AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 18 Julio   2001
#El intento de suicidio de España, 2
Enrique de Diego Libertad Digital 18 Julio 2001

#Héroes y víctimas
RAÚL GONZÁLEZ ZORRILLA El Correo 18 Julio 2001

#El PNV, a lo suyo entre el sarcasmo y el retruécano
Impresiones El Mundo 18 Julio 2001

#Voz en el mundo
Pablo A. Mosquera, La Razón 18 Julio 2001

#El reto de la oposición
Benjamín García, La Razón 18 Julio 2001

#¿Quién se acuerda ya del 13 de Mayo?
Lorenzo Contreras La Estrella 18 Julio 2001

#El destino de Madrazo
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 18 Julio 2001

#Se lo están pasando «Chupi»
Carlos DÁVILA ABC 18 Julio 2001

#El diálogo con ETA
JAVIER PRADERA El País 18 Julio 2001

#'Lehendakari'
FELIPE GONZÁLEZ El País 18 Julio 2001

#El último tren
Joaquín MARCO La Razón 18 Julio 2001

#Segundas partes
TONIA ETXARRI El Correo 18 Julio 2001

#Los foralistas navarros temen por su integridad
ANA BELASKO El Mundo 18 Julio 2001

#Zapatero: «Siempre defenderé la unidad de España»
Alberto Rubio / L. R. N. - Madrid.- La Razón 18 Julio 2001

#García de la Concha reivindica la lengua como patrimonio frente a la "cultura de corral"
La Estrella 18 Julio 2001


El intento de suicidio de España, 2
Por Enrique de Diego Libertad Digital 18 Julio 2001

Estar a favor de la unidad de España es el peor insulto de lo políticamente correcto nacionalista y de ese latente intento de suicidio perpetrado por supuestos líderes de opinión, por la Panzer División de la demolición nacional. Tal insulto se practica, por ejemplo, respecto del presidente del Gobierno de la nación, cuando, en su caso, estar a favor de la unidad de España entra dentro del cargo y del sueldo. O se predica como arma arrojadiza contra Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo Terreros y los que resisten, con riesgo de sus vidas, a la última pesadilla totalitaria de Europa. ¿Alguien se imagina que se insultara a Chirac o Jospin acusándoles de estar a favor de la unida de Francia?

Dado que hoy, aquí y ahora, España es una sociedad abierta, un Estado de Derecho, con elecciones democráticas, representación política y tribunales independientes, con derechos personales reconocidos y protegidos, estar a favor de la unidad de España sólo puede ser contemplado como una virtud de ciudadanía, como un compromiso con la libertad personal. Lejos de ser un insulto, ha de ser considerado un elogio. Puesto que “la Constitución no es un dogma” es una obviedad, ¿no quería decir José Luis Rodríguez Zapatero, tras el 13 de mayo, que no lo es la unidad de España, que no lo es, por ende, España como sociedad abierta?.

Estar a favor de la unidad de España parece entrañar una insidiosa insinuación de latente franquismo, extendida con frecuencia al castellano, uno de nuestros magníficos instrumentos económicos de modernidad. Mas ¿no habló el exilio en castellano? Aunque se han hecho brillantes incursiones en la materia, está por escrudiñar todo lo que esta mala conciencia de los deconstructores, de los intelectuales a la violeta contiene de compromiso franquista personal. Toda esta exacerbada oposición al franquismo, tras la muerte del dictador, es casi por completo una oposición por sustitución, el reflejo de algo que no se hizo.

He puesto recientemente el ejemplo de Javier Tusell tan notoriamente emparentado con las familias de mayor prosapia de la dictadura, biógrafo oficial incluso de Carrero Blanco. O el de Juan Luis Cebrián, tan recientemente alentador de ese complejo de culpa tras el 13 de mayo, perseguidor de demócratas, puntal de la dictadura desde la dirección de la televisión única. Reciente la magnificación obituaria del ultranazi Pedro Laín Entralgo, convertido en inspirador de la reconciliación nacional. Los antifranquistas auténticos, reales, minoritarios en su día, que lucharon por la libertad con indudable riesgo (los hubo que lo hicieron por totalitarismos alternativos y aún peores) no mantienen tales complejos, aventados, sin embargo, por oportunistas y trepas de todas las situaciones.

El mérito del camaleonismo de estos --su enriquecimiento como ideólogos de la esclavitud y como pretendidos augures de la libertad-- no impide el desprecio ético (la moral no se mide por el éxito) hacia su inconsistencia ni relaja el espíritu crítico hacia el intento de transmitir sus frustraciones al conjunto de la sociedad. Intentar mantener en el inconsciente colectivo el desasosiego por la perdurabilidad de la dictadura y su final por evolución biológica es la pretensión de difuminar compromisos personales (Polanco es un producto de la dictadura, no de la transición, tanto como los camiones Barreiros) y proceder al exorcismo de culpas individuales a generaciones que no tuvieron arte ni parte, ni contemplan tales supuestos pecados originales más que como lejanos hechos históricos.

No deja de ser ilustrativo que el guerracivilismo, abandonado por hastío en el discurso del PSOE, se mantenga con virulencia en las toscas reflexiones nacionalistas, herederas de movimientos reaccionarios, ensoñaciones fuera del tiempo de inexistentes y peligrosos estados nación. ¿Habrá que esperar a la desaparición de otra generación para eliminar de nuestro horizonte tales prédicas de antifranquistas postFranco o bastará con desenmascarar a estos pudiente predicadores de desgracias ajenas?

Defender hoy la unidad de España es defender la libertad personal. Es una virtud de ciudadanos conscientes frente a quienes viven instalados en la esquizofrenia moral y en la vaciedad intelectual intentando dañar, un día sí y otro también, la convivencia mutua.

Héroes y víctimas
RAÚL GONZÁLEZ ZORRILLA El Correo 18 Julio 2001

En un reciente artículo publicado en este periódico (‘Víctimas y voces’, 13-VII-2001), el antropólogo Juan Aranzadi vuelve a diluir el valor éticamente referencial de las víctimas del terrorismo, insiste en acusar a éstas de encontrarse políticamente manipuladas e, incidiendo en el desdén, postula para los afectados por la violencia criminal «ayuda material, social y anímica», pero nunca ningún papel protagonista en la vida política vasca porque «la muerte y el sufrimiento no son fuente de razón ni de derecho». Así, y con un lenguaje frío y aséptico, más propio de un entomólogo que de un humanista y, sobre todo, con una forma de plantear la situación absolutamente irrespetuosa para con las víctimas («no se puede hacer justicia a los muertos», «los ritos de los muertos benefician a los vivos», «nadie tiene derecho a hablar en nombre de los muertos»), el autor de ‘El escudo de Arquíloco’ da luz a un texto cuyo andamiaje argumental, basado en cuatro pilares básicos, resulta difícilmente sostenible.

Dice Juan Aranzadi que «no se puede hacer justicia a los muertos ni se puede reparar el dolor» y, con esta afirmación, confunde los conceptos de justicia reparadora y justicia restitutiva. Obviamente, ninguna ley de los hombres tiene capacidad para devolver a la vida al casi millar de víctimas provocadas por la barbarie terrorista y, por ello, los familiares de las víctimas del terrorismo no demandan una justicia restitutiva que, por ejemplo, sí puede reclamar alguien que ha sido víctima de un robo. Pero, la imposibilidad de que exista una justicia restitutiva no exime, de ninguna manera, de la demanda de una justicia reparadora. Los ordenamientos jurídicos internacionales se asientan sobre dicha exigencia y su no cumplimiento abre el camino hacia la impunidad de los delitos. Cuando se afirma que «no se puede hacer justicia a los muertos», lo que se está aceptando es la existencia de una especie de desgracia divina, no provocada por nadie, no sujeta a ninguna medida de corrección y libre de castigo, que las víctimas directas e indirectas habrán de soportar sin ninguna posibilidad de alivio. Según este argumento, si no es posible hacer justicia, ¿por qué detener y condenar a los asesinos etarras? ¿Por qué intentar juzgar a un presunto autor de crímenes de guerra como Augusto Pinochet? La justicia, la justicia reparadora, que nada tiene que ver con el odio y es sinónimo de ejemplaridad democrática y de probidad moral, es la principal petición de las víctimas del terrorismo. Y, además, esta demanda es expresada por ellas mismas, individualmente o a través de sus asociaciones, con la enorme legitimidad que les otorga el hecho de que, en España, jamás se ha producido un sólo acto de venganza llevado a cabo por una víctima del terror fascista de ETA.

Más alucinante aún que la idea antes señalada es la que lleva a Juan Aranzadi a señalar que «los destinatarios y beneficiarios de los ritos que tienen a los muertos por aparentes protagonistas son los vivos». A estas alturas de lo padecido, sugerir públicamente la idea de que los familiares de las víctimas del terrorismo se están beneficiando del asesinato de sus maridos, de sus hijos o de sus amigos es una afrenta a la dignidad que solamente puede producir rechazo y repulsión. Pero, siguiendo el ‘argumento del beneficio’ establecido por Aranzadi, podríamos hacernos la pregunta clave, que es saber a quién favorece minimizar, desprestigiar, acallar y mancillar a las víctimas del terrorismo. ¿No será que éstas molestan a los asesinos porque les colocan frente a su atrocidad, que estorban a los cómplices de los criminales porque les evocan su perversa colaboración con la brutalidad y que cohíben a muchos nacionalistas vascos que, a través de un acuerdo infame que ya no desean recordar, se abrazaron a los verdugos?

Aranzadi también afirma que «en una sociedad que proclama al individuo como valor supremo, nadie tiene derecho a hablar en nombre de los muertos» y, con esta aseveración, se pretende la arrogancia suprema, a la que no se han atrevido ni los más cercanos a los victimarios, de negar a los familiares de las víctimas del terrorismo la potestad de recoger el testamento humano de sus familiares asesinados. Vedar a los herederos de las víctimas de ETA la posibilidad de defender y reproducir el legado de sus cercanos es tanto como afirmar que la historia no tiene sentido, que el conocimiento, la experiencia y las opiniones de una persona no pueden transmitirse de generación en generación, y que nada propio permanece más allá de la vida limitada de cada individuo. Todo esto, lógicamente, carece de sentido. Pero es que, además, los allegados de las víctimas del terrorismo recuerdan y retoman la figura de sus familiares asesinados, pero, también, hablan, exigen reconocimiento y demandan justicia, en su propio nombre, en el nombre de los que quedaron vivos. ¿No tiene derecho el hijo de una persona asesinada por ETA a reivindicar el tiempo sagrado que se le ha robado de estar con su padre? ¿No pueden los familiares de las víctimas del terrorismo establecer sus propias prioridades políticas y sociales en base al efecto que ha tenido en ellas, supervivientes tras la tragedia, el atentado mortal contra sus maridos, mujeres o hijos?

Finalmente, Juan Aranzadi vuelve a insistir en la idea de que «la muerte y el sufrimiento no son fuente de razón ni de derecho» y vuelve a olvidar que, en el País Vasco, las víctimas del terrorismo son germen de autoridad porque ellas son el testimonio directo de la crueldad que se esconde detrás de lo que algunos denominan ‘conflicto’, porque con su comportamiento se han convertido en un ejemplo permanente de dignidad democrática y porque son los adalides de la tan necesaria regeneración ética que esta sociedad tardará varias décadas en recuperar.

Hace pocos días, un editorial de este periódico señalaba, muy acertadamente, que en Euskadi solamente van quedando héroes y víctimas. Pues bien, ha llegado ya el momento de preguntarse si ambas cosas no son ya lo mismo: que todas las víctimas son héroes y que todos los héroes en defensa de la democracia y la libertad se están convirtiendo, en el corazón vasco de las tinieblas, en víctimas.

El PNV, a lo suyo entre el sarcasmo y el retruécano
Impresiones El Mundo 18 Julio 2001

Las direcciones del PSOE y el PP han pedido en estos últimos días al PNV su colaboración para desalojar a EH de aquellos ayuntamientos vascos en los que gobierna en minoría. Ambos partidos consideran urgente esta decisión, tras la vil e inhumana actitud que han mantenido los ediles de EH -ahora Batasuna- en Leaburu y Leiza ante los asesinatos de dos de sus convecinos por parte de ETA. Pues bien, el presidente del PNV de Guipúzcoa, Juan María Juaristi, respondió ayer a estos requerimientos asegurando que su partido no ayudará a desalojar del poder municipal a EH porque eso les devolvería la sensación de que «son las víctimas». Es difícil encontrar un sarcasmo mayor que el de utilizar el calificativo de víctimas para referirse a unos miserables que son capaces de soportar el asesinato de un compañero de corporación sin mover un músculo de la cara con tal de no enfrentarse a los asesinos de ETA. Y tampoco se trata de arrebatarles el poder por las bravas, sino de que los partidos democráticos se unan en los ayuntamientos donde pueden tener mayoría para impedir que los cómplices de la barbarie gobiernen en minoría. No es que este cambio fuera a solucionar el problema terrorista, pero sí sería un mensaje nítido y de carácter moral a la sociedad vasca. Y permitiría dar credibilidad a las proclamas del lehendakari que insiste públicamente en no querer saber nada de la coalición radical. Claro que sus declaraciones de ayer tampoco son nada esperanzadoras. Ibarretxe anunció que mantendrá su calendario hacia la autodeterminación para que ETA no marque la agenda política. O sea, que el Gobierno vasco dará pasos en un camino que también pretenden recorrer los terroristas, alegando que no quiere estar condicionado por ellos. Menudo retruécano.

Voz en el mundo
Pablo A. Mosquera, La Razón 18 Julio 2001

Secretario General de Unidad Alavesa

Tiene gracia la frase. Ahora resulta que el objetivo del Pacto de Gobierno entre nacionalistas vascos es un autogobierno que dé a Euskadi voz en el mundo. ¿Toma del frasco!

   En el mismo día, se hizo público el Euskabarómetro de la UPV en el que se detecta sociológicamente que, los vascos sienten cada vez más miedo a hablar y participar en política.

   Así que la cosa está fácil, fácil... La Voz de Euskadi en el mundo, es la voz de los que no se han quedado mudos por la violencia sabia y regularmente administrada por el brazo fundamentalista del nacionalismo.

   Y, por si alguien dudaba, tras los acontecimientos de los últimos tiempos, antes de que el Lehendakari pronunciara su discurso sobre proyectos o intenciones, sale don Xabier como sumo pontífice al púlpito y sentencia que: España es un país mediocre, pobre y mendicante.
   La autodeterminación está afincada y aprobada por la mayoría del Parlamento Vasco.

   ¿Conciliador el jefe supremo! Aviso a la tripulación sobre rumbo y estado de la mar. Y el que no quiera ser libre, se le obligará a serlo...
   Peor no podía empezar el nuevo curso político; además las opiniones del presidente del PNV, a las que tiene todo el derecho del mundo civilizado y democrático, recuerdan las frases y opiniones del fundador de su Partido, el inconmensurable iluminado Don Sabino. ¿Y qué pasa si no nos da la gana de autodeterminarnos a la manera del Partido Nacionalista Vasco?

   ¿Qué pasa si decidimos autodeterminarnos pidiendo la salida de Álava del país de los vasquitos y nesquitas que quieren cantar desde Santurce a Bilbao por todo el mundo?

   Les falta el coraje para hacer una consulta popular en Álava, como hicieron en Treviño, sobre la autodeterminación, para ver lo que dicen las voces alavesas

   Pero, mucho me temo que tal consulta no se puede hacer mientras el pueblo no esté más convencido y maduro, lo que se logrará cuando los disidentes hayan desaparecido o sólo sean una pequeña y necesaria minoría; pues tampoco resulta estético lograr la unanimidad.
   Mucho me temo que a partir de ahora, al que no quiere caldo, le van a dar siete tazas, o algo peor...

   Nos espera una nueva vuelta de tuerca hacia la Nación-Estado de los vascos nacionalistas; y todo ello, con el aditamento útil de la violencia etarra que ahora la ha tomado con los familiares de los políticos escoltados, la Policía vasca y los concejales de UPN.

   Al más puro estilo siciliano, y sin que en el acuerdo entre Partido Nacionalista Vasco y Eusko Alkartasuna se haga compromiso de terminar con los culpables de la violencia, el miedo y la falta de libertad.

   Está claro que los gritos de júbilo independentista de la noche de las elecciones vascas, no fue sólo fruto del alcohol.

El reto de la oposición
Benjamín García, La Razón 18 Julio 2001

profesor de Sociología de la Universidad

Nunca una oposición va a poder jugar un papel tan importante como el que se les presenta al PP y al PSEE en estos momentos en el País Vasco. Por parte del PNV, y casi de todas las fuerzas políticas, ha habido un compromiso ante el electorado para luchar y tratar de conseguir una convivencia pacífica y un marco de libertad; este compromiso debería ser, en buena lógica, el objetivo básico de la legislatura del partido gobernante y, por supuesto, de la oposición. El partido gobernante ha manifestado buenas intenciones para abordar este compromiso, aunque me temo que se va a encontrar con grandes dificultades para ello.

   El señor Ibarreche llevó a cabo consultas con todas las fuerzas políticas y demostró estar interesado en asumir el compromiso de la paz; pero pronto empezaron a aparecer las bravuconadas del señor Arzallus y las salidas de tono, convocando a mesas irlandesas, o comparando las movidas en favor de las víctimas con la presión en favor de los presos. No se cierra tampoco la boca cuando hay que enjuiciar un asesinato, cuya calificación depende en buena parte, de cuáles han sido los antecedentes del asesinado, si a favor o en contra de sus postulados independentistas.

   Como en la legislatura pasada se encargará de dar ambigüedad a sus mensajes estando a favor de las víctimas y de los verdugos; de los que quieren traer la paz, y de los que legitiman la violencia, si esto conviene a sus intereses. Dejando de lado a Javier Arzallus que, como en legislaturas anteriores, intentará ser el auténtico presidente en la sombra, es conveniente hacer planteamientos llamando a la responsabilidad a las diferentes fuerzas políticas: gobernantes y oposición. El gobierno tiene sus compromisos electorales y ojalá los cumpla con meridiana responsabilidad, pero me parece que para ello va a necesitar de la oposición. De momento Juan José Ibarreche ha dado muestras de querer avanzar por el camino de la convivencia y de la libertad, y para ello ha dado pasos importantes al dialogar con todas las fuerzas políticas, y manifestando una voluntad, yo entiendo sincera, de llegar a acuerdos para combatir a un enemigo común: Eta. Pero me atrevo a pensar que esta buena voluntad tiene todos los visos de ser ineficaz, si no encuentra enfrente una oposición sincera y responsable que le recuerde de forma continua sus compromisos electorales y su abdicación de la violencia. El PNV, sin duda alguna, quiere la paz, pero no a costa de renunciar a sus postulados, y esto le va a llevar a no desmarcarse del todo de Eta y del entorno de los violentos. Cuando haya por medio algún atentado lo condenará enérgicamente, pero inmediatamente después lanzará a la opinión pública la afirmación de que se trata de un problema político y que su solución última depende del diálogo. Y es aquí, precisamente, en donde tiene que estar y aparecer la oposición para deslindar claramente estos dos campos; el campo de las libertades y de la convivencia ciudadana, y el campo de la independencia. Si un día se plantea este tema esto tendrá que hacerse sin chantajes y sin violencia y, por supuesto, a esto no está dispuesta Eta. El PNV sería totalmente desleal con su electorado, si se apoya en Eta para conseguir sus fines. Si el pueblo vasco hubiese optado por la coalición PNV y EH lo hubiese demostrado en las urnas, pero más bien ha dicho todo lo contrario.

   El trabajo de la oposición es evitar este escoramiento y hacer que el PNV centre sus tareas de gobierno en garantizar la paz y la convivencia. Ya llegará el momento en que tanto PP como PSEE planteen sus propias estrategias políticas y definan sus programas electorales; pero en este momento está en juego algo más importante y sustancial, el derecho a la vida y la garantía de la libertad, y esto es algo que trascienda las propias ideas de cada partido.

   Sería un suicidio histórico y una falta total de responsabilidad si los partidos democráticos que están en la oposición, me refiero en concreto al PP y PSEE, anteponen sus intereses de partido al bien general de la sociedad. Esta, que ha sido una idea que ha guiado desde el principio al fin la campaña electoral, no puede quedar en agua de borrajas por el canto de sirena del lendakari, que lo único que conseguiría sería desestabilizar a la oposición. Otra cosa diferente es que Juan José Ibarreche llamase a todas las fuerzas políticas para hacer un gran pacto de Estado contra la violencia de Eta, pero me temo que esta propuesta no se va a realizar. Hasta tanto, lo más sensato y razonable es que el PNV se apreste a gobernar y la oposición no baje la guardia en defensa de la convivencia y de la libertad. Es su gran oportunidad para hacer la política que, de otro modo, la hubiese gustado hacer desde el gobierno, si hubiese ganado las elecciones.

¿Quién se acuerda ya del 13 de Mayo?
Lorenzo Contreras La Estrella 18 Julio 2001

Nadie podrá decir con algún grado de convicción que las cosas empiezan a cambiar en el País Vasco tras las elecciones autonómicas. Efectivamente, ETA ha procurado hacer saber que para ella todo sigue igual e incluso peor desde el punto de vista de los planteamientos políticos. Nada se diga de los planteamientos políticos. Nada se diga de los planteamientos "estratégicos", concretados una vez más, y de qué manera tan elocuente, en el uso de las armas. Ahí están los últimos asesinatos de Navarra y Guipúzcoa, significativamente distribuidos entre el clásico concejal del PP (en este caso bajo la denominación UPN) y el menos habitual, más bien excepcional, miembro de la Etzaintza. Un doble mensaje que los respectivos jefe de fila de los partidos afectados, por un lado Aznar y por otro Arzallus, dan por recibidos como sendos desafíos. El presidente del Gobierno, en efecto, ha aprovechado la ocasión –triste ocasión– para reiterar sus viejos puntos de vista sobre la necesidad de que los nacionalistas rompan todo tipo de relaciones, incluso municipales, con los abertzales de EH o Batasuna, lo cual implica una prioridad política esencial si verdaderamente se quiere dar audiencia en Madrid a los postulantes de la autodeterminación vasca. Y el presidente del PNV se niega a admitir que el problema de ETA implique en modo alguno esa prioridad, de tal manera que, para su concepción personal de la situación, la violencia y el debate del autogobierno nacionalista no pueden estar intercondicionados.

Esto quiere decir que se concede a Ibarreche, desde los planos superiores de la política, muy poco margen para introducir cambios en sus proyectos de Gobierno. Algo que ya se presentía y que el tiempo probablemente irá confirmando. Mucha importancia se ha concedido, de entrada, al hecho de que Javier Balza siga siendo consejero de Interior. Una importancia tal vez excesiva, porque la línea de la política represiva contra ETA no depende de Balza, mero receptor de órdenes y consignas, sino de la cúpula del PNV. Y ya se sabe quién está en esa cúpula.

La traducción de estas probabilidades al sentido común es que las elecciones del 13 de mayo no han servido para nada que merezca el nombre de esencial. Se ha confirmado un poder nacionalista con sus clásicas hipotecas, por más que Arzallus diga que la banda terrorista se halla en trance de perder el último tren a la hora de acabar sus actividades "civilizadamente". Los salvajes no pueden terminar nada en sentido civilizado. Y la expresión utilizada por el máximo dirigente nacionalista es una concesión semántica que no promete nada bueno. La metáfora de la pérdida del tren es, por otra parte, un recurso retórico banal, porque ETA ha optado sencillamente desde siempre por perder el tren de la civilización en beneficio de su tren habitual, el que no pierde, el de las bombas y los tiros. Y ahí concluye el asunto.

La confirmación de que el statu quo no varía introduce en la opinión pública general, y en la vasca en particular, una sensación de absoluto desencanto y desesperanza. Salvo que Ibarreche, con la autorización de Arzallus, salga por inesperados registros de firmeza, la conclusión a la que cabe llegar es que ETA no perdió las elecciones pese al descalabro de su brazo político. Y lo que se perfila, en un marco de miedos, es un avance gradual, pero inexorable, hacia el choque de comunidades, la no nacionalista acorralada y la de inspiración abertzale residual, si se quiere, pero privilegiada en el plano de los comportamientos y las tolerancias. Cuidado con desdeñar este riesgo de enfrentamientos fiscales. Ahí está la Iglesia vasca diciendo ahora lo que nunca dijo con tanta claridad, exhortando a superar el miedo y el silencio (monseñor Fernando Sebastián) y pidiendo a la Ertzaintza nada menos que "valentía" (monseñor Uriarte). No parece sino que el episcopado vasco intenta curarse en salud antes de que se produzca la definitiva erupción del volcán y le pille moralmente desautorizado.

El destino de Madrazo
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 18 Julio 2001

La degradación de Madrazo y su partido no pueden sorprender ya a nadie. Ni es novedad la miseria personal del dirigente, ni lo son las contradicciones ideológicas y políticas de la Izquierda Unida vasca. Son la coronación de una carrera y de una línea. El avance de lo que será, sin duda alguna, el final patético de Madrazo y de Izquierda Unida, dentro y fuera del País Vasco.

El penúltimo acto de la tragicomedia representada por los comunistas vascos fue la firma del pacto de Estella: a la independencia por el asesinato. Tal compromiso no llegó a avergonzar, ante sus propios militantes, a Anguita, a Frutos, a Alcaraz, a Romero y a Llamazares. Todos ellos fueron tragando sapos sin condenar a Ezquer Batúa, cuando no justificándola en nombre del principio de autodeterminación. Si consideramos ambigua a la dirección del PNV ¿cómo deberíamos calificar a un partido que tiene una organización que pacta con los asesinos? Es un fin de partida patético éste de los últimos restos del comunismo español. Porque el estalinismo parece aberración más propia del poder que de una oposición casi marginal.

Todos recordamos cómo tuvo que salir de tapadillo Madrazo de aquella situación del retorno de los atentados, posterior a la tregua/trampa. Pero si no despegaba el Padre Arzalluz ¿por qué tendría que hacerlo un cristiano de base como Madrazo? ¿Qué director espiritual de Deusto podría reprochárselo? Si acaso podría animarle a seguir dando testimonio...

Tampoco debería escandalizar la adhesión de los restos del viejo PCE a la estrategia nacionalista. Lo he dicho muchas veces: era la traducción en el País Vasco de una línea asumida desde los sesenta que había hecho la exaltación de los nacionalismo periféricos, definitivamente etnicistas y discriminadores, como sustitución de la ideología obrera. En realidad el partido comunista de España ha sido un adelantado en su reivindicación del vanguardismo nacionalista y racial. Hemos podido asistir a esta curiosísima metamorfosis en los países del este europeo. En el País Vasco ETA y Batasuna son el engendro de un matrimonio de nacionalistas democristianos y estalinistas. De ahí esa versión medio nazi medio leninista que tanto intranquiliza a quienes reivindican la pureza de cada una de las dos concepciones. No les espanta, sin embargo, a los padres del engendro. Juegan, eso sí, a una cierta moderación por lo que se refiere a la aplicación del Terror. Los dos partidos -el PNV y EB-, todavía deudores de los principios clásicos, se ven obligados a condenar retóricamente los métodos terroristas al tiempo que cubren con sus pactos a sus autores.

Pero presumo que cualquier asimilación que pueda hacer yo o cualquiera entre Ezquer Batúa y el PNV es para los comunistas un elogio. Miserables, besan las punteras de los zapatos del partido hegemónico, al que en otros tiempos calificaron de cavernícola, vaticanista, feudal, oligárquico y aliado del imperialismo castellano... En su parvedad, la inteligencia de Madrazo ha consistido en adelantarse a hacer el pacto con el PNV y EA que podrían hacer los socialistas. Ha hecho lo que les gustaría hacer a los Odón Elorza. Desaparecida la margen izquierda, nadie podrá ganar a Madrazo en oportunismo. Muerto Marx, viva Arana. Ha practicado la OPA del débil y del indigno que es abrazarse a las botas del señor. Así, por otra parte, no correrá peligro alguno, no necesitará escoltas. Ha reconvertido un partido de obreros en euskaldunes respetables. Ha rechazado una consejería porque le parecía poca cosa para su cinco por ciento. Pobre Madrazo: no se da cuenta de que el PNV le echará a patadas si un día consigue volver a pactar con los socialistas. Entonces le abrirá los brazos Batasuna.

Se lo están pasando «Chupi»
Carlos DÁVILA ABC 18 Julio 2001

A Olarra, Ainhoa Múgica y al terrible «Mobutu», las durísimas, y cómicas, advertencias de Arzalluz a ETA les deben haber parecido un chiste de los mejores del fallecido Gila. El trío que dirige la banda, y los estrategas (¡qué sorpresas habrá el día en que se conozcan sus nombres!) que planifican las campañas, no están por la labor de regresar a la tregua, como recomienda el antiguo conmilitón y viejo banderillero Idígoras, ni por hacer caso, naturalmente, a las fenomenales palabras del arzobispo pamplonés Fernando Sebastián. Está por aplaudir hasta con las orejas al canalla del párroco de Ermua, o al vecino que, en la noche del pasado viernes, informó a los pistoleros que José Javier Múgica había regresado a las diez y media a Leiza (por cierto, ¿saben que en Leiza ganó UPN en las generales?). El concejal de UPN, Caballero, sabe quién ha sido el infame soplón que coadyuvó tan mortalmente en el asesinato de Múgica. Y quizá también lo sepa el presidente de Navarra, Miguel Sanz, que estos días ha dado un ejemplo supremo de dignidad humana, ejemplo que es el anvés de la miserable actuación de los representantes de Batasuna, y de Patxi Zabaleta, ese ser emboscado y cobarde, vecino de Leiza como los enormes Múgica, que se ha manchado los pantalones de la peor manera en el momento de hablar de la villana ejecución de su convecino.

Algunos de los infraescritos concuerdan con la estrategia de ETA de forzar el nacionalismo veterano, a los «abuelos» como les llaman algunos presos, a volver a Estella. Estamos pendientes de que el lendakari bravucón, que ahora nos ha salido para solaz de quienes aún creen en el PNV moderado, pronuncie las solas palabras que nos harían pensar a todos los demás, que él, presidente de un Gobierno tan autónomo como suficiente, se va a dedicar a derrotar a ETA, única tarea que le haría pasar a la Historia con prestigio y agradecimiento. Esta ETA que, según los malos augures, quiere marcharse de playa durante todo el verano, estará tranquila mientras los tolosanos, por ejemplo, contemplen, impávidos, la manifestación del lunes, o mientras ningún habitante de Leaburu tenga agallas para presentarse a clamar contra la última fechoría de alguno de sus paisanos censados en el pueblo. Eso sin hablar de la citada canallada del miserable cura de Ermua o de la cobertura que le ha dado el silencio de los obispos vascos. Olarra, Ainhoa Múgica y «Mobutu» están a estas horas desternillados. Se lo están pasando chupi.

El diálogo con ETA
JAVIER PRADERA El País 18 Julio 2001

El acuerdo programático del Gobierno de coalición formado por PNV y EA propugna la apertura de 'un proceso de distensión y diálogo' orientado a solucionar 'el problema de la violencia'; durante el discurso pronunciado hace una semana ante el Parlamento de Vitoria en la sesión de su investidura, Juan José Ibarretxe invitó también al diálogo sin exclusiones a los partidos representados en la Cámara vasca, incluído el brazo político de ETA. La brutal respuesta de la organización terrorista al llamamiento del recién elegido lehendakari no se hizo esperar: el mismo día en que Ibarretxe juraba su cargo, José Javier Múgica, concejal de Unión del Pueblo Navarro (UPN) en Leitza, era víctima mortal de un atentado y el ertzaina Mikel Uribe caía acribillado en una emboscada.

A nadie le podía coger de sorpresa esa sangrienta devolución de tarjeta: los dos portavoces de ETA que se confesaron el pasado 7 de junio al diario Gara -órgano oficioso del nacionalismo radical tras el cierre de Egin- expusieron de manera diáfana sus ideas en torno al diálogo. Los terroristas entrevistados escupieron sobre las tumbas de Juan María Jáuregui y Ernest Lluch -dos socialistas asesinados por ETA pese a sus esfuerzos para buscar una 'salida dialogada'- con hirientes menciones a su memoria. También recibieron su correspondiente rociada de injurias los dirigentes de la organización pacifista Elkarri, promotores de una Conferencia de Paz apadrinada por el Gobierno de Vitoria: 'Parece un montaje. Eso sí, primero han comenzado a recaudar dinero. ¿Para qué? ¿Para seguir haciendo fraude durante otros diez años? La paz es algo demasiado serio para dejarlo en manos de Elkarri'. Finalmente, los portavoces de ETA avisaron ominosamente a los concejales de UPN que ingresarían en el corredor de la muerte -donde ya guardan turno los cargos representativos del PP y del PSOE en el País Vasco- a menos que exigieran al Gobierno el acercamiento a Navarra de los presos condenados por delitos terroristas y mostraran 'una actitud clara y pública' en favor de las tesis del Pacto de Estella.

De las declaraciones publicadas en Gara se desprende que el único diálogo posible con ETA tendría que versar obligadamente sobre una reedición al alza ('habrá que hacer un nuevo intento más firme, más elaborado, más honesto y más maduro') de sus acuerdos con PNV y EA, firmados en secreto durante el verano de 1998, y del Pacto de Estella, suscrito públicamente un mes después por todas las fuerzas nacionalistas: la ruptura con el Estatuto de Gernika, el abandono de las instituciones autonómicas, la creación de un censo electoral reservado a los nacionalistas y la marginación de los vascos constitucionalistas abrirían la marcha hacia una Euskal Herría independiente.

¿Qué sentido tiene, así pues, repetir como un sonsonete mágico la palabra diálogo si sus potenciales destinatarios no sólo rechazan la invitación sino que además asesinan a sus promotores (como ocurrió con Jáuregui y Lluch) o los insultan (caso de los dirigentes de Elkarri)? Ni siquiera se trata de una cláusula de estilo inofensiva; en su monografía Patriotas de la muerte (Taurus, 2001), Fernando Reinares subraya la previsible utilización de esos llamamientos como combustible para la hoguera de la violencia: el nacionalismo radical siempre ha interpretado tales propuestas como un síntoma de la debilidad de sus adversarios y como la confirmación de que la estrategia de terror es altamente rentable. Los actuales jelkides del PNV dicen compartir con los dirigentes de ETA los fines independentistas e irredentistas de la Gran Euskal Herria, aunque discrepen en los medios y condenen los asesinatos perpetrados por sus hermanos separados; tanto los unos como los otros realizan una interpretación histórica gratuitamente fatalista de las instituciones autonómicas, concebidas arbitrariamente como escalón meramente temporal de la ineluctable constitución -por las buenas o por las malas- de un Estado vasco independiente formado por el actual País Vasco, Navarra y los territorios franceses euskaldunes. Conformes sobre los fines, el desacuerdo entre nacionalistas moderados y radicales sobre sus respectivos medios tiene incluso un aliviadero que los hace sincrónicos y complementarios: el PNV nunca condicionó hasta ahora el diálogo con ETA al cese definitivo de la violencia.

'Lehendakari'
FELIPE GONZÁLEZ El País 18 Julio 2001

Felipe González es ex presidente del Gobierno español.

El comienzo de la VII legislatura vasca no puede ser más terrible. ETA mata antes, durante y después del debate. Si es Ibarretxe o si hubiera sido otro. Mata en Madrid, en Navarra, en Guipúzcoa. A un policía nacional, a un concejal, a un policía autónomo. Las explicaciones sobre las acciones criminales de la banda terrorista se debilitan si se las pone en relación con circunstancias tan diversas. Matan o extorsionan o violentan la calle, para aterrorizar, y, mediante el terror, imponer su idea de la identidad. Totalitaria, exclusiva y excluyente.

Mientras esto no se comprenda seguiremos buscando explicaciones que no existen. Pronunciando condenas que cada vez suenan más huecas. El hecho es que matan y que se trata de ellos o nosotros, siendo aquí 'nosotros' todos los que no coinciden con su interpretación asesina de la identidad y todos los que creen en la ciudadanía como fundamento de la convivencia en democracia

La propia denominación del jefe del Gobierno vasco señala identidad diferenciada, lingüística y cultural. Lo único que no está en juego es, precisamente, la identidad. Por eso la negación de la misma, en pro de una homogeneidad impuesta, como ha ocurrido en el pasado, nos lleva al fracaso. Por eso la pretensión ahistórica de confundir identidad con Estado nación, y llevar esta confusión a una construcción política basada en la etnicidad, pone en riesgo la convivencia democrática, cuyo único sustento válido es la ciudadanía.

No hay una sola manera de ser vasco o catalán, como no la hay de ser español o europeo. Nadie puede atribuirse, sin dramáticas consecuencias, la condición de guardián de las esencias identitarias.

En la intervención de Ibarretxe he oído de todo. Defensa de la vida y la libertad; lucha contra la violencia criminal, incluida la callejera; diálogo por la paz en el Parlamento; autogobierno desde el Estatuto, desde su cumplimiento íntegro y su modificación; política social, económica y educativa.

Coincido en algunas cosas, y en otras, menos o nada, pero, lo preocupante es que no se ven las prioridades y una parte de las formulaciones sirven para interpretaciones cargadas de dobles sentidos y de confusión.

Esto ocurre con la no nombrada -pero implícitamente contenida- autodeterminación. Más aún cuando la intervención se produce al día siguiente de la publicación del contenido del Pacto de Gobierno PNV-EA.

Es confuso lo que llaman ámbito de decisión, a veces en el Estatuto, o en la modificación del mismo, otras en su superación 'soberanista', o en la negación de su legitimidad.

Como no participé de la furia cainita desencadenada contra el nacionalismo vasco entre diciembre de 1999, cuando la tregua de ETA amenazaba con redevenir práctica criminal habitual y se acercaban las elecciones generales de 2000 y las autonómicas de mayo pasado.

Como tampoco fui parte del 'entusiasmo' que llevó al señor Aznar, en septiembre de 1988 y ante el anuncio de la tregua de ETA, a llamar Movimiento Nacional de Liberación Vasco a esta banda de asesinos de la peor especie, sin cuestionar el después denostado Acuerdo de Estella.

Como en ambas situaciones mantuve un criterio diferente, puedo seguir haciendo uso de la autonomía personal para decir que cada día me siento menos nacionalista. Esto se puede y se debe entender en su versión periférica o centralista, ya sea nacionalismo de vieja data o posmoderno, oportunista o recuperador de esencias.

De todo lo dicho en el debate, me preocupa que la prioridad de las prioridades, la lucha contra la violencia terrorista que niega el derecho a la vida y la libertad, siga confundida con la divergencia de opiniones sobre autodeterminación, ámbito de decisión o soberanismo. Esta discusión, legítima democráticamente sin la amenaza del terror, se vuelve absurda en el contexto de muerte y violencia que imponen los terroristas. Más absurda cuando divide la unidad necesaria para acabar con ellos.

El viejo Estado nación, como respuesta a los desafíos de la sociedad industrial, está en proceso de cambio. Su estructura se descentraliza hacia fuera, como vemos en la Unión Europea, y hacia dentro, como vemos en los procesos español, alemán, británico, italiano, belga, e incluso francés. También sus funciones clásicas están cambiando, al ritmo de su retirada de la generación directa de riqueza, de producto bruto, aunque aún no se sepa en qué nuevas tareas se empeñará o cuáles de las viejas seguirá preservando.

Ambas cosas tienen su lógica ante la insuficiencia del Estado nación para enfrentar los desafíos de la revolución informacional que lo desbordan, o para representar los intereses ciudadanos insertos en ámbitos de democracia más local, más próxima. Cada vez más el poder del Estado nación se proyecta a la coordinación hacia fuera y hacia dentro de las competencias que va cediendo. Cada vez más representa la diversidad, no sólo de opiniones, sino de creencias, de culturas, que conviven bajo la condición de ciudadanía.

Por eso, el mayor error que podemos cometer es la vinculación entre identidad y Estado nación, explicable en el siglo XIX, que frustró las expectativas vascas y catalanas ante el desastroso comportamiento de los dirigentes políticos del Estado español. Pero es innecesario e inadecuado en los comienzos del siglo XXI, de la nueva civilización informacional, que está exigiendo espacios regionales supranacionales para enfrentarla con éxito, compatibles con afirmaciones de ámbitos locales o regionales internos más próximos a los ciudadanos y a las pautas culturales de sus comunidades de origen.

Podemos reflexionar juntos sobre identidad y Estado nación, o etnicidad y Estado nación. Si la reflexión es honesta, veremos la inexistencia de una relación de coherencia sostenible en una democracia de ciudadanos. Podemos concluir que la etnicidad, no sólo racial, sino cultural o religiosa, entendida como identidad excluyente, imposibilita la convivencia democrática, tratando de establecer supuestos derechos colectivos ligados a conceptos manipulados de pueblo o nación, que terminan excluyendo al 'otro'.

Podemos hablar en serio de la autodeterminación. En su nivel interno, como la ejercimos los españoles en la aprobación de la Constitución, o los vascos, catalanes, gallegos, etcétera, en la aprobación de la Carta Magna y en la subsiguiente de los estatutos. O en su nivel externo, tal como la definen los pactos internacionales que nos obligan, convenida para dar cauce a los procesos de descolonización del siglo XX. Autodeterminación como secesión de las potencias coloniales.

Podemos hablar de todo ello, pero sin confundirlo con la violencia criminal, el asesinato, la extorsión o la kale borroka. Es decir, democráticamente, desde el juego de las mayorías y minorías que respetan la legalidad vigente, nacional e internacionalmente, en sus contenidos y en sus formas para cambiarla.

Pero antes de discutir qué entendemos cada uno por autodeterminación, ámbito de decisión, articulación territorial, participación en la construcción europea, despejemos la prioridad de las prioridades: garantizar la vida y la libertad acabando con la violencia criminal de ETA.

El debate se convierte en sarcasmo a los ojos de los que sufren la violencia, de los que no se sienten libres por la amenaza y la extorsión, si no está meridianamente clara la prioridad y la voluntad de que opere como tal para todos: poder autonómico y poder central, partidos en el Gobierno o en la oposición. Porque es responsabilidad de todos, desde las autoridades de la comunidad vasca a las autoridades centrales, y no sirve ya escudarse en el otro.

Hablar seriamente de nuestro futuro en común, como nación de naciones integrada en un proyecto europeo, como identidad de identidades con proyección en el mundo hispano, exige estar de acuerdo en la eliminación de la violencia, sin ambigüedad alguna y entre todos.

No hay un problema de lucha armada, sino de banda de asesinos. Por eso no es necesaria una respuesta armada. Si se trata de criminalidad organizada, hay que luchar con los medios policiales y la cooperación de todos para terminar de una vez con la impunidad.

Esto es lo que me gustaría que entendieran los nacionalistas vascos y los que han creído que ganarles es destruirles, empleando argumentos morales contra los discrepantes, pretendiendo que los asesinos se comportarían de otra manera si el lehendakari hubiera sido otro.

Estamos viviendo momentos difíciles y temo que van a empeorar. Para trabajar seriamente, para ganar credibilidad frente al terror, hay que hacer renuncias importantes o todos seremos arrastrados por la vorágine.

Cuando había un Gobierno socialista, la tentación era culparlo por ineficaz. Ahora, con el Gobierno del PP no podemos cometer el mismo error, ni aceptar que busquen a otros culpables, salvo los que lo son: los terroristas. No estamos mejor que hace cinco años, sino peor, y hay que reaccionar frente a la derrota del Estado democrático, que nos afecta a todos.

Ganar es acabar con los violentos, garantizando la convivencia en paz y en libertad. Perder es permitir que ellos acaben con nosotros. Ésa es la mayor inmoralidad política y no valen excusas para nadie que se considere demócrata.

El último tren
Joaquín MARCO La Razón 18 Julio 2001

Xavier Arzalluz ha advertido a Eta que está a punto de perder el último tren. Parece, pues, que la línea férrea funciona todavía y el problema es tan sólo una cuestión de horarios. Tan terrible admonición ¬que sin duda habrá hecho temblar a todos los etarras y sus corifeos¬ muestra a las claras que «esos chicos», aunque acaben con la vida de un jefe de la Policía vasca, pueden alcanzar aún ese último tren y salvar su dignidad. Porque la dignidad o el honor de quienes matan nunca debe ponerse en duda. Como dice el presidente Aznar, Eta es el problema. Pero para un simple observador, alejado territorialmente del conflicto, parece que algo más substancial debe tomarse en consideración. No cabe duda de que la organización infunde miedo a los ciudadanos. Y ese miedo es el objetivo. De modo que, en este sentido, Eta gana y las fuerzas del orden, cuya misión consiste en detener delincuentes y garantizar la paz ciudadana, pierden. Pero posiblemente no haya sido tan sólo el miedo lo que en Leaburu provocó que sus vecinos no acudieran ante las puertas del Ayuntamiento, como ya es ritual, puesto que antes ya habían votado mayoritariamente por EH. En la sociedad vasca se mantiene un núcleo duro que no duda en manifestar su odio hacia cuanto supone español o un PNV más inclinado a la colaboración.

   El problema del odio forma parte también del problema vasco. Y la indecisión de los nacionalistas que siguen sin romper los pactos de gobierno con la formación llamada ahora tan sólo Batasuna debe entenderse como otra parte substancial del problema. No parece fácil acabar con Eta, aunque lo proclamen los ministros de Interior, uno tras otro; porque pasan los años y la cantera se refuerza con nuevos contingentes alimentados con los «políticos» del nacionalismo desde antes de la escuela primaria. Contamos con una Unión Europea que rechaza con palabras, no con hechos; con Francia, que promete, pero observa el problema como ajeno. La solución, por siguiente, no es sencilla y no depende de la mejor o peor coordinación de las fuerzas de orden público (aunque también). Arzallus cree que Eta pierde el último tren, pero los terroristas saben que hay estaciones, vías alternativas con sus guardagujas. Euskadi es un territorio pequeño en el que opera una ley de silencio. Gerardo Caballero, edil de UPN en Leiza «tiene idea» de quien puede haber estado tras la muerte de su compañero José Javier Múgica, asesinado horas antes que Uribe. Sin embargo, asegura que es «mejor estar callado». El miedo es libre. Pero lo que puede saber el edil ¿lo desconoce la Policía? Dijo el ministro y vicepresidente que el Comando Donosti podría estar integrado por unas cien personas. Son suficientes para mantener en jaque al País Vasco durante decenios, gobierne quien gobierne. Hay que echarse a temblar por este inacabable penúltimo tren (jamás el último) que está a punto de salir. Convendría cambiar su horario.

Segundas partes
TONIA ETXARRI El Correo 18 Julio 2001

Ahora que el consejero Balza repite en el mando de la ingrata consejería de Interior, en plena campaña de acoso de ETA contra todos los que no les sigan la corriente (incluida la Ertzaintza que debe velar por la seguridad de los demás) es bueno que se dé cuenta de que, con la recuperación de la unidad democrática, se conseguirá acabar con la violencia. Ibarretxe, que quiere imprimir un nuevo estilo a su viejo gobierno, tendrá que hacer ‘encaje de bolillos’ para compaginar la lucha contra ETA con su plan soberanista.

Con un gabinete diseñado, en su mayoría, por la anterior coyuntura del Pacto de Lizarra, pero con una ETA dispuesta a desestabilizar la democracia institucional, el lehendakari tendrá que influir en su entorno para adaptar ese nuevo estilo anunciado en el que la prioridad por acabar con el terrorismo sea un objetivo indiscutible. A parte de Imaz, ¿creen, todos y cada uno de los consejeros, que hay que combatir a ETA por encima de todas las cosas o se conformarían con otra tregua? ¿Creen, todos y cada uno de ellos, que la mitad del Parlamento que no les ha votado forman parte del paisaje, «pero no son de los nuestros» o, como ha dicho Knörr, hay que anteponer el respeto a los Derechos Humanos a cualquier proceso de diálogo? Quizás, antes de insistir en el respeto a la voluntad de la mayoría de los vascos, a Ibarretxe le iría bien hacer este pequeño referéndum, en su entorno, con estas cuestiones previas que, no por elementales, dejan de tener su importancia.

Habrá que arriesgarse. Optar por la prioridad de acabar con ETA supone, desde luego, un riesgo. Pero requiere también un cambio de actitud. Que paren de acusarse unos a otros de utilizar a los muertos. ¿A alguien se le ocurre que Arzalluz esté utilizando al ertzaina asesinado por considerarlo «uno de los nuestros»? Duele, desde luego, que sólo le embargue ese sentimiento cuando nota la muerte más cercana (y en eso sí que el PSE y el PP le podrían dar lecciones de generosidad: Jáuregui dijo que todos se sentían Goyo Ordóñez y Mayor declaró que todos se sentían Fernando Múgica). Pero, de ahí a hablar de utilización, sería una barbaridad.

También habría que tener coraje para abandonar el lenguaje alambicado y tramposo. La consejería de Interior, en su esquela, vuelve a decir que Mikel Uribe falleció. Así, sin más. Y como todo el mundo sabe que el ertzaina no murió de muerte natural, no estaría mal evitar la confusión de convertir los atentados en paros cardíacos. Sobre todo para que, en la posteridad, la historia, al menos, haga justicia con el recuerdo de quienes fueron víctimas del terrorismo.

Los foralistas navarros temen por su integridad
Sienten preocupación, rabia y tristeza, pero no por ello piensan dejar sus cargos
ANA BELASKO El Mundo 18 Julio 2001

PAMPLONA.- Como no podía ser de otra manera, el ambiente que se respira entre la afiliación y los cargos electos de UPN tras el asesinato del concejal de Leitza José Javier Múgica es de preocupación, tristeza, rabia y, al decir de muchos, de serenidad. Todos los regionalistas han recordado estos días la muerte a manos de ETA, hace tres años, del edil pamplonés Tomás Caballero. Saben que el atentado contra Múgica no ha sido el primero y, para intentar que sea el último, lo único que tienen claro es que sus temores deben convertirlos en precaución, en autoprotección. Ni entonces ni ahora han pensado en dejar sus puestos.

Así lo manifiestan tres cargos públicos de UPN. Una parlamentaria foral, un concejal en Pamplona y un alcalde de la Ribera navarra que, si bien hablan con firmeza, prefieren que sus nombres no sean publicados.

Según el concejal de Pamplona, estos días pasados han sido «de tristeza y cercanía entre los afiliados de un partido que, aunque fuerte en Navarra, es también una formación familiar en la que todos nos conocemos». Para la parlamentaria foral, hay ocasiones en que «la preocupación va en el sueldo», pero también ha detectado entre sus compañeros «serenidad».

«Sentimos preocupación por nuestra integridad física, pero también por nuestras familias, por nuestros padres y esposos y, sobre todo por los hijos pequeños». Es un asunto duro en el que ha reflexionado y, también, del que ha hablado con otras militantes de UPN. «He llegado a pensar que si me pasa algo, mi marido ya se arreglará, pero veo a mi niño pequeño y se me pone la carne de gallina».

Antes que la preocupación, en los primeros momentos, todos sintieron tristeza al ver caer a un compañero al que conocían y habían tratado, y también cierta rabia. «Han matado a un concejal, a un hombre sencillo, y eso lo palpas entre tus compañeros de Corporación», indica el alcalde regionalista.

Pasados los primeros momentos tras el asesinato de José Javier Múgica, cada cargo de UPN sabe que ha de enfrentarse a sus propios temores, sean estos grandes o pequeños, y a la mirada inquieta de quienes más les quieren. «Mi familia vive el tema con preocupación, pero también compartiendo todo conmigo, como ya hiciera hace tres años cuando asesinaron a mi compañero de Ayuntamiento, Tomás Caballero. Lo que nosotros tenemos que hacer es ser cautos», señala el edil pamplonés.

La parlamentaria foral reconoce que «mi familia no lo lleva bien. Cada nuevo atentado supone una doble angustia, conocer el hecho y contarlo a los míos». En repetidas ocasiones le han preguntado qué necesidad tiene de estar en política y su respuesta es siempre la misma. «Me gusta y me enriquece, aunque a veces también me asquea». Con todo, dice que «nunca me han llegado a pedir que lo deje». Sin embargo, ninguna de estas personas ha pensado en dejar sus cargos por este motivo.  

Zapatero: «Siempre defenderé la unidad de España»
Alberto Rubio / L. R. N. - Madrid.- La Razón 18 Julio 2001

El secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, pidió ayer al PNV que abandone la «dirección» de la autodeterminación, recordándole que, con toda seguridad, el PP y el PSOE abandonarían cualquier planteamiento que pudiera coincidir con los que mataran y quitaran la libertad a los nacionalistas.

    Zapatero aseguró que siempre defenderá la unidad de España, para lo que haría valer sus votos en el parlamento junto a los del PP, ya que «la unidad es progreso y civilización». El líder socialista cree que es «legítimo» que el Gobierno vasco tenga cualquier tipo de apuesta política, pero dentro de unos «límites claros que marcan las reglas del juego democrático recogidas en la Constitución y el Estatuto».

    Así, explicó que si el PNV quiere desarrolllar más el Estatuto eso exige que lo voten las Cortes Generales y la Cámara Vasca, anunciando que el PSOE, en ese caso, votaría por una opción «razonable en la ampliación del autogobierno». Sin embargo, se mostró claro en su posición sobre ideas que vayan «más allá» y que conduzcan a la «secesión». «El límite está en la Constitución que recoge la unidad de España. Si hubiera una propuesta de reforma en sentido contrario a ella, eso no tendría ni la más mínima posibilidad porque PP y PSOE tienen la mayoría más que evidente en el Parlamento de la nación», advirtió. Zapatero mostró su preocupación por la «desaparición» del Estado y de los partidos que defienden la Constitución en muchos municipios.

    Así, y tras precisar, a modo de ejemplo, que hay que intentar que en muchos municipios de Navarra y País Vasco no ondee sólo la «ikurriña», alertó de que, de igual manera, hay que trabajar para que el Estado no desaparezca territorialmente de algunos municipios. «Hay territorios donde ya no hay presencia de partidos que defienden la Constitución y que no hay presencia del Estado (no hay Correos, ni guardia civil, ni muchos terminales que definen esa representación...)», explicó el dirigente del PSOE, quien cree que este hecho, junto a lo que calificó como «locura de terror en la que se vive», va a plantear «serios problemas al PP y y el PSOE» para conformar sus listas en las elecciones municipales y europeas.

    «Este va a ser un problema de Estado que habrá que buscarle una respuesta con tiempo, que no puede ser la rendición o entrega progresiva al terror de auténticos espacios territoriales de representación política», apostilló. Zapatero, aseguró también que apuesta por una estructura de Estado basada en un federalismo que busque la cooperación entre Comunidades Autónomas y entre éstas y el Gobierno, pero no que dé más poder, competencias o gasto público a Autonomías por el «hecho diferencial».

    Así, aclaró que «nunca ha hablado de federalismo asimétrico», reiterando que ni siquiera Pascual Maragall usa este término sino «nuevo federalismo». Explicó su concepción de este federalismo, dejando claro el ejemplo de Alemania «como país federal, pero de una pieza». Así, comentó que en España hay un Estado de las Autonomías «inestable e imperfecto en su funcionamiento».

    «Ante ello el PSOE dice que faltan dos elementos fundamentales para que funcione. El primero es que tengamos un Senado de representación territorial en el que el Gobierno y las CC.AA. dialoguen y se pongan de acuerdo», explicó el líder socialista, quien expresó que el segundo elemento es que haya un principio de «cooperación» entre el Gobierno central y las CC.AA. «El Gobierno una vez al año debe reunir a los presidentes de las 17 Autonomías porque eso es federalismo».

    En cuanto a la marcha del partido, negó la existencia de controversias entre dirección y diversos sectores, precisando que el partido «está muy tranquilo» porque, en su opinión, es «normal y sano» que haya debates en el seno del PSOE en torno a las propuestas de los nuevos dirigentes. El presidente del PP en el parlamento vasco, Jaime Mayor Oreja, se mostró ayer preocupado por las próximas elecciones municipales del País Vasco, en las que tanto PP como PSOE pueden tener problemas para completar listas. Además calificó de «preocupadas» y «acertadas» las declaraciones de Zapatero. «Un poquito de Inteligencia»

    Horas después, el presidente del Gobierno, José María Aznar, subrayó que lo que realmente hace falta es «un poquito de inteligencia y voluntad» para resolver el verdadero problema, «que es el del terrorismo». Aznar respondió así a las declaraciones del lendakari, Juan José Ibarreche, apenas unas horas después de que éste asegurase en Radio Euskadi que «con Eta tenemos un problema ético y moral, pero el problema político, de definición de proyectos políticos, no lo tenemos con Eta, lo tenemos Aznar y yo».

    Aznar reiteró su disposición a «un diálogo abierto y sincero» con los nacionalistas y dijo que no será él quien se declare «un problema para nadie». El jefe del Gobierno añadió que Ibarreche «se equivoca» si insiste en rechazar su oferta de diálogo e identificarse como «el problema» porque «no es bueno para ningún dirigente político considerarse a sí mismo como un problema». Respecto al empeño de Ibarreche en seguir reclamando, en este momento, el reconocimiento del derecho a la autodeterminación, Aznar dijo que es contrario a cualquier principio «ético y democrático» seguir adelante con un proyecto político que coincide con los objetivos de la banda terrorista.

    Aznar dijo en varias ocasiones que no estaba pidiendo «a nadie» -léase Ibarreche- que abandone sus ideas, sino que simplemente reclamaba coherencia con las prioridades que se marcó el propio lendakari. Aznar recordó por enésima vez que, durante su campaña electoral, Ibarreche transmitió dos mensajes básicos: que las víctimas del terrorismo estarían por encima de todo y que no habría ninguna colaboración con quienes apoyan a Eta.

    El presidente del Gobierno afirmó que no considera «aceptable» que se insista en otra cosa que no sea luchar con todos los medios necesarios contra el terrorismo, sobre todo cuando existe «una ofensiva terrorista grave». Aznar pidió al PNV «coherencia» para que «actúe en consecuencia» y no apoye a Batasuna en los ayuntamientos en los que gobierna la formación proetarra y tampoco acepte su respaldo en aquellos donde el alcalde sea de su partido. Aznar señaló que los integrantes de Batasuna tienen una gran responsabilidad en tareas de información para facilitar a Eta la comisión de sus crímenes.

García de la Concha reivindica la lengua como patrimonio  frente a la "cultura de corral"
La Estrella 18 Julio 2001

Santander. (Efe).- El director de la Real Academia de la Lengua (RAE), Víctor García de la Concha, destacó ayer la necesidad de no pensar sólo en la cultura con un concepto de "cultura de corral", y de "alzar la vista, saltar las tapias del corral y ser conscientes de una vez de que nuestra gran riqueza es el patrimonio común de la lengua".

"Nosotros somos parte de un todo hispánico y, por tanto, considero mío a Octavio Paz y a Gabriel García Márquez, a Vargas Llosa y a Delibes", dijo el director de la Real Academia, quien esta semana imparte un curso magistral en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) sobre 'La generación del 27 y el arte nuevo'.

Subrayó la importancia de tener conciencia de que los hispanohablantes forman parte de una cultura, que tendrá rasgos específicos de realización en México, Colombia, Río de la Plata, Centroamérica, Cataluña. Galicia, Andalucía, País Vasco o en Extremadura pero, en definitiva, "la lengua en la que se construye es una lengua muy trabada y la que va haciendo unidad", agregó. García de la Concha explicó, en conferencia de prensa, que la gran tarea que realiza la Real Academia Española es precisamente avivar esa conciencia de pertenecer a una misma cultura.

Señaló que la nueva edición del Diccionario de la RAE que se presentará el próximo mes de octubre triplica el número de los americanismos registrados hasta entonces "porque queremos que sea cada vez más panhispánico". Además, apuntó que se está haciendo un Diccionario Panhispánico de Dudas, donde se registren todas las dudas que se plantean a los hispanohablantes y dar una respuesta consensuada con todos ellos. 

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