AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 29 Junio   2001
#Asesinos en Madrid
Editorial ABC 29 Junio 2001

#Atentado en Madrid
Editorial El País 29 Junio 2001

#ETA ENSAYA NUEVAS FORMAS DE TERROR
Editorial El Mundo 29 Junio 2001

#Savater afirma que la paz en Euskadi depende de que la sociedad cambie
ANABEL DÍEZ  Madrid El País 29 Junio 2001

#Ausencias injustificables
JAVIER PÉREZ ROYO El País 29 Junio 2001

#Una jornada ejemplar
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 29 Junio 2001

#Un día de furia
Fernando R. LAFUENTE ABC 29 Junio 2001

#La plaga de Eta
Editorial La Razón 29 Junio 2001

#Eutanasia activa contra Zapatero
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 29 Junio 2001

#Una lotería macabra
Charo ZARZALEJOS ABC 29 Junio 2001

#EL REPASO: Para los inocentes
Carlos DÁVILA ABC 29 Junio 2001

#Proceso de terror
Editorial El Correo 29 Junio 2001

#La AVT duda del valor de dos jueces de la Audiencia para juzgar a ETA
MADRID. Nieves Colli ABC
29 Junio 2001

#ETA pone la rúbrica sobre el estado de la nación
Lorenzo Contreras La Estrella 29 Junio 2001

#Y entonces... llegó Chaves
Ignacio Villa Libertad Digital 29 Junio 2001

#Nostalgia de Estado
JOAN SUBIRATS El País 29 Junio 2001

#Ciudadanos libres, fuera intermediarios.
Nota del Editor 29 Junio 2001

#Estrambote terrorista
Pablo Sebastián La Estrella 29 Junio 2001

#Rumbo a peor
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo 29 Junio 2001

#Mayor Oreja afirma que Elkarri quiere sustituir la voz de la sociedad civil vasca por la de los nacionalistas
Zaragoza La Estrella 29 Junio 2001

#Próxima batalla, Galicia
José María CARRASCAL La Razón 29 Junio 2001



Asesinos en Madrid
Editorial ABC 29 Junio 2001

El atentado perpetrado ayer por ETA en Madrid contra el general Justo Oreja Pedraza, que también ha ocasionado lesiones a otras dieciséis personas, sería una «forma legítima de lucha», según el programa fundacional de Batasuna —el nuevo alias político de ETA—, que acepta el terrorismo como instrumento político. La izquierda proetarra ha cerrado su pretendida renovación con una vuelta de tuerca a la ortodoxia y ETA ha apadrinado su acto de disciplinada lealtad con el crimen frustrado de la calle López de Hoyos. Como siempre, en el planteamiento de esta izquierda deshumanizada, antes llamada HB y ahora Batasuna, la vida es una contingencia sometida a los avatares del conflicto, que no es otro que ETA misma, como dijo el presidente Aznar en el debate sobre el estado de la Nación. Con ETA no hay margen para la duda sobre sus intenciones. Quienes se lo conceden y se preguntan por lo que ETA quiere o pretende no hacen otra cosa que especular, para obtener una rentabilidad, con una imposible condición política de la violencia etarra. Nada de esto es realista. La respuesta que merece el terror etarra es cada vez menos discutible. Frente a ETA, el Estado y las fuerzas democráticas no pueden promover más que su derrota con los medios policiales y sólo pueden aceptar del Gobierno vasco, como cuestión previa del diálogo, la colaboración activa y efectiva en la realización de esa derrota. Es un emplazamiento que Ibarretxe no puede seguir eludiendo más tiempo, so pretexto de su interinidad, porque ni la crisis del País Vasco, ni el terror de ETA, ni las nuevas víctimas están en suspenso hasta la reelección del lendakari. Además, los guiños de dirigentes de su partido a la izquierda proetarra, como el rechazo a la colaboración del PSE en los Ayuntamientos y Diputaciones, la invitación a Batasuna a un foro de diálogo (Atutxa) o la petición de respeto para la nueva marca abertzale (Egibar), no son muestra de esa política de firmeza frente a ETA que prometió Ibarretxe el 13-M.

Sin embargo, lo que haga o deje de hacer Ibarretxe y el PNV no condiciona la responsabilidad actual del Gobierno de combatir a ETA con la máxima intensidad y de aplicar todos los medios humanos y materiales que sean necesarios para detener a los frustrados asesinos del general Oreja Pedraza. Nunca ha habido tanto consenso político y social a favor de la política antiterrorista del Ejecutivo, lo que tiene que corresponderse con una respuesta policial contundente y en el menor tiempo posible. Madrid, después de tantos años, no puede seguir siendo una ciudad abierta para los sucesivos «comandos» que ETA envía. La sociedad madrileña ya ha acreditado su capacidad de resistencia y su voluntad de colaboración con las Fuerzas de Seguridad. Ya es hora de liberarla de la presencia de estos intrusos sanguinarios.

Atentado en Madrid
Editorial El País 29 Junio 2001

ETA intentó asesinar ayer a un hombre en Madrid. En un documento intervenido en 1991, la dirección de la banda valoraba las ventajas de cometer atentados en la capital de España argumentando que los efectos publicitarios y psicológicos son mayores. El documento fue reproducido por los periódicos el 18 de octubre, un día después de que ETA colocara en el madrileño barrio de Aluche tres bombas lapa que segaron la vida de un militar e hirieron a otro miembro de las Fuerzas Armadas y a una madre y a su hija, Irene Villa, de 13 años.

Poco después de aquellos atentados, un destacado miembro de esa organización, conocido por el alias de Kubati y condenado por el asesinato de Dolores González Catarain, Yoyes, amonestaba desde la cárcel a sus compinches sobre el error de haber colocado las tres bombas en lugares cercanos entre sí, lo que había permitido 'que hubiera cámaras para grabar lo sucedido. Si sólo se pone una, cuando llegan las cámaras normalmente ya han sido evacuadas las víctimas. Si se desean (sic) poner más, que sean (sic) en zonas distintas. Parece una tontería, pero debemos fijarnos en esos detalles...'.

Algunas cadenas de televisión ofrecieron ayer imágenes del general Justo Oreja cuando era atendido por los transeúntes, minutos después del estallido de la bomba que los terroristas habían colocado en una bicicleta, y que afectó también a una quincena de viandantes. Los que activaron el explosivo al paso del militar tuvieron forzosamente que ver que numerosas personas circulaban por el lugar en ese momento. Pero los terroristas están entrenados para no ver sino objetivos. Sin embargo, los teóricos que con tanta frialdad evalúan la eficacia del asesinato para sus objetivos, y los que a distancia tranquilizan la conciencia de los anteriores, deberían ver esas imágenes de televisión: mutilar a un militar (o a una niña de 13 años) no es defender la autodeterminación, sino mutilar a un hombre llamado Justo Oreja, de 62 años (o a una adolescente llamada Irene Villa).

ETA ENSAYA NUEVAS FORMAS DE TERROR
Editorial El Mundo 29 Junio 2001

L
a instantánea captada por un fotógrafo de EL MUNDO que hoy reproducimos en primera página es tan elocuente y estremecedora que hace innecesarios los calificativos sobre la nueva acción criminal de ETA. El hombre tendido en el suelo, con la ropa hecha jirones y heridas por todo el cuerpo, es la viva imagen del horror. El general Justo Oreja Pedraza salvó la vida de milagro tras estallar una bomba colocada en una bicicleta en la céntrica calle de López de Hoyos de Madrid. El atentado contra el militar reprodujo la vieja y delirante ensoñación etarra de una guerra inexistente con el Ejército y volvió a sembrar el terror en la capital de España, en un barrio populoso y a primera hora de la mañana, cuando las calles están llenas de gente. Afortunadamente, los otros 19 heridos fueron de carácter leve.

El método poco habitual utilizado ayer -una bicicleta bomba- pone de manifiesto que los etarras buscan fórmulas para eludir la vigilancia y la protección de sus potenciales víctimas. Las fuerzas de seguridad y los escoltas de las personas amenazadas han extremado la vigilancia de los automóviles sospechosos, tras los coches bomba que han estallado en Madrid después de la tregua. Los etarras dejaron su huella criminal en el coche utilizado para cometer el atentado, que volaron horas más tarde no lejos del lugar. En el maletero colocaron una bomba trampa destinada a los artificieros, que -afortunadamente- lograron desactivarla sin consecuencias.

En suma, ETA había planificado para el día de ayer una jornada de terror que bien pudiera ser la respuesta criminal al desarrollo del debate del estado de la Nación, en el que volvió a ponerse de manifiesto la fortaleza de la unidad de los principales partidos contra el terrorismo. Bien es verdad que ni la dura intervención en el debate del portavoz del PNV, Iñaki Anasagasti, ni las informaciones que apuntan a la continuidad de Javier Balza como consejero de Interior del Gobierno vasco permiten ser muy optimistas sobre el cambio de actitud apreciado en Ibarretxe tras el 13 de mayo, que permitía vislumbrar un mayor compromiso de los nacionalistas en la persecución de la banda terrorista.

Aun cuando los etarras no lograran asesinar al general, es evidente que cuentan con una infraestructura en la capital que la policía no logra localizar. La descripción proporcionada por un testigo del presunto autor del atentado puede ser de gran ayuda para unas fuerzas de seguridad que tienen en la detención del comando Madrid una de sus asignaturas pendientes.

Savater afirma que la paz en Euskadi depende de que la sociedad cambie
300 personas homenajean en Madrid al filósofo
ANABEL DÍEZ  Madrid El País 29 Junio 2001

El diálogo y la convivencia en el País Vasco no depende, al menos en exclusiva, de que los políticos se pongan de acuerdo, sino, sobre todo, 'de que la sociedad cambie'. Esta opinión la expresó anoche el catedrático de Ética Fernando Savater en un homenaje que le tributaron la Fundación Ortega y Gasset y la Asociación de Periodistas Europeos. El presidente de la Fundación Ortega y Gasset, Antonio Garrigues Walker, auguró al filósofo que tendrá que 'soportar' muchos homenajes más. Era una forma de transmitirle el amplio reconocimiento a su labor en favor de la paz en Euskadi.

El compromiso de Fernando Savater con los que sufren el clima de terror en el País Vasco y en especial su implicación en la última campaña electoral vasca en defensa de la ciudadanía no nacionalista, que le llevó a pedir el voto para el Partido Socialista de Euskadi, fue ayer elogiado por un sector muy nutrido del mundo universitario y de la cultura. Se agradeció a Savater que él haya hecho lo que otros muchos no se atreven a hacer.

En los jardines de la Fundación Ortega y Gasset, en Madrid se reunieron unas 300 personas, pertenecientes sobre todo al mundo universitario, y se recibieron varias decenas de adhesiones. Los oradores -Miguel Ángel Aguilar, Carlos Luis Álvarez, Javier Marías, Francisco Rubio Llorente y Javier Muguerza- dieron por supuesto que Savater iba a sentirse incómodo ante un acto de este tipo. Y sí; él aseguró que le daba 'mucha vergüenza'. 'Creo que muchos de los que estáis aquí, perdiendo el tiempo por mí, lo estáis en deferencia a tantas personas que han perdido su vida, o han quedado mutilados, o han perdido sus bienes, y nadie ha acompañado a sus familias en esa situación', interpretó Savater. 'Quiero pensar que estáis aquí para compensar ese olvido durante muchos años de tantas víctimas', insistió. Pero enseguida entró en el meollo de la cuestión y no se separó ni un ápice de los argumentos que defendió durante la campaña electoral vasca. 'Yo comprendo que hay gente que se ha enterado de esto hace relativamente poco y ahora piden diálogo; claro, no estaban cuando se discutía y se dialogaba y no se enteraron de cómo ha sido utilizado ese diálogo'. Por el tono con que hizo esta reflexión no sorprendió que mostrara su 'excepticismo' frente a las llamadas que ahora realiza tanto el PNV como el resto de las fuerzas políticas. 'No se trata de que los políticos se pongan de acuerdo, sino que de la sociedad cambie', sentenció. Entre quienes acudieron a escucharle, y a homenajearle, se encontraban la presidenta del Senado y la ministra de Educación, Esperanza Aguirre y Pilar del Castillo, respectivamente; los parlamentarios socialistas Juan Fernando López Aguilar, Joaquín Leguina, Carmen Alborch, José Borrell y Cristina Narbona, y el presidente del grupo PRISA, Jesús de Polanco.

Savater reconoció que la victoria de los no nacionalistas en las recientes elecciones vascas hubiera supuesto un auténtico 'cambio de régimen' y, claro, 'eso va despacio'. 'La violencia en el País Vasco no viene de fuera, se inculca desde la propia sociedad, se insiste en que lo español es enemigo del pueblo vasco, y así es difícil el cambio, porque en esta comunidad sí sabemos lo que es el pensamiento único', aseguró. 'Este es un homenaje a un perdedor ejemplar', afirmó Javier Muguerza. Javier Marías resaltó el papel de 'héroe' que le ha tocado a Savater sin pretenderlo. Y el periodista Miguel Ángel Aguilar expresó su deseo de que pronto no haya necesidad de homenajear a Savater por 'defender los derechos de todos y poner en peligro su vida'.

Ausencias injustificables
JAVIER PÉREZ ROYO El País 29 Junio 2001

El debate sobre el estado de la nación es un acto parlamentario de naturaleza compleja. En él se combina un debate en el que lo que está en juego es el poder con múltiples debates en los que están en juego cosas relacionadas con el ejercicio del poder, pero no el poder. En el debate del estado de la nación hay dos protagonistas principales que se la juegan y muchos actores secundarios que se juegan algo, pero no se la juegan.

Esto es así siempre, pero mucho más cuando el Gobierno dispone de mayoría absoluta. En estos casos el debate políticamente hablando casi se reduce al enfrentamiento entre el presidente del Gobierno y el candidato a la presidencia por el principal partido de la oposición.

Quiere decirse, pues, que la responsabilidad del secretario general del PSOE en que el debate responda a las expectativas ciudadanas es enorme y no comparable a la de ningún otro de los participantes en el mismo. El portavoz socialista tiene que ser consciente de que los temas que él no integre en el debate es casi como si no se hubieran debatido. No puede ser sustituido en esa tarea por nadie.

Y ha habido, en mi opinión, en su discurso cuatro ausencias clamorosas objetivamente injustificables.

1. El caso Cardenal. Podría entender que se pasara de puntillas sobre el caso Piqué, aunque no sé por qué no se le puede recordar al presidente del Gobierno de manera educada cual fue su conducta en el pasado en este terreno y la contradicción con su posición actual. Lo que no puedo entender es que se pase por alto la actuación del fiscal general del Estado, que es lo más escandaloso de este asunto. El presidente del Gobierno es responsable de la indecorosa conducta de Jesús Cardenal por acción o por omisión. Y esto no se puede soslayar en el debate político.

2. El caso Matas. La acusación formulada contra el ministro es una de las más graves que se pueden hacer en todo Estado democrático digno de tal nombre. Una acusación de esta naturaleza fue el fundamento constitucional del impeachment de Richard Nixon. Lo que a Nixon no se le perdonó fue el intento de alterar el proceso de formación de la voluntad general con el espionaje del cuartel general demócrata en el edificio Watergate. Después de la confesión inicial de Rodríguez Zapatero en la vigencia de los valores constitucionales, la referencia al ministro Matas era obligada. Porque además Galicia está a las puertas.

3. Política de inmigración. Me pareció absolutamente insatisfactoria la referencia a la política de inmigración. La responsabilidad del actual Gobierno es demasiado grande para que fuera despachada con una referencia de pasada y en los términos en que se hizo. La ruptura del consenso, la caótica aplicación de la ley, la agresividad con Marruecos por la no renovación del acuerdo de pesca que está potenciando el efecto llamada, que la nueva ley pretendía eliminar y muchas cosas más. El problema es demasiado importante y la política del Gobierno demasiado desacertada como para no llamar la atención de los ciudadanos sobre la misma.

4. País Vasco. Comprendo que el presidente del Gobierno, tras los resultados del 13-M, quisiera pasar por alto sobre la política antiterrorista y de pacificación en el País Vasco. Pero no entiendo que el PSOE no planteara que ese sigue siendo uno de los problemas principales de la democracia española y que había que tomar nota de la manifestación de voluntad del cuerpo electoral vasco y reabrir vías de entendimiento. No es un problema de Iñaki Anasagasti, sino de toda la Cámara. Y si el presidente del Gobierno no lo aborda, el candidato socialista sí tenía que haberlo abordado.

La responsabilidad de un candidato a la presidencia del Gobierno en un debate sobre el estado de la nación es directamente proporcional al poder que está en juego. Eché de menos cosas para entender que Rodríguez Zapatero estuvo a la altura de la responsabilidad que cabía exigirle.

Una jornada ejemplar
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 29 Junio 2001

Eran las ocho y media de la mañana. Se anunciaba una máxima de 35 grados en Madrid para el jueves 28. La noche había vuelto a favorecer el desembarco de ilegales en las costas del sur, aunque no se había llegado al millar como la víspera. «Ibant obscuri sola sub nocte per umbram» (creo recordar). Un asalto diario, soportable de momento. De Macedonia llegaban avisos de guerra, y los okupas de la Castellana preparaban una piscina de plástico entre los alcorques, al socaire de las acacias. Los diarios y las emisoras se entregaban al balance de las sesiones del Estado de la Nación, las menos seguidas en los últimos años aunque sí las más celebradas por la distensión conseguida. Aznar mantendrá a Piqué con el permiso de Zapatero, el nuevo líder socialista, de maneras blandas e ideología «desestructurada», que diría Rubert de Ventós. Un hombre tranquilo para estos nuevos tiempos, tan reñidos con los ceños fruncidos y los rigores teóricos. En definitiva, una exaltación de lo light. ¿Por qué no coger la flor del día?

Sólo que el día no estaba para rosas. Fue a esa hora punta en que la retórica periodística huele a café con leche y gasolina cuando hizo su aparición el Terror, tan habitual entre nosotros y, sin embargo, tan sorprendente siempre. En un primer momento llegó confundido con el fuego devastador del Palacio de los Deportes pero, tras los primeros balbuceos informativos, fueron emergiendo los rasgos inequívocos del rostro del Mal aunque no bajo sus más terribles formas sino de ese modo que le hace más asimilable en el día a día.

Conocido el atentado, se instaló en el aire de la ciudad —en toda España— esa gravedad que recuerda el golpe de la tierra sobre el ataúd. Con el cambio de escenario se recompuso el gesto y como quien ha ensayado la función muchas veces se pasó de la ciudad alegre y confiada al sentimiento trágico de la vida. Como escribió Vossler, una vez más se demostraba la tendencia del español a vivir la vida como una aventura.

La extrañeza que nos producen los atentados de ETA no dura más que nuestra terquedad en volver a instalarnos en la ilusión, lo que no sería grave si no se produjera un desplazamiento de la realidad, constante, casi imperceptible, hacia los objetivos de quienes practican el Terror y de quienes se ven favorecidos por él. El desarme de la sociedad española después de las elecciones vascas es una tregua que se justifica formalmente en los hábitos y en las convenciones democráticas (el periodo de gracia del ganador) cuando lo que estamos viviendo es una lucha de carácter nacional. Es decir, cuando lo que está en cuestión es la organización misma de la convivencia. Tras cada uno de estos aplazamientos en los que unos se rearman y otros se desmovilizan, los golpes de ETA van significando corrimientos de posiciones. No decae el rechazo de la sociedad contra el crimen, si acaso se agudiza, pero, al tiempo, también se acrecientan las aspiraciones al diálogo, al pacto, a la cesión, al entreguismo. El aprecio por la paz puede llevar al desprecio por los principios.

No estoy seguro de que a muchos les guste demasiado que los diarios y las emisoras hablen del atentado de ayer en López de Hoyos. No entra en su programa. En el fondo estarían dispuestos a un trueque inconfesable. ¿Puede acaso prolongarse mucho más una situación en la que unos bárbaros te impiden coger la flor del día?

Avanza el día, se alcanzan los 35 grados. A mediodía nos enteramos de que ha muerto Jack Lemmon. Esta noche pondré «Missing». A esas horas, empujadas por el hambre, recalarán pateras en las costas del Sur, y algunos etarras se habrán echado al hombro la guadaña.

Un día de furia
Por Fernando R. LAFUENTE ABC 29 Junio 2001

La historia arde y la ciudad se conmueve. Una ciudad es la feliz conjunción de sus habitantes y sus edificios. Pero hay días en que el tráfago cotidiano se rompe en un fatal viento de furia. Ayer, de nuevo, lo sufrió Madrid. Los dos fuegos terribles, el de las circunstancias —o los errores— y el de los horrores terroristas. El azar unía a un viejo emblema del Madrid desarrollista de los años sesenta —el Palacio de los Deportes— y a un general del Ejército. Otra vez, la ciudad se rompía ante los horrores: el del destino y el de los asesinos. Pero la reacción ejemplar de los madrileños fue unánime. Ante el dolor y ante el espanto. Una parte de la memoria de la capital se perdía como volutas de papel en el cargado aire de la plaza de Dalí, mientras al otro lado de la capital el general Oreja Pedraza luchaba contra la muerte «totalmente abrasado». Sirenas, llamadas, desasosiegos, urgencias, rabia y una profunda tristeza llenaba esa nube de furia que cubría Madrid en las primeras horas de la mañana. Y todo el mundo colaboró, en medio de los ruidos, con rabia y con tesón. Ahora llega la hora de contar cómo pudo incendiarse el Palacio de los Deportes, y llega la hora de recordar que la oscura sombra de ETA se cierne sobre todos y cada uno de los ciudadanos. 

Ayer, Madrid fue la víctima. Resulta escalofriante pensar cómo puede desaparecer una parte de la historia en minutos; la historia de las muchas jornadas vividas en el Palacio de los Deportes. Para algunos, las viejas estampas de aquellos entrañables «Seis días ciclistas» o el recuerdo reciente de conciertos y partidos de baloncesto. Todo en el aire. De repente. Se borra un cúmulo de instantes en la epifanía siniestra de un paso mal dado. Es obvio, pero la investigación tendría que servir de modelo y ejemplo, porque hoy son varias y diversas las instancias destinadas a la prevención y al cuidado y mantenimiento de los edificios. Máxime si, además, son lugar de encuentro y de memoria para los ciudadanos. Debe ser implacable la investigación, y las responsabilidades, en cada paso que se dé en torno al esclarecimiento del desastre. Y bueno será que el Gobierno de la Comunidad de Madrid sea claro, preciso y conciso en la información destinada a sus contribuyentes. Lo peor será la ambigüedad, porque genera incertidumbre. 

Y llenos de incertidumbres se encuentran hoy los ciudadanos de España entera ante el atentado contra el general Oreja Pedraza. Porque lo que está en juego son sus propias vidas. El Gobierno que forme Ibarretxe tendrá que administrar con mucho cuidado los votos no terroristas. Si cabe en esta expresión el oxímoron. El atentado de ayer es la advertencia. Otra. Tiene una primera prueba este verano. Un Gobierno que es incapaz de asegurar la libertad de sus ciudadanos es un Gobierno al que no puede llámarsele democrático. La democracia es el sistema que garantiza que cada uno pueda hablar y circular con entera libertad. Pero la vida tiene paradojas. Muchas. Y la consecuencia del 13 de mayo, tras el atentado de ayer, es la contraria de la que pudieran albergar los dinosaurios del PNV. Ahora Ibarretxe tiene más responsabilidad porque el círculo tiende a cerrarse y el crédito a consumirse. La indefensión no se negocia, ni la libertad de cada uno, y menos con pistolas encima de la mesa. Las falacias se consumen. Un día de furia cayó ayer sobre Madrid; pero la ciudad, menos mal, gracias a sus ciudadanos, resiste alegre y confiada, como siempre.

La plaga de Eta
Editorial La Razón 29 Junio 2001

Estuvo acertado el presidente del Gobierno, José María Aznar, cuando afirmó en el Debate sobre el estado de la Nación que la banda terrorista Eta no es un síntoma de una enfermedad política, sino la enfermedad misma. Más bien, la plaga, añadiríamos. Una plaga que ayer rebrotó en Madrid con el intento de asesinato de un general de brigada retirado, contra el que atentó con una bicicleta-bomba, método copiado de los terroristas palestinos.

   El atentado, al producirse en una zona de tránsito abundante de peatones y de vehículos, pudo causar una carnicería. De hecho, dejó más de una docena de heridos, nuevas víctimas de un terrorismo abyecto que merece la más contundente respuesta policial y judicial, tanto para sus autores como para sus cómplices, inspiradores, ideólogos o voceros refugiados tras siglas políticas.

   Eta ha actuado al día siguiente del debate político del año. Algunos pensaban que lo haría en el transcurso del mismo, para ganar protagonismo. Pero lo hizo después. Está claro, por tanto, que su estrategia ha sido evitar la violencia provocadora contra el Estado para buscar el terrorismo desmoralizador de la sociedad.

   Contra el Estado, Eta no puede ni podrá vencer. Sólo puede lograr avances en su estrategia independentista si logra llevar a la rendición a los poderes públicos y a los líderes de la opinión social. Por eso, todo lo que hace Eta se apoya en que los gestores políticos no vean más salida al drama terrorista que la concesión de reivindicaciones.

   Ésta es la trampa que hay que denunciar. Parece mentira que el PNV no lo comprenda, y siga insistiendo en su discurso de integrar al brazo político de Eta y reclamar la existencia de un «conflicto político» que, si se resolviera, acabaría con Eta. Los terroristas no piensan lo mismo: sólo dejarán de matar si toman el poder. Habrá conflicto mientra no lo logren, porque el conflicto son ellos mismos. Bien haría el PNV en entenderlo así y poner manos a la obra para acabar de una vez por todas con la enfermedad, ya convertida en plaga.
 

Eutanasia activa contra Zapatero
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 29 Junio 2001

La estrategia felipista de plantear la sustitución del PP en el Gobierno, no como una alternativa sino como una liquidación por derribo del sistema constitucional, sigue afianzándose en todos los terrenos, desde el puramente verbal hasta el institucional, económico y político. Lo de Chaves planteando ahora una fuga hacia adelante de tipo nacionalista en Andalucía es una demostración de que los felipistas no sólo están dispuestos a llegar hasta el precipicio cuando les parece sino que no vacilan en empujar por él a toda la Nación si les conviene para mantenerse en el Poder. Claro que desde Maragall o Chaves eso es jugar con ventaja. Para Zapatero, es la eutanasia activa.

Parecía imposible no ya superar sino acercarse al prodigio de insensatez criminal del PSOE en los años treinta, cuando secuestró la II República, atentó contra ella al perder las elecciones de 1934 y finalmente en 1936 la convirtió en guerra civil para instaurar un Estado totalitario al modo soviético, con Largo Caballero como "el Lenin español". Pues bien, en otra escala pero con no menos peligro, setenta años después el PSOE vuelve a poner en jaque al Estado y a la nación españoles con un plan que aprovecha el terrorismo etarra y el empuje separatista para echar del poder central a la derecha achacándole una incapacidad de "diálogo" o una idea de España carca, clerical, fascistoide y antidemocrática. La alternativa, claro, son ellos, los progres, que por volver a la Moncloa están dispuestos a vender la Nación. Siempre, claro, que eso les permita seguir vendiendo "El País".
 

Una lotería macabra
Charo ZARZALEJOS ABC
29 Junio 2001

ETA, como siempre, está en Madrid. Agazapada y revestida de una perversa normalidad. Ninguno de ellos se cuela en el cine, ni se salta los semáforos ni camina del revés. Su perversa normalidad convive en perfecta coincidencia con la auténtica normalidad ciudadana. Son tan perversos como a veces invisibles. Por eso, de vez en cuando, siempre en demasía, dejan su huella de horror. A veces, en forma de cuerpos reventados; y otras, dejando un insoportable olor a piel quemada.

ETA está en Madrid y no de paseo, no entrando y saliendo, no formando parte de ese alto porcentaje de población flotante que llena hoteles y espectáculos. Pero, como en todo, hay clases. Los vips son los que forman el comando ejecutor. Son los realmente integrados en la perversa normalidad. No son muchos, no más de cuatro o cinco, y cuando actúan lo hacen en función de las órdenes recibidas. Las órdenes, a veces son genéricas, es decir, se les señala un colectivo o colectivos, y hay también órdenes muy concretas, con objetivos muy fijados. Con nombres y apellidos.

La historia conocida hasta ahora indica que no necesitan de mucha infraestructura. Con un piso que sustituyen por otro cada cierto tiempo, siempre dentro de plazos razonables y sin dejar huella en contratos convencionales de alquiler. Como mucho, se puede pensar en un garaje o una lonja. Con esto tienen bastante.

Sin embargo, esta infraestructura quedaría coja, resultaría insuficiente, si no fuera acompañada de muchas horas de «trabajo». Entre atentado y atentado, los vips, el propio comando ejecutor, realiza labores de información, paso imprescindible para el horror. En esta tarea se pueden ver asistidos por otros grupos que entre sí no se conocen y que ni saben muy bien para quiénes recaban datos.

Uno de los secretos de ETA es que no tiene prisa, vigilan y vuelven a vigilar, miran, apuntan y vuelven a mirar. Lo visto, lo escrutado, lo envían a la dirección y, allí en donde esté —¿necesariamente en Francia?—, procesan los datos y, si son de interés, abren ficha. Si el personaje en cuestión tiene una cierta trascendencia social o pública, incluyen, si pueden, fotos escaneadas, a las que adjuntan la ficha correspondiente.

Es con este andamiaje con el que ETA funciona aquí, en Madrid, y en Bilbao, y todo ello sin perder un segundo su perversa normalidad. En Madrid nunca han dejado de estar y otra vez ayer lo demostraron.

Cabe preguntarse, al menos algunos así lo harán, por qué ayer y no el martes, día en el que se celebraba el debate sobre el estado de la Nación. La respuesta puede ser que no sabemos si el martes lo intentaron y no pudieron. ETA no tiene prisa ni juega con fechas de especial significación.

Una vez calculados los riesgos, si el objetivo les interesa, la fecha o día de la semana resulta indiferente. Nada más ingenuo que pensar que el atentado de ayer puede ser una respuesta al hecho de que el Congreso no se aviniera al diálogo en los términos solicitados por los nacionalistas. Cualquiera que hubiera sido el tono de las intervenciones o las resoluciones aprobadas o rechazadas, ETA hubiera hecho lo que tenía previsto hacer antes del debate del estado de la Nación.

ETA, agazapada y a cubierto, está en Madrid. Aquí hay muchos objetivos concretos muy apetecidos para el horror y numerosos colectivos que por sí mismos pueden estar en el punto de mira. Todo lo demás forma parte de una lotería macabra.

¿Es ETA imbatible? No, no es imbatible, pero es una organización con una larga historia, cuya férrea disciplina interna y su exacerbado fanatismo les libra de la vulnerabilidad deseada. ¿Es la policía ineficaz? No, no es ineficaz, pero luchar contra un enemigo revestido de cruel normalidad dificulta hasta extremos insospechados las labores de investigación.Ni ETA es imbatible ni la policía está dormida, pero la historia se repite a sí misma y siempre es la misma.

EL REPASO: Para los inocentes
Carlos DÁVILA ABC
29 Junio 2001

De manual. El nuevo atentado de ETA en Madrid rellena todos los tópicos del caso. Por eso, es inútil referirse a la condición de jefe militar de la víctima, sólo víctima herida afortunadamente, de su escasa seguridad personal, fuera, claro, de sus propias cautelas de autoprotección, y tampoco vale la pena insistir en la fórmula utilizada por los asesinos para lograr el mayor daño posible.

Los datos importantes para este momento son otros. Por ejemplo, el hecho de que la dirección nueva de Batasuna, heredera de Euskal Herritarrok, es todavía más sanguinaria —que se respete el adjetivo— que la precedente. No llegan al diez por ciento los miembros de esta dirección los que, abiertamente, pero recelosamente, se han pronunciado hace poco por una nueva tregua de la banda. Este es un dato, el otro es más inocente, para inocentes, y también muy preocupante: el miércoles, en el tiempo-basura del debate, un angélico Iñaki Anasagasti volvía a repetir la cantinela de cada vez: «Algo se mueve en Herri Batasuna». Anasagasti, portavoz del PNV, no aludía precisamente a un movimiento «para peor», muy al contrario se satisfacía con la posibilidad de que Batasuna evolucionara hacia posiciones de paz. Pues bien, ya se ve que no: el atentado contra el general Justo Oreja indica exactamente lo contrario, cosa que, por otro lado, era fácil de prever habida cuenta de la apuesta de los renovados dirigentes (casi todos etarras antiguos o proetarras indubitables) por la continuación de la violencia. Nada nuevo bajo el Sol, salvo la pertinaz postura del PNV en favor siempre de una regeneración democrática que nunca existe.

Ha transcurrido mes y medio desde las elecciones vascas y aún no se ha oído palabra alguna a Ibarretxe y las que se han escuchado son tan sobadas que no merecen comentario. Es de creer que el lendakari piensa, como Anasagasti, que todo el mundo no es tan malo en la feroz Batasuna. Con ese andamiaje político es muy difícil construir nada, ni siquiera una baza que para el PNV siempre encierra un precio político: el que se quiere pagar a los frustrados asesinos, menos mal, del general Oreja.

Proceso de terror
Editorial El Correo 29 Junio 2001

El atentado perpetrado contra Justo Oreja Pedraza, general interventor con destino en el Ministerio de Defensa, y que causó heridas de consideración a otros diecinueve ciudadanos de Madrid, ha vuelto a demostrar cuál es la verdadera voluntad de los terroristas: proseguir con la destrucción de vidas humanas mientras les quede un ápice de fuerza, para azuzar con su rencor la incertidumbre y el desconcierto en la sociedad. Las pavorosas escenas que los terroristas provocan con sus acciones, el terrible dolor y la sensación de desamparo que causan en sus víctimas, refleja la naturaleza desalmada de su propia existencia. Quienes dan vida a ETA asesinando y amedrentando a personas que intentan vivir en libertad o servir a los intereses de la colectividad, no tienen otro objetivo que mostrar su mortífero potencial para erigirse y perpetuarse como un poder fáctico capaz de doblegar la verdadera voluntad de la ciudadanía. Por eso, resulta tan sarcástico como inadmisible que los artífices de la refundación de HB en Batasuna hayan presentado su remozado proyecto envuelto en la supuesta defensa de «todos los derechos de todos los vascos», cuando en realidad persisten en dar cobertura a quienes consideran que sus aspiraciones particulares valen más que la vida de muchos de sus conciudadanos.

En las últimas semanas han vuelto a reverdecer las sugerencias e iniciativas tendentes a inaugurar escenarios que propicien un nuevo proceso de paz a través de distintas fórmulas de diálogo que, por lo general, soslayan el alto grado de desarrollo institucional que ha alcanzado la democracia en Euskadi y en España. Cualquier mención a la apertura de un proceso de paz suscita un clima envolvente que se hace pernicioso cuando precisamente quienes niegan la paz -los terroristas- se resisten a dar la menor señal de esperanza sobre sus intenciones futuras. En estas condiciones, hasta la más bienintencionada de las iniciativas puede terminar transfiriendo a la sociedad y a las instituciones culpas y responsabilidades que únicamente atañen a ETA y a sus adláteres. Ello no implica, de ninguna manera, que la sociedad democrática ha de permanecer inmóvil a la espera de que ETA rectifique. Pero, tras tantos años de experiencia, los movimientos por la paz no han de ser enjuiciados por la intención más íntima que albergan sus promotores, sino por sus consecuencias reales. Hasta el mejor de los propósitos puede volverse una insensatez si sus efectos se alejan de la paz y se pierden en un enredo que propicia la confusión y la división entre los demócratas o contribuye a recrear el llamado conflicto político con tesis que avalen indirectamente el discurso de la intolerancia y la imposición etarra. Cada nuevo atentado supone una llamada de atención para que nadie caiga en la ingenuidad de creer que la suya es la vía definitiva hacia la paz que nadie antes fue capaz de descubrir.

La AVT duda del valor de dos jueces de la Audiencia para juzgar a ETA
MADRID. Nieves Colli ABC
29 Junio 2001

La Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT) ha pedido al presidente de la Audiencia Nacional, Clemente Auger, que practique una inspección sobre los magistrados Carlos Cezón y Juan José López Ortega para «determinar si su capacidad para juzgar delitos de terrorismo se ha visto mermada por el miedo». El escrito será estudiado por la Sala de Gobierno del Tribunal.

La decisión de la AVT de pedir que se valore la «capacidad» de los dos magistrados para juzgar delitos de terrorismo tiene su origen en la últimas resoluciones dictadas por la Sección Cuarta de lo Penal de la Audiencia Nacional, de la que forman parte.

En el escrito entregado ayer al presidente de la Audiencia Nacional, Clemente Auger, la AVT expresa su preocupación respecto de los magistrados Carlos Cezón (presidente de la Sección Cuarta) y Juan José López Ortega. «Cuantas personas se ocupan del hecho terrorista en sí, con la finalidad de combatirlo con los medios propios de un Estado de Derecho, se ven abocadas a introducirse en unas tensiones emocionales sin límite. Naturalmente, las personas encargadas de juzgar a los miembros de tan criminal organización no pueden permanecer ajenas a tales tensiones. Baste pensar en las medidas de seguridad que soportan (...)».

«Dicho lo anterior, nos vemos en la necesidad de trasladar a su conocimiento la preocupación de la AVT respecto de los magistrados Cezón y López Ortega en el sentido de que las referidas tensiones (propias de su cargo) estén llevando a los mismos a una situación de incapacidad emocional para juzgar temas de terrorismo, según se desprende de sus últimas actuaciones profesionales en este ámbito».

La AVT ejerce la acusación popular en el sumario en el que se investiga la estructura económico-financiera de la banda terrorista ETA.

«Lo cierto -dice en el escrito remitido a Auger- es que cada ocasión en que la Sección Cuarta de lo Penal de la Audiencia Nacional interviene para resolver los recursos que se le plantean, los magistrados citados producen situaciones escandalosas para la generalidad de la sociedad española. Desde el Gobierno hasta la ciudadanía en sí, pasando por la oposición y los medios de comunicación, el escándalo ha estado asegurado cada vez que han intervenido».

ENFRENTAMIENTO INTERNO
También se refiere al «enfrentamiento» mantenido por los dos magistrados mencionados y el tercer componente del Tribunal, distinto cada vez, en alguna de las resoluciones. Enfrentamiento «tremendamente llamativo por la enorme disparidad entre los mismos».

La AVT se refiere a la decisión de esa Sala, con los votos de Cezón y López Ortega de dejar en libertad el pasado 4 de abril a siete de los catorce integrantes de Ekin (el aparato político de ETA) encarcelados por el juez Baltasar Garzón; y a la más reciente decisión de dejar en libertad al periodista Pepe Rei. En ambos casos, el tercer magistrado (Antonio Díaz Delgado en la resolución de Ekin y Carlos Ollero en la referida a Rei) emitió voto particular.

En otro escrito, remitido al CGPJ, la AVT pide que se abra expediente disciplinario por falta muy grave a Cezón y López Ortega por las filtraciones que se han producido del contenido de las deliberaciones así como de algunas resoluciones antes de su notificación a las partes.

Cezón y López Ortega prefirieron ayer no hacer comentarios sobre las denuncias; Carlos Ollero, tercer magistrado de esa Sección, elogió la profesionalidad de sus compañeros sobre quienes dijo que «pondría la mano en el fuego al afirmar que actúan con la más absoluta rectitud».

ETA pone la rúbrica sobre el estado de la nación
Lorenzo Contreras La Estrella 29 Junio 2001

Por horas no ha interferido ETA en el debate sobre el estado de la nación. Habría sido su manera de estar presente en el acontecimiento parlamentario. Y ello cuando en el Congreso de los Diputados los dos actores principales se habían puesto de acuerdo para soslayar la entrada en el tema del terrorismo. Tanto Aznar como Zapatero, acogidos junto con sus respectivos partidos y grupos a la consigna de la no discusión sobre el asunto, se limitaron a esperar la entrada de otros representantes políticos en la materia. Y siempre con el propósito de cercenar, como así ocurrió, cualquier planteamiento polémico que perturbe la cuestión principal, es decir, la condena oficial de ETA y de sus actividades en el marco del Acuerdo PP-PSOE por las Libertades y contra el Terrorismo.

Pues bien, acababa de cerrarse el debate, amanecía el día siguiente y la banda ha estado a punto de sumar otra víctima mortal a su lista de crímenes. Hacía tiempo que ETA se venia olvidando, siempre relativamente, de los militares. Pero de nuevo se acuerda del estamento castrense. Y otra vez da la impresión de que elige donde puede. En este caso de la calle López de Hoyos de Madrid, un general del cuerpo de Intervención, o sea, de la alta burocracia de las Fuerzas Armadas. Bomba activada al paso del militar y ausencia total de "espíritu selectivo" en lo que atañe al escenario urbano, con el consiguiente daño y peligro para los ciudadanos transeúntes.

Horas antes, las dos ramas del nacionalismo vasco, el PNV y EA, a través de sus respectivos portavoces, habían planteado en el hemiciclo una "oferta de diálogo" entre los partidos democráticos, con el Gobierno como primer protagonista. No otra cosa, en definitiva, que abrir un proceso de "normalización" en las relaciones intrapartidistas. Para el nacionalismo, tal propuesta es la expresión lógica de una necesidad política: la de dar señales de vida institucional después de las elecciones del 13 de mayo. En otras palabras, brindar la impresión de que, tras esa victoria, no se ha quedado quieto, pasivo y meramente a la espera de acontecimientos.

Tanto el PP como el PSOE rechazaron la oferta, seguramente percatados de que un diálogo gobernado por el nacionalismo representaría una intromisión en las directrices convenidas por ambas formaciones cuando firmaron el Pacto Antiterrorista, al que Iñaki Anasagasti ha calificado como "pacto de hierro", en alusión a su rigidez.

Para Aznar no hay más contenido negociable que la posibilidad de vivir y desarrollar la actividad política "sin que nos eliminen, sin que nos maten". Directa manera de indicarle al lehendakari Ibarreche cuáles son simplemente sus deberes como garante del orden y de las libertades. En ese momento, el atentado etarra anticipado, por ejemplo, veinticuatro horas, habría sido un subrayado perfecto para unos y otros, tanto estatales como nacionalistas, pues en esta materia cada cual interpreta los hechos según su conveniencia política.

La verdad es que en el capítulo de lo que podría llamarse el "conflicto vasco", aparte del acuerdo PP-PSOE de no abordar el asunto parlamentariamente en términos de debate, lo que hubo fue una especie de diálogo de sordos o por lo menos de partido de tenis entre Aznar y los nacionalistas. Las palabras, los conceptos volaban de uno a otro frente del hemiciclo, o desde la tribuna de oradores a los escaños, sin otro propósito que el de cantarse las verdades y subrayar la vigencia de los viejos desencuentros. El silencio de Ajuria Enea forma una muralla de fondo tan inflexible como los argumentos de Aznar. El señor Ibarreche recuerda ahora mismo el enigma de la Esfinge, mientras prepara su Gobierno para julio y, con ese suceso político, inspira la esperanza de averiguar en qué han quedado sus animosas promesas electorales.

Y entonces... llegó Chaves
Por Ignacio Villa Libertad Digital 29 Junio 2001

Menudo favor le ha hecho Manuel Chaves a José Luis Rodríguez Zapatero. Hemos vuelto donde solíamos y quizá de donde nunca hemos salido de verdad. El secretario general del PSOE, durante el reciente debate sobre el Estado de la Nación, ha intentado, mal que bien, dar un nuevo aire a la oposición. Ha presentado maneras, un estilo algo diferente. Pero dos días después se vuelve a poner al descubierto el verdadero problema de los socialistas: la falta de unidad interna, el cacao programático y operativo en el que viven inmersos.

Manuel Chaves, que tiene una buena montada en su Comunidad gracias a la mafia de las cajas, ha buscado un golpe de despiste. Jugando a hacer de Maragall, propone ahora un mayor nivel de autogobierno para Andalucía y la reforma del Estatuto, con los problemas constitucionales que ello conlleva. Es decir, Chaves propone el conocido e indescifrable “federalismo asimétrico”, un concepto que nadie sabe explicar, que sirve como excusa para llamar la atención y que, sobre todo, utilizan los barones para minar con claridad la autoridad interna de Zapatero.

Esta es la dura realidad del PSOE: que cada uno va a su aire. Sin una clara disciplina interna, el Partido Socialista se fractura en su base. Muchos gallos en un pequeño corral y con ganas de protagonismo. Zapatero ha podido aprobar formalmente el examen del Debate, e incluso se le puede perdonar la ya famosa “quijotada”, pero donde realmente tiene su reválida no es debatiendo con Aznar, sino en el interior de su partido. La moderación en las formas llega al ciudadano, pero si no está acompañada por la autoridad puertas adentro, provoca un verdadero mundo de reinos independientes en el que cada uno hace la guerra por su cuenta.

En esto, Zapatero no puede tener paños calientes. Allí donde el PSOE tiene mando en plaza, como en Aragón, Baleares, Extremadura o Andalucía, hay cisma asegurado. Ese sí que es el examen de Zapatero. Si no consigue devolver al PSOE su carácter nacional, difícilmente llegará a las próximas elecciones.

Nostalgia de Estado
JOAN SUBIRATS El País 29 Junio 2001

Joan Subirats es catedrático de Ciencia Política de la UAB.

Cuando las cosas van cambiando, siempre hay quien piensa que era mejor lo que ocurría antes. Es inevitable. La nostalgia es un sentimiento muy humano. Pero cuando la nostalgia nos lleva a confundir deseos con realidad, nos hace reaccionar de forma convulsiva y nos conduce a tomar decisiones poco sensatas, entonces la cosa se complica y podemos acabar en posiciones simplemente reaccionarias. Y ahí es donde empieza el riesgo, porque, como decía Roosevelt, nada hay más cercano a un reaccionario que un funámbulo caminando hacia atrás. Poco tiene que ver España con lo que era el país 20 años atrás. Y, por mucho que uno tenga la sensación de que algo decisivo se está perdiendo en plena fase de mundialización, no resulta aconsejable tratar de rehacer el sentimiento patrio desde una concepción del Estado que está superada por los acontecimientos externos y por dos decenios de pleno funcionamiento autonómico.

En cambio, si uno observa lo que al Gobierno y a la oposición mayoritaria parecen preocuparles, resulta que los elementos identitarios estarían en primera línea de sus agendas políticas. El debate parlamentario de estos días nos ilustra al respecto. Una de las poca aristas de un debate marcado por los ritmos diesel de sus protagonistas ha sido, a fin de cuentas, la propuesta cervantina. Proponer la celebración del cuarto centenario de El Quijote como símbolo de una hispanidad en entredicho parece más una forma de contraatacar en el terreno del adversario que una idea innovadora en el camino de otra forma de entender a España y su posible proyecto común. Porque lo cierto es que el Gobierno, a su manera, trabaja a fondo en recuperar el sentido patrio. Desde mi punto de vista, las políticas que se están siguiendo en los últimos tiempos desde distintos ministerios vienen todas marcadas por ese sello poco explícito, pero innegable, de la revisión centralizadora, aunque muchas veces se disfrace de 'coordinación'. En las políticas de inmigración la concentración de funciones en el Ministerio de Interior no sólo expresa una concepción excesivamente policial del tema, sino que además la hace pivotar en un marco en el que las competencias de comunidades autónomas y gobiernos locales son mucho menos claras que las que ocupan en el ámbito de las políticas laborales o sociales. En sanidad no cesa un ruido de fondo que nos habla de peligros de inequidad y centrifugación en el sistema sanitario, y que afirma que para evitarlos nada mejor que aprovechar las aún sólidas competencias de la administración central en seguridad social. En educación ocurre tres cuartos de lo mismo, y, aduciendo razones de gobernabilidad y homologación del sistema, se proponen reválidas, centros de excelencia en formación profesional decididos sólo desde la autoridad central o pruebas nacionales para el acceso a las plazas de profesor universitario como medida contra la endogamia.

Al margen de otros ejemplos, la cosa parece aún más nítida en el campo del discurso o de la retórica política. El invento del binomio constitucionalistas buenos y nacionalistas malos durante la pasada campaña electoral vasca marcó un punto de inflexión difícil de igualar. Y la tónica que se sigue es la de utilizar la Constitución como un escudo frente a todo aquello que no encaja en lo que uno piensa que debería ser España. ¿Realmente pretendemos constreñir el marco constitucional a una visión cerrada y rígida cuando precisamente el valor que todos le dimos al nuevo texto constitucional fue el de su capacidad de adaptación y de reconocimiento de la heterogeneidad? Por otro lado, uno nota que esos mismos tics se utilizan en una Europa que quiere aprender a vivir y a gobernarse desde una lógica de multiplicidad de niveles de gobierno. En esa Europa, España se mueve ahora desde la lógica de un socio sólo preocupado por como quedará en la foto o en saber cómo está lo suyo, y celoso de que las comunidades autónomas puedan tener su propia expresión en las instancias de la Unión.

Me gustaría ver indicios de una nueva manera de hacer política. De una nueva manera de entender la construcción de una hipotética España común desde la pluralidad y la aceptación de que en la realidad de las políticas públicas en España, pese a quien pese, predominan hoy la diversidad y la asimetría por encima de la homogeneidad y de la coherencia interna. Y no creo que se pueda ir hacia atrás de manera significativa por mucha mayoría absoluta que se tenga. La interacción entre los actores institucionales de cada política ha de basarse más en la codeterminación, en una relación no jerárquica, y en una capacidad de liderazgo estratégico, que no en una visión de recuperar el terreno perdido en base a controles coercitivos y uso de capacidades normativas e inspectoras. Lo importante es entender que la realidad política en un sistema como el español, plurinacional y de facto cuasi federal, obliga a aceptar la interdependencia entre actores que trabajan en red, 'condenados' a la continuidad de sus interrelaciones, y en unas coordenadas de acción que ya no admiten autoridades jerárquicas.

Por mucho que se añoren los tiempos en que las cosas eran más simples, no se avanzará buceando aquí y allá para recuperar trozos de estado y hacer relecturas propicias de la distribución de competencias para detener las supuestas vías de agua abiertas. Tampoco se conseguirá regenerar lo hispano desde un banco de buenas ideas a lo Cervantes. Más allá de los réditos electorales a corto plazo, pienso que quien quiera trabajar en la gobernación general y en la reconstrucción de un proyecto común, sólo podrá hacerlo sobre la base de generar consenso, crear valor añadido en la labor de intermediación, y aceptar la estructura asimétrica y plural hoy ya existente. Sin rencor, sin nostalgia.

Ciudadanos libres, fuera intermediarios.
Nota del Editor 29 Junio 2001

En cuanto los que gritan consiguen su parcela de poder, se termina el proceso de distribución de éste. Ya tienen los políticos autonómicos y municipales su parte del pastel, no se conforman, quieren tener más, elevarse a las instancias supranacionales para seguir chupando del esquilmador bote  de los impuestos. Ya está bien, ya basta, ya estamos hartos. Hoy en día es súmamente fácil dar el poder al ciudadano y eliminar a los intermediarios. Estamos hartos de no poder decidir a nivel municipal porque unos cuantos listillos se han hecho políticos profesionales y con nuestros impuestos imponen lo que les conviene a ellos y no a la sociedad; estamos hartos de no poder decidir a nivel regional por la misma razón, ni a nivel nacional, ni a nivel supranacional. No tenemos nostalgia de estado, tenemos nostalgia de libertad, de decidir cada cosa, de aplicar nuestra fuerte aportación económica al sistema a las cosas que nos interesan. No queremos intermediarios ni bien ni mal pagados, queremos que los políticos sea una estirpe a extinguir.

Estrambote terrorista
Pablo Sebastián La Estrella 29 Junio 2001

ETA ha puesto su negro punto final, su macabro estrambote, al lírico debate parlamentario sobre el estado de la nación. Seguramente intentaron su criminal hazaña durante los fastos del Congreso, pero al final su víctima pasó por el lugar del paquete-bomba cuando pasó, y así se produjo el estruendo, el atentado y las múltiples heridas, además del terror y la desolación en el seno de la sociedad y, en este caso, en la ciudadanía de Madrid.

Quizás hubiera sido bueno que en estos juegos florales de la política que acabamos de vivir se hubiera hablado a fondo y de manera seria y en pos de la unidad de los demócratas. Del tema de ETA y de la crisis vasca que tuvo un episodio crucial en las pasadas elecciones del 13-M, de la que nació una firme posición del PNV frente a los dirigentes de Batasuna a los que ha apartado de la Mesa del Parlamento vasco. Pero el pacto de hierro antiterrorista y también antinacionalista PP/PSOE se mantiene y era lo único que le preocupaba oír de boca de Zapatero. Y aunque Zapatero no dijo con todas las palabras que ese pacto debe seguir tal y como está a pesar del resultado electoral, Aznar sí se ocupó de sacarle la promesa con una pregunta concreta a la que Zapatero asintió con su silencio y no sabemos si también con un gesto de su atribulada cabeza.

El PNV intentó sin éxito una resolución de apertura de diálogo en Madrid, pero Aznar dijo que ésa era cuestión sólo de las fuerzas vascas, lo que no es cierto, como lo acaba de demostrar ETA con su nueva y novedosa (paquete en una bicicleta) embestida. Éste es un tema estatal o nacional y no sólo vasco, por cuanto concierne a todo el territorio español y de especial manera y sobre todo al Gobierno y Ministerio del Interior.

Y es una pena ver que PP y PSOE no hayan querido reconocer, todavía insisten en ello, sus errores políticos en las pasadas elecciones vascas y la necesidad de abrir las puertas y de buscar la unidad con las fuerzas democráticas, nacionalistas incluidos. Dice Aznar que se queda, de momento, en un compás de espera a ver cómo mueve ficha el Gobierno de Vitoria. Se equivoca el jefe de la mayoría, porque quien está moviendo ficha es ETA y nada ni nadie parece estar en condiciones de echarle el guante, al menos en lo que al comando de Madrid se refiere, que sigue dando vueltas por las calles de la capital.

Zapatero también debe decir algo al respecto, pero el líder del PSOE sigue sonado y puede que sonámbulo por los golpes recibidos en el debate de la nación y por los efluvios de los consensos que bloquean su iniciativa política y capacidad de acción.

ETA no para, sigue y golpea, mientras en Madrid y en Vitoria los gobiernos siguen de espaldas y nadie se atreve a sentarse y a unir esfuerzos de todo orden: político, social, policial. Más bien al contrario, en Madrid se vive una parálisis total por el jarro de agua fría de las elecciones y no saben dar un paso hacia delante, o hacia atrás, en el empeño inútil de querer tener razón o parte de ella al margen del electorado vasco.

El atentado de ayer, como todos, fácil y a traición, revela, como la reciente guerrilla urbana de Bergara, que ETA ensaya nuevas formas de terror civil que producen resultados tan horribles como el de ayer en el centro de Madrid. Un golpe de mano brutal contra el general Oreja, y contra todos los transeúntes que pasaban por allí. Y posiblemente un atentado que abre una nueva oleada de actos de terror, motivo por el cual Aznar, Zapatero y todas las fuerzas de la política vasca y nacional tienen que hablar, unirse y actuar, en pos de la eficacia policial y de un frente democrático y social único frente a la barbarie del terror que se acaba de incrementar.

Rumbo a peor
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo 29 Junio 2001

Como puede leerse en el cuarto párrafo de la última obra de Beckett, «prueba otra vez, fracasa otra vez, fracasa mejor». En efecto, juntos han descubierto que podían mejorar las equivocaciones anteriores, castigadas por las urnas, y la suma de errores posteriores marca paulatinamente el rumbo a peor.

Ayer, el intento de asesinato del general Oreja. Antes de ayer, el pétreo inmovilismo de Aznar sobre la histórica cuestión vasca durante el debate parlamentario. Mañana, si Dios no lo impide, la terquedad de Ibarretxe al tropezar en la misma piedra, que estuvo a punto de romperle la crisma política, constituyendo un Gobierno nacionalista en el que no se encuentra representada la mitad de la sociedad vasca.

La ilusión despertada con la Virgen de Fátima se ha desvanecido incluso antes de la festividad de San Pedro y San Pablo. Todo es manifiestamente empeorable en Euskadi y, por lo tanto, lo es. Es inevitable.

Si la desconfianza, cuando no la abierta sospecha, preside la relación entre Ibarretxe y Aznar, no se va a convencer a la autoridad militar competente de que el poder no se encuentra en la boca de un fusil.

A pie, caballo, coche o bicicleta, tiene el terreno abonado si las fuerzas democráticas persisten en definirse según el adjetivo nacionalista y no sobre el sustantivo democrático.

Mientras que unos y otros otean el horizonte en busca una nueva tregua, para denunciarla como una Lizarra bis o interpretarla como una Lizarra corregida, entregan la llave política a esa ínfima minoría parlamentaria elegida por el 6% de alaveses, el 8% de vizcaínos y el 15% de guipuzcoanos que, literalmente arrastrados, en expresión del lehendakari, han dado su voto a la sigla que no condena el crimen político. Es lo que está ocurriendo. Cuantos menos votos, más balas. Cuantos menos diputados, más asesinados.

La sangre del general Oreja se ha librado de ser la primera prensada en la cosecha de este verano. Otras tendrán menos suerte. Antes de otoño, los pistoleros necesitan que la Conferencia de Paz de Elkarri se encuentre con una mesa de diálogo repleta de cadáveres. Nada más oportuno para una conversación fraternal, análoga a la de Caín con Abel, entre interlocutores sombreados por escoltas o pistoleros. No cabe afirmar que la paz empiece nunca, pero sí que sólo podrá atisbarse cuando Ibarretxe y Aznar recuperen la unidad de los demócratas. No es ésa hoy su opción.

Al primero le basta con Arzalluz y su gobierno nacionalista excluyente; al segundo, con Redondo y el prólogo antinacionalista del pacto antiterrorista.

A comienzos del verano volvemos a estar en los inicios de la primavera. Las flores de la calumnia, regadas por la sangre abundante de este estío, no serán las hojas caducas del próximo otoño. Todos juntos, tras haber fracasado, se encaminan hacia ese fracaso mejor que pedía Beckett. Lo titulado, rumbo a peor.

Mayor Oreja afirma que Elkarri quiere sustituir la voz  de la sociedad civil vasca por la de los nacionalistas
Denuncia que esa misma estrategia se intentó sin éxito en 1995 y la califica de un sucedáneo de Estella o Udalbiltza 
Zaragoza La Estrella 29 Junio 2001

El diputado del Parlamento Vasco y ex ministro de Interior Jaime Mayor Oreja declaró en Zaragoza que la Conferencia de Paz convocada por Elkarri es un intento de sustituir la voz de la sociedad civil vasca por la voz de los nacionalistas.

"Se trata de sustituir un movimiento de resistencia civil vasco por la libertad por lo que pueda surgir de la conferencia de Elkarri", señaló el político vasco, en el transcurso de una cena debate en la que habló sobre "La libertad: un valor irrenunciable para el País Vasco y España".

La Conferencia de Paz anunciada por Elkarri, que ayer se presentó en Bilbao, "es un intento de sustituir la voz de la sociedad civil vasca por la voz de los nacionalistas, es un sucedáneo más, como lo fue Estella respecto de Ermua o como lo quiso ser Udalbiltza del Parlamento Vasco", reiteró el dirigente popular, quien insistió en que "se trata de sustituir un movimiento de resistencia civil".

De esta manera, argumentó, se inaugurarían nuevas etapas "que en el fondo son la misma etapa reiteradamente intentada por el nacionalismo vasco de una tercera vía".

Recordó que el movimiento Elkarri ya lo intentó en 1995, cuando organizó una conferencia de similares características, pero Ermua "modificó esa estrategia y el ritmo del nacionalismo vasco" para hacer que nos acerquemos a "sus posiciones políticas".

Mayor Oreja, que protagonizó en la capital aragonesa su primera conferencia tras las elecciones del 13 de mayo, insistió en que este encuentro está planteado sólo desde postulados nacionalistas que tienen como objetivo "superar el marco político actual" y de pagar un precio político por la paz.

Consolidar alternativa
Por otro lado, apostó por consolidar en el País Vasco la alternativa al nacionalismo, "que tiene que estar garantizada", y añadió que se encontraba en "un compás de espera" hasta conocer los planteamientos el lehendakari electo, Juan José Ibarretxe, en el debate de su investidura.

A su juicio, no se deben "infravalorar" los resultados conseguidos en las elecciones del 13 de mayo, agregó que no ha habido "un error" y vaticinó que supondrá "el despegue de un proceso que debemos saber culminar", para lo que pidió tenacidad.

Asimismo argumentó que no se deben menospreciar los principios constitucionales porque es el único modo posible para la convivencia en el País Vasco, donde, recordó, las formaciones del PP y del PSOE recibieron más del 40 por ciento de los votos emitidos en los últimos comicios.

Mayor Oreja insistió en que no se debe "caer en el espejismo de Elkarri" y se pronunció por "perfeccionar y mejorar la alternativa al nacionalismo vasco", porque, concluyó, "no podemos dejar de asumir la responsabilidad de no abandonar a la sociedad civil vasca".

Próxima batalla, Galicia
José María CARRASCAL La Razón 29 Junio 2001

Ando por tierras gallegas, reuniéndome con mis compañeros de bachillerato, huyendo de los calores madrileños y gozando de todo lo que Galicia ofrece, que no me cabría en la columna si me pusiera a enumerarlo. Pero no todo es idílico por estos lares. Si en el Congreso de los Diputados el intercambio fue de guante blanco, estos políticos andan a bofetadas. Los preparativos de las elecciones autonómicas, a celebrar en otoño, están ya en marcha y el tambor de guerra empieza a tapar el tañido de la gaita. Está en juego bastante más que el futuro de Galicia. Se trata de saber si el PP renueva su mayoría absoluta o no. Porque tiene que ser la mayoría absoluta. Si es sólo la relativa, sus rivales se coligarán para arrebatarle el poder en la Xunta, como ya han hecho en diversos ayuntamientos. Las encuestas dicen que sí, pero ¿quien se fía de las encuestas, sobre todo en Galicia? Todo va a depender de qué es mayor entre los socialistas, el odio que sienten hacia Fraga o el temor que sienten hacia el nacionalismo radical. Fraga representa para esta izquierda todo lo que más odia: el franquismo, Madrid, la derecha rancia. No importa que haya inaugurado más kilómetros de autovía que nadie, que esté en todas partes y que no hable más que gallego. Fraga es para ellos el Fraga de siempre y todas esas cosas que está haciendo le hacen incluso más odioso a sus enemigos. Acabar con él es prioritario para los socialistas. Lo malo es que para acabar con él tienen que convertirse en socios del galleguismo de Beiras, que mezcla el independentismo indisimulado con el izquierdismo radical. Es como montarse en un tigre. Y ya sabemos lo que suele ocurrir a los que se montan en un tigre.

   Ocurre, además, justo cuando el PSOE se mete en una vía totalmente distinta. Zapatero busca el centro, no la izquierda. ¿Qué va a hacer el PSOE gallego ante ello? Hay en él dos líneas tan claras como contrapuestas. La de Vázquez, el alcalde de La Coruña, que dice que con el Bloque ni tomarse un Ribeiro, y la de Pérez Touriño, secretario del partido, dispuesto a dejar la puerta abierta a tal alianza. De momento, es este último el que se está imponiendo, pero lo fundamental no es lo que digan los altos órganos del partido, sino lo que decida su militancia, los miles de socialistas gallegos. ¿Qué va a imponerse entre ellos, el rechazo a Fraga o el recelo al Bloque? En las últimas municipales se impuso lo primero. Pero una cosa es elegir alcalde y otra, elegir presidente de la entera Autonomía. Trato de sonsacar a amigos y conocidos, sin mucho éxito. Si averiguar las querencias políticas de la gente es difícil en todas partes, en Galicia resulta inalcanzable. Lo único seguro es que la batalla va a ser tan disputada como incierta. Van a usarse todas las armas y va a pelearse por cada voto. El premio lo vale. Se trata de arrebatar a Aznar una de las joyas de su corona y de señalar al PP la puerta de salida. El problema es: ¿a qué precio?

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