AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 13 Julio   2001
#Gentuza
Alfonso USSÍA ABC 13 Julio 2001

#La clarificación vasca
Edurne Uriarte, Profesora de Ciencia Política de la Universidad del País Vasco ABC 13 Julio 2001

#Madrazo tiene precio
Editorial ABC 13 Julio 2001

#Edurne, Mikel y la esperanza
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 13 Julio 2001

#Las plagas de Egipto
Jaime CAMPMANY ABC 13 Julio 2001

#Otra ocasión perdida
José María CARRASCAL La Razón 13 Julio 2001  

#Conflicto y violencia
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón 13 Julio 2001

#Visto desde Madrid
Consuelo ÁLVAREZ DE TOLEDO ABC 13 Julio 2001

#Decisión difícil
JAVIER PÉREZ ROYO El País 13 Julio 2001

#El silbante o desaparecidos en combate
Nota del Editor 13 Julio 2001

#La adicional
Juan BRAVO  La Razón 13 Julio 2001

#Eta amenaza de muerte al Foro Ermua
La Razón 13 Julio 2001

#Uriarte y Azurmendi afean ante Ibarretxe la política del PNV con las víctimas
VITORIA. J. J. Saldaña ABC 13 Julio 2001

#El inquilino del péndulo
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo 13 Julio 2001

#Hacia la independencia de Euskadi por la vía estatutaria
Lorenzo Contreras La Estrella 13 Julio 2001

#Reducir la incertidumbre
Editorial El Correo 13 Julio 2001

#El alcalde de Ermua, Carlos Totorika, prohíbe la propuesta de Euskal Herritarrok de organizar un concierto de rock en el aniversario de la muerte de Miguel Angel Blanco
ALFONSO ROJO. Enviado Especial El Mundo 13 Julio 2001

#El Gobierno descarta la «superación» del Estatuto vasco
CARMEN REMIREZ DE GANUZA El Mundo
13 Julio 2001

#Zapatero insinúa un pacto con el BNG si logra más escaños que los nacionalistas en los comicios gallegos
R.Turnes/Agencias Madrid La Estrella 13 Julio 2001




Gentuza
Por Alfonso USSÍA ABC 13 Julio 2001

Cubrían a paladas de tierra el ataúd que guardaba el cadáver de Luis Ortiz de la Rosa y en el Parlamento vasco se abría un minuto de silencio. Superada la efímera y enérgica repulsa, el señor Ibarreche principió su discurso de investidura. Mucho diálogo «por la paz», mucha «autodeterminación», mucho respeto a la «voluntad de los vascos y de las vascas» -grave discriminación con los niños a los que siempre se olvida, pues ya de hablar de los vascos y de las vascas bueno sería mencionar también a los vasquitos y las vasquitas para no dejar a nadie en el tintero-, y, al final, muy poco de la ETA. La banda terrorista en un segundo plano de importancia. Hablaba el «lendakari» cuando los parlamentarios de Batasuna ocuparon sus escaños. Para ellos era demasiado lo del minuto de silencio, y el asesino «Josu Ternera» y la abogada Jone Goricelaya no estaban dispuestos a respetar, ni durante un solo minuto, la memoria de un inocente caído en un atentado -«ekintza», dicen ellos-, de sus chicos preferidos. Gentuza.

Le llegó el turno parlamentario a Otequi, y los escaños criminales vibraron de emoción. Ocupó el canalla la tribuna de oradores y soltó lo de siempre. En plena verborrea acuñó una frase que sonó como un mazazo despiadado y brutal. «ETA no es lo importante». El «lendakari» lo olvida, pero Otegui lo recuerda en voz alta para que no nos hagamos ilusiones. Lo importante es crear, de una puñetera vez, el Estado vasco que nunca ha existido, uniendo Guipúzcoa, Vizcaya y Álava con Navarra y las tres provincias vasco-francesas. Mientras no se alcance ese objetivo, se mantendrá «la lucha armada». Lo que no se sabe es cómo alcanzar el objetivo, porque ya anunció recientemente que no tenía por qué hacerse por la vía democrática. «Los derechos están por encima de los votos», bramó el imbécil. Pues que nos lo explique.

Para Otegui, su fracaso electoral no presenta ningún problema. Los votos batasunos se han pasado, momentáneamente, al bando del PNV y EA. Si lo dice Otegui con tanta seguridad, se habrá enterado de ella el «lendakari», quizá informado a su debido tiempo a Javier Arzallus. El líder máximo del Estado vasco, que nunca ha existido y jamás va a existir, analizó el crimen de Luis Ortiz de la Rosa con fría serenidad política. «Estos de ETA no se han enterado del resultado de las elecciones». Nada más. El drama, la tragedia y la tristeza por la muerte de un ser humano carecen de importancia. Que lloren «los españoles», que nosotros no estamos para lagrimitas y golpes de pecho.

En el fondo, pasó lo de siempre. ¿Que Ibarreche mencionó el sueño de la «autodeterminación»? No es regalo original ni nuevo. Ni la «oferta de diálogo», ni el «camino hacia la paz». Todo eso lo había anunciado antes, y durante mucho tiempo, el director espiritual de la ETA, monseñor Setién. La única novedad del día, que tampoco es novedad porque se ha repetido la escena en novecientas ocasiones, fue que mientras se decían todas esas chorradas y barbaridades, un hombre era enterrado y una familia más se sumaba a la extensa relación de la tragedia.

Allí, sentado en su escaño de parlamentario vasco elegido por los votos, se hallaba el asesino «Ternera». No puedo aventurar nada, porque las sorpresas se han sucedido de tal manera que el todo y nada es posible en la reacción de la ciudadanía vascongada. Pero me figuro, que algún votante nacionalista, que alguna familia nacionalista, se habrán sentido avergonzados de tamaño despropósito. Ante la evidencia de la elección de un terrorista por el voto soberano de un pueblo, alguien habrá sentido estupor y vergüenza por pertenecer a él. Lo que corre en mis venas de sangre vasca me recuerda mi humillación.

Y en cuatro años seguiremos igual, porque los objetivos que pretenden se escapan de toda posibilidad concreta. Porque la mentira convertida en mito no resuelve nada. Porque el odio alimentado y financiado con el dinero público no lleva a otro desenlace que el de la ruina moral de una sociedad. Seguirá igual y seguirán asesinando. Aquí no hay que buscar la paz porque no hay guerra. Hay que exigir justicia y libertad, que es diferente.

Y «Ternera» de parlamentario. Gentuza. La que le votó, claro.

La clarificación vasca
Edurne Uriarte, Profesora de Ciencia Política de la Universidad del País Vasco ABC 13 Julio 2001

TRAS las elecciones vascas, los constitucionalistas vascos, políticos, intelectuales, ciudadanos, entraron en cierto estado de desesperanza y confusión que los ha mantenido en un segundo plano del debate político vasco durante estos dos meses. Se ha dicho que era necesario esperar a la constitución del nuevo gobierno vasco para perfilar las nuevas líneas de acción. Pero me temo que, sobre todo, lo que ha habido, y lo que hay todavía, es una mezcla de agotamiento y desesperanza ante la perspectiva de otros cuatro años de prolongación del miedo, la indiferencia social y la comprensión nacionalista de los fines etarras, y también cierta confusión sobre cuáles pueden ser las líneas de actuación ante un nacionalismo, cada vez más débil, sí, pero eternamente instalado en el poder.

Cuando se inicia ya formalmente la nueva etapa del gobierno vasco, es preciso que los constitucionalistas vascos salgan de esa actitud de espera que más parece parálisis y cierta incapacidad psicológica de reacción y asuman de nuevo el protagonismo que corresponde a la mitad de la ciudadanía vasca. Ahora bien, ¿sobre qué eje de actuación? Creo que en los próximos meses ese eje debe ser el de la clarificación, una clarificación de tres tipos: 1) la que es preciso exigir de una vez a los nacionalistas sobre su proyecto, 2) la que es necesario hacer con esos conceptos como diálogo, paz, convivencia o respeto que todavía confunden a los ciudadanos vascos, y 3) la clarificación sobre las propias posiciones de los constitucionalistas ante el nacionalismo independentista que nos espera. Porque, todavía a estas alturas, nadie parece capaz de incomodar realmente a ese nacionalismo instalado en su rentable ambigüedad. Además, los ciudadanos exhiben una llamativa confusión sobre esos conceptos de diálogo, paz o convivencia de los que habla Ibarretxe. Y los constitucionalistas siguen mostrando cierta incapacidad de ofrecer un proyecto propio y sin complejos a la sociedad vasca.

Es cierto que la ambigüedad nacionalista es ahora menor, en parte debido al pacto con EA y, sobre todo, porque el PNV se ha propuesto quedarse definitivamente con esas decenas de miles de votos de EH. Por eso habla ya casi abiertamente de autodeterminación. Pero sigue sin explicar a los ciudadanos que esa autodeterminación significa independencia. Por eso es preciso confrontar a los nacionalistas con su electorado y exigirles que clarifiquen de una vez por todas a sus votantes que van a utilizar sus votos para intentar forzar la secesión del País Vasco, que el camino del nacionalismo no es la moderación, sino el de la desestabilización, el conflicto y la radicalización.

Además, es urgente forzar al nacionalismo a salir de su ambigüedad respecto al terrorismo. Ibarretxe manejó con habilidad esa ambigüedad en su discurso de investidura. Por una parte, habló del compromiso ético con la vida y la libertad, pero, al mismo tiempo, evitó referirse a ninguna medida concreta de acción del Gobierno Vasco contra el terrorismo. Es decir, sí a la vida y a la libertad, pero nada para garantizar como responsable político la vida y la libertad. Pero, además, Ibarretxe introdujo un nuevo elemento que el nacionalismo va a explotar en los próximos meses, el de la utilización de las víctimas. Mientras el nacionalismo planea negociar la pacificación y la normalización sobre los objetivos de los terroristas, quiere desactivar a las víctimas para que acepten los objetivos de los verdugos y olviden la exigencia de justicia. Jugada inteligente, porque no sólo desactiva a las víctimas y a los perseguidos, sino que, además, calma la mala conciencia de esos ciudadanos confusos que quieren una solución como sea, pero se sienten incómodos ante la evidencia de persecución e injusticia que representan las víctimas.

Probablemente, es imposible acabar con la confusión interesada de esos ciudadanos cómodos que prefieren ceder ante los asesinos con tal de que a ellos no les toque nunca. Pero hay otros muchos ciudadanos, y también elites, sinceramente confundidos ante la manipulación y dominio que el nacionalismo sigue ejerciendo sobre los conceptos que dan forma al debate político vasco. Hay cinco conceptos manipulados y controlados todavía por los nacionalistas, que Ibarretxe volvió a utilizar en su discurso, y que es necesario desenmascarar para los ciudadanos: el diálogo, el sí a la vida, la voluntad de los vascos, la pacificación y la normalización.

El diálogo nacionalista no es una inocente y bella palabra, es antidemocrático, porque significa diálogo con los terroristas y sobre sus objetivos. El sí a la vida indica que el gobierno vasco no se propone combatir al terrorismo sino tan sólo esperar que se convenza por sí mismo de la superioridad ética del respeto a la vida. La voluntad de los vascos es la voluntad de los nacionalistas, y el respeto a la voluntad de los vascos se producirá cuando los no nacionalistas acaten de una vez el proyecto de los nacionalistas. La pacificación nacionalista parte de la idea de que los vascos tenemos un conflicto, que hay dos partes, ETA y los constitucionalistas, y que las dos deben ceder por igual. Y la normalización es el proceso en el que la sociedad vasca se integrará en la normalidad nacionalista, la misma que propugna ETA.

Los constitucionalistas tienen que acabar con el dominio nacionalista del lenguaje, dentro y fuera del País Vasco. Pero, además, y ésta es la tercera tarea, deben clarificar su propio proyecto. Sobre todo, el Partido Socialista, que tiene que despejar sus dudas sobre el combate a ETA y sobre su modelo de articulación territorial, es decir, decidir definitivamente si con ETA se acaba con los instrumentos policiales y judiciales del Estado de Derecho o con el diálogo-negociación de Elkarri, y clarificar su modelo de España sobre el que navega errático y sin rumbo. Y ambos partidos constitucionalistas, Partido Socialista y Partido Popular, tienen que ser capaces de ofrecer un proyecto propio a la sociedad vasca liberado de los complejos respecto al nacionalismo. En parte, comenzaron a perfilar ese proyecto propio antes de las últimas elecciones, pero estaba centrado sobre todo en el combate contra ETA. Queda ahora la segunda parte, la del modelo de sociedad alternativa a los nacionalistas que ofrecen a los vascos.

Después de las elecciones, he oído a bastantes constitucionalistas señalar que uno de los problemas de la alternativa constitucionalista ha sido que Jaime Mayor Oreja venía «de fuera», de Madrid, y no era percibido como un candidato «de aquí». Decían también que los constitucionalistas tienen que asumir mejor los deseos de «los vascos», o «la cultura vasca», es decir, ser «de aquí», y no «de fuera». Es el constitucionalismo trufado de complejos respecto al nacionalismo, el que ha asumido que ser «de aquí» es aceptar la definición de vasco de los nacionalistas. Mientras los constitucionalistas no consigan legitimar que su modelo, el de la autonomía, el de España, plural, pero España, es tan «de aquí» como el de la autodeterminación nacionalista, no conseguirán ser una alternativa realmente consistente para los vascos. Esa ausencia de modelo propio explica en parte su incapacidad para vencer electoralmente hasta ahora a los nacionalistas, y creo que la gran tarea pendiente del Partido Popular y del Partido Socialista para esta legislatura es el cierre y la asunción plena de ese modelo propio, liberado definitivamente de los complejos frente al nacionalismo.

Madrazo tiene precio
Editorial ABC 13 Julio 2001

El coordinador general de Izquierda Unida en el País Vasco, Javier Madrazo, es un ejemplo vivo de cómo se puede perder la dignidad y la autoestima en el ejercicio de la política cuando está cerca el disfrute del poder. Después de atacar duramente a Ibarretxe por la ruptura de las negociaciones para entrar en el Gobierno vasco y de anunciar que no apoyaría su investidura -el martes IU votó en blanco-, Madrazo decidió ayer respaldar al candidato nacionalista en la segunda votación, con la justificación de que quería dar un margen de confianza al lendakari. La explicación de Madrazo no evita la sospecha más que razonable de que tras el entusiasta apoyo de última hora se esconde una contraprestación. Por otra parte, esta alianza contra natura entre una formación democristiana y uno de los últimos grupúsculos marxistas de Europa se explica por las necesidades de cada cual. Madrazo y su partido no tienen recorrido en el País Vasco si no es como apéndice del nacionalismo, como refugio cómodo para votantes de izquierda más temerosos de la opción constitucionalista que de ETA y para discrepantes en estado de disidencia transitoria con la violencia pero no con sus objetivos soberanistas. Para el PNV, Madrazo es el comodín no nacionalista, el adorno ocasional -por tanto, prescindible- para dar a su estrategia por la autodeterminación el aire de un proyecto abierto e integrador. Y si el precio de este servicio es una Consejería, una palmada o una foto, lo que no se sabe todavía, al nacionalismo le merece la pena pagarlo.

Lo que no conseguirá el PNV es que el apoyo de Izquierda Unida provoque el más mínimo debate entre las formaciones no nacionalistas acerca de la conveniencia de seguir el ejemplo de Madrazo. Para eso sería preciso que el líder vasco de IU tuviera un perfil político respetable, del que carece, y que su presencia en el debate sobre el terrorismo y la convivencia en el País Vasco aportara algo distinto de la simple adaptación camaleónica y servil a las necesidades del PNV. Durante el debate de investidura, populares y socialistas marcaron unas directrices de actuación política que son necesarias para que el 41 por ciento de los vascos que representan se vea identificado en un Parlamento que discutirá su propia supervivencia como depositario de la voluntad popular vasca. En el País Vasco es preciso que PP y PSE sigan hablando de Constitución y de Estatuto, de libertades conculcadas y de derrotar a ETA -objetivo del último acuerdo de cooperación judicial entre España y Francia, que permitirá a fiscales españoles interrogar en suelo francés a etarras detenidos-. Sólo así las propuestas del lendakari sobre pacificación y normalización no confundirán acerca de la única causa que las impide, porque si en el País Vasco no hay paz ni normalidad es sólo porque existe ETA.

Edurne, Mikel y la esperanza
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 13 Julio 2001

Edurne Uriarte y Mikel Azurmendi han sido dos objetivos de ETA. Han sufrido persecución, acoso, amenazas. Edurne se salvó de la bomba que iba dirigida contra ella en el campus de Lejona. A partir de entonces habría pecado de temeridad si hubiese decidido prescindir de escoltas. Mikel encontró la salida en el exilio a los Estados Unidos. El cerco al que le había sometido ETA se había ido estrechando hasta límites intolerables: la casa, el despacho universitario.

Profesores, escritores, Edurne Uriarte y Mikel Azurmendi pertenecen a la comunidad intelectual vasca, plural por otra parte, que ha llegado al supremo compromiso político y humano de defender los derechos de todos los ciudadanos a costa de su propia libertad. Edurne y Mikel se han levantado contra el Tirano que es ETA, contra el Terror encarnado por ETA, contra el Nacionalismo racista y segregador que representa ETA. Sabían lo que les esperaba porque conocían muy bien la naturaleza de la Bestia. Si acaso, esperaban una respuesta mayor de la sociedad; quizá confiaron en que su entrega podría hacer ver a muchos más que la violencia no viene del Estado democrático sino de ese Estado alternativo que tiene como proyecto eliminar a toda aquella parte de la sociedad vasca que se oponga al establecimiento de la pureza racial y del odio. De hecho, ya lo está haciendo.

Por este testimonio, Azurmendi y Uriarte recibieron ayer, en Vitoria, de manos de Esperanza Aguirre, el cuarto premio a la convivencia que da la Fundación Miguel Ángel Blanco.

Pero, ¿qué clase de premio es este que, en vez de llevar a la satisfacción, lleva al desafío?; ¿qué clase de galardón es este que, en vez de dar seguridad, agranda el riesgo?; ¿qué clase de recompensa es esta que, en vez de otorgar el reconocimiento de toda la sociedad, lleva a la confrontación con la mitad de ella? Estos locos divinos terminan tomando por premio lo que en realidad es condena terrenal, destierro, enclaustramiento; estos quijotes intelectuales se empeñan en ver un galardón en lo que es, a todas luces, un atestado. Pero, ¿acaso no lo entrega una Fundación que se llama Miguel Ángel Blanco, esto es, que lleva el nombre de un mártir anunciado?

Sería terrible equivocación hacer reseña de la entrega de este premio como si se tratara de un acto social. El Tirano y sus secuaces más directos y sus colaboradores lo tomarán como una acción de guerra. Así están las cosas en el País Vasco. Mikel y Edurne, Antígonas los dos en un tiempo en que ya no hay lugar para la tragedia porque los mitos ya no sirven; protagonistas de la pasión en un tiempo en que Dios está oculto; protagonistas de la épica en un tiempo en que está oculta la Historia.

Si no fuera así, si los principios estuvieran claros, este premio podría tomarse como tal. Lo sería en la práctica si, al menos, la mitad de la sociedad se reconociera en él y lo respaldara de un modo definitivo. Pero uno tiene la impresión de que, a pesar de valorarlo como un testimonio hermoso, casi heroico o ¿por qué no decirlo? sencillamente heroico, quisiere quitárselo de encima, pasar página, buscar alternativas razonables. Reconocen que este acto que se celebró ayer en Vitoria y en el que participaron Edurne Uriarte, Mikel Azurmendi, Esperanza Aguirre, los miembros del jurado y el público asistente, es un homenaje merecido a la capacidad que tiene el ser humano para negarse a sí mismo en aras de los demás. Dicho esto, tengo la impresión de que, desde esta parte de la sociedad, se quisiera pasar a otra situación menos comprometedora, de menor confrontación.

Por eso, Edurne, Mikel, tengo miedo de que puedan cumplirse aquellas palabras de Kafka: «Hay muchas esperanzas, pero no para nosotros».

Las plagas de Egipto
Por Jaime CAMPMANY ABC 13 Julio 2001

Sobre este castigado solar de nuestros pecados, de nuestros placeres, de nuestros trabajos, de nuestros días y, ay, de nuestros gobernantes, parece que han empezado a caer las plagas de Egipto. Aclaro inmediatamente después de escribir esto que lo de socorrerme de las plagas de Egipto para recordar algunas calamidades que se nos vienen encima es un recurso retórico llamado hipérbole. O sea, una exageración adrede. Creo recordar que las plagas de Egipto eran siete, y yo no he contado las de España en este momento, y además seguro que se me olvida alguna o algunas, así que lo mismo pueden ser más que menos. De cualquier manera, y por si este Nilo tendiera a crecer y a ponerse más farruco de lo que está, bueno será que le recemos a Osiris, o sea, que oremos ante Celita Villalobos, y que le enviemos un gallo a Esculapio, o sea, que hagamos sacrificios en el altar de Arias Cañete.

Lo de la legionella declarada en el reino de Murcia, que es mi tierra, y en las provincias aledañas del litoral y de tierra adentro, toma caracteres de plaga, y parece que la neumonía ha dado en los murcianos, o sea, que han dado los gorriones en el trigo, a pesar de que somos gente dura, difícil de pelar, «murcianos de dinamita» nos llamó Miguel Hernández en «Viento del pueblo». Dicen que una parte de esa legionella sale de los tubos de refrigeración de «El Corte Inglés», y eso me produce una alarma añadida, porque como en este país empiece a fallar incluso «El Corte Inglés», que es casi lo único de Celtiberia que funciona como un reloj suizo, estamos frescos.

Los cabrones de los terroristas han votado en la investidura del lehendakari Ibarreche (o Ibarretxe) metiendo el cadáver de un policía nacional en la urna de las votaciones. Es la manera que tienen ellos de entender la participación democrática. El tono conciliador y moderado del discurso de investidura ha quedado borrado con el zambombazo del coche explosivo. Parafraseando a Alberti, podríamos decir que este es el coche hinchado en dinamita que todo lo encaraja y lo empelota, y no te acerques más que el coche explota. (El albertiano «explota» por explosiona o estalla es una licencia poética de Alberti para que el verso rime). Se acercó el pobre policía y explotó el burro. En aquellos momentos, el lehendakari, más morigerado y suave que de costumbre, hablaba de paz y de autogobierno. Madrazo, emocionado sin duda por un discurso tan lubrificado, votó a favor de la investidura, qué atento. Y eso que no está en el gobierno. Si llega a estar, se lleva al Parlamento vasco una banda de música, el Orfeón Donostiarra y el botafumeiro de la catedral de Santiago.

Los pilotos prosiguen su huelga y los de Iberia no encuentran soluciones. O ese problema de los pilotos es la cuadratura del círculo o están celebrando una conversación entre sordos. La actitud de los pilotos resulta antipática a mucha gente porque se trata de profesionales bien pagados, pero habría que saber si es verdad que Iberia ha incumplido unilateralmente pactos anteriormente firmados, y por qué. Malo, María. Los pilotos ya han advertido al Gobierno que ahora Iberia es una compañía privada, y si el Gobierno no es capaz de meter en vereda a los huelguistas del transporte que pinchan las ruedas de los vehículos que llegan a los aeropuertos de Baleares, ni a los acampados de la Castellana, ni siquiera a Celia y a Cañete, a ver cómo acaba con la huelga de los conductores de aviones.

Por ahí esperan los barquitos varados de la pesca, las vacas que deben visitar al psiquiatra, los cerdos con la fiebre aftosa, las Cajas de Ahorros de Mahnuel ben Xabes, la rebelión de los fiscales, las zancadillas de los jueces a la puerta del CGPJ y la visita de Piqué al Juzgado. Mejor estaban en Egipto.

Otra ocasión perdida
José María CARRASCAL La Razón 13 Julio 2001  

¿Qué gran oportunidad ha desaprovechado Juan José Ibarreche! Y no sólo para su país, sino para él personalmente. El discurso de investidura le ofrecía la oportunidad de demostrar que era un político con personalidad propia, no una mera marioneta de Arzallus, como había dado la impresión hasta ahora. Algo lógico pues era Arzallus quien le había puesto ahí. Pero tras su trabajado y brillante triunfo en las elecciones, Ibarreche estaba capacitado para hacer política propia. No la ha hecho. Se ha mantenido en las dobles palabras, dobles niveles y ambigüedades típicas del PNV. Lo que puede significar dos cosas: o sigue siendo el chico de los recados de los más montaraces de su partido o comparte sus objetivos y sus estrategia. No sé qué es peor.

   Y miren que empezó bien. El lendakari arrancó con una invocación a la paz, la concordia y la vida que toda persona honesta, no importa su filiación política, apoyaría sin vacilar. También su vuelta al Parlamento vasco como foro de debate de los problemas de su país era positivo. Pero luego lo ennubló con todo tipo de aspiraciones políticas y acabó de estropearlo cuando, en el turno de réplica, colocó en el mismo nivel la consecución de la soberanía. Con lo que volvíamos adonde estábamos. Si el soberanismo es igual a la libertad no hemos adelantado nada. Es más, equiparando un derecho fundamental, como es el de la vida, con un derecho político, como es la independencia, lo que realmente se está haciendo es dar cobertura a la violencia de Eta, por mucho que se condene ésta. Puestos así, cabe preguntarse qué sentido tiene hablar de la decisión de los «vascos y vascas», si el cincuenta por ciento de los habitantes de Euskadi tienen miedo a opinar. A no ser que, línea de los más duros de su partido, el lendakari considere vascos sólo a los nacionalistas. Son preguntas que no ha contestado y que le dejan en esa ambigüedad que tantos problemas y tragedias ha causado. Se trata de un río revuelto, donde sólo pescan los violentos.

   No hay, de todas formas, más cera que la que arde y los cestos del País Vasco tienen que hacerse con los mimbres que salieron de las últimas elecciones. Los eternos optimistas dicen que con su discurso semisoberanista, Ibarreche trata de atraerse a los batasunos y conseguir otra tregua de Eta. Si es ésa su intención, le deseamos suerte, aunque con todo el escepticismo del mundo. Incluso si lo consigue, ya sabemos para qué suele aprovechar Eta las treguas. En cualquier caso, le toca jugar a él. Es el precio y el privilegio de la victoria. Pero que no olvide que las pasadas elecciones trajeron un triunfo del nacionalismo moderado y una derrota del radical. Ya puede gobernar sin los violentos. Ahora sólo falta que nos demuestre que además de nacionalista, es demócrata. Hay victorias que resultan más difíciles de manejar que una derrota. Y es que la historia, como decía Hegel, parece movida por un geniecillo travieso. Y sangriento, añadimos por nuestra parte.
«No permito que los de HB bailen sobre los cadáveres»

Conflicto y violencia
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón 13 Julio 2001

La adaptación del PNV al escenario surgido tras el fracaso del Pacto de Estella y la reanudación de la violencia por parte de Eta una vez finalizada la tregua-trampa, ha sido lenta y reticente. El discurso de Juan José Ibarreche en la sesión de investidura de anteayer es una buena muestra de la inveterada resistencia nacionalista a aceptar el marco constitucional y estatutario, porque sus propuestas de creación de una comisión parlamentaria encargada de analizar las posibilidades de modificación del mismo y de una comisión negociadora con el Gobierno central «al más alto nivel» para el desarrollo completo de las competencias de autogobierno, no son otra cosa que la insistencia en la perversa idea de que existe un «conflicto político» que exige solución. El portavoz peneuvista, Joseba Egibar, lo dijo con toda claridad cuando dirigiéndose a Otegi ¬al que apeló cariñosamente «Arnaldo» mostrando así la íntima cordialidad que reina entre colegas soberanistas»¬ le recordó que el PNV no existiría sin el susodicho conflicto.

   Eta asesina, secuestra y extorsiona sobre la base de que a los vascos se les niegan sus derechos, es decir, de que a pesar de que disfrutan de libertad de asociación, residencia, expresión, prensa, culto, sufragio universal, un nivel de autogobierno superior al propio de los Estados más descentralizados del mundo y la más completa autonomía fiscal, se encuentran oprimidos. Esta notoria falsedad es alimentada por el planteamiento formulado de nuevo por Ibarreche ante el hemiciclo de Vitoria. No es que los nacionalistas no estén legitimados para reclamar la autodeterminación o para aspirar a la plena soberanía, que lo están, sino que esta legitimidad desaparece en la medida que es simultánea con los tiros en la nuca, los coches-bomba y el vandalismo callejero. 

Mientras Eta esté activa, el mantenimiento de la reivindicación secesionista, por mucho que se intente deslindar el campo de los fines del de los medios, es una forma de colaboración indirecta, pero efectiva, con el crimen organizado. La proclamación reiterada del conflicto político es el combustible que aviva la hoguera del horror etarra. Para que la voluntad del lendakari de combatir la barbarie sea creíble, ha de manifestar explícitamente que el proyecto separatista queda aparcado, que cualquier relación con el entramado batasuno es suprimida, y que su prioridad absoluta, codo con codo con el resto de fuerzas democráticas, es la lucha policial, judicial, política, moral y cultural contra la banda y su entorno. Todo lo que no sea eso equivale a jugar el papel viscoso y siniestro de acompañante complaciente de los verdugos de la mitad de los ciudadanos vascos, víctimas inocentes de un problema inexistente cuya naturaleza imaginaria transforma en cómplices a todos los que lo presentan como real, con independencia de que pronuncien palabras o esgriman pistolas.

Visto desde Madrid
Consuelo ÁLVAREZ DE TOLEDO ABC 13 Julio 2001

Como dicen los chavales de ahora: «mal rollito». La autodeterminación para la independencia del País Vasco ya está ahí, con todos los merodeos propios del estilo Ibarretxe, disfrazada de palabras elípticas, edulcorada con profesiones de fe democrática, pero está ahí y va a marcar, como hierro en el lomo de la mayoría, lo que queda de legislatura. Estamos no ante un conflicto vasco, sino ante un problema nacional que afecta a la definición constitucional de España.

Y Aznar, ¿qué va a hacer? Esperar y ver. Es el retorno de la estrategia de los tiempos. Visto desde Madrid, el lance de Ibarretxe ha sido todo menos una sorpresa. No se han resentido las crujías de la Moncloa y hasta el momento la reacción está marcada por el tono de prudencia recuperado por Aznar. Ibarretxe será recibido, y pronto, en La Moncloa como mandan los cánones institucionales.

El discurso preelectoral del PP suena ya obsoleto y en la mirada concentrada de Mayor Oreja, desde su escaño de portavoz de la oposición, se percibe el agotamiento de una estrategia superada por la realidad electoral. Ibarretxe ha tomado la iniciativa al esbozar su plan que ha de llevar a «Madrid» ante los hechos consumados de una «rebelión cívica» preparatoria del órdago final: «que la sociedad vasca pueda ser consultada para decidir su propio futuro»

«¿Qué hay de malo en ello?», se pregunta el lendakari. Prontamente ha emergido Atutxa, como colgado del roble que vuela detrás de la Presidencia: « la autodeterminación, solamente si hay una clara mayoría que la respalde, si no, no vale de nada». ¡Faltaba más¡ Ha descubierto el mediterráneo, este hombre. Pero la situación comienza a ser envenenada para Aznar, que más temprano que tarde habrá de hacer frente a las pretensiones de reforma de la Constitución que ya aparecen explícitas en el discurso de Ibarretxe. Las capas de la cebolla independentista se van cayendo, sin nana de Miguel Hernández que cante a los compañeros del alma, compañeros asesinados.

Pero hoy estamos todavía en la esgrima de las palabras. Y Aznar cosecha hechos para responderlas. Si Ibarretxe habla de derecho a la vida, Aznar dice ETA. Si Ibarretxe dice diálogo, Aznar responde Constitución; si Ibarretxe pide autogobierno, Aznar responde competencias y Estatuto. Si Ibarretxe afirma que todo se hará en el Parlamento Vasco, Aznar recordará que hay Uldalbiltza. Y si Ibarretxe reclama por fin el referéndum para la independencia... entonces será la de Dios es Cristo.

Decisión difícil
JAVIER PÉREZ ROYO El País
13 Julio 2001

Bastantes meses antes de que se convocaran las elecciones autonómicas vascas se debatió sobre la conveniencia e incluso sobre la legitimidad de que el ministro del Interior de José María Aznar, Jaime Mayor Oreja, continuara siendo ministro del Interior cuando era un secreto a voces que iba a ser el candidato a lehendakari por el PP en dichas elecciones. Jurídicamente no había nada que impidiera a Mayor Oreja seguir siendo ministro. Política e incluso éticamente se dudaba que fuera aceptable que simultaneara esas dos posiciones. Esta última era la opinión de la mayoría de los ciudadanos en los distintos sondeos que se publicaron en aquellas fechas.

Después del 13-M creo que está claro que simultanear ambas posiciones durante tanto tiempo fue un error. La mayor parte de la sociedad vasca, la inmensa mayoría me atrevería a decir, no vio a Jaime Mayor Oreja como el candidato a lehendakari por uno de los partidos que concurrían a las elecciones, sino como el ministro del Interior que venía a reconquistar unas provincias rebeldes. De ahí el nivel extraordinariamente alto de aprobación que suscitaba en general en España y el nivel extraordinariamente alto de rechazo que suscitaba en el País Vasco, como todos los sondeos ponían reiteradamente de manifiesto.

El error no fue solamente de cálculo electoral, sino que fue un error político. No se le puede encargar a un político vasco el Ministerio del Interior y pretender que al mismo tiempo sea el portador de la estrategia política del partido en el País Vasco. En el Ministerio del Interior se quema como político vasco. No se puede ejercer simultáneamente de ministro del Interior y de político vasco. Su ejercicio como ministro le suprime cualquier margen de maniobra en el sistema político vasco. El político vasco queda hipotecado de manera irreversible a su discurso como ministro del Interior. Solamente tendrá credibilidad si mantiene ese discurso. Y con ese discurso, si no consigue la mayoría electoral para intentar ponerlo en práctica, no puede ir a ninguna parte.

Esto es lo que el debate de investidura en el Parlamento vasco el pasado miércoles puso de manifiesto con claridad meridiana. Las reseñas periodísticas no lo reflejan con precisión. Pero quienquiera que siguiera por televisión la intervención de Mayor Oreja no podría dejar de advertir que su discurso no fue el discurso de un parlamentario en una sesión de investidura, sino que continuó siendo el discurso del ministro del Interior del Gobierno de España. En el fondo y en la forma, que es tan importante como el fondo. Lo que Jaime Mayor Oreja vino a decirle, casi a exigirle, al candidato del PNV es que hiciera lo que él haría si fuera lehendakari y que, en tal caso, contaría con su colaboración. Dialogar en esas condiciones es sencillamente imposible.

Jaime Mayor Oreja es prisionero de su imagen durante cinco años como ministro del Interior. No está en su mano, ni en la de nadie, cambiarla. Y esto le impide participar en el debate político vasco. Ni Mayor Oreja puede dialogar con Juan José Iberretxe ni a la inversa. Se podrá producir un enfrentamiento entre ambos, pero no un intercambio de puntos de vista con la finalidad de llegar a algún tipo de encuentro. Mientras Mayor Oreja sea el portador de la política del PP en el País Vasco, las relaciones entre el Gobierno vasco y el principal partido de la oposición en el País Vasco y el partido del Gobierno de España estarán bloqueadas. Es posible que se guarden las formas y que no se reproduzca la ruptura total del último año y medio, pero no creo que se pueda llegar a entablar ningún tipo de diálogo que merezca tal nombre.

Esta es una de las dificultades adicionales con las que hay que contar a la hora de dar respuesta al problema de la violencia en el País Vasco. Comprendo que para el PP es muy difícil tomar la decisión de prescindir de Mayor Oreja. Pero cuanto más tarde en hacerlo, mayor coste va a tener y mayor va a ser su aislamiento en el País Vasco. Y más difícil va a resultar poner en práctica cualquier política de pacificación.

El silbante o desaparecidos en combate
Nota del Editor 13 Julio 2001

Resulta que el tipo de político españolista que quiere para las vascongadas, es del mismo tipo nacionalista que mira a otra parte cuando los terroristas atacan a los ciudadanos y a sus bienes, mientras silban su canción independentista. Quiere que los que defienden la vida y la libertad pasen a engrosar las filas de los desaparecidos en el "combate" nacionalista, en el que unos ponen y pierden la vida y la libertad y  otros las bombas, pistolas, artilugios incendiarios, amenazas, insultos y demás cosas sin importancia. Quiere muerte a la ética, al sentido común, a la libertad, a la vida, hasta que no quede ni rastro de ciudadanos libres, estorbos molestos para construir el paraíso terrenal vascón. Pues vaya, El País se queda sin lectores.   

La adicional
Juan BRAVO  La Razón 13 Julio 2001

Ibarreche ha desempolvado la disposición adicional del Estatuto de Guernica como arma para desmontarlo. Era previsible. Por mor del consenso constitucional, basado en la buena voluntad, se concedió esta disposición para complacer al PNV, que esgrimía en aquella época su cara constructiva, aunque reivindicativa. Que era leal, vamos. Pero esa lealtad no iba a durar eternamente. A Juan Bravo le ha llegado por e-mail el texto de la adicional, aunque no se le había olvidado. Dice: «La aceptación del régimen de autonomía que se establece en el presente Estatuto no implica renuncia del Pueblo Vasco a los derechos que como tal le hubieran podido corresponder en virtud de su historia, que podrán ser actualizados de acuerdo con lo que establezca el ordenamiento jurídico». Menos mal que la ingenuidad no llegó a tanto como para no incluir la sumisión al «ordenamiento jurídico», porque la adicional es un caballo de Troya para un Estado unificado. A estas alturas, es asombroso que alguien firmara esta disposición, teniendo en cuenta lo indefinido del «Pueblo Vasco» y lo irreal de los «derechos históricos». Pero, claro, el Estatuto se vendió como un instrumento para acabar con Eta. Y en esas estamos.  

Eta amenaza de muerte al Foro Ermua
La Razón 13 Julio 2001

La organización terrorista Eta amenazó ayer al Foro Ermua a través de su página «web» y le advirtió de que la próxima víctima será «un miembro del Foro», según informó a Servimedia su portavoz, Ernesto Ladrón de Guevara.
   
   De hecho, todavía puede leerse el mensaje en la dirección www.foroermua.com, que dice: «hace cuatro años nos cargamos a Miguel Ángel Banco y el próximo será un miembro del Foro... Al tiempo, hijos de puta fascistas españoles», y firma Eta. Este mensaje no es el único que la banda terrorista ha dejado en el «foro de debate» promocionado por el Foro Ermua. En dicho foro, también se leen mensajes como: «Aquí sólo caben las opiniones de los hijo putas fascistas españoles. Ya nos encargaremos de ellos uno a uno y a su tiempo» o «muera la sangre hispana mientras dure la invasión. Gora E.T.A.kin, E.T.A. Gurekin».

   Los integrantes del Foro Ermua denunciaron esta mañana la amenaza en las oficinas de la Ertzaintza para que quede constancia de ella e incluso pueda desarrollarse algún tipo de investigación para conocer al integrante o simpatizante de la organización que escribió el texto. La amenaza se produjo apenas 24 horas después de que la banda terrorista Eta asesinara en Madrid al policía nacional Luis Ortiz de la Rosa mediante un coche bomba. También coincide con la polémica porque el alcalde de Ermua, el socialista Carlos Totorika, impidió la celebración, por parte de los proetarras de un concierto-verbena en el día del aniversario del asesinato del concejal popular, Miguel Ángel Blanco.

Uriarte y Azurmendi afean ante Ibarretxe la política del PNV con las víctimas
VITORIA. J. J. Saldaña ABC 13 Julio 2001

La Fundación Miguel Ángel Blanco entregó ayer, en Vitoria, con la presencia de Ibarretxe, los premios a la convivencia a Edurne Uriarte y Mikel Azurmendi por «su compromiso y valentía moral». En el acto, los premiados reprocharon al lendakari la equiparación entre víctimas y verdugos, y le reclamaron justicia y libertad para los amenazados.

Uno de los dos premiados, el filósofo Mikel Azurmendi, que recibió el galardón de manos de la presidenta de la Fundación, Mari Mar Blanco, apreció en la presencia del lendakari un gesto de que algo ha cambiado, ya que el acto reunió a miembros del colectivo de víctimas del terrorismo, que han denunciado de forma sistemática su abandono institucional a nivel de Euskadi, y a miembros de la plataforma ¡Basta Ya !, y del Foro de Ermua, contrarios a las teorías nacionalistas. «Empiezo a creer en su compromiso por la libertad y la paz», dijo Azurmendi, que improvisó su intervención para aprovechar la presencia del lendakari, al que se dirigió personalmente.

Tras reconocer que, desde estos movimientos, se han podido «cometer errores», este «auto exiliado» vasco pidió a Ibarretxe y al conjunto de los vascos que aprendan quiénes son y qué son las víctimas del terrorismo, y a reconocer su valor. A su juicio, lo importante no es defender las ideas, sino a las personas y, poniendo como ejemplo a Ernest Lluch, una de las víctimas honradas por las instituciones vascas, sostuvo que «el desastre» es que se quedó sin voz para defender sus ideas, «que no son más verdaderas y falsas que si estuviera vivo _puntualizó_. No son sus ideas lo que tenemos que defender», espetó al lendakari «sino el que cada cual pueda defenderlas. Honrar a la víctima y a su memoria _prosiguió_ no es defender sus ideas, las ideas son para que las discutamos todos, las personas son intocables». Finalmente, recordó al lendakari que «la voluntad de la sociedad alemana» estuvo dirigida por el partido nazi y acabó con el exterminio de millones de personas, y afirmó que no es «la voluntad de la sociedad vasca», a su juicio, la clave, sino «el afán de la verdad, sin coacciones». Igual «también quiere exterminarnos», sentenció.

Por su parte, Edurne Uriarte, profesora y periodista que fue víctima de un atentado frustrado, afirmó, tras recibir el premio, que no era éste «el momento de felicitaciones, ni de alegrías» porque la razón de ser del premio «es precisamente el terrorismo fanático de ETA». Uriarte señaló que el galardón era, para ella, un «estímulo» para seguir luchando contra el terrorismo de ETA, y «reclamando justicia». Lamentó que, desde algunos ámbitos, especialmente nacionalistas se haga creer que en el País Vasco no ocurre nada, y que, frente al barbarie asesina de ETA, se escuden en «alusiones al radicalismo de los que combatimos a ETA» para permanecer instalados «en la indiferencia y en la cobardía». La Justicia «no se fundamentará en la negociación con los asesinos», replicó a estos, sino «sólo en su detención y enjuiciamiento».

Tanto Uriarte como Azurmendi coincidieron en destacar, entre aplausos de los asistentes y ante la presencia de Ibarretxe, que no se pueden equiparar víctimas con verdugos. Según la colaboradora de ABC, existe «cierto cansancio» en la ciudadanía ante «una dictadura etarra que se prolonga y, sobre todo, ante un nacionalismo que persiste en legitimar al terrorismo, voluntaria o involuntariamente, no sólo compartiendo sus objetivos, sino también equiparando a las víctimas de ETA con los asesinos».

Ante la impasible, pero atenta mirada de Ibarretxe, Uriarte reclamó justicia para las víctimas y libertad para la sociedad vasca, y mantuvo que «el derecho a la vida y a la libertad no pueden ser objeto de debate político, ni se someten a diálogo». «La libertad _dijo_ no tiene puntos intermedios, existe o no, no caben las equidistancias», añadió.

El inquilino del péndulo
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo
13 Julio 2001

Ha bastado una sola sesión parlamentaria, sobre su propia investidura como lehendakari, para que Ibarretxe volviese a comprender la necesidad de pactar, simbólicamente, con algún grupo no nacionalista como es el liderado por Madrazo. Pese a su inteligente y calculado discurso, ajustado en el marco jurídico vigente como el guante a la mano, sus meditadas propuestas políticas, en orden al progresivo autogobierno de Euskadi, se vieron rechazadas a la vez por la visión unitaria que de España tiene Mayor Oreja y por la aspiración unitaria que de Euskal Herría tiene Otegi. Ni una ni otra son las únicas existentes, pero ambas cuentan con un peso específico.

Dos meses después de las urnas de la Virgen de Fátima, las posiciones son las mismas. Dos frentes, dos líderes, dos proyectos. Han cambiado las formas e impera la suma cortesía, el parlamento de Vitoria parecía ayer la corte de Versalles, sin que hayan variado un ápice los contenidos. Superado el debate sobre la investidura, llegará el debate sobre los Presupuestos Generales de Euskadi. Si en julio Ibarretxe recurrió a Madrazo sin necesitarle, en noviembre ni con sus tres escaños sacaría adelante los presupuestos si Oreja y Otegi suman sus votos, por razones contrapuestas, a una enmienda a la totalidad.

La deliberada ambigüedad del péndulo patriótico del nacionalismo, en punto muerto entre los pactos de Lizarra y Ajuria Enea, finaliza en noviembre. Entonces, o bien se inclina en dirección a Zapatero, que decidirá lo que decida Aznar, o mal se inclina hacia Otegi, que acatará a la autoridad militar competente. No hace falta que uno u otro vote a favor. Basta con que el primero o el segundo se abstenga e impida la devolución de los presupuestos. Pero más allá de estas sumas o restas, el gran problema de Ibarretxe es resolver la cuadratura del círculo de una sociedad cuya mitad más uno vota a los partidos que defienden el derecho de autodeterminación y la mitad menos uno otorga su voto a los partidos que se oponen. Exista o no un contencioso histórico con el Estado, el que es determinante, desde luego, es el que existe entre los propios vascos. Pretender resolverlo unilateralmente con plenos monográficos, foros, conferencia, sermones éticos o manuales de urbanidad negociadora, es inútil si previamente no hay una mutua voluntad de diálogo completamente inexistente hoy. Si dos no pelean cuando uno no quiere, mucho menos hablan si ninguno de ellos lo desea. Eso es lo que le ocurre hoy a un Ibarretxe que puede terminar como Jesucristo, crucificado entre dos ladrones, si olvida que el inquilino del péndulo no es su propietario.

Hacia la independencia de Euskadi por la vía estatutaria
Lorenzo Contreras La Estrella 13 Julio 2001

Pero de verdad se puede creer que la nueva Administración Ibarreche la va a emprender en serio contra ETA, aunque en el discurso de investidura del renovado lehendakari se deslicen esperanzadoras ambigüedades capaces de sugerir que la preocupación por la seguridad de los ciudadanos y la garantía de los derechos humanos de todos los habitantes de Euskadi tendrá, dentro del cuadro de inquietudes propias de un Gobierno democrático, un lugar en la lista de prioridades?

Hasta última hora algunos observadores cifraban en el mantenimiento o la sustitución de Javier Balza como consejero de Interior del Gabinete Ibarreche el síntoma esencial del cambio o de la pura continuidad de actitudes, maneras y estilos políticos. Y es muy difícil creer que ese dato fuera lo esencial. El verdadero problema es la cantidad de violencia y terrorismo que los nacionalistas tenidos por moderados necesitan para ejercer la suficiente presión en favor de sus reivindicaciones independentistas. Violencia y terrorismo, naturalmente, a cargo de los mismos de siempre, de los profesionales del  crimen político organizado para los objetivos que nadie ignora.

Podrá haber sido pura casualidad que ETA haya asesinado a un policía nacional en Madrid cuando Ibarreche calentaba sus motores oratorios para el gran mensaje de una nueva época. Pero, haya sido azar o mera oportunidad de cometerlo en función de las facilidades que la banda busca siempre, ese asesinato en vísperas de la investidura del lehendakari tiene el exacto valor de síntoma que habría tenido en cualquier circunstancia y bajo cualquier intención de coyuntura. Lo que ETA ha querido significar, ya en las proximidades de esa investidura, se tratase o no de la víspera, es que nada ha cambiado y, sobre todo, nada va a cambiar. La filosofía continuista del terrorismo ya venía expresada por el último comunicado de la banda, facilitado a Gara y Egunkaria, cuando manifestó que los votos perdidos electoralmente por EH eran y son votos concedidos en préstamo al PNV y sus aliados nacionalistas, votos desplazados para el afianzamiento o logro de los objetivos comunes. Porque de eso se trataba, es decir, de indicar que hay una diversificación de tácticas y estrategias para alcanzar la gran meta por excelencia que unos y otros ambicionan.

Hay algo evidente, y es que Ibarreche y compañía, cuando proclaman cínicamente que no se cumple debidamente el Estatuto de Guernica, el mismo que ellos desprecian y descalifican, intentan sorprender la buena fe de algún sector de la opinión vasca no nacionalista, o por lo menos poner de relieve el proyecto de una pacífica utilización instrumental de las normas legales que, al amparo de la Constitución, han permitido a Euskadi convertirse en la más avanzada fórmula autonómica de toda Europa y la mayor y más cumplida antesala de autogobierno de todas las regiones y territorios que gozan de estatutos en el concierto de la UE.

Pero la gran cuestión es que sin acabar antes con ETA o dejarla maltrecha en grado suficiente, el Estatuto no se estará utilizando pacíficamente. Tampoco democráticamente, sino como elemento de presión antidemocrática para, a su cobijo, o bajo su coartada, ir socavando la resistencia legítima del Estado constitucional. No habrá argumento más capcioso y sofístico que prepararle al sistema surgido en 1978 la trampa de que se viene operando dentro de la legalidad para acabar con esa legalidad. Es el mismo procedimiento que se empleó desde el franquismo moribundo para poner fin a los días de la dictadura. Elevar falazmente el techo estatutario, como supuesta prueba de juego limpio, permitiéndose licencias "interpretativas", será el más sucio de los juegos. Un juego, por supuesto, necesitado de que ETA lo potencie y complemente con sus mortíferas actividades. Con ello cuenta de antemano el nacionalismo "moderado". De ahí que desde las filas del PP y del PSE/PSOE reclamen la gran prioridad: acaben ustedes antes con ETA y ya hablaremos. La respuesta nacionalista no necesita esfuerzos de adivinación. O sea, primero establezcamos las bases de la independencia, que ya tendremos ocasión de repartirnos con la banda los frutos del botín.

Reducir la incertidumbre
Editorial El Correo 13 Julio 2001

La designación del lehendakari Ibarretxe en la sesión parlamentaria de ayer aportó un dato que respalda, en su medida, la disposición del nuevo Gobierno al diálogo con las demás fuerzas parlamentarias. El voto favorable de los tres parlamentarios de Ezker Batua como respuesta a la mano tendida de Ibarretxe preludia una línea de colaboración sustentada en el intercambio de argumentos que mostró la cercanía entre IU y el lehendakari durante el debate previo. Pero la posibilidad de sumar tres escaños más a los treinta y tres que obtuviera la coalición nacionalista si bien permitirá al Gobierno salvar riesgos de inestabilidad en la tramitación parlamentaria de sus iniciativas, no resuelve los problemas derivados del enfrentamiento y la desconfianza mutuas que se han ido acumulando en la relación entre el nacionalismo y el constitucionalismo en Euskadi. El entendimiento del nacionalismo con IU debe contribuir a estimular -y en ningún caso a evitar u obstaculizar- la aproximación entre el nacionalismo democrático y el no nacionalismo representado por PP y PSE-EE.

La tarea trazada por Ibarretxe para el próximo período de sesiones en torno a la paz y al autogobierno no puede soslayar, a través de la mera modificación de actitudes y del establecimiento de un diálogo institucional, la persistencia de profundas diferencias en la concepción de la democracia en Euskadi y respecto a la relación entre ésta y el Estado constitucional. El «respeto a la decisión mayoritaria de los vascos» como condición señalada por el lehendakari para una satisfactoria resolución del «contencioso pendiente» sugiere, inevitablemente, una idea preconcebida de lo que ha de ser el resultado final del proceso de diálogo abierto en sede parlamentaria. Pero el trasfondo de la discusión en torno al ámbito vasco de decisión -o en torno a cualquier eufemismo que evoque el ejercicio pleno del derecho a la autodeterminación- no se reduce a la existencia de aspiraciones de autogobierno distintas entre los vascos; aspiraciones que van desde el conformismo respecto al actual grado de autonomía hasta la consideración de la etapa estatutaria como una fase ya caduca del devenir que espera a los vascos. El trasfondo de la discusión consiste en que mientras hay ciudadanos vascos cuya visión de futuro prescinde de compartir sus decisiones con el resto de los españoles, otros ciudadanos, tan vascos como los anteriores, no podrían ser fieles a sí mismos sin concertar sus deseos con la voluntad que manifiesten los ciudadanos del resto de España.

Eso es, entre otros muchos aspectos, lo que define la pluralidad de la sociedad vasca, no como un rasgo accesorio, sino esencial de su singular identidad. De ahí que, en contra de la analogía que acostumbra a establecer el lehendakari Ibarretxe, Constitución, Estatuto, autodeterminación o independencia no constituyan referencias equiparables, por muy abierto e ilimitado que se pretenda el diálogo político. La Constitución y el Estatuto representan, al mismo tiempo, el pacto y la norma que han venido sustentando la convivencia en nuestro país, por rotundas que hayan sido las desafecciones o las críticas respecto a ambos textos legales. Constituyen, entre otras cosas, el basamento sobre el que el Parlamento vasco legisla y el Gobierno vasco orienta su acción institucional. Mientras que cualquier otra aspiración, por legítima que sea, tendrá que garantizar previamente un consenso igual o superior al que hoy representan las instituciones del autogobierno para que pueda ser saludada con el mismo respeto democrático que requiere el marco jurídico vigente.

No se trata de que, en nombre de las actuales reglas de juego, el nacionalismo deba renunciar a sus objetivos. Se trata de que la búsqueda de esos objetivos no sea sometida únicamente a una ralentización del ritmo que los abertzales quisieron imprimir durante la vigencia de Lizarra, sino a un contraste franco y consecuente de sus aspiraciones con el sentido profundo de la pluralidad. Efectivamente, nada es inmutable. Pero hasta el diálogo más abierto e ilimitado requiere un punto de partida y puede soportar un máximo dado de incertidumbre en el ambiente. La intervención del lehendakari Ibarretxe ante la Cámara de Vitoria contribuyó a reducir el grado de incertidumbre que la extrema divergencia entre el nacionalismo y el constitucionalismo ha aportado a las perspectivas de futuro en Euskadi. Pero ninguno de los debates propuestos por él para el próximo curso político podrá alcanzar coincidencias amplias y duraderas si la reflexión en común no desemboca en una idea compartida de lo que el pluralismo y la democracia han de significar para el futuro de las relaciones entre los vascos y entre Euskadi y el Estado constitucional.

El alcalde de Ermua, Carlos Totorika, prohíbe la propuesta de Euskal Herritarrok de organizar un concierto de rock en el aniversario de la muerte de Miguel Angel Blanco
ALFONSO ROJO. Enviado Especial El Mundo
13 Julio 2001

ERMUA.- A un lado del nicho, del tamaño de un pequeño cuaderno escolar, está su foto. En la imagen, la misma que se difundió por todo el mundo hace hoy cuatro años, Miguel Angel Blanco tiene gesto de niño. Mira muy serio, como hacía en los plenos del Ayuntamiento de Ermua cada vez que plantaba cara a los de HB.

En la placa que tapa el agujero donde reposan sus restos, aparecen dos fechas. Había nacido el 13 de mayo de 1968 y murió el 13 de Julio de 1997, tras muchas horas de angustia durante las que millones de personas se aferraron con desesperación a la idea de que podía ocurrir un milagro.

Lo explica muy bien Carlos Totorika, el carismático alcalde socialista de Ermua. Cuando le digo que andaba por las rocosas montañas de Bosnia-Hercegovina en el terrible instante en que apareció el cuerpo agonizante de Miguel Angel, el alcalde sonríe con tristeza.

«El 100% de los ciudadanos españoles recuerda con exactitud meridiana donde estaba cuando asesinaron a Miguel Angel Blanco», comenta Totorika. «Fue algo tan macabro, tan trágico e irracional que quedó marcado para siempre en la memoria colectiva».

Miguel Angel Blanco fue secuestrado el 11 de julio de 1997. Los etarras advirtieron que, si en 48 horas no se trasladaba a todos los presos de la organización al País Vasco, asesinarían al joven. Millones de personas se echaron en masa a las calles al grito de «basta ya», pero los terroristas cumplieron su siniestra amenaza.

Totorika añade que la pasión y muerte del concejal del PP provocó un cambio en la sensibilidad social, en el esquema de valores, colocando de repente en primer plano, y muy por encima de la queja constante contra Madrid impulsada por los nacionalistas, el derecho a vivir y a hacerlo libremente. Esa actitud, unida a la gigantesca movilización popular, es lo que se llamó «el espíritu de Ermua».

Transcurridos cuatro años, ese espíritu sigue vivo. Al anochecer del pasado miércoles, varios cientos de vecinos se reunieron en la plaza del pueblo para rememorar aquellos fatídicos acontecimientos. Con velas encendidas y entre canciones y poesías de Imanol, Serrat, Aute, Aresti, Otero y Miguel Hernández, la gente volvió a homenajear a Miguel Angel y con él a todas las víctimas de ETA, a todos los exilados y a todos los amenazados.

Un par de horas antes, un centenar largo de amigos, compañeros de partido y familiares de Miguel Angel le habían rendido ya su personal tributo. Desde la puerta del palacio que sirve de sede al Ayuntamiento y detrás de una pancarta a favor de la libertad, el grupo partió en procesión hacia el cementerio, donde esperaba Consuelo Garrido, la madre del asesinado. A la cabeza de los que subieron la empinada cuesta, caminaban María del Mar Blanco, hermana del fallecido, Mari Carmen Fuez, presidenta de Nuevas Generaciones del PP, y Santiago Abascal, el joven y esforzado concejal de Llodio. Al llegar al camposanto, guardaron un minuto de silencio. Después, María del Mar afirmó con voz emocionada estar segura de que su hermano se sentiría orgulloso al ver cómo la gente se esfuerza para que permanezca viva su memoria y la de tantas víctimas.

María del Mar reside ahora en Madrid y sus padres se han traslado a vivir a Vitoria, donde en la tarde de ayer asistieron al acto en el que se entregó el Premio Convivencia a los profesores universitarios Mikel Azurmendi y Edurne Uriarte. El premio fue instituido por la Fundación Pro-Derechos Humanos Miguel Angel Blanco y ayer se concedió a los dos profesores -ambos exiliados- en el Palacio Escoriza-Esquibel de Vitoria y en presencia de Ibarretxe.

Hay quien dice en Ermua que a los padres y la hermana de Miguel Angel se les hacía agobiante el constante interés y la desinteresada piedad de sus convecinos. Hasta la ternura puede resultar asfixiante.

En el pueblo quedan parientes y uno de ellos, una tía de Miguel Angel, fue quien la semana pasada se acercó hasta la iglesia y pidió al párroco que hoy, coincidiendo con la oferta floral que el PP hace todos los 13 de julio, celebrara un responso en el cementerio. José Luis Iza, el cura, se negó alegando que su criterio es tratar a todos los feligreses por igual.

«Es algo que no se hace con nadie», explica el sacerdote, quien procede de Gernika, tiene 51 años y lleva diez meses en el cargo. «Mi decisión no tiene connotación política alguna». Cuando le comentas que su predecesor rezó en el cementerio los tres años precedentes, Iza no da la impresión de sentirse conmovido.

«Encima habría partidos políticos y medios de comunicación», argumenta el párroco. «La dimensión religiosa hubiera quedado opacada».

Han encontrado otro cura para hoy, pero el portavoz de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, Paulino Baena, ha reclamado un pronunciamiento público a la Conferencia Episcopal y califica de «escándalo aunque no de sorpresa» la actitud del párroco de Ermua.

«Es lo más alejando que uno puede imaginar de la caridad cristiana», asegura Baena. «Y resulta intolerable para el conjunto de los fieles católicos de España».

Lo que hubiera sido realmente insufrible es el sarcasmo que pretendían ejecutar hoy la concejal y los epígonos de Euskal Herritarrok. Hace un par de semanas, la concejal solicitó que se les cediera el frontón municipal para celebrar allí un concierto de rock. En el impreso fijaron inicialmente la fecha del 14 de julio pero después, durante la tramitación, adelantaron un poco las cosas y anunciaron que el día idóneo para ellos era el 13 julio. Esa fecha, desde la muerte de Miguel Angel, es jornada oficial de luto en el pueblo.

En el Consistorio de Ermua, formado por 13 concejales socialistas, 3 del PP, 2 del PNV, uno de Izquierda Unida y uno de HB, hay muchos amenazados de muerte y los días de pleno se reúnen más guardaespaldas que ediles, pero no es el miedo el sentimiento dominante. Al menos en lo que se refiere al alcalde.

Carlos Totorika, que ha puesto la bandera española, la ikurriña y la local a media hasta y mantiene en el balcón un lazo negro y un cartel que proclama la necesidad de paz, no está dispuesto a que los de HB «bailen sobre los cadáveres». Llamó a los concejales y una vez obtenido el acuerdo general emitió un decreto negando la autorización para el concierto. Después envió copia de la nota a la Ertzaina y la hizo pegar, en forma de pasquín, por portales, bares y rincones.

«Las movilizaciones populares tienen sus ciclos y este no es un momento en que la gente se sienta animada a salir en masa a las calles, pero tenemos las cosas muy claras», explica Totorika, a quien es difícil encontrar sin una pegatina contra ETA al alcance de la mano. «Ser tildado de fascista como hacen conmigo en los carteles puede representar que te saquen del País Vasco en una caja o exiliado, pero no podemos tolerar que se rían de nuestros muertos, porque ellos no son nadie; hay que plantar cara a estos tipos y al final ganaremos».

El Gobierno descarta la «superación» del Estatuto vasco
El ministro Jesús Posada asistirá a la toma de posesión de Juan José Ibarretxe
CARMEN REMIREZ DE GANUZA El Mundo
13 Julio 2001

MADRID.- El Gobierno de José María Aznar no contempla, en absoluto, una negociación con el nuevo Ejecutivo autonómico vasco para «superar» el marco constitucional ni el marco autonómico del Estatuto. El ministro de Administraciones Públicas, Jesús Posada, se mostró ayer escéptico sobre el proyecto político de Ibarretxe: «El plazo de seis meses marcado para los traspasos es demasiado corto, y salvo que los nacionalistas cambien los planteamientos que vienen defendiendo en los últimos meses y desde hace tantos años, no creo que tengan encaje en el marco constitucional».

En fuentes próximas a Moncloa, el criterio recogido ayer por este diario era aún más terminante: Existen muchos marcos institucionales para hablar sobre el Estatuto, y hasta cabe su reforma mediante la iniciativa de apenas quince parlamentarios. Pero el Gobierno no va a entrar en ningún «beneficio semántico, como el de la pretendida superación del Estatuto, porque éste, por más que se reformara, siempre será autonómico».

El ministro portavoz Pío Cabanillas declaraba ayer que «estamos ante un Estella sin ETA», pero en fuentes oficiosas, la crítica hacia el nuevo Gobierno vasco era, si cabe, más dura. Desde un importante ministerio, la reacción ante la nueva apuesta soberanista del gobierno de Ibarretxe provocó comentarios al más alto nivel sobre una posible «reelectura» del nuevo Concierto vasco.

Para el Gobierno, la nueva etapa inaugurada esta semana por el gabinete de Vitoria es la de «una regresión en la historia, hacia el más claro independentismo, en contra de la mitad de la población, y con las pistolas aún de por medio».

«Peor que hace 20 años»
No había matices en las palabras. «Estamos -decían- peor incluso que hace 20 años». Desde el Ejecutivo, el discurso de Ibarretxe se interpretó «no como el de un gobernante democrático convencional, sino, de nuevo, como el de un líder nacionalista: No ha hecho en absoluto un programa de gobierno. No hemos sabido qué va a hacer en economía, medio ambiente, o educación. Lo suyo es, más que nunca, una jugada propagandística. Su lenguaje es más moderado que el de Arzalluz, pero no difiere nada en el fondo de su proyecto».

El Gobierno mantendrá el diálogo institucional con Vitoria, y el ministro Posada confirmaba ayer mismo su asistencia a la toma de posesión de Ibarretxe el sábado en Vitoria. Pero su impresión es muy negativa sobre la posibilidad de entendimiento en las políticas de fondo.

Una de las fuentes más próximas a Aznar consultadas por este diario, apuntaba dos ideas clave: Por un lado, la de que la fecha del 2004 para la anunciada Ampliación de la Unión Europea determina, por más que sorprenda en el resto de España, el calendario del nacionalismo vasco, cuya lucha, ahora abierta, por la consecución de su propio estado, ha de tener como marco indiscutible la Unión, y es hacia la Unión a donde deben dirigir todos sus gestos y sus esfuerzos, de ahora en adelante.La segunda idea clave es que Ibarretxe va a seguir jugando la baza de la tregua. No se cree que el nuevo lehendakari vaya a caer, a corto plazo, en una «manifiesta ilegalidad» como la anunciada consulta popular. Se cree más bien que al llamado nacionalismo democrático le conviene mantener permanentemente vivo el debate soberanista, radicalizándolo en todo lo posible, para que sus llamamientos a un alto el fuego por parte de ETA acaben por surtir efecto. Creen que el nacionalismo moderado representado por Ardanza «ha muerto», y que el anunciado desarrollo estatutario es «puramente instrumental»

En una primera fase, según estas fuentes, el nuevo nacionalismo vasco tratará de que cale el mensaje de que el marco jurídico en el que se desenvuelven las relaciones con el estado central es insuficiente. Sólo en una segunda fase, el Gobierno Vasco fijará su reivindicación en un asunto más concreto, léase la ruptura de la Caja Unica de la Seguridad Social, léase la competencia sobre las instituciones penitenciarias, para provocar algún referéndum que abone el terreno para la tregua.

En el Gobierno se cree que los nacionalistas han emprendido un camino político de desgaste hacia el adversario español, cuyo peligro es «que acabe por aburrirlo».

Las fuentes consultadas se declaraban ayer insatisfechas sobre las propuestas de Ibarretxe en materia antiterrorista: «La posición del nuevo Gobierno vasco, el que no suspenda su reivindicación nacionalista mientras sigan mandando las armas, es un escándalo democrático de enorme calibre».

Zapatero insinúa un pacto con el BNG si logra más escaños que los nacionalistas en los comicios gallegos
Touriño, candidato a la Presidencia de la Xunta, presidirá la Conferencia Política del PSOE y Rafael Simancas la comisión política
R.Turnes/Agencias Madrid La Estrella 13 Julio 2001

El secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, aseguró ayer que "sólo será posible que haya un cambio en Galicia si el PSOE queda claramente por delante del BNG" en la elecciones del próximo mes de octubre, porque, a su juicio, únicamente así se podrá poner fin al "caciquismo" que el PP practica en esta comunidad. Los socialistas gallegos barajan la posibilidad, según fuentes del partido consultadas por este periódico, de pactar con el BNG para quitarle a Manuel Fraga la Presidencia de la Xunta de Galicia. Pero la condición que se ha impuesto el PSdG es obtener más escaños que los nacionalistas gallegos en dichos los comicios.

Zapatero, que hizo esta reflexión durante un coloquio que mantuvo con los miembros de las Juventudes Socialistas en la Escuela Jaime Vera de Galapagar (Madrid), señaló que uno de los retos a los que tiene que hacer frente el PSdG es convertirse "en el PSOE de Galicia" y no ser "el PSOE en Galicia".

En este sentido, explicó que la formación que lidera Emilio Pérez Touriño, tiene que diseñar un proyecto político que haga hincapié en "la identidad de lo gallego", acorde con la idea de la pluralidad de España que tiene el PSOE. En cualquier caso, el líder socialista se mostró convencido de que Touriño sustituirá a Manuel Fraga al frente de la Xunta y destacó que el PSdG ha sabido recuperar "mucha confianza en un tiempo récord", así como que para lograr la victoria en las elecciones tiene que "movilizar al mundo vinculado a la cultura gallega" y a los sectores estratégicos de esta comunidad.

Touriño presidirá la Conferencia Política
Por otra parte, pero dentro de la estrategia de los socialistas para aumentar la popularidad de su candidato a ganar los comicios gallegos, los dirigentes del PSOE han elegido a Touriño para que presida la Conferencia Política que el partido celebrará los días 20 y 21 de julio para cambiar las normas internas y "rearmar" el discurso ideológico, según han confirmado fuentes de la Ejecutiva Federal.

Rafael Simancas, líder de los socialistas madrileños (FSM) y probable candidato a las elecciones autonómicas de la comunidad de Madrid, será quien presida la comisión política de dicha Conferencia, una de las más relevantes y donde se debatirá sobre la renovación del nuevo discurso del partido. Será en ese foro donde Zapatero verá cómo sus compañeros de partido critiquen, alaben y aporten matices al manifiesto "Ciudadanía, libertad y socialismo", que el secretario general ha explicado como un apuesta por actualizar el ideario del partido para acercarlo más a los problemas cotidianos de los ciudadanos, "más allá" del centro político.

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