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Recortes de Prensa     Viernes 1 Junio   2001
#Desactivar la dignidad
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo 1 Junio 2001

#Mucho ruido pero las mismas nueces
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 1 Junio 2001

#La insolidaridad del PNV con las víctimas vuelve a hacerse patente
Impresiones El Mundo 1 Junio 2001

#Los periodistas se movilizan
Editorial La Razón 1 Junio 2001

#Adiós, Lizarra, adiós
XAVIER VIDAL-FOLCH El País 1 Junio 2001

#Cómo fue la expansión del castellano
Francisco RODRÍGUEZ ADRADOS ABC 1 Junio 2001

#Univisión lanzará un nuevo canal para el público hispánico en EE UU
ROSA TOWNSEND | Miami El País 1 Junio 2001

Desactivar la dignidad
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo 1 Junio 2001

Sin duda guiado por el propósito de desarme verbal, enunciado por destacados dirigentes de su partido, Iñaki Anasagasti ha propuesto «desactivar» a las organizaciones que trabajan en apoyo de las víctimas del terrorismo y, mientras eso llega, les ha acusado de cobrar de ‘fondos de reptiles’. Menos mal que la propuesta no era de rearme. No sé, a estas alturas del curso, todos tenemos claro que el grupo terrorista ETA estará preparando su próximo asesinato; queda por saber el lugar, la hora y el número de víctimas que causará, pero mientras eso llega -deseo que nunca- tenemos derecho a pedir a Iñaki Anasagasti que nos explique cuál será su reacción después del próximo crimen, qué palabras hilvanará, con qué gesto las acompañará en el caso de que la eventual víctima esté, más o menos, en los aledaños de los por él tan sañudamente denunciados. Quizá haga como en el reciente atentado contra el director financiero de ‘El Diario Vasco’, Santiago Oleaga, víctima que encontró el nada reconfortante análisis, por parte del presidente del PNV, en el que éste exponía su perplejidad porque el asesinado no tenía nada que ver con la por Arzalluz tildada de «prensa manipuladora». Lo cual, análisis sintáctico en mano, parece abrir la puerta a una posible justificación del asesinato en el caso de que la víctima hubiera sido un integrante de la llamada prensa manipuladora, previamente denunciada y que sigue siendo asaeteada incluso después del crimen de Santiago Oleaga. Estamos esperando todavía a que Anasagasti aporte las pruebas -muy contundentes tienen que ser a juzgar por la acusación- de tan repugnantes difamaciones lanzadas, entre otros, contra ¡Basta ya! Pero mientras llegan, si es que llegan, queda claro el deseo del portavoz del PNV en el Congreso de los Diputados de borrar del mapa a las asociaciones que trabajan con las víctimas.

Dice en su contra que surgen como setas; hombre, como setas no, Iñaki, surgen al ritmo que impone el sangrante actuar de ETA. Por ejemplo, si ETA no hubiera asesinado a Miguel Ángel Blanco, no hubiera surgido una fundación con ese nombre; si ETA no hubiera asesinado a Gregorio Ordoñez, no hubiera surgido la fundación que lleva el nombre de esta víctima, y así. Ya sabemos que a Anasagasti le sobran las víctimas, seres políticamente incorrectos que vienen a importunar el festín maravilloso del paraíso nacionalista, pero claro, como Anasagasti no sabe o no puede acabar con las víctimas, quiere acabar con su memoria, con las consecuencias políticas, vitales, anímicas que acarrea semejante plan de exterminio puesto en práctica por los victimarios que quieren la independencia a golpe de sangre.

En ese afán demoledor, que no pone desde luego Anasagasti en atacar a las múltiples asociaciones que en el País Vasco apoyan a los criminales, el dirigente del PNV no repara en cosas obvias; por ejemplo, un país en el que se mata, una tierra en la que se extorsiona, un territorio en el que se vive escoltado o se mantienen las opiniones dentro, debe dar lugar, más pronto que tarde, a una reacción ciudadana que se subleve contra ese estado de cosas. Sí, hombre, es como en tiempos de la dictadura de Franco: no había libertades y había gente que luchábamos para conseguirlas; estaban prohibidos los partidos y luchábamos por su legalización; había indignidad, exilio, y luchábamos por recuperar una vida digna. El paralelismo sigue porque en tiempos de Franco nos pensábamos que éramos más de los que en realidad éramos los que arriesgábamos algo por la libertad. Ahora ocurre algo semejante, hay una porción de gente que arriesga, incluso su vida, por mantener la dignidad y hay gente que no arriesga nada y encima se dedica a afear la conducta de las posibles víctimas o de las víctimas realmente existentes, de sus familiares y de quienes les apoyamos, todos ellos dispuestos a importunar el festín, al parecer. Contra Franco no éramos tantos y contra ETA, tampoco. Con Franco había gente que vivía divinamente y con ETA también. Mientras siga habiendo víctimas del terrorismo, seguirá habiendo asociaciones que luchen por ellas. Mientras siga habiendo falta de libertades, seguirá habiendo colectivos cívicos que las reclamen. Mientras siga habiendo ciudadanos de primera y residentes de segunda, habrá gente que empeñe su vida en luchar por la igualdad, se ponga como se ponga Anasagasti.

Mucho ruido pero las mismas nueces
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 1 Junio 2001

Toda la palabrería, todas las especulaciones, todos los buenos deseos sobre la conversión a la democracia del PNV se han estrellado a las primeras de cambio con la dura realidad. En Bilbao, nada menos que en Bilbao, donde los partidos españoles han obtenido más votos que PNV y EA, el alcalde del PNV, Iñaki Azcuna, gracias a los votos proetarras y al concejal-escoba Gorordo, ha impedido que las víctimas del terrorismo reciban el homenaje póstumo de la medalla de oro de la Villa. Y eso que Azkuna es el bueno, el moderado y el dialogante del PNV. Si llega a ser el malo, al portavoz del PP Basagoiti y al del PSOE Dimas Sañudo los manda detener por desórdenes y alboroto público. Habrá que ver y leer las explicaciones de los cebrianes y tussellones. Seguramente dirán que ante semejante provocación, los pobres nacionalistas no podían hacer otra cosa.

El asunto no es baladí, ni tampoco simbólico, sino absolutamente real. Es la primera vez que el PP y el PSOE toman una iniciativa conjunta en defensa de las víctimas del terrorismo después del 13 de Mayo. Ya se ve que si para ellos no ha cambiado ni puede cambiar lo sustancial de la vida política vasca, que es la lucha antiterrorista en defensa de su vida y su libertad, tampoco el PNV ha cambiado en lo sustancial. Para Azkuna no plantea ningún problema moral votar junto al brazo político de ETA en contra de una inciativa del PP y del PSOE en favor de las víctimas del terrorismo. Y ese es el argumento de fondo, al lado del cual los argumentos de Azkuna sobre que esto de dar medallas es "complicado" y que no pueden condecorar a todos por si le toca a Melitón Manzanas son excusas de mal pagador.

Mientras para el PNV lo complicado no sea votar junto a los representantes del terrorismo etarra, todo seguirá siendo dramáticamente simple. Nada habrá cambiado: mucho ruido, mucho frufrú dialogante de Ibarretxe, pero, al final, nos tropezamos con las mismas nueces. Arrancadas por los mismos y del mismo árbol. Como lección de horticultura no está mal. Como escarmiento político, tampoco.
PNV y EH rechazan en Bilbao condecorar a las víctimas de ETA

La insolidaridad del PNV con las víctimas vuelve a hacerse patente
Impresiones El Mundo 1 Junio 2001

El Ayuntamiento de Bilbao se disponía ayer a abordar un reconocimiento a las víctimas del terrorismo, mediante la propuesta de PP y PSOE de conceder la Medalla de Oro de la ciudad a quienes han sufrido el zarpazo de la organización terrorista. Con la insensibilidad hacia las víctimas que le caracteriza, el PNV se opuso a esa moción, voto en el que estuvo acompañado por el brazo político de los ejecutores, EH. De igual modo, los dos se opusieron ayer en Durango a que se diera a una calle el nombre de Jesús María Pedrosa, concejal del PP asesinado. No es la primera ocasión en que ambos partidos van de la mano cuando la finalidad es oponerse a que la sociedad retribuya, en la pequeña medida que es posible, su deuda con quienes han sufrido la violencia etarra en sus carnes. Ocurrió lo mismo cuando en el Ayuntamiento de Andoain (Guipúzcoa) se debatió sobre el cambio del nombre del centro cívico para que pasara a llamarse José Luis López de Lacalle, columnista de este periódico asesinado por ETA. Y cuando Anasagasti instó a las asociaciones de defensa de las víctimas a disolverse... Su posición no es nueva, pero ayer sus ecos retumbaron en el Parlamento Europeo, donde se celebró un acto denunciando la violencia de ETA contra la prensa. El presidente de Reporteros sin Fronteras, Robert Mé-

nard, acusó a Arzalluz de dar «excusas al comportamiento criminal» de los etarras y le instó a condenar «sin equívocos» los atentados contra periodistas. Esta verdad tan palmaria provocó una airada reacción del eurodiputado del PNV Josu Ortuondo, que se defendió diciendo que su partido «jamás ha estado a favor de la violencia». Al parecer, se había pactado no mencionar a ningún partido político. Pero Ménard dijo lo que pensaba porque no le atenaza ningún compromiso con nadie ni tiene que enmascarar la verdad para ser complaciente con una parte de su auditorio. 

Los periodistas se movilizan
Editorial La Razón 1 Junio 2001

La organización no gubernamental internacional Reporteros Sin Fronteras realizó ayer una denuncia formal ante el Parlamento Europeo del acoso que sufre la libertad de expresión en España por parte del terrorismo de Eta, que ha tomado a los medios de comunicación como objetivo de su estrategia de intimidación social. La denuncia es de enorme importancia, porque aunque nos resulte extraño, en los vecinos de la UE existe un enorme desconocimiento sobre la amenaza que sufren numerosos colectivos, entre los que se encuentran los periodistas. Hasta en la misma Francia se ignora que hay un centenar de informadores españoles obligados a llevar escolta; que muchos han debido dejar el País Vasco ante el inminente riesgo para sus vidas; que varios han recibido paquetes bomba o han sufrido atentados intimidatorios y, finalmente, que algunos miembros de medios de comunicación han sido heridos o asesinados por los criminales etarras.

   De ahí la relevancia del acto que llevó ayer a una delegación de Reporteros Sin Fronteras al Parlamento que preside Nicole Fontaine. Su intervención, simplemente descriptiva de la situación de angustia de los periodistas y de acoso a la libertad de expresión, pudo abrir algunos ojos ante el fenómeno terrorista en España. Movió, en efecto, a la solidaridad del Parlamento Europeo, y ello puede valer también para recordar a esta institución que, además de los periodistas de los que se trataba, hay miles de políticos, de funcionarios, de ciudadanos en general, que sufren la amenaza del terrorismo.

   En el acto, las críticas al PNV por «señalar» a los periodistas, y la exigencia de que el Gobierno vasco actúe contra Eta, causaron una disputa con Josu Ortuondo, europarlamentario nacionalista. Pero eso era previsible, porque por mucho que el partido de Arzallus se desmarque de la violencia de Eta (lo que es cierto), a nadie le pasa ya inadvertida la irresponsabilidad de determinadas alusiones que luego son utilizadas por Eta para justificar sus crímenes.

Adiós, Lizarra, adiós
XAVIER VIDAL-FOLCH El País 1 Junio 2001

Fluyen, continuos, hechos nuevos. En forma de símbolo o de compromiso, corrigen radicalmente lamentables actitudes antiguas, aunque recientes. Tres son básicos. Primero, el lehendakari en funciones, Juan José Ibarretxe, acompaña in situ a familiares y amigos de las víctimas -Gorka Landaburu, Santiago Oleaga- en sus encuentros y manifestaciones. El contraste con su distante inhibicionismo de hace un año largo, cuando asesinaron al portavoz de la oposición socialista Fernando Buesa, es abismal. Segundo, su portavoz, Josu Jon Imaz, promete solemnemente utilizar todos los medios para que la Ertzaintza encuentre a los culpables. No se recuerda nada parecido. Y tercero y principal, el compromiso de despegarse en el Parlamento del brazo político de los violentos, Euskal Herritarrok (EH), adoptado en los últimos días de la campaña electoral -en contra, no se olvide, de la opinión del presidente del PNV, Xabier Arzalluz-, se renueva casi a diario desde el 13 de mayo.

Es cierto que entreverados con estos estímulos para la esperanza persisten otros indicios para el pesimismo, en forma de declaraciones disparatadas por boca de los fundamentalistas y, ¡ay!, incluso de gentes pragmáticas y educadas como Iñaki Anasagasti: las inadmisibles, por injustificadas, acusaciones a las plataformas cívicas y a las asociaciones de víctimas del terrorismo de cobrar de las cloacas de Interior, o los ya muy diluidos e indirectos guiños a los cómplices de los violentos. No sólo duelen a todo demócrata. Perjudican al necesario proceso de reconciliación de la sociedad vasca, condición previa para la reconstrucción de la unidad del conjunto de los partidarios de la paz. E inducen a quienes más han sufrido y sufren a sospechar que nada ha cambiado. Sabotean, en suma, el intento de serenar los espíritus en que está empeñado el propio Gobierno vasco.

Pero es que en toda situación compleja coexisten, por definición, signos contradictorios. Más aún en el mundo del nacionalismo, emporio de lo ambiguo, de lo ambivalente, de lo poliédrico: de la colusión entre prácticas y retóricas no siempre coincidentes. Lo decisivo es deslindarlos, jerarquizarlos, adivinar cuáles configuran la tendencia dominante.

Por debajo de todos los hechos nuevos palpita un hilo conductor en cuanto a los protagonistas. La iniciativa política en este microcosmos del PNV pertenece a Ibarretxe. Ha tomado cuerpo político propio frente a sus debilidades iniciales, ha encarnado y capitalizado la campaña de su partido, ha abierto espitas de confianza incluso entre sus adversarios, ha afirmado la autonomía de un discurso democrático-incluyente de Gobierno frente a espasmos autoritario-xenófobo-excluyentes de algunos dirigentes de partido.

No está consolidado, se alega. Le tenderán trampas sus talibanes, le desbordarán con alianzas secretas fuera de la mesa, se augura. Pero si su iniciativa es una oportunidad para la pacificación, ¿por qué no impulsarla al máximo? Las dos caras de Jano son sólo dos máscaras del mismo personaje, como las del policía bueno y el policía malo, y antes que contradictorias, un manido truco al que recurren todos los partidos con la intención de abarcarlo todo, se objeta. Pero al final, en los hechos, siempre acaba imponiéndose un discurso, una línea.

La prudencia y el realismo aconsejan apoyar, aunque sea desde la exigencia crítica, al enfoque más adecuado, al más moderado. No es sólo cuestión de pragmatismo y de oportunidad ni mucho menos de oportunismo resignado ante una victoria que casi la mitad de la ciudadanía vasca no deseó. No. Las elecciones autonómicas han acarreado dos noticias de primera magnitud. Una, grandiosa, la estrepitosa derrota de los voceros de ETA, en beneficio no sólo del PNV, sino de todos los no violentos. Como ya ha sido destacada por tirios y troyanos, huelga detenerse en ella (aunque jamás olvidarla), salvo para recordar la necesidad de ser coherente con este dato moderantista y no con la supuesta necesidad del partido de radicalizarse para retener los votos ex radicales: los ha recibido en función de unas propuestas propias, no de las contrarias.

La otra noticia extraordinaria está pasando casi desapercibida en muchos análisis, demasiado deudores aún del desgarro vital, la fractura social y las heridas emocionales generados por la persistente violencia de los enemigos y el nivel excepcional de enfrentamiento entre adversarios registrado durante el último año y medio. Es ésta: el acuerdo de Lizarra (Estella), esto es, la impía alianza circunstancial entre el nacionalismo democrático y los voceros del terrorismo, está definitivamente enterrado. Veamos por qué.

El pacto de Estella propugnaba que el diálogo y las negociaciones se iniciasen mediante 'conversaciones multilaterales que no exijan condiciones previas': Ibarretxe ha descartado cualquier aquelarre con EH mientras este grupo mantenga su actitud de no condenar los asesinatos. El pacto de Estella equiparaba desde una imposible equidistancia al terrorismo de ETA y al uso legítimo de la fuerza por el Estado democrático al propugnar la 'ausencia permanente de todas las expresiones de violencia del conflicto', lo que constituía una legitimación indirecta de la actuación etarra: Ibarretxe ha denostado los crímenes de ETA sin ambages ni falsas compensaciones equilibradoras y con más solemnidad y prontitud que nunca.

El espíritu de Lizarra incluía otros compromisos, plasmados en los semi-acuerdos semi-firmados con semi-enmiendas entre PNV, EA y ETA del verano de 1998 que dieron paso a la tregua. Como el de 'abandonar los acuerdos que les unen a los partidos que tienen como objetivo la destrucción del País Vasco, PP y PSOE': Ibarretxe ha abandonado de hecho los pactos con EH, ha prometido no apoyarse en esta formación, y pugna por recomponer el entendimiento con los otros partidos democráticos.

O como el de 'crear una institución con una estructura única y soberana que acoja en su ser' a las tres provincias, el País Vasco francés y Navarra, lo que se tradujo en la asamblea de municipios llamada Udalbitza, una entidad regida por el ius sanguinis y excluyente de los maketos, cuya constitución suponía condicionar el cese del terrorismo a un objetivo partidista y xenófobo: el PNV ha congelado Udalbitza, ha ganado las elecciones con un programa en el que sostiene que 'no se debe condicionar el objetivo de la Paz a la imposición de un determinado proyecto político', y sin abandonar frontalmente el sueño de una gran Vasconia transfronteriza expansionista hacia Navarra, lo condiciona al respeto a 'la voluntad' de sus ciudadanos y de sus instituciones representativas.

En suma, las más recientes actitudes del lehendakari y la literalidad del programa electoral PNV-EA suponen el abandono cierto de Lizarra. Quizá no en la forma solemne que hubiera sido deseable -y casi imposible para un partido con escasa tradición autocrítica-, pero sí en la práctica y en lo que de jurídico tenga un contrato electoral.

Muchos no se fían, porque mucho ha llovido, y porque permanecen considerables dosis de cacofonía y ambigüedad en la familia nacionalista. Y alertan, inquietos, de que el mencionado programa alberga el objetivo de la autodeterminación. Preocupación nada desdeñable, tanto porque hay miles de formas, y no todas buenas, de autodeterminarse, cuanto porque el soberanismo estatal en solitario es hoy en el mundo globalizado un espejismo o una patraña, incluso para Alemania o Francia, cuando Europa construye aceleradamente una moneda, una frontera, una diplomacia y una defensa comunes. Es decir, cuando va absorbiendo los cuatro grandes atributos históricos de la soberanía de los Estados-nación.

Pero la propuesta autodeterminista, y esto es lo que importa a efectos inmediatos, se formula desde las reglas de la democracia: 'sobre la base del actual marco estatutario', reza el contrato electoral. Y apoyándose en la resolución del Parlamento autónomo de 15 de agosto de 1990, que calificaba al Estatuto de 'punto de encuentro' de la sociedad vasca; refrendaba 'la estrategia estatutaria y la profundización en el autogobierno a través del pleno y leal desarrollo de todos y cada uno de los contenidos del Estatuto'; y excluía Udalbitzas al considerar a las actuales instituciones 'y en particular al Parlamento vasco' como las 'únicas legitimadas para impulsar su ejercicio' (el de la autodeterminación). Todo ello 'de conformidad con los procedimientos establecidos al efecto', o sea, desde la legalidad democrática vigente.

Adiós, pues, Lizarra, adiós. Si todo lo anterior es cierto -admitamos que en una situación tan fluida lo sea, pero menos-, se derivan algunas conclusiones de calado político y utilidad práctica. Por ejemplo, que el PNV, aunque sea con sordina y entre el vocerío de algunos talibanes, ha regresado con toda ley, de la mano de Ibarretxe, al ámbito de los partidos democráticos, rectificando el enorme error en que incurrió al calor de la tregua. Y que esta rectificación se ha producido tanto por el horror vacui que el grueso del partido y sus dirigentes moderados sentían ante la escalada radical cuanto gracias a la presión exigente de las plataformas cívicas, las asociaciones de víctimas del terrorismo y la oposición parlamentaria. Esa presión, fraguada desde el heroísmo, e independientemente del acierto o desacierto de las recetas políticas tácticas que ha generado, no sólo ha rescatado valores morales necesarios para Euskadi, sino que ha forzado la rectificación del añejo partido nacionalista, su giro desde el contubernio limitado con el entorno de los violentos a la complicidad con los demás demócratas, ya que no el vuelco o alternancia que pretendieron.

Tienen razón quienes desde el socialismo o el conservadurismo pretenden rehacer puentes con el nacionalismo vasco clásico. Y no por pragmatismo, por resignación o por acatamiento a unos resultados electorales, sino porque sus adversarios ya han recorrido un buen trecho del que justamente se les reclamaba.

Si esto es así, quedan pendientes algunos gestos para acabar de fraguar la reconciliación social previa a la unidad democrática. Por parte del PP y del PSOE, reconsiderar, por obsoleto -ya que no se limó su redacción exorbitante-, el preámbulo del 'Acuerdo por las libertades y contra el terrorismo', concretamente el párrafo que exige al PNV y EA 'el abandono definitivo, mediante renuncia formal, del pacto de Estella y de los organismos creados por éste'. Por parte del Gobierno vasco en funciones y los partidos que le apoyan, poner toda la carne en el asador en la lucha policial contra la kale borroka y ETA para defender la seguridad y los derechos de los perseguidos, y reconocer su sacrificio y sus méritos. Ibarretxe debería ejemplarizar invitando a Ajuria-Enea a las plataformas cívicas más activas y más críticas. De forma que únicamente ETA se sienta perdedora; sus cómplices se vean aislados; se reconstruya el único frente deseable, el de los demócratas, y empecemos todos a pasar una página demasiado dramática.

Cómo fue la expansión del castellano
Por Francisco RODRÍGUEZ ADRADOS ABC 1 Junio 2001
de la Real Academia Española

LAS grandes lenguas que, nacidas quizá en un rincón, llegaron a hablarse, como oficiales o no, en amplísimas comunidades, se expandieron, fundamentalmente, por su prestigio y su utilidad. Pudo haber, en algunos casos, imposiciones legales: pero no es esto lo que trajo su aceptación general. Este es el caso del castellano (hecho luego español), del griego antiguo de época helenística, romana y bizantina (que vino de Atenas), del italiano (que vino de Florencia), del francés (que vino de la Isla de Francia). De otras grandes lenguas más.

Digo esto a propósito de las palabras del Rey en el acto de la concesión del Premio Cervantes: lo de que nadie fue obligado nunca a hablar español. Creo que, sustancialmente y con algunas matizaciones, es la verdad. Después de todo, se trataba de un discurso panegírico, no de una disertación erudita.

Algunos intelectuales catalanes, sobre todo, han recordado preceptos legales de varias fechas contrarios a su lengua (no mencionan los actuales, de Cataluña y otros lugares, hostiles al castellano). Hasta han sacado a relucir la Real Cédula de Carlos III que trataba de imponer, como lengua única, el castellano en Indias. Tratemos de ver las cosas con objetividad.

El hecho es que, desde fines de la Edad Media, en España, y desde comienzos de la Moderna, en América, el castellano estaba en proceso de expansión. Cierto que los sucesivos gobiernos veían esto como una ventaja: una lengua común resulta útil a un espacio político, cultural y económico común, aunque no tiene por qué ser exclusiva. Cierto también que a veces alguien olvidaba esto y se sentía impaciente y buscaba acelerar el proceso mediante imposiciones legislativas.

Pero creo que fueron un factor secundario, en definitiva fracasado, en la expansión del castellano.

Eran leyes y decretos que a muchos no gustaban y con la mayor frecuencia eran desatendidos. Carlos III legisló contra el Consejo de Indias, contra la resolución de Felipe II («no parece conveniente apremiarlos a que dejen su lengua natural»), contra lo que hacían tantos y tantos frailes españoles a los que se debe, precisamente, la difusión del nahua, del quechua y del guaraní como instrumentos de evangelización. El castellano se expandió, evidentemente, pero las lenguas indígenas no fueron borradas de raíz. Ni el catalán y otras lenguas de España.

Los mismos autores de las legislaciones exclusivistas se cansaban de la futilidad de su empeño. «Dejadlos, que estoy cansado», decía ya el Comendador en «Fuenteovejuna». Franco mismo fue aflojando, en sus últimos tiempos se publicaba cada vez más en catalán.

Varias lenguas españolas fueron desapareciendo desde la Edad Media, otras en la Moderna en América, pero ni el catalán, ni el gallego ni el vasco, ni otras lenguas de España ni muchas indígenas de América desaparecieron por esos intentos legislativos a favor del castellano como lengua única. Son desde el siglo XVIII (¡no antes!) y fueron imitados de nuestros vecinos los franceses. Se consideraban, en su tiempo, progresistas. Fueron intentos asistemáticos y, al final, fracasados. La tiranía legislativa, como tantas veces, era atenuada por su incumplimiento cuando pasaba el momento peligroso. Provocaron, más bien, a posteriori, reacciones adversas: ahora las padece el castellano, que cuenta hoy, en Cataluña y otros lugares, con una legislación inamistosa.

Está destinada, como aquella otra, al fracaso. En las Ramblas sigue oyéndose tanto castellano como catalán y hay terrenos en que el primero se defiende bien. Y en el País Vasco los niños obligados a hablar eúsquera en clase, hablan castellano en el recreo.

No se pueden poner puertas al campo ni puede confiarse tan ingenuamente en el éxito de las legislaciones represivas. Y menos en un terreno tan personal y tan atado, al tiempo, a realidades sociales como es la lengua. Lo demás es pintar como querer. Aunque la lengua minusvalorada sufra por un tiempo.

Cuando una lengua se expande, es por algo, es como un río que crece. Puede anegarlo todo o dejar zonas libres; en todo caso, no puede ser detenido.

El castellano, originario de «un pequeño rincón», fue vaciando por dentro y marginando al leonés y aragonés, sustituyendo al mozárabe, introduciéndose desde el siglo XIV (¡no es de ayer!) en Cataluña. El catalán dejó de ser una lengua literaria, pasó a ser, fundamentalmente, una lengua para el uso familiar, rural, local, de trabajo. En mayor medida el vasco, el gallego y el valenciano. Sí, ya sé que luego hubo, desde el novecientos, una reacción por parte de grupos intelectuales sensibles a su tierra.

¿Por qué esa expansión del castellano? En lo esencial no fue un hecho forzado (como tampoco la del griego de Platón, el italiano del Dante, el alemán de Lutero y las demás grandes lenguas comunes). Venían a buscarlo, en España y América, los que pretendían un ascenso social y cultural, la integración en una comunidad más amplia. Subir en la vida. Política, administrativamente, para toda clase de relaciones, era útil para todos. Como hoy el inglés. Su prestigio literario, su papel de lengua común de tantos y tantos en España y fuera, hacía inimaginable cualquier competencia. Hoy mismo, ¿en qué hablan entre sí los autonomistas y más que autonomistas sino en español?

El castellano, ya español de España y América, tendía a hacerse común a todos: las demás lenguas o bien se perdían o bien quedaban situadas en otros niveles diferentes.

¿La lengua del imperio? Si Vds. quieren. Pero, en lo esencial, no por la espada ni el Boletín Oficial. La base está en un fenómeno general, conocido en la Historia Lingüística, con imperio y sin él: la difusión en vastos espacios de lenguas que se convierten en comunes de los mismos, conviviendo o no, en ellos, con otras. Por su prestigio y su utilidad, en definitiva.

Atenas, que perdió la guerra contra Esparta y Macedonia, vio así difundida su lengua, por obra hasta de sus enemigos. Castilla igual; y cuando decayó en el XVIII, con toda España, no por ello perdió prestigio su lengua. Se difundió por sí misma, más que por ramalazos legales intermitentes. Venían, vienen y vendrán a buscarla, pese a dificultades transitorias.

Univisión lanzará un nuevo canal para el público hispánico en EE UU
Las grandes cadenas compiten por llegar a un mercado en expansión
ROSA TOWNSEND | Miami El País 1 Junio 2001

El 'poder latino' está cambiando las reglas de juego en Estados Unidos. La última prueba de ese giro es la creación de una tercera cadena de televisión nacional en español. La lanzará el imperio mediático Univisión, que, a través de sus múltiples tentáculos, ya llega a un 92% de los hogares hispanos de EE UU. Univisión consolida así su posición de dominio, a gran distancia de sus competidores en la lucha por el mercado hispano.

La ofensiva de expansión del grupo de comunicación ha marcado con está operación un hito en la historia de Estados Unidos. Por primera vez, una red de 17 estaciones de televisión que trasmitían en inglés se transformará, a partir de enero próximo, en una red en español. Univisión ha adquirido 13 de esas estaciones por 1.100 millones de dólares (200.000 millones de pesetas) en efectivo, participa en otras cuatro y ahora está en proceso de comprar otras tantas, según han confirmaron ejecutivos de la empresa.

La apuesta es simple: crecer montándose en la ola hispana y sin escatimar recursos, ha señalado Mario Rodríguez, presidente de entretenimiento de la cadena. El explosivo aumento de la población hispana en EE UU la ha convertido en una mina de oro. Son ya 35,5 millones de personas, según las cifras oficiales, y alrededor de 46 millones si se cuentan los ilegales que nunca se han inscrito en el censo por temor a que los deportaran, pero que también son consumidores.

Las cifras representan un incremento demográfico de un 60% en la última década y se trata de una tendencia exponencial, alimentada por la tasa de nacimientos, muy superior a la anglosajona, y por el incesante flujo de inmigrantes latinoamericanos.

Pero el atractivo para las empresas no sólo mediáticas, sino de todos los sectores, radica en su gran poder adquisitivo, valorado en 500.000 millones de dólares (unos cien billones de pesetas).

Para jóvenes bilingües

A diferencia de otras minorías, los hispanos prefirieren hablar en su idioma nativo e incluso las segundas generaciones hacen bandera de su cultura. De ahí que hayan proliferado los medios de comunicación y las campañas publicitarias en español, los productos adaptados al gusto latino y la adopción del bilingüismo como algo natural, al que recientemente puso el cuño oficial el presidente George W. Bush pronunciando un discurso íntegramente en la lengua de Cervantes.

La nueva cadena, todavía sin nombre pero conocida como Univisión II, se dirigirá ante todo al público hispano que prefiere sintonizar la televisión en inglés aunque su primera lengua sea el español, audiencia que, según los estudios de mercado, asciende a un 40%. El perfil del espectador que tratará de captar es, a grandes rasgos, el de jóvenes bilingües entre 18 y 35 años a los que no les atrae la programación de culebrones que emite en el horario estelar la actual Univisión.

Aunque el rival natural de Univisión es la otra gran cadena nacional en español, Telemundo, la nueva inciativa aspira sobre todo a robar audiencia a las grandes cadenas nacionales en inglés: ABC, NBC y CBS. Esta última ya ha anunciado que emitirá simultáneamente en inglés y español una de sus series culebrón más populares. Un claro indicio de que la batalla por la audiencia hispana va a ser campal. Telemundo, por su parte, reactivará un canal en español que compró hace un año, GEMS, con un enfoque juvenil y bilingüe.

Univision Communications Inc. llega al 92% de los hogares hispanos en EE UU a través de sus emisoras propias, estaciones afiliadas y compañías de cable afiliadas en todo el país.

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