AGLI

Recortes de Prensa     Martes 26 Junio   2001
#España, desde la Graciosa
Benigno Pendás, profesor de Historia de las Ideas Políticas ABC 26 Junio 2001

#«El PNV debería ejercer la soberanía que pide: el monopolio de la violencia legítima»
Susana Jarandilla - Madrid.- La Razón 26 Junio 2001

#Volver al 68
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 26 Junio 2001

#Garzón pierde autoridad al dejar en libertad a Xabier Alegría
Impresiones El Mundo 26 Junio 2001

#El aspirante
RAUL DEL POZO El Mundo 26 Junio 2001

#¿Debate? ¿qué debate?
Lucrecio Libertad Digital
26 Junio 2001

#Ofrecen plazas de licenciados para enseñar castellano en Europa del Este
EFE Libertad Digital 26 Junio 2001



España, desde la Graciosa
Por Benigno Pendás, profesor de Historia de las Ideas Políticas ABC 26 Junio 2001

LA memoria del viajero convierte en presente y operante al antiguo, tal vez idealizado, pretérito pluscuamperfecto: Lanzarote, la batería del Río, la tarde interminable de Brumario y, a lo lejos, la islita ingrávida y fugaz, que enamora por su nombre y despierta por su fragilidad el instinto de protección contra el turista irreverente. Pensar sobre España desde la isla Graciosa exige una fuerte disciplina intelectual que contenga el politeísmo al que invita la naturaleza atlántica. He aquí el punto de partida: me preocupa que los mejores entre los nuestros sientan la necesidad de justificarse («yo no soy nacionalista español», «no soy españolista») sin que el adversario ideológico deje por ello de acusarnos o denigrarnos. Otros, mejores o regulares, construyen castillos de naipes con la «nación de naciones» o la «pedagogía de la pluralidad», sin conseguir tampoco reconocimiento alguno. Contempladas desde esta perspectiva, se hacen patentes nuestras carencias, reales o supuestas, como Nación y como Estado. Hablaremos hoy de la primera de estas dos «religiones menores», como solía decir A. Toynbee, y ya habrá tiempo para reflexionar sobre un asunto no menos grave: la ausencia efectiva del poder del Estado sobre una parte del territorio.

La tesis es muy sencilla: hay que recuperar el mejor nacionalismo español como idea política que dote de sentido a una forma de actuar irreprochable desde el punto de vista constitucional y democrático. Se trata, en efecto, de vertebrar un futuro que no dilapide el derecho de ser españoles que pertenece a las generaciones próximas. Para ello, no basta con ganar el aprobado en la asignatura de contabilidad, ni con gobernar siempre «hacia el centro»... Porque para hacer frente a ciertas leyendas tenebrosas, burdas en su expresión literaria y repugnantes en sus elementos racistas, es imprescindible proclamar una doctrina atractiva, y no es suficiente apelar a valores débiles y postmodernos, llámense «pacifismo», «derechos humanos» o «solidaridad». No es justo, aunque puede ser necesario, convertir en «constitucionalistas» a secas a quienes luchan con valor y gallardía por la libertad de su Patria. La comunidad españolista del País Vasco (y todos los que creemos en la misma causa) necesita ganar la batalla de las ideas y no sólo invocar una tabla de derechos, cuya negación, faltaría más, descalifica sin remedio a quienes la practican. También tendrán que enarbolar, y no esconder, una bandera, un himno y un escudo (¡qué gran libro Símbolos de España!) si queremos que allí exista una opción moral expresiva de un proyecto sugestivo, en el sentido orteguiano.

Somos muchos los que amamos al mismo tiempo a España y al Estado Constitucional como forma política, por razón de su superioridad axiológica sobre cualquier otro modelo. Hay que decirlo sin complejo ni temor (¿a qué?, ¿a quién?, ¿por qué?): el patriotismo español es perfectamente compatible con la libertad y la democracia. El que sostenga lo contrario más vale que aporte argumentos muy serios, porque no vamos a admitir dogmatismos, tópicos marchitos, ni tonterías: el nacionalismo español no tiene peor calidad democrática (otro día diré por qué la tiene mejor) que los nacionalismos periféricos. Influídos como liberales por la Ilustración y el positivismo, amantes por formación y por vocación del Parlamento y del Estado de Derecho, muchos sentimos con naturalidad la condición de españoles, sin el menor cuidado ante la acusación de imperialismos atávicos, la invención de razas herméticas o la explosión de férvidas pasiones. Ni mejores, ni peores; nosotros mismos. La defensa legítima del nacionalismo español enlaza limpiamente con la teoría y la práctica de la nación como titular de la soberanía en el Estado Constitucional y, por tanto, como sujeto del poder constituyente. De ahí surge, entre otras cosas, la doctrina de la «nación en armas» frente al ejército profesional del Estado absolutista, que el espíritu paradójico de nuestra época ha conseguido resucitar. Aunque a veces se olvida, no faltan anclajes de este tipo en la mejor Constitución de nuestra historia: «la Nación española, en uso de su soberanía...»; «España se constituye...». En palabras claras y sencillas: la fuente de legitimidad de la Constitución se llama España y no «convivencia» o «tolerancia», ni siquiera «paz».

Si analizamos una por una las diferentes opciones políticas, no existe duda razonable, supongo, acerca de la aceptación inequívoca de la idea de nación desde la mentalidad conservadora y tradicional. En cuanto al punto de vista liberal, muchos nos identificamos con la obra de los Founding Fathers americanos, modelo a la vez de amor a la nación y de lucha por la libertad y la búsqueda de la felicidad. La sutileza y el estilo universal de Montesquieu o de Tocqueville sólo resultan inteligibles desde la comprensión admirativa del esprit francés. También el pacifismo cosmopolita de Kant arraiga con fuerza en el suelo, que nunca abandonó, de su Königsberg natal, prusiana entonces, hoy bajo soberanía rusa.

Respecto del socialismo, sólo la estupidez de los falsos intelectuales puede admitir en el cielo progresista a los nacionalismos de excursión y campanario y condenar, en cambio, como retrógrada la idea nacional y constitucional de España. Como no soy socialista, puedo recordar sin hipotecas algunos ejemplos recientes. Entre ellos, que Tony Blair terminó su primera campaña electoral victoriosa al grito de I´m a British patriot. Otro ejemplo: la defensa del interés nacional de Alemania por los actuales ministros «rojos» o «verdes» no desmerece ante la Kulturkampf de Bismarck, el canciller de hierro. Deben saber los socialistas bienintencionados que no todos los nacionalistas (algunos sí) son hijos del romanticismo, el organicismo o el militarismo de aquí o de allá. Los más jóvenes pueden leer con provecho el trabajo de M. García-Pelayo sobre la teoría de la nación en Otto Bauer, el autor principal del austro-marxismo: todos los países de Europa «poseen en algún rincón una o varias ruinas de pueblos»; cuando estos «residuos» no han sabido integrarse en las genuinas naciones que encarnan el desarrollo histórico, «han sido y serán... los más fanáticos portadores de la contrarrevolución». Los ejemplos son, por supuesto, de Bauer: galeses, escoceses, bretones, vascos...

Pero ya regresa el viajero de su aventura atlántica. La Graciosa sirve, cómo no, de pretexto para evocar al poeta Seamus Heany, en cuya «isla parábola» los nativos empezarán algún día a extraer «el mineral de la verdad». Y la verdad, a nuestros efectos políticos, se empareja sutilmente con el mito. También en este viaje: el lector ilustrado no debe poner en duda la existencia de San Borondón, la incierta isla que engrandece el archipiélago canario. Muchos la hemos intuido, como los navegantes legendarios, inaccesible y sugerente, auténtica porque nuestro ánimo así lo ha querido; tal vez porque es, como hubiera escrito Stendhal, «la añoranza de una quimera ausente». Al adversario ideológico hay que hacerle frente en el terreno de las ideas: políticas, históricas, morales. Tarea de largo alcance, que supera la capacidad de quienes sólo saben practicar la rutina prosaica, a veces miserable, en la que habitan las verdades empíricas.

«El PNV debería ejercer la soberanía que pide: el monopolio de la violencia legítima»
José Varela Ortega presenta «Contra la violencia. A propósito del nacional-socialismo alemán y vasco»
Métodos de aniquilación del enemigo, guerrillas de liberación nacional, técnicas revolucionarias urbanas... nazismo, fascismo y comunismo han sido las fuentes de las que ha bebido ETA para montar su método de destrucción. Así lo afirma el catedrático de Historia Contemporánea José Varela Ortega en el ensayo «Contra la violencia. A propósito del nacional-socialismo alemán y del vasco», que hoy se presenta en la Residencia de Estudiantes. Varela Ortega asegura que el objetivo de ETA es lograr el poder totalitario, y que no tienen nada que ver con las pretensiones nacionalistas de los demócratas.
Susana Jarandilla - Madrid.- La Razón 26 Junio 2001

No acabar como en aquel verso de Quevedo, moviéndose «entre el silencio y el miedo», llevó al catedrático de Historia José Varela Ortega a escribir «Contra la violencia. A propósito del nacional-socialismo alemán y vasco» (Ed. Hiria). Con este ensayo pretende Varela Ortega realizar su aportación a un tema en el que, asegura, «hemos pinchado en hueso. Un hueso constitucional, de lo que son los principios, de lo que son los derechos fundamentales y las ideas básicas. Porque las ideas tienen consecuencias, y a veces son trágicas».

   -¿Qué es lo que espera conseguir con este ensayo?
   -Este no es un libro de tesis ni pretende demostrar nada. Espero, en cuanto al lector, no que esté de acuerdo, sino que reflexione un poco sobre la complejidad, la contradicción y los matices de este problema, y, sobre todo, sobre su enorme riesgo.

   -¿Cree que la gente en el País Vasco no es consciente de ese riesgo?
   -Como dijo Kant, la libertad es indivisible y la esclavitud de uno es la de todos. Es un error pensar que la lacra totalitaria no va a llamar a su puerta, porque acaba tocando la puerta de todos.

   -En su ensayo habla de las coincidencias entre los métodos nazis y del comunismo, y los empleados por ETA.
   -Me he centrado en que el objetivo estratégico de estos fenómenos no es la soberanía o la relectura de la Constitución... el tema para ellos no es ese. Para estos señores el objetivo estratégico es el poder totalitario. Son técnicas revolucionarias muy conocidas. Han bebido de las fuentes de la guerrilla urbana posterior a la segunda guerra mundial, fascinados por la guerra de Argelia. Y estas técnicas no son derivadas de la Historia, de una frustración determinada.

   -¿Y de qué derivan?
   -Son economías de la violencia, que tienen una obvia inferioridad electoral, e incluso revolucionaria. Carecen de partidos de masa revolucionarios y pretenden suplir eso con técnicas de poder revolucionario, entre las que está el terrorismo y otras muchas, como liquidar al contrincante político, o al diferente. Y esa parte ya no viene tanto de Argelia, de las técnicas revolucionarias urbanas, sino que se parece mucho al nazismo de los años treinta.

   -¿En qué sentido?
   -No creo que tengan el mismo origen ideológico ni que se hayan inspirado en eso, pero eso lo hace más fascinante. Han llegado a una morfología revolucionaria parecida, a unas formas de actuación similares. Aunque el nazismo, por ejemplo, tenía mucho cuidado de no atentar contra el Estado, mientras que para estos fue su objetivo principal durante muchos años. Ahora lo somos todos. Los medios de comunicación, los partidos de oposición, los contrincantes, y ahí sí se parecen mucho a los nazis. Descorazonar al enemigo, liquidarlo, aterrorizarlo. En el terrorismo el objetivo no es la víctima, somos los demás.

Barbarie y estupidez
-¿Y en su relación con los partidos democráticos?
   -También, en el sentido de que estos partidos, como podía ser el partido de centro alemán en esa época, o el PNV en la nuestra, tengan una idea confusa de lo que son estos fenómenos totalitarios, nazis o etarras, y crean que se pueden integrar, manipular, dosificar, graduar, etc. Eso me parece que es un gravísimo error. Estos fenómenos de subcultura de la violencia no son manejables ni son graduables. Eso deriva también de una confusión entre barbarie y estupidez. Estas gentes pueden ser salvajes pero no son idiotas. Han manejado ésto con bastante éxito y han montado un fenómeno revolucionario que se va a salir de vueltas y que no van a controlar.

   -¿Y su relación con el comunismo?
   -La hay, sobre todo con las doctrinas izquierdistas de después de la segunda guerra mundial. Una de ellas fue la de las guerrillas revolucionarias, que en algunos lugares derivaron en en guerras de liberación nacional, y estas gentes viven fascinadas por modelos tercermundistas de liberación nacional. Nada que tenga que ver mucho con la historia del País Vasco.

   -¿Hacia dónde se dirige la situación?
   -No es verosímil que esta gente consiga el poder, pero sí lo es que provoque un conflicto civil. También hablo de las políticas de impunidad y desgobierno, que conspiran a favor de un conflicto civil. El PNV debería empezar a ejercer la soberanía que tanto reclaman, que consiste en el monopolio de la violencia legítima, que lo han perdido, y el monopolio fiscal. Que no haya otro que a punta de pistola cobre impuestos.

Volver al 68
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital
26 Junio 2001

Todos los que alguna vez han compartido la ideología totalitaria, sea comunista o nacionalista, saben que lo primero que se aprende sobre violencia callejera es a echarle la culpa de todo a la policía. Los etarras, criminales endurecidos, torturadores redomados, acusan sistemáticamente de malos tratos a cualquier policía, incluso autonómico, que les pone no ya la mano sino la vista encima. Es una forma de "aprovechar las contradicciones del sistema capitalista y burgués". Nada nuevo.

Novedoso es que, ante el recurso más vulgar y manido de los violentos, se responda con tanta idiotez desde medios políticos y periodísticos de un país europeo del año 2001, aunque a Barcelona parece que el reloj se le paró en el 75 y que sólo andaba desde el 68. El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña se empeñó en autorizar, a pesar del criterio de la Policía, la manifestación contra una reunión suspendida, nada menos que en el Paseo de Gracia, destrozado por esos salvajes enemigos de la libertad como antes ocurrió en Seattle, Davos, Melbourne o Gotemburgo.

Pero el colmo de la memez es que la manipulación de presentar a la policía como la verdadera inspiradora y realizadora de los destrozos callejeros para culpar a los pacíficos manifestantes esté teniendo el eco que le proporcionan unos abogados memos, unos políticos majaderos y unos medios de comunicación que han batido ya todas las marcas del cretinismo y de la manipulación. ¿Acaso han hecho en Barcelona algo distinto de lo que vienen haciendo estos liberticidas desde 1999? ¿O es que todo es una conspiración del capitalismo internacional, la CIA, la policía y el neoliberalismo dizque salvaje?

Hemos vuelto al 68 en la violencia de la izquierda. Seguimos en el 68 en la idiotez de una progresía que, por desgracia, manda demasiado en España. Y en Cataluña lo manda todo. Así les va.

Garzón pierde autoridad al dejar en libertad a Xabier Alegría
Impresiones El Mundo 26 Junio 2001

Se había convertido en algo relativamente habitual que los autos de Garzón sobre el entorno de ETA fueran revocados por la Sala Penal de la Audiencia Nacional y, más concretamente, por los jueces Cezón y López Ortega. Pero lo que no había acontecido es que el propio Garzón adoptase la decisión de dejar en libertad a una persona a la que había acusado de gravísimos delitos. Ayer, el polémico juez de la Audiencia Nacional dictó un auto poniendo en libertad bajo fianza de 15 millones de pesetas a Xabier Alegría, antiguo dirigente de la Mesa Nacional de HB y encarcelado en septiembre del año pasado. Garzón decretó hace nueve meses que Alegría debía ingresar en prisión porque era uno de los líderes de Ekin, el aparato político de ETA en el interior. El magistrado sostenía que Alegría tenía una doble militancia en Ekin, sustituta de KAS, y en la banda terrorista. Y decía más: que organizaciones como Jarrai, las Gestoras de Presos y otras funcionaban como apéndices de Ekin, la verdadera correa de transmisión de ETA. Por tanto, una de dos: o Garzón se equivocó al encarcelar a Alegría hace meses porque no era un eslabón tan crucial como se afirmaba en el auto de prisión o se equivocó ayer al ponerlo en libertad. Pero lo que nadie puede entender es que Alegría saliera ayer de la cárcel si realmente es el hombre de confianza de ETA en el interior. Su puesta en libertad resulta incomprensible por mucho que Garzón diga que ya no hay riesgo de fuga. ¿Cómo lo sabe? De las 18 personas encarceladas por Garzón por sus conexiones con Ekin 12 están ya en libertad, lo que no habla en favor del rigor con que este juez toma sus decisiones.

El aspirante
RAUL DEL POZO El Mundo
26 Junio 2001

V
ivimos un parlamentarismo televisivo. Nuestra sociedad está más informada que nunca y a la vez más embrutecida. Las promesas en plató sólo obligan a aquellos que se las creen, las palabras se las lleva otro debate. Según cuenta Esther Esteban La Moncloa ha movilizado a 250 colaboradores y Ferraz, a 100. Están asesorando a sus jefes de fila ante el debate del estado de la Nación que se inicia hoy. Zapatero intentará no ser triturado por la seca y precisa oratoria presidencial, como lo fueron González, Almunia y Borrell y, además, tendrá que convencer a los suyos de que es el pretendiente a encabezar su partido en elecciones generales. Pero yo no creo que Zapatero, el aspirante, necesite fontaneros, que además no tiene, sino iluminadores. Después de la derrota del pensamiento no se necesitan ideas, sino sastres. Ya que Zapatero cogió de Mitterrand el eslogan «la fuerza tranquila», que aprenda también de Mitterrand lo que le enseñó Jacques Séguéla, el mago publicitario del Rolls-Royce rosa: no bloquear las manos, ser espontáneo y no aprenderse nada de memoria, olvidarse del cuerpo, no vestirse como un banquero, cambiar el look Arnys por Lassance.

Ni siquiera van a hablar de corrupción como no sea en legítima defensa. Luis de Grandes amenaza a Zapatero diciéndole que si intenta convertir la corrupción en el fondo del debate, será demoledora su caída, porque el Gobierno tiene los bolsillos de cristal. Pero eso no es así; también Zapatero tiene los bolsillos de cristal; no estuvo ni en Guadalajara ni en Suiza. Su tendón de Aquiles estaría más bien en las contradicciones en su partido sobre la nación. Los socialistas no debieran olvidar la base de la democracia en Atenas: los pueblos tenían vidas autónomas, mas los mantenía unidos su lealtad a Atica. Que vivimos una democracia mediática lo acaba de advertir Anthony Giddens: «Blair se piensa lo que va a a decir cada mañana a BBC radio antes que lo que va a decir en el Parlamento. La democracia mediática ya no es cada cuatro años: es un proceso continuo de negociación entre políticos y ciudadanos a través de los medios». Así que el Congreso será un plató, una sonrisa y una corbata.

La política sigue siendo la técnica para mantener o ampliar el poder, pero ya no se basa en la discusión, sino en la representación y el encantamiento. Zapatero ya no vende aquel socialismo de derechas garbancero, populista y lerrouxista, sino una modesta tercera vía, con reducción de impuestos y reducción de ínfulas. Tiene que lograr lo que, precisamente, Mitterrand logró ante Giscard, que el que poseía la Presidencia se comportara como un aspirante. Zapatero se parece tanto a un presidente que acabará siéndolo.

¿Debate? ¿qué debate?
Por Lucrecio Libertad Digital
26 Junio 2001

En la ciudad que el sol aploma a martillazos, pocas cosas merecen el esfuerzo sobrehumano de abandonar la siesta. No el debate –el llamado debate– de la nación, desde luego. Ése, ni a los entusiastas asalariados de la Carrera de San Jerónimo sacará de una siesta, en su caso, crónica.

Consensuado, ¿cómo no?, entre los dos sujetos que, a su arbitrio, deciden de las cosas públicas, llamar a eso un debate es una broma pesadísima. “Debate consensuado” es un oxímoro. O se debate o se consensúa. Pactar los términos y límites de algo que sigue disfrazándose bajo la designación de debate es tan ridículo cuanto sería consensuar la resolución de una ecuación de tercer grado.

Ridículo. O tongo.

Lógico, sin embargo. Llegado al poder sobre la cresta de la indignación ciudadana tras trece años de robo y crimen felipistas, el PP conservó algún tiempo su retórica de regeneración. No mucho. Justo el imprescindible para no mosquear al electorado antes de tiempo. Luego, entendió lo que había en juego. Lo que sólo se entiende de verdad cuando se tiene en la mano los engranajes de la omnipotente máquina que es el Estado moderno. Supo que bastaba quitarse al aparato judicial de en medio para ser invulnerable. Y que lo primero que hace un político de final del XX e inicio del XXI, tras llegar al poder, es ponerse por encima de la ley. O sea, fuera de la ley. Legalmente. Por supuesto.

Convenientemente “consensuada” también ella, La Ley Orgánica del Poder Judicial consagró eso. Los partidos nombrarán a los jueces (seguirán haciéndolo). Serán impunes, por tanto (seguirán siéndolo). La sensata decisión (que sea anticonstitucional a nadie preocupa) beneficia a todos: a PP como a PSOE. Nunca más, el espectáculo de un político juzgado como un ciudadano cualquiera. A fin de cuentas, el nuevo milenio nace con la total disolución de cualquier diferencia programática entre partidos. Intercambiables, sin que nada su permutación altere. Casta de privilegiados que se turnan sólo para poder compartir equitativamente el beneficio a que el estado da derecho. Casta de impunes.

¿Hablar de corrupción? ¡Qué disparate! ¿No se enriqueció, al fin, Piqué bajo un Gobierno PSOE? ¿Y no es un Gobierno PP quien deja al delincuente Barrionuevo fuera de la cárcel?

Juego retórico perfectamente fofo, a nadie sustraerá de su respetable siesta eso a lo cual políticos que nos toman por perfectos idiotas siguen llamando “debate”. El sol aploma con su maza gomosa la ciudad. Y es dulce ignorar empecinadamente el blablablá de esos tipos insufribles. Bla bla bla. Con cargo a mis impuestos.

Ofrecen plazas de licenciados para enseñar castellano en Europa del Este
EFE Libertad Digital 26 Junio 2001

Los Departamentos de Educación de Bulgaria, Chequia, Eslovaquia, Hungría, Polonia, Rumanía y Rusia ofertan 55 plazas a licenciados españoles para impartir en castellano distintas áreas en las secciones españolas de los institutos bilingües de estos países para el curso académico 2001-2002. Se pueden presentar aquellos licenciados de nacionalidad española que posean la titulación exigida para cada plaza, aunque no sean funcionarios docentes.

El número de plazas que se ofertan son nueve para Bulgaria, ocho para Chequia, veinte para Eslovaquia, nueve para Hungría, seis para Polonia, dos para Rumanía y una para Rusia. Las personas seleccionadas serán contratadas como profesores de enseñanza secundaria por las autoridades educativas correspondientes, percibiendo unas retribuciones equivalentes a las de un profesor de este nivel en dichos países, con derecho a alojamiento y asistencia sanitaria.

La Administración educativa española contribuirá con una ayuda complementaria a las retribuciones que los profesores españoles percibirán de las autoridades de estos países (1.140.000 pesetas por curso académico, excepto para Rusia que será de 1.800.000 pesetas), y con otra ayuda de 160.000 pesetas en concepto de gastos de viaje.

Los seleccionados deberán impartir las enseñanzas durante un curso académico completo que comenzará el 1 de septiembre de 2001 y concluirá el 30 de junio de 2002, excepto en Polonia donde finalizará el 30 de agosto de 2002.

El plazo de presentación de solicitudes para optar a estas plazas finaliza el próximo 6 de julio.

 

 

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