AGLI

Recortes de Prensa     Martes 17 Julio   2001
#Alta densidad
SANTIAGO GONZALEZ El Correo 17 Julio 2001

#El fin común
Editorial ABC 17 Julio 2001

#Otras crueldades
Lucrecio  Libertad Digital 17 Julio 2001

#Los ritmos del problema vasco
Manuel Martín Ferrand La Estrella 17 Julio 2001

#El coste de la no-España
MIGUEL ÁNGEL AGUILAR El País 17 Julio 2001


#A río revuelto
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo 17 Julio 2001

#Predicar con el ejemplo
Lorenzo CONTRERAS La Razón 17 Julio 2001

#Síndrome de Leaburu
Fernando JÁUREGUI La Razón 17 Julio 2001

#Raquel Múgica: «Navarra entera os detesta, asesinos»
Redacción - Madrid.- La Razón 17 Julio 2001

#Aznar emplaza al PNV a desalojar a EH de los 16 municipios que le permite gobernar
CARMEN GURRUCHAGA El Mundo 17 Julio 2001

#Los primeros del mundo
Pablo Sebastián La Estrella 17 Julio 2001

#Nuevo siglo y viejos conflictos
José María CARRASCAL La Razón 17 Julio 2001

#Clamor de unidad
Editorial El Correo 17 Julio 2001

#Erne pide a Ibarretxe que le deje combatir a ETA como banda «criminal que es»
BILBAO / VITORIA. M. Alonso ABC 17 Julio 2001

#Los hijos del edil animan a Leitza a «perder el miedo»
BILBAO EL CORREO17 Julio 2001

#Leaburu mira hacia otro lado
M. MARÍN San Sebastián El País 17 Julio 2001

#La hija de Múgica destaca que fue asesinado por no plegarse al silencio
MIKEL MUEZ Pamplona El País 17 Julio 2001

#¿Entrevista o instrucción?
Ramón Villota-Coullaut Libertad Digital 17 Julio 2001

Alta densidad
SANTIAGO GONZALEZ El Correo 17 Julio 2001

ETA asesinó al concejal de UPN José Javier Múgica en Leitza, su pueblo, la misma mañana en que el lehendakari iba a jurar su cargo en Gernika. Volvió a matar nuevamente en Leaburu unas horas más tarde, esta vez en la persona del subcomisario de la Ertzaintza Mikel Uribe. ETA ha emparedado el solemne acto de la jura del lehendakari entre los asesinatos de dos personas, un representante del pueblo y un servidor de los ciudadanos vascos.

Leitza es un pueblo navarro de 3.100 habitantes, gobernado por Euskal Herritarrok que obtuvo la mayoría absoluta en las últimas elecciones municipales. La coalición radical gobierna aún con más desahogo en Leaburu, un pueblo guipuzcoano de 540 habitantes, próximo a Tolosa. EH, candidatura única, obtuvo el 94% de los votos válidos; hubo 30 nulos, 13 en blanco y 79 abstenciones.

El mismo sábado por la noche, una de las dos cadenas digitales de televisión emitía una película y un documental sobre Giovanni Falcone, el juez asesinado por la Cosa Nostra en 1993. Falcone había llegado a Palermo de visita, en compañía de su mujer, y la Mafia hizo explosionar una bomba en la autovía, al paso de su coche. El documental explicaba que el suceso tuvo lugar «entre Isla de las Mujeres y Capaci, dos localidades de alta densidad mafiosa».

Una escueta nota en la puerta del Ayuntamiento de Leitza explicaba ayer la causa de que la casa consistorial permaneciese cerrada, el fallecimiento del concejal, mientras el sitio en el que fue asesinado Múgica estaba cubierto de coronas y ramos de flores. En Leaburu se notaba la mayor densidad del radicalismo abertzale: en el lugar que ocupaba el coche de Uribe cuando lo ametrallaron había exactamente dos flores; la concentración de protesta que se celebró frente al Ayuntamiento estuvo integrada en su totalidad por compañeros del subcomisario asesinado venidos de fuera; ni un solo vecino de la localidad se sumó a ella. El domingo por la mañana un padre jugaba a la pelota con sus hijos en el frontón del pueblo completamente cubierto de pintadas radicales.

Han sido asesinados dos inocentes y estos hechos debería perturbar nuestras conciencias y ponerlas en estado de rebelión. Deberían, también, hacernos reflexionar. En algo se equivocaba el subcomisario Uribe al acudir todos los sábados a cenar en una sociedad a la que, estadísticamente, pertenece una parte importante de ese 94% de sus vecinos que vota al brazo político de quienes le mataron. En algo se equivocaba Arzalluz cuando decía en la campaña electoral que con un eventual triunfo constitucionalista, ETA se sentiría más legitimada para actuar. Quizás se estén equivocando en algo los responsables de nuestra seguridad. ETA, desgraciadamente, acierta casi siempre.

El fin común
Editorial ABC 17 Julio 2001

NO cabe tener más razón que la que le asiste a Aznar cuando reclama a Ibarretxe y a Arzalluz que, ante el brutal azote del terror, abandonen cualquier otro objetivo político que no sea acabar con ETA. La reforma del Estatuto y de la Constitución, la autodeterminación o incluso la independencia pueden ser objetivos más o menos descabellados, pero democráticamente defendibles siempre que se persigan a través del respeto a la legalidad y a los derechos humanos. Pero ante el asalto terrorista a la condición humana, no puede prevalecer ninguna reivindicación política sobre la de acabar con él. Lo primero, lo único, lo esencial, el fin común de todos los hombres de bien y de todos los partidos democráticos es acabar con ETA. Lo demás es secundario. E invertir esta jerarquía natural, coincidir con los terroristas en algún fin aunque se disienta de los medios, constituye un gravísimo error político y, lo que es peor, una terrible aberración moral.

Dejando de lado todo lo que desune, queda al menos una cosa que debe unir a todos: la lucha contra ETA. Pero este objetivo no se puede perseguir mediante el procedimiento de conceder a los terroristas todo o parte de lo que exigen, sino combatiéndoles con todas las armas que la Constitución y las leyes permiten. Esto es lo que esperan ahora los ciudadanos: comprobar si el PNV extrae o no las consecuencias naturales de esta evidencia y hace del fin de ETA su primer objetivo.

Otras crueldades
Por Lucrecio  Libertad Digital 17 Julio 2001

No es la violencia lo horrible. Violencia no es más que gradación semántica de la vis latina: sólo significa fuerza. Lo horrible no tiene nunca sede en un dato físico. Lo horrible atañe al lugar donde la física se torna moral: la conciencia humana. Y la delectación humana en los actos de fuerza tiene un nombre preciso: crueldad.

Me desazona el uso, fuertemente perverso, de las palabras que tejen nuestra imaginación, nuestros afectos y emociones. Nunca entendí que, a los autores de actos penalmente tipificados como terroristas, sea convención inquebrantada llamarlos “los violentos”. Nada hay más universal que la violencia. Desde el impulso muscular que mueve mis dedos sobre las teclas del ordenador, hasta Dachau o Auschwitz –pero también hasta el pulso del bisturí que salva una vida–, no hay acción humana –no hay acción, en sentido propio– que no arrastre consigo un coste de fuerza que se aplica sobre una resistencia: tal, y no otra, es la definición de lo violento. Dar razón de quien asesina, hiere, secuestra o destruye mediante la trivial caracterización de violento, es hacer que todo naufrague en una trivialidad sin sentido. Un asesino no es más violento que yo que escribo; es más cruel. Y en ese mínimo matiz se juega la batalla moral contra el diario desprecio del dolor ajeno.

Trivializado por el lenguaje, el acto de ése a quien se ha llamado violento queda en nada. O casi. La violencia pertenece al orden de los avatares meteorológicos. No se suspende San Fermín porque hayan caído truenos. Tampoco porque alguien –de quien nadie quiere demasiado saber nombre ni rostro– haya sido cosido a balazos. “Violencia”, se dice. “Y la fiesta está por encima de cualquier anécdota violenta”. La fiesta sigue. Porque hay algo más bárbaro que un asesino: el idiota que se blinda en su ebriedad festiva para no ver la sangre.

No es violencia; es un hombre desangrado a tiros. No es fiesta lo que viene luego; crueldad es su nombre.

Los ritmos del  problema vasco
Manuel Martín Ferrand La Estrella 17 Julio 2001

Los asesinatos, el sábado, de un concejal de Unión del Pueblo Navarro, José Javier Múgica, y de un mando de la Ertzaintza, Mikel Uribe, demuestran, sobre la contumacia criminal de ETA, el afán de la organización terrorista por amargar la toma de posesión del lehendakari Juan José Ibarretxe con un mensaje ya conocido. Pero la cuestión, a la hora de analizar políticamente este tipo de sucesos, no es bucear en las intenciones de los malos, sino en tratar de vislumbrar los caminos posibles para los buenos. 

Ibarretxe, al inaugurar una nueva legislatura, anuncia el debate sobre el soberanismo en la tabla de sus asuntos prioritarios. Algunos pensamos que ése es un debate anacrónico, que el mundo, Europa y España exigen hoy ejercicios de mayor imaginación si entendemos la política como impulso para el bienestar, moral y material de los ciudadanos; pero, aun en la contradicción que conlleva una intención independentista desde el soporte de una legalidad constitucional y estatutaria, Ibarretxe es muy dueño de gobernar según sus criterios. Más aún cuando, visto su programa electoral y conocidos los antecedentes de su PNV, nadie puede llamarse a engaño. 

La cuestión, como casi siempre, está en los ritmos. Un problema como el que ETA significa exige una dedicación cuasi exclusiva del Gobierno de Ajuria Enea a su remedio y extinción. Equiparar ese problema –¿por clientelismo?– a cualquier otro, aunque fuere el de la misma esencia nacionalista, no resulta solvente. No es cosa de seguir organizando, en un mar de lágrimas, doloridos funerales por las víctimas que vayan siéndolo. Las palabras de condena y los gestos de repulsa ya están agotados.

No le falta razón al vicepresidente primero del Gobierno y ministro de Interior, Mariano Rajoy, cuando dice, como ha hecho en una entrevista que ayer publicaba La Razón, que "La preocupación de Ibarretxe debe ser acabar con ETA, no la autodeterminación". Mientras ETA siga matando, impidiendo el ejercicio de las libertades en el País Vasco y dificultando una convivencia civilizada en la que pueda brotar un debate sincero, hablar de autodeterminación es, de algún modo, engordar al monstruo terrorista.

Lo más notable de la entrevista que José Antonio Vera, director de La Razón, e Inmaculada G. de Molina le han hecho al pluriempleado ministro del Interior se centra en una pregunta y en una respuesta:

—¿Se puede acabar con ETA?
—Sí, estoy seguro y, además, por la vía policial.

Es la primera vez, en los tiempos recientes, en que un ministro de Interior se atreve con algo tan categórico: "Se puede acabar con ETA por la vía policial". Se supone que el ministro no se anda con reservas mentales y establece la posibilidad en un plazo relativamente cercano. ¿Cuándo? La historia de la lucha policial contra ETA es larga, demasiado larga como para tomar esa afirmación –tan deseable, tan esperanzadora– sin un toque de escepticismo. Son más de treinta años de asesinatos en su mayoría impunes. En todos esos años, en el franquismo, en la pretransición, con la UCD, con el PSOE –que incluso recurrió a la guerra sucia– y ahora con el PP, las policías –Ertzaintza incluida– no han conseguido tan deseable objetivo.

Hay que aplaudir la voluntad de Mariano Rajoy, pero hay que anotar en el cuaderno de las exigencias su pronóstico. Ojalá que, algún día no muy lejano, los demócratas vascos puedan cantarle a quienes hoy apoyan y sostienen a ETA el Trágala que los liberales, partidarios de la Constitución de Cádiz, le cantaban a los absolutistas, también conocidos como serviles en aquellas Cortes de hace casi dos siglos:

"Por los serviles
no hubiera unión,
ni, si pudieran, 
Constitución. 
Pero es preciso
Roan el hueso. 
Y el liberal 
Les dirá eso:
Trágala, trágala,
Trágala, perro".

El tiempo es un valor relativo cuando se habla de la Historia, pero tiene otro sentido, más dramático, si de lo que hablamos es de nuestra vida cotidiana, de nuestra convivencia y, en suma, de nuestra libertad. De su ejercicio.

El coste de la no-España
MIGUEL ÁNGEL AGUILAR El País
17 Julio 2001


Debemos a Paolo Cecchini que hiciera en 1988 su informe sobre el coste de la no-Europa. Fue un encargo del presidente de la Comisión Europea, Jacques Delors. Tenía el propósito de alancear los fantasmas que hacía ondear tanto triunfalista de la catástrofe amagando con la suma de costes disuasorios si se osaba proseguir con el empeño grande, con la suma mayor, de la construcción de la UE, entonces representada por el Acta Única. Valió la pena asomarse a esos costes de una y otra opción para recobrar el aliento y comprobar las compensaciones ofrecidas por el avance en la buena dirección. Cecchini demostraba que la no-Europa tenía costes muy superiores. Ahora habría que componer también otros informes sobre el coste de la no-España de la Constitución y el coste de la no-Euskadi del Estatuto. Porque empieza a ser necesario que junto a cualquier proyecto de erigir o de arrasar lo que sea en el ámbito institucional quienes lo avalen presenten un estudio solvente de costes.

Éste es un país libre en el que toda incomodidad puede tener su asiento, pero quien la propugne debe presentar adjunto un presupuesto. Todo puede decirse, pero nada es gratis, y es de elemental honradez hacer una evaluación de los costes que supondría el proyecto que desea emprenderse. Además, han dejado de tener vigencia los elementos coactivos. Xavier Arzalluz, siempre tan preocupado por el artículo octavo de la Constitución, debe volver a leerlo con detenimiento. Porque el artículo octavo dice dos cosas: la primera, de qué se componen las Fuerzas Armadas, integradas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, enumeración que excluye a la Guardia Civil o al Cuerpo Nacional de Policía; la segunda, cuáles son sus misiones, concretadas en garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional. Pero para nada encomienda la definición de la soberanía, la independencia, la integridad territorial o el ordenamiento constitucional a la Junta de Jefes de Estado Mayor o al Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional. Todas esas definiciones están entregadas en exclusiva a los representantes del pueblo en el Congreso de los Diputados y en el Senado. O sea, que detrás de la Constitución estamos cada uno de nosotros. Aquí se ha terminado la militarización del pensamiento político, aunque aún perviva en la clase política de Euskadi.

Como dijo Delors el 29 de marzo de 1988 sobre las perspectivas que abriría a la economía comunitaria la entrada en vigor del mercado interior, prevista para el 1 de enero de 1992, en absoluto eran un regalo de Navidad. Por eso, quienes instalados en los puestos de responsabilidad institucional quisieran adentrarse por la senda de la escisión, de separar al actual País Vasco del resto de España tendrían deberes muy precisos, como aclaraba un buen amigo periodista en su columna del pasado viernes publicada en las páginas de Cinco Días. Por ejemplo, el de calcular los costes en el plano económico y en todos los demás. Porque esa ilusión de pasar a ser la estrella 16ª de la UE es falsa. Pensar en las bienaventuranzas según las cuales a quien busque el Reino de Dios y su Justicia todo lo demás se le dará por añadidura, lo que en nuestro caso equivaldría a suponer que a quien buscara la independencia del País Vasco todo lo demás se le daría gratis, es pensar en pajaritos preñados.

Quien se marche de la UE se va a las tinieblas exteriores y queda excluido del firmamento comunitario. Puede pedir su turno para negociar la entrada, pero sin olvidar que el ingreso ha de ser aceptado por unanimidad de los miembros del club. Por eso, la primera tarea de los independentistas sería una tarea de seducción con España y con la República Francesa, con todos sus ciudadanos, porque desde la hostilidad todo se haría imposible. Mientras, en Sabinetxea, alguien debería estar ya preparando los diseños de la euskopeseta con anverso y reverso apropiados para su adopción en el momento oportuno como sucedió con la bicrucífera y con tantos otros símbolos del PNV que se incorporaron sin más a la simbología del País Vasco. Claro que, entretanto, cada uno de los españoles ha comprendido sus deberes cívicos. y la propensión al desistimiento abandonista se ha transmutado en solidaridad constitucional. Continuará.

A río revuelto
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo 17 Julio 2001

Los pistoleros manejan la insidia con tanta habilidad como el subfusil o el coche bomba. Si fueron certeros en los asesinatos de José Javier Múgica y Mikel Uribe, no lo han sido menos en acertar en el blanco de la doble sospecha política. Aún calientes los cuerpos de los dos penúltimos asesinados, se desparraman sin pudor alguno las dudas sobre las segundas o terceras intenciones de las propuestas de Aznar e Ibarretxe. Tras las discutibles pero razonadas propuestas de ambos, sus respectivos entornos caen en la mala tentación de buscar más pies al gato de los que tiene. Así, siempre según los protagonistas de los juicios de intención, cuando Aznar habla de aplazar la discusión sobre el autogobierno aprovecha la violencia de los asesinos para no abordar una espinosa cuestión política y, a la vez, cuando Ibarretxe sugiere el derecho de autodeterminación rentabiliza la actividad de los criminales.

Ciertamente, en política no ocurre como en aritmética. El orden de los factores sí altera el producto. No es lo mismo combatir primero a los pistoleros antes de hincar el diente a un problema político, tesis Aznar, que simultanear ambas tareas, antítesis Ibarretxe. El primer enfoque sostiene que sin la reivindicación del autogobierno se puede terminar con la violencia; la segunda visión estima, que sin la demanda política no se acaba con los violentos. Son dos tácticas de una misma estrategia democrática que, probablemente, reflejan la dramática escisión de la sociedad vasca. Mientras que para la mitad menos uno de los vascos, España es una nación además de un Estado; para la mitad más uno es sólo un Estado.

Los distintos planteamientos sobre las subvenciones a la Udalbiltza oficial, la participación de Batasuna en las instituciones y el diálogo entre todas las fuerzas políticas, derivan inevitablemente de la bifurcación sociológica que se da en Euskadi. Ambas son respuestas democráticas sin serlo completamente. La de Aznar porque puede relegar los derechos del nacionalismo, la de Ibarretxe porque puede subordinar los derechos de los no nacionalistas. Esa es la gran baza de los que como Otegi se ponen en posición de saludo cada vez que la autoridad militar competente, tras cada asesinato, demuestra su eficacia al lograr mantener la desunión de los demócratas.

La imagen de una indispensable coordinación entre Rajoy y Balza, que supera los nefastos recuerdos de la época inmediatamente precedente, debería tan necesaria como urgentemente proyectarse en lo político si, como parece probable, Mayor Oreja prepara las maletas para viajar a Madrid en las vísperas del Congreso del PP. Mientras no se proyecte, hay que temer lo que el viento de la violencia se pueda llevar el próximo otoño después de lo que ha empezado a llevarse en el verano. A río revuelto, ganancia de pescadores.

Predicar con el ejemplo
Lorenzo CONTRERAS La Razón 17 Julio 2001

De entre todas las reacciones políticas, sociales y morales producidas a raíz del último doble crimen de Eta ¬en Navarra y el País Vasco¬, seguramente la que más polémica suscita es la que acaba de personificar el arzobispo de Pamplona, monseñor Fernando Sebastián, cuando exhorta, en su homilía de funeral por el concejal de UPN, a «romper las cadenas del miedo y el silencio». Es cierto que este prelado no es comparable a monseñor Setién, ex obispo de San Sebastián. Ni siquiera con monseñor Cirarda, su predecesor en la diócesis. Tampoco con monseñor Uriarte, sucesor de Setién. Pero hay algo que chirría en el engranaje de las conciencias y de las sensibilidades ante la irrupción de estas palabras, tan objetivamente elogiables como llamativamente contradictorias. La Iglesia vasca ¬sobre todo ella¬ se ha venido caracterizando por la ambigüedad y no pocas veces por el silencio cuando se han planteado las grandes cuestiones relacionadas con el terrorismo etarra. Y esta actitud ha durado demasiados años como para que ahora, con la aparente naturalidad de quien pertenece a una institución ejemplar en la denuncia de algo que no siempre supo denunciar a tiempo y con la debida contundencia, el arzobispo de Pamplonas lance, sin el menor asomo de autocrítica o autoreconvención, una exhortación que parece sonar a reproche e imputación de cobardía. Es como decirle a la grey bajo su custodia pastoral que ella, la grey, no supo estar a la altura de sus deberes morales o de los reclamos de una ética cívica. Demasiado consejo para tan poco ejemplo.

   Cualquier observador estaría dispuesto a salvar la buena imagen de un prelado concreto, en este caso monseñor Sebastián, pero resulta difícil olvidar lo que la Iglesia vasca ha significado y precisamente ahora sigue significando cuando hasta se le regatea al desventurado Miguel Ángel Blanco un funeral de parroquia.

   Si hay una sociedad con derecho al miedo, esa es la vasco-navarra o gran parte de ella. Y no se le puede afear la práctica del silencio porque precisamente está dando abundantes muestras de lo contrario. Hay verdaderos ejemplos de valor en muchos testimonios públicamente expresados. Escalofriantes ejercicios de riesgo. Se antoja demasiado fácil salir ahora por los fueros de la denuncia, la de la Iglesia, o de la exhortación pastoral contra Eta, sabiendo que contra esa postura no reaccionarán los pistoleros de turno. El estamento eclesial está exento. No le disparan ni le han disparado nunca. Ahí está Deusto sin problemas mientras peligra la integridad de la Universidad del País Vasco. No está mal recordarlo. Valga, pues, decirlo, siempre con la esperanza de que el caso de monseñor Sebastián represente dentro de la propia Iglesia la definitiva ruptura de la cadena de su propio silencio.

Síndrome de Leaburu
Fernando JÁUREGUI La Razón 17 Julio 2001

Conocemos el síndrome de Estocolmo, que te hace querer a quien te secuestra. Ahora creamos otro, que yo bautizaría como síndrome de Leaburu. Habría de pasar a la Historia como aquel que pone al desnudo la cobardía colectiva. Lo peor de la raza humana se contiene, quizá, en el síndrome de Leaburu, ese pueblo guipuzcoano que pasará a figurar en los anales de la historia universal de la infamia por negarse a condenar un asesinato. Hay que comprender el miedo individual y sentir lástima, con algo de desprecio, por el miedo colectivo. En Leaburu no se ha podido escuchar la voz justa de ni siquiera uno de sus 540 habitantes expresando su indignación porque una banda mafiosa quitó la vida a un vecino. Concurrían otras circunstancias: Mikel Uribe era un ertzaina, un hombre encargado de garantizar el orden, y además iba sin protección. Por eso le metieron 19 balas en el cuerpo. Por eso, y porque tuvo la mala suerte de andar por el pueblo el día en el que Ibarreche tomaba posesión como lendakari, circunstancia que Eta quería festejar con un baño de sangre. Porque en Leaburu ha ocurrido lo que ha ocurrido ¬o más bien no ha ocurrido¬, porque en Ermua no pudieron contar con el párroco para rezar un responso por Miguel Ángel Blanco; lo mismo ocurrió en Rentería a la hora de honrar al héroe Zamarreño, y lo mismo en San Sebastián con «Goyo» Ordóñez, por todo ello sé que en Euskadi no se puede hablar de democracia. Leaburu, un pueblo donde seguro que alguien duerme mal desde hace dos noches, impide todas las libertades.

Raquel Múgica: «Navarra entera os detesta, asesinos»
Miles de personas en las manifestaciones de Pamplona y Tolosa
Dos manifestaciones multitudinarias recorrieron ayer las calles de Pamplona y Tolosa en señal de duelo y repulsa por los últimos atentados perpetrados en Navarra por la banda terrorista Eta. La hija del edil de UPN asesinado, Raquel Múgica manifestó, dando muestra de una enorme entereza, que «Navarra entera os desprecia, asesinos, estamos hartos de vosotros» y concluyó afirmando que «Papá siempre estará con nosotros».
Redacción - Madrid.- La Razón 17 Julio 2001

Raquel Múgica, la hija del concejal de UPN asesinado el sábado en Leiza, manifestó ayer tras la manifestación celebrada en Pamplona en rechazo al terrorismo que es el momento de decir a Eta a sus cómplices que «Navarra entera os desprecia y os detesta». «Estamos hartos de vosotros, asesinos», añadió.

   La hija del edil asesinado, que leyó un texto redactado por las instituciones navarras, cerró minutos antes de las 21:00 horas la manifestación que recorrió las calles de Pamplona ayer bajo el lema «Paz y libertad, bakea eta askatasuna. Eta no». Según fuentes de la Policía Muncipal, 50.000 personas participaron en la marcha organizada por el Gobierno y el Parlamento navarros.

   La manifestación partió a las 20:00 horas de la Plaza de la Paz, en Pamplona. Iba encabezada por la viuda de José Javier Múgica y sus tres hijos, el presidente navarro, Miguel Sanz, el vicepresidente del Gobierno central Rodrigo Rato, la alcaldesa de Pamplona, Yolanda Barcina y el portavoz socialista en el Congreso, Jesús Caldera, entre otros.

   Cuando la cabeza de la marcha llegó a la Plaza del Castillo, donde finalizó, todavía había personas que no habían salido del punto de partida. Raquel Múgica, hija menor del concejal asesinado, leyó un comunicado al finalizar la manifestación en el que señaló que Navarra está «harta» de los asesinos. «la actividad terrorista nos produce dolor y sangre, muerte y miedo, pero nada más».

   Raquel indicó que nadie les va a devolver a su padre, pero dijo que la bomba que «ha destrozado nuestra familia», no ha matado ni matará nunca el «ejemplo de honradez y de cariño que has dado a nuestra familia». «Papá, siempre estarás con nosotros», concluyó.

   En Tolosa, miles de personas participaron también en una manifestación bajo el lema «Eta no, paz y libertad», en repulsa por el atentado de Eta que ayer costó la vida al subcomisario de la Ertzaintza, Mikel Uribe. Tras la cabecera de la manifestación, marcharon el «lendakari», el consejero vasco de Interior, Javier Balza y Jaime Mayor Oreja (PP) entre otros. Durante el trayecto, los manifestantes realizaron una parada ante la Comisaría de la Ertzaintza en la que trabajó el policía muerto por las balas etarras, y guardaron silencio en recuerdo de Mikel Uribe.

Aznar emplaza al PNV a desalojar a EH de los 16 municipios que le permite gobernar
Decenas de miles de personas se manifiestan en Pamplona y en Tolosa contra ETA
CARMEN GURRUCHAGA El Mundo 17 Julio 2001

MADRID.- El presidente del Gobierno, José María Aznar, instó al PNV, «si quiere tener credibilidad», a que desaloje a EH, «soporte de la actividad terrorista», de los 16 ayuntamientos en los que esta formación gobierna sin tener mayoría absoluta. «Por esos hechos, por hacerlo o no hacerlo, manifestaremos nuestra opinión», puntualizó.

José María Aznar pidió también al Ejecutivo presidido por Juan José Ibarretxe que en su acción de Gobierno apoye a las víctimas del terrorismo y dé prioridad a la lucha contra ETA y su entorno.

En este sentido, el titular del Ejecutivo se preguntó cuánto tiempo será necesario y cuántos muertos más harán falta para que «algunos» (los nacionalistas) se den cuenta de que lo más importante es combatir a los terroristas.

Recordó que el lehendakari, en su discurso durante el debate de investidura el pasado día 11 de mayo, manifestó que sus prioridades a lo largo de la legislatura iban a ser las víctimas y la lucha contra el terrorismo. En este sentido, Aznar aseguró que no va a pedir explicaciones por todo lo que se les ha dicho a los populares desde el mundo nacionalista en los últimos años, pero que sí va a exigir que «estas afirmaciones se hagan realidad». «Confío en que haga de esos dos principios el eje de su acción política», añadió.

Aznar, que presidió ayer en Madrid la Junta Directiva Nacional del PP, manifestó la disposición de su partido a hacer los debates que sean necesarios y a hablar de autogobierno en el País Vasco. «Es más, queremos hacerlo», dijo Aznar.

Opinó, no obstante, que «algunas personas tendrán que medir la oportunidad de realizarlos». Se refería a los líderes nacionalistas a los que pidió que las propuestas de autogobierno se planteen «de manera clara y sin tapujos», diciendo qué es exactamente lo que se quiere y a qué se puede aspirar y si eso supone reformar las leyes vigentes respetando o no las reglas de juego. También planteó al PNV y a EA la oportunidad de que digan a los ciudadanos cuándo el País Vasco ha sido una entidad jurídica con más autogobierno que el que tiene en este momento».

Barrer a los violentos
José María Aznar lamentó los asesinatos de ETA cometidos durante el pasado fin de semana e insistió en su convicción de que los demócratas ganarán la batalla contra el terrorismo utilizando todos los medios que da el Estado de Derecho para «barrer» a los violentos, «definitivamente». Apeló a todos aquellos que tienen responsabilidades para ejercitar esa lucha a que la hagan efectiva con toda determinación.

El inquilino de La Moncloa expresó su deseo de que Ibarretxe sea el lehendakari de todos los vascos, «de los que le han votado y de los que no». Destacó el tributo, en vidas humanas, pagado por el PP en favor de la libertad en el País Vasco «a cambio de toda clase de ataques verbales y dialécticos», por parte de los nacionalistas. Se lamentó de que desde una imposible equidistancia se equipare a los populares «con las posiciones políticas de quienes son responsables del terror», en referencia a EH.

Aznar le recordó a Ibarretxe que los compromisos electorales son para cumplirlos y que no puede olvidar que los parlamentarios de que dispone 33 de 75 son reflejo de una mayoría relativa «que le da legitimidad para gobernar, pero no para superar el actual marco jurídico-político basado en la Constitución y el Estatuto».

El jefe del Ejecutivo habló de la alternativa de gobierno a Ibarretxe que existe en el País Vasco y que, encabezada por Jaime mayor Oreja, está basada en la reafirmación del pacto de convivencia constitucional. En este sentido, reiteró la predisposición del PP, abierta al diálogo, desde el respeto a las reglas de juego, para conseguir la libertad de los ciudadanos vascos. Destacó, no obstante, que hace 15 años no existía una entidad jurídica vasca como la actual que, recordó, «es fruto de una negociación y una ley aprobada en Cortes por los representantes de todos los españoles».

También quiso dejar claro que, «una de las instituciones básicas de la autonomia vasca, la Ertzaintza, es financiada con los impuestos de todos los españoles «y por eso es uno de los cuerpos de las Fuerzas de Seguridad del Estado».

En otro orden de cosas y en clave interna de partido, José María Aznar pidió a los dirigentes del PP que no caigan en el desánimo porque los logros obtenidos en este año de Gobierno y el trabajo realizado en el mismo periodo «son como para sacar pecho». «Si nosotros defendiésemos mejor nuestros éxitos, como dice Javier Arenas, que no lo hacemos, pues, en fin, podríamos sacar un poco de pecho porque esto, en un año de gobierno no está mal», acució. Además, insistió ante la cúpula del PP en afirmar que «de igual manera que hoy es el único partido capaz de garantizar que situará a España con los países líderes durante esta década, también se puede empeñar en no garantizarlo, si continúa con el desánimo mucho tiempo.

El titular del Ejecutivo utilizó la ironía para descalificar a la oposición que ejerce el partido socialista, porque en su opinión, sólo tienen «ocurrencias y medianías», y a quienes desde el propio partido o de círculos afines hablan en privado de una política aburrida.

Gobernar en democracia es, para José María Aznar, cumplir el compromiso electoral con los ciudadanos, que hace tan sOlo un año dieron mayoría absoluta al partido que él preside en lo que supuso un aval a su manera de hacer política y de dirigir el País. «Gobernar no consiste en poner buena cara a todo el mundo o en ser más o menos agradable», afirmó, tratando de explicar a sus propia gente por qué José Luis Rodríguez Zapatero resulta tan simpático y por qué obtiene tan alta valoración en las encuestas, «aunque carezca de proyecto político para España».

Los primeros del mundo
Pablo Sebastián La Estrella 17 Julio 2001

El presidente del Gobierno y del PP, José María Aznar, ha hecho pública una declaración en la que, por una parte, vuelve a culpar al PNV de todo lo que ocurre en el País Vasco (a pesar de que esta vez ETA mató también a uno de los suyos, como lo reconoció Arzalluz), y por la otra presentó a su Gobierno y partido como autores de grandes logros que han situado a España entre los "primeros países del mundo".

Da la impresión de que Aznar, ante la avalancha mediática de Zapatero y el tinglado de marketing con el que el líder del PSOE intenta paliar su debilidad, ha querido salir al primer plano de la actualidad con un mensaje triunfalista sobre la acción de gobierno que haga olvidar la sensación de desgaste de su Ejecutivo. E intentando paliar la ausencia de resultados policiales frente a ETA, a la vez que disimular su reciente derrota ante el PNV en las pasadas elecciones vascas con más y nuevas acusaciones a los nacionalistas.

Pero un Gobierno que dice ser tan importante en el mundo debería tener respuestas policiales para ETA y para la crisis política que se vive en el País Vasco, donde no hay manera de que los partidos españolistas y nacionalistas se sienten de una vez a parlamentar en vez de lanzarse reproches ante la opinión pública. Los partidos PP y PNV, y también el PSOE de Zapatero, quien ha estado ausente en los atentados de los últimos días y que rehúye este toro como todos los demás, deberían haber iniciado ya una serie de reuniones en pos de la unidad democrática y de búsqueda de soluciones a la doble crisis vasca: la de ETA, en primer lugar, y la de la ruptura política y de la sociedad vasca que permanece.

Imaginar un encuentro de Aznar con Arzalluz es algo impensable en la España de hoy, pero nos sorprende que Aznar se vea con Sharon y Arafat para intentar arreglar un problema de siglos y que no quiera hablar con los líderes del PNV y del Gobierno vasco, los que acaban de triunfar en las recientes elecciones autonómicas. O que diga, sin pensarlo mucho (tanto él como otros de sus dirigentes), que los nacionalistas no pueden ni deben hablar de autogobierno mientras exista ETA. Es como si los nacionalistas les dijeran al PP que no pueden hablar de una España unitaria mientras exista ETA. Además, semejante discurso incluye el riesgo de una nueva tregua de ETA que, siguiendo el discurso del PP, legitimaría la puesta en marcha de un proceso soberanista sin límite.

Estamos viviendo momento de mucha tensión y de mucha emoción. Familias indefensas en los pueblos gobernados por EH que mueren como corderos, que se inmolan sin protección policial, ni cívica, ni política, y que luego dan ejemplo de una entereza y dignidad como la que vimos en la familia del concejal de Leitza, José Javier Múgica, o en la del ertzaintza Mikel Uribe. Y mientras esto pasa, y se acumulan los muertos, hasta que los ciudadanos de a pie se cansen de ver cómo unos y otros se echan en cara responsabilidades y no hacen la unidad de los demócratas y por la paz, continuamos asistiendo al enfrentamiento estéril entre Madrid y Vitoria, a la espera de los próximos muertos y atentados. ¿Hasta cuándo?

Nadie lo sabe ni se ve una solución. La tensión con el nacionalismo vasco por parte del Gobierno de Madrid forma parte del discurso electoral del PP, de cara a las elecciones gallegas y al resto de la política nacional. Y otro tanto hace el PSOE, donde Zapatero anda escondido ante este debate (González y Maragall tienen otro discurso) para no correr riesgos de ningún tipo que es, por lo que se ha visto hasta ahora, lo que le va. No dar la cara en nada.

Y así caminamos, según Aznar, hasta ocupar un sitial entre los grandes países del mundo. Del España va bien hemos pasado, pues, al España va en calesa internacional. Sonrisas y lágrimas en unos días en los que haría falta un poco más de modestia y de generosidad.

Nuevo siglo y viejos conflictos
José María CARRASCAL La Razón 17 Julio 2001

Aún resuenan los ecos de la polémica sobre cuándo empezaba el siglo XXI, si en 2000 ó en 2001, nunca del todo resuelta. Lo más curioso es que puede que todavía no haya terminado el XX. En el calendario, sí, ya terminó. Pero en lo que a conflictos se refiere seguimos en los mismos, incluso más envenenados, como esas heridas que no acaban de cerrarse. Toda una serie de supuestos optimistas, comenzando por el famoso «fin de la historia» de Fukuyama, nos habían anunciado un mundo feliz bajo la hégira de la democracia y del mercado. Pero nos encontramos con un mundo cada vez más conflictivo, irritado e inmanejable. Los políticos de izquierda y derecha no saben qué hacer y el gran público no sabe a quien echar la culpa. Hay como un desasosiego universal, como un cabreo generalizado, que derriba gobiernos, socava convicciones y levanta tolvaneras en el norte y en el sur, en oriente y occidente, entre los desarrollados y los subdesarrollados, como si ya nadie estuviera satisfecho. Y es que han fallado demasiados supuestos para que nadie puede estarlo realmente. Les enumero los principales:

   1°.¬ El crecimiento no ha resultado tan indefinido como nos creíamos. Nos pasamos los años noventa pensando que a caballo de las nuevas tecnologías, la economía mundial iba a experimentar una expansión sin límites, pero nos hemos encontrado con el fantasma de la crisis a la vuelta de la esquina. No hay crecimiento ininterrumpido. A los años de vacas gordas suceden los de vacas flacas, como ha ocurrido siempre. Lo único que ocurrió fue que los de vacas gordas fueron un poco más largos. Pero ese mismo hace temer que los de vacas flacas también lo sean. Y nos cogen sin estar preparados para ello, ya que creíamos que la juerga iba a durar eternamente.

   2°.¬ En Europa, la desilusión es doble pues viene acompañada del desencanto con el euro. Todavía hace un año había profetas que doctoralmente nos explicaban como el euro iba a desplazar al dólar como moneda de reserva. Hoy, cuando está ya a la vista su entrada en vigor, se ha devaluado un 20 por ciento y nadie sabe cuál es su fondo. Lo que pone un interrogante sobre la fiabilidad de la entera construcción europea, basada precisamente en la moneda común.
   
   3°.¬ El sueño de un mundo en paz una vez acabada la guerra fría ha sido substituido por un mundo de pequeños y envenenados conflictos. La mayor paradoja fue esa guerra de los Balcanes, aún no del todo acabada, la primera que tuvo Europa desde la Segunda Mundial. Por no hablar ya de conflictos endémicos, como el del Oriente Próximo, más ensangrentado que nunca, y de lo que está ocurriendo en África, donde ni mirar se quiere. Incluso en las grandes alturas pintan bastos, con un Bush dispuesto a reactivar la guerra de las galaxias, ante el indisimulado enfado de Rusia.
   
   4°.¬ La democracia, que había quedado dueña y señora del campo ideológico tras el hundimiento del comunismo, está mostrándose enormemente inefectiva en la inmensa mayoría de los países subdesarrollados y obscenamente corrupta en los desarrollados. Ya sé que en uno y otro caso se debe no a la democracia en sí, sino a que no ha habido bastante de ella. Pero eso no impide que su desgaste sea grande, con la ciudadanía de los países desarrollados cada vez más escéptica ante los políticos y la de los en desarrollo cada vez más desesperada. Todavía en Francia, Alemania o España tenemos la posibilidad de elegir otro gobierno en las próximas elecciones si el que tenemos resulta corrupto, pero ¿qué van a hacer los africanos, los hispanoamericanos si ven que el cambiar de ejecutivo no les resuelve nada?

   5°.¬ El terrorismo se ha convertido en una amenaza mundial, con redes que le mueven y hacen mucho más efectivo. Alimentado por nacionalismos y fundamentalismos, se ha convertido en el instrumento de aquellos que sabiéndose en minoría, no están dispuestos a aceptar a ningún precio la presente situación ni el rumbo que toma el mundo. No puede decirse que sea de izquierdas o derechas, pues lo hay en ambos sectores del espectro.

   Lo indudable es su decidida apuesta por la violencia y la subordinación de los medios a los fines. Incluso los pacifistas apelan a él, formando ya parte substancial de los movimientos antiglobalización, mucho que les pese a algunos de sus organizadores. A los hechos me remito.

   Este es el panorama que se extiende ante nuestra vista. Nada hay de idílico en él. Esto no es lo que nos habían contado. Esto casi es peor que lo anterior, ya que no hemos solucionado los viejos problemas y han surgido otros nuevos. Nada de extraño que nadie parezca contento. Los comunistas, porque se les ha caído la tienda encima y los liberales, porque sus fórmulas tampoco funcionan como imaginaban. Sospecho que al fondo de todo haya habido un exceso de expectativas, que todos, desarrollados y subdesarrollados, europeos y americanos, africanos y asiáticos, hubiésemos puesto demasiadas esperanzas en la caída del muro, en la democracia universal y en el mercado global. Sin pensar que todas esas son fórmulas que tenemos luego que llenar con nuestro esfuerzo. Sin él, no sirven de nada, como no servían las anteriores. Es como el cinismo se extiende por la población y los políticos buscan desesperadamente nuevas recetas. Lo curioso es que, agotadas las propias, van a buscarlas al campo contrario. Así tenemos a socialistas con propuestas conservadoras y conservadores con pautas socialistas. Con lo que hacen aún mayor la confusión. Fórmula mágica no tiene todavía ninguno. Puede que porque no la hay. Tal vez sea lo que nos reserve el siglo XXI. Pero a ver quien es el guapo que se atreve a hacer predicciones.

Clamor de unidad
Editorial El Correo 17 Julio 2001

El sábado fue el día del terror y la muerte; el domingo el del dolor, la rabia y el reconocimiento; y ayer fue la jornada de la repulsa generalizada, de la reivindicación y la exigencia. Un esquema que se ha ido convirtiendo en habitual en la sociedad vasca, en una fórmula asumida para honrar a nuestros muertos y deplorar la inhumanidad de sus asesinos. Por desgracia, la capacidad criminal de ETA ha sembrado de tantos cadáveres el calendario vasco y español como para que hasta la mayor tragedia humana pueda entrar, fuera de su entorno más próximo, lejos de sus fechas concretas, en la rutina. Las multitudinarias manifestaciones de ayer en Pamplona y Tolosa deberían servir, de una vez por todas, para romper con ese fatalismo que lleva a la sociedad a la resignación y a una buena parte de ella a la pasividad. Y, sobre todo, para que esos síntomas de acercamiento, de acción conjunta contra el terrorismo de las fuerzas políticas, palpables durante estos tres días terribles, no sea la simiente de una nueva frustración, de una irreparable decepción, y cuajen en una unidad contundente de los partidos capaz de dinamizar y activar todos los resortes de la ciudadanía.

Los asesinatos de José Javier Múgica y Mikel Uribe son otro aldabonazo sobre las conciencias de nuestra sociedad, una llamada a la implicación directa, cotidiana y práctica en desterrar el terror y en aislar a quienes son capaces de despachar la muerte brutal de un ser humano, de un vecino, de un miembro de su comunidad con un displicente y gélido «lamentamos» y con el insoportable cinismo que encierra justificar el asesinato como la «dolorosa consecuencia del conflicto». Pero sobre todo son una llamada, una más, a la responsabilidad de la clase política y, en concreto, a quienes gobiernan las instituciones y tienen el mandato de liderar a sus ciudadanos. Proteger los derechos de cada persona, empezando por el derecho a la vida, garantizar la libertad individual y colectiva y defender el pluralismo de nuestra sociedad son prioridades tan capitales, tan excluyentes, que deberían relegar cualquier otro planteamiento, por muy legítimo y democrático que sea, si puede llegar a alimentar el irredentismo o la insatisfacción de quienes son proclives a la violencia. ETA está al margen de cualquier sutileza, sensibilidad o matiz, dedicada de lleno a irrumpir en la convivencia, alterar la normalidad y provocar a cualquier precio el avance hacia ese objetivo totalitario que se arropa bajo el manto de la independencia.

Desde el pleno de investidura se han sucedido los pronunciamientos y gestos del lehendakari, empezando por su discurso del pasado miércoles, para transmitir la certeza de que la lucha contra el terrorismo es la prioridad de su mandato. Un planteamiento que ha encontrado pronto respuesta en ETA, con tres asesinatos -y en particular el de Mikel Uribe, por su condición de ertzaina- en lo que podría interpretarse, si la irracionalidad de la banda admite interpretaciones, como un desafío a la firmeza de Ibarretxe. La presencia de la cúpula del Ministerio de Interior, con su máximo responsable y vicepresidente del Gobierno, Mariano Rajoy, al frente, en la capilla ardiente del oficial de la Policía vasca, sólo cabe interpretarla como un gesto claro de apoyo a la Ertzaintza y una muestra del respaldo que la Consejería de Interior y el Ejecutivo vasco recibirán del Gobierno en su batalla compartida contra la banda terrorista. Las palabras de José María Aznar, ayer, pidiendo hechos al lehendakari, acciones que certifiquen el compromiso de Ibarretxe en su investidura con las víctimas y la lucha contra el terrorismo, tienen un punto de advertencia, pero son, a la vez, un anuncio de posible entendimiento, aunque para ello sea necesario que EA y PNV visualicen ante la sociedad su ruptura con Batasuna, acabando con los pactos que quedan en algunas instituciones.

Hoy celebra su primera reunión el nuevo Gobierno vasco, un Gabinete que es una prolongación, en las personas -sólo hay tres novedades- y en las responsabilidades, del que dirigió una de las legislaturas más breves y convulsas de la historia autonómica vasca. De sus consejeros y de su acción depende en gran medida el éxito de ese proceso de normalización política enunciado por el lehendakari. Suya es la labor de acercarse a una oposición que realiza su trabajo con la amenaza explícita del terrorismo y con sus libertades mermadas, y de ayudar a que, dentro de dos años, socialistas y populares puedan acudir con normalidad democrática a las trascendentales elecciones locales. Sólo desde esa sensibilidad se podrá conseguir que ese compromiso primigenio contra la violencia, que forma parte del ideario mayoritario de esta sociedad y los partidos que la representan, se traduzca en una acción eficaz. Ese espíritu común que recorrió ayer las calles de Tolosa y de Pamplona, que reunió el sábado y domingo a muchos vascos y españoles, y que responde a una inapelable verdad: el único y gran enemigo de Euskadi es ETA.

Erne pide a Ibarretxe que le deje combatir a ETA como banda «criminal que es»
BILBAO / VITORIA. M. Alonso ABC 17 Julio 2001

Al más puro estilo de la mafia, ETA asesinó al mando de la Ertzaintza Mikel Uribe. Sin bajarse del vehículo que ocupaban, dos de los tres terroristas que participaron en el atentado dispararon dos ráfagas contra el lateral izquierdo del todoterreno del agente. Mientras, el sindicato mayoritario de la Ertzaintza, Erne, pidió ayer al Gobierno vasco que le deje combatir a ETA como «la asociación criminal que es».

El informe preliminar de balística realizado por la Ertzaintza ha llegado a la conclusión de que en el asesinato del ertzaina participaron tres terroristas. Dos de ellos se encargaron de realizar los disparos contra Mikel Uribe mientras el tercero conducía el vehículo. Según los datos recabados por los investigadores, los autores del atentado realizaron un total de diecinueve disparos con dos armas, una de ellas larga -probablemente un subfusil-, de los cuales ocho -y no nueve como se informó en un principio- impactaron en el cuerpo del ertzaina. Cuatro de ellos han sido calificados de «mortales de necesidad».

Al igual que suelen hacer los miembros de la mafia, los etarras acabaron con la vida del agente sin bajarse del coche que ocupaban, y desde el turismo dispararon dos ráfagas contra el todoterreno en el que viajaba el agente. Todos los disparos fueron realizados sobre la parte frontal y lateral izquierda del coche de Uribe. El vehículo utilizado por los autores del atentado fue robado el pasado enero en Rentería (Guipúzcoa) y las placas de matrícula originales fueron cambiadas por otras cuya numeración correspondía a la de un coche de Irún.

La Ertzaintza atribuye el atentado al denominado «complejo Donosti» y no descarta que sus autores pudieran ser los mismos que los que colocaron la bomba lapa en el coche del concejal de UPN en Leiza José Javier Múgica. Las investigaciones sobre el atentado contra el ertzaina corresponden a la Policía autónoma vasca, mientras que de las del asesinato del concejal de UPN se ha hecho cargo, desde el primer momento, la Guardia Civil. Fuentes consultadas por este periódico han señalado que el pasado sábado, una vez más, se puso de manifiesto, al menos durante las primeras horas que siguieron al asesinato de Uribe, la «pasividad» de mandos de la Policía autónoma vasca a la hora de intercambiar datos con las Fuerzas de Seguridad del Estado, circunstancia que se ve agravada ante la hipótesis de que los autores de los atentados fueran los mismos.

Mientras, el sindicato ERNE, mayoritario en la Ertzaintza, hizo público ayer un duro comunicado en el que pide al Gobierno vasco que deje que la Policía autónoma combata a ETA como «lo que es, una asociación criminal seria y perfectamente organizada». Los ertzainas piden a Ibarretxe que abandone su «posición política cómoda y rentable -dicen- de asignar a la Ertzaintza un papel de victimismo o incompetencia».
ERNE advirtió al Gobierno vasco que no debe «dejar que las agresiones a los trabajadores de la Ertzaintza lleguen a los extremos de su indefensión» y afirmó que las respuestas a los ataques se realizarán «desde la profesionalidad, con absoluto respeto a las normas y en la firmeza ética de un modelo policial democrático».

También, hicieron un llamamiento a los policías para que extremen sus medidas de seguridad, en la convicción de que «víctimas de ETA podemos ser cualquiera». Mikel Uribe estaba afiliado al sindicato nacionalista ELA, que ayer criticó con dureza a ETA, pero no al Gobierno vasco, como hizo ERNE. El secretario general de ELA, José Elorrieta dijo en Bilbao, tras una concentración, que «el mejor homenaje que podemos hacer a las víctimas es el poder trabajar en una clave democrática por una construcción nacional que una mayoría de este país reclama».

Los hijos del edil animan a Leitza a «perder el miedo»
BILBAO EL CORREO17 Julio 2001

Daniel y Francisco, hijos de José Javier Múgica, pidieron ayer a sus vecinos de Leitza que se libren del miedo y «den la cara». «Sabemos que aquí hay mucha gente que nos apoya pero que hasta ahora ha tenido miedo y no ha querido dar la cara. Que quiten el miedo y que den la cara, que todos vamos a seguir para adelante», señalaron en declaraciones a varias televisiones. Los dos hermanos son conscientes de que los que provocan ese temor «los tenemos alrededor». «Hemos convivido siempre con ellos. Son unos cobardes, no saben lo que significa la palabra respeto».

Los hijos del edil asesinado explicaron que desde que «el año pasado nos quemaran la furgoneta, sabíamos que hay gente que nos apoyaba en el pueblo, gente que no nos expresaba el apoyo por miedo y gente que estaba en contra nuestra. A raíz de quemarnos la furgoneta, la gente que nos apoyaba nos apoyó más, otros que nos apoyaban sin nosotros saberlo nos apoyaron, y también lo hizo gente que antes no nos apoyaba».

Francisco y Daniel recordaron también que en el Ayuntamiento tenían «un gran respeto» a su padre. «Él daba su opinión y le escuchaban, y ellos daban la suya y él escuchaba. Luego ya se decían otras cosas, pero el respeto estaba ahí y mi padre venía siempre muy contento a casa por ese aspecto». «Él decía: ‘Yo daré mi opinión. Si dicen que no, pues no pasa nada, y si dicen que sí, pues bien, pero por lo menos la doy’». El concejal asesinado «daba la cara», concluyeron los dos jóvenes.

Los hijos de José Javier Múgica explicaron que sus cenizas se quedarán en su casa, «con nosotros», y aseguraron que aún no sienten vacío por su ausencia pero sí «odio».

Leaburu mira hacia otro lado
Los vecinos del pueblo no acompañaron a los 'ertzainas' en la concentración de condena del atentado de Mikel Uribe
M. MARÍN San Sebastián El País 17 Julio 2001

La localidad de Leaburu (540 habitantes) miró ayer hacia otro lado y no dio ninguna muestra de que siente el asesinato del subcomisario de la Ertzaintza Mikel Uribe. El Ayuntamiento amaneció con la ikurriña izada; el pueblo, en silencio. Nadie sintió la necesidad de hacer un gesto. Ni siquiera a mediodía, cuando los compañeros del agente asesinado se concentraron a escasos metros del lugar donde fue acribillado a balazos. Ahí, en la plaza del pueblo, junto a la sociedad en la que Uribe cenaba cada sábado con sus amigos, policías y amigos lloraron solos y se encargaron de colocar la bandera a media asta. Ningún vecino se sacudió sus ideas políticas por la muerte de uno de los suyos.

La escena podía preverse desde el mismo día del atentado. Apenas una hora después de que dos terroristas mataran a Uribe, los miembros de la sociedad Zazpi-Bide (Siete-caminos) estaban a lo suyo. ETA, que ha conseguido alterar todas las agendas, no logró aquí que dejaran de ver el Tour de Francia en la televisión. Ninguno quiso hablar entonces. 'La mayoría', dijo un vecino, 'porque son de los suyos; el resto, porque tienen miedo, miedo porque esto es un feudo de EH'. Y describe su realidad: 'Somos pocos y nos conocemos todos. Y ahora hay más razones para tenerlo. Miguel Mari tampoco pensó nunca que lo fueran a matar. Y seguro que tampoco imaginó que tan pocos iban a salir en su defensa'.

Leaburu, situado a una treintena de kilómetros de San Sebastián, es uno de los santuarios de EH, ahora Batasuna, en Guipúzcoa. En las últimas elecciones municipales, consiguió un resultado poco habitual en las contiendas democráticas. De los 236 votos registrados sobre un censo de 315 votantes, -descontados los nulos (30) y los sufragios en blanco (13)-, logró el 100% de los apoyos (193 votos) y los siete asientos en la corporación.

Sus resultados fueron peores en las pasadas elecciones autonómicas; perdió la mitad de sus apoyos, aunque ganó. Obtuvo 128 votos (el 49,23% de los escrutados), y le siguió muy de cerca el PNV (115 votos, 44,23%). Sólo un vecino votó al PSE, siete a IU y nueve al PP.

Mikel Uribe los conocía a todos. Vivía en Legorreta desde hace cinco años, pero dicen quienes le conocen que es como 'si nunca se hubiese marchado'. Allí regresó ayer por la tarde, en un féretro portado a hombros por agentes de la policía vestidos de gala. Tras ellos, la familia, el lehendakari, Juan José Ibarretxe, y el consejero del Interior, Javier Balza. Uno a uno, también el ministro de Administraciones Públicas, Jesús Posadas, el delegado del Gobierno en el País Vasco, Enrique Villar, y representantes de todos los partidos políticos, a excepción de Batasuna, fueron entrando en el templo. A las seis en punto de la tarde comenzó el funeral oficiado por el obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte. 'Un cazador empedernido ha sido abatido como si fuera una pieza de caza', certificó. '¿En nombre de quién y para qué?'. Y denunció la 'ciega oleada de violencia' de ETA.

En el exterior, le escuchaban el presidente del PNV, Xabier Arzalluz, el presidente del PP en el País Vasco, Carlos Iturgaiz, y varias víctimas de ETA; entre ellas, la viuda del ex gobernador civil de Guipúzcoa, Juan María Jáuregui -asesinado el pasado año- y el periodista Gorka Landaburu, a quien la banda intentó matar con una carta bomba. También despedían a Mikel Uribe numerosos agentes de la Ertzaintza, miembros de la Guardia Civil y del Cuerpo Nacional de Policía vestidos de uniforme que se dieron la mano cuando el obispo pidió que se dieran la paz. Junto a ellos, algunos vecinos del pueblo, que se sacudieron el miedo y despidieron al policía vasco.

La hija de Múgica destaca que fue asesinado por no plegarse al silencio
Decenas de miles de personas marchan en Pamplona contra el terrorismo

MIKEL MUEZ Pamplona El País 17 Julio 2001

Más de 40.000 personas secundaron ayer en silencio el llamamiento de las instituciones navarras para expresar en las calles de Pamplona la repulsa de la sociedad por los últimos atentados de ETA. Encabezados por una pancarta con la inscripción "Paz y libertad, ETA no", en euskera y castellano, decenas de miles de personas (unas 45.000, según la Policía Municipal) acompañaron a los familiares de José Javier Múgica, el concejal de Leitza asesinado el pasado sábado. Su hija Raquel resaltó que le mataron "por no plegarse al silencio".

Junto a la familia Múgica estaban el vicepresidente segundo del Gobierno y ministro de Economía, Rodrigo Rato; el presidente de Navarra, Miguel Sanz; Jesús Caldera, portavoz del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso, el gobierno navarro al completo, la alcaldesa de la ciudad, Yolanda Barcina; el presidente del Parlamento navarro, José Luis Castejón, el consejero vasco de Transportes, Álvaro Amann, así como representantes de todos los partidos parlamentarios, excepto Euskal Herritarrok, y representantes sindicales, empresariales y universitarios.

La marcha transcurrió en absoluta tranquilidad. Miles de ciudadanos portaron pequeños carteles con el lema "ETA no" y recibieron con fuertes aplausos la llegada de Raquel Múgica, la hija del concejal de Unión del Pueblo Navarro asesinado, que llegó acompañada del presidente Sanz, su madre Reyes Zubeldía y sus hermanos Francisco Javier y Daniel.

Crimen cobarde
Raquel Múgica leyó el manifiesto de las instituciones al término de la marcha, señalando que su padre fue asesinado "cobardemente por defender sus ideas, por defender la libertad, la democracia y la identidad de Navarra, y por no plegarse", añadió, "como muchos de sus vecinos, al silencio y al miedo que impone la amenaza terrorista".

Más adelante contrapuso la valentía del asesinado a la cobardía de los autores y de sus cómplices y añadió que "ETA ha atacado y despreciado a Navarra porque sabe que ésta es una sociedad opuesta a sus tesis y a sus métodos criminales". "Y porque sabe también que somos un pueblo", dijo Raquel Múgica, "que no se deja vencer por la fuerza".

Sacando fuerzas del dolor, la viuda tomó la palabra al término de la concentración y se mostró "muy agradecida a todos los presentes por su cariño", y añadió que está "muy tranquila porque tiene "tres hijos maravillosos" que le "van a ayudar en todo". El mayor de los varones, Francisco Javier, declaró luego que ese gesto de su madre les había sorprendido y que comentó a sus hijos que iba a dar gracias momentos antes de salir. Él pide a sus vecinos que se "quiten el miedo y den la cara".

Sólo al final de la concentración, en la plaza del Castillo, la multitud coreó gritos pidiendo la cadena perpetua para los asesinos del concejal y lemas como "Navarra unida, jamás será vencida" o "Navarra entera, con José Javier". Haciendo gala de una enorme entereza, la viuda de Múgica y sus hijos saludaron a la multitud e incluso confortaron el ánimo de algunos compañeros de partido de su marido y padre como el presidente Sanz, que recibió las muestras de consuelo y afecto de Reyes Zubeldía durante la marcha.

El presidente de Navarra y de UPN, Miguel Sanz, adelantó que Miguel Ángel Ariztimuño Canflanca, de 54 años, está dispuesto a sustituir a Múgica como concejal de UPN en el Ayuntamiento de Leitza. Ariztimuño, vecino de Leitza, albañil y contratista de profesión, casado y con dos hijos, era amigo personal del edil asesinado el sábado. "Si hubiese sido al revés, José Javier hubiese dado el paso al frente", le dijo Ariztimuño a Sanz. No obstante, y aunque la decisión aún no ha sido adoptada, Sanz subrayó que "cualquiera de quienes formaron la lista municipal de UPN lo hubiese hecho porque su compromiso con su pueblo, con Leitza y, sobre todo con Navarra, es absoluto".

El Ejecutivo navarro de UPN se reunió ayer en sesión de gobierno y al término del encuentro, Sanz reiteró que las instituciones forales "no doblarán la rodilla ante el terror". Sanz pidió la unidad de los partidos políticos para combatir a ETA y en declaraciones a Onda Cero apostó por cambiar la legislación para aplicar las nuevas técnicas de telecomunicación en la lucha policial contra el terrorismo.

¿Entrevista o instrucción?
Por Ramón Villota-Coullaut Libertad Digital 17 Julio 2001

La polémica entrevista que tanto Gara como Egunkaria publicaron hace unas semanas con la autodenominada dirección de ETA parece que rompe los criterios de la neutralidad informativa que se encuadran dentro del derecho de información recogido en el artículo 20 de la Constitución del 78. Nuestro Tribunal Constitucional todavía no tiene una doctrina elaborada sobre este concepto y no parece que la indicada entrevista se pueda incorporar simplemente en la doctrina ya establecida por el Tribunal Constitucional, en sentencias de los años 80. La razón es que en anteriores ocasiones y respecto a Egin (el antecedente de Gara) el periódico o los periodistas que realizaban la información no hacían más que trasmitir las respuestas que sus interlocutores les daban o reproducir los comunicados que la misma ETA les enviaba.

Pero es que desde el inicio de la década anterior el Tribunal Europeo de Derechos Humanos se ha basado en sus resoluciones sobre la libertad de información en el concepto de neutralidad informativa. Con este concepto el máximo interprete en derechos fundamentales en Europa entiende que el reportaje neutral lícito no es equiparable a la neutralidad informativa ante hechos u opiniones que contradicen las mismas esencias democráticas.

Así, en la sentencia del mencionado Tribunal Europeo de Derechos Humanos de 1994 (caso Jersild&Dinamarca) entendió que no había delito de apología del racismo en la conducta de un periodista danés condenado por un delito de apología del racismo que incluyó en un reportaje sobre dicho tema manifestaciones claramente racistas de algunos intervinientes. Y es que el Tribunal entendió que el periodista salvó su responsabilidad porque
manifestó de una manera diáfana en el reportaje que sus ideas no eran las de los entrevistados.

Por supuesto, este no parece que es el caso de quienes realizaron la entrevista a la autodenominada dirección de ETA, puesto que las preguntas clarificaban los grupos sociales objetivo de ETA, con las razones de ello, y en ningún momento mostraron los redactores de la entrevista crítica alguna a los entrevistados o a sus manifestaciones. De esta forma parece fácil diferenciar entre el periodista danés que fue amparado por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y la conducta de quienes realizaron la entrevista para Gara y Egunkaria, que han utilizado incluso ejemplos de aquellos que podían sufrir atentados.

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