AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 8 Junio   2001
#Utopía y provincia
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 8 Junio 2001

#ETA dicta una entrevista
Carlos MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 8 Junio 2001

#ETA ofrece matar
Editorial ABC 8 Junio 2001

#¿Busca Eta otro Argel?
Editorial La Razón 8 Junio 2001

#Amenaza y sadismo
Editorial El Correo 8 Junio 2001

#Los duros conducen a ETA entre el crimen y el desvarío  
Impresiones El Mundo 8 Junio 2001

#Mantener la alternativa
ROSA DÍEZ GONZÁLEZ El País 8 Junio 2001

#ETA sigue existiendo
Editorial El País 8 Junio 2001

#ETA reclama 'lo suyo' a través de 'Gara' y 'Egunkaria'
Lorenzo Contreras La Estrella 8 Junio 2001

#La voz del verdugo, la tentación del diablo
Enrique de Diego Libertad Digital 8 Junio 2001

#ETA habla para salir del paso
MARIANO FERRER El Mundo 8 Junio 2001


#Tintín en Euskadi
ANTONIO ELORZA El País 8 Junio 2001

#Se sienten
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo 8 Junio 2001

#El sector más duro de ETA se impuso en una tensa asamblea tras las elecciones del 13-M
CARMEN GURRUCHAGA El Mundo 8 Junio 2001

#Explosión en un concesionario de coches
El Mundo 8 Junio 2001

#El patriotismo y el idioma
Ignacio CAMACHO ABC 8 Junio 2001

#La orquesta europea 
TIMOTHY GARTON ASH El País 8 Junio 2001

#Juaristi asegura que el inglés y el español serán las dos grandes lenguas de la red
EFE Libertad Digital 8 Junio 2001


Utopía y provincia
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 8 Junio 2001

La redención de las provincias, de que hablaba Ortega, consistía en una modernización, en una actualización social, cultural e incluso industrial. Se trataba, en fin, de desprovincianizar la provincia. Pero mientras tanto, en cada capital española de provincias, los cultos y los inquietos del lugar se movían por una mayor provincianización, que en lo cultural no iba más allá de los juegos florales y, en lo social, de la inauguración de unas escuelas públicas con el nombre de un patriarca y cacique local del siglo pasado. Es decir, que cuando Adolfo Suárez ofrece a España el razonable invento de las Autonomías, ocurre que el país no está preparado para entender eso.

Así, el autonomismo se ha interpretado como una nueva y mayor provincianización, llegando al éxtasis de los fuegos artificiales y a la utopía de sacar una bandera, unos fueros y hasta un idioma o un dialecto. Pero la redención de las provincias, ayer, y la actualización de las autonomías, hoy, no consiste en utopizar las posibilidades locales e incluso frutales, no en ser más autóctonos sino menos, no en ser más vivarachos en el Congreso de Madrid, sino más educados y sabios.

Ya la cosa venía de cuando los últimos tiempos del PSOE, pero actualmente, como digo, se está llegando a la utopización de creer que cualquier signo nacional ha de llevar al lado un signo local, desde la bandera a la letra eñe. Para muchos, parece que ya no se trata de progresar más o menos, siquiera dejándose llevar en la ola de España, sino de clavar la espada en el límite de la provincia, plantarle cara a Europa y decir que se van a enterar de lo que es Villagarcía del Pardillo. En otras palabras, o en las mismas, se utilizan las iniciativas de Madrid contra Madrid y se hace folklore político llamando ikurriña a cualquier bandera, cuando ikurriña sólo significa «bandera» en vasco y sólo los vascos tienen derecho a usar esa palabra.

Esta mimetización de lo vasco nos dice lo que tiene de moda mal entendida la utopía regionalista o provinciana. El protagonismo de Cataluña y el País Vasco en la actualidad nacional está difundiendo una nueva épica por la geografía. Es la épica de las sopas de mi pueblo, de los caldos de mi río, etc. Una épica hacia atrás que está reconquistando lo antiguo en espantosa confusión con las utopías reales e irreales del porvenir y sus industrias. España está parada entre el antimadrileñismo político y el utopismo popular de quienes, ajenos a la causa europea, por ejemplo, interpretan la libertad como asunción de la Virgen local, que encima suele estar pintada y repintada, como se ha sabido ahora.

Nunca hubieran podido imaginar los padres de la Constitución y los profetas violentos de la Transición que más de media España les iba a entender al revés, después de haberles votado. Aquí cada uno barre para su casa, que es muy típica, y barre con la escoba electrónica que ha importado de Alemania, pero la sensibilidad localista se ha agudizado clamorosamente y no vale la pena viajar porque no vale la pena criticar nada. El que lo hace es un madrileñista repugnante, un centralista hijo del peor nacionalismo, que es el único no consentido: el español.

ETA dicta una entrevista
Por Carlos MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 8 Junio 2001

Los comunicados y discursos de ETA ofrecen al análisis una mezcla característica de delirio y realismo. El reconocimiento realista de datos empíricos y fenómenos sociales es corregido por interpretaciones delirantes del significado real de dichos datos y fenómenos que sirven, ante todo, para afirmar la justicia, acierto y verdad de las propias posiciones por aberrantes que sean. La vanguardia es infalible, la masa es tonta, luego debe ser dirigida a palos. La historia puede parecer injusta, pero a largo plazo es nuestra. Tales rasgos estereotipados no son específicos de ETA, por supuesto, sino de todo grupo totalitario que se precie. Es obvio que, en caso de derrota, la culpa nunca podrá ser achacada a la vanguardia omnisciente, sino a las masas ignorantes, medrosas o alocadas. Si la independencia y el socialismo no se obtienen mañana, pese a que el 13-M «las condiciones de la victoria estaban a mano», es porque la gente se empeña en tirar por el atajo equivocado, por confiar en partidos engañosos votando al PNV o, simplemente, por mera tendencia a la traición. Por eso el electorado abertzale ha fallado a ETA porque, en vez de votar lo que está por hacer y debería existir (EH), ha elegido el nacionalismo existente de PNV-EA. Error que, no obstante, resulta para ETA mucho más afortunado y de posible enmienda que la traición irrecuperable del voto constitucionalista al PP y PSE (IU, por supuesto, no cuenta, pues es la agencia de colocación de los Madrazo).

Como era previsible, después de las elecciones ETA ha ordenado a su prensa (es un decir) partidaria la publicación de una entrevista iluminadora. El resultado son las seis páginas enteras de sentencias etarras publicadas, sin publicidad ni distracciones frívolas y en forma de entrevista, por los correspondientes directores de Gara, en castellano, y de Egunkaria, en euskara, diarios delirantes de la realidad vasca que nunca, y bajo ninguna circunstancia, cometerían tamaña desmesura con alguien que no fuera ETA y careciera por tanto de los medios de persuasión adecuados. Solícitos, reverentes y sumisos, los directores de los dos simulacros de diario, agraciados con una foto con dos supuestos portavoces etarras, ponen su firma a las respuestas que los anónimos voceros terroristas han dado para el cuestionario que les han dictado. Entendámonos: no es que falten preguntas audaces. Hasta puede ser acertado limitarse a leer solamente las preguntas, prescindiendo de unas respuestas perfectamente previsibles, pues van implícitas —y de qué modo— en la pregunta dictada. 

Un ejemplo de pregunta con respuesta implícita que además sirve de metaejemplo: «Por poner un ejemplo (sic), si un grupo de concejales de UPN hiciera un gesto y pidiera a su ejecutiva que traigan a Euskal Herria a los presos de Nafarroa, ¿eso supondría que dejarían de ser objetivos de ETA?». Y la respuesta, en 23 líneas resumibles en esta expresión, es: qué va, que pidan eso y están a salvo. De manera que ya pueden irse preparando los concejales navarros de UPN que no reclamen, pero ya, el traslado a Navarra de etarras navarros presos. 

La verdad es que este simulacro de entrevista debiera estudiarse en las escuelas de periodismo e instituciones afines. Es un ejemplo perfecto de noticia fabricada, de propaganda totalitaria, de ordeno y mando bajo apariencia de espontáneo intercambio. No falta detalle: un realce avisa de la lógica irreprochable del asesinato de Santiago Oleaga, director financiero del Diario Vasco, porque con su exterminio «se ganan espacios para la libertad de expresión». Y así hasta la náusea. ¿Puede alguien extrañarse de que ETA reproche a Ibarretxe apropiarse de ideas de la «izquierda abertzale» tales como el «diálogo» y los «derechos humanos»? 

En fin, los mensajes de esta entrevista dictada pueden resumirse así: primero, ETA admite que el experimento EH ha fracasado, pero no por efectos del terrorismo, sino porque ha habido menos terrorismo del necesario. Segundo, ETA advierte al PNV de que los votos de EH que ha recibido no le autorizan a marginarles, sino todo lo contrario. Tercero, el «Pacto de Lizarra» no fue consecuencia de la tregua, sino de la «lucha armada», y no habrá ninguna tregua que no forme parte de un nuevo proceso soberanista. Cuarto, el PSOE no cuenta porque ha demostrado que «es Estado» y, además, peligroso porque puede corromper al PNV. Quinto, el terrorismo favorece al voto abertzale. Sexto: estas elecciones no han significado la derrota del PP sino que, al contrario, para ETA confirman la amenaza constitucionalista y el daño que les hace. A buen entendedor… Y ya ven ustedes: en su estilo habitual, los terroristas se acercan más a lo real que el cebrianismo, el odonismo, el maragalismo y el perezrroyismo, entre otras tendencias delirantes de negación de lo real en beneficio del acuerdo imaginario.

ETA ofrece matar
Editorial ABC 8 Junio 2001

La entrevista a dos dirigentes etarras, publicada ayer por el diario «Gara», es un manifiesto que no mejora el perfil abyecto de cualquiera de las reivindicaciones de sus crímenes. Asumiendo un atentado o analizando una situación política, ETA sigue siendo una organización criminal, que propugna la violencia como método irrenunciable para lograr determinados objetivos. Esta esencia es inmutable y, por eso, la derrota policial y política de ETA es el primer objetivo del Estado y de las fuerzas democráticas. Sin embargo, hay que leer lo que dice ETA en los medios de comunicación que se prestan como serviles altavoces. Hay que leerlo porque ETA mata y porque en la entrevista delata dos trágicas verdades del nacionalismo: que el terrorismo ha beneficiado al PNV y que sin violencia no habría conflicto soberanista.

Si el nacionalismo vasco no hubiera pactado con ETA y HB en 1998, los manifiestos de ETA merecerían otra percepción. Pero el antecedente de Estella demostró que la banda terrorista tuvo capacidad para unificar a todo el nacionalismo y esto es algo que puede volver a suceder. ETA es tan consciente de su fuerza intimidatoria en la comunidad nacionalista, que toda la entrevista es una reclamación al PNV para que vuelva a la estrategia común por la soberanía, como moneda de cambio de una tregua. Hay que preocuparse de ETA, claro, pero también de la debilidad y del miedo del PNV frente a la banda. 

No obstante, la entrevista revela que ETA está tocada. Entre crueles explicaciones de algunos asesinatos (Lluch, Jáuregui, Corta, Oleaga) y amenazas a nuevas víctimas —medios y periodistas—, ETA acusa el golpe de la política antiterrorista del Gobierno, dentro y fuera de España, y de la unidad de PP y PSOE en torno al Acuerdo por las Libertades. Ambas circunstancias son vistas por ETA como las causas que debilitaron a la izquierda proetarra hasta el extremo de que el PNV, con un mensaje que incluía el derecho a la autodeterminación, se convirtió en la opción útil del nacionalismo violento para frenar el avance de los autonomistas. En este contexto, el PNV puede sentirse tentado de dar aire a ETA y a su entorno político, insustituibles ambos para sostener con vida el conflicto del que se nutre el partido de Arzalluz. Ya lo hizo cuando la banda lo necesitaba —1998— y después de que ésta presionara al PNV de forma directa con la «kale borroka». Pero tampoco quiere ETA convertirse en un problema de seguridad personal para los nacionalistas. Reitera que sus objetivos siguen siendo «quienes integran los poderes del Estado y los responsables del conflicto». Fuera de la sociedad nacionalista, la oferta de ETA es seguir matando hasta el reconocimiento de los «derechos» del pueblo vasco, hasta el desistimiento del Estado y de los no nacionalistas. Ser nacionalista sigue siendo un aval frente a ETA.

¿Busca Eta otro Argel?
Editorial La Razón 8 Junio 2001

La entrevista a los cabecillas etarras publicada en «Gara» y «Egunkaria» introduce algunos elementos que pueden ser relevantes para entender los próximos pasos de la banda terrorista, al margen de sus aspectos propagandísticos y las justificaciones inmorales sobre sus actividades criminales. Así, pese a la confusa retórica de los etarras, parece deducirse que Eta podría estar anunciado su intención de buscar un nuevo intento de negociación directo con el Gobierno al estilo del que se produjo en Argel. Son varias las frases de esta entrevista las que permitirían pensarlo, aunque nada puede afirmarse con seguridad, puesto que los etarras se cuidan mucho de no expresarlo de forma clara.

   Así, se afirma en la entrevista: «La negociación con los poderes fácticos del Estado, con el Gobierno español, el acuerdo entre abertzales, la definición del PNV... son efectos que logra la lucha armada. Son, por otra parte, muestra de la actitud abierta que Eta ha mantenido siempre en busca del entendimiento y el acuerdo». Y más adelante, se afirma: «En todo caso, Eta siempre ha estado dispuesta a iniciar un proceso basado en el respeto a los derechos de Euskal Herria y a lograr un acuerdo marco. Es más, es la propia Eta la que ha puesto esta opción sobre la mesa, la Alternativa Democrática». Y, aún más adelante: «Y la izquierda abertzale tendrá que seguir trabajando en ese ámbito de la paz que le es propio, desarrollando su interlocución. con la discreción y seriedad necesarias, planteando iniciativas. Y ante las que surjan, planteando claramente el contenido político para un acuerdo que posibilite superar el conflicto».

   Hay que añadir a esto una ambigua referencia final: «Eta ha dado siempre pasos en función de un proceso, tanto en 1989 en las conversaciones de Argel, como en la iniciativa del 98. Y cuando se den nuevos pasos, se situarán en función de un proceso».

   ¿Ha de leerse lo anteriormente entresacado de la sarta de exabruptos panfletarios de la entrevista como un indicio de que Eta busca una nueva negociación, apoyada, por supuesto en la presión de los asesinatos y en el marcaje a los nacionalistas que firmaron con ellos en el Pacto de Estella y que ahora no llegan al listón soberanista que exige Eta? No es descartable.

   En todo caso, busque Eta lo que busque, lo que sí ha demostrado con su última exposición pública, es que la banda no piensa dar su brazo a torcer y está dispuesta a seguir matando. Pese al fracaso electoral de los suyos, que reconoce. Pese a los éxitos contraterroristas, que también asume. Quiere seguir con su fundamentalismo macabro atacando a todos aquellos que se nieguen a arrodillarse ante sus exigencias. Dejan, por tanto, pocas salidas. Su alternativa ni siquiera pasa por el PNV (al que desprecia, aunque le pueda interesar tácticamente todavía). Pasa por el objetivo máximo independentista (por supuesto, bajo su dirección, y no bajo la de cualquier compañero de viaje) y, para ello, entiende que la vía es el terrorismo y, bajo esta presión, la negociación para que el Estado se rinda. A estas alturas sería absurdo decirle que es una estupidez, trágicamente anegada en sangre. Sólo se puede pedir, por ello, que la policía sea capaz de parar en lo posible esta plaga, ya que el callejón de Eta carece de salida, aunque no lo quiera reconocer.
  

Amenaza y sadismo
Editorial El Correo 8 Junio 2001

El último mensaje de ETA, transmitido en forma de entrevista, refleja hasta qué punto determinadas apelaciones al denominado conflicto vasco pueden servir de coartada al más monstruoso de los sadismos. Al presentar los más brutales atentados como la demostración de que su violencia es discriminada, ETA no sólo se ensaña con las víctimas, añadiendo dolor al dolor ya causado con cada asesinato, sino que además expresa cuál es su verdadera intención: obligar a la sociedad vasca y a cada ciudadano influyente a cambiar de parecer y a someterse a su barbarie como el único salvoconducto que permite sortear el corredor de la muerte. Dicha intención se hace especialmente visible desde el momento en que ETA comenzó a dirigir su saña contra representantes públicos, profesores universitarios y medios de comunicación. El objetivo final de su escalada no es otro que el de silenciar a toda la sociedad amedrentando a aquellos sectores de opinión que expresan las críticas más severas contra la intolerancia o encarnan buena parte de los valores del pensamiento y la expresión libre de las ideas. Pero ni la cruel reivindicación del asesinato de nuestro compañero Santiago Oleaga ni la amenaza que ETA vierte en sus declaraciones contra ‘El Diario Vasco’, EL CORREO y otros medios van a disuadirnos de cumplir con nuestra obligación que es, también, nuestro oficio y nuestra vocación: servir a nuestros lectores desde la solvencia informativa sin someternos a la censura y al chantaje que ETA pretende imponer a la libertad de expresión.

La defensa que los portavoces de ETA hacen del terror como instrumento válido para la izquierda abertzale y su negativa a admitir que el resultado de las elecciones autonómicas evidencia la derrota que la ciudadanía está infligiendo al nacionalismo violento representan una de las manifestaciones más explícitas que haya realizado nunca para dejar claro -a sus entornos primero y a la opinión pública después- que no alberga intención alguna de cejar en su empeño de perpetuarse entre nosotros. Por si cupiera alguna duda, los portavoces de ETA desbaratan cualquier especulación sobre la eventualidad de una tregua argumentando que de nada serviría un gesto unilateral. ETA vuelve a fijar la diana sobre cuantos colectivos o ciudadanos ha incorporado a su lista de enemigos con el fin de obligar al nacionalismo gobernante a que administre los 600.000 votos recibidos para superar el marco autonómico hasta alcanzar la soberanía de Euskal Herria, siguiendo las instrucciones de la banda terrorista. 

Tratando de preservar la dignidad institucional, el portavoz del Gobierno vasco, Josu Jon Imaz, se negó ayer a valorar el mensaje del terror. Pero el nacionalismo democrático no debe despachar las declaraciones de ETA como si fuesen una retahíla de bravuconadas. Porque representan algo más. Representan la confirmación de que o la sociedad democrática y las instituciones responden al desafío desde la unidad y con el objetivo común de derrotar definitivamente a ETA, o el desconcierto y la división volverán a debilitar la libertad frente a la coacción, y la vida frente a la muerte. Las reiteradas advertencias de ETA al PNV y a EA reflejan cuál es el camino que prefieren los violentos para convertir su cobardía en fortaleza: enredar al conjunto del nacionalismo para que trate de saciar el apetito del terror a base de concesiones que violenten los mínimos democráticos que precisa la convivencia en una sociedad plural.

Los duros conducen a ETA entre el crimen y el desvarío  
Impresiones El Mundo 8 Junio 2001

Las declaraciones de dos dirigentes de ETA a los diarios Gara y Egunkaria, al margen de revolver el estómago a cualquier persona de bien, evidencian que el sector duro de la banda terrorista ha ganado, una vez más, la partida. Según publica hoy EL MUNDO, la dirección etarra celebró una asamblea muy tensa tras las elecciones vascas en la que una facción encabezada por Mikel Antza apoyó el abandono de la lucha armada; mientras que otra, liderada por Soledad Iparaguirre, defendió la continuidad de su actividad criminal. De las declaraciones que realizaron dos miembros de la banda a los diarios vascos se deduce claramente que ETA no alberga la menor intención de dejar de matar y que sus objetivos son tan amplios que abarcan a toda la sociedad. 

Los dos encapuchados consumieron la mayor parte de la larga entrevista en consideraciones políticas que, teniendo en cuenta a lo que se dedican, no pueden ser calificadas más que como insulto a la inteligencia. Que unos individuos consagrados a la vil tarea de pegar tiros se permitan el lujo de apelar a la «honestidad» y la «madurez» de los partidos nacionalistas para que «los derechos de Euskal Herria sean respetados» resulta una broma macabra. Tanto el PP como el PSOE consideraron que el destinatario del desafío de ETA es el PNV y que debe ser este partido quien responda con contundencia a la banda. El mejor ejemplo del grado de locura alcanzado por los etarras es la justificación de los asesinatos de periodistas, a quienes califican de «asalariados al servicio de un Estado y unas fuerzas armadas extranjeras». Atentando contra ellos, dicen en su repugnante delirio, «se ganan espacios para la libertad de expresión». Un desvarío criminal que no hará abdicar a los medios de su responsabilidad.   

Mantener la alternativa
ROSA DÍEZ GONZÁLEZ El País 8 Junio 2001

Rosa Díez González es eurodiputada y presidenta de la Delegación Socialista Española en el Parlamento Europeo.

Se han escrito multitud de artículos analizando el resultado de las elecciones vascas. En muchos de ellos he constatado un más que notable alivio ante la nueva oportunidad que la mayoría de los votantes le han dado al PNV. Es verdad que se ha escrito mucho más desde Madrid que desde Euskadi, pero también es verdad que el alivio se ha convertido en el denominador común de los articulistas vascos nacionalistas y de los articulistas españoles progresistas, por denominar así a quienes se podría decir que en el pacto constitucional están más cerca del PSOE (cuando no militan en él) que del PP. La primera reacción es lógica; la segunda pudiera resultar extraña. Pero desde una cierta perspectiva, no deja de tener su lógica. Me explicaré.

Lo que ocurre es que tras las elecciones se ha puesto de manifiesto lo que mucha gente del PSOE y afines pensaban sobre la estrategia del socialismo vasco. No es que esas gentes no compartieran la táctica, los modos, la campaña: lo que no compartían era el objetivo, el fondo. Ése es el verdadero problema que tiene una parte del socialismo español: que por una parte impulsamos y firmamos un Pacto por la Libertad y contra el Terrorismo que establece con toda claridad nuestro compromiso con el PP para derrotar a ETA, y por otra nos da vértigo pensar que la alternancia la protagonice un gobierno presidido en España por Aznar y en Euskadi por Mayor Oreja. Si eso ocurre -se piensa- tenemos PP para rato.

No crean que no entiendo ese vértigo, lógico, en los dirigentes de cualquier partido que tenga como objetivo ganar elecciones. Sería lógico pero no sería legítimo. Sería lógico, pero sería corto de miras. Sería lógico, pero sería pequeño, torpe. No sería legítimo porque en el País Vasco nos jugamos algo más que el prestigio político de los dirigentes de hoy; y sería torpe porque si no tenemos suficiente altura de miras en esta materia, terminará por notarse que colocamos lo partidista por delante de lo fundamental. Y entonces sí que tendremos PP para rato.

Pero esa segunda reacción de alivio tiene otra explicación más: muestra la renuncia de esos mismos -nunca explicitada pero absolutamente interiorizada- a que el socialismo sea alternativa en el País Vasco. Ésa fue la opción que nos llevó a ceder la presidencia a Ardanza cuando ganamos las elecciones. Es verdad que los tiempos eran otros, que no conseguíamos alianzas para hacer una mayoría suficiente, que ETA era entonces una amenaza cierta para el sistema democrático que aún no estaba consolidado. Y que a cambio, conseguimos el Pacto de Ajuria Enea. Pero también es cierto que en la reflexión del PSOE pesó la convicción de que en Euskadi nada es posible sin el PNV pilotando el barco.

Se me podría decir que en estas elecciones no parecía que iba a ser el PSE quien pilotará la alternancia, y que eso explicaría la reticencia. Es verdad que si el PSE hubiera partido como primera marca del bloque constitucionalista, los desmarques hubieran sido de menor cuantía. Pero esa sería una explicación a medias. El problema real es el otro: en una parte del PSOE -y en sus intérpretes mediáticos- hay una renuncia a que en el País Vasco se construya una alternativa al nacionalismo. Mucha gente que defiende la alternancia como valor irrenunciable del sistema democrático, hacen una excepción con el País Vasco. Hay quien la justifica en el hecho de la existencia de ETA, cuando el hecho mismo de su persistencia tras más de veinte años de gobiernos nacionalistas, sería otro argumento más a favor de la alternancia.

Porque, vamos a ver, analicemos qué ha ocurrido desde que aprobamos el Estatuto de Autonomía del País Vasco. No es sólo que ETA no haya dejado de matar mientras gobernaba el PNV; es que el PNV desde las instituciones, desde los medios de comunicación públicos, desde sus resortes en el mundo cultural, social, educativo... ha venido construyendo una sociedad cada vez más fragmentada, más dividida, más insolidaria, menos pragmática, menos tolerante, más cerrada. Más nacionalista.

Hoy, tras tantos años de gobierno del PNV, no sólo no hemos cerrado la transición, sino que la hemos abierto. Aquello que el PNV de Arzalluz dijo en el debate constitucional y estatutario, hoy el PNV de Arzalluz lo desdice. El Pacto Estatutario -pacto ciudadano, refrendado en las urnas- se rompe por parte de quienes nos gobiernan. Los que ocupan las Instituciones exigen que se respete la voluntad de los vascos, como si ellos no estuvieran ahí por y para respetarla. Las instituciones se debilitan por parte de quienes las presiden; el antisistema está en el sistema.

Siempre se ha dicho que había que atraer al PNV al pacto democrático para hacernos más fuertes contra ETA. Pero esa misma afirmación esconde las dudas que tienen algunos sobre el talante del PNV, sobre su compromiso con la pluralidad del País Vasco y sobre su voluntad de terminar con ETA sin cobrar precio político alguno. Son esas dudas sobre el alma del PNV las que explican tanta reacción acomplejada: démosles la presidencia, aunque no haya ganado, para así atraerles al consenso contra ETA. No le disputemos la mayoría, aunque tengamos derecho, no vaya a ser que se vayan de nuevo al monte, o no bajen de él. No les tratemos como al partido del gobierno, renunciemos a exigirles responsabilidades por la fractura social, por la confrontación, por la impunidad, por la falta de libertad, por la ineficacia policial, por la incapacidad para enfrentarse con los problemas, no vaya a ser que nos acusen de seguidismo del PP o de querer demonizar al PNV. No denunciemos su complicidad de fines con quienes nos matan. No reiteremos las palabras de Arzalluz sobre el reparto de trabajo entre ETA y el PNV. No exijamos a Ibarretxe que haga algo más que lamentarse.

En definitiva: corramos un tupido velo y volvamos a enero de 1998, cuando aún no sabíamos de sus pactos con ETA, cuando creíamos que Lizarra era una 'apuesta' para conseguir la paz y no un acuerdo entre nacionalistas democráticos y terroristas para acabar con la pluralidad a cambio de que nos dejaran de matar mientras fuéramos obedientes. Sí, ya sé que hoy, tras el alivio compartido del que antes les hablaba, adoptar este discurso sería lo políticamente correcto. Hoy toca hablar de un clima nuevo, de que Ibarretxe ha cambiado, de que hay que hacer algo 'imaginativo' para resolver los problemas del País Vasco (?). O sea, lo de siempre. Toca volver a ir de comparsa del PNV, de chicos educados, de ver si pillamos algo de algún sitio para aparentar que estamos moderando al nacionalismo y apaciguando a la fiera.

Pues bien: hay mucha gente -yo entre otras- que no está por la labor, y más vale que se sepa cuanto antes. Hay mucha gente, sobre todo muchos vascos, que hemos votado en estas elecciones creyéndonos de verdad que la alternancia no sólo es posible, sino saludable. Hay mucha gente que no estamos dispuestos a renunciar -en base a no sé qué prejuicio predemocrático- a ganarle al PNV en Euskadi. La posición del socialismo vasco en estos dos últimos años ha sido de una extraordinaria dignidad y seriedad. Una posición política que nos acredita como un partido con sentido de Estado, por encima del cálculo a corto o de cualquier aspiración nacional o regional que se pudiera ver frustrada. El PSE ha liderado dentro del PSOE una propuesta política para resolver el principal problema de España, el único que nos diferencia de cualquier otro país europeo: el terrorismo. Una propuesta que se podría resumir de la siguiente manera: a) El problema vasco es ETA. b) Terminar con ETA ha de ser, por tanto, la prioridad del Gobierno y de los demócratas vascos. c) El PNV lleva veinte años gobernando y ha de exigírsele la máxima responsabilidad política por la situación actual, como se la demandaríamos a cualquier otro partido en las mismas circunstancias. d) Durante mucho tiempo hemos creído que sin el PNV no se podía acabar con ETA. Hoy estamos convencidos de que el PNV está incapacitado para acabar con ETA. Nunca ha querido derrotarla, siempre ha querido buscarles una salida 'honrosa'. La organización terrorista lo sabe y por eso administra con total prepotencia sus relaciones con ellos. Y e) Ante esta situación, la alternancia, la sustitución del PNV en el Gobierno vasco, se convierte en la clave para combatir y derrotar a ETA.

Esta reflexión, este convencimiento de fondo, es el que ha guiado nuestra acción política desde las elecciones del 98. Convencidos como estábamos de que el PNV está incapacitado para acabar con ETA, el hecho de no haber conseguido ganar en estas elecciones no significa que no tengamos razón y mucho menos que hayamos de renunciar al objetivo. El cambio y la alternancia son, además de posibles, imprescindibles para resolver el llamado 'problema vasco'. Para que en Euskadi podamos hablar de las ideas, del modelo de sociedad, de la vivienda, de la educación..., hemos de terminar con quienes cuestionan la propia convivencia. Y quienes nos han gobernando desde que hay democracia, han demostrado que no saben o no pueden hacerlo. Por muchas oportunidades que han tenido, por muchas ventajas y comprensión que les hemos dado, el hecho es que en 2001 ETA sigue existiendo, la sociedad vasca está cada vez más amenazada y las instituciones vascas son cada vez más débiles e incompetentes por mor de sus propios dirigentes.

Nunca estuvimos tan cerca de conseguir una nueva mayoría, aunque haya quien se encargue de enmascarar esta realidad. Nunca quienes defendemos las reglas del juego y el juego limpio, quienes creemos que acabar con ETA es posible, hemos estado tan cerca de formar un gobierno alternativo al nacionalista, plenamente estatutario y constitucionalista.

Las elecciones han pasado, pero los problemas siguen estando ahí. Algunos somos escépticos sobre la capacidad de Ibarretxe y de su Partido para acabar con esta dramática situación. Otros tienen la obligación de ser más optimistas y yo lo entiendo. Sólo les pido que reflexionen sobre la premisa. ¿Está capacitado el PNV para terminar con ETA? De la respuesta que demos a esta pregunta se derivará una u otra estrategia, más allá del debate sobre táctica.

Termino. Si yo estuviera convencida de que el PNV puede terminar con ETA, defendería la alternancia como lo hago para Cataluña, para Galicia o para España. ¿Cómo no hacerlo en estas circunstancias?

ETA sigue existiendo
Editorial El País 8 Junio 2001

ETA es lo que es, un grupo terrorista, y se retrata cuando mata y también cuando habla. De la larguísima entrevista publicada ayer en su órgano oficioso se trasluce decepción por los resultados electorales y desconcierto sobre qué sentido dar a los crímenes que se propone seguir cometiendo, una vez fracasada la vía de Lizarra. La decepción es proporcional a las desmesuradas expectativas que al parecer llegó a albergar ETA cuando se vio, antes de las municipales de 1999, liderando la vía rápida hacia la independencia. Quienes le hicieron concebir tales esperanzas asumieron una pesada responsabilidad. Los resultados, reconoce ahora ETA, le han hecho 'perder la llave' de las instituciones autonómicas, que pensaba utilizar para acelerar la transición hacia la independencia, por lo que considera necesario reflexionar sobre 'qué falló en el momento en que las condiciones para la victoria estaban a mano'.

La respuesta que ETA se niega a ver es que lo que impide realizar su objetivo es el carácter plural de la sociedad vasca, en la que no todos son nacionalistas y no todos los nacionalistas son independentistas; y que el PNV y EA no podían ignorar esa realidad y aceptar el planteamiento impositivo de ETA de convocatoria unilateral de elecciones constituyentes en una circunscripción llamada Euskal Herria. No podían, salvo renuncia a su condición de partidos democráticos.

Si ETA no existiera, seguramente nadie pensaría ahora en crearla, pero, como existe, sus dirigentes ocupan mucho tiempo en justificar la necesidad de una organización especializada en el asesinato político. Es asombrosa la lista de nuevos enemigos que va incorporando en cada nueva entrevista. Ahora hay reproches para el sindicato ELA, para el movimiento Elkarri y hasta para el mundo del euskera, a los que culpa indirectamente de la fuga de votos hacia el PNV-EA. El tono general sigue siendo de emplazamiento al nacionalismo, aunque parece dar por perdida la batalla por asociarles a su proyecto. No aclara qué sentido atribuye a la lucha armada una vez clausurada la estrategia de provocar la negociación con el Gobierno y ahora también la de imponer sus objetivos por vía de hecho desde la política de frente nacionalista. Pero lo que sí queda claro es que se proponen seguir matando. Ya pensarán para qué.

ETA reclama 'lo suyo'  a través de 'Gara' y 'Egunkaria'
Lorenzo Contreras La Estrella 8 Junio 2001

Es evidente que las elecciones vascas han conmocionado el mundo interno de ETA. Los dirigentes de la banda no han tardado en buscar una oportunidad de comparecer ante la opinión pública. Y han buscado esa ocasión como si se tratara de una reflexión didáctica sobre lo acontecido el 13 de mayo. En el fondo necesitaban explicarse, pero intentando que no parezca tal cosa. Con sus capuchas blancas coronadas por las correspondientes txapelas convocaron a sus lacayos periodísticos de Gara y Egunkaria para justificar sus crímenes como si se tratara de actos de justicia revolucionaria a base de víctimas escogidas y no de manera indiscriminada.

El mensaje principal, de todos modos, era otro. Se trataba de reivindicar la victoria del PNV como un producto político de su propia acción armada, de tal manera que para Ibarreche exista a partir de ahora una deuda consistente en quebrar el marco legal, desbordar el Estatuto y lanzarse resueltamente por la ruta del soberanismo y de la independencia. Ha sido como recordar que Lizarra no ha muerto, que sus postulados siguen en pie por más que los nacionalistas hayan perpetrado una traición contra ellos. Lógicamente, no reclaman una nueva formalización de los pactos, porque ello significaría la aceptación etarra de nuevas contrapartidas. La principal y más concreta, otra tregua indefinida, que expresamente se niegan a concertar a través de un doble mensaje: uno destinado, como es obvio, al PNV y sus altos dirigentes, y el otro a los miembros del ala crítica de Euskal Herritarrok, es decir, a la corriente Aralar de Zabaleta, Aldecoa y cuantos desde ese sector han iniciado claramente un proceso de contestación a Arnaldo Otegi y su grupo. La banda hace saber que de tregua unilateral, nada. El sensu contrario habría que entender que para ETA sería indispensable retornar a 1998, con los nacionalistas regresados al monte en los términos por aquel entonces estipulados.

Si los resultados electorales del 13 de mayo, según el mensaje lanzado desde Gara y Egunkaria, han sido el fruto de la presión terrorista, quiérese decir que el programa auténtico de Ibarreche es en realidad, para ETA, un programa oculto que urge ir aplicando mientras la violencia colabora a su paulatina ejecución. En ese proceso cabría insertar, si las circunstancias maduraran, una eventual tregua, que ya no respondería a decisión unilateral, sino a entendimientos bilaterales. En otras palabras, una perfecta reconstrucción de Lizarra, con las instituciones paralelas allí diseñadas.

Si esto no es un chantaje político por parte de la banda, a ver quién inventa otro concepto. Con la envoltura de la amenaza, lo que se reclama del Gobierno de Vitoria es un olvido del programa electoral visible, triunfante sólo a través de lo que ETA llama "el voto del miedo". Pero miedo a los españolistas, con lo cual todo el nacionalismo, con la cooperación armada de la banda, queda legitimado como fuerza de ruptura.

En resumidas cuentas, la organización terrorista pretende hábilmente volver la oración por pasiva. Han ganado otros en apariencia, pero la victoria ha sido suya. Y esto le faculta para exigir que se usen "debidamente" los votos de EH que emigraron al PNV-EA. Votos suyos, votos etarras, un préstamo electoral antiespañol que sólo con las armas pudo producirse. Un préstamo al que ETA no renuncia como parte de su patrimonio político revolucionario e independentista.

La voz del verdugo, la tentación del diablo
Por Enrique de Diego Libertad Digital 8 Junio 2001

Los nazis practicaban sus genocidios con un secretismo obsesivo. La psicopatología etarra es exhibicionista. Como esos asesinos en serie que matan prostitutas, los verdugos del terrorismo nacionalista pretenden darnos lecciones de moral a través de las víctimas, con desprecio añadido a su sacrificio. Estos talibanes del nacionalismo nos explican por qué matan primero a unos y dejan al resto para después. E incluso hay algún “error”, irreversible y “disculpable”, pues ellos son los inquisidores del infierno totalitario.

En este akelarre de morgue, los etarras muestran cómo el asesinato descerebra al verdugo. No sólo dejan en ridículo a Eh –sus mamporreros– también rechazan toda autocrítica, pues son los puros. No perciben el claro rechazo de las urnas a la violencia, sino que consideran “sus votos” como prestados al PNV. Toda la reflexión se centra en este partido. La oferta es una nueva tentación del diablo: la prioridad no es acabar con la violencia, sino incrementarla acelerando Lizarra hacia la soberanía. ¿Quién identifica nacionalismo con violencia? ¿Quién diaboliza al nacionalismo? Eta, con las entendederas ahítas de sangre. Pero la tentación estará ahí toda la legislatura.

ETA habla para salir del paso
MARIANO FERRER El Mundo 8 Junio 2001

Los portavoces de ETA han saltado a la cancha para pedir tiempo. Saben que la izquierda abertzale está tocada por el mazazo del 13-M y vienen a decirles que no pasa nada, que jota ke, que su proyecto tiene un reloj y un marcador distintos al del común de los mortales. Su fuerza no se mide en función de una coyuntura (por electoral que sea), y nada importante ha cambiado. El conflicto es el que era y está donde estaba; siguen vigentes las razones que lo provocaron y también las claves que permitirán su superación. El mismo diagnóstico de siempre y la misma medicina: ETA sigue ahí, y con ETA la lucha armada. Ni siquiera merece la pena especular con una tregua, por lo menos mientras «el proceso» no se encamine por donde ETA dice que tiene que ir.

El tono, salvo cuando trata de manera patética y confusa de explicar los atentados y sacudirse el reproche de que actúa indiscriminadamente, no es particularmente agresivo. Mérito, probablemente, de las preguntas que están por encima de las respuestas. Lo desesperanzador es el contenido: las elecciones son un mero accidente en el camino que no transmiten otro mensaje que el de la necesidad de hacer lo mismo pero mejor. Entienda el lector que cuando ETA dice que hay que hacer mejor las cosas se refiere a los demás.

Que nadie espere encontrar en la larga entrevista de ayer una interpretación de los resultados electorales que ponga en cuestión la lucha armada de ETA o el proyecto de la izquierda abertzale. ETA se sigue anotando todos los tantos: ha sido ella la que ha obligado de nuevo al Gobierno a quitarse la careta y mostrar su verdadero rostro represor de los derechos de los vascos; ha sido ella la que impulsó el acuerdo entre abertzales que hizo posible Lizarra; ella la que llevó al PNV a una nueva definición estratégica para apostar por la soberanía (aunque fuera sólo a medias). Por decirlo todo de una vez: a ETA se debe el volumen del voto abertzale del 13-M, aunque por desgracia haya sido el PNV el que se los ha metido al saco.

¿Qué ha pasado? Que después de todo, Aznar tiene razón. La sociedad vasca está inmadura... para lo que ETA les propone. No deja de ser llamativo cuántas veces coincide ETA con el PP: en la terminología de la tregua trampa, en dar por bueno que el Estado «entregó» el País Vasco al PNV para que gestionara los intereses de España; en la interpretación de los resultados del 13-M que no fueron tan malos para el PP (ha logrado alejar al PNV de Lizarra y si logra que el PNV se quede dentro del marco autonómico el PP sería el auténtico vencedor).

Del reproche de inmadurez no se libra la izquierda abertzale, buena parte de cuyos militantes no entendieron de la misa la media y creyeron que para defender a Euskal Herria de la ofensiva española había que defender el actual marco autonómico y votar a Ibarretxe. Es decir, votaron «por lo que hay» en vez de «por lo que hay que hacer». Nadie escapa al ojo escrutador de ETA: ELA, que se rajó cuando más falta hacía; los sectores que trabajan en el mundo de la cultura vasca, que se han dejado por el camino el propósito que les hizo nacer; Elkarri, que no es lo suficientemente serio como para dejar en sus manos la búsqueda de la paz; el PNV, a quien siempre le falta voluntad para hacer lo que debe y acabará traicionando el proceso soberanista.

El caso es que esta ETA que sabe por dónde le aprieta a cada uno el zapato, sabe también lo que los abertzales deben hacer (de los otros no se preocupa más que para ponerles en la lista). Lo que deben hacer es perseverar hasta que a Euskal Herria se le reconozcan sus derechos democráticos y disponga de los instrumentos para decidir su destino. El primer paso es la unión de los abertzales. ETA se irrita cuando le sugieren que es la lucha armada la que hace imposible ese acuerdo. Eso es una excusa. En 1998 la lucha armada no fue obstáculo para el acuerdo. Lo que hace falta es retomar ese camino pero mejor elaborado. La lucha armada no es un obstáculo, es un aguijón. Lo que tiene que hacer la izquierda abertzale es aceptarlo y tener fe en que tiene en sus manos el proyecto que traerá a Euskal Herria la independencia.

¿Todo en orden, entonces? En realidad no. Ni disfrazados de accidente del camino puede ETA disimular que el 13-M es todo un contratiempo. Reconoce que ha supuesto la pérdida de muchos votos a favor de la independencia, que el autonomismo fragmentador se ha reforzado con votos de la izquierda abertzale, que ha debilitado a EH y la expone a mayor represión, que ha entregado demasiadas bazas a un PNV que no tiene propuesta para liberar Euskal Herria. Pero, sobre todo, son unos resultados que dejan a ETA sin saber el terreno que pisa.

Una y otra vez da vueltas en la entrevista a esos votos de EH que se han pasado a la coalición PNV-EA para reforzar el autonomismo, porque prefieren el pájaro en mano de los beneficios que reparte el Estatuto que el ciento volando incierto que sólo se alcanza con sangre, sudor y lágrimas. Y esta sí es una situación desconocida para ETA que da muestras de no tener claro si los votos perdidos son votos con vuelta, prestados en una situación de emergencia, o votos que conforman una mayoría nacionalista, pero una mayoría que la actual izquierda abertzale no puede ya contar como suya porque apuesta por un proyecto político distinto.

No quiere ETA que cunda el desconcierto y sitúa el 13-M en el contexto de las verdades de siempre. Pero sabe que es una situación distinta y ha mandado a sus portavoces a pedir tiempo. Lo va a tener que aprovechar para construir un discurso nuevo porque cada vez hay menos vascos dispuestos a escuchar el viejo.  

Tintín en Euskadi
ANTONIO ELORZA El País
8 Junio 2001

La batalla de Bergara ha ejercido efectos decisivos sobre la percepción de la kale borroka por parte del Gobierno vasco. Las solemnes declaraciones de su portavoz, Josu Jon Imaz, suponen un giro copernicano: aquellos que en Bergara el pasado domingo, como antes en otros lugares, crearon una noche de terror en el pueblo, no eran jóvenes románticos, ebrios de aventura y de fuego, sino que 'podrían' pertenecer a ETA. Sus investigaciones van por ese lado y como siempre sólo los aguafiestas de Erne y los partidos 'españolistas' ensombrecen tan agudas reflexiones.

Poco a poco, episodios como el mencionado, o las declaraciones de Anasagasti en México y de Arzalluz en este mismo diario, invitan a quienes estamos felizmente aquejados de 'fundamentalismo democrático' a preocuparnos cada vez más ante una marcha de las cosas que va apartándose de los buenos propósitos enunciados por Ibarretxe. Y a discrepar de quienes ahora arrojan un día tras otro la política seguida por el PSE de Nicolás Redondo al basurero de la historia. Para quien asuma el terrible riesgo de leer lo que se dice y ver lo que pasa resulta evidente que el PNV no enfila una ampliación del autogobierno, sino el camino de la independencia vaciando desde dentro las instituciones para quedarse en Europa, y que los objetivos de la auténtica cruzada, la nacionalista, son los mismos: periodistas y asociaciones pacifistas. Por encima de todo, el estatutismo ya no cabe en el PNV, sentencia Arzalluz.

Para ello, los nacionalistas cuentan con un inesperado apoyo ajeno a su campo: la Ezker Batua de Javier Madrazo. Con su sonrisa de Buda feliz, Madrazo ha cumplido su objetivo: no sólo sobrevivir, sino ascender al Gobierno invirtiendo los términos de antaño, en calidad de compañero de viaje del PNV hegemónico. Es un político que no duda en refugiarse cuando es preciso en la mentira, no sólo en la manipulación. 'Somos oposición al PNV', me replicó con firmeza en un debate al iniciarse la campaña. Ya se vio entonces y ya se ha visto luego. El ex firmante de Lizarra no desarrolló en campaña proyecto social alguno para Euskadi: planteó desde el inicio de la campaña un 'órdago a Mayor'. Ataques constantes, en aplicación caricaturesca del viejo 'clase contra clase' para el frente antiterrorista. Acusaciones insistentes dirigidas al PSE por seguidismo. Y hacia el campo nacionalista, sólo la denuncia de la satanización de que supuestamente era objeto. Tintín estaba seguro de poseer la fórmula para resolver el problema vasco, luchaba contra los malandrines españolistas y, por encima de todo, servía a su señor. Hasta en el lema de la campaña, Un país para todos, reprodujo Madrazo la fórmula de los folletos de propaganda del PNV. Un anticipo de la recompensa fue el 3%, y ahora vendrá lo más sustancioso, la consejería social .

En un futuro próximo, la aportación de EB-IU para el proyecto soberanista puede revestir gran interés. La fórmula mágica de Madrazo para resolver el problema vasco funde el culto a San Vladimiro Lenin, con su consigna de autodeterminación sin atender a las circunstancias, con el exitoso antecedente del cantonalismo de 1873. Es el 'federalismo de libre adhesión': todas las comunidades autónomas ejercen la autodeterminación y se reúnen en una España republicana y federal. Así puede proclamar Madrazo que IU es contraria a la independencia vasca, cuando va a hacer todo lo posible para que la misma sea un hecho, ya que nadie con buen juicio puede pensar que los abertzales, una vez lograda la soberanía, acepten federación española alguna. La trampa, sin embargo, puede servir para que el PNV deje en manos de IU la iniciativa de la propuesta de autodeterminación, con lo cual ésta aparecería como un postulado democrático y no como una obsesión nacionalista. Fuera de Euskadi, la propuesta tendrá sin duda muchos seguidores, desde una amplia izquierda, leninista por ignorancia en este tema, hasta los equidistantes aquejados del síndrome de Estocolmo y quienes mantienen ante todo el fundamentalismo capitalista, esto es, hacer negocios pase lo que pase con aquel que detenta el poder. Lo malo es que este estilo se convierta en receta para que Llamazares intente la recuperación general de IU.

Se sienten
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo 8 Junio 2001


Se acabó la diversión política, llegó el comandante de la violencia y al grito de «se sienten» mandó parar el debate interno en el seno de la izquierda abertzale. Apenas había comenzado la controversia sobre las urnas de la Virgen de Fátima, cuando dos encapuchados armados acaban de amordazar a todo el tejido social de HB. Directivos, diputados, sindicalistas y abogados se cuadran, adoptan la posición de saludo y memorizan el catecismo, con respuestas para todo, redactado por los galones enmascarados.

En ese catón se encuentra la conclusión sin necesidad de reflexión. Quienes argumentan con las pistolas han decidido cortocircuitar una discusión que podía descontrolarse y terminar cuestionando su propio poder. Voz de mando que encontrará su eco en la próxima composición de la Mesa Nacional de HB. Nada indica mejor por dónde van a ir los tiros, nunca mejor dicho, que la brutal descalificación de los colectivos o personas que han venido defendiendo una salida dialogada al contencioso. Tras ampliar sus calumnias sobre Juan Mari Jáuregui y Ernest Lluch, síntoma claro de que continúan encontrando resistencias a sus difamaciones, pasan a descalificar a Elkarri cuando se encuentra en vísperas de convocar una conferencia de paz.

La deducción es obvia. Si Ibarretxe se caracteriza por el barniz abertzale, sus cientos de miles de electores, por la cobardía, Arzalluz por la mezquindad y quienes propugnan el diálogo, por la hostilidad al País Vasco, no se sabe muy bien qué hacía ayer mismo la Fundación Sabino Arana organizando en Bilbao una reunión sobre el papel de los intermediarios en los conflictos violentos. Más aún. La descalificación del dialogante se combina con el elogio del contrario al diálogo. De este cuadro de improperios sólo se salvan, sintomáticamente, los propios pistoleros y el denominado «fracaso relativo» de un Mayor Oreja al que auguran, incluso, una posible victoria en el futuro. La nostalgia de lo que pudo haber sido y no fue, el tan ansiado choque de trenes nacionalistas, recorre de cabo a cabo este análisis que busca recrear las condiciones para que abertzales vascos y patriotas españoles puedan romperse mutuamente la crisma. De momento, se la van a descerrajar a más de uno con la esperanza de que los patrioteros les ayuden a que Ibarretxe pueda ahogarse en la sangre de los que van a ser asesinados.

Más vale que, por ahora, el lehendakari vaya olvidándose de conferencias pacíficas y empiece a preocuparse sobre cómo defender un orden democrático que a va ser concienzudamente desordenado. Porque tras imponer el golpe de Estado interno, la epístola de los pistoleros anuncia el intento de un golpe de Estado externo contra la voluntad de los vascos encarnada en Ibarretxe.

 
Convocaron una reunión más amplia para las próximas semanas ante la falta de un criterio único - Los más radicales están liderados por jóvenes que se hicieron con el poder en la organización durante la tregua
El sector más duro de ETA se impuso en una tensa asamblea tras las elecciones del 13-M
CARMEN GURRUCHAGA El Mundo 8 Junio 2001

MADRID.- La última semana del mes de mayo la dirección de ETA mantuvo una larga y tensa reunión en una localidad bretona con el fin de analizar los resultados electorales y tratar de unificar criterios respecto a la estrategia futura.

Esto último no fue posible, por lo que acordaron convocar un nuevo encuentro más amplio, una especie de asamblea, para finales de junio o para el mes de julio.

La reunión fue muy tensa y todo parece indicar que, por el momento, se ha vuelto a imponer el sector más duro, como se deduce del contenido de la entrevista publicada ayer con dirigentes de ETA.

En la organización terrorista hay, en este momento, dos sectores enfrentados. Algo habitual a lo largo de los más de 40 años de historia de ETA. En las décadas de los 80 y 90 se les dividió en duros y blandos y ahora se les califica de racionales e irracionales. Los primeros estarían representados por los mayores del lugar: Mikel Albisu, Mikel Antza o Juan Vicente Goikoetxea, que creen llegado el momento de dedicarle unas horas a pensar qué ha sucedido y en si conduce a algún lugar el camino retomado tras la ruptura del cese de hostilidades.

Los segundos, los ortodoxos e irracionales, serían los 100 jóvenes que, con García Gaztelu a la cabeza, aprovecharon la tregua y el vacío de poder en el aparato político producido por la detención en París de Arizkuren Ruiz, Kantauri, para acceder a la cúpula etarra e imponer su dinámica violenta.

Tregua unilateral
Contrarios desde el principio al alto el fuego, consideran que jamás una organización armada (terrorista) puede ofertar un alto el fuego unilateral e incondicional como hizo ETA en Lizarra. Por el contrario, desde su punto de vista, debe tener una contrapartida por parte del «enemigo», que en este caso es el Gobierno. La bronca entre los dos sectores en la reunión citada alcanzó tal clima que algunos llegaron a pensar que podía producirse una situación de violencia. Mientras unos alababan las ventajas políticas que para la izquierda abertzale trajo la situación de alto el fuego, los otros, que no la asumieron nunca durante la tregua y siguieron practicando la kale borroka, expresaron las viejas teorías sobre los inconvenientes de «parar». Opinaron que, entre otras cosas, la ciudadanía se acostumbra a vivir con sensación de tranquilidad y cuando las armas hacen ruido de nuevo, responsabilizan a la organización terrorista de la vuelta a la actividad violenta. Las fuentes consultadas por EL MUNDO aseguraron que lo probable es que suceda lo que siempre ha pasado en la organización terrorista vasca: que los partidarios de llevar a cabo una actividad más política que armada se vayan a casa, o ingresen en alguna formación política ya existente. Mientras, los otros, seguirán pegando tiros, poniendo coches bombas, extorsionando o chantajeando.

Sin embargo, otras fuentes con las que EL MUNDO estuvo hablando comentaron que existe la posibilidad de que se dé un debate serio ya que, ni en los peores momentos de su historia, el brazo político de ETA ha tenido un resultado tan malo en unas elecciones.

Estas personas aseguraron que HB no sólo ha perdido los 80.000 votos que procedentes de sectores como la corriente crítica interna, Aralar, o Zutik, han ido a parar al PNV o IU, sino que a esa cifra hay que añadir los 20.000 votantes nuevos que le corresponderían a EH y que tampoco aparecieron en el recuento final adjudicado a la plataforma independentista. Este análisis valora que, en total, lo votos perdidos por la marca electoral del MLNV (Movimiento de Liberación Nacional Vasco), han sido 100.000.

Los jóvenes etarras argumentaron a su favor, asegurando que los votos han desaparecido, precisamente, por el lado de las personas que ya están acomodadas socialmente y que tienen como referentes a dirigentes como Otegi, Iñigo Iruin, Patxi Zabaleta o Díez Usabiaga, mientras que el sector juvenil, que identifica a la izquierda abertzale con ETA y con violencia callejera, se ha mantenido fiel. Así pues, no ven ninguna necesidad de cambiar la estrategia.

Por el contrario, los considerados «conservadores» por los jóvenes etarras defendieron la necesidad imperiosa de reeditar un alto el fuego y recordaron que una situación sin armas les permitió firmar el Pacto de Lizarra, lo que se tradujo en una importante rentabilidad política y un magnífico resultado electoral.

Crisis política
Además, en el seno del PNV se activaron unas corrientes a favor del soberanismo, que puso muy nervioso al Gobierno de Madrid, lo que creó la primera crisis política seria entre nacionalistas y no nacionalistas. Además, consiguieron romper el aislamiento al que les sometía el Pacto de Ajuria Enea. En sentido contrario, los partidarios de continuar con la actividad terrorista aseguraron que Lizarra ya no es un referente, de suerte que, fracasada esta vía se impone cometer cuantos más atentados mejor para demostrar que el conflicto vasco sólo se solucionará cuando Madrid se siente a negociar el futuro de «Euskal Herria». Parece además, según las fuentes consultadas, que este grupo de jóvenes terroristas está dispuesto a ampliar su campo de acción en el que, además, de los actuales objetivos, electos de PP y PSOE y personas vinculadas a medios de comunicación, tengan cabida políticos nacionalistas considerados «traidores» por no apostar claramente por la unidad de acción abertzale y por tener veleidades de pactar con partidos «españolistas».   

Explosión en un concesionario de coches
El Mundo 8 Junio 2001

SAN SEBASTIAN.- Una explosión se produjo anoche, a las 0,35 horas, en un concesionario de automóviles Peugeot, en el barrio de Loiola de San Sebastián, sin ocasionar daños personales, según informaron a Efe fuentes del Cuerpo de Bomberos municipal.

Hasta el lugar se desplazaron varias unidades de la Ertzaintza, así como dotaciones de los Bomberos que consiguieron, poco después, controlar el fuego provocado por la explosión.

El concesionario está situado cerca del colegio La Salle, en una zona de garajes y locales comerciales. Como consecuencia de la explosión, se vio afectada parte de la fachada del concesionario, así como cuatro vehículos, de los que dos quedaron totalmente calcinados. Según señalaron las fuentes al cierre de esta edición, se desconoce si la explosión fue debida a una bomba o al lanzamiento de varios cócteles molotov.

Por otra parte, el juicio a los ex supuestos dirigentes militares de ETA Iñaki de Rentería y Txapote; al ex jefe de los comandos ilegales Kantauri, y otros siete activistas, se abrió ayer en medio de incidentes en el Tribunal de Apelación de París.

Los altercados obligaron a la Corte a expulsar a los procesados presentes nada más abrirse la vista, a la que no asistió uno de los acusados, el ex parlamentario vasco Mikel Zubimendi.

El alboroto surgió cuando el tribunal se negó a aceptar la presencia de un intérprete en vasco. Ignacio Gracia Arregui, Iñaki de Rentería, llamó a los jueces «marionetas de los españoles».

El patriotismo y el idioma
Por Ignacio CAMACHO ABC 8 Junio 2001

Quizá para compensar la obligatoriedad escolar de Els Segadors, los rectores catalanes van a exigir el dominio del inglés como condición «sine qua non» para la obtención de un título universitario. Todo sistema de poder tiende siempre a equilibrarse a sí mismo mediante mecanismos de autocompensación. Así, junto al detalle aldeano y algo fachoso del himno en las escuelas, la catalanidad educativa se redime mediante un requisito cosmopolita e indiscutible. He ahí el modelo simbólico del pujolismo, expresado en un esquema de prioridades idiomáticas: catalán para casa —en la intimidad, que diría alguien— e inglés para fuera. El paso intermedio —el castellano— queda delicadamente ninguneado sin que se note mucho. Al fin y al cabo, los informes ortográficos de la selectividad demuestran que tampoco lo dominan los estudiantes españoles.

Poco a poco, el nacionalismo catalán va imponiendo su estrategia sin alharaca y con inteligencia. En los tiempos de la globalización, las ideologías se diferencian en dos o tres puntos de inflación y de presión fiscal, y los estados apenas si se distinguen en pequeños detalles, como el uniforme de los policías o el idioma de los letreros. El modelo pujolista se va imponiendo silenciosamente por esa vía, sin necesidad de amenazar a nadie, sin tiros, ni bombas, ni algaradas callejeras. Todo eso conduce a la normalidad de una nueva estrellita blanca en la bandera azul de la Unión Europea, pero sin prisas políticas ni grandes ruidos declarativos, que sólo sirven para enturbiar el clima y excitar las pasiones colectivas. Con un pragmatismo marca de la casa, en el que lo importante son los resultados y no las formulaciones.

Nadie puede cuestionar hoy en día la necesidad del inglés en la formación universitaria. Con su exigencia requisitoria en la titulación, la Universidad catalana supera por elevación el debate idiomático peninsular, tal como ya se viene haciendo en algunos centros de élite, como la Pompeu Fabra, donde ciertas asignaturas de índole económica y financiera se imparten íntegramente en la lengua del imperio. Otra cosa es lo Els Segadors, que huele un poco a fundamentalismo de campanario y a patriotismo de vía estrecha.

Cuando yo era pequeño, en el instituto nos hacían cantar los lunes el «Cara al Sol» y el «Prietas las Filas» mientras se izaban las banderas del aguilucho y de la Falange. Y eso que ya estaba el franquismo en las postrimerías y habían votado los muertos en el referéndum del «Sí». Al que no cantaba o se hacía el «longuis» tarareando la musiquilla le ponían un cero en conducta y otro en Formación del Espíritu Nacional, y de paso otro en gimnasia, que para eso la impartía el mismo comisario político del Movimiento que no andaba. Muchos de estos funcionarios del partido único acabaron, por cierto, pasando al Ministerio de Cultura del PSOE, en algún caso sin cambiar de despacho; sólo hubo que quitar el yugo y las flechas del frontispicio de la sede.

Pero ya decía el olvidado Carlos Marx eso de que la Historia repite como farsa lo que primero ocurre como tragedia. Esta historieta de Els Segadors en la escuela catalana recuerda demasiado a la parafernalia tardofranquista, que acaso late aún en el subconsciente de muchos responsables públicos. El patriotismo no es despreciable siempre que no se manifieste de un modo agresivo, porque entonces se convierte en lo que decía el famoso aforismo de Samuel Johnson: el último refugio de los canallas. Los rectores catalanes han tirado por elevación para sublimar la polémica, porque el universalismo del inglés es de un imperialismo suavizado con toques cosmopolitas. «Sensu contrario», en la reciente entrevista con los periódicos «abertzales», la cúpula etarra insiste en la reivindicación de los territorios navarros y vascofranceses. Al final, el patriotismo desgarrado siempre acaba midiéndose en hectáreas.

El Príncipe de Asturias de las Letras ha premiado a la escritora británica Doris Lessing, que se une así a Carmen Martín Gaite en la nómina de mujeres galardonadas, y a Günter Grass en la de los autores extranjeros que han obtenido el reconocimiento del jurado del premio. Doris Lessing no es una autora excesivamente popular, pero su obra posee ingredientes suficientes como para satisfacer los más distintos paladares. A la fascinación que despierta el propio personaje (nacida en Irán cuando todavía era Persia, y criada en Zimbawe cuando aún se llamaba Rodhesia), suma la escritora una poderosa prosa, una extraordinaria profundidad y un manifiesto compromiso con sus propias creencias.

La orquesta europea 
TIMOTHY GARTON ASH El País 8 Junio 2001

Timothy Garton Ash es periodista e historiador británico, autor de Historia del presente. © NYREV, Inc. 2001. Publicado con la autorización de The New York Review of Books

El gato llamado Europa está de nuevo entre las palomas. Los socialdemócratas alemanes abogan por una Europa federal, al estilo alemán. El ministro francés de Asuntos Europeos condesciende irritado, pues está en desacuerdo. Los conservadores ingleses intentaron animar una mortecina campaña electoral denunciando al canciller Schröder como imperialista alemán. Silvio Berlusconi, el nuevo primer ministro de Italia, despierta dudas en todas partes.

A un nivel más profundo, este gran debate europeo está provocado por el estimulante hecho de que la UE se va a ampliar de 15 a 27 Estados al menos, y por el deprimente de que muchos ciudadanos de los actuales países miembros se sienten desconcertados y apartados por lo que ha devenido la UE. La forma normal de entrar en el debate es proponer una serie de cambios en la 'arquitectura' de la UE, ese castillo laberíntico, y coronar el nuevo diseño con un lema. En lugar de eso yo haré diez observaciones en busca de un razonamiento.

1. El idioma es el tema más técnico y más fundamental. La UE tiene hoy 11 idiomas oficiales. El Parlamento Europeo se parece a Babel. Un día de intérpretes cuesta a la UE más de 650.000 euros. Suponiendo, con optimismo, que la República Checa y Eslovaquia aceptaran que no hay necesidad de traducir del checo al eslovaco, una UE de 27 Estados miembros tendría 22 idiomas, lo que nos da 462 combinaciones de interpretación. Con 35 idiomas habría 1.090 permutaciones.

La solución evidente es hacer que el inglés, hablado en este momento por casi el 55% de los ciudadanos de la UE, fuera el idioma de trabajo, como lo fue el latín en la Europa medieval. La primera dificultad para esto reside en la casualidad de que los ingleses (con una gran falta de consideración) hablan inglés. Mientras que el latín medieval era el idioma de nadie y de todo el mundo, la UE estaría confiriendo un privilegio especial al idioma vivo y materno de uno de sus Estados miembros más grandes y más propensos a llevar la contraria.

La segunda dificultad es que los franceses dirían 'non ' en cualquier caso y que otras naciones europeas también protegen sus idiomas. Más fundamental aún es la cuestión de si se puede conducir una democracia de participación con un idioma extranjero y/o 22 idiomas distintos. Si la UE fuera simplemente una organización internacional, se podrían poner de acuerdo en, digamos, seis idiomas de trabajo, como en Naciones Unidas. Contamos con que los diplomáticos trabajen en idiomas extranjeros, pero ¿y los políticos electos? ¿Y los ciudadanos de a pie? La política democrática no es como los negocios o la diplomacia. Necesita palabras con las que la gente se sienta a gusto.

2. Mientras tanto, ¿qué es este 'debate europeo'? Una discusión entre un pequeño grupo elegido entre las élites nacionales. No hay un demos europeo o un 'Nosotros el pueblo'. Algunos tienen la esperanza de que la introducción en enero de los billetes y monedas euro en toda la zona euro estimulará la conciencia paneuropea. Veremos. Pero por ahora se trata de si podemos conseguir siquiera un debate de élites transeuropeo.

3. Bruselas, sinónimo de la UE y autoproclamada capital de Europa, ilustra perfectamente la distancia entre las élites y la vida 'de abajo, donde está la gente', como dijo una vez Juan Pablo II. Es un lugar en el que hombres y mujeres enormemente sutiles y políglotas, y procedentes de los orígenes más diversos - un tecnócrata francés, un ex gobernador de Hong Kong, un antiguo estudiante antifranquista-, intentan reconciliar intereses y modos nacionales de pensar con la búsqueda de un interés común más grande. También es la capital de un país que casi se ha deshecho por el conflicto entre su zona de habla francesa y la de habla flamenca.

El presidente de la UE, Romano Prodi, al lanzar en marzo el 'gran debate' sobre el futuro de la UE dijo que Bélgica 'se podría considerar un modelo en miniatura de Europa'. Y así es.

4. Sean cuales fueren los elementos transeuropeos de este debate, la naturaleza del tratado 'constitucional' que emerja de la conferencia intergubernamental de 2004 dependerá del equilibrio de fuerzas entre los gobiernos nacionales en ese momento.

La discusión la han llevado tradicionalmente Francia y Alemania, que actuaban de mutuo acuerdo. Ahora el eje franco-alemán se ha debilitado, hecho confirmado por la frecuencia con que los líderes alemanes y franceses insisten en que no es así. Alemania es claramente primus inter pares.

El hecho político aislado más importante de la UE de hoy es que el canciller socialdemócrata y el ministro verde de Asuntos Exteriores de la República Federal de Alemania abogan por una Europa federal. Del mismo modo que otros piensan en Europa de una forma característicamente holandesa, o española, o italiana, los alemanes tienden, como observó Giuliano Amato, el ex primer ministro italiano, 'a ver el futuro de Europa como una especie de Bundesrepublik grande'.

Francia no sabe qué pensar y, en cualquier caso, está paralizada por la 'cohabitación' de Chirac, el presidente gaullista, con Jospin, el primer ministro socialista, que probablemente se enfrente a Chirac en las elecciones presidenciales de 2002. Sólo entonces la posición francesa se aclarará. Quizá.

Pero no tiene mucho sentido intentar adivinar en 2001 cómo será este complejo equilibrio en 2004. Lo más que se puede hacer es esbozar unos cuantos resultados posibles y probables.

5. 'Paz imposible, guerra improbable' es el famoso resumen que hizo Raymond Aron de la guerra fría. De la Unión Europea a principios del siglo XXI yo diría: 'Unidad imposible, derrumbamiento improbable'.

Prácticamente nadie está hablando de unos Estados Unidos de Europa como se hacía hace 10 años. Y el aumento del número y diversidad de los Estados hace ese acuerdo aún más improbable. Normalmente, la unidad es consecuencia de una amenaza externa. El recuerdo de Hitler y la amenaza de Stalin se erguían ante los 'padres fundadores' de la Comunidad Europea en los años cincuenta. Ahora se ha desvanecido el recuerdo de la guerra, y la amenaza de los Estados conflictivos, del terrorismo internacional o (supuestamente) del 'mundo islámico' no se puede comparar con la de la antigua Unión Soviética.

'Derrumbamiento improbable' es una afirmación más arriesgada. Después de todo, todas las alianzas, coaliciones, ententes, imperios, comunidades o uniones monetarias de los Estados europeos han caído antes o después. La UE es distinta debido a su íntimo engranaje de cooperación habitual y a sus muchos mecanismos para resolver conflictos. Ya no existe el concierto de Europa, que se reunía ocasionalmente en Viena o en Berlín. Ahora está la orquesta de Europa, que toca al unísono de continuo.

Más aún: la mayor parte de los acuerdos anteriores se fueron al traste porque un Estado intentó dominar a los otros. La UE, en cambio, es un orden sistemáticamente no hegemónico de Estados. Alemania es la mayor potencia, pero no es hegemónica.

6. Entre la unidad imposible y el derrumbamiento improbable se extiende la banda de lo probable en los próximos 5 o 10 años. La UE no conseguirá nada parecido a la Constitución de EE UU. En función de la constelación de 2004, podría llegar a un documento cuasi constitucional que definiera quién hace qué y por qué. La alternativa es una continuación del pragmatismo evolutivo, con el que se irán añadiendo cada vez más piezas al laberíntico castillo.

Probablemente, todos los Estados miembros, los nuevos y los viejos, se comprometerán a unas cuantas actividades esenciales, básicamente las que tenía lo que antes era la Comunidad Económica Europea: el mercado único, la política de competencia, las negociaciones comerciales en nombre de Estados miembros... Sin embargo, los distintos círculos de 'cooperación reforzada' se superpondrán en parte al círculo central.

La cuestión más difícil es si a largo plazo el círculo de la moneda única puede ser distinto del económico esencial. Si no puede serlo, hay que empezar a planificar una unión monetaria de más de 20 Estados distintos. Pero ¿cómo podría funcionar esto?

7. Sospecho que la clave para que la UE siga funcionando con tantos miembros es hacer menos, pero hacerlo mejor. Desgraciadamente, no hay ninguna institución en la Unión con claro interés en hacer menos. Toda la historia de las instituciones europeas ha sido la de ir añadiendo cometidos, comités, puestos de supervisión, áreas de compromiso, todo ello acordado por los Estados miembros sobre la base de 'tú aceptas mi añadido y yo acepto el tuyo'.

En una versión europea de la ley de Parkinson, la Comisión, el Consejo y el Parlamento van creándose trabajo a sí mismos. Pero los Estados miembros son malos, pasan los temas difíciles a 'Europa' para que actúe y luego echan la culpa del resultado a 'Bruselas'.

Una de las soluciones que se sugieren es un Senado o una segunda cámara en el Parlamento Europeo, que se reuniría unas cuantas semanas al año y estaría compuesta o bien por senadores elegidos directamente o por representantes de los países. Esto confirmaría el tan cacareado principio de la 'subsidiaridad': que las decisiones deben tomarse al nivel más bajo posible compatible con una acción eficaz. Al estudiar atentamente lo que hiciera la UE podrían decir, por ejemplo: 'La UE no se debe involucrar en este tema de educación, pero debería hacer más en esa cuestión medioambiental'.

A diferencia de un Tribunal Supremo Europeo, esta segunda cámara tendría legitimidad democrática directa. Pero la creación de otra institución más no deja de ser una forma curiosa de empezar a reducirlas: sumar para poder restar. ¿No acabaría siendo también presa del euro-parkinsonismo?

8. La UE no tiene dramatismo cara al público. Lo más cercano a un teatro político son las cumbres importantes, como la de Niza del pasado mes de diciembre, pero se informa sobre ellas como si fueran torneos internacionales de esgrima diplomático. Aunque unos cuantos europeos lleven la bandera de la UE en las matrículas de sus vehículos, hay muy poco más que inspire simbolismo, mística o de lo que Walter Bagehot, al escribir sobre la Constitución británica, denominaba simplemente 'magia'. Para la mayor parte de los europeos, Europa es aburrida. Este enorme tedio es un auténtico peligro para todo el proyecto y un límite para lo que pueda llegar a ser.

9. Algunos europeos tienen la esperanza, y algunos estadounidenses el temor, de que la UE se convierta en una superpotencia. Un punto de vista, todavía dominante en Francia, es que Europa debe ser una superpotencia rival de EE UU. Otro, más extendido en Alemania y Reino Unido, es que debe ser un socio fuerte de EE UU. Sobre el papel, una UE ampliada sería aún más grande y más fuerte. Pero es bastante improbable que Europa sea alguna vez una superpotencia.

En el comercio y en las negociaciones, la UE sí puede ser tan importante como EE UU. Pero cuando se trata de política exterior y de defensa, la respuesta a la pregunta que Henry Kissinger pudo o no pudo plantear: 'Ustedes dicen Europa, pero ¿pueden decirme a qué número debo llamar?', es sencilla. Llamar a Europa sigue siendo una conferencia.

10. La Europa que tiene la esperanza de convertirse en una superpotencia unitaria es como la sirenita que quería ser una chica en el cuento de Hans Andersen: le dolerían los pies todo el tiempo porque en realidad deberían ser aletas. Pero no tiene por qué ser tan desdichada, sólo tiene que saber quién es.

La UE es una comunidad económica formidable. Es, cada vez más, una comunidad de leyes europeas compartidas. Puede que a la UE no se le dé bien proyectar poder o seguridad, pero es en sí misma una comunidad de seguridad, un grupo de Estados para los que se ha hecho impensable resolver sus diferencias por otros medios que no sean los pacíficos. Y la mayoría de los restantes Estados del continente europeo quieren unirse a ella. Aunque esté muy lejos de ser, o de llegar a ser, una democracia directa, es una comunidad de democracias. Si la comparamos con la Europa del pasado, y con los Balcanes del presente, hay un montón de razones para estar contento.

Si buscan una estructura coherente, racional y transparente se sentirán decepcionados con la Europa de los 15 y probablemente más aún con la de los 27. Sin embargo, si piensan en ella como proceso en vez de como estructura, como método en vez de como obra de arquitectura, no tienen motivo para sentirse decepcionados. Para adaptar la famosa frase de Churchill sobre la democracia: ésta es la peor Europa posible, si exceptuamos todas las demás Europas que en ocasiones se han intentado.

Juaristi asegura que el inglés y el español serán las dos grandes lenguas de la red
El director del Instituto Cervantes, Jon Juaristi, ha asegurado este jueves que el español y el inglés serán las dos grandes lenguas de la comunicación en el siglo XXI "y en consecuencia las dos grandes lenguas de la sociedad de la información".
EFE Libertad Digital 8 Junio 2001

Juaristi intervino este jueves en Madrid en un seminario sobre delitos relacionados con la tecnología de la información, que ha puesto fin al Curso Iberoamericano que sobre "Delitos relacionados con la tecnología de la información" concluyó este jueves y fue inaugurado el pasado día 4.

El curso ha estado dirigido a representantes de las Fuerzas de Seguridad de países iberoamericanos y de la Guardia Civil, con la finalidad de debatir sobre los aspectos relacionados con los delitos cometidos en el entorno de las nuevas tecnologías.

Juaristi, quien pronunció una conferencia sobre "El Uso del Español en la Red" opinó que las "lenguas que no sepan incorporarse a las nuevas tecnologías se convertirán en subculturas marginadas". A su vez, consideró que la "difusión de la cultura es inseparable de las oportunidades de las nuevas tecnologías" y que la "abundancia de información en la red favorece a las lenguas que disponen de medios tecnológicos necesarios".

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