AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 12 Agosto  2001
#Se ríen de la democracia
Edurne URIARTE ABC 12 Agosto 2001 

#DOS ERRORES DE BALZA
Editorial El Mundo 12 Agosto 2001

#Mayor dice que hay una conexión entre el entorno de ETA y el nacionalismo
MADRID. Ep ABC 12 Agosto 2001
 

#La Ertzaintza, maniatada por el PNV y acosada por ETA
VITORIA. J. J. Saldaña ABC 12 Agosto 2001 

#La pasividad de los jefes indigna a los sindicatos de la Ertzaintza
FRANCISCO PEREGIL  Bilbao El País 12 Agosto 2001

#'El problema de la democracia es la calidad de los políticos'
AURELIO ARTETA El País 12 Agosto 2001 

# El talón de Aquiles de la Ertzaintza
JOSÉ LUIS BARBERÍA El País 12 Agosto 2001 

Se ríen de la democracia
Edurne URIARTE ABC 12 Agosto 2001 

Las hordas de fanáticos y matones ocupaban ayer de nuevo nuestras calles; y hoy, y mañana, y hasta que el PNV y EA quieran. Con los ojos inyectados con la sangre de las víctimas, de las que han exigido y obtenido hasta ahora, de las que pedían ayer a sus pistoleros. Con esa mirada en la que el odio se confunde con una profunda ignorancia y estulticia. Con la chulería de quien se sabe protegido por los complejos de la democracia y, sobre todo, por la eterna e incombustible comprensión de sus mayores, PNV y EA.

Tan semejantes a una banda de matones de barrio, tan cercanos a los nuevos movimientos neonazis, están hechos de la misma materia, brutalidad, capacidad intelectual -mínima-, odio, exaltación del crimen. Sus criminales son héroes, incluso cuando se matan a sí mismos en alardes de torpeza. Representan sus ideales: destrucción, asesinato, terror totalitario. Saben que provocan miedo y se sienten poderosos. La gente se esconde a su paso, la Ertzaintza mira a otro lado, los nacionalistas quieren integrarles. Y cuanto más miedo provocan, más poderosos se sienten y mayores son sus deseos de seguir con el amedrentamiento y el crimen. Mientras matan son protagonistas. Cuando no lo puedan hacer quedarán reducidos a lo que son, pura escoria.

En una burla cruel a la democracia, decían ayer, dicen siempre, que se manifestaban por una «solución democrática para Euskalherria». Se ríen de la democracia, porque la democracia en el País Vasco ha sido dejada en suspenso por los nacionalistas. El lendakari está ocupado dialogando, es decir, permitiendo la apología del terrorismo y evitando que la Ertzaintza realice su trabajo.

Los ciudadanos nacionalistas pacíficos miran hacia otro lado. No quieren molestar a los matones, no vaya a ser que comiencen a fijarse en ellos. Los demás, los que ya llevan demasiado tiempo bajo las botas de los salvajes, acumulan un hartazgo y una indignación de tal intensidad que algún día le estallará en la cara al PNV. Su dejación no le va a salir eternamente gratis, aunque hasta ahora lo parezca. 

DOS ERRORES DE BALZA
Editorial El Mundo 12 Agosto 2001 
 
V
ivas a ETA, quemas de la bandera nacional por encapuchados, insultos a los partidos constitucionalistas, exaltación de la violencia terrorista y toda la parafernalia que suele acompañar a este tipo de actos se dieron ayer en los homenajes en tres localidades vascas a los cuatro etarras fallecidos hace un año en Bolueta cuando transportaban una bomba de gran potencia. La Ertzaintza fue la gran ausente.

Lo sucedido en Hernani, Durango y Markina no constituye en modo alguno una sorpresa. Es lo mismo que aconteció en San Sebastián hace una semana cuando una manifestación que teóricamente había sido convocada para pedir una solución política al conflicto vasco se convirtió en un acto de reivindicación de la etarra Olaia Castresana, muerta cuando manipulaba una bomba en un apartamento de Torrevieja.

Es evidente que había indicios más que suficientes de que los convocantes de las tres manifestaciones de ayer, a los que se había adherido Gestoras Pro Amnistía, tenían la intención de convertir esos actos en una apología de ETA y sus métodos. Pero la consejería vasca de Interior optó por autorizar las manifestaciones con el argumento de que los solicitantes del permiso eran ciudadanos privados y no organizaciones políticas. Interior alegaba también que el lema -«Euskal Herria necesita una solución democrática»- era perfectamente aceptable.

Queda claro por el desarrollo de los hechos que la consejería de Interior tenía que haber prohibido estos actos. Pero si grave fue el error de cerrar los ojos ante la evidencia, mucho peor es la decisión adoptada por el consejero Javier Balza de no enviar a la Ertzaintza a estas manifestaciones.

El Gobierno vasco tiene la responsabilidad de mantener el orden público e impedir la comisión de delitos en su ámbito territorial. Ayer hizo dejación de esta competencia y se lavó las manos, a sabiendas de lo que iba a suceder en estas tres localidades. Nuevamente permitió a la izquierda abertzale vasca hacerse con el control de la calle y amedrentar a los ciudadanos que no comparten sus objetivos.

Lo sucedido da la razón a ErNe, el sindicato mayoritario de la Ertzaintza, que denunció hace unos días que los mandos de la policía vasca carecen de estrategia para acabar con la kale borroka y poner coto a estos desmanes.

Balza sigue dirigiendo la Ertzaintza como hace un año cuando daba la orden de reprimir a los manifestantes que defendían la Constitución en San Sebastián mientras, a unos pocos metros, los simpatizantes de ETA se burlaban de ellos. ¿De qué lado están Balza e Ibarretxe?

ivas a ETA, quemas de la bandera nacional por encapuchados, insultos a los partidos constitucionalistas, exaltación de la violencia terrorista y toda la parafernalia que suele acompañar a este tipo de actos se dieron ayer en los homenajes en tres localidades vascas a los cuatro etarras fallecidos hace un año en Bolueta cuando transportaban una bomba de gran potencia. La Ertzaintza fue la gran ausente.

Lo sucedido en Hernani, Durango y Markina no constituye en modo alguno una sorpresa. Es lo mismo que aconteció en San Sebastián hace una semana cuando una manifestación que teóricamente había sido convocada para pedir una solución política al conflicto vasco se convirtió en un acto de reivindicación de la etarra Olaia Castresana, muerta cuando manipulaba una bomba en un apartamento de Torrevieja.

Es evidente que había indicios más que suficientes de que los convocantes de las tres manifestaciones de ayer, a los que se había adherido Gestoras Pro Amnistía, tenían la intención de convertir esos actos en una apología de ETA y sus métodos. Pero la consejería vasca de Interior optó por autorizar las manifestaciones con el argumento de que los solicitantes del permiso eran ciudadanos privados y no organizaciones políticas. Interior alegaba también que el lema -«Euskal Herria necesita una solución democrática»- era perfectamente aceptable.

Queda claro por el desarrollo de los hechos que la consejería de Interior tenía que haber prohibido estos actos. Pero si grave fue el error de cerrar los ojos ante la evidencia, mucho peor es la decisión adoptada por el consejero Javier Balza de no enviar a la Ertzaintza a estas manifestaciones.

El Gobierno vasco tiene la responsabilidad de mantener el orden público e impedir la comisión de delitos en su ámbito territorial. Ayer hizo dejación de esta competencia y se lavó las manos, a sabiendas de lo que iba a suceder en estas tres localidades. Nuevamente permitió a la izquierda abertzale vasca hacerse con el control de la calle y amedrentar a los ciudadanos que no comparten sus objetivos.

Lo sucedido da la razón a ErNe, el sindicato mayoritario de la Ertzaintza, que denunció hace unos días que los mandos de la policía vasca carecen de estrategia para acabar con la kale borroka y poner coto a estos desmanes.

Balza sigue dirigiendo la Ertzaintza como hace un año cuando daba la orden de reprimir a los manifestantes que defendían la Constitución en San Sebastián mientras, a unos pocos metros, los simpatizantes de ETA se burlaban de ellos. ¿De qué lado están Balza e Ibarretxe?

Mayor dice que hay una conexión entre el entorno de ETA y el nacionalismo
MADRID. Ep ABC 12 Agosto 2001 

El presidente Grupo Popular en el Parlamento vasco, Jaime Mayor Oreja, considera que la «kale borroka» va a ser en los próximos años uno de los principales instrumentos que va a utilizar ETA para «aplicar el miedo y el terrorismo». Por ello, insiste en que la lucha contra este fenómeno debe ser un «elemento esencial». Sin embargo, cree que en el Gobierno vasco «hay actitudes» que indican que eso «no es lo primero», porque hay «excesiva conexión social» entre el entorno de ETA y el nacionalismo.

Jaime Mayor Oreja, en una entrevista a Europa Press, explica los motivos por los que cree que la lucha contra la violencia callejera en el País Vasco «va a ser un elemento esencial en la lucha contra el terrorismo». Según el análisis del dirigente popular, la «kale borroka» había sido un instrumento utilizado de forma «esporádica y puntual» por ETA, porque la «fortaleza» de la banda terrorista estaba más en los «comandos».

En esta situación, su conclusión es que «la «kale borroka» va a ser en los próximos años uno de los grandes instrumentos que le quedan a ETA para aplicar su miedo y su terrorismo». «Lo que harán -dijo- es que la «kale borroka» sea uno de los instrumentos principales, por no decir el principal». Este tipo de violencia es, en opinión del dirigente popular vasco, «una modalidad de terrorismo», ya que «quienes hacen «kale borrola» son aprendices de terroristas, no hay otra clasificación». Por estas razones, Mayor Oreja cree que es imprescindible darse cuenta, y «el Gobierno vasco el primero», de la necesidad de «acrecentar» la acción en contra de la violencia callejera y de convertir la lucha contra el terrorismo en «lo primero».

OFRECER COOPERACIÓN
En este sentido, aclaró que el Gobierno y el PP no se cansarán de ofrecer al consejero de Interior del Ejecutivo vasco «toda la coordinación y cooperación necesaria» contra este fenómeno. Sin embargo, su opinión es que «hay actitudes y comportamientos que nos dicen todos los días que eso no es lo primero».

El dirigente popular se refería a las autorizaciones del Gobierno vasco para que se celebren manifestaciones y actos que se convierten en homenajes a miembros de ETA, como los que tuvieron lugar ayer. Para Mayor, la «batalla que le cuesta dar a la PNV» y que, en su opinión, es la prueba de fuego del partido de Arzalluz, es luchar contra el entorno de ETA, en el que se «engloban» muchas personas que «no tienen una pertenencia abierta y directa con ETA» y que participan en la «kale borroka».

«Esa es la batalla que le cuesta dar al PNV, no tanto la batalla contra los «comandos», sino lo que es la batalla contra eso que ha instalado el nacionalismo terrorista de ETA en la mitad, entre el «comando» y el nacionalismo democrático, esos sectores sociales que tienen siglas distintas de ETA, pero que son más ETA que el propio «comando»», explicó.

«PRUEBA DE FUEGO»
Según su análisis, esta batalla es, para el PNV, una «especie de prueba de fuego» que Mayor entiende que este partido «no ha sabido superar en estos años porque hay excesiva conexión social entre el nacionalismo y esos sectores que conforman ese mal llamado entorno de ETA». Por ello, precisó, «les cuesta tanto» instar a la Justicia a que actúe contra ese entorno y actuar contra la violencia callejera, porque «eso forma parte de ese mundo nacionalista que se ha ido creando de un modo u otro en el País Vasco».

El dirigente popular explicó que la diferencia de lo que sucede con este fenémono en el País Vasco y lo que ocurrió en Navarra, está en que en esta última Comunidad autónoma hubo «convicción» para acabar con la «kale borroka» y «determinación política» para hacerlo.

Reconoció que «nunca se puede terminar con el problema al cien por cien» pero matizó que «nadie puede negar» que en Navarra la actuación de la Guardia Civil y del Cuerpo Nacional de Policía «ha disminuido sensiblemente, a través de instrumentos democráticos y eficaces, lo que es el fenómeno de la «kale borroka»».

En el caso del País Vasco, Mayor Oreja se mostró convencido de que tiene que ser la Ertzaintza la «policía especializada» en luchar contra este tipo de violencia porque «tiene la posibilidad de tener un despliegue normal y natural que le puede permitir estar en todas las manifestaciones que puedan derivar en actos de terror». Aunque dejó claro que debe estar apoyada por el «respaldo», la «colaboración y cooperación» de un «proyecto compartido» con las Fuerzas de Seguridad del Estado, tal y como propuso el ministro del Interior, Mariano Rajoy, al consejero vasco del Interior, Javier Balza.

COMPLICACIONES
Mayor recordó que la Guardia Civil y la Policía han practicado detenciones y desarticulado «grupos Y» de apoyo a ETA en estos años pasados, pero considera que lo lógico es «ordenar de la mejor forma posible la presencia de las policías en el País Vasco». Por ello cree que «sería complicar excesivamente las cosas» si se pretendiera que ambos cuerpos policiales actuaran en la calle, por ejemplo, porque se prevean actos de violencia por una manifestación.

La Ertzaintza, maniatada por el PNV y acosada por ETA
VITORIA. J. J. Saldaña ABC 12 Agosto 2001 

La ofensiva de ETA y su entorno contra la Ertzaintza y la falta de resultados en la lucha antiterrorista por parte de la Policía vasca han hecho recrudecer el enfrentamiento entre los agentes, que se sienten acosados y maniatados, y el departamento de Interior, bajo el mando absoluto del PNV. Cerca del 70 por ciento de la plantilla -representada por Erne, CC. OO. y UGT- achaca la falta de eficacia al histórico dirigismo del PNV que, durante la tregua-trampa, facilitó la impunidad de los terroristas y de sus secuaces con órdenes de acudir pero no actuar.

La falta de planes operativos efectivos, además de no arrojar resultados, está poniendo en peligro la integridad física de los agentes, lo que ha provocado una rebelión sindical contra el departamento, que dirige, Javier Balza, a través de los sindicatos Erne, CC. OO. y UGT, que representan al 70 por ciento del Cuerpo. Estos critican la ineficacia a la hora de acabar con la «kale borroka» y lo atribuyen al intrusismo político y al dirigismo del PNV. De este modo, denuncian que todas las plazas que ellos consideran «sensibles» dentro de la Ertzaintza y, en especial, los puestos, a todos los niveles, de la Unidad de Información y Análisis, dedicada a la lucha antiterrorista, están copadas por afines al PNV, mediante el procedimiento de libre designación. Para estos sindicatos, resulta «inexplicable» que el departamento mantenga «en esos puestos a gente con resultado cero salvo que sea porque le gusta que sea así». En total, unos 500 agentes que nadie, salvo el departamento de Interior, sabe dónde están y qué hacen.

El procedimiento de «libre designación» recogido en la Ley de Policía vasca da al PNV, que siempre se ha reservado la Consejería de Interior, el poder de definir, a su antojo, su estructura y el diseño de la estrategia policial. También le confiere un control mayor: el de instaurar, por un lado, categorías o clases entre los ertzainas no en razón a su trayectoria profesional, sino ideológica, llegando a señalar a algunos como «españolazos», y, por otro, asegurarse la fidelidad de sus afines para obtener las mejores plazas o destinos, mediante argucias que rayan la legalidad administrativa.

GENTE DE CONFIANZA
Los sindicatos estiman que una cuarta parte de la plantilla de la Ertzaintza carece de plaza propia y afirman que, frente a este malestar, la nueva regulación de puestos de trabajo que diseño Balza antes de las elecciones buscó, por encima de todo, colocar a su gente con un organigrama de jefes, subjefes y mandos que permitirá mantener «el más absoluto control político del servicio de seguridad de todos los vascos», según denunció entonces CC. OO.

En la actualidad, así lo reveló el PSOE en el Parlamento, todos los cargos de cierta relevancia o poder, por pequeño sea -desde el jefe de división, con 500 agentes a sus órdenes, hasta el subjefe de la unidad más humilde-, son «ocupadas según la confianza que despierten en responsables políticos, independientemente de valías profesionales».

La Consejería de Interior ha estado, desde su creación, en manos del PNV, negándose siempre a renunciar a este departamento que considera imprescindible en su actuación política, incluso en la etapa de gobierno con los socialistas. La Ertzaintza, con una larga lista de escándalos sobre sus espaldas como las escuchas al ex lendakari Carlos Garaicoetxea tras la escisión del PNV; la docena de agentes detenidos por su pertenencia a ETA o la barbacoa que, en la etapa de Juan María Atutxa, José Manuel Betanzos, ordenó construir en el jardín de su casa de Guecho a miembros del servicio de mantenimiento que fueron expedientados, ha actuado en función del momento político según los intereses del PNV.

PRESIÓN Y CONTROL POLÍTICO
A raíz de la tregua-trampa, la cúpula política de Interior se dedicó a explicar a los mandos policiales los acuerdos con EH, dando crédito a las denuncias formuladas por algunos partidos y sindicatos de «politización» de la Ertzaintza, y de la situación de «presión y control político» en la que se desenvuelven los ertzainas. Después salió a la luz pública la existencia de un «pacto de no agresión» entre ETA y la Ertzaintza, que se fue corroborando con órdenes como la del jefe de la comisaria de Beasaín (Guipúzcoa) de «no interferir en el proceso de paz», a pesar de la presión de los radicales contra los concejales del PP y del PSOE.

En 2000, rota ya la tregua-trampa, la Ertzaintza únicamente llevó a cabo dos operaciones contra ETA: la localización de los pisos empleados por los integrantes del «comando Vizcaya», que fallecieron hace un año en Bolueta al estallarles la bomba que transportaban, y el hallazgo de una vivienda abandonada por la banda en la capital alavesa. El actual lendakari del Gobierno vasco, Juan José Ibarretxe, consideró, no obstante, de forma positiva el balance de la gestión de Balza hasta el punto de reelegirle.

Tras años de impunidad consentida, los «chicos de la gasolina», según la definición que Javier Arzalluz realizó de los secuaces de ETA, han pasado de cebarse especialmente con sus bienes a ir directamente contra los ertzainas como lo demuestra lo sucedido hace siete días en Portugalete, cuando los terroristas trataron de quemar vivos a dos agentes.

Históricamente, el PNV ha transformado cualquier crítica al funcionamiento de la Policía vasca, con independencia de quien la realizara y del que ocupara el sillón del consejero, en un ataque al autogobierno vasco y en una campaña de desprestigio contra la Ertzaintza, sabedores del amplio respaldo popular con el que cuenta la institución.

INSEGURIDAD
El Gobierno vasco, por su parte, mantiene, de forma insistente, que las cifras de criminalidad en el País Vasco están por debajo de la media de España, y que éste es uno de los lugares más seguros en Europa, agarrándose para ello a estos datos sin entrar en la delincuencia terrorista, ni en la situación de inseguridad en la que vive la mitad de la población vasca.
Mientras, Erne, CC. OO. y UGT sostienen que el ataque terrorista contra las libertades en el País Vasco es intolerable, al igual que la falta de resultados de la Ertzaintza. A su entender, el balance policial es de fracaso estrepitoso, ya que a los hecho criminales impunes se añade el sentimiento de inseguridad en el que vive 78 por ciento de la población, según el Euskobarómetro de noviembre de 2000.

La pasividad de los jefes indigna a los sindicatos de la Ertzaintza
Los agentes se quejan de que la dirección retiene informaciones clave en la lucha antiterrorista

FRANCISCO PEREGIL  Bilbao El País 12 Agosto 2001

El dedo en la llaga lo puso el lunes el responsable de CC OO en la Ertzaintza, Roberto del Agua, cuando a cara descubierta, en todos los medios de comunicación, declaró que resultaba muy difícil entender cómo se producen constantemente emboscadas y agresiones contra los ertzainas cuando hay unos 600 compañeros, los adscritos a las unidades de Información, que deberían encargarse de prevenir ese tipo de situaciones. Pero la brecha que dejaba entrever Del Agua dentro de la Ertzaintza se vuelve mucho más profunda a medida que se recaba la opinión de más agentes.

'Varias noches', relata un ertzaina que prefiere preservar su nombre, 'la gente de Seguridad Ciudadana, los curritos, hemos descubierto coches con matrículas reservadas para cuerpos de seguridad. Unas veces había dentro gente de la Guardia Civil y otras eran los de la Policía Nacional. Pero, qué curioso, a los que nunca detectamos es a los nuestros. Y eso sí, cuando están son los primeros en ser detectados'.

'Nuestros coches de camuflaje, no es que se los conozcan ya los borrokas, sino hasta los yonkis de las plazas', señala Teo Santos, responsable del área de Estudios de Erne, sindicato mayoritario, y miembro del área de investigación de Seguridad Ciudadana en la Ertzaintza. 'Por eso', añade, 'a los compañeros de Portugalete les tendieron la emboscada y los quemaron vivos, porque conocen nuestros coches'.

'El ejemplo más claro de la inoperancia que hay en nuestro servicio de Información', añade el ertzaina Teo Santos, 'es cuando el pasado mayo prendieron el coche de un compañero en Vitoria. Los violentos que lo quemaron habían sido descubiertos por nosotros unos días antes. Llevaban consigo datos de ertzainas. Sin embargo, por extraño que parezca, cuando quemaron el coche de uno de los nuestros, no fuimos nosotros quienes los detuvimos, sino la Guardia Civil, en una demarcación que en teoría no es la suya. ¿Por qué los detuvieron ellos? Porque hicieron un seguimiento de varios días, que es lo que tenía que haber hecho nuestra gente de Información'.

'Claro que después te enteras de que entre los detenidos...', continúa Teo Santos, 'estaba la hija, menor de 18 años, de un alto cargo del PNV que tuvo un puesto de máxima responsabilidad en el departamento de Interior del Gobierno vasco en la etapa de Atutxa. Si las hijas de nuestros máximos jefes están pegando fuego a nuestros coches, ¿qué es esto?'.

'Pero aún hay más: llamó nuestra gente de Información a Vitoria esa noche diciendo: 'Oye, que al parecer hay mucho movimiento de guardias civiles ahí. ¿Pasa algo?'. Y le contestaron: '¿Cómo que si pasa algo? Pues que nos han quemado un coche, ¿no os habéis enterado aún?'.

Todos los sindicatos consultados informan acerca de dos aspectos de carácter interno. El primero es que el hombre que está al mando de la Unidad de Información y Análisis y de la de Investigación Criminal, Nacho Ormaetxea, antes de ocupar ese cargo fue abogado defensor de varios jóvenes implicados en la kale borroka.

El segundo, confirmado por todos los sindicatos consultados, es que el actual jefe de Seguridad Ciudadana, José Ramón Lezertua, cuando era jefe de la comisaría de Gernika hace más de diez años, se puso tras la barra en la sede social de Herri Batasuna en Lekeitio, localidad que se encontraba entonces a cargo de su comisaría.

'Antes se disimulaba menos', señala un agente. 'Pero, en realidad, nada ha cambiado'.

El encargado de Estudios del sindicato Erne, quien mantiene la misma tesis, explica cuál es la relación de fuerzas en la consejería que dirige Javier Balza desde enero de 1998, y por qué todo sigue igual que siempre: 'El hombre fuerte es Gorka Aguirre, persona muy próxima a Xabier Arzalluz desde hace muchos años. Aguirre de siempre tuvo mucho poder en los temas de Interior, unas veces con cargos institucionales y otras sin ellos. Ahora mantiene la fuerza porque colocó hace dos años a un amigo íntimo suyo, el abogado Nacho Ormaetxea, como director de las unidades de Información e Investigación Criminal, lo que podríamos llamar Servicio de Inteligencia y Espionaje de la Ertzaintza. Otro hombre fundamental es Javier Inda, director del Gabinete del viceconsejero, que viene a ser desde hace más de 12 años el que establece las líneas de trabajo en la Ertzaintza, el ideólogo. Nunca habrá escuchado usted hablar de él. Sin embargo, es un poder en la sombra desde hace muchos años y en tiempos fue jefe de Investigación Criminal. ¿Qué modificación va a haber en la Ertzaintza si Gorka Aguirre y Javier Inda siguen manejando tanto poder? Y después tenemos al director de Seguridad Ciudadana, Jon Uriarte, hombre que procede de la línea del propio Balza y que llegó con él en 1998. Teniendo todos el aval del PNV, no todos piensan igual, hay problemas entre ellos. Y dentro del PNV hay familias relacionadas con los comerciantes, empresarios o con los ayuntamientos que padecen los estragos de la kale borroka, y que ven día a día cómo la Ertzaintza no les da soluciones'.

Este periódico intentó en varias ocasiones conocer la opinión de la Consejería de Interior, pero en todas ellas un portavoz del departamento indicó que los sindicatos cuentan con cauces internos en la consejería para dirimir los problemas. El portavoz del PNV, Joseba Egibar, calificó el viernes de 'mentiras' las acusaciones de falta de eficacia de la Ertzaina y acusó al sindicato Erne de 'seguir la estrategia del PP'. Sin embargo, todos los sindicatos -excepto ELA- indicaron que lo que dicen ahora a los medios lo vienen denunciando ante el consejero desde hace meses, sin que se les haga el menor caso.

'Sigue sin fluir la información', señala un dirigente sindical. 'Cada comisaría está comunicada informáticamente con las otras 25. De ahí sale una burrada de información cada día hacia la cima, hacia las cabezas pensantes de la Ertzaintza. Y ahí se queda. No nos revierte. Pides un día que te den datos de una matrícula y te dicen, por ejemplo, que tiene cuatro multas. Te pueden añadir hasta quién es el propietario del vehículo y a lo mejor esa persona no está fichada. Pero lo que nunca le dicen al jefe de una comisaría es si el hermano del propietario de ese vehículo está vinculado a la kale borroka. Y esa información, muchas veces, es necesaria. No puedo estar persiguiendo a un tío que ha dado un volantazo sin saber que ese tío puede estar involucrado en algo más, porque te juegas la vida'.

Ejemplo de eficacia
'Hemos demostrado que cuando la información fluye sin cortapisas somos eficaces', relata el citado dirigente sindical. 'Ocurrió con el asesinato de nuestro compañero Iñaki Totorika [el pasado 9 de marzo en Hernani]. Por pura casualidad, en el momento de la muerte dos compañeros de Seguridad Ciudadana, los curritos, estaban cerca de una cabina. Y vieron a dos tipos salir de allí. Normalmente nos enteramos de los atentados por el transistor, como cualquier ciudadano, pero esta vez, al instante, todos los agentes recibimos los datos de la cabina desde la que los etarras habían comunicado el atentado. Los dos compañeros se lanzaron a perseguirlos a pelo. Los detuvieron en San Sebastián. Cuando se acercaron al coche no sabían si eran dos personas normales o si los iban a ametrallar allí mismo. Hubo suerte. Les descubrieron las llaves del coche bomba que mató a Totorika. Muchos etarras coleccionan esas llaves como trofeos. Así cogimos a aquella gente. Después', continúa la misma fuente, 'llegaron los superagentes de Información y los políticos de la consejería a colgarse medallas. Siempre hay uno más listo que tú'.

A las brechas entre los agentes de Información y el resto, o entre los mandos y la base, se añade la falta de unión entre los propios sindicatos. Un portavoz de UGT declaró a este periódico: 'Decimos las mismas cosas. Entonces, ¿por qué no emitimos de una vez todos los sindicatos un comunicado conjunto, denunciando que la gente que tenemos por arriba, la que tiene que pensar y a quienes pagan por eso, no cumple con su deber? Mientras no nos unamos, seguiremos siendo dianas móviles'. 

'El problema de la democracia es la calidad de los políticos'
JUAN LINZ .
CATEDRÁTICO EMÉRITO DE LA UNIVERSIDAD DE YALE
Los profesores Juan Linz (izq.) y Aurelio Arteta conversan sobre la democracia y el País Vasco en la casa del primero, en Hamden, Connecticut / MIGUEL RAJMIL
AURELIO ARTETA El País 12 Agosto 2001 

Aurelio Arteta, catedrático de Ética y Filosofía Política de la Universidad del País Vasco, conversa en la Universidad de Yale con Juan Linz, uno de los más brillantes académicos españoles, radicado en Estados Unidos. Los partidos políticos, la democracia y el problema vasco son el eje de su conversación

Uno se acerca a Hamden (Conneticut, EE UU), donde vive Juan Linz, con un respeto casi reverencial. No es para menos, porque sólo resumir el historial de este profesor de ciencias políticas y sociales en la Yale University desbordaría el espacio que este periódico me concede. Es autor de España: un presente para el futuro, Conflicto en Euskadi, La quiebra de las democracias, El fracaso del presidencialismo, así como de decenas de obras en colaboración y traducidas a muchas lenguas. Miembro de la Academia Europea y doctor honoris causa de varias universidades, ha recibido el premio Príncipe de Asturias y, más recientemente, el Johan Skytte en Political Science. Ha sido profesor visitante en Heidelberg, Múnich, París, Berlín, Tokyo... Pero todo lo que tiene de abrumador su currículo lo tiene el profesor Linz de llaneza y cordialidad. En esto no le va a la zaga su mujer, Rocío de Terán (su brazo derecho y hasta el izquierdo), autora de cuentos infantiles y asidua colaboradora de nuestro profesor... Fueron varias horas de conversación, una larga lección de política, de la que aquí sólo caben unos pocos fragmentos.

Aurelio Arteta. ¿Cómo recalaste en Yale?
Juan Linz.
Tras haber estudiado derecho y ciencias políticas en Madrid, me vine a Estados Unidos en el año 1950. Aquí estudié sociología, preparé mi tesis doctoral y trabajé de ayudante de investigación con profesores como Merton, Lipset y Bendix. Volví a España en 1958 con una ayuda para trabajar sobre el régimen español y me hice cargo de la cátedra de Gómez Arboleya cuando murió. La universidad española no me ofreció más que ser de nuevo ayudante de clases prácticas y yo no disponía de medios de vida. Fue entonces cuando me llamaron de la Columbia University, adonde vine el año 1961, y después, en 1968, a la de Yale. Y aquí he permanecido hasta ahora.

Partidos políticos
A. A. Y no paras, por lo que veo, pese a tu reciente pase a la condición de profesor emérito. El otro día le escuché a Rocío que, en varios viajes, has llegado a citar a tus doctorandos en los aeropuertos donde hacías escala... Pero entremos en las cuestiones que nos interesan, si te parece. Los partidos políticos son pieza indispensable del engranaje democrático, aunque tal vez una de las que peor funcionan en los regímenes contemporáneos. Tengo la esperanza de que más pronto que tarde asistiremos a su transformación sustancial.
J. L. Pues lo veo muy difícil. A diferencia de los movimientos cívicos, un partido político no cultiva una causa única, sino que es un manojo de causas, planteamientos, intereses. Eso significa que nunca votante alguno estará en total acuerdo con el partido al que vota. Los partidos son además un instrumento para conquistar o sostener un Gobierno, y eso requiere una cohesión y disciplina a las que han de someterse líderes, diputados y militantes. Más todavía: se presentan a las elecciones con unos planteamientos y programas que luego, cuando llegan al Parlamento (y no digamos si es al Gobierno), a menudo constatan como mal informados o inviables. Como ésas, hay otras varias razones que explican la actual desafección hacia los partidos.

A. A.
Hace tiempo que doy vueltas al modo como se financian. En mi opinión, todo estriba en la doble naturaleza del partido político, una organización de carácter privado y a la vez tan pública que sobre ella pivota el sistema político en conjunto. Como negocio privado, invierte con vistas a los beneficios de sus accionistas (los cargos o 'el botín del Estado', que diría Weber) y puede recabar cuanta financiación legal le sea precisa. Como empresa pública, la más nuclear del aparato del Estado, sus fines han de ser el interés común y su financiación sólo puede ser pública. Aquí hay una antinomia que no sé resolver. Por si fuera poco, se diría que por razones obvias la izquierda sale perdiendo con este tipo de financiación privada e ilimitada, mientras la derecha en general sale ganando.
J. L.
Mira: los fondos de Elf y de otros no iban en Francia a los partidos de derechas, sino al Gobierno de Mitterrand y a sus campañas electorales. Los intereses económicos se orientan al ganador, con independencia de que sea de izquierdas o de derechas. En este punto el cinismo es generalizado. Y podría añadirse que, en último término, esos intereses distribuyen por su cuenta y con una relativa igualdad eso que de otra manera pagarían en impuestos y que el Estado distribuiría después para mantener el juego de los partidos...

A. A.
Aunque fuera como dices, esa distribución indirecta y velada fomentaría tanto un reducido bipartidismo como la compraventa de favores. Pero, sobre todo, se burlaría del sagrado principio 'un hombre, un voto', porque la financiación privada significa que de hecho unos ciudadanos tienen más poder de elegir y de ser elegidos que otros.
J. L.
El problema es no querer admitir, y eso ocurre en todos los electorados del mundo, que el proceso democrático es muy costoso. Cuando preguntas: '¿Estaría usted dispuesto a dar algún dinero al partido con cuyas posiciones se siente más identificado?', tan sólo una mínima minoría, y en todos los partidos por igual (salvo en la extrema derecha y en la extrema izquierda), parece dispuesta a cotizar de su bolsillo. En definitiva, el ciudadano desea mayor participación, pero nunca se pregunta quién va a pagar todo eso. Y su exclusiva financiación pública, en prinicipio sensata, origina consecuencias indirectas graves que no la hacen deseable.
A. A. Digamos más bien que aún no hemos dado con la fórmula capaz de plasmar ese principio democrático. En un texto que casi nadie recuerda dice Stuart Mill que toda financiación privada que exceda un cierto límite, fijo y público, introduce la desigualdad entre los candidatos; más en concreto, una desigualdad que favorece de hecho a los candidatos con mayor respaldo económico. Schumpeter, por su parte, no duda de que la propaganda política se rige por la misma ley que la propaganda comercial: la expectativa de mayores ventas.

Democracia y mercado
J. L. ¿Qué es lo que se vende?
A. A.
Se vende un concepto de sociedad, se vende un programa de Gobierno. Doy por sentado que los partidos de masas se mueven en el desencanto y el posibilismo, la búsqueda del centro y la suavización de sus aristas ideológicas. Pero lo peor es que el principio fundacional de la democracia, la igualdad de los individuos como ciudadanos, se quiebra en cuanto convertimos el nexo propio de la sociedad civil, que es el dinero, en nexo asimismo de nuestra organización pública, que no debe conocer más vínculo que la igual ciudadanía.
J. L.
La relación entre el voto y el dinero es indirecta. Ya puede alguien derrochar dinero en su campaña: eso no basta para persuadir a suficientes ciudadanos de que le presten su apoyo. Uno se adhiere a partidos que tienen algo que ofrecer en su programa. Y si un partido nacido de la noche a la mañana se vuelve mayoritario (el de Berlusconi), es que realmente representa unas opciones ciudadanas. Confianza en el ciudadano

A. A.
Me temo, Juan, que estés traicionando tu acreditado realismo. Si partimos de que, efectivamente, la propaganda política responde a la misma lógica y a parecidos intereses que la propaganda comercial...
J. L.
Es que no parto de ese principio, porque tengo más confianza en el ciudadano, así como en el consumidor. Por mucha campaña y carteles, si no ves en eso algo que te atraiga, no lo votas o no lo compras. Puede engañarse a la gente una vez, pero como pruebe el producto y no le guste, ya no vuelve a comprarlo. En política, el riesgo se corre sólo por cuatro años. El gasto publicitario tal vez moviliza para votar, pero la inmensa mayoría tiene ya sus opciones tomadas y no las va a cambiar. En fin, que los electorados tienen su racionalidad, una racionalidad distinta quizá a la que nosotros nos gustaría.
A. A.
Pues claro, una racionalidad mercantil, la del consumidor, pero no la racionalidad del ciudadano. Se ha dicho que la idea de democracia contiene decisivas promesas que en la práctica ha incumplido. Para expresarlo de otro modo, creo que el principio democrático mismo encierra un desafío frente a la sociedad en que las democracias arraigan, la sociedad organizada por el mercado y el capital. Hoy ese reto está neutralizado por el hecho de que la democracia se asimila cada vez más en la conciencia de las gentes a un mercado político. La representación parlamentaria está deformada por la financiación electoral, y la deliberación pública, sustituida por la negociación secreta.

J. L.
Entre nosotros no se plantean opciones tajantes más que cuando se convierten en lo que llamaba Carl Schmitt existenciales, y siempre tratamos de evitarlas. Así que en nuestras sociedades hay heterogeneidad, pero también elementos de acuerdo; en especial, el propósito de no romper la baraja. La política democrática consiste en esas dos fases o dos zonas, de consenso y de conflicto, un conflicto que no sea de vida o muerte y esté limitado en el tiempo. O sea, que a mi parecer el proceso democrático en grandes líneas funciona.
A. A. Siento no compartir tu optimismo. A mí me obsesiona que una democracia que adopte progresivamente formas mercantiles se incapacita para llenarse de suficientes contenidos de justicia.
J. L. Te diré dónde sitúo yo las deficiencias de nuestras democracias: en los muy escasos alicientes económicos (legales, se entiende), de prestigio social y de seguridad en el empleo para trabajar en política. Así las cosas, ¿cómo atraer hacia la actividad política a los mejores de cada sociedad? Para mí, el problema crucial de la democracia reside cada vez más en la calidad de la gente que se dedica a la política.

El problema vasco
A. A. He dejado para el final algo que a los dos nos duele, como es el interminable problema vasco. En tu caso, además, la preocupación viene de antiguo, porque ya la manifestaste incluso antes de morir Franco.
J. L.
He dado cursos sobre el nacionalismo, creo saber algo de ello y no me explico la virulencia, la destructividad que allí ha alcanzado. Hay razones emocionales, hay intereses, pero se podría concebir el nacionalismo de una forma más constructiva, como una identidad entre las múltiples que puede tener la gente. Porque las identidades no son excluyentes. Y eso es la base de la convivencia en un Estado, como el español, que reconoce ese pluralismo de nacionalidades y nacionalismos. El arreglo es posible, pero exige un liderazgo que lo quiera, y en el País Vasco no parece quererlo.

A. A.
Explícate, por favor.
J. L.
Una mayoría de los españoles hemos reconocido los derechos de Euskadi a su autonomía, y el derecho de su Parlamento y Gobierno a legislar y gobernar en el marco de la Constitución. Pero hay otros derechos, como los de educación y lengua, que no están muy claramente definidos (quizá porque se ha buscado su indefinición), en los que asoma el peligro de que el nacionalista quiera dibujar una sociedad culturalmente monocolor... Eso es algo de lo que se acusa con razón a esos Gobiernos españoles de ciertos períodos que pretendieron forjar una España unilingüe. Semejante opresión formaba parte de un proyecto unitario que los franceses llevaron a cabo con éxito en la Tercera República y que entre nosotros fracasó. Y seguramente para bien, porque así se han conservado otras lenguas, identidades y tradiciones. Lo penoso es que algunos líderes nacionalistas, tanto en Cataluña como en el País Vasco (en Galicia, menos) intenten aplicar ahora en su propio feudo todo lo que tenía de rechazable aquel proyecto nacional españolista.
A. A.
...
J. L. Eso tampoco sería tan problemático si reinara una cierta homogeneidad en esas comunidades, pero tal homogeneidad no existe. Para no referirnos más que a la comunidad autónoma vasca (y aún sería peor en la llamada Euskal Herria), seguramente unas tres cuartas partes de los vascos -desde siglos atrás- no hablan euskera. Y la división entre euskaldunes y erdaldunes no se corresponde con la frontera entre nativos e inmigrantes, sino que es una división dentro de la misma comunidad nativa vasca.

A. A.
El problema radica en que forjar esa artificiosa homogeneidad no parece compatible con las libertades individuales.
J. L.
Hay dos géneros de libertades: la de las colectividades (de las nacionalidades, regiones o autonomías) y la de los individuos. Creo que el mejor patrón de libertad implica las dos. Habría muchas fórmulas para coordinarlas, pero todas han de partir de un requisito: una voluntad de convivencia, y no de hostilidad. Frente a ese modelo que ya no podemos aplicar en España, el del Estado-nación, hay otro que llamaré de nación-Estado. Este último implica un sentimiento de identidad en lo propio y de respeto a los intereses comunes; en una palabra, de lealtad hacia la federación.

A. A.
Suelo decir que el drama del nacionalista moderado consiste en estar dividido entre la comunidad civil que forma con todos sus conciudadanos y la comunidad de creencias (anterior y más sagrada) que vive tan sólo con sus correligionarios. Tal es la contradicción que atraviesa al PNV.
J. L.
Pues sí, ése es el problema. Lo que pasa es que el ámbito en el que se establecen las instituciones democráticas no se decide democráticamente. Es una realidad que viene impuesta por la historia y las circunstancias. El mapa político de Euskadi incluye zonas que no se sienten parte de la nación vasca. ¿Habría que modificar sus fronteras para que coincidieran con las del sentimiento nacionalista? Ningún nacionalista lo aceptaría, porque siempre buscará las fronteras máximas posibles: las de la historia para unas cosas, las administrativas para otras, las lingüísticas para unas terceras. Es decir, suma todo lo que puede a fin de ganar el máximo territorio para su proyectada comunidad política.

A. A.
Pero dirán -falsamente- que son mayoría y, en todo caso, reclamarán el derecho de autodeterminación.
J. L. El principio de la mayoría no puede decidir cuestiones que afectan de una manera esencial a los sentimientos de las minorías, y es que el puro proceso mecánico de contar votos no tiene en cuenta su intensidad en los votantes. Viniendo al caso, los sentimientos y las libertades de esa presunta minoría, de los que no comparten el proyecto nacionalista, tienen que ser respetados. Pero quienes aspiran a la secesión del País Vasco serían, en la hipótesis más optimista para ellos, una mayoría muy exigua, y ello suscita problemas de envergadura. El primero es que semejante decisión no pertenece a la misma clase que la adoptada en unas elecciones. En unas elecciones está en juego quién nos va a gobernar, pero sólo por cuatro años; en cambio, la independencia de un territorio es una medida que afecta a generaciones futuras, a gentes que todavía no han votado, y que además no admite una fácil vuelta atrás. Más aún, gracias a las encuestas hoy podemos conocer con escaso margen de error el grado de apoyo de cualquier alternativa. De modo que, si alguien establece un determinado censo y un determinado quórum, ya ha prejuzgado el resultado, y sólo esto hace muy dudoso el ejercicio de ese principio de autodeterminación.

A. A.
Está además la vieja cuestión de quién decide...
J. L. Efectivamente, antes que nada habrá que decidir quiénes son los que tienen derecho a decidir. Si uno contesta 'la población de la comunidad autónoma vasca', los nacionalistas le replicarán que hay que incluir también a dos departamentos franceses y a Navarra. Pero eso lo tendrán que resolver los franceses y los navarros, quienes no parecen estar por la labor. Y todo ello sin contar con que los nacionalistas invocan en Euskadi la tradición de los derechos históricos de cada uno de sus territorios, reflejada incluso en su sistema electoral de representación. ¿Gozará entonces Álava del derecho de autodeterminación? Si lo ejerce, es más que probable que su mayoría no estuviera a favor de la soberanía de Euskadi. Y si me apuras, ¿por qué la 'margen izquierda' no se une a Cantabria y se sitúa en Baracaldo la frontera entre el Estado de Euskadi y la autonomía cántabra? Todo eso conduce a absurdos.

A. A. ¿Y entonces?
J. L. Con la capacidad de autogobierno en las autonomías (hasta para emprender políticas de dudosa constitucionalidad), no veo más razón para perseguir la secesión que una emocional y simbólica. Pero en todos los Estados federales rige un principio básico: las decisiones que afectan a toda la federación están bajo la competencia de la comunidad total. De suerte que la entera comunidad de los españoles tendría que ser consultada y decidir todo esto. Y si hubiera que acudir a un referéndum de autodeterminación, el primer paso sería reformar la Constitución conforme a sus propias normas para así permitir esa consulta, que hoy sería anticonstitucional, y, luego, que todos nos comprometamos a respetar el resultado. Puede que lleguemos a tal situación, pero no creo que sea deseable ni para los vascos ni para los españoles.

A. A. No hemos hablado del terrorismo de ETA.
J. L. La democracia se basa en que lo único políticamente admisible son actos pacíficos, y, por tanto, todo lo que perturbe la paz no tiene justificación legal ni moral dentro de este orden. Ahora bien, lo grave no está simplemente en que haya unas minorías que asesinen, sino en que eso se justifique, se comprenda; lo que he llamado la semilealtad nacionalista a las instituciones democráticas. Ése es el gran problema. Y se trasluce incluso en la distorsión del idioma, como cuando se habla de 'tregua', de 'mesas para la paz', etcétera. Porque en el País Vasco no hay guerra: hay unos actos que en un Estado de derecho democrático son criminales, y nada más. Eso tiene que estar claro.

 El talón de Aquiles de la Ertzaintza
JOSÉ LUIS BARBERÍA El País 12 Agosto 2001 

LA DIRECCIÓN POLÍTICA DE LA POLICÍA VASCA DIFICULTA LA LUCHA CONTRA EL TERRORISMO CALLEJERO

Los dos ertzainas abrasados con cócteles mólotov en la última emboscada de la kale borroka es el aviso que ETA envía al PNV en el momento en el que los Ejecutivos central y vasco intentan llegar a un plan común de lucha antiterrorista que les permita al menos coordinar sus fuerzas contra la violencia callejera. Si no fuera por lo desgastadas que están las palabras y por la sima de desconfianza que separa a ambos Gobiernos, la idea de 'pasar de las palabras a los hechos' planteada por el consejero Balza habría sido saludada como prueba de disposición al acuerdo y una buena manera de salir del atolladero de las acusaciones y agravios mutuos. Las contradicciones de los partidos nacionalistas abonan, en todo caso, el escepticismo: ¿Se puede hacer eficaz a la policía vasca contra ETA si al mismo tiempo se niega la eficacia misma de la vía policial contra ETA, si se rechaza expresamente la posibilidad de un final policial? ¿Se puede combinar el intento de rearme moral de los agentes vascos con declaraciones como las del portavoz del PNV, Joseba Egibar, que acusa a Madrid de querer instaurar un esquema policial pre estatutario y de servirse de la Ertzaintza como de una 'policía auxiliar' -expre-sión que conecta con el término 'cipayo', que ETA y Batasuna aplican a los policías autonómicos?

Montaña de diferencias
Aun en las presentes circunstancias, dramáticas para los cargos electos no nacionalistas, para el conjunto de amenazados vascos y ahora también, de nuevo, para los ertzainas de a pie, la búsqueda de un acuerdo, incluso en su versión más prosaica de la mera coordinación de fuerzas y servicios, tropieza con la montaña de diferencias políticas que ha ido generándose en los últimos años. A la propuesta de Rajoy de ofrecer la ayuda de la Guardia Civil y la policía para combatir la violencia callejera, el Gobierno vasco ha respondido en clave reivindicativa soberanista: presencia en las reuniones gubernamentales antiterroristas entre España y Francia y en la comisaría conjunta del paso fronterizo de Biriatou, incorporación a los acuerdos policiales europeos de Schengen, así como la contratación de 150 nuevos agentes que sumar a los 7.500 que componen la plantilla, financiada con cargo a los Presupuestos del Estado. 'Nada a cambio de nada', parece un principio irrenunciable del nacionalismo en el poder, como si aceptar la ayuda de los cuerpos policiales españoles diera derecho a cobrarse un precio, como si la seguridad ciudadana no fuera un asunto estrictamente de su incumbencia, como si la vida y hacienda de los vascos estuvieran igualmente sujetas al tira y afloja del mercadeo político.

Como si para el PNV la lucha contra el terrorismo supusiera un esfuerzo y un sacrificio tan grandes que únicamente pudiera ser compensada con la obtención de mayores cotas de soberanismo. Es el viejo discurso de 'frente a ETA, más autogobierno', trasladado al plano policial. Ciertamente, buena parte de la información que permite operar contra ETA procede de suelo francés, donde sigue asentada la mayor parte de la organización terrorista, pero la falta de acceso a las pistas que se generan en Francia no justifica la falta de eficacia de la Ertzaintza en la kale borroka. El centenar de coches particulares de ertzainas destruidos, por ejemplo, no ha dado lugar a arresto alguno, si se exceptúan las detenciones de sospechosos, entre ellos la hija de un ex alto cargo de la Consejería de Interior, sorprendidos circunstancialmente por efectivos de la Guardia Civil. La policía autonómica tampoco ha detenido a ningún sospechoso de participar en el medio centenar de sabotajes y ataques producidos tras la muerte de la activista Olaia Castresana, víctima de su propia bomba. A despecho del ratio de 10,5 policías por mil habitantes, cuatro veces superior al de la media española, la violencia callejera actúa en Euskadi con un alto grado de impunidad. Desde hace años resulta evidente que el talón de Aquiles de la ya no tan joven policía vasca es la falta de información propia, la que se elabora a partir de las propias pesquisas, de su presencia y conocimiento del terreno, asunto este en el que a la Ertzaintza se le presuponía precisamente una posición privilegiada. Dado que las detenciones de activistas de ETA practicadas por la policía autonómica han correspondido casi exclusivamente a las patrullas de seguridad ciudadana y no han tenido su origen en 'informaciones puras', la pregunta, planteada brutalmente, es qué hacen los 360 agentes de las unidades de análisis e información, cuáles son los resultados reales de estos especialistas seleccionados entre el personal ideológico de confianza.

Desconfianza
Los ertzainas llevan años quejándose de que las patrullas nunca disponen de información previa, que acuden a ciegas a sofocar los ataques de la violencia callejera, que no hay estrategia policial, sino más bien improvisación, un caos que los más desconfiados juzgan deliberado. Éste es el problema de fondo, la sospecha, asentada tanto dentro como fuera, de que la policía vasca está instrumentalizada por el nacionalismo en el poder, y que refleja sus propias ambigüedades. En la imagen doliente de la Ertzaintza, el victimismo se cruza con un escaso grado de competencia en esa materia pese a que todo el mundo coincide en la cualificación profesional de los agentes. Según los sindicatos, el plan Balza es poco más que una serie de directrices para que se incrementen los efectivos de guardia en las poblaciones en fiestas. 'Contra ETA y la kale borroka, lo mejor es envolverse en la ikurriña', ha sostenido durante años uno de los máximos cargos policiales. Por eso, pasar de las palabras a los hechos, como dice Javier Balza, tiene tanto de autocrítica como de propuesta de acción.

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