AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 27  Mayo   2001
#Savater: «ETA va contra la Prensa porque el nacionalismo la señaló durante la campaña»
MADRID. Javier Pagola ABC 27 Mayo 2001

#Un pacto en vigor
Editorial La Razón 27 Mayo 2001

#DIALOGO SI, PERO LUCHANDO CON EFICACIA CONTRA ETA
Editorial El Mundo 27 Mayo 2001

#Arte y parte
Luis María ANSON La Razón 27 Mayo 2001

#Firmeza
Editorial ABC 27 Mayo 2001

#Un desconcierto cierto
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 27 Mayo 2001

#No hay manera
Alfonso USSÍA ABC 27 Mayo 2001

#Tranquilo, Pascual
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 27 Mayo 2001 

#Ser o no ser
ANTONIO GALA El Mundo 27 Mayo 2001

#Contra la depresión
JOSÉ LUIS BARBERÍA El País 27 Mayo 2001

#La paradoja Ibarretxe
Carta del Director El Mundo 27 Mayo 2001

#La unidad de los demócratas
Enrique de Diego Libertad Digital 27 Mayo 2001

#Las condiciones del cambio
Editorial El Correo 27 Mayo 2001

#Exquisitos
JOSÉ MARÍA ROMERA El Correo 27 Mayo 2001

#Razones par la rebeldía
RICARDO ARANA El Correo 27 Mayo 2001

#Un cisma imaginario
Valentí Puig. Escritor 27 Mayo 2001

#El ombligo
Nota del Editor 27 Mayo 2001

#Radicales queman dos casetas de un repetidor en Mutriku
SAN SEBASTIÁN EL CORREO 27 Mayo 2001

Savater: «ETA va contra la Prensa porque el nacionalismo la señaló durante la campaña»
MADRID. Javier Pagola ABC 27 Mayo 2001

Asegura que no ha visto cambios en el discurso de Ibarretxe, salvo que «ahora el hombre está más amable porque quiere apoyos para la investidura». En declaraciones a ABC, el filósofo Fernando Savater exige al PNV que desautorice a Arzalluz y Anasagasti por acusar a «Basta Ya» de recibir fondos reservados. «En la política europea —dice— no se ve gente de esa catadura moral fuera de las instituciones penitenciarias».

¿Puede ocurrir que muchos ciudadanos que han plantado cara a ETA sientan la tentación de arrojar la toalla al considerar que han pagado un alto precio, -marcados por ETA y estigmatizado por el nacionalismo-, para que todo siga igual?

— Comprendo que puede haber personas que se sientan decepcionadas. Ahora bien, la mayoría cree que las razones por las que ha venido luchando siguen siendo válidas. Además, gracias a lo que hemos hecho, ha habido una unión de los partidos no nacionalistas, se ha movilizado a todo el mundo para que votara, los votos de EH se han ido al PNV y, por tanto, se ha debilitado al brazo político de ETA. Dentro de dos años son las municipales y, por tanto, quedan muchas cosas por hacer. No creo que haya razones para desanimarse.

— Por encima de alternancias políticas al nacionalismo en Ajuria Enea, ¿cree necesaria una movilización permanente de la sociedad contra la tiranía de ETA?

— Es que éso es absolutamente imprescindible. La movilización social es más necesaria hoy, incluso, que antes de las elecciones. Nosotros no hablábamos simplemente de un quítate tú para ponerme yo. Lo que queríamos era un cambio de la sociedad, en el terreno educativo, en el informativo. Un cambio para conquistar determinadas localidades pequeñas sometidas a los totalitarios.

«¿CÓMO ME VOY A ARREPENTIR?»
— ¿No se arrepiente, entonces, de los compromisos adquiridos.

— ¿Cómo me voy a arrepentir? Todo lo contrario. Creo que hemos hecho una buena labor, que ha dado mucha fuerza a la gente. Y de la parte que he contribuido me siento plenamente satisfecho y orgulloso.

— El que no arriesga y se resigna, no consigue aquello a lo que aspira.

— Algunos nos recomendaban cosas como que lo mejor es no fomentar el enfrentamiento. Pero si no hay tal enfrentamiento, no se les ganará nunca. Además, nosotros no nos enfrentábamos porque nos parecieran feos, sino que nos enfrentábamos contra problemas concretos, como el mal uso de la Ertzaintza o del euskera por parte del Gobierno vasco,

— ¿La gran perdedora ha sido la esperanza porque muchos no han confiado en que se diera un cambio?

— Hasta que sacamos la pancarta «ETA no», en febrero del año pasado, no había habido nadie en el País Vasco que hubiera salido a la calle con este lema. Se salía diciendo «queremos la paz», «paz y libertad», «vida», «amor» y cosas así. Hasta que el pasado mes de septiembre convocamos una manifestación a favor del Estatuto y la Constitución, no había habido una, en veinte años, con ese objetivo. Pero aún llevamos poco tiempo.

— La rebelión contra ETA también ha tenido proyección internacional con el reconocimiento del Parlamento Europeo.

— En efecto, y con la información que hemos llevado a Europa... El informe del comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa ha servido para que la gente empezara a darse cuenta de que el problema no era que los vascos quisieran más autonomía, sino que había unas libertades y unos derechos, empezando por el de la vida, que se están conculcando en el País Vasco.

«BENDITA EQUIVOCACIÓN»
— A quienes dicen que los intelectuales vascos han cometido un error al plantar cara a la tiranía usted responde que bendita equivocación, que ha restado 80.000 votos a EH...

— Y que ha permitido también que los demás hayan escuchado cosas que si no llega a ser por nosotros no se habrían oído. Por ejemplo, ¿cuándo comenzó a llamarse totalitario al proyecto de EH? Podría decir la fecha del artículo en que empleé, por primera vez, esa expresión. A partir de ese momento, se introdujo en el lenguaje de los políticos. Hemos agitado el tapete extraordinariamente.

— Algunos creen ver, tras las elecciones, un cambio en el discurso de Ibarretxe.

— Yo no he visto ningún cambio especial. Ahora el hombre está más amable porque quiere apoyos para la investidura. El problema de Ibarretxe es muy serio. La primera vez que llegó a lendakari fue con los votos, en el Parlamento, de EH. Y ahora va a llegar otra vez a lendakari con 80.000 votos de EH. Es evidente que hay un trasvase fluido entre el nacionalismo radical y el nacionalismo más moderado. Luego el nacionalismo moderado no se puede despegar demasiado del radical porque sin él no estaría en la cabeza del panorama político del País Vasco. Ahora dice que no va a hablar con Otegi hasta que no condene la violencia. Pero eso no va acompañado de un discurso mínimamente creíble respecto a qué cambios sociales piensa acometer. Hoy mismo, su condena a ETA sigue expresándose en ese tono paternalista de decir “hombre, a dónde váis a ir por ahí, pero qué es lo que queréis”. Pues no, no se trata de preguntar a ETA qué es lo que quiere, o de regañarle como si fueran chicos traviesos, sino de decir cuáles son las medidas policiales que va a utilizar. Cómo va a atacar al entramado que apoya políticamente a ETA. Queremos oír cuáles son las pautas que van a seguir para luchar contra los «comandos», contra quienes los apoyan, los que los justifican o los reclutan. En eso, veo poca novedad o ninguna.

«VILLANÍA Y BAJEZA»
— ¿Cabe esperar actitudes revanchistas de los nacionalistas tras su triunfo en las elecciones? Arzalluz acusa a «Basta Ya» de financiarse con fondos reservados y Anasagasti pide su desactivación...

— Esas declaraciones son una villanía, una bajeza... En el panorama de la política europea no se ve gente de esa catadura moral fuera de las instituciones penitenciarias. Este intento de deslegitimar, hablando de fondos reservados, a las organizaciones cívicas es de una gravedad extraordinaria. En primer lugar, porque el Gobierno vasco sabe perfectamente que hay una institución de estas que está financiada con dinero público, que es Elkarri. De esa sí que sabemos que a base de tómbolas y de no se qué, la paga el Gobierno vasco. Es la única que está pagada, no sé si por fondos de reptiles o por fondos de sapos, pero está pagada. Luego, además, ellos financian todo tipo de cosas que tienen un aire mucho peor que las organizaciones pacifistas. Esas revistitas tipo “kili kili” que reparten en las escuelas, ese dinero que va a la “korrika” donde un acto de apoyo al euskera se convierte en una manifestación a favor de los objetivos abertzales, de los presos. La gente de «Basta Ya», aparte de la querella que presentaremos, pedimos formalmente al PNV que desautorice a Anasagasti y Arzalluz. Exigimos que formalmente se deslegitimen sus declaraciones viles y mentirosas y que se nos repare moralmente. Y estamos dispuestos a exigirlo delante de la puerta de Sabin Etxea. Si es verdad que quieren transformar su discurso, para empezar, que limpien la mancha de sospecha que han arrojado sobre nosotros.

— Incluso Anasagasti ha utilizado el término «desactivar» a la hora de pedir que se actúe contra «Basta Ya».

— Si quieren desactivar algo, que desactiven Gestoras pro Amnistía y otras organizaciones paralelas.

— Es una expresión que significa destruir, desmantelar...

— Sobre todo cuando hay otros que están desactivando a gente para siempre como estamos viendo.

— ¿Es casual que, después del varapalo sufrido por su brazo político, ETA descargue su siniestra batería contra la libertad de expresión?

— ETA ve que mucha gente ha demostrado que está contra la violencia, pero no apoya a aquellos que van a perseguir a los violentos, y entonces cree que hay que seguir actuando porque enseguida pedirán una mesa a la irlandesa. Los terroristas creen que están en la vía de recibir concesiones a poco que sigan apretando los tornillos. Está contra los medios de comunicación porque durante la campaña los líderes nacionalistas les han estado señalando con alusiones a la “brunetes mediáticas” y, claro, están poniendo en bandeja la justificación para actuar contra ellos. Ahora, esos dirigentes están facilitando que se actúe contra

— ¿Cabe esperar actitudes revanchistas de los nacionalistas tras su triunfo en las elecciones? Arzalluz acusa a «Basta Ya» de financiarse con fondos reservados y Anasagasti pide su desactivación...
— Esas declaraciones son una villanía, una bajeza... En el panorama de la política europea no se ve gente de esa catadura moral fuera de las instituciones penitenciarias. Este intento de deslegitimar, hablando de fondos reservados, a las organizaciones cívicas es de una gravedad extraordinaria. En primer lugar, porque el Gobierno vasco sabe perfectamente que hay una institución de estas que está financiada con dinero público, que es Elkarri. De esa sí que sabemos que a base de tómbolas y de no se qué, la paga el Gobierno vasco. Es la única que está pagada, no sé si por fondos de reptiles o por fondos de sapos, pero está pagada. Luego, además, ellos financian todo tipo de cosas que tienen un aire mucho peor que las organizaciones pacifistas. Esas revistitas tipo “kili kili” que reparten en las escuelas, ese dinero que va a la “korrika” donde un acto de apoyo al euskera se convierte en una manifestación a favor de los objetivos abertzales, de los presos. La gente de «Basta Ya», aparte de la querella que presentaremos, pedimos formalmente al PNV que desautorice a Anasagasti y Arzalluz. Exigimos que formalmente se deslegitimen sus declaraciones viles y mentirosas y que se nos repare moralmente. Y estamos dispuestos a exigirlo delante de la puerta de Sabin Etxea. Si es verdad que quieren transformar su discurso, para empezar, que limpien la mancha de sospecha que han arrojado sobre nosotros.

— Incluso Anasagasti ha utilizado el término «desactivar» a la hora de pedir que se actúe contra «Basta Ya».
— Si quieren desactivar algo, que desactiven Gestoras pro Amnistía y otras organizaciones paralelas.

— Es una expresión que significa destruir, desmantelar...
— Sobre todo cuando hay otros que están desactivando a gente para siempre como estamos viendo.

— ¿Es casual que, después del varapalo sufrido por su brazo político, ETA descargue su siniestra batería contra la libertad de expresión?
— ETA ve que mucha gente ha demostrado que está contra la violencia, pero no apoya a aquellos que van a perseguir a los violentos, y entonces cree que hay que seguir actuando porque enseguida pedirán una mesa a la irlandesa. Los terroristas creen que están en la vía de recibir concesiones a poco que sigan apretando los tornillos. Está contra los medios de comunicación porque durante la campaña los líderes nacionalistas les han estado señalando con alusiones a la “brunetes mediáticas” y, claro, están poniendo en bandeja la justificación para actuar contra ellos. Ahora, esos dirigentes están facilitando que se actúe contra los grupos pacifistas cuando dicen que reciben fondos reservados. Luego, tendremos que soportar que vayan con cara de pena, hipócrita, al entierro del que hayan matado.

— Los jóvenes que se incorporan a ETA no llegan de la «estratosfera», sino que crecen en un caldo de cultivo fomentado por el nacionalismo. ¿No aleja ésto la esperanza de que la solución venga del nacionalismo?
— Sus votantes deben de tener esa esperanza cuando les han votado. Los que propusimos una alternativa, está claro que no creemos en la capacidad del nacionalismo para desactivar ni ETA ni su caldo de cultivo. No se puede combatir a ETA sin combatir las circunstancias, el terreno donde se siembra.

— Los últimos atentados contradicen a quienes auguraban que la llegada de Mayor o Redondo a Ajuria Enea empeoraría la situación porque ETA intensificaría su ofensiva.
— Imaginemos que hubieran salido elegidos cualquiera de los dos. <MC0>Hoy le estarían acusando de estas muertes como si las hubiera provocado él con sus propias manos. “Claro, como habéis provocado, habéis desplazado al nacionalismo, habéis caído en el frentismo, véis, ahora cada vez hay más muertes...”, habrían dicho. Pero no han ganado ni Mayor ni Redondo y, claro, dicen que no, que a ETA le da igual, y que sigue matando lo mismo con unos que con otros. No era lo que decían durante la campaña electoral. Todos conocemos gente que han votado PNV y EA no por simpatía, sino porque estaba convencida de que si no salían los nacionalistas se iba a armar la gorda, iba a haber más muertos. Pues bueno, ahí siguen los muertos.

«SOCIEDAD ENVILECIDA»
— Las elecciones han reflejado que los que no se significan en algo que pueda contrariar a ETA y sus cómplices pueden vivir bien.
— Eso es evidente. Es una sociedad extraordinariamente envilecida por la dictadura de la violencia, por el miedo, la cobardía, la acomodación, por la complicidad, por el “yo no he visto nada”, “yo no me meto en nada”. Lo mismo que la sociedad española durante la época de Franco, envilecida por toda esa red que lanzaba consignas de «tú no te metas, tú no hables”. Ahora, en el País Vasco ocurre exactamente lo mismo que en los referéndos que convocaba Franco, cuando la gente corría a votar para que no vinieran los bolcheviques. Ahora ha habido mucha gente que ha corrido a votar para que no venga el general Mola.

— ¿El abandono de Arzalluz facilitaría una regeneración en el PNV?
— A mí me da lo mismo que la haga Arzalluz u otro. Yo no me voy a afiliar al PNV y por tanto no voy a tener que comer con ninguno de ellos.


Un pacto en vigor
Editorial La Razón 27 Mayo 2001

El pacto contra Eta y por la Libertad firmado el pasado año por el PP y el PSOE, continúa en vigor y abierto a todos aquellos que quieran suscribir los principios que lo impulsaron: acabar con el terror y devolver las libertades a todos los ciudadanos. Así lo ratificaron ayer los representantes de populares y socialistas, que tuvieron que afrontar de nuevo el rechazo del PNV y de IU. Si el PSOE tenía alguna esperanza de que los nacionalistas hubiesen modificado su posición ante el reto de tener que gobernar para todos los vascos, el portavoz peneuvista, Eguibar, y el presidente del partido, Arzallus, no han tardado en sembrar de nuevo la duda acerca del futuro Gobierno vasco. A la luz de los mensajes de la coalición comunista y del propio Eguibar, más parece que el resultado electoral no ha cambiado demasiado las cosas en el País Vasco y el Pacto es hoy una pieza «molesta» para el «diálogo». Porque la verdad es que Eta sigue asesinando y las buenas intenciones del lendakari en funciones, Juan José Ibarreche, son hoy por hoy tan sólo gestos, ciertamente esperanzadores como el rechazo a un acuerdo con EH, que deberán corresponderse pronto con hechos y una política leal a la Constitución y al Estatuto de Guernica.

   Quienes discrepan del Pacto contra Eta y lo consideran desbordado por los resultados de las elecciones, ocultan a la opinión que siguen en pie las razones que determinaron su firma. Porque ni PP ni PSOE trataban entonces de borrar del mapa al nacionalismo como tal, sino evitar que cualquier fuerza política pudiese obtener impunemente rendimientos políticos de los asesinatos y el terror impuesto por Eta. Y eso hoy es tan válido como lo era antes del 13-M.
  

DIALOGO SI, PERO LUCHANDO CON EFICACIA CONTRA ETA
Editorial El Mundo 27 Mayo 2001

Desde que se conocieron los resultados del 13 de mayo, han sido muchas las voces que han advertido que el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo suscrito por el PSOE y el PP tenía los días contados. Una predicción apuntalada por las declaraciones de Felipe González y sus amigos mediáticos, que auguraban un desmarque absoluto de los socialistas. Pues bien. Las cúpulas de los dos partidos mayoritarios se reunieron ayer para desbaratar esas hipótesis.

Tras el encuentro, en una comparecencia conjunta, Javier Arenas y José Luis Rodríguez Zapatero ratificaron «con todas las consecuencias» la vigencia de «los valores y principios» recogidos en el acuerdo, asegurando que el mismo es independiente de las circunstancias electorales.

Pero ambas formaciones no se limitaron únicamente a una declaración de principios, sino que también movieron ficha, al emplazar al lehendakari a que lidere un proceso de diálogo guiado por la lucha contra el terrorismo de ETA y por la garantía de la seguridad y las libertades de todos los ciudadanos vascos. Socialistas y populares, que han adelantado su decisión de estar en la oposición al futuro Gobierno vasco, contestan así con responsabilidad y sensatez a la buena voluntad mostrada por el lehendakari en funciones. Tanto al excluir del futuro diálogo de los partidos a EH como al responder con mayor contundencia y sensibilidad que en el pasado al último asesinato de ETA.

Cabe resaltar el cambio de discurso -para mejor- de la dirección del PP, muy distinto al mostrado por el presidente del Gobierno en sus comparecencias públicas tras las elecciones. Así lo indica con claridad Jaime Mayor Oreja en una entrevista que hoy publica este periódico. «Tengo la obligación democrática de dar un margen de confianza a Ibarretxe. No me puedo instalar en mis prejuicios».

No cabe duda de que la buena voluntad de todos los partidos vascos -después de la crispación de la pasada campaña- es un dato positivo de cara a unos ciudadanos cada vez más asqueados y desmoralizados por los asesinatos. Pero no nos engañemos. Al margen de mesas de diálogo -en el Parlamento de Vitoria, en Ajuria Enea o en Madrid- aquí y ahora lo más importante es conseguir que el combate contra ETA sea eficaz y situar la acción policial contra los terroristas como el objetivo principal de esta legislatura. Tanto por parte del Ministerio del Interior como del Gobierno vasco. Como bien dice Mayor Oreja, «con ETA no se puede hacer política, lo único que se puede hacer es intentar acabar con ella antes de que ella acabe contigo». Este es el auténtico reto del lehendakari y de ello deben pedirle cuentas tanto el PP como el PSOE.

Arte y parte
Luis María ANSON La Razón 27 Mayo 2001
de la Real Academia Española

Los chicos de Eta asesinaron al cocinero de un establecimiento militar y eso, hombre, le pareció mal a Arzallus. ¿Qué torpeza! Para el ayatolá algunos etarras se están volviendo medio tontos. Demasiado cachorro inexperto, a ver si salen los presos de una vez y se vuelve a los buenos tiempos. ¿Por qué un cocinero cuando se puede seleccionar a un capitán, a un coronel o, mejor aún, a un general?

   La indignación de Arzallus se ha manifestado todavía con más alta temperatura cuando los tontorrones de Eta liquidaron al director financiero de un periódico en lugar de pegarle los siete tiros a uno de esos periodistas que tienen la osadía de atacar al caudillo peneuvista. ¿ Por qué matar a un administrativo cuando puede caer un profesional de la canallesca? ¿Por qué un hombre «que no tiene arte ni parte» -Arzallus dixit- y no un cabroncete de pluma o palabra de rufián? Aunque algunos pensemos que en un periódico impreso, hablado o audiovisual lo importante es el equipo y todos, desde el director al último operario, tienen arte y parte en el éxito o el fracaso, para el ayatolá, Santiago Oleaga era un percebe sin importancia y por eso los asesinos se han degradado. Otro gallo cantaría si hubieran seleccionado mejor sus objetivos y disparado contra algún pez gordo de la profesión periodística.

   Y que nadie se llame a engaño. Ibarreche es una marioneta manejada por Arzallus. El lehendakari está jugando ahora el papel de engañar a los pardillos del PP y el PSOE para que el PRI vasco pueda preparar con más comodidad en los próximos años la fractura de la unidad de España. La atrocidad con que se ha manifestado el ayatolá, tras el asesinato de Oleaga, deja poco lugar a las dudas.

Firmeza
Editorial ABC 27 Mayo 2001

Las dudas de los decepcionados por el resultado del 13-M en el País Vasco amplificaron la victoria del PNV. El nacionalismo dejó hacer, porque, sin moverse, consiguió que en el PSOE se abrieran querellas que sólo cerrarían con el finiquito al PP y el reencuentro con el PNV. 

Al final, la cordura se ha impuesto tras el respaldo a Nicolás Redondo y ayer quedó aún más reforzada gracias a la Comisión de Seguimiento del Pacto antiterrorista, integrada por representantes del PP, del PSOE y del Gobierno. La conclusión fue nítida: el Pacto sigue siendo válido y compatible con el diálogo con Ibarretxe en el Parlamento de Vitoria. Esta firmeza conciliadora es la mejor aportación de PP y PSE, por ser lo que ha forzado a Ibarretxe a discursos de mayor integración —quizá sólo amables por necesidad, como dice Savater en la entrevista que hoy publica ABC— y por ser la opinión del 40 por ciento de los vascos. 

Pero la ingenuidad es letal en estos lances preliminares. Como cuestión previa, Ibarretxe, para ser creíble, debe desautorizar la campaña de insultos a los colectivos de víctimas que han desatado Arzalluz y Anasagasti, porque hay que tener cuidado con el error de creer que Ibarretxe y el PNV están enfrentados. Es más, lo que se debe exigir a Ibarretxe, como presupuesto del diálogo, es que sus compromisos, cuales sean, serán asumidos íntegramente por el PNV. Si no fuera así, el diálogo seguirá siendo un fraude.

Un desconcierto cierto
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 27 Mayo 2001

El Pacto del PP y el PSOE por las Libertades y contra el Terrorismo dice en su preámbulo que hay que romper cualquier pacto con el PNV mientras no renuncie a su alianza estratégica y táctica con ETA, puesta nítidamente de manifiesto en el Pacto de Estella. También en inciativas paralelas como la Udalbiltza, que redundan en la búsqueda de una liquidación de la legalidad constitucional y estatutaria para crear una nueva situación revolucionaria que excluiría de la ciudadanía del País Vasco y Navarra a más de la mitad de la población, la que se siente española o no separatista.

El PNV no ha renunciado a nada. Arzallus dijo en la noche electoral que en el parlamento había "mayoría absoluta de nacionalistas vascos", hermanando así a los proetarras de EH con la alianza PNV-EA. Parece, sin embargo, que los firmantes del Pacto Antiterrorista, por lo menos el PSOE, sí están dispuestos a renunciar a todo. Y, asombrosamente, a cambio de nada. Naturalmente, no lo pueden decir así, pero así se entiende.

De un cierto desconcierto tras los resultados del 13 de Mayo hemos pasado a un desconcierto cierto: se dice un cosa, se hace otra distinta y da la impresión de que no se piensa ninguna. El panorama institucional y político español en la lucha contra el terrorismo es el de un caos matizado por la desolación.

La mejor prueba de que PSOE y PP -el uno, voluntariamente; el otro, arrastrado por el uno- navegan a la deriva, olvidados de los principios morales y hasta de su propia conveniencia política, es que encargan a Ibarretxe -el mismo al que ambos pusieron dos mociones de censura hace unos meses- "liderar" la lucha contra ETA, cuando, como prueban las declaraciones oficiosas del lendakari en funciones, lo único que está dispuesto a encabezar el alevín de Arzallus es la lucha contra el Pacto Antiterrorista, mientras Anasagasti y Arzallus se turnan en la injuria contra las víctimas del terrorismo y las asociaciones cívicas que les apoyan.

Decir, como hace insidiosamente el partido de Ibarretxe, que el Pacto Antiterrorista fue derrotado en las urnas el 13 de Mayo equivale a sostener que las víctimas de ETA no tienen derecho a defenderse. Si es eso lo que están dispuestos a admitir PP y PSOE, lo mejor será que lo digan y disuelvan sus partidos en el País Vasco. Si no es así, que dejen ya de gimotear por los resultados, de traicionar o menospreciar a los 575.000 votantes que confiaron en ellos, de arrastrarse por el fango en busca de no se sabe qué legitimidad del nacionalismo cómplice de ETA y que muestren una mínima dignidad ante un partido o una partida que no ha abdicado de ninguna de sus atroces convicciones racistas y que todavía tiene que demostrar que está dispuesto a luchar mínimamente contra ETA. No a decirlo, sino a hacerlo.

Porque de Ibarretxe, hasta ahora, ni una mala palabra ni una buena acción. Y del PNV y EA, malas palabras y acciones peores. ¿Se les pasará el "síndrome de Estocolmo" alguna vez al PP y al PSOE o van a seguir haciendo el más ignominioso de los ridículos durante toda la legislatura?
 

No hay manera
Por Alfonso USSÍA ABC 27 Mayo 2001 

Era mi intención, después de las elecciones vascas, la de amansar mi angustia y dejar pasar un tiempo de respeto por si las buenas moscas conseguían equilibrar las chocholas de los claros vencedores. Para hoy, domingo, tenía pensado escribir de la Feria del Libro de Madrid y del gran tejo del parque de El Retiro, el árbol más prodigioso de la Villa y Corte, que se alza y ofrece su sombra a pocos metros del acceso de la Puerta del Casón, en la calle de Alfonso XII, según se entra a la izquierda. Si el tejo no me llenaba el espacio, había previsto reforzar mi obsesión primaveral con la belleza del extraño yingo de la plaza de La Lealtad, un árbol bellísimo originario de Japón cuyas hojas, según dicen los expertos, alivian los sustos del corazón. Y del yingo al roble del Botánico, un ejemplar majestuoso, con una fuerza, una salud y una armonía que lo hacen diferente del resto de sus parientes. Pero no hay manera. Mis buenas intenciones se han desmoronado cuando he leído las declaraciones de Javier Arzallus y los deseos de Iñaki Anasagasti. Ni tejos, ni yingos, ni robles, ni vainas. De nuevo, ellos.

En su referencia al asesinato de Santiago Oleaga, director financiero de «El Diario Vasco» de San Sebastián, Javier Arzallus no anduvo fino, como de costumbre. Criticó a la ETA «por matar a un empleado sin arte ni parte en la prensa tendenciosa». Para Arzallus, lo lamentable no es que hayan asesinado los terroristas a un hombre, sino que la víctima no formase parte de la prensa tendenciosa. Lo malo es que barbaridades y perversidades como ésta son frecuentes en los discursos, escritos y homilías de Arzallus y seiscientos mil ciudadanos vascos han demostrado que están a su lado. Pero si ignominiosa y terrible ha sido la interpretación del orate del crimen de Santiago Oleaga, ¿qué calificativo aplicar a las declaraciones de Iñaki Anasagasti?

El eterno portavoz del Grupo Vasco en el Congreso de los Diputados ha hablado para una cadena de televisión mexicana. A los nacionalistas vascos les gusta cantar en México más que a Jorge Negrete, Pedro Infante, Miguel Aceves Mejía, Cuco Sánchez y Lola Beltrán juntos. Lo malo es que desafinan. Para Anasagasti es fundamental «desactivar» a la Asociación de Víctimas del Terrorismo y a las organizaciones y foros cívicos y pacifistas que «han surgido en el País Vasco como setas de la noche a la mañana». Y señala a la Fundación Miguel Ángel Blanco, a Basta Ya, el Foro de Ermua y el Foro del Salvador. Estas agrupaciones son las que preocupan a Iñaki Anasagasti.

Yo me pregunto qué mecanismos existen para desactivar a la Asociación de Víctimas del Terrorismo. ¿Suprimiendo las pensiones, las becas y las ayudas del Estado a los supervivientes del terrorismo y a los familiares de los muertos? ¿Cómo pretende Anasagasti desactivarlos? Dice el felón que cuentan con mucho apoyo económico. ¿Compensa la ajustadísima ayuda económica que perciben las víctimas al desconsuelo por la pérdida de las vidas de sus familiares? Las víctimas del terrorismo han atravesado un desierto ingrato y brutal para encontrar un pequeño oasis de comprensión en los últimos años. Durante la etapa socialista fueron humilladas por la ministra Fernández, que llegó a negarles cuarenta millones de pesetas para becas de estudios de los hijos de los fallecidos. Se los gastó —no cuarenta, sino quinientos—, en talleres de masturbación, estudios genéticos de la lenteja y publicaciones de una obscenidad nunca superada. A las víctimas del terrorismo —que últimamente van aumentando de número y tragedia—, sólo hay una manera de desactivarlas. Indemnizándolas, hasta el límite de las posibilidades, como única y fría vía de demostración pública de gratitud. Lo que ahora perciben, en comparación con su drama, sigue siendo una porquería. Y lo mismo se puede decir de los foros y agrupaciones formados por vascos que se juegan la vida, sólo por el hecho de alzar la voz contra la barbarie y el exterminio.

Lo curioso es que Anasagasti no desea «desactivar» a las «Gestoras Pro Amnistía» y a la «Coordinadora de familiares de presos». ¡Qué miserable! Nada, que no hay manera.

Tranquilo, Pascual
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 27 Mayo 2001 

A las ocho de la tarde del 13 de mayo Pascual Maragall sintió una gran liberación. Por fin terminaba el ominoso frente de socialistas y «populares». La noticia de la victoria del PNV le transportó a la gloria. No estaba menos eufórico que Pujol. En Barcelona el «frente» formado por Nicolás Redondo y Jaime Mayor había sido considerado una vergüenza que los socialistas justificaban a partir de la existencia de ETA. Si la política hace extraños compañeros de cama, en el País Vasco se había llegado al extremo. Una cosa es formar gobierno en Baleares con independentistas, rojos y señoras de extrema derecha y otra pactar con Aznar y el residual franquismo. Pero, afortunadamente, los resultados electorales colocaban cada cosa en su sitio.

Así que aquella misma noche del 13 de mayo, cuando ya las opiniones no podían influir en los resultados electorales, Pascual Maragall se dirigió a sus compañeros vascos y les dijo: «El PP es la peste; alejaos de él cuanto antes».

Le llamó Felipe González: «No te pongas nervioso, Pascual. Tenemos que dar un poco de tiempo a los compañeros. Ten en cuenta que Redondo y Rojo siguen hablando de los quinientos setenta y cinco mil votos populares y socialistas. Por otra parte, las heridas de los compañeros vascos han sido muy profundas y la dureza de la historia les ha hecho poner los principios por delante. Desde Cataluña no acabáis de tener la suficiente sensibilidad para entender este fenómeno un tanto primitivo pero ¿acaso crees que a mí me ha sido fácil encajar esto del bloque constitucional? Ahora tenemos que darle una salida honorable. No olvides que esta historia del Pacto antiterrorista fue un invento del propio Zapatero que le vino muy bien para ser alguien. Ahora hay que descabalgarse de forma natural. Ten un poco de paciencia, Pascual. A veces os falta a los periféricos un cierto sentido del ritmo histórico. Por otra parte, los amigos del PNV lo entendienden muy bien. Ellos saben que nosotros y el PP tendremos que colocar a Ibarretxe en el centro de la lucha antiterrorista y por lo mismo habrá que saltarse ese primer folio del Pacto que le colocó Javier Zarzalejos a Rubalcaba y en el que se obligaba al PNV a una rectificación humillante. Pero ahora ha cambiado todo. Con el PNV en el gobierno de Vitoria ¿cómo podría montarse una estrategia antiterrorista sin colocar en el centro al PNV? Y ¿quién podría exigirle a Ibarretxe la renuncia a Lizarra cuando ya ha descalificado a EH como socio de gobierno? Pero todo esto hay que llevarlo con tiento. No te amontones, Pascual, todo volverá a su ser. Tranquilo Pascual».

Hablaron después de las elecciones gallegas. De la posible pérdida de la mayoría absoluta de Manuel Fraga. De la formación de un gobierno gallego entre Beiras y Pérez Touriño.

Como ves, dijo González, terminará dando resultado el sacrificio de los socialistas gallegos. Es cierto que hemos bajado al tercer puesto pero al final podremos llegar al gobierno. ¿Qué Beiras domina la situación? De acuerdo, pero sólo en Galicia. Los socialistas, sin embargo, estaremos en todas las Comunidades. Si Fraga pierde la Baviera española no sólo se habrá venido abajo todo el plan de cohesión nacional de Aznar sino que habrá comenzado nuestra hora, será en ese momento cuando hagamos la reforma del Estado que propones. ¿Te das cuenta, Pascual?

Sube aquí al Guadarrama, Pascual, y contempla el espectáculo. Mira a Chaves en mi tierra, a Bono en La Mancha y a mi amigo Ibarra en Extremadura. En Aragón no sólo hemos roto el Plan Hidrológico sino que hemos volado ese tampón que asfixiaba a Cataluña. Ganada Galicia, podremos negociar con los abertzales vascos la autodeterminación. Como ves, habremos saltado en un pispás del autonomismo al federalismo, tu obsesión. Tranquilo, Pascual.

Ser o no ser
ANTONIO GALA El Mundo 27 Mayo 2001

Ibarretxe tiene en sus manos la decisión. Lo que no tiene son los efectos de ella. Por un lado puede mirar a IU y al PSOE si quiere apartarse de la violencia, como sus votantes le han pedido. Por otro, puede mirar hacia los nacionalistas extremados, y volver a las andadas. ETA seguirá haciendo de las suyas, y tratará de provocar dos bloques en la sociedad vasca. Esa sería la oportunidad de los constitucionalistas. Porque el pueblo vasco cada día quiere ser más él mismo, pero no a costa de sangre. Claro, que no basta con votar. Ibarretxe verá lo que hace. Su exaltación lo ha dejado muy solo. Aunque no lo parezca.   

Contra la depresión
JOSÉ LUIS BARBERÍA El País 27 Mayo 2001

Cada asesinato de ETA desencadena automáticamente una onda de pánico y ansiedad sobre los entornos de la víctima; deshace los frágiles diques psicológicos de contención levantados por los supervivientes, los familiares y los testigos de anteriores atentados; revuelve las entrañas de todas aquellas personas hipersensibilizadas con el terrorismo. Matar a uno para aterrorizar a cien, el principio guía de la acción terrorista, produce en sus primeros momentos un efecto devastador similar al incendio desatado en la pradera. Las gentes que comparten el rasgo distintivo asignado por los asesinos a su víctima -una adscripción ideológica, un comportamiento, una actitud determinada, la pertenencia a un medio profesional o social- quedan brutalmente interpeladas. Quien más quien menos, consciente o inconscientemente, entre el dolor y la rabia, despliega los mecanismos de asociación con la víctima, más alambicados cuanto mayor es el pánico, para calibrar la proximidad del peligro. 'Si han matado a éste, ¿por qué no pueden hacer lo mismo conmigo?', ésta es la reflexión común.

Cuando la ola pasa y la racionalidad se impone, siempre quedan otras víctimas junto a la sábana ensangrentada que cubre piadosamente al último cadáver. Son aquellos que no han salido anímicamente indemnes de la prueba, que no recuperarán jamás su serenidad anterior, personas que patologizan la ansiedad, que vivirán en adelante con el miedo en el cuerpo, gentes que sienten que se les hunde un poco más el puñal que llevan clavado en el alma. Aunque parezca increíble tras más de 800 asesinatos, miles de atentados, de amenazados, no hay estudio alguno que establezca los límites del fenómeno, el número de vascos traumatizados seriamente por el problema, la repercusión indudable del terrorismo en la salud mental de una sociedad tan pequeña y tan interrelacionada como la vasca.

Como tantos otros lugares comunes inspirados por un ánimo de autodefensa, la creencia de que 'a todo se acostumbra uno' resulta aquí una falacia completa, según subrayan los psicólogos que tropiezan con el problema en sus consultas. Bien al contrario, las reacciones mismas de la sociedad vasca permiten pensar que el impacto emocional de cada atentado es más bien acumulativo, que se está llegando al grado de saturación, que la sociedad metaboliza cada vez peor el espectáculo sangriento. Basta comparar la amplitud y el calado de la onda del miedo, la sensación general de amenaza y el escándalo que suscitan los últimos atentados con las tibias reacciones que provocaban en el pasado los muertos anónimos de uniforme policial o militar enterrados de prisa y corriendo.

La actitud escapista que todavía hoy minusvalora esa influencia, o que la niega directamente, se da de bruces con la actual estrategia terrorista de 'socializar el sufrimiento'. Es evidente que la atacada sociedad civil resulta mucho más vulnerable anímicamente al zarpazo terrorista, está mucho peor preparada psicológicamente para afrontar la violencia que los miembros de las fuerzas de seguridad. ETA lo ha escrito con otras palabras en las comunicaciones internas. Así las cosas, la depresión anímica de amplios colectivos sociales parece constituir un peligro mayor de la castigada sociedad vasca actual, un reto individual y colectivo que sumar a la necesidad de garantizar la vida de los ciudadanos.

Gran parte de las personas que componen los grupos de riesgo de eliminación física -los representantes de los partidos no nacionalistas, intelectuales, pacifistas, periodistas- añaden ahora a esa condición de amenazados de muerte la decepción enorme por un resultado electoral al que habían fiado la posibilidad de un cambio general de la situación, la apertura de una vía de esperanza personal y colectiva. 'Ha perdido la esperanza', dicen algunos para decir en realidad que ellos han perdido la esperanza. Ellos y quienes apoyaron la alternancia a partir de su compromiso, de su sensibilidad contra la violencia, constituyen igualmente el principal grupo de riesgo de la depresión vasca.

Es sabido que la obligación de llevar escolta, por ejemplo, modifica notablemente los hábitos cotidianos, puede alterar los estados de ánimo y desarrollar un grado de ansiedad que conduce a la depresión. El problema, con todo, no se limita, en absoluto, a los amenazados y a sus familias. El conjunto de la sociedad vasca acaba de salir de un largo periodo de durísima crispación y división política, y la tensión ambiental sostenida durante todo este tiempo -¿no hay una clave psicológica conservadora de temor a que un cambio radical de Gobierno consolidara la fractura social y enconara aún más el conflicto?- ha dejado muchas relaciones personales bastante maltrechas. La impotencia individual y colectiva, acentuada con la teoría nacionalista de 'la espuma y la cerveza', según la cual ETA sólo sería la efervescencia de un conflicto histórico irresuelto, genera, a su vez, una gran ansiedad, y no sólo en el colectivo de amenazados.

Muchos ciudadanos sin vinculación directa con la política barajan seriamente o fantasean con la idea de irse a vivir a otro lugar porque no quieren que sus hijos crezcan con miedo en un país en el que la propaganda de la violencia explícita o implícita está permanentemente presente, en el que una parte de la sociedad justifica el terrorismo sin que el sistema reaccione. La falta de perspectiva, de una mínima unidad de criterios y de acción entre los partidos democráticos, que permitan a las víctimas y a los perdedores volver a sentirse parte del sistema y de una única sociedad vasca, explica tanto o más que el miedo las reacciones de desapego hacia el país propio, la tentación de abandono, el hastío infinito. El rearme moral de la sociedad, el encuentro de los nacionalistas y no nacionalistas en la defensa consecuente de los valores elementales de la libertad, el derecho a la vida, la paz y la solidaridad con las víctimas serían en ese caso la terapia colectiva adecuada para conjurar el riesgo de la depresión. 

Según los expertos, es evidente que la población amenazada precisa, a su vez, de recursos adicionales psicológicos para liberarse de la presencia obsesiva del Tema, conservar un mínimo de bienestar psíquico. Tratarse bien, darse de vez en cuando un homenaje, no cerrar nunca la ventana de la esperanza, hablar también de otras cosas, asomarse si es posible fuera del agujero mental vasco, posponer cualquier decisión trascendental hasta haber recuperado la estabilidad anímica, son algunos de los consejos. Y, desde luego, tener en cuenta siempre que la divisa 'que no os quiten el humor', tan frívola y desvergonzada en boca de los 'vivales' que ni sienten ni padecen el problema, tiene pleno sentido en el terreno de las víctimas y los amenazados.

La paradoja Ibarretxe
Carta del Director El Mundo 27 Mayo 2001

Uno de los efectos positivos de toda derrota es que enseguida te permite saber con quién se puede contar y con quién no, cuáles están a las duras y cuáles sólo a las maduras. En los casos más extremos los saqueadores salen de sus madrigueras y tratan de aprovechar el seísmo emocional bajo el que se encuentra el vencido para infligirle nuevas lesiones en su persona o en sus bienes. ¿Se imaginan el juicio moral que habría merecido a los valencianos que un grupo de salteadores de caminos hubiera tendido una emboscada y sometido a befa y vejaciones sin cuento a sus exhaustos paladines, aprovechando a su regreso la frustración por no haber podido obtener la recompensa que todos anhelaban? Tiene, pues, su utilidad que al famoso dúo «Os Resentidos», integrado por un político y un periodista acostumbrados a hacer negocios juntos, se le haya visto tan claramente esta vez el plumero, pues al comportarse de forma tan miserable con el presidente del Gobierno, los líderes vascos del PP y el PSOE y los intelectuales pacifistas han dejado una huella indeleble de cuál es su catadura ética, que ayudará a interpretar pasadas y futuras actitudes.

Entre tanto, en medio de la desolación producida por ese nuevo asesinato anunciado -y propiciado- de otro miembro más de la familia periodística, la reacción del lehendakari Ibarretxe suscita, naturalmente no en relación al crimen sino a los resultados de hace catorce días, la agridulce reflexión del no hay mal que por bien no venga. Política y humanamente, la conducta de Ibarretxe ha sido esta vez impecable, reafirmándose en su recién comunicada decisión de «cerrar las puertas» a una EH que siga sin condenar hechos tan abyectos, comprometiéndose a hacer cuanto esté en su mano para capturar y entregar a la Justicia a los asesinos y sus jefes, prestándose de forma incondicional a liderar en la calle la protesta unitaria de todos los demócratas, ofreciéndose en lo personal e institucional a los familiares y compañeros de la víctima con un grado de calor y afecto que todos supieron valorar.

Sólo el tiempo dirá si es tan sólo un ejercicio de voluntarismo, pero cuantos sinceramente deseamos que en el País Vasco se restablezcan los derechos humanos y las libertades públicas quebrantadas por ETA y sus seguidores, deberíamos aferrarnos al asidero de esta nueva pauta de conducta y apostar por la que sería la más agradable de las paradojas políticas. Ojalá fuera precisamente la derrota del PP y el PSOE lo que desencadenara los dos efectos principales que se pretendían conseguir con su victoria: que el Gobierno vasco tenga como gran prioridad la lucha contra ETA y que el PNV vuelva a ser un partido moderado, comprometido en ese empeño junto a las demás fuerzas democráticas.

Es un hecho que la carambola que Mayor Oreja y Redondo han pretendido dibujar sobre el tapete vasco -meter al PNV en el agujero de la oposición, golpeándolo con la bola de su complicidad o al menos condescendencia con ETA- se les ha vuelto en su contra. Desde el entorno de Ibarretxe se interpreta el desenlace no como una prueba de que la sociedad vasca antepone otros anhelos a la erradicación de la violencia, la protección de los amenazados y el apoyo a las víctimas sino como la demostración de que las imputaciones respecto a su acción e inacción de gobierno eran exageradas y por lo tanto injustas. Todo sugiere que la mayoría de los ciudadanos vascos creyó a Ibarretxe cuando convirtió la promesa de no aceptar ningún apoyo de EH en el eje central de su campaña, a pesar de que Arzalluz dijo que no tendría más remedio; y es indiscutible que en los primeros escarceos postelectorales ha sido la nítida conducta de Ibarretxe la que ha arrumbado los gritos de «independentzia» de la vicetiple Errazti y la propia propuesta de «Mesa de Irlanda» del tenor de Sabin Etxea. Por dos veces en pocas semanas el lehendakari se ha desmarcado de su mentor, demostrando que su pasada colaboración con EH no era una querencia natural sino un episodio esencialmente adscrito a la tregua y que su posterior ruptura con los proetarras no era fruto de la simulación sino del convencimiento.

Zapatero, Caldera y Redondo han estado entre los primeros en ver esta oportunidad y hoy Mayor Oreja la reconoce en EL MUNDO con entereza y generosidad. Podrá ser duro en lo personal, pero estoy convencido de que todos los protagonistas de la alternativa constitucionalista darán por buena su derrota si de ella se deriva un Gobierno vasco con un objetivo similar al suyo y con mayor base social para acometerlo. Si Ibarretxe sigue jugando limpio, es más fácil que PP y PSOE cumplan su papel de leal oposición de lo que lo hubiera sido en el caso de un PNV derrotado y humillado, pues siendo mala consejera la decepción, mucho peor aún lo es el ansia de desquite.

Ibarretxe merece en esta legislatura la lealtad que los inmorales orígenes de su primera investidura obligaron a escatimarle en la anterior. Y lealtad quiere decir margen de confianza, beneficio de la duda, disposición permanente al diálogo, flexibilidad en pro de la colaboración. De igual manera que en el pasado reciente no pudo disfrutar del rédito de credibilidad del Pacto de Ajuria Enea, sería fanáticamente injusto pretender seguir pasándole en el futuro próximo la factura del de Lizarra. Su partido siempre tendrá que cargar con el oprobio de los pactos secretos con ETA, pero ha empezado una nueva etapa en la que cuanto más sincera y rotunda sea la disposición a ayudar a quien tiene la legitimidad y el mandato para gobernar, más cargados de razones estaremos todos para volver a censurarle si no es capaz de aprovechar este respaldo o prefiere volver a las andadas. Personalmente nada desearía tanto como haberme equivocado en el diagnóstico, hasta el extremo de tener que rectificar el juicio y admitir un día que aquel cuya debilidad comparé con la de Kerensky ha sido capaz de convertirse en el mejor defensor de las instituciones democráticas frente al proyecto revolucionario de sus antiguos aliados.

En todo caso Ibarretxe merece y necesita también de una oposición que ejerza como tal y es imprescindible que PP y PSOE mantengan su colaboración en un ámbito intermedio entre ese regurgitar de una ultraderecha que aun si no tuviera motivos buscaría pretextos para la confrontación con el nacionalismo y el desvaído abandonismo de una izquierda atolondrada dispuesta a hacer del diseño de nuevos consensos con el PNV casi más un fin que un medio. Gobierne bien, mal o regular, Ibarretxe nunca dejará de representar a un partido que concurrió a las elecciones con un programa soberanista, es decir secesionista, que va a seguir administrando las instituciones vascas con su proverbial sentido patrimonial y clientelista y con cuyas políticas sectoriales difícilmente podrán sentirse cómodos los 575.000 vascos que respaldaron a Mayor y Redondo.

Además, sólo la presión de una labor opositora que sepa combinar la colaboración antiterrorista y los apoyos parciales en tal o cual asunto con una fiscalización exigente en materia de derechos y libertades, proporcionará a Ibarretxe el suficiente acicate como para dar la batalla interna en su partido y tratar de demostrar a la vieja guardia que la única oportunidad que el nacionalismo democrático puede tener algún día de cambiar el marco constitucional pasa por demostrar primero eficacia y firmeza al defenderlo. Si quiere ganarse ese imprescindible respeto en el resto de España que, por ejemplo, caiga bien o mal, sí que tiene Jordi Pujol, Ibarretxe deberá posicionarse antes o después contra la insoportable sucesión de crueles brabatas y malvados despropósitos que con relación a los colectivos más atacados por ETA siguen saliendo de labios de la cúpula del PNV. Alguien con suficiente autoridad y cercanía tiene que decirle a Anasagasti que haber hablado de la «desactivación» y el «desarme» de las asociaciones que tratan de dar cobijo y esperanza a quienes han perdido a sus seres más queridos a causa de la activación de un coche bomba o la cobarde agresión armada por la espalda debería ser un estigma que le acompañara de por vida, mientras no pida explícito perdón por ello. Y alguien con suficiente legitimación y ascendiente, ahí es nada, tiene que decirle a Arzalluz que mientras se empeñe en referirse a la «prensa tendenciosa» y en presentarla como un cuerpo de ejército asalariado por el opresor, su lamento de que la última víctima no pertenezca al Estado Mayor sino al cuerpo de Intendencia seguirá sonando tan hipócritamente antipacifista como la invocación de la Convención de Ginebra por parte de los últimos señores de la guerra.

¿Puede terminar siendo Ibarretxe quien gracias a su triunfo desencadene en el PNV esa catarsis que todos pronosticábamos como efecto de su derrota? Aunque resulta alentador que algunos empresarios vascos que han hablado con él o sus más estrechos colaboradores después de las elecciones, lo crean a pies juntillas, yo recomendaría la más prudente de las cautelas. Máxime cuando ni siquiera los filólogos más eximios terminan de ponerse de acuerdo sobre lo que es exactamente una paradoja. Por mucho que a mí me atraigan dos de las definiciones del María Moliner -«Idea extraña opuesta a lo que se tiene generalmente por verdadero o a la opinión general»; y sobre todo: «Expresión en la que hay una incompatibilidad aparente, que está resuelta en un pensamiento más profundo del que la enuncia»-, tampoco puedo olvidar la contundencia con la que se manifiesta el Casares: «Aserción inverosímil o falsa que se presenta como verdadera». Concedo, pues, por esta vez que lo esencial de la encrucijada vasca es una cuestión lingüística.

La unidad de los demócratas
Por Enrique de Diego Libertad Digital 27 Mayo 2001

Tal término fue acuñado en las terribles cuarenta y ocho horas de cautiverio, tortura y asesinato de Miguel Ángel Blanco. La base filosófica era bien sencilla: por encima de cualquier diferencia, era preciso erradicar la violencia como argumento político y recuperar la calle para los ciudadanos. Intentar conseguir el mínimo de convivencia.

En aquellas jornadas, el liderazgo de tal unidad fue cedido, a iniciativa de Jaime Mayor Oreja, al gobierno vasco y a José Antonio Ardanza, pero aquella presencia masiva de ciudadanos en la calle, con un efecto psicológico similar a los primeros viajes del Papa a Polonia, produjo un miedo instintivo en el PNV a ser sobrepasado por el constitucionalismo. Tal proceso mental ha sido descrito por el entonces diputado del PNV, Joseba Arregi en su libro “La nación vasca posible”. Fue, como es notorio, Xabier Arzalluz el que rompió la unidad de los demócratas e ideó un proceso de convergencia nacionalista, un frentismo, con el fin de instrumentar a Eta en beneficio político propio, con el aliciente de una tregua. Al margen de que la banda terrorista no asumió en ningún momento la función de satélite del PNV, la unidad de los demócratas, que era la postura común generosa de defender la libertad personal antes de cualquier otro debate, pasó a un frentismo con precios políticos.

Los movimientos ciudadanos, recogiendo el espíritu de Ermua, se dispusieron, a pesar de los costes personales, a mantener el terreno conquistado en la calle, negándose al chantaje y denunciando la desprotección de la que eran objeto por parte del gobierno vasco. La misma necesidad de la movilización era una prueba palpable de ese vacío de poder, pues ninguna democracia, salvo en situación de riesgo totalitario, puede basarse en el heroísmo de los contribuyentes sino en el responsable ejercicio de la fuerza, sometida al imperio de la ley, de los poderes públicos. Es decir, siempre ha sido misión de la policía controlar la calle frente a los violentos. Para ello fue creada la Ertzaintza. Abyecto es, con todo, que las primeras declaraciones de Xabier Arzalluz e Iñaki Anasagasti no hayan sido contra los verdugos, sino contra las víctimas, en un intento de provocar su desmovilización con técnicas de intoxicación típicamente totalitarias.

Retornar a la unidad de los demócratas es además de recuperar el tiempo perdido, la exigencia de que el gobierno vasco funcione como lo hace un ejecutivo en una sociedad democrática: brindando protección a los contribuyentes, permitiendo la convivencia en las calles, persiguiendo y deteniendo a los delincuentes, a los que practican la violencia contra ciudadanos desarmados. Sólo el gobierno vasco tiene la responsabilidad y los medios para ejercerla.

El otro punto común de la unidad de los demócratas era aislar a los violentos. Es decir, no establecer pacto político alguno con la formación que apoya los atentados, organiza y desarrolla la kale borroka y, en ocasiones, actúa como aparato informativo e informador de Eta. Este compromiso ha sido asumido por Ibarretxe, aunque queda llevarse de manera coherente a los ayuntamientos.

La idea de instrumentar un grupo terrorista no sólo es inmoral, también es una quimera. El terror es expansivo, y como totalitario propende al control del poder absoluto, y por ende al genocidio, incluso de quienes en un momento dado pueden considerarse próximos a sus postulados. Funciona, eso sí, por etapas, limitando en ocasiones sus objetivos, pero la pretensión de que sólo una parte de la sociedad vasca está amenazada por Eta no sólo es, en quienes la insinúan, una cobardía; es además un error de juicio: nadie ajeno a la banda está fuera del corredor de la muerte, sólo es cuestión de tiempo, de posibilidades y de capacidad de matar. Lo mejor que puede hacer Ibarretxe es asumir el programa de Mayor Oreja en algo tan básico como que la Ertzaintza funcione como policía de proximidad.

La unidad de los demócratas es hoy, en casi toda medida, que el gobierno vasco funcione como tal gobierno, no como mero pedúnculo de un partido, ni como ariete de un proyecto idéntico en los fines a los terroristas, pues tal gobierno tendría como finalidad la subversión y no el orden público, y sería de nuevo cómplice de la socialización del terror.
Las condiciones del cambio
Editorial El Correo 27 Mayo 2001

Las elecciones del pasado 13 de mayo y la reacción unánime ante el vil asesinato de nuestro compañero Santiago Oleaga han permitido que se vengan abajo los muros de incomunicación que durante un largo y extenuante período han propiciado la división entre las formaciones democráticas en Euskadi. La manifestación del pasado viernes en San Sebastián y cuantos actos y declaraciones de condena se han producido tras los tres atentados con propósito de muerte perpetrados por ETA desde el domingo electoral atestiguan que podemos hallarnos en el inicio de un tiempo nuevo. Era el tiempo que deseaba vivir Santi, y su muerte a manos de los terroristas se vuelve más injusta si cabe porque recuerda que durante meses los partidos y las instituciones han reaccionado de forma unitaria sólo al derramarse la sangre.

Durante los últimos años, la confrontación entre el nacionalismo y el no nacionalismo ha impedido que la sociedad democrática hallara en sus representantes el liderazgo compartido que precisaba para enfrentarse a los violentos y sus valedores. El nacionalismo gobernante creyó que podía convencer al terror para que depusiera su bárbara actitud a cambio de inaugurar una era soberanista para el futuro de Euskal Herria. Para ello era necesario diluir la línea de separación entre demócratas y violentos hasta hacerla desaparecer. La disyuntiva entre soluciones políticas o policiales, entre estrategias de marginación o integración de la izquierda abertzale, extendía la confusión necesaria como para que durante la tregua ETA lograra transferir al conjunto de la sociedad vasca la responsabilidad y la culpa que atañe únicamente a los violentos. La tardía reacción del nacionalismo gobernante a la ruptura de la tregua -decisión de la que tuvo noticias meses antes de que se hiciera efectiva- empantanó la pasada legislatura mientras las instituciones de la autonomía se arrastraban siempre por detrás de los acontecimientos violentos.

Las profundas divergencias que han separado hasta ahora a las formaciones democráticas no obedecen a meras diferencias de talante. Por eso, no basta un nuevo clima de sosiego y mutuo reconocimiento para enfrentarse al desafío terrorista. ETA está convencida de que su capacidad para suscitar divisiones entre las fuerzas democráticas a través de la persecución selectiva de sus víctimas y de la acción cínica de los dirigentes de la izquierda abertzale será siempre mayor que la voluntad unitaria que los nacionalistas demócratas puedan manifestar para con el resto del abanico democrático. Lo cierto es que los terroristas cuentan con sobradas razones para confiar en ello. Precisamente ahí se halla la clave sobre la que ha de operar el cambio político: orientar todos los esfuerzos hacia la unidad de los demócratas como un fin en sí mismo y como único medio eficaz para obligar a ETA a que proceda a su propia disolución.

La disposición mostrada por PP y PSOE para propiciar un foro de encuentro en Euskadi presidido por el lehendakari Ibarretxe afianza la posibilidad de un cambio unitario en la lucha por la paz. El ‘Pacto por las libertades y contra el terrorismo’ suscrito por ambas formaciones el pasado 8 de diciembre recoge las coincidencias de sus firmantes en un determinado momento, y es lógico que se reafirmen en su vigencia. Pero el restablecimiento del consenso frente al terrorismo exige un acuerdo que concite la adhesión de todas las formaciones democráticas de Euskadi. Y ello no sólo porque dicha tarea representaría el ejercicio consecuente del autogobierno por parte de las instituciones autonómicas sino, sobre todo, porque es la propia sociedad vasca la que ha de terminar de una vez por todas con un problema que no es más que la manifestación extrema de la intolerancia presente en Euskadi.

Sin embargo, la responsabilidad del Gobierno vasco y de su lehendakari no puede ceñirse a promover el encuentro democrático, sino que ante todo han de emplear el cien por cien de los recursos que brinda el Estado de Derecho para prevenir y reducir al máximo los efectos del terror. Los perseguidos por la barbarie asesina no demandan nada más urgente que la seguridad de que sus perseguidores deberán enfrentarse a la acción implacable de la Justicia y de los cuerpos policiales, comenzando por la Ertzaintza. Pero tampoco acaban ahí las condiciones para un cambio esperanzador en Euskadi. Porque los perseguidos exigen también solidaridad; y la exigen por derecho, porque saben que son víctimas en tanto que defensores de los valores de la democracia y la libertad. Por eso, las últimas manifestaciones de Anasagasti y Arzalluz, lejos de favorecer el desarme verbal que los propios nacionalistas han sugerido, constituyen un despropósito ultrajante para con los que más sufren las consecuencias del terror.

Exquisitos
JOSÉ MARÍA ROMERA El Correo 27 Mayo 2001

El pacto social suscrito en las sociedades modernas establece que los ciudadanos hayan de pagar para ser atendidos con determinados servicios. Entre ellos, por poner un ejemplo, la protección de sus bienes y de sus vidas. Se supone que esa es la tarea de jueces, fiscales y policías. Ese gran aparato protector de los derechos ciudadanos no puede quedar al albur de unas elecciones, ni de los antojos de un magistrado, ni mucho menos de la ideología de un ministro o un consejero de Interior. Allá donde haya delincuencia, es menester perseguirla con todos los medios permitidos por las leyes y, dicho sea de paso, sin salirse ni un milímetro de lo que esas mismas leyes disponen. A esto le han llamado algunos, despectivamente, «medidas policiales». 

Pero la expresión sólo es desdeñosa cuando se aplica a los medios empleados para erradicar el terrorismo de ETA. No así cuando se detiene, se juzga y se condena a un violador, a un parricida, a un estafador o a un capo del narcotráfico. ¿Imaginan ustedes qué ocurriría si la bizantina discusión sobre medidas policiales y medidas políticas se extendiera a todos los ámbitos de la delincuencia? ¿Admitiría alguien en su sano juicio que un ertzaina o un guardia civil se cruzaran de brazos a la espera de órdenes de la superioridad mientras delante de sus narices un hijo de perra roba el bolso a una ancianita? ¿Estaríamos dispuestos a defender la prioridad de las ‘medidas políticas’ ante el caso de un psicópata asesino en serie? ¿Podrían depender del resultado de unos comicios la integridad y la dignidad de las mujeres maltratadas? Un servidor es bastante rojillo -qué se le va a hacer- y detesta instituciones como la banca y las multinacionales, pero jamás se le ha pasado por la cabeza aprobar el secuestro de un banquero o el asalto a una fábrica de refrescos de cola. 

Sin embargo hay un sector privilegiado de la delincuencia que, por acción u omisión, todavía goza de bula para hacer de las suyas. Y todo porque algunos incautos -seamos piadosos con los adjetivos- les siguen otorgando no se qué aureola de especie peligrosa pero protegida. No me refiero ahora a esa facción irremediable de los nacionalistas que porfían en tratarlos como hermanos descarriados. Hablo de intelectuales de salón que miran con más displicencia a las organizaciones cívicas antitotalitarias que a los verdugos que las acechan, y piden para éstos unas ‘medidas políticas’ de diálogo, de negociación o de reconocimiento que jamás osarían pedir para el navajero que les asalta a la salida del teatro. Desde lejos, donde no llegan las bombas ni las pistolas, criticar las «medidas policiales» resulta una actitud exquisitamente distinguida.

Razones par la rebeldía
RICARDO ARANA El Correo 27 Mayo 2001

He tenido la ocasión de contemplar en distintas cadenas de televisión las declaraciones del señor Anasagasti, portavoz parlamentario del PNV, por las que relacionaba el surgimiento de organizaciones ciudadanas como Basta Ya, el Foro Ermua o la Asociación de Víctimas del Terrorismo entre otras, a la iniciativa del Ministerio de Interior y a su financiación mediante «fondos de reptiles». Puedo pensar bienintencionadamente que el señor Anasagasti piensa así por puro desconocimiento. El desconocimiento de quien no se siente en la diana terrorista y al que poco preocupa lo que ocurra con sus conciudadanos constitucionalistas. Yo tengo mi particular lectura. Creo que era inevitable que surgiesen iniciativas ciudadanas de rechazo al terrorismo, solidarias con las víctimas y defensoras de la Constitución y el Estatuto. Y lo creo porque la ‘socialización del sufrimiento’ dictada por ETA y HB sólo podía dar dos conclusiones: la rendición de la ciudadanía democrática o su movilización.

En estos últimos años cada vez son más los ciudadanos asesinados, extorsionados, agredidos o intimidados. Cada vez más representantes políticos no nacionalistas, jueces, profesores o periodistas, ertzainas y otros miembros de las fuerzas de seguridad, empresarios de todo tipo y condición o simplemente ciudadanos que expresan una opinión contraria al nacionalismo, sufren la amenaza terrorista. Cada vez más personas sienten intimidaciones diarias, discusiones sobre su derecho de ciudadanía. Cada vez más sufren el riesgo quienes están a su lado o incluso quienes saludan, tropiezan o simplemente transitan junto a algunos de estos sujetos de riesgo. ¿Acaso puede creer que todas estas personas van a renunciar en silencio a sus derechos, a sus libertades e incluso a su vida? ¿Acaso puede esperar que no se produzca una rebeldía generalizada?

Puedo pensar malévolamente, y considerar que sus palabras hacia las iniciativas ciudadanas por la libertad no tienen que ver con el desconocimiento, sino que forman parte del habitual saco de descalificaciones con las que nos obsequia el presidente de su partido, el señor Arzalluz, como la tan repetida de «la Brunete mediática». Afirmaciones siniestras dictadas desde la irresponsabilidad política y que tan desgraciados efectos tienen. Palabras que no ofrecen precisamente un paraguas a quienes son amenazados o agredidos y, si pienso en su proverbial inteligencia, he de deducir que no lo hace gratuitamente. Es el eterno recurso a la deslegitimación sin argumentos de quien no comparte el planteamiento nacionalista.

Señor Anasagasti: nos conocemos aunque usted lo haya olvidado. Participábamos en un acto a favor del Estatuto de Gernika en el Arenal bilbaíno, días antes de su referéndum, allá por 1979. Un acto que un grupo ligado al MLNV intentó reventar, arrojándonos entre otras cosas un cóctel molotov. Lo recuerdo porque usted estaba unos pasos detrás de mí y no llegó a salpicarle la gasolina incendiada. Me temo que nos encontremos de nuevo en la misma situación. ¿Quiere decirme dónde se ubica en este caso? 

Un cisma imaginario
Por Valentí Puig. Escritor 27 Mayo 2001 

LA naturalidad del bilingüismo en Cataluña contrasta de una parte con el diagnóstico alarmista de quienes creen posible la desaparición del castellano y quienes se dedican al voluntarismo nacionalista para ir en busca de un monolingüismo en catalán. Ambas lenguas coexisten todos los días, en algunas zonas de forma asimétrica y en otras con régimen de práctica simultaneidad. Es algo asumido y vivido casa por casa, piso por piso y familia por familia. Se da el caso de familias en las que, hablando los dos padres entre ellos en catalán, uno habla a sus hijos en castellano y el otro en catalán, del mismo modo que hay padres que se conocieron en castellano, lo hablan entre sí, y luego hablan en catalán con los hijos. En cualquier tertulia de sobremesa puede producirse ese salto constante de una a otra lengua, con plena desenvoltura. Es equiparable a la máxima interlocución, avalada por la multiplicidad de cambios de uso lingüístico en cada jornada del año. Algunos escribimos todos los días en ambas lenguas y no parece que llevemos camino de convertirnos en algo lingüísticamente aberrante, al modo de un trasunto de la licantropía. Entre otros tantos males, una de las secuelas del romanticismo fue la idea de que, puesto que el idioma infundía personalidad al individuo, el uso simultáneo de dos lenguas acarreaba trastornos insondables.

Entre quienes temen que vaya a darse un cisma lingüístico en Cataluña y los que desearían que se produjese existe un contacto de tangencialidad muy peculiar, como consecuencia de alejarse tanto de la realidad o de soñarla como algo virtual que puede devenir pesadilla. Por lo mismo también tienen en común que son minoría en un paisaje social totalmente desacomplejado y dedicado apaciblemente a la tarea elemental del entendimiento mutuo, con las excepciones que plantee esta o aquella política lingüística. Son datos que resulta beneficioso y confortable recordar de vez en cuando, especialmente en aquellas circunstancias que producen aproximaciones maximalistas a lo que es un dato natural de la convivencia catalana. De forma explícita, una vez más lo ha constatado el Rey en su visita a Barcelona. En un artículo de 1902, el poeta Joan Maragall glosaba el telegrama del Rey Alfonso XIII a mossèn Verdaguer. El telegrama dice: «Del Rey a Mossèn Jacinto Verdaguer. En este momento firmo con gran satisfacción el decreto relativo a la gran cruz de Alfonso XII para usted, como testimonio de admiración al poeta eximio, que es una gloria nacional». Maragall comentaba entonces: «Del Rey a Mossèn Jacinto Verdaguer» ¡Qué grandeza en esta simple dirección de un telegrama, que parece cabecera de algún mensaje legendario!». Para Maragall, la majestad sonriente de un Rey casi niño saludaba así la majestad de un poeta moribundo: el poeta moribundo unía al pueblo y al Rey en una armonía, «en la gloria nacional que ha dicho el Rey de España, Cataluña ha entendido la suya, sin sentirse desacorde con la voz real».

No hay melancolía alguna en los usos lingüísticos que se practican en Cataluña sino el protagonismo directo y sin reserva mental de una sociedad que sabe mejor que nadie como y donde hablar, en catalán y en castellano. Si existen diversas escuelas de pensamiento sobre si conviene legislar estas materias y sobre el concepto de inmersión lingüística, la ciudadanía vota todos los días, docenas y cientos de veces apostando por algo que no es mera conllevancia: fundamentalmente, es una prueba de inteligencia social. Puede incluso hablarse de una diversidad biolingüística a preservar.

El ensayista Miquel Porta Perales insiste en sus trabajos que, en materia de lenguas, dos son mejor que una. El uso del castellano en Cataluña se remonta a siglos, al tiempo que la mitad del censo actual la utiliza como primera lengua. De forma ampliamente mayoritaria, los ciudadanos de Cataluña usan ambas lenguas. Hace falta una considerable resistencia a la realidad para suponer que eso pueda ser un problema. En uno y otro sentido, las tesis del reduccionismo lingüístico chocan con la consistencia de los comportamientos individuales y colectivos. El futuro está en manos de un bilingüismo armónico.

En el decálogo de la minoría de lengua alemana en Hungría queda escrito: «El destino te ha hecho un regalo: dos lenguas. Conserva este tesoro. Quizás un día alguien dirá: «No eres un verdadero A». Y quizás otro dirá: «No eres un verdadero B». Ríete de eso y di: «Soy un verdadero A y B». Tienes dos órganos para entender el mundo, el presente, el pasado y el futuro, los deseos, los proyectos, los recuerdos». Coinciden ahí la gran mayoría de los ciudadanos de Cataluña, según la reciente encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas, más allá de la disparidad entre los modelos escolares teóricos y lo que ocurre en el patio de cada colegio. En términos genéricos, un 35 por ciento de los encuestados ha dicho que se siente tan catalán como español, un 25,8 se considera más catalán que español. En el extremo de la definición, un 15,4 por ciento se identifica como sólo catalán y un 14,7 como únicamente español. Se trata de un estado de opinión pública bastante sedimentado, como se puede verificar en otras consultas demoscópicas. Estamos de nuevo en la argumentable hipótesis de una convivencia lingüística que no sigue las normas de un juego de suma cero. Al contrario, ambas lenguas pueden arraigar sin robarse territorio, aunque la sociolingüística nacionalista clame sobre los riesgos de prepotencia del castellano sobre el catalán. Si la última palabra va a ser una vez más para quienes usen de una u otra lengua según su libre albedrío, el perfeccionamiento y armonización del bilingüismo pudiera ser una de las aportaciones más constructivas de la sociedad catalana después de la tecnología del textil, la simbiosis pactista y el enfrentamiento taumatúrgico entre los fogones de Santi Santamaría y el laboratorio de Ferran Adrià. Como en tantas otras cosas, el secreto está en el punto de cocción.

El ombligo
Nota del Editor 27 Mayo 2001

No me decidía a titular este pequeño contrapunto como católicos, mormones y musulmanes por aquello de una, varias o un harén lleno de esposas, que igualmente se puede aplicar a las lenguas. Cada cual cree lo que quiere o le conviene. Lo que está claro es que mucha gente sólo llega a ver su ombligo. No se puede afirmar que  sea mejor tener un harén, varias o una esposa, todo depende, y lo mismo pasa con las lenguas; tampoco parece recomendable  juntar esposas católicas, mormonas y musulmanas. En muchos sitios se hablan muchas lenguas con las mismas o diferentes personas, en grupos cerrados que más o menos entienden el conjunto de lenguas utilizadas, pero inmediatamente surgen dos consideraciones y un problemas: en cuanto alguien  desconoce alguna de  las lenguas o conoce otra que los otros no conocen y cuando se quiere comunicar algo urgente, importante o complejo, y el problema es que a los monlingües y plurilingües, los bilingües quieren imponernos una lengua innecesaria, como si a los monógamos y polígamos, los bígamos nos quisieran imponer una esposa por el hecho de pasar por su feudo, y habiendo como hay tantos, una más en cada uno, al final una torre de Babel o un harén, obligado y sin amor.  Además, reconozco humildemente, que soy incapaz de conocer bien una lengua, sólo superficialmente algunas, naturales y artificiales, interesantes, convenientes o expresivas, y algunas ya olvidadas.

Radicales queman dos casetas de un repetidor en Mutriku
SAN SEBASTIÁN EL CORREO 27 Mayo 2001

Los violentos volvieron a situar como objetivo de sus acciones un repetidor de telecomunicaciones. A última hora del viernes, varios desconocidos incendiaron dos casetas de un repetidor de Euskaltel en la localidad guipuzcoana de Mutriku. Como consecuencia del sabotaje, la comarca de Deba se quedó sin servicio de telefonía móvil y sin recibir la señal de algunas cadenas de televisión.

El acto de ‘kale borroka’ se produjo a las once y veintinco de la noche, cuando varios radicales accedieron al recinto vallado en el barrio Laranga, donde hay instaladas antenas repetidoras de varias empresas de telecomunicaciones. Tras cortar la valla de acceso, los saboteadores vertieron líquido inflamable sobre dos casetas del repetidor de Euskaltel y les prendieron fuego.

Una dotación de bomberos acudió al lugar para extinguir el incendio y evitar que las llamas afectaran a otras casetas. Sin embargo, no pudo impedir que el fuego destruyera el cableado de los equipos, lo que provocó la pérdida de señal de telefonía móvil y de televisión en la comarca de Deba.

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