AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 11 Agosto  2001
#La inhibición de Balza y la soberanía abertzale
Carlos Martínez Gorriarán. Profesor de Filosofía. Universidad del País Vasco ABC 11 Agosto 2001

#Una cortina de humo de Joseba Egibar
Editorial El Mundo 11 Agosto 2001

#Espíritu de comisario político
Ignacio Villa Libertad Digital 11 Agosto 2001

#Homenaje a ETA
Editorial El País 11 Agosto 2001

#Es su problema
CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN El Correo 11 Agosto 2001

#La historia se repite
Cartas al Director ABC 11 Agosto 2001

#Los proetarras arrojan cohetes desde una lanzadera contra la casa de un ertzaina
SAN SEBASTIÁN. ABC 11 Agosto 2001

#Los radicales intentaron rematar a los dos ertzainas abrasados en Portugalete
ÓSCAR B. DE OTÁLORA BILBAO El Correo 11 Agosto 2001

#Elevar la moral
TONIA ETXARRI El Correo 11 Agosto 2001

La inhibición de Balza y la soberanía abertzale
Por Carlos Martínez Gorriarán. Profesor de Filosofía. Universidad del País Vasco ABC 11 Agosto 2001

EL señor Balza, consejero de Interior del Gobierno Vasco, es sin duda uno de los políticos más famosos de España, y eso tiene su mérito, porque esa fama no emana de lo que hace, sino de lo que no hace. Es verdad que mucha gente le critica por su probada inactividad frente al terrorismo, pero reparemos en que nadie ha podido probar, hasta hoy, que la verdadera función encomendada a la Consejería de Interior vasca sea hacer algo contra el terrorismo, aparte de algún gesto. Por el contrario, pruebas e indicios de todo tipo llevan a pensar que la importante función de esta Consejería consiste en no hacer, aunque fingiendo, claro, que algo se hace. Cuando Balza se las arregla para transmitir a la Ertzaintza -con gran protesta y escándalo de los sindicatos de esta policía- que llegue tarde o mire para otro lado ante cualquier desorden (léase kale borroka, amenazas impunes, extorsiones varias) políticamente negativo para la estrategia de su partido, el PNV, seguramente no hace otra cosa que lo que tiene encomendado, esto es, hacer lo menos posible en estos casos. Tiene su mérito, porque la omisión es todo un arte en una situación como la vasca, donde todo el mundo -¡y sobre todo los nacionalistas!- pide movimiento, aunque sea sobre todo en círculo.

La tarea encomendada al vilipendiado Balza apenas coincide con la de sus colegas españoles, europeos y mundiales: es otro hecho diferencial vasco. Si los ministros de interior corrientes se ocupan de asegurar la paz, el orden público y esas cosas, aunque lo hagan tan pésimamente como en Génova, Balza debe esforzarse en apoyar a Ibarretxe, Arzalluz y compañía cuando afirman que las libertades, la paz y el orden público están muy bien en la Comunidad Autónoma Vasca, a excepción, naturalmente, de algunos incidentes desgraciados y azarosos que pasan en todas partes, y sobre todo en España. Esa insistencia tan perseverante trata de contrarrestar el pernicioso empeño de esa gran parte de la ciudadanía vasca que denuncia padecer una severa merma de su libertad y seguridad. En estos casos, una de dos, o el gobierno responsable (el vasco) toma cartas en el asunto, protegiendo a tales ciudadanos y persiguiendo a sus verdugos, o bien se inhibe en la tarea anterior para probar que, si no detienen terroristas, es porque no hay motivos serios para detenerlos.

La inactividad de Balza y su departamento no se comprende si obviamos la naturaleza del bien que busca proteger esa cuidada apatía, a saber, el poder y la prosperidad del nacionalismo llamado moderado, esa calidad de vida garantizada al vasco que no se mete en política, como propuso Franco, el maldito, y propagó Ibarretxe durante la última campaña electoral, y con gran eficacia.

Hay dos últimas cosas que iluminan, creo, la inhibición de Balza. Una es un dato empírico y otra un concepto metafísico. El dato empírico es que, tras el proceso que condujo al asesinato de Miguel Angel Blanco y los sucesos que siguieron, ETA comprendió que el PNV es tanto su principal enemigo potencial como su mejor aliado actual, a condición de que se le aprieten las tuercas en el sentido oportuno, porque es un partido pusilánime y otras cosas peores. Y esta es la razón de que ETA no haya atentado hasta ahora y ex profeso contra ningún dirigente nacionalista, asesinando en cambio a casi una docena de ertzainas, policía que al fin y al cabo el PNV creó como guardia pretoriana, aunque luego, gracias al sindicalismo, le haya salido respondona. Matando ertzainas, ETA envía un mensaje al PNV: «estas son las víctimas que os sustituyen. Podemos ir a por vosotros cuando queramos; a ver qué hacéis si, como decís, además compartimos los fines». Y la respuesta del PNV, hasta hoy, es evitar a toda costa el enfrentamiento abierto con ETA, en la acción de gobierno y en el programa de partido. La consecuencia necesaria, como es obvio, es la inhibición en la lucha contra el terrorismo.

Esto último nos lleva a la segunda cuestión que puede explicar la injustificable inhibición de Balza y su departamento. Algunos, incluyendo nacionalistas decentes, interpretan la inhibición de la Ertzaintza contra la kale borroka como un fracaso policial que desprestigia al autogobierno vasco y al conjunto del nacionalismo: «vaya un gobierno, incapaz de parar a unos terroristas a los que pueden conocer perfectamente». Pero esto es demasiado convencional. Recordemos que, según Aristóteles, lo propio de la potencia, y por tanto del poder político, es la posibilidad que tiene de hacer o de no hacer. Tiene poder político, y por tanto soberanía (aquí está la clave), aquel que hace o se inhibe según sus intereses. Gran potencia es aquel país que no invade a sus vecinos porque no le interesa, no porque no pueda hacerlo. Alguien obligado a obrar según la norma no tiene verdadero poder: lo tiene quien, si quiere, puede ir contra la norma. Del mismo modo, los nacionalistas vascos saben que no hay verdadera soberanía si no se puede elegir entre hacer o no hacer. Pues bien: en su caso, hacer algo serio contra ETA les saldría, sin duda, muy caro. En cambio, no hacer nada serio para proteger a sus víctimas les sale, de momento, muy rentable. Y esto es lo que debemos cambiar.

Y esto puede explicar por qué los nacionalistas han encomendado a Balza la injusta e injustificable tarea de no hacer, aguantando la lluvia de críticas que provocan su pasividad e ineficacia. La concepción de la soberanía vasca que han desarrollado PNV, EA, ELA y compañía, consiste en elegir la inhibición en sus obligaciones constitucionales y en excluir a los ciudadanos vascos no nacionalistas, convertidos poco a poco en sujetos de segunda clase. Todo esto, por supuesto, no encontrará arreglo en las reuniones entre Rajoy y Balza, por útiles que sean. El único arreglo posible dependerá de que sepamos obligarles a rectificar, hasta convencerles de que toda inhibición contra el terrorismo les saldrá, más temprano que tarde, mucho más gravosa y perjudicial que el precio que deberán pagar si eligen enfrentarse con ETA. Elección que sí sería soberana, pero en el buen sentido.

Una cortina de humo de Joseba Egibar
Editorial El Mundo 11 Agosto 2001

Dice el proverbio chino que cuando alguien apunta hacia la luna sólo los tontos se quedan mirando hacia el dedo. Esto es lo que le sucedió ayer a Joseba Egibar, portavoz del PNV, que acusó de «intrusismo político» al sindicato ErNE por criticar la gestión de los mandos de la Ertzaintza. Según Egibar, ErNE sigue una estrategia de «politizar» la policía autonómica vasca y pretende «desprestigiar» al cuerpo en el que es sindicato mayoritario. Egibar afirma que ErNE ha funcionado como «correa de transmisión» del PP, al que está haciendo el juego.

Las declaraciones del dirigente del PNV son un puro disparate. Primero, porque fueron todos los sindicatos, incluyendo al nacionalista ELA, quienes criticaron la falta de operatividad de la Ertzaintza en la kale borroka. Segundo, resulta ridículo afirmar que ErNE invade el terreno de la política cuando lo único que ha hecho es opinar sobre algo que les afecta muy directamente: la organización y la eficacia del cuerpo en el que trabajan sus afiliados. Y, tercero, no hay ni la más mínima afinidad política entre ErNE y el PP, como todo el mundo sabe.

Egibar, lo mismo que Ibarretxe, Arzalluz, Balza y otros compañeros de partido, se niega a aceptar lo evidente: que la Ertzaintza ha sido tremendamente ineficaz para frenar la creciente violencia callejera. El problema de fondo es éste y no los cauces elegidos por ErNE para formular sus críticas. Las palabras de Egibar son una mera cortina de humo para distraer la atención de la contestación interna que empieza a haber entre los agentes, conscientes de la situación a la que les ha llevado la irresponsabilidad del PNV.

Espíritu de comisario político
Por Ignacio Villa Libertad Digital
11 Agosto 2001

El vigilante deja al descubierto su propia realidad cuando se atreve a denunciar que se siente vigilado. Con la ficción intenta encubrir sus verdaderas circunstancias. No cabe ninguna duda. El portavoz del PNV, Joseba Eguibar, ha vuelto a sus andadas. Como siempre, se sitúa más cerca de los verdugos que de las víctimas. Eguibar reaparece este verano con el mal gusto que le caracteriza. No le importa que un policía autónomo vasco permanezca ingresado en estado muy grave tras el último "atentado" de la violencia callejera. Él va a lo suyo, a su propia supervivencia política. Pues bien, con su estilo habitual, dice ahora que la Guardia Civil y la Policía Nacional destinadas en el País Vasco se dedican a labores poco menos que de espionaje, a controlar a los dirigentes nacionalistas. Por ello, no pueden realizar correctamente su trabajo de lucha contra el terrorismo.

Afirmaciones que, viniendo de donde vienen, no tendrían que asombrar. Pero, ciertamente, el sentido común nunca se puede acostumbrar a semejantes barbaridades. El concepto que el portavoz nacionalista tiene de la vida política y de la democracia deja mucho que desear. Sólo entiende este "negociado" como el de la ley del más fuerte. Sólo acepta sobre la mesa sus teorías, sus intereses y sus mensajes. No entiende de pluralidad, ni de normalidad. Ni, mucho menos, quiere entender de diálogo y entendimiento.

Eguibar, detrás de sus "machadas", ha quedado en evidencia y ha dejado al descubierto el desconcierto que vive el nacionalismo después del último encuentro entre Aznar e Ibarretxe. El nacionalismo, que pretendía alardear durante todo el verano de su tradicional victimismo, se ha encontrado ahora fuera de juego. El presidente del Gobierno presentaba entonces unas claras iniciativas sobre la lucha contra el terrorismo. Unas iniciativas a las que el nacionalismo no puede negarse, pero que tampoco puede aceptar; sencillamente porque quedaría al descubierto el "tenderete".

Con esta situación, Eguibar ha pretendido descalificar la propuesta del Gobierno de coordinar el trabajo entre todas las Fuerzas de Seguridad del Estado para buscar una mayor eficacia en la lucha contra el terrorismo. Pero lo está haciendo desde la tosquedad. La Policía Autónoma Vasca, como ha sido denunciado por los propios sindicatos del Cuerpo, es un "chiringuito" del PNV donde priman más los intereses partidistas que el orden público. La coordinación con la Guardia Civil y la Policía Nacional significaría dejar al descubierto la ineficacia que padece la Ertzaintza, que está diseñada y controlada desde el poder político.

Los malos modos de Eguibar, las evasivas de Balza, la desaparición veraniega de Ibarretxe y las declaraciones a medios polacos de Arzalluz marcan el estado de ánimo del nacionalismo. Sus objetivos siguen siendo los mismos, por supuesto. Pero sus últimos movimientos no han sido los más acertados y tiene que recomponer la situación. Mientras tanto, se dedican a simples maniobras de distracción, pero que esconden un autentico espíritu de comisariado político.

Homenaje a ETA
Editorial El País 11 Agosto 2001

La Consejería vasca de Interior ha rehusado prohibir, como le habían pedido el PP y el PSOE, los homenajes a celebrar hoy en sus localidades de nacimiento en honor de los cuatro etarras muertos hace un año en Bolueta, al estallarles los explosivos que portaban. La consejería que dirige Javier Balza argumenta que en la comunicación de la convocatoria, presentada por unos particulares y no por organización alguna, no se menciona a los etarras. El lema de la convocatoria es 'Euskal Herria necesita una solución democrática'.

Sin embargo, se trata del mismo lema que presidió la convocatoria de la manifestación realizada el sábado pasado en San Sebastián y que se convirtió en la práctica en un acto de exaltación de la activista Olaia Castresana, fallecida también al estallarle su propia bomba, y de la organización en la que militaba. La propia consejería ha anunciado que presentará a los jueces pruebas grabadas que demuestran la naturaleza del acto. Ese antecedente bastaría para haber prohibido el homenaje a los cuatro de Bolueta. Éste fue anunciado ya con ese significado, aunque con el lema consabido de la 'solución democrática', por las Gestoras pro Amnistía el 23 de julio. El portavoz de ese colectivo justificó el homenaje con un argumento que cae del lado del delirio: eran 'militantes independentistas', por lo que 'su liquidación, a pesar de los métodos que utilizasen, era estrictamente política'.

También ha pedido la prohibición de los homenajes el sindicato mayoritario de la Ertzaintza, Erne, que reprocha a la consejería vasca preferir 'lamentar después que prevenir antes'. Es el mismo argumento que preside su crítica a la actitud del Gobierno vasco en relación al terrorismo callejero. El documento presentado el jueves por ese sindicato confirma desde dentro lo que parecía desde fuera: que se está pagando ahora el abandono (por razones políticas) de la tarea de información sobre la kale borroka, y que los ertzainas se encuentran vendidos cuando acuden al lugar de los hechos. Y que esa inoperancia, unida a la tolerancia de hecho observada durante años hacia los chicos de la gasolina, ha hecho que los radicales pierdan el respeto a la autoridad de la Ertzaintza. Difícilmente se recobrará si se empieza por autorizar homenajes a terroristas haciendo como que se ignora lo que todos saben.

Es su problema
CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN El Correo
11 Agosto 2001

En el artículo ‘Víctimas y voces’, Juan Aranzadi se escandaliza de la que llama «grosera usurpación de la voz de las víctimas», y afirma que estas últimas no tienen derechos especiales, ni superioridad política, ética o intelectual sobre cualquier otra persona, incluyendo por lo tanto a sus verdugos. Hay que advertir que Juan Aranzadi ha dejado muy claro, y muchas veces, tanto su rechazo de los delirios ideológicos del terrorismo abertzale como su repudio absoluto del homicidio. Por eso parece difícil entender cómo concilia ese rechazo con la equiparación de las ideas y móviles de los terroristas y de sus víctimas, que de eso se trata. Ahora bien, un modo de quitar de en medio a las víctimas, sin denigrarlas en apariencia, sino aparentando lo contrario, es convertirlas en entes trágicos que han perdido la vida debido a una violencia ciega. Desaparecidas para siempre de nuestro vecindario, son meras sombras de las que nada se puede decir, salvo que murieron por oscuros azares sin sentido. Al morir dejan de ser ciudadanos, y por tanto ni tienen derechos, ni son acreedores de deberes u obligaciones por parte de los vivos. Para estos carecen de significado moral y político alguno, salvo el de servir como signo de la muerte, del peligro que representa la violencia, de la impotencia de los principios y cosas así.

Respecto a la víctima que todavía no ha sido asesinada, el hecho de que aún no lo haya sido la retiene sin más del lado de los vivos corrientes: ni siquiera significa algo especial, pues cualquiera puede ser víctima. O mejor aún: si vive, no es del todo víctima y si es víctima, no vive y no puede decir nada, así que podemos estar tranquilos. La desgracia del sujeto asesinado es tan irreparable como exclusivamente suya: ni podemos devolverle la vida, ni estamos muertos, nadie puede ponerse en su lugar y hablar por él. Y diciendo esto afirmamos nuestra propia piedad sobre la desgracia del asesinado y nos liberamos de cualquier otra obligación debida. Más aún, podemos tranquilamente enfrentarnos a las víctimas todavía con vida para relativizar cualquier petición de auxilio que nos parezca peligrosa o excesiva, e incluso recriminarla como un abuso inmoral y un atropello político: si uno es víctima, es su problema. Me temo que eso propone el artículo que comento.

Esta clase de argumentos se están convirtiendo en la justificación favorita de quienes, afirmando estar en contra de ETA y lo que representa, eluden la amenaza terrorista haciendo como si no existiera, no les concerniera o fuera un invento fastidioso de unas víctimas que no dejan de ser culpables por exponerse (algo que no debe hacerse), pero que sin embargo se sienten interpelados y escandalizados por las peticiones de solidaridad política, y no sólo afectiva, de las víctimas del terrorismo.

Ciertamente, uno puede esconderse o huir del terrorismo como del hambre o la peste. Es un derecho reconocido en nuestra cultura, que en casos así considera la conciencia privada de cada cual una justificación suficiente. Pero si bien es cierto, como escribe Aranzadi y sugiere el sentido común, que las ideas de una víctima del terrorismo no son obligatorias para todos sólo porque las sostenga una víctima, también es evidente que callar, esconderse o huir del terrorismo no convierte al «fugitivo» (término aranzadiano) en un maestro de virtud ética y lucidez política, autorizado a dar lecciones de moral, política y jurisprudencia a las víctimas para ponerlas donde no molesten. Aranzadi se escandaliza de la pasada «campaña electoral del bloque constitucionalista», a cuyos ‘diseñadores’ llama inmorales, fariseos, manipuladores y usurpadores de la voz de las víctimas. Pero entre dichos ‘diseñadores’, así como entre los candidatos y votantes del PP y PSE, proliferan esas víctimas que, en efecto, han pedido en bastantes casos el voto a la ciudadanía. ¿Por qué resulta escandaloso que muchas víctimas pidan el voto para, precisamente, gobernar y enfrentarse a sus victimarios desde el poder? ¿Por qué puede resultar ofensivo oír la obviedad de que la mayoría de los asesinatos de ETA, lejos de ser ciegos, persiguen eliminar y amedrentar a sus enemigos políticos e ideológicos, en su mayor parte, durante los últimos veinte años, partidarios y militantes de la democracia?

Aranzadi fundamenta su peculiar escándalo en cuatro principios heterogéneos: primero, «no se puede hacer justicia a los muertos» porque es imposible devolverles la vida; segundo, «los destinatarios y beneficiarios de los ritos que tienen a los muertos por aparentes protagonistas son los vivos»; tercero, «en una sociedad que proclama al individuo como valor supremo, nadie tiene derecho a hablar en nombre de los muertos»; y cuarto, «la muerte y el sufrimiento no son fuente de razón ni de derecho. Ser víctima directa o indirecta del terrorismo (...) no le hace a uno acreedor a derecho especial alguno ni añade un ápice de valor moral o intelectual al propio discurso».

Sin embargo, resulta tan disparatado como evasivo confundir la justicia debida a los asesinados con la imposible pretensión de resucitarlos, y desde luego se puede y debe hacer justicia con los asesinos -atrapándolos, juzgándolos y encerrándolos- para que al menos no amenacen a los vivos. Por lo demás, si nadie puede hablar en nombre de los muertos, Juan Aranzadi tampoco, regla que hace superflua toda su argumentación, donde impúdicamente asume lo que niega a muchos, el papel de portavoz de «aquellos otros -la inmensa mayoría de las víctimas- que nada quisieron defender», y hace gratuitos sus ataques contra los allegados de los asesinados, fustigados sin misericordia salvo cuando -¡qué casualidad!- dicen aquello que les autoriza a decir porque puede beneficiar sus puntos de vista.

Con todo, la afirmación más asombrosa es la que dice que ser víctima de una injusticia no es fuente de derecho especial alguno. En tal caso, la Policía no debería investigar los delitos, ni los jueces juzgarlos, ni los seguros pagar primas por robo, ni pensiones por invalidez, o la Seguridad Social hacerse cargo de los discapacitados, como tampoco deberían las instituciones afectadas garantizar derechos y amparar a sujetos en peligro, sean estos náufragos o menores agredidos. Por supuesto, habría que eliminar la obligación legal de auxiliar a personas en peligro si las víctimas, ya lo fueran de un accidente o de una agresión, de una inundación o de una injusticia, no tuvieran derecho -y digo el derecho, no la esperanza- a esperar reconocimiento y protección obligada. Y así todo lo demás. Si las víctimas no fueran sujetos acreedores de ciertos derechos específicos por el mero hecho de serlo -esto es, no por sus méritos, sino por ser víctimas-, no existiría otro sistema político y jurídico imaginable o posible que la guerra permanente de todos contra todos. Sólo en ese estado, donde todo el mundo es víctima y victimario, se daría la ideal igualdad de derechos que Aranzadi parece proponernos. Claro que, en ese caso, ser víctima no sería ya un problema del afectado, sino el ‘modus vivendi’ de todos. Igual es un progreso.

La historia se repite
Cartas al Director ABC
11 Agosto 2001

Casi al final de la II Guerra Mundial, H. Himmler, jefe de la Gestapo, reclamaba en el cuartel general alemán una mayor dureza. El día 2-9-1944 narró públicamente un suceso. Había desertado un suboficial que fue detenido enseguida. Inmediatamente se le condenó y lo fusilaron. Se felicitaron todos por el hecho. La historia se repite y, a la desesperada, una mayoría de los responsables de ETA ha decidido seguir apretando el acelerador de las matanzas. Una mayoría, se nos ha dicho, y esto es positivo. Eso significa que hay una minoría que se distancia de la irracionalidad, pienso que porque se le hace demasiado largo, incierto y costoso este camino de sangre y de dolor para todos. Es positivo. Y es también sintomático que el alcalde de Leiza, acompañado de los otros concejales de EH, haya visitado a la familia del asesinado José Javier Múgica y haya dado a entender, leo, «que habían trasladado a sus cargos superiores que no estaban de acuerdo con esto que había sucedido». Imanol Goenaga. San Sebastián.

Los proetarras arrojan cohetes desde una lanzadera contra la casa de un ertzaina
SAN SEBASTIÁN. ABC 11 Agosto 2001

Tres cohetes pirotécnicos fueron disparados desde una lanzadera contra el caserío de un agente de la Ertzaintza en la madrugada de ayer en la localidad guipuzcoana de Idiazábal. Aunque no alcanzaron a la vivienda, los cohetes ocasionaron pequeños incendios en los lugares donde cayeron. Con este atentado fallido son ya veinticinco los ataques de terrorismo callejero cometidos contra agentes de la Policía autónoma vasca o sus bienes en lo que va de año.

El ataque ocurrió a las cuatro menos veinte de la madrugada de ayer, hora en la que los cohetes disparados desde unas lanzaderas estallaron a escasos metros del caserío sin llegar a dañarlo. En la vivienda reside un agente de la Ertzaintza que ya fue víctima de otro ataque mediante el lanzamiento de cócteles molotov el 31 de enero de 1998.

Según el departamento vasco de lnterior, las explosiones de los cohetes despertaron al ertzaina, quien, seguidamente, se dirigió a una de las ventanas del caserío desde donde pudo ver cómo se quemaban las lanzaderas de los cohetes, situadas a una distancia de unos ochenta metros aproximadamente.

Los artefactos estaban impregnados de gasolina con el objetivo de prender fuego en el momento de su detonación. Sin embargo, ninguno de los cohetes impactó en la vivienda. La Ertzaintza encontró en las inmediaciones del caserío unos cercos de hierba quemados donde se cree que cayeron los cohetes pirotécnicos.

Esta versión difiere de la inicialmente manejada por el departamento vasco de lnterior que consideró que los artefactos no habían llegado a salir de las lanzaderas y que estallaron en este mismo lugar. La lanzadera, compuesta por tres tubos de PVC, se incendió, aunque de momento se desconoce si a consecuencia del lanzamiento de los cohetes o de forma provocada para hacer desaparecer las huellas.

Minutos después de este suceso, vecinos de Idiazábal escucharon una explosión en una caseta de Telefónica en esta misma localidad guipuzcoana. Cuando agentes de la Ertzaintza acudieron al lugar, comprobaron que el recinto estaba incendiado y que había restos de líquido inflamable en el lugar.

Con el atentado fallido de la madrugada de ayer son ya 25 los ataques de violencia callejera cometidos contra agentes de la Ertzaintza o sus bienes durante el presente año. Trece de ellos han ocurrido en Vizcaya, ocho se han registrado en Guipúzcoa y cuatro en Álava. A estos ataques hay que sumar los dos asesinatos de miembros de la Ertzaintza cometidos por la banda ETA: lñaki Totorika, muerto al estallar un coche bomba el pasado 9 de marzo en la localidad guipuzcoana de Hernani, y Mikel Uribe, ametrallado el pasado 14 de julio en Leaburu.

Gesto por la Paz condenó ayer tanto el intento de ataque a la vivienda del ertzaina en Idiazábal como la justificación de que quienes atentaron contra dos agentes de la Policía vasca en Portugalete ofrecieron del ataque, a la vez que instó a la sociedad a respaldar a colectivos amenazados como el de la Ertzaintza.

El portavoz de esta organización pacifista, Pedro Luis Arias, expresó su «condena más rotunda» por hechos como estos, así como su «solidaridad con las personas que han resultado afectadas».

Arias manifestó que la solidaridad de los ciudadanos «lo mismo se expresa participando en la actividad pública, como con la gente más cercana, arropándolas y dándose cuenta que las amenazas que sufren». «Esa libertad que tienen coartada deja, de alguna manera, en juego nuestra libertad y dignidad como sociedad», concluyó.

Los radicales intentaron rematar a los dos ertzainas abrasados en Portugalete
Lanzaron un segundo ataque con ‘cócteles’ al ver que uno de los agentes seguía ileso y una pareja intentaba ayudarles El policía, envuelto en llamas tras el atentado, disparó con su arma para intentar repeler la agresión El agente herido con las quemaduras de mayor extensión continúa en estado muy grave tras ser operado
ÓSCAR B. DE OTÁLORA BILBAO El Correo 11 Agosto 2001

Los encapuchados que en la madrugada del pasado domingo tendieron una emboscada a una patrulla camuflada de la Ertzaintza realizaron un segundo ataque contra los agentes tras comprobar que uno de los ertzainas estaba ileso y una pareja intentaba ayudarle a rescatar a su compañero, envuelto en llamas y devorado por el ácido. Los primeros datos sobre la trampa -procedentes del relato que ha comenzado a realizar a sus allegados el policía vasco que sufrió las heridas graves, M.R.L., de 32 años-, revelan un brutal encarnizamiento de los radicales en su intento de acabar con la vida de los dos policías.

La emboscada se produjo alrededor de la una de la madrugada en Portugalete, después de que los agentes, de paisano y en un turismo sin distintivos, recibieran una llamada de su comisaría en la que se les pedía que acudieran a la calle Cristo,donde un grupo de radicales estaba atacando una sucursal de la BBK. Según la terminología interna de la Ertzaintza, su misión consistía en una ‘comprobación de incidentes’, una labor de protección ante las celadas existente en la Policía vasca desde hace más de cinco años. Debían acercarse discretamente a la oficina, comprobar que en la zona no había ningún signo que revelara la posibilidad de una emboscada y avisar a la comisaría de que el área era segura. Entonces llegarían las dotaciones antidisturbios.

No imaginaban que los radicales les estaban esperando. Según el testimonio de M.R.L., nada más acercarse a la entidad de ahorros, una lluvia de piedras y tornillos destrozó el cristal trasero de su vehículo. Tras romper la luna, los encapuchados lanzaron varios ‘cócteles químicos’ al interior del automóvil, que se convirtió en una bola de fuego. El conductor -C.G.D, de 48 años, un ertzaina veterano y con experiencia en las calles-, comenzó a arder cuando las llamas y el ácido sulfúrico que los radicales introducen en las botellas incendiarias le alcanzaron en la espalda y en la cabeza. Desesperadamente, pisó el acelerador para intentar huir de la emboscada, pero el coche apenas recorrió unos metros antes de perder el control y estrellarse contra uno de los turismos aparcados en el lado izquierdo de la calle. La colisión bloqueó la puerta del conductor, por lo que quedó atrapado en el asiento mientras, el automóvil se convertía en una brasa.

Disparos
El copiloto sí pudo salir del vehículo. Tras comprobar que había cesado el ataque y los encapuchados se alejaban, se lanzó dentro del coche en llamas para ayudar a su compañero. Sus primeros intentos fueron inútiles , pero una pareja que se encontraba en las inmediaciones corrió en su ayuda. Mientras la joven sujetaba la puerta, los dos hombres tiraron del cuerpo abrasado de C.G.D. y consiguieron depositarlo en la acera.

Según el relato de M.R.L., en ese momento los encapuchados se dieron la vuelta e iniciaron una carrera hacia el coche atacado para arrojar una nueva oleada de artefactos incendiarios. Esta vez, los ‘cócteles’ sí alcanzaron al ertzaina, cuya ropa comenzó a arder. El agente consiguió empuñar su pistola y disparó en varias ocasiones para que los radicales cesaran en el ataque. En ese instante, otra patrulla camuflada se acercó a la calle Cristo donde descubrió a sus compañeros envueltos en llamas mientras los encapuchados les arrojaban ‘cócteles’. Los agentes recién llegados dispararon con sus armas para alejar a los radicales, que se dieron a la fuga y desaparecieron por las calles cercanas.

El ertzaina herido ha explicado que, entre los encapuchados, creyó ver a uno con un teléfono móvil mientras el resto llevaba a cabo el ataque. Este dato refuerza la tesis de que los atacantes estaban perfectamente organizados. Según la hipótesis de la Ertzaintza, el radical podría estar en contacto con un cómplice situado en las inmediaciones para anunciar la llegada de las dotaciones antidisturbios y darles así tiempo para huir.

C.G.D. permanece ingresado en la unidad de quemados del hospital de Cruces., con el 28% de su cuerpo afectado. Su estado sigue siendo de máxima gravedad y necesita respiración asistida. M.R.L., que ya ha sido trasladado a planta y tiene el 10% del cuerpo quemado , evoluciona favorablemente y pronto será sometido a una reparación quirúrgica.

Elevar la moral
TONIA ETXARRI El Correo 11 Agosto 2001

Si el consejero Balza solicitaba, la semana pasada, 150 ertzainas más para hacer frente al terrorismo callejero desde un Cuerpo que, hoy por hoy, cuenta con 7.500 agentes (casi el doble que las FSE) significaba que el responsable de Interior se había dado cuenta ( a su ritmo; eso sí) de que la Ertzaintza, a parte de ser uno de los objetivos prioritarios de ETA ( de eso se percató después del atentado contra el agente Totorika), tiene la obligación de garantizar su seguridad y la de los ciudadanos acosados por el entorno de ETA. Claro que la persecución del delito no se resuelve solo con ‘más cantidad’ de agentes sino también con ‘más calidad’ de planes.

Y como Otegi sacó la conclusión de que Balza tiene ya decidido que a ETA sólo se la puede combatir con persecución policial, judicial y con rebelión social, ‘calentó motores’ horas antes de que la Ertzaintza sufriera la emboscada en Portugalete, que ha provocado una agria polémica sobre el papel de la policía en la lucha contra ETA. Que si Balza tenía un plan que se lo recitó a Rajoy sin que lo conocieran los sindicatos. Y fueron los sindicatos (atención, Madrazo: toma nota de un ‘plumazo’) y no otros quienes criticaron a la dirección de Interior porque no creían que existiera un plan que ni ellos conocían. Desde CC OO se despacharon a gusto; desde el sindicato profesional. Y el mayoritario Erne, tan criticado por Egibar, cometía el mismo error criticado a sus superiores al dar a conocer su plan a la prensa, antes que a Balza, insinuando sus dudas sobre la voluntad real de combatir a ETA con todas sus consecuencias. Total, un lío del que los partidos han dicho lo suyo.

A Iñigo Urkullu, hombre de pocas palabras (¿por qué ha hablado tan poco, en estos meses, a pesar de ser el responsable del Bizkai buru batzar? ) no le parece que la fiscalía especializada en violencia callejera, propuesta por el sindicato Erne, sea «lo más conveniente». Pero el ‘meollo’ está en que Interior se tiene que poner al día, además de intentar ‘elevar la moral’ a base de condecoraciones . Porque los encapuchados, de los que se decía, por parte de quienes todavía no se habían ‘caído del caballo’ (expresión que suele utilizar el abogado Montero), que estaban practicando una violencia ‘de baja intensidad’, tienen planes. Vaya si los tienen. Y les está saliendo a pedir de boca: con el miedo instalado en la mitad de la población y los partidos democráticos divididos.

Siguen las fiestas patronales y la otra cara de la juerga lleva el recuerdo de las víctimas de ETA. La familia Korta y sus amigos han creado una Fundación para el recuerdo del presidente de Adegi y tener una corriente de solidaridad con los que sufren como ellos por culpa del terrorismo. La librería Lagun, trasladada a otro lugar de San Sebastián, lleva ya una semana con las puertas abiertas. Su reapertura es un gesto de los que elevan la moral.

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