AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 9 Junio   2001
#Derrotados pero no confundidos
FRANCISCO RUBIO LLORENTE El País 9 Junio 2001

#ETA y «Gara»
Editorial ABC 9 Junio 2001

#Letras e himnos
Carlos HERRERA. cherrera@andalucia.net ABC 9 Junio 2001

#El dilema de Eta
Lorenzo CONTRERAS La Razón 9 Junio 2001

#ETA discrimina a los mismos
ISABEL SAN SEBASTIAN El Mundo 9 Junio 2001

#Abandonar el desierto
TONIA ETXARRI El Correo 9 Junio 2001

#El Foro Ermua se desmarca de Basta Ya y «no dará respiro» al PNV
EUROPA PRESS MADRID El Correo 9 Junio 2001

#Mal comienzo
Editorial El Correo 9 Junio 2001

#Las asociaciones de periodistas denuncian exilios de compañeros
CARLOS SEGOVIA El Mundo 9 Junio 2001

#Els segadors
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 9 Junio 2001

#Bono dice que el nacionalismo «empieza con el rh y acaba, como Hitler, con la raza aria»
Redacción - Madrid.- La Razón 9 Junio 2001

Derrotados pero no confundidos
FRANCISCO RUBIO LLORENTE El País 9 Junio 2001

Francisco Rubio Llorente es catedrático de Derecho Constitucional.

La diferencia esencial entre democracia y tiranía (o si se prefiere, entre democracia y dictadura) es la que viene de la relación que la una y la otra establecen con la verdad y la razón. Como el poder político no puede apoyarse descaradamente en la fuerza, el tirano pretende siempre justificar el suyo por referencia a una verdad única que quienes le combaten sólo pueden desconocer por ignorancia o malicia, sin que ahora importe mucho que esa apelación a su verdad sea cínica o sincera. El gobernante demócrata, por el contrario, no puede legitimar su poder por la superioridad intrínseca de su verdad frente a la de sus adversarios, sino sólo por ser circunstancialmente la verdad del más fuerte, la que ha logrado el apoyo de la mayoría. Pero, en contra de lo que a veces se dice, esta relativización de la verdad, esta tranquila aceptación del derecho del más fuerte, no es la renuncia a la razón, sino su triunfo. Justamente por partir del supuesto de que el procedimiento electoral es un modo civilizado y pacífico de imponerse por la fuerza, no de buscar la verdad, la democracia ha de aceptar que la de quienes triunfaron en las urnas vale tanto como la de quienes perdieron, que el debate entre esas verdades diversas sólo puede apoyarse en razones y que el eco de éstas en la sociedad ha de verificarse mediante elecciones periódicas.

La voluntad popular es una abstracción construida a partir de voluntades reales diversas e incluso opuestas. El pueblo no habla con una sola voz, sino con muchas, las razones de los unos y de los otros valen por lo que valen, lo mismo antes que después de unas elecciones, y en consecuencia, del resultado de éstas no se sigue que los vencidos deban renunciar a las suyas, o los vencedores hayan de aferrarse tercamente a las que les dieron el triunfo. Se puede tener razón y resultar derrotado, como se puede estar equivocado y triunfar. Si la mayoría acertara siempre, la historia de las democracias sería un interminable camino de perfección, y basta mirar en torno para percibir que no es así.

Estas consideraciones banales y más bien pedantes vienen a cuento, como ya habrá imaginado el lector, de lo que nos ha pasado y nos sigue pasando después de las elecciones al Parlamento vasco; más precisamente, de las consecuencias que algunos colaboradores distinguidos de la prensa madrileña hablada o escrita han extraído de tales elecciones. Que los nacionalistas vascos o quienes están en su entorno hayan celebrado el resultado es tan poco sorprendente como que lo hayan lamentado quienes creen, como es mi caso, que, por sus características específicas, ese triunfo del nacionalismo es un obstáculo grave para la solución de los problemas reales. Menos previsibles eran, al menos para mí, los reproches que, tras su derrota, se dirigen ahora a los constitucionalistas, culpables, según parece, de errores gravísimos que deberían rectificar, no tanto, según creo entender, para aumentar sus posibilidades de victoria en la próxima ocasión como para hacerla en cierto modo innecesaria.

Si los errores que se denuncian fueran sólo tácticos, la cosa no tendría mayor importancia. Es seguro que el estilo oratorio del presidente del Gobierno parece más hecho para despertar rechazos que para suscitar adhesiones; probablemente sea también cierto que los medios de comunicación oficiales u oficiosos se han manifestado con una brutalidad contraproducente, aunque no puedo asegurarlo porque no los frecuento; tampoco es descaminado pensar que no se puede pasar sin riesgo del Ministerio del Interior a la cabeza de una lista electoral en el País Vasco, aunque quienes insisten en esto no han sugerido, hasta donde sé, qué otro candidato hubiera sido más adecuado. Pero de estos errores tácticos, los críticos pasan, como si de la misma cosa se tratase, a los estratégicos. El error de fondo estaría en el 'frentismo', en el hecho de que populares y socialistas hayan hecho frente común contra los nacionalistas, metiendo en un mismo saco a los demócratas y a los violentos y borrando así la divisoria real, que es la que separa a los demócratas, nacionalistas o no, de los que no lo son. Es este error de fondo el que ahora habría que reparar mediante el regreso a una política de 'transversalidad'.

Algo sorprendente parece que resulten ser culpables de frentismo y de incapacidad para discernir lo esencial los partidos que fueron reducidos a unidad indiferenciada por un pacto entre nacionalistas, cuya coincidencia en lo esencial, llámese autodeterminación, independencia o soberanismo, les permitió olvidar, al menos circunstancialmente, las diferencias en cuanto a los métodos adecuados para alcanzar el fin. Pero tal vez, pese a que una de las cláusulas del acuerdo del PNV y EA con ETA obligaba a las partes a no entrar en acuerdos con partidos no nacionalistas, populares y socialistas pudieron olvidar que para sus adversarios ellos eran en el fondo la misma cosa, partidos españolistas, y acudir a las elecciones en orden disperso. Concedido todo esto, sigo sin ver las razones por las que ha de considerarse erróneo que no hicieran tal cosa, ni cómo podrían haber evitado la actuación en común a la que las circunstancias los forzaban.

Para explicar que la actuación en común de los dos grandes partidos en defensa de la libertad, la Constitución y el Estatuto, fue un error, se siguen dos líneas de razonamiento convergentes, en las que cabe encuadrar sin mucho esfuerzo los diversos argumentos utilizados, aunque sea muy distinta la fuerza y el brillo que reciben de las plumas o las voces que los utilizan. La primera de estas líneas es, podríamos decir, la de la inconveniencia del frentismo desde una perspectiva nacional. Los partidos 'constitucionalistas' son los dos grandes partidos españolees, los únicos capaces de asumir con eficacia el gobierno y la oposición y cuya existencia bien diferenciada es por eso indispensable para el funcionamiento de la democracia, para que quepa hablar de alternancia y no de un simple turnismo como el de la Restauración. La actuación en común, que borra o difumina las diferencias entre ellos, es un daño al sistema democrático que no se justifica por el alcance territorialmente localizado de estas elecciones. En una versión especialmente vil, incluso se ha sugerido que al fin y al cabo el número de las personas cuyas vidas se ven amenazadas en el País Vasco está en torno al 2% de la población; cincuenta mil personas, muerto más o menos, cosa de poco. En variantes menos generosas, más partidistas, de esta línea argumental, el error 'frentista' de populares y socialistas no se debe a las mismas razones. El de los socialistas estribaría en el hecho de que, pese a haber sido suya la iniciativa del pacto por las libertades, han aparecido en la práctica como simples acompañantes del Partido Popular, en una posición subordinada. El de los populares,

en haberse hecho la ilusión de que podían ganar, en haber medido mal sus propias fuerzas, o, como se ha dicho con una imagen que tal vez resultara elegante en tiempos de Montaigne, aunque más bien parece rabelaisiana, en haber pretendido sentarse por encima de su propio culo.

Como la condición de posibilidad de estos errores es la presencia en las elecciones vascas de partidos que actúan en el resto de España, la forma más simple de eliminarlos sería sin duda la de que estos partidos no concurriesen a estas elecciones, como, por ejemplo, los partidos nacionalistas vascos y catalanes no concurren a elecciones fuera de sus comunidades respectivas. Esta retirada, aunque probablemente amarga para un amplio sector de opinión (entre el 43% y el 47% del electorado vasco, según se hagan las cuentas) que se declara contrario a la famosa autodeterminación, no obligaría a estos electores a renunciar a sus ideas, pero sí a crear, para sostenerlas, un partido 'unionista', como en Irlanda, definido exclusivamente por su rechazo al nacionalismo. Una evolución que, además de no reducir los riesgos de fractura social ya presentes, nos acercaría hacia la idea del ámbito vasco de decisión que los nacionalistas propugnan.

El remedio que los críticos recomiendan para el error 'frentista' es, por eso, menos radical: no que los partidos 'españoles' abandonen a los 'españolistas' a su propia suerte o dejen de luchar por la libertad (y seguridad) igual de todos los vascos, sino que exoneren al PNV de culpa alguna por la falta de libertad (y seguridad) que unos vascos padecen más que otros y, con ello, regresen a una política que ahora, con esa pasión de nuestra clase política por los italianismos, se llama de 'transversalidad'; nueva en la denominación, pero vieja de contenido. Unirse con el PNV en la lucha contra la violencia, sin hacer preguntas sobre los orígenes profundos de ésta, ni cuestionar el derecho de los nacionalistas a mantener como objetivo irrenunciable el de lograr que los habitantes de los tres territorios históricos, quizás con Navarra, quizás sin ella, quizás junto con algunos distritos del Departamento de los Pirineos Atlánticos, quizás sin ellos, con más libertad unos y con menos otros, decidan sobre el futuro de Euskal Herria. Una aceptación obligada, según se dice, bien sea porque en democracia todos los fines son lícitos si se respetan los procedimientos, incluso cuando el fin consiste precisamente en el repudio de los procedimientos establecidos; bien sea porque puede ser alcanzado con los procedimientos existentes, si se interpretan adecuadamente las normas que los establecen, aunque el brutal asesinato de Ernest Lluch permite dudar de la eficacia de esta reinterpretación para satisfacer a los violentos.

En resumen: sin poner en cuestión el deseo sincero de los nacionalista demócratas de acabar con el terror, la debilidad de las razones con las que se argumenta el error 'constitucionalista' y la conveniencia de remediarlo mediante el regreso a una política cuya ineficacia para reducir la tensión nacionalista ha quedado acreditada por una experiencia de doce años llevan a pensar que no ha habido error alguno; que es la razón, y no el prurito irracional de mantenella y no enmendalla, la que aconseja hacer de la defensa de la Constitución y el Estatuto el objetivo primordial y común de cuantos ven en esa fórmula, hoy por hoy, la única capaz de asegurar la convivencia en paz de todos los vascos.

ETA y «Gara»
Editorial ABC 9 Junio 2001

Una de las facetas más inmorales de la entrevista que dio ETA al diario «Gara» fue el servilismo que destilaban las preguntas de los redactores de este periódico, planteadas al gusto del entrevistado y con las respuestas encerradas en las interrogaciones. Es en estas ocasiones cuando se hace notoria la implicación de supuestos medios de comunicación, formaciones políticas y colectivos abertzales con el entramado estructural de ETA. No obstante, siempre cabe esperar, aunque sea por mera estrategia de confusión, que la obediencia quede revestida con unos rasgos aparentes de profesionalidad o de mínima autonomía. Nada de esto aparece en la entrevista a ETA, sino una estricta sumisión del medio al superior control ideológico que la banda terrorista ejerce sobre todas y cada una de las manifestaciones de su entramado, incluida su trama periodística. Tampoco sería posible ejercer de otra manera esta labor de peón de ETA, porque para servir a una organización terrorista es imprescindible la negación de uno mismo como sujeto de dignidad y de las enseñanzas más elementales del periodismo. Es posible que sea escasa la relevancia legal de la difusión de la entrevista con ETA. La democracia a veces se desprotege excesivamente. Pero, al menos, los demás medios tenemos el derecho a que no se nos confunda con quienes prestan sus páginas a la amenaza y a la intimidación. Como mucho, señalando sus connivencias con ETA, sólo corren el riesgo de que se les aplique la Ley, a secas, suerte incomparable con la ley de fugas que espera a las víctimas de sus entrevistados.

Letras e himnos
Por Carlos HERRERA. cherrera@andalucia.net ABC 9 Junio 2001

A pesar de que hay quien opina lo contrario, lo mejor del Himno Nacional español es que no tiene letra. Hay quien añora canturrear algunas estrofas en cualquier entrega de medallas o en cualquier recepción de autoridades, pero convengamos en que, evitando letras concretas, evitamos caer en las mismas cursilerías, cuando no bobadas, que se cantan en determinados lugares. La reciente majadería del tal Carod-Rovira, separatista catalán más preocupado por poner frontera en Tortosa que por mejorar la vida de los catalanes, iba en esa dirección: tenemos los consumidores del himno español envidia a los catalanes porque ellos pueden decir lo de «buen golpe de hoz» y los demás no. La última entrega de este espléndido necio no deja de hacer verdad mi aserto: una buena parte de himnos están consagrados a lamentar lo que, supuestamente, se ha sido alguna vez. 

Los andaluces estamos deseando saber a qué se refiere nuestro cántico cuando asegura que «volveremos a ser lo que fuimos»; los catalanes, ya que han hecho de su ombligo el más mirado del mundo, se lamentan de no haberles cortado antes las cabezas a los castellanos a golpe de segadera y los madrileños deberían estar eternamente agradecidos a Leguina por haber encargado un himno que pudiera ser olvidado inmediatamente para así no caer en ridículos colectivos, por no seguir. Cantar algunos himnos, digo, invita inmediatamente al sonrojo. Y eso que a mí el mío, el andaluz, no me desagrada, incluso lo canto en determinadas ocasiones, pero quiero recordarles que no presenta afrentas particularizadas: antes bien, habla de ser por sí misma, por España y por la Humanidad (algún que otro gilipollas propuso cambiar la palabra España por un difuso «los pueblos»: no se le hizo caso). Pero, con todo, la mayoría de los que cantan himnos ponen cara de soldado antes del fusilamiento o cara de Carod-Rovira en plena diarrea de ideas. El himno español con letra sería igual de controvertido y cursi que otros. En no cantándolo, los españoles nos evitamos muchas explicaciones y algún que otro carraspeo. Lo mejor que nos puede pasar es quedarnos en un confortable chunda-chunda que a nada compromete y que evita, como se ve, tanta proliferación de sandeces.

El dilema de Eta
Lorenzo CONTRERAS La Razón 9 Junio 2001

El lógico torrente de interpretaciones que las declaraciones de Eta a «Gara» y «Egunkaria» han provocado desembocar en una conclusión unánime: la sangre va a seguir corriendo porque el hecho democrático del 13 de mayo no ha sido asumido por la organización terrorista. Es decir, no ha sido aceptado como tal decisión democrática libre y por consiguiente digna del respeto o acatamiento, sino como un producto político del miedo, no a ella, sino a España y lo que la presencia española en el País Vasco significa. De ahí a deducir que carece de valor fundamental había un paso que estaba cantado: para Eta eso no ha sido un referéndum sobre el futuro de Euskadi, no ha representado tampoco un plebiscito o expresión de una voluntad popular auténtica, sino la salida de emergencia puramente provisoria que muchos vascos cabales han encontrado para alejarse del mal mayor.

   Si bien se mira, Eta se niega a admitir que los votos perdidos por sus fronteras afines, empezando por EH y acabando por todo simpatizante sin encuadrar, hayan dejado de ser patrimonio suyo. Ella, por tanto, no ha perdido nada, simplemente ha quedado sometida al albur de tener que facilitar un préstamo, involuntario pero inevitable, a unos terceros ¬PNV-EA¬ que se han aprovechado de un reflejo defensivo y ahora han de administrar lo que en el fondo no es de su pertenencia. Depositarios, pues, de unos recursos que sólo a tiros se abrieron una ruta hacia el llamado soberanismo, quedan a partir de ahora bajo vigilancia de los ortodoxos de la metralleta. Lo que hagan o dejen de hacer será cargado a su cuenta. En el mensaje flota una clarísima amenaza. Eta se autolegitima de antemano para darle a sus crímenes un giro o una variedad que incluye objetivos nacionalistas. Aquí, en este trance, es donde la banda se la juega.

   En realidad, ha descubierto lo que no dice: que se está quedando sola, que su próximo destino es una mera huida hacia adelante, que la ampliación de los atentados puede serle políticamente tan perjudicial como lo contrario, es decir, dejar de cometerlos. A esa circunstancia se le suele llamar callejón sin salida. Declararle la guerra al PNV o desistir de hacerlo, ese es el dilema. Matar a periodistas y ediles será tan impactante como estéril. La tentación del terrorismo de alto nivel tropieza con su enorme dificultad. Los periodistas, los concejales, algún que otro dirigente nacionalista perfectamente elegido para el censo de víctimas no tienen en su mano la llave de la negociación. Sólo lo harían, en caso extremo, los muy protegidos. Y esos, lógicamente, no se ponen a tiro.
   Eta, que tanto quiso internacionalizar su causa, le ha cobrado pánico a su europeización. Lo deja entrever en su mensaje «de Gara». Está perdiendo esa guerra pretendidamente romántica. Sólo le cabe esperar que el PNV vuelva a las andadas. Y no procede descartarlo.

ETA discrimina a los mismos
ISABEL SAN SEBASTIAN El Mundo
9 Junio 2001

ETA ha tenido a bien informarnos, por los conductos periodísticos habituales, de que sus atentados no son indiscriminados, sino que se dirigen contra las personas o colectivos que se oponen a sus planes genocidas y se sitúan frente a ella en lo que la banda denomina eufemísticamente el «conflicto». La aclaración, que para algunos puede parecer superflua, no deja de agradecerse, porque son muchos los analistas políticos que bien sea desde la ingenuidad, o desde la mala fe interesada, se empeñan en sostener la tesis del terrorismo indiscriminado, cuya primera víctima sería el nacionalismo vasco democrático injustamente salpicado por la sangre derramada. No es verdad.

Como bien dice ETA en la entrevista publicada por los órganos de difusión de sus consignas que ampara ese Estado de Derecho que la banda aborrece, los objetivos de sus pistoleros son «sectores concretos del poder español» seleccionados en función de su capacidad de entorpecer los planes independentistas de los terroristas y su peculiar concepción de «los derechos de Euskal Herria». De ahí que entre ellos no figure ni uno sólo de los grupos hacia quienes la «organización armada» (según la terminología abertzale) vuelca sus críticas y descalificaciones. ETA hila muy fino: en el capítulo de las recriminaciones incluye al PNV y EA por no avanzar en la senda del soberanismo; al sindicato nacionalista ELA; al movimiento autodenominado pacifista Elkarri, muy próximo por no decir dependiente del partido de Arzalluz; al mundo de la euskaldunización que gira en torno a AEK y hasta al electorado batasuno, por cobarde y ventajista. En otras palabras, a todos los representantes de la familia nacionalista que se comprometieron con la banda terrorista en 1998 a sacar adelante un proyecto de independencia para el País Vasco y no cumplieron con lo acordado. En el apartado de las amenazas, por el contrario, los portavoces del terror sitúan a los concejales socialistas «culpables» de que su partido firmara un pacto con el PP para combatir el terrorismo, así como a los «pseudoperiodistas que promueven la guerra, asalariados al servicio de un Estado y de unas fuerzas armadas extranjeras». Y aquí ya no se trata de reproches, sino del anuncio de «acciones armadas».

Y es que ETA sabe diferenciar muy bien entre los aliados no tan dóciles como ella quisiera y los enemigos que les combaten. Por eso los terroristas especializados en violencia callejera no destruyen por igual los comercios de unos y otros, ni queman las mismas sedes, ni elaboran pintadas o carteles amenazantes contra los representantes de todos los partidos. Por eso arden siempre las tiendas de los afiliados o simpatizantes del PP y el PSOE, mientras la dirección de la Ertzaintza se las arregla para que los agentes lleguen demasiado tarde para impedirlo. Por eso nunca son detenidos los autores de esos destrozos selectivos, que poco a poco cabalgan a lomos de su impunidad hacia el manejo de la pistola y la dinamita que también tendrán destinatarios perfectamente definidos de antemano y seleccionados en sectores ajenos al nacionalismo. Por eso siempre son los mismos quienes se ven forzados a abandonar su tierra, su negocio o su militancia ideológica, mientras los otros progresan económicamente y avanzan posiciones electorales y políticas, gracias a la ayuda inestimable de unos «zapadores» muy bien adiestrados, que como tuvieron ocasión de demostrar recientemente en Bergara, se han adueñado de las calles del País Vasco.

Y es que ni los atentados de ETA son indiscriminados, ni sus consecuencias son aleatorias. ETA ataca a quienes defienden la Constitución española y beneficia a quienes la combaten. Aquí los papeles están claros y perfectamente repartidos desde hace muchos años. Los encapuchados que han hablado para Gara no han hecho más que recordárnoslo.

EL PERSONAJE
Fríos pésames
Relaciones políticas. La capilla ardiente de la última víctima de ETA, Santiago Oleaga, así como la manifestación que siguió a su asesinato, sirvieron de termómetro para comprobar el deteriorado estado de las relaciones personales y políticas en el País Vasco. Así, la viuda del director comercial de El Correo rehusó recibir en su casa a María San Gil y estuvo gélida con Jaime Mayor Oreja, mientras Juan José Ibarretxe, se mostró muy frío con Nicolás Redondo Terreros e inusualmente cordial con el portavoz parlamentario del PSOE, Jesús Caldera.

EL RUMOR
Apoyos recompensados
Pacto de la Justicia. En medios próximos al Ministerio de Justicia se da por hecho que de los 36 jueces que serán propuestos por las asociaciones judiciales para que el Congreso de los Diputados escoja entre ellos a 12 miembros del Consejo General del Poder Judicial, cerca de 30 serán miembros de la Asociación Profesional de la Magistratura (APM) o «independientes» muy próximos a este colectivo conservador. Eso explicaría el apoyo de la APM a un sistema de elección al que hasta ahora siempre se había opuesto.

LA NOTICIA
Un escudo contra China
Visita de Bush. El escudo antimisiles que ha puesto en marcha la Administración Bush con el pretexto de protegerse contra posibles ataques de pequeños países inestables no está pensado para ese fin, sino para defenderse de China, cuyo espectacular crecimiento preocupa en Washington. Así lo creen las autoridades de Beijing y así lo estima también España, que sigue con enorme interés la evolución del gigante asiático, el cual, de continuar con su ritmo de desarrollo, igualará el potencial económico de los Estados Unidos en el 2050.

Abandonar el desierto
TONIA ETXARRI El Correo 9 Junio 2001

Cuando un presidente como Atutxa, revalidado en su cargo con los votos de la mayoría nacionalista más los tres de IU, habla de la necesidad de abandonar el desierto en el que hemos vivido en los dos últimos años, viene a reconocer, y ojalá no sea un espejismo, cierta autocrítica ante los errores de la pasada legislatura. Pero, sobre todo, el lehendakari parlamentario hablaba de pluralidad ante un hemiciclo en el que EH se ha reducido a la mitad y en el que la oposición (PP y PSE) representan a más de medio millón de votantes. Y aunque en su discurso en euskera le diera capital importancia a la recuperación de esta lengua, su prioridad se centraba en acabar con la violencia. Fue ese especial calor hacia las víctimas y la cita de la persistencia del terrorismo como «nuestro más lacerante problema» lo que provocó que desde algunos escaños de la oposición se dijera de Atutxa que «quien tuvo, retuvo».

Poco se puede aventurar sobre cuál va a ser el tono de esta legislatura pero qué duda cabe que los gestos de cortesía parlamentaria desvelaban la necesidad de no volver a pasar ‘el desierto’ de la confrontación de la pasada legislatura. El PP de Iturgaiz y el PSE de Ares siguen pensando que se merecían mejor representación en la Mesa que la obtenida por EA. Pero los pactos son irrefutables en este caso.

Si precisamente resultó tan bien acogido el discurso de Atutxa fue porque todavía resonaban los ecos de las declaraciones de ETA que han supuesto, indudablemente, la mala noticia de la semana. No solo porque se reitera en los objetivos de sus atentados sino porque se aleja de la perspectiva de la tregua. Esta ha sido otra semana contradictoria en la que los empresarios de Adegi recordaban emocionados a su compañero Korta, en la que la Fundación Sabino Arana, organizaba encuentros en los que un mediador como el ex ministro israelí, Ben Ami hablaba de la importancia del diálogo como método. Mientras, en Euskadi, afloran los miedos sobre la creación de nuevas mesas de diálogo que acaben sustituyendo al Parlamento. El debate acaba de empezar y lo único que parece claro es que los que van a gobernar no coinciden con la idea de Ardanza de aparcar los proyectos políticos mientras ETA siga matando. Ese será, sin duda, el ‘nudo gordiano’ de los próximos meses.

El Foro Ermua se desmarca de Basta Ya y «no dará respiro» al PNV
EUROPA PRESS MADRID El Correo 9 Junio 2001

El Foro Ermua no secundará la decisión de Basta Ya de dar «un margen de confianza» al nuevo Gobierno de Ibarretxe y suspender sus concentraciones periódicas hasta después del verano. «Continuaremos denunciando las aberraciones y al pie del cañón, y no le daremos nuestra confianza a quien ha demostrado que no la merece», afirmaron fuentes del movimiento cívico. Según el Foro Ermua, «los nacionalistas siguen siendo lo que eran, que nadie se engañe».

Pese a considerar «correcta» la opción de Basta Ya, los medios mencionados señalaron que «no se debe dar un respiro» al PNV mientras perduren sucesos «tan escandalosos» como los acaecidos en Bergara, en referencia a los incidentes causados por medio centenar de radicales sin que la Ertzaintza pudiera detener a ninguno.

Mal comienzo
Editorial El Correo 9 Junio 2001

El Parlamento vasco dio inicio ayer a su séptima legislatura con la elección del órgano rector que ostenta su representación colegiada: la Mesa. La elección del presidente, los dos vicepresidentes y los dos secretarios de la Cámara se convierte, al comienzo de cada legislatura, en la primera referencia para medir el grado de consenso y de disenso con que las formaciones representadas en el legislativo abordarán los próximos cuatro años. A la vista de las votaciones que se sucedieron en la mañana de ayer, resulta obligado concluir que la sintonía mostrada por los distintos grupos parlamentarios fue netamente inferior a la que en 1998 permitió que Juan María Atutxa llegara a la presidencia de la Cámara avalado por un respaldo cuasi unánime entre las fuerzas democráticas. 

El restablecimiento de las relaciones entre las fuerzas políticas tras una campaña y una precampaña extremadamente duras tenía ayer su primera oportunidad para demostrar que realmente se ha abierto una nueva fase en la política vasca. Hubiera sido una excelente noticia que la elección de los cinco puestos que ocupan la Mesa se hubiera realizado previo acuerdo entre las cuatro candidaturas democráticas que obtuvieron representación en las elecciones del 13 de mayo. Pero la tensión manifestada entre quienes previsiblemente serán las fuerzas que apoyen al nuevo Ejecutivo y los grupos que ya han anunciado su disposición a asumir un papel de oposición ha vuelto a ensombrecer el panorama político.

La Mesa resultante presenta, además, una anomalía en su composición que podría desvirtuar el papel institucional que le corresponde: la presencia de tres miembros que ostentan altas responsabilidades de dirección y representación pública de sus respectivos partidos. Es el caso de los secretarios generales del PP -Carmelo Barrio- y de EA -Gorka Knörr-, y del dirigente socialista guipuzcoano Manuel Huertas. La concurrencia de responsabilidades que en muchas ocasiones resultan poco menos que incompatibles no supone ayuda alguna para la autonomía que el Parlamento ha de preservar precisamente a través de sus propios órganos de gobierno, tanto en lo que respecta a su funcionamiento como en lo que se refiere a su proyección social. Si ya en la legislatura pasada el presidente Atutxa -probablemente en contra de sus deseos más íntimos- se vio obligado a hacer varias veces uso de sus prerrogativas reglamentarias para que la Cámara se rigiera según los criterios de su partido, sería enormemente negativo que la Mesa terminase reproduciendo el papel que corresponde a la Junta de Portavoces, o que la aparición pública de sus integrantes confunda permanentemente su papel institucional con su posición de dirigentes de partido.

Las asociaciones de periodistas denuncian exilios de compañeros
CARLOS SEGOVIA El Mundo
9 Junio 2001

MADRID.- «El único lugar de la Unión Europea donde en el recién iniciado siglo XXI no existe libertad de expresión es en el País Vasco (España) donde la organización terrorista ETA y su entorno político y social impiden, con sus amenazas y atentados, que los periodistas puedan desarrollar su trabajo con los niveles mínimos de libertad».

Así comienza el informe aprobado ayer por la Federación de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE), que será presentado al próximo congreso de la Federación Internacional de Periodistas (FIP), que tendrá lugar a partir del día 11 en Seúl.

La FAPE -que representa a 8.000 periodistas de toda España- pretende que la FIP -con medio millón de profesionales de todo el mundo- apruebe una moción contra ETA y en defensa de la libertad de expresión. Y denuncia en su informe que al menos 30 periodistas vascos han tenido ya que exiliarse, mientras más del doble van ya con escolta.

Según la moción propuesta, el congreso de la FIP debe condenar el terrorismo vasco y pedir «a las autoridades políticas del País Vasco, España y la UE, que tomen las medidas necesarias y urgentes para garantizar el ejercicio libre de los periodistas». Además, pide «recomendar a los estados miembros de la UE y a todos los organismos internacionales que inicien una campaña de denuncia de la situación».

La FAPE cree que los periodistas deben ejercer un papel más activo «en todas las iniciativas que permitan superar la actual situación de amenazas».

Según asistentes a la reunión ayer de la FAPE -que tuvo lugar en Lanzarote-, los sindicatos a los que están afiliados algunos periodistas miembros apoyan el informe, incluido ELA-STV, la central nacionalista.

El documento, elaborado por periodistas vascos, sigue al informe elaborado recientemente por la Asociación Mundial de Periódicos y el Foro Mundial de Editores denunciando la falta de libertad en el País Vasco.

Els segadors
FRANCISCO UMBRAL El Mundo
9 Junio 2001

El señor Pujol ha impuesto en su casa, que es Cataluña, Els segadors como himno nacional. Que ha montado el pollo, o sea, frente a Madrid y frente a los antinacionalistas más o menos intelectuales que pasan de gestos. Els segadors es un himno muy bello y que tiene una letra más intencionada de lo que parece, de modo que el señor Pujol ha acertado plenamente moviendo ficha frente a Madrid en este distraído juego de las nacionalidades.

Ahora bien ¿para qué sirve un himno? Empecemos por el español. Primitivamente fue una música de baile o cortesana que no tenía letra, hasta que don José María Pemán se la puso por orden de Franco. Parece que los chicos catalanes fuerzan el ingenio cambiando la letra del himno por otros párrafos más divertidos, intencionados y populares. Nosotros los castellanos, cuando entonces, no teníamos necesidad de hacer una interpretación torticera del himno nacional, puesto que carecía de letra y se la poníamos directamente. Allí no se salvaba nadie. Ni Dios, ni los reyes, ni la Virgen, ni el general Saliquet ni la Santísima Trinidad. Cuando vino Pemán a poner orden, ya era tarde. Nosotros abandonábamos el colegio y los nuevos eran ya unos anarquistas de las canicas que no parecían dispuestos a cantar nada que no fueran los Angelitos negros de Machín.

Quiere decir todo esto que los himnos nacionales, locales o multirraciales, son muy prácticos en la enseñanza y formación de ese pequeño malvado que es el niño. Un himno les estimula a la creatividad literaria más abrupta y descosida, de modo que cantábamos como un solo Rimbaud, pero con música religiosa.

Los himnos nacionales han servido para alumbrar pequeños poetas con las rodillas sucias, que luego llegaron a llamarse Baudelaire, Apollinaire, Lautrémont y otros patriotas inversos que no nacieron del Manifiesto de Marx ni del pensamiento de Hegel, sino del himno del colegio, mucho más corrosivo que cualquier otra música civil o militar, religiosa, profana u organillera.

Queda claro, pues, que el señor Pujol ha dado un gran paso en la maduración catalanista de sus nenes, que ya podrán burlarse y cachondearse de todo ademán patriótico con la apoyatura de una noble música a la que meterle gallos y una bella letra para cantarla del revés, según los poetas de 14 años, que suelen ser los últimos de la clase, los que un día llegarán a académicos o gobernadores civiles. Dijo Juan Ramón Jiménez que los libros que nos forman son los que leemos a escondidas en las copas de los árboles. Nunca los libros del colegio.

Durante la posguerra, que al principio hemos aludido, también se cantó mucho el Cara al sol, himno de la Falange, que los líricos joseantonianos querían imponernos a ostias aquí como en Barcelona. El destino de los himnos y las banderas es envolver cadáveres, orfeonizar multitudes y envenenar para siempre de acracia el patriotismo menestral de los profesores y los frailes. Pujol ha hecho un hermoso regalo a la adolescencia estudiosa, patriótica y catalana. Algún día se lo devolverán.  

Bono dice que el nacionalismo «empieza con el rh y acaba, como Hitler, con la raza aria»
Redacción - Madrid.- La Razón 9 Junio 2001

El presidente de Castilla-La Mancha, José Bono, se mostró ayer muy crítico con los nacionalismos, «y su permanente complejo de superioridad y reivindicación constante», recordando a Javier Arzallus que, tras descifrarse el genoma humano, es sólo un 0,2 por ciento distinto a Manuel Fraga.

   «Del nacionalismo cada vez que alejo más. El nacionalismo tiene complejo de superioridad y ve al maqueto como al que hay que expulsar. Se empieza con el rh, se sigue midiendo el cráneo y se acaba como Hitler con la raza aria», declaró el presidente manchego, quien describió a los nacionalistas como «personas que una vez conseguido su objetivo se inventan otro porque esa es su esencia». Por eso, lamentó que «cuando peor se hacen las cosas, van y triunfan en las elecciones».

   Asimismo, Bono criticó el planteamiento de la campaña electoral vasca porque «se criminalizó no sólo a Eta y sus cómplices sino también, y de manera equivocada, se trasladó la sensación de que quien votaba nacionalista en Euskadi estaba cercano a la comprensión del crímen de Eta».

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