AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 4 Junio   2001
#Insultante impunidad proetarra
Editorial La Razón 4 Junio 2001

#Cincuenta a cero
Editorial ABC 4 Junio 2001

#La «kale borroka», asignatura pendiente de Ibarretxe
Editorial El Mundo 4 Junio 2001

#Sobre símbolos patrióticos
Editorial La Razón 4 Junio 2001

#Hasta Odín vuelve a creerse Odón
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 4 Junio 2001

#El diálogo sobre el diálogo
CÁNDIDO ABC 4 Junio 2001

#Formas de hablar
ÁLVARO DELGADO-GAL El País 4 Junio 2001

#ETA, entre el terrorismo y el fascismo
STANLEY G. PAYNE El Mundo 4 Junio 2001

#Compromiso y libertad
Mª Enriqueta Benito es vicesecretaria General de Unidad Alavesa La Razón 4 Junio 2001

#La desactivación de las víctimas
José Luis Manzanares La Estrella 4 Junio 2001

#El espectacular retorno de la 'kale borroka'
Lorenzo Contreras La Estrella 4 Junio 2001

#Finalidades de Eta
Antonio GARCÍA TREVIJANO La Razón 4 Junio 2001

#«Els segadors»
Jaime CAMPMANY ABC 4 Junio 2001

#«Es inútil tomar distancia cuando son las balas las que persiguen al periodista»
HONG KONG EL CORREO 4 Junio 2001

#Laberinto
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 4 Junio 2001

#Medio centenar de proetarras organizados siembra el terror durante horas en Vergara
SAN SEBASTIÁN. ABC 4 Junio 2001

#La Ertzaintza no realizó ninguna detención en Vergara
VITORIA. ABC 4 Junio 2001

#Anticatalanismo
Cartas al Director ABC 4 Junio 2001

#Siempre al quite
Pio Moa Libertad Digital 4 Junio 2001

#Francia pone en marcha la brigada especial contra ETA
EP. Libertad Digital 4 Junio 2001

Insultante impunidad proetarra
Editorial La Razón 4 Junio 2001

Las escenas de terrorismo callejero que ayer se vivieron en la localidad guipuzcoana de Vergara fueron, una vez más, la demostración de la incapacidad del gobierno vasco, ahora en funciones, por garantizar la seguridad ciudadana. Pero aún más: que varias decenas de proetarras encapuchados, que tomaron las calles de la ciudad, pudieran enfrentarse a la policía autónoma sin sufrir siquiera una detención demuestra la flagrante impunidad en la que se mueven y la impotencia de los poderes públicos para controlarlos y sancionarlos.

   El presidente del gobierno en funciones, Juan José Ibarreche, y su partido, el PNV, viven todavía entre las nubes de su victoria electoral. Pero, aunque fueran votados, son los mismos que eran. Las críticas que sufrieron por su falta de contundencia y efectividad frente a la violencia callejera no les arrebataron el gobierno, pero siguen siendo tan válidas como lo fueron antes y durante la campaña electoral.

   Habrá que pensar, por tanto, que si el problema no es de la falta de profesionalidad de la Ertzaintza, su ineficacia debe responer a que tienen órdenes de soportar pasivamente la violencia callejera, y no de tomar una actitud activa y beligerante. Si Ibarreche quiere transmitir la imagen de que las cosas van a cambiar, hechos como los de Vergara no lo demuestran.
  

Cincuenta a cero
Editorial ABC 4 Junio 2001

Medio centenar de proetarras sembró de terror las calles de la localidad guipuzcoana de Vergara en la madrugada del domingo. Tan exhaustivo fue el ataque (de varias horas) que alcanzó a cuatro oficinas bancarias, una sucursal de Correos, una óptica y cinco vehículos. Incluyó barricadas en la calle, bombas-trampa caseras y lanzamiento de todo tipo de objetos contundentes a los agentes de la Ertzaintza, que, al parecer, debieron de limitarse a mirar, pues el parte policial se saldó con cero detenidos. Cincuenta a cero. Ni uno solo de los terroristas callejeros fue apresado. 

A este estado de inutilidad ha conducido Javier Balza, consejero de Interior vasco en funciones (más que «en funciones» en evanescencia), al Cuerpo que en teoría debe garantizar el orden público y la seguridad en el País Vasco. Su dejación de funciones es prácticamente incalificable. O sí, si es que tras ella se esconde algo más que su probada torpeza. 

Al tiempo, este desolador parte policial nos refresca la memoria sobre el compromiso real del Gobierno vasco en terminar con la «kale borroka», nulo según los sindicatos no nacionalistas de la Ertzaintza. Desde hace años, el PNV cubre su impotencia para atajar este fenómeno ninguneando su importancia («los chicos revoltosos», que decía Arzalluz). Episodios como este ponen en cuestión las «buenas palabras» de Ibarretxe sobre su intención de luchar contra el terrorismo. ¿No fue terrorismo lo de Vergara? En esto nada ha cambiado tras el 13-M, lo que da demasiadas pistas de que el futuro en Ajuria Enea se parecerá mucho al pasado.
   

La «kale borroka», asignatura pendiente de Ibarretxe
Editorial El Mundo 4 Junio 2001

La kale borroka se ha convertido en un siniestro rito las noches de los sábados. Cuando los violentos no atentan contra la vivienda de un concejal del PSOE o del PP, atacan establecimientos comerciales o causan destrozos en el centro de las ciudades. Este fin de semana, dos grupos de 50 encapuchados sembraron el terror en las calles de la localidad guipuzcoana de Bergara, provocando incidentes especialmente graves que atemorizaron a la población. Con una táctica perfectamente estudiada, uno de los dos grupos de encapuchados colocó barricadas y explosivos para detener a la Ertzaintza, mientras el otro se dedicaba a destrozar bancos y establecimientos comerciales considerados «españoles». 

La gente que circulaba por el centro de Bergara, que celebraba sus fiestas, tuvo que cobijarse en portales, locales cerrados y en el Ayuntamiento mientras los violentos arrojaban cócteles molotov y rompían las vidrieras de los comercios. El teniente de alcalde de Bergara aseguró ayer que los encapuchados no eran del pueblo, aunque tenían una perfecta información sobre sus «objetivos». Sea como fuere, resulta llamativo que la Ertzaintza no fuera capaz de detener ni a uno solo de los participantes en estos vandálicos actos, que duraron bastantes minutos. 

La impunidad es un acicate para los alevines de ETA, que raramente son puestos a disposición de la Justicia. La kale borroka es una de las asignaturas pendientes del Gobierno vasco, que tiene suficientes medios materiales y humanos para poner coto a estas acciones que se producen puntualmente cada fin de semana. La credibilidad de Ibarretxe está en juego si la Ertzaintza no logra combatir eficazmente una violencia callejera que pretende amedrentar a los ciudadanos y desmoralizar a los demócratas.

Sobre símbolos patrióticos
Editorial La Razón 4 Junio 2001

La decisión del Gobierno autonómico catalán de que se enseñe en las escuelas el himno «Els segadors» (además de otros «patrióticos», según han reclamado desde Convergencia i Unió) está llamada a ser polémica. No porque extrañe dentro del ideario del partido nacionalista gobernante en Cataluña, sino porque a nadie se le escapa que forma parte de un proceso de fortalecimiento identitario que no parece tener fin.

   Que los niños catalanes aprendan «Els segadors» podría ser irrelevante. También los asturianos conocen «Asturias patria querida», que es su himno, y no pasa nada. El problema empieza cuando el elemento simbólico se utiliza como excluyente de otro; cuando la simbología catalanista se hace en detrimento de la común que une a Cataluña y el resto de España.

   Por eso es razonable la petición del PP catalán al decir que igual que se enseñarán los «himnos patrióticos» catalanes, habría que dar a conocer a los niños otros símbolos nacionales de España. Porque si se abandonan éstos, se da la imagen desfigurada de que Cataluña no es España, lo que es tan falso como infantil.

   El presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, que es un hombre inteligente, tiene a veces ocurrencias que sólo se pueden entender desde Cataluña, y no en toda ella ni por todos los que viven ahí. Comparar «Els segadors» con «La Marsellesa» es, políticamente, una «boutade».Uno representa emocionalmente a muchos ciudadanos de una región muy importante, y de gran personalidad, de España; la otra es el himno nacional de Francia. No son realidades políticas comparables, aunque sentimentalmente puedan asemejarse. Sentimientos respetables, por supuesto, siempre que no se utilicen para marcar diferencias o abrir trincheras, sino para aportar riqueza humana.

Hasta Odín vuelve a creerse Odón
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 4 Junio 2001

Desde medios oficiales y oficiosos se insiste en "vender" el repugnante apaño del PP y el PSOE para repartirse el Poder Judicial, con la fulminante excarcelación de Vera y Barrionuevo a modo de prenda o regalo, como una forma inteligente de asegurarse la colaboración del PSOE en la lucha antiterrorista. O lo que es lo mismo, de que los populares no se queden solos en el País Vasco y en Madrid. Sobre cobardía, estupidez. Sobre falta de principios, falta de inteligencia. Basta ver la evolución del PSOE en los últimos años para comprobar que su acercamiento y posterior identificación con la línea del PP en materia antiterrorista y, por ende, antinacionalista, se produce en la misma medida que el PP resiste cualquier tentación abandonista o de sumisión al PNV.

Por el contrario, la estúpida aceptación psicológica de un descalabro que realmente no se había producido en las elecciones vascas —se está produciendo después, por la interpretación de los datos electorales— está produciendo efectos calamitosos. La capitulación del PP en materia de Justicia no sólo ha engallado a los felipistas o polanquistas más conspicuos sino que ha animado a salir del rincón hasta a los roedores menos valerosos. Es el caso de Odín Elorza, alcalde de San Sebastián por la estupidez del PP y del PSOE, que desde el diario del PNV arremete contra Nicolás Redondo y pide un giro "vasquista y federal" del PSOE, que no se sabe bien qué significa, salvo sumisión al nacionalismo.

La lucha antiterrorista, la firmeza contra el nacionalismo, la defensa de la idea de España y el empeño en la regeneración democrática de un sistema político corrompido y mancillado por el felipismo son, en el fondo, una misma cosa. No se puede defender la libertad en el vacío sino desde la nación y la Constitución, pero no se puede defender la Constitución si el Estado de Derecho queda a merced de las componendas políticas. Todo lo que debilite la Ley refuerza a los que quieren acabar con la democracia española. Y todo lo que signifique cesión, rendición o componenda ante el felipismo-polanquismo, todo vértigo o encogimiento ante el "Triángulo de las Bermudas" Arzallus-González-Polanko supondrá un paso al frente de los terroristas, de los separatistas, de los contratistas de opinión antiespañola y hasta de los roedores de la política. Tanto están reduciéndose el PP y el PSOE que, por contraste, el ignominioso alcalde donostiarra va a convertirse de nuevo en Odón. Con lo que costó reducirlo a Odín.

El diálogo sobre el diálogo
Por CÁNDIDO ABC 4 Junio 2001

El objetivo del terrorismo es el terrorismo, y su ideología política no es ideología, sino ortodoxia. Cuando menos es lo que dice la experiencia de muchos años. Es lo que hay. Con la mejor intención del mundo, muchas personas de representación abogan por el diálogo, una instancia que pertenece a la cultura más perentoria del hombre en cuanto ser social, pero que fuera de contexto o en un contexto en el que lenguaje y comunicación se excluyen, conforme apunta agudamente el filósofo Javier Muguerza comentando un «locus» de Wittgenstein, no conduce sino al absurdo. Con esto no defiendo el no/diálogo, pues el diálogo debe estar siempre al acecho de sus posibilidades, sino que digo que hasta ahora el único diálogo que conozco, incluyendo los dobles monólogos concertados con los terroristas en épocas diversas, es el diálogo sobre el diálogo. Sobre el diálogo se ha dialogado hasta la extenuación. Mientras tanto el problema sigue obstinadamente donde estaba, guardado por una intransigencia que cierra cualquier pasadizo hacia una solución real.

Sería necio pensar que no aparecerá mañana la solución que no aparece hoy, si bien es cierto que se necesita paciencia para seguir golpeando una puerta que no se abre y al cabo inteligencia para comprender que no se va a abrir nunca. En este caso el «para qué» del diálogo deja de ser un desafío impertinente para convertirse en una prudente interrogación. En el diálogo sobre el diálogo estamos aún —¡aún!— en una fase de tanteo en la que los partidos se acusan de observaciones erróneas, de prejuicios, de orientaciones equívocas y de formulaciones impropias, mezclada toda esa maleza con las conveniencias dispares de los diferentes momentos políticos, que son las variables de la situación.

Las recientes elecciones vascas demuestran que el sistema del diálogo sobre el diálogo es copernicano, en el sentido de que el problema, abrasador y recalcitrante, está en el centro del sistema, y todo lo demás gira alrededor sin acercarse.

Es verdad que el esfuerzo por el diálogo, que en último término siempre justificaría cumplidamente nuestro fracaso, es propio del hombre racional, civilizado y de buena fe. Lo que me parece observar es que el problema del terrorismo es sustituido las más de las veces y en la práctica por el problema del diálogo, que sin duda está relacionado con el primero, pero como el picaporte con la puerta que no se abre.

El caso es que el diálogo y el problema discurren paralelamente sin encontrarse nunca. Esa cierta desfiguración de la noción de diálogo viene a corresponderse, mutatis mutandis, con la desfiguración de la noción de ética en los últimos tiempos del mandato del PSOE. Fue una noción multiuso violentamente retorcida. Lo digo como lo escribí entonces: «Basta referir todos los datos del problema a un principio ético, lo cual es un error analítico, para que cualquier presunción (de escándalo) sea verosímil. La ética así manejada es arbitraria por cuanto hace subjetivamente válido todo lo que se apoya en ella, pues siendo la ética un valor indiscutible, pasa de ser un principio a ser un juicio sobre los hechos».

No sé si estaremos también ahora utilizando mal la noción de diálogo, pues siendo asimismo el diálogo «un valor indiscutible», el simple hecho de enunciarlo parece que nos acerca a la solución, lo cual es objetivamente falso.

No voy a hablarles ahora del diálogo sobre las diversas interpretaciones del diálogo y sobre quienes en un momento dado deben dialogar, pues todo ese acontecer del laberinto político no es fácilmente comunicable. No lo es que el instrumento sea indefinidamente el objeto que se persigue. En cualquier caso sabemos poco del mañana. Si lo intentamos todo resistiendo la tentación de echar la puerta abajo puede que algún día tengan fin nuestras preocupaciones. Aquí he tratado únicamente de prevenir frente a los bizantinismos, pues, como decía un paisano mío, en la política y en el fútbol los pases horizontales no conducen a nada.

Formas de hablar
ÁLVARO DELGADO-GAL El País 4 Junio 2001

En cierta ocasión, Popper afirmó que no conviene gastar el tiempo hablando sobre el significado de las palabras. Tengo para mí.. que habría cambiado de opinión a la luz del conflicto vasco. Porque allí las palabras no dicen lo que parecen decir, sino a veces lo contrario. De modo que tomaré el criptómetro con el fin de investigar dos locuciones clave.

La primera de ellas empieza con un infinitivo: 'pagar un precio político por la paz'. Aunque parezca mentira, se maneja la expresión con laxitud incomprensible. Yo he leído muchos artículos -algunos en este diario- en que se insinuaba cuál podría ser el precio, aunque dejando en suspenso la identidad del cobrador. A veces, se encontraba uno con que el último debía ser, ¡oh sorpresa!, el propio PNV. Y esto es profundamente desconcertante. ¿Por qué? Porque, en principio, parece que habría de pagarse el precio que fuere al que perturba la paz. Y la que perturba la paz es ETA, no el PNV. Luego no se sabe muy bien qué pinta el PNV en esta historia. Salvo que se añada la hipótesis de que el PNV también está interesado en que la paz tenga un precio político.

Pero entonces sería cuestionable que el PNV esté realmente interesado en que se restablezca la paz. Quiero decir, la paz sin precio político. Algunos miembros del PNV contribuyen a aumentar la confusión. En una entrevista publicada ayer en EL PAÍS, Arzalluz volvía a hablar de una mesa de negociaciones a la irlandesa. Condición necesaria, que ETA estuviese quieta, no rendida. ¿Por qué excluye la segunda posibilidad? ¿Porque la considera inimaginable, o porque la estima indeseable? Mientras el menú reivindicativo de Arzalluz se yuxtaponga, si bien sea sólo de modo parcial, con el menú de ETA, no sería racional excluir la segunda de las alternativas.

El Plan Ardanza encerraba, respecto de lo que afirma Arzalluz, un mérito indudable: en él se defendía que las negociaciones entre partidos tuvieran lugar después de extinta ETA. Ello me conduce a la segunda locución clave: 'ámbito vasco de decisión'. He leído por ahí que no equivale a 'soberanismo', ni tampoco a 'autodeterminación'. Pero esto me suena a eufemismo, a disfraz verbal. Si se admite un ámbito vasco de decisión, se está admitiendo el derecho de los partidos vascos a fijar el futuro del país sin sentirse vinculados por lo que delibere el resto de España. Y esto es autodeterminación. ¿Se cifraría esa autodeterminación en un acto singular, con dos salidas posibles: segregación o retorno al Estatuto? No. Podría verificarse la segregación, pero no el retorno al Estatuto. El ejercicio singular de la autodeterminación, incluso en la hipótesis de la permanencia del País Vasco en un conjunto denominado formalmente 'España', abrigaría un carácter proyectivo. La facultad de autodeterminarse sería constante, o lo que es lo mismo, la España complementaria dejaría de ejercer su autoridad sobre los asuntos vascos.

Una secuela fatal sería el eclipsamiento de los partidos nacionales en las tres provincias, reducidos, o a la tarea de discutir las cuentas de la Seguridad Social con partidos nacionalistas hegemónicos, o a la función testimonial y nostálgica de postular la vuelta a un orden desaparecido de hecho. Era esta circunstancia la que restaba verosimilitud al Plan Ardanza, y la recomendación aneja de que las negociaciones se desarrollaran sobre la premisa de un ámbito vasco de decisión. Puesto que sería rarísimo que los partidos nacionales, sin ETA de por medio, se aviniesen a decretar su propia defunción. Como se ve, la realidad política sólo admite un número discreto de puntos estables. Uno es la antigua Mesa de Ajuria Enea y el adelantamiento de la causa independentista por el tramo lento de la persuasión civil. Aprecio los movimientos de Ibarreche en esa dirección, le deseo la mejor suerte, y no termino... de ser optimista. O si lo he sido a ratos, ha venido Anasagasti y me ha aguado la fiesta con su gesto atroz. Otro punto estable, sería el que nos viniera dado por los acontecimientos si no prospera el Estatuto en su forma actual. Entonces, todo cambiaria. No sólo en Hernani; también en Tarifa.

ETA, entre el terrorismo y el fascismo
STANLEY G. PAYNE El Mundo 4 Junio 2001

El fascismo fue el gran reto a la paz y a la democracia durante la primera mitad del siglo XX, pero en la segunda mitad lo fueron el comunismo y el terrorismo. Casi de forma inevitable, los países que afrontaron graves problemas por el comunismo, por el terrorismo o por los dos a la vez desarrollaron cierta tendencia a confundirlos con el fascismo. El comunismo tenía muchas de las características de este último; era muy autoritario, imponía a figuras dictatoriales, podía ser extremadamente violento y a partir de mediados de siglo se fue haciendo cada vez más nacionalista. De ahí que en 1950 ya se hubiera desarrollado el concepto de fascismo rojo en Estados Unidos y Europa occidental.

Sin embargo, y a pesar de sus similitudes, el comunismo y el fascismo eran diferentes en sus planteamientos, en sus regímenes políticos, en sus estructuras económicas y sobre todo en la forma de desaparecer de Europa. La cuestión sobre el terrorismo y el fascismo ha surgido también en un país como España, sometido al azote del terrorismo durante tres décadas (casi en su totalidad bajo un régimen democrático y con derechos civiles plenos).

El fascismo desarrolló un especial culto político y filosófico de la violencia, y a finales de siglo el terrorismo practicaba una violencia sin fin de forma total, a menudo totalmente indiscriminada en lo relativo a las víctimas. Por tanto, cabe decir que estos dos conceptos están relacionados en cierto modo.

La forma moderna de violencia de masas y asesinatos políticos comenzó con la Revolución Francesa. La dictadura jacobina de 1793-1794 practicó el primer ejemplo moderno de terrorismo de Estado, con matanzas en las que perdieron la vida alrededor de 40.000 personas, a quienes se consideró enemigos eliminables. En la brutal represión de la revuelta conservadora de La Vendée, la cantidad de civiles que murió directa o indirectamente como consecuencia de la violencia estatal fue aún mayor. Las atrocidades de La Vendée superaron con mucho a las del Estado liberal español durante la Primera Guerra Carlista.

El moderno terrorismo político surgió en el siglo XIX como arma de grupos nacionalistas y anarquistas, pero llegados a este punto debemos distinguir entre la violencia política y el mero terrorismo. Entre los sociólogos, la tendencia más extendida es la de utilizar el término terrorismo únicamente para designar la violencia política generalizada o indiscriminada. En contraposición, los actos violentos contra objetivos concretos y por razones específicas se denominan violencia política. Pero esta distinción no está tan clara en la práctica como en la teoría. Por ejemplo, una pauta de violencia dirigida específicamente a asesinar policías en tanto que representantes de un Estado -pero únicamente en ese caso-, cabría en cualquiera de las dos definiciones. El asesinato de cualquier policía de cualquier tipo, con independencia de su historial personal se podría considerar un acto tan amplio e indiscriminado que sería terrorismo puro.

En cambio, y siguiendo la definición terminológica antes citada, el asesinato de una persona concreta por una razón específica sería un simple homicidio o un acto de violencia política, pero no terrorismo. Obviamente, el terrorismo no se limita a la acción de grupos políticos opositores. La violencia estatal indiscriminada contra grandes grupos humanos o sectores sociales enteros se ha llamado acertadamente terrorismo de Estado, y de hecho, la mayoría de los asesinatos terroristas de la Europa moderna fueron instigados por los Gobiernos, sobre todo en Alemania y en Rusia. Por ejemplo, la dictadura bolchevique original fue al principio muy sincera con esta práctica y denominó oficialmente Terror Rojo a la represión iniciada en 1918.

Durante los últimos años del siglo XIX, el terrorismo era casi siempre una actividad limitada a los anarquistas. Con frecuencia se ha definido el terrorismo de pequeños grupos como «el arma de los débiles», para distinguirlo del terrorismo de Estado. Antes de que se desarrollara el anarcosindicalismo, que sólo llegó a alcanzar su forma plena en España, los anarquistas no tenían demasiado seguimiento o carecían de organizaciones. Los grupos anarquistas que se inclinaron por la violencia política utilizaron dos formas de acción: el asesinato selectivo de importantes personajes públicos y el terrorismo indiscriminado consistente en lanzar bombas contra las multitudes. Sólo este segundo caso sería considerado terrorismo por los sociólogos.

El asesinato individual de personajes públicos afectó a todo el mundo occidental y europeo, desde un zar ruso (1881) hasta un presidente de Estados Unidos (1901). En cambio, el lanzamiento de bombas fue más habitual en España, Francia e Italia. Más adelante, cuando se desarrolló el movimiento anarcosindicalista en España, algunos sectores de la CNT utilizaron la violencia política a gran escala, pero sus objetivos siempre eran «enemigos de clase» individuales. Los atentados contra multitudes, que provocaban muchas muertes de forma indiscriminada, fueron en España un fenómeno limitado a la década de 1890.

El asesinato selectivo ha desempeñado un papel muy importante en la historia política moderna de España, desde la muerte de Prim en 1870 hasta los asesinatos de presidentes de Gobierno como Cánovas (1897), Canalejas (1912) y Dato (1921); además, también sufrieron atentados personajes como Maura y Alfonso XIII, este último en varias ocasiones. Todos los magnicidios que tuvieron éxito provocaron algún tipo de cambio en la orientación política del Gobierno implicado, pero ninguno generó un cambio de régimen. El clima de violencia política generalizada desatado por la CNT, y en el que también participaron otras fuerzas, se considera en general, incluso en los sectores socialistas, como uno de los principales factores que provocaron la caída del gobierno democrático en 1923.

El fascismo se convirtió de repente en un nuevo factor en los asuntos europeos después de la I Guerra Mundial. La contribución del fascismo a la violencia política fue ante todo de carácter conceptual y filosófico. Mientras que los anarquistas, los nacionalistas extremistas y los bolcheviques rusos consideraban que la violencia política era un mal absolutamente necesario para alcanzar sus fines, también insistían en que al final se llegaría a una paz perfecta, por supuesto acorde con sus condiciones. En cambio, los movimientos fascistas consideraban que la violencia era positiva y terapéutica; para el fascismo, la violencia no era simplemente un mal necesario, sino algo bueno hasta cierto punto.

En su opinión, una violencia correctamente encaminada convertiría a los que la practicaran en individuos más idealistas, éticos, unidos y dispuestos a sacrificarse. Para ellos, la violencia era un bien en sí mismo, necesario para mantener una sociedad valiente, vigorosa y saludable. El fascismo practicó la violencia a gran escala, pero al principio no empleaba el terrorismo indiscriminado. La violencia política practicada por los fascistas era una forma de lucha callejera dirigida casi exclusivamente contra los principales enemigos políticos de la izquierda. A medida que comenzó a convertirse en un movimiento de masas, se evitó el terrorismo indiscriminado porque el objetivo consistía en alcanzar el poder y los fascistas no querían ganarse la enemistad de grandes sectores sociales.

Mussolini no practicó nunca el terrorismo puro en Italia ni antes de llegar al poder ni durante los 20 años de su dictadura. En cuanto a Hitler, sólo lo utilizó después de convertirse en dictador, y más tarde empezó a desarrollar el terrorismo de Estado a gran escala. En España, la II República estuvo sometida continuamente a la violencia política, fenómeno que acabó con la vida de más de 2.000 personas. No obstante, el terrorismo puro no era habitual. Tanto los partidos de izquierdas como los falangistas atacaban directamente a enemigos políticos específicos, no a los funcionarios ni a los ciudadanos en general. Se cometían errores y a veces morían personas que no tenían ninguna relación con los hechos, pero normalmente no eran actos intencionados.

Entre las escasas excepciones cabe recordar las 10 muertes que provocó el descarrilamiento de un tren en 1933, en una de las miniinsurrecciones anarquistas, y la matanza sistemática de varios religiosos a manos de los revolucionarios asturianos, en octubre de 1934. En cuanto al asesinato de Calvo Sotelo, el acto violento que tuvo mayores consecuencias políticas, fue producto de una detención ilegal aprobada por el ministro del Interior, pero la muerte en sí fue casi accidental. Sin embargo, el panorama cambió de forma abrupta con el inicio de la Guerra Civil, con actos de terrorismo indiscriminado por parte de ambos bandos.

Las campañas de violencia desencadenadas por ETA durante el último tercio del siglo XX han constituido la ola de terrorismo más continuada que ha tenido que afrontar un país europeo. Para las víctimas de la violencia etarra y para muchas otras personas, la diferencia de significado entre los actos individuales de violencia política y los actos de terrorismo indiscriminado es algo incomprensible, cuando no perverso. La historia demuestra que ETA ha practicado las dos formas de violencia, en distintos grados.

Ha intentado asesinar y ha asesinado a objetivos específicos como líderes políticos o militares, y se ha mantenido activa en la segunda categoría de violencia, muy cercana al terrorismo puro (ataques indiscriminados contra miembros de las fuerzas de seguridad y a veces contra sus familiares). Pero la violencia etarra incluye una tercera categoría, la forma más extrema de terrorismo: la colocación de bombas en zonas públicas muy transitadas para conseguir el máximo volumen posible de muerte y destrucción. Esta última forma de terrorismo se convirtió en algo cada vez más habitual durante la pasada década. A finales de la década de 1970, cuando quedó claro que la violencia de ETA no se dirigía simplemente contra la dictadura sino, en mayor medida, contra la democracia española (a veces destinada a forzar una involución política siguiendo la máxima de «cuanto peor, mejor»), los españoles empezaron a pensar que un movimiento tan puramente destructivo podía ser considerado como una nueva forma de fascismo.

ETA comparte varias características básicas con el fascismo; por ejemplo, una forma extremista de nacionalismo, un concepto mítico e irracional de la historia y la cultura, el deseo de crear un nuevo orden internacional, el establecimiento de una nueva hegemonía política autoritaria, la férrea defensa de una forma de socialismo nacional y una devoción absoluta a la violencia. Se puede decir que todos los movimientos ultranacionalistas tienden a parecerse. Al mismo tiempo cabe recordar que ciertas formas extremistas del marxismo fueron fundamentales en el crecimiento de ETA durante la década de 1960 y que su influencia no ha llegado a desaparecer de la organización, aunque a veces se haya replanteado desde dentro.

ETA tuvo que abandonar sus pretensiones de crear un movimiento de masas y permaneció como organización pequeña dedicada al terrorismo conspiratorio. Si se compara con los movimientos extremistas de la Europa de entreguerras, se observa que ETA se parece menos a los movimientos fascistas clásicos que a las pequeñas organizaciones terroristas de carácter nacionalista de la época, como las Organizaciones Revolucionarias Macedonias del Interior (IMRO) o el IRA de la década de 1930, que normalmente se dedicaban a asesinar a objetivos políticos específicos.

La era contemporánea del terrorismo político empezó en la década de 1960, tras la caída del fascismo y la institucionalización del comunismo (entendido como régimen o como partido único), y fue la expresión de rebeldía de elementos nuevos y débiles. La mayoría de los grupos terroristas de la generación pasada se encuadraba dentro de la izquierda, aunque los neofascistas fueron muy activos, sobre todo en la Italia de las décadas de 1960 y 1970, y en menor medida, en España.

La interpretación convencional de que se trataba de expresiones de debilidad es correcta, dado que la mayoría de los países europeos gozaba de una estabilidad que había puesto fin a los masivos movimientos de violencia de las décadas de 1920 y 1930. Las organizaciones terroristas de carácter nacionalista, como ETA, se parecen al fascismo clásico en ciertos aspectos, pero son producto de una época diferente y de un entorno político y cultural radicalmente distinto.

La visión revolucionaria de ETA es una peculiar combinación de la «nueva izquierda» revolucionaria de los 60 (mitad marxismo, mitad irracionalidad) y del romanticismo vasquista. Como movimiento no reproduce todas las doctrinas y características del fascismo clásico, pero tiene algunos de sus peores elementos. Sin ser un fascismo «verdadero», ha llegado a convertirse en el equivalente práctico del fascismo en el País Vasco en el siglo XXI. Y al igual que sucedió con el fascismo, sus únicos logros son violentos y destructivos.

Stanley G. Payne, historiador e hispanista, es autor, entre otras obras, de «El nacionalismo vasco».

Compromiso y libertad
Mª Enriqueta Benito es vicesecretaria General de Unidad Alavesa La Razón 4 Junio 2001

El dolor y la indignación vuelven a estar presente en nuestros corazones, quizás nunca han dejado de estar porque son ya demasiados asesinados durante tantos años, y desde la ruptura de la tregua 31 personas caídas a manos de quienes no tienen corazón, ni alma, porque su único negocio es vivir a costa del dolor de los demás. 

Ha habido unas elecciones, los ciudadanos han apostado por un modelo y han dado su confianza al nacionalismo democrático, pero también han sancionado con su voto a los cómplices de Eta, o sea su brazo político, dejándoles con la mitad de los escaños. Esta respuesta ciudadana no ha hecho mella en Eta, ¿porqué la iba a hacer? Si antes actuaban desde la prepotencia de ser la tercera fuerza de Euskadi, ahora desde la residualidad parece que tienen más motivos para actuar porque tienen que demostrar que son fuertes y que no les preocupa lo más mínimo el número de escaños sino la fuerza de las pistolas, las bombas y la extorsión.

Durante los últimos dos años, el nacionalismo se empeñó en acusar a algunos medios de comunicación, que no comulgan con su idea de construcción nacional, de ser la Brunete mediática y esto ha hecho que los periodistas estén en la diana de la ira de Eta. Quiero destacar que hay culpables de que esto haya pasado, aunque algunos puedan pensar que sólo Eta es culpable. Pero Eta en muchos casos lo que ha hecho es ir de ejecutor de lo que algunos se encargaban en señalar. Y tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe. Eso ha pasado, José Luis López de Lacalle, Gorka Landáburu, Luis del Olmo, Aurora Intxausti, Juan Palomo, Carlos Herrera, Pedro Briongos... han sido asesinados en algún caso y otros amenazados y no han caído porque Dios no ha querido. ¿Sólo Eta es culpable o alguien se ha encargado de repetir hasta la saciedad que estos periodistas no eran buenos para el régimen? Cada uno tiene que hacer examen de conciencia y valorar qué grado de culpabilidad tiene. Pero les animo a que hagan un acto de contrición y purguen sus faltas trabajando más que nunca para que esto no vuelva a suceder, que sean firmes en sus convicciones, que no utilicen el doble lenguaje y que ante los asesinos y sus cómplices sean contundentes, no dándoles balones de oxígeno para que justifiquen sus barbaridades. 

Lo primero que tiene que hacer el nacionalismo moderado es actuar en el ámbito institucional y, para ello, debe unir sus fuerzas con otros partidos en los ayuntamientos en los que gobierna EH y mandarlos a la oposición, para así evitar que sigan poniendo nombres de asesinos a calles, y, por el contrario, no hagan una declaración de condena cuando Eta asesina a alguien. Esto es un botón de muestra de lo que hacen en los ayuntamientos los demócratas de EH. Esta actuación y otras muchas más son las que pueden decirnos a los ciudadanos que algo va a cambiar, sino es así pensaremos que la complicidad existe y que la voluntad de acabar con el terrorismo no es real. Nos queda mucho por hacer, luchar por la libertad sigue siendo nuestro objetivo y cada vez que Eta asesine, nuestra fortaleza será mayor y nuestro compromiso más firme. Cada vez que caiga uno, otro ocuparemos su lugar y daremos la batalla hasta la victoria final.

La desactivación de las víctimas
José Luis Manzanares La Estrella 4 Junio 2001

Dicen que dicen que dicen. Los observadores políticos dicen que los resultados electorales en el país Vasco dicen que la inmensa mayoría de su población dice rechazar el terrorismo. Como colofón de tan gratificante secuencia se confía en el esfuerzo coordinado de todos los partidos democráticos, incluidos aquellos nacionalistas que se resisten a tener a ETA como compañero de viaje. El PNV y EA se han instalado en el radicalismo separatista, pero entienden que sus fines deben conseguirse dentro del respeto a los derechos fundamentales de las personas, empezando por la vida y la libertad. Se trataría, en resumen, de acabar con la banda, con sus asesinatos, sus secuestros y sus extorsiones. Después vendría, ya sin interferencias criminales, una discusión civilizada que podría iniciarse en el marco de la Constitución y del Estatuto, aunque con el propósito declarado para los nacionalistas de romper aquella y prescindir de éste como vestigio de una etapa definitivamente superada por la independencia.  

Ocurre, sin embargo, que Iñaki Anasagasti, portavoz del Grupo Vasco en el Congreso de los Diputados, parece anteponer la "desactivación" de las víctimas a la de sus verdugos. Hay que "desactivar" cuanto antes la palabra es suya a la Asociación de Víctimas del Terrorismo, al Foro de Ermua, a la plataforma Basta Ya y a cuantas agrupaciones han mantenido vivo el espíritu de resistencia frente al exterminio ideológico y físico. Una pretensión injuriosa, porque se desactivan los explosivos y las organizaciones criminales, pero no la defensa legítima frente a la agresión. Una exigencia inmoral cuando quienes detentan el poder público no prestan la protección debida a los discrepantes de Euskadi. Y una estupidez, porque resulta evidente que con el fin de terror desaparecerían de inmediato las reacciones al mismo.

Con elecciones o sin ellas, con más votos o con menos, el fenómeno terrorista no se combate con medias tintas o repartiendo responsabilidades (entre los demás, se entiende) o proponiendo una especie de desarme paralelo como si los esfuerzos de los no nacionalistas para convivir pacíficamente en su propia tierra fueran la provocación que hubiera generado el conflicto. Aquí, digámoslo por enésima vez, sólo hay unos que matan, otros que mueren, y otros que por razones de muy distinta índole miran hacia otro lado o buscan atenuantes, cuando no causas de justificación.

Las demandas de "desactivación" de las víctimas tiene, como era presumible, algún complemento descalificador. Se dice, sin aportar pruebas de ninguna clase, que sus colectivos reciben ayudas procedentes de los fondos reservados. Y se calla que otros dineros públicos han servido eso sí, sin vulnerar la legalidad para falsear la historia común e inocular el odio a lo español conforme el ideario racista de Sabino Arana. Ya saben ustedes, aquí estamos los buenos y desde la otra orilla del Ebro nos amenazan los malos, los blasfemos, los que ni siquiera saben andar como nosotros.

El espectacular retorno de la 'kale borroka'
Lorenzo Contreras La Estrella 4 Junio 2001

En la localidad guipuzcoana de Vergara, donde Espartero y Maroto se dieron el famoso abrazo que puso fin a la primera guerra carlista, se han perpetrado, en edición casi corregida y aumentada, nuevos disturbios de kale borroka, sin que conste la existencia de detenciones por parte de la Ertzaintza o, lo que es igual, sin que los elementos de Haika y compañía hayan pagado ningún precio personal por sus desafueros.

Se dirá que la nueva Administración Ibarreche aún no está constituida y que, por tanto, conviene esperar a que su consolidación formal y parlamentaria ponga verdaderamente a prueba el alcance y la capacidad de sus intenciones pacificadoras. Porque, no se olvide, la pacificación tiene que pasar por el fin de la impunidad. Y el comienzo de la terminación de esa impunidad es para el nuevo Gobierno de Vitoria la prueba del nueve. De lo contrario, las cuentas políticas estarán mal hechas, y de nada habrán servido, por más que se diga, los resultados de las elecciones del 13 de mayo, con su carga de pronósticos optimistas sobre la nueva orientación de los rumbos gobernantes.

El llamado terrorismo de "baja intensidad" es un invento semántico con el que se pretende supuestamente encubrir una especie de protesta social y juvenil supuestamente irreprimible que nace del "conflicto político" en el que se debate la sociedad vasca. Es como decir que existe un guerrillerismo urbano cuyas responsabilidades últimas y definitivas son trasladables al Gobierno central y a España en general. Una ilegítima y perversa transferencia que recuerda a Poncio Pilatos cuando sentenciaba la muerte del nazareno porque el sanedrín la había decretado previamente. Y el PNV, con su Gobierno de turno en Ajuria Enea, no debe ser el Poncio que, más o menos a regañadientes, acepte como fenómeno social, emanado de un pueblo disconforme, algo que no pasa de ser pura barbarie orquestada por ETA, terrorismo endémico necesario y útil para los objetivos de la banda y para la alimentación del fuego sagrado.

El caso es que, para síntoma, ya vale saber que en Vergara y lo que venga después reanuda con toda su virulencia los desmanes de siempre ese mundo perfectamente organizado que se defiende con aparato abogacial de las persecuciones judiciales puestas en marcha por Baltasar Garzón desde la Audiencia Nacional. Es muy cómodo aducir que el magistrado, el ya citado o el de turno, se propasan legalmente al convertir a Haika, como antes a Ekin, en parte consustancial de ETA. Equivale a olvidar la cantidad de fraude de ley que existe en funcionar como complemento de la banda invocando al mismo tiempo una independencia organizativa basada en la normativa reguladora de las asociaciones.

La clave de lo que Ibarreche llegue a ser en su nueva etapa gobernante, bajo la estrecha vigilancia de Arzallus desde Sabin Etxea, no será, pues, acabar en seguida con el terrorismo de alta intensidad, aunque debe ir reprimiéndolo, sino en permitir o no sin consecuencias policiales ni carcelarias o con ellas la existencia del terrorismo de baja intensidad. Ahí estará esa prueba del nueve o ese contraste de oro para calcular con fundamento lo que el futuro de Euskadi vaya a ser. Y no hace falta indicar que la composición del nuevo Gobierno Ibarreche necesita demostrar muchas cosas antes de que la fe ciudadana cobre algún vigor o se justifique en sí misma. Se habla de que Javier Balza, el discutido y decepcionante consejero de Interior del Gobierno Vasco hasta el 13 mayo, y todavía en funciones, no repetirá en el cargo. Ojalá sea así. Ya sería algo positivo que con otro titular se intentara otra política. De todos modos conviene hacer memoria de que, antes que Balza, estuvo en ese puesto Juan María Atucha, un nacionalista de lo más moderado, pero cuya gestión no impidió la lamentable pérdida del control de la calle por el Gobierno democrático de Vitoria.  

Finalidades de Eta
Antonio GARCÍA TREVIJANO La Razón 4 Junio 2001

En teoría, toda organización se define y desarrolla en función de los medios puestos al servicio de sus finalidades. Pero en la práctica, este principio se altera cuando los medios tienen una dinámica propia opuesta a la de los fines perseguidos. Las Cajas de Ahorro, por ejemplo, son altruistas en los fines y lucrativas en los medios. Sería superficial calificarlas como empresas benéficas o sólo como bancarias. Aunque su duración y su éxito no dependa de la fidelidad al fin gratuito, sino de la puesta en acción diaria de la lógica lucrativa propia de sus medios.

   Algo similar ocurre con las organizaciones terroristas de tipo político. La finalidad teórica de Eta, la Independencia de Euskadi con Estado propio, es de orden espiritual. Tal ideal de vida extraordinaria comunica al grupo la vivencia heroica de sus acciones mortíferas. El hecho de que mate y extorsione no se opone al ideal puesto que antes de emprenderlo lo consideró como «banalidad» del mal necesario para alcanzar su bien supremo. La contradicción entre fines humanos y medios inhumanos es superada por la banalidad del mal ajeno. La larga duración de Eta se debe a la gloria que sus miembros alcanzan a diario, en el cerrado mundo del radicalismo abertzale, con sus atentados mortales. Sin repetición constante de momentos de gloria, Eta no sobreviviría.

   Este elemento nos brinda un camino hacia la disolución de Eta, hacia la muerte espiritual de las fuentes que alimentan sus sueños de gloria. Eso no está al alcance de las instituciones represivas, ni de la condena moral cualificada por el sentido que la prensa atribuya a cada atentado singular, según la profesión de la víctima. Todos los medios de información se equivocan en este aspecto. Y, sólo por miopía, aumentan de modo inconsciente la gloria de Eta dando a sus atentados un significado político que no tienen. Hay que decir la verdad real. Mucho menos gloriosa para ella que la propagada. Eta sólo atenta contra la paz y la vida. Eso basta a su objetivo: socavar la resistencia de los que se oponen a sus fines independentistas.

   Eta sólo procura la mayor repercusión de sus atentados en los medios de comunicación. Si mata a un dirigente del PSOE o del PP no es porque esté contra la libertad de asociación. Si asesina a un periodista no es para atentar a la libertad de expresión. Eta es consciente de que con esas libertades va ganando terreno su ideal de autodeterminación pacífica del País Vasco. Ya no cree en una Independencia que las armas puedan ganar. La selección de sus víctimas dentro de gremios especiales obedece a la conocida ley de propagación del eco.

   La propaganda exasperante de la mítica y la mística del terror añade propósitos cualitativos que el atentado desconoce. La mente de Eta es simple, pero no tonta. Y su gloria nunca ha sido tan grande como ahora. J. L. Cebrián y P. J. Ramírez, responsables de los primeros periódicos de España, nada objetarían a una Independencia pacífica salida de las urnas. Eta está pues en el buen camino. En el momento que esta idea sea dominante, dejará las armas y habrá vencido.

   La libertad de expresión es para mí sagrada. Hasta el punto de no admitir delito de opinión. El Estado que rechaza la defensa de ideas antiliberales no corresponde a una sociedad democrática que confíe en sus valores. Teme que la menor falsedad, hecha pública, la destruya. Lo que clama al cielo no es la libertad de expresión de los cebrianes y los ramírez para difundir sus falsas creencias sobre el inexistente derecho de autodeterminación, sino la imposibilidad de replicarles en sus propios medios para poner de evidencia su desprecio de lo que es democracia y libertad. Si la gloria la define el infierno, las invenciones infernales de la prensa forjan la de Eta. Si es beatitud, la autodeterminación divina de los dos «liberalísismos» se la da.

«Els segadors»
Por Jaime CAMPMANY ABC 4 Junio 2001

Reinaba en España Felipe IV, aquel rey tan sensible y tan sensual, tan pulido y cortesano, que siempre andaba perplejo y acongojado entre el place del catre y el fervor del padrenuestro. «Nadie más cortesano ni pulido/que nuestro rey Felipe, que Dios guarde,/siempre de negro hasta los pies vestido». Así lo retrató en unos conocidos tercetos Manuel Machado y así, «de negro hasta los pies vestido», lo retrató Diego Velázquez, amigo y protegido suyo, a quien concedió el hábito de Santiago. En España reinaba Felipe IV pero mandaba el conde-duque de Olivares, título que vino a parar después en la Casa de Alba. Con el conde-duque no andaba bien España. España iba peor con don Gaspar de Guzmán que con don José María Aznar, a quien el Rey todavía no ha hecho duque de la Gabardina.

Los españoles sufrían una recesión económica harto molesta y el monarca y el valido se ocupaban más en los asuntos internacionales que en los de fronteras adentro. Ya se sabe que los catalanes, cuando no van bien los negocios económicos y escasean los «pinyons», se sienten incómodos y en aquella ocasión se lanzaron a guerrear contra las tropas del antecesor de Jesús Aguirre, o sea, el todopoderoso conde-duque de Olivares. Ya se sabe que todas las guerras tienen su canción o sus canciones, y el pueblo, para esa guerra, inventó la canción «Els segadors». El pueblo también inventó otras canciones, pero la más popular fue esa de los segadores. En ella se anuncia que «els segadors» catalanes cortarán con sus hoces cabezas castellanas y derramarán por los campos la sangre de los castellanos.

Está justificada tan molesta y belicosa letra, porque no se pueden esperar otros lirismos florales de una canción de guerra. El «pagés» que se iba a la guerra no iba a cantar por el camino que portaba «panellets» para los castellanos de la tropa de Olivares. Lo que no parece tan justificado es que el Parlamento catalán haya declarado esa letra Himno oficial de Cataluña, por más que los himnos oficiales casi siempre tienen aires guerreros. Y lo que ya es un puro disparate es que la «Generalitat» de Jordi Pujol obligue a todos los niños de las escuelas públicas a cantar ese himno de guerra en vez de canciones de amor, de trabajo y de solidaridad. O simplemente canciones infantiles. Por ejemplo, esa que proclama que «el patio de mi casa es particular; cuando llueve se moja como los demás».

Por lo visto, Jordi Pujol quiere adiestrar a los niños catalanes en manejar las hoces para cortar cabezas, en este caso castellanas, pero sería igualmente «pedagógica» la ocurrencia si se tratase de cabezas de moro o cabezas de turco. Al fin y al cabo, degüellos. Amor y pedagogía, se puede llamar esa figura política. La orden de Pujol parece una delicada atención que ha tenido la «Generalitat de Catalunya» con la única patria que conoce y reconoce doña Marta Ferrusola. Hombre, para ese honor podían haber elegido una bella sardana de Maragall, el abuelo del «federalismo asimétrico», por ejemplo esa que empieza «Anem a la muntanya» y que le dice «adeu» la amada, rosa de abril, rosa encarnada. O aquella otra en que un pobre gusano, «un cuc de terra» blando y feo, se enamora de una estrella.

A mí eso de cantar en la escuela canciones de guerra me recuerda mi infancia, cuando nos hacían cantar, de pie en el aula, el «Cara al sol» o «Prietas las filas», y aquella otra en que se dice que «moriremos besando la sagrada bandera», y yo confieso que no me apetecía nada morir besando la bandera. Me hubiera gustado mucho más vivir besando a Marifé, que fue mi primera novia, aunque todavía no había aprendido a poner los labios. Y al menos aquellas canciones hablaban de luchar, de vencer o de morir, pero no de cortar cabezas con las hoces de segar espigas. Qué cosas.

«Es inútil tomar distancia cuando son las balas las que persiguen al periodista»
El director de EL CORREO reivindica la libertad de información ante la Asociación Mundial de Periódicos Ángel Arnedo invita a la organización a celebrar un encuentro internacional en Euskadi
HONG KONG EL CORREO 4 Junio 2001

El director de EL CORREO, Angel Arnedo, reivindicó ayer ante la Asociación Mundial de Periódicos, reunida en Hong Kong, la libertad de información y denunció el acoso y la violencia que sufren los medios en Euskadi. «Abrir la correspondencia, arrancar el coche, almorzar dos días seguidos en el mismo restaurante, parar de camino a casa a coger el pan... son hábitos cotidianos que entrañan alto riesgo para muchos periodistas. Bajo la presión de anónimos, rodeado de pintadas amenazantes, custodiado por un escolta, el ejercicio de la profesión se entorpece y desnaturaliza. Y bajo semejantes condiciones de trabajo y de vida, evitar que el miedo gobierne el micrófono o la pluma se torna un esfuerzo que ninguna empresa periodística puede exigir a sus plantillas», señaló Arnedo, que comenzó su intervención con una referencia emocionada a Santiago Oleaga, director financiero de ‘El Diario Vasco’, asesinado por ETA el 24 de mayo.

En una situación extremadamente difícil para los periodistas y marcada por el blindaje de las instalaciones informativas, «es inútil tomar distancia cuando son las balas las que persiguen al profesional», dijo el director de EL CORREO, para quien una pretendida equidistancia constituiría «una cobarde excusa para esquivarlas». «Determinados principios -añadió- deben prevalecer sobre cualquier otro valor y su salvaguarda es una obligación de quienes son meros portavoces de la sociedad».

Arnedo esbozó el dramático panorama de la Prensa en el País Vasco con un breve repaso de los últimos atentados contra la libertad de información. En esa línea, subrayó el esfuerzo de los periodistas por mantener abiertos los medios. «Deseamos seguir asistiendo a esa lección de periodismo que durante años ha impartido la comunidad informativa vasca. En nombre de ese fin, agacharemos la cabeza para revisar los bajos de nuestros coches, pero la mantendremos bien alta para defender la palabra y su libertad».

Mordazas en Euskadi
En su intervención, el director de EL CORREO resaltó que la comunidad internacional debe hacerse eco de que en un continente donde las personas y los bienes circulan libremente, «todavía pervive una región donde el pensamiento se detiene ante tupidas mordazas». Arnedo reclamó para ello la solidaridad de quienes como los asistentes al congreso de la Asociación Mundial de Periódicos «saben del privilegio de revelar cada día al mundo la última página del diario íntimo de la actualidad». En línea con esa solicitud, sugirió la celebración de un encuentro internacional en Euskadi, donde directores y redactores tendrían la oportunidad de relatar su situación «a cambio de recibir el calor de sus compañeros y demostrarían a los terroristas que el lenguaje de las armas dejó de hablarse hace mucho tiempo en el mundo civilizado».

«Esa es mi invitación -concluyó el responsable de la Redacción de EL CORREO- porque sólo cuando cicatricen las heridas de todos los portavoces de la libertad y se cierre la brecha política y social que desgarra Euskadi, entonces, los periodistas dejaremos de envidiar la Historia, porque ese día podremos publicar páginas sobre el País Vasco tan hermosas como las que ha escrito ella».

Laberinto
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 4 Junio 2001

Arzalluz quiere pilotar España desde Bilbao, y para eso principia por decir que la España de Aznar no existe. Los etarras, más realistas, consideran que España sí existe y les gusta mucho hacer excursiones soberanistas y con tiros. Unos vienen de paso y otros se quedan aquí estables.

Pujol, en tanto, pretende chupar plano de las misas de Arzalluz, y ha descubierto un soberanismo catalán, como el que saca el gran chal del baúl de la abuela payesa, y otra vez vende la Cataluña histórica, que todos tienen la Historia maquillada como tienen las Vírgenes de albayalde. A Pujol le convendría ajuntar nacionalismos, pero Arzalluz defiende una idea de piedra, lo vasco, y no le conviene complicar su pureza prehistórica con la pureza prehistórica del otro, que, a fin de cuentas, son todas la pura impureza de los mismos orígenes de España, dado lo corto del espacio en que nos movemos tantos emperadores de antiquité. A Zapatero le conviene más casar la realidad vasca con la irrealidad del PSOE, que un buen separatista de derechas queda de izquierdas en Madrid. Por qué no vivir todos juntos la rebelión burguesa contra una España que ya sólo es nominal, aparte ellos mismos, tan españoles.

Aznar no vende inventos sino que sólo procura que funcione realmente la realidad. Esto, se llame como se llame, es una cosa que tiene mil años largos de cultura y agricultura, de hacer el pan y cantar el alfabeto, de comprar y vender los productos, siempre con los quesos de viaje hacia el mar y el mar de viaje hacia las pescaderías del interior.

Dentro de este laberinto de surrealistas tardíos y malos sólo Aznar se queda en el realismo y no quiere inventar nada, sino que funcione lo que ha funcionado siempre. En cuanto a la letra pequeña: ¿federalismo o comunalismo o soberanismo o aquel provincianismo corto e isabelino que ha durado tanto? Aznar es el único político que trabaja sin imaginación, atenido a una realidad lógica y eficaz que antes se llamaba España y que no estaba mal organizada, aparte las injusticias de «los eternos descontentos», como decía Franco. Este señor prefiere esperar a que funcione lo real, como siempre, mejor que impacientarse haciendo funcionar lo irreal, de tanta fascinación, como los imaginarios que hemos enunciado. Es el tipo de hombre que acaba teniendo razón a la larga, pero los plazos están volviendo a ser cortos, y él mismo ha tenido culpa del acelerón. Luego nos queda Felipe González, que es, con Maragall, el revolucionario duro que piensa volver a la carretera de La Coruña.

Ahora que Vera, con su libertad regalada y espectacular, calla, González puede tornar libremente a capitanear las tropas ideológicas que ya tienen capitán, pero juvenil, algo así como el Alatriste de Pérez Reverte, o sea un Zapatero que será siempre rehén de la amistad madura del otro. Mientras cada uno inventa su España y hasta le pone otro nombre, la España propiamente dicha ora y labora como siempre, ve pasar a estos profetas de puenting y tiene realidad plena porque Europa la mira.

Medio centenar de proetarras organizados siembra el terror durante horas en Vergara
SAN SEBASTIÁN. ABC 4 Junio 2001

Un grupo de cincuenta proetarras encapuchados y «perfectamente organizados», según la Ertzaintza, sembró el terror durante horas en la localidad guipuzcoana de Vergara. Mientras algunos vándalos plantaban cara a los agentes de la Ertzaintza con bombas-trampa caseras, otros atacaban con artefactos incendiarios varias entidades bancarias y causaban destrozos en edificios y vehículos.

Las fiestas patronales de la localidad guipuzcoana de Vergara fueron el escenario elegido por los terroristas de la «kale borroka» para protagonizar uno de los ataques más violentos de los que han perpetrado. Se da la circunstancia, además, de que pocas horas antes se había organizado en la localidad un homenaje para recibir a un preso de la banda terrorista ETA, recién salido de prisión.

Los hechos comenzaron sobre la una de la madrugada de ayer, cuando medio centenar de individuos con los rostros cubiertos comenzaron a arrojar cócteles molotov contra cuatro oficinas bancarias, una óptica y una oficina de correos, causando cuantiosos daños materiales. Además, cinco vehículos que se encontraban estacionados en la zona resultaron dañados por los artefactos e, incluso, uno de ellos quedó totalmente calcinado.

Después, cuando aparecieron las furgonetas de la Ertzaintza, los radicales cambiaron de objetivo y comenzaron a atacar a los agentes con cohetes y explosivos de fabricación casera que prepararon para que estallaran al paso de los vehículos policiales.

Los radicales improvisaron varias barricadas y recibieron a los agentes de la Policía autónoma con bombas-trampa de fabricación casera y cohetes incendiarios. Los artefactos se ubicaron también en la zona de las barricadas para imposibilitar la labor de los agentes.

NO HUBO HERIDOS
Por suerte y pese a que los enfrentamientos se prolongaron un tiempo, no se registraron heridos. La Ertzaintza permaneció en la zona durante horas para retirar los cohetes y artefactos pirotécnicos utilizados para el ataque y limpiar los desperfectos causados por el ataque y los incendios provocados en los vehículos particulares.

La Policía autónoma vasca comenzó una investigación con el objetivo de arrestar a los implicados en el ataque organizado de los radicales proetarras, aunque en la tarde de ayer no se practicó ninguna detención.

El teniente de alcalde de Vergara,Koldo Pereira, del PNV, puntualizó que los cincuenta proetarras no viven en el municipio ni recibieron ayuda ni cobertura de los vecinos para llevar a cabo los sabotajes. No obstante, reconoció que los vándalos pudieron recibir «indicaciones» en días previos de alguien del pueblo, porque sabían «desde qué puntos» tenían que actuar y cuando se dispersaron se dirigieron a las zonas de más «fácil salida». Vergara es un municipio guipuzcoano donde el PNV-EA (8 concejales) gobierna en minoría tras romper con EH (7 ediles) el pasado año por no condenar los atentados de ETA. Además, la corporación de Vergara está compuesta por un concejal del PSE/EE y otro del PP.

Según explicó el teniente de alcalde, el equipo de gobierno analizará estos hechos en una reunión, aunque no lo hará hasta que no reciba el informe de la Ertzaintza sobre lo sucedido. El representante municipal destacó que cuando se produjo el ataque había un gran gentío en la localidad, que desde el viernes celebra sus fiestas patronales.

El portavoz del PNV en el Congreso de los Diputados, Iñaki Anasagasti, explicó que «hay que estar muy atentos» a este fenómeno de «kale borroka», ya que de repetirse lo ocurrido en Vergara «sería un salto cualitativo» dentro de la violencia callejera. En declaraciones a la agencia Efe, Anasagasti manifestó encontrarse «absolutamente perplejo de ver una acción vandálica de esta envergadura, propia de los cuatreros del salvaje oeste o de las termitas más destructivas», ya que «el 13 de mayo la gente habló en Vergara con su voto y mayoritariamente optó por partidos que rechazan la violencia de una manera beligerante y flagrante».

Para el portavoz del PNV en el Congreso, los autores de estos ataques «son grupos mafiosos, porque no tiene absolutamente nada que ver con la realidad política y simplemente es gentuza de la peor calaña que destruye por destruir».

La Ertzaintza no realizó ninguna detención en Vergara
VITORIA. ABC 4 Junio 2001

Pese a la noche de terror que se vivió la pasada madruga en Vergara, la Policía autónoma vasca no realizó ninguna detención. Y eso que los «chicos de la gasolina», según la jerga de Arzalluz, en un ataque perfectamente organizado, plantaron cara a la Ertzaintza con bombas-trampa de fabricación casera.

La secretaria de Política Institucional del PSE, Gemma Zabaleta, subrayó el hecho de que la Ertzaintza no practicara «ni una sola detención» durante los incidentes, ya que, en su opinión «la primera prioridad del Gobierno vasco, y también de los partidos de la oposición, tiene que ser acabar con este fascismo que nos invade». «Sería una enorme tranquilidad para los vascos que cuando se cometen estas cosas supiéramos que, por lo menos, se detiene a alguien y por lo tanto se pone a disposición de la Justicia a esos delincuentes y bárbaros», dijo Zabaleta.

LAS «HORDAS» VIOLENTAS
La secretaria de Política Institucional del PSE abogó por «profundizar en todas las medidas que el Estado de Derecho permite para acabar con estos comportamientos fascistas y violentos, independientemente de las medidas de orden político que debamos llevar a cabo».

Zabaleta condenó el ataque perpetrado en Vergara, reconoció que esperaba que «de nuevo» ocurriera «el paso de las hordas violentas sobre una población vasca» y lamentó que «quienes no atienden a los valores de la democracia hayan vuelto a atacar».

La eficacia de la Ertzaintza en la lucha contra ETA está seriamente cuestionada, sobre todo a raíz del mandato del actual consejero en funciones, Javier Balza, ante los escasos resultados registrados durante su etapa y por algunas decisiones polémicas adoptadas por el departamento, como la orden de cargar contra manifestantes pacifistas en San Sebastián o la de autorizar manifestaciones de Haika en el centro de Bilbao que acabaron con fuertes disturbios e importantes daños, después de que los radicales se «armaran» a pleno luz del día y en pleno corazón de la ciudad.

En esta etapa, la Ertzaintza ha tenido que hacer frente también a las mayores acusaciones de politización que ha recibido el Cuerpo por la ineficacia y el dirigismo de sus mandos, críticas realizadas, incluso, desde dentro de la policía autónoma. Los propios agentes han acusado a los mandos de no dejarles actuar contra los violentos y de llegar, a propósito, «tarde y mal», siguiendo órdenes políticas, sobre todo en el periodo de tregua.

Además, critican la falta de previsión de los mandos, cuando gran parte de los actos vandálicos se repiten siempre en las mismas localidades y año tras año en la misma fecha, lo que los proetarras aprovechan para hacer emboscadas a los agentes. A principios de año, ETA tendió una emboscada con un coche-bomba a una patrulla en Hernani y el agente Iñaki Tororika falleció, alcanzado por la onda explosiva.

A pesar del incremento sustancial de actos de violencia callejera o «kale borroka» desde, sobre todo, la proclamación unilateral de tregua por parte de ETA, el número de detenciones apenas ha variado, mientras que los daños han sido cuantiosos. Durante el año 2000 —ETA rompió su tregua unilateral a finales del 99— la Ertzaintza únicamente llevó a cabo dos operaciones contra ETA: la localización de los pisos empleados por los activistas del «comando Vizcaya» que fallecieron en Bolueta al estallar la bomba que transportaban y el hallazgo de una vivienda abandonada por la banda en la capital alavesa. Según datos oficiales, el departamento de Interior destinó a víctimas de atentados más de 163 millones de pesetas en el año 2000, frente a los 61 millones del año anterior, debido principalmente, según indicó Balza, a lo actos de terrorismo «sufridos por conjuntos de vecinos, como en el caso de Guecho (Vizcaya) o Inchaurrondo (Guipúzcoa)».

PASIVIDAD DEL GOBIERNO VASCO
Los resultados del último Euskobarómetro, diciembre de 2000, señalan que siete de cada diez vascos consideran que al Gobierno de Juan José Ibarretxe le falta energía y eficacia para prevenir y atajar la violencia callejera y tres de cada cuatro opinan que no actúa correctamentecontra el terrorismo. Una ineficacia que el comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, Álavaro Gil Robles, recogió en su informe sobre la situación en Euskadi, en el que acusó al Gobierno vasco y a la Ertzaintza de «pasividad» en la protección eficaz de los derechos de los ciudadanos. Este documento fue ampliamente criticado por Ajuria Enea.

Además de los altercados de Vergara y del ataque contra la vivienda del concejal socialista de Santurce, Herminio Treviño, ocurridos este fin de semana, cabe recordar que en la segunda quincena de mayo, una semana después de las elecciones, los proetarras llevaron a cabo un total de seis acciones violentas en la Comunidad vasca, sin que tampoco se practicaran detenciones.

Anticatalanismo
Cartas al Director ABC 4 Junio 2001

No hay día en que Pasqual Maragall y sus adláteres del PSC-PSOE no pongan en la picota a las gentes del Partido Popular de Cataluña. Su único motivo de ataque al Gobierno de la Generalitat parece ser el gravísimo pecado de asegurar su estabilidad mediante pactos con el Partido Popular. Parece ser que el verdadero rival (¿enemigo?) del ex alcalde de Barcelona son los catorce escaños del PP y no los cincuenta y seis del partido que gobierna Cataluña. En Cataluña el Partido Popular es a diario anatematizado por ser enemigo de Cataluña. Se le acusa continuamente de servir los intereses de Madrid (¿España?) en Cataluña. En general, de «ir contra Cataluña» y «contra los catalanes». Maragall ya empieza a identificar su persona con Cataluña, y fiel a las enseñanzas del gran gurú del nacionalismo catalán, (¿su admirado?) Jordi Pujol, nos enseña quiénes son los buenos y quiénes los malos.

Yo nací en esta tierra hace veintisiete años, siempre he residido aquí y por tanto soy y estoy orgulloso de ser catalán (eso sí, lo que para mí significa ser catalán no tiene nada que ver con la idea de Maragall y su socio, el independentista Carod Rovira). Sin embargo, por haber votado al Partido Popular soy «anticatalán». Maragall con sus continuas declaraciones sobre el anticatalanismo del PP nos sitúan a mí y al resto de votantes del Partido Popular a los pies de los caballos.

Ser catalán y español en Cataluña no es fácil. Máxime cuando el nacionalismo une al partido gobernante y al partido que, si Dios no lo remedia, le sucederá algún día en el Palacio de la Generalitat. Aunque eso sí, el voto abrumadoramente socialista del cinturón obrero de Barcelona se pide en castellano. Algo de «ceny» sí que tiene Maragall.       David Miranda Riera.  Barcelona.

Siempre al quite
Por Pío Moa Libertad Digital 4 Junio 2001

Macià fue, en autorizada opinión de cambó, un personaje estrafalario, cuyas aventuras terminaron cayendo simpáticas por lo tartarinescas. Los nacionalistas catalanes, con notable falta de respeto a Cataluña —cosa menos paradójica de lo que parece—, hicieron de él un “héroe nacional”. Las izquierdas republicanas no podían ser menos, y cuando falleció, a finales de 1933, le tributaron un homenaje en las Cortes. En pleno homenaje, Prieto saltó de su escaño gritando que había oído un “muera Cataluña” en el sector de la CEDA. Era con seguridad una invención para colocar al adversario a la defensiva, táctica muy de Prieto, como se quejaba Largo Caballero. Se armó un tremendo revuelo en la Cámara, sin que sirvieran de nada los desmentidos de Gil-Robles. Explotando el truco, la Esquerra catalana desató en su prensa una campaña de “desenmascaramiento” de los “enemigos de Cataluña”. Creo que el caso ilustra la destreza del nacionalismo para timar a los catalanes —a quines, insisto, respetan poco en el fondo— inventando agravios o exagerándolos.

Algo así ha pasado con la frase del Rey sobre la expansión del español, básicamente cierta, aunque excesiva, como todas las generalizaciones. En Cataluña, Galicia o Vasconia, el castellano se empleó más y más a lo largo del tiempo, y fue convirtiéndose en el idioma común de los españoles, por su posición intermediaria entre los diversos reinos y por su prestigio como lengua de cultura política. Al español común han contribuido todas las regiones de España, y es patrimonio de todas, aparte de Hispanoamérica.

Cierto que hubo momentos de imposición suave del castellano en Cataluña, tan suave que pretendía hacerse “sin que se viera la intención”. Llamarla persecución es desbarrar. Y bajo el franquismo, el catalán sufrió proscripción oficial, y hubo algo de persecución, sobre todo en los primeros años, aunque también, paralelamente, una política de promoción intelectual de ese idioma. No fue la cosa tan simple como suele presentarse.

Cuando oigo a nacionalistas contar horrores de la supuesta persecución, suelo responder: “Si así ocurrió ¿cómo lucharon ustedes tan poco contra el franquismo? ¿Y por qué ahora, con una democracia que poco les debe a ustedes, no cesan de incordiar mezquinamente con esas historias?” De lo que se trata, claro, es de usarlas de pretexto para imitar a Franco , como denunció Anson hace años, pero a la contra: proscribir en lo posible el castellano de la vida oficial. En un Parlamento que dice representar a una región la mitad de cuya población se expresa en castellano, este idioma está ausente. Por no hablar de la “inmersión lingüística” y las historias que hacen tragar a los estudiantes estos bravos que se dicen defensores de Cataluña, a la que, una vez más, demuestran tan escaso respeto.

Francia pone en marcha la brigada especial contra ETA
La policía francesa tiene previsto poner en funcionamiento el próximo jueves 7 de junio la brigada especial contra ETA, que tendrá su base de operaciones en Bayona. Además, esta iniciativa permitirá incrementar notoriamente el número de policías españoles en suelo galo para facilitar la labor de sus colegas.
EP. Libertad Digital 4 Junio 2001

Así, la nueva unidad, que tendrá competencias en todo el territorio francés, desempeñará labores de investigación en la lucha contra la banda terrorista ETA, así como de intervención en la prevención y persecución de actos de violencia callejera. El responsable de la unidad, el comisario George Bonfont de la División Nacional Antiterrorista (DNA), tendrá bajo su mando a 25 miembros de la Policía Judicial, dotados de medios sofisticados y amplias competencias judiciales que incrementan su eficacia en la investigación, como por ejemplo la posibilidad de establecer escuchas telefónicas sin mandamiento judicial durante tres meses.

A su vez, la nueva unidad, cuya estructura estará constituida por tres grupos operativos, reforzará los efectivos policiales que ya están destacados en el País Vasco francés y donde trabajan 560 funcionarios de la Policía del Aire y las Fronteras (PAF), 500 miembros de las Compañías Republicanas de Seguridad (CRS) y 60 agentes de la División Nacional Antiterrorista.

El despliegue de la brigada policial gala para luchar contra ETA fue un compromiso que el ministro del Interior francés, Daniel Vaillant, transmitió al vicepresidente primero del Gobierno y ministro del Interior, Mariano Rajoy, en el transcurso de una reunión que mantuvieron el pasado 2 de abril.

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