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Recortes de Prensa     Jueves 26 Julio   2001
#ETA SOLO OFRECE A LOS JOVENES LA SENDA DE LA YIHAD
Editorial El Mundo 26 Julio 2001

#Lo que dice Ibarretxe
Editorial ABC 26 Julio 2001

#El arte del repliegue
Jaime González ABC 26 Julio 2001

#La lengua del Paraíso
Jaime CAMPMANY ABC 26 Julio 2001

#Aznar, Ibarreche, el todo y las partes
José A. SENTÍS La Razón 26 Julio 2001

#La «kale borroka» se agrava
Lorenzo CONTRERAS La Razón 26 Julio 2001

#No perdáis toda esperanza
Antonio GARCÍA TREVIJANO La Razón 26 Julio 2001

#Determinación
Tomás CUESTA La Razón 26 Julio 2001

#La nueva Eta
Enrique de Diego Libertad Digital 26 Julio 2001

#Las divisiones de Ibarreche
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 26 Julio 2001

#La dimensión nacional
Enrique de Diego Libertad Digital 26 Julio 2001

#Sobre las víctimas y sus voces
RAFAEL AGUIRRE  El Correo 26 Julio 2001

#Posible ofensiva secesionista del nacionalismo vasco
ANDRÉS DE BLAS GUERRERO El País 26 Julio 2001

#En los alrededores de una sentencia
Julián LAGO La Razón 26 Julio 2001

#¿Manga ancha con los etarras?
L. R. N. - Madrid.- La Razón 26 Julio 2001

#Lanzan once cócteles molotov contra el cuartel de la Guardia Civil de Ondarroa
BILBAO. Agencias ABC 26 Julio 2001

#Desactivado un coche-bomba en el aeropuerto de Málaga con unos 50 kilos de explosivos
MÁLAGA. Agencias ABC 26 Julio 2001

#Oleada de violencia callejera en el País Vasco tras la muerte de la etarra
BILBAO. M. Alonso ABC 26 Julio 2001

#Vázquez acusa al nacionalista Beiras de incitar a la violencia con su discurso
EFE Libertad Digital 26 Julio 2001


ETA SOLO OFRECE A LOS JOVENES LA SENDA DE LA YIHAD
Editorial El Mundo
26 Julio 2001

L
a muerte de un ser humano siempre produce pesar pero, en el caso de la etarra Olaia Castresana, que falleció anteayer cuando le estallaron los 10 kilos de dinamita que manipulaba, es inevitable sentir alivio al saber que no podrá llevar a cabo los siniestros planes que tenía encomendados. Según el ministro del Interior, Mariano Rajoy, tanto la fallecida como su compañero sentimental, Anarzt Oiarzabal, en paradero desconocido, eran los únicos integrantes de un comando que planeaba cuatro atentados en las costas. Su objetivo era sembrar el pánico con una campaña similar a la de 1996, cuando ETA cometió 14 atentados sin víctimas en el litoral levantino. Pero nadie puede asegurar que alguno de sus actos no hubiera degenerado en una masacre, a la vista del escaso control que la etarra tenía sobre los explosivos.

Con tan sólo 22 años, su vida es el paradigma de cómo ETA conduce a la autodestrucción a los jóvenes bajo la falsa promesa de un idílico paraíso de independencia que nunca llegará. Con la kale borroka por todo adoctrinamiento, la banda terrorista les introduce a la comisión de atentados, como ha ocurrido con Castresana. A partir de ahí las alternativas son morir matando o preparando un crimen; y en el mejor de los casos, dar con sus huesos en la cárcel para el resto de sus días.

Por eso cabe preguntarse a qué se refieren las pancartas victimistas en memoria de la etarra muerta que proclaman: «El pueblo no perdona». O bien deberían denunciar que la dirección etarra, en su huida hacia adelante, haya enviado a cinco jóvenes inexpertos al suicidio en menos de un año; o bien deberían ser la expresión de los habitantes de esos pueblos costeros que, efectivamente, difícilmente van a perdonar que hayan querido truncar sangrientamente su tranquilidad. Pero el fanatismo, no revolucionario ni político, sino religioso del entorno abertzale obvia las precisiones y convierte a Castresana en una mártir, al estilo de los kamikazes que la Yihad Islámica manda al paraíso hechos trocitos.

Ella ha sido víctima de sí misma y de un entorno que no ha sabido hacerle distinguir entre la defensa civilizada del ideario nacionalista familiar y la violencia sin sentido que ETA impone. La educación en esos valores y el desconocimiento de los padres de sus escarceos en la kale borroka no la conducían irremediablemente a este final, pero sí han sido el pasto que ha alimentado su trágico destino.

Lo que dice Ibarretxe
Editorial ABC 26 Julio 2001

La audiencia concedida por el Rey al lendakari Ibarretxe ha sido una nueva ocasión para comprobar la facilidad con la que el nacionalismo logra zafarse, ante determinados sectores de la opinión pública y publicada, de su trayectoria política inmediata. Ha bastado que el lendakari dijera que se comprometió ante Don Juan Carlos a que la prioridad de su Gobierno era la lucha contra ETA, para que los publicistas del nacionalismo, afincados en Madrid y en el País Vasco, ensalzaran la buena fe de Ibarretxe y su sentido institucional. Son los mismos que han denunciado una campaña contra el buen nacionalista que es Ibarretxe lanzada por quienes informaron, como hizo ABC, de que iba a dar cuenta al Rey del propósito de su Gobierno de convocar un referéndum por la autodeterminación. Esta operación rescate de Ibarretxe, simple prolongación de los efectos del 13-M, es la que practican quienes siguen empeñados en afirmar que los que no ganaron las elecciones vascas perdieron la legitimidad para oponerse a la estrategia del nacionalismo. Pero sucede que la consulta por la autodeterminación no es una invención periodística de última hora -las hemerotecas, propias y ajenas, no fallan-, sino un compromiso del PNV anunciado en el programa electoral, solemnizado en el debate de investidura y ratificado en vísperas de la audiencia por el presidente del Parlamento vasco, Juan María Atutxa.

Que Ibarretxe haya silenciado ante el Rey su plan autodeterminista, si realmente así sucedió, no es muestra de «normalidad», sino de doblez moral y política. Primero, porque implicaría un mero repliegue táctico ante la revelación de sus verdaderas intenciones. Segundo, porque sería incoherente cumplimentar al Jefe de Estado -el «Rey español», como dice la prensa nacionalista- y no comunicarle que el Gobierno vasco va a promover una campaña soberanista contra la Constitución que Don Juan Carlos simboliza. Esto no es normalidad institucional, ni ejercicio de sosiego político; es, simplemente, el último espejismo nacionalista para crear confusión y mantener en su órbita a los que siguen pensando que la alianza con el nacionalismo es más progresista que el consenso con el PP en la defensa de la Constitución y de la unidad nacional. En cualquier caso, si realmente la prioridad de Ibarretxe es acabar con ETA -es una lástima que no lo haya sido siempre-, no le van a faltar oportunidades, a la vista de los siniestros planes de la banda terrorista para las próximas semanas, trágicamente desvelados con la muerte, en Torrevieja, de la etarra Olalla Castresana. Ya no hace falta que Ibarretxe insista en aclarar cuál es su prioridad. Ya lo ha dicho muchas veces, tantas como se lo han desmentido aquellos que sufren personalmente -populares y socialistas vascos-, que la lucha contra ETA no es la prioridad diaria y real de Ibarretxe. Lo que dice ya se sabe. Lo que importa es qué está haciendo, hoy mismo, para derrotar a ETA hasta erradicarla.

El arte del repliegue
Por Jaime González ABC
26 Julio 2001

El repliegue, como estrategia política, es una de las características del nacionalismo vasco, acostumbrado a tirar la piedra y esconder la mano -y también la palabra- cuando se descubren sus planes. Una portada de ABC ha roto los esquemas del PNV y ha obligado al partido de Arzalluz a cambiar de táctica sobre la marcha. Un titular de este periódico, «Ibarretxe comunicará al Rey y a Aznar la decisión del PNV de convocar un referéndum de autodeterminación», ha llevado al nacionalismo vasco a batirse en retirada. Ibarretxe recula y expresa su disposición a invertir el orden de prioridades. «Lo primero es la lucha contra ETA», proclama. Bienvenido sea, de ser cierto, este cambio de planes, y bendita sea la portada de ABC que ha llevado al PNV a tan espectacular repliegue. Ahora, según el lendakari, lo que importa es combatir al terrorismo, aunque ayer mismo el entorno de ETA campara a sus anchas y jurara venganza por Olalla Castresana, la «legal» que perdió la vida cuando se disponía a sembrar la muerte en Torrevieja.

Ibarretxe cambia el paso, se traga de momento su programa de Gobierno y aparca la autodeterminación para ponerse al frente de la lucha contra ETA. Que se lo cuente a Balza, su eficacísimo consejero de Interior, que prefirió mirar para otro lado cuando los terroristas callejeros destrozaban Vergara delante mismo de la Ertzaintza.

Cuando ETA mutiló a Gorka Landáburu y asesinó a Santiago Oleaga, Luis Ortiz, José Javier Múgica y Mikel Uribe, Ibarretxe tenía claro que el «ámbito vasco de soberanía es perfectamente compatible con la prioridad de la lucha contra ETA». Dos días antes de que mantuviera la «protocolaria» audiencia de hora y media con el Rey, Juan Mari Atutxa le preparó el camino con unas declaraciones en las que daba por hecho que «Euskadi será consultada sobre la autodeterminación». Luego vino la portada de ABC y el nacionalismo vasco guardó un silencio que aún perdera. Pura estrategia de un partido que recibió ochenta mil votos prestados del mundo batasuno y que, no se olvide, suele ser agradecido con los suyos.

La lengua del Paraíso
Por Jaime CAMPMANY ABC
26 Julio 2001

Yo prefiero que Ibarreche hable directamente en euskera, o en euskara, que dicen otros, o sea, la lengua del Paraíso, porque en ese idioma, tan pronto como me sacan del «gernikako arbola» ya no entiendo ni papa y no tengo que hacer ningún esfuerzo por comprender lo que dice.

Me resigno a comprenderlo, y a otra cosa, mariposa. El calvario para mí comienza cuando habla en castellano, y no digo «en español» porque el euskera, por muy jeroglífico que me resulte, es y será siempre una lengua española, un español localizado dentro de unos pequeños límites. Cuando Ibarreche habla en castellano tengo, primero, que traducir lo que dice a lo que dice, y después he de traducir lo que yo creo que dice a lo que quiere decir, o mejor dicho, a lo que yo creo que ha querido decir, y mejor aún, a lo que está claro que ha querido ocultar.

Hay políticos nacionalistas, Ibarreche al canto, que hacen maravillas con el lenguaje. Arzalluz, en cambio, habla más claro y más a lo bestia. Arzalluz habla como quien sacude el hachazo. Es un leñador del lenguaje político, y cada vez que habla «ex cátedra» en el concilio público, derriba un árbol. Algún día se va a equivocar y le va a pegar un hachazo al «gernikako arbola». Esto que digo no significa que Arzalluz renuncie para siempre a la metáfora. Es más, a veces habla en parábola, como Cristo. Por ejemplo, la metáfora del árbol y las nueces no puede ser más afortunada, se entiende perfectamente, y yo creo que se le habría entendido aunque la hubiese expresado en euskera. Su otra frase famosa, aquella de que «unos arreen para que otros negocien», es una perla del lenguaje. Resulta imposible dar contenido más rico y más expresivo al verbo «arrear».

Volvamos a Ibarreche, donde el eufemismo, el circunloquio y el enmascaramiento del pensamiento a partir del idioma resulta más esotérico y por tanto mucho más entretenido. Ibarreche viene a Madrid y se anuncia que viene a plantear al Rey y a Aznar, o sea, al Jefe del Estado y al jefe del Gobierno, su propósito, proyecto, aspiración o programa de convocar en el País Vasco un referéndum sobre la autodeterminación. Se organiza un cierto revuelo en la selva, y hay quien se pone a calcular, adivinar o pontificar acerca de lo que deben hacer en ese caso uno y otro, es decir, el Rey y Aznar. Por de pronto, Mariano Rajoy se adelanta a anunciar que el Gobierno no va a permitir la convocatoria de ningún referéndum de esa especie, y ya tenemos montado un debate estúpido. Entretanto, los etarras celebran su prolongado y sucesivo referéndum de bombas y tiros.

Ibarreche acude a visitar al Rey. Permanece con Su Majestad casi hora y media. Y luego explican que el único argumento de la comunicación ha sido el de la prioridad del Gobierno vasco de luchar contra la violencia. Y ya me he quedado yo sin saber si Ibarreche ha usado el idioma de que no se le entienda, de que se le entienda lo que dice, pero no lo que quiere decir, o el de decir lo que quiere mediante el procedimiento de no decirlo. Porque eso que dicen que ha dicho es una manera de gastar hora y media para decir que se va a hacer aquello que es lo más seguro de todo lo que no se va a hacer. Si eso se fuera a hacer, se estaría haciendo, y si no se fuera a hacer, se estaría anunciando. O sea, como en la famosa adivinanza: la gallina.

La entrevista con Aznar puede resultar aún más desconcertante. Porque si Ibarreche domina el arte de decir lo que no quiere decir para que no se le entienda lo que dice, Aznar es un virtuoso del silencio, es decir, de callar todo cuanto se le adivina que quiere decir. No sé qué piensan ustedes. Yo estoy hecho un lío. Que hablen en euskera, y acabáramos. Al fin y al cabo, todos estamos al cabo de la calle.

Aznar, Ibarreche, el todo y las partes
José A. SENTÍS La Razón 26 Julio 2001

Ahora que Aznar e Ibarreche van a verse las caras en otra versión del duelo a muerte en OK Corral, bueno es recordar qué representa cada uno, cuáles son los límites a los que están obligados, cuáles las ambiciones que les son permitidas y cuáles las aventuras o renuncias que pueden concederse.

   Sólo con ánimo de refrescar la memoria, deberían pensar que, como dirigentes políticos insertados en una generación concreta, carecen de derecho alguno para poner en cuestión el patrimonio que gestionan. Ni tienen derecho tampoco para hipotecar el que deben dejar en herencia a las generaciones posteriores.

   Para decirlo en pocas palabras, España no es suya, ni en parte ni en todo, para hacerla o deshacerla a su capricho.

   Es obvio que a Aznar ni siquiera se le ocurriría, pero como algunos de sus consejeros periodísticos se empeñan en impulsarle a la tentación de utilizar la fórmula de «se puede discutir de todo, sin terrorismo», tal vez en algún momento pueda caer en la duda. Pero no es cierto. Hay cosas que no se pueden discutir, porque no tienen autoridad alguna para hacerlo quienes ahora gobiernan, aunque crean que pueden reinventar, deconstruir o dinamitar el pasado, o jugar a aprendices de brujo con el futuro.

   En el caso de Ibarreche, por el contrario, ese ejercicio es poco ingenuo. Se basa en la ambición de poder por envidia del Estado. Por eso, si unos aceptan discutir España por debilidad, los nacionalistas lo hacen por rapiña. De ahí que sea tan falaz la polémica de los «dos nacionalismos» que aparece cuando alguien se permite criticar la fiebre secesionista que algunos padecen paradójicamente en estos tiempos de globalización. Porque cuando a alguien se le ocurre denunciar a los nacionalismos identitarios, excluyentes y casi racistas que han surgido como setas en la España de la Transición (aunque hicieran sus pinitos aprovechando otros momentos de desconcierto del Estado), rápidamente recibe el endoso de ser «nacionalista español». Una vez más es confundir el todo con las partes y los sentimientos con las realidades. De las últimas, España no es una cuestión sentimental, sino de inserción en la historia, de hecho político, cuya vulneración sólo es posible a través del conflicto, generalmente bélico. Independientemente de cómo se sienta un vasco, es español, como independientemente de cómo se sienta un español, terminará por ser parte de la Unión Europea, si es que esa realidad política tiene el éxito futuro que ha tenido España como Nación. A partir de ahí, a Ibarreche le puede gustar el mus, el ciclismo o ser del Alavés. Puede agitar la bandera del equipo que desee, pero la Liga es la Liga. El equipo de Ibarreche no tiene derecho alguno a dinamitar la Institución, porque su legitimidad se encuentra en ésta.Y Aznar no puede ni debatirlo sin caer en la indignidad.

La «kale borroka» se agrava
Lorenzo CONTRERAS La Razón 26 Julio 2001

La «kale borroka» sigue produciendo sus efectos en el País Vasco y demostrando además, como se ha visto en Torrevieja (Alicante), que ha sido y es cantera de terroristas activos. La deducción es bien simple en el sentido político de la palabra. Significa todo esto que después de las elecciones vascas del 13 de mayo la situación no se ha modificado lo más mínimo. La impunidad de ese movimiento independentista y, por supuesto, terrorista, permanece. No hay noticias de que el señor Balza, confirmado como consejero de Interior del Gobierno de Vitoria, haya dado órdenes de efectuar detenciones susceptibles de concretarse en cifras dignas de apreciación.

   El suceso de Torrevieja coincide con los primeros contactos institucionales de Ibarreche en Madrid después de su «reedición» como «lehendakari». Primero el Rey, y en el plazo de pocos días Aznar, dan con sus audiencias al jefe del Ejecutivo vasco la medida de lo que suele llamarse normalidad institucional. Pero hablar de normalidad en las presentes circunstancias no deja de ser un perfecto sarcasmo.

Normalidad y coherencia sería que tales entrevistas vinieran acompañados por verdaderos síntomas de colaboración entre Madrid y Vitoria, o por mejor decir, entre Vitoria y Madrid, ya que bien se sabe de dónde debe partir la iniciativa de la lucha contraterrorista en los aspectos que conciernen a lo que dio en llamarse ¬ahora ya no¬ terrorismo de baja intensidad. Una intensidad que, como concepto, debería traducirse por entrenamiento para empeños mayores.

   Las relaciones entre los Gobiernos de Madrid y Vitoria son objetivamente malas. Lo primero que trascendió de las elecciones del 13 de mayo fue el propósito nacionalista de acelerar el proceso conducente a forzar un episodio de autodeterminación. Y la respuesta del Gobierno central, a través de las declaraciones de Mariano Rajoy, vicepresidente primero y ministro del Interior, ha sido que tomaría «medidas». Nadie puede ignorar que esas medidas están prefiguradas en el artículo 155 de la Constitución, pensado para el caso de que una Comunidad Autónoma atentare gravemente contra el interés general de España y, lógicamente, incumpliera sus obligaciones constitucionales.

   El problema radica no sólo en la voluntad política de poner en marcha las presuntas medidas, sino en la manera de articular el procedimiento. Naturalmente, por mucho que se amenace y se amague con plantear la consulta al pueblo vasco, sería absurdo ignorar sus dificultades técnicas y políticas, salvo que el Gobierno vasco y su partido matriz se volvieran literalmente loco y asumieran el riesgo de plantear el gran desafío al Estado español. En tal caso estaríamos ante un supuesto límite.

No perdáis toda esperanza
Antonio GARCÍA TREVIJANO La Razón 26 Julio 2001

Los Gobiernos de Aznar y de Ibarreche no están tan alejados, en la autodeterminación, como ellos creen y a los demás parece. Si analizamos las declaraciones de Rajoy a este periódico (16/7/01), veremos que las posiciones no son irreconciliables porque no son incompatibles. El Gobierno vasco ha introducido el tema en la declaración programática. Y el Gobierno de Aznar lo pospone: «La prioridad es acabar con Eta, si lo logramos estaríamos en un escenario muy diferente». El Gobierno vasco lo pone sobre la mesa de negociación. Y el Gobierno de Aznar lo aplaza: «Hablar de una mesa de diálogo sin saber con quien, para qué y con qué objetivos requiere unas concreciones». ¿Hablaría de autodeterminación e independencia en un escenario de paz?, pregunta el director de LA RAZÓN, José Antonio Vera: «Requeriría una modificación constitucional y estatutaria. Hay procedimientos para eso, pero ni estamos en ese estadio ni nos mostraríamos partidarios de esa posibilidad». El PP no niega la posibilidad del derecho de autodeterminación, pero pospone el asunto porque: la prioridad es acabar con Eta; no hay escenario de paz; no se ha llegado a ese estadio; habría que modificar antes la Constitución y no sería partidario de la Independencia.

   La distancia se reduce, pues, a una cuestión de prioridades, es decir, a un orden de prelación distinto dentro de una misma agenda de pensamiento; a una valoración diferente de los temas en un mismo campo de acción y un mismo sustrato de ideas y a la posición ideológica del PP, que no se mostraría partidario de la Independencia si llegara a plantearse la autodeterminación.

   Las declaraciones del vicepresidente Rajoy, aunque más cautelosas, coinciden sustancialmente con las de Mayor Oreja, antes de las elecciones vascas, y las de P. J. Ramírez en uno de sus artículos dominicales de El Mundo: normalizada la situación, en un clima de paz, sin miedo ni coacciones, nada tendrían que oponer a una Independencia salida pacíficamente de las urnas.
   Este es el gran «defaitisme» que comienza a prosperar, para satisfacción de Eta, en el sector liberalísimo de los dirigentes del Gobierno y de la opinión. Su mensaje al PNV no puede ser más claro. Asóciate al PP y al PSOE en un bloque sin fisuras para que policías y jueces de instrucción acaben con Eta. Deja de criticar la actuación policial y las resoluciones judiciales fruto de esas operaciones. Luchemos contra el entorno de Eta, Haika, gestoras proamnistía, Ekin, que no son sino las caras desencapuchadas de Eta. Dale prioridad absoluta a la acción antiterrorista y a la represión de las fuentes sociales del terror. Derrotemos a Eta. Entonces hablaremos de autodeterminación. Y si cuentas con una mayoría de votantes, pese a nuestro voto en contra, aceptaremos la Independencia salida de un Referéndum vinculante.

   Eta encuentra en semejante discurso la justificación de su existencia. La autodeterminación y la independencia no se habrían aceptado por los altos representantes del Estado, ni en teoría ni de boquilla, sin sus actos sangrientos.

   Debe pues intensificarlos. Hasta que ese maravilloso discurso de los hombres del Estado pase de la teoría a la práctica y de la boquilla a la cabeza.

   Y el PNV sabe que dar prioridad exclusiva a la acción policial ¬fracasada durante un cuarto de siglo¬, es un pretexto para retrasar a las calendas griegas el tema de la autodeterminación, que es la causa del terrorismo.

   La realidad los hace antagonistas. Pero si nos atenemos a lo que dicen y no a lo que hacen, la diferencia que los distingue se puede precisar, al estilo del letrero en la puerta del infierno dantesco, por la distinta clase de ilusión que despierta, en el etarrismo condenado al erebo eterno, el frontispicio esculpido en verde por el PNV, «Tened esperanza», y el pintado en azul por el PP, «No perdáis toda esperanza».

Determinación
Tomás CUESTA La Razón 26 Julio 2001

Esta mañana, el que suscribe se ha autodeterminado a levantarse, a preparar el café, a darse un duchazo, a confirmar con la lectura del periódico que todo sigue tan espeso como antes de acostarse y se ha autodeterminado, también, a saltarse el régimen que inició hace justamente tres semanas y gracias al cual ha perdido exactamente eso: tres semanas.

   Otrosí: Se ha autodeterminado a cambiar de vida, a no meterse el dedo en la nariz y a abrir de cuando en cuando las cartas de las bancos. Después, recordando a Jaime Gil de Biedma («De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de casa, dejar atrás un sótano más negro que mi reputación, que ya es decir...»), se ha autodeterminado a dejar las cosas como están y defender, con toda la autodeterminación que sea necesaria, que sólo nuestros defectos nos cobijan de la intemperie atroz de la manada.

   Ha tomado, después, la autodeterminación de ponerse a buscar una chaqueta a la par discreta y democrática, un pantalón que todavía no se haya independizado de la raya, una camisa no demasiado autónoma y una corbata sin ese tufillo a «dejà vu» que exhalan los jerarcas del partido gobernante y se ha lanzado, como los «kamikazes» del Emperador del Crisantemo, a la caza de un taxi fondeado en el castizo Pearl Harbor del asfalto.

   Tras alcanzar, no sin esfuerzo, el objetivo, ha autodeterminado que, de una vez por todas, dejará de dedicarse al menudeo para fijarse únicamente logros importantes y que, en lugar de ciscarse en gentecilla, que al fin y al cabo no le interesa a casi nadie, invertirá las pocas luces que le quedan en redactar artículos sesudos como hacen los columnistas consagrados.

   Se ha autoderminado a glosar, sin ir más lejos, el indeterminismo galaico del señor Rajoy a la hora de proferir su «vade retro» contra el autodeterminismo de los nacionalistas vascos, para llegar, al cabo, a la autodeterminación de que escribir precisamente de la autodeterminación es como colocar albarda sobre albarda.
 

La nueva Eta
Por Enrique de Diego Libertad Digital 26 Julio 2001

La muerte de la etarra Olaia Castresana cuando preparaba en Torrevieja la bomba con la que empezar su carrera criminal, junto con la huida en dirección a Andalucía de Anartz Oiarzabal, está llena de lecciones sobre el funcionamiento de la “nueva Eta”.

Manteniendo criterios antiguos y desfasados la mayoría de los medios hablan de antecedentes de “kale borroka” e ingreso ulterior en la banda terrorista, como si aún quedara un espacio de diferencia entre ambos ámbitos. En símil futbolístico, son gentes de la cantera que en sin solución de continuidad llegan a las categorías superiores del asesinato. No han ingresado en Eta, son de Eta, a través de Haika y de Batasuna, desde hace muchos años.

La segunda evidencia es que se trata de “legales” en sentido distinto al usado tradicionalmente, puesto que utilizan como infraestructura su casa y la segunda residencia de sus padres. No necesitan, por tanto, alquilar pisos ni construir zulos. Se mueven dentro del sistema, de la más estricta normalidad, con los hábitos comunes. Eso tendrá la consecuencia de un incremento de la prevención hacia los “vascos”, pues, por ejemplo, en la zona levantina, en Torrevieja y Benidorm, son visitantes habituales.

Es llamativa la facilidad con la que Eta ha distribuido la dinamita robada, titadine, en Grenoble, hasta ser utilizada en la kale borroka como en Lekunberri o llegar a unos jóvenes inexpertos. Cuestión que hace sospechar en la utilización de la infraestructura política de Batasuna.

Policialmente es difícil combatir esta nueva oleada de terroristas, salvo por su torpeza, sin ir a la raíz del problema que está en Batasuna, sobre todo en las juventudes, y en una política represiva del terrorismo callejero, que eleve el coste y dificulte la formación de los asesinos.

Hay de fondo una cuestión que, se quiera asumir o no, pasa por una situación de desarme parcial del Estado de Derecho. Lo demuestra la reacción del entorno etarra con sus homenajes y sus llamadas a ejercitar la violencia en la calle. Olaia ha muerto víctima de sus excesos, en su más estricta y delirante responsabilidad. Es obvio que una sociedad está enferma cuando produce a tan tierna edad psicópatas de un patriotismo perverso y genocida. El intento de transferir responsabilidades a cuestiones esotéricas del conflicto forma parte de la tortuosa lógica totalitaria. Pero tanto Batasuna, como el sindicato LAB, como las Gestoras pro Amnistía se presentan como convocantes de manifestaciones en homenaje a quien se mató a sí misma cuando pretendía asesinar a personas inocentes. No sé que otra cosa puede entenderse como apología del terrorismo.

Por último, se ha mostrado falsa la especie lanzada por el PNV de que una victoria de Mayor Oreja en las elecciones conllevaría un incremento del terrorismo. Parece obvio que con Ibarretxe se ha disparado.
 

Las divisiones de Ibarreche
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital
26 Julio 2001

Suele achacarse a Stalin una pregunta retórica y despectiva sobre el poder real del Vaticano: "¿Cuántas divisiones tiene el Papa?" . La cuestión no se ha planteado más en Moscú después de Kruschev. Pero cuando Andropov quiso asesinar al recién elegido Papa polaco ya se sabía que las divisiones del Papa eran demasiadas, aunque no fueran armadas y uniformadas. Pero era demasiado tarde para rectificar. Y es que no siempre la fuerza está a la vista, ni entre los buenos ni, con mayor razón, entre los malos. Por ejemplo, Ibarreche no tiene divisiones acorazadas ni motorizadas que infundan temor en los ejércitos occidentales. La policía autónoma a su cargo, más que un cuerpo represivo parece un cuerpo de objetores de conciencia, de conciencia nacionalista, claro está. Sin embargo, hay detrás de la meliflua apariencia del presidente autonómico un poder real, una capacidad de matar y destruir verdaderamente seria: la de ETA. Esas son las "divisiones" de Ibarreche.

Convendría que los partidos políticos españoles dejaran a un lado su reyerta por los despojos de la Justicia y articulasen un discurso conjunto, claro y neto frente a esa evidente actuación conjunta del separatismo vasco en dos frentes: el del terrorismo en playas turísticas o aceras cívicas y el del separatismo supuestamente pacífico y democrático de Ibarreche, que ofrece el final del terrorismo si se acepta la independencia del País Vasco. Eso, hoy. Mañana sería la anexión de Navarra. Y pasado mañana el terrorismo seguiría como represalia por la ayuda que en el resto de España, incluso al margen del Gobierno, se prestaría a una Resistencia Española que, al día siguiente de la independencia, empezaría a actuar en el País Vasco y Navarra. Convendría que todas las instituciones, del Rey abajo, se tomaran absolutamente en serio este reto en el que todos los separatistas se han quitado la careta. Unos matando. Otros exigiendo referendums. Y que nadie pregunte cuántas "divisiones" tiene Ibarreche. Ellos las llaman "comandos".
 

La dimensión nacional
Por Enrique de Diego Libertad Digital
26 Julio 2001

Resulta difícil interpretar la frase del portavoz de Zarzuela indicando que la entrevista con Ibarretxe fue de “normalidad institucional”. Cuando Ibarretxe viene de amenazar con un referéndum sobre la independencia en su debate de investidura la “normalidad institucional” está por los suelos y aún por debajo. Ha dicho Ana Botella que el “oficio” de su marido incluye que el País Vasco siga siendo España. No digamos el de Juan Carlos. La existencia de su institución se justifica como encarnación de la unidad nacional. Para la situación no basta con un gesto adusto y el retorno a las vacaciones baleáricas. Si todos nos jugamos mucho, el rey y su familia –incluido Urdangarín– se juegan el puesto. El silencio, en estos momentos, no sólo es irresponsabilidad, también es mantener la expectativa de esa pesadilla medievalista del pacto con la Corona, alentada desde la conspiración polanquista en la que la consigna ahora es situar cualquier agresión a la convivencia como “apuesta por el diálogo”. Para el día 27, según “El País”, está previsto que haya una más de esas apuestas en Bilbao con los firmantes de la Declaración de Barcelona.

Que la cuestión tiene por todos los lados dimensión nacional se ha demostrado de manera trágica en Torrevieja, donde una etarra ha muerto víctima de sus excesos asesinos, en lo que iba a ser el inicio de una campaña contra los intereses turísticos. El conflicto, la violencia, nunca terminarían con la independencia, sino que se dispararían exponencialmente. En el País Vasco, con un proceso de ingeniería social con altas dosis de violencia desde el poder o terrorismo de Estado para acabar con la pluralidad, la real, la concreta, la de los individuos. Contra Navarra. Contra otras zonas reivindicadas en los delirantes mapas del imperialismo nacionalista.

No tiene lógica que el presidente de Nuevas Generaciones defienda con el ejemplo y la palabra, en medio de las amenazas, la convivencia común, la unidad democrática de España, y Zarzuela hable de “normalidad institucional”. El rey tiene más responsabilidad en cuestión tan decisiva. Aquí ni debe ni puede estar por encima del bien y del mal.

Sobre las víctimas y sus voces
RAFAEL AGUIRRE  El Correo
26 Julio 2001

Tras serle impuesta, hace dos semanas, la máxima distinción que puede recibir un jurista, la gran Cruz de San Raimundo de Peñafort, en un acto de gran calidad académica y de profundo calor humano, las primeras palabras de Antonio Beristain fueron para dedicar esta distinción a las víctimas. Lo decía, bellísimamente por cierto, con conocimiento de causa y con la impresionante autoridad moral de quien ha recorrido cárceles del mundo entero, ha sido pionero en defender los derechos de los más débiles y lleva años sacando a la luz como nadie la causa de las víctimas del terrorismo en el País Vasco. Quiero destacar que Antonio Beristain es un acicate de extraordinaria actualidad en la sociedad vasca con su propuesta de introducir en la universidad la ‘victimología’. Problema complejo donde los haya y que pone en juego lo más hondo de la dignidad humana.

El acto mencionado ha coincidido con un artículo de Juan Aranzadi (‘Víctimas y voces’), original y penetrante como todos los suyos, que es un desafío para volver sobre el tema. El autor mencionado denuncia la manipulación de las víctimas por el llamado bloque constitucional durante la última campaña electoral. Tema delicado, pero que resuelve de forma expeditiva y unilateral. Ante todo hay que decir que fue un grupo muy numeroso y bastante plural de víctimas del terrorismo las que tuvieron el coraje de unirse y salir del anonimato, venciendo miedos y estigmas sociales. Fueron ellas quienes decidieron hacer oír su voz. Por lo que les conozco -y de esto hace ya muchos años- no me parecen personas ingenuas, inmaduras, ni fácilmente manipulables. Es verdad que todas las cautelas son pocas porque la política, que es, más que una confrontación de argumentos, una dialéctica de fuerza e intereses (como, por otra parte, sucede en otras actividades humanas), tiende a colonizar todas las iniciativas sociales. Pero habría que empezar por recordar el olvido y el silenciamiento -políticamente bien interesados- de las víctimas del terrorismo durante tantos años, la decisión del anterior Parlamento vasco de que estas víctimas compareciesen ante una comisión sobre la violencia en general de la que formaba parte un miembro cualificado de la banda victimaria. Tanto escarnio político con las víctimas del terrorismo no podía continuar.

La política vasca está muy sobrecargada ideológicamente y el terrorismo provoca tensiones emocionales de altísimo voltaje. Es verdad que el apoyo a las víctimas ha podido ir acompañado, a veces, de una retórica exagerada e imprecisa. Pero en otros aspectos de la política vasca, en los que la objetividad era mucho más exigible, el rigor, la precisión terminológica y la contención no han sido mayores, ni mucho menos. Ciertamente lo primero y más radical que hay que decir ante ETA es que la vida humana individual es intangible y que «todas las víctimas del terrorismo dan testimonio de la ciega criminalidad de ETA». Aquí totalmente de acuerdo con Aranzadi. En lo que discrepo es en que éste sea «el único mensaje común» que se desprende del «despliegue polifónico» de las víctimas del terrorismo. Probablemente es cierto que muchas de las víctimas no murieron subjetivamente por un ideal y puede ser una exageración hablar de ‘mártires de la democracia’; que, como dice su mujer, Fernando Buesa «no dio su vida, se la quitaron». Estoy de acuerdo en que nadie está legitimado para constituirse en albacea del pensamiento de un asesinado. Pero la cuestión no es por qué murieron, sino por qué los mataron. Y de esto sí podemos decir algo con toda claridad: ETA mata para extender su terror a toda la sociedad; amenaza y mata a quienes ostentan cargos representativos o desarrollan funciones ideológicas, policiales o judiciales que obstaculizan su proyecto nacionalista totalitario; en todos los casos, ETA busca derrotar a la democracia e imponerse sobre ella.

La dignidad de la sociedad vasca se juega en la capacidad de defender a las víctimas del terrorismo y en no ceder ante los fines de los victimarios. O, dicho de otro modo, una sociedad se envilece moralmente si acepta que su futuro suponga la legitimación de las acciones terroristas en el pasado. Cuando se presenta a los etarras como ‘gudaris de la libertad’ o «como quienes han abierto una puerta de esperanza para el futuro de nuestro pueblo», como dijo Otegi en la sesión de investidura del lehendakari de la anterior legislatura, se nos está invitando a admitir, como dice R. J. Schreiter, «un relato fundado en la mentira, una visión distorsionada de la realidad, que, en caso de aceptarla, nos condenará a permanecer en un estado infrahumano de sumisión». Las víctimas tienen una voz en el sentido de que denuncian la causa por la que les mataron y, por tanto, denuncian a sus agentes, a sus cómplices y a quienes pretenden beneficiarse de ello. La memoria de todas las víctimas del terrorismo exige que sea derrotada ideológica y políticamente la causa por la que les mataron.

Insisto en que otra cosa muy diferente es interpretar los ideales y motivaciones con que cada víctima vivió y, quizá, hasta afrontó su muerte. En mi opinión, la víctima de la actual ofensiva de ETA cuyo pensamiento ha sido más glosado e, incluso, interpretado como causa de su asesinato ha sido Ernst Lluch. Y no han sido precisamente los adalides del bloque constitucional los que se han distinguido por esta tarea, que no tengo ningún inconveniente en reconocer como abiertamente manipuladora.

¿Es verdad que el ser víctima «no le hace a uno acreedor a derecho especial alguno, ni añade un ápice de valor moral o intelectual al propio discurso»? Mi respuesta aquí también se distancia de la de Aranzadi. Es inaceptable usar el victimismo como patente de corso para transgredir impunemente la legalidad y hasta la norma moral, de lo que el Estado de Israel es un ejemplo sin fin y escandaloso. Pero entre nosotros hay gente que se juega la vida por desempeñar funciones representativas o por defender en público sus ideas: para mí tienen una enorme autoridad moral, independientemente de que coincida en todo o en parte con sus posturas o argumentos. Más aún, no sólo se debe reclamar la misma libertad para todas las posturas políticas democráticas, sino que cabe, aquí más que en otras cosas, reivindicar una discriminación positiva para quienes están amenazados, para quienes ven recortada su libertad y sufren la presión de los terroristas para que se callen o se vayan. No hay por qué compartir sus ideas, pero tampoco basta con esperar «ayuda, apoyo, ánimo y afecto de parientes, amigos y gente bien nacida». La primera exigencia es a los poderes públicos para que conviertan en prioridad absoluta la defensa de estas víctimas y el que puedan ejercer sus derechos.

En tan compleja cuestión hay un último aspecto que no quiero dejar de tocar. Desgraciadamente es bien cierto que el terrorismo causa dolores y males irreparables, y que esto debe ser un acicate para tratar de impedirlos. Pero también discrepo de Aranzadi cuando afirma que la esperanza religiosa oculta «la radical injusticia de morir» y «es en cierta medida, una manera indirecta de ofrecer excusas o paliativos al asesinato». Las funciones sociales de la religión son enormemente ambiguas, pero la fe bíblica en la resurrección surgió relativamente tarde, en el siglo II antes de nuestra era, no a impulsos del ansia de supervivencia personal, sino ante el escándalo de la prepotencia de los violentos y de las injusticias en la historia. La fe cristiana no es un señuelo que desvaloriza la historia, sino la mayor toma de conciencia de nuestra responsabilidad ante el valor infinito de la persona humana, al mismo tiempo que la afirmación, pese a todos los pesares, del sentido de la aventura individual y colectiva de los humanos. Antonio Beristain nos decía el otro día que «no queremos una sociedad confesional, pero tampoco una sociedad vacía de espiritualidad». Simplemente apunto que el fanatismo que mata en el País Vasco también arrasa las bases morales y vacía de trascendencia los espíritus. Estoy convencido de que ETA vive y germina en ese vacío moral y espiritual que contribuye a crear.

Posible ofensiva secesionista del nacionalismo vasco
ANDRÉS DE BLAS GUERRERO El País 26 Julio 2001

Andrés de Blas Guerrero es catedrático de Teoria del Estado de la UNED.

Cada vez cobra más fuerza la hipótesis de que el nacionalismo vasco pueda desencadenar una ofensiva secesionista en el futuro inmediato. El análisis de las palabras del lehendakari deja la cuestión en el aire, aunque el reto tiene el suficiente calado para que el Estado prepare una respuesta adecuada. Incluso suponiendo un resto de sensatez en la dirección del PNV, hay que tener en cuenta los efectos no deseados de una dinámica desencadenada en esa dirección.

Todo hace indicar que la respuesta debe ir más allá de la prohibición de los mecanismos que hagan posible esa secesión. Una reacción de estricta defensa de la legalidad, por mucho que la situación pudiera hacerla obligada, debería venir acompañada de una estrategia política que haga comprensible el recurso a los mecanismos de excepción constitucionalmente previstos. De no hacerse así, podría equipararse la respuesta a un argumento de fuerza, todo lo legítimo que se quiera, pero de fuerza en última instancia. Y en un escenario democrático la fuerza debe ir siempre acompañada de la legitimación aportada por un discurso político convincente y razonable. Es el discurso que debería ser elaborado por el Gobierno, pactado con la oposicíón y sometido a la consideración de una opinión pública española, vasca especialmente, a la que tiene que darse la oportunidad de hacer innecesaria la utilización de medidas de excepción.

En mi opinión, el primer punto de ese discurso debería insistir en la falta de fundamento jurídico para un eventual recurso a la autodeterminación. Falta ese fundamento en un derecho internacional que ha tratado la autodeterminación en contextos políticos que nada tienen que ver con el caso vasco en relación a España, y falta fundamento igualmente en el derecho constitucional interno definido por el texto de 1978. En un contexto como el español, el llamado derecho de autodeterminación se transforma en una expectativa de secesión de naturaleza estrictamente política, una expectativa que necesita ser justificada y valorada como expediente superior a otros instrumentos jurídico-polítícos dedicados a tratar las demandas a las que puede obedecer el recurso a la secesión. Habrá que empezar por pedir al nacionalismo vasco la justificación de las razones que le animan a decantarse a favor de un instrumento tan traumático. Habría de continuarse con la discusión acerca de la supuesta inviabilidad de los instrumentos autonómicos para solventar los problemas en que se justifica la llamada a esa secesión. Y tendría que llegarse, por último, a un acuerdo sobre los procedimientos que harían factible la opción secesionista. En última instancia, se haría necesario reconducir un debate político que se ha presentado abusivamente como propio del derecho natural, dando prioridad en la discusión a los fines de la propuesta, la independencia política, sobre los aspectos estrictamente procedimentales de la misma.

Paralelamente, los representantes de la nación española deberían poner de manifiesto su posición respecto a una secesión que afectaría a un territorio significativo de ese espacio nacional. Por elementales razones de supervivencia del Estado y la nación españoles, no sería difícil de entender el rechazo a la eventual iniciativa del nacionalismo vasco, un rechazo que habría de explicitarse en todos los frentes. Y en un lugar muy destacado, el frente europeo. España tiene hoy la capacidad de maniobra suficiente para encontrar la solidaridad de la UE en contra de un proceso de secesión que nunca iba a culminar en el encuentro del txoko particular para la hipotética Euskadi independiente en el marco europeo.

En segundo lugar, España tiene un deber de solidaridad con aquella parte de la población del País Vasco que pudiera verse amenazada con el eventual recurso a la secesión. En tercer lugar, España debe hacer jugar sus derechos como una nación histórica europea a favor de su supervivencia. El lugar del patriotismo constitucional se dobla con la existencia de un genuino nacionalismo español de signo liberal, latente a lo largo y ancho del país, cuyo civismo y coherencia con el orden democrático no debería confundirse con su ausencia o debilidad.

Esta movilización de argumentos políticos debería preceder y, llegado el caso, arropar un eventual recurso a medidas de excepción proporcionadas al posible desafío nacionalista. Haría mal el nacionalismo vasco en confundir la justificada resistencia a su empleo con la negativa sistemática al mismo. Las medidas de excepción en el orden democrático no las empujan los defensores de la legalidad sino los impugnadores del orden legal existente. El nacionalismo vasco tiene una experiencia equivocada, en parte alimentada por la mala opinión sabiniana sobre el resto de los españoles, respecto a la capacidad de respuesta del Gobierno central a sus desafíos. Pero una cosa son los envites cubiertos por la legitimidad constitucional o estatutaria, y otra los que vienen radicalmente desprovistos de fundamento legal. Que no dude el nacionalismo vasco de que, por reticentes que sean los representantes del poder central al uso de medidas excepcionales, esas medidas se tomarán de no quedar otro remedio. España tiene un antecedente en la adopción de una posición de fuerza ante el desafío al orden constitucional por parte de un poder autónomo: Cataluña, octubre de 1934. Empujado al abismo, el Gobierno de centro-derecha entonces en el poder reaccionó en defensa del orden constitucional. Y de no haberse producido la tragedia de julio de 1936, esa respuesta hubiera podido enderezar la actitud desleal de un amplio sector del nacionalismo catalán del momento. El nacionalismo vasco no debería poner a prueba la capacidad de reacción de nuestro sistema político. Antes de embarcarse en cualquier aventura, debería tener muy presente que, inevitablemente, la respuesta se producirá en forma proporcionada al desafío que se emprenda, teniendo como objetivo último la defensa de los derechos y libertades de los ciudadanos españoles en general y vascos en particular. El PNV ha de aprender de una vez por todas las reglas de una negociación política en que lo conseguido no es un punto inamovible desde el que solamente es posible avanzar hacia nuevas conquistas. La autodeterminación podría traer en este sentido consecuencias para la autonomía. Hay que confiar, en última instancia, en que la retórica no se imponga sobre la estrategia política, y que el PNV sepa frenar a tiempo un discurso político que, probablemente, supone mayores riesgos para él que para el resto de los actores políticos españoles.

En los alrededores de una sentencia
Julián LAGO La Razón 26 Julio 2001

Hay pocas lenguas romances de tanta belleza, profundidad y emoción como el catalán. El excelso Salvador Espriu, a quien visitamos a mediados de los setenta en su casa de Barcelona cuando ya era un enfermo de melancolía, nos conmovía al leernos desde el hilo de su voz apenas perceptible versos del poemario «Cementeri de Sinera», sentados los dos, poeta y periodista, en torno a una modesta mesa-camilla: «La veu trencada, cristall / del meu dolor, diumenges / amb demá sempre igual, / sempre igual, mentre s apaga / la llum d abril i miro...»

   Con las gafas montadas a la grupa de su nariz sefardí, el enjuto Espriu atendió solícito a aquel joven viejocastellano recién llegado a Cataluña que quería conocerle personalmente, que quería saber de su poesía, fatalista e intimista, cuya publicación padeció tantas censuras en la posguerra: su delito era escribir en catalán.

   Cierto es que durante los primeros, y rabiosos, años del franquismo la lengua catalana sufrió inquina imperial. Luego, ya con la entronización de Pujol, se produjo la reacción del péndulo contra el castellano, al que la inmersión lingüística se la ha pasado por el arco del triunfo de la cooficialidad.

   Un juzgado de Tarragona acaba de absolver al rector de la Universidad Rovira i Virgili, Luis Arriola, y al coordinador de selectividad, Joan Igual. Ocho años de inhabilitación solicitada para ambos por el fiscal por un delito de prevaricación: excluir a la profesora Josefina Albert de la selectividad de 1999 por repartir exámenes en castellano, y al profesor José María Fernández por cuestionar la constitucionalidad de la normativa.

   En medio de manifestaciones ante la Audiencia, catedráticos y profesores de las universidades catalanas protestaban por la presentación de la querella cuya sentencia, no obstante, reconoce que a la profesora Albert le asistió la razón al garantizar los derechos de los alumnos castellanohablantes. De donde se deduce que en materia de nacionalismo excluyente la Justicia en Cataluña está políticamente mediatizada.

   «No lluito més. Et deixo / el sepulcre vástissim / que fou terra dels pares...» No era necesario traducir la emoción que aquel poeta herido cuando le visitamos en su casa de Barcelona. Lloraba él, llorábamos los dos, prendidos en aquellos versos escritos y dichos en catalán, escritos y dichos en el idioma universal de los sentimientos.

   A la Generalitat le costó años, sin embargo, reconocer la grandeza de la obra inmensa de Espriu: no era poeta de partido. La lengua, tanto entonces como ahora, está reducida a las cenizas de la política, siempre instrumental, siempre mezquina, en letra pequeña siempre.
 

¿Manga ancha con los etarras?
En la misma semana que se endurece la condena a Galindo se ha sabido que sólo veinte de los 80 últimos proetarras detenidos están en prisión
La sentencia del Tribunal Supremo sobre los imputados del caso «Lasa-Zabala» se produce cuando aún no se han apagado los ecos de los datos hechos públicos esta misma semana en LA RAZÓN sobre las polémicas excarcelaciones de los proetarras detenidos por la Justicia. De los más de ochenta detenidos en varias operaciones contra el entramado de Eta sólo veinte permanecen en prisión. Una flexibilidad que hoy llama la atención.
L. R. N. - Madrid.- La Razón
26 Julio 2001

La Justicia, que ha sido tan implacable en la aplicación de la Ley en el caso «Lasa-Zabala» con el general Enrique Rodríguez Galindo al frente, ha sido recientemente criticada desde varios ámbitos políticos y sociales por el «desfile» de proetarras puestos en libertad en condiciones muy discutibles -según el criterio de otros jueces- a los pocos días de ser procesados.

   Los números «cantan» en este caso. Sólo una veintena de los más de 80 detenidos en las cinco operaciones realizadas por el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón contra el entramado económico, político y social de ETA permanecen en la actualidad en prisión, después de que la gran mayoría fueran dejando, poco a poco, las cárceles en las que estaban recluidos. Así, algunos terroristas fueron detenidos en varias ocasiones y salieron en libertad bajo fianza.

   La explicación de lo que parece inexplicable está en ciertos enfrentamientos entre una polémica Sala Cuarta de la Audiencia Nacional al frente y el titular del juzgado de instrucción número cinco de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón.

   El magistrado ha desempeñado una de las labores más importantes contra lo que se conoce como «el entramado político de Eta», es decir, no sólo la banda armada sino todas las organizaciones «sociales» y políticas que giran en torno a la misma y que, según distintas sentencias judiciales, «alimentan» a los terroristas. Los procesamientos de Garzón son revisados por la Sala Cuarta que, luego, es el que sentencia «a la baja».

   Acusados y procesados como Gorka Martínez, máximo dirigente de Xaki, el denominado aparato internacional de Eta, o Jaime Iribarren, dirigente de Ekin, han sido puestos en libertad por los magistrados de la Sala, en dos autos en los que, además, fijaron libertad bajo fianza para otras 15 personas más detenidas en ambas operaciones.

   Carlos Trenor y Xabier Alegría, dirigente del aparato político de Eta, fueron detenidos en dos ocasiones, en la operación contra el entramado económico y en la que se realizó contra el político, Ekin, y en ambas ocasiones han abandonado la prisión con fuertes fianzas.

   La primera operación del juez Garzón se produjo los días 27 y 28 de abril de 1998, cuando la Policía Nacional desarticuló parte del entramado económico y financiero del Movimiento de Liberación Nacional vasco de Eta y detuvo a 12 personas, relacionadas con empresas que presuntamente servían de financiación a Eta.

   El segundo golpe contra la trama de Eta se desarrolló en julio de 1998 y se saldó con once detenidos. Entre los detenidos figuraba Xavier Alegría, quien fue detenido posteriormente por su relación con Ekin y Carlos Trenor, quien también fue detenido posteriormente en la operación contra el entramado político etarra. A finales de 1998 y principios de 1999 el propio magistrado fue dejando en libertad bajo fianza a todos los detenidos.

   La última operación realizada por Garzón contra el entramado político, económico y social de Eta se produjo el pasado mes de marzo, siendo detenidas 17 personas, todas ellas responsables y miembros de Haika, que sustituyó a la ilegalizada Jarrai. Los 17 detenidos continúan en prisión. La Sala Cuarta aún no lo ha revisado.

Lanzan once cócteles molotov contra el cuartel de la Guardia Civil de Ondarroa
BILBAO. Agencias ABC 26 Julio 2001

Desconocidos atacaron la pasada noche el Cuartel de la Guardia Civil de Ondarroa (Vizcaya), contra el que lanzaron once cócteles molotov, sin que se produjeran daños personales, según informó la Delegación del Gobierno.

El ataque se produjo a las doce y cuarto de la noche cuando lanzaron once cócteles, ocho de los cuales explosionaron contra las citadas dependencias. Según señalaron fuentes de Delegación del Gobierno, el ataque no originó daños personales, aunque sí causó desperfectos materiales, en principio, de escasa importancia.

En Oyarzun, un grupo de desconocidos incendió hoy un cajero automático de la Kutxa, la caja de ahorros guipuzcoana, informó la Ertzaintza.

Los radicales arrojaron, hacia las dos de la madrugada, dos cócteles molotov contra el cajero de la Kutxa, ubicado en la plaza San Esteban, que quedó totalmente destrozado pese que a policías municipales sofocaron el fuego, que no afectó al resto del edificio ni a la oficina bancaria.

Por otra parte, en la localidad vizcaína de Iurreta fue incendiada hacia las 2:00 horas una caja registradora de la compañía de telefonía Euskaltel, que los radicales rociaron con líquido inflamable antes de darle fuego.

Desactivado un coche-bomba en el aeropuerto de Málaga con unos 50 kilos de explosivos
MÁLAGA. Agencias ABC 26 Julio 2001

  Especialistas en desactivación de explosivos de la Policía han logrado desactivar a primera hora de esta tarde un coche bomba que había sido colocado por ETA en el aparcamiento del aeropuerto de Málaga. El vehículo contenía entre 50 y 60 kilos de dinamita titadyne robada por ETA en Francia, según informaron fuentes oficiales. Los Tedax del Cuerpo Nacional de Policía tuvieron que trabajar durante cinco horas en una operación considerada "muy arriesgada y difícil" para evitar que el coche bomba pudiera estallar. La gran cantidad de explosivo con el que se había confeccionado la bomba, que estaba oculta en una maleta dentro del maletero del coche,  hubiera ocasionado importantes daños en caso de haberse producido la deflagración.

El vehículo que contenía la bomba es un Peugeot 405 de color blanco, con matrícula de Madrid, que había sido robado en la localidad de San Agustín de Guadalix. La existencia del coche bomba fue anunciada por un comunicante que dijo hablar en nombre de ETA y que avisó a las 7:10 de la mañana a la Asociación de Ayuda en Carretera y unos minutos después a los bomberos de San Sebastián. El miembro de ETA indicó que a las ocho de la mañana iba a hacer explosión un coche bomba estacionado en el aparcamiento del aeropuerto de Málaga. El comunicante facilitó el modelo, el color y la matrícula del coche.

El vehículo ha sido localizado por la policía a las ocho menos cuarto, quince minutos antes de la hora prevista por los etarras para que se
activara la bomba. El vehículo se encontraba estacionado en la entrada de la primera planta del aparcamiento del aeropuerto. 

Inicialmente, los agentes acordonaron a la zona ante la inminencia de la hora prevista para la explosión. Dada la cercanía del coche con la
carretera Nacional 340 se procedió a cortar la circulación por esta vía.

Asimismo se desalojó la terminal nueva del aeropuerto que se encontraba dentro del radio de acción potencial de la bomba. Sin embargo, el coche bomba no hizo explosión por causas todavía desconocidas. Tras esperar un tiempo prudencial, los Tedax comenzaron
una larga operación encaminada a neutralizar los explosivos mediante el empleo de un robot manejado a distancia.

Los agentes procedieron a abrir las puertas del vehículo y a forzar el maletero disparando un cartucho contra la cerradura. Una vez abierta la portezuela del maletero, a través del sistema de vídeo con que va equipado el robot, los Tedax pudieron ver la existencia en el interior del coche de un paquete de gran volumen en el que podía haber una gran cantidad de explosivos. Una vez confirmado que no se trataba de una falsa alarma, sino de un coche bomba auténtico, los Tedax comenzaron una segunda fase del trabajo de desactivación encaminada a conseguir la neutralización de los sistemas de activación que pudiera tener el explosivo. Con este propósito, los agentes fueron colocando hasta cinco cebos con los que se provocaron explosiones controladas para destruir los mecanismos con los que debía activarse la bomba.

El trabajo de los Tedax fue "muy arriesgado y difícil" debido a la complejidad de la bomba y al temor de que pudiera existir alguna trampa
destinada a alcanzar a los desactivadores. Sin embargo, a las dos menos veinte de la tarde, casi cinco horas después de localizado el vehículo, los expertos de la policía daban por terminada la operación con la retirada del material explosivo que había en el interior del coche.

El corte de la carretera nacional 340, que en ese tramo tiene varios carriles, provocó un colapso de tráfico con caravanas de hasta tres kilómetros en algunos momentos. Además, los responsables del aeropuerto optaron por mantener cerrada la terminal nueva por motivos
de seguridad y trasladar todas las operaciones a la terminal vieja.

Oleada de violencia callejera en el País Vasco tras la muerte de la etarra
BILBAO. M. Alonso ABC 26 Julio 2001

La muerte de Olalla Castresana, al estallarle la bomba que preparaba, ha sido el detonante de una oleada de violencia callejera en el País Vasco, además de manifestaciones de proetarras y la colocación de carteles en los que se consideraba a Olalla una «gudari» (soldado), a pesar de que en el «otro bando» sólo había turistas.

Batasuna, por su parte, consideró que lo ocurrido era «una nueva expresión del conflicto político que sigue sin resolverse», mientras que PNV y EA lamentaron la muerte de la joven terrorista, considerándola una «víctima más de la propia ETA».

Los grupos de proetarras que se dedican a la violencia callejera, entre los cuales había estado Olalla Castresana antes de morir al estallarle la bomba que preparaba, actuaron durante la noche del martes y la madrugada del miércoles con especial intensidad en el País Vasco. En San Sebastián, un grupo de vándalos arrojó líquido inflamable contra un cajero automático del BSCH en la calle Larratxo y le prendieron fuego. Los hechos ocurrieron sobre las once y veinte de la noche y a consecuencia de los destrozos, el cajero automático quedó inutilizado.

En Azpeitia (Guipúzcoa), varios encapuchados arrojaron cócteles molotov contra una oficina de Telefónica situada en la plaza Pérez Arregi. El ataque tuvo lugar a las dos y media de la mañana de ayer y provocó un incendio que tuvo que ser extinguido por los bomberos. A consecuencia de esta acción de los proetarras quedó destrozado el mobiliario de la oficina de Telefónica.

A esa misma hora, las dos y media de la madrugada, tuvieron lugar otros dos ataques en los municipios vizcaínos de Arrigorriaga y Portugalete. En Arrigorriaga, dos sujetos rompieron las lunas de una oficina de Seguros Vitalicio, situada en la calle Severo Ochoa, utilizando dos troncos de madera a modo de Ariete, según informó la Ertzaintza.

En Portugalete, dos encapuchados vertieron líquido inflamable contra un cajero del BBVA ubicado en la calle Gregorio Uzquiano, aunque no llegaron a prenderle fuego, probablemente por haber sido sorprendidos antes de hacerlo.

IKURRIÑAS CON CRESPÓN
Los proetarras dedicaron también la noche del martes y la madrugada del miércoles a pintar en las fachadas de diversas localidades vascas frases de apoyo a la terrorista víctima de su propia bomba, como «La miiltante de ETA Olalla Castresana ha muerto al explotarle una bomba en defensa de Euskal Herría». En algunos balcones ondeaban también ayer ikurriñas con crespón negro.

Batasuna mostró su «dolor» por la muerte de Olalla Castresana, que calificó como «una nueva expresión del conflicto político que sigue sin resolverse» y que en opinión de esta formación política tiene su origen en «la negación de Euskal Herría como pueblo» por parte de los gobiernos español y francés.

En una rueda de prensa celebrada en San Sebastián, Pernando Barrena señaló que «la izquierda abertzale en su conjunto está de luto» por «ese suceso lamentable» y añadió que «generación tras generación, siempre ha habido personas -dijo- que han utilizado distintos métodos para luchar contra la negación a los vascos de ser sujeto de decisión».

PNV y EA lamentaron también la muerte de Olalla Castresana y el portavoz del PNV en el Congreso, Iñaki Anasagasti, la calificó como «una muerte más de la propia ETA». «Que una chica con 22 años se meta en una carrera en la cual se convierte en una activista para supuestamente manipular explosivos -dijo-, pues es una víctima más de la propia ETA».

Gorka Knörr, de EA, aseguró que su formación va a luchar para que nadie tome las armas y para que nadie pierda la vida, «ni siquiera aquellos que practican la violencia».

Vázquez acusa al nacionalista Beiras de incitar a la violencia con su discurso
EFE Libertad Digital 26 Julio 2001

El alcalde de A Coruña, Francisco Vázquez, ha arremetido contra el líder del BNG, Xosé Manuel Beiras, al que acusó de aprovechar la celebración de la festividad de Galicia para realizar un discurso “carca, desfasado y que incita a la violencia y a la conflictividad social”.

Vázquez agradeció a Beiras que se haya “sacado la careta y se haya mostrado tal y como es” al pronunciar un discurso en la plaza de A Quintana de Santiago “más propio del 36, que refleja una Galicia y una España inexistente, propia de las elucubraciones de un fanático”.

El alcalde coruñés respondió de esta forma a las palabras pronunciadas por el líder del BNG, que acusó al Partido Popular de fraguar un pacto anti ETA para acabar con el nacionalismo. Según Vázquez, Beiras presenta una visión de Galicia “que se aparta de la idea constitucional de España”. En su opinión, las palabras del candidato del BNG muestran “el nerviosismo de los nacionalistas ante la consolidación del PSdeG-PSOE como alternativa política” para las próximas elecciones autonómicas.

Además, Vázquez ha rehusado pronunciarse sobre las declaraciones del líder de los socialistas, José Luis Rodríguez Zapatero, que no ha descartado la posibilidad de que se establezcan pactos postelectorales tras los comicios gallegos. El alcalde coruñés se ha limitado a afirmar que lo que dice Zapatero “está bien”.

Por su parte, el secretario general de los socialistas gallegos, Emilio Pérez Touriño, acusó a Manuel Fraga de responder “a la crispación nacionalista con más crispación desde la propia Presidencia de la Xunta”. El candidato socialista a la Presidencia de la Xunta afirmó que los ciudadanos gallegos “tienen derecho a disfrutar de una campaña electoral moderna, tranquila y transparente, donde las distintas formaciones políticas cumplan con su obligación de debatir y explicar sus proyectos para afrontar el presente y el futuro”.

 

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