AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 1 Julio   2001
#Muy tontos, muy útiles
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 1 Julio 2001

#La ilusión ausente, y necesaria
Enrique de Diego Libertad Digital 1 Julio 2001

#La bronca
Alfonso USSÍA ABC 1 Julio 2001 

#La AVT dice que Auger no ha leído su denuncia contra dos jueces de la Audiencia
MADRID. ABC 1 Julio 2001

#Insistencialismo emergente
ALBERTO SURIO JOSÉ IBARROLA El Correo 1 Julio 2001

#Mi despacho en Bruselas
Nota del Editor 1 Julio 2001

#El Evangelio según Marcos
FERNANDO SAVATER El Correo 1 Julio 2001

#Milosevic, el siniestro hombre cabal
Madrid  HERMANN TERSCHT El País 1 Julio 2001

Muy tontos, muy útiles
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 1 Julio 2001

La ruptura de las negociaciones entre PNV e Izquierda Unida para asociar al Gobierno nacionalista un estrambote izquierdoso pone de manifesto la clase de basura ideológica que se ha ido acumulando en torno al Partido Comunista, antes llamado de España, aunque tampoco lo fuera demasiado. El discurso de Llamazares en el Debate del Estado de la Nación lo hubiera podido suscribir el PNV y, con alguna salvedad puramente formal sobre el terrorismo, también la Euskadiko Ezkerra de la Transición, luego Herri Batasuna, luego Euskal Herritarrok, ahora parece que Batasuna, también MLNV y siempre ETA. Madrazo, desde hace dos años, y Llamazares, desde hace unos meses, han sido los tontos útiles del Pacto de Estella, la coartada zurda de esa extrema derecha racista y separatista que ha sido y es el partido de Sabino Arana y Xabier Arzallus, la renovada justificación del terrorismo etarra por parte del PCE, como antes del atentado de la Calle Correo. ¿Y para qué?

Si después de haberse convertido en la brigadita internacional del nacionalismo, en el apéndice extranjero, ellos dirían cipayo, del bloque nacionalista de Estella, resulta que EB-IU se queda fuera del Gobierno vasco, ¿para qué han derrochado tanta dureza? ¿para qué han asumido tanta ignominia? ¿De qué le ha servido al PCE convertirse en un mero altavoz para insultar al PP, a la prensa y a las víctimas del terrorismo, según las consignas habituales del PNV y de ETA, que en eso son una y la misma cosa? ¿De qué le sirve a EB-IU formar parte del bloque separatista, justificador del terrorismo, cómplice del genocidio de españoles, del asesinato sistemático de los representantes democráticamente elegidos del PP y del PSOE? ¿Es que Madrazo sólo servía para romper el Pacto Antiterrorista y atraer al PSE-PSOE al Gobierno del PNV? ¿Es que fracasada esa función no sirve ni para Bienestar Social? Parece estúpido, pero por eso mismo debe de ser cierto. Madrazo y Llamazares son muy útiles para el PNV, pero también muy tontos.

La ilusión ausente, y necesaria
Por Enrique de Diego Libertad Digital 1 Julio 2001

Llevaba tiempo sin asistir en directo a una sesión parlamentaria, así que quizás esperaba más de lo que podía recibir. Apunto para el lector tal subjetivismo. Porque, al margen de balanzas, sondeos de ocasión y ránkings pugilísticos, el debate ha sido decepcionante y lo demás es comentario. Al margen del “picoteo insustancial” de Rodríguez Zapatero (Borrell era un genio a su lado, cuanto menos un hombre serio) y de la “experiencia engolada” de Aznar, lo que no he percibido es esa dosis de ilusión sugestiva sin la que la vida —también en sociedad— se hace tediosa.

Entre tanto economicismo, la extemporánea propuesta de celebrar el IV Centenario de El Quijote parece un perla cultivada, si no cupiera la sospecha de que se trata de una cortina de humo sobre los desbarajustes en las convicciones y los abrumadores derrotismos de Zapatero tras las elecciones vascas. Es, en cualquier caso, una buena noticia para pesebres y camarillas que han hecho de la cultura la gran asignatura pendiente del PP, el desierto yermo, al margen de los relatos breves y los plagios.

Innegable es que en estos cinco años la economía española, y por ende la de las familias, ha mejorado gracias a la puesta en marcha de fórmulas de liberalismo económico. Los que propugnamos en su día tales soluciones —en medio de las descalificaciones de tanto fervoroso aznarista actual (cosas verdes, amigo Sancho) — podemos sentirnos orgullosos del logro de objetivos humanitarios —el liberalismo es humanismo, no mera doctrina económica— como la reducción del paro, con la consiguiente seguridad para las familias y autoestima para los individuos.

Empero, el liberalismo económico, desgajado del equilibrio armónico general, degenera en economicismo, en tecnocracia benigna, mas, a la postre, tediosa. Es necesaria una dosis de ilusión, no tanta como para que la racionalidad se nuble, ni tan poca para que se adormezca. Por ejemplo, el debate sobre Piqué no es judicial, sino de niveles de tolerancia éticos. Y la cuestión de fondo es si el regeneracionismo no fue, en tantos, una forma edulcorada de oportunismo.

Tras las elecciones vascas del 13 de mayo, era esperable el discurso de la sociedad abierta, de la idea y la realidad de España como ámbito de defensa de la pluralidad y la libertad personal, pues el nacionalismo manipula con una tosca pluralidad colectiva hacia fuera, de confrontación, para agostarla de puertas hacia adentro, en sus fronteras geográficas, mitológicas o metafísicas, para intentar dominar cuerpos y almas. Las convicciones están claras pero el énfasis es cansino. No se percibe esa ilusión sin la que el liderazgo deviene en cotidianeidad apacible pero chata.

Y lo cierto es que España va bien, pero no tanto como para que en tres zonas de España haya movimientos separatistas virulentos, compenetrados en la declaración de Barcelona y con fuertes apoyos de la Panzer mediática. Retomar la iniciativa es compatible con el compás de espera concedido a Ibarretxe. Es preciso mostrar, con sólidos fundamentos intelectuales, la superioridad ética de un proyecto nacional de libertades, con base en la economía pero sin agotarse en ella, sobre el intento autoritario de uniformizar las mentes con cánones culturales. Recuperar la ilusión, incluso como estado de ánimo, es combatir la conspiración desmovilizadora. Y la ilusión estuvo del todo ausente en el debate del estado de la nación.

La bronca
Por Alfonso USSÍA ABC 1 Julio 2001 

Como consecuencia del último atentado de la ETA en Madrid contra el general Oreja, dos singulares políticos se han atrevido a regañar a los terroristas. El portavoz del Gobierno vasco, Josu Jon Imaz —o Jon Josu, que todavía no me aclaro—, les ha «rogado que recapaciten». Y el coordinador general de Izquierda Unida, doctor Llamazares —buena noticia para la ciencia médica que este hombre se haya dedicado a la política—, en un arrebato de santa ira democrática, ha exigido a los etarras que dejen de atentar. Los dirigentes comunistas son así de rígidos. Y claro, los chicos de la ETA están destrozados con esta avalancha de reconvenciones.

De buenas fuentes he bebido noticias tranquilizadoras. Que a raíz de las duras descalificaciones de Imaz y el doctor Llamazares, entre los miembros de la banda terrorista ha cundido el pánico. No les ha afectado tanto el tirón de orejas del portavoz vasco, resultado de un momento de tensión y desagrado que acostumbra a superar a los pocos minutos. Pero la firmeza del doctor Llamazares no la esperaban y ha supuesto un jarro de agua fría para los muchachos etarras, que no contaban con que un dirigente comunista lamentara el infortunio de un general del Ejército. Porque el doctor Llamazares no ha medido bien sus palabras y ha sido muy duro con los terroristas. «Por este camino no van a conseguir nada». Mayor rotundidad y crudeza, imposible.

El doctor Llamazares, como buen comunista histórico, no gusta de los uniformes militares —exceptuando a los cubanos, serbios, libios y camboyanos—, que son más de su agrado. Normalmente, las lágrimas del doctor ante los resultados de «la lucha armada», han dejado a las lágrimas de los cocodrilos en un primer plano de sensibilidad y angustia. De ahí que esta bronca haya convulsionado el estado anímico de la militancia etarra. Tan es así, que Joseba Permach y Rufino Echevarría se lo han tenido que decir a los miembros del «comando Madrid». «Llamazares está bastante molesto con vosotros». Y los del «comando Madrid» se han llevado un sofocón.

El doctor Llamazares está en la misma línea que la alcaldesa de Córdoba, otra comunista firme y decidida, que inmediatamente después del asesinato de Miguel Ángel Blanco pronunció la frase que más desasosiego creó entre los terroristas. La dijo con su bellísimo acento y pulcra dicción: «Ha llegado el momento de gritar ¡Basta ya!». Porque hasta el asesinato de Miguel Ángel Blanco no había llegado el momento de gritar nada. A tan heroica y valiente actitud, se suma hoy la enérgica bronca del doctor Llamazares, que no sé cómo se ha atrevido, que todavía lo leo y releo y se me ponen los pelos de punta y la carne de gallina. ¡Qué coraje! Después de esto —y lo espero como ciudadano de a pie—, el Ministerio del Interior le habrá dotado de un coche blindado y tres escoltas permanentes. Hablar con tanta claridad contra la ETA equivale a asumir riesgos y angustias.

A mí, personalmente, me ha emocionado la gallarda actitud del máximo representante del proletariado de principios del pasado siglo. Los etarras no soportan ese tipo de chorreos y descalificaciones. Lo pasan mal, pierden el apetito, se regodean en la depresión y llaman a sus padres para recordarles que echan mucho de menos a amacho y aitacho. Porque estos chicos de la ETA también tienen sus sentimientos, como nos recuerda de continuo monseñor Uriarte y, en ocasiones, cuando se confiesan con un párroco de su zona de un crimen, también el sacerdote les regaña bastante: «No está bien que mates, porque si te agarran y te meten preso, tu familia va a sufrir mucho». Y salen del confesionario destrozados.

Cuando el túnel parecía interminable, cuando la oscuridad más nos aplomaba el ánimo con la negrura zaína del desconsuelo, surge la voz valiente y firme del doctor Llamazares y les endilga un regaño a los terroristas de padre y muy señor mío. No les ha dicho que son un poco traviesos porque ha sabido morderse la lengua antes de pronunciar tal barbaridad. Que luego vienen los arrepentimientos que procuran los calentones, y los malos rollos, y que si tú dijiste aquello, y que yo no dije nada, y Madrazo en el medio del lío, luchando por enderezar el rumbo de la nave escorada.

El doctor Llamazares merece un homenaje nacional.

La AVT dice que Auger no ha leído su denuncia contra dos jueces de la Audiencia
MADRID. ABC 1 Julio 2001

El gerente de la AVT, Juan Antonio Corredor, denunció ayer en rueda de prensa que el presidente de la Audiencia Nacional, Clemente Auger, «ni siquiera se ha leído» el escrito de denuncia de la Asociación contra dos magistrados de la sección cuarta de la Sala de lo Penal de ese tribunal, «puesto que no le han hecho falta ni 24 horas para contestar que no tenemos ninguna razón y que no hay nada que investigar».

Corredor, que anunció que estudiarán si elevan su protesta al CGPJ, criticó que el presidente de la Audiencia haya despachado con tanta celeridad su escrito «cuando resulta que se toman meses para dictar sentencias en favor de las víctimas del terrorismo las propias salas».

El representante de la AVT reiteró su «preocupación por el papel que están jugando los dos magistrados de la sección cuarta de la Audiencia Nacional, Carlos Cezón y Juan José López Ortega», a quienes pedían que se investigara en su denuncia «por si su capacidad para juzgar delitos terroristas estuviera viciada por el miedo», informa Servimedia.

Por otra parte, en la misma rueda de prensa, previa a la celebración de la Asamblea General de la AVT, el secretario general de la asociación, Luis Delgado, reiteró su «satisfacción» por que se haya admitido a trámite la demanda presentada contra el portavoz parlamentario del PNV, Iñaki Anasagasti, por sus «incalificables declaraciones en las que nos tildaba de cosas absolutamente fuera de lugar, falsas y de las que esperamos se tenga que retractar de alguna manera», señaló.

Por otro lado, la Asamblea General de la asociación propuso ayer que se instaure el 11 de diciembre como el «Día de la víctima del terrorismo».

Insistencialismo emergente
ALBERTO SURIO JOSÉ IBARROLA El Correo 1 Julio 2001

En vida, Ernest Lluch solía bromear con José Ramón Recalde sobre las discrepancias que les separaban en su percepción política e intelectual de la situación vasca, marcadas por la diversidad y el humanismo de una izquierda de raíz antifranquista. «Ramón», confesaba unos meses antes de su asesinato el ex ministro catalán, «dirá que está contra mis tesis sobre los derechos históricos de la Constitución, pero lo hará hasta un minuto antes de aceptar su utilidad». Los homenajes tributados esta semana en San Sebastián por la comunidad universitaria a ambos intelectuales permitieron establecer el mismo hilo conductor de decencia moral y calidad democrática de quienes trabajan en el campo de las propuestas y de la reflexión para articular espacios para la convivencia. Las mutaciones políticas más complejas son primero frutos de determinados cambios sociales y, en este terreno, el laboratorio de las ideas constituye una pieza preliminar clave. Para ello el ingrediente más aconsejable es la tenacidad y, como cita en broma el coordinador de Elkarri, Jonan Fernández, aludiendo a la paciencia de un franciscano guipuzcoano que conoce, es muy saludable «el insistencialismo».

LOS DOS PLANOS
Un «insistencialismo» que rodea la propuesta de conferencia de paz de Elkarri, a la que no invitarán de forma oficial a los partidos para no comprometerles en público. Una cosa es la existencia de una fluida línea de comunicación y otra que se confunda pacificación y normalización, conflicto político y conflicto violento. El ex consejero de Trabajo Martín Auzmendi, retirado de la política activa, considera un gran error que esta conferencia pueda mezclar ambos planos. Una preocupación para diferenciar diálogo y violencia que comparten los jóvenes guipuzcoanos promotores de una nueva revista de debate ‘Zuhaitzpean’, de diferentes extracciones ideológicas, y que nace con el objetivo de buscar un nuevo consenso y rescatar la política desde la libertad, la vida y el respeto al pluralismo.

EL DEBATE DE MADRID
Aznar también forma parte del «insistencialismo», aunque desde otra perspectiva en la que «ETA es el conflicto». El debate sobre el Estado de la Nación ha permitido anticipar algunas de las claves del futuro pleno de investidura. El presidente Aznar no incorporó cambios a su conocido discurso de exigir al nacionalismo lealtad institucional y al denunciar su deriva autodeterminista. Su áspera dialéctica con Iñaki Anasagasti, con polémica incluida sobre la pila en la que fue bautizado el abuelo de Aznar -la misma de Sabino Arana- constituyó la guinda anecdótica de un desencuentro más profundo.

El diagnóstico de fondo del PP es que no es posible fraguar en estas condiciones un nuevo consenso político en Euskadi en la medida en la que entiende que cualquier concesión de los no nacionalistas supondría aceptar por la vía de los hechos el cambio de estatus que ETA quiere forzar mediante el terror. En el fondo del rechazo de Aznar parece subyacer una reinterpretación del espíritu pactista de la transición, la confianza en una relación de fuerzas más favorable y una enorme desconfianza a la estrategia «insaciable» nacionalista al entender que una nueva «síntesis democrática» sobre las reivindicaciones soberanistas supone o hacer el juego a ETA o aceptar «Lizarra con celofán», o sea, la autodeterminación a plazos.

LOS MOVIMIENTOS SOCIALISTAS
Este enfoque tan receloso reproduce los prejucios anteriores al 13 de mayo y puede conducir al PP a una posición de creciente aislamiento político no sólo respecto al nacionalismo democrático, relegitimado en las urnas, sino también ante otros sectores constitucionalistas, que empiezan a asumir la necesidad, cuando menos, de abrir un debate de fondo sobre el futuro del modelo del Estado, el papel de las nacionalidades históricas y su presencia en los órganos de decisión en Europa. Una discusión eclipsada ahora por la distorsión dramática del terrorismo de ETA pero que puede terminar produciendo un distanciamiento entre PP y los socialistas sobre el concepto de España, su pluralidad y su vertebración territorial. El temor de los populares a los movimientos internos en el PSOE es sintomático y tiene como telón de fondo los efectos que pueden tener las elecciones gallegas -sobre todo si Fraga pierde la mayoría absoluta y puede prosperar un acuerdo entre los socialistas y el BNG- y , más a largo plazo, si en las catalanas Maragall consigue suceder a Pujol.

LLAMAZARES
En pleno «compás de espera» -admitido por el propio Aznar- la negociación entre PNV-EA e IU ha encallado de forma sorprendente. La formación de Madrazo había elevado considerablemente su listón reivindicativo ante la existencia de recelos internos y la necesidad de visualizar un claro giro social a la izquierda que ha sido considerado excesivo por el PNV y EA, que no necesitaban de forma imperiosa los tres escaños de Ezker Batua y que han podido intuir una excesiva desproporción en las pretensiones de IU, que amenazaban con desdibujar el protagonismo de EA y con desestabilizar el equilibrio presupuestario. Pero el fracaso de las conversaciones, inesperado tras la aproximación de los últimos días, tampoco ha sorprendido en sectores nacionalistas ya que encaja con el perfil de izquierda crítica que le concede el discurso de oposición pactista en el conjunto de España desarrollado por Zapatero. Por ahora todo está en el aire pero, en principio, el escenario emergente contribuye a acercar a IU y PSOE.

Mi despacho en Bruselas
Nota del Editor 1 Julio 2001

Como ya parece que ha calado la idea de "el papel de las nacionalidades históricas y su presencia en los órganos de decisión en Europa", creo que ha llegado el momento, y antes de que escriban ""el papel de las municipalidades históricas y su presencia en los órganos de decisión en Europa"", de pedir """el papel de las personalidades históricas y su presencia en los órganos de decisión en Europa"""; eso sí, muchos ya están gastando enormes cantidades de dinero (de nuestros impuestos impuestos, es decir impuestos al cuadrado), pero yo prometo conformarme con poder ejercitar mis derechos históricos (espero que reconquistados después de muchas sufridas generaciones) mediante Internet (ya lo puedo hacer ante Hacienda y la Seguridad Social), y sin que tengan que asignarme tarjeta oro, viajes en primera clase ni embajadas o casas de representación.

El Evangelio según Marcos
FERNANDO SAVATER El Correo 1 Julio 2001

Con los años, sólo he adquirido un rasgo de la tan publicitada sabiduría que debe llegarnos con la edad: y además es un rasgo negativo, una simple pérdida que quizá ni siquiera me hace propiamente más sabio, sino sólo menos imbécil. Consiste en una disminución drástica de mis opiniones sobre todo lo que no conozco de primerísima mano. Hace tres décadas nada de lo humano me era no ya ajeno, sino ni siquiera un poco oscuro, por lo que ostentaba ideas claras y distintas sobre Vietnam (fuese norte o sur), el peronismo, Lumumba, Albania, los bororo y la llegada del hombre a la Luna. Los conflictos entre árabes y judíos en territorios bíblicos carecían para mí del mínimo secreto y podría haberle dado una conferencia sobre cualquier país sudamericano al mismísimo Che Guevara, si este destacado personaje hubiese cometido el error de consultarme al respecto. Después, como el árbol pierde las hojas cuando llega el otoño, mis certezas inamovibles me han ido abandonando hasta dejarme tembloroso de matices y desnudamente escéptico. Antes todo era claro y distinto, ahora me parece claro que todo puede ser distinto. No ocultaré cierta nostalgia de aquella época dorada en la que era tajante sin escrúpulos ni competencia.

Ahora apenas me atrevo a dictaminar más que sobre aquello que vivo y padezco directamente. Por eso envidio un poco y desconfío mucho de los colegas intelectuales europeos que lo tienen todo claro -sea a favor o en contra- sobre el subcomandante Marcos y el movimiento zapatista. Para no enfangarme del todo en el pantano de las dudas, me he fabricado un principio prudencial: no alabar sin restricciones en el extranjero lo que no me gusta padecer en casa. Por ejemplo: como en mi país me alarmaría ver a un grupo de encapuchados hablando en el Parlamento, no doy saltos de júbilo ni considero un gran progreso democrático que tal cosa suceda en México.

Es posible que allí haya razones de peso para justificar semejantes procedimientos (conozco ese país desde hace muchos años y sin gran esfuerzo se me ocurren varias muy plausibles), pero en todo caso no estoy dispuesto a renunciar a mi derecho al recelo y no ocultaré tampoco el deseo sincero de que cuanto antes se haga innecesaria esa mascarada. Otrosí: desde luego no me parece que los zapatistas sean la vanguardia que marca la senda revolucionaria del porvenir, sino los indignados contemporáneos a los que se niega la prosperidad de nuestro presente. Tengo mucha simpatía por don Emiliano Zapata, pero sospecho que el tercer milenio preferirá otros guías políticos.

Ahora leo una entrevista a Marcos realizada por una periodista que sé fiable, Pilar del Río. Ahí se le hacen preguntas sobre el EZLN y ETA, a las que el subcomandante -que es bastante más joven que yo- contesta quizá por eso con envidiable desparpajo. Aclara con razón que su grupo no ha realizado acciones contra objetivos civiles ni personas desarmadas, lo cual contituye una inmensa diferencia a su favor. Pero después se permite consideraciones de una indocumentación notable. Y ahora sí que hablo de algo que conozco por lo menos no peor de lo que conoce Marcos la situación en Chiapas. Según Marcos, Aznar (y antes Felipe González) reduce las aspiraciones del pueblo vasco a las bombas de ETA. Aún más, ha ignorado el papel que tuvo ETA en el final del franquismo. Y dictamina esta gran verdad: «No se puede reducir un movimiento de aspiraciones históricas a un problema terrorista». ¿Sabe este buen señor de lo que está hablando? ¿Cuál fue el papel de ETA en el final del franquismo, fuera de servir de coartada para perpetuar prácticas represivas que tardaron en desaparecer con la democracia? ¿Conoce Marcos las instituciones políticas autonómicas, el reconocimiento cultural y la independencia fiscal de la que disfrutan los vascos en la democracia española, en nombre de aspiraciones históricas nacionalistas que no son precisamente inmunes a la crítica? ¿Sabe cómo viven hoy los disidentes no nacionalistas -más de la mitad de la población- bajo la presión infame del etnicismo terrorista?

Cuando su interlocutora apunta estos temas, Marcos zanja la cuestión: «Yo pienso que el pueblo vasco es el que debe decir hasta aquí es suficiente. Al demandado no le corresponde nunca decir ya te he dado bastante. Es el que demanda el que tiene que decir está bien». ¿Es esto válido para cualquier demandado ante cualquier demanda? ¿Tanto para los israelíes como para los palestinos en Oriente Medio, para los católicos como para los protestantes en Irlanda... o para las demandas de los neonazis en Alemania? ¿Cree Marcos que «el pueblo vasco» es fácil de identificar, cuando la mayoría de los ciudadanos vive bajo la amenaza de asesinos ‘populares’? El maestro Sherlock Holmes decía que hay problemas que exigen fumarse tres pipas para poder resolverlos. Me temo que Marcos, en lo tocante al problema vasco, todavía está intentando encender la primera...

Milosevic, el siniestro hombre cabal
El ex presidente prometió la supremacía a los serbios para romper el equilibrio de la antigua Yugoslavia
Madrid  HERMANN TERSCHT El País 1 Julio 2001

Otra treta más de la historia. Ha tenido que ser un 28 de junio, Vidovdan, día de San Vito, la fecha en que Slobodan Milosevic, otrora omnipotente presidente de Serbia y los restos de Yugoslavia, cruzara esposado el umbral de la entrada de la cárcel de Scheveningen, en La Haya. Es probable que no vuelva a salir en la vida. Ha sido un Vidovdan de peso histórico. Como tantos otros para el pueblo serbio. Un 28 de junio, en 1389, el Ejército otomano aniquiló a las tropas del zar Lazar en Kosovo Polje. Supuso aquello la desaparición del reino serbio y el principio de siglos de dominación turca. Un 28 de junio, en 1914, el joven serbobosnio Gavrilo Princip mataba al archiduque austrohúngaro Francisco Fernando y se convertía en la chispa del gran incendio histórico que fue la Primera Guerra Mundial, la consiguiente desaparición de los imperios continentales, el auge del comunismo y el fascismo y la Segunda Guerra Mundial.

Un 28 de junio, en 1989, en el 600º aniversario de la batalla de Kosovo Polje, Slobodan Milosevic, el hombre enfermo de sí mismo que ya habita una celda en Scheveningen, en Holanda, era el triunfador total. Era más que un caudillo, era un mesías nacional. La mayoría de los serbios ya habían sustituido la antes obligada foto de Tito por la suya. Se había consumado la transformación del funcionario comunista en santo ortodoxo redentor. Ante un millón de serbios llegados de todos los rincones de lo que aún era Yugoslavia, Milosevic dijo que su pueblo había sido maltratado y que jamás volvería a serlo. Dijo que los serbios siempre habían ganado en la guerra y perdido en la paz. Y prometió un pueblo unido, puro y bueno, no contaminado por influencias perversas y dominador pleno de su tierra sagrada, emponzoñada aún por la presencia de unos seres inferiores, los shiptar (albaneses), que llegaban de fuera y se multiplicaban dentro como una plaga de langostas. Milosevic el esperado. Las masas serbias gritaban que querían morir por él. Muchos han cumplido con la promesa sin quererlo.

Diplomáticos y estadistas coinciden ahora en que nunca han conocido a nadie que mintiera con tanta sangre fría tamizada de amabilidad. Y son legión los estudiosos que buscan fórmulas para analizar el comportamiento de este hombre y consideran que ha sido uno de los fenómenos más estremecedores de la segunda mitad del siglo XX. Muy pronto dijeron algunos, como el escritor Predrag Matvejevic, que el problema era más psicopatológico que político. Cabe suponer que muchos problemas políticos son ante todo psicopatológicos. Pero Milosevic es, con Hitler desde luego, un caso paradigmático de cómo una cuestión de estructura enfermiza de personalidad de un individuo puede convertirse en tragedia multitudinaria, en horror continental.

Slobodan nació ya con mala estrella, para él y los demás, el 20 de agosto de 1941, en plena ocupación nazi de Yugoslavia, en la triste localidad de Pozarevac, al sur de Belgrado. Su padre era profesor de Teología; su madre, una maestra comunista. El padre dejó a la familia cuando Slobo era aún un niño y se suicidó poco después. Diez años más tarde sería la madre quien se suicidara.

El adolescente Slobodan conoció en Pozarevac a una jovencita, Mira Markovic, que habría de ser su destino en el sentido más intenso de la palabra. Aunque la madre de ella había sido ejecutada por los partisanos por presunta colaboración con los nazis, la familia Markovic formaba parte ya en los cincuenta de esa aristocracia comunista que una década después habría de retratar tan magníficamente Milovan Djilas en su libro La nueva clase. Quienes los han tratado y conocen coinciden en que Mira es la clave de la mente de Slobo. Fue ella la que le convenció de que algún día sería 'más que Tito' y 'más que nadie'. Y él la creyó. La influencia de Mira sobre Slobo habrá de ser escrutada en el futuro por historiadores y psiquiatras. Claro está que muchas de las acciones criminales del político le fueron dictadas por su mujer.

Milosevic hizo al amparo de sus muchos protectores, en el tramo final de su irresistible ascensión nada menos que el presidente de la Liga de los Comunistas Serbios, Ivan Stambolic, una carrera fulgurante. A Stambolic se lo pagaría haciéndole desaparecer. La viuda de Stambolic está convencida de que fue Mira Markovic quien mandó asesinar a su marido. Milosevic utilizó Kosovo como detonante para la gran explosión nacionalista serbia. Como reacción, dinamitó un Estado, la República Federativa de Yugoslavia.

Que la sangre anegara toda la región tiene ante todo un responsable, que es Milosevic, el cual lanzó aquel 28 de junio de 1989 la perversa idea de la supremacía étnica y nacional de los serbios sobre todos los demás pueblos que habían convivido en un delicadísimo e impuesto equilibrio hasta entonces. Impuso el apartheid en Kosovo, y la reacción de las repúblicas centroeuropeas de Eslovenia y Croacia fue proclamar la independencia antes de que les sucediera lo mismo. Después vinieron las guerras, cuatro, que Milosevic perdió para mayor tragedia de los serbios. Han pasado 12 años desde aquel 28 de junio. Desde su celda en La Haya, Milosevic seguramente seguirá clamando por su inocencia. Pero ya tiene muchos compañeros de cárcel que no le otorgarán la lealtad del silencio.

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