AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 6 Junio   2001
#Confesión de incompetencia
Editorial ABC 6 Junio 2001

#¡Anda, los donuts!
Carlos DÁVILA ABC 6 Junio 2001

#¿Palabra o palabrería?
Ignacio Villa Libertad Digital 6 Junio 2001

#De violencia callejera a guerrilla urbana
Julián LAGO La Razón 6 Junio 2001

#La toma de Bergara o las nueces del árbol de Gernika
Enrique de Diego Libertad Digital 6 Junio 2001

#La «Ertzaintza»
Jaime CAMPMANY ABC 6 Junio 2001

#Las hoces
ANTONIO GALA El Mundo 6 Junio 2001

#Prioridad y política
TONIA ETXARRI El Correo 6 Junio 2001

#Sorpresa
MANUEL BEAR El Correo 6 Junio 2001

#INCAPACIDAD ABSOLUTA
ERNESTO S. POMBO La Voz 6 Junio 2001

#Balza dice que la Ertzaintza no detuvo a nadie porque decidió no disparar
J. ITURRI El Mundo 6 Junio 2001

#AEK, integrada en ETA, «obstruye» la investigación del administrador judicial
ABC 6 Junio 2001

#De la violencia de la gramática a la gramática de la violencia
JOSÉ VARELA ORTEGA El País 6 Junio 2001

#Algunas citas relacionadas
Nota del Editor 6 Junio 2001

#«Todo ardió de golpe en menos de un minuto»
JULEN ENSUNZA GERNIKA El Correo 6 Junio 2001

#Un tribunal de Madrid niega a un ciudadano un DNI en catalán
J. A. HERNÁNDEZ | Madrid El País 6 Junio 2001

#EL CENSO DE MUERTOS VIVIENTES
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 6 Junio 2001

Confesión de incompetencia
Editorial ABC 6 Junio 2001

El consejero vasco de Interior, Javier Balza, ofreció ayer unas explicaciones sobre la actuación de la Ertzaintza en el asalto de Vergara por jóvenes proetarras, que provocan más preocupación que tranquilidad. La conclusión de las palabras de Balza es que van a ser impunes los actos de terrorismo colectivo como el que se consumó en la localidad guipuzcoana. Balza definió los graves incidentes de Vergara como un atentado terrorista directamente organizado por ETA —nunca el juez Baltasar Garzón hubiera esperado un refrendo semejante a sus tesis—, pero justificó la ausencia de detenciones de los autores, es decir, de los terroristas, porque para practicarlas hubiera sido preciso el uso de armas de fuego. En definitiva, una extensión del «desarme verbal» a la Policía vasca.

Es una contradicción tan absoluta la que enfrenta ambas afirmaciones —no detener al delincuente porque habría que hacer uso de la fuerza— que sólo se explica por la voluntad política del Gobierno vasco de no actuar decididamente contra la kale borroka. Por eso, aunque Javier Balza pretenda amparar la actuación policial con el argumento de la prudencia, la realidad demuestra que su discurso ha sido una confesión de incompetencia, de impotencia y de ineficacia, tanto en la obtención de información preventiva como en la reacción ante los disturbios. Ahora queda pendiente saber qué hará el consejero Balza, o el que le sustituya, cuando en el futuro se produzcan hechos similares a los de Vergara. Por lo pronto, ayer en Bermeo, los jóvenes proetarras quemaron dos autobuses.

Cuando decidan volver a tomar una población sabrán que ninguno será detenido, porque la Policía vasca no hará uso de la fuerza legítima con los medios proporcionales a la intensidad de la agresión. Es una forma de reconocer que el Gobierno vasco no va a agotar todos los recursos policiales para mantener el orden, asegurar la libertad de los ciudadanos y proteger los bienes públicos y privados.

Con situaciones así no puede haber compás de espera ni márgenes de confianza para Juan José Ibarretxe. La seguridad y la libertad de los vascos no son piezas de ninguna estrategia política, se busque el diálogo con socialistas y populares o se busque la reedición de Lizarra. Los hechos de Vergara o de Bermeo emplazan a Ibarretxe a una respuesta policial inmediata, como corresponde a una administración autonómica que tiene transferida la competencia de seguridad ciudadana para que la ejerza, no para jugar con ella ni para dosificarla al compás de los acontecimientos.

¡Anda, los donuts!
Por Carlos DÁVILA ABC
6 Junio 2001

Estupendo Imaz. Toda la vida debajo del agua y salió pidiendo un botijo. «¡Anda —se dijo—, los donuts!», y ante el asombro general descubrió para la Historia que la furia subversiva de Vergara llevaba la firma de ETA. Esto es todo; todo lo que sabe el Gobierno vasco, según la privilegiada información que, sin duda, ha proporcionado al Ejecutivo de Ibarreche el todavía consejero de Interior —todavía, esperemos por el bien de todos que se cumpla el adverbio— Javier Balza. El Gobierno vasco, en el que Arzalluz ha depositado toda su confianza, ha venido adoptando hasta ahora la misma posición respecto a los «borrokas» y a la organización que los moviliza: son y eran los populares «chicos de la gasolina» a los que no hay derecho a ilegalizar. Aún, durante años, la doctrina oficial ha sido esta otra: utilizar la violencia oficial contra la desatada, terrorista, por los revoltosos, simplemente, revoltosos, produce efectos contrarios a los deseados. Vamos, que no se puede hacer eso, caramba.

Y es que, además, la represión policial no es eficaz, entre otras cosas porque —han venido diciendo— en los alborotos caen justos por pecadores. En síntesis, que después de todo esto ha venido el tardío, asombroso, pero bienvenido descubrimiento de Imaz. Hace pocos años que en Navarra la guerrilla urbana —de verdad, ¿les parece exagerado el término?— se fue con los cócteles, los explosivos, las navajas, las patadas y otro material de derribo, a otra parte. ¿Por qué? Porque un delegado del Gobierno, Ansuátegui, al que ahora se quiere presentar en Madrid como el abominable hombre de la Meseta, les combatió con todas las armas de la legalidad. Así se hicieron las cosas: a los «borrokas», antes que apalearlos, hay que impedir que trabajen como en Vergara. No lo hizo la Ertzaintza por enésima vez, y dada su victoria, es más que probable que todas las ferias y fiestas vascas que se avecinan reciban a estos visitantes criminales. El del botijo ha salido del agua y ha pedido un vaso. «¡Anda —se ha dicho—, si eran de ETA!». Sublime.

¿Palabra o palabrería?
Por Ignacio Villa Libertad Digital 6 Junio 2001

Es un paso adelante el reconocimiento por parte del PNV de que la violencia callejera es puro terrorismo y, además, dirigido y azuzado por ETA. Es un buen paso, pero no es suficiente. Y no lo es por varios motivos.

En primer lugar, cuando se habla de terrorismo no es suficiente con reconocer que es una realidad. Como responsables políticos, los miembros del Gobierno vasco tienen la obligación de ir un paso más allá. Ibarretxe, además de “rogar” a los etarras que dejen de matar, tendría que tener entre sus obligaciones la de poner los medios para luchar de verdad y sin miedo contra ese terrorismo que afecta a muchos ciudadanos vascos. Ibarretxe tiene la obligación de cuidar la buena convivencia de todos los vascos, no sólo de una parte de ellos. Esa es la clave. Ese tiene que ser el giro de verdad. Y, en caso de darse, sí se podría considerar irreversible. Todo pasa por el reconocimiento de palabra, pero también de acción, de que el terrorismo existe y que como tal hay que tratarlo.

José María Aznar se ha felicitado del “hallazgo”. Fue tardío, pero al fin y al cabo positivo si desde ahora se acompaña con una actitud beligerante contra el terrorismo. Reconocer ahora que la violencia callejera es terrorismo no es suficiente, sobre todo cuando se ha permitido y se ha justificado durante meses, omitiendo intencionadamente toda actividad de orden público. El PNV, que ahora dice lo que dice, tiene que acompañar con eficacia este amago de cambio. Siendo conscientes de que las omisiones constantes y durante tanto tiempo han deteriorado mucho la situación. Estamos en lo de siempre: el gesto es bueno, pero por el momento no es suficiente.

De violencia callejera a guerrilla urbana
Julián LAGO La Razón 6 Junio 2001

El salto cualitativo del terrorismo callejero, observado en Vergara durante la noche del pasado domingo, coloca a la violencia vasca ante una nueva dimensión que no puede pasarnos inadvertida. Por primera vez, Eta no ha actuado en el mal llamado «terrorismo de baja intensidad» a través de grupos sociales interpuestos, como hasta ahora había hecho, sino que ha materializado su presencia directa en la calle bajo formas y metodología estrictamente paramilitares. 

El factor espontaneísta, y en cierta medida anarcoide, con que algunos pretendían restar importancia a los atentados de «los chicos de la gasolina», desapareció en Vergara a toque de trompeta. Dos comandos de acción perfectamente sincronizados, visibles distintivos de identificación, prismáticos de rayos láser para la oscuridad, pasamontañas uniformados y vestuario prácticamente de campaña podían formalmente confundir a los etarras con cualquier unidad policial. Sería una ingenuidad política, cuando no una falacia, sostener a estas alturas la desconexión de Eta con la «kale borroka». La banda terrorista no ha dejado nunca de utilizar la violencia callejera como caja de reclutamiento y campo de entrenamiento para nuevos activistas. La «kale borroka» siempre ha sido, por tanto, más de lo mismo, sólo que en esta ocasión sus acciones vandálicas han estado paramilitarmente pertrechadas y tácticamente organizadas por Eta: de la violencia callejera se ha pasado, pues, formalmente a la guerrilla urbana.

   Por no faltar, no faltó siquiera una agencia de prensa extranjera para levantar testimonio del enfrentamiento bélico con la Ertzaintza, es decir, con el Gobierno vasco. La imagen inevitablemente nos ha recordado Beirut, que es la sensación de guerra abierta que Eta pretenden trasladar al exterior. Ese es el objetivo de esta nueva fase que la banda ha iniciado para proyectar internacionalmente la teatralización de una confrontación con la que pretenden justificar sus prácticas terroristas. 

Queremos pensar, a fuer de ser crédulos, que la dirección política de la Ertzaintza desconocía lo que Eta tramaba en Vergara. Pero no deja de sorprendernos, por un lado, la carencia de información previa y, por otro lado, la ineficacia operativa en la respuesta policial: de momento, ninguno de los cincuenta encapuchados han sido detenidos, lo cual es preocupante sobre todo tras las explicaciones ofrecidas por el consejero Balza. 

Preferimos creer, pese a todo, que la metodología paramilitar de Eta aplicada en Vergara ha pillado desentrenada a la Policía vasca. De ahí que el nuevo escenario haya colocado a Ibarretxe en la encrucijada de un complejo cruce de caminos. O prosigue en la vía de Lizarra o, por el contrario, avanza en la pacificación, aparcamiento de la territorialidad y exclusión de quienes no condenan la violencia: por su aproximación al partido socialista, Eta acaba de dar al lendakari un primer aviso. Para el carlismo, Vergara es un referente histórico. Para Ibarretxe, un test que pone a prueba sus auténticos compromisos.

La toma de Bergara o las nueces del árbol de Gernika
Por Enrique de Diego Libertad Digital 6 Junio 2001

La toma de Bergara ejemplifica en niveles de guerrilla urbana que el País Vasco tiene un serio problema de seguridad ciudadana, y no un riesgo para el autogobierno. El PNV mintió en la reciente campaña electoral. Es uno de los aspectos que convierte su victoria en pírrica. Muestra, además, que la apócrifa frase de Arzalluz sobre el árbol y las nueces es un voluntarismo peneuvista. Eta no acepta tal reparto de funciones: quiere zarandear el árbol y monopolizar las nueces. Mintió el PNV cuando amenazó con más violencia terrorista si Jaime Mayor Oreja accedía a Ajuria Enea, porque esa posibilidad es ajena a los deseos ocultos de Sabin Etxea. Entrando en el redil de EH, el PNV ha ganado la pugna interna de familia –no la de la integración, puesto que los constitucionalistas han crecido en niveles históricos, a pesar de la histeria patria–, pero se ha situado en la posición de enemigo iniciada cuando Eh abandonó el Parlamento vasco, forzando elecciones anticipadas. Es falsa otra de las curiosas tesis de Arzalluz: los fines de PNV y Eta son los mismos o su hecho fundacional es idéntico, porque los modelos de sociedad son diversos, entre la Arcadia rural y burguesa, y la nostalgia cubana o el socialismo o muerte.

El conjunto de todas estas falsedades culmina en la premisa mayor: la independencia es la paz, porque los fines comunes se habrían cumplido. Grosero síndrome de Estocolmo colectivo, que pasaría por una tregua de Eta para ir a un referéndum de independencia. La independencia no es más que el paso para la construcción nacional, para el proyecto totalitario, el punto de no retorno para la violencia en niveles genocidas, para la guerra civil que simboliza la toma de Bergara. Es la idea de España como sociedad abierta y Estado de Derecho la que ha permitido la supervivencia del País Vasco como habitat moderno y civilizado frente a la barbarie, jugando el PNV a centro conservador.

Se ha roto la ficción de que la violencia sólo amenaza a una parte de la sociedad como reclamación al egoísmo del resto. El asesinato de Santiago Oleaga y la toma de Bergara muestran que ha empezado una nueva etapa, tras el fracaso electoral del nacionalismo (reducido en sus dimensiones y con un diputado menos): como vanguardia leninista, la banda terrorista no asume el liderazgo nacionalista del PNV, no es su fuerza cipaya. Ibarretxe está mal preparado, tras el bienio de componenda, para recuperar policialmente la calle, porque tal criterio de sentido común ha sido diabolizado como “solución policial” para esconder lo que es el miedo atávico de los nacionalistas al alien que salió de su seno.

A pesar del intento de suicidio virtual de España, perpetrado en Madrid en la noche del 13 de mayo, y el mentecato intento de ajuste de cuentas cebrianita contra los que defienden la libertad con riesgo de sus vidas, la realidad electoral se va abriendo paso: Ibarretxe tiene menos capacidad de maniobra que en la pasada legislatura, Madrazo ha dado un golpe letal a IU como proyecto y el futuro gobierno vasco no se podrá esconder tras la retórica sino asumir que al árbol al que atiza Eta es al de Gernika y quiere todas las nueces, incluidas las nacionalistas. Para ese escenario, Balza es un lastre, un cegato policía organizando el tráfico entre una lluvia de cócteles molotov.

La «Ertzaintza»
Por Jaime CAMPMANY ABC 6 Junio 2001

Vengan hoy a mí las más fecundas y solícitas musas porque he de cantar los loores y alabanzas de los «ertzainas», esos sujetos que se han disfrazado en Cornejo de policía montada del Canadá, con la guerrera roja, pero sin caballo y con boina. Ni siquiera pueden esperar que les preste sus caballos el caballero don Álvaro Domecq, porque manos criminales han diezmado su virtuosa caballería, experta en la gracia noble del rejoneo. Alfonso Guerra todavía no ha conseguido que Fermín Bohórquez salga a los ruedos a rejonear en burra, pero alguien ha conseguido matar y herir a los educados caballos de Domecq. Bueno, pues que esta policía montada del País Vasco, sin montura y con verdugo, continúe haciendo su lírica función a pie, esa lírica función que no es otra que la devoción contemplativa.

Se ve que los «ertzainas» han nacido para contemplar cómo la Historia pasa bajo los puentes, bajo los arcos triunfales, bajo las cloacas también y por entre las calles de las ciudades y los pueblos. Miran, contemplan, y permanecen impávidos, inmóviles, como soldaditos de porcelana, de plomo o de barro. Los revoltosos chicuelos del «kale borroka», los muchachos de las algaradas juveniles que dice el hijo rebotado de san Ignacio, destrozaban la ciudad de Vergara (o Bergara, como gusten), incendiaban sus comercios y casas, lanzaban cócteles Molotov contra autobuses, edificios y monumentos, y ponían la ciudad patas arriba, con graves daños y no leves peligros. Habían tomado a saco la ciudad y por sus calles y plazas campaban por sus respetos.

Los «ertzainas», ofreciendo muestras de valor temerario y celo profesional inigualado, contemplaban aquellas escenas provocadas por los desalmados de las bandas vandálicas. Y hay que decir en honor de los miembros heroicos de la «Ertzaintza» que ni uno solo de ellos escapó como alma que lleva el diablo; ni uno solo huyó despavorido del lugar del suceso; ni uno solo volvió el culo al lugar donde los alevines de etarra destrozaban e incendiaban. Todos permanecieron en sus sitios, impertérritos, inamovibles, contemplando serenamente cómo aquellos energúmenos cumplían su destino de destructores. Era un espectáculo muy fuerte. Nadie sin la presencia de ánimo y sin la fortaleza de espíritu de los «ertzainas» habría resistido allí, a la prudente distancia en que se desplegaban los efectivos —y lo de «efectivos» es un decir— de la gloriosa «Ertzaintza».

Sólo cedían su puesto y su terreno cuando las juveniles bandas de la algarada se acercaban demasiado. Hasta entonces, permanecían firmes, defendiendo sus trincheras, la tierra sagrada de Euskal Herría. Loor a los «ertzainas» en el suceso de Vergara. En otro tiempo, el nombre de Vergara (o Bergara, como quieran) había sido símbolo de una cobarde paz acordada entre los ejércitos cristinos y carlistas, Madrid y Euskadi. Los generales Espartero y Maroto habíanse abrazado vergonzosamente, y eso podía ser interpretado como una rendición de los valerosos «gudaris» vascones. Ahora, los jóvenes cachorros de la destrucción habían castigado la ciudad del escenario pacifista. Y nadie podrá decir que los «ertzainas» se opusieron cobardemente a la invasión de los coléricos revoltosos.

Es muy probable que la «Ertzaintza» se viera en el trance peligroso de tener que cumplir la orden de no moverse. «Nada de esconderse en las conejeras de los cuarteles. Que todos los miembros de esta heroica fuerza, castillo y bastión del orden y la paz de Euskadi, resistan en sus puestos y no dejen de mirar los acontecimientos». Y eso hicieron. Pido para todos los «ertzainas» de Vergara una condecoración militar máxima. O dos. Que les concedan la Medalla de Sufrimientos por la Patria vasca, la Laureada individual de San Ignacio y la Gran Cruz de la Disciplina al Lehendakari.

Las hoces
ANTONIO GALA El Mundo
6 Junio 2001

Sabíamos que Cataluña era afrancesada, incluso menos de lo que quisiera. Pero no tanto como para copiar La Marsellesa: «Que una sangre impura riegue nuestros surcos». Ahora resulta que el honorable y su parentela consagran himno nacional Els Segadors, no tan inocente como parece. Los niños en las escuelas, igual que con Franco se cantaba el Cara al sol, lo cantarán ahora. Con hoces se siegan cuellos castellanos. Como en castellano escribió Rosalía: «Llora a mares su muerte/ les cose la mortaja/ y les hace las honras/ después de que los mata». Empezamos a estar rodeados. Y pensar que las sardanas más bonitas las escribió uno de Jaén.

Prioridad y política
TONIA ETXARRI El Correo 6 Junio 2001

Cuando el portavoz Imaz dijo, horas después del asesinato de Santiago Oleaga, que el Gobierno en funciones iba a dedicar todos sus esfuerzos para poner a los asesinos del director financiero de El Diario Vasco en manos de la Justicia fue valorado como un mensaje «novedoso» por su claridad y contundencia por la mayoría de la opinión pública. Parecía una obviedad, pero dicho con ese arrojo anunciaba un cambio de actitud muy distinta a la de aquellos que pedían, en su día, «compensaciones políticas» a las detenciones de activistas de ETA. Y si ese cambio de estilo, en lo prioritario, no traerá consigo la derrota de ETA -que ya ha demostrado con creces que su única razón es su propia subsistencia- al menos indica una voluntad política para perseguir a los delincuentes del terrorismo callejero, tal como le aconsejaba González a Ibarretxe después de las elecciones.

Tras los últimos hechos vandálicos de Bergara y Bermeo el portavoz del Gobierno ha seguido manteniendo el pulso. Puede que Imaz haya llegado bastante más tarde que los partidos de la oposición a darse cuenta de que los fanáticos de la violencia están no solo perfectamente organizados sino dirigidos por ETA. A algunos les parecerá que ha tardado en quitarse la venda de los ojos, pero siempre quedará por delante de Anasagasti en el aprendizaje de las lecciones que dan los fanáticos en Euskadi y eso no deja de ser un consuelo. Imaz toma nota y desde la oposición le dicen que... bienvenido al club de los desengañados.

Mientras Madrazo sigue debatiéndose entre la tentación de acceder, por fin, al poder y la coherencia de no pactar con la derecha -ese fue el reproche que él le hacía a Redondo cuando sospechaba que iba a hacer lo propio con Mayor-, socialistas y populares son conscientes de que, además del terrorismo, tenemos, en Euskadi, un problema político de permanente pulso con el Estado que los nacionalistas se encargan de airear saltándose, eso sí, en muchos casos la cuestión prioritaria de la recuperación de la unidad democrática contra ETA.

La socialista Gemma Zabaleta, la misma que dijo en la campaña, que no podrían gobernar con el PNV ni aunque cambiara, cree haber entendido el mensaje de los votantes. «Toda nuestra estrategia ha sido válida», dice, «pero no podemos convertirnos en el partido del no». Y como no quieren ir de la mano del PNV sino sustituirle, eso sí sin complejos, quieren dar al Parlamento la importancia que se merece. La intención de crear una comisión de seguimiento del desarrollo estatutario podría aclarar el debate sobre la autonomía y, de paso, daría a la Cámara vasca esa capacidad de control de las que tantas veces ha hecho dejación.

Sorpresa
MANUEL BEAR El Correo 6 Junio 2001

Debemos preguntarnos si, entre otros nutrientes, ETA no se alimentará también de nuestra perplejidad, real o fingida. Habría que preguntarse qué significa la exclamación del portavoz del PNV en el Congreso, Iñaki Anasagasti, cuando, después del asalto que ha sufrido la población de Bergara, afirma que no comprende esta acción «propia de cuatreros del salvaje oeste o de las termitas más destructivas». El simple recurso a estas imágenes extraídas del cinematógrafo ya indica una incapacidad de fondo para expresarse en términos congruentes con la naturaleza de la situación. No es posible que, a estas alturas, Anasagasti crea que Euskadi es víctima de un mal guionista; como si las cosas, en realidad, no debieran ocurrir como ocurren. Violencia, bueno, vale, pero no cuatreros ni termitas, por favor. Otro tanto podría decirse de las primeras manifestaciones del portavoz del Gobierno en funciones atribuyendo enfáticamente a ETA el ataque. Como si pudiera ser otra la fuente del mal. ¿De qué cantera creemos que saca la banda terrorista sus efectivos y en qué acciones suponemos que los entrena?, ¿cómo imaginamos que un joven nacido después del Estatuto de Gernika llega a asesinar por la espalda a un ciudadano al que no conoce y del que nada sabe?

El Pacto de Estella ha sido hasta ahora el último intento del nacionalismo de articular una política a la medida de sus deseos y no según la realidad, y los jeltzales están tan impregnados de la falsa conciencia destilada por ese grave error político que, entre otros efectos, les impide aceptar la indudable creatividad terrorista de ETA y su más que reiterada capacidad para dar «saltos cualitativos» y otras acrobacias mortíferas. Bergara es una ciudad modélica, no sólo en sus indicadores económicos y sociales, sino en la homogeneidad nacionalista que refleja su ayuntamiento, y, sin embargo, un nutrido grupo de encapuchados la ha tomado como campo de operaciones para ensayar una muy bien preparada operación de guerrilla urbana destinada a aterrorizar a la población. ¿Cómo es posible?

Hay algo más fatigoso y desasosegante que la monotonía criminal de ETA y es la evidencia de que cada atentado parece sorprender al nacionalismo gobernante pensando en otra cosa. Como si no esperaran que fuera a eclosionar una plaga de termitas. No es necesario insistir en el peligro real que significa ETA porque los efectos están a la vista de todos pero el principio del fin de la banda llegará en el momento en que el PNV se decida a mirar a los ojos de la fiera y la reconozca como lo que es: el único problema real que tiene Euskadi. El terrorismo ha erosionado todas las palabras; ahora sólo falta que pulverice también el armazón de metáforas tras el que se parapeta el nacionalismo.

INCAPACIDAD ABSOLUTA
ERNESTO S. POMBO La Voz 6 Junio 2001

La kale borroka forma ya parte de la celebración juvenil de las noches de los fines de semana en Euskadi. Lo tenemos asumido. A partir de ahora tendremos también que acostumbrarnos a que se incluya en los programas de las fiestas que, por centenares, se van a celebrar en los próximos meses. Las patronales de la localidad guipuzcoana de Bergara abrieron el calendario veraniego de este año, con una extraordinaria virulencia.

Medio centenar de descerebrados, perfectamente organizados, han ofrecido, por espacio de media hora, el habitual bochornoso espectáculo de desorden y violencia. El horror se apoderó de las calles de Bergara obligando a sus ciudadanos a huir despavoridos. Amparados en la impunidad, en la sorpresa y en la organización, esta gentuza, actuando en pandilla, nos ha vuelto a recordar que la kale borroca forma ya parte del siniestro panorama callejero del País Vasco.

Pero la actuación de los ertzainas resulta, cuando menos, igualmente incomprensible. Ni una sola identificación. Ni una detención. El más difícil todavía. Su incapacidad para mantener el orden en las calles vascas ha quedado, una vez más, en evidencia. Les permitieron actuar en la impunidad más absoluta. Y tras la refriega, se retiraron a sus cuarteles con el único fin de dar cuenta de los cuantiosísimos daños ocasionados.
La violencia callejera está pidiendo a gritos una actuación policial efectiva. Los defensores del orden no pueden, sistemáticamente, mirar hacia otro lado cuando la convivencia se ve alterada. Los cachorros de ETA saben bien que juegan con ventaja. La que les da la ausencia de fortaleza de la policía autonómica vasca. Ni una detención. Ni una denuncia. La incompetencia en la que se refugian los ertzainas resulta desgarradora.

El miedo y la resignación de la sociedad vasca no pueden ser compartidos por quienes tienen la misión de velar por el orden. La indiferencia es lo más inquietante. Los descerebrados ya no pueden sorprendernos. Lo grave es que la ertzaina nos asombra. Con su pasividad, con su incapacidad, con su ineptitud y su quietud. Si la disuelven, ni nos enteramos.

Balza dice que la Ertzaintza no detuvo a nadie porque decidió no disparar
Alega que eso «hubiera puesto en peligro a los vecinos que disfrutaban de las fiestas» de Bergara - 4 encapuchados quemaron ayer 2 autobuses en Bermeo
J. ITURRI El Mundo 6 Junio 2001

GERNIKA.- El consejero vasco de Interior, Javier Balza, explicó ayer que la Ertzaintza tendría que haber disparado con armas de fuego para poder detener a alguno de los 50 jóvenes que provocaron la batalla campal de Bergara la madrugada del pasado domingo. Añadió que la Policía Autonómica descartó esa posibilidad por la imprudencia y el «desastre» que hubiera supuesto para los numerosos ciudadanos de todas las edades que en ese momento se congregaban en las calles de esta localidad guipuzcoana disfrutando del día grande de sus fiestas patronales. El responsable vasco de Interior sostuvo que la Ertzaintza no tenía información previa sobre el asalto que preparaban.

Añadió que, ante la elaborada preparación y organización de los radicales, sin realizar disparos de fuego era prácticamente imposible aislar a los integrantes de un comando «perfectamente armado», para practicar detenciones.

El consejero vasco señaló que los ertzainas se emplearon fundamentalmente en contener y evitar que se extendieran los actos vandálicos.

El titular de Interior aseguró que los servicios de información de su Departamento previeron altercados en Gernika, donde se habilitó un refuerzo policial, pero no así en Bergara, y que, ese mismo día, fue detenido un grupo que iba a quemar autobuses en el municipio guipuzcoano de Zestoa. Con estos ejemplos, Balza trató de ilustrar el nivel de información con el que cuenta la policía vasca.

En su comparecencia tras la reunión del Consejo de Gobierno celebrado en Gernika, Balza defendió la «absoluta profesionalidad» con la que actuaron los agentes de la Ertzaintza en Bergara ante una situación que calificó de «atentado masivo» y «terrorismo puro y duro», probablemente coordinado por personas de enlace que mantienen conexión entre ETA y el entorno de la violencia callejera, según su hipótesis.

«La vinculación que existe hoy día entre la kale borroka y los comandos de ETA es absoluta», enfatizó. Así, ilustró esta vinculación con las últimas detenciones practicadas por la Ertzaintza en la desarticulación de los grupos Totto y Gaua del complejo Donosti de la organización terrorista.

Responsabilidad
A pesar de que durante los incidentes no se llevaran a cabo detenciones, el consejero de Interior se mostró convencido de que éstas se producirán como consecuencia de las investigaciones que desarrolla la Policía Autonómica a raíz de los hechos.

Balza lamentó las críticas que ha recibido estos días la Ertzaintza por la ausencia de detenciones en Bergara, como las declaraciones del ministro del Interior, Mariano Rajoy, y demandó a las formaciones políticas que respondan con «responsabilidad» y «lealtad absoluta hacia las instituciones» en la lucha antiterrorista de su Departamento. Recordó que nunca ha puesto en duda que las Fuerzas de Seguridad del Estado «hayan hecho lo posible y lo imposible para atacar el fenómeno del terrorismo» y pidió la misma «lealtad» hacia el Gobierno vasco. «Yo la mantengo cuando se produce un atentado fuera de Euskadi y reclamo el mismo tratamiento», concluyó en su respuesta al ministro del Interior.

El consejero vasco enmarcó el asesinato de Santiago Oleaga, director financiero de El Diario Vasco, y el atentado de Bergara en el recrudecimiento de las acciones terroristas que se vaticinaban como consecuencia de las elecciones del 13 de mayo, que ofrecieron «el único resultado que ETA no contemplaba», según precisó. Ante esta situación, Balza insistió en que, para hacer frente al terrorismo, resulta necesaria «una implicación policial absoluta, de la que garantizo y doy fe, pero también el apoyo de los partidos políticos».

Por otra parte, el sindicato Comisiones Obreras de la Ertzaintza ha recibido quejas de agentes que estuvieron de servicio el domingo en Bergara (Guipúzcoa), por la «infrautilización» que se hizo de los polícías disponibles para intentar controlar la situación, según informó a Servimedia su secretario general, Roberto del Agua.

El dirigente sindical acusó el fracaso de la operación a una «mala organización» de la policía.

El alcalde de la localidad, Victoriano Gallastegui, del PNV, manifestó que, «probablemente, tendrían (los violentos) una cobertura local, porque para andar como anduvieron por el pueblo, alguien les tuvo que dirigir. Nadie conoce perfectamente una calle si es de fuera».

Sobre el hecho de que la Ertzaintza no detuviese a ninguno de los implicados en los disturbios, el primer edil dijo que en el momento de los ataques había en las calles del municipio numerosas personas disfrutando de las fiestas locales.

AEK, integrada en ETA, «obstruye» la investigación del administrador judicial
ABC 6 Junio 2001

El administrador judicial de AEK (Coordinadora de Alfabetización y Euskaldunización) ha remitido al juez Baltasar Garzón un informe en el que denuncia que tanto los representantes de dicha Coordinadora como los de la sociedad Galgaraka, que seguían gestionando la empresa, están «entorpeciendo» la investigación. El juez ha ordenado la «intervención plena» de estas sociedades, presuntamente integradas en ETA-KAS.

El pasado 22 de noviembre, el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón ordenó la administración judicial de AEK y de la empresa Galgaraka por entender que se trata de «entidades integradas, al menos hasta 1998 inclusive, en la estructura criminal de la organización terrorista ETA-KAS».

La administración se acordó con el objeto de «determinar la regularidad económico-financiera de las entidades así como el cumplimiento de la normativa legal vigente» y, durante el tiempo de vigencia de la misma, los órganos directivos de AEK y Galgaraka podrían mantener la gestión de las empresas, aunque con la obligación de «rendir cuenta tanto al Juzgado como al administrador designado de las decisiones económico-financiero y contables que afecten a la marcha de las entidades afectadas y destino de las mismas».

El pasado 9 de mayo, el administrador judicial solicitó al juez que acordara la «administración judicial plena, sin gestión concomitante de los responsables de AEK y Galgaraka, S. L.». Es decir, que se reservara al administrador todos los aspectos concernientes a la administración económica y se dejaran en manos de los imputados única y exclusivamente las actividades académicas.

Garzón ha acordado la administración plena en una resolución en la que asegura que «el entorpecimiento de la labor del administrador judicial por parte de los imputados que ejercen responsabilidades orgánicas en AEK y Galgaraka hace insostenible el actual estado de cosas y exige la modificación de la medida por un periodo de seis meses con el fin de clarificar la situación económico-financiera de dichas entidades sin actos de obstrucción».

Garzón asegura que «la actitud claramente beligerante y sesgada de los representantes de AEK y Galgaraka no está favoreciendo en nada la labor del administrador judicial, que ya habría concluido su trabajo si no fuera por la labor entorpecedora de aquellos».

«PROYECTO UDALETXE»
Según los datos en poder del juez, AEK «es considerada un instrumento económico dentro del Proyecto Udaletxe elaborado por ETA-KAS en 1992 y catalogada, junto con HB y Gestoras pro Amnistía, como una gran empresa de un sistema financiero que cumple las directrices establecidas en dicho proyecto». AEK tiene por objeto «obtener recursos económicos» para colaborar en la financiación, como de hecho ha ocurrido, de otras empresas de la estructura como el grupo editorial Egin-Orain o la organización juvenil Jarrai.

Entre 1991 y 1999, AEK recibió más de tres mil millones de pesetas de subvención del Gobierno vasco, que no comprobó si esta sociedad cumplía los requisitos y tampoco el destino del dinero. AEK, además, ha dejado de pagar a Hacienda cerca de mil quinientos millones de pesetas.

De los 19 imputados, cuatro (Juan María Mendizabal, Eduardo Konde, Angel María Olalde y Erramun Osa) están acusados de un delito de pertenencia a banda armada. Fuentes próximas al caso aseguran que la máxima responsabilidad en la gestión recae sobre Osa (el único que se ha mantenido en su cargo desde 1991 hasta 2000) que «acostumbrado a manejar el dinero de AEK a su antojo, no tolera que nadie, ni el administrados judicial, intervenga», indican.

De la violencia de la gramática a la gramática de la violencia
JOSÉ VARELA ORTEGA El País 6 Junio 2001

José Varela Ortega es catedrático de Historia Contemporánea.

El ataque ilustrado -el de 'Mambrú' o el de Guibert- era el 'oblicuo'. Una violencia elegante -la del setecientos- porque entendía de los límites de la misma. La violencia sin otros límites que los de la técnica es una atrocidad moral y una grosería intelectual producto del militarismo nacionalista del XIX, por más que fuera interpretada por Clausewitz en uno de los ensayos más inteligentes que se han escrito jamás. Su máxima era du feu, du fer et du patriotisme y su manifestación práctica consistía en el ataque fiero y ciego -point de manouvres, exigía Hoche- en columna.

A mí se me ha administrado eso, el ataque de una columna de Javier Tusell, sin mayores distingos, precisiones y matices. Con honrosas excepciones, éste ha sido más bien un país de grandes trazos, de brocha gorda, a veces genial, pero raramente delicada, detallada y primorosa. Uno está hecho al olor a fritanga, que todo lo impregna; al vaivén de verbena, que todo lo revuelve, y a la charcutería intelectual, que todo lo despacha a cuarto y mitad. Por tanto, si se tratara de una grosería intelectual más, uno dejaría pasar -aunque haya sido por partida doble- la falsa atribución o la interpretación abusiva, incluso el dudoso gusto que mezcla una cita de mi ilustre antepasado con la modestia de mi nombre. Pero, claro, esto ya no es un divertimento, un juego académico florentino. Aquí hay muertos por medio. De modo tal que el desliz intelectual se convierte en traspiés moral. Y eso ya es más grave. Impone una aclaración.

Se comprende que la modestia de mi artículo en Claves -que es el texto aludido para ser desfigurado- sea un eximente de atención en la lectura, pero no una coartada de imprecisión en las citas. En lugar alguno he 'califica[do] de parafascistas [a los] de[l] PNV' (EL PAÍS, 19 mayo 2001, página 16) ni que 'Arzalluz se llam[e] [o sea] Adolf [Hitler]' (ídem, 10 de marzo 2001). Yo no he dicho ni escrito semejante cosa. Jamás. La cuestión tiene pocas alternativas: o bien se cita la página y párrafo del artículo donde literalmente se vierten esas afirmaciones o se disculpa uno por la errónea atribución. Todo lo demás serán enojosas explicaciones e interpretaciones abusivas de un texto que habla de otras cosas y plantea otros problemas al hilo de la morfología política comparada.

Ya que vamos de alusiones familiares, en algún lugar tiene escrito mi abuelo que cuando el curita de aldea o caserío quiere apuntillar al fariseo presenta una figura grotesca y deshonesta de sus razonamientos para mejor descabellar el argumento. Se trata de una forma de violentar la gramática que no contribuye a la comprensión y al debate civilizado, interesante e inteligente. Dejando a un lado ese disparatado baratillo intelectual que todo lo mezcla y agita, 'casi aline[ándome]' con no se sabe qué cruzadas mediáticas, en que no he participado, la idea 'plural' de España, que no he discutido, la 'distinta visión de las cosas desde Madrid, Barcelona y Bilbao' y otros colectivos heterogéneos, que no alcanzo a aprehender, yo no me he referido al PNV, así en genérico. 'No los he conocido a todos', que diría Chesterton. 

Me he referido, sí, a los actuales dirigentes del PNV y a determinada estrategia política (Eguíbar et alii) que me sigue pareciendo errada, preocupante y sumamente peligrosa. Y la he comparado, haciendo los matices y distingos que me dejaba el espacio y tono de un ensayo, con la deriva nacionalista del Zentrum alemán. Un 'partido cuya impecable tradición democrática se remontaba al siglo antepasado' -como tuve ocasión de precisar en el referido artículo-, pero que, entre 1929 y 1933, rompió una coalición democrática con el Partido Socialista para precipitarse en un frente (de Harzburg) junto a grupos nacionalistas variados, algunos reaccionarios, otros hasta totalitarios (los nazis). La idea era 'domesticar', pero también heredar y controlar el capital de popularidad del nacionalismo totalitario. El vitriólico experimento, que pareció empezar bien, terminó en desastre, como les suele ocurrir a los partidos democráticos con ese tipo de liaisons dangereuses con revolucionarios. Ello no convirtió al Zentrum en fascista o 'parafascista' -aunque no sepa exactamente lo que se quiere significar con dicho término-, sino en equivocado y hasta descarriado. Tampoco hizo nazis de Brüning, Perletius o Kaas, sino víctimas del 'lobo' al que pretendían 'cabalgar sujetándolo de las orejas' (Suetonio). Certificó, además, el hecho de que el totalitarismo revolucionario (nazi o etarra) no está tan interesado en la soberanía nacional como en la conquista del poder totalitario.

Eso, lo primero, es lo que se comparaba con el PNV, su actual liderazgo y la apuesta del frente de Estella. Y, lo otro, lo segundo, el totalitarismo etarra y su combinación de electoralismo, vandalismo callejero y terrorismo, es lo que se medía con los nazis y su morfología revolucionaria. No hay, pues, para qué mezclar y revolver entidades y personas de naturaleza heterogénea que ni se comparan ni se combinan.

El PNV, como partido, tiene un origen carlista, autoritario y etnocentrista, del que no se habla porque no hace al caso, pero una larga práctica democrática que, por haberla registrado, he sido duramente criticado en la competencia (cfr. José María Marco en El Mundo). Su actual dirigencia ha padecido algunas confusiones entre 'pueblo' y ciudadanía y pudo haber entrado en una peligrosa deriva soberanista, sin necesidad de hacerse etarra. Arzalluz (o Eguíbar) pudo haberse visto tentado a una alianza con socios indeseables sin que ello le convierta en Kantauri. Uno puede registrar un error político que, a la postre -y de porfiar en él- desembocará en tragedia, sin que ello necesariamente signifique predicar la transformación totalitaria de la naturaleza democrática de la formación política que lo comete. Unas elecciones conceden legítimamente el poder. Registran además el acierto de unos políticos a la hora de vender un producto identitario primario, aun cuando respetable y estable, y la disposición de un electorado más proclive a comprar sueños de negociación que realidades de revolución. Pero los votos no garantizan el análisis científico sobre el poder, sobre la naturaleza y objetivos totalitarios e inasimilables de determinados movimientos revolucionarios.

Unas elecciones podrán confirmar un gobierno, pero no cambiarán la realidad de la pavorosa revolución totalitaria que está en marcha en el País Vasco. Precisamente, el punto central del dichoso artículo es que la cuestión no va de soberanía, ni la solución 'está principalmente en unas elecciones inequitativas' en que 'los candidatos de oposición acuden hasta las urnas escoltados para no ser masacrados' (la cita es de cosecha propia). Soy mucho más pesimista o realista que eso. El tenebroso problema con que nos enfrentamos todos -sobre todo los independentistas demócratas- es de poder, de poder totalitario. Y la purga deberá consistir en una gobernación de ley y orden que restablezca las condiciones de libertad -la administre Oreja o, mejor aún, un Ibarretxe reforzado y confiado- si queremos evitar la peor alternativa de un conflicto civil.

Todo esto puede estar equivocado (ojalá), pero, indudablemente, tiene mucha más relación con estrategias revolucionarias de asalto al poder que con el pluralismo cultural o la organización administrativa de un espacio político, ya sea autonómica, federal, confederal o independiente. Lo grave aquí no es un posible texto de reforma constitucional o de tratado de secesión. Eso lo podríamos lamentar (sobre todo los vascos) o añorar (aquellos que hemos vivido tanto las provincias forales). Pero, a los que no creemos ni en la verdadera -que le decía el paisano gallego al predicador protestante- y no somos nacionalistas (españolistas), no nos llevará más allá de una melancolía asumible, aunque triste. Lo verdaderamente grave en este pleito, lo inasumible es el pretexto: la violencia revolucionaria como método de hacer política.

Hace un cuarto de siglo hicimos una Constitución sin tolerar el chantaje de la violencia. Si queremos asegurarnos que el golpe de Tejero pase a la historia como la última llamarada jacobina del descarriado militarismo nacionalista (español) debemos resistirnos a que el chantaje de los milis euskonazis la convierta en la penúltima, condicionando una posible reforma o lectura constitucional. Tregua no aparece en el diccionario político como sinónimo de abandono de la lucha armada, entrega de las armas, renuncia expresa a la violencia como método político y desmantelamiento de un extenso e intenso tinglado revolucionario. Todo lo que sea negociar sin esas precondiciones y lapso de tiempo razonable que permita recobrar, con la seguridad, la tranquilidad y el sosiego, un clima aceptable de libertad, será una trampa que nos tenderemos a nosotros mismos. Porque, sobre la mesa de negociación, deambulará, inevitablemente, la sombra siniestra de la amenaza: de que se conceda esto o aquello (poco importa que sea la autodeterminación o la readmisión en Sintel) o se volverá a atentar contra nuestra vida y secuestrar nuestra libertad. Se estará especulando, en definitiva, con derechos fundamentales que son nuestros y que no hemos delegado por el voto en gobierno alguno. Se tratará, en suma -e independientemente de su contenido- de una proposición filosóficamente obscena, moralmente indecente y políticamente explosiva.

Habremos integrado la violencia en nuestro sistema y todo nuestro mercado político, todos los actores se reordenarán en función de ese nuevo dato letal. Ahí tiene nuestro columnista el cuchillo del filósofo, sin mango, pero esta vez con hoja de doble filo. Porque la violencia no desaparecerá. Se perpetuará, reproducirá e imitará. Y, así, violentando la gramática del poder y del derecho, habremos penetrado en el lóbrego escenario de la gramática de la violencia. Se habrá vuelto a dar, como decía Maura cuando se golpeó la Constitución en 1923, 'un maldecido paso atrás'. Por muchos años.

Algunas citas relacionadas
Nota del Editor 6 Junio 2001

    Ensayo sobre el terror, JOSE MARIA MARCO El Mundo 30 Marzo 2001
    La unánime respuesta, Por IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA ABC 13 Mayo 2000
    La tierra de los hijos, Por Fernando R. Lafuente ABC 14 Mayo 2001
    Parlamentos discapacitados,  SANTOS JULIÁ El País 8 Octubre 2000

«Todo ardió de golpe en menos de un minuto»
Encapuchados calcinan dos autobuses nuevos de Bizkaibus en Bermeo y crean pérdidas cercanas a los sesenta millones de pesetas
JULEN ENSUNZA GERNIKA El Correo 6 Junio 2001

«Había algunas personas esperando a que abriésemos las puertas para montar, cuando aparecieron varios encapuchados y nos dijeron que bajásemos», explicaron los conductores de los dos autobuses públicos siniestrados. «Actuaron con gran rapidez -añadieron ambos chóferes-; lo hicieron en menos de un minuto y todo ardió de golpe». Los radicales rompieron algunas de las lunas de los autocares con la ayuda de objetos contundentes, rociaron con líquido inflamable el interior y lanzaron al interior de los vehículos varios ‘cócteles molotov’, según apuntaron varios testigos.

Las llamas y la humareda pudieron divisarse desde prácticamente todo el municipio costero. El grupo de encapuchados llegó a la Lamera desde la zona de Arostegi Kalea y, tras cometer el ataque, desapareció a la carrera en dirección al casco viejo bermeotarra. «Estaba en los alrededores de la biblioteca y pasaron corriendo cerca de mí. Casi sin tiempo para reaccionar, lo siguiente que vi fueron las llamas», relató un testigo a este periódico.

Seis meses
A primera hora de la mañana de ayer, media codena de encapuchados incendió en Bermeo dos unidades del servicio de Bizkaibus que estaban estacionadas en la parada que la compañía tiene en el parque de la villa marinera. Los autocares, que contaban con tan sólo seis meses de antigüedad, y cubrían las líneas Bilbao-Gernika-Bermeo y Bermeo-Mungia-UPV-Cruces, quedaron completamente calcinados.

El fuego afectó también a la marquesina, así como a varios árboles centenarios de la Lamera y, al menos, a uno de los turismos particulares aparcado en las proximidades. El ataque tuvo lugar a las 7.30 horas y en ese momento sólo estaban en el interior de los autobuses los dos conductores.

Los daños ocasionados por la agresión de ayer superan los 59 millones de pesetas, según las primeras estimaciones realizadas por la Diputación de Vizcaya. Cada autobús estaba valorado en 29 millones y la marquesina en más de un millón.

Líneas a la UPV
Responsables de Bizkaibus señalaron que, como consecuencia de este acto vandálico, los servicios de transporte en la comarca de Busturialdea «se verán afectados al ser unas fechas de incremento de viajeros por la afluencia de usuarios a las playas y el mantenimiento de las líneas a la UPV». El ataque de ayer se suma a la larga lista de agresiones sufridas por el servicio de transportes foral durante el pasado año, que representaron unas pérdidas de 150 millones de pesetas.

Los radicales eligieron el Día Internacional del Medio Ambiente para destruir los dos autobuses. Ayer, precisamente, el Patronato de Urdaibai, Bizkaibus y Eusko Tren iniciaron una campaña para promover el uso del transporte público en la reserva natural con el objetivo de contribuir a la mejora de la calidad ambiental en este espacio protegido.

Un tribunal de Madrid niega a un ciudadano un DNI en catalán
J. A. HERNÁNDEZ | Madrid El País 6 Junio 2001

El Tribunal Superior de Madrid ha desestimado un recurso de un vecino de Barcelona, Francesc Riviere i Tell, que exigió a la Jefatura Superior de Policía de Barcelona que le hiciesen su pasaporte y su DNI en lengua catalana. El caso de Riviere surge el 26 de febrero de 1995, cuando dirige a la citada jefatura un escrito, redactado en catalán, pidiendo que todos los términos de su pasaporte y su DNI fuesen impresos en esa lengua. Un año después, la jefatura le devolvió el escrito para que presentase tal solicitud en castellano. Riviere lo hizo así, pero este escrito también le fue devuelto porque le faltaba la firma. Tras presentar el 15 de marzo de 1996 otro escrito en catalán, que también generó problemas, Riviere acudió a los jueces de Madrid, por ser ésta la sede de la Dirección General de la Policía.

Argumentó que el catalán está considerado por la Constitución, en su artículo 3.2, 'como lengua cooficial de España', y que el Estatuto de Cataluña dispone que 'la lengua propia de Cataluña es el catalán'. También alegó el artículo 8.1 de la Ley 7/1983, de 18 de abril, de Normalización Linguística de Cataluña, que establece que, 'en el ámbito de Cataluña, cualquier ciudadano tiene derecho a relacionarse' con las distintas Administraciones 'en la lengua oficial que escoja'.

Los jueces interpretan que ello no es posible porque el Real Decreto 3.129/1997, de 23 de septiembre, que regula la expedición de pasaportes y DNI, dispone que 'el nombre, domicilio, nacionalidad, fecha, lugar de nacimiento... se redactarán en castellano'. También recuerdan que el artículo 13.4 del Estatuto 'reserva' al Cuerpo Nacional de Policía, dependiente del Gobierno, la elaboración del 'pasaporte y el DNI'.

EL CENSO DE MUERTOS VIVIENTES
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 6 Junio 2001

De chiquillos, a todos nos gustaba la sobrina de Purita. La sobrina de Purita venía de Caracas cada dos o tres veranos y hasta que cumplimos trece años fue, como nosotros, una niña. De repente, en uno de sus periódicos viajes estivales, la sobrina de Purita pasó a doblarnos en edad. Nosotros seguíamos jugando al balompié, descalabrándonos los codos y merendando pan con chocolate, cuando nuestra venezolanita apareció hecha un pedazo de mujer. ¡Qué desarrollos! ¡Que curvas! ¡Qué turgencia! Aunque, claro, todos intentamos mantenernos a su altura -es un decir-, pronto comprendimos con dolor que el desafío resultaba insuperable: ella nos sacaba medio cuerpo -¡y que cuerpo, madre mía!- y por todo decía chévere, mientras nosotros, mirando desde abajo, entendíamos chevrolé, que era la marca del coche de su padre.

Los que tuvimos el honor de conocerla, aprendimos con la sobrina de Purita una lección inolvidable: que los de América son países donde los gallegos tienen una salud extraordinaria. ¡A qué extrañarse entonces de que en el censo de residentes ausentes bonaerense haya más inscritos centenarios que en toda la Comunidad Autónoma gallega! ¡Pues claro que ha de haberlos! Es natural, vista la salud con la que desde su más tierna juventud han crecido por allí gentes que, como nuestra amiga de la infancia, destacaban por su vitalidad voluptuosa frente a nuestra canijez, nuestras costras y nuestros sabañones.

El presidente de la Xunta, que ayudado por las facilidades que le dan los presupuestos, ha viajado a América mucho más que Beiras y Touriño, conoce también de primera mano esa realidad en principio tan chocante, y por eso no se ha extrañado para nada de que haya allende el mar tantos gallegos centenarios. Como no se ha extrañado tampoco, en modo alguno, de que la mayoría de ellos voten al PP, pues eso es lo más lógico, vista la cercanía generacional entre el candidato y aquella parte de sus votantes que han nacido en el siglo XIX. De esto, claro está, todo el mundo hace cuchufletas, y hasta algunos atrevidos se han puesto a revisar con lupa el censo, para tratar de encontrar las pruebas de un fraude electoral que una oposición resentida y maniática considera vergonzoso.

En lugar de ello, los dirigentes del PP se dedican a organizar en todas las ciudades de América que visita o noso presidente en sus periódicos periplos unas buenas papatorias, con lacón, fouciño, grelos, y pimientos de padrón, papatorias con las que la Xunta de Galicia contribuye de modo decisivo al mantenimiento de la esperanza de vida de los gallegos de fuera de Galicia. Una esperanza de vida de la que podría acabar por depender la del PP al frente de la Xunta.

 

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