AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 29  Julio   2001
#Justicia para las víctimas
Editorial La Razón 29 Julio 2001

#El general
Alfonso USSÍA ABC 29 Julio 2001

#El tercer grado según Arzalluz
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 29 Julio 2001

#Se agudiza la presión conjunta de ETA y la «kale borroka»
Impresiones El Mundo 29 Julio 2001

#La causa remota
Jaime CAMPMANY ABC 29 Julio 2001

#¿Negociar qué?
GERMAN YANKE El Mundo

#La nueva ETA
MARIO ONAINDIA El Mundo 29 Julio 2001

#No mezclar las dos cosas
Santos Juliá El País 29 Julio 2001

#ETA siempre mata
Editorial El Correo 29 Julio 2001

#La violencia nos hace peores
JAVIER ROJO El Correo 29 Julio 2001

#La transición inacabada
Enrique de Diego Libertad Digital 29 Julio 2001

#Error al cuadrado
ANTONIO BASAGOITI El Correo 29 Julio 2001

#¡Qué asco!
PABLO MOSQUERA MATA El Correo 29 Julio 2001

#Los expertos consideran «inviable» el derecho de autodeterminación en el orden internacional
MADRID. M. Calleja ABC 29 Julio 2001

#Eta se cobra una víctima más al morir el general contra el que atentó hace un mes
J. Arias Borque - Madrid.- La Razón 29 Julio 2001

#Rajoy culpa a ETA de llevar a la muerte a una parte importante de la juventud vasca
JAÉN. J. López ABC 29 Julio 2001

#Los proetarras intensifican la violencia callejera y Batasuna mantiene el homenaje a Castresana pese a ser prohibido
VITORIA/BARCELONA. J. J. Saldaña / ABC 29 Julio 2001

Justicia para las víctimas
Editorial La Razón 29 Julio 2001

Once personas, entre ellas seis niños, murieron asesinadas en 1987 cuando Eta hizo estallar un coche-bomba junto al cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza. Desde entonces, los investigadores de la Benemérita no han cesado de trabajar para poner a disposición de la Justicia todos y cada uno de los datos que puedan conducir a los criminales que ordenaron, prepararon, ejecutaron o colaboraron para que se pudiese perpetrar tan bárbaro atentado. De las investigaciones que llevaron, entre otros, al sangriento etarra Henri Parot al banquillo por este atentado, quedaron todavía muchos cabos por atar.
   Una de las conocidas virtudes de la Guardia Civil es la de no abandonar a las víctimas de cualquier delito y no olvidar jamás que su deber no es otro que proteger a los ciudadanos y ayudar a restablecer la legalidad con la entrega al juez de los presuntos delincuentes. Por eso ahora, años después, los datos que implican en el crimen a Josu Ternera, en su calidad de dirigente etarra en aquellos días, se multiplican y no tardarán en llegar al juzgado. Será entonces función de los jueces valorar el informe y acabar con la incongruencia que supone que el dirigente etarra permanezca en insultante libertad. Su procesamiento sería también un aliento para quienes hoy darán sepultura al general Oreja, otra víctima del terror. Y una firme promesa a sus asesinos de que su crimen no quedará impune y al final tendrán que responder ante los tribunales de justicia.
  

El general
Por Alfonso USSÍA ABC 29 Julio 2001

El Tribunal Supremo ha endurecido la condena del general de la Guardia Civil Rodríguez Galindo y sus presumibles directos colaboradores. La familia del general se ha reconocido hundida, estremecida y harta. Entiendo a su gente y me salto la nauseabunda cobardía de lo políticamente correcto para expresarles mis sentimientos más cercanos. Yo también me he sentido herido. El Gobierno no ha estudiado su indulto amparándose en estupideces cronológicas y excusas de ventanilla. Al general Galindo, que así se le conoce, antiguo jefe del acuartelamiento de Inchaurrondo y el más eficaz adversario de los terroristas etarras, se le ha acusado de todo. Hasta de chorizo y narcotraficante. No le han imputado la dirección de una mafia de trata de blancas porque a los periodistas investigadores de su caso no se les ocurrió la broma. La familia del chorizo y narcotraficante se halla a un paso de ser desahuciada de su vivienda oficial. España está con él y el Estado le agradece de esta manera sus servicios prestados. En la misma medida, el Estado respeta y ampara a José Antonio Urruticoechea, alias «Josu Ternera», asesino de veinte inocentes, criminal de niños, hijo de puta sin límites, diputado autonómico, tenedor de la inmunidad parlamentaria, terrorista que no sólo no ha manifestado su arrepentimiento sino que incita, desde su escaño, a una mayor insistencia en el dolor y el derramamiento de la sangre inocente bajo el disfraz infame de la «lucha armada». España -con la mayoría de los vascos incluidos- le rechaza, pero el Estado le agradece de esta manera sus servicios prestados, el asesinato de unas decenas de españoles, algunos de ellos menores de edad, y por lo tanto menos lamentables y lamentados por no figurar en la lista de los contribuyentes.

En la últimas encuestas y consultas, los españoles han coincidido mayoritariamente en su primera preocupación. El terrorismo. Al general Rodríguez Galindo y a sus hombres se les debe la desarticulación de más de cien comandos asesinos de la ETA y la detención de la llamada cúpula terrorista. El general Galindo, en los períodos más sangrientos y canallescos de la banda etarra, mantuvo en su sitio la moral de la ciudadanía con sus brillantes y eficaces golpes contra el terror. Si en el caso Lasa-Zabala cometió delito, ya lo ha pagado con creces. Ahora le resta recibir una migaja de gratitud de la sociedad a la que sirvió de manera tan excepcional. Si hay que pasar por ventanilla, pagar póliza de recargo, presentar expediente con los sellos exigidos por la Administración, hacer cola y abonar el IVA correspondiente al indulto para que se entere el Gobierno de qué va la cosa, se pasa, se paga, se presenta, se hace cola, se abona el IVA y lo que haga falta. Si el general Rodríguez Galindo y sus hombres, en unos momentos de caos social por la perversa y brutal actuación terrorista, cometieron un delito, los españoles estamos deseando perdonárselo. A él y a sus guardias civiles les debemos centenares de vidas que hoy disfrutan de la libertad y la salud, centenares de familias que tienen futuro y esperanza porque el trabajo del general Galindo y de su gente se cumplió a la perfección. Que ese general y algunos de esos hombres estén en la cárcel, y que a ese general y a algunos de esos hombres se les haya endurecido la condena, es algo que no entendemos los pobres españoles de a pie, entre los que me incluyo, leches, y a mucha honra.

A ver si los pasmados del Gobierno, como los define Carlos Herrera, abandonan su ventanilla burocrática y abren una especial para tramitaciones urgentes demandadas por la sociedad. ¿A quién tienen miedo y de qué recelan? Al general Galindo lo tenemos preso entre todos, porque unos y otros no hemos sabido vencer el miedo a nuestra verdad. Cuanto más tiempo permanezca en prisión, más honda se hará la mentira común y la indignidad de la ingratitud.

Pasado el tiempo y calladas las voces y plumas de los hipócritas y los necios, sentiremos vergüenza por nuestra actitud. No defiendo la inocencia de Galindo, que para eso están sus abogados. Defiendo su trayectoria, su servicio a todos y su perdón. Un perdón tan público y generoso como pública y mezquina ha sido la humillación de su persona.

El tercer grado según Arzalluz
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 29 Julio 2001

Según la regla ignaciana, si la Iglesia dice que una cosa es blanca el jesuita debe reconocer que es blanca y convencerse de ello, aun cuando piense que es negra. Es una norma que ya no se sigue en la Compañía, por inhumana. Arzalluz, sin embargo, nos quiere imponer un tipo de obediencia de un grado muy superior, incluso a los que no somos de su regla política. Nos exige que dejemos de creer en algo que hemos visto y que hemos oído simplemente porque él así lo quiere. Hace un par de días nos ha dicho que ni Ibarretxe, ni él mismo, ni dirigente alguno del PNV han hablado de propuesta alguna de autodeterminación.

Arzalluz no nos pide un tercer grado de obediencia sino un comportamiento de estúpidos. Y, además, ¿con qué autoridad se dirige a quienes estamos fuera de su regla, a quienes no hemos tomado nunca un chiquito en un batzoki?

Si ya viene constituyendo una tortura esto del derecho de la sociedad vasca a la autodeterminación, ¿acaso no es una agresión mayor que se nos diga que jamás nos han martirizado con ello? En estos últimos meses hemos podido leer los textos del PNV y EA sobre las formas mediante las que van a defender la realización de este derecho propio de países colonizados. Hemos leído la propaganda. Hemos escuchado y visto a un señor de orejas puntiagudas advirtiéndonos sobre la inmediatez de esta reivindicación. Y nos hemos metido en la polémica, como es lógico, porque ¿cómo podríamos aceptar que las Vascongadas, Vasconia, el País Vasco ha sido y sigue siendo un país colonizado por el resto de los españoles?

Pues bien, sale Arzalluz y nos pide un cuarto grado de obediencia, el propio de un totalitario, es decir, de quien pretende siempre imponer su percepción de la realidad. Yo siempre he pensado que entre el pensamiento político de Arzalluz y el de Otegi hay unas correspondencias profundas, que tienen que ver con una concepción totalitaria de la existencia, iluminada en cuanto creen que la naturaleza humana, los hombres mismos son susceptibles de una manipulación total. En definitiva, el nacionalismo supone la reducción de las personas a una idea y a unos objetivos superiores, en definitiva, a una entelequia. Y en este orden de cosas hasta se puede decidir sobre la realidad misma, sobre los hechos, no sobre su blancura o negrura sino sobre su mera existencia.

En el caso de Arzalluz estamos ante un totalitario... muy torpe. Me explico. Es un totalitario cuando se dirige a sus súbditos o correligionarios o fieles y les exige una entrega mental total pero es, además, muy torpe cuando cree que esa relación puede extenderla a los que no tenemos que ver con él, a los que no comulgamos con el ámbito vasco de decisión. Es totalitario cuando ejerce su inmoral dominio en su «territorio» pero es, además, muy torpe cuando piensa que puede hacerlo con gentes que no tienen nada que ver con el PNV. Quiero decir que es posible que en los batzokis pueda convencer por conveniencias, por fidelidad enfermiza, por un grado superlativo de obediencia mental... ni el lendakari ni él han hablado de un plan de autodeterminación a corto plazo. ¿Por qué iban a creer eso cuando los militantes del PNV son capaces de ver burros volando? Lo llamativo es que Arzalluz pueda pensar que alguien en Lugo o en Barcelona pueda creer tal cosa.

No es el de Arzalluz un caso de locura. No podría aplicársele en un juicio internacional la eximente por enajenación mental. Tendría que responder de los crímenes que está favoreciendo. Es un totalitario en toda regla, siempre en el juego de crear enemigos a los suyos a fin de que éstos se entreguen al odio y de ese modo le resulten totalmente manejables. ¿Autodeterminación? Eso habrá sido una ocurrencia de Aznar, ha dicho. El enemigo, el que representa a «los otros», aquel y aquellos hacia los que hay que dirigir los odios.

Se agudiza la presión conjunta de ETA y la «kale borroka»
Impresiones El Mundo 29 Julio 2001

La banda terrorista ETA se cobraba ayer una nueva víctima en la persona del general Justo Oreja: ha sido, esta vez, un asesinato aplazado durante un mes, que es el tiempo durante el cual el militar ha resistido antes de sucumbir en un hospital madrileño. Allí permanecía ingresado desde hace un mes por las graves heridas causadas por la explosión de una bomba escondida en una bicicleta que estalló cuando salía de su domicilio. Las bombas han sido las protagonistas de estos últimos días: desde la que le explotó a la terrorista Olaia Castresana cuando la preparaba hasta la que los artificieros lograron desactivar en el aeropuerto de Málaga, pasando por los artefactos caseros que estallan en un lugar y otro del País Vasco. Como ilustra bien el recorrido delictivo de Castresana y viene a refrendar la perfecta coordinación de atentados y de acciones supuestamente menores de violencia callejera, en este difícil verano de 2001 han quedado definitivamente fundidos en una única estrategia el terrorismo y la kale borroka. Y este verano no ha hecho más que empezar; Interior, tal y como publicamos hoy, alertaba esta semana a los mandos militares de la capital para que extremaran sus medidas de seguridad individual ante la posibilidad de un atentado. Para el Gobierno vasco y su presidente, que mañana abre la semana política con una importante entrevista con José María Aznar, deberían precisarse las prioridades e incluso las urgencias. Su insistencia en hacer de una vaporosa autodeterminación el principal objetivo de esta legislatura, en vez de supeditarlo todo a un esfuerzo total por la seguridad y la vida de los ciudadanos, puede haber dado un nuevo impulso a ETA y a sus jóvenes seguidores callejeros.

La causa remota
Por Jaime CAMPMANY ABC
29 Julio 2001

La bomba que le ha estallado entre las manos a esa chica etarra, Olalla Castresana, asesina o quizá todavía solamente aprendiz de asesina, estaba destinada a hacer explosión en una de las playas de Torrevieja, a lo mejor en la Playa del Cura (nada que ver con monseñor Uriarte) o en la Playa de los Locos (nada que ver con Javier Arzallus). Las horas del baño en aquellas playas donde el calor aprieta de lo lindo se prolongan durante toda la mañana y toda la tarde, y para algunos nocherniegos también durante la noche. Allí se apretujan bañistas en número de cuatro o cinco por metro cuadrado, y la explosión de la bomba que preparaba o manipulaba la tierna y bella asesina Olalla podría haber producido una matanza de cristianos como la batalla de Valdejunquera, cristiano más, cristiano menos.

En las gradas del circo se sientan algunos espectadores que aplauden cuando ganan las fieras y lloran cuando una fiera muere, víctima de sus propias erradas dentelladas. También ahora se ha repetido el enternecedor suceso. Pobre Caín. Se ha dado un golpe en la cabeza con la quijada de asno y ha muerto. Terrible. Por el fallo de la bomba de la joven patriota Olalla se han salvado (es lo más probable) algunas docenas de bañistas inocentes, sin tiempo de pedir confesión. Eso mismo le habrá sucedido a la pobre Olalla. Pero en cambio, la piadosa sembradora de bombas ya ha recibido el homenaje debido a los intrépidos gudaris de la causa separatista al mismo tiempo que el incienso que merecen los mártires. Los bañistas destinados a víctimas insignificantes y sin gloria alguna se seguirán bañando pacíficamente. Habrá espectadores sin corazón, que exclamen con crueldad: «Pues, menos mal».

Las condolencias por la muerte, tan lamentable como oportuna, de la etarra de la bomba han sido varias y de diversa procedencia. Una de ellas proviene de Anartz, su compañero de heroicidades, de habitación, de banda y de bombas. Es lógico. El chico huyó al escuchar la explosión y sin dar una mano a la pobre Olalla. Lógico también. Sin duda, necesitaba la mano «para volver a cargar». Otro héroe. Sería una crueldad menor esperar que también sea otro mártir. Y otra condolencia ha venido de Roma, firmada por monseñor Juan María Uriarte, obispo de San Sebastián, que une su dolor al de la familia de la chica. Cumple así su deber de pastor, que se duele de la muerte de cada una de sus ovejas, sobre todo de las negras. Las ovejas blancas, al fin y al cabo, bastante fortuna tienen con serlo.

El sabio y santo obispo de San Sebastián encuentra la causa de este desgraciado accidente en la falta de acierto del pueblo vasco para «encontrar las vías de la pacificación y la reconciliación». Ha hecho muy bien el señor obispo en apartar de sus reflexiones la «causa próxima» de la muerte de la mártir Olalla y remontarse a buscar la «causa remota». La causa próxima no interesa a la Iglesia. La chica quería colocar una bomba en una playa abarrotada de turistas, andaba con ella entre las manos, tuvo la mala suerte de que estallara, evidentemente antes de tiempo, y murió víctima de un fallo mecánico o de una desdichada manipulación de los resortes mortíferos. Profundizando un poco, aquello sólo es la prolongación de unos actos que se repiten desde hace más de veinticinco años, y que por lo tanto ya han entrado dentro de lo que se puede considerar como una costumbre histórica.

Monseñor se ha detenido ahí. No ha entrado, y es natural, en otra «causa remota»: la protección y el amparo que la banda etarra encontró en los cabildos y en las sacristías de lo que ahora es su diócesis.

¿Negociar qué?
GERMAN YANKE El Mundo

¿
Negociar la independencia del País Vasco? NO

Ni se le puede pasar por la cabeza a Aznar discutir con Ibarretxe esa utopía ruinosa de la independencia del País Vasco, desmontar el sistema constitucional que reconoce, también a los vascos, la condición de ciudadanos a los habitantes de este país y asegura las libertades, ni considerar la cuestión que destrozaría, además de las haciendas, las bases de la convivencia.

No creo ni que se lo proponga Ibarretxe que, en todo caso, volverá a los eufemismos del «ámbito vasco de decisión», la «voluntad de los vascos» y la «ausencia de imposiciones», como si él mismo fuera un lehendakari ilegítimo, como si su cargo no respondiese a la decisión de los ciudadanos del País Vasco y a la ausencia de imposiciones del sistema democrático.

Lo que tienen que tratar es cómo se puede discutir de verdad y libremente en el País Vasco, cómo se responde a una estrategia de ETA en la que se busca la claudicación de todo aquél que, defendiendo la democracia, no está dispuesto a pactar con una banda terrorista nada, porque nada que a la banda interese se puede compatibilizar con un sistema de libertades. La desfachatez de decir a los que son asesinados o amenazados que la prioridad política es otra caería sobre ambos si hablan de la independencia.

Lo que Aznar podría recordar a Ibarretxe -además de la obligación de respetar la legalidad- es que la coalición que le sostiene dispone sólo de 33 escaños de los 75 del Parlamento Vasco que parece, algo distinto de la mayoría absoluta. Y que no estaría de más que pensara si prefiere buscar la estabilidad con quienes defienden la democracia, aunque no sean nacionalistas, o con quienes colaboran con el terrorismo porque la violencia está en la entraña de su ideología totalitaria. Para hablar de «ausencia de imposiciones» no estaría de más que lo recordaran y que repasaran la situación del País Vasco y el terror tácito o expreso que lo convierte en la vergüenza de Europa.

Si Ibarretxe pone cara de víctima, que le dé la lista de las de verdad. Si reclama competencias, que le pida lealtad constitucional, algo que, aunque no le guste, es su primera obligación. Si pide «normalidad», que le recuerde las leyes. Si reitera eufemismos, que le enseñe los resultados electorales desde el 77. Si reivindica «el honor» de las instituciones vascas, que le cite los municipios en los que se entienden y se apoyan PNV y EA con EH. Si vuelve con la murga del «conflicto», que le exija ayuda para encarcelar a los etarras, que son el único conflicto. ¿Y si le habla de la independencia? Si todavía tiene ánimos, que haga un esfuerzo y le baje a la tierra. Germán Yanke es director de Epoca.

La nueva ETA
MARIO ONAINDIA El Mundo 29 Julio 2001

Los grandes hitos de la historia de ETA se miden por muertes, al fin y al cabo la organización terrorista no se expresa por comunicados sino por coches bomba o por tiros en la nuca. Muertes ajenas, por supuesto, pero también muertes de sus propios militantes, que van marcando unas señales que muestran la perversidad de sus objetivos y el grado de desarrollo en que se halla la organización.

También durante este verano esa historia está marcada por la muerte: la de un ertzaina de Legorreta y un concejal de Leiza, pero no resultan menos significativas la de José Luis Arrieta, hace una semana escasa, y la de Olaia Castresana a quien le ha estallado una bomba en Torrevieja.

Arrieta, alias Azkoiti a pesar de haber nacido en Azpeitia, fue la ultima esperanza blanca del nacionalismo vasco de que la vieja ETA, desarrollada en el tardofranquismo, pudiera controlar la dinámica que había generado y hallar un final feliz a través de una negociación política. Murió de un infarto cuando políticamente había desaparecido y cuando los cachorros educados en la kale borroka tomaron el relevo de su generación tras la detención de la cúpula en Bidart (1992). Su muerte es el certificado de defunción de cualquier estrategia que pase por el intento de negociación política con ETA, como se pretendió en Lizarra.

A juzgar por las noticias mas recientes, Olaia Castresana es uno de los mejores exponentes de lo que es ETA actualmente. Una joven de 22 años que nació en una España que ya era una democracia constitucional y Euskadi un país autonómico, con un concierto económico que permite la soberanía fiscal, una Ertzaintza en marcha y un Gobierno vasco que desarrolla su propio sistema educativo y sanitario. Todavía están por escribirse los «Cien metros» de esta generación.

Poco antes de la muerte de Franco, Ramón Saizarbitoria, el más importante renovador de la narrativa en euskara, escribió una novela con ese título en la que, por medio de una ágil estructura de sucesivos flash backs, se narraban los últimos 100 metros que recorría un militante de ETA antes de ser abatido por las balas de la policía franquista. Al mismo tiempo, expresaba sus recuerdos de opresión lingüística en la escuela o de marginación nacional en distintos aspectos de su vida. Nada de eso conoció Olaia.

Pero me temo que la influencia de la escuela franquista para comprender el comportamiento de los militantes de ETA resulta tan ineficaz como el influjo de las ikastolas: la socialización política siempre se ha producido por otros cauces.

Lo importante es constatar que de esa manera se desmiente que el origen del nacionalismo haya que buscarlo siempre en la respuesta a una opresión previa, como plantea por ejemplo Isaiah Berlin. La naturaleza agresiva o defensiva del nacionalismo no se mide por el tamaño del país que dice defender.

Olaia pertenece a la generación criada en una situación de asepsia nacional, desde el punto de vista institucional, en el que España, identificada con la opresión, no figura por ningún lado. Su bandera y su nombre han desparecido de todos los medios autonómicos oficiales, mientras que durante todos los fines de semana de su vida ha podido ser testigo de los discursos de los dirigentes del partido gobernante (PNV), denunciando ofensas causadas por un país inexistente, inventado por los Reyes Católicos para, precisamente, ofender a los vascos.

Y lo ha hecho como tantos de su generación recurriendo a la violencia, lo único valioso que conoce. Un medio taumatúrgico incapaz de legitimar una causa porque permite comparar Euskadi con otros pueblos realmente oprimidos. Un medio eficaz que ha mostrado su potencialidad, porque la quema de 300 batzokis del PNV ha servido para que este partido abandone la autonomía y se pase con armas y bagajes a defender la autodeterminación, que hace un tiempo solo servía para plantar berzas. Arzallus dixit.

¿Cuántas Casas del Pueblo o cuántas casas de militantes podrán aguantar el PSE y el PP en Euskadi, antes de cambiar de opinión? Al fin y al cabo ¿quien podría arriesgarse a jugarse la vida por eso que llaman España, identificado recientemente por Arzallus con Santiago Apóstol y la Virgen del Pilar?.

Convencidos de que la autodeterminación ha sido conquistada a base de quemar batzokis, porque ya la va a defender el lehendakari Ibarretxe, ahora se proponen alcanzar la territorialidad. No es un dato menos significativo que la generación actual de militantes de ETA no procede, como a mediados de los años 80, de los barrios más castigados por el paro, sino de los medios pequeño burgueses como Gernika, Getxo o Donostia, hijos de papá (de aita, perdón) dispuestos a vengarse de todas las supuestas ofensas.

El nacimiento de esta «Generación del Estatuto» como la bautizó hace exactamente un año Arnaldo Otegi en frase feliz, pone en evidencia que no se terminará con el terrorismo mientras se condenen los medios violentos pero no se critique y denuncien sus objetivos totalitarios y fascistas.

El calendario que ofrece el lehendakari Ibarretxe para debatir sus proyectos en el parlamento vasco tendrá la virtud de que en Euskadi se pase la página de la mera condena de los medios para pasar a debatir también los fines totalitarios, que son los motores que alientan esos medios asesinos.

Mario Onaindia es presidente del PSE de Alava y miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO.

No mezclar las dos cosas
A pesar de lo que digan el 'lehendakari'y el presidente del Parlamento vasco, hacer política tiene mucho que ver con la violencia
Santos Juliá El País 29 Julio 2001

ANTES, HACE VEINTE AÑOS, cuando ETA mataba más que ahora, existía la expectativa razonable de que una vez satisfechas las aspiraciones de autogobierno garantizadas por el Estatuto, el nacionalismo democrático habría logrado segar la hierba bajo los pies del nacionalismo terrorista y plantearía su programa máximo en el marco de un país con todos sus ciudadanos gozando de un derecho efectivo a la vida. No ha sido así: a medida que las demandas de autogobierno se veían cumplidas, el programa máximo pasó a convertirse en mínimo sin que los nacionalistas se hayan inmutado poco ni mucho porque ETA hubiera roto su mal llamada tregua y decretado que eran reos de muerte los representantes de los partidos con los que presuntamente tendrían que negociar la superación del actual marco autonómico.

No son únicamente los concejales del PP, PSOE y UPN los amenazados de muerte: profesores de Universidad, periodistas, policías, empresarios que prefieren identificarse por su biografía personal, por decir: soy yo, más que por decir soy vasco o soy español, viven también con sus libertades gravemente recortadas. Todos ellos sienten sobre sus cabezas, especialmente cuando se manifiestan en el debate público, la amenaza real de la muerte. La pregunta es inevitable: alguien como Múgica, último concejal de UPN asesinado, ¿por qué aguantaba, después de las amenazas, de la quema de su vehículo, en un puesto de representación pública?, ¿por qué no se había metido en casa y cerrado las ventanas, como tantos otros? La pregunta no es retórica ni busca la fácil respuesta en una cuestión de carácter: aguantaba porque era un hombre fiel a sus ideas, alguien que no se hincaba de rodillas ante los tiranos. No se trata de eso ahora.

Lo que importa aquí es algo diferente; se refiere a la misma política: ¿hasta cuándo estarán en política, representando a sus conciudadanos, ocupándose de los asuntos públicos, como concejales, alcaldes, diputados unas gentes sobre las que pesa una amenaza real, efectiva, de muerte? Dicho de otro modo: ¿es posible, como pretenden los líderes del nacionalismo gobernante, hacer política cuando por hacerla uno se convierte en diana de una banda de asesinos? El derecho a la vida no es asunto de debate político, como pueda serlo el derecho de autodeterminación; es un derecho, por así decir, prepolítico. No hay política posible si todos los que concurren al debate público no gozan de idéntico derecho efectivo a la vida. Habrá imposición de una parte, resistencia de otra, pero no habrá política. Sin embargo, el lehendakari y el presidente del Parlamento vasco nos dicen al unísono: no hay que mezclar las dos cosas; sufrir la violencia es una cosa, hacer política es otra. Por supuesto, ni Ibarretxe ni Atutxa son partidarios del terror. Tan no son partidarios, que hasta aseguran que el único favorecido por la violencia es Aznar: Aznar 'tiene un perfecto colaborador en ETA', ha llegado a decir el presidente del Parlamento vasco, el mismo que pone luego cara de víctima para exigir que no se criminalice al nacionalismo.

No, no son partidarios, ni él ni Ibarretxe. Ellos, de lo que son partidarios es de no mezclar las dos cosas. Con ese lenguaje, lo que de verdad están diciendo estos dos líderes nacionalistas a sus adversarios políticos es lo siguiente: dialogar, negociar, debatir, plantear cuestiones, como el derecho a efectuar una consulta sobre la autodeterminación, que permita convocar luego un referéndum sobre la independencia es hacer política. Y eso, hacer política, no tiene nada que ver, no se puede mezclar, con el hecho de que os maten. La vamos a seguir haciendo, aunque os sigan matando. Cierto, no queremos que os maten; lo que queremos es que ETA acabe de una manera civilizada, que se quite del camino. Pero mientras va acabando, mientras se va quitando, no podemos quedarnos quietos y parados. Nosotros tenemos que seguir en lo nuestro. Y lo nuestro, como comprende hasta el más lerdo, no tiene nada que ver, no se puede mezclar, con el hecho de que maten a concejales ajenos.

ETA siempre mata
Editorial El Correo 29 Julio 2001

ETA mata, siempre mata, hasta cuando falla, porque en su perversión asesina va dejando una estela de sufrimiento y de destrucción. Pero ayer, ETA sí que mató, físicamente, aunque la muerte hubiera empezado un mes atrás, cuando una bomba escondida en una mochila y colocada encima de una bicicleta arrasó el cuerpo del general Justo Oreja. Ocurrió en una calle de Madrid, el 28 de junio, y desde ese día el militar sufrió una agonía lenta, injusta y letal, que terminó ayer. Para ETA, será una víctima más en la horrenda colección de vidas rotas de una organización terrorista que tiene la infame cualidad de haber deshumanizado a una parte de la sociedad vasca hasta hacerla ver enemigos donde hay simples personas, encontrar oponentes a quien exterminar donde sólo existen ciudadanos.

La muerte de Justo Oreja, como la de cualquier persona asesinada por la sinrazón, deja dos obligaciones a la sociedad: la condolencia y el apoyo de por vida a la familia; y el rearme ciudadano frente a quienes quieren imponer su proyecto totalitario por medio de bombas y sufrimiento. Es la única manera de testimoniar respeto y de reconocer a unas víctimas que, si fueran colectivamente recordadas día a día, prácticamente ocuparían todas las fechas del calendario. Porque ETA está consiguiendo que no haya día sin muerto, sin memoria, sin la tristeza de una familia hundida. Justo Oreja ha fallecido cuando la banda terrorista y el entorno radical arrecian con su violencia clamando venganza por la muerte, por su propia bomba, de una de sus activistas. Él no tuvo opción: lo asesinaron. ETA siempre mata, porque la muerte es su único argumento.

La violencia nos hace peores
JAVIER ROJO El Correo 29 Julio 2001

Hoy, después del 13 de mayo, somos muchos los que en Euskadi seguimos pensando que merece la pena seguir peleando y viviendo, sobre todo viviendo por defender las ideas, conscientes de que ETA seguirá matando.

Esto nos reafirma en seguir pensando que la violencia lo degrada todo y es lo que nos lleva a muchos a pedir en público, desde hace demasiado tiempo, dignidad para un pueblo, el vasco, que sufre y que se siente perseguido. Y ese sentimiento es el que hoy, con el terrorismo más salvaje, nos hace afirmar, con la misma convicción de siempre, que son los valores de la defensa de la libertad lo que tiene sentido en una sociedad democrática; porque, desgraciadamente, todavía, ¡hay ideas que, queriendo defender patrias, asesinan!

Qué mayor horror que tener que saber que hay niños, que hay jóvenes a los que se enseña a odiar. A odiar ideas. Y cuando se odian ideas, se puede llegar a celebrar la muerte de quienes las sienten suyas. Nadie elige ser mártir, ni tan siquiera interpretar el papel de héroe cuando apuesta por el camino del compromiso. Pero, a menudo, no nos está dado elegir ni tan siquiera las condiciones en que desarrollar la búsqueda de nuestra felicidad, tanto individual como colectiva.

El nacionalismo gobernante debiera ser consciente de que son demasiadas las dificultades que encontramos en el desempeño de nuestras responsabilidades como demócratas vascos comprometidos. Aunque existen a la par profundas satisfacciones, como el ejemplo de muchos de nuestros jóvenes que, día a día, nos dan muestras de coraje y compromiso. Porque hoy, como en los últimos años del franquismo, no podemos permitirnos el lujo de rehuir nuestras responsabilidades.

Siempre he tenido muy presentes los textos de un intelectual marroquí, Ben Jelloun, que me han ayudado a entender lo que sucede en Euskadi. Se refieren a la devastadora consecuencia que ha tenido para el nacionalismo árabe el conflicto entre tradición y modernidad, que, al no resolverse, ha hecho degenerar el nacionalismo en fanatismo alimentado en delirios religiosos y en actitudes políticas basadas en la dinámica de que el discrepante, el distinto, es enemigo:

«La nostalgia, dice Ben Jelloun, esa enfermedad que el mundo árabe lleva pegada a la piel, disfraza el rostro de la tradición y de los antiguos valores. Perpetúa la noción de la tradición eterna, petrificada en su esplendor, que se sostiene por sí sola como una evidencia que salta a los ojos de la memoria».

«Sin embargo, la tradición sólo es válida cuando exige tanta actividad y dinamismo como el progreso. Mantener una tradición viva supone conjugar valores ancestrales con una modernidad abierta y, sobre todo, inspirada en algo auténtico».

«Desde hace algunos años asistimos a una especie de atraco a la tradición. El error esencial de los intelectuales árabes convencidos de la modernidad y universalidad de ciertos valores ha sido dejar el campo libre al seudopensamiento religioso, es decir, al pensamiento esquemático y único, hecho de tópicos y de simplismo. Asistimos a la derrota del pensamiento de libertad y no sabemos cómo reaccionar».

«La modernidad, sinónimo de autenticidad, símbolo de una liberación tanto tiempo esperada, sólo puede vivirse colocando la memoria en su sitio. Es como un río que se hubiera desbordado o cuyo curso hubiera sido desviado. Nuestra relación con el pasado debe pasar por un examen crítico de nuestro presente. De lo contrario, seguiremos sin saber aportar respuestas a los interrogantes difusos y a veces confusos de este fin de siglo».

Esa necesidad de colocar la memoria en su lugar, de impedir que el seudopensamiento integrista -esquemático y único también en Euskadi- se adueñe de ella y la moldee a la medida de los tópicos simplistas que pueblan la imaginería de los fanatismos, sean estos cuales sean. Desde el integrismo talibán, al etnicismo vasco. «La libertad cuesta muy cara, y es necesario o resignarse a vivir sin ella o decidirse a comprarla por su precio», decía José Martí. Hoy todavía, en Euskadi, el precio no es otro que el compromiso frente a la segregación, la militancia ciudadana por las libertades frente al silencio, el coraje cívico frente a la tibieza de la equidistancia descomprometida.

El Gobierno vasco, en esta nueva andadura, ha adquirido en el Parlamento un compromiso ético y moral en la defensa de la libertad para con todos los vascos; nos tiene que defender y proteger y, además, así lo tenemos que sentir. Porque hoy ETA sigue matando y sembrando terror y desesperanza y sus defensores en las instituciones nos siguen señalando para que ejecuten. Por tanto, es cuenta de todos los ciudadanos y ciudadanas vascos asumir el protagonismo del cambio en Euskadi.

La transición inacabada
Por Enrique de Diego Libertad Digital 29 Julio 2001

No puede considerarse acabada la transición cuando en tres zonas geográficas de España fuerzas políticas piden la secesión y la consiguiente ruptura del marco constitucional. Como tampoco puede sostenerse en sentido pleno ni absoluto la especie de la transición pacífica cuando hay más de ochocientos asesinados por violencia política.

La transición ha sido un proceso razonable dentro de lo posible partiendo de una herencia tan lastrante como una dictadura. Ni el franquismo podía sostenerse sin el dictador, ni la oposición democrática tenía fuerza suficiente para emprender el camino en solitario, así que la opción de la ruptura siempre fue una quimera que dejó pasó a la más realista reforma. Pero esto no se hizo sin coste ni sin trasladar hacia el futuro una carga importante de complejos de culpa y de desasosegantes déficits psicológicos de legitimidad. Quienes supieron aprovechar mejor esos factores, muy acusados en Adolfo Suárez, el último secretario general del movimiento, fueron los nacionalismos, emergentes de la hibernación de la dictadura con virulencia desfasada –en un tiempo en el que el estado nacional de corte totalitario había sido arrumbado por el fracaso de los totalitarismos- y con la contribución insospechada de una izquierda infectada de nacionalismo, abrumada de complejos ideológicos tras el fracaso del socialismo real, entonces notorio y desvelado con la publicación de “Archipiélago Gulag” de Alexander Solzhenitsyn.

Sólo la clarividente y primigenia resistencia de Navarra, de la UCD navarra, impidió un prematuro desastre secesionista, impulsado al tiempo por Adolfo Suárez y por Felipe González, cuyo partido propugnaba la federación en el País Vasco y la autodeterminación reivindicada en primera línea por José María Benegas.

Como en las películas, como en los libros, como en la vida misma la valoración de lo sucedido no puede hacerse hasta comprobar los resultados finales. Lo que está cuestionando el nacionalismo vasco, con Ibarretxe a la cabeza, es la transición de una manera completa, absoluta, de raíz. Por tanto, de todos y cada uno, desde el papel del rey para abajo, sin excepción alguna. Conviene tenerlo en cuenta porque tanto Miguel Herrero de Miñón como Javier Tusell, junto a manifiestos y no edificantes resentimientos, compaginan el remunerado apoyo a los nacionalismos con la sacralización de la transición como proceso perfecto, blindado a la crítica o, como con grandilocuente beata enfatiza Tusell “la tranisición no tiene pecado original”. La misma idea de consenso, beneficiosa como ámbito de moderación y negociación, entrañó siempre un porcentaje de cesión.

Es intelectualmente atractiva la idea de que un presidente de la República elegido por sufragio directo hubiera tenido capacidad para enfrentarse, sin problemas psicológicos, a esta deriva nacionalista que ahora se sitúa al borde de la secesión.

En los términos de la realidad, de lo posible, la corona parece haber asumido una desenfocada posición arbitral ante los partidos nacionalistas que no sólo cuestionan su existencia sino la base misma de su legitimidad que es la unidad nacional. Tal pretensión es una quimera y una pérdida del sentido de la realidad, pues los árbitros están precisamente para defender las reglas del juego.

En los próximos años se va a decidir el resultado final de la transición, proceso inacabado. Deseo que sea un final feliz, pero eso depende de que cada uno de los responsables esté a la altura de las delicadas circunstancias.
 

Error al cuadrado
ANTONIO BASAGOITI El Correo 29 Julio 2001

He leído con interés el artículo ‘Error sobre error’ de Joseba Arregi, publicado recientemente en este diario. En dicho escrito, el autor critica abiertamente la postura del Partido Popular del País Vasco en asuntos relativos al autogobierno y, entre otras cosas, responsabiliza al presidente de nuestra formación de perpetuar los males de la sociedad vasca y evitar el consenso político en torno a la consecución de la paz.

Respetando los argumentos utilizados en su artículo y reconociendo que muchos ciudadanos pueden compartirlos, creo que parten de un error fundamental que provoca unas conclusiones enteramente desacertadas. Es un absoluto error pensar que el PP no pretende el desarrollo de las transferencias y que medimos éstas en función de la postura política del PNV o del lehendakari. Nuestra postura autonomista y estatutaria es inequívoca. No así la del nacionalismo vasco democrático, que ha puesto en peligro nuestros derechos históricos y leyes vigentes al apostar, poner en marcha y financiar instituciones paralelas incompatibles en el fondo y en la forma con el Estatuto. Nuestra posición acerca de las transferencias es clara: deseamos que las pocas que faltan se desarrollen pero, eso sí, llamamos la atención sobre el sinsentido de que un partido como el PNV reclame una serie de competencias que se sustentan en un marco jurídico que el lehendakari y su partido ya han anunciado que no les vale. Así pues, si hay alguien que impide y pone trabas a nuestro pleno desarrollo estatutario por motivos políticos, ése no es otro que quien ayer trató de superar el marco a través del Pacto de Lizarra, hoy sigue en Udalbiltza y mañana no sabemos qué iniciativas pretenderá impulsar, siempre en contra del Estatuto y de la Constitución.

Desde tal erróneo argumento, pues, sólo se pueden concluir poco acertados e injustos juicios. Poco acertados y nada oportunos como la frase con que el señor Arregi finaliza su artículo: «El artilugio terminará explotándoles en sus propias manos», en referencia a nuestra formación política; metáfora un tanto desgraciada a juzgar por los tiempos que corren. O como cuando acusa al PP de carecer de ‘liberalismo’, reflexión un tanto demagógica -y de ello algo sabe el que estas líneas firma, miembro de la Sociedad ‘El Sitio’, que el autor tan bien conoce y que es cuna del liberalismo de nuestra villa-. Pero, sobre todo, sus conclusiones son profundamente injustas porque si alguien está perpetuando el mal de la sociedad vasca, es quien mata o, en todo caso (y sin pretender equiparar), quien comparte objetivos con los que matan y quien no garantiza las libertades de una parte de los vascos teniendo todos los instrumentos del Estado de derecho a su servicio para hacerlo.

Lamento, de todas formas, que el autor del artículo al que hago referencia no continúe en el grupo parlamentario que aprobó la financiación de esa Udalbiltza que pretendía suplantar nuestras instituciones y normas de convivencia, porque estoy convencido que en esta legislatura hubiese podido convencer a su grupo del error que esto supuso, llevándolo a rectificar y a convertir en hechos su defensa del Concierto y del Estatuto. Una defensa que, progresivamente, a juzgar por la coyuntura política en que nos encontramos, está quedando en mera palabrería que oculta fines soberanistas cada vez menos ocultos y más desvergonzadamente exhibidos.

¡Qué asco!
PABLO MOSQUERA MATA El Correo 29 Julio 2001

Esto tuve que oír del paisanaje ante las noticias que mostraban la manera de participar de ETA en el proceso democrático electoral que llevaba al lehendakari ante el árbol de Gernika. Como una maldición, cada vez que nuestro país tiene una cita con la democracia, el MLNV, a través de su vanguardia de gudaris, asesina o trata de hacerlo. Como un rito macabro se suceden las noticias, los gritos, las concentraciones y las condenas. El efecto está logrado: miedo y notoriedad, para dejar constancia de quién manda y quién es el mandado. Cada día que pasa lo tengo más claro. El diálogo que nos exigen debe ser sobre el derecho histórico a la autodeterminación. La paz pasa por aceptar esas condiciones. Si alguien no me cree, que pida la transcripción de los discursos nacionalistas en el Parlamento vasco con motivo de la investidura.

Los derechos del pueblo vasco, del que ETA se considera caballero cruzado del Santo Grial, se colocan al mismo nivel que los derechos humanos, en una filosofía carente de ética, amoral.

Lo malo es que las elecciones del 13 de mayo han dado legitimidad al proceso, cuestión que le ha permitido al portavoz del PNV en el Parlamento afirmar que, tras el éxito logrado, hubo muchos españoles que les llamaron para felicitarles. Cuando oí tal confidencia, no pude aguantarme y me marché del escaño. En ese momento me sentí estafado, utilizado, estigmatizado. Todos estos años de lucha por el cambio no habían servido más que para exponer mi vida a la venganza de los fundamentalistas. Claro que algunos han perdido mucho más que yo.

¿Y ahora qué? Todo indica que hay un programa, un calendario, una estrategia, un fin, para avanzar hacia la autodeterminación, como punto de encuentro de todos los nacionalistas.

El asesinato del mando de la Policía autónoma vasca representa otro escenario en la guerra del MLNV contra la democracia. Desde el asesinato del sargento mayor, nunca habían ido directamente a por una persona de la Policía autónoma. Han asesinado con premeditación a un mando, a un afiliado a ELA, al estilo Chicago. Pero lo peor es comprobar cómo hay alcaldes de EH, en municipios donde los vecinos, mayoritariamente, están con el MLNV y no condenan los asesinatos que se producen allí y que, a buen seguro, alguien del lugar ha señalado.

Visto desde fuera, da asco. Pero no sólo el lugar o la situación del momento. Da asco todo. Da asco la falta de sensibilidad de una parte importante de la sociedad que le volvió la espalda a las víctimas de ETA, eludiendo el cambio por la dignidad y apostando por la continuidad del proceso soberanista como solución al contencioso asesino de una parte del pueblo vasco contra la otra parte y contra el resto de España. Seguimos como antaño. Las preguntas se suceden. ¿Quién será el próximo?

No es verdad que en nuestra comunidad haya una guerra. Hay un bando que mata, otro que muere, y otro que procura que no le toquen sus intereses personales. Mientras buscamos la solución al ‘problema’, seguiremos engañándonos a nosotros mismos con manifestaciones de las que nos retroalimentamos con nuestro dolor e impotencia, ante la indiferencia absoluta de los que nos han declarado la guerra, por activa o por pasiva.

Quizá la pregunta clave sea qué error deben cometer los asesinos para que todos juntos decidamos ir a por ellos.

Los expertos consideran «inviable» el derecho de autodeterminación en el orden internacional
MADRID. M. Calleja ABC 29 Julio 2001

Si tomamos como hecho diferencial de un pueblo su lengua propia y aplicamos el derecho de autodeterminación, en el mundo habría entre cuatro mil y ocho mil Estados, los suficientes para hacer imposible un orden político internacional. Los expertos consideran «inviable» este derecho, formulado el siglo pasado para favorecer el proceso de descolonización.

Para Xabier Arzalluz es tan «obvio» el derecho de autodeterminación aplicado al País Vasco, que ni siquiera ve necesario hablar de ello. Sin embargo, la inmensa mayoría de los expertos y profesores en ciencia política consideran que ese derecho es «inviable» hoy en día en el orden internacional, y no es más que una rémora del pasado, que se formuló, principalmente, para facilitar el proceso de independencia de los pueblos colonizados tras la Segunda Guerra Mundial.

El derecho de autodeterminación empezó a forjarse en la segunda década del siglo XX, para dar un cariz democrático al principio de nacionalidades que surgió de la Revolución Francesa. Este principio se refiere al derecho de una nación cultural a dotarse de una organización política propia. El posterior derecho de autodeterminación persigue el mismo fin, pero a través de la voluntad de los habitantes.

El principio de nacionalidades alcanzó su apogeo a partir de 1918, pero su aplicación tuvo como resultado traumáticos trastornos en el ordenamiento político europeo. Como señala el catedrático de Ciencia Política Manuel Pastor, la mezcla de pueblos y grupos étnicos en la Europa central y del este hacía imposible una materialización razonable de este principio. El presidente estadounidense Wilson lo incluyó entre los 14 puntos que formuló para desgajar los Imperios alemán, austro-húngaro y otomano tras su derrota en la Primera Guerra Mundial. Las tensiones nacionalistas, lejos de rebajarse, se animaron, lo que dio lugar a más inestabilidad dentro de Europa. La política del principio de nacionalidades quedó en entredicho por sus aplicaciones prácticas.

La idea de autodeterminación quedó plasmada en la Carta de las Naciones Unidas, en los artículos 1 y 55. Pero la Carta hace referencia a un principio y no a un derecho: «Fomentar entre las naciones relaciones de amistad basadas en el respeto al principio de igualdad de derechos y al de libre autodeterminación de los pueblos...»

PROCESO DE DESCOLONIZACIÓN
Aunque los nacionalismos periféricos reivindican la aplicación de este derecho en relación con los Estados a los que se enfrentan, el reconocimiento internacional de esta doctrina se ha conectado siempre al proceso de descolonización, como se ve en las resoluciones 1415 y 2625 de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Cuando las potencias aliadas dieron a la autodeterminación una proyección como derecho a la independencia, estaba fuera de toda duda que se referían a los países bajo dominio colonial, entre otras cosas porque no iban a formular una norma que atentara contra la integridad nacional de su territorio. Los textos posteriores dejaron clara la incompatibilidad de cualquier intento de segregación de una parte del territorio de un país miembro de Naciones Unidas con el espíritu de las declaraciones.

Cuando hoy en día se habla de derecho de autodeterminación, en realidad se está reclamando un supuesto derecho a proclamar la independencia de un pueblo. En opinión de Edurne Uriarte, profesora de Ciencia Política de la Universidad del País Vasco, esto es lo que hacen el PNV y EA en el País Vasco.

RUPTURA TOTAL DEL ESTADO
Uriarte, que ha sufrido en carne propia la amenaza terrorista de ETA, califica de «inconcebible» que en un Estado democrático como el español se permita la secesión de una parte de su territorio. Por otra parte, si se admitiera la independencia para el País Vasco, debería admitirse para cualquier unidad territorial de España, lo que «abriría el camino a la ruptura total del Estado».

A su juicio, los nacionalistas están decididos a llegar hasta donde puedan, y aunque siempre mantienen un discurso ambiguo, ahora proclaman con toda claridad cuál es su objetivo político. «Quieren ir hasta el final, pero manteniendo la ambigüedad, porque el PNV quiere quedarse con todo el electorado nacionalista, incluido el más radical», comenta esta profesora de Ciencia Política.

«CAMINO DE LOCURA»
Uriarte cree que el PNV va a seguir «por el camino de esa locura en la que ha entrado, porque ya no puede parar. Ellos mismos se han empujado». La profesora de la Universidad del País Vasco explica que el nacionalismo necesita siempre para subsistir un elemento reivindicativo, pero «el nacionalismo vasco se encuentra ahora con el problema de que todas sus reivindicaciones históricas están conseguidas, y no tienen otra salida que elevar el nivel».

Respecto a la posibilidad de que se convoque un referéndum sobre autodeterminación, Uriarte señala que hay un porcentaje muy minoritario que quiere la independencia, aunque esté en el programa de PNV y EA, que obtuvo el respaldo mayoritario de los ciudadanos del País Vasco en las últimas elecciones autonómicas. Además, rechaza el discurso del lendakari de que los vascos tienen derecho a decidir sobre su futuro, porque «los vascos están decidiendo constantemente en las elecciones democráticas».

Uriarte advierte que, en cualquier caso, la autodeterminación no supondría el final de ETA, porque el terrorismo sólo se acaba «con la acción policial y las deslegitimación total de la banda terrorista». Según la profesora vasca, la independencia del País Vasco le parecería escasa a ETA. El siguiente problema sería reivindicar Navarra y la parte francesa. «Tendrían motivos para seguir matando», señala, porque «su proyecto es de un sistema totalitario».

¿QUIÉN ES EL «AUTO»?
El doctor en Ciencias Políticas y ensayista Andrés de Blas Guerrero explica en su obra «Nacionalismo y naciones en Europa» que durante décadas, la práctica de las Naciones Unidas en relación con el derecho de autodeterminación se ha hecho efectiva en tres vías: la aplicación del principio a favor de países colonizados, la negativa para su aplicación en favor de poblaciones correspondientes a territorios artificialmente creados por las potencias coloniales (como el caso de Gibraltar) y la hostilidad respecto a su utilización en cualquier circunstancia que implique la secesión de un Estado soberano miembro reconocido de la Comunidad Internacional.

El mismo autor lleva al absurdo la aplicación rigurosa de este derecho: «¿Quién es el «auto» del rotundo concepto de auto-determinación? Los individuos pertenecen a muy diferentes grupos sociales con los que sostienen diferentes identificaciones. ¿Es deducible por ello un derecho de autodeterminación para los grupos sociales, profesionales, económicos o familiares? Menos claro está el alcance de la «determinación», que se puede manifestar a muy distintos niveles territoriales (de la parroquia al Imperio) y con diferente alcance político».

LA SUPERACIÓN DEL PRINCIPIO
Para el vicerrector de la Universidad San Pablo CEU, José Peña, doctor en Ciencias Políticas y Derecho, por derecho de autodeterminación se entiende el que tienen los pobladores de un territorio para dilucidar su futuro político, pero en la actualidad «está superado por las modernas tendencias constitucionalistas». Se trata de un derecho, continúa, que tiene una proyección, un ámbito de desarrollo, que no tiene nada que ver con la situación de España ni con los países de nuestro entorno.

Respecto a su posible aplicación en el País Vasco, Peña recuerda que aunque el PNV y EA llevaran en su programa electoral la autodeterminación, y fuera respaldado por una mayoría de los vascos, esto no les da legitimidad para ponerlo en práctica, porque «no es viable». En su opinión, ambos partidos mezclan elementos ideológicos con jurídicos y crean una enorme confusión, pues no existe la viabilidad jurídica de este derecho. Subraya, además, que «los derechos de los ciudadanos del País Vasco son los mismos que los del resto de los españoles, y están contenidos en la Constitución». En cualquier caso, Peña recuerda que el referéndum es una competencia exclusiva del Estado y tiene carácter consultivo.

Para el catedrático de Ciencia Política Manuel Pastor, el «insalvable obstáculo del derecho de autodeterminación es la imposibilidad de establecer unos límites razonables a tal ejercicio». En su opinión, una aplicación supuestamente «lógica» y «racional» de este principio es incompatible con la vigencia de un orden político internacional del tipo que sea.

De esta manera, según Pastor, si se toma como rasgo fundamental de la personalidad diferenciada de un pueblo la utilización de una lengua propia, este principio debería llevar a la construcción de un número de Estados oscilante entre los cuatro mil y los ocho mil (por lo ambiguo del concepto de lengua diferenciada). Pero si el punto de referencia fuera el derecho de autodeterminación en abstracto, el número de Estados sería imposible de determinar, según explica Pastor.

De la misma forma que se podría conceder el derecho a un colectivo por razones culturales o más o menos históricas, también podría concederse a comunidades de carácter religioso, ideológico, económico, geográfico o incluso a las que fueran fruto de una mera expresión de voluntad de sus habitantes.

«Ningún observador político responsable puede dar por buenos unos principios que llevarían, de ponerse en práctica con carácter universal, al absurdo», añade este catedrático.

Pastor señala en el ensayo «Ciencia Política» que el derecho de autodeterminación ha sido un instrumento político dispuesto a ser aplicado como castigo a los imperios después de 1918, como medio para restablecer el orden europeo truncado por el imperialismo nazi en 1945 o como intrumento para llevar adelante el proceso de descolonización.

DINAMITAR EL MAPA DEL MUNDO
El catedrático de Ciencia Política advierte que «quien no se encuentre dispuesto a dinamitar el mapa del mundo, no puede afirmar el valor abstracto de un principio que parece irreconocible con la pervivencia de cualquier orden internacional merecedor de tal nombre».
Otro experto en esta cuestión, L. Buchheit, afirmó que con la idea de autodeterminación ocurre lo mismo que con el Sacro Imperio Romano, que al final resultó ser ni sacro ni imperio ni romano.

Eta se cobra una víctima más al morir el general contra el que atentó hace un mes
Monseñor Estepa critica a los que «manipulan la historia y la cultura para confundir a los vascos». José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero asistieron al funeral
J. Arias Borque - Madrid.- La Razón 29 Julio 2001

El presidente del Gobierno, José María Aznar, presidió anoche el funeral por el general de brigada Justo Oreja, fallecido ayer a consecuencia de las heridas que sufrió tras un atentado de Eta hace un mes en Madrid, y a quien le impuso a título póstumo la Gran Cruz del Mérito Militar.

   El fallecimiento se produjo a las ocho de la mañana, motivado por un «fallo multiorgánico», según explicaron fuentes del centro sanitario donde era atendido desde que el pasado 28 de junio Eta intentara acabar con su vida en uno de los últimos atentados en la capital.

   El atentado perpetrado por Eta el 28 de junio consistió en la colocación de una bomba compuesta por cuatro kilos de dinamita en una bicicleta situada junto a su domicilio, a la altura del número 136 de la madrileña calle de López de Hoyos.

   Los terroristas esperaron a que el militar saliera a la calle para dirigirse a su trabajo, a las 8,30 de la mañana, para accionar el mando a distancia y hacer estallar al artefacto, que le alcanzó de lleno y cuya onda expansiva también causó una quincena de heridos entre las personas que se encontraban en el lugar.

   Justo Oreja sufrió quemaduras en el 50 por ciento de la superficie corporal, así como un traumatismo craneoencefálico y ocular, una fractura en la muñeca y contusión pulmonar.

   Emotivo funeral
   Anoche tuvo lugar en la sede del Ministerio de Defensa de Madrid el funeral por la última víctima de Eta. Durante la homilía, el arzobispo castrense, José Manuel Estepa, denunció la «mentira histórica y cultural» con la que dijo «se busca confundir e intoxicar a los vascos y a los demás españoles». Así aseguró que espera que la muerte de este militar fuera «en provecho de España y no para hacer más honda la humillación de nuestro pueblo» y subrayó que «hay que evitar la tentación que algunos parecen sentir de aprovechar la sangre de las víctimas, siempre inocentes, para justificar con ella la necesidad de un tipo de tratos que llenarían de vergüenza al conjunto de España». «Pero la salida no puede encontrarse en la renuncia a la verdad, a la Justicia y a la libertad», matizó. Al finalizar el acto pidió una oración «por España, su Rey y sus gobernantes», además de por la viuda e hijos de Justo Oreja.

   Al acto asistieron además del presidente del Gobierno, José María Aznar, el secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, el ministro de Defensa, Federico Trillo, la presidenta del Senado, Esperanza Aguirre, y el alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano, quien ha decretado una jornada de luto.

Rajoy culpa a ETA de llevar a la muerte a una parte importante de la juventud vasca
JAÉN. J. López ABC 29 Julio 2001

Mariano Rajoy dijo ayer que ETA «está llevando a la muerte a una parte importante de la juventud vasca». El ejemplo: Olalla Castresana, la etarra que murió al estallarle la bomba que manipulaba. «ETA es la responsable de la muerte de esta chica», indicó Rajoy, quien afirmó que este caso debería hacer reflexionar a los que directa o indirectamente apoyan a ETA.

El ministro del Interior situó los actos vandálicos de la madrugada del sábado en el País Vasco y Navarro en el contexto del fracaso de las últimas acciones de la banda. Indicó que los dos fracasos importantes, la muerte de una de sus activistas -«ETA ha asesinado a esa persona»- y el coche bomba de Málaga que no estalló, han motivado que la banda intente resarcirse a través de la violencia callejera.

En cuanto a la campaña de verano, el vicepresidente expuso que intentará ser combatida con más vigilancia en las principales áreas turísticas. «Tenemos un plan en el que prestamos especial atención a los enclaves turísticos». Aludió en concreto a un refuerzo de 1.400 policías nacionales y a un incremento de agentes de la Guardia Civil. Aun con el incremento de la actividad policial, Rajoy admitió la dificultad de conocer el número exacto de «comandos» que tienen previsto atentar en áreas turísticas. Indicó que la dificultad se deriva de la ausencia de antecedentes de varios de sus integrantes.

La erradicación del terrorismo es, a juicio del ministro, una labor de todos. Por este motivo Rajoy calificó de «muy importante» la reunión que mantendrán mañana el presidente del Gobierno, José María Aznar, y el lendakari, Juan José Ibarretxe, al que pidió que acuda con una actitud constructiva para que colaboren ambos gobiernos en el objetivo principal: «Acabar con ETA que ha establecido la última dictadura que existe en el mundo civilizado».

Por lo pronto, el vicepresidente se mostró satisfecho de la prohibición de la manifestación en apoyo de la terrorista muerta en Alicante. «Que la Consejería de Interior del Gobierno vasco haya prohibido una manifestación en la que se pretendía homenajear a una persona que es más que probable que hubiera asesinado a otras muchas personas me parece un acto de puro sentido común porque allí lo único que iba a haber es apología del terrorismo de ETA».

Respecto a la polémica suscitada sobre la autodeterminación del País Vasco, el vicepresidente, eludió avivarla: «Lo que hay que hacer es un esfuerzo de colaboración. En estos momentos el problema de verdad es que hay media sociedad vasca que puede ser asesinada por la banda terrorista. El Gobierno vasco tiene que darse cuenta de que esto es así».

Los proetarras intensifican la violencia callejera y Batasuna mantiene el homenaje a Castresana pese a ser prohibido
VITORIA/BARCELONA. J. J. Saldaña / ABC 29 Julio 2001

El País Vasco vivió ayer otra oleada de violencia, intensificada tras la muerte de la miembro de ETA Olalla Castresana, cuya militancia reivindicó ayer la banda. Después de que la Guardia Civil registrara un segundo domicilio en Intxaurrando (Guipúzcoa), los proetarras protagonizaron cinco acciones de «kale borroka» («lucha» callejera).

Los proetarras protagonizaron en la noche de ayer nuevos actos de vandalismo callejero con cinco ataques, entre ellos a un vehículo particular de un ertzaina en Vitoria y a la vivienda del delegado de UGT en Hernani y militante socialista, José Pérez. La onda expansiva del artefacto colocado en el vehículo del agente, que estaba compuesto por dos bombonas de camping-gas y un petardo, afectó a otro coche y a un portal.

Respecto al ataque contra el delegado de UGT, éste no se encontraba en su domicilio en el momento del sabotaje, aunque sí sus dos hijos, si bien no hubo que lamentar daños personales. El ataque tuvo lugar a las dos menos veinte de la madrugada. A consecuencia de la explosión resultaron afectadas la puerta de la vivienda y otras dos entradas de situadas en el rellano.

También un grupo de ocho encapuchados atacó una furgoneta de la Ertzaintza que circulaba por la localidad vizcaína de Amorebieta sin que se registraran heridos. Ninguno de los artefactos impactó en la furgoneta, aunque el ácido que contenían sí afectó a un autobús y un monovolumen estacionados cerca.

Mientras, efectivos de la Guardia Civil registraron una vivienda en la calle Marrutxipi del barrio de Intxaurrondo de San Sebastián, dentro de la operación policial abierta tras la muerte de la terrorista Castresana y el registro practicado en el barrio de Gros del piso que la fallecida ocupaba con Anartz Oiartzábal, dado a la fuga.

Por su parte, el dirigente de Batasuna Arnaldo Otegi anunció el traslado de la manifestación convocada por hoy en San Sebastián -que fue prohibida por el Gobierno vasco tres días antes del encuentro que tendrá lugar entre el lendakari vasco y el presidente del Gobierno el lunes en La Moncloa- al próximo sábado para homenajear a la etarra fallecida. Otegi aseguró que Castresana, que falleció a consecuencia de la explosión de la parte de dinamita que almacenaba en un piso de Torrevieja, murió «por razones políticas» y «por defender el derecho de autodeterminación».

OTRA BOMBA EN BARCELONA
En Barcelona, la oficina de «la Caixa» que había sido objeto de un atentado en la madrugada del viernes sufrió otro ataque, a las 05,25 del sábado, esta vez con un artefacto menos potente, una bombona de camping gas que estalló por iniciación pirotécnica. En esta ocasión no se registraron heridos.

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