AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 12 Agosto  2001
#Eta: la amenaza constante
Editorial La Razón 13 Agosto 2001

#La ausencia del Estado
Editorial ABC 13 Agosto 2001

#Impunidad
Luis María ANSON La Razón 13 Agosto 2001

#LOS ETARRAS Y LAS PENAS
Editorial El Mundo 13 Agosto 2001

#Diálogo gubernamental con Eta
Antonio GARCÍA TREVIJANO La Razón 13 Agosto 2001

#«La sociedad vasca está anestesiada»
MANUEL ARROYO SAN SEBASTIÁN El Correo 13 Agosto 2001

#Las líneas de sombra
Valentí Puig. Escritor ABC 13 Agosto 2001 

#El fiscal general se querellará contra los organizadores de los homenajes a los etarras
Redacción - Madrid.- La Razón 13 Agosto 2001

#La quema de un autobús precedió a la manifestación de Batasuna celebrada ayer en San Sebastián, donde se volvió a exaltar a Eta
Redacción / E. Mejuto - San Sebastián / Bilbao.- La Razón 13 Agosto 2001

#Los proetarras incendian el coche del escolta de un edil socialista en Andoain
SAN SEBASTIÁN / BILBAO. ABC 13 Agosto 2001


Eta: la amenaza constante
Editorial La Razón 13 Agosto 2001

Las Fuerzas de Seguridad del Estado se mantienen alerta ante la posibilidad de que Eta prepare un atentado de grandes proporciones en su criminal campaña veraniega y asestar un golpe que afecte en la mayor medida posible al turismo. La banda no ha variado su estrategia de los últimos años, basada en matar y causar destrucción allí donde pueda y cuando pueda, por lo que la amenaza de un nuevo y gran atentado no significa novedad alguna para los expertos en la lucha antiterrorista, que disponen desde hace tiempo de una larga lista de posibles objetivos de los etarras y mantienen operaciones especiales de protección como la que logró impedir que Eta hundiese un «ferry» en Valencia o volase el aparcamiento del aeropuerto de Málaga.

   Las intenciones de la banda están claras, como confirmó recientemente alguien que tanto sabe de Eta como el propio Javier Arzallus al anunciar igualmente que Eta prepara «algo muy gordo», una nueva barbaridad. Los cabecillas ordenaron una serie de crímenes que, después de la tregua-trampa, recogidos en una agenda intervenida a la etarra Moreno Mancuso en Francia, que se han cumplido dramáticamente: han sido asesinados policías, periodistas, políticos militares, jueces y fiscales, además de los citados atentados contra los intereses turísticos.

   Eta, como revela el último descubrimiento de su adquisición en Francia de elementos para preparar nuevas y peligrosas bombas, no ha pensado nunca en cambiar de estrategia y mantiene igualmente su presión en el País Vasco, donde la pérdida de votos de los abertzales en las últimas elecciones trata de solucionarse con una campaña de concentraciones y de «terrorismo callejero». Por eso la Ertzaintza es ahora un objetivo preferente de Eta y su mundo, y sus víctimas sirven para llevar otro mensaje de miedo hasta las filas del nacionalismo, obligado por Aznar a decidirse de una vez si quiere, de verdad, plantar cara a Eta en las calles del País Vasco.
 

La ausencia del Estado
Editorial ABC 13 Agosto 2001 

La pregunta de «¿cómo vamos a proteger a los ciudadanos si nosotros no podemos defendernos?», formulada por Iñaki Castro, secretario general del sindicato Erne, mayoritario en la Ertzaintza, describe la profunda crisis en la que se encuentra sumida la Policía autónoma vasca. Crisis que es responsabilidad íntegra de Ibarretxe -cada día más caracterizado como un charlatán compulsivo- y de su consejero del Interior, Javier Balza, que ni quieren ni pueden activar a su Policía como un Cuerpo integral contra el delito. La neutralización total y absoluta de este Cuerpo armado responde a criterios estrictamente políticos e ideológicos. La convergencia de fines del PNV con el entorno de ETA y el marcaje criminal con el que la banda terrorista advierte ante cualquier acción preventiva o represiva de la Ertzaintza, componen un escenario desolador en el que los proetarras, con la aquiescencia del Gobierno vasco, glorifican a los terroristas, injurian al Estado y amenazan a todos. El País Vasco es para Batasuna, brazo político de ETA, un territorio sin ley que, para serlo, cuenta con la pasividad cómplice del PNV y de su Ejecutivo de una manera tan clamorosa que se introduce ya en el ilícito penal. La indignidad ética y democrática de Ibarretxe -todavía convertido por algunos en referencia de falsa sensatez- remite a causas muy profundas. La más importante de ellas consiste, sin duda, en la traición a la letra y espíritu del Estatuto consumada por el lendakari y su partido. Ambos al alimón, en una estrategia meliflua pero constante, han barrido la presencia y vigencia del Estado de Derecho en la Comunidad Autónoma. Y para ello han utilizado las competencias estatutarias relativas al orden público y la persecución de los delitos, que excluyen la acción de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado -salvo en casos extremos- y las han congelado para dejar que el entorno etarra se mueva con íntegra libertad en el desprecio a la ley. Y hasta tal punto lo han hecho que los propios sindicatos de la Ertzaintza se han rebelado denunciando a sus superiores y poniendo de manifiesto la connivencia de éstos con los intolerables acontecimientos de los últimos días.

Cuando el Estatuto de Guernica se aprobó, el Estado transfirió, junto a amplísimas facultades policiales al Gobierno vasco, la confianza democrática en que el lendakari, como su representante ordinario en el País Vasco, ampararía la aplicación de la legislación vigente. La confianza que implicaba el pacto estatutario ha sido dolosamente defraudada por los nacionalistas, que, por complicidad y cobardía, han renunciado al ejercicio de la autoridad, han eliminado los símbolos del Estado, han permitido que se le injurie y hasta han autorizado la exaltación del terrorismo. El patetismo de su pasividad alcanza hasta la aceptación resignada de que sus propios funcionarios sean asesinados, abrasados y agredidos sin que medie reacción alguna.

El Gobierno de la Nación hace bien en ofrecer colaboración y pedir reflexión al Gobierno vasco. Pero esa política de gestos es insuficiente. El Ejecutivo tiene la obligación de que el Estado se haga presente en el País Vasco, guste o no al Gobierno autónomo y al partido que lo sustenta. El terrorismo, en todas sus manifestaciones, es una materia supracomunitaria que concierne al Gobierno central. Recuperar el terreno que Ajuria Enea no quiere ocupar, exige que lo defiendan las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Hay, pues, que incrementar allí los contingentes de Policía Nacional y de la Guardia Civil, intensificar los servicios de Información y sustituir a la Ertzaintza cuando sus mandos políticos le impidan actuar. Es momento ya de dejar formalismos competenciales y actuar conforme al espíritu y letra del Estatuto y demostrar al nacionalismo vasco que el Estado no está ni desarmado ni desaparecido en la Comunidad autónoma vasca. Que Balza se dedique a detener carteristas y a regular el tráfico, pero no es sensato ni democrático, ni estatutario ni mucho menos constitucional dejar en manos de un desaprensivo como el consejero del Interior nacionalista, amparado por un lendakari inmoral, la suerte de la ley, el orden y la libertad en esa parte de España.

Impunidad
Luis María ANSON La Razón 13 Agosto 2001
de la Real Academia Española
 

Es grave que el brazo político de Eta organice simultáneamente en Durango, Hernani y Marquina actos de apología del terrorismo. Pero es mucho más grave la timidez con que el fiscal ha actuado contra los responsables y la parálisis de la policía autonómica, la nacional y la guardia civil. Sólo Rajoy, el ministro diez, ha interrumpido sus vacaciones para hablar claro. El ciudadano medio se queda atónito ante la impunidad con que actúan los proetarras. Los criminales se envalentonan cada día un poco más. Los políticos y las Fuerzas de Seguridad se acollonan de forma paralela a la crecida de la chulería etarra.

   El Estado de Derecho exige que el peso de la ley caiga sobre todo el que la fracture. Pero la mesa de Batasuna está en libertad, los organizadores de actos pro-Eta están en libertad, los dirigentes de Eta están en libertad. Aquí sólo hay cojones para mantener en la cárcel a los guardias civiles que cumplieron las órdenes recibidas de algunos políticos, que veranean plácidamente. Resulta un sarcasmo. Es inaudito el espectáculo que se está ofreciendo a una opinión pública cada vez más estupefacta y desencantada. ¿No han llegado a la molicie menorquina de Aznar y al yate de Matutes los ecos de lo que ocurrió el sábado en Marquina, Hernani y Durango, no ha zarandeado la calma chicha de la pesca en alta mar, la frágil reacción frente a los desmanes de quienes deben velar por el Estado de Derecho?
   

LOS ETARRAS Y LAS PENAS
Editorial El Mundo 13 Agosto 2001

H
ay bastantes posibilidades de que María Luisa Sampil pueda encontrarse en los próximos días por las calles de Amorebieta con el asesino de su padre: Juan José Larrinaga. Este etarra acaba de salir de la cárcel 23 años después de su crimen. Fue condenado a 221 años de prisión en 1980 por cinco asesinatos, pero sólo ha cumplido una décima parte de la pena.

Larrinaga es el primero de otros 29 miembros de la banda terrorista que abandonarán el centro penitenciario en los próximos años. Algunos, como Inés del Río o Antonio Troitiño, están condenados a miles de años de prisión por su participación en masacres como la de Hipercor o la de la plaza de la República Dominicana.

Van a cumplir un máximo de 22 ó 23 años de reclusión porque se han beneficiado de la aplicación del Código Penal de 1973, que estipulaba que nadie puede permanecer en prisión más de 30 años. El anterior Código establecía además un sistema de redención de penas por trabajo que permitía reducir un día de prisión por cada dos de faena carcelaria. El resultado es que etarras culpables de un rosario de crímenes sangrientos que fueron encarcelados a finales de los 70 o comienzos de los 80 están a punto de salir de prisión sin mostrar el más mínimo signo de arrepentimiento.

Si ahora cometieran los mismos atentados, éstos etarras tendrían que cumplir 30 años de reclusión sin la posibilidad de redimir ni un solo día de pena, ya que así lo establece el Código Penal, aprobado en 1995, para delitos de terrorismo.

¿Es suficiente este castigo para quien ha causado tanto dolor? Los juristas que forman parte de la comisión de expertos que asesora a Justicia en la revisión del sistema de penas han propuesto al Gobierno una iniciativa legal para elevar a 35 años el cumplimiento efectivo de prisión para terroristas con delitos de sangre.

No nos parece, sin embargo, una buena idea, ya que creemos que constituye un error tratar con el mismo rasero a todos los etarras que han asesinado. Somos partidarios de un sistema de revisión de las penas que permita reducir el tiempo en prisión a quienes sinceramente se arrepientan, pero que exija el cumplimiento íntegro de la condena, si es necesario de por vida, a quienes no lo hagan.

Nuestra Constitución indica que las sanciones penales deben ir orientadas a la reinserción. En concordancia con este espíritu, sería coherente establecer el llamado juicio de revisión, que permitiría a los etarras quedar en libertad si acreditan ante un tribunal su rehabilitación. Naturalmente, antes tendría que cumplir un tiempo mínimo de prisión que podría ser de 15 ó 20 años. En resumen, hay que ser generosos con los delicuentes que se arrepientan pero inflexibles con quienes sigan justificando las bombas o se muestren dispuestos a colaborar con ETA tras salir de la prisión. Sobre éstos debe recaer el peso implacable de la ley.

Diálogo gubernamental con Eta
Antonio GARCÍA TREVIJANO La Razón 13 Agosto 2001

En el origen de la Transición está la causa de los asuntos que gravan el presente y oscurecen el provenir. Desde la falta de moralidad en la clase dirigente, y la degradación cultural de la sociedad, hasta la disolución del sentimiento de España. Sin saber cómo y por qué se hizo inicuamente la Transición, no se puede entender el Estado de Partidos, las Autonomías, la ausencia de libertad política en la Constitución oligárquica ni el diálogo actual de cospicuos gubernamentales con Eta.

   No me obsesiona el terrorismo ni lo considero el problema capital. Pero después de callar durante un cuarto de siglo, sabiendo que mi opinión no sería publicada, la situación me permite hablar. Pues la duración de Eta se debe al notable fracaso de la reacción antiterrorista y al triunfo, en el espíritu público, de los fines políticos del terror.

   El fracaso no necesita ser demostrado. Eta aparece con tanta eficacia operativa como a la muerte de Franco. Es inútil que la propaganda trate de disimularlo. Pero el triunfo político de Eta está de tal modo enmascarado, con las hipocresías y falacias del discurso público, que debe ser evidenciado ante la opinión.

   Esto me impulsa a demostrar, con análisis que considero irrefutables, la triste tesis de que la finalidad original de Eta ha sido asumida, como supuesto de hecho, por los partidos del Estado y los periódicos más importantes. Lo inimaginable al comienzo de las libertades, el derecho de autodeterminación en una parte del territorio, ya circula como valor político de curso corriente.

   No digo con esto que tales partidos y empresas estén a favor de la Independencia del País Vasco. Afirmo que, al sostener la existencia del derecho a la autodeterminación como expresión de la libertad en la democracia (lo que es un disparate mayúsculo), están defendiendo el derecho a la Independencia de la Comunidad autónoma que decida usarlo.

   Esas fuerzas políticas y culturales, gracias a la insistencia de Eta y confiadas en que el derecho a la secesión no equivale a secesión, ya reconocen el derecho de las regiones de España a separarse de España. Así como el derecho al divorcio no es lo mismo que la separación de hecho, el derecho de autodeterminación no es igual que autodeterminación. Y en este matiz de perogrullo se diferencian de Eta. Matiz que fundamenta el diálogo público actual.

   GUBERNAMENTALES: «Nunca obtendréis la Independencia por las armas, dejadlas y, en un nuevo escenario de paz, reformaremos la Constitución a fin de reconocer la Independencia de Euskadi, si sale victoriosa de un Referéndum de autodeterminación».

   Eta: «no os pedimos que concedáis a Euskadi el derecho a separarse de España, ese derecho lo tenemos y lo ejercitamos con las armas; admitid la separación de hecho y retirad de nuestra patria las instituciones españolas ; apreciamos que, tras negarla secularmente, hayáis legitimado por fin la Autodeterminación con la que os guerreamos; sin lucha armada jamás habríais dado ese paso decisivo; así nos habéis confirmado en nuestra creencia de que, si acentuamos las acciones bélicas, avanzaréis más en ese esperanzador camino, hasta llegar al armisticio donde negociemos el traspaso de poderes a un Gobierno Provisional, representativo de las fuerzas políticas y militares de Euskadi».

   Ni la policía, ni los jueces, ni las treguas, ni la política carcelaria, ni la concesión de más competencias autonómicas, ni las movilizaciones de la sociedad civil, ni la colaboración con Francia, ni la coordinación de esas siete providencias, acabarán con Eta, si además no se cierran con siete cerrojos democráticos las puertas abiertas a la modificación territorial del Estado, al federalismo y al derecho de autodeterminación. Ilusiones que animan la causa del terror que pretender suprimir.
 

«La sociedad vasca está anestesiada»
JAVIER ELZO SOCIÓLOGO «Los ciudadanos no ven la salida del túnel de la violencia, pero han aprendido a convivir con ella» «El verdadero conflicto vasco consiste en que una parte de la sociedad recurre al terrorismo para conseguir sus objetivos políticos» «El mundo del MLNV es una secta»

MANUEL ARROYO SAN SEBASTIÁN El Correo 13 Agosto 2001

«No hay que intentar convencer a ETA para que deje las armas, sino conducirla a un terreno en el que compruebe que por ahí no va a ningún sitio, que debe buscar una salida y admitir que sólo podrá aplicar su proyecto político si así lo decide la mayoría de los ciudadanos en las urnas». ¿Cómo se llega hasta ese punto? Javier Elzo (Beasain, 1942), doctor en Sociología, asegura desconocer el camino. No que el trayecto será largo y plagado de baches. Profundo conocedor de la juventud vasca y sus valores, el catedrático de la Universidad de Deusto rechaza que la educación tenga una influencia determinante en la actitud ante la violencia.

-¿El enquistamiento del terrorismo tras 25 años de democracia y la tibieza en la reacción ciudadana durante largo tiempo son síntomas de una sociedad vasca enferma?
-No me gusta ese término, porque supone trasladar categorías médicas al fenómeno social. Sí creo que la sociedad está muy desesperanzada, con la sensación de que no hay nada que hacer... No ve la salida al túnel. Su tono vital, lo dicen todas las encuestas, tuvo su punto álgido en el verano de 1999, tras la tregua. Luego ha caído en picado hasta los niveles de años malos, como 1991. Yo creo que la situación es ahora peor que entonces, en el sentido de que llevamos más tiempo con esto a cuestas. La sociedad está hastiada de la violencia, sí. Pero también se ha acomodado en cierto modo a su existencia, ha aprendido a convivir con ella. Si un marciano se paseara ahora por La Concha, no concluiría que Euskadi sufre un problema de terrorismo.

«Un mazazo terrible»
-La sociedad vasca, por tanto, vive anestesiada.
-Anestesiada, sí. Como se vivía en la retaguardia en la guerra, en la posguerra... La gente asume que tiene que seguir viviendo.

-Algunos sectores hacen una lectura más cruda: una mitad de la sociedad, que no se siente amenazada, mira hacia otro lado.
-No, no... No cabe hablar de dos mitades. No nos engañemos. Es evidente que un concejal del PP, o del PSE, tiene más boletos que otra persona para ser víctima de un atentado. Pero con algunas excepciones, como Hipercor o Vic, ETA ha practicado hasta ahora lo que se llama «asesinato político selectivo». El colectivo de personas que se sienten amenazadas se ha ampliado en los últimos años. Es verdad. Pero sigue siendo relativamente reducido. El regreso del terrorismo tras la tregua ha sido un mazazo terrible. Sin embargo, me temo que estamos muy lejos de haber llegado a las situaciones peores.

-Explíquese.
-ETA ya ha demostrado que es capaz de realizar un atentado de masas: en las calles de Getxo hace un año, en el centro de Madrid... En esos casos, avisó por teléfono de la colocación de las bombas y no las explotó cuando podían causar más daños. ¿Qué le queda por hacer? La masacre de Omagh del IRA, o el atentado en los almacenes Harrods en Londres, trasladado aquí. Ése puede ser el siguiente escalón.

-¿Cómo explica a sus amigos y colegas de otras comunidades, de otros países, que Euskadi es uno de los últimos reductos de Occidente en los que se recurre a la violencia para reivindicar fines políticos?
-Desde luego, no intento explicarlo por la existencia de un conflicto político irresuelto. Hay que desterrar esa idea de la cabeza. El conflicto vasco, la confrontación de proyectos políticos distintos, existe. Pero es como el que pueden tener Gales, Escocia, Flandes... O Cataluña, sin ir más lejos. El problema es que aquí existe un colectivo que, en razón de su particular visión de lo que es la sociedad, se siente legitimado para utilizar la violencia. El verdadero problema vasco es, por tanto, la violencia. El auténtico conflicto es que una parte de la sociedad recurre a ella o la justifica para la consecución de sus objetivos. Por tanto, no se acabará con la violencia resolviendo no sé qué conflicto. Resolver el conflicto para acabar con la violencia supondría, lisa y llanamente, aceptar todos los postulados del MLNV. Todos. Es decir, una Euskadi independiente, unificada, socialista y euskaldun.

El factor educativo
-El nacionalismo ha vinculado el final de ese conflicto y la paz.
-Es cierto que en el nacionalismo vasco ha habido mucho confusionismo. A mí me parece una barbaridad proclamar, como aún repiten hoy algunos dirigentes, que del mundo de ETA nos separan los métodos, no los fines. O decir, como en la tregua: «ahora que no hay violencia, podemos juntarnos todos los abertzales». Lo siento mucho, por ahí no paso. Yo no tengo nada que ver con eso. También digo que habría que ver hasta qué punto el nacionalismo se ha hecho más soberanista por la campaña lanzada contra él en los últimos años.

-¿Qué falla en la sociedad vasca para que una parte no desdeñable de la juventud justifique el uso de la violencia e, incluso, la practique?
-Los factores de socializacion de los jóvenes son básicamente dos: la familia y el grupo de amigos. Ahí es donde hay que abordar el problema. Todo el mundo habla de la educación. No voy a decir que no tenga influencia. Pero mucho menor. No es una cuestión de ikastolas o no ikastolas. Más importante que el profesorado y que el modelo educativo elegido es que los centros estén controlados ideológicamente; por ejemplo, por padres del entorno del MLNV. Eso puede pasar en una ikastola o en un centro de cualquier tipo.

-Los jóvenes de la ‘kale borroka’, los que han dado el salto desde ella hasta los comandos de ETA, han nacido en una Euskadi con un alto nivel de autogobierno... ¿La permanente regeneración en ese mundo, el hecho de que Batasuna sea la opción predilecta entre los muchachos de entre 15 y 19 años, constituye un fracaso del sistema?
-Yo no hablaría de fracaso. Más bien de que en Euskadi hay sociedades distintas, paralelas. Hubo un tiempo, allá por los años 80, en el que pudimos pensar (yo, entre ellos) que el logro de unas conquistas políticas, la consecución de unas instituciones propias, al menos, iba a arrebatar armas de convencimiento al mundo de ETA. Estábamos equivocados. La clave no radica ahí, sino en que en estos 40 años han sido capaces de consolidar una sociedad dentro de la sociedad con sus guetos, sus propios sistemas de valores, sus propios lugares de diversión, sus medios de comunicación... En definitiva, un círculo autorreferencial endogámico. Aunque me da miedo utilizar la expresión, técnicamente hablando, eso es una secta. Un grupo que se separa de un conjunto más amplio para formar un colectivo y cuyos integrantes se creen los únicos defensores de la verdad.

El núcleo duro del MLNV
-¿Ese mundo es influenciable desde el exterior?
-Cada vez menos. A mi juicio, poco o nada se puede hacer con los chavales que están mamando en su propia familia toda la simbología del MLNV; con los hijos, los sobrinos, de gente que ha estado o está en las cárceles... Ése es el núcleo más duro, el ‘búnker’.

-¿Son ‘reinsertables’?
-Lo serán con los años. A corto plazo es muy difícil. El problema es qué hacemos con los demás: con los jóvenes que se aproximan a ese mundo y que quizás no entrarían en él si hubiese los medios adecuados. Ahí no se hace nada. Se pueden crear instancias oficiales, sin connotaciones políticas, a las que recurran de forma directa y anónima los chavales y los padres preocupados porque sus hijos han ingresado en ese mundo. Algo de ese tipo ha puesto en marcha el Defensor del Menor. También habría que extremar el trato psicológico (y, por supuesto, físico) que dispensa la Policía a los detenidos. Uno de los pasos más seguros para que un chaval dé el salto de ser un revoltoso a un terrorista es su paso por algunas comisarías. Es un error dejar la atención a los familiares de los presos exclusivamente en manos del entorno del MLNV. Incluso los padres que no son de ese mundo acaban cayendo en él. Uno de los errores que se cometieron durante la tregua fue el tratamiento a los presos; mejor dicho, el no tratamiento. ¿Qué se hace en estos campos? Nada. No hay una política antiterrorista. Sólo una política policial; y, a la vista de los resultados, no muy exitosa.

«Muchos chavales no saben dónde se han metido hasta que están en la cárcel»
M. A. SAN SEBASTIÁN

-¿Qué diferencias existen, a su juicio, entre los jóvenes que practican ahora la ‘kale borroka’ y los radicales de los años 70 u 80?
-Tienen una formación más superficial, basada en eslóganes muy elementales. Se dejan llevar más por las filias y fobias emocionales que por la racionalidad. En algunos casos son incapaces de controlar sus actos. Muchos chavales no son conscientes de dónde se han metido hasta que están en la cárcel; sobre todo, si se trata de personas con falta de madurez y problemas de aceptación social, que a través de amigos entran en ese entorno y encuentran en él una consideración, un reconocimiento que será mayor cuanto más se singularicen en hechos violentos. Pueden empezar con un buzoneo. Luego, una pintada. De ahí pasan a quemar un contenedor, ya un salto cualitativo...

-Batasuna (antes HB) tiene un gran vivero en la juventud. Pero también el PP y los grupos pacifistas. ¿Cómo conviven?
-Coexisten, no conviven. No discuten entre ellos. En la Universidad he tenido alumnos en prisión y otro con escolta, contra el que han aparecido pintadas. Cuando he suscitado el tema en clase ha habido una gran resistencia a hablar. Por miedo, admitían algunos. Otros veían a decir: «¿también en clase hay que tratar esto?, ¿es que no tenemos bastante con lo de fuera?»

-¿Qué solución ve a la violencia?
-No le veo salida a corto plazo. Parece que hay movimiento interno en el MLNV. El fenómeno Aralar es importante. Y la presión social: aunque no es fácil, hacerle sentir al mundo de ETA que no estamos con ellos. Y luego, la responsabilidad de todos los partidos; la necesidad de que tiendan puentes entre ellos y asuman que el único enemigo es ETA. Y, claro, la lucha policial y la colaboración internacional, pero de verdad.

Las líneas de sombra
Por Valentí Puig. Escritor ABC 13 Agosto 2001 

LA política catalana no se encariña con los especialistas en cien metros lisos. Predominan los políticos que suben lentamente por alguna montaña patriarcal y mítica, a finales de semana. Quizás sea una cuestión de climatología. Ahora mismo, si la sombra de Jordi Pujol pesa sobre Artur Mas, la sombra de Pasqual Maragall condiciona al propio Maragall. El catalanismo a veces parece restringir la amplitud de un destino político, como le ocurrió a Cambó. Por eso se especula mucho sobre lo que vaya a hacer Pujol después de las próximas elecciones porque cuesta creer que vaya a dedicarse exclusivamente -como él dice a menudo- a escrutar el paso del tiempo por los macizos montañosos de su tierra.

El pulso de la sociedad late con normalidad en Cataluña y, de haber arritmias, acostumbran a ser por efectos de crecimiento. Por contraste, la atonía política no se corresponde con la plasticidad social, como si se estuviese esperando una nueva generación o una nueva gestualidad capaz de la interlocución debida con la sociedad. En coincidencia, la cultura catalana tampoco sugiere la capilaridad oportuna para su pervivencia rotunda más allá de un grave contraste entre la hipercrítica y la falta de ambición.

A veces resulta ilimitada la capacidad eufemística del «Establishment» nacionalista a la hora de adaptar lo real a los viejos postulados del voluntarismo constructivista. Por suerte, la pérdida de capital simbólico del nacionalismo no altera la estabilidad de una sociedad productiva, salvo cuando afecta a sus índices de competitividad. Es entonces cuando el nacionalismo se refiere en términos dolidos al auge de la ciudad de Madrid -y también de la Comunidad Valenciana- gracias a una supuesta estrategia del PP contra los intereses de Cataluña. Anclado por las querencias clientelistas del pequeño comerciante, CiU pierde al mismo tiempo voto urbano, como si las nuevas familias decidiesen preferir pasar la mañana del domingo comprando en una gran superficie antes que asistir a las escenificaciones de la cultura antropológica en la plaza del pueblo. Al Pujol que va dejando cancha al candidato Artur Más, pocas cosas le preocupan más que el posible desgarro entre las identidades y la globalización.

De forma inquietante, los informes de seguridad vienen caracterizando como «kale borroka» a la catalana a un conjunto de acciones violentas ejecutadas por un medio centenar de activistas que han triangulado para su comportamiento delictivo la actitud antisistema, los métodos «okupa» y un independentismo radical que acampa cada verano con los cachorros de «Jarrai». No es algo ineluctable, pero existe. Quizás sea una mecha lenta, pero conduce a un explosivo final. Frente a la constatación de estos datos, no pocos políticos catalanes prefieren mirar para otro lado, seguramente para no dañar la hipótesis de Cataluña como oasis. Su Cataluña virtual choca, de todos modos, con la cadena de atentados de baja intensidad. No se reacciona por connivencia ni tan siquiera ya por simpatía pero tampoco se afronta el problema en términos de decisión y acción política.

De la bombona de camping gas como artefacto explosivo a actos de mayor cuantía, la línea de sombra permite excesos de ambigüedad política, claramente dañinos para el ejercicio de la libertad en una sociedad abierta. Algo parecido ocurre con los conflictos que genera la inmigración ilegal en una sociedad que se tiene por más democrática y tolerante que otras.

En el panorama electoral, una posible ventaja de la candidatura de Pasqual Maragall acucia las especulaciones sobre alianzas post-electorales. Para entonces, los socialistas catalanes comienzan a pensar que un gobierno a la balear -opción maragallista, con verdes, excomunistas y «Esquerra Republicana»- a la larga no es el mejor método para sumar. Muy al contrario, otros sectores del socialismo catalán desearían optar por un entendimiento post-electoral con el postpujolismo, aunque «Unió» pudiese aprovechar la ocasión para aproximarse al PP.

Desde otro punto de vista, el postpujolismo significaría para CIU abrirse por primera vez la puerta de algunos ministerios, como viene proponiendo Aznar. Como contrapeso, el rechazo del electorado más nacionalista a los pactos PP-CiU explica así la leve mejoría de «Esquerra Republicana» en las encuestas. Para el PP, un acierto en la estrategia de fórmulas y rostros para Cataluña algo tiene que ver al parecer con las cogitaciones de José María Aznar en su retiro menorquín.

Obsesivamente dedicado a auscultar sus propias quejas, el catalanismo requiere de un nuevo lenguaje para interpretar los valores y requerimientos de una sociedad que se muestra con más capacidad de cambio real que la que le ofrece la política. Ciertamente, resulta excesivo pedirle a Jordi Pujol que defina él mismo el postpujolismo: aún así, convendría que alguien lo intentase.

Por el momento, la negociación del sistema de financiación autonómica ha dejado a CiU como quien de repente se ve con un mísil desactivado. A duras penas se ha podido disimular que el entendimiento efectivo entre PP y PSOE dejaba a CiU sin otro margen de maniobra que la obtención de los recursos presupuestarios necesarios para aquietar la pérdida de votos en las tierras del Ebro a consecuencia del plan Hidrológico Nacional. Al entrar en pánico de forma flagrante en algunos de sus feudos, CiU pareció quedar transitoriamente al pairo. Por el instante, en los ámbitos del nacionalismo pujolista pocos se atreven a decir si, en materia de financiación autonómica, la botella está medio llena o medio vacía. En tales circunstancias, se convoca a los firmantes de la Declaración de Barcelona y el mundo adquiere un sentido más grato, al menos por unas horas.

La vida política catalana es tanto un sistema de sombras como de espejismos. Tal vez así se explica que la sociedad esté más o menos satisfecha con su conformación institucional, su convivencia lingüística y la tibia cocción de un nacionalismo acostumbrado a tascar el freno con disimulo y a simular oportunamente el acelerón. La tardanza en afrontar la realidad de los artefactos explosivos, las amenazas a algunos políticos y la quema de cajeros automáticos sería algo de índole cualitativamente distinta: se iba a entrar así en los dominios inestables de la falta de responsabilidad. Thiers identificaba en Talleyrand al hombre político que le gusta complacer, más que contradecir, poseyendo más tendencias que opiniones, sin acreditación como poseedor de un espíritu firme y convencido. En algunos casos, más que la astucia, el ciudadano premia el carácter. Cualquiera sabe que no por ser mínimo el consenso necesario para una democracia no deja de ser consenso. Quizás por eso, en algunas etapas no viene mal introducir el contrarreloj. 

El fiscal general se querellará contra los organizadores de los homenajes a los etarras
PP, PSOE, PNV e IU descalifican a Batasuna por convertir los actos en apología del terrorismo
El fiscal general del Estado, Jesús Cardenal, comunicó ayer al Gobierno que va a interponer una querella criminal contra los organizadores de los actos de homenaje a los etarras muertos el pasado año en Bilbao. Además, el departamento de Interior vasco remitirá a la Fiscalía vasca un informe y las grabaciones sobre los actos, que tuvieron lugar ayer en diversas localidades vascas. Los partidos políticos se mostraron ayer indignados con la Consejería que dirige Javier Balza, por haber permitido que se celebraran los diversos actos, cuando se sabía de antemano lo que iba a ocurrir en ellos.
Redacción - Madrid.- La Razón 13 Agosto 2001

Jesús Cardenal, fiscal general del Estado, anunció ayer que interpondrá una querella a los organizadores de los actos del sábado, que rendían homenaje a los cuatro miembros de Eta que murieron el pasado año en el barrio bilbaíno de Bolueta al explotar la dinamita que llevaban en un coche.

   El titular de Interior, Mariano Rajoy, señaló que los actos «pueden constituir apología del terrorismo» y suponen «una reivindicación a seguir matando», por lo que el Gobierno ha puesto su «pleno y absoluto» apoyo a la decisión del fiscal general del Estado «para que los jueces actúen en consecuencia».

   Mientras, el departamento de Interior vasco está elaborando un informe sobre los actos ocurridos el sábado que remitirá a la Fiscalía, acompañado de grabaciones de las concentraciones, para que la Fiscalía del TSJ del País Vasco determine si se ha cometido delito de apología del terrorismo. Durante los actos se profirieron gritos a favor de Eta, así como diversos actos vandálicos, como la quema de banderas españolas.

«Inadmisible»
Estos actos provocaron ayer reacciones negativas en las formaciones políticas. Así, el vicepresidente primero y ministro de Interior, Mariano Rajoy, calificó de «inadmisible lo sucedido» y llamó a la reflexión al Ejecutivo de Ibarreche, ya que «no hay ningún país en Europa que tolere actitudes como la de ayer». De igual forma se manifestó el secretario general del PSE de Vizcaya, Pachi López, quien confió en que la Fiscalía actúe contra los organizadores de los actos.

   El secretario general del PP, Javier Arenas, afirmó que el PNV «nunca» debió autorizar los homenajes y dijo que «forma parte de la ambigüedad, de las medias tintas» de esta formación política.

   El portavoz del PNV en el Congreso, Iñaki Anasagasti, manifestó que «el derecho a la vida no puede ser objeto de negación y no hay derecho de autodeterminación que valga para lamentar un asesinato».

   Desde IU, su portavoz en el Congreso, Felipe Alcaraz consideró que «hay que hacer un esfuerzo para que los Cuerpos de Seguridad del Estado puedan coordinarse con la Ertzaintza en la lucha antiterrorista».

La quema de un autobús precedió a la manifestación de Batasuna celebrada ayer en San Sebastián, donde se volvió a exaltar a Eta
Redacción / E. Mejuto - San Sebastián / Bilbao.- La Razón 13 Agosto 2001

El Departamento de Interior del Gobierno vasco ha abierto diligencias policiales por la manifestación convocada ayer por Batasuna en San Sebastián bajo el lema «Herri bat gara, independentzia eta sozialismoa» (Somos un pueblo, independencia y socialismo).

   Los dirigentes de la formación abertzale recibieron la notificación por parte de la Ertzaintza de la apertura de las diligencias por los hechos que tuvieron lugar durante la marcha, en la que se profirieron gritos en favor de Eta y se increpó e insultó a agentes de la Policía Autónoma que retiraron una pancarta de la parte vieja donostiarra.

   Además, el inicio de la manifestación coincidió con la quema de un autobús en el barrio de Igueldo, horas después de que los proetarras quemaran el vehículo de un ertzaina, escolta de un edil socialista en Andoain.

   El Departamento vasco de Interior remitirá a la Fiscalía del TSJ del País Vasco un informe, con las grabaciones sobre lo ocurrido, para que el Ministerio público determine si se han producido delitos. La Ertzaintza también abrirá diligencias contra la coalición Batasuna.

   Minutos antes de comenzar la marcha se registró un momento de tensión, cuando furgonetas de la Brigada Móvil de la Ertzaintza salieron de la Parte Vieja, adonde acudieron para retirar pancartas con el anagrama de Eta, y pasaron por el lugar en el que se reunían manifestantes, que comenzaron a lanzar gritos de «fuera de aquí» y «vosotros también sois txakurras ».

   Una vez restablecida la calma, los manifestantes iniciaron la marcha entre proclamas a Eta, en recuerdo de la etarra Castresana, muerta al estallarle una bomba en julio, a favor de la independencia y en contra de la Ertzaintza y el PNV.

   La manifestación finalizó en el Boulevard, donde el miembro de la Mesa Nacional de Batasuna, Joseba Álvarez, acusó a la Policía vasca de «controlar» la libertad de expresión, al igual que hacía «la Policía de Franco», a lo que los congregados respondieron con gritos de « Zipayos al paredón».

   Además, los proetarras colocaron ayer carteles con mensajes en contra de los concejales del PP y PSE del Ayuntamiento donostiarra y con amenazas a los miembros del colectivo «Basta Ya» Fernando Savater y Consuelo Ordoñez, en distintos puntos de San Sebastián. En ellos, junto a las fotografías de los ediles, de Savater y de Ordoñez, aparecían las leyendas «carcelarios asesinos» y «haced frente a los perros de Basta Ya ».

Los proetarras incendian el coche del escolta de un edil socialista en Andoain
SAN SEBASTIÁN / BILBAO. ABC 13 Agosto 2001

La localidad guipuzcoana de Andoain y Bilbao fueron escenario ayer de nuevos ataques de proetarras. En el primer caso, incendiaron el vehículo de un escolta de un concejal socialista en la localidad y, en el segundo, quemaron por error el coche de un particular estacionado junto al de un agente de la Ertzaintza. El edil del PSOE pidió a la sociedad vasca que impulse al PNV a «actuar de verdad contra esta pandilla de autómatas».

Los proetarras volvieron a echarse a la calle la pasada madrugada. Esta vez, para tratar de intimidar a un escolta del concejal socialista en la localidad guipuzcoana de Andoain Juan Fernando Narciso, cuyo vehículo particular incendiaron con un líquido inflamable.

El ataque tuvo lugar a las once menos cuarto de la noche en la calle Ricardo Arregia de la localidad, donde el vehículo estaba aparcado. El coche quedó totalmente calcinado y, además, las llamas causaron serios desperfectos a otros dos coches que se encontraban aparcados junto a éste.

El concejal socialista Juan Fernando Narciso lamentó el ataque al vehículo de su escolta y abogó por que se trabaje más a la hora de «desenmascarar a los informadores» que transmiten datos «a todas estas pandillas de autómatas que van creando miedo por las calles».

El edil socialista ya sufrió un ataque parecido de los proetarras hace seis años, cuando su vehículo particular también fue incendiado. Según Narciso, es hora de que la sociedad vasca exija al Ejecutivo de Juan José Ibarretxe que «actúe de verdad» contra la violencia callejera.

Pero el ataque en Andoain no fue el único perpetrado por los radicales en la noche de ayer. Los violentos también incendiaron de madrugada el coche de un particular que estaba estacionado junto al turismo de un ertzaina en Bilbao. El incendio afectó a ambos coches.

Los hechos tuvieron lugar a las cuatro menos cinco de la mañana, cuando los radicales se dirigieron a la Vía Vieja de Lezama, en la capital vizcaína, y rompieron la ventanilla del coche de un particular que no pertenece a los «grupos de riesgo». Posteriormente rociaron el coche de gasolina y le prendieron fuego.

HOY OPERAN A UN ERTZAINA
Fuentes de la Ertzaintza aseguraron que los violentos debieron confundir el turismo del particular con el del agente de la Policía vasca, aparcado a escasos metros. El primer vehículo quedó totalmente calcinado, mientras que el del ertzaina también sufrió daños.

El secretario general del PP vasco, Carmelo Barrio, afirmó que este tipo de acciones de violencia callejera, «pretende destruir esta sociedad y empobrecerla, haciéndonos sentir todos los días la violencia y la presión». «Eso lo logran con la kale borroka o con atentados de ETA, en una estrategia perfectamente calculada y medida entre Batasuna y ETA», concluyó.

Por otra parte, el agente de la Ertzaintza, M. R. L., de 32 años, herido en la emboscada que radicales tendieron a la Policía Autónoma el pasado fin de semana en la localidad vizcaína de Portugalete, evoluciona de forma satisfactoria y, probablemente, hoy será sometido a una nueva intervención quirúrgica.

Recortes de Prensa   Página Inicial