AGLI

Recortes de Prensa     Martes  31  Julio   2001
#Autodeterminación o independencia
Edurne Uriarte, profesora de Ciencia Política. Universidad del País Vasco ABC 31 Julio 2001

#En torno al Estatuto
Editorial ABC  31 Julio 2001

#Ejercicio para una siesta de verano
M. MARTÍN FERRAND ABC  31 Julio 2001

#Todo el peso de la ley
Breverías ABC  31 Julio 2001

#Ingenuidad nacionalista
Cartas al Director ABC  31 Julio 2001

#Arquíloco o el revisionismo vasco
ANTONIO ELORZA El Correo  31 Julio 2001

#NO SE HACE CAMINO ANDANDO EN DISTINTAS DIRECCIONES
Editorial El Mundo  31 Julio 2001

#Otegi y su apología del terrorismo
Impresiones El Mundo  31 Julio 2001

#El PNV trata a PSOE y PP como a Pardillos
Luis María ANSON La Razón  31 Julio 2001

#Diferencias abismales
Editorial El País  31 Julio 2001

#El órdago de Ibarreche
Editorial La Razón  31 Julio 2001

#Reflexiones sobre la cuestión nacional
JOSE MARIA MARCO El Mundo  31 Julio 2001

#¿Quién dictó su sentencia de muerte?
Jaime Ignacio del Burgo es diputado de UPN en el Congreso La Razón  31 Julio 2001 

#Ibarreche tiene razón
Antonio Basagoiti es vicesecretario del PP del País Vasco La Razón  31 Julio 2001

#El cansancio de ser vasco
Iñaki EZKERRA La Razón  31 Julio 2001

#Cuando patinan las neuronas
CARMEN RIGALT El Mundo  31 Julio 2001

#Las lágrimas de la cebolla
Julián LAGO La Razón  31 Julio 2001

#Una «víctima» en la Moncloa
Lorenzo CONTRERAS La  Razón  31 Julio 2001

#Ibarretxe en la escalera
MIGUEL ÁNGEL AGUILAR El País  31 Julio 2001

#El «título» del «lehendakari»
GERMAN YANKE El Mundo  31 Julio 2001

#Estrategia inteligente
Ignacio Villa Libertad Digital  31 Julio 2001

#Lealtad
Enrique de Diego Libertad Digital  31 Julio 2001

#El énfasis
José Luis Balbín La Estrella  31 Julio 2001

#A cara de perro
Pablo Sebastián La Estrella  31 Julio 2001

#La violencia
MARÍA MAIZKURRENA El Correo  31 Julio 2001

#Una nueva etapa
Editorial El Correo  31 Julio 2001

#Y MURIÓ EL GENERAL OREJA...
VENTURA PÉREZ MARIÑO La Voz  31 Julio 2001

#La Fiscalía del País Vasco se querellará contra Arnaldo Otegi por enaltecer a ETA
MANUEL SANCHEZ El Mundo  31 Julio 2001

#El PSOE frena los rumores de acercamiento al PNV y advierte que se opondrá a la autodeterminación
Esther L. Palomera - Madrid.- La Razón  31 Julio 2001

#Quinta noche consecutiva de ataques callejeros en Euskadi
Bilbao El País  31 Julio 2001

Autodeterminación o independencia
Por Edurne Uriarte, profesora de Ciencia Política. Universidad del País Vasco ABC 31 Julio 2001

EL próximo objetivo de los nacionalistas es la autodeterminación, es decir, la independencia. Con ambigüedades, con maniobras de confusión, con manipulación, pero los nacionalistas han dejado bien claro que su objetivo es la secesión. No quedan, por lo tanto, más excusas al resto de fuerzas políticas, intelectuales y ciudadanos, para seguir rehuyendo un problema que ya está encima de la mesa. Es hora ya de responder a un concepto engañoso que durante bastante tiempo ha tenido sumido en la perplejidad y en la confusión a políticos e intelectuales españoles, incapaces de entender la auténtica dimensión de la radicalización nacionalista, e incapaces también de articular una respuesta que desmitifique las supuestas esencias democráticas de la autodeterminación.

Esta respuesta exige, en primer lugar, un ejercicio de realismo y clarificación respecto a lo que significa la autodeterminación de los nacionalistas, a través del análisis de tres cuestiones: 1) qué significa, 2) cuáles son las intenciones reales de los nacionalistas, y, 3) cuál es la relación de la autodeterminación con ETA. Respecto al significado, dejémonos de escapismos. La autodeterminación significa independencia, simplemente que en dos fases. En la fase 1 se exige que los vascos se puedan autodeterminar, es decir, que puedan convocar un referéndum sobre la independencia, y en la fase 2 se plantea la consulta sobre la independencia.

En segundo lugar, es una irresponsabilidad seguir negándose a aceptar que los nacionalistas caminan hacia la secesión, y una estupidez seguir dejándose envolver por las maniobras del lehendakari, quien, cuando se dirige a su electorado más radical, utiliza el concepto de autodeterminación, y, cuando se dirige al moderado, el de superación del Estatuto y que «los vascos decidan lo que quieren ser» que suenan mejor pero significan lo mismo.

Otra cosa es que el propio nacionalismo comienza a sentir vértigo ante un proceso que temen les puede llevar a la desestabilización, a una crisis política y económica sin precedentes en el País Vasco y a la reacción de una mayoría de la población opuesta a la independencia. Muchos nacionalistas perciben que pueden caminar hacia el suicidio, pero ya no pueden parar. Por dos motivos, porque se han quedado sin reivindicaciones con las que mantener su tensión con Madrid, que es, al fin y al cabo, de lo que viven políticamente, y tan sólo les queda la independencia. Y porque quieren quedarse con todo el electorado nacionalista, también el de EH, y para eso necesitan radicalizarse.

En tercer lugar, la independencia es una reivindicación de ETA y procede de ETA. Es un objetivo del nacionalismo radical que ha adoptado el que era nacionalismo moderado. Y PNV y EA pretenden conseguirla bajo la presión de una ETA que asesina a quienes se oponen a ella. No sólo eso, si bien dicen que quieren separar el debate de la pacificación del debate sobre el autogobierno, resulta que en ese segundo debate PNV y EA reclaman lo mismo que están dispuestos a ofrecer a ETA en el primero, es decir, autodeterminación.

Durante mucho tiempo, la estrategia nacionalista con la autodeterminación ha funcionado. Ha mantenido la ambigüedad suficiente para impedir la activación de los demás y para engañar incluso al sector moderado de su propio electorado, y, además, ha conseguido envolver adecuadamente su proyecto de secesión con el manto de un supuesto carácter democrático. La ambición por hacerse con el voto radical ha acabado con la ambigüedad. Pero ahora nos toca a los demás acabar con las falsificaciones de las apelaciones al carácter democrático de la autodeterminación.

En ese lenguaje de hombre llano, de pueblo, que le es tan querido, Juan José Ibarretxe suele sentenciar el carácter democrático de la autodeterminación con la siguiente pregunta: «¿qué hay de malo en que los vascos decidan lo que quieren ser?» Pues depende de lo que entendamos por «decidir», por «lo que quieren ser» y por «los vascos». En primer lugar, la democracia no es un sistema político en el que cada individuo o cada grupo puede hacer lo que le dé la gana, sino que es un sistema político de competición y diálogo en que se persiguen consensos entre los intereses enfrentados sobre la base de unos principios éticos y políticos fundamentales.

Por eso mismo, un grupo puede «decidir» que no va a pagar los impuestos, o que no va a respetar las normas de tráfico, o que va a fumar donde le apetezca. Pero el sistema democrático y los demás ciudadanos le recordarán que puede «decidir» siempre que respete las normas básicas consensuadas por todos, las leyes, y la Constitución, que son precisamente las que garantizan que lo que le dé la gana a cada uno no vulnere los derechos de los demás.

Respecto a «lo que quieren ser», no todo lo que un grupo determinado quiere ser respeta automáticamente los principios políticos y éticos de las democracias. Muchos grupos de extrema derecha europeos proponen medidas antidemocráticas, que no por ser propuestas por esos grupos deben ser consideradas democráticas. La autodeterminación es la reivindicación de un grupo terrorista, ETA, que el nacionalismo pretende imponer a todos los españoles mediante la presión de la coacción y el crimen. Vulnera la Constitución, vulnera los consensos básicos sobre los que se ha construido nuestra democracia, y, sobre todo, vulnera los derechos básicos de una mayoría de los vascos a los que se quiere arrastrar, con el miedo y el crimen, hacia la pérdida de su propia nacionalidad y de los derechos que esa nacionalidad les garantiza.

En tercer lugar, es hora ya de impedir la usurpación que el nacionalismo hace constantemente de la voluntad de «los vascos». Cerca de la mitad de esos vascos, cuya voluntad el nacionalismo quiere estrangular, votan por partidos constitucionalistas, y están hartos de que el nacionalismo les incluya en un concepto colectivo para llevarlos a la secesión. ¿O es que en realidad el nacionalismo no los incluye y cuando habla de «los vascos» está pensando tan sólo en la mitad de la población? Si esto es así, y me temo que lo es, recordemos que tan sólo una parte de los nacionalistas apoya la independencia, y, lo que es peor, el resto se ha dejado arrastrar por la ambigüedad y el confusionismo deliberado que tantos resultados le ha dado al nacionalismo hasta ahora.

Los nacionalistas pretenden romper los principios y los consensos que sustentan nuestra democracia. Lo quieren hacer contra el conjunto de españoles, contra los votantes vascos constitucionalistas y contra su propio electorado autonomista. La democracia española se enfrenta a un reto para el que no valen las dudas, las vacilaciones y la cesión constante de estos últimos 20 años que ni han acabado con ETA ni han moderado al nacionalismo. Al contrario, nos han llevado hasta donde estamos hoy, al borde del precipicio.

En torno al Estatuto
Editorial ABC  31 Julio 2001

Una vez más, Ibarretxe ha dejado pasar la oportunidad de explicar con claridad qué diálogo quiere cuando pide hablar sobre cosas tan antagónicas como el Estatuto y la Constitución, por un lado, y la soberanía por otro. Es el obtuso y repetitivo discurso de un gobernante incoherente y contradictorio, que busca la confusión como táctica y el conflicto como estrategia. La corrección de las formas empleadas no era el objetivo de su reunión con Aznar; había que hablar de contenidos, hacer política, como dice Ibarretxe sin aplicarse el cuento. Y ayer sólo Aznar hizo política, fijando la posición del Gobierno en torno a la lealtad estatutaria y constitucional, a partir de la cual propuso una serie de compromisos que si el lendakari fuera sincero en sus buenas intenciones, debería aceptar. El Estatuto no es sólo el motivo para reclamar competencias, sino el crisol de valores que fundan la convivencia entre los vascos. Por eso, desarrollar el Estatuto, además de nuevas competencias, que se estudiarán en las comisiones técnicas pertinentes, es lo que Aznar propuso a Ibarretxe: comprometerse contra ETA, apoyar la lucha antiterrorista en Europa, desalojar a HB de los Ayuntamientos, incorporar a la educación de los jóvenes vascos los valores de la libertad y de la historia común con el resto de España, negociar un Concierto basado en la lealtad y respetar el pacto constitucional. Ibarretxe y el PNV ya tienen una propuesta de diálogo que supera el rancio discurso nacionalista del inmovilismo de Aznar y les enfrenta con sus propias contradicciones.

Ejercicio para una siesta de verano
Por M. MARTÍN FERRAND ABC  31 Julio 2001

Imaginemos, sólo por un instante, que José María Aznar y Juan José Ibarretxe configuran todo el paisaje político español, que en ellos empieza y termina el arco de las ideas y las opciones que encuentran sitio y acomodo en la realidad nacional. Suprimamos al tiempo, en este ejercicio para la siesta de las vacaciones, la idea del centro -tan imprecisa, tan irreal- y preguntémonos, lo más en serio que nos sea posible: ¿cuál de los dos es el líder de la izquierda?, ¿quién el de la derecha? Si, además, le podamos al juego la rama del nacionalismo nos veremos en serias dificultades para darle una respuesta solvente a tan insolvente planteamiento.

En la medida en que, según los cánones clásicos, la izquierda sea la patria de la utopía, al lendakari Ibarretxe, acreditado fabulador de la Historia, le correspondería la titularidad de ese hemicuerpo. Al presidente Aznar le correspondería la del otro medio en virtud de su acendrado realismo. ¿No era el realismo el santo y seña de la derecha clásica? Desde la idea de la libertad, el otro de los tópicos de las dicotomías políticas, el título de campeón de las izquierdas le corresponde a Aznar que, al igual que los grandes líderes proletarios del pasado, la predica con más entusiasmo que fe y con más ruido que esperanza. Ibarretxe está inédito en ese territorio. Un poco por la escasez al respecto que, sobre el particular, acreditan las ideas (?) de Sabino Arana y un mucho por la subordinación que los nacionalismos hacen de los grandes conceptos, a fin de cuentas cosmopolitas, en beneficio de las ideas de vuelo más bajo y pegadas al terruño.

En lo demás, y sin entrar en la grosería del detalle, los dos personajes que ayer se encontraron en La Moncloa son más parecidos entre sí, en su manera de pensar y proceder, de lo que pueden serlo Celia Villalobos y Ángel Acebes o Javier Balza y la vicelendakari Idoia Zenarruzabeitia. Sin la ruptura que aporta el nacionalismo vasco, Aznar e Ibarretxe nos parecerían tan semejantes -y el PP tan idéntico al PNV- como lo son todos los líderes de aroma cristianodemócrata que ofrece el muestrario europeo: conservadores con un apresto de inquietud social, liberales sin demasía, reverenciales del Estado y temerosos de una izquierda que, aunque no venga al caso, ya ha hecho mutis por el foro de la Historia.

Y, sin embargo, Aznar e Ibarretxe están condenados a no entenderse. Esa es una de las grandes paradojas de la vida española. Al primero, si juzgamos por las apariencias, le resulta más sencilla la convivencia con José Luis Rodríguez Zapatero y al segundo, si lo hacemos por la experiencia, menos inquietante el roce con Arnaldo Otegui, el portavoz de Batasuna. ¿Tanta fuerza motora puede llegar a tener un supuesto ideológico tan anacrónico en el mundo globalizado como el nacionalismo? El problema viene dado porque el País Vasco, como porción de España, y España, como contenedor del País Vasco, se juegan su futuro en la habilidad de Aznar y el garbo de Ibarretxe a la hora de capear la artificial tormenta que nos salpica a cuarenta millones de ciudadanos. Las ideas pueden llegar a integrarse, ¿también las emociones?

Todo el peso de la ley
Breverías ABC  31 Julio 2001

El fiscal general del Estado ha hecho lo que debía: ordenar a la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco que presente una querella contra el portavoz de Batasuna, Arnaldo Otegi, por exaltación o justificación del terrorismo durante el entierro de la etarra Castresana. La querella está basada en la reforma legislativa de diciembre del año pasado, que endureció los delitos y prevé sanciones de hasta dos años de cárcel por ensalzamiento del terrorismo, que es exactamente lo que hizo Otegi cuando en el entierro de la etarra Castresana -la terrorista que murió antes de que pudiera asesinar- la llamó «gudari» y agradeció su «lucha por la autodeterminación».

Ingenuidad nacionalista
Cartas al Director ABC  31 Julio 2001

Hace unos días, Arzalluz, haciendo un nuevo alarde de cinismo, indicaba que lo de la autodeterminación es un invento de Aznar para tapar otros problemas. Ahora Ibarretxe insiste en el invento para tapar los esenciales problemas del nacionalismo incapaz de vertebrar la sociedad vasca. ¿En qué quedamos? El nacionalismo abunda en el eufemismo para marear a una parroquia caracterizada por la escasez de espíritu crítico. La propuesta de una especie de comisión mixta negociadora indica el alto espíritu nacionalista del PNV pero su escaso sentido democrático, pues tal engendro implica la negociación entre dos estados o la pretensión de la existencia de dos soberanías. ¿A quién quiere engañar con estas torpes ingenuidades? Ibarretxe tendría primero que establecer, por ejemplo, una mesa negociadora con la Diputación General de Álava, porque él es el que tiene problemas en casa y no es cuestión de extenderlos o transferirlos.

Es conveniente desarrollar un discurso en positivo, porque la España constitucional representa, respecto al País Vasco, la defensa de la convivencia, la libertad personal y la pluralidad interna, la concreta, la real, la de cada individuo. Es una continua afirmación de los mejores valores de la civilización occidental, una defensa de la cultura abierta y de la voluntad de emprender.

Por otra parte, vamos a suponer que se concede la autodeterminación al País Vasco. ¿Es que creen los ingenuos del PNV que el terrorismo iba a cesar? ETA tiene su objetivo: Una Euskadi socialista y marxista. Simplemente las bombas se colocarían en las sedes del PNV y, en vez de concejales populares o socialistas, caerían como escaramujos los del PNV, que siguen siendo la misma burguesía vasca que ETA odia. Que no sean ingenuos, porque, detrás de la independencia, la burguesía vasca nacionalista se juega la supervivencia. Pedro P. de la Blanca.

Arquíloco o el revisionismo vasco
ANTONIO ELORZA El Correo 
31 Julio 2001

A los judíos después del holocausto les quedó por lo menos una satisfacción: el sacrificio de millones de ellos era ya irreversible, pero había servido para que buena parte de la humanidad se diera cuenta de los horrores del racismo y del totalitarismo, y asumiera la necesidad consiguiente de otorgar en el plano político a la defensa de la democracia y al antifascismo una centralidad que fue puesta en tela de juicio durante los años 30. Con el tiempo, sin embargo, esa visión consolidada comenzó a sufrir la erosión procedente de interpretaciones que se autodefinían como revisionistas, surgidas en principio de círculos criptonazis.

En los años 80 sobrevino otra oleada revisionista, de tono y contenido bien diferentes. Fueron en esta ocasión los historiadores alemanes conservadores, con Ernst Nolte a la cabeza, quienes trataron de invalidar esa visión dualista que tenía como polos opuestos a las víctimas judías, de un lado, y a los verdugos nazis de otro. Éstos dejaban en buena medida de serlo, por comparación con los crímenes del comunismo soviético. Consecuencia última: el enfoque antifascista iba a parar al banquillo de los acusados en cuanto ideológico y escorado a favor del comunismo.

Me temo que la irrupción de Juan Aranzadi con la máscara de Arquíloco en el escenario del debate sobre Euskadi tenga mayor importancia que una simple disconformidad sobre cuestiones puntuales y suponga, en cambio, una ofensiva revisionista en toda regla. Para empezar, Arquíloco habla de sí mismo como si hubiera elegido la condición de fugitivo; pero de abandonar el escudo, nada. Interviene en el debate con una agresividad que por fortuna habíamos olvidado en el campo democrático. En la más pura línea revisionista, fundamenta sus críticas sobre una aparencia de cientificidad, avalada por la propia obra, y descarta las posiciones de sus oponentes por «falta de valor cognitivo, analítico». La trampa reside en que en vez de tomar en serio los argumentos alternativos, las réplicas son casi siempre triviales, de descalificación primaria.

Ello resulta más sorprendente y desagradable si tomamos en consideración que del mismo modo que en la vida real del Arquíloco hubo otros muchos episodios, amén de la huida ante los tracios, en la propuesta de interpretación de la sociedad y del pasado vasco por parte de su epígono se contienen aportaciones fundamentales, en lo que concierne al contenido antropológico del orden foral y a la estructura de comportamiento de ETA. La sorpresa reside en que esa exigencia de rigor se suspende, como si el puente hubiera sido inopinadamente volado, al pasar al terreno político. Ningún sentido tiene reconstruir analíticamente el papel de la muerte y de los rituales en ETA, para al final en dos frases y una nota cargar el mismo sambenito sobre los demócratas y Mayor Oreja, como si la ocupación al estilo nazi de Hernani por los seguidores de ETA tuviese algo que ver con una concentración pacífica de demócratas después de un atentado o con la manifestación de ‘Basta ya’ en Donosti. Paralelamente, de nada vale, en cuanto contribución al conocimiento de la política vasca del siglo XX, la extensa disertación sobre antropología y racismo, Sabino Arana incluido, si luego no se persigue el papel de ese racismo en la historia del movimiento nacionalista y se va a parar a la simpleza de que la discriminación que observamos en la actitud política del nacionalismo vasco es perfectamente homologable a la que practica cualquier nación-Estado. Para llegar a ese punto, el largo viaje por el racismo resultaba del todo inútil.

Del esfuerzo «analítico» de Arquíloco sobre el presente destaca sólo la vocación de totalidad para desmontar los que para él son sofismas democráticos. Si hay tolerancia del Gobierno vasco ante la ‘kale borroka’, lo mismo sucede con el Gobierno español ante los estallidos racistas; la inhibición de Aznar equivale al antimaketismo de Arzalluz y los vascos son antiespañoles como los españoles antimoros. Incluso el lector descubre que ETA acepta la «democracia burguesa»: no hay más que ver cómo aplaude las elecciones y lo democrática que es Udalbiltza. Estamos en el país del despropósito benévolo y no es extraño que a Arquíloco le guste Lizarra. En cambio, para él son los demócratas los que acumulan disparates. Los datos disponibles sobre comportamiento de los partidos y sobre preferencias políticas de los vascos no entran en la elaboración de sus juicios. Arquíloco plantea que en la Constitución hay un déficit de democracia, le parece muy mal que se identifique la defensa de la democracia con la Constitución y el Estatuto (como si éstos no fueran los marcos normativos que protegen la libertad de todos), le disgustan las manifestaciones pacifistas (mejor todos en casa o expulsados de Euskadi, y que en la calle reine Jarrai/Haika), considera plenamente legítima la insistencia en el independentismo por el PNV (como si esto nada tuviera que ver con la supervivencia de ETA), le repugna la utilización política de las víctimas del terror y, por supuesto, rechaza toda asociación entre mundo de ETA y nazismo.

Es este rechazo lógico, pues la caracterización de ETA y de sus seguidores políticos como movimiento de tipo nacional socialista constituye hoy la clave de bóveda de la resistencia democrática, y también de las críticas contra PNV y Gobierno vasco. Se limita a descalificar a aquellos que establezcan la relación en tanto que practicantes del insulto. No son pues, para Arquíloco, verdugos y víctimas los que componen los dos bandos en Euskadi, y es ridículo pensar que los no nacionalistas van convirtiéndose en «los judíos de Euskadi». Sobran comentarios.

Nada tiene de extraño, en consecuencia, que a Arquíloco le parezca hasta obsceno hacer política en Euskadi a partir de las víctimas del terrorismo. Para los muertos, el dolor que él sintió y siente en cuanto un amigo es víctima de atentado. Tras el ejercicio de autolegitimación llega el ataque, bastante tosco por cierto. Porque ninguna víctima se politiza a si misma. Es ETA quien da sentido político antidemocrático a las muertes, cualesquiera que fuesen las ideas del asesinado, y lo que obliga a responder también en el terreno político. Lo obsceno es ignorar el fondo de la cuestión.

A fin de cuentas, la «víctima directa o indirecta» se convierte en sospechosa: «bajo el influjo del dolor se pierde la sensatez», sentencia Arquíloco. Con lo cual toda expresión que rebase el nivel de la queja o el sentimiento resulta puesta en entredicho. Por si esto fuera poco, esas víctimas directas o indirectas, y cabe suponer que en la categoría entran las potenciales, políticos de PP y PSOE o periodistas carecen de mérito adicional alguno en su discurso, tanto en el plano moral como en el intelectual.

No es del todo seguro. Las víctimas de los tres tipos citados tienen una experiencia propia del fenómeno terrorista, de observación trágicamente participante que nadie desde fuera puede reunir. Hay que reconocerles además un derecho prioritario, que Arquíloco les niega, a la hora de exigir justicia: en todo caso, tal y como explicaba mi amiga Violeta Friedmann, superviviente de Auschwitz, les corresponde siempre evitar que los crímenes sean objeto de tergiversación y olvido. Y por fin, las potenciales tienen otro derecho que algunos olvidan, a pesar del papel jugado por las calumnias en la «explicación» por ETA del asesinato de José Luis López de Lacalle: que nadie les «marque» en falso atribuyéndoles conexiones con «cruzadas antinacionalistas» o como servidores de los líderes de partidos cuyos representantes son blancos del terrorismo selectivo.

En suma, no siempre son buena gente los huidos en un terreno que requiere compromiso y responsabilidad. Siempre me acordaré de un episodio de la infancia, cuando vi con mi padre la película ‘Zalacaín el aventurero’ en el cine Zelaitxo de Azpeitia. De ella me quedaron dos imágenes, la del cementerio de Sara, donde descansa Zalacaín, y la de los huidos carlistas, uno de los cuales le mata por la espalda. Desde entonces miré con desconfianza a los fugitivos.

NO SE HACE CAMINO ANDANDO EN DISTINTAS DIRECCIONES
Editorial El Mundo 
31 Julio 2001

L
a tan esperada reunión entre José María Aznar y Juan José Ibarretxe, en el inicio del nuevo mandato del lehendakari tras las elecciones de mayo, ha sido finalmente una cortés exposición de propósitos muy diferentes, no sólo en el fondo político, sino en la concreción de los planteamientos: vaporosas declaraciones por parte de Ibarretxe, propuestas precisas y variadas por la de Aznar. De hecho, este intercambio pone en evidencia a quienes, como el mandatario vasco, presentan el diálogo como un valor taumatúrgico, como si en él mismo anidase milagrosamente la solución.

Ibarretxe acudió a La Moncloa sin ánimo de entablar una negociación, sino de escenificar una suerte de preámbulo en el que se dijese que ahora hay que dialogar. Planteó una sola propuesta definida, la de una comisión política «al más alto nivel» para revisar el Estatuto de Autonomía, lo que Aznar rebatió reafirmando que, como ese mismo texto prevé, lo que toca es reunir la comisión técnica para discutir cada transferencia pendiente.

El presidente insistió en la prioridad de la lucha conjunta contra ETA y pidió varias acciones bien definidas: reunión de los responsables de Interior gubernamental y autonómico, acción conjunta contra la kale borroka, apoyo al espacio judicial europeo, abandono de todo respaldo a EH en los municipios. Hasta sobre educación tenía una propuesta precisa: que se fomenten valores como la libertad, la tolerancia y los valores de una Historia compartida por el País Vasco y España. Su invitado no respondió nada a ninguna de esas propuestas...

Dice Ibarretxe, de la «nueva etapa» que propugna, que «se hace camino al andar», pero habrá que recordarle que cuando dos van en direcciones distintas, al andar no hacen sino alejarse más y más el uno del otro. Quizá la batería de iniciativas que Aznar tenía preparada -tan respetuosas del orden estatutario y constitucional como alejadas de ese inmovilismo que el PNV le achaca siempre- sorprendiese al visitante y le incitase a mostrarse aún más evasivo. En todo caso, quizá sea mejor así: de haberse esperado mucho de esta cumbre, ahora hablaríamos de fracaso, pero como las expectativas eran modestas, el que se haya evitado un encontronazo inicial permite aún aventurar que, con el tiempo y ante la necesidad de luchar contra ese gran enemigo de todo demócrata que es ETA, este diálogo deje de ser un doble monólogo y dé sus frutos.

Otegi y su apología del terrorismo
Impresiones El Mundo 
31 Julio 2001

Arnaldo Otegi, el dirigente de Batasuna, incurrió en el entierro de Olaia Castresana en una abierta apología del terrorismo. Hay que celebrar la rapidez de reflejos y el acierto del fiscal general del Estado, Jesús Cardenal, al ordenar pocas horas más tarde que la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco presentase contra Otegi una querella por ese delito de apología. Para el dirigente abertzale, Castresana -muerta al estallarle la bomba con 10 kilos de dinamita que preparaba para atentar en Torrevieja- ha sido «una gudari (soldado vasco)» muerta «con la dignidad silenciosa y la suerte solitaria», perteneciente a una generación «que se adhiere a la lucha armada para expresar su compromiso político», una «larga lucha por la autodeterminación» por la que les dedicó «nuestro aplauso más caluroso». Como dice el socialista Patxi López, «tan peligroso es el que manipula la bomba como quien le da cobertura política».

El PNV trata a PSOE y PP como a Pardillos
Luis María ANSON La Razón  31 Julio 2001
de la Real Academia Española

Al menos desde 1991, como han demostrado hasta la incisión Isabel San Sebastián y Carmen Gurruchaga, Arzallus engaña al PSOE y al PP manteniendo un pacto bajo cuerda con Eta. Unos agitan el árbol y otros recogen las nueces.

   Ahora, a pesar del éxito electoral, el PNV sabe que todavía no está la fruta madura para lanzar el órdago. Los nacionalistas necesitan cuatro años más, tal vez ocho, para conseguir la mayoría absoluta. Necesitan, quizá, ocho promociones que se hayan educado en las ikastolas, porque los niños de diez años, hoy, podrán votar en las elecciones de 2009. Necesitan la multiplicación de empresas públicas o semipúblicas, el incremento acelerado de funcionarios y el alud de subvenciones y ayudas a grupos y asociaciones. Todo ello despejará el camino electoral.

   Ese año 2009 el PRI vasco será una realidad y los ingresos económicos de más de la mitad de los electores de las provincias vascongadas dependerán directa o indirectamente del Gobierno de Vitoria.

   Mientras tanto, hay que hablar con Aznar, a ver si traga y hace concesiones. El PNV lleva muchos años tratando al PSOE y al PP como a pardillos. Hace fintas, escurre la miel en los labios, amenaza, retrocede un paso, avanza dos y comprueba hasta qué punto los dos grandes partidos nacionales se muestran propicios a dejarse engañar, a ir tirando, a mirar hacia otro lado, a dejar hacer, a creerse las treguas, a caer en las trampas, a aplazar las cosas. El avance del PNV ha sido espectacular. Hace veinticinco años estábamos en la guerra de las banderas. Ese era el debate, en el que naturalmente los partidos nacionales claudicaron. Hoy estamos ya en la frontera de la autodeterminación y la independencia, después de haber cedido en amnistías, extrañamientos, acercamientos de presos, transferencias económicas, fiscales, de educación, en la policía autonómica, en los símbolos, en los signos de identidad nacional. Apenas se ha resistido al vendaval nacionalista. El deporte preferido de los gobernantes en Madrid ha sido arriar los pantalones. Bajo la coacción del terror unas veces, del pasmo y la estupidez, otras, el Gobierno ha ido cediendo en todo. El pacto de Estado PSOE-PP contra el terror ha constituido, veinticinco años después, el primer intento serio de construir un dique contra la caravana de las concesiones. No me atrevo, sin embargo, a asegurar que el PNV no consiga engañar de nuevo al PP y al PSOE con la política meliflua de la marioneta de Arzallus, el cuitado lehendakari Ibarreche.

Diferencias abismales
Editorial El País  31 Julio 2001

El encuentro de ayer en La Moncloa entre Aznar e Ibarretxe apenas ha permitido otra cosa que restablecer unas relaciones institucionales formalmente rotas desde hace más de un año, aunque sea a costa de escenificar unas diferencias casi abismales. Sería positivo, en todo caso, que, una vez superada la incomunicación total, los dos interlocutores trataran de profundizar en aquello que pueden compartir -la lucha contra el terrorismo y la defensa de las libertades civiles- que en lo que les separa. Las versiones de la entrevista facilitadas por el lehendakari y el portavoz del Gobierno revelan, por el contrario, que las casi dos horas de diálogo han ahondado la distancia.

Urge retomar unas relaciones institucionales que deberían estar a salvo de las divergencias políticas. Y en esa aspiración parecen estar de acuerdo Aznar e Ibarretxe. Pero, mientras el grueso de los planteamientos hechos por el presidente del Gobierno se refirieron a la prioridad de la lucha contra ETA, el lehendakari se encastilló en que ya definió con claridad su posición a este respecto en el discurso de investidura y que no quiere establecer polémicas en esta materia. El Gobierno vasco ha hecho últimamente algunos gestos significativos al respecto, como desautorizar las movilizaciones y homenajes programados por el entorno de ETA para exaltar la figura de la etarra que murió en Torrevieja mientras manipulaba 10 kilos de dinamita. Pero no por ello está dispuesto a aplazar sus reivindicaciones en materia de autogobierno. Y ésta fue la base de su exposición ante un presidente del Gobierno que en todo momento condicionó cualquier negociación futura al marco del Estatuto de Gernika.

El ex lehendakari José Antonio Ardanza expuso, meses atrás, una propuesta cargada de sentido común en una situación en la que sólo ETA se beneficia de la división entre los partidos democráticos: aparcar las reivindicaciones nacionalistas de fondo hasta tanto no se logre excluir de la vida política vasca el factor de la violencia terrorista, que, entre otras cosas, impide a la mitad de su población defender libremente sus ideas. A la vista de la trayectoria que sigue la organización terrorista, antes y después de las elecciones, no deja de ser un planteamiento a tener en cuenta.

Recuperar la confianza mutua entre los Gobiernos de Madrid y Vitoria, al menos para cooperar en la lucha contra ETA, es un objetivo mínimo al que deberían sumarse otros en los próximos meses. La inminente renegociación del concierto económico también obliga a una concordia institucional por encima de las diferencias lógicas que puedan surgir. Ello también obliga al Gobierrno nacionalista vasco a esforzarse por cicatrizar las profundas heridas que produjo en la pasada legislatura el Pacto de Lizarra. En este camino de entendimientos mínimos sería positivo que las relaciones entre los dos Gobiernos se desarrollaran más sobre temas concretos que sobre planteamientos de carácter general.

El lehendakari ha planteado a Aznar el desarrollo íntegro del Estatuto de Gernika. Reclama la transferencia de 37 competencias que, a su juicio, aún quedan pendientes. Nadie puede reprochárselo. Pero esa reclamación no significa la cesión inmediata y sin negociación de tales competencias. Alguna de ellas, como la transferencia del régimen económico de la Seguridad Social, plantea serios inconvenientes: rompe el criterio de caja única y puede tener efectos insolidarios en el sistema de pensiones. El traspaso de su gestión, siempre que se respete ese criterio, podría abordarse, pero nuevamente se interpone el escollo de la falta de confianza mutua. El lehendakari y su Gobierno deben aclarar su propio proyecto de autogobierno para el País Vasco y si el Estatuto de Gernika sigue siendo la piedra angular de ese proyecto.

A esa confianza no ayuda que el lehendakari plantee simultáneamente la transferencia de las competencias pendientes según el Estatuto de Gernika y la necesidad de modificar ese marco jurídico, que 'ya no es un punto de encuentro'. La ambigüedad que destila su posición no es el mejor camino para normalizar unas relaciones que han estado congeladas, si no rotas, durante casi dos años. En ello se juegan mucho los vascos, pero también todos los españoles.

El órdago de Ibarreche
Editorial La Razón 
31 Julio 2001

El lendakari Juan José Ibarreche acudió ayer a Madrid a entrevistarse con el presidente del Gobierno, José María Aznar, con la clara intención de poner sobre la mesa un órdago que Aznar ni puede ni debe aceptar: abrir una nueva etapa de «diálogo», después el 13-M, en la que se pueda hablar de todo, incluida la soberanía y se «respete la voluntad de los vascos». Ibarreche ha buscado en Madrid, donde repitió que está dispuesto a combatir el terrorismo, nuevos límites y puesto sobre la mesa la petición de crear una comisión «al más alto nivel para desbloquear» el Estatuto de Guernica. Es más, en clara alusión a la Constitución, dijo que las leyes «no funcionan» cuando impiden un acuerdo en lugar de facilitarlo. La respuesta de Aznar, conocida a través del ministro Portavoz del Gobierno, Pío Cabanillas, ha sido igualmente clara: todo diálogo es posible, pero siempre dentro del respeto al Estatuto de Guernica y a la Constitución, lo que supone rechazar cualquier atisbo de soberanismo y garantizar las decisiones expresadas por los ciudadanos. No hace falta, por lo tanto, una «comisión a alto nivel» cuando es suficiente para el desarrollo del Estatuto con las comisiones técnicas existentes que solucionan las transferencias a las Comunidades Autónomas. José María Aznar no ha rechazado el diálogo que le ha ofrecido Ibarreche: por el contrario, ha propuesto que la prioridad en la lucha contra Eta de que habla el lendakari sea tan efectiva con medidas como la que supondría una cooperación integral de todas las Fuerzas de Seguridad, junto a la Ertzainzta, que incluya la lucha contra la «kale borroka». Es más, Aznar pidió a Ibarreche su apoyo político para avanzar en la construcción de un espacio judicial europeo y en la cooperación antiterrorista con Iberoamérica. En el fondo, ni uno ni otro se han movido de sus anteriores posiciones. Si Ibarreche sigue tratando de arrancar compromisos o cesiones con buenas palabras, aunque cubierto por el fantasma del terror que inevitablemente le acompaña, ha encontrado la firmeza del presidente del Gobierno que, apoyado por la Oposición, sabe que está obligado a cumplir no sólo la Constitución y el Estatuto de Guernica, sino el propio Pacto de Estado por las Libertades y contra el terrorismo, firmado entre PP y PSOE, donde se comprometió a no pagar precio político alguno por la paz. Ni Aznar ni Ibarreche, ni sus respectivos partidos, pueden arrogarse el poder de negociar una paz a cambio de nada. Su única y exclusiva obligación es este asunto es la de combatir al terrorismo con todas sus fuerzas, defender a todos los ciudadanos y garantizar que hasta el último de ellos pueda gozar de los derechos más elementales, de los que hoy se ha despojado a demasiadas personas.  

Reflexiones sobre la cuestión nacional
JOSE MARIA MARCO El Mundo  31 Julio 2001


La nación es un objeto muy costoso. Hace falta un Estado dispuesto a intervenir allí donde haga falta garantizar la seguridad de los nacionales, su libertad y los demás derechos fundamentales que su pertenencia a esa nación (es decir, la ciudadanía) les conceden. Requiere la conciencia de que pertenecer a esa ciudadanía obliga al respeto de los derechos de los demás, a apoyar al Estado cuando interviene para defenderlos, e incluso, llegado el caso, a sacrificarse en pro de esa idea. Todo esto exige constancia, trabajo a muy largo plazo, educación, la formación y el mantenimiento de una determinada mentalidad hecha de tolerancia y determinación.

Contemplemos ahora desde esta perspectiva la situación española actual. Existe una zona del territorio español, una pequeña zona del norte de España llamada País Vasco, donde el Estado no garantiza, hoy por hoy, las libertades y los derechos elementales de los ciudadanos. El intento de hacerlo requeriría medidas legislativas y policiales tales que los partidos nacionales habrían de alcanzar previamente un acuerdo nuevo, de raíz, casi de orden fundador o constitucional. También exigiría la movilización de la ciudadanía española, que debería respaldar esas medidas y estar dispuesta a muchos y muy grandes sacrificios para restaurar la normalidad democrática, o simplemente civilizada.

Ninguna de estas dos posibilidades se da actualmente en España. Ni el Estado va a intervenir para garantizar los derechos y las libertades, ni los españoles parecen dispuestos a muy grandes sacrificios en pro de los de sus conciudadanos. De hecho, los únicos que están dispuestos a sacrificarse viven casi todos en el País Vasco. Son los directamente amenazados, los únicos héroes de esta historia: los que con su entereza y su valentía mantienen viva la llama de la dignidad del ser humano. Pero eso no basta. Y ésa ha sido la gran baza del nacionalismo, que la ha utilizado para llegar a las últimas elecciones autonómicas, que han dado a los españoles una lección muy dura. La democracia es compatible con el racismo y la exclusión. Más aún: la democracia, de por sí, sin un Estado fuerte y una ciudadanía consciente, no es capaz de neutralizar la violencia e incluso admite la integración de la violencia en el sistema.

Es verdad que en las elecciones del 13 de mayo la coalición de los violentos perdió buena parte de su respaldo electoral en beneficio del Partido Nacionalista. Pero éste había gobernado hasta ahí con el apoyo de aquéllos. ¿Habrán optado los vascos por la moderación o más bien han respaldado la radicalización del PNV? Por otra parte, en el análisis a largo plazo, se advierte el avance constante de las opciones no nacionalistas. Ahora bien, ¿cuánto tiempo tiene que pasar para que el PSOE y el PP estén en condiciones de gobernar el País Vasco? ¿Están dispuestos los no nacionalistas del País Vasco a soportar esa presión durante un periodo indeterminado de tiempo? ¿Están dispuestos a hacerlo sabiendo que ni el Estado ni la ciudadanía española les van a apoyar en su sacrificio? Más aún, ¿están dispuestos a hacerlo con la seguridad de que durante ese tiempo todas las instancias de poder, medios de comunicación autonómicos, enseñanza y Fuerzas de Seguridad van a estar monopolizadas por los nacionalistas?

Quien tiene capacidad para tomar decisiones en este terreno ha de tomar algunas de tal gravedad y tal alcance, y que atañen tan íntimamente a su conciencia personal que lo mejor sería que supiese inequívocamente que, fuera cual fuera la decisión tomada, contará siempre con el respaldo del conjunto de los españoles. Para ello, lo único imprescindible sería que los españoles supieran que se han tenido en cuenta seriamente y de buena fe todos los argumentos, incluso aquéllos que ponen en duda la decisión de continuar la situación actual hasta que una victoria electoral permita variar la situación de fuerzas en el País Vasco.

A favor de esta última decisión se han utilizado (debería decir hemos utilizado), en primer lugar, argumentos históricos. Siguen siendo válidos. El País Vasco ha sido una entidad política integrada en la nación española y no ha constituido nunca una nación. Eso no quiere decir que en un momento dado no pueda constituirse como tal. La Historia no determina la realidad actual, que depende de decisiones autónomas y libres. Por otra parte, todo el mundo ha de reconocer que el concepto político de nación española no goza de gran predicamento ni apoyo por parte del poder -poder político y poder intelectual- desde hace por lo menos 40 años.

Un argumento distinto atañe a la presencia en España de otros nacionalismos, muy sensibles a lo que ocurra en el País Vasco. Un cambio en la situación actual acarrearía posiblemente una transformación generalizada de la constitución política del Estado español. Esto resulta verosímil, pero también es cierto que los demás nacionalismos españoles no poseen la capacidad de violencia que tiene el vasco porque no han cultivado con la misma perseverancia la intolerancia y el radicalismo. Además, su fuerza dependerá de la actitud que tomen los no nacionalistas. Hay que constatar que hasta hace pocos años no se ha caracterizado precisamente por su firmeza. Pero de esta afirmación se pueden deducir hechos contradictorios.

Un argumento muy importante ha venido siendo el relacionar la pertenencia a la ciudadanía (española, aunque esto no siempre ha estado del todo claro) con las libertades y los derechos fundamentales. Este argumento está desmentido por la realidad. Hoy por hoy, ya se ha dicho, el Estado español no garantiza estos derechos en el conjunto del territorio nacional. Quizás por la evidente debilidad de este argumento, a veces se le apuntala con otro, que es más que nada una hipótesis de futuro. En caso de llegar a una fórmula distinta de autogobierno, se desencadenaría un conflicto interior que sólo detiene la pertenencia a España. No es seguro. Si los no nacionalistas han mantenido que ellos podrían acabar con la violencia mediante el control de los aparatos estatales de la autonomía vasca, también lo podrán hacer los nacionalistas, si de verdad lo desean. Además, llegado el caso, nada impide pensar que hubiera una liquidación rápida del ala radical del nacionalismo, hecha con el visto bueno del Gobierno y de la sociedad vascos. Euskadi, al que se han inmolado tantas víctimas, toleraría algunas más. Es probable que pronto quedaran restaurados el orden y la democracia. Esto último no es un sarcasmo.

También se maneja, finalmente, un argumento que es algo más que eso. En él se combinan emociones, como la lealtad personal y el orgullo de pertenecer a una comunidad nacional que ha creado una cultura importante de verdad, con la voluntad de darle continuidad y la convicción de que esa continuidad sería la mejor solución, además de la más fácil. En este punto, tan delicado, no estará de más recordar que España y la cultura española han demostrado a lo largo de muchos siglos una capacidad de supervivencia y de afirmación que permite tener alguna confianza en que sobrevivirán a este trance e incluso que saldrán reforzadas.

Los responsables políticos deberían recordar algo que han comprendido en otros apartados. No se puede mantener algo cuyo precio no se está dispuesto o no se puede pagar. Llegar a aceptar esta idea es a veces muy difícil, incluso extremadamente doloroso, pero también suele liberar energías nuevas, inesperadas. José María Marco es historiador.

¿Quién dictó su sentencia de muerte?
Jaime Ignacio del Burgo es diputado de UPN en el Congreso La Razón  31 Julio 2001 

Leiza. Verano de 1999. Los eta-batasunos acaban de conseguir mayoría absoluta en las elecciones municipales del mes de mayo. Del 10 al 15 de agosto se celebran las fiestas patronales en honor de San Tiburcio y el Ayuntamiento edita, como todos los años, el programa de fiestas. Los actos lúdicos se anuncian en euskera y en castellano y ocupan las siete primeras páginas de un total de cincuenta y dos. A partir de la página ocho el programa se convierte en un auténtico panfleto «abertzale», escrito íntegramente en euskera. Se informa, por ejemplo, del resultado de una «encuesta» sobre la Guardia Civil. A la pregunta, «¿Piensa que la Guardia Civil debe ser expulsada de Leiza?», el 77 por ciento dice que sí. Más adelante hay un artículo de análisis de las elecciones municipales, en el que se destaca la «rotunda victoria» de EH y el «gran fracaso» de UPN, que cosechó un tercio de los votos. El partido foralista, dicen, no se da cuenta de que los tiempos fascistas de 1936 han pasado.

   El «programa» contiene un ignominioso ataque contra José Javier Múgica. En un epígrafe titulado «Otros análisis sobre el desarrollo nacional», donde se incluye una referencia al euskera como eje principal de la «construcción nacional», se lanza una grave acusación y con ella se coloca la primera diana contra José Javier: «... por desgracia existen leizarras que están en contra del idioma de su madre. Ahí tenemos, por ejemplo, la postura del concejal de UPN José Javier Múgica, el que lleva los chicos al colegio, como es chófer de autobuses está cobrando dinero público por ese trabajo [afirmación insidiosa y falsa, pues no era más que un empleado de la empresa concesionaria del servicio], habló con los alumnos en contra de aprender el euskera. El director del colegio le tuvo que llamar la atención, por la presión que realizaba sobre los niños».

   El «programa» editado por el Ayuntamiento de Leiza, correspondiente a las fiestas patronales del año 2000, continúa en la misma línea. Tengo en mis manos el ejemplar que el propio José Javier me entregó el 18 de agosto de dicho año, con la traducción por él realizada de alguno de los párrafos más sobresalientes.

   Nótese la desvergüenza del equipo gobernante de un Ayuntamiento que utiliza el programa de fiestas para hacer propaganda política, insultar a los concejales de la oposición y excitar a los vecinos contra una institución tan respetable como la Guardia Civil. Transcribo literalmente los dos párrafos seleccionados por José Javier de un reportaje titulado «Ante los ataques de la Guardia Civil, los de Leiza demos un paso más adelante».

   «LOS REPRESENTANTES DE UPN-PP NO RESPETAN NUESTROS DERECHOS!
   Los representantes de UPN-PP no respetan los derechos de los ciudadanos de Leiza ni tampoco los de sus votantes.
   Mientras todo esto sucede [se refiere a la supuesta represión de la Guardia Civil], a pesar de ser grave aun si se estuviesen callados, van más lejos, y encima, lo justifican (como las declaraciones de antes de las fiestas, llenando de papeles chivato...).
   No podemos creer que todos los votantes sean tan fascistas como sus representantes y para ello tenemos que recordar algunas de sus declaraciones:
   Que la Guardia Civil está para el bien del pueblo, / que están para defendernos, / que los que no están integrados en el pueblo somos nosotros / que vivimos en democracia, y que los violentos somos los abertzales...
   ¿Cómo es posible que todavía haya tantos votantes en Leiza que voten a UPN-PP cuando son los que tergiversan la realidad?».
   «¿ENTRE TODOS LOS TENEMOS QUE ECHAR!».
   Está claro que los habitantes de Leiza estamos hartos de la Guardia Civil, pero con eso no basta. Está en nuestras manos de una vez por todas echarlos, no podemos dejar esta lucha en manos de unos pocos militantes del Ayuntamiento.
   En la vida cotidiana tenemos que darles la espalda, en la calle, en las tiendas, en las tabernas... No es suficiente decir que estamos hartos, todos en nuestras vidas tenemos que dar unos pasos pequeños: no tramitar ningún documento en el cuartel, no venderles nada, no ofertar servicios (obras...), no alquilar pisos, no hablar con ellos... y a todas aquellas personas que tengan algún trato con los guardias ¿hacerles el boicot! Entre todos lo lograremos».

   José Javier Múgica no pudo soportar tanta provocación y decidió responder: «En vista del programa de fiestas y de la cantidad de pancartas y panfletos que estaban colocando por el pueblo el día 9 por la noche ¬decía en la nota manuscrita que me entregó el 18 de agosto¬, esto es lo que escribí y en tamaño Din a 3 pusimos en unos paneles por las calles de Leiza, el día 10 por la mañana».

   «Esto» no era otra cosa que el desgarrado grito de libertad de un hombre de bien:

   «PRESOAK KALERA
   La libertad de expresión, permite que en / este país, se pida la impunidad para el asesinato, mientras se sigue / ASESINANDO / Los que piden la vuelta de los presos, / por motivos de solidaridad, deberían / exigir otras repatriaciones no menos / dignas, y me refiero a los más / de ochocientos, que no están en las cárceles, / y que jamás podrán salir a la calle o / venir a casa.
   En este país, somos muchos los que / estamos presos, entre las rejas del miedo. / Por eso... / Pedimos, libertad de expresión para todos. / Pedimos, libertad de vivir donde queramos. / Pedimos, que nos respeten el derecho a la vida. / Pedimos, que nos respeten nuestros bienes. / Pedimos, que nos dejen vivir... en paz».

   Frente a la poderosa maquinaria de propaganda abertzale, financiada por el crimen organizado, José Javier sólo pudo oponer unos cuantos pasquines tamaño Din a 3, realizados en su fotocopiadora. Humildes octavillas que hoy agigantan la figura de quien, a pecho descubierto, sin más armas que su palabra, tuvo la gallardía de enfrentarse a la dictadura del miedo.

   Por supuesto, los eta-batasunos hicieron oídos sordos al grito de libertad de José Javier y su respuesta fue contundente. En plenas fiestas quemaron su furgoneta. Y como seguía irreductible, los asesinaron. Una bomba-lapa segó su vida. Dicen que la puso Eta, pero ¿quien dictó su sentencia de muerte?

Ibarreche tiene razón
Antonio Basagoiti es vicesecretario del PP del País Vasco La Razón  31 Julio 2001

Si no fuesen tan dramáticas las consecuencias de lo que esta ocurriendo en el País Vasco, podríamos tomarnos a broma muchos de los argumentos y declaraciones que se pueden leer, ver y oír a algunos políticos de nuestra tierra. No me refiero al lenguaje que utilizan ¬conflicto, conferencia de paz, preso político, diálogo sin límites, etcétera¬, cuestión que merecería un artículo especial o mejor aún la elaboración de un auténtico diccionario de disparates.

   Me refiero a lo más importante, al contenido que encierran las declaraciones que de forma constante realizan algunos responsables políticos vascos, entre ellos, nuestro lehendakari.

   En las últimas semanas, sin ir mas lejos, Juan José Ibarretxe ha argumentado con toda la razón del mundo que Eta no puede marcar la agenda política del País Vasco, que es la hora de hacer política y que la autodeterminación también está entre sus prioridades de gobierno, independientemente de lo que hagan los terroristas. Digo que el lehendakari tiene razón tras una profunda reflexión del contenido y el calado de sus pensamientos, pero además lo voy a argumentar.

   Es verdad que Eta no marca la agenda, yo mismo llevo ya cuatro años sin que en Euskadi me marque la agenda absolutamente nadie, nadie excepto unas personas que me acompañan desde que me levanto hasta que me acuesto, y que me dicen a qué hora salimos, a qué hora llegamos, qué itinerario he de tomar, y hasta qué lugares puedo frecuentar y cuáles no. Por lo tanto, es totalmente cierto que en este país, donde el Partido Nacionalista Vasco gobierna desde hace más de veinte años, los terroristas no marcan la agenda a nadie.

   Es verdad, como asegura Ibarretxe, que debemos y podemos luchar por nuestras prioridades políticas independientemente de lo que hagan los terroristas, por dispares que sean los puntos de vista.

   Porque no creo que sea bueno que volvamos a coincidir en algo tan simple como la defensa de las libertades y el aislamiento a los violentos, máxime si tenemos en cuenta el resultado obtenido en experiencias de este estilo, recuérdese aquí lo ocurrido en Ermua en 1997, que sólo concitó una rebelión social contra el terrorismo, una reacción nada satisfactoria y que puede acabar en cosas peores.

   Y también es verdad que luchar por la independencia y la autodeterminación no da argumentos ni alas a nadie, por que quienes matan no lo hacen en nombre de esos objetivos.

   Y es cierto también que es la hora de hacer política. Es la hora de que muchos políticos de dos partidos que nunca han ostentado la responsabilidad principal del gobierno de la Comunidad Autónoma vasca dejen de perder energías en mirar debajo del coche, en pasear como fugitivos y en tranquilizar a tantas familias envueltas en el sobresalto, para dedicarse exclusivamente a aquellas cuestiones para las que ha sido elegidas por los ciudadanos.

   Vuelve a tener razón el lehendakari Ibarretxe, porque es la hora de que todos hagan política por igual y que todos tengan la misma libertad para presentar candidaturas en municipios o presentar sus proyectos a los ciudadanos.

   Lo más cierto de todo es que el País Vasco es el país del mundo al revés.

El cansancio de ser vasco
Iñaki EZKERRA La Razón  31 Julio 2001

Uno decidió a los veinte años que sería escritor porque no quería levantarse todos los días a las siete de la mañana, pero no sabía dónde se metía. No sabía que dedicándose sólo a escribir lo que se gana en dormir hasta el mediodía se pierde trabajando de madrugada. Y uno, que era un vago vocacional, ha terminado llevando una vida doblemente agotadora porque a la dura tarea de escribir se añade, en su caso, la de vasco. Ser vasco ¬créame el lector¬ es algo cansadísimo, extenuante, tanto si se es nacionalista como si no se es nacionalista.

   Recuerdo que para ser militante de Euskadiko Ezkerra, aquel partido que era nacionalista y a la vez no lo era, le exigían que fueras algo cargado de hombros. La contradicción resultaba muy fuerte y aquella gente caminaba como si llevara todo el peso de Euskadi a las espaldas. Su disposición físicomotriz era la del alpinista. Les veías y te parecía siempre que llevaban encima una mochila. A veces, ciertamente, la llevaban. Recuerdo también a un militante de aquel partido que además era escritor, es decir que cargaba simultáneamente con todo el peso de Euskadi y con el de la literatura. Se acabó operando de la columna vertebral en una clínica de Suiza.

   Sin llegar a casos tan sacrificados (yo nunca pertenecí a ese partido pese a que tuviera mi mismo apellido), los que durante un cuarto de siglo hemos sido víctimas del conglomerado de Arzalluz, Garaikoetxea y Eta tenemos que estar hoy exhaustos porque no hay quien aguante a una gente que es incansable a la hora de aprovechar el menor descuido para comerte terreno. Da igual que se trate de poner ikurriñas artificiales en el Tour o los Sanfermines, de retirar el cartel de «Eta no» o la bandera constitucional de los ayuntamientos «para evitar conflictos», de trucar textos escolares o montar planes ardanzas, Lizarras y conferencias de paz que esconden la autodeterminación. Es agotador convivir con unos tipos que cuando no te quieren matar quieren obligarte a tomar vinos y darte la chapa.

   Es muy cansado ser vasco, pero aún más ser nacionalista. La renovación léxica es tan veloz que el militante vive en un miedo permanente a quedar fuera de la pomada. Al principio debía decir «Euskadi» si se refería tanto a la del Estatuto como a la independiente. Después se rescató el denostado término «Vascongadas» para la primera y el light «Euskal Herria» para la segunda. Ahora se usa esa expresión indistintamente para una y otra. Asimismo la coalición de Eta anteayer era Herri Batasuna, ayer Euskal Herritarrok y hoy Batasuna a secas. No saben que el lema de Lampedusa ¬«cambiarlo todo para que no cambie nada»¬ puede provocar infartos si se toma tan en serio. 

Cuando patinan las neuronas
CARMEN RIGALT El Mundo  31 Julio 2001

Este artículo lo he pensado dos veces. En mi caso, lo de pensar dos veces es toda una apuesta: conociéndome como me conozco, corro el riesgo de desbarrar y acabar concluyendo lo contrario de lo que he concluido la primera vuelta. Pero hoy, ya digo, he pensado dos veces por miedo a que mi ligereza pudiera interpretarse como una falta de respeto a los colegas. Verán: he llamado a un amigo para que me ayude a descifrar algunos detalles de las ediciones electrónicas de los periódicos (ya puesta, diré que la nuestra es la más ágil, la única que va mutando al propio compás de la realidad). 

Pues bien: mi amigo me confiesa que en el apartado de favoritos de su ordenata ha puesto en primer lugar el diario Gara, que por cierto no se llama «punto es» (faltaría más) sino «punto net». Todos los días, mi amigo pincha la dirección de Gara y se abre paso entre la maraña de kas que conforma el euskara hasta acceder al «paperezko lupa», una sección dedicada a lo que dicen otros periódicos. Para salir en el «parerezko» hay que acumular méritos. Uno de los méritos es el «sí wuana», detrás del cual no siempre late una comunión ideológica sino un simple canguelis. Pero el principal mérito para figurar en tan digno escaparate no es la coincidencia de criterios, sino la divergencia. Porque el resumen de prensa está presentado como una especie de cuadro de honor para los respondones del tema vasco. 

Y ya se sabe: empiezas saliendo en el «paperezko lupa» y acabas entrando en la lista de profesionales con escolta. Algunos chicos de Gara (o algunas chicas, aunque yo sospecho que hay mucho travestido suelto) juegan a sacar pecho con este tema. En los viejos regímenes totalitarios, hasta los conserjes impartían consignas amparados en la dignidad que les proporcionaba el uniforme. En Gara también hay gente (conserjes del aparato, mayormente) que intentan reafirmarse a fuerza de chulería. Me aburre repetir lo que ya he reconocido tantas veces: el derecho de los vascos a independizarse de España, de Europa, del planeta Tierra y hasta de sí mismos. Eso no lo cuestiono ahora, y espero mantener la lucidez para no hacerlo nunca. Hoy sólo esbozo una mueca ante los manejos grotescos de Gara. Ya sé que no tienen gracia, pero a mí me producen risa. Detrás de tan burdas estrategias, siempre se esconden mentes débiles y enfermas que están pidiendo a gritos un diván para sacudirse de encima los complejos.

Las lágrimas de la cebolla
Julián LAGO La Razón  31 Julio 2001

El auténtico sabor de la cebolla está en su corazón; pero lo que hace llorar son las capas múltiples que la envuelven. En el nacionalismo vasco el corazón es la independencia; pero la capa más próxima a su corazón es la autodeterminación. Para nuestra tranquilidad, acabamos de saber por boca de Arzallus que el referéndum, como expresión política del proceso desagregador, nunca ha sido agitado por el PNV sino por Aznar.

   Es decir, al presidente del Gobierno fue a quien se le ocurrieron las consultas populares que figuraban tanto en la declaración programática del nacionalismo en las pasadas elecciones vascas como en el propio discurso de investidura de Ibarreche. Ya conocemos, gracias a Arzallus, algo que antes ignorábamos: que el nacionalismo vasco se manifiesta, en su espiral independentista, inspirado por Aznar.

   Tras su visita regia, Ibarreche ha visitado ahora el palacio de la Moncloa con el método Onderloff bajo el brazo: «¿De dónde vienes? / Manzanas traigo». De tal forma que cuando Aznar pregunta por la lucha antiterrorista, Ibarreche contesta con el concierto económico; cuando Aznar pregunta sobre la cohesión territorial, Ibarreche contesta con la transferencia de la Seguridad Social; y cuando Aznar pregunta sobre la lealtad al Estatuto, Ibarreche contesta con el derecho de los pueblos a autodeterminarse.

   Ibarreche (a quien solamente se le entiende cuando dice lo que piensa: por ejemplo, que el Estatuto de Guernica ya no es lugar de encuentro para Euskadi) gradualiza sus posiciones de acuerdo con los intereses finalistas del nacionalismo. En realidad, Ibarreche hace lo del pastor al que un día dejaron pasar al establo para ordeñar la vaca del vecino: sentarse en el taburete y manosear hasta que se lo permitan las ubres del Estado.

   Desde la tristemente famosa teoría de la tabla de queso, el Estado no ha hecho sino dejación de sus responsabilidades para no incomodar a los nacionalismos: quien quiera, que se ponga a ordeñar a la vaca del vecino. Aznar, le incomode o no a González, es el primer presidente que ha dicho hasta aquí hemos llegado. La segregación del Estado no puede, pues, admitirse bajo ningún presupuesto, tal como el Rey manifestó hace ahora una semana al propio Ibarreche en aquel encuentro en Zarzuela de cuyo contenido poco, por no decir nada, ha trascendido.

   Amén de no haber en Europa, landers alemanes incluidos, mayor nivel del autogobierno que el del Estado de las Autonomías, convendría no olvidar lo que han traído los renacidos nacionalismos al Viejo Continente: ruina, odios y guerras étnicas. Paralelamente el tribalismo, la endogamia y la mitología ha instalado al PNV en un despropósito en el que la independencia oculta una paradoja; los sentimientos, una colisión con la realidad; el victimismo, un complejo de inferioridad. Las capas de la cebolla siempre hacen llorar.

Una «víctima» en la Moncloa
Lorenzo CONTRERAS La  Razón  31 Julio 2001

De la entrevista Aznar-Ibarreche, en el palacio de la Moncloa, se ha escrito prácticamente todo lo que el tema sugiere. Antes de que se celebrara ya se había perfilado la opinión de que sería un fracaso. Pocas veces el clásico diálogo de sordos se habrá acercado tanto a su modelo. Cuando dos partes saben lo inútil que es decirse lo que tienen que decirse, la conversación deviene pura fórmula de compromiso, cortesía y, en este caso, rendición a las reglas de la normalidad institucional.

   Es curioso que se le llame normalidad a una situación que se enmarca en la pura anomalía. Pero el concepto de norma es el que determina el convencionalismo. Y la norma establece que, por mucho que se odien o, como ahora se dice, se desencuentren, los responsables del Estado tienen que someterse a las necesidades de la escenificación. Porque de escenificar se trata.

   Tanto Aznar como Ibarreche cubren con la idea de que han hablado la nación subyacente de que no se han entendido. Más bien, que no podían entenderse. Se le pide al presidente del Gobierno que sea flexible. Pero cuando esta recomendación, en forma de reproche, se le dirige desde el reducto nacionalista, suele ocurrir que bastantes observadores olvidan que aquélla está dictada desde la más estricta inflexibilidad.

   Naturalmente, el lenguaje político de uso presenta este tipo de entrevistas «institucionales» con los ropajes de que todo ha sido interesante y hasta constructivo. Interesante, desde luego. Aunque sólo sea como constatación de que no hay avance. Y de constructivo, nada. El representante nacionalista viene a Madrid, ha venido a la Moncloa, con las manos vacías. Eso sí, con una posición de retórica banal consistente en repetir que su prioridad como «lehendakari» renovado es la lucha contra Eta y la protección de los derechos de los habitantes de Euskadi. Pero los días han sobrevolado esta promesa y, por muchas palabras que ahora se reediten, hay una realidad que no se disuelve en el mero gesto de prohibir un homenaje a la terrorista destrozada en Torrevieja por su propia bomba. Porque los hechos siguen invariables. La «kale borroka» funciona como siempre, el mobiliario urbano arde como siempre, los cócteles molotov vuelan como siempre y los «cachorros» de Eta regresan a sus domicilios igual que siempre, incólumes e impunes.

   Por supuesto, los asesinos continúan, lo cual no es imputable a los nacionalistas de Ajuria Enea. Lo que sí se les puede imputar es que una vez más vienen de víctimas, de seres desoídos, ofreciendo a Eta la clásica excusa de fondo para «cargarse de razón» en la lucha contra la «opresión española». O sea, la eterna canción. Así da gusto, señor Ibarreche.

Ibarretxe en la escalera
MIGUEL ÁNGEL AGUILAR El País 
31 Julio 2001

Excelso ejercicio de voluntarismo el del lehendakari, Juan José Ibarretxe, en la entrevista concedida a J. J. Corcuera para El Correo de Bilbao, publicada el domingo, víspera del encuentro en la Moncloa con Aznar. Una y otra vez vuelve Ibarretxe al estribillo de que la persistente violencia y la falta de libertades padecidas por un sector significativo de la sociedad vasca en absoluto deben obstaculizar el anunciado debate sobre el cumplimiento del Estatuto de Gernica y sobre el futuro del autogobierno. Semejante principio viene rubricado con la afirmación de que 'los vascos y las vascas vamos a ser lo que queramos ser; más allá de lo que en un momento dado digan las leyes'. Pero habría que llevar esa afirmación más lejos para decir también que los vascos y las vascas seremos lo que queramos ser más allá de lo que en un momento dijera ese profeta del racismo llamado Sabino Arana, aún pendiente de revisión.

A Ibarretxe le parece además curioso que sean Aznar y el Gobierno quienes hablen de referéndum, de autodeterminación y de independencia siendo así que el programa de investidura sólo contiene una referencia respetuosa al texto aprobado por el Parlamento vasco en 1990 sobre el derecho de autodeterminación. Por eso se pregunta si acaso ha dicho el lehendakari que vamos a hacer una consulta sobre la autodeterminación el año próximo. O sea, que es como si fuera preceptivo esperar a que lo dijera el lehendakari de modo que sólo entonces sería legítimo entrar al debate. Pero cuando el periodista recuerda que fue el presidente del Parlamento vasco, Juan María Atutxa, quien aseguró que los vascos iban a ser sometidos a una consulta, Ibarretxe interpreta lo dicho como 'que los vascos tendrán que ratificar los acuerdos que alcancen los partidos... como ocurrió en su día con el Estatuto'.

El periodista quiere saber 'cómo, cuándo y con qué objetivo piensa el lehendakari realizar esa consulta. Pero se queda sin saberlo porque la respuesta es que 'una cosa es reconocer que la sociedad vasca tiene derecho a ser consultada, y otra, adelantarse a los pasos que es preciso ir dando' porque 'lo importante hoy es que vayamos generando entornos de confianza y eso sólo se hace hablando'. Pareciera que aquí se tratara, por el momento, de quedarse con la llave de paso de modo que el lehendakari pudiera cuando todo estuviera macerado hacer la consulta, aunque en realidad se trataría más bien de una ratificación de los acuerdos precocinados por los partidos. Es decir, primero tendrían que avenirse los partidos, después los resultados de esa avenencia, ya veríamos cuáles y entre cuántos, se pasarían a referéndum con toda la maquinaria volcada en la reclamación del sí. Antes se habrían generado los entornos de confianza y los de desconfianza precisos para que los afectados por la sospecha de insuficiencia nacionalista o de dudoso Rh hubieran optado por la ética de la fuga poniéndose elegantemente a salvo en otro lugar.

Cuando el entrevistador le enfrenta a su grave afirmación de que 'el problema que tiene este país no es con ETA, sino con el PP y con Aznar' pide Ibarretxe que no se le malinterprete y se aplica a diferenciar que mientras con ETA tenemos un problema ético y moral a combatir juntos, a partir de ahí, el problema político lo tenemos entre el presidente y el lehendakari y entre todos los partidos entre sí. En la siguiente respuesta se niega a que las ideas y propuestas del PNV deban sufrir cualquier aplazamiento o modulación, ningún aparcamiento como consecuencia de que ETA esté matando. Cierto que ETA tiene predilección por matar a los demás, pero en esas predilecciones no iba a entrar el lehendakari.

Tampoco le merecen comentario alguno a Ibarretxe las dificultades que el periodista evoca para que el PP y el PSE, sus partidos rivales, puedan confeccionar sus listas municipales mermadas por los disparos etarras. El lehendakari dice que prefiere negar 'a los que matan la capacidad de que yo pueda desarrollar mis ideas, sean estas cuales sean'. Vale. Viva la independencia de criterio pero, para ser presidente de todos los vascos, debe subordinarse todo a que el desarrollo de las ideas, incluidas las ajenas, deje de tener consecuencias letales. Porque ahora, según cuáles sean éstas acarrean ventajas y consideraciones sociales para unos, mientras que a otros les ponen en peligro de muerte. Y la pregunta sobre qué es lo que quiere el lehendakari que sean en el futuro los vascos y las vascas queda sin respuesta. Escalón por escalón.

El «título» del «lehendakari»
GERMAN YANKE El Mundo  31 Julio 2001

Caramba, vaya sorpresa, el reivindicador llega a La Moncloa y plantea títulos y esas vaguedades que llama principios, y el presidente del Gobierno, que podía ser el asediado por las propuestas en un teórico guión, es el que toma el cuaderno y presenta iniciativas concretas, algunas fundamentales para el autogobierno vasco. Sorprendente pero no ilógico, quizá, porque me parece que lo único que quería Ibarretxe, dentro y fuera de la sala en la que se entrevistó con Aznar, es presentar su título: su programa, como insistió en la rueda de prensa, recibió el pasado 13 de mayo el respaldo «mayoritario» de la sociedad vasca. Claro que Aznar, como hizo, podía recordarle que él había conseguido mayoría absoluta y que, ni así, podía hacer lo que le diera la gana, ni mucho menos lo que no se ajuste a la legalidad. 

La mayoría del lehendakari es, sencillamente, la mayor minoría del Parlamento Vasco y su dilema (al que no quiere enfrentarse a base de reiterar el título) es que, para tener una de verdad, tiene que elegir entre los constitucionalistas y los amigos de ETA. 

Veamos su plan: primero, retórica sobre una «nueva etapa»; segundo, diálogo sobre «grandes temas» que no terminan de concretarse: Estatuto, Constitución, autogobierno, la «voluntad» de los vascos (con tanta ambigüedad, que fue en la sala de prensa y no en el despacho de Aznar donde habló de soberanía); tercero, otro anuncio de sus debates parlamentarios; cuarto y último, hacer «esa» política, porque lo que quiere ETA es que no se haga política en el País Vasco. Suena vaporoso, casi increíble, como si moviera a pensar que tiene que haber algo más que no se dice. O que, al menos, no se explicita porque en sus debates incluye dos binomios: la pacificación supone el diálogo, la normalización el autogobierno. Es decir, que no es la ley la que, aplicándose, implicará la paz, que es la derrota de ETA; y no es el autogobierno el que se basa en el diálogo, que sería algo más que el título del que está tan orgulloso que exagera cualitativa y cuantitativamente. 

Aznar, por el contrario, aborda y concreta la prioridad fundamental que es terminar con la banda terrorista y no, como Ibarretxe dijo, evitar la polémica sobre ETA: urgente reunión Rajoy-Balza (el lehendakari quizá acepte que se celebre antes de septiembre); cooperación integral contra ETA (el lehendakari sólo dice que ETA es muy mala); plan de acción contra la violencia callejera (el lehendakari calla, como ante la petición de apoyo en el espacio europeo contra el crimen y la cooperación con Iberoamérica); batalla legal contra el entorno de ETA y sustitución democrática de los responsables de EH que tienen hoy el apoyo de PNV y EA, iniciativa que Aznar toma de los socialistas vascos (el lehendakari no quiere dilemas, tiene su «título»); programa para la defensa en la educación y en la sociedad de los valores democráticos (el lehendakari elogia su sistema educativo); negociación del Concierto y garantía del mismo antes de fin de año (el lehendakari no había concretado ni eso); negociación de transferencias. En esto último, como en casi todo, el lehendakari vuelve a la retórica y prefiere «una comisión política al más alto nivel». Sorprendente: en el cara a cara, el presidente Aznar toma la iniciativa. Si el PP y el PSOE siguen ese rumbo fuera de La Moncloa, el «título» del lehendakari se va a diluir antes que su retórica. Porque del programa nacionalista la reunión de ayer no da pistas, al menos las que sí da ese vergonzoso apoyo a EH en tantos ayuntamientos.

Estrategia inteligente
Por Ignacio Villa Libertad Digital  31 Julio 2001
Después de los primeros análisis y lecturas, ahora ya podemos afirmar que la estrategia elaborada por el Gobierno Aznar para la reciente entrevista con Ibarretxe ha sido inteligente y útil.

Y es que el Gobierno ha cambiado de táctica. El Ejecutivo ha evitado la confrontación y ha replicado con propuestas concretas y exigentes a las iniciativas nacionalistas. El inicio de este nuevo discurso es un claro acierto político. Es el abandono de la reacción negativa, a cambio de apostar por retomar la iniciativa, algo, que por cierto, el Ejecutivo central tendría que hacer en más terrenos de la vida política.

Es verdad que el jefe del Gobierno vasco ha utilizado y sigue utilizando el término de diálogo como trampa, como equívoco. Pero José María Aznar, en lugar de reprochar a Ibarretxe las carencias del pasado, en lugar de quejarse por la inoperancia del Gobierno vasco en la lucha contra el terrorismo, ha entrado en el terreno de las propuestas y de las iniciativas. De todas ellas, destacan los seis puntos claros y contrastables en la colaboración entre Madrid y Vitoria para luchar contra ETA, convirtiendo esa prioridad en el termómetro de esa relación. Además, Aznar ha propuesto un programa de acción común para que en las escuelas vascas se enseñen valores como la tolerancia y el respeto a la vida y se explique, con detalle, el camino recorrido en común del País Vasco en España.

En la reciente entrevista Aznar-Ibarretxe se ha certificado que las posiciones están lejos y son muy distintas, aunque se ha percibido un claro cambio en los modos y en las formas. Se ha recuperado la educación en la relación institucional. Y eso siempre es importante. Pero quizá donde ha estado el mayor cambio ha sido en la estrategia. Aznar ha cambiado. Ha pasado al ataque, pero desde las propuestas. ¿Diálogo?, sí, pero no sólo sobre las propuestas nacionalistas, también sobre las propuestas del Gobierno central.

El golpe de estrategia es inteligente. Aznar lleva la delantera.

Lealtad
Por Enrique de Diego Libertad Digital  31 Julio 2001

Ibarretxe no es el inventor de ese lenguaje eufemístico vasco por el que se oculta el pensamiento pero se dan a entender las más ásperas intenciones, pero desde luego es un discípulo. Ibarretxe quiere “hablar de todo” introduciendo en el saco la independencia, palabra que curiosamente se ha convertido en tabú para los nacionalistas (autodeterminación también es un eufemismo), pero todo ello es para acercarnos, para buscar un acercamiento. ¿Cómo vamos a acercarnos a través de la independencia? ¿No es la independencia el alejamiento esencial?

La cuestión más concreta planteada, esa esotérica comisión “al más alto nivel”, que es una negociación entre estados, entre soberanías, es completamente descartada por el Gobierno de la nación que recuerda con insistencia la palabra “lealtad”, como clave en el Estado de las autonomías. Hay una comisión técnica prevista para dirimir polémicas sobre competencias, pero Ibarretxe es el presidente de una autonomía, ni menos ni más, que debe lealtad al Estatuto y la Constitución. Cuestión de la máxima importancia.

El énfasis
José Luis Balbín La Estrella  31 Julio 2001

Por fin se han visto. A juzgar por sus primeras declaraciones –es decir, las de Ibarretxe y las del ministro portavoz de Aznar– no ha cambiado mucho la situación. En política abundan los circunloquios, las ambivalencias, las generalidades y hasta las logomaquias. Ayer también las hubo, como siempre. Otra cuestión es cómo se traducen los buenos deseos o las simples declaraciones de buena intención en medidas y en hechos concretos. A reserva de que cambie de opinión a la vista de las sabias reflexiones de sesudos analistas, a mí me parece que cada una de las dos partes en conflicto –sí, en conflicto– han dado en repetir lo de siempre. Eso no quiere decir que el encuentro no haya tenido importancia. Porque también es verdad que en política la escenografía tiene importancia. 

Ibarretxe ha vuelto a decir que se inicia una nueva etapa y que los desacuerdos evidentes entre Aznar y él no deben ser obstáculo para el diálogo entre uno y otro, con vistas a algún punto de encuentro suficiente. Y, por supuesto, que su prioridad es la desaparición de la violencia. 

Aznar ha vuelto a decir que las diferencias no deben constituir obstáculo para hacer política, siempre que no se trate de saltar la Constitución, y que, en cuanto a segregaciones territoriales, en España no hay nada que rascar. Y, también por supuesto, que su prioridad es la desaparición de la violencia. 

Lo de siempre de cada uno, lo mismo, pero todo lo contrario, salvo en lo concerniente a la violencia. Y tampoco. Porque la clave está en el énfasis. No es lo mismo el "pero sí" que el "sí, pero". Esto ya lo inventó Giscard d'Estaing, siendo ministro de Finanzas de De Gaulle, y no le fue tan mal. Tardó años, pero también llegó a presidente de la República Francesa.

Todo es opinable, pero algunas cosas admiten menos discusión que otras. Personalmente, el énfasis de Aznar me parece mucho más convincente que el de Ibarretxe. Me refiero al énfasis de la violencia. Porque la violencia en el País Vasco y, por extensión, en toda España acaba en terrorismo, en aterradora muerte. Y con la perspectiva de este final no hay ni siquiera manera de discutir de otra cosa. Se discutirá, sí, se intentará disfrazar la realidad, se tratará de difuminar la trágica evidencia, pero no habrá manera de conseguirlo. Además, con la espada del terrorismo sobre la cabeza, con el pánico a la expresión pública de opiniones, con el miedo al vecino y con la precaución ante las urnas, toda pretensión democrática es huera. Y en esas condiciones, ni las elecciones son de fiar. 

Por eso, resulta bizantino especular sobre la autodeterminación, el autogobierno, la segregación territorial, la independencia. Antes, acabar con la violencia; después, entrar a fondo en cualquier otra diferencia. Incluida la independencia.

A cara de perro
Pablo Sebastián La Estrella  31 Julio 2001

La entrevista celebrada en el palacio de la Moncloa entre Aznar y el lehendakari Ibarretxe ha sido, como se dice, un encuentro "a cara de perro". Frente a las reiteradas ofertas de diálogo y de respeto de las posiciones de cada parte o de cada cual, hechas por Ibarretxe, Aznar ha presentado una batería infranqueable de obstáculos al jefe del Gobierno vasco, confirmando el inmovilismo y la frialdad de su Gobierno en esta crisis política que tiene su trascendencia especial por causa del terror de ETA que planea sobre ella.

El diálogo se ha iniciado pero ha sido, al menos en esta primera cita, un diálogo de sordos en el que cada uno ha mantenido su posición inicial. Aznar le ha venido a decir a Ibarretxe que como el PNV ha destapado demasiado pronto su proyecto soberanista, que mientras no vuelvan decididamente al marco constitucional, que una y otra vez intentan superar desde que se puso en marcha el pacto de Estella, no habrá la menor concesión por parte del Gobierno de Madrid. En ese sentido Aznar ha dicho que en vez de reunión de alto nivel para revisar el Estatuto de Guernica lo que tiene que haber es una reunión de alto nivel entre el ministro de Interior Mariano Rajoy y el consejero Javier Balza. Asimismo, Aznar pide la lucha contra ETA, contra la violencia callejera, el uso del Estado de Derecho contra el entorno político (como ayer se pidió la actuación de los tribunales contra Otegi por apología del terrorismo), la ruptura de los pactos municipales del PNV con EH y un plan de educación en el País Vasco que defienda la democracia, las libertades, el Estatuto y la Constitución.

En síntesis, Aznar ha levantado un muro frente a las pretensiones  del Gobierno vasco en el campo estatutario que deberán pasar por la vía de la comisión prevista en el ámbito del Ministerio de Asuntos Territoriales. Y luego, y dicho todo esto, que no es poco, el portavoz del Gobierno, Pío Cabanillas, dijo que Aznar ofrecía diálogo y colaboración.

Dio la impresión al término del encuentro, y vistas las declaraciones de una y otra parte, de que Ibarretxe no ha salido nada contento de su visita a Madrid. El lehendakari repitió que hay que hablar de todo, de soberanía, de autogobierno, de Estatuto y de Constitución, respetando las posiciones de cada uno. Pero enfrente se ha encontrado con un Aznar que primero exige Constitución, luego lucha contra ETA y después todo lo demás.

Así las cosas da la impresión de que se ha avanzado poco o nada en el encuentro de la Moncloa y de que Aznar quiere vengar, desde posiciones firmes y coherentes con su discurso, la derrota electoral del 13 de mayo. Sin embargo, lo que sí parece cierto es que entre la firmeza de uno y la exigencia del otro la unidad democrática en el País Vasco no está cerca y la fractura social abierta en las pasadas elecciones tampoco se podrá arreglar a corto plazo. Lo que deja en muy difícil situación a esos habitantes españolistas del País Vasco que tienen notoriedad en esa autonomía, que sufren el acoso de ETA y que están muy necesitados de esa unidad democrática de acción y de ese fin de la fractura social. A sabiendas todos de que si no hay acuerdo político difícilmente podrá haber, por otra aparte, una decisiva colaboración policial.

La violencia
MARÍA MAIZKURRENA El Correo  31 Julio 2001

La violencia vive arraigada en la tierra como un mal sueño, una pesadilla fascinante y aterradora que se lleva a sus acólitos en las espirales de sus crecidas y en las ondas de sus estallidos. No hemos aprendido nada en unos cuantos miles de años, repetimos los mismos errores cainitas y la violencia nos llama con su voz de adrenalina y miedo, susurrando la oferta de un poder inefable. Es terrible descubrir que muchos adolescentes están dispuestos a servirla y que, a tu alrededor, hay ciudadanos de aspecto pacífico que no apoyan a ETA pero sí la apoyan, porque de pronto dicen (hablando de lo que parece ser otra cosa, el Bloque Negro, pongamos por caso) que sin violencia nada se consigue. El pasado es para ellos una lección inútil, no recuerdan que el hombre-bomba del anarquismo violento consiguió que la gente odiara a los anarquistas, que el movimiento obrero consiguió represión con la violencia y grandes logros con la fuerza, y que la fuerza y la violencia son cosas diferentes, aunque desde la impotencia sea fácil confundirlas. El fuerte, en general, no necesita ser violento, y el proletariado era fuerte por el número y por la solidaridad: las huelgas que paralizaban la industria cosecharon a veces una reacción violenta por parte del poder que no podía con aquella fuerza de mar detenido.

La violencia lo que tiene es un gran poder de seducción, el mismo que nutrió el ejército urbano de los camisas pardas, aquellos jóvenes con muy mala uva y muchas ganas de cortar cabezas de turco que en aquellos días fueron cabezas de judío alemán, lo que tenían a mano. Es una aparición, la violencia, que llega con la cara sucia de los dioses infernales, con las uñas sucias de sangre y envuelta en un manto sucio por la púrpura de la sangre, y esa suciedad, que no es la fatigada mugre del trabajo, que no es el barro inocente del juego, consagra la venganza y promete limpiar a quienes la aceptan, purificarles de la mezquindad de su vida, del vacío o del resentimiento, de la mala leche ácida y triste y cotidiana que abunda tanto en la paz venenosa de los barrios grises y en las tardes calmas de nuestras ciudades dormidas bajo el sopor de la siesta dominical, donde se cuecen y se rumian las frustraciones y las oportunidades robadas. Hay guerreros, cantores y sacerdotes de la violencia, quienes se lanzan a la hoguera y quienes la prenden, quienes cogen las armas y quienes las bendicen, hay quien pone bombas y quien las mira arder con secreto entusiasmo. Es aterrador darse cuenta de que nos rodean los jóvenes cachorros que aman la muerte en nombre de su patria terrible y los jóvenes, y no tan jóvenes, envenenados de una mala uva peleona y gris a quienes lo que no les gusta de ETA, cuando ETA no les gusta, no son sus métodos sino sus fines.

Una nueva etapa
Editorial El Correo  31 Julio 2001

José María Aznar y Juan José Ibarretxe se reunieron por fin ayer -un año, un mes y ocho días después de su último cara a cara- y pusieron fin a un periodo demasiado largo de incomunicación y distanciamiento, incomprensibles para una sociedad que exige entendimiento entre sus representantes democráticos, más allá, antes y después, de los funerales y las manifestaciones de condena por los crímenes de ETA. El buen tono que presidió la cita no ocultó las profundas divergencias que separan sus planteamientos políticos. El encuentro, el sexto que ambos presidentes celebran en La Moncloa, es también el primero de Aznar e Ibarretxe tras las elecciones autonómicas del 13 de mayo, cuando los vascos votaron en libertad en unos comicios de los que resultó una inapelable victoria de Ibarretxe y de la coalición que encabezaba, PNV-EA. También se acortó la distancia que media entre las formaciones nacionalistas y las no nacionalistas. Pero, sobre todo, las elecciones permitieron escuchar la voz de una sociedad plural, no violenta y que cree en su autonomía y sus instituciones, el sentir de una ciudadanía que hizo llegar a sus representantes un mandato urgente para el entendimiento.

La cita en La Moncloa, rodeada de una extraordinaria expectación, sirvió para confirmar la total coincidencia entre Aznar e Ibarretxe en la absoluta prioridad de la lucha contra ETA para sus respectivos gobiernos. El encuentro se produce una vez que el lehendakari ha ratificado -en momentos recientes y especialmente terribles para vascos y navarros; después, en su encuentro con el Rey, y también ayer-, que perseguirá la violencia terrorista con todos los instrumentos que pone a su disposición el Estado de Derecho. Combatir a ETA, que estos días intenta, mediante la ‘campaña de verano’, matar y dañar a la vez los intereses de la industria turística y la imagen exterior de España; que redobla sus ataques callejeros contra personas y bienes y que mantiene su constante amenaza contra la vida y la libertad de todos los que se oponen a sus propósitos totalitarios. Este compromiso de Ibarretxe podrá acreditarse con una lucha decidida contra la ‘kale borroka’ o con una labor de interés y apoyo hacia una oposición en el País Vasco que vive con su libertad mermada y afrontará, dentro de dos años, no pocos problemas para completar sus listas en las elecciones locales. La lucha contra la violencia es asimismo objetivo primordial del Gobierno de Aznar, que ayer reclamó al Ejecutivo vasco, al margen de pronunciamientos genéricos, colaboración estrecha y coordinación policial en la persecución de ETA, por un lado, y acciones concretas contra la violencia callejera con fecha de aplicación incluida.

La apertura de una nueva etapa de diálogo institucional, como cauce más adecuado para confrontar los diversos proyectos políticos, debería marcar el camino hacia la recuperación de unas relaciones normalizadas entre los gobiernos central y vasco, presididas por una decidida voluntad de colaboración y de lealtad mutua y reclamadas por una sociedad que, ahora más que nunca, exige un anclaje firme en los organismos que la representan. La iniciativa de Ibarretxe para abordar la culminación del desarrollo del Estatuto de Gernika aparece como una demanda razonable, que se vería reforzada por un compromiso real del nacionalismo con el cauce autonómico, sin que ello suponga renunciar a legítimos objetivos de futuro.

La buena disposición del Ejecutivo de Aznar en favor del diálogo institucional, siempre en el marco del Estatuto de Autonomía, y una apuesta por el desarrollo pleno de la norma que rige el autogobierno de los vascos, aunque sin encomendarlo a un organismo de carácter extraordinario como propone el lehendakari, deben contribuir sin duda a recuperar la normalidad política. Sería lo que cabe esperar de un Gobierno al que sustenta un partido, el PP, que apuesta por el Estatuto como punto de encuentro de los vascos. El futuro de Euskadi, por encima del debate ideológico entre nacionalistas y constitucionalistas, depende del afianzamiento de sus instituciones. Ayer en La Moncloa se abrió una nueva etapa en las relaciones entre los gobiernos de Madrid y Vitoria que, a partir de ahora y con los retos del nuevo curso en septiembre, deberá confirmarse mediante la exposición clara de los proyectos que defiende cada formación política.

Y MURIÓ EL GENERAL OREJA...
VENTURA PÉREZ MARIÑO La Voz  31 Julio 2001

Hace unos días, a una emisora de radio de ámbito estatal, con línea abierta a los oyentes, llamó un andaluz de habla pausada y razonamiento común, que al hilo de las bombas instaladas por ETA en un coche en el aeropuerto de Málaga, que felizmente habían sido desactivadas, manifestó que la respuesta que en este momento debía adoptarse es darle la independencia al País Vasco, y levantar un muro alto, alto... La afirmación fue correspondida con aplausos unánimes y espontáneos del numeroso público que asistía a la emisión.

El hartazgo hacia ETA y lo vasco es tan grande, y el papel del PNV tan ambiguo, que se ha logrado que en privado sea opinión común el que se vayan, que se les dé la independencia. Metiendo en un mismo saco a todos los vascos.
Euskadi ha pasado de ser la región probablemente más admirada de España -no había niño que no fuese de aquel Athletic lleno de leones- a que en manifestaciones celebradas la semana pasada se corease unánimemente el eslogan ETA no, vascos tampoco.

Uno de los mayores desgarros que sin duda se producen en el seno de una familia, se desarrolla cuando un hijo amaga con irse de casa, y además lo hace poco a poco, con amenazas, desplantes, desaires o violencias. Ante tal situación, la respuesta suele ser común, se arma uno de paciencia, se intenta comprender, se razona, se accede como fórmula de consenso, se tolera o se disimula. Pero cuando la postura de desapego persiste y aumenta, y la violencia con que se expresa se normaliza, no cabe duda de que hay que adoptar medidas, dejando de mirar para otro lado. La experiencia da que el paso del tiempo cura en unos casos pero en otro pudre irremediablemente y transmite el mal a lo cercano. Lo sabio es saber escoger el momento.
En los últimos tiempos y de forma más notoria con el peso de las últimas elecciones, el Gobierno Vasco y el PNV se han echado al Gobierno central, y por ello a España, por enemiga; nada les parece suficiente, el Estatuto de Gernika se les ha quedado pequeño y a la menor ocasión recitan un memorial de agravios, llámense competencias sin transferir, autodeterminación sin conceder o concierto económico sin aprobar. Además lo escenifican cargados de gestos y argumentos que casi nos hacen sonrojar avergonzados, incluidos los gallegos tan ayunos de mejoras, por pensar en clave solidaria.
Así las cosas, el Gobierno y los partidos políticos deben valorar la situación. Preguntarse si ha llegado el momento de que la razón no tiene posibilidad de aceptación. Y si así fuera, obrar en consecuencia. Entretanto, y cuando terminaba este mes de julio, después de un mes de agonía, ha muerto el general Oreja: «un enemigo del pueblo».

La Fiscalía del País Vasco se querellará contra Arnaldo Otegi por enaltecer a ETA
Cardenal ordenó la actuación tras escuchar al líder de Batasuna en el entierro de Castresana
MANUEL SANCHEZ El Mundo  31 Julio 2001

MADRID.- El fiscal general del Estado, Jesús Cardenal, ordenó ayer a la Fiscalía Tribunal Superior de Justicia del País Vasco presentar una querella criminal contra Arnaldo Otegi, portavoz de Batasuna, por sus declaraciones en el entierro de la etarra Olaia Castresana.

Cardenal, según fuentes de la Fiscalía, consideró que las declaraciones de Otegi se enmarcaban en un delito de enaltecimiento del terrorismo, contemplado en el artículo 578 del Código Penal, que fue modificado en diciembre de 2000, con el consenso previo de un amplia mayoría parlamentaria.

En dicho artículo se afirma textualmente: «El enaltecimiento o la justificación por cualquier medio de expresión pública o difusión de los delitos comprendidos en los artículos 571 a 577 de este Código [todos referidos a terrorismo] o de quienes hayan participado en su ejecución, o la realización de actos que entrañen descrédito, menosprecio o humillación de las víctimas de los delitos terroristas o de sus familiares se castigará con la pena de prisión de uno a dos años».

El artículo añade también que el juez, «podrá acordar en la sentencia, durante el periodo de tiempo que él mismo señale, alguna o algunas prohibiciones previstas en el artículo 57 de este Código».

Según fuentes de la Fiscalía General del Estado, los máximos representantes del ministerio público vasco han acogido de buen grado la orden de Cardenal, y presentarán en breve la querella.

Elogios a los «gudaris»
El motivo de la querella, aunque Cardenal sólo ha dado la orden verbalmente y no ha presentado escrito alguno para sustentarla, está en algunas declaraciones del dirigente abertzale realizadas ayer.

Así, fuentes de la Fiscalía recuerdan frases como el ensalzamiento que hizo de los «gudaris vascos que han caído en esta larga lucha por la autodeterminación».

También su afirmación de que el debate de autodeterminación «no se ha conseguido ni por la lucha institucional, ni por otro tipo de luchas, sino gracias a la lucha de la izquierda abertzale en Euskal Herria».

Otegi realizó todas estas manifestaciones en el acto de homenaje celebrado ayer en el cementerio de Polloe a la activista de ETA Olaia Castresana, fallecida el pasado martes en Torrevieja tras estallar la bomba que manipulaba.

Allí, Otegi también indicó que «los gudaris de ETA se nos van con la dignidad silenciosa y la suerte solitaria» y, según dijo, de esa manera, «se nos ha ido también la joven gudari de 22 años». En ese sentido, calificó la militancia de «dura y silenciosa».

Incluso, añadió: «A todos los gudaris que han caído en esa larga lucha por la autodeterminación, nuestro aplauso más caluroso. Sin vosotros, no hubiera sido posible».

Aseguró, además, que la clase política no se da cuenta que una generación, nacida en el Estatuto, «se adhiere a la lucha armada para expresar su compromiso político».

No obstante, fuentes cercanas a Cardenal no precisaron qué declaraciones son querellables, y aclararon que la petición se circunscribe simplemente a que la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco -dada la condición de aforado de Otegi- estudie sus declaraciones por si fueran constitutivas de delito.

La actuación de Cardenal suscitó ayer el respaldo pleno de PP y PSE, y las dudas de IU.

Por parte del PP, Leopoldo Barrera, portavoz popular en el País Vasco, aseguró que la querella está plenamente justificada. En el mismo sentido se expresó Patxi López, quien afirmó que son tan peligrosos quienes ponen las bombas como quienes «les dan cobertura política».

Sin embargo, el portavoz de la Presidencia de IU-EB, Oskar Matute, dijo que aunque no comparte las declaraciones de Otegi, cree que la actitud de Cardenal «no ayuda a solucionar el conflicto», afirmó.


Posible expulsión del País Vasco
M. S.

MADRID.- El artículo 578 del Código Penal, tras su modificación en diciembre del 2000, remite al juez al artículo 57 para que, en el caso de considerarlo necesario, aplique la pena accesoria que en éste se contempla para dicho tipo de delitos.

Esta pena no es otra que «la prohibición de que el reo vuelva al lugar en el que haya cometido el delito (...), por un plazo que no exceda los cinco años».

Es decir, si la querella de la Fiscalía contra Arnaldo Otegi prosperase, y hubiera una sentencia condenatoria por sus manifestaciones de ayer, el juez que dicte el fallo podría aplicar también esta pena accesoria -tal y como se denominan en la Sección V del Código Penal en el que está encuadrado dicho artículo-, lo que podría suponer, o bien la prohibición de que Otegi volviese a San Sebastián o, incluso, al País Vasco.

Fuentes de la Fiscalía General del Estado consultadas por este periódico no quisieron pronunciarse, de momento, sobre esta posibilidad, pero sí apuntaron que la literalidad del artículo ofrece esta opción al juez, no al Ministerio Público.

En este aspecto, otras fuentes jurídicas consultadas indicaron que es muy precipitado abordar el asunto, pero en el caso de que un juez considerara delictiva sus manifestaciones, sí podría aplicar también esta prohibición que, muy probablemente, no abarcaría sólo a la ciudad de San Sebastián, sino a todo el País Vasco.

Es más, de hecho, esta podría ser la única condena con efectos directos para el portavoz de Batasuna.

Hay que recordar que la pena de cárcel que apareja este delito, de uno a dos años de prisión, no implicaría la cárcel para Otegi, ya que no cuenta actualmente con antecedentes penales.

En este sentido, la legislación es favorable a que el condenado no cumpla ni un día de prisión, aunque esta premisa no es tampoco automática, y está vinculada a lo que ordene el juez.

La modificación de este artículo fue fruto de un consenso entre el partido del Gobierno y el primer partido de la oposición, previo a la firma entre ambos del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo.

Anteriormente a dicha modificación, la ensaltación del terrorismo estaba más diluida en el Código Penal y, prácticamente, no estaba castigada.

El PSOE frena los rumores de acercamiento al PNV y advierte que se opondrá a la autodeterminación
Caldera recuerda que Zapatero no quiso verse con Ibarreche hasta después de la cita con Aznar
La última Ejecutiva Federal del PSOE antes del verano estuvo ayer más pendiente de la cita Aznar-Ibarreche que de cualquier otro asunto. Los socialistas tienen órdenes de bajar el diapasón e intentar un clima de acercamiento entre nacionalistas y populares. Eso sí, ayer el portavoz parlamentario, Jesús Caldera, negó que haya habido conversaciones con los de Javier Arzallus, al tiempo que advirtió que su partido se opondrá a cualquier planteamiento de autodeterminación en el País Vasco porque actualmente «no tiene encaje dentro de nuestra actual Constitución».
Esther L. Palomera - Madrid.- La Razón 
31 Julio 2001

No es el momento de hablar de autodeterminación, pero llegado el caso, aseguran en el PSOE, «nos opondríamos con meridiana claridad». Así de tajante se mostró ayer el portavoz parlamentario, Jesús Caldera, quien compareció ante los medios de comunicación tras la habitual sesión quincenal de la Ejcutiva Federal. Una Ejecutiva que, ayer, centró todas sus reflexiones en la reunión que mantendrían unas horas más tarde el presidente del Gobierno, José María Aznar, y el Lendakari vasco, Juan José Ibarreche.

Margarita Uría
Y es que los socialistas están convencidos de que el clima de crispación entre ambos Gobiernos ¬central y vasco¬ no lleva a ninguna parte y que, tras el mazazo electoral del pasado 13-M, ambos Ejecutivos deben aunar esfuerzos en el principal problema de la sociedad vasca: el terrorismo. Su planteamiento ha hecho sospechar que los de Zapatero han tenido intentos de acercamiento con los nacionalistas vascos y que, como consecuencia de ellos, se hizo «causus belli» de la entrada de la diputada Margarita Uría en el Consejo del Poder Judicial. Una versión que Caldera frenó ayer en seco, tras negar que hubiese habido conversaciones de ningún tipo con el PNV. Y que no las habrá hasta el próximo mes de septiembre, cuando está previsto que el secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, se entreviste con Ibarreche. Precisamente fue Zapatero quien le indicó al lendakari que esta entrevista no podía tener lugar hasta que no se celebrara la que ayer tuvo lugar en el Palacio de la Moncloa. «Zapatero es el más interesados en que exista una relación fluida entre Gobierno central y Gobierno vasco y, si puede ser, entre PP y PNV», aseguran en Ferraz.

   Jesús Caldera defendió ayer que cualquier idea «es legítima», en referencia a los planteamientos de autodeterminación del PNV, pero aclaró que «siempre y cuando acabe la violencia».

   El número dos del PSOE se mostró convencido de que «la autodeterminación no encaja en el actual Ordenamiento Jurídico» y que, aunque éste «pueda ser modificable, no se puede plantear en tanto en cuanto haya violencia en el País Vasco».

   «La autodeterminación no tiene encaje constitucional y lo digo con meridiana claridad. Y si se planteara, el PSOE se opondría», concluyó,

   El portavoz parlamentario negó también que, en la última reunión de la comisión de seguimiento del pacto anti-eta, PP y PSOE abordaran las posiciones soberanistas del PNV y mucho menos que el titular de Interior les pidiera a los de Zapatero explicaciones sobre sus supuestos «guiños» al PNV.

   La cita, que tuvo lugar el pasado jueves, giró en torno a la ofensiva etarra que la banda asesina podría emprender este verano en la costa mediterránea. Y se dieron fechas que, en opinión del Ministerio del Interior, podrían resultar muy «peligrosas».

Múgica compara el totalitarismo alemán con el PNV
El defensor del Pueblo, Enrique Múgica, comparó ayer el «nacionalismo totalitario» alemán con el del PNV, aunque advirtió que en este partido se están produciendo reacciones «razonables» y «contrarias al actual despendolamiento». El defensor del pueblo señaló que los resultados de las últimas elecciones vascas «han destrozado» las posibilidades del «PNV y de la alianza de los nacionalistas de ir hacia una politica autodeterminista».

   Múgica calificó el pacto antiterrorista firmado entre el PP y el PSOE de «efectivo y necesario» y dijo que creía que se adherirán al mismo otras fuerzas políticas, incluido el PNV «si recupera el uso de la razón política».
   Múgica señaló que la «simetría» entre el supuesto vasco y el alemán «es tan escalofriante» que su trabajo de investigación opera como un auténtico despertador de las conciencias ciudadanas».

Quinta noche consecutiva de ataques callejeros en Euskadi
Bilbao El País  31 Julio 2001

Por quinta noche consecutiva tras la muerte de la etarra Olaia Castresana, a quien le explotó una bomba que manipulaba en un apartamento de Torrevieja (Alicante), los grupos de violencia callejera de apoyo a ETA atacaron sucursales de bancos y realizaron sabotajes en diferentes municipios del País Vasco. El ataque que más daños ocasionó se produjo en Galdakao (Vizcaya), donde un artefacto casero estalló en la noche del domingo ante la sucursal del BBVA, ocasionando un incendio que produjo daños de importancia en la entidad y que requirió la intervención de los bomberos. El artefacto estaba compuesto por una garrafa de líquido inflamable y un petardo, según informó la Ertzaintza.

Ya de madrugada, los grupos de kale borroka colocaron dos artefactos en la localidad guipuzcoana de Hernani, uno ante una sucursal del BSCH y el segundo en la puerta del Juzgado de Paz. El artefacto de la entidad bancaria no produjo daños ya que sólo reventó el spray.

Los efectos de la otra bomba casera fueron descubiertos por una patrulla de la Ertzaintza sobre las 4.30 horas. La puerta de entrada de la instancia judicial quedó ennegrecida tras la explosión del artefacto.

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