AGLI

Recortes de Prensa     Martes 3 Julio   2001
#La «vida normal» de una víctima
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 3 Julio 2001

#La boina de Arquíloco
Iñaki EZKERRA La Razón 3 Julio 2001

#Donde las dan, las toman
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo 3 Julio 2001

#Reflexiones sobre el modelo territorial de España
JUAN JOSE LUCAS El Mundo
3 Julio 2001

#Solución deconstruida
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 3 Julio 2001

#Encuentro con Gorka
Pablo Sebastián La Estrella 3 Julio 2001

#El Foro de Ermua celebrará un debate paralelo al de Elkarri en el que defenderá la vigencia del Estatuto
Madrid La Estrella Digital 3 Julio 2001

#Aralar se va
Editorial El Correo 3 Julio 2001


La «vida normal» de una víctima
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 3 Julio 2001

Dicen los partes médicos que el general que sufrió el atentado la semana pasada podrá hacer «vida normal» y a lo mejor es bueno que hasta los partes médicos cuiden el lenguaje. Ni el general, ni su familia, ni sus amigos van a poder hacer «vida normal» en los próximos cincuenta años. A alguien que le han estallado los pulmones por dentro, que le han puesto piel sintética, le han operado un ojo y le han tenido en la UVI como si hubiera pisado una mina, no se le puede decir que va a hacer «vida normal». Si eso quiere decir que podrá seguir fumando y viendo la tele, pues, vale, es vida normal, pero el mensaje a la sociedad es distinto. Porque si no se cuidan esas cosas, la víctima no sólo pasa al olvido, sino que encima se piensa «vaya, tuvo suerte».

   Habrá que aprender que las víctimas de un atentado no son pacientes que han sufrido un accidente de tráfico y que hay también una responsabilidad social en el modo de contar su evolución. Ese hombre ha quedado destrozado mental y físicamente por causa de unos asesinos, y la sociedad debe ser consciente en todo momento de que el golpe brutal que ha recibido él y su familia es un sacrificio a favor de nuestra Democracia y nuestro modo de vida. Si las víctimas de los atentados se convierten en gentes que simplemente tuvieron mala suerte en un momento de terminado pero que, gracias a la Medicina, luego se recuperan y pueden hacer «vida normal», los terroristas no sólo nos estarán poniendo bombas, sino que nos estarán minando nuestras conciencias.

   Así que si los médicos pueden curarle, dígannos que la víctima estará en proceso de recuperación durante los próximos años, pero no califiquen eso de «vida normal», porque no es lo mismo.

La boina de Arquíloco
Iñaki EZKERRA La Razón 3 Julio 2001

Mientras Elkarri prepara su conferencia de paz otoñal y Juan Aranzadi regresa de Inglaterra, de África, del más allá, para reivindicar el gesto desertor de Arquíloco y decirnos que «la Constitución española es tan nacionalista y etnicista como la idea nacional de Lizarra», los lugareños de Irún vuelven a zurrarse un año más ante las cámaras de televisión y durante sus fiestas porque unas cantineras quieren ser escopeteras y otras sólo aceptan que haya escopeteros. Bien.

   Yo creo que ese alarde no ha dado de sí todo lo que puede dar. En el reparto de tortas han entrado hasta ahora los ultrapeneuvistas, los neobatasunos y las euskofeministas. Pero faltan los jarrais-gays o sea los escopeteros que quieran ser cantineros. No seré yo quien les niegue ese derecho. Se habla del alarde mixto como si fuera la repera de lo progre cuando es una reivindicación discriminatoria y reaccionaria. ¿Cómo que mixto! ¿Y por qué no va a haber un alarde transexual?

   Me encuentro con un amigo que escribe de vez en cuando sobre la situación política en Euskadi y me dice que se va a tomar unas vacaciones de vasco. «No pienso ser este verano el vasco de guardia ¬me advierte indignado¬, me largo al sur. Yo es que de la depresión del 13-M he pasado al cabreo. Escribir sobre el País Vasco es meterse en una pelea de borrachos y yo no estoy para eso. No estamos ya para eso. Usted sea cantinero o abertzale o escopetera o lo que quiera pero no me mate, haga el favor. Y otra cosa: no invada tampoco mi espacio, no me moleste, no me obligue a pensar continuamente en usted».

   Creo que mi amigo le da un poco la razón y a la vez se la quita a la última teoría de Aranzadi, a esa rehabilitación vasca de Arquíloco, el poeta griego que prefiere abandonar las armas antes que matar o morir por su patria. Me parece percibir en ese Arquíloco de Aranzadi un gesto que entiendo y comparto, una rebelión íntima, sí, ante la idea de meterse a razonar en medio de una pelea de borrachos. Lo que no comparto son sus conclusiones. Las peleas de borrachos ideológicos no se arreglan con la claudicación del propio Estado de Derecho, que no por imponerse es nacionalista ni etnicista. Y si uno va a meterse de todas formas a razonar en esa pelea ¬a razonar con tratados de antropología como hace Aranzadi¬ siempre será mejor que lo haga a favor de la Constitución que de la deserción de ésta.

   Sí. Irún es una miniatura de Euskadi. Al PNV, a Elkarri y a Aranzadi hay que mandarles a la bronca de Irún, a que la arreglen con sus teorías y hagan experimentos con gaseosa. Si sus métodos no sirven para arreglar ese «contencioso», ¿cómo esperar que sirvan para arreglar la otra bronca sangrienta?

Donde las dan, las toman
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo
3 Julio 2001

Es pura coincidencia, pero el azar parece trabajar para la necesidad de Arzalluz. Tres hechos consecutivos lo indican. Madrazo no se ha incorporado a una coalición gubernamental nacionalista, Zabaleta ha esperado al cierre de las urnas para abandonar Batasuna e Ibarretxe prepara un gobierno sin más apoyo que el nacionalismo.

Pese a que no existe ninguna relación entre estos tres datos, ninguno de ellos se hubiera podido producir sin la existencia de los dos restantes. Sin la suma de la corriente Aralar, que aporta al lehendakari algunos miles de votos más de la izquierda abertzale, la negociación con Izquierda Unida no hubiese tropezado, probablemente, con ninguna piedra presupuestaria. Si antes de la Virgen de Fátima, Otegi pensaba escindir a Egibar de Atutxa, después del milagro electoral observa como su tejido social va siendo escindido, al estilo de Ignacio de Loyola, a través de la táctica del salami. Primero, Batzarre; después, Zutik; más tarde, Abertzaleen Batasuna y ahora, Aralar.

Otegi comienza a emular a Anguita cuando protagonizaba la pinza con Aznar. Cuanto más proclama la unidad, mayor desunión en sus filas. Se ve doblemente acosado. Por un lado, le piden que sea el correo del Zar, en pro de la reedición de un Lizarra sin armas, y por otro lado, que reconozca los derechos de aquellas fracciones internas en el interior de Batasuna «convencidas, persuadidas o engañadas» -la expresión es del profesor Aranzadi- de la necesaria ambigüedad del PNV para terminar con el terrorismo. De momento, el proyecto territorial de Otegi es contestado, paradójicamente, en Navarra, mediante Aralar y Batzarre, y el País Vasco francés, con las posiciones de Abertzaleen Batasuna.

Pero el problema esencial es saber si estas actividades fraccionales cuentan con un suficiente respaldo social y si están conectadas con el importante debate interno que protagonizan los poderes civiles y militares del tejido político de la violencia. Porque de no ser así, y existen indicios de que no lo es, estarían favoreciendo las tesis más inmovilistas y perjudicando a quienes realmente se están rompiendo la cara por la reorientación política de toda la izquierda abertzale. Nada sería más negativo que Zabaleta terminase reeditando las precedentes aventuras personales de Iñaki Esnaola o Txema Montero. Porque, hoy por hoy, cabe la posibilidad de que Batasuna gire políticamente sin que quepa especular siquiera con su subordinación a Arzalluz y, mucho menos, con su disolución. Si un amplio colectivo no secunda a Zabaleta, la respuesta puede ser brutal.

Si a la resta de votos y escaños hay que añadir la de corrientes y militantes, en beneficio de la interpretación que hace Arzalluz de Lizarra, será la fuerza la que se encargará de nivelar la correlación de fuerzas en la familia nacionalista. El primer Lizarra terminó mal, el segundo, sin haber nacido, puede terminar peor.

Reflexiones sobre el modelo territorial de España
JUAN JOSE LUCAS El Mundo
3 Julio 2001

E
n los últimos días, observamos con cierta extrañeza el apoyo que Rodríguez Zapatero ha ofrecido al peculiar federalismo asimétrico que defiende el líder de los socialistas catalanes, Pasqual Maragall, y que ha sido una permanente fuente de controversia en el seno del PSOE. Desde luego, tal postura puede resultar comprensible dentro del encaje de bolillos que el secretario general socialista debe hacer para consolidar su posición y buscar un precario equilibrio entre las diferentes sensibilidades territoriales de su partido. Sin embargo, más preocupante resulta si consideramos que el PSOE es la fuerza política que lidera la oposición al Gobierno del Estado y es la principal encargada de ofrecer una alternativa que, en este ámbito de la política territorial, aparece muy dudosa, confusa o, como mínimo, poco creíble.

Si acudimos a los principios clásicos del federalismo, debemos recordar que éste se basa en que una serie de estados originariamente soberanos deciden prescindir de esa soberanía a favor de una organización superior, en la que todos van a participar a través de mecanismos similares. Naturalmente, este proceso no tiene por qué producirse de manera homogénea. Recordemos cómo, por ejemplo, en la Convención de Filadelfia de 1787, al debatirse la admisión de nuevos estados, la mayoría de los fundadores eran contrarios a que se hiciese en términos de igualdad con ellos. Sólo posteriormente el Tribunal Supremo afirmó la igualdad de todos los estados de la Unión, con independencia de su incorporación. Por su parte, la Constitución de la Alemania Imperial de 1871 contenía estatutos particulares para estados como Baviera o Wurtemberg y la preponderancia de Prusia la dotaba de especiales prerrogativas como, por ejemplo, una representación cualificada en el Bundesrat.

Pero, pese a ello, y en términos generales, los modernos federalismos -quizás con las excepciones de Canadá o Rusia- no contemplan privilegios especiales, prerrogativas o instrumentos particulares para determinadas partes de sus territorios. Competencias y recursos son similares en Idaho y en California, en Sajonia y en Brandeburgo, en Bahía y en Río Grande. Curiosamente, esa no es la fórmula que defienden los socialistas catalanes que, pese a definirse como federalistas, no dudan en solicitar una serie de «consideraciones especiales» hacia su comunidad -reformas estatutarias incluidas- que desbordan, en ocasiones, las mismas reclamaciones nacionalistas y se enfrentan directamente a la opinión de correligionarios suyos de otras partes de España. Y ahora, para mayor confusión, tales posiciones reciben el respaldo del más alto nivel del partido. Cabe preguntarse entonces si es esa la alternativa que España necesita. ¿Puede ofrecer el PSOE hoy un modelo territorial homogéneo y capaz de ser compartido por todos, empezando por los propios socialistas?

A este respecto, reconozco que quizás no sea tan necesaria la definición concreta de un modelo como la voluntad de aplicar lo dispuesto por la Constitución hasta sus últimas posibilidades. Ante ello, me gustaría hacer algunas puntualizaciones.

Es posible que lo principal sea la afirmación de que España no posee las características definitorias de un federalismo clásico. Por un lado, no partimos de una agrupación de estados, sino de una única nación -tremendamente plural, eso sí- que decidió descentralizar su poder político territorial.

España cuenta con un relevante pluralismo cultural que hunde sus raíces en la Historia y que no puede ser olvidado por el legislador. Y no lo hizo. Como señalara Tomás y Valiente, el sistema constitucional autonómico se basó en los principios de la diversidad en la diversidad y de la homogeneidad mínima. La misma Constitución recogió esta diversidad en el reconocimiento de los «derechos históricos» de los territorios forales, en la conservación, desarrollo y modificación de los derechos civiles especiales o en el régimen económico y fiscal peculiar del archipiélago canario, sólo por poner algún ejemplo.

Nuestra carta magna reconoce múltiples peculiaridades de los pueblos de España o, si se quiere, múltiples «hechos diferenciales» que no van a ser de idéntica naturaleza. Ante ello, no busca soluciones homogéneas y creo que, en este aspecto, tiene razón, como creo que también tienen razón las críticas vertidas sobre el famoso café para todos, en cuanto búsqueda de una homogeneidad a toda costa. A este respecto, en su día utilicé un ejemplo de cierta fortuna: el problema, más que en el café, está, quizá, en la bandeja de las pastas.

Esa misma bandeja debe ser ofrecida a todos los invitados para que cada uno tenga la posibilidad de escoger el tipo de pasta que mejor se acomode a su gusto y en el número que su apetito reclame. Lo que no sería de recibo es que a unos se les ofreciese la bandeja grande y a otros la pequeña; pero, siempre que la bandeja sea la misma, nadie debe decir que todos tienen que coger la misma pasta o sólo un determinado número de ellas.

Me parece que sigue siendo un ejemplo suficientemente gráfico, en el que radica, en mi modesta opinión, la clave de la asimetría que reconoce nuestra Cregiitución: no en que unas autonomías puedan tener acceso a más competencias que otras, sino en que cada comunidad pueda asumir las que más se ajusten a sus peculiaridades territoriales y sociales. De esta forma, la legítima diferenciación entre regiones será de carácter cualitativo y no cuantitativo, adaptándonos a lo que es la propia naturaleza de las cosas y huyendo de cualquier aproximación al privilegio. Es, en definitiva, lo que calificaba como el autonomismo asimétrico, que también puede concebirse como un autonomismo plural, construido desde dos límites fundamentales.

El primero de ellos es la solidaridad. Contar con todas las competencias precisas para desarrollar las peculiaridades propias no debe ser cortapisa para que la transferencia de recursos de las comunidades más ricas a las menos favorecidas -que ha de ser asegurada por los instrumentos del Estado- siga reflejando esa solidaridad entre territorios que la Constitución exige.

El segundo de ellos es la funcionalidad. Las competencias y recursos que cada rgión asuma tampoco deben servir sólo como un mero instrumento para definir la personalidad propia o como simple garantía de la misma, sino que deben servir para actuar en la sociedad, para funcionar, para cumplir el papel que las nuevas circunstancias reclaman de los organismos territoriales dotados de autonomía política. Y ciertamente tal papel no es pequeño.

El concepto de un Estado-Nación homogéneo está siendo cuestionado desde diversos ámbitos, y uno de ellos es el de las funciones que éste debe llevar a cabo. Lo que hoy realmente distingue a unos problemas de otros no es su grado de complejidad ni la cercanía a los ciudadanos -la distancia se ha esfumado con Internet-, sino los plazos para poder solucionarlos.

Uno de los mecanismos para acortarlos radica, precisamente, en la redistribución de funciones entre los diversos poderes territoriales.

A través de esa redistribución, la actuación estatal quedaría descongestionada de ese corto plazo, de lo cotidiano, lo diario o lo meramente gestor para dedicarse por completo al análisis de los problemas de la comunidad de más hondo calado. Me estoy refiriendo a tareas como la protección del medio ambiente, la garantía de las pensiones y los niveles mínimos de solidaridad, la investigación básica cuyo coste no pueda ser trasladado a los productos de manera inmediata, las políticas de defensa, los efectos del cambio climático, la lucha contra la delincuencia internacional, la explotación racional de los recursos naturales comunes o la regulación de las nuevas tendencias técnicas y sociales: ingeniería genética, redes de telecomunicación, etcétera.

Lo cotidiano, la administración ordinaria, la prestación de los servicios comunes quedaría en manos de las administraciones autonómicas, que contarían con la ventaja de estar configuradas sobre los recursos y las competencias que más se adecuasen a las características de cada sociedad.

Conseguirlo adecuadamente implica lealtad mutua y con la Constitución, así como el trabajo en equipo de las diferentes instancias territoriales. Por ello, ese autonomismo plural debe ser, a la vez, un autonomismo cooperativo.

Y, con este sistema de relaciones, no creo que sea perjudicial un cierto grado de competencia entre atonomías; competencia no concebida entre comunidades frente al Estado, sino entre comunidades ante sus ciudadanos para que, a través de ella, el ciudadano de cada comunidad pueda juzgar el buen o mal uso hecho por los responsables regionales de los recursos que tienen asignados y comparar su calidad de vida con la que existe en otros territorios, asignando así castigos o recompensas.

En unos momentos en que se está culminando el modelo territorial diseñado por la Constitución y, con ello, el ciclo reivindicativo, éste puede ser un argumento clave para asentar definitivamente la España de las autonomías en nuestros ciudadanos. Juan José Lucas es ministro de la Presidencia.

Solución deconstruida
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 3 Julio 2001

Tengo una antigua y escasamente secreta simpatía por Elkarri, que arranca poco más o menos desde el mismo momento en que encarrilaron sus antiguas habilidades para las obras públicas hacia la búsqueda de la paz. Dirán ustedes que los tiempos modernos requieren mucha especialización y que ya era bastante milagroso haber conseguido mejorar el trazado de la autovía de Leizarán a tanto ingeniero de Obras Públicas como había participado en el diseño original. Esta experiencia dotó a Jonan y los suyos/as de una base técnica y de un lenguaje que constituyeron una ventaja inapreciable para adentrarse en los procelosos manglares del conflicto. Así llegaron a formular que la clave de este asunto estaba en sustituir «las expresiones de violencia por mecanismos de diálogo».

Cualquier lector de buena fe habría supuesto que se trataba de un error, que en realidad querían sustituir mecanismo de violencia por expresiones de paz. Error el suyo, amable lector. El lehendakari ha sentenciado con verbo certero que la solución al conflicto «requiere mucha cocina». Expresión que ha hecho fortuna rápidamente, porque la han repetido después el propio Jonan, Josu Jon Imaz y el imbatible Javi Madrazo, mi mejor abrazo. Lo que pasa es que la cocina que practica Fernández, lo que se lleva ahora mismo es la cocina de autor que parte de unos conceptos radicalmente distintos a la cocina popular que aprendimos de nuestras madres. Ahora, los grandes maestros de los fogones, como Ferrán Adriá y Manolo de la Ossa, sirven en copa la deconstrucción de la tortilla de patatas y de la sopa de ajo, por poner sólo dos ejemplos, mientras Pedro Subijana emplata los gin-tonics.

A partir de ahí es fácil entender la Conferencia que van a inaugurar en octubre y todo lo demás. Hay que decir en su favor que lo ponen bastante fácil. No se trata de reunirse en ningún recinto, ni sentarse a una mesa determinada. No se trata tampoco de ponerse de acuerdo en la solución, sino en redactar un folio de consensos mínimos durante los seis meses que va a durar.

Verán que no es mucho pedir, aunque si yo me atreviera a pedir seis meses a mis señoritos para escribir un folio mucho me temo que me iba a ver obligado a pedir trabajo en otro sitio, ya se sabe que el capitalismo valora más la productividad que la obra bien hecha. A un servidor, sin embargo, se le ocurre que sobra la mayor parte del folio para intentar un consenso de mínimos. Bastaría con suscribir una frase de cuatro palabras: «Aquí no se mata», y decidir qué se hace contra quienes no estén dispuestos a observarla. Parece fácil, ¿no? Pues aquí hay gente que no está de acuerdo.

Encuentro con Gorka
Pablo Sebastián La Estrella 3 Julio 2001

Con las manos mutiladas y aún doloridas, Gorka Landáburu, víctima reciente de ETA, se reunió ayer en Barcelona por iniciativa de Luis del Olmo con sus compañeros de las tertulias del programa Protagonistas de Onda Cero Radio. Gorka vino a darnos ánimo a quienes lo veíamos por primera vez desde el atentado y, emocionado y con toda la firmeza que le adorna, insistió en la necesidad de la paz, del diálogo Madrid-Vitoria, de unidad de los demócratas y de firmeza de la información "porque esta guerra la vamos a ganar".

En verdad este hombre, este periodista, este vasco de gran corazón, nacido y criado en el marco del nacionalismo y del exilio republicano frente al franquismo, reúne en su haber todo lo que ETA no soporta: que se le diga en euskera y desde la democracia que el diálogo y el camino de la política y de la paz es la solución y la vía para pedir y reclamar lo que sea. Su discurso de ayer es el mismo de antes, pero más firme y más convencido que nunca.

Pero también es un discurso dirigido al otro lado de la batalla, al campo de la democracia, y de los medios, pidiendo paz, diálogo y unidad de todos los demócratas, convencido de que ése es el camino para poder triunfar. Y lo dice con la autoridad de quien ahora participa en la familia de las dolidas víctimas del terrorismo, para las que pide todo el respeto y apoyo de los ciudadanos, de los medios y de las instituciones.  Lo pide él, que nos cuenta que ha visto la cara oculta del terror y ha vuelto a la vida, como quien se cae por un profundo precipicio y sale a la superficie, recordando que las otras víctimas del terror, las otras de nuestros amigos, o de otros sectores de la sociedad, no pueden contar lo que supone enfrentarse al terrorismo y sobrevivir, y seguir en la brecha, en su casa, su ciudad y con sus amigos, familiares y compañeros, esa otra y segunda familia, como ayer la llamó Gorka.

El encuentro que Luis del Olmo nos ofreció en Barcelona con Gorka herido y mutilado no es fácil de olvidar, ni en lo emotivo, ni en lo que significa para la democracia y para la libertad de expresión en estos tiempos escasos para toda la libertad. Pero de esa reunión salimos todos mucho mejor de lo que entramos, reconfortados gracias a Gorka Landáburu, quien, como colofón, nos cantó en euskera un blues, un zorziko de jazz, un poema de su tierra y de su gente, de esos que oyó a su madre en el exilio aquél y que lo han hecho fuerte y capaz de aguantar lo mucho que acaba de pasar.

El Foro de Ermua celebrará un debate paralelo al de Elkarri en el que defenderá la vigencia del Estatuto
Madrid La Estrella Digital 3 Julio 2001

Apela a los partidos constitucionalistas para contrarrestar "la conferencia-trampa" de la organización abertzale, que volverá "a pedir el diálogo con ETA"

El miembro de la directiva de El Foro de Ermua, Ernesto Ladrón de Guevara, anunció ayer que esta organización está preparando unas jornadas centradas en la defensa de la vigencia de la Constitución y el Estatuto de Guernica para el País Vasco, con el objetivo de atraer a los partidos políticos "del bloque constitucional" y evitar que participen en "la tregua-trampa" de Elkarri.

Ladrón de Guevara explicó ayer en declaraciones a Europa Press que la Conferencia de Elkarri "es, claramente, una conferencia-trampa, ya que esta entidad no es otra cosa que un instrumento de Lizarra. A buen seguro, volverán a pedir el diálogo con ETA, pues son una tramoya del mundo nacionalista", auguró.

En este sentido, añadió que, en su opinión, Elkarri tiene dos objetivos definidos: Afianzar, "con la excusa de la búsqueda de la paz", al lehandakari Juan José Ibarretxe y "atraer" a los socialistas, "de nuevo", hacia el Gobierno peneuvista.

Sin embargo, Guevara dijo confiar en que los partidos "del bloque constitucionalista" no se dejen "engañar". "A El Foro de Ermua no le preocupa en exceso la estrategia de Elkarri, porque apreciamos principios muy sólidos en el PP y el PSE en su apuesta por el texto constitucional y el Estatuto", agregó.

Precisó que la organización de cuya directiva es miembro pretende impulsar una serie de conferencias y mesas redondas que coincidan en el tiempo con la puesta en marcha de la Conferencia de Paz de Elkarri. "Contrarrestaremos con los valores de paz y convivencia que emanan de la Constitución y el Estatuto", remachó.

A su entender, para impedir que Elkarri "introduzca en la sociedad la idea de que es necesario hablar con los terroristas", hay que abrir "un debate paralelo" entre los ciudadanos, "contando con el respaldo de los constitucionalistas".

Ruptura de Aralar
Preguntado por la escisión de Aralar -corriente crítica de EH- de Batasuna, el responsable de El Foro de Ermua explicó a Europa Press que conoce personalmente a Patxi Zabaleta, al que calificó de "hombre racional". "No estoy en absoluto de acuerdo con sus ideas, pero pienso que es un hombre radical que ha impulsado una reflexión seria y serena en el seno de EH", matizó.

Asimismo, subrayó que, en Navarra y Vitoria, "el mundo abertzale radical está en crisis". "Por eso, el proceso abierto puede ser el de una reflexión sincera y honesta", concluyó.

Aralar se va
Editorial El Correo 3 Julio 2001

La decisión de la corriente Aralar de rehusar integrarse en la formación Batasuna representa la demostración de que, junto al cambio de nombre, HB ha culminado en el terreno organizativo un proceso de depuración interna. Al mismo tiempo, la noticia de la primera escisión sufrida por el núcleo histórico de la izquierda abertzale afianza las inclinaciones disidentes que en las elecciones del 13 de mayo supusieron un serio revés para Euskal Herritarrok. Al indisimulado enojo que el anuncio de Aralar ha causado entre la oficialidad radical se le une la constatación de que lo ocurrido en los comicios autonómicos no fue un préstamo de votos de la izquierda abertzale al nacionalismo democrático que obligara a éste a administrarlos al dictado de lo que disponga la Mesa Nacional. Probablemente, el discurso de los integrantes de Aralar suscita más coincidencia entre las bases electorales de EH que ese 10% de adhesiones que sus tesis obtuvieron en el proceso constituyente de Batasuna. Aralar es algo más que una corriente; pero resulta más que dudoso que pueda cuajar como una nueva fuerza política que desgaje para sí parte de la izquierda abertzale tradicional y adquiera una autonomía que le permita presentarse como tal a futuras convocatorias electorales. De hecho, sus promotores no han adelantado más detalles que su disposición a crear un grupo político al margen de Batasuna. La difícil viabilidad de un proyecto político que busque un espacio propio entre Batasuna y Eusko Alkartasuna o el PNV suscita tantos argumentos de consuelo entre los portavoces de la Mesa Nacional como anhelos de expansión en las formaciones que presiden Errazti y Arzalluz.

El paso dado por Aralar es la consecuencia de la fuerza centrífuga que desplaza fuera de su seno toda discrepancia que cuestione el estado de cosas reinante en el MLNV. En este sentido, hay que subrayar que el nacimiento de Batasuna presupone, por parte de sus artífices, una apuesta consciente por dotar de mayor cohesión a la izquierda abertzale, incluso a costa de reducir el eco social de la nueva formación. El anuncio de Aralar representa una de esas contadas buenas noticias que depara la política vasca. Pero sería un error imperdonable pensar que la constitución del grupo liderado por Zabaleta, Aldekoa y Madariaga va a precipitar una crisis en la izquierda abertzale que resulte incontenible para las cerradas estructuras que determinan su rumbo. ETA y sus entornos han demostrado siempre una gran facilidad para sobreponerse a las tensiones internas. Demasiado grande como para que podamos soñar en su disolución por la mera atracción que sobre él ejerza un colectivo disidente o el nacionalismo democrático en su conjunto.

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