeterminación y soberanismo significan referéndum para la independencia y para no ver que se ha producido una radicalización del antiguo nacionalismo moderado que pretende superar el modelo autonómico. Pero hay mucha gente ciega de complejo nacionalista. Y por eso, ni quieren reconocer los objetivos nacionalistas, ni quieren ofrecer ninguna alternativa, porque cualquiera les suena a nacionalismo español, incluso la de la defensa de uno de los modelos políticos menos nacionalistas del mundo.

El complejo explica también el argumento del extremismo que estas gentes han aplicado a la defensa de la libertad por los constitucionalistas. Ahora resulta que somos unos extremistas porque queremos que el Gobierno Vasco se vuelque en la lucha contra ETA y porque consideramos que los nacionalistas no lo han hecho y han dado más argumentos a ETA. Es decir, volvemos al eterno argumento tan querido por los nacionalistas de que los que provocamos somos los no nacionalistas por exigir la libertad. Es triste, pero todavía algunos, acomplejados, quizá cobardes, siguen repitiendo que la lucha por la libertad y la democracia es «estrategia de confrontación». Eso sí, suelen acompañar esa reflexión antidemocrática con nauseabundas alusiones a la necesidad de tener en cuenta a las víctimas, como si desearan exorcizar su propio complejo de culpabilidad. No se dan cuenta de que todavía lo empeoran, porque colocan a las víctimas en el mismo lugar en que lo hacen los nacionalistas, es decir, como desgraciados efectos «colaterales» de este «conflicto», como molestos problemas que debemos colocar en algún bello cajón para, a continuación, dialogar con los que los han matado o con quienes han sido indiferentes a sus muertes y quieren lo mismo que los asesinos.

Al complejo se une la confusión. Hay gentes que todavía no se han enterado de lo que es el voto étnico en el País Vasco o de lo que es la intolerancia antiespañola. En el colmo de la ingenuidad, Diego López Garrido y Nicolás Sartorius han dicho en El País que los electores han premiado a Ibarretxe por decir no a EH. Estos autores hablan de otro país, me temo. Cualquier vasco sabe, y siente en su piel, que los electores nacionalistas, muy especialmente los que se han ido de EH al PNV-EA y le han dado la victoria, han premiado a Ibarretxe para decir no a los que nos sentimos españoles y, además, queremos estar representados en el Gobierno Vasco, es decir, al PSOE y al PP.

El complejo y la confusión se mezclan, finalmente, con el oportunismo, que es la forma más suave de calificar la propuesta de diálogo de todos los anteriores y de algunos socialistas, muy especialmente José Luis Rodríguez Zapatero. Ahora resulta que, como no hemos ganado, todos los principios y las claves de análisis que hemos defendido antes de las elecciones ya no son válidos, y nos vamos a poner a dialogar, que es una palabreja útil para estas coyunturas en que uno no tiene ni idea de qué decir. Incluso hablan de una Mesa por la Paz. ¿Nos quieren decir que van a hablar con ETA? ¿qué van a conceder a PNV y a EA, y también a ETA, la independencia a cambio del fin de la violencia? Diálogo sólo significa esas dos cosas en estos momentos. Si estas gentes no se han enterado, o pretenden hacernos creer que no se han enterado, es que, efectivamente, algunas élites españolas no están preparadas para el cambio en el País Vasco

Ya no quiero la palabra, lendakari; quiero la vida
Por Mikel AZURMENDI ABC 26 Mayo 2001

Lendakari: no desarrollaré ningún argumento más, pues a dos semanas escasas del día electoral ya se ha dicho casi todo. Lo que se debe decir, se ha dicho ya. Dar trigo, eso ya se verá. De momento, nos siguen dando leña los de ETA y a algunos vascos, precisamente los que más habíamos puesto en la defensa de la víctima y de una identidad plural: escritores, profesores y creadores de opinión, se nos ha puesto de «chupa de domine». Hasta lo peor del nacionalismo y su particular xenofobia la habríamos generado nosotros, lendakari. Les volveré a leer a los señores censores para no olvidar sus consejos y su particular visión de la jugada política, por si me arrepiento de algo y comienzo a aspirar, yo también como ellos y usted mismo, a un lugar privilegiado de la Razón Segura. Aunque haya muy poca moral en todo lo que han escrito ustedes, ni tan siquiera de la que Nietzsche hubiera llamado resentida. Pero acepto su lección de oportunidad y colocación. Ahora, escúcheme, porque usted es todavía joven. Le contaré mi comentario postelectoral, que no es un argumento «ad hominem» siquiera, sino una estampa desorientada de un hombre como yo.

Yo no voté la Constitución, lendakari, ni tampoco el Estatuto. Yo pensaba que había fuerza sobrada para exigir constitucionalmente más, por ejemplo la introducción de una cláusula referente a la autodeterminación del País vasco. Es más que posible que haya sido yo el primer vasco que en 1968 y 1969 propusiese ese término, al exigir a mis compañeros de ETA abandonar la acción violenta para construir un partido obrero que luchara por las libertades civiles y, entre otras, las de los vascos a ejercer el derecho a determinarse políticamente. No estoy seguro de haberme equivocado, pues esa premisa política fue tan radical en mí que se me hizo inaceptable ya ir contra la voluntad de nadie. Así abanderé junto a otros amigos una lucha ideológica interna contra la violencia. Batalla perdida en 1970 y comienzo personal de una vida abiertamente decidida por la democracia.

Yo no voté la Constitución, lendakari, ni su formulación vasca, pero las acepté, pues siempre he aceptado la decisión que, convocatoria tras convocatoria, han ido expresando los vascos en los comicios. Y he supuesto que ha ido habiendo decisión de soberanía y determinación política de los vascos. También he aceptado la del 13-M y aceptaré las próximas y las sucesivas, al menos si se realizan con unas garantías mínimas de libertad. Y no ha sido éste el caso de las actuales, como muy bien sabe usted que anunció Arzalluz en la víspera, al decir que aceptaría el resultado aunque no fuesen justas las elecciones. Y no lo han sido, pero de esto hablaremos otra vez.

Yo no voté la Constitución, lendakari, pero ninguna ikastola me dio trabajo cuando llegué del exilio, a mí, que venía de dar clases en la Sorbona de París. Y me tuve que ir a Madrid a sacar unas oposiciones en apretadísima liza. Pero he venido enseñando a mis alumnos durante nueve años de Instituto de Bachiller y otros doce de Universidad que sin Constitución, sin esa Constitución que le ha hecho a usted lendakari, no hay paz civil. Y de manera constante e ininterrumpida he enseñado que para cambiarla y transformarla es menester hacerlo desde ella, no sin ella. He logrado que algún alumno mío arrojara una pistola al mar y abandonara su proyecto militante de matar; he logrado también que muchos alumnos sean demócratas; pero he logrado sobre todo, lendakari, que casi todos ellos reflexionasen sobre la paz y la guerra, el miedo y la libertad. Es decir, sobre la persona y la vida humana. Yo no he tenido más poder que la palabra argumentada, lendakari.

Pese a que no voté la Constitución, desde aquellos años antañones en que me puse en las manifestaciones silenciosas de los pacifistas donostiarras, en donde solamente le vi a usted en una ocasión —habían matado a un ertzaina, claro—, he dado en suponer que la única garantía de hacer justicia a la víctima y también al verdugo es hacerlo desde la concordia civil, la que proporciona la Constitución. Y he dado en suponer que la única convivencia posible entre vascos es la que resulte de aceptarnos tal como somos, plurales en la identidad, en los intereses y en las emociones, sin tener que construir la nación vasca los que no la creemos necesitar. Y he criticado al nacionalismo: al francés, al vasco y al español. Y seguiré haciéndolo, lendakari, pero sobre todo al que más me constriñe y atemoriza en cada momento. Y participé en la creación del Foro de Ermua y en la de ¡Basta ya!

Y aun sin votar a la Constitución, lendakari, fueron a por mí durante cuatro años los alumnos más proetarras y nadie de su coalición política me defendió jamás. E intuí que iban ya definitivamente a quitarme la vida. E intuí bien, lendakari. Por eso me evadí y llevo una vida de prófugo pese a haber nacido en 1942. Y acepté la invitación de mis amigos vascos y participé en el mitin del 28 de abril, y comí con Gorka y Ander Landáburu ese día, pues son amigos míos. Y participé también junto a otros muchos invitados en la presentación del proyecto cultural vasco de Mayor Oreja. Y fui a votar como en anteriores comicios el día 13. Pero habían quitado mi voto del censo y el presidente de la mesa, un conocido militante de su partido, se encogió de hombros cuando le dije que él sabía que yo votaba habitualmente allí. No me dirigió la palabra y se encogió de hombros, pese a que yo le di la mano. Me humilló más él que la mano negra que me quitó del censo.

Al volver al País Vasco, la Policía me dijo que no pisara mi casa y que ocultase ante todos aquélla en la que yo fuese a residir. Y he andado esas jornadas preelectorales de una casa a otra, como un clandestino, con un cepillo de dientes y un hatillo de ropa. Y para el día electoral pedí protección, yo mismo, pues nadie me había ofrecido protección alguna. Y he vuelto al día siguiente al campo de trabajo donde investigo sobre la inmigración. Usted acaba de anunciar que «ha llegado la hora de dar una respuesta contundente» a ETA. Parece que acaba de verlo claro, por fin. Al fin tenemos un lendakari que dice que ya es hora; vamos, que ¡basta ya! Bienvenido a nuestro club, lendakari, ahora sólo le quedan dos cosas: hacer desde su cargo institucional de manera que ya baste y, además, convencerles a sus gentes de que también es ya su hora y de que, en consecuencia, pueden ser ya perseguidos todos ustedes, como nosotros.

Yo, que no he votado la Constitución, lendakari, ya tengo un punto en común con usted. En adelante me gustaría tener muchos más, ahora que somos del mismo club. Por eso le anuncio que cualquier día, cuando termine mi trabajo actual volveré a mi casa y no iré a la Policía a anunciarle mi venida, porque ahora la Ertzaintza es también de nuestro club. Y dejo mi vida en sus manos, lendakari. Ahora que usted me conoce y que usted ya conoce lo que significa decirle a ETA que ya basta, me gustaría saber pronto que en el pasado me equivoqué respecto a usted. Pero también me gustaría tener futuro porque, lendakari, yo no quiero la palabra, sólo quiero la vida.

Un mandamiento os une
Por Juan Manuel DE PRADA ABC 26 Mayo 2001

Dos recados viajaban en el plomo que segó la vida de otro inocente, Santiago Oleaga. Uno, dirigido a los mandatarios del PNV: «No penséis que la victoria en las urnas os hace depositarios de la voluntad del electorado nacionalista; seguiremos usurpando esa voluntad, recordándoos con cadáveres nuestros designios». El otro, dirigido a los partidos que se oponen al ideario nacionalista: «Sabed que, mientras sigáis aquí, vamos a seguir matándoos sin piedad». Ante el cadáver todavía reciente de Santiago Oleaga, habría que recordar hoy a los representantes de PNV, PP y PSOE que hay una alta obligación moral, un mandamiento universal que los une, más allá de diferencias políticas y partidismos acérrimos: la defensa a machamartillo de la vida. Creo, con inquebrantable certeza, que tanto quienes votaron al PNV como quienes lo hicieron al PP y al PSOE lo hicieron con la esperanza de instaurar ese mandato sobre cualquier otra consideración ideológica, sobre cualquier otro debate político.

En esta hora luctuosa en que la muerte vuelve a imponer su mercancía de dolor y obcecamiento, uno sólo aspira a que los políticos de las tres facciones mayoritarias entiendan que no hay convivencia posible si no se asienta sobre el respeto a la vida, piedra angular de cualquier ordenamiento jurídico. Ha llegado la hora de apartar a un lado los anhelos políticos para acometer un mandamiento moral que a todos nos vincula. No hay forma de gobierno posible cuando la acecha el imperio de la muerte. Creo que Arzalluz e Ibarretxe, más allá de sus aspiraciones segregacionistas, albergan un compromiso con el hombre, con la indeclinable dignidad de cada vida que es cercenada por el arbitrario plomo. Creo que hay en su corazón un cimiento de ideales cristianos, de humanismo ancestral y hermosamente invicto, que los impulsará a posponer cualquier vindicación política, mientras la sociedad que les ha transmitido el mandamiento de acallar la sangre siga siendo diezmada por unos asesinos sin escrúpulos. Creo que ese cimiento irrenunciable guiará su actuación a partir de hoy mismo. Y creo también que ese cimiento los hermana con vínculos mucho más poderosos a sus oponentes políticos que cualquier otra consideración que afecte a la organización política de una sociedad.

Creo que, cada vez que una vida es pisoteada, Arzalluz e Ibarretxe sufren, porque la muerte es el enemigo indivisible del hombre. Y creo que ese sufrimiento será fecundo. Hemos visto cómo Ibarretxe ha negado cualquier posibilidad de diálogo con quienes justifican la muerte como herramienta política; y creo que esa negativa no obedece a un estudiado gesto de maquillaje postelectoral, sino a una convicción mucho más profunda, que atañe a sus ideales más arraigados. Son esos ideales morales, y no otras consideraciones de carácter político, los que deben guiar su entendimiento con el PP y el PSOE; ese es el mandamiento fundamental e irrenunciable de las urnas. Cuando la muerte haya dejado de imponer su estrépito, habrá tiempo para dirimir diferencias y enconamientos. Pero las urnas han evacuado su veredicto inapelable: los vascos quieren una sociedad viva que respire el aire de la libertad, que no siga callando obscenamente ante las ofensas que se infligen a la vida. Hoy, más que nunca, hace falta apartar los programas electorales, las proclamas mitineras, las irreductibles rencillas que nos mantienen atollados en un barrizal. Hoy, más que nunca, la sociedad vasca exige a sus representantes que posterguen sus encarnizadas disensiones para prestar su adhesión unánime al quinto mandamiento de la ley divina; que sus controversias y disensiones enmudezcan para que suene una voz fuerte y unísona: «No hay futuro político que valga mientras la muerte siga imperando». Creo, con todas las potencias de mi alma, que la política debe callar cuando se dirimen obligaciones morales insoslayables. Creo que Ibarretxe, y Mayor Oreja, y Redondo, deben sentarse a llorar juntos por los hombres inocentes que mueren; y creo que de la aleación de esas lágrimas nacerá otra Euskadi mejor y más habitable.

Criminalmente tendencioso
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 26 Mayo 2001

Arzallus, una vez más, ha vuelto a justificar el crimen, pero reprobando la elección de la víctima. Cuando ETA asesinó a un cocinero ya transmitió a los terrorista y, de paso, a la opinión pública, que "puestos a atentar" deberían "hacerlo contra el Poder". Se entiende que el Poder que no es él, aunque él sea mucho Poder. Ahora critica que se mate a un "empleado" que "no tiene arte ni parte en la prensa tendenciosa", con lo cual distingue entre los crímenes razonables, los de los periodistas "tendenciosos", y menos razonables, como el del director financiero de un periódico, que para un etarra no deja de ser una pieza más del mecanismo de libertad que quieren destruir. Es tal el odio de Arzallus por la libertad de expresión, es tan monstruoso su odio a la prensa vasca que no se le somete, que no vacila en hacer esos distingos dentro de la misma empresa. No en balde fue el propio Arzalllus el que hace muy pocos años encabezó una campaña contra la misma empresa editora de "El Diario Vasco", el Grupo Correo, pidiendo a sus afiliados y votantes que no compraran sus periódicos.

Hay que añadir al perfil criminalmente tendencioso de Arzallus que él manda en un periódico que compite, aunque deslealmente, con la Prensa "tendenciosa", que es su diario "Deia". Y ese periódico no es que sea tendencioso, es que, como todos los órganos de partido, es la tendencia, sin más. Pero eso le parece normal al mussolini vascongado. Lo que le molesta -y se le nota- es que maten a un cocinero y no a un ministro, a un ejecutivo y no a un columnista. Pero Arzallus se queja en vano. Ya le hacen caso a él. Ya siguen con la pistola los etarras su campaña de denuncia de los periodistas "enemigos del pueblo vasco". Sucede que no siempre les salen bien los atentados. A veces, fallan. Y es más fácil y cumple mejor el objetivo del terror matar a un empleado de la empresa "tendenciosa" que no a un director o a una firma célebre. Lo importante, con todo, es que Arzallus señala a la empresa. Sus socios de Estella, luego, hacen lo que pueden. Ya quisieron hace unos meses volar todo el periódico y Arzallus sigue atacando, injuriando, criminalizando, señalando el objetivo a los etarras, por si les hace alguna falta.

Por cierto, que con este sujeto, con este Arzallus, dicen los socialistas que hay que rehacer el Pacto por las libertades y contra el terrorismo. Mejor enterrar ese pacto que poner la zorra a guardar gallinas. Salvo que Caldera y Zapatero pretendan poner en marcha de nuevo el GAL, una peculiar forma de contacto "por debajo de la mesa" como las que sugiere el apologista de la "mesa irlandesa", que ya ha cambiado de fórmula para lograr "la verdadera paz" que anunció en la noche del 13 de Mayo. La única paz que realmente quiere Arzallus para los no nacionalistas es la de los cementerios. Se le nota demasiado.

Otro jueves
Por Carlos HERRERA ABC 26 Mayo 2001

Una parte considerable del Parlamento vasco está de enhorabuena: tras una acción fácil y rápida ha sido eliminado un representante de los medios de comunicación al servicio del sufrimiento de Euskal Herría. La estrategia de eliminar físicamente a los informadores de los ciudadanos para que éstos dejen de acosar al «radicalismo» y pidan así soluciones rápidas ha dado un nuevo paso. Cientos de presos habrán brindado con champán en sus cárceles privilegiadas. No menos interlocutores habrán solventado el incidente con un «que se joda». Simpatizantes de la causa —decenas de miles— considerarán héroe al pistolero del jueves, siempre el jueves. La red de chivatos y confidentes de ETA proseguirá su trabajo con dedicación exclusiva. Todo seguirá igual: los vascos, clientelistas en su mayoría, se lamentarán de esta muerte y pedirán «diálogo» para solucionar el «conflicto». Ni que decir tiene que esta muerte habrá agudizado la imaginación de los redactores de comunicados para condenar el hecho con palabras gastadas. Es decir, lo mismo de siempre. Y al igual que siempre, seguiremos sin escuchar cómo Ibarreche dice que perseguirá a los asesinos hasta el último rincón de su amada finca. Sólo ha dicho que «ha llegado la hora de plantar cara a ETA». ¿Por qué ahora y no antes?, pregunto. Al igual que siempre nos quedaremos con las ganas de escuchar a Arzallus, señalador preciso, decir que los medios de comunicación son absolutamente inocentes y que ejercen su derecho a la crítica sin más. Al igual que siempre veremos rodar lágrimas de cocodrilo por las mejillas de los pescadores de río revuelto. Todo seguirá igual a la espera del próximo jueves en el que la irritada Begoña Errazti diga que hay que contar con EH y así caminar a la soñada arcadia independentista. Todo seguirá exactamente igual porque a ese asesino le da cobertura una buena parte de un pueblo que entiende que no hay más remedio que matar ciudadanos indefensos para conseguir los mismos objetivos que el partido que ha recaudado la mayor parte de los votos.

Técnicas nazis 
Por Enrique de Diego Libertad Digital 26 Mayo 2001

Iñaki Anasagasti sabe que miente, pero utiliza, en estela con Arzalluz, la técnica nazi de calumniar para marcar objetivos. Lo hicieron con los medios de comunicación y el esquema está funcionando con efectos trágicos. De nada sirve condenar, cuando antes se ha diabolizado. Aquí la única criminalización del nacionalismo es la que perpetra Eta y la única cruzada es la que acaba de cobrarse la víctima número ochocientos.

Sólo la mera repetición de los infundios de Anasagasti produce la nauseabunda sensación de chapotear en la inmundicia humana. El PNV se ha especializado en técnicas de desinformación. Así, hemos sabido que durante la campaña electoral se han dedicado a difundir patrañas del calibre de que una victoria de Mayor Oreja sería la antesala de la guerra civil o el inicio de una etapa de persecución cultural. No sólo no diferencian entre la verdad y la mentira, sino que no les importa mentir a sabiendas con tal de conseguir un objetivo.

La labor de las plataformas ciudadanas no sólo es meritoria, sino elogiable como personas comprometidas con la libertad. Por el contrario, el partido de Anasagasti ha estado financiando, con los presupuestos públicos vascos y en cifras multimillonarias, a grupos y asociaciones en estrecha relación con ETA. Cuando hablaba Egibar de una desmovilización verbal, ¿a qué se refería?, ¿a la desmovilización de los demás?

Esta técnica de la calumnia, propia de totalitarios, parece además inducida por un espejismo, por una ficción, generado por la estulta lectura madrileña de los resultados: quienes han subido han sido los constitucionalistas, no los nacionalistas. Hora es de que el Gobierno vasco gobierne para todos los ciudadanos, y deje de utilizar el PNV técnicas calcadas de Goebbels.

Cuestión de principios
Por Ignacio Villa Libertad Digital 26 Mayo 2001

La firma del Pacto Antiterrorista de pasado mes de diciembre tenía (y tiene) un objetivo, como su propio nombre indica: la lucha antiterrorista. Una lucha que, tras los últimos atentados de ETA, se demuestra que no sólo debe seguir activa sino que está más de actualidad que nunca.

Por todo ello, extraña la actitud del PSOE ya que, ahora, hace amagos de modificar el pacto para dejar una puerta abierta al PNV y a Eusko Alkartasuna. Estos amagos socialistas son, por encima de todo, peligrosos y contradictorios. Y lo son porque el PSOE parece que se olvida de algunos principios que, tanto ellos como el PP, han venido repitiendo desde el pasado mes de diciembre. El Pacto es antiterrorista, no es un pacto antinacionalista. Además, han insistido de todas las formas posibles en que este pacto no era un acuerdo pre-electoral, sino atemporal, cuyo único fin era devolver la normalidad democrática a las instituciones vascas.

Y, por último, esta actitud socialista es contradictoria porque fueron ellos los que, en su origen, tomaron la iniciativa del pacto. Y, ahora, con estas dudas y tambaleos, transmiten a la sociedad el mayor de los peligros: la falta de unidad entre los partidos democráticos.

Hablábamos también de peligros y, en efecto, ese peligro existe. Intentar dulcificar ahora el pacto es bajar la guardia. Precisamente, una de las grandes cuestiones pendientes del Gobierno de Ibarretxe es reconocer, con todas sus letras, que el terrorismo existe en el País Vasco y que, desde su responsabilidad, no se están poniendo todos los medios para combatirlo. No dejaría de ser una paradoja política que, ahora que EH tiene menos respaldo parlamentario, que ETA sigue matando bajo el síndrome de la locura y que en el País Vasco muchos siguen viviendo con escolta; el PSOE baje la guardia y ponga ambigüedad en la lucha contra el terrorismo. ¿Han preguntado desde Ferraz qué piensan las decenas de concejales socialistas que viven con escolta en tantos pueblos vascos?

Es cierto que el PNV ha manifestado, por primera vez en dos años, buenos modos, maneras distintas. Pero ya hemos dicho que eso no es suficiente. El PNV tiene que confirmar con hechos claros y contundentes sus buenas palabras. El diálogo es bueno, pero la lucha contra el terrorismo es necesaria. Además, los nacionalistas, como tantas veces en la historia, nos ofrecen varios rostros, varias caras. Son el ejemplo absoluto de la contradicción. Ibarretxe, Arzalluz y Erratzi son tres ejemplos claros de lo dicho.

Y, con todo esto, el PSOE ha picado. Será ingenuidad, será estrategia, pero los socialistas han ido detrás del PNV, como quien no tiene experiencia política. A todos nos gustaría que los nacionalistas volvieran al redil, pero tienen que volver. No es suficiente con un ejercicio de “imaginación política” para creer que han rectificado. El PNV tiene que rectificar. El listón está donde está. Si el PSOE quiere bajarlo para hacer un teórico favor al PNV, estará haciendo daño a toda la sociedad. Aquí no hay medias tintas. Pensar que el PP y el PSOE han fracasado en sus expectativas el 13 de mayo no puede significar que se renuncie a los principios. Y la unidad en la lucha contra el terrorismo es una cuestión de principios.

Contra tiros, contundencia
Lorenzo CONTRERAS La Razón 26 Mayo 2001

Si se entiende bien lo que dicen que dijo el «lehendakari» Ibarreche en el escenario del crimen ¬San Sebastián¬ del que ha sido víctima el director financiero de «El Diario Vasco», resultará que hemos de entender llegada la hora de dar a Eta una respuesta contundente. O sea, el jefe electo del Ejecutivo vasco considera que le ha llegado el momento de actuar así, con la debida contundencia. Y es elemental preguntar: ¿y por qué ahora y no antes? No parece sino que, a la vista del nuevo horror, primer atentado mortal de la banda después del 13 de mayo, Ibarreche siente definitivamente la llamada del as de bastos. Con anterioridad, la Ertzaintza recibía, según ha trascendido, órdenes contradictorias, consignas de moderación, recomendaciones de ausencia o de no demasiada presencia, instrucciones contra los excesos de celo.

   De todos modos, si es verdad que ha llegado la hora, bienvenida sea. Habría que pensar en la inesperada virtud de las urnas. Significaría que no hacía falta una victoria electoral de la conjunción PP-PSE-PSOE, ni un «lehendakari» llamado Jaime Mayor Oreja. Lo que éste advertía sobre la utilización a fondo de la policía autónoma vasca no era, por lo visto, un mensaje merecedor de desconfianza, sino un simple ejercicio de sentido común. Pero eso que la sensatez necesite carné de identidad vasco para que sea sensatez y no barbaridad y miopía de Madrid, demuestra que también la verdad, para que lo sea, tiene que ser nacionalista y nada más que nacionalista.

   Pues bien, vale. Que sea nacionalista, pero que no deje por ello de ser verdad. Y que a Eta se le empiece a caer, dentro de lo posible, todo el pelo que pueda dar de sí, sin interferencia de diálogos cobardes ni añoranzas lizarrescas por parte de los encargados de esquilar a la bestia. Si Ibarreche no miente ni vacila demasiado en su resolución, tendrá que sonar la hora del «zipayo», aunque requiere una cierta dosis de fe depositar esperanza en lo que Balza, caso de continuar al frente de la consejería de Interior, pueda poner en vías de ejecución.

   Es el reto del PNV. Se siente ¬¿por cuánto tiempo?¬ legitimado por el 13 de mayo para dejar de ser una mera representación parcial de los vascos. Es al menos lo que Ibarreche trasluce. Todos bajo sus alas. Todos a la espera de esa contundencia que anuncia. Ojalá, cuando le digan que se le ha puesto cara de Mayor Oreja, no retroceda en su determinación. Ojalá no se entre en una etapa de «contundencia dialogada». Contundente, según el diccionario de la Lengua Española, es lo que produce contusión. Contra tiros, contusiones. Se jugaría siempre con desventaja, por supuesto. Claro que contundente, según otra acepción, es lo que impresiona y convence. A ver sí el señor Ibarreche, con el permiso del señor Arzallus, logra convencernos.

Algo contundente
TONIA ETXARRI El Correo 26 Mayo 2001

ETA sigue recordándonos a todos y, sobre todo, a Ibarretxe, que le da igual no solo que EH/HB haya sufrido una debacle electoral sino que le es indiferente el color del próximo gobierno. Decía Arzalluz que ETA se iba a sentir más legitimada si Mayor lograba ser lehendakari, pero a la vista está que el veterano nacionalista se volvía a equivocar. ETA no nos ha dado descanso. Apenas ha habido tiempo para que ese 40% de electores que optó por el cambio, con la esperanza de que mejorara su situación de acoso y persecución, empezara a hacerse a la idea de tener que convivir con su situación incómoda ante una mayoría indiferente hacia su sufrimiento.... cuando ETA sigue con su criba ideológica.

Esa mayoría indiferente que se solidariza, en un momento dado, con los demás pero no consigo misma, sencillamente porque a su puerta no han llamado los verdugos. Esa mayoría indiferente que recomienda a los amigos que se sienten amenazados que «por su propio bien» se alejen de Euskadi, mientras ellos planifican un fin de semana gastronómico en Getaria, por ejemplo. Y en ese clima de indiferencia, ETA ha descargado su zarpazo, en una semana, contra el periodista Gorka Landaburu, el vigilante de seguridad de la Universidad de Leioa y contra el director financiero de ‘El Diario Vasco’, Santi Oleaga. Contra la cultura y la libertad de pensamiento, contra la libertad de expresión al querer amordazar la prensa más leída de Euskadi . Muy pocos saben en qué condiciones excepcionales trabajan ahora algunos periodistas que informan sobre la actualidad política vasca aunque, al oír al consejero delegado del Grupo Correo, José María Bergareche, referirse a esas emociones «que necesitamos exteriorizar», sangraba la herida y se agolpaban los recuerdos del trato tan injusto, por excluyente, que ha recibido la prensa no oficial por parte de algunos políticos en la pasada legislatura. Pero habrá que seguir. Sobre todo por dignidad.

«Mis ojos hablarían si mis labios enmudecieran. Debo decir ‘he visto’...Pero debo callar y callar tanto, hay tanto que decir que cerraría los ojos y estaría todo el día hablando, hablando, hablando» , escribía Blas de Otero que decía de su país : «Soy hijo de una patria triste y hermosa». Nada que ver con el período ilusionante del que hablaba Ibarretxe durante la tregua vigilada. Ahora toda la atención se centra sobre su cambio de estilo. Mayor y Redondo estarán a su lado si, por hacer algo contundente, entiende que hay que derrotar a ETA en lugar de convencerla. Una tesis que no comparten todos los del PNV; mucho menos desde Eusko Alkartasuna. Tendrá que empezar por convencer a sus más próximos. El abogado Montero lo escribió hace tiempo. Pero Egibar no le hizo ni caso. Tiempo de espera y, mientras tanto, seguimos entonando un ‘Requiem’ por los nuestros.

La lucha de razas
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 26 Mayo 2001

La lucha de razas ha servido siempre para esconder la lucha de clases, que es la única que tenemos planteada los hombres. De Vasconia a Bielorrusia, pasando por Córcega e Irlanda, actualmente vivimos la lucha de razas, religiones, leyendas, lenguajes y costumbres. Acabo de decirlo con buena voz por la televisión italiana, eso que llaman la RAI.

Gracias a la revolución soviética, el mundo vivió centrado en el dilema capitalismo/socialismo. Pero con eso acabó el Papa Juan Pablo, incluso desde dentro de la URSS, y entonces viene el sarpullido de los nacionalismos. A los hombres hay que prometerles el paraíso en algún sitio: el cielo, el Gulag, Wall Street, el Seguro de Enfermedad o la cárcel. Parece que el paraíso socialista se ha borrado para siempre, como los paraísos religiosos, que eran sólo un ángel orante que se ha volado. Hay otro paraíso, el amor, que también se quiso organizar colectivamente, pero eso falló. El amor sigue siendo cosa de dos. Me preguntan de la RAI si Vasconia es un país pobre y les digo que no. Vasconia es un país rico, fecundo, industrializado, agrícola, bello y fuerte. Claro que tiene diferencias de clase, pero esas diferencias no se habían manifestado apenas, y Neguri era un orgullo de los pescadores tanto como de quienes realmente viven en Neguri.

El problema vasco, pues, no es social, diríamos, pero uno cree que sí lo es. Veamos. La burguesía más o menos nacionalista vive ennoviada con España, y eso se llama PNV, pero la intelectualidad campesina odia esos modos de vida españoles, madrileños, y por tanto se desgaja de su burguesía. Digamos que, para algunos, el problema social no existe, sino que matan y se matan por el problema racial, que es una afrenta de siglos, una leyenda que ya no mueve a nadie. La superioridad del vasco es visible en algunos aspectos, sin necesidad de que maten a nadie. El vasco tiene quizá un complejo adolescente y necesita roborarse, corroborarse, reafirmarse haciendo algo violento, como cargar con una piedra de cien kilos o cepillarse a un concejal.

Los vascos siempre se están haciendo como pueblo, nunca llegan a la madurez. Su grandeza va de las grandes navegaciones al Gugenheim, pasando por algunos nombres que ellos reprochan por españolizados: Unamuno, Baroja y por ahí. Con el mismo fervor que algunos vascos quieren hacerse más vascos, ha habido vascos que querían hacerse más españoles, como el citado Unamuno, de Bilbao, Ramón de Basterra, que rumiaba siempre el castellano, Sánchez-Mazas, que escribió una gran novela con sintaxis vascuence, etc. Esta proyección hacia lo español en los dos sentidos, el nacionalista y el españolista, nos confirma la duda de un pueblo que nunca ha sabido definirse como español, como vasco o como todo lo contrario.

Pero esa duda me parece a mí que no se resuelve a tiros. Visto el problema globalmente, ya digo, ocurre que las guerras nacionalistas o racistas han venido a sustituir la guerra de clases, con desventaja. Pero los grandes países no se meten en estas pequeñas guerras porque les convienen, les liberan de «lo social» y debilitan aún más a los débiles. En esta trampa puede que esté cayendo Vasconia, y también España.

Una multitud arropa la unidad política contra ETA
Miles de personas repudian en San Sebastián el asesinato de Oleaga y exigen paz y libertad Miembros de todos los partidos democráticos comparten pancarta para repudiar a ETA
LOURDES PÉREZ SAN SEBASTIÁN El Correo 26 Mayo 2001

La gran mayoría de la sociedad se lo advirtió a ETA en las urnas hace menos de dos semanas y ayer volvió a repetírselo en el lugar que la izquierda radical ha tratado siempre de controlar: las calles de Euskadi. Al día siguiente del asesinato de Santiago Oleaga, una multitud de lectores de ‘El Diario Vasco’ y de ciudadanos comprometidos contra el terrorismo recorrió el corazón de San Sebastián para repudiar a la banda, exigir una convivencia en paz y libertad y revindicar su derecho a disfrutar de la información diaria sin que penda sobre los trabajadores de la Prensa el riesgo de morir asesinados.

Armados tan sólo con su silencio -ayer tan elocuente como las palabras-, los miles de vascos congregados en la capital guipuzcoana dieron un espaldarazo a sus representantes políticos, después de que éstos compusieran una imagen de unidad casi inédita en los dos últimos años.

Porque la manifestación de ayer, un homenaje a la primera primera víctima mortal de los terroristas tras las elecciones, evidenció que las distancias entre las fuerzas democráticas pueden acortarse al mínimo cuando es preciso ofrecer una respuesta sin fisuras a los atentados de la organización. Las cinco palabras en castellano y euskera que conformaban el lema de la marcha - ‘ETA no, paz y libertad’- contribuyeron a sumar voluntades y no a restarlas, como había ocurrido en convocatorias precedentes. A pesar de su anchura, la pancarta se quedó pequeña para acoger a la amplia representación de dirigentes políticos, responsable sindicales y empresariales y miembros de plataformas cívicas desplazados a San Sebastián.

La cabeza de la manifestación ofreció, de hecho, una fotografía alejada de la crispación que presidió los meses previos al 13-M. Aunque la desconfianza en los discursos del adversario no ha desaparecido, los partidos sí hicieron ayer el esfuerzo de caminar codo con codo contra el asesinato de Oleaga. El lehendakari Ibarretxe, el diputado general de Guipúzcoa, Román Sudupe, y el alcalde de San Sebastián, Odón Elorza -en representación de las tres instituciones convocantes- arroparon a la delegación del Grupo Correo, encabezada por su presidente, Santiago de Ybarra, y el consejero delegado José María Bergareche. Junto a ellos se situaron los ministros Pío Cabanillas y Juan José Lucas, el máximo responsable en funciones del Parlamento vasco, Juan María Atutxa, y los políticos que dan prueba de la pluralidad ideológica del país: Javier Madrazo (IU-EB), Nicolás Redondo (PSE) y Josune Ariztondo (PNV) sujetaban también la pancanta, en uno de cuyos extremos Jaime Mayor Oreja (PP) charlaba con Begoña Errazti (EA) y con el rector de la UPV, Manuel Montero. Por detrás, integrantes de ‘El Diario Vasco’, EL CORREO y de otros medios de comunicación y el grueso de los consejeros del Ejecutivo autonómo y de las direcciones de los partidos. Y mezclados con los ciudadanos, representantes de Confebask, del Círculo de Empresarios y de los sindicatos ELA, UGT y Comisiones Obreras.

Aplauso
La multitud apiñada en los jardines de Alderdi Eder -más de 35.000 personas, según fuentes municipales- avalaron los gestos de unidad con un aplauso cerrado al comienzo de la manifestación. La marcha arrancó a las nueve menos diez de la noche, con casi veinte minutos de retraso sobre el horario fijado por su coincidencia con la celebración del funeral en memoria de Oleaga. Sólo al inicio se escucharon algunas voces aisladas reclamando libertad; después, los contados gritos cedieron ante el silencio de los manifestantes, que sólo se permitieron llevar algunas pegatinas y carteles contra la intolerancia y contra la persistencia de los «asesinos». «No se pueden salir con la suya aunque lo pretendan», se escuchó decir a una donostiarra sumergida en la marea humana que recorría las calles del centro de San Sebastián.

Sin quererlo, esta mujer reflejó el espíritu del comunicado que leyeron al finalizar el acto los periodistas vascos Edurne Ormazabal y Jesús María Gabirondo. Ése fue el momento más emotivo de la marcha, que desembocó a ritmo vivo en el lugar de origen, mientras la multitud cubría un espacio de casi dos kilómetros. Muchos de los asistentes, recibidos en Alderdi Eder bajo la melodía del ‘Imagine’ de Lennon, presenciaron con lágrimas en los ojos la lectura de la declaración, con la que se volvió a reivindicar el valor de la palabra por encima del ruido de las pistolas.

Los ertzainas piden a Ibarretxe que acabe con los «comisarios políticos» del Cuerpo
MADRID. D. Martínez / J. Pagola ABC 26 Mayo 2001 

Agentes de la Ertzaintza instan a Juan José Ibarretxe a que, aprovechando la formación del nuevo Gobierno, acabe con los «comisarios políticos» del PNV en la Policía autónoma, entre los que se cita al responsable de Seguridad Ciudadana de todo el País Vasco, José Ramón Lecertúa, y al jefe de Operaciones de San Sebastián, Juan José Lacunza, a fin de convertirla en un Cuerpo «al servicio de todos los ciudadanos vascos».

Los agentes consultados por ABC señalan que, por ejemplo, Juan José Lacunza Toledo, de 45 años de edad, natural de Zarauz, fue el mando que el pasado mes de septiembere ordenó a la Ertzaintza disolver a los pacifistas que, convocados por la plataforma «Basta ya», se manifestaban por las calles de San Sebastián para mostrar su repulsa por el atentado contra José Manuel Recalde, mientras permitió que manifestantes de EH que les interceptaron en el trayecto profirieran impunemente gritos como «ETA, mátalos» y a favor de la banda terrorista. El propio Lacunza dirigió personalmente, en el lugar de los hechos, el dispositivo.

Los mismos medios aseguran que Juan José Lacunza es el mando que hace unos meses ordenó la detención de un agente de la Guardia Civil infiltrado en una manifestación proetarra y posteriormente informó de su identidad y de las diligencias al periódico «Deia», del PNV. El agente de la Benemérita ha quedado ya inoperativo para este tipo de misiones, clave en la lucha antiterrorista.

CONTRA LOS CENTROS «ESPAÑOLES»
Asimismo, Juan José Lacunza ha prohibido a los ertzainas que acudan a almorzar a cualquier centro policial «español», tanto de la Guardia Civil -«los verdes»- como del Cuerpo Nacional de Policía -«los azules»-, según una orden difundida por escrito y colocada en los paneles de las diferentes dependencias.
De la misma forma, ha dado a sus hombres instrucciones para que los miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado que acudan al lugar en el que se ha perpetrado un atentado sean expulsados de la zona acordonada. Con motivo del asesinato del director financiero de «El Diario Vasco», Santiago Oleaga, se volvió a repetir la escena, cuando se prohibió el acceso de los miembros del Cuerpo Nacional de Policía y de la Guardia Civil, los «guatemalas» como se les llama en el argot del Departamento del Interior. «Y no sólo éso, sino que está permanentemente a la caza de ertzainas que, al no proclamar sus simpatías por el nacionalismo, están bajo la sospecha de ser “españolazos”», comentan los ertzainas consultados por ABC.

COMUNICACIÓN DIRECTA CON BALZA
Lacunza, militante del PNV, tiene comunicación directa con el consejero del Interior en funciones, Javier Balza. Pertenece a las primeras promociones de la Ertzaintza, cuando se dieron numerosos casos de enchufismo en beneficio de los aspirantes nacionalistas, ya que no existía control con mínimas garantías para acceder al Cuerpo. 

Los miembros de la Ertzaintza consultados por ABC señalan que Lacunza representa un obstáculo a la colaboración con las Fuerzas de Seguridad del Estado que, a nivel de agentes operativos, es «cada vez mejor».

Estos mismos medios de la Policía autónoma, sin embargo, se muestran escépticos ante la posibilidad de que la formación del nuevo Gobierno Vasco presidido por Juan José Ibarretxe traiga consigo una línea más transparente en el Departamento del Interior y, en definitiva, que se acabe con los «comisarios políticos». Para justificar este escepticismo recuerdan que a raíz de que se acercaran las elecciones autonómicas, y ante el temor a perder el poder y, por tanto, el control en la Ertzaintza, el Departamento del Interior llevó a cabo dentro de la Policía autónoma concursos internos para que aquellos mandos elegidos «a dedo» y de confiaza se quedaran con el puesto en propiedad ya que partían con ventaja por méritos respecto a otros posibles aspirantes.

Por su parte, José Ramón Lecertúa sustituyó hace aproximadamente un año al sargento mayor Iñaki Muneta como responsable de Seguridad Ciudadana de toda la Comunidad Autónoma y, por tanto, máximo jefe de todas las comisarías.

Hace unos años, cuando fue designado jefe territorial de Guipúzcoa, su nombramiento suscitó no pocas suspicacias en amplios sectores de la Ertzaintza. Lecertúa tenía entonces un hermano en prisión, tras ser condenado por pertenencia a ETA, al que solía acudir a visitarle, por lo que agentes antiterroristas de la Policía autónoma consideraban que no era la persona más adecuada para tener el mando de todas las comisarías. Lecertúa tiene otro hermano que estaba vinculado a Jarrai. 

EPISODIOS OSCUROS
Durante su paso por la jefatura de Guipúzcoa ocurrieron algunos episodios oscuros, como el asesinato del vendedor de bicicletas, Eugenio Olaciregui, a manos de ETA. Según se informó entonces, Olaciregui, en una demostración de colaboración ciudadana, podría haber sido la persona que advirtió a la Ertzaintza de la presencia en su establecimiento del pistolero Valentín Lasarte, que a las pocas horas fue detenido. Tras el asesinato de Eugenio Olaciregui, quedó la sospecha de que el móvil fue la represalia de ETA, por lo que, en ese caso, alguien podría haber filtrado su nombre a la banda criminal. Su carrera dentro de la Ertzaintza fue meteórica pese a que estuvo implicado en un caso de retención a la juez Elisabet Huertas.

Indignación entre los grupos pacifistas: Niegan recibir subvenciones y dicen que no son coches bomba que haya que desactivar
El Mundo 26 Mayo 2001

MADRID.- Las asociaciones pacifistas acogieron ayer con indignación las palabras del portavoz del PNV, Iñaki Anasagasti, y negaron rotundamente recibir subvención alguna del PP.

El presidente del Foro Ermua, Vidal de Nicolás, dijo que los colectivos de apoyo a las víctimas del terrorismo «no son coches bombas para desactivarlos». De Nicolás negó que su colectivo reciba subvención alguna y advirtió a Anasagasti que «va a tener Foro Ermua para rato».

«Mientras se sigan produciendo asesinatos y los vascos vivamos sin libertad, nos va a estar escuchando. Lo que no hacemos es como él, lanzar basura sobre los que no son de su bando», dijo.

En su opinión, «si hay algún grupo que está subvencionado, ahí tiene a Elkarri, que goza de una subvención directa del Gobierno vasco y tiene concedida una lotería que venden por ahí en los establecimientos».

«Lo que le ha dolido a Anasagasti», añadió, es que durante la campaña vasca el Foro Ermua «ha estado apoyando a los partidos constitucionalistas».

El filósofo vasco Fernando Savater, miembro del Foro Ermua, calificó de «desvergüenza increíble» las acusaciones del portavoz del PNV.

«Acusan a la prensa de violencia mediática, como hizo Arzalluz con El Correo, y ya veis lo que pasa, matan a los periodistas; acusan de estar pagados con fondos reservados y mañana le pegan un tiro a alguien de una organización pacifista... Pues irán corriendo Ibarretxe y Anasagasti, con las lágrimas hipócritas que sacan esos días, a llorar al entierro», concluyó.

La Asociación Víctimas del Terrorismo quitó credibilidad a las palabras del dirigente del PNV. Su portavoz, Paulino Baena, acusó al PNV de «poner en entredicho la honorabilidad de una organización que lleva 20 años velando por los derechos de las víctimas» y que «ha pasado momentos de financiación muy difíciles». Además, el gerente de la AVT, Juan Antonio Corredor, afirmó ayer que «es el PNV el que tiene que dar explicaciones de lo que ha hecho con las subvenciones a la coordinadora de fomento del euskera (AEK) y a HB».

María del Mar Blanco, presidenta de la Fundación Miguel Angel Blanco, afirmó que si las asociaciones de víctimas han proliferado «como setas» es porque los asesinatos de ETA también lo han hecho.

El Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco dijo que Anasagasti «ha colocado a las asociaciones de víctimas en el ojo asesino de ETA».

Garantes de la libertad
Editorial El Correo 26 Mayo 2001

A yer, los familiares, amigos y compañeros de Santiago Oleaga dimos un último adiós a una persona buena y admirable, cuyo recuerdo permanecerá en nuestros corazones mientras vivamos. En estas interminables horas no ha podido haber un momento más doloroso para la mujer y los hijos de Santiago Oleaga que el de la incineración del cuerpo de su esposo y padre; cuando la despedida del ser querido da paso a un vacío inmenso, a una tristeza muda e inconsolable. Durante los dos últimos días, los compañeros de Santi hemos vivido también una de las experiencias más amargas por las que puede atravesar cualquier persona. Al dolor y a la consternación inicial se le ha unido la obligación de narrar los detalles del asesinato de un amigo, de conjugar en pasado el verbo de su existencia, de activar con el corazón encogido los engranajes del sistema que hace posible que un periódico llegue cada mañana a los quioscos. Hemos vivido las horas posteriores al asesinato de Santiago con la sensación de que las siete balas podían haberle tocado a cualquiera de nosotros, y, con ese extraño sentimiento de culpa y perplejidad que suscita pensar en por qué a él y no a uno mismo, hemos llegado más unidos que nunca a este tiempo en el que el desgarro se convierte en ausencia, y la ausencia corre el riesgo de sucumbir ante el olvido.

Para las personas que más quería Santiago el consuelo resulta, simplemente, imposible. A sus compañeros no nos queda otro recurso para salir del trance que nuestra propia consciencia. Basta imaginar qué estarán pensando hoy los asesinos de Santiago Oleaga para percatarse de que la amenaza sigue ahí, y de que ahí seguirá mientras la sociedad democrática y sus instituciones no consigan desterrar de nuestras vidas la presencia criminal e infamante del terror. No importa que se percaten de que tenemos miedo, porque el miedo no es una manifestación de flaqueza, sino de humanidad. Lo que importa es que la sociedad entera sepa que este miedo nuestro no es distinto a otros miedos que sienten tantas personas en el País Vasco. Pero sobre todo que los ciudadanos estén seguros de que este nuestro miedo no nos hará renunciar a transmitir lo que vemos, ni nos forzará a modificar nuestra forma de contarlo.

Por encima de todo, los profesionales de los medios de comunicación debemos ser conscientes de lo que ocurre. Esa es nuestra primera obligación para que Euskadi y España cuenten con una opinión pública informada. La crueldad que acecha para acabar con la vida y cercenar la libertad no puede ser tratada desde una mentalidad candorosa, o al arrimo de los propios deseos e ilusiones. Ni la información ni los análisis y opiniones respecto al terror y a las posibles salidas a tan insoportable situación pueden guarecerse tras una mirada ingenua o huidiza. En cualquier rincón del planeta, en cualquier período de la historia, la carencia de libertad o su pérdida van siempre acompañadas de un ataque implacable contra las personas o iniciativas que propician la circulación libre de la información y las ideas. Por eso mismo, es la dictadura que trata de imponer ETA la que obliga a los medios de comunicación y a sus profesionales a desempeñar un papel de excepcional importancia que implica un reto diario: ser garantes de la libertad siendo, al mismo tiempo, víctimas de los liberticidas.

Pero de poco serviría el realismo de los medios en el tratamiento de la crueldad asesina si la sensación de impotencia que suscita la perpetuación del terror paraliza tanto a los responsables institucionales como a la sociedad en general. Cada vez que ETA golpea en un punto sensible, surgen voces que demandan una solución providencial que acabe con tan ominoso problema. Los violentos saben que cuanto más duro o sorpresivo sea un atentado, más personas de buena voluntad clamarán por una solución, sea cual sea ésta. Pero ahí reside el grave error en que la sociedad y sus instituciones no pueden seguir incurriendo: en interiorizar como responsabilidad propia la búsqueda de una solución -en el fondo, una concesión- capaz de convencer a ETA para que abandone las armas.

Ese es, precisamente, el error que viene arrastrando Euskadi, y que no acorta sino que alarga el camino hacia el final de la violencia. Porque mientras ETA sea tratada como interlocutor último e ineludible del diálogo al que se apela sistemáticamente a las cuarenta y ocho horas de cada atentado mortal, la banda seguirá usurpando el espacio propio del diálogo con la coacción y el amedrentamiento selectivo que aplica contra quienes ha decidido eliminar. Cada día resulta más evidente que el terrorismo desistirá únicamente cuando la soledad ante la sociedad y la justicia les resulte insoportable a sus ejecutores y a sus apologetas. Ese es el horizonte hacia el que han de dirigir sus pasos las formaciones democráticas y la ciudadanía. En contra de lo que algunos insisten en argumentar, dicho horizonte no representa una marcha atrás en la búsqueda de la paz, ni tampoco la aplicación de una fórmula supuestamente fracasada, sino que constituye la única meta que nos permitirá avanzar a los demócratas arropando en la unidad a quienes se hallan amenazados por el terror.

La prueba de Ibarretxe
IÑAKI EZKERRA El Correo 26 Mayo 2001

Santiago Oleaga ha sido víctima de la venganza de ETA contra quienes ejercen profesionalmente el derecho a la libertad de expresión. Ésa era claramente la consigna terrorista después del 13 de mayo: asesinar a representantes de los medios de comunicación. Lo intentaron fallidamente con el periodista Gorka Landaburu y lo han conseguido ahora con el director financiero de ‘El Diario Vasco’. Se produce este asesinato en el momento en que Ibarretxe cumple su promesa de dar la espalda a EH mientras no condene los atentados. Y hay que decir que este gesto, con ser imprescindible, no es suficiente ni mucho menos. No es todo lo que se le debe exigir al Gobierno que encare una legislatura como ésta en la que ETA se propone trabajar con horario intensivo de la única forma que sabe.

La primera y la más urgente prueba que debe superar Ibarretxe y su Ejecutivo es la de afrontar la lucha antiterrorista con todas las consecuencias de un Estado de Derecho, poner la Ertzaintza al servicio eficaz de esa lucha y devolver a este cuerpo de seguridad el prestigio perdido durante la etapa de Lizarra. Los primeros pasos del responsable de Interior han de ir encaminados a convertir en un triste recuerdo las consignas de inhibición de la policía autonómica que caracterizaron al ‘bienio negro’ que hemos dejado atrás y a emprender una etapa de colaboración leal con el Ministerio de Interior y las demás fuerzas de seguridad del Estado.

Y es que la seguridad ciudadana no puede ser un asunto que dependa de quién gane unas elecciones. Es algo que no puede ser cuestionado por ninguna ideología ni por ninguna opción política por mayoritaria que sea. Tan cómplice con ETA sería un gobierno que pactara con dicha banda como un gobierno que diera formalmente un portazo a EH, pero ‘dejara hacer a los terroristas’ y no pusiera todo su empeño y sus medios en terminar con ETA y con la llamada ‘kale borroka’.

De producirse esa indeseable situación, el mismo programa político de ese gobierno quedaría invalidado porque estaríamos asistiendo a una hipócrita modalidad de chantaje. Precisamente porque la diferencia entre la ideología de Ibarretxe y la de ETA no está en los fines sino en los medios es preciso que Ibarretxe combata los medios de ETA con todas sus fuerzas. Es eso lo que le dará credibilidad, no sólo dar la espalda a un Otegi con el que pactó en la pasada legislatura y a quien, gracias al gran margen de los votos, ya no necesita para timonear ni Ajuria Enea ni Lakua ni el Parlamento de Vitoria. 

Otra vez la ética como esperanza
JOSÉ IGNACIO CALLEJA El Correo 26 Mayo 2001

En relación con el asesinato de Santiago Oleaga manifiesto, una vez más, la más absoluta condena de este hecho y mi solidaridad más sincera con su familia y compañeros.

Quiero repetir esta condena por varias razones. Sin duda, y en primer lugar, porque lo que no debe ser, el asesinato político, no debemos aceptarlo nunca. No me vale el argumento de que la condena no sirve para nada, porque la ética sirve siempre, al margen de que se traduzca antes o después, con mayor o menor dificultad, en estrategia política eficaz. La ética es como una gota de agua cayendo sin pausa sobre una roca. Va dejando una huella, una marca indeleble, una señal o, al menos, una duda que sólo el respeto a la dignidad de los otros puede llenar. La ética pasa por circunstancias, como éstas que vivimos, en las que representa un grito de dignidad personal, una bocanada de humanidad, una toma de posición que nos legitima en la denuncia de otras injusticias.

Basta ya de preguntas estratégicas a la ética; definámonos sobre qué pensamos nosotros, cada uno de nosotros, acerca de estos asesinatos. Ésta es la primera cuestión. Hay otras, pero ésta es imprescindible para estar en la política, para dar la mínima prueba de complicidad en una política a la medida de las personas y de la voluntad de este pueblo.

Por tanto, y de nuevo, la cuestión no es para qué sirve una condena ética, desde el punto de vista político, midiendo eficacias estratégicas en el avance o retroceso de los míos, y nuestra idea de la paz, sino qué política podemos hacer si tenemos dudas morales sobre la maldad intrínseca del asesinato; o dudas, porque ésta es casi siempre la cuestión, sobre la maldad incondicional de este hecho, la maldad sin más, sin odiosas comparaciones con cualquier otro hecho también malo; o dudas por la incertidumbre sobre quién se aprovechará de nuestra sinceridad moral.

La ética es algo más que simple solución política. Algunas veces sólo puede y debe ser ética, el subsuelo casi invisible que sostiene la palabra de un pueblo, la mirada fiable de unas personas, la bondad de unos individuos en la política y en toda la vida social. Es el caso, a mi juicio, de la ética ante estos asesinatos.

No digamos que nos sería muy fácil condenar: de hecho, dejamos de hacerlo, porque no nos es fácil; apelamos a otras injusticias, reales unas y supuestas otras; valoramos su impacto sobre las estrategias del grupo para la pacificación, y preferimos el silencio. ¡Claro que pasan otras cosas, claro que otros no siempre las vemos, claro que, a veces, las callamos, claro que algunos se aprovechan de tan buenas intenciones! Pero, por favor, lo que está mal, intrínsecamente mal, hay que decirlo, sea o no políticamente eficaz, sea o no el único problema moral. Esto es lo que le pido a EH y a sus líderes, en particular.

Creo en la ética, lo reconozco, creo en ella como la última posibilidad de la política y de la vida personal; creo en ella porque su carga de bondad es capaz de recuperar, desde luego demasiado tarde, al más violento de los ciudadanos; capaz de ablandar al más intransigente en la política; capaz de sanar al más enfermo y dolorido en la memoria. Creo en la ética, porque la necesito para creer en las personas, para vivir y respirar, para decir ‘no’ y esperar, a la vez, contra toda esperanza. Creo en la ética para vivir de pie en mi pueblo, mañana, y hoy.

Defensa o disparate
José Antonio VERA La Razón 26 Mayo 2001

Hasta uno del Consejo de Ministros ha dicho: ¿«qué fuerte»¿ Y es que no se lo podía creer cuando le contaron que, para evitar que los chavales se frustren como soldados, les vamos a suprimir las guardias y algunas tareas secundarias como ejercer de cocineros, camareros, jardineros o albañiles. O sea. Que de lo que se trata es de que se hagan soldados de verdad, con coraje y ardor guerrero de verdad, y que los servicios militares queden en manos de empresas especializadas en restauración o seguridad o en lo que sea, pues al fin y al cabo hoy todo se contrata y subcontrata y por qué no hacerlo también en estos casos.

   En España hemos sido siempre muy avanzados en todo. Para evitar algunos que les llamaran franquistas, accedieron a aprobar la Constitución más progre de Europa y se dio a las autonomías más competencias que las que tienen hoy los estados que forman parte de las federaciones de estados, tipo Alemania. Hemos permitido que cada colegio y cada universidad y cada comunidad regule sus estudios de historia y geografía según le conviene, de manera que en Madrid sólo se aprenden los ríos de la Comunidad de Madrid y en La Rioja la historia de La Rioja y en Canarias el dialecto de Canarias, esto es, el güanche. Tenemos una ley de parejas de hecho que ya quisieran para sí Suecia o Dinamarca. Nos podemos divorciar a la carta y abortar libremente y tomarnos sin problema la pastilla del día-después y fumar porros a tutiplén y pincharnos en una narcosala y manifestarnos sin problema por el centro de Barcelona o de Madrid gritando consignas en favor de la independencia del País Vasco o del amor libre o el amor gay o en contra de esos americanos que tanta lata dan y tanto nos fastidian. Ahora vamos a hacer, presumo, la ley de eutanasia más progresista del continente, para que no se diga que la ministra Villalobos es carca y para que todos podamos disfrutar de una eutanasia rápida y gratuita y, si fuera necesario, obligatoria.

   De manera que lo de las cocinas y las garitas de los soldados no está tan mal. Entra dentro de nuestra más reciente tradición de país moderno y rompedor, de nación joven que siempre está a la última y que se apunta la primera a todas las modas y que exhibe con orgullo cualquier clase de invento o novedad. Cosa que, por supuesto, también tenía que ocurrir en materia militar. Y no precisamente, claro está, porque nuestro armamento vaya a ser el más moderno, ni por las deslumbrantes instalaciones de nuestros cuarteles, que ya quisiéramos, ni siquiera por la posible informatización de la administración castrense, que por cierto es mucha. Vamos a ser los primeros por algo más vistoso y atrevido: pondremos guardias de Prosegur en las puertas de las academias y centros militares y llevaremos la comida a la tropa con un esmerado servicio de catering que será la envidia de los ejércitos del entorno, pues funcionará incluso los días de maniobras. Y ya puestos, por qué no, contrataremos también los servicios de Versace o Calvin Klein o Roberto Verino y su familia para vestir adecuadamente a lo soldados, no vaya a ser que se depriman por culpa del gorro cuartelero o por mor de esas botas horribles de campo que tanto calor dan en verano y que tan repugnantes resultan a los ojos de las nuevas generaciones. En fin, que habrá incluso que suprimir las denigrantes peluquerías en las que rapan al recluta sin compasión hasta dejarle desnudo y sin melena, exhibiendo un simple y alienante cero-patatero que te aleja de la condición humana y te acerca al mundo de la oveja Dolly. Y es que no está nada bien que los chavales desfilen por ahí desarrapados, sin garbo y sin peinado alguno, teniendo como tenemos aquí a Llongueras y siendo como somos un país que siempre está en la vanguardia de la moda.

   Total, que nos parece estupenda la última idea de Trillo. No he visto yo aún guardias de seguridad en la puerta de West Point ni en Rota ni en Gibraltar. Pero seguro que cuando americanos e ingleses los vean en nuestras academias o en los campamentos de la Legión cambian de parecer y los ponen igual para vigilar a los marines y a los gurkas.

   Y es que es la medida que necesitábamos. Aire puro para los cuarteles. Ya se percibió el cambio el pasado año con el famoso desfile de Barcelona, al que acudieron, por vez primera, todo tipo de oenegés y grupos alternativos. Lo de ahora no es sino la consecuencia lógica de aquello. Hay que desmitificar la milicia. Hay que humanizarla. Menos guardias y menos fregar letrinas y más pádel y más golf y más descanso a la hora de la siesta. Hay que disolver la Intendencia y contratar empresas de restauración. Hay que quitar los centinelas y poner guardias de Prosegur. Hay que suprimir la sanidad militar y llegar a un acuerdo con Sanitas. Nada de jurídicos militares, pues sobran los bufetes de abogados. Nada de músicos militares, que ahí tenemos a la orquesta Mondragón.

   No, pero en serio: lo que no se entiende nada es que nos gastemos el dinero en contratas en vez de incentivar el interés de la juventud por incorporarse al Ejército o en pagarles más durante su estancia en los cuarteles. Treinta mil pesetas no parece mucho dinero. En otros países, a los soldados profesionales les dan un sueldo decente y numerosas ventajas de orden social. Nunca hay problemas de alistamiento. Aquí parece que preferimos Prosegur. Nos hemos olvidado tanto de la Defensa, que ahora nos encontramos un escenario que roza el esperpento. Si no fuera porque hablamos de cosas serias, habría que decir que se trata de una película de risa. Porque no caben más disparates. ¿O sí?

 

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