AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 16 Julio   2001
#LOS OTROS ASESINOS DE MUGICA Y URIBE
Editorial El Mundo 16 Julio 2001

#El asesino vive al lado
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 16 Julio 2001

#Miedo a cambiar
Editorial ABC 16 Julio 2001

#Rajoy, la firmeza del Estado
Editorial La Razón 16 Julio 2001

#Suma y sigue
 Jaime CAMPMANY ABC 16 Julio 2001

#El Estado no es una ONG
Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 16 Julio 2001

#Una investidura con aviso de muerte
Lorenzo Contreras La Estrella 16 Julio 2001

#Mandar en Euskadi
Ignacio CAMACHO ABC 16 Julio 2001

#La Eta de matar por casa
Enrique de Diego Libertad Digital 16 Julio 2001

#Dos muertes para Ibarreche
José María CARRASCAL La Razón 16 Julio 2001

#Consignas que favorecen a Eta
Antonio GARCÍA TREVIJANO La Razón 16 Julio 2001

#Retrato cómplice
Luisa PALMA La Razón 16 Julio 2001

#Entre la piedra, el hierro y la locura
LUIS ANTONIO DE VILLENA El Mundo 16 Julio 2001


#Cuatro negritos
Luis María ANSON La Razón 16 Julio 2001

#Sin escapatoria
EMILIO LAMO DE ESPINOSA El País
16 Julio 2001

#Desafío a Ibarretxe
Editorial La Estrella 16 Julio 2001

#Ibarretxe, camino a la frustración
CASIMIRO GARCIA-ABADILLO El Mundo 16 Julio 2001

#El combate de Mikel
TEO SANTOS El Correo

#Rajoy: «La preocupación de Ibarreche debe ser acabar con Eta, no la autodeterminación»
José Antonio VERA / Inmaculada G. DE MOLINA La Razón 16 Julio 2001

#Repulsa ciudadana contra los concejales de EH
E. M. - Leaburu (Guipúzcoa).- La Razón 16 Julio 2001


LOS OTROS ASESINOS DE MUGICA Y URIBE
Editorial El Mundo 16 Julio 2001

E
l dolor, la tristeza y la rabia se apoderaron ayer de gran parte del País Vasco y Navarra, pero paradójicamente apenas pudieron abrirse paso en las localidades escenario de los dos últimos crímenes de ETA. Tanto Leiza como Leaburu son pequeños núcleos urbanos que representan a la perfección lo que hemos dado en llamar el gulag vasco y hay fundadas sospechas de que la exactitud con que los criminales conocían la vida del concejal José Javier Múgica y del mando de la Ertzaintza Mikel Uribe tiene su origen en información de los vecinos.

Más allá de las complicidades materiales -que pueden ser perseguidas penalmente- resultan igualmente repugnantes las complicidades políticas de quienes en ambos ayuntamientos han actuado como auténtica prolongación de los asesinos. En Leiza, la corporación municipal abertzale fue increpada en un tumultuoso pleno por algunos ciudadanos, que también arremetieron contra los tres ediles de EA, cuya colaboración en el gobierno local se ha hecho insostenible. En Leaburu, por el contrario, el hecho de que todos los concejales sean de EH les puso más fácil su ignominiosa connivencia con los asesinos. No sorprende pues que los cadáveres de Múgica y de Uribe no hayan podido ser velados en sus respectivos pueblos. Como denunciaba ayer en su homilía el arzobispo de Pamplona, la persecución, el miedo y la soledad se prolongan más allá de la muerte, ensañándose con las familias de las víctimas.

Ninguna sociedad democrática puede soportar esos guetos políticos en los que los defensores públicos de los asesinos campan a sus anchas mientras la vida es irrespirable para los ciudadanos demócratas. Como tampoco es admisible la sintonía que destilaban las cómodas preguntas de Gara y Egunkaria a los portavoces de ETA sobre qué debían hacer los cargos de UPN para no merecer el final que ha tenido Múgica.

Son los asesinos y sus cómplices los que deben sentir que viven en el aislamiento moral, no sus víctimas. Y para ello es necesario que los líderes del PNV y EA vayan más allá de las palabras en su distanciamiento de EH, con quien mantienen en diversos ayuntamientos pactos locales incompatibles con los discursos de desprecio. A PNV y EA es atribuible la responsabilidad de haber roto el consenso social contra los asesinos y su entramado que cristalizó en el espíritu de Ermua. A ellos corresponde también recomponerlo.

El asesino vive al lado
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 16 Julio 2001

Cada vez es menor la distancia entre la delación y el crimen. Lo prueban los datos que llegan a las redacciones. La organización terrorista no es algo tan lejano y extraño como se podía pensar sino que tiene terminales en la sociedad, en el «pueblo», que como tales hacen llegar los mensajes para que ETA los traduzca rápidamente en sangre. Así, el asesinato de José Javier Múgica, concejal de UPN en Leiza (Navarra), permite pensar que hay una gran fluidez «informativa» acerca de los movimientos de personas consideradas objetivos de ETA. Era, por otra parte, la de José Javier Múgica una muerte anunciada si tenemos en cuenta las amenazas tan concretas contra los militantes de UPN que habían hecho unos etarras en las páginas de «Gara», hace poco más de un mes.

Esta sensación de permeabilidad entre informadores y criminales se ha dado también en el crimen cometido el mismo sábado en Leaburu -Guipúzcoa- contra Mikel Uribe, residente en Legorreta, subcomisario encargado de asuntos internos de la Ertzaintza. Esta Policía que, como heredera del Estatuto, carece de legitimidad de origen para ETA (esta habría preferido tener enfrente a Fuerzas del Estado), está controlada no sólo por la consejería dirigida por el señor Balza sino por supervisores de Batasuna.

Guerra civil, con frecuencia familiar, alimentada por el odio no sólo al de fuera sino al que desde dentro no lo comparte, lleva hasta actitudes tan extremosas como las de la mayoría municipal de Leiza, de Batasuna, que no sólo no ha condenado el crimen sino que lo ha justificado en nombre del Nacionalismo.

Miedo a cambiar
Editorial ABC 16 Julio 2001

Egibar y Knorr, dos de los dirigentes nacionalistas que más han hecho por escorar sus partidos (PNV y EA) hacia el pacto con el mundo filoetarra, han arremetido contra EH (hoy Batasuna) tras el asesinato del mando de la Ertzaintza Mikel Uribe. El primero vino a comparar a los ediles batasunos de Leaburu con «los que aprietan el gatillo», mientras el segundo demandaba a «Otegi y sus secuaces» que respeten la vida de quienes no piensan como ellos, como Uribe «cuya familia -dijo Knorr- es nacionalista». Esta respuesta era la que ETA pretendía de ellos al asesinar al ertzaina con tan brutal ensañamiento (le dispararon casi 30 tiros). Inmediatamente, se ha vuelto al discurso del «uno de los nuestros», de tal manera que la muerte del concejal de UPN José Javier Múgica parece «culpa del conflicto», mientras que la de Uribe responde a un «conflicto interno». Ocurrió algo parecido en 1997, cuando la mayoría del terrorismo callejero iba dirigido contra los batzokis (sedes sociales) peneuvistas. Al año siguiente, el PNV y EA emprendían el camino de Estella.

Esa quiebra de la sensación de invulnerabilidad es la que ETA ha querido activar para que a los ojos del nacionalismo la «culpa» siga siendo siempre del «conflicto», es decir, de los no nacionalistas. Si tan insoportable les resulta la actitud de Batasuna en estos asesinatos, la solución es muy sencilla: dejar de pactar en los Ayuntamientos con «Otegi y sus secuaces» y con los que tienen la misma «altura moral que los quienes aprietan el gatillo».

Rajoy, la firmeza del Estado
Editorial La Razón 16 Julio 2001

El «elemento básico en la estrategia de Eta, que no le viene mal al PNV, es que la sociedad desista». Sin embargo, «desistir ante Eta sería reconocer el triunfo del terror sobre el Estado de Derecho». Ése es el diagnóstico del vicepresidente primero del Gobierno, y ministro del Interior, en una clarificadora entrevista que hoy se publica en LA RAZÓN.

   Coincidimos, y así lo hemos expresado en las páginas de este periódico, con el análisis de ese excelente político, cuyas ideas lúcidas se resguardan tras el sosiego que caracteriza su ejecutoria. Tiene toda la razón, porque sólo hay dos formas por las que el independentismo que reclama la banda terrorista Eta (y que, a veces, recibe guiños favorables desde el nacionalismo del PNV) pueda prosperar en España. Uno, que es evidentemente imposible, es que se impusiera por la fuerza de las armas. El segundo, el único que nos debe preocupar, es que se introdujera como un veneno en la sociedad de tal forma que ésta, en su conjunto, decidiera «desistir», rendirse por desmoralización ante la angustia que causa el terrorismo.

   Y no está de más salir al paso de esta posibilidad, porque todos hemos podido encontrar en algunos comunicadores y en algunos políticos frases como ésta: «Si dejan de matar, se puede discutir de todo; incluso de la independencia». Eso es exactamente lo que busca Eta. Que se considere legítimo hablar de independencia, con tal de evitar la tragedia del terror cotidiano.

   Pero hace falta salir al paso de esta falacia. El Estado no puede desistir de su esencia constituida porque no es obra de una generación, ni aunque ésta quisiera rendirse. España es una empresa de siglos, que ha nacido entre dramas y pactos, y que ahora conforma un patrimonio que nadie puede poner en almoneda, ni aunque le flaqueen las piernas por temor a la muerte. Los que plantean que puede negociarse la independencia a cambio del fin del terrorismo están diciendo que pueden, por su cuenta, entregar algo que no es suyo: una parte de España que no les pertenece, porque forma parte de un acervo engendrado previamente. Ese Estado, además, ha evolucionado hasta un régimen democrático irreprochable, cuyo único error ha podido ser, precisamente, la falta de coraje al defender la unidad nacional que lo constituye. Bueno es, por tanto, que desde una principal instancia gubernamental se recuerde que España es patrimonio de generaciones, que el Estado de Derecho es un logro irrenunciable, y que la desmoralización o, en palabras de Rajoy, el «desistimiento», están proscritos.

   Puede abandonar, por tanto, toda esperanza Eta de doblegar al Estado. También puede olvidarla el PNV, con sus proclamas recientes sobre la «superación» (la liquidación) del marco constitucional que da forma al Estado. Lo que se trata ahora es lograr que el Estado tenga eficacia en la defensa de los ciudadanos. Se trata de luchar, y acabar, con Eta. Y, para ello, es preciso aclarar que, aunque mate, nadie va a poder capitalizar soberanismos como método para evitarlo. Porque, además, es mentira; una quimera planteadas sólo por aquellos que creen que pueden romper España por falta de sentido nacional de sus ciudadanos.

Suma y sigue
Por Jaime CAMPMANY ABC 16 Julio 2001

La banda etarra, ya lo ven, sigue acumulando cadáveres sobre la urna de la elección y el discurso de investidura del lehendakari Juan José Ibarreche. Crece la pirámide de los muertos sobre la cual se encarama la delirante locura del separatismo belicoso. Suma y sigue. «Oiga, ¿es la guerra?», preguntaba Miguel Gila, pegado a su famoso teléfono. Inventó el humor que desdramatizaba el suceso más dramático que han inventado los hombres. Hoy, que lamentamos la desaparición del celebrado humorista, esa pregunta impensable, «¿Ahí es la guerra?», adquiere una vieja, repetida, conocida y previsible actualidad. Quizá alguien pueda responder seriamente a esta otra pregunta que se nos presenta una vez y otra vez con frecuencia acongojante. Alguien, algún Gila político, tendría que llamar al País Vasco y preguntar con angustiosa curiosidad: «Oiga, ¿ahí es la guerra?».

En vez de llorar, contar. ¿Cuántas víctimas han sido abatidas por la banda terrorista desde el final de la falsa tregua? ¿Treinta y dos? ¿Treinta y cuatro? Más de treinta en cualquier caso. En pocas horas, desde la investidura de Ibarreche, contamos tres, un policía nacional, un ertzaina, un concejal de la Unión del Pueblo Navarro. Mañana, o pasado mañana, ya serán más. «¿Oiga, ahí es la guerra?» Porque allí, desde luego, están los que disparan, y aquí, desde luego también, estamos los muertos. O los que podemos morir en cualquier momento, en cualquier esquina, de una forma o de otra, disparos en la nuca, carga explosiva, bomba lapa. «Nunca creyó que pudieran matarle a él», se oye decir algunas veces a los familiares o amigos del asesinado. Sin embargo, cualquiera de nosotros, uno u otro, podemos morir. «Morituri te salutant».

No es una tontería eso de la guerra de Gila. A lo mejor, estamos en la guerra de Gila. A lo mejor, estamos en una guerra de humor negro. «Oye, tú, que esos de ahí enfrente están disparando y matan». «No hagas caso y sigue hablando. Tú habla, habla». Palabras contra parabellum. Pum, pum, pum. Bla, bla, bla. Veintiocho disparos han descargado sobre el concejal Uribe. Nueve proyectiles se le han alojado en la cabeza. Los otros diecinueve han ido a incrustarse en el coche. Así asesinaba la mafia en Chicago. Pero aquí no tenemos ningún Elliot Ness. Dice Ibarreche que va a luchar contra los etarras con todas sus fuerzas. ¿Qué ha hecho el gobierno vasco contra «ETA» en todos estos años? Lo que ha terminado por hacer el PNV es firmar con los terroristas el pacto de Estella, eso sí, «con todas sus fuerzas».

«Oiga, ¿es la guerra? ¿Van a atacar ustedes esta mañana? Lo pregunto para preparar el comunicado de condena y para decidir quién va a asistir al entierro». Estas situaciones así terminan en humor macabro. Cuando en escena muere hasta el apuntador, la tragedia se convierte en parodia. Un cuarto de siglo de terror y que estemos como en el primer día, quiere decir que el terror es algo que se ha convertido en costumbre. Al principio de esta desgracia, morir asesinado por los etarras era morir de muerte violenta. Estamos a punto de que morir asesinado por el terror parezca ya morir de muerte natural, un suceso de nuestra costumbre.

José María Aznar ha hablado. Y ha pedido eficacia a todos los que tienen la responsabilidad de luchar contra «ETA». En esas estamos. ¿Y quién tiene esa responsabilidad? Si Aznar se refiere al Gobierno, a los legisladores, a los responsables de los servicios de inteligencia y de la política penitenciaria, ahí los tiene. ¿Falla la eficacia en la magistratura o en el ministerio público? ¿O el presidente Aznar se refiere más bien al gobierno vasco? Porque hace muchos años que pedir eficacia contra «ETA» al gobierno vasco es pedir peras al olmo. O sea, pedir peras al árbol de Guernica.

El Estado no es una ONG
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 16 Julio 2001

Existe un extravagante, mas quizá no exiguo, pacifismo que parece conferir el derecho a ejercer la violencia física o la coacción moral a todos los individuos y grupos, menos al Estado. Aspiran a una especie de no-violencia institucional, a un Estado perfecto cumplidor de la moral evangélica que mansamente ofrece la otra mejilla a quienes lo abofetean. Como si fuera una especie de ONG nacida sólo para velar por la satisfacción de nuestras necesidades, sin ejercer la coacción. Resultaría enternecedor, si no fuera letal, contemplar cómo, invirtiendo la naturaleza de las cosas, exigimos al Estado casi todo -salud, educación, bienestar, cultura, diversión, deporte- menos aquello que es fundamental: el ejercicio de la violencia legítima. Abundan quienes piensan, proyectando sobre las instituciones lo que nació como un ideal heroico de conducta personal, que toda violencia es ilegítima. Y no faltan quienes parecen pensar que sólo lo es la ejercida por el Estado. Cuando la verdad es que su razón de ser, la condición de su necesidad, es el ejercicio del monopolio de la violencia legítima, y, por lo tanto, la exclusión de la violencia fuera de él. Se diría que exigimos lo secundario y problemático y le excusamos de lo primario y esencial. Lo que es condición del fin forma parte de él. Lo que no es lo mismo que decir que el fin justifique los medios.

Es evidente que no todo orden legal es justo, pero también lo es que no hay justicia sin orden y legalidad. ¿No existirá un término medio entre un Estado que atemoriza y oprime y otro que se acompleja y debilita? ¿Hasta cuándo seguiremos olvidando que cuanto más legítimo es el Estado más legítima es la violencia que puede ejercer, y que la represión del crimen y de la ilegalidad no es incompatible con la democracia liberal? Demasiadas cosas están al revés: no dejamos de encomendarle al Estado casi inacabables tareas y lo excusamos de nuestra protección. Televisión pública, pero seguridad privada. Y así se propaga la falacia de que la democracia conduce al desorden y al caos. No; lo que conduce al desorden y al caos es la perversión de la verdadera idea de la democracia. Cuando unos Ayuntamientos desafían al Estado y a la Constitución de la que procede su legitimidad, el deber del Gobierno es impedirlo. Pero ya va resultando algo cargante esa retórica políticamente correcta de que los terroristas no van a conseguir nada con la violencia. Muchos de los que le piden sinceramente eficacia al Gobierno, contribuyen, tal vez inadvertidamente, a atarle institucionalmente las manos. Cuando el concejal o el policía tienen más miedo que el terrorista y el delincuente, empezamos a transitar por la pendiente que conduce a la quiebra del Estado y al triunfo de la ilegitimidad. Acabaremos convirtiendo al Estado en una especie de entrañable y piadosa ONG, en lugar de considerarlo un aparato de fuerza legítima al servicio de la libertad y de los derechos de los ciudadanos. La misma Constitución que legitima en principio el gobierno de Ibarretxe, y sin la que él no es gobernante de nada, u otorga concejalías a EH, también contiene artículos como el 8.1, el 55.1 y el 155. No afirmo que sea el momento de aplicarlos; sólo digo que están ahí. Detrás de cada grave problema social suele cobijarse un error intelectual o una torpeza moral. La culpa no es tanto de los Gobiernos como de la opinión social dominante de la que dependen.

Una investidura con aviso de muerte
Lorenzo Contreras La Estrella 16 Julio 2001

Podrá invocarse ceniza del cielo, podrá haber rasgado de vestiduras ante las nuevas atrocidades de ETA, pero lo que en modo alguno resulta factible es fundamentar ninguna sorpresa. Ha ocurrido exactamente lo que se temía. La banda ha elegido el día y el momento para dirigir un mensaje doble: uno a los de siempre, a los no nacionalistas que intentan representar en Euskadi posiciones políticas basadas en la Constitución y el Estatuto; el otro mensaje, a los nacionalistas que gobiernan en Vitoria y acaban de renovar a Juan José Ibarreche al frente del cargo de lehendakari.

El asesinato del concejal de UPN, la formación política equivalente al PP en Navarra, en la localidad de Leiza, mantiene la línea de terror contra los representantes municipales de vinculación estatal, al tiempo que descubre, una vez más, la siniestra conspiración que funciona, complementariamente a ETA, en los pueblos controlados por su brazo político, gracias al cual muchos vecinos son terroristas encubiertos, delatores, soplones, colaboradores en suma. De ahí que el asesinato de José Javier Múgica Astibia haya respondido al tradicional latiguillo de la muerte anunciada y no haya pasado de ser una cuestión de tiempo, como tantos otros crímenes que esperan su turno.

El asesinato de Mikel Uribe, un suboficial de la Ertzaintza, es humanamente tan doloroso como el otro, pero políticamente todavía más significativo. Porque en este otro caso no se trata ya de mantener una persecución del "español", sino de plantearle al Gobierno nacionalista, en su nueva etapa, un especial desafío. De manera que Ibarreche, o se traga todas sus palabras alusivas a la lucha sin contemplaciones contra ETA, como acaba de prometer en su investidura cuando ha hablado de proteger el derecho a la vida y el apoyo a las víctimas, o, por el contrario, entra de nuevo, con Javier Balza confirmado en la Consejería de Interior, en esa etapa contemporizadora y tibia que ha venido caracterizando su primer mandato en Ajuria Enea.

La eliminación física del policía autónomo vasco, undécima de las que ha sufrido la Ertzaintza desde su creación, ha sido elegida en un día singular con la inequívoca intención de pedir guerra a quien ha prometido hacerla en caso necesario. Y pocas veces estará más a la vista esa necesidad. ETA personifica en el reto a Ibarreche su desprecio y advertencia a toda esa sociedad vasca que redujo a la mitad siete diputados la representación abertzale y proetarra en el Parlamento de Vitoria. O sea, el lehendakari pomposamente autodenominado de "todos los vascos" tiene que subrogarse en el interés ciudadano, político y vital de la población que cae bajo su custodia.

Quienes entienden que ésa es la prioridad antes de entrar en otros debates políticos sobre la "superación" del Estatuto, llevan toda la razón. El primum vivere se impone con más evidencia que nunca. Pero sería incurrir en imperdonable ingenuidad abonarse a la conjetura de que esa prioridad va a existir. No es cuestión de apostar, pero sí de prever razonablemente que la filosofía independentista del PNV no va a cambiar el orden de sus planteamientos porque Ibarreche haya prometido esto o aquello en función de las circunstancias y del marco institucional que las preside.

Hay una realidad de fondo que supera cualquier sentimentalismo nacionalista ocasional: el Estatuto ha sido condenado a muerte, y con él todo lo que la Constitución significa y comporta. Pero, según lo que vienen insinuando los propios peneuvistas, será su ejecución una muerte lenta o por grados, con muchos recursos y esperanzas de aplazamiento. Incluso con alguna que otra idea de indulto, falso por supuesto.

El desafío que ETA ha lanzado en este último fin de semana, el de la investidura de Ibarreche, esta vez sin demasiada kale borroka porque lo programado eran palabras mayores, ha indignado a la opinión pública en general, vasca y no vasca. Al único sector que probablemente no ha indignado ha sido al PNV. A éste le ha hecho pensar. Pensar y estremecerse. Con todas las consecuencias negativas que cabe esperar de los sentimientos emparentados con el miedo insuperable.

Mandar en Euskadi
Ignacio CAMACHO ABC 16 Julio 2001

Aturdida por el estruendo de los coches-bomba y el tableteo de los disparos, la opinión pública española se ha acostumbrado a ver en la política vasca sólo el reflejo de un interminable conflicto de violencia y sangre. La presencia del terrorismo en el eje de la vida pública ha anulado la percepción de una política cotidiana que, sin embargo, explicaría muchas claves de la actual situación de lo que un nuevo eufemismo empieza a llamar simplemente «el Norte». Nada más lógico: si el día en que toma posesión el gobierno autonómico ETA lo saluda con dos asesinatos, nadie va a interesarse por saber qué hace, quién forma y para qué sirve el citado ejecutivo vasco.

Para la mayoría de los españoles, y para muchos vascos, el debate esencial en Euskadi es el de la presencia cenital de la muerte como fenómeno casi cotidiano y sus secuelas sobre el ejercicio de la libertad. Para los nacionalistas, empero, sobre todo para los nacionalistas moderados o democráticos, la verdadera cuestión es el poder. Un poder de fuerte implantación administrativa, que maneja un enorme aparato institucional y de servicios públicos dotados con recursos billonarios, capaz de sostener una estructura clientelar que facilita su prolongación en el tiempo y su extensión en el espacio. Un poder hegemónico con más presupuesto, influencia y capacidad de desarrollo que algunos Estados soberanos europeos.

La minusvaloración de ese poder y su enorme capacidad decisoria fue uno de los errores que condujeron al naufragio de la «alternativa constitucional» de Mayor Oreja y Redondo en mayo pasado. Frente al problema del terrorismo y de la pérdida de libertad, esgrimido como factor esencial en una campaña desesperada, el PNV opuso ante los vascos la idea de una defensa global de su tarea de gobierno. «Hemos transformado este país», repetía obsesivamente Ibarretxe en la campaña. Y hablaba de sanidad, de educación, de industria y hasta de deporte mientras sus adversarios sólo hablaban de escoltas, de policía, de víctimas y de muertos.

Así, para los vascos que no se sienten directamente amenazados por el terror, para los que sostienen que Euskadi es un territorio en el que se vive muy bien -«y se viviría mucho mejor si no fuera por la violencia»-, los constitucionalistas estaban poco menos que poniendo en peligro la sustancia de ese sistema de vida que ha permitido a la Comunidad autónoma unos estándares económicos de primera línea. Ah, la violencia, ese pequeño problema...

A través de ese poder nada trivial, el PNV ha implantado una estructura de sólida hegemonía civil cuya derrama beneficia también a otros sectores nacionalistas, incluido el abertzale. Algunos socialistas explicaban parcialmente el trasvase de votos de EH al PNV-EA en la comprensión por parte de muchos radicales de la necesidad de mantener de algún modo el sistema de ayudas y subvenciones que estructura todo el conglomerado independentista, a través de asociaciones de todo tipo: culturales, educativas, sociales, recreativas, vecinales. Un gobierno PP-PSOE en Lakua habría triunfado o no en la lucha antiterrorista, pero habría cercenado de raíz todo el flujo económico clientelar que impregna al mundo nacionalista, tanto al moderado como al radical. Y eso sí constituía un problema, e incluso, paradójicamente, una amenaza real para quienes no sienten la amenaza del terror.

El Gobierno que Ibarretxe anunció el sábado bajo el árbol de Gernika manda, y manda mucho. Manda tanto que para el PNV ha constituido una prioridad incluso por encima del problema terrorista y la consecución de la paz. Al menos hasta ahora. Porque podría no ser casual que sólo unas horas después de que el lendakari hablase explícitamente de «combatir a ETA», un lenguaje hasta ahora exclusivo de sus adversarios, la víctima del siguiente atentado fuese un miembro de los cuadros de la Ertzaintza.

Podría ocurrir que el PNV haya llegado a la conclusión de que ETA es también una amenaza para el mantenimiento de su propia hegemonía. Incluso en ese supuesto, relativamente optimista, habrá que ver qué precio está a dispuesto a pagar por mantenerla. Y a quién.

La Eta de matar por casa
Por Enrique de Diego Libertad Digital 16 Julio 2001

José Javier Múgica, concejal de Leiza, había pasado en familia unos días en un balneario. No llevaba mucho tiempo de vuelta. El ertzaina Mikel Uribe solía ir a Tolosa los sábados a comer con su cuadrilla, una costumbre vasca arraigada, relacionada con los sociedades gastronómicas. La localización de ambos fue inmediata, por personas de su entorno, de Leiza y de Leaburu. No fueron seguidos por un “comando informativo”, como se entendía antes, sino por miembros de Batasuna actuando dentro del organigrama de Eta, por vecinos.

No se necesita ser Mariano Rajoy, ni Javier Balza, ni experto de los servicios contraterroristas para percibir que alguien avisó en Leiza de que el concejal de UPN había vuelto de las vacaciones, alguien hizo un seguimiento de su furgoneta, alguien llamó a la banda para obtener la bomba-lapa y alguien la puso en los bajos, mientras otros vigilaban a la Guardia Civil. Es decir, Eta tiene una estructura estable en Leiza y esa estructura conoce los cauces para comunicar con el aparato logístico y ejecutor.

Lo mismo cabe decir sobre el asesinato de Mikel Uribe. En horas se informa de que ha llegado. Los informadores conocen la forma de comunicar con el complejo Donosti y a lo largo de la jornada, mientras los informadores mantienen controlado el coche, llegan tres pistoleros para cometer el atentado. A Juan María Jáuregui le asesinaron en horas en el lugar de una cita para una entrevista con Euzkaltelebista. No se necesita ser muy lince para deducir que esa estructura in situ de Eta está directamente relacionada con Batasuna. Probablemente sea la misma. Casi seguro que una parte de Batasuna es ahora mismo Eta desde el punto de vista operativo, como un gran comando legal, sobre todo en las zonas en las que los batasunos tienen una presencia destacada, como sucede en Leiza y Leaburu.

Con carácter previo, el diario Gara, en entrevista a la dirección de Eta, señaló como objetivo a UPN. Es todo un entramado que concluye en el asesinato, aprovechando los beneficios del sistema. Un conjunto de asesinos legales. Ninguna lógica tiene, es absolutamente falsa, la tesis sostenida, quizás por cobardía, por la Sala Cuarta de la Audiencia Nacional que plantea la existencia de una Eta jupiterina que bajo del cielo, envuelta en misterios metafísicos, para asesinar. Absurdo es que Ibarretxe se mofara en el debate de investidura sobre el diagnóstico de Jaime Mayor Oreja de la existencia de una Eta interior.

No tenemos aquí un partido político relacionado con una banda terrorista, sino un partido que forma la base de la infraestructura de la banda. No entender esto, no extraer sus conclusiones, sólo sirve para que muera más gente. Ingenuo es pretender que los concejales de Batasuna condenen asesinatos en los que probablemente han participado y se han decidido en sus sedes. ¿Puede ser legal un partido que participa en asesinatos? A mí me parece una soberana falta de sentido común.

Dos muertes para Ibarreche
José María CARRASCAL La Razón
16 Julio 2001

Ha sido la contribución de Eta a la investidura de Ibarreche: dos asesinatos. Un concejal navarro y un ertzaina. Para que el lendakari no olvide con quién se está jugando los cuartos. Así se las gastan sus compañeros del pacto de Lizarra. No admiten bromas ni desviaciones. Esos miles de votos que ha ganado el PNV en las elecciones, no los ha perdido HB, se los ha prestado. Mucho cuidado, pues, con ellos. No se le ocurra usarlos para otros fines que los acordados, que puede encontrarse convertido en blanco, como los «perros» españoles o los traidores de UPN. De nada sirve tener apellidos vascos o ser nacionalista, como se supone que un ertzaina, sobre todo si ha llegado a subcomisario, lo es. El lenguaje de Eta es directo como el cañón de una pistola, contundente como el estallido de una bomba. Además, es el único que tiene, el único que admite. Que tome buena nota el nuevo-viejo lendakari.

   Pocas veces ha quedado tan en evidencia lo que José Varela Ortega elabora en su último libro sobre el problema vasco: que aquella violencia no es la expresión de un conflicto secular en torno a la soberanía de aquellos territorios, sino un programa político. No se trata tanto de alcanzar la independencia sino de alcanzar el poder contra todos, incluidos los del propio bando. Una vehículo infernal para imponer una dictadura total. A Eta puede llamársela de muchas formas, banda mafiosa, liga criminal, engendro estalinista, todas ellas ciertas. Pero, sobre todo, es una conspiración para conquistar por la fuerza el poder absoluto. Y los primeros que iban a sufrirlo serían los propios vascos, incluidos los nacionalistas moderados. La independencia es sólo el disfraz con que ocultar las verdaderas intenciones de esa minoría radicalizada.

   Como su pretensión social. Lo de «izquierda abertzale» no es más que el ropaje político con que Eta y HB encubren sus ambiciones totalitarias. Nosotros lo sabíamos de sobra. Quien no parecía haberse enterado era el lendakari. Vamos a ver si se entera cuando «esos chicos» le arrojan el cadáver de uno de sus subcomisarios ante la puerta. Son inasimilables por ser totalitarios. Y por no ser demócratas, cuanto más se les da, más quieren.

   Pero son ellos, los nacionalistas moderados, quienes les han criado, adoctrinado, animado, protegido en las ikastolas, en las herriko tabernas, en la kale borroka. Son ellos los que les han llenado de odio, los que han dado a la Ertzaintza orden de no detenerles cuando convertían las calles de Euskadi en un aquelarre. El mismo Consejero de Interior del Gobierno vasco que repite cargo. ¿Va el señor Balza a seguir dando las mismas instrucciones a su policía? ¿Va Ibarreche a seguir dando tanta importancia a conseguir la independencia como a acabar con la banda asesina? Pues que se dé prisa, porque como no se la dé, el que puede caer asesinado es él. El aviso se lo ha llevado en mano helada uno de sus propios subcomisarios.

Consignas que favorecen a Eta
Antonio GARCÍA TREVIJANO La Razón 16 Julio 2001

Mis opiniones sobre el terrorismo de Eta no pretenden ser profundas ni originales. Están basadas en lo que todo el mundo piensa y nadie se atreve a decir. Todo lo que se ha dicho en más de treinta años sobre Eta ha sido conscientemente alejado de la verdad. Todos han decidido mentir por sistema porque todos han preferido creer que difundir la verdad, y discrepar de los Gobiernos, sería peor que propalar consignas como en casos de guerra. Sólo la compasión por los familiares de las víctimas limitará mi libertad de expresión contra la falsedad de esta creencia, creada por la dictadura y continuada por los Gobiernos de la Transición, para consumo de la imbecilidad de las masas gobernadas, y que sólo favorece a Eta.

   Consigna para propagar la creencia de que cada Gobierno está a punto de lograr el fin de Eta, que lleva así un cuarto de siglo dando sus últimos coletazos sangrientos.

   Consigna para hacernos creer que no hay método mejor para combatir el terrorismo que el seguido a trompicones de apresamientos y negociaciones de tregua por cada Gobierno.

   Consigna para que la discrepancia de la acción gubernamental antiterrorista sea considerada por la opinión como crimen de colaboración o simpatía con Eta. Consigna para excluir del bloque constitucional a los partidos que se aparten de la línea antiterrorista definida por el Gobierno de turno. Consigna para hacer del terrorismo asunto de Estado, como pretende Eta. Consigna para elevar el terrorismo a problema capital de España, reflejado en las encuestas, como quiere Eta. Consigna para magnificar los atentados terroristas hasta el paroxismo histérico de las masas, como desea Eta. Consigna para que la oposición y la prensa den carta blanca a los Gobiernos y lo apoyen incondicionalmente, como harían en caso de guerra, que es exactamente lo que pretende Eta. No se acepta la declaración del estado de guerra que hace unilateralmente Eta, para no mandar al ejército a combatir comandos ocultos, pero se piensa, actúa y siente como si estuviéramos en estado moral de guerra.

   Consigna para disimular el fracaso de los gobiernos en materia de seguridad ciudadana. Consigna para echar sobre la sociedad el peso de la política antiterrorista. Consigna para culpabilizar a otros países de la propia impotencia. Consigna para confundir el nacionalismo vasco con el terrorismo. Consigna para hacer de Eta ¬pequeña organización terrorista que asesina, secuestra y extorsiona, con la única finalidad y la única mira de obtener la independencia del País Vasco, como fruto madurado por la desmoralización de una opinión manejada por los medios informativos, y caída por las violentas y repetidas sacudidas al árbol español¬ nada menos que una gran potencia ideológica y militar capaz de atentar, como si esto fuera posible, contra las libertades políticas de la sociedad española, y de doblegar la resistencia del Estado, confundiéndola con la de los Gobiernos. Consigna, en fin, de que los partidos y los medios consideren la política antiterrorista del Gobierno como algo sagrado.

   Ante este desolador panorama, la pregunta pertinente no es por qué dura tantísimo tiempo Eta, sino por qué tarda tanto en triunfar frente a adversarios de gran pacotilla empresarial, pero obtusos de inteligencia, débiles de carácter, oportunistas de opinión, desespañolizados de ideales y soberbios de ambición. No me refiero, como es obvio, a los partidos y gobiernos. Ellos seguirán los cambios en la opinión dominante. Y Eta sabe que el fruto maduro sólo puede caer, no por sus golpes directos contra el árbol estatal, sino por el vendaval de los «liberalísimos», que no se oponen a una independencia salida de las urnas vascas, cuando su número domine los medios fabricantes de opinión. Pero Eta no es eficiente. Con tanta sangre, hasta ahora sólo ha creado dos «liberalísimos» de peso en la opinión.

Retrato cómplice
Luisa PALMA La Razón 16 Julio 2001

De la mano de Eta, el 14 de julio será recordado como un sábado teñido de sangre y de horror por partida doble. A las imágenes de crueldad de los asesinatos del concejal de UPN y del ertzaina se agregan otras que adquieren una dimensión monstruosa, las del pleno del Ayuntamiento de la pequeña localidad de Leiza regida por EH. Sus representantes aguantaron impasibles los gritos indignados de sus convecinos y ni siquiera pestañearon cuando eran increpados como asesinos. Al contrario, hicieron gala de un depurado cinismo y, como hemos visto a los de su cuerda otras veces, se negaron a condenar el atentado. 

Tan sólo lo «lamentaron» y está claro que no es lo mismo. No condenar significa estar de acuerdo, ser cómplices, y quizá haya que empezar a decirlo alto y claro, tanto para estos ediles como para muchos otros políticos, porque, como ha dicho Aznar, la sociedad no aguanta más la ambigüedad, las medias verdades, la equidistancia. El sábado, la imagen de su siniestra palidez y su insolencia cobarde, mostrada esta vez en Leiza, nos ha dejado el retrato de lo que verdaderamente son: cadáveres vivientes.

Entre la piedra, el hierro y la locura
LUIS ANTONIO DE VILLENA El Mundo 16 Julio 2001

S
i los nacionalistas vascos (los moderados, digo) tienen el menor sentido de lo que significa la voz civilización, si algo saben de razones humanistas y cultura, habrán de aceptar que estando como están las cosas en el País Vasco, no pueden hacer sino dedicarse a desarmar, real e ideológicamente, a ETA. Cualquier otra cosa parecerá broma (y macabra) en Madrid, en París, en Bruselas, en Washington y en Sebastopol, me temo.

¿Y el referéndum de autodeterminación como derecho? ¿Y el sueño independentista que tuvieron una noche los patriarcas? De eso, como de todo, se puede hablar tranquilamente. Pero primero debe haber libertad e igualdad. Resulta injusto y terrorífico (incluso para los que lo vemos desde fuera y queremos seguir viéndolo desde fuera) contemplar cómo unas gentes son acosadas y asesinadas, mientras otras no tienen nada que temer. Bajo esa mafiosa ley del miedo ¿qué referéndum sería válido, hablando desde la civilización y la libertad? El lehendakari está obligado a decir que no hay opresión que justifique una lucha independentista. Porque parece ser que lo que en este momento justificaría la opresión sería, a la inversa, una lucha defensiva, pues ha de ser durísimo ver cómo los tuyos caen mientras los otros se pasean tranquilamente. Sí, lo sé, ahí late exactísimamente la chispa de una guerra civil como la que Gran Bretaña frena en el Ulster. A lo mejor el execrado Estado español de los abertzales tendría que terminar frenando una especie de guerra civil entre facciones vascas. Porque sospecho, lógicamente, que para muchos la situación debe ser totalmente inaguantable, y no todo el mundo se quiere largar de su tierra y empujado. Habrá vascos que quieran ser independientes, ¿por qué no? Pero en el País Vasco no hay motivos para una guerra. Y esto debe decirlo abiertamente el PNV, si no quiere que se le culpe también. Hablar de autodeterminación en la situación presente (entre crímenes, miedo y acoso) no es sólo un despropósito contra la libertad, sino un atentado a la razón civilizadora. ¿Quiere perseverar el PNV et alii en esa Edad de Piedra en que sus enemigos gustan situarlo? ¿O prefiere ahora una igualmente brutal y bárbara Edad de Hierro, donde éste toma la forma de balas, bombas, piedras, atentados, capuchas, delaciones, oscuridad, terror y todavía más y más miedo?

Cuatro negritos
Luis María ANSON La Razón 16 Julio 2001
de la Real Academia Española

«Eta prepara una decena de asesinatos entre concejales del Partido Popular en toda España. Como en los Diez negritos de Agatha Christie, la banda quiere hacer caer, una a una, a sus víctimas hasta poner al Gobierno de rodillas» (Canela fina titulada Diez negritos, 16-VI-2000).

   «Será cruel, muy cruel para el presidente presenciar la sangre derramada y asistir a los entierros de sus compañeros de ideas. El pájaro negro de la muerte aletea ya sobre los concejales elegidos por el pueblo y que trabajan a favor de sus ciudadanos. Los terroristas saben dónde pueden hacer más daño». (Canela fina titulada Ocho negritos, 17-VII-2000).

   «¿Quién será y en qué ciudad de España el próximo concejal que caerá acribillado bajo las balas de Eta, tal vez despedazado por una bomba lapa?» (Canela fina titulada Siete negritos, 30-VIII-2000).

   «Ayer se desgranó la cuarta cuenta del rosario de concejales que los terroristas han decidido asesinar para que Aznar se postre de hinojos. Ya lo dijo el ayatolá en su día: ¿Cuántos muertos necesita Aznar para modificar su política? El cinismo de esta frase atroz estremece. ¿Cuántos, cuántos muertos necesita Arzallus para que se le caiga la cara de vergüenza, se envaine el miedo, contenga la sangre en los zancajos y rompa el pacto de Estella que le ha hecho cómplice de los asesinos?» (Canela fina titulada Seis negritos, 22-IX-2000).

   «Eta recorrió ayer la mitad de su camino de sangre en esta nueva tacada de concejales asesinados después de la tregua. Estremece pensar que no pasará mucho tiempo sin que esta Canela fina se titule Cuatro negritos». (Canela fina titulada Cinco negritos, 15-XII-2000).

   Eta despedazó con bomba lapa a un concejal del partido aliado del PP en Navarra. Ayer se celebró su entierro con toda la parafernalia habitual, consoladora e inútil, entre el cinismo inextinguible de algunos dirigentes del PNV, el regocijo de los batasunos y la parálisis de los jueces. Los terroristas asesinaban después a un ertzaina porque Eta es una sangre sin fin que se derrama. Batasunos y etarras no quieren la independencia. Quieren el poder. Si algún día terminaran con PP y PSOE, la emprenderían contra el PNV. Y, de vez en cuando, avisan.

Sin escapatoria
EMILIO LAMO DE ESPINOSA El País
16 Julio 2001

Aun cuando el resultado de las elecciones vascas del 13 de mayo pudiera parecer claro y nítido, ocultaba importantes ambigüedades que reaparecen ahora en el discurso de investidura del lehendakari Ibarretxe. Ciertamente, los vascos dijeron no a la violencia de ETA y EH, y lo hicieron de modo rotundo. Ciertamente, los vascos también aceptaron la propuesta de pacificación vía diálogo que les ofreció el PNV frente a la propuesta de lucha contra ETA representada por Mayor Oreja. Pero no es menos cierto que, frente al programa soberanista que el PNV llevaba impulsando a través de Arzalluz y Egibar desde el último congreso del PNV, fue el discurso estatutista de Ibarretxe, obviando toda referencia al independentismo, lo que les salvó del desastre electoral que preveían.

Bien es cierto que, desde entonces, Arzalluz no ha dejado de hacer declaraciones recordando el independentismo de Arana, el programa máximo del PNV y los acuerdos del congreso, regresando, pues, al discurso independentista preelectoral.

Evidentemente, se trata de una ambigüedad calculada una vez más. El PNV pretende conservar los votos arrancados a EH hegemonizando el nacionalismo sin perder los votos moderados que han sido siempre su base electoral (y no olvidemos que el PNV ganó hasta en Getxo).

El discurso de investidura de Ibarretxe incorpora así elementos nuevos que responden al mensaje de las urnas, con un regreso a la ambigüedad. Es nueva (y muy bienvenida) la propuesta de apoyo y solidaridad con las víctimas del terrorismo y la violencia, una actitud que puede contribuir poderosamente a la concordia y la serenidad y hacer creíble que Ajuria Enea representa de verdad a todos los vascos. Y lo es también la propuesta de hacer del Parlamento vasco el centro de todo debate, olvidando instituciones fantasma hechas a su medida. Pero, sin duda, donde su proyecto naufraga es en el regreso a la ambigüedad independencia-estatutismo. No porque pueda resultar contradictorio reclamar transferencias más o menos debidas al tiempo que se supera el Estatuto de Gernika, pues quien pide lo más pide lo menos. Ni tampoco porque carezca de legitimidad avanzar un proyecto político que va mas allá de la Constitución, pues tiene razón Ibarretxe al recordar a Mayor Oreja que con quien hay un problema político no es con ETA sino con el nacionalismo vasco. Sino porque la propuesta de derecho de autodeterminación es un gambito que en lugar de aclarar los problemas contribuye a confundirlos más aún en una alocada huida hacia delante dando alas a ETA.

Algún comentarista ha señalado que con esa ambigüedad Ibarretxe pretende blindar al PNV de la violencia, haciendo innecesario confrontar directamente el terror, evitando así lo que llaman 'un enfrentamiento entre vascos'. Pero, ¿cómo abrir un debate franco entre los vascos para poder 'decidir el futuro' cuando la mayoría no se atreve a hablar por miedo a la violencia euskonazi? Hace años que Euskadi carece de condiciones objetivas para un debate político abierto, que no se dan ni siquiera en el recinto de la universidad. Sin paz no puede haber diálogo ni menos referéndum o consulta alguna. El Plan de Ardanza, recordémoslo, aplazaba el diálogo a un 'cese ilimitado en el tiempo' de la violencia.

Por lo demás, si la ambigüedad sobre el fin perseguía enervar los medios, ETA se ha encargado de cerrarle esa puerta poniendo de manifiesto, con dos asesinatos en menos de 10 horas, que, si puede haber un contencioso político, el problema principal de los vascos sigue siendo el terror, como dijeron las urnas en mayo. Ibarretxe ha abusado de todos los adjetivos del euskera y del castellano para condenar retóricamente a los etarras y su entorno, pero su ejecutoria práctica es más que dudosa, confirmada por la continuidad de Balza en el Gobierno. Antes o después, Ibarretxe va a tener que adoptar la decisión que, insensatamente, pospone: bien se pone al frente de la lucha contra el terror, deja de mirar a otro lado y se lanza a por ETA y su entorno con todos los medios del Estado de Derecho y toda la fuerza de una sociedad airada, haciendo de ello el objetivo prioritario de su Gobierno, o bien se pone al frente del MVLN y la subversión encabezando la revolución nacionalista para lanzarse en brazos de ETA. Represión democrática o subversión, ése es el dilema del que no tiene escapatoria.      e.lamo@iuog.fog.es

Desafío a Ibarretxe
Editorial La Estrella 16 Julio 2001

Con el doble asesinato en el día de la toma de posesión de Juan José Ibarretxe como lehendakari, ETA ha clavado su hacha de guerra o de muerte en el árbol de Guernica, como simbólicamente lo dibuja hoy Martinmorales en Estrella Digital. Es un desafío mortal al nuevo Gobierno vasco y un aviso a PNV y EA, diciéndoles, con el asesinato de un jefe de la Ertzaintza, que la banda ha ampliado su campo de tiro habitual y que empieza a entrar en el terreno de los nacionalistas.

Los dos crímenes de ETA señalan esto y el hecho de que están en disposición de matar, con nuevos y más sangrientos métodos (ametrallando), y que ya estamos sumidos todos en una nueva espiral de la violencia que no parará en estos últimos atentados, sino que irá a más.

A la vez ETA muestra su rabia y malestar por el mal resultado cosechado en las pasadas elecciones por su coalición política, por la fuga de su corriente Aralar y por su creciente aislamiento en la sociedad vasca. De ahí que está realizando sus crímenes en las localidades donde tienen mayoría municipal para evitar un enfrentamiento social, como ocurrió con el asesinato del concejal de UPN en Leitza y de un jefe de la Ertzaintza en Leaburu (Tolosa), localidades en cuyos ayuntamientos gobiernan con mayoría los concejales de EH.

A dónde nos lleva todo esto y a dónde va ETA? Esto nos lleva a más muerte, terror y dolor, y ETA no sabe a dónde va, ni le importa a ellos, ni a sus centenares de presos. Parece que la organización está sumida en una espiral de violencia y que se ha quedado sin camino político para reaccionar. Al menos bajo su actual dirección "política y militar". ETA, parece claro, no sabe a dónde va, pero con su desafío al lehendakari merece una pronta respuesta de Ibarretxe para que quede claro su desvarío ciego y mortal.

Ibarretxe, camino a la frustración
CASIMIRO GARCIA-ABADILLO El Mundo 16 Julio 2001

La «anormalidad» política fundamental en el País Vasco se concreta en que la víspera del discurso de investidura del candidato a lehendakari ETA asesinó con un coche bomba en Madrid a un policía nacional y que, cuatro días después, justo cuando Ibarretxe anunciaba su nuevo Gobierno y juraba su cargo ante el árbol de Gernika, ETA asesinaba con una bomba-lapa a un concejal de UPN en Leiza (Navarra) por la mañana, y al jefe de la Ertzaintza de Hernani le asestaban dos tiros en la cabeza por la tarde.

En su discurso ante la Cámara de Vitoria, Ibarretxe mencionó en varias ocasiones la «normalización política» como objetivo de esta legislatura, pero en ningún momento lo relacionó con el terrorismo. Para Ibarretxe, ETA es el problema de la violencia, mientras que la «normalización» tiene que ver con la soberanía de los vascos, con la ruptura del marco establecido por el Estatuto de Gernika.

En su creencia de que es el intérprete infalible de las aspiraciones de los vascos, Ibarretxe dijo en su alocución: «Por encima de otras prioridades, la inmensa mayoría de la sociedad vasca tiene un objetivo fundamental: Quiere la paz. Quiere la normalización política».

Propuesta amoral
La amoralidad de la propuesta del lehendakari reside precisamente en colocar en el mismo plano un derecho fundamental, como es el derecho a la vida, y una aspiración política que, por otra parte, sólo comparten una parte de los ciudadanos vascos.

Las esperanzas de que el nuevo Gobierno alumbrado tras las elecciones del 13 de mayo supusiera una vuelta a la normalización en las relaciones del PNV y los partidos constitucionalistas y del Gobierno vasco con el Gobierno central, se esfumaron a medida que Ibarretxe iba desgranando las líneas maestras de su programa político para los próximos cuatro años.

El anuncio de la composición de su nuevo Gobierno, en el que lo más significativo es la continuidad de Javier Balza al frente de la Consejería de Interior, confirma los peores augurios para esta nueva etapa política.

A pesar de las apariencias, nos espera más de lo mismo pero con matices aún más preocupantes. Ibarretxe separó en su discurso la violencia de la «normalización política», rompiendo así con la tradición argumental inventada por el líder del PNV, Xabier Arzalluz, que ha sostenido siempre que ETA es consecuencia del problema político vasco: es decir, que la resistencia del Estado a conceder el derecho de autodeterminación es la causa última de la violencia.

El lehendakari puso fin con un argumento inapelable al nexo causa/efecto entre soberanía y violencia, que, por cierto, fue la base para la justificación del Pacto de Lizarra, al afirmar: «La violencia no es una consecuencia necesaria de un conflicto político. Existen muchos lugares en los que, existiendo conflictos políticos, no hay violencia. Es, por tanto, necesario que diferenciemos la paz de la consecución de nuestros objetivos políticos».

Pero esa deslegitimación de la violencia como medio para lograr unos fines políticos que coinciden básicamente con los del PNV no tiene como fin, en el planteamiento de Ibarretxe, situar el terrorismo y la falta de libertad como eje de su gobierno, sino advertir que, a pesar de la violencia, el objetivo político prioritario de la próxima legislatura va a ser precisamente el establecimiento de un calendario encaminado a lograr, primero, el cumplimiento íntegro de las transferencias y, en una segunda fase muy próxima en el tiempo, la superación del Estatuto de Gernika.

Y, para que no quepa duda de hasta dónde está dispuesto a llegar en esas aspiraciones de autogobierno, Ibarretxe avisó: «Considero que es urgente que podamos hablar con serenidad de estos temas desde un talante abierto y democrático, y desde la aceptación de que la sociedad vasca pueda ser consultada para decidir su propio futuro. ¿Qué hay de malo en ello?».

Para Ibarretxe, como para algunos nacionalistas, ETA es un elemento más del paisaje. Algo incómodo, que sería mejor que no existiera, una especie de enfermedad (así la ha definido en multitud de ocasiones Arzalluz) incurable, pero no mortal... sobre todo para los que no forman parte de sus objetivos por compartir su ideario. La diferencia entre el planteamiento hecho por Ibarretxe en su discurso de investidura respecto a lo que había sido el ideario nacionalista de los últimos veinte años es que marca una línea clara encaminada a lograr la soberanía independientemente de ETA. Es decir, que ya no se establece un precio político por la paz, sino que, al margen de que ETA siga matando, el Estado español tendrá que pagar ese precio político.

En ese sentido, a pesar de su suavidad en las formas y de su apariencia dialogante con los no nacionalistas y dura contra el terrorismo, el discurso de Ibarretxe es el más radical de cuantos ha pronunciado un candidato a lehendakari desde el restablecimiento de la democracia.

El problema para Ibarretxe es que no está solo en el mundo y que sus propuestas, por más que haya ganado las elecciones, tienen que ser aceptadas por el Gobierno español. Y también que ETA no está dispuesta a jugar ese papel de comparsa que él le ha adjudicado en esta nueva etapa histórica.

Ese es el sentido de los últimos atentados de ETA. Primero, hacer una desmostración de fuerza y de capacidad operativa. Decirle, no tanto a Aznar, sino a Ibarretxe, que pueden hacer mucho daño y que están dispuestos a hacerlo; es decir, que quieren seguir marcando la agenda política vasca.

No es casual que los elegidos para esta nueva exhibición de barbarie hayan sido un concejal de UPN y un ertzainza. Es una advertencia tanto a los constitucionalistas como al PNV. El camino de la independencia no se puede recorrer sin contar con los que manejan las pistolas y la dinamita; ellos quieren seguir marcando los plazos y los objetivos. Con este nuevo festín de sangre, ETA ha querido poner en su sitio a Ibarretxe, ha pretendido dejar claro que el terrorismo no es un elemento más del paisaje, sino el paisaje mismo.

Si Lizarra no significó ningún camino, sino un pedregal (como dijo el candidato en su alocución), la nueva vía abierta por Ibarretxe en su discurso puede significar un futuro de frustración y de violencia para la mayoría de los ciudadanos vascos. Frustración porque sus propuestas no son compatibles con la Constitución y, por tanto, irrealizables a corto plazo. Violencia, porque ETA va a redoblar sus esfuerzos para ocupar el puesto que cree que le corresponde en la consecución de la soberanía.

Mientras los nacionalistas no sitúen a ETA como el principal problema del País Vasco, mientras no consideren a ETA como el primer obstáculo para que la vida política se pueda desarrollar con normalidad, el resto de los ciudadanos, de dentro y de fuera de Euskadi, pensarán, con razón, que al PNV le importa más sumar una transferencia a su Gobierno que la pérdida de una vida. Lo peor de la trayectoria de Ibarretxe es que la experiencia sólo le ha servido para interiorizar aún más sus creencias nacionalistas. Las posibilidades de que modifique sus planteamientos en el futuro son muy escasas. Por desgracia, de su discurso lo único que está sometido a modificación es la cifra de asesinados por ETA.

casimiro.g.abadillo@el-mundo.es

El combate de Mikel
TEO SANTOS El Correo

Estamos en el día después de un nuevo golpe terrorista. Doble agresión de ETA, que vuelve a asesinar a dos hombres, negando el primordial derecho a la vida. Acción que ilegitima cualquier discurso (auto)justificante. José A. Zamora explica en su ‘Estética del horror’ (Isegoria, 2000): «Esa negatividad no tiene ningún sentido, no hace avanzar la historia, no se resuelve en un resultado». Origina, añado, sufrimiento y dolor, además de envilecer la convivencia, pero carece de discernimiento. Embotados los extremistas en la desesperación de su fracaso, persisten en el terror, mostrando así el patético desprecio de ETA hacia los Derechos Humanos, que luego sus voceros reclaman.

Algo bien distinto de la congruencia vital de Mikel Uribe, el último ertzaina asesinado por los pistoleros de ETA. Él amaba la tierra vasca desde una concepción integradora, que incluía, sin dudarlo, a los extremistas. Recuerdo una conversación con él en Arkaute, cuando fue jefe de la Ertzainetxea de Hernani (ni más, ni menos), en la que planteaba «un esfuerzo por entendernos con todos». En verdad que ejerciendo aquella responsabilidad consiguió una interlocución con las gentes de la izquierda abertzale difícil de imaginar antes. De poco ha servido su esfuerzo ante los asesinos, para quienes su vida quedó convertida en un mero instrumento de mensaje político.

Los terroristas mandan ‘un recado’ mediante el único lenguaje que conocen, el de la violencia, dentro de su estrategia de opresión. Asesinar a Mikel es para ellos un movimiento táctico premeditado que responde a la lógica del enfrentamiento bélico. Si el lehendakari reelegido habló de ‘combatir’ el terrorismo, ellos cogen el rábano por las hojas, una vez más, confundiendo el compromiso institucional de la protección de personas y bienes con una declaración guerrera. Es posible que el lenguaje utilizado por el señor Ibarretxe haya sido inadecuado, al emplear conceptos impregnados de acepciones militaristas, pero en ETA no utilizan tales sutilezas, tan sólo les importa si ellos consiguen cuanto quieren o no.

Quienes no estamos en su línea nos convertimos en enemigos, aunque, como Mikel, se hagan intentos por salir del enfrentamiento. A mí me convenció por su sencillez y su congruencia, pues viviendo directamente el acoso extremista, permaneció fiel a su decisión de entendimiento. Éste era un riesgo sobreañadido, porque, en la lógica terrorista, quienes demuestran la voluntad de integración (Pedrosa, Korta, Jáuregui, y otros) se convierten en sujetos más peligrosos, ya que desenmascaran con claridad la vileza del terror. Los asesinos de ETA han acertado al asesinar a Mikel, porque él les contradecía en el combate; con su profundo amor vasco a la vida impugnaba los principios excluyentes de los extremistas.

Este nuevo ataque terrorista es una evolución en su acometida contra la Ertzaintza. Al asesinar a un mando intermedio, a un oficial con responsabilidades operativas, buscan el amedrentamiento de un escalafón neurálgico. Saben que, en la pirámide policial, la cúpula responde a intereses fluctuantes, y la base ya hace tiempo que la dan por perdida para el abertzalismo.

Por eso buscan la coerción de los mandos, y pretenden limitar la capacidad de actuación de la Policía vasca amenazando directamente a la escala ejecutiva. Se equivocan otra vez, porque podremos discrepar sobre la capacitación de estos mandos (que tampoco en el caso de Mikel), pero su lealtad con la legalidad vigente está por encima de cualquier discusión. Están al frente y prácticamente todos, ahora más, tienen claro ante quién se la juegan. El asesinato de Mikel, más que antes el de Joseba o el de Montxo, serán un acicate para intervenir con eficacia ante quienes se (auto)excluyen de la convivencia legítima y razonable.

Rajoy: «La preocupación de Ibarreche debe ser acabar con Eta, no la autodeterminación»
El vicepresidente primero del Gobierno y ministro del Interior, Mariano Rajoy, se desplazó ayer con todo su equipo a Tolosa para asistir al funeral por el ertzaina Mikel Uribe, asesinado diez horas después del atentado que también costó la vida al concejal de UPN José Javier Múgica. Y es que los gestos son importantes para Rajoy en estos momentos de sangrienta ofensiva etarra, pese a las discrepancias que mantiene con el «lendakari», que parece «más preocupado por la autodeterminación que por combatir a Eta». Él lo tiene claro: «Con la banda se puede acabar por la vía policial».
José Antonio VERA / Inmaculada G. DE MOLINA La Razón 16 Julio 2001

¿Qué pretende Eta con los asesinatos del concejal de UPN y del mando de la Ertzaintza?
   - Han sido dos nuevos asesinatos sin justificación alguna. El atentado contra el mando de la Erzaintza ha sido especialmente brutal. Parece que Eta ha pretendido hacer una gran ofensiva con ocasión de la investidura y toma de posesión de Ibarreche, demostrando el valor que estos individuos dan a las urnas, donde han sido derrotados. Hay que seguir con perseverancia. El Parlamento vasco debe tener claro que, por encima de las diferencias, en este momento no hay más prioridad que acabar con Eta. Este objetivo debe anteponerse a cualquier consideración.

   -¿Nos espera un verano negro?
   -Tratándose de Eta no me extraña nada de lo que pueda hacer. Por tanto, los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado están en plena alerta. De hecho, en 2001 se han capturado ocho comandos, el último uno que tenía preparado un verano no ciertamente agradable, como la voladura de un ferry en Santander, atentados contra medios de comuniación o contra vías férreas. Esta posibilidad no la pueda descartar Interior.

Sembrar el terror
-¿Eta tiene infraestructura en Madrid o un comando?
   -Alguna organización estable. Los coches utilizados en los últimos atentados en Madrid habían sido robados en Madrid. Si esa infraestructura recibe el apoyo a nivel ejecutivo de personas que pueden no estar aquí es algo que no podemos determinar.

   -¿Estos atentados pueden interpretarse como un toque de atención al PNV?
   -No. Eta necesita participar cuando se produce algún acontecimiento político y lo hace con el sistema que habitualmente usa. Mientras los demás votan, Eta mata o genera el terror.

   -¿Cuántos comandos tiene Eta en España?
   -El grueso de los activistas de Eta está en Francia, muy particularmente en la provincia de Guipúzcoa y luego puede tener alguna otra infraestructura en otro lugar del País Vasco y en Madrid.

   -¿Se puede acabar con Eta?
   -Sí, estoy seguro y, además, por la vía policial. Es evidente que cuanto menor sea su apoyo social más fácil será. Es un dato muy importante el que haya perdido la mitad de sus escaños en las últimas elecciones al Parlamento vasco. Pero aunque se ha avanzado y mucho en la lucha contra Eta, en lo que va de año se ha capturado tantos comando como en todo 2000. Hemos avanzado también en la colaboración francesa. Pero que duda cabe que una Ertzaintza bien dirigida ayudaría mucho, así como incrementar la colaboración internacional sería un paso muy decisivo en esa dirección. También es muy importante un apoyo decidido de todas las fuerzas políticas. El papel del PNV sería muy importante en la lucha contra eso que se llama el entorno etarra, que, al final, no es tal, porque es la propia Eta.

   -En el funeral del pasado miércoles hubo gente que pidió la pena de muerte, ¿se pueden adoptar medidas para que los etarras cumplan su penas íntegras o implantar la cadena perpetua?
   -El Gobierno no plantea esa posibilidad. Ha habido un endurecimiento de la legislación antiterrorista, sobre todo, contra la violencia callejera y el traslado de estos juicios a la propia Audiencia Nacional. El plantear ese asunto no serviría para resolver el problema de fondo: el terrorismo.

Coordinación
-¿En la lucha contra Eta, la Policía Nacional controla España y la Guardia Civil Francia?
   -No. En Francia quien detiene es la Policía francesa y en España la Policía Nacional y la Guardia Civil. Pero hay una buena colaboración a nivel de mandos y operativos por parte de ambos cuerpos con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad franceses. En los últimos tiempos hemos mejorado sustancialmente la coordinación entre la Policía y la Guardia Civil.

   -¿Cómo va la colaboración con Francia?
   -El tiempo que llevo de ministro del Interior me he entrevistado en cuatro ocasiones con mi colega francés. Hay tres o cuatro datos que veo positivos. En relación con el robo de exposivios de hace unos meses Grenoble ha habido una colaboración. El pasado miércoles el propio ministro francés afirmó que habían venido a España funcionarios franceses y dijo que la seguridad de los polvorines españoles es mayor y que ellos ya estaban tomando medidas para incrementar la suya. La creación de la Brigada de Información, compuesta por 25 personas, en Bayona, es un paso en la buena dirección. En la misma línea, la cooperación en fronteras para controlar el paso de personas se ha intesificado y también la ayuda y el intercambio de datos y documentos entre ambas Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Hay que seguir hablando con las autoridades francesas para mejorar esa cooperación.

   -¿Cuándo será una realidad la orden de busca y captura europea?
   -Esto sería muy importante. Esto nos permitiría que personas, como Txapote, mediante resolución judicial fueran entregadas a España en un plazo de quince días y no de diez o doce años, cuando hayan cumplido condena en Francia. La UE tiene sus ritmos. En Europa hay libre circulación de capitales, mercancías, personas y delincuentes. Pero no hay de cuerpos policiales y de resoluciones judiciales. Esto es algo a lo que tendremos que dar una pronta respuesta, porque entonces no estaríamos hablando de una Europa política, sino de otra cosa.

La línea Batasuna
-¿Aprovechará la Presidencia española de la UE para dar un impulso en esta materia?
   -Muchos países apoyarán que esto sea así.

   -¿El que del Cesid no dependan los servicios de información de la Policía y de la Guardia Civil ayuda a una mayor eficacia en la lucha contra Eta?
   -Hay que ir a una especificación clara de funciones y a una mejora de la coordinación entre todos los servicios de inteligencia, los de Policía y Guardia Civil, que radican en Interior, Cesid y los propios servicios del Ministerio Defensa de los tres Ejércitos.

   -¿Eta está dividida?
   -EH o Batasuna sí estaba muy dividida antes del último proceso. Eta ha impuesto la línea de la organización Batasuna, como lo ha hecho siempre. Eta entiende que debe seguir asesinando. En esto no ha habido grandes cambios, porque si hay alguien en Eta que no lo entienda así inmediatamente sería quitado de en medio.

   -¿En qué pueden favorecer las voces discrepantes surgidas en el mundo abertzale?
   -Siempre es un paso en la buena dirección que haya personas que apoyaban el asesinato y la extorsión y se cuestionan todo esto e incluso cambian de criterio.

   -¿Puede haber otra tregua?
   -Desearía que hubiera un cese definitivo de los atentados, pero tengo poca confianza en que se produzca por una decisión unilateral de Eta. Tengo bastante más confianza en que se haga mediante la actuación de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, el decidido apoyo internacional y un cambio de rumbo del PNV, fijándose como su primera prioridad acabar con Eta.

   -¿Está a favor de la negociación conla banda terrorista Eta?
   -En ningún caso. No es negociable la vida de las personas.

   -¿El PNV está negociando en estos momentos con Eta?
   -No me consta.

   -¿El PNV cambiará autodeterminación por tregua?
   -No sé lo que hará. Lo que sí sé es que el discurso de Ibarreche no me mueve al optimismo. Me movería al optimismo una declaración de Ibarreche sosteniendo una política antiterrorista y en defensa de la vida, como hacemos PP y PSOE.

Autodeterminación
-¿Qué opina de la sugerencia de Ibarreche de una consulta popular para plantear la autodeterminación?
   -El miércoles hizo un discurso enormente ambiguo. Dijo alguna cosa, que me parece bien, como que se debata en el Parlamento vasco el estado actual de los traspasos de competencias y, por tanto, el cumplimiento del Estatuto. Luego dijo que quiere trabajar con mayor intensidad en la lucha contra la organización terrorista. Pero me parece sólo una declaración. Echo en falta una posición clara en la lucha contra el entorno de Eta, Haika, gestoras proamnistía, Ekin y un apoyo claro a la actuación policial y a las resoluciones judiciales fruto de esas operaciones policiales, que siempre han sido criticadas por el PNV.

   -¿Y sobre la autodeterminación?
   ¬ No puedo estar de acuerdo con ese planteamiento. Hemos sostenido que la prioridad en el País Vasco es la lucha contra Eta y que la Constitución y el Estatuto son marcos que nos hemos dado los españoles y que han producido, entre otros efectos beneficiosos, la consecución del mayor grado de autogobierno del País Vasco en su historia. No hay precedentes como el de la autonomía del País Vasco.

   ¬¿Ha visto en el discurso de Ibarreche algún signo que permita mejorar la visión de futuro del País Vasco?
   ¬He visto dos cosas positivas. Primero que se quiera debatir sobre el Estatuto. Que se quiera hacer en el Parlamento me parece una buena noticia y que se diga que se va a luchar contra Eta con más intensidad no me parece una mala declaración. Pero con el conjunto de lo que ha sido el discurso no puedo estar satisfecho, sobre todo, porque el objetivo de la autodeterminación no es un planteamiento que el PP admita.

   ¬¿El PNV quiere enfocar el debate del Estatuto hacia el cambio del actual marco estatutario?
   ¬Tengo la preocupación de que lo que se pretenda es hacer un debate para superar ese marco jurídico y político que fija el Estatuto. Si se tratara de debatir del Estatuto, estaríamos a favor.

   ¬¿El PP se sentará en la mesa de diálogo que propone Ibarreche?
   ¬Ibarreche tiene que explicitar con claridad qué es de lo que pretende hablar. Pero el PP lo que planteará como primera prioridad es cómo podemos acabar con Eta, porque es el principal problema del País Vasco, no la autodeterminación. Éste es el principal problema y de él tiene que ocuparse Ibarreche. Si lográramos acabar con Eta, con la violencia y restituir en el País Vasco una normalidad democrática estaríamos en un escenario muy diferente al actual y habríamos terminado con el mayor problema que tiene el País Vasco. Ahora, hablar de una mesa de diálogo sin saber con quién, para qué y con qué objetivos es algo que requiere unas concreciones.

   ¬¿En un escenario de paz se podría hablar de autodeterminación e independencia?
   ¬El PP ni plantea la autodeterminación ni la independencia. Requeriría una modificación constitucional y estatutaria. Hay unos procedimientos para eso, pero ni estamos en ese estadio ni nos mostraríamos partidarios de esa posibilidad.

La credibilidad de Ibarreche
¬¿Ibarreche tiene credibilidad y voluntad para luchar por la pacificación del País Vasco?
   ¬Ibarreche tendrá credibilidad cuando les diga al conjunto de los ciudadanos que su prioridad es abordar el principal problema que tienen: acabar con una organización terrorista que mata y priva de sus libertades a la gente.

   ¬¿Qué espera del nuevo Gobierno del lendakari Ibarreche?
   ¬Me gustaría que tuviese claro cuál es el principal problema del País Vasco y que actuara en consecuencia. Por tanto, espero que cuando se produzcan operaciones policiales y sus consecuentes detenciones del entorno de Eta, que es Eta, no salgan los dirigentes del PNV diciendo que las instrucciones se han hecho mal y no hay pruebas. Espero que cuando España plantee la orden de busca y captura europea se apoye contundentemente y que a nivel internacional se actúe como están haciendo el Partido Popular y el Socialista. Después del discurso del miércoles de Ibarreche, tengo dudas, porque se antepone otros objetivos, como el diálogo sobre la autodeterminación.

   ¬¿En esta nueva legislatura de Ibarreche la Ertzaintza será más eficaz en la lucha contra la kale borroka?
   ¬Lo veremos. Una de las grandes responsabilidades que tiene el Gobierno vasco y su Policía autonómica es luchar con eficacia frente a la kale borroka. Hasta el momento, no ha sido así.

   ¬¿Qué opina de que Balza continúe al frente de la Consejería de Interior?
   ¬Ibarreche nombra a quien quiere. Mis relaciones con Balza siempre fueron correctas. Ha existido la colaboración entre los dos Gobiernos y me gustaría que se hiciera un esfuerzo conjunto para luchar con mayor intensidad contra la banda terrorista Eta. 

¬¿Cómo valora la entrada de IU en el Gobierno vasco?
   ¬IU es un partido que ha perdido el norte. Hoy dice una cosa y mañana la contraria. Si pretende ser una fuerza política nacional mucho me temo que defendiendo el derecho de autodeterminación o los planteamientos de Madrazo está condenada en muy poco tiempo a ser una fuerza marginal en el conjunto de España.

   ¬¿IU puede desaparecer a partir de las próximas generales?
   ¬Es difícil predecirlo. Los planteamientos de Madrazo no gozan de ningún apoyo entre el votante de IU.

   ¬¿Si Arzallus se va será más fácil el entendimiento con el PNV?
   ¬Es un señor que ni por su talante ni por sus convicciones contribuye a trabajar en la buena dirección.

   ¬¿Cree que se irá?
   ¬No sé. Se lo he oído decir hace muchos años y no tengo las claves para saber si va a incumplir una vez más su promesa.

   ¬Tras la última derrota electoral, ¿el País Vasco es una causa perdida para algunos partidos?
   ¬Hay algo que debemos tener muy claro. Un elemento básico de la estrategia de Eta, que no le viene mal al PNV, es que la sociedad desista. Cuando se atenta contra intereses de personas que no están en la órbita nacionalista, una de las cosas que se busca es el desistimiento, que se diga que ya no hay nada que hacer. Tengo la imprensión de que las cosas no le salen a Eta y a su brazo político como quisieran. Si comparamos lo que era la lucha contra Eta hace 10 años con ahora las cosas han cambiado y para bien. Ahora hay un posicionamiento claro de la sociedad, que se manifiesta y es capaz de salir a la calle cuando se produce un atentado. Hay una posición más clara y beligerante de organizaciones de intelectuales. Han surgido grupos como el Basta Ya o el Foro Ermua. Los medios de comunicación son más beligerantes. El apoyo internacional es mayor. Hemos avanzado mucho. Lo único que no se puede hacer es desistir, porque sería el triunfo del terror y de quienes quieren implantar una dictadura que acaba con vidas humanas y con el Estado de Derecho y las libertades de las personas.

   ¬¿Cómo valora que Zapatero no descarte entrar en el Gobierno vasco en esta legislatura?
   ¬Me sugiere una cierta volatidad en las opiniones de Zapatero. En el reciente Debate del Estado de la Nación dijo que sería firme en el cumplimiento del acuerdo firmado con el Gobierno. Espero que sea así y mantenga sus posiciones, que son las que ha mantenido Redondo en la campaña electoral, y que son a las que se deben ante los ciudadanos que le dieron su apoyo el 13 de mayo.

   ¬¿Su entrada en el Gobierno sería una traición al PP?
   ¬No es previsible que ocurra. Por tanto, no voy a tener que fijar una posición política sobre ese hecho.

   ¬¿Una eventual entrada del PSOE en el Gobierno vasco dinamitaría el pacto antiEta?
   ¬Creo que no se producirá. Pero sería romper un acuerdo al que hemos llegado ambas fuerzas políticas.

   ¬El párroco de Érmua no ha querido oficiar un responso por Blanco, ¿Qué le sugiere este hecho?
   ¬Dos cosas. Una puramente operativa y de ahora mismo: espero que haya alguna persona que tenga la conciencia y el respeto a los valores cristianos y lo haga. No encuentro ninguna novedad. Todos sabemos que hay una parte importante del clero vasco que no comparte los planteamientos de una inmesa mayoría de los católicos.

Un hombre de palabra
¬¿Mayor sustituirá a Arenas al frente de la Secretaría General del PP?
   ¬No tengo conocimiento de que eso vaya a ser así.

   ¬¿Mayor permanecerá toda la legislatura en el País Vasco?
   ¬Él ha dicho que su planteamiento es quedarse en el País Vasco y cumplir su compromiso. No tengo motivos para cuestionar su palabra, a la que, por otra parte, nunca ha faltado.

   ¬¿Habrá dimisiones en bloque entre los militantes del PP del País Vasco?
   ¬No lo veo. El PP ha pasado por unos momentos durísimos en el País Vasco. Los de ahora no son ciertamente mejores. Pero veo firmeza, solidaridad y muchos apoyos en el PP del País Vasco.

Errores
¬¿El Gobierno tiene problemas de coordinación?
   ¬No. El Gobierno de Aznar, como cualquier ejecutivo, puede tener algunos problemas. Hay cosas que, sin duda, son mejorables y ya estamos trabajando para hacerlo, pero no creo que tengamos un problema precisamente de coordinación.

   ¬Aznar ha admitido errores. ¿Se han cometido en los últimos tiempos demasiados errores?
   ¬El presidente ha admitido errores. No creo que se hayan cometido demasiados errores. Hemos tenido un comienzo de legislatura de una actividad política colosal. Hemos puesto encima de la mesa temas que llevaban mucho tiempo pendientes. Hemos aprobado unos decretos de reformas estructurales y de liberalización. Hemos planteado el Plan Hidrológico Nacional y una nueva Ley de Estabilidad Presupuestaria. Hemos dado un primer paso en materia de reformas de Justicia, hemos aprobado, por primera vez, un Presupuesto sin déficit y un Real Decreto de Humanidades. Ahora ha habido dificultades. Nos ha surgido una crisis de vacas, el problema del submarino, el del aceite... Todos los gobiernos se equivocan. Pero la línea general de este Gobierno y los temas que ha sido capaz de abordar en el primer año largo de legislatura demuestran que se toma las cosas muy en serio y que quiere que la legislatura sea muy ambiciosa.

   ¬Muchos ciudadanos tienen la percepción de que la decisión de Villalobos sobre el aceite de orujo fue precipitada. ¿Tiene esta sensación?
   ¬Hay muchas cosas en esta vida que son discutibles. Pero qué hubiera ocurrido si el Gobierno no hubiera tomado la decisión en el momento que se adoptó. Se podría entonces acusar al Ejecutivo de que sabiendo que habían algunos productos que podían ser nocivos para la salud de los ciudadanos no se había adoptado la decisión. En lo que todo el mundo coincide es que el nivel de benzopireno que existía en el aceite de orujo no era asumible y bueno para la salud. Al final, me tengo que quedar con lo que es más importante, con el fondo de las cosas.

   ¬¿El Ejecutivo está sabiendo administrar su mayoría absoluta?
   ¬Sinceramente, creo que sí. En un año largo de legislatura hemos abordado unas reformas estructurales que será difícil encontrar una legislatura desde 1977 en la que en el primer año se hayan abordado tantas y de tan gran calado como en ésta. Estas reformas siempre han sido apoyadas al menos con dos fuerzas políticas, además del Partido Popular. Hemos llegado a acuerdos muy importantes con el principal partido de la oposición en materia de terrorismo y Justicia. En julio procederemos a la renovación de los órganos que son de nombramiento de Parlamento, como el Consejo del Poder Judicial, el Tribunal Constitucional y el de Cuentas.

   ¬Parece como si la mayoría absoluta le hubiera perjudicado al Gobierno ¿hay un bajo tono en el Ejecutivo de Aznar?
   ¬No lo veo así. El Ejecutivo trabaja con intensidad. Particularmente, el vicepresidente y ministro del Interior trabaja con más intensidad que nunca por las muchas competencias que asume. El paquete de medidas al que he hecho referencia y el que tenemos preparado para los próximos meses son la demostración inequívoca de que esa sensación no responde a la realidad.

   ¬¿Qué opina de las voces discrepantes con el Gobierno de sectores próximos al PP?
   ¬Si por algo se caracterizan este partido y este Gobierno desde hace algunos años es por mantener una unidad considerable. El gran éxito de Aznar ha sido el de crear un partido sólido, consolidado y que funciona con unas estructuras muy robustas.

   ¬¿Habrá remodelación de Gobierno en diciembre?
   ¬No lo sé, porque no soy el presidente del Ejecutivo, pero mi intuición me dice que no.
   –¿No cree que en algunos ministerios es necesario un cambio? –No soy el que nombra y cambia ni hace gobiernos. Lo único que puedo decir es que el Gobierno funciona con cohesión, que estamos contentos en general y que hemos dicho ya que algunas cosas pueden ser mejoradas y haremos el mayor esfuerzo del que seamos capaces para que sea así.

Caso Piqué
    –¿El caso Piqué ha dañado la imagen del Gabinete de Aznar ante la UE?
    –Tenga la total certeza de que en absoluto ha dañado la imagen del Gobierno de Aznar. El caso Piqué genera mucho movimiento político. Para Piqué, no es ciertamente una situación grata, pero, a veces, se hacen juicios cuanto menos discutibles. Vale lo que dicen unos determinados órganos de la Fiscalía y cuando otros órganos de la Fiscalía, en este caso los superiores, dicen exactamente lo contrario parece que no vale. Siempre hemos dicho, y hemos actuado en consecuencia, que ibamos a asumir las decisiones de los jueces y fiscales. Es lo que hacemos. Piqué no puede declarar como imputado, porque no lo está. Por tanto, si la Fiscalía quiere que lo haga en otra condición, lo hará y si no lo quiere, no lo hará.

    –¿De seguir prolongándose más tiempo, el caso Piqué perjudicará más que beneficiará al Gobierno?
    –Uno de los asuntos más importantes que aborda el pacto de la Justicia es la agilidad en la resolución de las causas que se planteen en los tribunales. No podemos estar por los siglos de los siglos cuestionando a una persona, de la cual, al final, se dirá que no tenía nada que ver con todo aquello de lo que supuestamente se le ha acusado.

    –¿Por tanto, la dimisión de Piqué está fuera de lugar? 
–Piqué no debe dimitir, cuando la propia Fiscalía por una abrumadora mayoría ha dicho que no hay datos para pedir que sea imputado.

    –¿Cardenal es un fiscal general del Estado al servicio del Gobierno, como ha denunciado el PSOE?
    –Probablemente, el PSOE lo haya criticado como consecuencia de su actuación en relación con los fiscales generales del Estado que nombró en su día, algunos de los cuales eran políticos. Nosotros dijimos que nombraríamos a un fiscal de carrera y así lo hemos hecho. A Cardenal nadie le da órdenes, lo que sería ilegal, ni siquiera se le hacen indicaciones.

    –¿Cómo valora que Piqué tenga, al final, que declarar sólo como testigo?
    –Es una situación que me limito a respetar.

    –¿El principal problema que tiene el Gobierno es no saber quién será el sucesor de Aznar?
    –No. No afecta para nada al normal funcionamiento del Gobierno. Es un asunto sobre el que hemos reiterado que se planteará a final de 2003.

Sucesión
–¿Aznar sustituirá a Aznar?
    –Él ha dicho que no se presentaría a las elecciones de 2004. No tengo ningún dato para pensar que esto no sea así. Si Aznar lo ha dicho, le creo.

    –¿Está a favor de que continúe? 
–Tiene poco sentido el hacer declaraciones públicas sobre este asunto. Si tengo algo que decir, me parece lo lógico decirlo primero al presidente. Pero no me parece bueno el establecer un debate sobre un tema sobre el que el presidente se ha posicionado.

    –¿El Gobierno está preocupado por una eventual victoria de Zapatero en 2004?
    –El Gobierno en lo que está fundamentalmente ocupado es en gobernar y llevar adelante el amplio proceso de reformas que van a continuar. El Ejecutivo de lo que se ocupa es de gobernar bien y naturalmente quiere ganar las elecciones de 2004. En ese sentido, sabemos que dependemos de lo que hagamos, porque hasta el momento el PSOE poco ha hecho.

Zapatero, sin aristas
    –¿Cómo vio a Zapatero en el debate del estado de la Nación?
    –No profundizó en los grandes asuntos que interesan a los españoles. Quizás el dato más significativo fue el de su reforma fiscal, con un tipo único de IRPF. En el debate, donde esperábamos una aclaración, no se produjo ni sobre ese tema, ni sobre las grandes cuestiones que el presidente del Gobierno puso encima de la mesa. No vimos más que algunas anécdotas en el discurso de Zapatero. 

–¿Zapatero sigue teniendo problemas en el PSOE?
    –Es evidente que tiene problemas. No hace muchas fechas se iba a establecer una norma interna en virtud de la cual los mandatos iban a ser limitados y ahora hemos conocido que Bono, Ibarra y Chaves no han aceptado que fuera así. He vivido en Interior como la dirección del PSOE no era partidaria de recurrir la Ley de Extranjería y, sin embargo, las propias autonomías actuaron de manera diferente. Por tanto, es evidente que hay problemas y supongo que intentarán resolverlos.

    –¿Por qué los españoles valoran mejor a Zapatero que a Aznar? 
–No sé. Hay un dato importante: hay una gran mayoría que reconoce no haber seguido el Debate de la Nación. Zapatero es una persona sin aristas. Cuando no se afrontan los temas no se molesta a nadie y cuando se toman decisiones no siempre son del gusto de todos. La dirección del PSOE tiene que acreditar que es capaz de fijar una posición clara sobre los grandes temas que preocupan a los españoles.

    –¿Está preocupado por la subida de la delincuencia de bandas extranjeras?
    –Si no lo estuviese sería un irresponsable. Mi idea es interesar al Ministerio Fiscal para que a las personas extranjeras que estén en España en situación irregular y cometan delitos se les expulse. Como también quiero instar a que a las personas que trafican con personas en lugar de expulsarles se decrete su ingreso en prisión. Confío en que la reforma de la Justicia, con establecimientos de juicios rápidos, y la circunstancia de que la multireincidencia sean un agravante y, por tanto, influya en que se decrete más la prisión preventiva, sean un buen instrumento para luchar con mayor eficacia.

    –¿Se puede modificar el que la expulsión dependa del juez?
    –Es un problema para el que se requiere autorización judicial y no está mal que sea así en un Estado que quiere garantizar las decisiones de los ciudadanos. Lo ideal sería que se actuara en consecuencia y con rapidez.

    –¿La seguridad debe estar en manos privadas?
    –Una de las prioridades básicas de los gobiernos en la democracia, por no decir la primera, es garantizar los derechos y libertades de las personas.

    –¿En un futuro, España tendrá problemas de integración de los inmigrantes, como ya ocurre en la UE?
    –Es el gran debate que hay en la UE. Nos afecta a Australia, a EEUU y la a UE. Los Estados hacen un gran esfuerzo para integrar a estas personas. La integración tiene que ser por ambas partes. Los ghetos muchas veces no los crean las Administraciones.

    –¿La Ley de Extranjería no es demasiado blanda?
    –Es una ley equilibrada y de las más avanzadas de Europa.

    –¿Es éste el Ministerio más difícil que le ha correspondido coordinar?
    –Estoy desde hace años voluntariamente en la actividad política. La labor que llevamos a cabo en Interior es apasionante y de una importancia colosal, aunque sea por una única razón, la más importante que tiene un Estado, garantizar los derechos y libertades de los ciudadanos. Por eso, estoy muy contento de ser ministro del Interior.

Repulsa ciudadana contra los concejales de EH
E. M. - Leaburu (Guipúzcoa).- La Razón 16 Julio 2001

Durante el mediodía de ayer, el consistorio del municipio de Leaburu, localidad natal de Mikel Uribe, ertzaina asesinado por Eta el pasado sábado, fue escenario de uno de los plenos más encendidos que se recuerden. Esta pequeña localidad, de apenas 500 habitantes, se encuentra íntegramente gobernada por Euskal Herritarrok. De los siete concejales radicales, solo acudieron ayer al pleno cinco, quienes se limitaron a votar a favor de un texto que, sin condenar el asesinato de su vecino, «lamentaba» su muerte y la encuadraba en «una de las consecuencias más dolorosas del conflicto.

   También en el texto de Batasuna se hacía referencia al «respeto de los derechos humanos» de todos y apelaban a la responsabilidad de ambas partes para solucionarlo. Muchos vecinos presentes en el acto increparon a los concejales llamándoles «asesinos» e instándoles a condenar, de una vez por todas, el asesinato de Uribe. Ya a la salida, vecinos de la localidad, indignados hacían referencia al miedo con el que se convive a diario en el País Vasco.

   Escenas similares de repulsa al entorno etarra se vivieron también en Pamplona, donde los concejales de UPN abandonaron el pleno extraordinario, celebrado para condenar los atentados contra José Javier Múgica y Mikel Uribe, cuando tomó la palabra la portavoz de EH, Ainara Armendáriz, que no condenó los asesinatos.

   Entre el público se encontraban varios miembros de Unión del Pueblo Navarro, entre ellos el consejero de Obras Públicas, José Ignacio Palacios, el parlamentario Evelio Gil y la ex concejala Tere Moreno. En el momento en que intervino Armendáriz, varias de las personas asistentes a la sesión gritaron «asesina», «condena» o «no tenéis vergüenza», lo que no impidió que la concejala abertzale continuara su intervención. Al pleno, por parte de EH, solo asistieron Armendáriz y Espe Iriarte. Faltaron Carlos Ochoa y José Abaurrea.

   Los ediles de UPN, excepto su portavoz, María Kutz, salieron del salón plenario y regresaron cuando comenzó la intervención del siguiente portavoz, Javier Iturbe. Durante la sesión de ayer, la corporación, con la abstención de EH y Batzarre que no votó, aprobó una moción de condena de la violencia terrorista de Eta. El Ayuntamiento pamplonés transmitió a las familias de los dos asesinados su más sentido pésame, mostró su apoyo a UPN y en especial a todos sus concejales por su labor en favor de la democracia; y a la Ertzantza y a todos los cuerpos de seguridad del Estado por el «trabajo que están realizando por defender la seguridad y la convivencia de nuestra sociedad».

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