AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 31 Mayo  2001
#La Comisión Europea deberá adpotar una postura sobre los diferentes aspectos de la discriminación de la lengua castellana
Nota del Editor 31 Mayo 2001

#Gallego, Rey, Arzallus, Ibarreche y Mayor Oreja
Luis María ANSON La Razón 31 Mayo 2001

#Ámbito de acuerdo
Editorial El País 31 Mayo 2001

#Las pistas evidentes
Enrique de Diego Libertad Digital 31 Mayo 2001

#«De lo políticamente correcto»
Cartas al director ABC 31 Mayo 2001

#Convergencia de dos fracasos
IGNACIO SOTELO El País 31 Mayo 2001

#Del pragmatismo
JOSEP RAMONEDA El País 31 Mayo 2001.

#Amnistía Internacional denuncia los crímenes de ETA y la «escalada» de violencia callejera
F. APEZTEGUIA VITORIA El Correo 31 Mayo 2001

#El problema se llama terrorismo
Ignacio Villa Libertad Digital 31 Mayo 2001

#Québec no es el modelo
Ignacio Villa Libertad Digital  31 Mayo 2001

#El día después de las elecciones vascas
Benjamín García Sanz es profesor de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid La Razón  31 Mayo 2001

#Deber de memoria
JOSEBA ARREGI El Correo  31 Mayo 2001

#Por algo sobra balza
Lorenzo CONTRERAS La Razón  31 Mayo 2001

#Análisis del terrorismo
Antonio GARCÍA TREVIJANO La Razón  31 Mayo 2001

#Periodistas en la mira de Eta
R. L. V. - Madrid.- La Razón  31 Mayo 2001

#Las vueltas y revueltas del castellano
AUGUSTO ZAMORA R. El Mundo  31 Mayo 2001

#El "spanglish" es un invento de laboratorio previo al bilingüismo, según la RAE
EFE Libertad Digital  31 Mayo 2001

La Comisión Europea  deberá adpotar una postura sobre los diferentes aspectos de la discriminación de la lengua castellana
Nota del Editor 31 Mayo 2001

PARLAMENTO EUROPEO....
COMMISSIONE PER LE PETIZIONI
IL PRESIDENTE

Bruselas
OS/aa [02-COM.PETI(01)D/16889]
Sr. D...... 

28.01.01     305717 

ASUNTO:       Peticion n0 768/2000* 

Muy señor mío: 

Tengo el honor de comunicarle que la Comisión de Peticiones examinó su petición el 26 de marzo de 2001 y consideró las cuestiones que usted plantea relativas a la discriminación de la lengua castellana respecto a la lengua gallega, admisibles de conformidad con el Reglamento del Parlamento Europeo, es decir, que su objeto incide en el ámbito de actividades de la Unión Europea. 

La Comisión de Peticiones ha iniciado el examen de su petición y ha decidido, a tal efecto, pedir a la Comisión Europea que adopte una postura sobre los diferentes aspectos del problema. La Comisión de Peticiones proseguirá el examen de su petición a partir del momento en que disponga de la información requerida.

 No dejaré de mantenerle informado del curso del examen de su peticlon. 

Le saluda atentamente, Nino GEMELLI, Presidente de la Comisión de Peticiones 

Gallego, Rey, Arzallus, Ibarreche y Mayor Oreja
Luis María ANSON La Razón 31 Mayo 2001

de la Real Academia Española

Desde hace muchos años, Gallego y Rey han soleado en sus viñetas la conciencia nacional. Los dos humoristas, los dos dibujantes, son tan sagaces que se merecerían estar en LA RAZÓN, junto al malvado Caín y los cándidos abeles Reboredo y Sañudo con abuelas desalmadas.
   Ayer, en dos viñetas publicadas en el querido colega «El Mundo», Gallego y Rey se cachondeaban delicadamente de los sarcasmos del País Vasco. En la puerta principal de Ajuria Enea, Arzallus recibe sonriente a un encapuchado de Eta; en el dibujo contiguo, Ibarreche, militroncho, espera en la puerta de servicio del palacete a un Mayor Oreja contrito y barbibajo. Un diez para los dos humoristas.

   El PNV ganó las elecciones gracias, en gran parte, a la dictadura del miedo. Perdió en las ciudades de más de 30.000 habitantes y sabe que el órdago soberanista no está maduro. Necesitan los nacionalistas cuatro años más, tal vez ocho, para incorporar a las nuevas promociones de las ikastolas, para incrementar el número de funcionarios, para crear más empresas públicas, para multiplicar subvenciones, comisiones y prebendas, para tener a sueldo, directa o indirectamente, a la mayoría del electorado. Para convertirse, en fin, en el PRI vasco. Mientras tanto, hay que seguir engañando a los pardillos del PP y del PSOE. Gallego y Rey han dado una lección a los asesores de Aznar al clavar su lápiz en el hígado de la situación política. No se puede dibujar ni más claro ni más alto. ¿Qué tíos!

Ámbito de acuerdo
Editorial El País 31 Mayo 2001

Concluida la ronda de contactos con los partidos vascos con representación parlamentaria, Ibarretxe sigue sin desvelar qué iniciativas se propone desplegar para recomponer la unidad democrática contra ETA y en defensa de la libertad de los ciudadanos perseguidos por causa de sus ideas. Ayer dijo que antes es necesario recuperar la confianza entre los partidos y sus representantes, abriendo un periodo de distensión. La oposición ha estado receptiva a su llamamiento, aunque sin dejar de pedirle que dé ejemplo acallando las voces que en su propio partido se empeñan en avivar el enfrentamiento.

Los ciudadanos han decidido (por un margen de 24.000 votos, el 1,7% de los emitidos) otorgar a Ibarretxe la responsabilidad de encabezar las iniciativas necesarias para acabar con la coacción terrorista. Cuando se sabe que ETA considera a los concejales de los partidos no nacionalistas 'objetivos legítimos a eliminar' y que, de seguir las cosas como están, es probable que esos partidos no puedan presentar candidaturas en muchos municipios, combatir a ETA es un imperativo democrático ineludible. Para hacerlo, Ibarretxe tiene la oportunidad de usar no sólo la fuerza de sus votos, sino la del 90% del electorado que ha votado contra ETA.

Lo primero es formar Gobierno. Que IU se integre o no en él tiene un interés relativo. Lo fundamental será comprobar cómo utiliza Ibarretxe la autoridad que le han otorgado las urnas para ganar un margen de autonomía respecto a las direcciones de los partidos que le apoyan. Ese margen será una garantía para cualquier intento de asociar a la oposición al objetivo compartido de derrotar a ETA. Tanto el PP como el PSOE han dicho que para ello no es necesario crear un nuevo marco, que ya existe el Parlamento. Es una opinión discutible. El Parlamento es el espacio del diálogo, pero también del disenso: de la confrontación entre Gobierno y oposición. Por lo demás, EH no puede ser excluido del Parlamento y de lo que se trata precisamente es de establecer un marco unitario de los demócratas que actualice el antiguo consenso respecto a la forma de acabar con ETA sin pagar un precio político y que juegue un papel de orientación de la opinión pública (contra su desmoralización) similar al que tuvo en su día el Pacto de Ajuria Enea.

Los contenidos del acuerdo serían hoy diferentes, seguramente, pero no en el sentido que parecen temer socialistas y populares. Al revés: tendría que incorporar la experiencia del fracaso de Lizarra; es decir, de un ensayo por llevar hasta sus últimas consecuencias la lógica del planteamiento de paz por concesiones políticas. Aunque todavía no lo haya racionalizado, el PNV ha experimentado ese fracaso en sus propias carnes. Que, tras el asesinato del director gerente de El Diario Vasco, el portavoz del Gobierno de Vitoria dijera claramente que la prioridad era tratar de detener a los terroristas y ponerlos a disposición de la justicia es un cambio considerable que confirma que las elecciones sí eran necesarias para desbloquear la situación y permitir al nacionalismo cambiar de orientación. Es decir, para acabar de romper, por vía de hecho, con Lizarra, condición, a su vez, para recomponer la unidad democrática.

Las pistas evidentes
Por Enrique de Diego Libertad Digital 31 Mayo 2001

Lea:
La conspiración, 1 y
La conspiración, 2

La vieja parábola del lobo y el pastor cabe ser aducida para denunciar la existencia –ahora sí– de una conspiración. No las hubo con anterioridad, pues no cabe interpretar como tal la limpia confluencia de criterios comunes en un objetivo democrático. Pero la conspiración en marcha trata de romper la Constitución y desmembrar España sin parar en mientes en el efecto dominó que establece el contenido imperialista que entrañan los programas máximos de nuestros nacionalismos periféricos: Navarra, amén de departamentos franceses, en el caso vasco; Comunidad Valenciana y Baleares en el catalán, sin olvidar la existencia de un nacionalismo gallego, y otros, menos virulentos, aragoneses y mallorquines.

La primera norma de todo análisis en política es que nada se produce por casualidad, como por arte de birlibirloque, sino que los sucesos se concatenan en líneas de acción-reacción y causa-efecto. No es, por tanto, casualidad que en plenas vísperas electorales, en medio de acusaciones de Arzalluz contra la “Brunete mediática”, se haya producido un pacto por el que el grupo Prisa pase a gestionar la publicidad de Euzkaltelebista y Deia. No es el primer negocio que tal grupo hace con el gobierno vasco y el PNV, puesto que la Editorial Santillana –auténtico portaaviones y buque insignia– es el principal proveedor de libros de texto del sistema educativo vasco. En ese sentido, el grupo Prisa no es una empresa “española” sino una multinacional, cuyo negocio puede sustentarse en cualesquiera de los escenarios posibles.

Las consecuencias de ese pacto han sido ya manifiestas. Durante el último tramo electoral, se dio especial cobertura al nacionalismo. Juan Luis Cebrián fue el pionero agresor a los movimientos ciudadanos pidiendo la desmovilización de los intelectuales, adelantándose en la forma y en el fondo a Arzalluz y Anasagasti.

Junto con Jesús de Polanco y Xabier Arzalluz, la tercera pata de la conspiración es Felipe González. El nexo de unión de los tres es el odio a José María Aznar. Más fuerte el resentimiento en González que el mínimo de responsabilidad nacional exigible a un expresidente del Gobierno o mejor una España rota que popular. Aquello de ya dije que con Aznar esto sería un desastre.

La confluencia de las tres influencias tiene un objetivo ya conseguido: domeñar al partido socialista, resquebrajar sus últimos resortes nacionales (la España de las autonomías es una España federal y los nacionalistas no son federalistas, son independentistas) y poner en entredicho, aquí y ahora, el último dique para la convivencia plural: la Constitución. Es evidente hasta qué punto José Luis Rodríguez Zapatero se ha doblegado a esa estrategia. Considerar a Zapatero un líder es un voluntarismo similar a considerar que Ibarretxe puede desarrollar un discurso autónomo lejos de la tutela de Sabin Etxea. Cuando Zapatero dice que la Constitución no es un dogma está diciendo que no lo es España, que no lo es su unidad, que pare el acceso al poder está dispuesto a los pactos contra natura, en sentido pleno, que ya se han experimentado en las diversas autonomías donde el PSOE es una confederación de partidos, una CEDA de izquierdas.

La conspiración precisa una tregua de Eta, que dispare el síndrome de Estocolmo, y sobre todo desalojar al PP de La Moncloa con un gobierno minoritario del PSOE sostenido por los partidos nacionalistas para conseguir la independencia. Con eso Xabier Arzalluz pasaría a la historia, no como el mediocre intoxicador sino como el padre de la patria; Jesús de Polanco lavaría sus complejos de culpa franquistas sin dejar de aumentar sus dividendos y el encanecido Felipe González podría, en su mezquindad, comerse el plato todavía demasiado caliente de su venganza junto con sus “amigos nacionalistas”.

«De lo políticamente correcto»
Cartas al director ABC 31 Mayo 2001

Así debería llamarse el programa de ETB 2, el mal llamado «Políticamente incorrecto». Digo esto por lo siguiente: el pasado miércoles 23 de mayo me llamaron del citado programa para invitarme a participar en él el lunes 28, ya que iban a tratar el tema de las víctimas del terrorismo.

Me dijeron que compartiríamos plató María Isabel Lasa, Cristina Sagarzazu, Rosa Rodero y yo. Yo contesté inmediatamente que no me parecía proporcional esta presencia de víctimas. ¿Por qué? Porque, mal que les pese a algunos, hace ya algún tiempo que las víctimas del terrorismo decidimos asociarnos para, entre otras cosas, tener voz propia en nuestra sociedad. Ninguna de las tres víctimas nombradas pertenece a ningún colectivo y, sin embargo, tienen algo en común que les distingue de aquellas que están asociadas: su coincidencia con la actitud del nacionalismo gobernante hacia las propias víctimas y la defensa a ultranza del diálogo sin condiciones como solución al «conflicto vasco».

Estas personas tienen derecho a opinar en la televisión pública vasca, pero los responsables del programa en cuestión deberían saber que el Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco (COVITE), que agrupa a más de 300 familias vascas, la AVT y la Asociación Andaluza de Víctimas del Terrorismo representan el sentir y la opinión del 90 por ciento de las víctimas del terrorismo en España, mientras que las víctimas invitadas se representan a sí mismas.

Al transmitirle todo esto a la responsable del programa, ella me ofreció la posibilidad de que yo buscara otras víctimas que estuvieran dispuestas a participar. Pensé lógicamente en algunos de mis compañeros de COVITE y le pedí la tarde del miércoles para realizar los contactos. Quedó en llamarme al día siguiente por la mañana. Pues bien, todavía estoy esperando esa llamada.

Sin embargo, el programa se emitió la noche del lunes con las víctimas que ellos ya habían elegido.

Es por ello por lo que les sugiero que cambien el nombre de su programa, ya que, en este caso (y por lo que me cuentan la semana anterior también con el tema de los GAL), sólo se escuchó lo políticamente correcto, es decir, lo que el nacionalismo gobernante desea oír.

En este caso palabras bonitas sin contenido real, como la palabra diálogo insistentemente repetida esa noche. Como si el diálogo fuese sólo patrimonio de algunos y no de la inmensa mayoría de los vascos que no hemos hecho otra cosa siempre. Que yo sepa, los únicos que niegan el diálogo son los que asesinan por la espalda.

Les recuerdo, por si acaso, que a mi hermano también se le daba muy bien lo de dialogar, pero que ahora ya no se le oye desde hace seis años. Espero, sin embargo, que se nos siga oyendo a mí y a otros muchos que piensan como yo, aunque los medios de comunicación públicos vascos nos lo pongan difícil.  

Consuelo Ordóñez Fenollar.
San Sebastián.

Convergencia de dos fracasos
IGNACIO SOTELO El País 31 Mayo 2001

Ignacio Sotelo es catedrático excedente de la Universidad de Berlín.

Muchos pensábamos que el 13 de mayo sería un punto de inflexión en el País Vasco. Para el independentismo vinculado a la violencia las elecciones significaban nada menos que 'el nacimiento de una nación libre'; para los directamente amenazados y los muchos más que sólo se libran con el silencio o el disimulo, la esperanza de recobrar la libertad. A las seis de la tarde de un domingo soleado, el Paseo de la Concha, lleno a rebosar -San Sebastián salta a la calle en cuanto luce el sol- presentaba un aspecto apacible y felizmente festivo. Pocos carteles electorales y el paseante que prestase la oreja a las conversaciones de su alrededor comprobaría que ninguna aludía al acontecimiento del día. Por la mañana, había pasado dos horas en un colegio electoral de Rentería. Los ciudadanos acudían a votar sin la menor tensión y nada delataba que fuesen conscientes de lo mucho que estaba en juego. En una cafetería de Hernani, desplegando el periódico de manera ostensible, el forastero lee con atención Gara. Nadie hace un gesto de extrañeza o de simpatía; nadie aprovecha la señal para entablar una conversación. Sólo cuando habla por teléfono con amigos y conocidos detecta una preocupación enorme. Pero es un grupo muy particular de universitarios, eclesiásticos y empresarios que no corrige la impresión de que la gente en la calle, por miedo o por desidia, probablemente por ambas cosas, se mantiene al margen, como si los atentados y actos de violencia callejera no les concerniese.

El asesinato del concejal Blanco había provocado un rechazo social de tal envergadura que el PNV tuvo que reconocer que si en el pasado el terrorismo pudiera haberles favorecido, estaba claro que constituía ya sin remisión el peor enemigo de su proyecto, tanto a corto plazo, para conservar el Gobierno, como a la larga en vista a conseguir la independencia. A su vez, los sectores no nacionalistas, que se mantienen constantes con más del 40% del electorado, albergaron por fin la esperanza de un Gobierno sin el PNV. Después de 20 años de dominio nacionalista, no sólo la alternancia era un imperativo democrático elemental, sino que un Gobierno no nacionalista intensificaría la lucha antiterrorista -se coordinarían mejor las policías del Estado con la autonómica; habría mayor voluntad de acabar con la lucha callejera- a la vez que cesaría la financiación pública de los sectores sociales vinculados al independentismo violento. En efecto, la experiencia de estos 20 años contradecía el supuesto, hasta hace poco ampliamente compartido, de que un grado alto de autonomía, gestionada por el nacionalismo moderado, frenaba al nacionalismo violento. Lo contrario había ocurrido: más bien le servía de caldo de cultivo.

La respuesta del PNV al 'espíritu de Ermua' fue el pacto de Estella. Consiste en que los independentistas violentos dejen de matar a cambio de que los demócratas independentistas se unan al esfuerzo común de la 'construcción nacional'. El cambio cualitativo que introduce es que el proceso de negociación se realizará 'en unas condiciones de ausencia permanente de todas las expresiones de violencia del conflicto'. El pacto dejaba claro que el fin de las negociaciones, hechas sin recurrir a la violencia, no era la independencia, sino la paz, es decir, un escenario abierto en el que los ciudadanos vascos podrían plantear democráticamente cualquier cuestión, desde la reforma de la Constitución y del Estado a la independencia.

El PNV asumió altos riesgos con este pacto: salía de la ambigüedad y se colocaba claramente en el campo independentista, sin saber el coste electoral que ello traería consigo; y lo más grave, quedaba a la merced de que los violentos respetasen el pacto, es decir, se integrasen en las instituciones o tratasen de crear otras nuevas, pero en ningún caso volvieran a la violencia. La paz se conseguía al precio de iniciar una vía, que se presentaba larga, aunque factible, hacia la soberanía.

ETA volvió a matar y el pacto quedó en agua de borrajas. El PNV había arriesgado mucho por conseguir la paz, pero de nuevo se desplazaba a un futuro tan lejano como incierto, dejando, además, al Gobierno en manos de los violentos. El fracaso no podía ser más rotundo. Y, sin embargo, por haberse arriesgado hasta ese punto por la paz, el PNV, 'presidido por una de las cabezas mejor puestas de que dispone la política española' -escribía para escándalo general en este mismo periódico el 1 de febrero de 2000- no tenía nada de que arrepentirse. Había que sortear el temporal, a la espera de que amainase, para convocar elecciones que, naturalmente, exigía de inmediato la oposición no nacionalista. El fracaso del PNV, al no lograr que ETA abandonase las armas, pese a haberse encaminado por la senda de la soberanía, reforzaba la probabilidad de un cambio en el País Vasco.

El 13 de mayo asistimos al fracaso de este intento. El electorado, a la vez que afirma su identidad, poco propicio a dejarse gobernar desde Madrid, recompensa al PNV sus esfuerzos por la paz ahora, sin temer la posible independencia de mañana. Queda, en cambio, descorazonado ese 2% de la población amenazada de muerte. Para las posibles víctimas, o los familiares de los ya asesinados, es muy duro reconocer que se vive en una sociedad en la que la mayor parte de la gente mira para otro lado, como si los atentados ocurrieran en Chechenia. Y lo mismo que desde los supuestos nacionalistas, que luego confirma la voluntad mayoritaria del electorado, el PNV tuvo razón, aunque luego fracasara, con el Pacto de Estella, también ahora hay que gritar muy alto que se tenía que haber abordado la operación inversa, un Gobierno no nacionalista que abriese una nueva etapa en la lucha antiterrorista. Del fallo de este primer intento serio de alternancia, no hay que sacar la conclusión, alegando el prejuicio de que en el País Vasco no se podría gobernar sin el PNV, que haya sido erróneo intentarlo, o que no se pueda ganar dentro de 4 años.

En la hora de la derrota, hay que congratularse del grupo de intelectuales vascos, Fernando Savater, Jon Juaristi, Aurelio Arteta y tantos más, que cumpliendo con el primer deber del oficio, dar la cara por la libertad, se han jugado la vida, lamentablemente no en un sentido figurado, dejándose además jirones de la piel, al no poder hacer en el fragor de la batalla las matizaciones pertinentes, también obligación del intelectual verdadero. En el momento del fracaso, hay que felicitar a Mayor Oreja, no sólo porque haya arriesgado tanto en el envite, sino sobre todo porque permanece en su puesto, sin replegarse a los cuarteles de invierno. El posible triunfo de su candidatura depende de la política del día a día que lleve a cabo en su tierra. Si abandonase, podrían desmoronarse compañeros de partido y electores.

La grandeza de un estadista se muestra, no sólo en la capacidad de encajar las derrotas, aguantando con perseverancia la larga travesía del desierto, sino también en la disposición de retirarse a tiempo. Después de haber presidido el mayor triunfo electoral de la historia de su partido, Arzallus debe cumplir lo antes posible el relevo anunciado: no cabe mejor ocasión para marcharse que después de una gran victoria.

En el 13 de mayo convergen las enseñanzas de dos reveses. El PNV sabe que no existe, al menos por ahora, la posibilidad de pactar con ETA una tregua indefinida, aunque le escueza todavía el que por haber negociado -también lo hizo Felipe González en Argel y lo tendrán que hacer los futuros gobiernos- se le haya acusado de complicidad con la violencia etarra. Acabar con la violencia es la prioridad compartida. A su vez los partidos no nacionalistas han aprendido que hay que diferenciar nítidamente entre la lucha antiterrorista y la crítica del nacionalismo y que propugnar la independencia de Euskadi podrá no gustarnos a muchos, pero es un objetivo que, perseguido por los canales democráticos, hemos de respetar todos los demócratas. En democracia, no hay temas tabú, ni ordenamientos jurídicos que estén por encima de la voluntad libre de los pueblos. De la doble derrota, aunque ETA siga matando -nadie espera milagros a este respecto- salen reforzados la lucha antiterrorista y el derecho democrático a la independencia. Algún día quedará claro la conexión que existe entre ambos.

Del pragmatismo
JOSEP RAMONEDA El País 31 Mayo 2001.

'Sé realista: no digas la verdad'. Podría ser el primer mandamiento del hombre pragmático. O, por lo menos, así lo entendió Stanislaw Jerzy Lec, el mejor aforista del siglo XX según Reich-Ranicki. El pragmatismo es una ideología transversal porque es la filosofía espontánea de todos los que tienen poder. Incluso podría establecerse alguna ley de proporcionalidad entre el volumen del poder del que se dispone -ya sea político, civil o militar- y el grado de adhesión al pragmatismo ideológico. Porque la eclosión del hombre pragmático se alcanza en aquel momento en que el poder y la ambición sitúan al ciudadano en un lugar real o mental tal que la política y la moral, la eficiencia y la ética le parecen conflictos definitivamente superados. A lo sumo, si es demócrata, acepta una limitación: la ley. Lo que le permite olvidar que la ley señala lo que es legalmente aceptable, pero no le exime de responsabilidad moral.

'No digas la verdad', aconseja Lec al buen realista. El cumplimiento del programa de máximos del pragmatismo pasa por la ocultación. ¿La ocultación de qué? De todas aquellas cosas que rompen la armonía del mejor de los mundos posibles, es decir, la ficción sobre la que el pragmatismo reina y construye su legitimidad. Milan Kundera diría que lo que el pragmatismo oculta es simplemente la mierda y la política se hace kitsch. En realidad, lo que siempre trata de ocultar el pragmatismo son las víctimas, a las que a menudo se acaba convirtiendo en culpables, porque han cometido el desatino de ensombrecer el paisaje, ya sea poniéndose a tiro del verdugo, ya sea cayéndose del tren de la sociedad competitiva.

En los últimos días ha habido dos ejemplos clamorosos de la incomodidad que las víctimas provocan en los pragmáticos. Iñaki Anasagasti arremetió contra las asociaciones de víctimas del terrorismo, pidiendo la desactivación y el desarme de estas organizaciones. Sin duda es miserable, como ya se ha dicho, humillar a las víctimas. Pero no es nuevo: hay mil ejemplos en la historia en que se culpabiliza a las víctimas como si se les recriminara no haberse sometido a los verdugos. Es decir, haber alterado el orden de lo patrio. Anasagasti pide a las víctimas que se retiren para no estropear la arcádica imagen de Euskadi que vende el PNV. El pragmatismo a veces es ciego. ¿O es que Anasagasti no ve a los verdugos? Desgraciadamente no tardarán en ponerle nuevas víctimas a la vista. ¿Seguirá pidiendo que se las esconda?

Lejos de España, José María Aznar se sumaba a las lecciones de pragmatismo cotidiano. Aznar tiene el raro honor de ser el único líder europeo que nunca afeó a Putin la masacre de Chechenia. Lo hizo, por supuesto, en nombre del realismo político, porque la misión de un gobernante es estar bien con todo el mundo. Por el bien de España, por supuesto. Aznar ni siquiera recurrió la cláusula de compromiso de hacer una apelación a los derechos humanos en su discurso, como hace el Rey cuando pisa territorios oscuros. El problema del pragmático es que siempre se puede encontrar atrapado por alguien más pragmático todavía. Putin no se cortó: Chechenia y el País Vasco son lo mismo. De este modo, los lazos con Aznar se hacían inquebrantables. Del pragmático Aznar no salió ni un reproche. Se había olvidado de las víctimas, las chechenas, por supuesto, para no emborronarle la página a Putin. Y la amnesia le hizo olvidar también al País Vasco. En defensa del pragmatismo de los poderosos, algunos denuncian con razón la tendencia espontánea al 'ballet moral', para seguir con Kundera, que tenemos a menudo los que escribimos, muy dados a poner la ética al servicio de nuestros narcisismos. Se puede aceptar como advertencia, pero no como legitimación de quienes desde el pragmatismo niegan relevancia política a los juicios morales. Porque hay un territorio que es el de la moral real, donde cada cual asume sus compromisos, que sólo puede construirse sobre la renuncia al eufemismo y sobre el rechazo a ocultar las víctimas. Este territorio es el espacio del debate político, por lo menos en las sociedades democráticas que todavía no han sido arrastradas por el pragmatismo hacia la irrecuperable enfermedad de la indiferencia.

Amnistía Internacional denuncia los crímenes de ETA y la «escalada» de violencia callejera
La organización acusa a la banda de desoír todos los llamamientos al fin de la violencia Considera que la ‘kale borroka’ sólo busca «crear un ambiente de intimidación y miedo»
F. APEZTEGUIA VITORIA El Correo 31 Mayo 2001

Amnistía Internacional volvió a expresar ayer su «suma preocupación» por los «numerosos atentados contra los derechos humanos» cometidos por la banda terrorista ETA. Lo hizo a través de su ex presidente en España, Andrés Krakenberger, quien se ocupó de presentar en Vitoria el ‘Informe Anual 2000’ de esta organización. El trabajo, dado a conocer de manera simultánea en varios países, denuncia de manera expresa «todo lo relativo a los crímenes que comete ETA» y la «escalada» en Euskadi «de violencia callejera destinada a crear un ambiente de intimidación y miedo».

La de ayer no fue la primera ocasión en que Amnistía Internacional denuncia el terrorismo etarra. El pasado mes de marzo, el director de la sección española de AI, Esteban Beltrán, reclamó un mayor «activismo» de la sociedad contra los crímenes de la banda. Unos meses antes, en octubre, la organización había pedido a afiliados y simpatizantes de 57 países que remitieran cartas a la banda para pedir el cese de los atentados y de la violencia callejera. Desde entonces, los terroristas de ETA han sumado diez muertos más a los 21 registrados desde el final de la tregua y varios atentados frustrados.

Sin respuesta
Esteban Beltrán, que presentó en Madrid este mismo documento, comentó el resultado de la iniciativa postal, según informa Arantza Prádanos. Beltrán dijo que la banda ha hecho «oídos sordos» al bombardeo pacífico de cartas impulsado por la organización humanitaria para reclamar el cese de la violencia etarra.

Las misivas fueron dirigidas a las tres personas designadas por la organización como posibles interlocutores para un eventual diálogo con el Gobierno. Ninguno de los tres respondió. Ni Javier Arizkuren, ‘Kantauri’, preso en Francia; ni José Antonio López Ruiz, ‘Kubati’, encarcelado en España; ni el parlamentario vasco y ex dirigente etarra José Antonio Urrutikoetxea, ‘Josu Ternera’. «No, no ha habido ninguna respuesta», confirmó Beltrán. «En España -argumentó su explicación- han seguido los abusos terribles a los derechos humanos por parte de ETA».

Su compañero Krakenberger ahondó en este asunto. El ex dirigente de AI recordó que a lo largo del último año la organización criminal «se embarcó en una nueva campaña de violencia en la que dio muerte a 23 personas en diversas zonas de España». El documento recuerda que la mayoría de los fallecidos fueron civiles, «que murieron abatidos a tiros o como consecuencia de la explosión de coches bomba» y que muchas otras personas, «incluidos niños, resultaron heridas».

El informe constata asimismo un incremento de los «actos de violencia callejera por parte de grupos cercanos a ETA». Subraya que la ‘kale borroka’ se cebó en la comisión de «incendios provocados, ataques con explosivos y amenazas de muerte».

El problema se llama terrorismo
Por Ignacio Villa Libertad Digital
31 Mayo 2001
 
Después de las primeras semanas de silencio, José María Aznar ha comenzado a exteriorizar su análisis personal de la situación. El PP asimila los resultados de las últimas elecciones vascas y poco a poco va rehaciendo el mensaje que había mantenido durante la campaña electoral. Este cambio, lo ha confirmado Aznar en Canadá en un encuentro informal con la presa. El presidente del Gobierno, ciertamente, ha puesto el dedo en la llaga: la lucha contra el terrorismo es la clave de la cuestión.

En la medida en que el gobierno de Ibarretxe se implique en esta lucha antiterrorista, desde el PP del País Vasco se está dispuesto a aumentar la colaboración con el Gobierno vasco. Incluso Aznar ha llegado a utilizar el concepto “apoyar” al Gobierno vasco. Un mensaje bien diferente al escuchado en los dos últimos años.

Con este anuncio de Aznar, se intuye el comienzo de una etapa nueva de relaciones, siempre y cuando desde el PNV se mantengan las anunciadas, que se concretan en el desmarque claro de EH. En todo caso, estamos donde estábamos. Lo difícil no es que el presidente del Gobierno diga lo que ha dicho, lo complicado es que Ibarretxe, detrás de las palabras de buena voluntad y de cambio de actitud, lleve a cabo una transformación real, una forma de actuar diferente en la que existen dos normas intocables: reconocer que el terrorismo es un problema de la sociedad vasca que hay que solucionar, y tomar las medidas necesarias para que todos los vascos, nacionalistas y no nacionalistas, se sientan protegidos por el gobierno de Vitoria.

No es bueno que sigan existiendo dos sociedades: los que pueden pasear por la calle y los que llevan escolta. Y para que no sea sí, Ibarretxe tendrá que gobernar con talante democrático, huyendo de los apoyos y de las presiones de los cómplices de ETA.

Ciertamente, para que la maquinaria de la normalizacion comienxce a funcikinar en el pasi vasco, todo pasa por ibarrtexe: la lucha contra el terrorismo será la piedra de toque. Si eso se reconoce todo será más fácil, para todos. Estaremos volviendo al principio de la rzón. Luego ya vendrá lo demás.

Québec no es el modelo
Por Ignacio Villa Libertad Digital  31 Mayo 2001

El viaje oficial de José María Aznar a Canadá tenía, y tiene, un referente político de fondo: Québec. Se trata de un intento de independencia por las vías democráticas y que, a la hora de la verdad, siempre ha terminado con el “no” de los ciudadanos. El llamado modelo “quebequés” ha sido utilizado por los nacionalistas vascos y catalanes como un ejemplo de reivindicación de sus objetivos.

Pero lo cierto es que el esquema de Québec no se puede aplicar en España y hacerlo es ignorar la historia, el presente y la realidad de cada día. En esta ocasión, José María Aznar, aunque con cierta moderación, sí ha afrontado la cuestión. Con la lección bien aprendida después de su segunda visita a Moscú, el Presidente del Gobierno ha llevado a Ottawa un mensaje concreto. Aznar ha alabado la capacidad de Canadá por saber compatibilizar la unidad y la pluralidad, con una idea importante: todos los canadienses han sabido trabajar por una idea común.

El mensaje de Aznar tiene ida y vuelta. Es un claro recordatorio a vascos y catalanes: que su posible especificidad, su cierta autonomía real e histórica, no significa olvidarse del resto de España, no significa dejar de lado el futuro de todo el Estado. Tener personalidad propia no significa ignorar a los demás.

Pero, en fin, también hay algo que marca la diferencia, una triste diferencia: es el terrorismo en el País Vasco. Un problema serio, duro y complicado. Y que además ha tenido un agravante. El Gobierno del País Vasco, sostenido por el PNV y EA, teóricos reivindicadores de la soberanía, ha pactado durante dos años con los cómplices del terrorismo. Una actitud que, aunque parece que ahora está cambiando, resta credibilidad a las buenas intenciones del PNV. Los propios nacionalistas han sido, en ese sentido, quienes han roto el espejo de Québec con su ambigüedad. El espejo en el que se miraban ya no les sirve. El modelo Québec ya no es el modelo. Para nosotros, el modelo está escrito en el Estatuto y en la Constitución. Y tiene una autonomía y una personalidad más que suficientes para cubrir los afanes del nacionalismo. No hay que buscar nada fuera. La solución la tenemos en casa y pasa por la moderación y el respeto a las instituciones.

El día después de las elecciones vascas
Benjamín García Sanz es profesor de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid La Razón  31 Mayo 2001

Y a se han hecho muchas interpretaciones de las elecciones recientes en el País Vasco. Está todavía por conocer la composición interna del voto de cada partido y las demandas concretas de los electores, pero hay ya unas cuantas reflexiones o lecturas que se pueden hacer.

 Independientemente de otras consideraciones, a las que aludiré más adelante, parece que los vascos han apostado por la convivencia pacífica y por una defensa a ultranza de la libertad. Por la convivencia pacífica, porque éste era uno de los puntos en los que reiteradamente se ha insistido en la campaña, tanto por parte de los nacionalistas, como por el llamado bloque constitucionalista. Los nacionalistas se han desmarcado claramente de las tesis de los violentos, Eta y EH, y han insistido en que quieren la paz, aunque esto no suponga renunciar a sus ideas; y para los constitucionalistas porque éste era, también, uno de los objetivos básicos, si llegaban a alcanzar una mayoría suficiente para gobernar. 

Sería un error histórico y una falta total de responsabilidad política no atender a este ruego que ha sido avalado por más del 80 por ciento de los votantes. El PNV ha insistido que él por experiencia, por conocimientos y por voluntad, era el partido más preparado para gestionar estos intereses, y para ello ha pedido el voto; por el contrario, los constitucionalistas, han intentado deslegitimar al PNV para llevar a cabo esta tarea, por la larga experiencia que ya ha tenido de gobierno, y no ha sido capaz de erradicar el problema de la violencia callejera. Se podrá discutir si el electorado ha acertado o no en su decisión, pero la apuesta está clara y es al PNV al que corresponde enfrentarse con este reto, el reto de la pacificación, frente a las continuas amenazas de Eta y sus satélites. Está todavía en el aire quien o quiénes van a ser los implicados en este intento; desde luego, según la lógica electoral, debería ser el PNV y a lo sumo Izquierda Unida, que ha sido la única fuerza política que no ha cuestionado las tesis del PNV y, en parte, se ha solidarizado con él; pero parece que no deberían estar en el futuro gobierno ni el PSE ni, por supuesto, el PP. Estos dos partidos deberían seguir representando a la oposición, y velar por que se lleven a cabo los compromisos electorales de la pacificación.


   Un segundo compromiso es la apuesta por la libertad. No es normal que en el País Vasco haya todavía personas que no pueden salir con libertad a la calle, y que para ejercer su profesión tengan que ir rodeados de una fuerte protección policial. Este es también un reto al que se comprometía el grupo constitucionalista y al que también ha hecho referencia de forma reiterada el PNV. Sería un rotundo fracaso de la política y de los políticos si la vida de la gente no está garantizada, y si los violentos no encuentran una respuesta rápida y eficaz a sus desmanes. El PNV sabrá cómo va a canalizar su estrategia, pero mientras haya personas amenazadas, personas que no pueden salir a la calle sin escolta, personas que son extorsionadas o aniquiladas por disentir de las tesis nacionalistas, personas que no pueden ejercer con normalidad sus compromisos políticos, sociales o laborales, se entenderá que su política está fracasando. El PNV tiene la obligación de gestionar la paz y la libertad en el País Vasco, pero no mirando para otro lado, como ha hecho frecuentemente, sino en el marco de la Constitución y del Estatuto. Si se le ocurre otra estrategia u otra alternativa la deberá plantear, pero siempre en el marco de las Instituciones democráticas y con el máximo respeto a la legalidad.


   También los vascos parece que han querido decir que optan por la independencia. El PNV ha tenido todo el derecho del mundo a incluir en su programa la independencia, y los vascos han podido aceptar o rechazar esta propuesta. Así como los dos primeros puntos, la gestión de la paz y la apuesta por la libertad, son puntos en los que todos los partidos, excepto EH, parecen haber coincidido, no así en el planteamiento de la independencia y su gestión. El PNV está legitimado para decir que quiere ser un País independiente, y de hecho lo va a plantear porque esta propuesta estaba incluida en su programa; esto es totalmente democrático y nadie se puede rasgar las vestiduras; pero hay dos observaciones que quiero hacer; la primera, que proponer la independencia es simplemente iniciar un proceso, que nadie sabe cómo se va a desarrollar y mucho menos cómo va a concluir; desde luego el proceso deberá atenerse estrictamente a lo que marca la legalidad, aunque sea haciendo una interpretación amplia de la misma; y la segunda observación es que está por ver si la totalidad de los votantes del PNV, o sólo una parte de ellos, suscribe las tesis propuestas por este partido. 

Desde luego, todo da a entender que en este punto no existe unanimidad, como en los puntos anteriores, y que las tesis que plantea el Sr. Arzallus no se identifican con las defendidas por otros dirigentes políticos y probablemente tampoco por las bases. Hay ciertos elementos de irracionalidad, política, económica y social, en el planteamiento de la independencia, que tarde o temprano serán percibidos por los electores. 

Si la independencia no se plantea, quedará siempre como un problema que subyace sin resolver en el subconsciente de la cultura y de la mentalidad vasca; y si se plantea obligará a cada uno a decantar y clarificar sus posiciones y sus intereses. En democracia todo es planteable con tal de que se respeten y se guarden las reglas del juego. Esperamos que en este punto los políticos estén a la altura de las circunstancias y se planteen el problema con la responsabilidad que requiere el hecho. Si esto se hace en un contexto de paz y de libertad no hay nada que temer; otra cosa muy diferente sería hacerlo bajo amenazas de muerte o de extorsión. Sería, en último término, un chantaje al electorado.

Deber de memoria
JOSEBA ARREGI El Correo  31 Mayo 2001

Parece que va habiendo cierto acuerdo entre los comentaristas políticos acerca del resultado de las elecciones vascas: su significado depende de la gestión de la victoria por parte de PNV-EA, y de la gestión de la sensación de derrota por no haber alcanzado la meta autoimpuesta por parte especialmente del Partido Popular. Tiempo habrá, pues, para comentar el resultado de estas elecciones acompañando la gestión que de él se vaya haciendo, tratando de descifrar el significado de esa gestión para el conjunto de la sociedad vasca.

Pero antes es preciso recordar un deber ineludible, cumplir con un deber que, a mí por lo menos, se me presenta como tal. Y es preciso cumplir con ese deber con sumo respeto y con gran precaución. Incluso casi con miedo. Se trata del deber de recordar a los muertos, a las víctimas. Porque están ahí. Porque siguen estando ahí. Porque no han desaparecido, ni deben desaparecer de la memoria de la sociedad vasca.

Es preciso cumplir con este deber ineludible, pero sabiendo que no es fácil hacerlos presentes. Sabiendo que no es fácil recordarlos y darles la palabra, que no es fácil permitir que sean memoria viva, manteniendo el poder que merece la muerte, y más la muerte violenta con intención política, pero sin caer en la manipulación y en el abuso, ni tampoco escondiéndolos. Sin banalizar su significado, ni tampoco creando un escenario en el que existir sí existen, pero habiéndoseles hurtado todo significado y simbolismo para la política concreta, para el futuro de la sociedad vasca.

Porque es verdad que se ha pretendido demasiadas veces hacer una utilización demasiado directa de las víctimas, porque es verdad que se han querido extraer consecuencias de política partidaria directa de las víctimas. Pero porque también es verdad que muchos de ellos defendían, con diferencias, una determinada forma de ver, sentir, imaginar y vivir la sociedad vasca, Euskadi, y porque es verdad que otros pertenecían a instituciones que defienden los marcos jurídico-institucionales que posibilitan la libertad de profesar esa vivencias y esos sentimientos.

Después de haber sido víctimas de ETA, de su totalitarismo y de su aprovechamiento de un sentimiento nacionalista radical; después de haber sido víctimas de una utilización política demasiado directa, poco pudorosa, demasiado partidaria, no sería bueno que ahora fueran víctimas de la necesidad de buena conciencia de muchos ciudadanos vascos. Buena conciencia sin la cual, reconozco, nos es difícil vivir a la mayoría de las personas.

No sería muy congruente que quienes no hemos tenido reparo alguno en decir que la violencia es manifestación de un conflicto político, que quienes hemos defendido el derecho a dotar de significación política al terrorismo, ahora pasemos a negar significación política a las víctimas, pasemos a hurtarles cualquier significado político a las víctimas y a su memoria, escondiéndonos en que ha existido una utilización partidaria demasiado directa y poco diferenciada.

Porque, aunque sea cierto que los asesinados no tienen por qué avalar necesariamente una opción política partidaria, no es menos cierto que su memoria y el significado de su memoria no pueden quedar excluidos de la forma y de la definición institucional que asuma la sociedad de la que formaban parte los muertos, que lo son precisamente a causa de la violencia que quería eliminar esa forma determinada de institucionalización democrática que ellos defendían legítimamente.

Sería bastante grave que no hayamos sido capaces de hacer política ‘etsi ETA non daretur’, es decir, como si ETA no existiera, sin tener en cuenta sus exigencias y sus planteamientos, sin que ETA nos marcara la agenda política; pero que ahora fuéramos capaces de hacer política profunda, la que afecta a la forma institucional de la sociedad vasca ‘etsi mortui non darentur’, como si los muertos no existieran, como si su memoria no tuviera significado para la forma institucional que debe asumir la sociedad vasca.

Es verdad que el olvido es necesario en la vida humana, en la individual y en la vida social también. Es verdad, ya lo dijo Renan, que todas las naciones se construyen sobre algún olvido, y que ese olvido está referido siempre a acciones violentas. Pero también es verdad, como dice Jean François Lyotard, que el verdadero problema del holocausto, esa aberración contra la Humanidad a la que llega la Europa civilizada en el siglo XX, radica en que a las víctimas se les termina hurtando el lenguaje que les permite elevar su queja, se les termina hurtando su significación para el conjunto de la sociedad, se les termina condenando al silencio.

El olvido sobre el que se constituyen las naciones y las sociedades sólo es asumible si adquiere la forma de olvido institucionalizado, de rito institucionalizado: aquel en el que se oculta la violencia fundacional para hacerla sin embargo presente como fecundidad de la institución que constituye una sociedad ordenada y libre de violencia, una sociedad capaz de garantizar la seguridad y la libertad, como muy bien lo analiza René Girard.

Podemos olvidar a las víctimas, no en el ámbito personal y familiar, sino como sociedad sólo si su memoria está institucionalizada como semilla de libertad. Es cierto que de esta reflexión se pueden extraer distintas y plurales consecuencias prácticas a la hora de hacer política en la sociedad vasca. Pero también es cierto que, con la memoria viva de las víctimas, no es posible cualquier forma de institucionalización de la sociedad vasca; también es cierto que algunas formas de institucionalización son incompatibles con la memoria de los muertos: aquellas que implicarían negarlos en su significado político de libertad, en su exigencia de poder ver, sentir, vivir, imaginar y definir la sociedad vasca también desde una perspectiva no nacionalista, desde la perspectiva de la pertenencia a varios ámbitos de pertenencia y de decisión.

En cualquier caso vaya mi recuerdo, también en estos momentos, a todas las víctimas del terror, a todos los concejales y representantes políticos del PP y del PSE-PSOE, a los representantes empresariales y empresarios asesinados o sometidos a amenazas por defender la negativa al chantaje de ETA, a los ya casi olvidados ingenieros de Iberduero, a todas las demás víctimas de ETA y a todos los que fueron asesinados por representar la voluntad de la sociedad de defender la democracia en sus instituciones concretas y reales.

Por algo sobra balza
Lorenzo CONTRERAS La Razón  31 Mayo 2001

Lo primero que Jaime Mayor ha hecho en su entrevista postelectoral con Ibarreche ha sido exigirle, que no pedirle, anteponer a cualquier otra preocupación de Gobierno la necesidad de acabar o ir acabando con Eta. No hay urgencia ni prioridad más acuciante. En el caso del derrotado candidato a «lehendakari» esa actitud es una autojustificación de toda su campaña. La aceptación de la victoria del candidato nacionalista no tenía por qué implicar ningún tipo de arrepentimiento. 

Admitir que el rival ha ganado es una simple obviedad. No siempre gana el mejor, lo cual no significa que Mayor Oreja fuese el candidato o aspirante más idóneo. Pero la consecuencia de la obviedad es que se abre una etapa de colaboración forzosa o forzada por circunstancias que no hace falta precisar. Ahora bien, la colaboración está sujeta a una serie de condiciones, la principal de las cuales es que la calle vasca sea del Gobierno de Vitoria y no de la «kale borroka», que la Ertzaintza sea una verdadera policía, que el ciudadano no nacionalista o «non grato» al mundo «abertzale» pueda vivir tranquilo con sus ideas, sin temer por su vida. En fin, cosas elementales que en el País Vasco dejaron de ser elementales, y ello a la vista de una sociedad que, a pesar de todo, ampara con un voto suficiente a la fuerza política que contribuyó con sus inhibiciones culpables a que fuese posible tan impresentable situación.

   La teoría de cómo fue esto así y no de otra manera, sin castigo para la fuerza política responsable de haber omitido sus deberes, ha sido desplegada con gran aparato de argumentos falaces. Resultaría de ello que los perdedores pagaron con la derrota sus excesos, el principal de todos haber intentado ser alternativa de poder frente a un sistema de intereses consolidados. Esa era la gran cuestión. La reclamación de las libertades perdidas ¬si es que alguna vez las hubo en Euskadi¬ era asunto menor, como el de la paz, para los nacionalistas interpelados.

   Pero he aquí que los asuntos menores acaban imponiéndose porque esa sociedad vasca que no castigó a la Administración vuelta de espaldas al drama fundamental, sí ha herido políticamente a Euskal Herritarrok, o sea, le ha enviado a Eta un mensaje que se vuelve precisamente contra el PNV y sus socios. Y entonces ocurre que, a la hora de recomponer el Gobierno de Vitoria, empieza por sobrar nada menos que Javier Balza, el consejero de Interior entregado a una larga vacación como jefe del orden público. Y encima se cuestiona a Joseba Eguibar, el portavoz del PNV, que es como cuestionar, sin decirlo, al mismísimo Javier Arzallus. En otras palabras, los vencedores descubren que los grandes censurados por los «constitucionalistas» no merecían otra cosa. Y están sobrando también para ellos mismos, repentinamente dotados de visión o capacidad de descubrir con sus propios ojos lo que otros ojos vituperados, y derrotados, habían ya identificado.

Análisis del terrorismo
Antonio GARCÍA TREVIJANO La Razón  31 Mayo 2001

Dada la irracionalidad de las reacciones que provocan los atentados terroríficos, y dado que las puertas de la mente sólo se abren desde dentro, me he abstenido de analizar el fenómeno terrorista. Intentar someterlo al examen de la razón no sólo era inútil, sino peligroso. Corría el riesgo de que hacer entender al terror, a fin de combartirlo en el único terreno donde puede ser derrotado, sería para los energúmenos de los sentimientos adueñados de los medios, y la mentalidad incultísima de los gobiernos, una «comprensión» justificativa o disculpatoria del crimen. Si no explicaba el fenómeno por sus causas, tampoco me sumaría al coro de la impotencia condenándolo por sus efectos. No cabía hacerme ilusiones con una opinión enloquecida que pedía a la jerarquía eclesiástica una condena moral del asesinato, a los políticos un rosario de insultos a los asesinos, y a la sociedad civil, la víctima, unas imponentes manifestaciones de clemencia al verdugo. ¿Qué atinado se vería con tal espectáculo de masas hinojosas ante el poder que ellas le daban! Emprendo ahora el análisis del fenómeno porque las puertas de la mente de LA RAZÓN, con el viento de la desilusión electoral, se han abierto desde dentro.

   Los análisis de la policía, por la propia naturaleza de su función, nunca sobrepasan el terreno de la táctica. Y se sabe que no hay táctica eficaz sin estrategia inteligente. Para afrontar adversidades complejas, y la del terrorismo lo es en sumo grado, la visión a largo plazo resulta el más corto camino.

   El error de los Gobiernos consiste en no someter la táctica inmediata, que llegó a ser aberrante en el caso criminal de Felipe González, a una estrategia de fines políticos de gran calado cultural donde la disolución del fenómeno terrorista comande la eficacia a corto plazo de la acción policial y judicial contra los agentes de lo terrífico.

   Carezco de información responsable sobre los métodos actuales de la policía para poder enjuiciarlos con solvencia. Pero me basta la que tengo sobre los modos judiciales de atajar las instrucciones penales, sobre eso tan borroso que se llama «entorno» de Eta, para saber que, contra, su finalidad, la propia Audiencia Nacional se está convirtiendo, con el desequilibrado Garzón, en escuela de fomento del «animus» terrorífico.

   Nada parece haber cambiado en los factores que determinaron los resultados electorales en el País Vasco. Sin embargo, aunque se condicionen mutuamente, no son inconmovibles por separado. El factor nacionalista, confirmado en su posición, no tiene por qué cambiar ante la permanencia en sus posiciones del factor Aznar y del factor terrorífico.

   Eta es la invariable que se integra en una ecuación que todos definen erróneamente como problema vasco. Esta confusión bloquea la salida y lleva al disparate de anclar el terrorismo en el nacionalismo. Aznar se ha dejado llevar por Arzallus cuando, sin saber que es imposible, dice perseguir los mismos fines de Eta, pero de modo pacífico.

   Si lo que dice Arzallus fuera posible sería imposible que la iniciativa política dejara de estar en manos del terrorismo. Que no son sólo las de Eta. Pues el terrorismo, y es mi punto de partida en su análisis, realiza una conjunción social de carácter estable en la relación que establece entre acción terrorífica, concebida en un mundo político cerrado, y reacción de rechazo en una sociedad abierta a intereses distintos de los políticos.

   Eta selecciona y concreta las primeras. Los medios de comunicación animan y dimensionan las segundas. Los gobiernos de la opinión, o sea, los gobiernos sin opinión, se guían por los sentimientos instintivos de las masas.

   Y no toman medidas inspiradas en la estrategia requerida para la disolución del terror en una nueva situación original que no desprecie al sentimiento nacionalista.
 

Periodistas en la mira de Eta
Reporteros Sin Fronteras presenta hoy ante la Unión Europea un informe en el que denuncia la persecución a la Prensa y recuerda que cien informadores llevan escolta
Hace un año, Periodistas Sin Fronteras (RSF) elaboró un informe sobre el País Vasco en el que concluía que las condiciones del trabajo periodístico en esta comunidad eran «insostenibles», sometidos los profesionales de la información a la amenaza de Eta y su entorno, y viéndose más de un centenar de ellos en la obligación de protegerse con escolta. El asesinato la pasada semana del director financiero del «El Diario Vasco» confirma la triste vigencia del estudio, que apunta no sólo a Eta y su entorno como responsables de la situación, sino también a algunos políticos nacionalistas.
R. L. V. - Madrid.- La Razón  31 Mayo 2001

Cada año, decenas de conflictos armados diseminados por todo el mundo acaban con la vida de cientos de periodistas cuyo único error no es otro que estar en el lugar y en el momento equivocados cumpliendo con su trabajo: informar. En España no hay guerras, al menos concebidas en el sentido más clásico de la palabra, y, sin embargo, no por ello deja de haber profesionales de la información que pierden la vida asesinados en acciones criminales de Eta o que no pueden desempeñar su trabajo en libertad, como ha quedado demostrado en los últimos meses.

   En una sociedad desarrollada y democrática como la española, aún se siguen produciendo situaciones tercermundistas y sonrojantes, como que una asociación como Periodistas Sin Fronteras (RSF) se vea en la obligación de elaborar un informe, titulado «Los periodistas, en la mira de Eta», sobre las condiciones en las que trabajan los periodistas en el País Vasco, donde, según esta organización, un centenar de ellos viven con protección oficial o privada, y otra decena más ha tenido que «exiliarse» de esta comunidad, empujados por la presión de los terroristas de la banda.

Espiral de ataques
El estudio fue realizado entre mayo y junio del año pasado, pero las últimas acciones de la banda contra el responsable financiero de «El Diario Vasco», Santiago Oleaga, y contra el delegado de «Cambio 16» en tierras vascas, Gorka Landaburu, le conceden una triste y plena vigencia.

   Las conclusiones del informe son demoledoras y dicen muy poco a favor de la libertad de expresión: «Las condiciones del trabajo periodístico en el País Vasco se han hecho insostenibles, y esa situación se extiende a muchos profesionales del resto de España, sometidos a la amenaza de Eta y su entorno. Autocensura, inhibición, silencio, exilio, son tentaciones que rondan por las cabezas de muchos periodistas, temerosos de ser víctimas del terrorismo o la violencia. Ser señalados como enemigos de la construcción nacional vasca o figurar en listas negras puede preceder a un atentado. Uno ya ha sido asesinado, dos casi, y se teme que la espiral de violencia no haya concluido». En efecto, no lo ha hecho, y el estudio, que desnuda las contradicciones políticas y sociales de una sociedad como la vasca, acusa directamente a Eta y su entorno de ser los principales responsables de la confección de esas «listas negras» de enemigos del Movimiento de Liberación Nacional Vasco. «El denominador común entre los amenazados es que sus informaciones y opiniones son consideradas contrarias a la voluntad del pueblo vasco y a la construcción nacional », dice el informe. «La organización juvenil Jarrai pegó carteles en las principales ciudades vascas con nombres de periodistas y medios siervos del Estado . Más tarde, la Policía francesa interceptó a la etarra Julia Moreno Mancuso una lista de periodistas y comentaristas que figuraban entre los objetivos de Eta», concluye.

   En este contexto de listas negras, «auspiciadas también por algunos medios de comunicación» como «Ardi Beltza», el informe subraya que no es extraño el temor de algunos profesionales. Como si de un macabro presagio de lo que sucedió el jueves de la semana pasada se tratase, un periodista de «El Correo» afirmaba que se sentía «más amenazado tras haber sufrido atentados, mientras antes sólo era víctima de los cócteles». Otros, de RNE, «sufren a veces amenazas individuales, pero, según dicen, no las manifiestan por temor ni piden salir del País Vasco, mientras que algunos de Madrid no quieren ir allí».

   Pero no sólo en Eta encuentra RSF a los responsable de esta peligrosa situación. La asociación se hace eco también de los ataques sistemáticos que desde algunos sectores nacionalistas se hace contra los periodistas considerándolos parte activa del «conflicto» vasco y colocándolos en la diana terrorista. «Algunos dirigentes del nacionalismo ¬dice¬, tanto radical como moderado, acuñan contra la Prensa españolista acusaciones de violencia mediática y de formar una Brunete mediática contra las ideas nacionalistas. El jefe de Prensa de EH acusa a la prensa de Madrid de manipular la información. Arzallus califica a El Correo de beligerante ».

   Ante tanta sinrazón, RSF pedía a los nacionalistas que dejasen de considerar a los periodistas como «parte de un conflicto del que no son más que testigos»; a las autoridades, más protección para los amenazados; y a los periodistas, que siguiesen cumpliendo con su deber. Los profesionales de la información no han dejado de hacerlo; las autoridades han tratado, en la medida de lo posible, de cumplir con su compromiso de protección. Pero los nacionalistas, a juzgar por las palabras con las que Arzallus cerró la campaña el pasado 12 de mayo, no se dan por aludidos.

Las vueltas y revueltas del castellano
AUGUSTO ZAMORA R. El Mundo  31 Mayo 2001

Para quienes, desde la otra orilla, tenemos el castellano (para nosotros español, sin más problema) como lengua materna y, al tiempo, pertenecemos a sociedades multiétnicas y plurilingües, las vehementes discusiones en España sobre el ser y no ser del castellano nos suenan a discurso de desocupados. A tema para animar tertulias a falta de mejores contenidos. Tal es el debate sobre si el castellano fue impuesto o no, o si fue o no lengua compañera del imperio, polémica cargada de sentimientos con sabor a ajuste de cuentas.

Conviene por ello recordar que el llamado Nuevo Mundo surgió de circunstancias dramáticas. La conquista española arrasó imperios, destruyó culturas. Se impuso con violencia inusitada sobre sociedades inermes ante la superior tecnología militar. Sobre las ruinas de los subyugados se formaron nuevas sociedades, a las que se agregó la negritud arrancada de Africa. El periodo duró 300 años, que fueron de crisol de razas, pueblos y culturas, con la religión católica y el idioma español como pilares. De ellos surgieron 18 estados (19 con Puerto Rico) que hicieron del español su lengua oficial. No hubo necesidad de avisar degüellos para que se expandiera de forma natural, sin que nadie pusiera en duda su carácter de lengua común de los países hispanoamericanos.

Las poblaciones indígenas mantuvieron sus lenguas propias, combinándolas con el español, con una particularidad sangrante: eran lenguas discriminadas por los gobiernos de criollos y mestizos. Habrían de pasar casi 500 años para que se empezara a hacer justicia a los pobladores originarios del continente. Primero en Paraguay, que oficializó el guaraní y se hizo bilingüe. Luego siguieron otros países. No desembocaron injusticias y discriminaciones contra las lenguas y culturas nativas en movimientos antihispánicos. La lucha se centraba en lograr el reconocimiento del plurilingüismo y la multiculturalidad como partes insoslayables de las realidades nacionales.

No planteaban los indígenas derribar el edificio construido en torno al tronco hispano ni afectar los cimientos de los estados, sino justicia para sus lenguas, culturas y particularidades. En la costa caribe de Nicaragua, en un espacio no mayor de 30.000 kilómetros cuadrados, conviven indígenas miskitos, sumos y ramas con mestizos (descendientes de españoles e indígenas) y creoles (negros de habla inglesa).

Miskitos y creoles se alzaron en armas contra el Gobierno sandinista por sentir que, desde Managua, se quería arrancarles su cultura y tradiciones. En Guatemala, por 40 años, los gobiernos ultraderechistas de mestizos y blancos impusieron el último genocidio contra el pueblo maya, disfrazado de lucha contra el comunismo. En Chiapas, los indios tomaron las armas contra la explotación y el olvido. En Ecuador, en los pasados años, levantamientos indígenas derribaron a dos presidentes. En Bolivia los indios se movilizan contra las políticas que quieren destruir los cultivos de coca, su casi única fuente de supervivencia.

Son levantamientos de contenido eminentemente social y económico, imbuidos de una sed centenaria de justicia para las culturas oprimidas. En Nicaragua, la aprobación del Estatuto de Autonomía para la región caribe, en 1984, permitió pacificar la región. En Guatemala, los acuerdos de paz de 1995 reconocían, al fin, el hecho indígena. En ningún caso la población indígena confundió los papeles. Aceptaban al Estado nacional, del que se sentían parte, y hacían de la convivencia pacífica un denominador común esencial. La práctica totalidad de constituciones hispanoamericanas reconoce los derechos esenciales de sus pueblos indígenas, partiendo de la realidad del español como lengua común.

El victimismo del que suelen hacer gala algunas comunidades en España contrasta con la actitud sensata de los indígenas y otras minorías en Latinoamérica. Ese contraste se hace tanto mayor si comparamos la magnitud de los agravios. Nada en común tienen el sufrimiento de los indígenas en México, Bolivia o Guatemala con lo que dicen haber sufrido el País Vasco o Cataluña. Si se siguieran los parámetros de victimismo de estas comunidades, indios y negros hispanoamericanos deberían incendiar países, dinamitar estructuras y exigir la creación de estados nacionales propios, pues poseen lenguas y culturas milenarias discriminadas por siglos de opresión y olvido (cuando no de exterminio) y un presente de pobreza y desempleo. Nada más alejado de la realidad americana.

En una iglesia morava (luteranismo alemán), en la comunidad indígena de Rama Cay, en el Caribe nicaragüense, el pastor canta una canción en inglés creole y otra en español. Reza una oración en creole y otra en español, que sus fieles corean con estremecedora naturalidad. La gente vive, convive, se relaciona y mezcla en medio de una tolerancia sin fisuras. Dentro de su pobreza y humildad, muestran más sentido común y calidad humana que aquellos que, tal vez indigestos de bienestar, se desgastan en discusiones bizantinas sobre agravios históricos, presuntos o reales, cuando no promueven una absurda persecución solapada del castellano, por considerarla «lengua del opresor».

¿Cómo deberían verlo mayas, quechuas o negros? Nada expresa mejor la comunión hispanoamericana con el idioma español que la actitud de los emigrantes en Estados Unidos. La riada de desheredados que a diario cruza la frontera desde México está protagonizando una revolución tan silenciosa como irreversible. Tras décadas de tiranías militares y como efecto colateral del expolio dirigido por el FMI, so pretexto de sanear las economías, millones de latinoamericanos han emigrado al imperio.

Contrariamente a lo ocurrido con otros grupos nacionales, que se diluyeron en el crisol norteamericano, la emigración latinoamericana llegaba con su lengua y su cultura. A pesar de las humillaciones y maltratos, defiende su ethos y ha asumido el calificativo de hispano o latino como identificación. No por descender de españoles, pues la inmensa mayoría son mestizos, mulatos e indios, sino por sentirse parte de una cultura tejida en torno al idioma español, que ama y defiende con pasión desprovista de odios o sectarismos.

Vanas han sido las campañas teñidas de xenofobia, el english only, las leyes castigando el español o los esfuerzos por detener el flujo migratorio. Los hispanos llegaron y, con ellos, su lengua y su cultura. EEUU se hará, pese a quienes sostienen la supremacía de los wasp (blancos, anglosajones y protestantes), un país bilingüe. De hecho, varios estados ya lo son.

Ningún tributo mayor a esta realidad que haber visto a los candidatos demócrata y republicano, Al Gore y George Bush, chapurreando el español para ganar los votos de la mayor minoría del país. O ver al ya presidente Bush leyendo discursos semanales en la lengua de Cervantes y Quevedo, la misma que vivificó Rubén Darío y que escritores como Neruda o García Márquez han elevado a cimas gloriosas. Una lengua que resiste con éxito la expansión del inglés y que se da el lujo de ser segunda lengua en el seno del mayor imperio angloparlante.

Lo hispano, en EEUU, ya no es mote despectivo, sinónimo de inferioridad. Es realidad viva, que asciende con fuerza a las cimas del poder político, económico, social y cultural y que apenas empieza. Porque la masa migratoria sostiene y está sostenida por su acervo cultural hispánico, amplio, fuerte y prolífico. Ya no necesitan las actrices cambiarse el nombre, como debió hacer Margarita Cansino, conocida como Rita Hayworth. Los wasp ya no ven inútil hablar español ni tienen como vergonzoso casarse con hispanos o reconocer su afición a la música salsa, al chile o al Cartero de Pablo Neruda.

Mientras Latinoamérica se amplía y lleva la lengua española a territorio de EEUU, España se encoge. Personas que quieren pasar como ilustrados del siglo XXI se desgastan en discusiones enraizadas en el XIX, con pasión digna de mejores causas. No cabe poner en duda el derecho de quienes tienen una lengua materna distinta a hablarla y preservarla, como se hablan y preservan en los países latinoamericanos las otras lenguas. Lo que se ve absurdo es consumirse en temas que, vistos desde perspectivas menos obcecadas, deberían entenderse superados por los últimos desarrollos históricos, internos e internacionales.

Resulta paradójico que el castellano, lengua que hablan 400 millones de personas en el mundo, sea objeto de tantas incertidumbres en su solar natal, situación que debilita el papel que puede y debe jugar España como tierra madre de un idioma universal. ¿Puede un país que se presenta incapaz de resolver el papel de la lengua castellana en su propio patio aspirar a liderar su defensa en el más inhóspito ámbito internacional? ¿Cómo conciliar la discriminación del castellano en ciertas comunidades con proclamas de proximidad a una región que tiene en el castellano una seña esencial de identidad? ¿Cómo predicar tolerancia desde la intolerancia lingüística y étnica a países mestizos y plurales?

Contra lo que puede creerse del hecho de compartir un idioma común, poco se sabe de las sociedades latinoamericanas en España. Podría no ser mala idea organizar viajes para políticos e ideólogos. Invitarles a vivir la síntesis caribeña, conocer las comunidades indígenas y negras. Hacerles partícipes de ese mundo de tolerancia y mixtura que puede ser espejo de lo que será en un futuro la humanidad. O invitar a pastores moravos, dirigentes indígenas, emigrantes en EEUU, a que les hablen, desde su humildad y pobreza, de la fuerza de nuestro acervo cultural, del valor y la necesidad de defender el idioma común, la común cultura. Que tomen ejemplo de la convivencia pacífica y respetuosa entre etnias y pueblos de orígenes tan disímiles, americano, europeo y africano, en países tan pequeños como los ribereños del mar Caribe. Del sinsentido de desgastarse magnificando diferencias o agravios que, comparados con lo pasados y presentes de Latinoamérica, son tan insignificantes que no ameritarían un debate. Menos todavía un muerto.

Por eso sorprende, desde la otra orilla, la polémica recurrente sobre el ser y no ser del castellano. La realidad o no de España. No es el pasado lo que debería ocupar tanto desvelo. Es el futuro. El idioma español en el mundo, en Internet, en su relación con el inglés. Hacerlo desde la satisfacción de pertenecer a una cultura que, superando rencores por hechos pasados, debe ser asumida como patrimonio de toda España, como se ha asumido en Hispanoamérica. Lengua y cultura enriquecida por su mixtura con las culturas indígenas y africanas. Sostenida hoy por los descendientes de indios derrotados, esclavos africanos, mestizos y criollos. Lengua y cultura ya no sólo española. Hispanoamericana. Sin mayores problemas.

Augusto Zamora R. es profesor de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Madrid.

El "spanglish" es un invento de laboratorio previo al bilingüismo, según la RAE
La mezcla del español y el inglés conocida como "spanglish" no puede considerarse un idioma sino un "invento de laboratorio" previo al bilingüismo, aseguró este miércoles el presidente de la Real Academia de la Lengua Española (RAE), Víctor García de la Concha, en la capital mexicana.
EFE Libertad Digital  31 Mayo 2001

García de la Concha y el director del Instituto Cervantes, Jon Juaristi, presentarán este miércoles en Ciudad de México el II Congreso Internacional de la Lengua Española, que se celebrará entre los días 16 y 19 de octubre en Valladolid (España).

En opinión de García de la Concha, el “spanglish” nace cuando un hispanohablante intenta hablar inglés pero no lo domina y “lo trufa con otros términos”hasta que aprende a expresarse con soltura y se convierte en bilingüe. Decir que se está creando una lengua híbrida que se llama 'spanglish' es una falsedad sociológica", agregó García de la Concha, convencido de que, en cualquier caso, esta supuesta deformación del idioma constituye un problema para el inglés y no para el castellano.

En cuanto a la polémica surgida en torno a la homogeneidad de la ortografía castellana, el presidente de la RAE consideró que el beneficio de una ortografía única para todo el mundo hispanohablante “es tan formidable que ponerlo en riesgo con experimentos de laboratorio no compensa para nada”.

Según García de la Concha “la ortografía de la RAE lo que ha hecho es conjugar el criterio básico de tipo fonético, es decir, a cada sonido una letra, con el etimológico, lo que origina algunas desigualdades como es el caso de la “h”, que no se pronuncia, o la alternativa “b” o “v”, que ahora ya está neutralizada”.

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