AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 15 Julio   2001
#Sábado sangriento
Editorial ABC 15 Julio 2001

#ETA reta a Ibarretxe
Editorial El País 15 Julio 2001

#Con pintas
Alfonso USSÍA ABC 15 Julio 2001

#ETA IMPIDE A IBARRETXE ABSTRAERSE DEL TERROR
Editorial El Mundo 15 Julio 2001

#El ámbito etarra de decisión
Editorial La Razón 15 Julio 2001

#Momento histórico
Carlos DÁVILA ABC 15 Julio 2001

#Txistu y lluvia
Charo ZARZALEJOS ABC 15 Julio 2001

#Aluche y Leiza
Pilar CERNUDA La Razón 15 Julio 2001

#Ibarretxe, el miserable
Enrique de Diego Libertad Digital 15 Julio 2001

#Pero Ibarretxe hace la goma
PEDRO J. RAMIREZ El Mundo 15 Julio 2001

#EL OBSERVATORIO DE IBARRETXE
Roberto L. Blanco Valdés La Voz
15 Julio 2001

#ESPAÑOL
César Casal González La Voz 15 Julio 2001

#La letra con sangre entra
FERNANDO LOPEZ-AGUDIN El Mundo 15 Julio 2001

#Juramento contra el terror
Editorial El Correo 15 Julio 2001

#El guante y la garra
ANTONIO ELORZA El Correo 15 Julio 2001

#Crímenes iguales y diferentes
RAFAEL AGUIRRE El Correo 15 Julio 2001

#La patria dúctil
J. U. AZPIROZ El Correo 15 Julio 2001

#Lazos de sangre
RICARDO ARANA El Correo 15 Julio 2001

#Monolingüismo
ENRIQUETA BENITO El Correo 15 Julio 2001

#Eta inaugura su verano negro con el asesinato de un concejal navarro y un jefe de la Ertzaintza
L. R. N. / E. Mejuto - Leiza / Leaburu.- La Razón 15 Julio 2001

#JOSE JAVIER MUGICA / CONCEJAL DE UPN EN LEIZA: Vacunado contra el miedo
ASIER DIEZ MON El Mundo 15 Julio 2001

#"A vosotros también os digo, que sois peores que ellos"
Leitza El País 15 Julio 2001

#La banda apuntó a través del periódico «Gara» a los concejales de UPN
PAMPLONA. ABC 15 Julio 2001

#El fracaso de la traducción automática
Javier Ors - Madrid.- La Razón 15 Julio 2001








Sábado sangriento
Editorial ABC 15 Julio 2001

Dijo Arzalluz durante la campaña electoral que si Mayor Oreja era lendakari, ETA se sentiría más justificada para seguir matando. La afirmación permitía dos interpretaciones más, a cada cual peor: que, en tal caso, el nacionalismo se sentiría menos obligado contra ETA y que sólo la victoria del PNV restaría capacidad a la banda terrorista. Lo primero ya sucedió en 1998, cuando todos los nacionalismos vascos -democrático y violento- tuvieron que aliarse para superar una crisis que amenazaba su hegemonía política y estratégica. Lo segundo se ha constatado como algo incierto, porque, a pesar de que el 13-M dio la victoria a un programa nacionalista químicamente puro, con soberanismo y conflicto incluidos, y luego refrendado por el pacto de gobierno y por los discursos de investidura, ETA ha asesinado a tres personas en la semana de la reelección de Ibarretxe. Está aún pendiente la explicación de Arzalluz de por qué su fórmula tradicional del chantaje (derrota constitucional más victoria nacionalista igual a menos terrorismo) no está funcionando y por qué sí parece funcionar la que expusieron los dirigentes etarras en la entrevista concedida al diario «Gara»: «la lucha armada ayuda al PNV». En estas aparentes contradicciones, hay un hecho inequívoco: después de 30 muertos desde la revocación de la tregua, el PNV gana las elecciones con el derecho a la autodeterminación en el eje de su programa, que dedicaba a ETA una sola mención.

Pero ETA es una bestia que no se domestica con programas políticos ni con cesiones limitadas. Ayer, la banda terrorista hizo ver, sin espacio a más preguntas absurdas sobre lo que quiere o lo que busca, que su criminalidad esencial no cabe en los artificios soberanistas del PNV. Por la mañana asesinó a José Javier Múgica, euskaldún, concejal de Unión del Pueblo Navarro en Leiza, municipio gobernado por EH. Las condenas y las promesas de reacción frente a esta muerte son inevitables, pero insuficientes porque ahora es el momento de recordar la infame campaña de señalamiento por los medios nacionalistas -recuérdese la entrevista a ETA en «Gara»- contra UPN y Miguel Sanz, presidente de la Comunidad navarra, por determinadas iniciativas políticas, especialmente las referidas a la situación lingüística, poco grata para los inquisidores del Santo Oficio nacionalista. Así, los que firman y los que disparan pretenden que los ciudadanos navarros se vean inmersos en el conflicto vasco y comiencen a sentir el mismo miedo que los vascos y, por tanto, la misma necesidad de dialogar. Pero como también es la hora de que ETA demuestre que los resultados electorales no condicionan ni sus tácticas ni sus estrategias, por la tarde, en Leaburu (Guipúzcoa), asesinó al ertzaina Mikel Uribe, jefe de la Inspección General de la Policía vasca en esa provincia. ETA quiere presionar al PNV para que retome el acuerdo soberanista en los términos que le viene proponiendo la izquierda proetarra. Los antecedentes de 1998 permiten cierto optimismo a la banda terrorista.

El asesinato del ertzaina vuelve a demostrar al PNV que ETA está dispuesta a llevar su violencia hasta la orilla del nacionalismo militante y gobernante, aún beneficiario del salvoconducto de ETA. Sin embargo, sería un error que el PNV volviera al mensaje de «uno de los nuestros». A Uribe le han asesinado por ser miembro de una fuerza pública de seguridad -no por su filiación política- representada por un sindicato mayoritario que denuncia sistemáticamente la pasividad consciente de sus mandos ante la violencia etarra.

En el acto de la jura de su cargo, Ibarretxe utilizó un lenguaje directo -justo es reconocerlo- contra ETA, poniendo por medio su compromiso de combatir «las barbaridades» de la banda con todas sus fuerzas. Si este es el propósito de Ibarretxe, el lendakari tiene muchos y eficaces instrumentos cerca de sí, como la educación, los medios de información públicos y afiliados y la propia Ertzaintza; tan cerca que su compromiso de combatir a ETA no funciona bien como reclamo de confianza sino como reconocimiento de su pasividad durante dos años y medio que eran cruciales para haber acorralado al terrorismo y a sus secuaces. Por eso, Ibarretxe lleva en sus compromisos mucho retraso. No tiene ni un día de gracia para combatir a ETA.

ETA reta a Ibarretxe
Editorial El País
15 Julio 2001

Eta sigue matando precisamente porque desprecia la voluntad mayoritaria de los vascos y no cree en la libertad que reclama para Euskal Herria. Ayer lo demostró por partida doble: asesinó por la mañana, dos horas antes de que el lehendakari Juan José Ibarretxe jurara su cargo para un nuevo mandato de cuatro años, a José Javier Múgica, euskaldún (vascoparlante) de 59 años, padre de tres hijos y concejal de UPN, y a última hora de la tarde, en Leaburu (Guipúzcoa), a Mikel Uribe, un mando destacado de la Ertzaintza, institución central del autogobierno vasco. ETA lanzó así, con este doble acto criminal, un reto brutal no sólo ya al Gobierno de Aznar, sino al de Ibarretxe y al propio Partido Nacionalista Vasco (PNV), además de a toda la sociedad de este país. Ésa es su respuesta a la voluntad democrática expresada por los vascos, el mismo día en que se conoce la composición del nuevo Gobierno de Vitoria.

No es casualidad que la organización terrorista esté pautando con renglones de sangre la agenda política vasca, en general, y la del nuevo lehendakari, en particular. Lo hizo el 5 de mayo, en el ecuador de las elecciones vascas, asesinando en Zaragoza al presidente del PP en Aragón, Manuel Giménez Abad; marcó el cierre de la campaña con el coche bomba colocado en la calle de Goya de Madrid el 11 de mayo; compensó la debacle electoral de Euskal Herritarrok diez días después, matando a tiros a Santiago Oleaga, al director financiero de El Diario Vasco de San Sebastián, e interfirió en el debate de investidura de Ibarretxe, el pasado miércoles, con el coche bomba que mató en la víspera al policía Luis Ortiz de la Rosa en Madrid.

La reiteración de las acciones criminales certifica su propósito de imponerse a la sociedad y de condicionar las decisiones de los ciudadanos y las instituciones sin someterse al contraste de las urnas e ignorando el mensaje que éstas han expresado con la marcada pérdida de voto del partido que representa al mundo abertzale. Pero al mismo tiempo recuerda cuál es la tarea prioritaria que, inexcusablemente, deben abordar los poderes públicos. Como ya hiciera en el Parlamento vasco, antes de jurar su cargo ayer en Gernika, Ibarretxe expresó con claridad su propósito: 'Combatir las barbaridades de ETA con todas nuestras fuerzas'. Una vez nombrado su Gobierno, es imprescindible que las medidas de reestructuración de la Ertzaintza y de coordinación con el Ministerio del Interior anunciadas en la investidura se lleven a cabo con la mayor rapidez y eficacia, y que Interior contribuya a ello con una plena dedicación. Pero a ETA no se le puede combatir sólo con policías, pues su derrota pasa también por desenmascarar y deslegitimar políticamente las excusas que alega para seguir matando.

Esta tarea corresponde muy en primer lugar a los partidos nacionalistas que conforman el Gobierno vasco, y requiere una actitud que se echó en falta en la anterior legislatura, incluso una vez confirmado el regreso de ETA a sus crímenes. Fiel a su estilo, Ibarretxe ha optado por el continuismo respecto a su anterior Gabinete, diseñado para la coyuntura del Pacto de Lizarra y de la tregua. Entre ellos se mantiene el desgastado titular de Interior, Javier Balza. Habrá que ver si este equipo nuevo y viejo a la vez puede adaptarse a una situación distinta, que requiere algo más que los gestos positivos mostrados por el lehendakari.

El programa que éste anunció en el Parlamento pretende hacer compatible la defensa de la libertad y la vida del cada vez mayor número de ciudadanos amenazados con un salto adelante en el autogobierno. El primer y único paso explicitado hasta ahora es la culminación del desarrollo del Estatuto en un plazo perentorio. Aunque sea factible en teoría, simultanear ambos objetivos resulta muy dificil; sobre todo si se pretende articularlo con un diálogo institucional normalizado, al que se ha mostrado dispuesto el presidente Aznar siempre que se sitúe en el marco del ordenamiento político vigente. Gobernar es optar, y la contumacia criminal de ETA muestra, un día sí y otro también, cuál es la tarea prioritaria de las instituciones y los partidos democráticos.

Con pintas
Por Alfonso USSÍA ABC 15 Julio 2001

El voraz incendio amenaza con extenderse. Varias personas gritan y piden auxilio desde las ventanas. En ese instante, uno de los bomberos se quita el casco de la cabeza, abandona la manga riega en el suelo, se desprende de su traje de amianto y llama por el móvil a «Radio-Teléfono Taxi» para solicitar un coche. A requerimiento de su jefe, justifica su actitud: «Es el «cumple» de mi hija y quiero estar con ella cuando apague las velas de la tarta». Lo lógico sería que, responsabilidades penales aparte, el bombero fuera sancionado y expulsado inmediatamente del Cuerpo.

El bañista mueve las manos con angustia. La resaca le impide llegar a la orilla de la playa y su resistencia se apaga. El joven y apuesto socorrista ha sido avisado y acude presto al salvamento. Con ímpetu y decisión se adentra entre las olas para cubrir la distancia que le separa del accidentado. En ese instante, vuelve hacia la orilla, sale del agua, se seca con una toalla y el bañista se ahoga. Increpado por la multitud, el socorrista se excusa: «El agua está demasiado fría». Lo lógico sería que, responsabilidades penales aparte, el socorrista fuera sancionado y expulsado inmediatamente de su torreta y profesión.

El accidentado llega en una camilla al hospital. Un médico de guardia examina sus heridas y considera oportuna una inmediata intervención quirúrgica. Todo está dispuesto en el quirófano, pero el cirujano no aparece. Al fin lo hace, cuando lo irremediable se ha producido. «Es que estaba viendo el final de la etapa del «Tour». La ha ganado Armstrong». Lo lógico sería que, responsabilidades penales aparte, el médico fuera expedientado por su Colegio y expulsado de inmediato de su altísima profesión.

Son cosas de los hombres, que saben distinguir entre el bien y el mal, el cumplimiento del deber y la dejación de sus responsabilidades. Cuando Dios anda de por medio, todo adquiere otra dimensión. Y la tristeza, el escándalo y el estupor se reúnen en una amalgama de repugnancia que nos obliga a vomitar de asco.

Se cumple el aniversario del terrible crimen. Un hombre joven fue secuestrado por unos terroristas. A cambio de su vida exigieron un imposible. Concedieron cuarenta y ocho horas de plazo. El hombre joven era un ser humano feliz, bueno y pacífico, que representaba en el Ayuntamiento de su pueblo a los conciudadanos que lo habían elegido democráticamente para ello. A las cuarenta y ocho horas se cumplió el plazo impuesto por los asesinos y le rompieron la cabeza con un disparo en la nuca. Lo encontraron malherido, descalzo y con las manos atadas a la espalda. Murió en el hospital en la madrugada más triste y llorada que se recuerda. Aquel hombre joven, Miguel Ángel Blanco, como sus padres, como su hermana, como muchos de sus amigos, creía en Dios y era católico.

Se cumple el aniversario y la familia desea que el párroco de su pueblo, Ermua, rece ante su tumba un responso. El párroco se niega y manda a la familia a freír gárgaras. El párroco no reza ni un Padrenuestro. El párroco, en el fondo, está más cerca de los que asesinaron a Miguel Ángel que del dolor de la familia de Miguel Ángel. El párroco, dependiente del Obispado de Bilbao, sigue siendo el párroco. El párroco oficiará hoy la Santa Misa dominical en su parroquia, y convertirá el pan en el Cuerpo de Cristo, y el vino en su Sangre. El lunes, el párroco, a lo sumo, recibirá una llamada de su inmediato superior interesándose por su postura, y el párroco se explayará sin cautelas. «Yo no rezo por un maqueto que ha invadido nuestro País». Y el lunes por la tarde, el párroco seguirá en su parroquia, el vicario en su vicaría, el señor obispo en su Obispado y los señores obispos de la Conferencia Episcopal sentados en sus sillones obispales discutiendo de problemas de ginecología y obstetricia. Responsabilidades cristianas aparte, ese párroco tendría que ser apartado de su ministerio y parroquia fulminantemente. Pero ellos no actúan como los hombres ni hablan como los hombres. Quizá redacten una densa e ininteligible justificación y todos quedarán en su sitio.

Ha escrito Carlos Herrera que el párroco de Ermua es un miserable. Es más que un miserable, Carlos. Es un cabrón con pintas.

ETA IMPIDE A IBARRETXE ABSTRAERSE DEL TERROR
Editorial El Mundo 15 Julio 2001

Los vascos no olvidarán fácilmente la jornada de ayer y las estampas contrapuestas que les trajo la investidura de Juan José Ibarretxe, marcada de la forma más vil y terrible por dos atentados de ETA. En la Casa de Juntas de Gernika el lehendakari pronunciaba un altisonante juramento, rodeado de parafernalia nacionalista, evocador de los derechos y libertades históricas del pueblo vasco. En las calles, los despojos de un hombre eran sacados de entre los hierros de su furgoneta, pocas horas antes de que otro fuera llevado al hospital agonizante tras haber recibido dos tiros en la cabeza.

Frente a esa Euskadi con la que fantasea el PNV, ETA puso a Ibarretxe ante la Euskadi real que tendrá que gestionar esta legislatura. Con el asesinato de José Javier Múgica, ETA culmina de forma sangrienta el asedio, la persecución y el hostigamiento que el concejal de Unión del Pueblo Navarro padeció en vida. Desempeñar su cargo -representando a un partido asociado al PP- en el municipio navarro de Leiza, donde EH gobierna alentando a sus muchachos de la kale borroka a enseñorearse de las calles, le había hecho padecer ataques tan crueles que su empeño en resistir heroicamente, a cuerpo descubierto, provoca sentimientos de admiración y también de frustración, porque no disponía de la protección adecuada.

Por otra parte, el asesinato de Mikel Uribe, jefe de la unidad de inspección de la Ertzaintza en Guipúzcoa, y afiliado a ELA, evidencia que ETA desdeña el hecho de que este cuerpo de policía sea fruto del Estatuto y esté controlado por el PNV, por no hablar de su tibieza con la kale borroka o su ineficacia contra la propia banda terrorista. La mera defensa de la legalidad es razón para que se convierta en objetivo de los asesinos.

Para manejar esta emergencia en que está sumida la política vasca, Ibarretxe ha nombrado un desalentador Gobierno continuista, con Balza como consejero de Interior. El nacionalismo de Ibarretxe sigue compartiendo los fines últimos de ETA. Y cree poder conjurar esa sintonía con la promesa de combatir el terrorismo, enunciada en paralelo a la reivindicación del cumplimiento íntegro del Estatuto y su posterior superación. Pero la excepcionalidad que la propia ETA le ha recordado descarnadamente el día de su jura debería obligarle a dejar a un lado los planteamientos de negociaciones y las propuestas de comisiones mixtas mientras no se solucione el mayor problema del pueblo vasco, o sea, el terrorismo. El lehendakari no puede hacer planteamientos políticos de una mayor independencia abstrayéndose de que los encargados de proteger la vida de los ciudadanos son asesinados por ello, y que quienes anteponen las ideas de democracia y libertad a las de autogobierno, que él defiende, se ven obligados a vivir con escolta o a morir despedazados.

El ámbito etarra de decisión
Editorial La Razón 15 Julio 2001

El doble y macabro juego de Eta está claro. En el conjunto de España, diseminar el terror aleatorio para llevar al desánimo social; en el País Vasco y en la Comunidad Foral navarra, concretar el terrorismo para acabar con los sectores sociales, políticos y policiales resistentes a la dictadura nacionalista. Esta semana sufrió Madrid, en la vida de un policía ejemplar, el embate de la primera forma de terrorismo desmoralizador. Ayer fue el momento, para la banda nacionalista etarra, de utilizar el segundo, al acabar con la vida de un representante político navarro, el valiente concejal de UPN José Javier Múgica. El hombre que había dado la cara frente al dominio proetarra en Leiza, un pueblo controlado por EH. Un paso más hacia la «limpieza política» en los lugares donde Eta quiere imponer el monopolio del poder por eliminación de la resistencia democrática. Otra persona que no podrá decidir libremente su futuro. Una nueva invitación a que se deje al independentismo el campo libre por el método de forzar su desbandada. Y, pocas horas después, para demostrar de quién es la iniciativa en el «abertzalismo», al tirotear a un mando de la Ertzaintza, Mikel Uribe, en Guipúzcoa. Justo el día en que juraba el cargo Ibarreche, y nombraba otra vez al ineficaz Balza consejero de Interior.

   La combinación de ambas formas de práctica terrorista es, además de honda causa de tragedias personales y tristeza social, la demostración de una estrategia de búsqueda de la hegemonía por rendición o sumisión. De ahí que el Estado deba poner en marcha los mecanismos más eficaces en la defensa de la sociedad para proteger a sus ciudadanos. Del Estado, y del Gobierno que lo gestiona (nacional y autonómico) ha de reclamarse eficacia, y no, desde luego, que se oculte tras las faldas de la sociedad. La rebeldía social es conveniente como apoyo moral, pero no una excusa. Del Gobierno no ha de esperarse que acuda a manifestarse en la calle tras una pancarta, sino que actúe desde su puesto.

   Comprendemos, en todo caso, que esta lucha sea difícil. Pero no porque acabar con una mafia lo sea, que lo es en todas partes. Sino porque la banda etarra encuentra siempre una cobertura política, una legitimidad que por sí misma no tendría, al ver en el nacionalismo vasco una señal de que se puede avanzar en su utopía secesionista. Si nadie del nacionalismo le diera ninguna esperanza en la posibilidad de alcanzar sus objetivos (aunque no comparta sus métodos), la vida de Eta sería corta. Pero como cada vez que habla el nacionalismo vasco se plantea la pérmuta de soberanía por paz, Eta ve que cuanto más violencia ejecute, más fuerte puede ser la reclamación independentista. Y no porque acepte que el PNV protagonice el camino separatista, sino porque cree que una vez marcada esa senda (el ámbito vasco de decisión) será la propia Eta la que se imponga al PNV. Por eso es tan lamentable ver al flamante lendakari Ibarreche arremetiendo contra Eta mientras apela a la voluntad de los vascos para decidir su futuro. De seguir Eta actuando, los vascos y navarros que decidirán su futuro serán la mitad de los actuales. Así se gana cualquier consulta.

Momento histórico
Carlos DÁVILA ABC 15 Julio 2001

Para Ibarreche no ha podido empezar peor su nueva gobernación. Dos asesinatos en un solo día, tres en una semana, le previenen sobre la campaña que ha emprendido ETA para forzar al PNV a volver al redil. La banda no tiene piedad ni siquiera con quien tanto la ha comprendido, y ya sólo quiere rendición incondicional, exige que el Gobierno vasco no flaquee en su torpísimo compromiso de autodeterminación, soberanía, independencia. El PNV tiene que tener muy claro que ETA no le ofrecerá tregua en esta campaña terrible de presión. Lo de menos es que una de las personas asesinadas ayer perteneciera a un cuerpo policial, la Ertzaintza, tan singularmente ligado al PNV, pero sobre todo a Arzallus y a Eguibar. Lo de más es que la estrategia de ETA está dirigida a un solo fin: a mostrar al nacionalismo que la sola vía es la que los asesinos imponen, que no hay caminos intermedios ni serenos; mucho menos, caminos pacíficos.

¿Tan difícil es comprender esto? Las palabras de condena de Ibarreche son sólo promesas inanes si no se pasa a los hechos, a la plasmación práctica de tanto dolor, de tan humana condena. Para el PNV no queda otra solución que el regreso a la constructiva compañía de los pacíficos, porque la otra ya se sabe que conduce al destrozo de las familias, a la «aterrorización» y al hundimiento de un país entero, por más que éste no se haya dado por enterado. En este momento de tan horrendo sufrimiento general, al PNV le cabe la decisión histórica de terminar con cualquier aquiescencia con los violentos y sus socios, de romper todo vínculo con Batasuna, la piel de ETA, con quien todavía mantiene increíblemente -ayer lo denunciaba Nicolás Redondo- acuerdos municipales.

No es este trágico instante hora de reproches, pero sí de insistencia en los principios, porque toda fortaleza es poca contra los terroristas. Es estúpido pensar que los etarras pueden conmoverse con descalificaciones democráticas: a ellos les traen por un higo las manifestaciones públicas o las declaraciones ampulosas del estilo de «ETA no ha comprendido el mensaje del 13-M». La banda quiere forzar al PNV a la negociación, que es ni más ni menos que una postración para el futuro, porque ni siquiera dándoles la razón con la secesión, con la independencia, ETA va a dejar tranquilo a nadie. El PNV está en una difícil pero muy clara disyuntiva; es de esperar que esta vez, con tres asesinatos en una sola semana, lo entienda perfectamente.

Txistu y lluvia
Por Charo ZARZALEJOS ABC 15 Julio 2001

De Guernica a Leiza no hay una excesiva distancia y el olor a pólvora que de manera criminal acabó con la vida del concejal de UPN José Javier Múgica se hizo sentir en la Villa foral. Allí, a los sones del txistu mezclados con la lluvia, Juan José Ibarretxe juraba su cargo y tomaba posesión del mismo.

Hubo protocolo y solemnidad. Aplausos nacionalistas para el jefe de Gobierno y gritos -«el 13 de mayo San Fermín, iros a Madrid», fue alguno- de gente que «no era de HB» para quienes , PP y PSE, tienen la certeza de que ETA «va a por nosotros, como siempre» pero ahora con la intención de «hacernos imposible ir a las elecciones municipales».

Ibarretxe, con gesto contrariado, juró bajo el árbol y tomo posesión como lendakari y como representante del Estado en el interior de la casa de Juntas, de acuerdo con el Estatuto, a veces «carta otorgada», a veces algo «precioso». Los nacionalistas y gran parte de los invitados le acompañaron con sus aplausos y los no nacionalistas, también de pie y con respeto, dejaron sus manos quietas. Demasiada incertidumbre, demasiada preocupación, demasiada percepción de lejanía, demasiados frentes abiertos como para mostrar un solo gesto de júbilo. «A ETA trasladarles todo mi desprecio», dijo Ibarretxe. «Vamos a combatir las barbaridades de ETA con todas nuestras fuerzas», añadió para reivindicar a continuación la vida, el respeto a todas las ideas y el diálogo. «El brillo de nuestro corazón se ha ensombrecido», sentenció el lendakari. Mayor Oreja se le acercó y le deseó éxito y Redondo quiere que el Gobierno vasco se involucre directamente para garantizar la confección de listas municipales de todos los partidos.

Con el brillo del corazón ensombrecido, con ETA campando por sus respetos -entre atentado y atentado se vuelve invisible- en Navarra, en Madrid y en el País Vasco y con la maquinaria en marcha para intentar convertir en derecho lo que son aspiraciones bajo la máxima del diálogo sin límites y «con absoluta normalidad» que dice el lehendakari se inicia esta VII Legislatura vasca que también promete pasar a la historia.

Hay en Euskadi mucho, muchísimo corazón ensombrecido. Oponerse a la unidad de España puede tener el problema de quedarse en minoría. Negarse a aceptar que la aspiración de la autodeterminación es un derecho que debe ser asumido por todos -«eso es democracia» dicen sus defensores- y afirmar que la única normalización pendiente es la de la libertad para todos por igual ensombrece el corazón de muchos, que no el ánimo, porque el riesgo no es el de ser minoría, que es un riesgo democrático, sino el de que ETA deje desparramado tu cuerpo en una acera. ¿Por qué han muerto todos los muertos?

Aluche y Leiza
Pilar CERNUDA La Razón 15 Julio 2001
 
Dos en una semana, la semana en la que Juan José Ibarretxe pronunciaba su discurso de investidura y juraba su cargo de lehendakari. Dos en una semana, en Aluche y en Leiza, en Madrid y en Navarra, pero los asesinos pertenecen a una banda terrorista vasca. El lehendakari tendría que actuar con mucha más contundencia, no valen sólo las palabras de condena. Son precisas otras medidas: que la Ertzaintza colabore con las fuerzas de seguridad del Estado, que los policías autonómicos actúen de verdad contra la violencia callejera, donde crecen los alevines de terrorista, y que el presidente de los vascos, de todos, deje en segundo plano las reivindicaciones soberanistas y se ponga como tarea prioritaria la erradicación del terrorismo. Y sólo entonces, sólo cuando Eta haya abandonado las armas o haya sido derrotada policialmente, puede presentar el PNV iniciativas políticas soberanistas, independentistas, o como quiera llamarlas. Que en su derecho está de hacerlo. Lo que no puede ser es que lo plantee ahora, dando a Eta motivos de aplauso. Y de matar. En Aluche y en Leiza. La semana que Juan José Ibarretxe se hacía cargo del gobierno.

Ibarretxe, el miserable
Por Enrique de Diego Libertad Digital 15 Julio 2001

La banda terrorista-nacionalista “celebra” cada evento democrático con un atentado. La investidura de Ibarretxe ha sido “amenizada” por una bomba-lapa que ha acabado con la vida de José Javier Múgica Astibia, un hombre bueno, valiente, que había hecho del compromiso democrático una forma de heroísmo. Antes, el debate de investidura, le “costó” la vida al Policía Nacional, Luis Ortiz.

En ese debate, Ibarretxe utilizó con descaro a la banda terrorista-nacionalista como polo político contrapuesto al PP; dos supuestos extremos, entre los que estaría la centralidad del PNV. Es difícil concebir un argumento tan inmoral y miserable. ¿Qué equidistancia existe entre quien puso la bomba en los bajos de la furgoneta y José Javier Múgica Astibia? ¿Había una centralidad entre los judíos de Auschwitz y el jefe del campo?

Ibarretxe no es de centro, es de la extrema derecha xenófoba, de la estirpe sabiniana. No hay una centralidad moral entre la abyección asesina totalitaria y la heroica resistencia democrática. Eso es estricto relativismo moral, hipocresía, incapacidad para distinguir entre el bien y el mal. De hecho, este Ibarretxe que multiplica los minutos de silencio (algunos dicen que para recuperar la calle ganada por Gesto por la Paz y ¡Basta ya!) sigue manteniendo pactos con Eta y sus corifeos en diecisiete ayuntamientos.

Ciudadanos y ciudadanas vascas de diecisiete municipios son gobernados por los batasunos gracias a los votos del PNV. No es un contrasentido, es una muestra más del carácter miserable del nacionalismo, del que Ibarretxe es hoy su emblema, en una sociedad enferma, donde los levitas se niegan a rezar por el alma de las víctimas. ¡Sepulcros blanqueados! ¡Los peores y más execrados por Cristo!

Pero Ibarretxe hace la goma
PEDRO J. RAMIREZ El Mundo 15 Julio 2001

Todavía recuerdo mi mal disimulado respingo de hace veintitantos años cuando siendo un joven reportero le pregunté al doctor Josu Arenaza -uno de los líderes del llamado sector sabiniano del PNV que tanto detestaba Arzalluz- por su oferta política soberanista y tras referirse a los derechos históricos, a la promoción del cooperativismo y al impulso de la sanidad pública, añadió sin el menor deje de ironía: «Y muchas carreras de bicis».

Siendo tan extensa e intensa la pasión por el ciclismo en el País Vasco, no es de extrañar que un hombre nada original en sus metáforas como Egibar haya aprovechado ahora la coincidencia de fechas para presentar a Ibarretxe -cual émulo de Induráin- como el líder providencial que permitirá al nacionalismo afrontar «el Tour de la nueva Legislatura» con garantías de éxito.

Pues bien, en los avatares, técnicas y tácticas del ciclismo es fácil encontrar símiles al alcance de cualquiera que explican mejor que ningún ensayo o tratado las claves de lo que ha sucedido en los últimos años en la política vasca y de lo que, a juzgar por el debate de investidura, ocurrirá a partir de ahora.

Lo que caracterizó la pasada edición de esta versión parlamentaria de la grande boucle fue la espectacular escapada encabezada por Arzalluz y el propio Egibar en la escalada del Col de Lizarra, de categoría especial. Les acompañaban el tenaz y enjuto Ibarretxe, que en la subida hizo una incómoda y durísima tarea de gregario, un par de buenas pulgas del equipo EA, el inquieto rodador Javier Madrazo, siempre atento para colarse en cualquier fuga a fin de lograr el Premio a la Combatividad o cualquier otra pedrea, y la plana mayor del conjunto EH, sancionado en un sin fin de ocasiones por el uso de sustancias tóxicas que provocan un exceso de concentración, y a menudo la explosión, del oxígeno en la sangre ajena.

Las versiones sobre lo sucedido tras coronar el desafiante puerto con muchos minutos de ventaja sobre un aturdido y sesteante pelotón son contradictorias. El caso es que tras un falso llano, recorrido en medio de una aparente calma y falta de hostilidades, en las estribaciones del Col de la Udalbiltza los equipos del PNV y el EH dejaron de darse relevos, empezaron a reprocharse el uno al otro el incumplimiento de la estrategia acordada y la fuga quedó sentenciada, mientras el buen doméstico Ibarretxe sufría una monumental «pájara» de la que sobrevivió a duras penas -a punto estuvo de bajarse de la bici-, arropado por una pequeña parte de sus compañeros en la cola del pelotón.

En las siguientes etapas los equipos del PP y el PSOE, que habían neutralizado esa escapada decisiva una vez que reaccionaron y colaboraron en la persecución, comenzaron a sufrir todo tipo de agresiones y sabotajes -ruedas pinchadas, comida en mal estado, empujones hacia la cuneta, tensión psicológica producida por ataques a familiares...- que desembocaron en la eliminación física de un corredor todoterreno de la talla de Fernando Buesa. Detrás de todo este repertorio de antideportividad fue fácil detectar la mano violenta de los seguidores, o más bien de los patronos, del EH. Un EH cuyos corredores ni censuraron tal salvajismo ni siquiera respetaron los kilómetros solidarios en los que los demás equipos rodaron enlazados en señal de protesta.

Con las fuerzas muy igualadas la carrera se decidió finalmente en la última etapa en un apretado sprint, en el que el PNV, el EA y una parte importante de los efectivos del propio EH trabajaron concertadamente para lanzar a un sorprendente Ibarretxe que, mostrando una prodigiosa capacidad de recuperación, protagonizó un brillante estirón final. Tanto Mayor Oreja, luciendo el maillot de la gaviota, como Redondo Terreros, enfundado en el del puño y la rosa, fueron víctimas de codazos y agarrones no sólo dentro del pelotón sino también por parte de algunos espectadores apiñados en los últimos metros del recorrido, lo que contribuyó a que no pudieran aguantar la rueda de ese inspirado demarraje final.

Ibarretxe ha pasado ahora por méritos propios de la condición de gregario a la de jefe de filas y ha decidido cambiar de táctica, recordando sin duda lo mal que lo pasó tras la aventura del Col de Lizarra. En principio ha descartado nuevos acuerdos con los marrulleros del EH -a los que cualquier redada nocturna volverá a sorprender almacenando todo tipo de sustancias prohibidas en su herriko hotel de turno- y ha decidido subir a tren, encabezando un compacto pelotón parlamentario, las primeras rampas de una larga carrera, significada por lo erizado de la ruta.

Si la etapa prólogo de la investidura sirve de pauta a lo que serán las siguientes, parece claro que el lehendakari pretende desgastar a sus rivales mediante lo que en el argot se conoce como «hacer la goma», o sea ir probando y erosionando su resistencia mediante sucesivos tirones, abriendo primero brecha y dejándose luego absorber, haciendo ver desde el primer momento quién es el que manda y lleva la iniciativa en la serpiente multicolor, pero renunciando a esos violentos hachazos sostenidos hasta la extenuación, -tan propios del EH-, que a menudo a quien terminan sepultando es a quien se atreve a improvisarlos.

Ibarretxe ha dicho en su discurso que se mantendrá en el seno del pelotón estatutario, aunque le obligará eso sí a rodar al máximo de sus posibilidades con cuantos tirones y demarrajes sean precisos. Ya ha anunciado uno para septiembre en la tachuela del Col de la Pacificación y otro para octubre en las más empinadas rampas del Col de las Transferencias. ¿Significa eso, por otra parte, que descarta emprender en algún momento la escapada de la autodeterminación? Claro que no, «¿qué hay de malo en ello?»

De momento se siente tan seguro de sus propias fuerzas como para proponer al director deportivo del PP que emprendan la fuga a medias, creando una comisión mixta para modificar el Estatuto, y amenazándole en caso de negativa con movilizar a todos sus coequipiers para poner tierra de por medio por su cuenta. Y en este segundo escenario él ya no podría evitar, claro está, que los chicos del EH volvieran a meterse en el corte.

Ibarretxe es quien viste de amarillo y es lógico que sea quien controle la carrera, pero en estas primeras escaramuzas ya ha sentido el aliento en el cogote de un Mayor Oreja pletórico y un Redondo Terreros, estimulado por la tácita renovación de su contrato. Uno y otro le van a someter a un férreo marcaje sin dejar de salir a ninguno de sus ataques, y veremos quien termina desfondado antes con este juego de la goma, a base de dos pasos adelante y uno atrás. En contra de los corredores del PP y del PSOE juega el lastre de tener que pedalear con casco, chaleco antibalas y demás elementos protectores para preservarse de las agresiones de los seguidores del EH que aun a regañadientes agitan las ikurriñas y jalean a Ibarretxe, convencidos de que en caso de necesidad el equipo del líder siempre tenderá a los suyos un bidón de agua o una bolsa de comida.

Ayer mismo, uno de los más modestos componentes del filial del PP -el UPN-, abnegado defensor de sus colores en un lugar controlado por las peñas del EH, fue eliminado para siempre de la competición al estallar un explosivo colocado en el tubular de su máquina. A nadie se le escapa que el objetivo de esta acción es conseguir que cuando lleguen las carreras locales del circuito vasco-navarro estas formaciones no puedan presentarse a muchas de ellas por falta de efectivos. El mortífero ataque horas después contra un miembro del cuerpo de comisarios de carrera, destinado en uno de sus tramos más conflictivos, ponía de relieve la situación límite a la que se ha llegado, la necesidad de la unión de todas las figuras para preservar la competición y lo extemporáneo del juego de Ibarretxe.

Los equipos de la gaviota y el puño y la rosa tienen, sin embargo, a su favor la leal colaboración entre sus respectivos directores deportivos -mientras los que vayan en los coches sean Aznar y Zapatero no habrá ni traiciones ni alianzas contra natura- y sobre todo el aliento de casi veinte millones de aficionados de toda España, incluido más de medio millón de vascos. Ibarretxe podrá, pues, alborotar la carrera, atacando sobre el pavés de la negociación del Concierto Económico o imponiendo su ritmo rompepiernas cuando encare la cordillera del ámbito vasco de decisión y la carretera se empine en los grandes desniveles de los derechos históricos, pero debe dar por seguro -en el caso de que siga sin afrontar la cruda realidad- que cualquier intento serio de escapada tendrá el mismo desenlace que el de la edición anterior. Será neutralizado.  pedroj.ramirez@el-mundo.es

EL OBSERVATORIO DE IBARRETXE
Roberto L. Blanco Valdés La Voz 15 Julio 2001

Un suponer: imagine usted, por un momento, que un dirigente democrático llevase al Parlamento que va a investirlo jefe de gobierno la idea de aprobar un manifiesto institucional de comportamiento ético frente a la violencia; o la de crear un observatorio para velar por la defensa de las libertades y derechos. Al oír hablar del tal manifiesto y del tal observatorio pensaría usted, en buena lógica, que, con ellos, el citado dirigente se propone combatir esa ocasional intolerancia religiosa, o esos brotes xenófobos más o menos graves que, para vergüenza general, recorren varios países europeos desde hace algunos años.

Cuál no sería su sorpresa, sin embargo, si alguien le aclarara que observatorio y manifiesto forman parte, en realidad, del plan de medidas que aquel jefe de gobierno presenta ¡para hacer frente a la barbarie de una banda terrorista que ha asesinado a varios cientos de personas! Y cual, si le dijeran, además, que un día antes de que tales propuestas fueran formuladas ¡los terroristas asesinaban a un policía y tres después mataban a sangre fría al concejal de un pequeño ayuntamiento de Navarra y a otro policía!

De hecho, sólo la realidad tangible de esos crímenes horrendos permite colocar en el lugar que se merece el discurso de investidura presentado por quien es hoy ya lehendakari de los vascos. Pues esos crímenes son desde hace mucho el telón de fondo de su habitual retórica piadosa de la paz y el fin de la violencia, que Ibarretxe repitió el miércoles pasado como parte de la cansina letanía a la que ya nos tiene acostumbrados: la de que ETA es la expresión de un conflicto que sólo el dialogo puede solventar, la de que los vascos deben poder decidir sobre el futuro y la de que esa decisión es la llave de la paz.

Únicamente desde la irreductibilidad de esas víctimas del totalitarismo identitario y etnicista a la retórica de la búsqueda del dialogo, la condena de la violencia y la defensa de la paz, es posible juzgar los supuestos cambios del discurso de Ibarretxe, a los que muchos se han agarrado en estos días como quien lo hiciera a un clavo ardiendo. Pues lo cierto es que en sus palabras volvió a faltar, como ha faltado siempre hasta el presente, la declaración nítida y rotunda que es exigible a un jefe de gobierno: la de que pondrá todos los medios que están bajo su mando al servicio del único objetivo que es compatible con la ley y la decencia democrática: el de la lucha contra los criminales y sus cómplices.

En lugar de ello, Ibarretxe habla de crear observatorios, mientras los muertos, por desgracia, pueden contemplarse a simple vista. Basta con no cerrar los ojos.

ESPAÑOL
César Casal González La Voz 15 Julio 2001

Le decían «español». Se trataba de un insulto. Iba en el bus y gente (o gentuza) de su propio ayuntamiento le chillaba «español». Leiza tiene 3.000 habitantes. La mayoría vota al partido que tiene las papel-eta-s manchadas de sangre. Ya le habían quemado el negocio y la furgoneta. Al muerto lo vi hablar en el telediario: «Hay que seguir. Ahora somos cuatro. Pero, si ven que no tenemos miedo, pronto el pueblo nos apoyará». Ponía los pelos de punta. Pensé en Galicia. Cuántos concellos tienen 3.000 habitantes. Lugares donde todos se conocen. Como en Leiza. Los que señalaron a este fotógrafo de bodas como víctima eran sus vecinos. Lo peor de sus vecinos. Los mismos que gobiernan en el Ayuntamiento. ¿Quién es más culpable el que coloca la bomba o el que le indica el camino? Hasta ayer creía que lo pequeño era hermoso. ¿Cómo alguien puede ordenar «maten al español de mi vecino» y comprar hoy el pan y los diarios con la hazaña? Me repito: que les den la autodeterminación. No caigamos en la trampa: su independencia no es perder la guerra. Es ganar la batalla final. No más muertos. Lo escribo y le disparan a un ertzaintza en la cabeza. La rec-eta se llama investidura con sangre.

La letra con sangre entra
FERNANDO LOPEZ-AGUDIN El Mundo 15 Julio 2001

El pasado martes, justo antes de la investidura de Ibarretxe, un primer coche bomba asesinaba a un policía en Madrid; ayer, dos horas antes del juramento del nuevo lehendakari, un segundo coche bomba asesinó a un concejal en Leiza y poco después ETA mataba a un ertzaina.

La teoría del derecho de autodeterminación, tesis del nacionalismo democrático; la práctica del derecho de autodeterminación, antítesis del nacionalismo radical. Donde unos anuncian conferencias, conversaciones sobre las conversaciones y preparan el catecismo del buen negociador; otros descerrajan cerebros, chantajean bolsillos, dinamitan viviendas, asaltan propiedades e intimidan hasta los más alejados familiares.

Al igual que los viejos maestros que aplicaban correctivos físicos a los alumnos desobedientes, la autoridad militar competente se encarga de recordar a Ibarretxe que la letra del derecho de autodeterminación con sangre entra. Quienes han asesinado a José Javier Múgica y a Mikel Uribe son los primeros interesados en que el proyecto de Ibarretxe fracase y, no lo dude el recién reelegido lehendakari, disponen de amplios medios para intentar hacerlo fracasar.

A nadie escapa, menos a los que manejan las pistolas, que la futura correlación de fuerzas en el nacionalismo depende de como se resuelva el presente contencioso en la sociedad vasca. La continuidad de la hegemonía de la sigla de Arzalluz, o su sustitución por la coalición de Otegi, está estrechamente relacionada con el tipo de resolución de la histórica crisis que padece Euskadi. Antes de que pueda avanzar la reforma constitucional que esboza Ibarretxe, basada en las interpretaciones de Herrero de Miñón sobre los derechos históricos, prefiere el fortalecimiento del búnker de Mayor Oreja. Sentado en su escaño, el anterior ministro de Interior podrá ver como todo lo que trate de tejer Ibarretxe será destejido por Otegi. Porque sólo imponiendo la ruptura de la Constitución, Batasuna podría ser mañana lo que el PNV es hoy. Ayer, en la Casa de Juntas de Guernika, Ibarretxe tuvo ocasión de percibirlo. Los de Otegi no acudieron; los de Oreja no aplaudieron. Los primeros le imponen que rompa con una Constitución que dijo respetar; los segundos le exigen algo más que respeto al texto constitucional. Es una foto estructural que nadie busca retocar. Aznar le ha vuelto a responder con rigidez. No se sabe cuantas ideas tiene Zapatero, pero si tiene alguna es la de no desmarcarse ni un milímetro de las elaboradas en Génova. En cuanto a los hermanos cainitas de Lizarra, le acaban de amargar su juramento. La lección pedagógica no será la última que reciba Ibarretxe durante este estío. Habrá nuevas clases de verano sobre como la letra del derecho de autodeterminación con sangre entra.

Juramento contra el terror
Editorial El Correo 15 Julio 2001

ETA eligió ayer a José Javier Múgica y a Mikel Uribe para dar su respuesta criminal a la voluntad de los vascos de vivir en paz y libertad. En el día solemne de una autonomía que ha llevado a Euskadi a las mayores cotas de autogobierno de su historia, apenas dos horas antes de que el lehendakari jurara su cargo en la Casa de Juntas de Gernika, la banda terrorista asesinaba en Leitza, mediante una bomba escondida en su furgoneta, a un ciudadano sin más atributos especiales que representar a sus convecinos como concejal de Unión del Pueblo Navarro. Cuando Juan José Ibarretxe asumió su cargo, en un ejercicio de democracia plena, junto al roble simbólico de los vascos, José Javier Múgica ya había dejado de existir. Unos asesinos, que se creen en su fanatismo dueños de la vida y de la muerte, lo habían matado precisamente por encarnar las virtudes máximas de esa democracia. Una respuesta miserable, descarnada y despreciable que muestra una vez más la razón última de su perversa presencia en nuestra sociedad y de su inexistente respeto por ese pueblo al que, dice, representa y juzga soberano. Una mentira tan grande y persistente como su violencia y su deshumanización. Esa que les llevó a matar dos veces en un día, a asesinar al atardecer, por la espalda, a Mikel Uribe, un ertzaina, un mando cualificado de una policía nacida del Estatuto para salvaguardar la seguridad de todos los vascos. En él, como en José Javier Múgica, ETA atentó contra todo lo institucional, contra todo lo que de orden existe en nuestra comunidad. Euskadi se está convirtiendo a fuerza de asesinatos, totalitarismos e intransigencias en un país de víctimas y de héroes, de autistas y de cobardes. Una sociedad extrema que tiene pendiente su reafirmación ética y moral y su abierta reacción contra la barbarie.

Ayer era un día de fiesta para el País Vasco, para la Comunidad Autónoma Vasca. Hacía dos meses, sus ciudadanos habían votado y elegido su Parlamento, y esta misma semana sus legítimos representantes designaron a su presidente. Juan José Ibarretxe iba a iniciar su segundo mandato, una legislatura que, como dejó claro en su discurso de investidura, giraría en torno a la consecución de la paz y el avance en el autogobierno. Dos objetivos de cuyo equilibrio o desequilibrio, simetría o asimetría, dependería y dependerá, sin duda, el futuro político de los próximos años, el grado de unidad de los partidos, la posibilidad de cohesión entre todas las fuerzas y personas que desean que este país tenga un porvenir. Pues bien, ETA, que ya había matado el martes en Madrid, logró de un golpe de bomba destrozar la vida de un hombre y de su familia y hacer que el séptimo gobierno de la Autonomía vasca empezara de luto; que donde debía haber aplausos hubiera silencio -un minuto de vacío inmenso- y que el lehendakari comenzara su mandato con una condolencia y una condena. Ya por la tarde, mientras en Pamplona se velaba al concejal asesinado, ETA culminaba su ofensiva sangrienta y atentaba contra la Ertzaintza, contra un agente que se enfrentó a todo lo que suponía su entorno criminal. Para la banda terrorista, no hay saltos cualitativos, cualquiera que se enfrenta a su tiranía está condenado a muerte.

Hace tiempo que en Euskadi ya no existe otra prioridad que la vida, que la libertad en su grado más esencial, que la justicia en su acepción más amplia. Y eso, que es una certeza en la sociedad vasca -al margen de una minoría amoral-, obliga a cada ciudadano a una implicación activa, pero, sobre todo, exige a la clase política, a los partidos e instituciones, un compromiso unitario. Evidentemente, en Juan José Ibarretxe, como lehendakari, y en todo su Ejecutivo -ese nuevo Gabinete que fue dado a conocer ayer- recae la responsabilidad de canalizar esa adhesión, de despejar las incertidumbres que su mensaje de investidura creó y de ganarse la confianza de los vascos, nacionalistas y no nacionalistas, y de todos los españoles, en que en su acción de Gobierno no hay ejercicio más importante que la lucha contra el terrorismo y que ante su persecución implacable cualquier reivindicación, por legítima que sea, palidece. A fin de cuentas, la batalla contra ETA se dirime, más allá de la política, en el terreno de la vida y de la dignidad, como personas y como sociedad.

Las palabras de Ibarretxe ayer, en la tribuna de la Casa de Juntas de Gernika, poco antes de acatar su cargo, muestran una contundencia que debería marcar el camino futuro: «Decir a la sociedad vasca que vamos a combatir a ETA con todas nuestras fuerzas». Una declaración que tiene que ser más que un pronunciamiento y que debería traducirse en la búsqueda anhelada de ese punto de unión, de ese denominador común entre todos los demócratas. Sólo sobre esa firme convicción y sobre la lealtad institucional se puede construir un acuerdo tan deseado como abortado. Ningún partido tiene derecho a hacer una herramienta política de lo que es una exigencia ética. Y el Gobierno PNV-EA, el nacionalismo democrático, está obligado a desterrar cualquier sospecha sobre su prioridad. Ante la defensa de la vida todo debe esperar. Lo demás será alimentar las ansias del totalitarismo enfebrecido. Las muertes de José Javier Múgica y Mikel Uribe y el desgarro de sus familias -resumen de muchas desolaciones más- son razones poderosas para encontrar la llave de la unidad.

El guante y la garra
ANTONIO ELORZA El Correo 15 Julio 2001

En la segunda mitad de 1897, cuando se acerca la intromisión de EE UU en la guerra de independencia de Cuba, el embajador francés emplea una inteligente metáfora para definir la doblez -que no la ambigüedad- con que actúa la diplomacia del presidente McKinley respecto a España, haciendo que un lenguaje de paz esté al servicio de los preparativos de intervención: es como un guante de terciopelo bajo el cual se ocultan unas garras. Una metáfora que puede servir asimismo para ser aplicada al contenido político del discurso de investidura pronunciado el miércoles por el lehendakari Ibarretxe. La alusión a las garras cobra especial sentido, ya que por encima de las garras políticas del presidente de Llodio se encuentran otras mucho más peligrosas, las de la fiera que ayer sábado privó de la vida a José Javier Múgica, concejal de UPN en Leitza. Y lo grave es que existe, inconscientemente por parte de Ibarretxe, conscientemente desde ETA, una articulación entre unas y otras.

El tono general del discurso de investidura ha sido objeto de un elogio generalizado. Y es justo. La vida política vasca había registrado una creciente agresividad entre los grupos democráticos, primero desde Lizarra, y sobre todo desde el final de la tregua. También es cierto que existían razones para ello. Ibarretxe ha conseguido hacer creer a muchos que el hecho de quedarse en minoría, al retirarle EH su apoyo, era algo irrelevante y que en consecuencia quienes le pedían un día y otro elecciones eran elementos desestabilizadores que actuaban por fines partidarios. Cosas de españolistas que marginan los intereses de Euskadi. De acuerdo con esta postura, que ignora el uso habitual en las democracias de que los gobiernos dimitan al encontrarse en minoría, Ibarretxe presenta en su discurso la disolución del Parlamento elegido en 1998 en un tono mayestático, de condescendencia: «Asumiendo mi responsabilidad decidí, por tanto, apelar a la sociedad vasca...». Es una constante de su intervención: él responde a las demandas de «la sociedad vasca», «de la inmensa mayoría de la sociedad vasca». Personifica los intereses colectivos, sin que tengan cauce de intervención alguno PP y PSOE a pesar de su respaldo en votos y escaños. La importancia del electorado de oposición estatutista se desvanece. Pero, por lo menos, el discurso de Ibarretxe se encuentra presidido por una propuesta de distensión y de concordia. Su presencia en la entrega del premio que recuerda a Miguen Ángel Blanco sería la muestra de esa actitud positiva que todos debemos celebrar.

Pero sin llegar a emocionarse ante el gesto, ni a pensar que es un viraje decisivo, porque ni la firmeza de la profesión de fe anti-ETA se ha concretado en nada positivo -para empezar, sigue ahí Javier Balza, un programa de inhibición hecho hombre-, ni esa invocación permanente al «diálogo» impide que la visión partidaria del futuro de Euskadi que sostiene Ibarretxe, por encima de los deseos reales de los vascos, siga imponiendo con firmeza la fijación del objetivo político central: la autodeterminación (es decir, la ‘soberanía’; es decir...).

Lo nuevo consiste en la centralidad que Ibarretxe confiere ahora al Parlamento vasco para la resolución de los grandes problemas. Puede permitírselo porque, con el fiel escudero Madrazo a su lado y la abstención de Batasuna, no debe temer eventuales rechazos de sus propuestas. Y además porque, vistas de cerca, su articulación excluye lo que debiera ser la esencia del diálogo: la creación de espacios de consenso. Y la aparente división de tareas entre la búsqueda de la paz y los proyectos políticos juega en realidad de forma negativa, ya que la paz se queda en el plano de las nebulosas, cuando desde siempre Ibarretxe la puso como mascarón de proa; y lo que sí se concreta es el tema que de veras le importa, lo que llamaríamos la pista deslizante del autogobierno. Así, habrá una «comisión específica de profundización del autogobierno», pero para la paz será preciso esperar a celebrar un pleno, es decir, un torneo de palabras, de modo que, indirectamente además, los seguidores de ETA son integrados, en contra de la promesa preelectoral.

Para examinar el recorrido de la pista deslizante habrá que ir quitando el guante una y otra vez. Primero está el desarrollo íntegro del Estatuto, presentado como un pulso al Gobierno (donde puede obtener apoyo del PSOE y romper ya la cohesión estatutista), en un tono de ultimátum a seis meses vista y callando, como era de esperar, que su visión de la integridad -con el gran caballo de batalla de la Seguridad Social- es la óptica vasca, pero que por parte del Gobierno es perfectamente lícita y constitucional otra interpretación. Lo más importante es que una vez puesto en pie el pleito ‘Euskadi versus Madrid’, con todo tipo de movilizaciones, ni siquiera la plena satisfacción cierra el contencioso. Llega entonces la hora de «respetar la voluntad mayoritaria de la sociedad vasca», eufemismo que no puede esconder más -y así lo entienden Egibar y ‘Deia’- que el ejercicio de la autodeterminación… y que no puede tener otro sentido que alcanzar la independencia. El pequeño dato que siempre olvida nuestro hiperdemocrático lehendakari es que por ningún lado sale que exista un mayoría de vascos partidarios de la independencia.

Así que para nada aspira Ibarretxe a ver cuál es tal voluntad de la sociedad vasca, sino a forzar la misma de acuerdo con la intransigencia de su ideología. La agudización inducida del conflicto con el Gobierno español -Concierto «ilimitado», Estatuto «íntegro»-, más la progresiva configuración de instituciones que afirmen simbólicamente a Euskadi como pre Estado soberano hacia el exterior, sirven a ese objetivo. Las instituciones vigentes no le merecen de hecho el menor respeto a quien gobierna en su marco: Constitución, Estatuto, son «sólo eso, conceptos, ideas», al mismo nivel que la autodeterminación o la independencia. Declaración, sentimos tener que escribirlo, que sitúa al lehendakari conscientemente en una actitud de ilegalidad. De la distensión en las formas pasaremos a la confrontación real, cuando tales despropósitos se traduzcan en actuaciones políticas.

«¿Qué hay de malo en ello?», se pregunta Ibarretxe con gesto de ingenuidad. La respuesta es fácil. Al sustituir el objetivo de la paz, y por tanto de prioridad para la creación de un consenso entre los demócratas, por la senda de la autodeterminación, se limita a sustituir a ETA recurriendo a otros medios, y aun cuando lógicamente atraiga a electores indepen- dentistas, no por eso va a desarmar a los terroristas. Todo lo contrario. El atentado de Leitza resulta perfectamente legible a este respecto. Seguirán matando, y a los mismos, a los españolistas y a todo aquel que defienda el orden democrático basado en la Constitución y en el Estatuto. Como Otegi le indicó al lehendakari, por pragmatismo no cabe aplazar la independencia de Euskal Herria, y eso comprende a Navarra, ni adoptar estrategias confusas. Cuando previsiblemente la línea trazada por Ibarretxe radicalice el enfrentamiento con Madrid, existirán aún mayores razones para proseguir en la senda de la muerte. Y ésta, hoy por hoy, registrará el máximo número de asesinatos que ETA pueda técnicamente practicar.

Una última enseñanza del crimen. Las víctimas del terrorismo tienen una importancia política decisiva, más allá de la imprescindible solidaridad. Son la razón para seguir afirmando la prioridad de la democracia sobre cualquier aspiración nacionalista, tienen un contenido nítido en el plano político y, en consecuencia, la estrategia de los demócratas debería contar como dato esencial con la exigencia de derrotar políticamente a quienes las causan y a quienes pretenden salvar la ideología desde la cual esas muertes constituyen una necesidad histórica.

Crímenes iguales y diferentes
RAFAEL AGUIRRE El Correo 15 Julio 2001

Todos los crímenes de ETA son iguales, pero también cada uno es diferente. Son iguales porque asesinar es siempre cometer una injusticia y causar un dolor fundamentalmente irreparables y que, por eso, nos deja más doloridos e impotentes. Lo más radical y primero es proclamar y defender el valor insustituible de cada persona individual. ETA especula precisamente con ese valor que los demás atribuimos a la persona y con nuestros sentimientos humanos más profundos. Sabe que nos da donde más nos duele. Por mucho que sea el dolor y la indignación no podemos ni callarnos ni acostumbrarnos. La solidaridad, el afecto y la ayuda a la familia -por pobres que sean en comparación con el mal que han sufrido- no es un ritual efímero, sino algo que nos sale del fondo del alma, que deseamos que perciban y que permanezca y, para ello, nos parece necesario que se establezcan los cauces adecuados.

Pero cada crimen de ETA tiene sus connotaciones particulares. Los terroristas no son ciegos. En otros lugares de España sus atentados tienen un cierto aire de indiscriminación y buscan, ante todo, crear un clima social de hostilidad ante lo vasco y de cansancio en la población, de forma que la opinión pública pueda llegar a aceptar e, incluso, a reclamar el cedimiento ante su chantaje. En cambio, en el País Vasco y en Navarra los atentados son, por ahora, más selectivos y la intencionalidad más concreta. Se trata de hacer desistir a los políticos que no comparten los postulados nacionalistas y acallar las voces públicas que no comulgan con ellos. José Javier Múgica era muy consciente del peligro que corría y asumía su papel cívico de concejal con un coraje admirable. Lo mismo que Mikel Uribe, ertzaina en una zona difícil.

Acabo de escuchar que José Javier Múgica, el año pasado, cuando por estas fechas le quemaron la furgoneta, dijo: «No hay mal que por bien no venga. A ver si esto sirve para que no seamos sólo cuatro, sino todo el pueblo el que eleve su voz ante lo que está pasando». En demasiados lugares la gente está prendida en una red de miedo, de cobardía, de complicidades y de intereses inconfesables. Entre otras cosas, la existencia de ETA es una indignidad para todos y cada uno de los vascos.

Los terroristas cargan sus acciones de connotaciones simbólicas y de mensajes publicitarios, y muy especialmente en el asesinato de José Javier Múgica, que ha tenido lugar pocos minutos antes de que el lehendakari vasco jurase su cargo. Ante semejante desafío, abierto, cruel y chulesco, se impone una respuesta: fortalecer la unidad de todos los demócratas ante una expresión tan aberrante de deshumanización y fanatismo. A ETA no le importan los resultados electorales, porque es un movimiento totalitario que considera que su proyecto esencialista de la gran Euskalerria no es susceptible de discusión alguna. Se contiene expectante ante quienes considera pueden subirse a su carro y elimina a quienes se oponen. Si alguien cree que este es un proyecto recuperable a base de concesiones, lo único que hace es alimentar a la fiera.

Mientras exista la amenaza de ETA, con un claro carácter discriminatorio desde el punto de vista ideológico, no se dan las condiciones suficientes de libertad como para que pueda hablarse de democracia auténtica en el País Vasco. Lo que hay que normalizar es la libertad. Por eso la primera tarea del nuevo Gobierno vasco debe ser garantizar la vida y la libertad de todos los ciudadanos y para ello se debería lograr un consenso, que tendría que abarcar un trabajo multidireccional (desde la actitud de las fuerzas de seguridad y la educación en valores hasta el apoyo a la labor de los jueces), para erradicar el terrorismo y sus raíces ideológicas.

En la sociedad vasca, tan convulsionada sobre todo por el azote terrorista, pero también por dos años de excepcional crispación política, urge promover un ambiente de serenidad, de acercamiento entre personas, grupos y proyectos. Construir una nación democrática es, ante todo, integrar y articular una sociedad respetando sus diferencias. Todo lo contrario a elevar la altura y acelerar el ritmo de las reivindicaciones nacionalistas, lo que no haría sino fraccionar aún más la sociedad, alejarnos de los consensos un día conseguidos y que han dado unos frutos muy notables, y que sólo podría explicarse no se sabe bien si por la quimera imposible de incorporar a los más radicales que están fuera del sistema o por el deseo inconfesable de aprovecharse de su empuje, y del efecto social que produce, para sacar ventajas políticas. Es un deber de justicia, pero también una muestra de inteligencia política, sacar de los asesinatos de José Javier Múgica y Mikel Uribe las consecuencias opuestas a las que ETA busca al realizarlos.

La patria dúctil
J. U. AZPIROZ El Correo 15 Julio 2001

El retroceso electoral del entramado social que, por activa o por pasiva, viene dando apoyo a la organización que desde hace más de 30 años cubre de muerte y vileza la geografía vasca y española, ha sido motivo de alegría para la gran mayoría de la población. Podrá discutirse si la causa principal de dicho retroceso ha sido el voto útil o el rechazo a la violencia, pero, en cualquier caso, sabemos ahora que la burbuja que aisla al mundo del MLNV de la realidad, es más permeable de lo que parecía. Por ello, no resulta sensato mofarse de quienes, como Ibarretxe o Gorka Landáburu, dirigen su voz a ese segmento social con argumentos políticos y consideraciones éticas. Conviene, antes bien, pensar en el desarrollo de estrategias de regeneración moral y combate ideológico que, partiendo de una voluntad de convencimiento y persuasión, muevan a quienes aún justifican o apoyan la violencia a la reflexión y al acatamiento de las reglas de juego democrático.

Cabría consensuar un proyecto de comunicación que, sin manipulación partidista ni esquemas maniqueos, condujera a la interiorización de las nociones éticas elementales y al conocimiento de los derechos humanos. El sistema escolar y los medios de comunicación serían instrumentos necesarios para alcanzar este propósito. Se trata de poner en funcionamiento sistemas eficaces que contribuyan a reducir el apoyo social que todavía conserva ETA, cortando además, en lo posible, los flujos que alimentan la charca totalitaria en la que crecen las nuevas generaciones de ángeles exterminadores.

En una dimensión político-cultural, se trataría de encontrar la fórmula para atajar el nefasto fenómeno del antiespañolismo, nutriente básico del aludido caldo de cultivo. El odio y el desprecio a todo lo español son sentimientos cargados de irracionalidad que inducen a la xenofobia, al rechazo sectario de quienes se resisten a asimilar su esquemático imaginario etnicista y a la absurda negación de uno de los vectores básicos de nuestra cultura. Quienes consideran como objetivo deseable la ruptura de los vínculos existentes con otras comunidades españolas hacen tabla rasa de una larga trayectoria de esfuerzos y afectos compartidos en la que los vascos brillaron con luz propia y alcanzaron la máxima cota de su proyección universal. Desmontar los mitos históricos y culturales cargados de negatividad que han dado origen a este problema, es tarea urgente que también precisaría consensos y acuerdos en el mundo educativo y de la comunicación.

Pero en el terreno político, la más contundente recusación que cabe hacer a la andadura del MLNV es justamente en clave abertzale, es decir, patriótica. Si patriota es quien ama a su país y «procura todo su bien» (Diccionario de la Real Academia), terminaremos por ver a las claras la contradicción en la que incurren quienes a voz en grito se autoproclaman abertzales y desarrollan una actividad que tiene efectos radicalmente opuestos a los objetivos que dicen perseguir. El auténtico patriota no sería pues quien más alto pregona serlo, sino quien trabaja por beneficiar los intereses de su país. De esto los catalanes saben bastante.

¿Puede considerarse patriótico el comportamiento de quien trata de imponer su proyecto político a sangre y fuego, recurriendo al asesinato, al secuestro, a la extorsión y a todo género de métodos violentos, sembrando el terror en la sociedad que asegura defender? Los efectos de tanto amor se dejan notar sobre la economía, la imagen, la autoestima y la calidad de vida de la sociedad vasca. Una minoría fanatizada, que se autorretrata en grotesca pose heroica y revolucionaria, suprime la libertad de expresión y decreta la eliminación física del discrepante. Fermento de desestabilización e involución política y cultural (caso del euskera en Navarra), su ‘lucha’ termina siempre fortaleciendo a los sectores más retrógrados de la sociedad vasca y española. El concepto de patriotismo, útil para desvelar el significado auténtico de la práctica política y militar del MLNV, quizá pueda servir también como piedra de toque para afrontar la puesta al día de los presupuestos ideológicos y el programa político del PNV, que desde diversos sectores se viene reclamando, especialmente en lo que atañe al irresuelto dilema entre autonomismo e independentismo.

Si estamos de acuerdo en que el comportamiento patriótico es aquel que resulta más beneficioso para el país de pertenencia, no parece razonable la opción por un objetivo político que conduce irremisiblemente a la fractura social y a la confrontación extrema. La plural composición social y política del país desaconseja el proyecto independentista. Quien de verdad desea la vertebración o construcción nacional vasca sabe que ésta habrá de pasar obligadamente por cauces de entendimiento, persuasión, consenso y libre adhesión. Las vías conducentes al máximo grado de desarrollo autonómico o al modelo de articulación federal son, por voluntad de acuerdo y reconciliación, las que mejor responden a los intereses mayoritarios del país. También son las más respetuosas con nuestra historia y tradiciones culturales. Convendría no confundir la defensa de los intereses generales de una colectividad con la ciega defensa de un ideal político autodestructivo. No hay que perder de vista, por otro lado, que si el PNV se decidiera a guardar en el desván su célebre péndulo patriótico -el avance tecnológico también ha de alcanzar a la relojería- y se decantara definitivamente por un modelo no rupturista de relación con el Estado, resultaría más factible el ejercicio del derecho de la autodeterminación, nudo gordiano del contencioso.

Ante sugerencias de este tipo habrá quien acuda a los clichés del sometimiento y la claudicación. De lo que se trata es más bien de tomar conciencia de la necesidad de adecuar el nacionalismo a los nuevos tiempos de soberanías compartidas e identidades múltiples y abiertas que permiten la simultaneidad de una amplia gama de pasiones y afinidades electivas: desde lo más local (mi calle, mi barrio) al paisaje galáctico. Es hora de pensar, con los pies en el suelo, en el bien de la ciudadanía vasca en su conjunto, cuestionando los intereses partidistas. El anhelo de cohesión territorial que incluya por libre adhesión a Navarra e Iparralde no está abocado necesariamente a una configuración estatal. Los vínculos sociales y culturales pueden ser más sólidos y perdurables que la rígida ligazón política e institucional. Para tranquilizar a quienes sienten pavor ante la mínima alusión al ‘Zazpiak-bat’, es bueno recordar que en los libros de Julio Caro Baroja y José Miguel de Azaola -autores libres de sospecha de albergar impulsos anexionistas o simpatías sabinianas- los territorios de Navarra y el país vasco-francés también forman parte del espacio geográfico vasco.

Y ya que se menta a la intelectualidad, resulta pertinente reseñar el hecho altamente esperanzador de que son cada vez más los escritores de inequívoca filiación vasquista -Bernardo Atxaga entre ellos- que, al reflexionar sobre el conflicto que día a día devora nuestras entrañas, se atreven a hacer pública su apuesta por el mantenimiento de vínculos entre Euskadi y el Estado. Sin renegar del culto al roble, árbol sagrado de los vascos y símbolo de libertad, sería conveniente percibir la sabiduría que encierra la metáfora oriental del junco que, en virtud de su flexibilidad, sobrevive a los más duros temporales.

Lazos de sangre
RICARDO ARANA El Correo 15 Julio 2001

La denominada kale borroka es uno de los elementos más característicos de la nueva ETA. La ETA cuyos activistas ya no se preparan para morir, sino para matar. La militancia que ha sustituido el ‘sacrificio por el pueblo’ por ‘la socialización del dolor’, y, de paso, busca la eliminación del mayor número posible de conciudadanos que no comulguen con sus ideas, allanando el camino a su ‘democracia’, una dictadura nacionalista. Esta kale borroka, desarrollada en los años 90, ha supuesto para ETA uno de sus mayores éxitos, por muy diversos motivos. En el plano político, porque le ha permitido continuar con su campaña de intimidación y de asalto a las libertades, sin que haya sufrido costes de aislamiento o de réditos políticos. En el plano orgánico, porque la violencia callejera constituye un magnífico entrenamiento que ha sustituido eficazmente a los cursillos montañeros de antaño o las más escasas visitas a las academias internacionales de la violencia. ETA ha conseguido convertir muchas localidades del País Vasco en campos de entrenamiento nutridos de reclutas.

Pero, además, la kale borroka le ha permitido remontar la crisis de militancia de los años ochenta, en la que la escasa incorporación de nuevos militantes obligaba al viejo activista a multiplicar su siniestro trabajo. Hoy decenas de jóvenes son aspirantes a ‘etarras de primera’. Nuevos militantes que no discutirán la crueldad de la acción propuesta, formados como han sido en los apaleamientos a los pacíficos viandantes que portaban el lazo azul de denuncia de los secuestros u obligados a justificar asesinatos ritualizados como el de Miguel Ángel Blanco, en los pasados años 90.

No es el discurso, sino la ‘ekintza’ la que vincula, y cuanto más mortífera sea, mayor la vinculación. Puede que alguno sufra una pesadilla o padezca una desagradable resaca viendo el resultado de su actuación, pero a cualquiera de ellos les resultará difícil salir del círculo en que se han encerrado. La incorporación de jóvenes a la violencia (algunos tan jóvenes que se sitúan por debajo de la edad penal) le es enormemente rentable a la organización terrorista, y lo saben.

Frente a ello, se ha sido torpe en el análisis y permisivo en la convivencia con este terrorismo (al que denominamos irreflexivamente de ‘baja intensidad’). Bien es cierto que es difícil darse cuenta del volumen del huevo del huevo de la serpiente cuando muchos gestores políticos de este país lo frivolizan como ‘chiquilladas’ sin consecuencias. Son chiquillos, sí, los llegados a la nueva ETA. Jóvenes que tienen a gala leer poco, discutir menos, y actuar mucho. Jóvenes crecidos en una realidad con altos niveles de precariedad y desocupación, y donde muchos gestores institucionales derivan su responsabilidad al eterno ‘contencioso’. Jóvenes que han sufrido la esquizofrenia de una realidad dislocada en la que ni siquiera las instituciones propias les informan de la articulación política de su país. Jóvenes a los que se les representa una impostura en la que víctimas y verdugos tienen invertidos los papeles.

Precisamente la falsificación de la historia y la tergiversación de la realidad son dos constantes en estos años. Y no solamente son políticos de HB los que repiten hasta la saciedad falsedades como que «el pueblo vasco no ha aprobado el Estatuto» o «ha rechazado la Constitución», mensajes todos dirigidos a quienes no han vivido el fin de la dictadura, para situarles fuera de la democracia. La esquizofrenia también ha sido mimada por responsables gubernamentales, como por el consejero de Trabajo cuando mostraba su apoyo a una huelga general y olvidaba su responsabilidad en las medidas para aliviar la situación de precariedad de los jóvenes (para qué hablar de su otra mitad como titular de Justicia, compartiendo sentadas por los ‘presos políticos vascos’). O por el consejero de Educación, criticado por el sindicato mayoritario de la enseñanza pública por su dejadez en la contribución a una cultura de la paz y la democracia desde nuestros centros educativos. O por su homólogo de Interior, renuente en un tiempo a la detención de presuntos delincuentes e incluso colocando a sus agentes, como decía otra voz mayoritaria de este sector, «en el ojo del huracán».

No seamos pesimistas. Pensemos en todo lo que hay que hacer, que no es poco, aunque creo que no pasa por refrendar la política que se ha seguido hasta ahora.

Monolingüismo
ENRIQUETA BENITO El Correo 15 Julio 2001

Normalmente se suele descalificar gratuitamente a los que critican las políticas lingüísticas con latiguillos fáciles como «estás contra el euskera» o «eres un antivasco», expresiones asimiladas a aquella que se hacía en tiempos de Franco cuando se intentaba estigmatizar a alguien: «Eres un judío».

En UA siempre hemos dicho que las lenguas no son sujeto de derechos, sino que lo son las personas; que las lenguas no deben ser un instrumento de construcción nacional, sino sólo y simplemente de comunicación, pudiendo ser también -caso del euskera- patrimonio cultural de la humanidad a proteger; sin más. Por otra parte, la política debe estar al servicio de la felicidad de los individuos, y no ser un medio de configuración de sociedades de castas, sino el que dote a los ciudadanos de mecanismos de integración y de protección de sus derechos

Esto viene a cuento de la polémica producida por el Consejo Escolar de Euskadi, que afirma que no tiene sentido que existan tres modelos lingüísticos, sino sólo uno modulado por cada centro educativo. Sabiendo cómo es la sociedad vasca, en la que los derechos y libertades están secuestrados por el terror y por quienes tienen esa rara atribución de señalar las dianas, el dejar tan delicado asunto en manos de las comunidades educativas es una grave irresponsabilidad (en la mejor de las interpretaciones). Sabemos cómo funcionan algunas de esas comunidades -mal llamadas educativas- y las limitaciones a la hora de defender sus miembros sus propios derechos. Uno de los derechos individuales, que por eso son humanos (del ser humano), es el de elección de la educación para los hijos. El Consejo Escolar de Euskadi debiera responder a la pregunta de cómo se puede garantizar el derecho a aprender en la lengua nativa si se suprimen los modelos que lo garantizan, siendo esta opción exclusivamente individual, no comunitaria.

Pero, además, nos encontramos ante un tema sensible de naturaleza prioritaria: el País Vasco no es como Cataluña o Galicia, donde está generalizado el uso de sus respectivas lenguas vernáculas. Todos sabemos, salvo que demos la espalda a la realidad como hacen algunos, que el euskera no es una lengua romance y no tiene conexión ni gramatical ni semántica con el castellano, con lo que su aprendizaje es conflictivo para determinados grupos de población escolar con serias dificultades para el desarrollo funcional del lenguaje o que tienen carencias básicas de carácter comunicativo en su propia lengua materna. Eso los pedagogos honestos no vendidos a lo políticamente correcto lo saben perfectamente. Por otra parte, todo el mundo conoce que hay amplias zonas de nuestra comunidad que no tienen como referencia lingüística principal el euskera, desde hace 200 años como mínimo, y que planteamientos lingüísticos de inmersión ‘a la catalana’ o ‘a la gallega’ son una aberración absurda y contranatura, cuyas consecuencias sólo se conocerán transcurridas dos o tres generaciones; es decir, demasiado tarde. Además, algunos grupos de población deben tener como objetivo prioritario la adquisición mínima de la lengua que es de uso principal y obligatorio para todos los españoles, el castellano, pues empeñarse en objetivos más ambiciosos nos lleva a que no adquieran ni la una ni la otra, con el grave perjuicio que ello supone para los derechos de integración en las comunidades cada vez más amplias que nos determina el proceso de mundialización social y económica.

Una visión objetiva y equilibrada nos lleva a estas conclusiones necesarias. Lo demás son excesos e intentos de orientar la educación hacia una visión instrumental para fines políticos muy alejados del principal objeto de la educación: formar y desarrollar las potencialidades del individuo, del ser humano y, por tanto, proteger y preservar sus derechos. Por eso y sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con el señor Oliveri, que demuestra un cierto sentido común al afirmar que «el sistema de tres modelos ha sido muy positivo». Yo no me atrevería a afirmar tanto, aunque creo que entre los males el menor es mantener los tres modelos, al menos para preservar los derechos de los individuos, sean padres, madres, alumnos o alumnas.

Bueno sería que en las orientaciones pedagógicas se tuviera como referencia la pedagogía y no la política, al menos cuando entre una y otra no existe coincidencia a la hora de proteger y preservar al ciudadano como sujeto de derechos.

Eta inaugura su verano negro con el asesinato de un concejal navarro y un jefe de la Ertzaintza
Tras el atentado contra José Javier Múgica en Leiza, Miguel Sanz pide la rebelión social de los navarros porque «los terroristas están aquí dentro» Mikel Uribe, jefe de Inspección de la Ertzaintza, fue tiroteado por la noche en Leaburu (Guipúzcoa)
José Javier Múgica Astibia, uno de los dos concejales de Unión del Pueblo Navarro (UPN) en Leiza, y un jefe de la Ertzaintza, Mikel Uribe, fueron asesinados ayer por Eta, en lo que supone el comienzo de su verano negro. El edil falleció al hacer explosión una bomba-lapa de tres kilos de explosivo que los terroristas habían colocado en los bajos de su furgoneta. Múgica, segundo concejal de UPN víctima de Eta, no llevaba escolta pero sí contaba con medidas de contravigilancia a cargo de la Guardia Civil. Casi 12 horas después, Mikel Uribe, jefe de la Unidad de Investigación Criminal de la Ertzaintza en Guipúzcoa, recibió varios tiros en la cabeza en la localidad guipuzcoana de Leaburu, cerca de Tolosa.
L. R. N. / E. Mejuto - Leiza / Leaburu.- La Razón 15 Julio 2001

La banda terrorista Eta inauguró ayer su siniestro «verano negro» con dos atentados en menos de doce horas y en un radio de 30 kilómetros. Poco antes de las diez de la mañana, en el localidad navarra de Leiza, los terroristas acabaron con la vida del concejal de UPN de dicha población José Javier Múgica Astibia, de 59 años, casado y con tres hijos. Cuando los miembros del Consistorio de Leiza estaba celebrando un Pleno extraordinario con motivo de esta acción criminal, en el que los concejales de EH se negaron a condenar el atentado, Eta volvía a golpear. Esta vez en la localidad guipuzcoana de Leaburu, cerca de Tolosa. Mikel Uribe, jefe de la Unidad de Inspección de la Ertzaintza de Guipúzcoa, recibió varios tiros en la cabeza cuando esperaba en la plaza mayor de Leaburu la llegada de varios amigos, con los que se disponía a cenar. Los terroristas explosionaron después en Tolosa el vehículo que habían utilizado para llegar hasta el lugar donde perpetraron el atentado.

Bomba-lapa
Por la mañana, el concejal de UPN murió tras explosionar una bomba-lapa de tres kilos de dinamita que los terroristas habían colocado en los bajos de su furgoneta. Trabajaba como fotógrafo y tenía un estudio en Leiza, pero compaginaba esta actividad con otro trabajo como chófer de transporte escolar. Había sido cabeza de lista de UPN en las pasadas elecciones municipales.

   La víctima había regresado el viernes a Leiza tras pasar unos días de vacaciones en los baños de la localidad de Fitero. En esta localidad del sur de Navarra permaneció hasta las cinco de la tarde y, tras comprar unos regalos, regresó a su domicilio. Este dato hace sospechar a los responsables de la lucha antiterrorista que el retorno del concejal fue observado por algún vecino en contacto directo con el comando de Eta que ha perpetrado el atentado.

   A esta circunstancia se refirió de forma expresa el presidente del Gobierno de Navarra, Miguel Sanz, que fue una de las primeras autoridades en llegar a Leiza. «Pido a este pueblo que no olvide que los asesinos están aquí dentro», aseguró. Por ello, en declaraciones a la Cadena Cope, hizo un llamamiento a la «rebelión social» como respuesta al asesinato.

   El edil salió ayer de su casa, situada en el número 30 de la calle Amazabal, unos minutos antes de las diez de la mañana. En el portal se encontró con un vecino con el que estuvo charlando , antes de despedirse con un «hasta luego», informa Vasco Press. Subió a su furgoneta y la arrancó. Metió una marcha y en el momento en que el vehículo hizo el primer movimiento se produjo la deflagración. La bomba, que contenía unos tres kilos de dinamita titadyne, robada por Eta en Francia, estaba escondida en los bajos de la furgoneta. Se da la circunstancia de que el concejal se había comprado este vehículo para sustituir a otro de su propiedad que fue destruido hace once meses en un incendio provocado también en la puerta de su casa.

   El artefacto, con un sistema de activación mediante movimiento, había sido colocado en un punto entre la caja de cambios y el bastidor, de forma que una simple inspección de la parte inferior del vehículo no permitía verlo. La explosión causó la muerte del edil de forma instantánea, pero también provocó importantes daños materiales en las inmediaciones. Efectivos de la Guardia Civil establecieron un cordón de seguridad en torno al lugar del atentado, mientras los especialistas realizaban una inspección ocular de los restos del vehículo, hasta las doce y media en que, por orden judicial, se procedió a efectuar el levantamiento del cadáver y a su traslado al instituto forense. Algunos familiares y vecinos, visiblemente afectados, siguieron desde fuera del cordón policial las actuaciones de los agentes.

   Entre los concentrados se encontraba un primo de la víctima, que vestía una camiseta con el lema «Presoak Euskalherrirak», con el que se reclama el acercamiento de presos al País Vasco. También estuvo en el escenario del atentado el alcalde de la localidad, de EH, que fue increpado por algunos vecinos.

Insultos a EH
Las mismas escenas de indignación hacia la coalición abertzale, que ostenta la alcaldía de Leiza, se reprodujeron por la tarde durante el pleno del Ayuntamiento. La Corporación municipal acordó, con la abstención de EH, condenar el asesinato del concejal de UPN José Javier Múgica. En cambio, EH, se volvió ayer a desmarcar de los partidos democráticos y en la misma sesión, en presencia del hijo menor del edil asesinado, presentaron una moción en la que justificaban la muerte de Múgica alegando que «es una consecuencia del conflicto vigente». Tras su lectura, el público asistente al pleno increpó a los ediles de EH y les instaron a expresar realmente su repulsa al atentado.

   El edil asesinado no tenía escolta pero sí contaba con medidas de contravigilancia que desarrollaba la Guardia Civil con mucha asiduidad y regularidad, según Ep.

   El Gobierno navarro acordó suspender hasta mañana los actos públicos del Ejecutivo, además de ordenar que las banderas ondeen a media asta. Los funerales por el concejal, que será incinerado, se celebrarán hoy a las 6 de la tarde en la iglesia de San Miguel de Leiza. La familia no quiso que la capilla ardiente se instalase en el Ayuntamiento por lo que el cuerpo fue trasladado al Tanatorio de Pamplona.

   Horas después, Eta sesgaba la vida del jefe de la Unidad de Inspección de la Ertaintza en Guipúzcoa, Miguel María Uribe Arkia, de 44 años. Recibió al menos cuatro disparon en el cuerpo y el cuello cuando se encontraba en el interior de su vehículo en la plaza de la localidad guipuzcoana de Leaburu, cuando se disponía a cenar, como todos los sábados, en la sociedad gastronómica «Zazpi Bide» de esta localidad cercana a Tolosa.

   El atentado se produjo minutos después de las 20,00 horas. A consecuencia de los impactos, el mando de la Ertzaintza sufrió una parada cardiorrespiratoria por lo que fue trasladado al hospital Donostia en estado muy grave. Tras ingresar en este centro de San Sebastián horas, falleció sobre las 21,50 horas. Su capilla ardiente quedará instalada hoy al mediodía en la comisaría de la Policía Autónoma de Tolosa.

   Pasadas las 21,00 horas, se registró en Tolosa la explosión de un vehículo Renault 19, robado en enero en Rentería, que presuntamente fue utilizado por los terroristas para huir.

JOSE JAVIER MUGICA / CONCEJAL DE UPN EN LEIZA: Vacunado contra el miedo
ASIER DIEZ MON El Mundo 15 Julio 2001

LEIZA.- La nueva víctima de ETA sabía que era un objetivo de la banda y, sin embargo, jamás renunció a ser un ciudadano más. Unas palabras suyas, realizadas tras ver cómo ardía su furgoneta en una acción de kale borroka, resumen el talante con el que decidió afrontar su condición de amenazado: «El miedo en mi casa ha desaparecido. Nos han vacunado totalmente».

Leiza, más próxima a San Sebastián que a Pamplona, mantiene estrechos vínculos con Guipúzcoa.

Batasuna y Eusko Alkartasuna son los partidos más votados y se han sucedido al frente del Consitorio. José Javier Múgica tenía otras inquietudes políticas y, a pesar de ser euskaldún y hacer gala de ser tan vasco como los abertzales, pasó a engrosar la larga lista de ciudadanos que son objeto de pintadas y sabotajes.

Músico y fotógrafo
Múgica formaba parte de un grupo municipal independiente y no fue hasta las últimas elecciones locales cuando decidieron ingresar en las filas de UPN y presentarse en las listas del partido regionalista navarro. Su vida cambió radicalmente. Logró un escaño en la corporacion municipal y se puso, como tantos otros, en el escaparate en el que ETA selecciona sus objetivos.

Pero durante muchos años, el edil asesinado ayer fue conocido por su afición a la música y a la fotografía.

Su rostro afilado parecía cincelado por las premuras que habían rodeado su vida. No es fácil ganarse el jornal en Leiza si no se trabaja en la papelera, que parece la salida de la mayoría de los jóvenes, o en alguno de los caseríos que salpican las laderas del valle. Múgica prefirió trabajar en su propia empresa y fundó una autoescuela, pero las cuentas no cuadraron.

José Javier no se dejó doblegar y emprendió otro negocio, un pequeño taller de fotografía. Durante los últimos años ha retratado con su cámara bautizos, comuniones y a casi todas las parejas que han contraido matrimonio en el Valle de Leizarán. Ayer, cuando la dinamita de la banda armada segó su vida, se dirigía a hacer el reportaje de una boda.

Aún así, completaba sus ingresos sustituyendo en vacaciones al conductor del autobús que transportaba a trabajadores de la comarca al polígono industrial de Leiza. Una labor que ha venido desempeñando durante 20 años.

La sencillez con la que cubrió sus necesidades y las de su esposa y sus tres hijos también se reflejó en sus aficiones. Formó parte del coro de la Iglesia San Miguel de Leiza. A este templo también acudía a recibir la comunión cada domingo. Su pasión por la música le llevó a ingresar en la sociedad coral de la localidad cercana de Lekunberri cuando se disolvió la de Leiza. La montaña y el esquí completaban sus actividades en el tiempo libre.

Su pacífica vida privada cambió radicalmente al convertirse en cargo público. Pintadas e insultos se instalaron en su quehacer diario como un peaje que debía pagar por defender «la libertad y los derechos de la vida», grandilocuentes palabras con las que Múgica definía su labor en el Consistorio navarro.

A pesar de todo, consideraba que era posible la convivencia en el pueblo, separaba la relación política con los seis ediles de Batasuna (fuerza mayoritaria) con la personal, que era «más que correcta», y no culpaba a los concejales de la izquierda abertzale de los ataques. Cuando el hostigamiento verbal se había convertido casi en rutina, varios desconocidos incendiaron su furgoneta. Incluso en esa situación se reveló contra lo evidente: cada vez era más «objetivo», el cerco se estrechaba. Múgica en cambio, aseguró que no esperaba que fueran a cometer con él «alguna gamberrada de este tipo».

«Cada vez que me hacen algo de esto me crezco, y no sólo yo, sino toda la familia. Son tan valientes o más que yo y estamos tranquilos», declaró. Ni siquiera cuando ETA se cobró la vida del ex gobernador civil de Guipúzcoa Juan María Jáuregui, amigo de la familia, tembló su pulso.

«Su muerte hizo explotar todo lo que había que explotar y, sinceramente, digo que los miedos han desaparecido», confesó.

La realidad es muy tozuda.

"A vosotros también os digo, que sois peores que ellos"
Los vecinos increpan a los ediles de Eusko Alkartasuna y llaman asesinos a los concejales de EH en el pleno de Leitza
Leitza El País 15 Julio 2001

"¡Condenad, no vale lamentar, hay que condenar!". Los vecinos de Leitza (Navarra) no pudieron soportar ayer la lectura en su Ayuntamiento de un texto que obviaba la condena a un atentado terrorista contra uno de sus concejales, José Javier Múgica, de Unión del Pueblo Navarro.

Al grito de "¡condénalo, condénalo" interrumpieron a los concejales de Euskal Herritarrok (EH) cuando daban lectura a su comunicado en el pleno convocado precisamente para mostrar la repulsa de los grupos municipales por el atentado contra el concejal, cuyo asiento junto a su compañero de partido Gerardo Caballero lo ocupaba ayer tarde un ramo de flores. Entre el público, el hijo mayor del concejal siguió el transcurso de un pleno que mostró el abismo que separa a los habitantes de un mismo pueblo.

Los ediles de EH fueron los últimos en leer su comunicado, después de que el resto de grupos municipales mostrara su indignación por la acción terrorista y votara a favor de una moción de condena presentada por Eusko Alkartasuna. Al igual que en otros atentados cometidos por ETA, los representantes de la coalición abertzal siguieron las pautas que les marca su formación política y lamentaron la muerte del concejal, pero no llegaron a condenar el atentado.

En ese momento, los vecinos de la localidad que asistían al pleno de pie y como público increparon a los concejales de Euskal Herritarrok: "A vosotros no os van a matar, a nosotros, sí. ¡Condénalo, condénalo!". También corearon largo rato "¡asesinos, asesinos!". Los representantes de EH en Leitza no tuvieron más opción que dar por terminada su lectura. No sólo ellos fueron objeto de la ira de los vecinos. Uno de éstos se encaró con los tres ediles de Eusko Alkartasuna y les espetó: "¡A vosotros también os lo digo, a los tres que sois peores que ellos!".

Que no iba a ser un pleno fácil se vio desde el primer momento. Cuando comenzaban su lectura en euskera, los concejales de EH ya habían sido interrumpidos por una mujer que les gritó: "¡Leedlo en castellano que no sabemos euskera!". Tuvieron que comenzar de nuevo el texto. Esta vez en castellano.

La situación de violencia obligó a los ediles a interrumpir de nuevo su lectura y abandonar la sala del pleno, pero aún tardaron bastante tiempo en marcharse del consistorio. Fuera de éste los vecinos habían rodeado el edificio y esperaban la salida de los concejales a los que increparon con gritos de "¡asesinos!".

El Ayuntamiento tuvo que ser custodiado por agentes antidisturbios, que trataban de impedir que la gente se echara sobre los concejales abertzales a su salida. Una hora después de que hubiera finalizado el pleno, éstos permanecían todavía en el interior del edificio.

La banda apuntó a través del periódico «Gara» a los concejales de UPN
PAMPLONA. ABC 15 Julio 2001

En una entrevista publicada por el diario «Gara» el pasado 7 de junio, la banda terrorista ETA apuntó a Unión del Pueblo Navarro (UPN) y aseguró que todos los concejales de esa fuerza políticas son «objetivo» de sus «acciones». Ayer, tras el atentado contra el edil, UPN culpó del asesinato al periódico y anunció que estudia presentar una querella.

El diputado de UPN, que era amigo del concejal asesinado, explicó que Múgica Astibia era un «hombre de bien» y un «euskaldún de los pies a la cabeza» y que por defender sus ideas ya había sido objeto de un atentado el pasado año en las fiestas patronales de Leza. En aquella fecha, precisó Del Burgo, los violentos le quemaron la furgoneta, que también es su medio de trabajo, ya que, precisó, transportaba a los alumnos de un colegio «algunos de los cuales le insultaban por ser concejal de UPN».

Para el diputado de UPN, José Javier Múgica era una persona modesta y un trabajador ejemplar que sabía que luchaba por una idea concreta de Navarra y por la libertad y no merecía este final.

Por su parte, el presidente del Grupo Popular en el Parlamento vasco, Jaime Mayor Oreja, manifestó que la entrevista de «Gara» «demuestra que hay cómplices que apuntan y asesinos que matan».

Según Mayor, «hace ya varias semanas, ETA había apuntado a UPN tanto a través de la pregunta de la periodista como de la contestación del miembro de ETA». «Hoy (por ayer) se ha confirmado que esa amenaza no era baladí y anecdótica, sino una realidad», afirmó. «Por eso, desde aquí lo que quiero es reiterar, una vez más, que lo que hay que desarticular es toda una estructura, una organización que está al servicio del crimen y del asesinato, y que eso sólo se puede hacer en la medida en que apliquemos todos los instrumentos del Estado de Derecho», subrayó.

Por su parte, el ministro del Interior, Mariano Rajoy, afirmó que «no parece que exista» una reestructuración de un «comando» de ETA en Navarra y que el atentado del concejal de UPN puede ser atribuido al «entorno» del grupo «Donosti».

El fracaso de la traducción automática
La deficiencia de los programas instantáneos para traducir textos en Internet «arruina» la calidad del español en la red
La Red ha irrumpido en todo el mundo, pero el mundo no es monolingüe. Hay una multitud de idiomas, aunque los que predominen sean los que corresponden a los llamados países desarrollados. Además, en plena globalización se impone la necesidad de comprender la información y de comunicarse. Para ello se han desarrollado traductores automáticos en Internet que asisten al usuario y le ayudan a traducir el contenido de una página Web de una lengua a su idioma vernáculo. Pero la mayoría no funcionan. Son demasiados los obstáculos que existe en una lengua para que una máquina, sin asistencia de traductores humanos, sea capacidad de transferir un texto a otro idioma. Sólo los términos técnicos escapan a esta regla.
Javier Ors - Madrid.- La Razón 15 Julio 2001

«Cada lengua engendra y articula una visión del mundo, un relato del destino de la humanidad, una estructura de formulaciones del futuro para la cual no existe facsímil en otra». Así se expresa George Steiner en uno de sus libros al referirse a la babel de lenguas existentes en nuestro mundo y a la labor de las traducciones. Expresar con otras palabras el significado total de una frase escrita en un idioma distinto sin perder ninguno de sus matices no ha estado exento, en ocasiones, de polémica, y no está libre de detractores y puristas que abogan por leer sólo en las lenguas originales. Ahora, a esta profesión se han sumado lo traductores automáticos, difundidos a través de Internet y que provocan más que el mal humor, la risa de los traductores y los usuarios.

   Varios portales ofrecen la posibilidad de traducir al castellano páginas web escritas en otros idiomas. Los resultados son, muchas veces, esperpénticos. Los motivos que impiden, de momento, la traducción automática de textos son varios.

Polisemia y frases hechas
La ambigüedad de las frases, la polisemia de los vocablos, las frases hechas, las jergas, por no hablar de las imágenes y las metáforas de la poesía, son los principales obstáculos que no permiten a una máquina pasar con fidelidad un texto de una lengua a otra. «Ninguno traduce bien. Son un desastre. Cuanto más próximas sean los idiomas, como las lenguas romances, mejor serán las traducciones, pero ni siquiera así», afirma María Pepa Palomero, traductora del Centro Virtual Cervantes. Para ella, las dificultades son «fundamentalmente sintácticas y gramaticales» y explica: «Todos los textos son ambiguos, multirreferenciales. Imagina cómo puede traducirse El romance sonámbulo , de Lorca».

   El escritor y traductor Ramón Buenaventura comparte el mismo excepticismo que su compañera. «Las máquinas todavía no están preparadas para la traducción. No pueden superar algo que exceda sujeto, verbo y predicado, y que implique una semántica que no responda a cánones fijos».

   Para Buenvantura otro de los inconvenientes con los que se enfrenta un traductor automático, no asistido por ningún traductor humano, es la comprensión que una persona hace de manera instantánea del significado de una frase. «El hecho de la traducción implica un trabajo de reducción de todo lo que se puede entender con otros sentidos. El hombre detecta enseguida cuáles son los significados erróneos, pero las máquinas no tienen esa capacidad por ahora». El problema, en este caso, estriba en que los traductores automáticos no tienen referencias culturales, y a la hora de determinar cuál es el sentido idóneo en una frase pueden equivocarse. Esto puede ocurrir, en un primer nivel, en el supuesto de palabras que reflejan dos conceptos diferentes, como banco, vela, gato, ladrón o araña. Esto es extensivo a los verbos, cuyas formas pueden inducir a error. Por ejemplo, libro (en referencia al sustantivo y al verbo librar), vino (que alude a la bebida y al verbo venir), juego o haz.

   La traductora Marta Robles, de la editorial Planeta, tampoco está de acuerdo con este tipo de traducciones: «Muchos van palabra por palabra, y claro, salen textos muy raros porque todas están relacionadas. Además, cada lengua tiene una manera diferente de expresarse. No pueden sobrepasar estructuras muy simples y vocablos que no sean equívocos, pero el lenguaje es rico y el contexto, muchas veces cambia el significado». Robles afirma que se puede «perder más tiempo corrigiendo estas traducciones que traducirlas de nuevo».

   El traductor Iñigo Sánchez Paños, que trabaja también en el Centro Virtual Cervantes, responde con un ejemplo práctico: «Coge un texto en español, pásalo al inglés, luego al francés y luego, otra vez al español. sólo hay que ver el resultado. Hay muchos sitios con traducciones simultáneas no asistidas por un traductor, pero no sale bien».

Textos especializados
Para Sánchez Paños hay demasiadas voces que el ordenador no comprende. Y tratar de reunirlas en una sola memoria sería un trabajo ingente de recopilación que llevaría muchísmos años. En el caso del español, hay, para Paños, unas probabilidades demasiadas grandes que inducirían a error derivadas, tan sólo, de las «variables locales y regionales». A esta razón habría que añadir nombres de fiestas de comunidades que son reconocidas a nivel nacional con la lengua propia de esa provincias. Por ejemplo, en Galicia, la fiesta popular «Rapa das bestas», un traductor lo traduciría al inglés como «Rapa gives bestas», porque confunde este «das» con el verbo castellano dar.

   Sin embargo, casi todos los traductores coinciden en señalar su uso para temas especializados, con términos concretos y muy técnicos. «Funcionan muy bien con los partes meteorológicos», declara Paños. Palomero sostiene también que para «manuales de lavadoras, ordenadores o montajes de muebles, sí pueden ser útiles». Buenaventura se muestra más crítico, y cree que si se empieza a pensar en textos para que sean traducidos, «podemos llegar a escribir textos muy elementales». Para él, el traductor más adecuado pasa por la vinculación multirreferencial y con su capacidad del ordenador para ligar las palabras a un contexto. «Estaríamos ya hablando de androides. De copiar el contenido de mi cerebro y volcarlo en otro sito, y eso sería ya inteligencia artificial, no ordenadores».

Un primer paso hacia un futuro más riguroso
Desde esta primavera, la compañía IBM ha puesto en el mercado el programa de traducción más avanzado que existe. Es el resultado de investigaciones que se remontan a la guerra fría. El programa se denonima WTS, contracción de las palabras «WebSphere Translation Server». Un software con tres fases de análisis en la traducción y con la posibilidad de añadir palabras, diccionarios específicos, giros lingüísticos y sus posibles variaciones. «Es un gran paso -dice Regina Widmann, que participa en la unidad de traducción de IBM- es rápido y capaz de analizar entre 200 y 500 palabras a la vez».

   Para Widmann, el objetivo de la traducción en Internet es «la idea de comunicación. No sustituir a los traductores. Su aplicación es sobre todo por la urgencia y el dinero», explicó. Y añadió que «una Web dedicada a la información general no puede tener a traductores porque las noticias cambian constantemente». Ahora, con este programa, que también ha ampliado la memoria, «un problema que existía antes», se espera subsanar algunos defectos. Widmann reconoce las limitaciones pero afirma: «Es como en los programas de ajedrez. Todavía el mejor ajedrecista es humano». El futuro apunta a la inteligencia artificial.

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