AGLI

Recortes de Prensa    Domingo 19 Agosto   2001
#Objetivo: turismo
Editorial La Razón 19 Agosto 2001

#ETA, CONTRA EL TURISMO
Editorial El Mundo 19 Agosto 2001

#Bombas y acuerdos
Editorial ABC 19 Agosto 2001

#Complot para la masacre
Valentí PUIG ABC 19 Agosto 2001

#Castro protege el narcotráfico y entrena a Eta
Luis María ANSON La Razón 19 Agosto 2001

#Sembrar el terror en las playas
Luis Ignacio PARADA ABC 19 Agosto 2001

#¿Cooperación o simulación?
José María CARRASCAL La Razón 19 Agosto 2001

#ETA vuelve al pasado, pero el pasado no vuelve
Editorial El País 19 Agosto 2001

#Brutalidad asesina
Editorial El Correo 19 Agosto 2001

#ETA vuelve a sembrar el terror en las costas españolas
SALOU. María Jesús Cañizares ABC 19 Agosto 2001

#Gestoras presiona a ciudadanos vascos con el fin de conseguir dinero para presos etarras
M. R. Iglesias - Madrid.- La Razón 19 Agosto 2001

#Educar con prejuicios
Cartas al Director ABC 19 Agosto 2001

#Los violentos cortan la línea férrea Madrid-Irún y queman un autobús
BILBAO. El Mundo 19 Agosto 2001

#Villar cree que los mandos de la Ertzaintza son «ineficaces y sectarios»
BILBAO EL CORREO 19 Agosto 2001

#Del nacionalismo a la guerra civil
Juan Pedro QUIÑONERO ABC 19 Agosto 2001

Objetivo: turismo
Editorial La Razón 19 Agosto 2001

No por previsible es Eta menos dañina. Ahora, con una campaña contra el turismo apoyada en la espectacularidad de un coche bomba en Salou, capaz de alarmar a nuestros visitantes y que tendrá consecuencias seguras en la decisión de algunos turistas de venir a España. Un golpe dado donde más duele a la economía española, del estilo del que los radicales islámicos infligieron en Egipto hace algunos años. Nos preguntamos, sin embargo, si aquí se percibe la amenaza con el mismo dramatismo que allí sucedió, o si una cierta indiferencia vacacional tiende a dar menos importancia al riesgo.

   Uno de los principales problemas en la forma de afrontar el fenómeno de Eta es no entender su lógica interna. El error más común consiste en atribuir a Eta una característica de irracionalidad, de sed de sangre, de locura. Y no es que sus actos criminales no sean horrendos, sino que responden, independientemente de su forma canallesca, a una estrategia.

   En el caso que nos ocupa, la ofensiva contra el turismo, la banda terrorista actúa al estilo de las guerras modernas: atacar, más que a las personas de forma indiscriminada, a los intereses logísticos y económicos de sus enemigos. Lo que hace Eta, en suma, es la guerra. Sin embargo, el Estado contra el que esta guerra se ejerce no parece darse cuenta. Al calificar de irracional a Eta, lo que viene a decir es que no es imprescindible derrotarla, aunque sea conveniente hacerlo. De esa forma, llegamos a la paradoja de ver que Eta está en guerra contra el Estado, pero el Estado no reconoce que esta guerra existe, y por lo tanto no es capaz de dar la réplica necesaria.

   Se puede constatar esto en los indicios de falta de celo frente a las ofensivas terroristas en muchos momentos, especialmente en épocas de vacaciones. Ni muchos responsables de la lucha contra Eta, ni muchos agentes especializados en ésta, se encuentran en sus puestos. Son bien pocas las noticias de éxitos contra los terroristas, y muchas las de atentados. No se contrapone al auge del terrorismo una mayor dotación de medios para combatirlo. Sólo, aunque sea una buena noticia, hemos podido conocer que las policías del Estado han decidido mayor coordinación, lo que sólo demuestra que durante años esta coordinación no ha existido, lo que no sólo es un error sino, posiblemente, una ilegalidad en el cumplimiento de las funciones de estas policías encargadas y pagadas por los ciudadanos para que velen por sus intereses.

   Entendemos que falta convicción en la lucha contra Eta. Obvio es decir que la culpa ha estado en la permisividad y comprensión que los terroristas y sus nuevas camadas han recibido por autoridades (nacionalistas) del Estado en la Comunidad vasca, más interesadas en aprovechar políticamente para sus intereses la acción terrorista. Pero eso no es excusa suficiente, porque el Estado existe para que la legalidad impere, y no para pastelear con las amenazas mientras la situación se pudre. Porque a nadie se le escapa el envalentonamiento de los proetarras en los últimos tiempos, en los que han recibido infundadas esperanzas de que en algún momento pueden triunfar en sus objetivos independentistas.

   Sabemos que no lo pueden conseguir, pero eso no justifica la pasividad. El Estado no puede estar de vacaciones.

ETA, CONTRA EL TURISMO
Editorial El Mundo 19 Agosto 2001

ETA tiene al sector turístico español en su punto de mira. A la colocación de un coche bomba con trampa en el aeropuerto de Málaga y a los sabotajes contra las vías del AVE de hace apenas unos días se ha sumado la explosión, ayer, de un coche bomba en el aparcamiento de un hotel de la localidad tarraconense de Salou. La deflagración provocó 13 heridos y obligó a desalojar a 830 personas. Una vez más, hay que elogiar la actuación de las fuerzas de seguridad, que con celeridad y eficacia lograron evitar una matanza. El que los terroristas optaran por avisar de sus macabras intenciones no ofrecía garantía alguna de que no habría víctimas mortales. Prueba de ello es el atentado que perpetraron empleando idéntico modus operandi el pasado marzo en Roses y que le costó la vida al mosso d'Esquadra Santos Santamaría.

Por otra parte, esta nueva manifestación del talante criminal de ETA demuestra la urgente necesidad de intensificar la cooperación entre la consejería vasca de Interior y el Ministerio que dirige Mariano Rajoy. En este sentido, resulta muy positiva la decisión que han tomado el secretario de Estado de Seguridad, Pedro Morenés, y el viceconsejero de Seguridad del Gobierno vasco, Mikel Legarda, de adelantar al próximo lunes la primera reunión de los órganos de coordinación policial que tenían previsto copresidir a finales de agosto. Parece también lógico que a ella asistan, además de responsables de las fuerzas de seguridad estatales y de la Ertzaintza, un representante de la Generalitat y una delegación de los Mossos d'Esquadra. Porque combatir el terrorismo -una lacra que perjudica a todos los españoles- requiere una enérgica respuesta conjunta.

Bombas y acuerdos
Editorial ABC 19 Agosto 2001

ETA sólo existe en la medida en que aterroriza. Ayer lo volvió a hacer con un coche bomba en Salou, atentado que, como todos, buscaba demostrar su presencia y, en este caso, golpear la imagen de España, sin descartar las víctimas mortales que afortunadamente no se produjeron. Pocas horas antes, los etarras movilizaban por enésima vez a sus terroristas callejeros y destruían un autobús en Bilbao y saboteaban la vía del ferrocarril Madrid-Irún. Actos de barbarie todos estos que se produjeron, como es ya desgraciadamente habitual, sin un solo detenido.

Estos delitos han provocado en las últimas horas la convocatoria de una nueva reunión entre representantes de todos los Cuerpos policiales, Mossos d´Escuadra incluidos, en ejecución de los acuerdos técnicos alcanzados el viernes entre el secretario de Estado del Interior, Pedro Morenés, y el viceconsejero homólogo del Gobierno vasco, Mikel Legarda. Unos acuerdos a los que se debe prestar el beneficio de la duda sobre su eficacia, pero acerca de los cuales resultan necesarias algunas decisiones que los rescaten de su posible manipulación. El Gobierno vasco venía sufriendo desde hace varias semanas un fuerte desgaste por la denuncia de incapacidad operativa ante la «kale borroka», que provocó no sólo la terminante denuncia de los sindicatos de la Ertzaintza, sino también la alteración en la agenda del consejero de Interior Javier Balza, que tuvo que adelantar su entrevista con Rajoy sin posibilidad de aplazamiento como él pretendía. Balza rebajó la tensión al ordenar la práctica de algunas detenciones y, tras su entrevista con Rajoy, envió a su viceconsejero a Madrid para alcanzar con el secretario de Estado Pedro Morenés algunos acuerdos que, interesando a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, salvasen la penosa impresión de un departamento incapaz de hacer frente al terrorismo callejero.

Los acuerdos operativos del viernes pasado deben interpretarse en su estricto carácter técnico y con algunas puntualizaciones. La primera es que el Estatuto de Autonomía de Guernica prevé en su articulo 17 un órgano de coordinación permanente entre las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y la Ertzaintza, que se denomina Junta de Seguridad y que ha sido constantemente boicoteada por los nacionalistas. Los acuerdos técnicos entre Legarda y Morenés deben poner en valor este órgano de coordinación estatutario y en ningún caso pueden servir para desregular la interlocución entre ambos Gobiernos. La segunda puntualización que se impone se refiere a la obligación política que tiene el lendakari de dar contestación a las propuestas de lucha antiterrorista que le formuló el presidente Aznar. El mismo emplazamiento corresponde a Javier Balza, que debe dar respuesta a las ofertas planteadas por el ministro del Interior en su última reunión. Lo pactado entre Morenés y Legarda no excluye en modo alguno la necesidad de una respuesta al máximo nivel político. Por fin, los acuerdos alcanzados el pasado viernes no implican que quepa eludir los pronunciamientos políticos del Gobierno vasco y del PNV en torno a sus actitudes frente a las acciones de la banda terrorista. El partido de Arzalluz y el Gobierno de Ibarretxe alcanzarán un nivel mínimo de credibilidad cuando asuman la defensa de las resoluciones judiciales que persigan y sancionen los actos de violencia y que neutralicen la organización terrorista; cuando desplieguen la persecución de los delitos con todos los medios a su alcance y cuando demuestren que evitan la manifestación pública de la exaltación del terrorismo en las calles del País Vasco.

Los acuerdos técnicos entre el secretario de Estado del Interior y el viceconsejero vasco no rebajan, ni pueden hacerlo, las exigencias expuestas por el Gobierno en general y por Aznar en particular, tanto al PNV como al Ejecutivo vasco en la lucha contra el terrorismo; tampoco redimen al consejero Balza de su inconsistencia en la represión contra ETA ni pueden dar por satisfactorios los silencios del lendakari Ibarretxe. En definitiva, los acuerdos del pasado viernes son meramente técnicos, operativos y cuya bondad ha de verse gratificada en hechos y en políticas sostenidas en el tiempo.

Complot para la masacre
Por Valentí PUIG ABC 19 Agosto 2001

Un Renault 25 blanco con matrícula cordobesa y robado en San Sebastián, medio centenar de kilos de dinamita «Tytadine» sustraída en Francia, un hotel de Salou, en la costa de Tarragona: otro complot de ETA para la masacre humana. Entre los heridos, dos niñas rusas y dos irlandesas, un adolescente portugués, padres y abuelos. Tan sólo con un poder de ingenuidad infinita se puede llegar a suponer que todo ha sido en pro de una dimensión de soberanía que nadie ha llegado a definir. Como constatación de un contraste y no como enjuiciamiento, los boquetes en el hotel Cala Font de Salou se configuran como algo muy distinto al brocado jurídico-especulativo en torno a una disposición adicional de la Carta Magna de 1978.

Lo totalitario no existe sin dolor humano. Es la lección del siglo XX que ETA puede ignorar desde la barbarie pero no puede obviarla quien se sienta ciudadano de una comunidad que en su consenso más elemental aspira al derecho a vivir. Frente a los cascotes provocados por la explosión de Salou, la librería Lagun vuelve a abrir las puertas. Frente al hervor humano en las playas de Salou, la dinamita «Tytadine» mantiene la declaración de guerra de ETA, como arma aspirante a implantar el atomismo de la indiferencia en toda España. El carácter de una sociedad se transparenta en su modo de determinación ante el horror o en su propensión a tolerarlo. De ahí proceden todos los mecanismos para el complot de la masacre indiscriminada, ubicada como por azar entre hoteles, a dos pasos de la playa, con la torva impavidez mecánica de un instrumento de la barbarie. Alguien está robando un coche donde sea, cambia las placas, acude al almacén donde abunda la «Tytadine» robada en Grenoble. Dispone de una guía turística y escoge su objetivo. Tanta hostilidad hacia lo vivo prosigue siendo una de las ocasiones más aciagas para hablar de futuro vasco.

Castro protege el narcotráfico y entrena a Eta
Luis María ANSON La Razón 19 Agosto 2001
de la Real Academia Española

Tierra sobre el libro. La vieja progresía no quiere que se hable de El nombre de mi padre, la obra que Ileana de la Guardia ha escrito sobre Antonio de la Guardia, un militar de relieve fusilado por el dictador de Cuba.

   Con documentación incontestable, la autora demuestra la connivencia del régimen castrista con el narcotráfico internacional, la colaboración de Castro con el panameño Noriega y la protección dispensada por La Habana a Robert Vesco y otros narcotraficantes de sólida biografía.

   Ileana de la Guardia afirma que «la gente de Eta ha recibido entrenamiento en Cuba». Los etarras adiestrados por el dictador cubano se desplazan después a Francia y vertebran allí los comandos que atentan en España, dejando en nuestro país una sangre sin fin que se derrama. También asegura Ileana de la Guardia, que Castro se beneficia del blanqueo de dinero. La dictadura castrista se muestra cada vez más devota de esta práctica enriquecedora. Capitales negros de todo el mundo confluyen en la isla caribeña para lavar su origen y borrar sus huellas tantas veces deleznables. El dinero «obtenido por Eta a través del impuesto revolucionario», asegura la autora, se blanquea en Cuba.

   Las acusaciones de esta escritora, íntegra y valiente, son rotundas. Demuestran lo que ya se sabía, lo que se sospechaba. Pero toda esa «intelectualidad de mierda», según la expresión de Álvaro Vargas Llosa, que hizo el ridículo cuando su devoción estalinista se descascarilló al chocar con el muro derribado de Berlín, se aferra aún a los restos del naufragio comunista y defiende al anciano, al cínico, al tirano, al embaucador Fidel Castro.

Sembrar el terror en las playas
Por Luis Ignacio PARADA ABC 19 Agosto 2001

Tras catorce meses de aparente tregua, ETA anunció el 28 de noviembre de 1999 que volvería a activar sus «comandos». En enero de 2000 cometió su primer atentado. Desde entonces, en poco más de año y medio, ha actuado 44 veces y ha añadido 34 nombres a la lista de sus asesinados. En la Semana Santa de 2000 anunció que atacaría centros turísticos y advirtió a los viajeros de otras nacionalidades «para que se abstuvieran de acudir a ellos para evitar consecuencias no deseadas». Lo hizo: colocó dos coches bomba ante hoteles de Rosas (Gerona) y Gandía (Valencia).

Junto a su persecución habitual a políticos, empresarios, militares, y periodistas, comenzó entonces su acción contra los intereses turísticos españoles. Tenía poderosas razones para hacerlo. Un año después robó 1.600 kilos de explosivos en las inmediaciones de la ciudad francesa de Grenoble. Ha cometido dos atentados en Málaga, cuatro en Sevilla, uno en Granada y seis en diferentes puntos de Barcelona. Le ha explotado una carga en Torrevieja, puso un coche bomba en el aeropuerto de Málaga, un artefacto en la vía del AVE Madrid-Sevilla y, ayer, un coche bomba con 50 kilos de explosivos en el aparcamiento de un hotel turístico en Salou (Tarragona).

ETA sabe que el turismo es un sector estratégico para la economía española y actúa en consecuencia. Mientras sirve sus intereses separatistas, destroza el patrimonio que proporciona a España cada año un 10 por ciento de su riqueza e intenta aterrorizar a nuestros visitantes. El primer encuentro de los nuevos órganos de coordinación entre las Fuerzas de Seguridad del Estado y las policías autonómicas, previsto para la próxima semana, debe tener como finalidad primordial la de proteger la vida de las víctimas potenciales. Pero, inmediatamente después, la de velar por la seguridad de los intereses turísticos españoles. No tanto por su potencial de ingresos como por la imagen de España en el exterior.

¿Cooperación o simulación?
José María CARRASCAL La Razón 19 Agosto 2001

La pregunta que nos hacemos hoy todos los españoles es si el PNV está de verdad dispuesto a combatir la violencia terrorista o su promesa de colaborar con las Fuerzas de Seguridad del Estado es sólo una añagaza para salir del apuro en el que Eta le ha metido con sus últimos atentados.

   Que Eta no se para en barras está a la vista. Para ella ya no existe diferencia entre la Ertzaintza y la Policía Nacional o la Guardia Civil. Es lógico que los nacionalistas moderados comiencen a preocuparse. Si sus agentes están en el punto de mira de los terroristas, pronto pueden estarlo ellos. Pero, por otra parte, aceptar la colaboración con la «policía española» significa renunciar al principio de que «el problema de Eta no tiene una solución policial», con que nos salían cada vez que hablábamos del asunto. ¿Comienzan a pensar de otra manera? Tanto o más importante es que Eta y la violencia callejera venían haciendo al PNV el trabajo sucio.

Arzallus lo expuso en metáfora que se ha hecho famosa: unos sacudían el árbol y otros recogían las nueces. Unos amenazaban, extorsionaban y asesinaban, para que otros fueran ganando posiciones hacia la independencia. La violencia de Eta y su entorno podría ser todo lo criminal que se quisiera, pero no era en absoluto gratuita. Obedecía a un plan perfectamente diseñado. Si, según Max Weber, la principal característica de un Estado es que posee el monopolio de la fuerza, la fuerza en el País Vasco la detentan los nacionalistas radicales, proclamando «la calle es nuestra» y disponiendo de vidas y hacienda de cuantos allí viven. La violencia se convierte así en la base de un programa político para establecer la soberanía de hecho. Por lo que tiene que hacerse cuesta arriba a los nacionalistas de cualquier signo renunciar a ella.

   El problema es que esa violencia empieza a volverse contra los moderados. La Ertzaintza era la policía «oficial» del PNV. Una policía que se mantenía congelada mientras los radicales se apoderaban de la calle, y sólo comenzaría a actuar cuando se hubiese alcanzado la plena soberanía. Lo malo es que esos radicales no se contentan con el papel de teloneros y quieren apoderarse de la escena, del guión y de los principales papeles de la obra. Y por lo pronto, empiezan a disparar contra esa policía en reserva del PNV. Éste no ha tenido más remedio que actuar, aceptando la colaboración con la policía española. Lo hace tarde y renuentemente, pero lo importante es que lo haga. ¿Qué va a hacer Eta?, es lo primero que se le ocurre a uno. ¿Recrudecer sus acciones contra la Ertzaintza? ¿Y qué hará entonces ésta? ¿Inhibirse, redoblar sus esfuerzos? Aunque la verdadera pregunta, la de fondo, es la que formulábamos al principio: esa colaboración entre las policías nacional y autonómica, ¿va a ser auténtica o ficticia? Nada celebraríamos tanto como que fuera auténtica. Pero estamos tan quemados en este asunto que hasta que no lo veamos no lo creeremos.

ETA vuelve al pasado, pero el pasado no vuelve
Editorial El País 19 Agosto 2001

Las decenas de kilos de explosivos colocados ayer a las puertas de un hotel de Salou, en cuyo interior había unas 800 personas, habrían ocasionado una matanza si, como ha ocurrido otras veces, el desalojo se demora más de lo previsto u ocurre cualquier otra circunstancia imprevista. Esta vez los terroristas avisaron con antelación, pero no lo hicieron hace unos días tras colocar unos explosivos en Ciudad Real, al paso del AVE, que podían haber provocado un descarrilamiento catastrófico. Lo mismo que el artefacto descubierto el 3 de agosto en las vías de otro tren a la altura de La Roda (Albacete).

La primera acción terrorista de ETA fue el intento de hacer descarrilar un tren en julio de 1962. Los nuevos dirigentes, forjados en el terrorismo callejero, parecen empeñados en recrear como sea las condiciones en las que nació ETA. El regreso a los atentados contra intereses turísticos también se inscribe entre las manifestaciones de esa voluntad desesperada de regreso al pasado. Tras varios años en que el terrorismo antiturístico había caído en desuso, ya van seis atentados de esa especialidad en 2001. En marzo hicieron estallar sendos coches bomba en las localidades costeras de Roses (matando a un mosso d'esquadra) y Gandía; en julio estuvieron a punto de provocar una masacre en el aeropuerto de Málaga.

La ofensiva contra el turismo es un residuo de la estrategia tercermundista que se proponía imitar la ETA fundacional. El planteamiento era que los sabotajes tendrían un coste tan elevado para la economía que los gobernantes no tendrían más remedio que ceder a las exigencias de los guerrilleros. Sin embargo, antes de llegar a ponerla en práctica, esa estrategia fue desechada, a finales de los sesenta, por considerar que era 'reaccionario' oponerse al progreso de las fuerzas productivas, etcétera. Así, sólo a finales de los setenta se produjeron los primeros atentados específicamente dirigidos contra intereses turísticos.

La última campaña de este tipo se produjo en el verano de 1997, el del asesinato del concejal de Ermua Miguel Ángel Blanco. La movilización que siguió a aquel crimen convenció a los jefes de ETA de que era utópico esperar que el Gobierno de España se aviniera a negociar con ellos. Vino entonces el giro hacia una estrategia frentista en la que a la violencia se le asignó la función de presionar a los nacionalistas para que rompieran con las instituciones autonómicas. La vuelta a los atentados contra el turismo podría interpretarse como un intento voluntarista de regresar a una estrategia dirigida a forzar la negociación política con el Gobierno. Sin embargo, el pacto antiterrorista PP-PSOE ha hecho aún más inverosímil esa posibilidad a ojos de los propios terroristas.

En esas condiciones, la ofensiva sólo refleja la desorientación de ETA. A la espera de que aparezca algún elemento que dé sentido a sus bombas, las coloca 'sin pararnos a medir las posibles consecuencias', como aconsejaba recientemente un teórico senior de la lucha armada como 'única posibilidad de obligar a dialogar y negociar al Gobierno español'.

La estrategia frentista sigue siendo, por tanto, la única disponible, como confirma la insistencia de los jefes de ETA en responsabilizar a los nacionalistas de la continuidad del conflicto armado, aunque sea a otros a los que mata. De ahí la importancia de la sorda batalla que se está librando en el seno del nacionalismo democrático entre quienes propugnan la ruptura definitiva con la estrategia de Lizarra y quienes se resisten a ello. Los modestos pero significativos acuerdos de coordinación policial alcanzados esta semana y la decidida intervención de la Ertzaintza contra la manifestación prohibida de San Sebastián tienen fuerte contenido político. Pues no hay estrategia frentista sin la participación del PNV, y si esa línea se afianza ETA se quedará sin estrategia. Lo cual es una de las condiciones necesarias para que en ese mundo triunfen las posiciones partidarias de poner fin a la violencia. La otra es que la cooperación policial sea efectiva.

Brutalidad asesina
Editorial El Correo 19 Agosto 2001

ETA quería demostrar ayer su brutalidad asesina en Salou. A nadie puede engañar ya, a estas alturas, el aviso previo, con todos los datos del coche bomba, que no persigue sino conseguir víctimas aprovechándose de la rapidez y el desconcierto que rodean la operación de desalojo, sin saber con certeza el tiempo de que se dispone, para poner a salvo a casi 900 personas -huéspedes y empleados de dos establecimientos hosteleros y un bloque de apartamentos-. El atentado se saldó esta vez con trece heridos leves, seis de ellos niños. Muchos de los clientes del hotel Cala Font de la ciudad catalana pasaron, en pijama y presas del pánico, muy cerca del vehículo que, aparcado a 50 metros de la entrada del local, albergaba una mortífera carga de más de 40 kilos de la dinamita robada en Grenoble. Entre la lista de afectados figuran también dos agentes de la Guardia Civil, a los que la explosión alcanzó mientras acordonaban la zona.

No cabe considerar accidental la elección de Salou como objetivo de este nuevo episodio de lo que se ha dado en llamar ‘campaña turística’ de ETA. La localidad costera, símbolo del turismo popular de playa en España y el resto de Europa, comenzó a recibir los zarpazos de la banda asesina en 1979, y con especial intensidad en el 96, con tres atentados casi seguidos, sin víctimas. La ofensiva de este año, que se ha cebado en Gandía, Roses, Málaga o Torrevieja, ofrece una particularidad respecto a las anteriores: en el pasado, los etarras se sirvieron de artefactos de pequeña potencia que lograban, sobre todo, asustar. Ahora, ETA confía su voluntad destructiva al coche bomba porque quiere dañar los intereses turísticos pero, sobre todo, demostrar su capacidad para causar muerte y destrozos indiscriminados.Las fuerzas democráticas reaccionaron con una condena unánime del atentado. Destaca en particular el llamamiento a la tranquilidad de los veraneantes por parte de un Jordi Pujol con la vista puesta en Europa, que contrasta con cierta frivolidad de algún portavoz de la patronal turística que debe preguntarse qué más puede hacer el sector para protegerse de esta amenaza. Los ‘número dos’ de Interior de los gobiernos central y vasco, por su parte, adelantan la reunión que tenían prevista para finales de mes, y a la que acudirá también un representante de los Mossos d’Esquadra. Atentados como el de ayer demuestran la urgencia de extremar la coordinación policial y el intercambio de información entre los diferentes cuerpos, tareas imprescindibles para luchar contra la violencia etarra y la de sus aprendices, se manifieste en Salou, en la quema de un autobús urbano en Bilbao o en el sabotaje de la línea férrea de Anoeta.

ETA vuelve a sembrar el terror en las costas españolas
SALOU. María Jesús Cañizares ABC 19 Agosto 2001

ETA retomó ayer su ofensiva contra objetivos turísticos. Esta vez lo hizo en Salou (Tarragona), donde explosionó un coche-bomba cargado con 50 kilos de dinamita situado en el aparcamiento del hotel Cala Font. La rápida actuación de la Guardia Civil permitió evacuar a tiempo a las 824 personas que se hallaban en el establecimiento, trece de las cuales sufrieron heridas leves. La acción se atribuye a un «comando» itinerante.

A las 7.09 horas de la mañana, la Asociación de Ayuda en Carretera de Guipúzcoa recibió la llamada anónima de un joven con acento vasco en la que informaba que, a las ocho de la mañana, explotaría una bomba colocada en un Renault 25 de color blanco situado en el aparcamiento del hotel Cala Font de Salau. Los responsables del servicio informaron a la Policía Nacional, la Guardia Civil y la Ertzaintza.

Inmediatamente se habilitó el dispositivo de evacuación del hotel, en el que intervinieron miembros de la Benemérita, Policía Nacional, Mossos d´Esquadra y la Policía Local de Salou. Un mando de la Guardia Civil se puso en contacto con los propietarios del establecimiento, quienes accionaron la alarma de incendios, lo que aceleró la salida de los clientes.

Al mismo tiempo, los agentes recorrieron las 300 habitaciones de que consta el hotel para organizar la evacuación de las más de 824 personas, entre empleados y clientes, que en ese momento se hallaban en el establecimiento, la mayoría turistas procedentes de Madrid, Zaragoza, así como de Gran Bretaña, Rusia y Holanda. El desalojo se llevó a cabo en veinte minutos, aunque el importante despliegue habilitado no impidió que se vivieran momentos de confusión, pues entre los huéspedes había numerosos niños que habían acudido con sus padres a pasar las vacaciones en esta localidad de la Costa Dorada. Algunas personas pretendían abandonar el hotel por la puerta principal, más cercana al lugar donde se hallaba el coche-bomba, por lo que fueron reconducidos hacia la puerta trasera.

A LAS 8.30 HORASEl vehículo, con matrícula cordobesa 7252 M, explotó a las 8.03 horas. La fortísima detonación, sucedida de una intensa humareda, se oyó en un radio de varios kilómetros. En ese momento, la mayoría de los clientes ya habían sido desalojados. No obstante, trece personas sufrieron heridas leves, la mayoría rasguños, debido a la metralla o a los efectos de la precipitada evacuación. Entre los heridos hay dos guardias civiles y varios niños. Todos los cristales de la fachada principal del edificio quedaron destrozados, así como el falso techo del vestíbulo, que presentaba cinco agujeros enormes. Nueve coches que estaban situados en el párking sufrieron daños de diversa consideración. Los clientes fueron alojados durante varias horas en otros hoteles de la zona.

El consejero de Interior, Xavier Pomés, que se desplazó al lugar de los hechos, explicó que el artefacto contenía 50 kilos de dinamita «tytadine» procedente del robo efectuado por ETA en Grenoble (Francia) el pasado 8 de marzo. Según Pomés, el atentado tiene las mismas características que el cometido el 18 de marzo en Rosas (Gerona), otro punto turístico de la costa catalana, que le costó la vida a un miembro de la Policía autonómica. Un método similar se utilizó también, según el consejero, en Gandía y Logroño.

Todo apunta, según responsables antiterroristas, a la acción de un «comando» itinerante cuya base estaría en el País Vasco y que, en este caso, robó el Renault 25 el pasado día 11 en Ondárroa (Vizcaya), preparó el explosivo y se desplazó puntualmente a la localidad tarraconense. Se descarta, por tanto, que la banda terrorista tenga una organización y una infraestructura estable en Cataluña.

EN SITUACIÓN DE ALERTA
Según Xavier Pomés, las Fuerzas de Seguridad destinadas en esta comunidad estaban en situación de alerta desde que el pasado 24 de julio, Olalla Castresana falleciera mientras manipulaba dinamita en Torrevieja (Alicante). «Eso nos hizo pensar en la posibilidad de que ETA intentara un nuevo atentado en otro punto turístico», dijo el titular de Interior del Gobierno catalán.

HACIA EL MAR
Fuentes de la lucha antiterrorista explicaron a ABC que la dinamita que explotó en Salou estaba colocada en el interior de una gran olla, escondida a su vez en el maletero del vehículo. El hecho de que el coche bomba estuviera colocado en un desnivel y perpendicular a la costa provocó que la onda expansiva se dirigiera hacia el mar, lo que no evitó que otros hoteles y apartamentos de la zona resultaran afectados. En el hotel Cap Salou, colindante con el Cala Font, el techo del comedor se desplomó. Asimismo, parte de la metralla alcanzó el jardín de los apartamentos Ca la Viña, donde algunos cristales quedaron rotos.

La delegada del Gobierno en Cataluña, Julia García Valdecasas, elogió el rápido desalojo de la Guardia Civil e informó de la instalación de controles policiales en las carreteras de acceso a Tarragona. Respecto al efecto mediático que este atentado puede suponer para ETA, García Valdecasas dijo que «los terroristas no actúan dentro de la lógica que los ciudadanos normales puedan entender, van a hacer todo el daño que pueden».

EFECTO NEGATIVO
El alcalde de Salou, Esteve Ferran, hizo un llamamiento a la calma, aunque reconoció que la acción tendrá un efecto negativo en el turismo. En este sentido, el subsecretario de Estado de Turismo, Juan José Güemes, emtió un mensaje tranquilizador y aseguró que el sector actuó con gran profesionalidad. Por su parte, el presidente del patronato de Turismo de la Diputación de Tarragona, Octavio Bono, y el presidente de la Asociación Hotelera de Salou, Pineda y Cambrils, Salvador Pellicer, coincidieron en asegurar que el principal objetivo es ofrecer toda la ayuda y comodidad posible a los clientes afectados por la explosión.

OBJETIVO ETARRA
Salou ha sido objeto de numerosos atentados terroristas en los últimos veinte años. En ninguno de ellos hubo víctimas mortales. En 1979, ETA colocó una bomba que no causó daños importantes. El 9 de julio de 1995, la banda atentó contra la Caixa del Penedés y en julio de 1996 hizo estallar una bomba frente a la puerta del hotel Olimpus Palace. También en 1996 se desactivaron dos artefactos en los hoteles Delfin Park y Augustus II. Ese mismo mes, ETA hizo estallar una bomba en los lavabos de los apartamentos Royal.

Gestoras presiona a ciudadanos vascos con el fin de conseguir dinero para presos etarras
Dice que son necesarios 4.000 millones y solicita casa por casa los datos personales y bancarios
La organización proetarra «Gestoras pro Amnistía», ha puesto en marcha una campaña de recogida de fondos que en aras de una «solidaridad» con los presos vascos, se traduce en una fuerte presión a numerosos ciudadanos vascos que reciben en su domicilio la visita de un integrante de este colectivo que les exige, entre otras cosas, sus datos personales y bancarios para poder domiciliar los recibos. Según la organización, la situación de penuria en que viven los presos vascos necesita más de 4.000 millones para cubrir asistencia jurídica y médica y para los viajes de los familiares.
M. R. Iglesias - Madrid.- La Razón 19 Agosto 2001

Aunque la mayor presión de los integrantes de Gestoras se realiza «casa por casa», tal como han denunciado a LA RAZÓN varios ciudadanos vascos, esta organización afín a las tesis proetarras también utiliza Internet para conseguir dinero. Numerosos vascos han recibido en su correo electrónico un mensaje de Gestoras en el que les solicitan sus datos personales y bancarios para poder domiciliar los recibos.

   Como norma general esta organización que dice luchar en favor de los «represaliados políticos», es decir los presos etarras, solicita una «ayuda» de tres o seis mil pesetas al trimestre, pero deja una puerta abierta a que cada persona pueda «aportar» la cantidad que considere oportuna en vista de las «grandes necesidades» de los presos.

   Según señalan en el documento que los integrantes de Gestora entregan en cada visita que realizan o que envían por correo electrónico a través de Internet, que se reproduce en es esta página, «la asistencia a la totalidad de los represaliados vascos es posible gracias a la solidaridad que muestra la sociedad vasca». Y añaden que «remitiéndonos a las consecuencias económicas que acarrea el hacer frente a la dispersión de los presos, podemos afirmar que si las asistencias concretas suponen un desembolso de varios cientos de millones, la organización y gestión de los viajes eleva el gasto a cantidades superiores a los cuatro mil millones de pesetas».

Nación diferenciada
Para esta organización proetarra la ayuda y solidaridad con los «represaliados vascos» es fundamental para que el pueblo vasco «se dote de diversos instrumentos para garantizar su propia identidad y la supervivencia como nación diferenciada». Gestoras lleva más de veinte años «trabajando» a favor de los presos etarras, y a lo largo de su existencia se ha caracterizado por participar en numeroso actos y movilizaciones exigiendo tanto el traslado de los presos a cárceles próximas al País Vasco como su libertad al considerar a los etarras como «presos políticos».

   La campaña de Gestoras pro Amnistía no sólo va dirigida a conseguir dinero, sino que también están solicitando la colaboración de manera «voluntaria» de distintos profesionales como juristas y médicos para asistencia a los presos en las propias cárceles.

Asistencia sanitaria
El objetivo de Gestoras es que los presos etarras cuenten con su propia asistencia sanitaria, es decir que médicos «elegidos» por la organización puedan entrar en las cárceles para hacer un seguimiento de las patologías que sufren los presos, según ellos derivadas en la mayor parte de los «maltratos, opresión y tortura que sufren en las cárceles francesas y españolas por las Fuerzas de Seguridad de estos dos Estados».

   Algunos ciudadanos vascos que ya han recibido la visita de miembros de Gestoras han mostrado, en declaraciones a este periódico, su preocupación por la situación, ya que sienten miedo ante las posibles medidas que puedan tomar los proetarras tanto si no acceden a dar dinero como si ceden y les tienen que facilitar sus datos personales, «ya que no sabemos dónde pueden llegar esos datos».

   Además hay que tener en cuenta que esta presión ya hecho efecto en años anteriores, ya que según los propios datos que facilita Gestoras pro Amnistía la «ayuda voluntaria» económica que se ha conseguido en anteriores campañas se ha llegado a triplicar en los últimos años, lo que ha permitido, a su juicio, «mantener dentro de lo posible un mínimo grado de dignidad en las prisiones».

Educar con prejuicios
Cartas al Director ABC 19 Agosto 2001

El día 14 publicaban una carta de Rodolfo Witt, «Visitar el País Vasco», que me ha hecho recordar una experiencia parecida. Siento gran simpatía, entre otras regiones, por el País Vasco, donde tengo numerosos y buenos amigos, e incluso mi hija se llama Izaskun, nombre del que está muy orgullosa. Por este motivo he visitado varias veces Tolosa, subiendo generalmente a la ermita de su Patrona, a visitarla con mi hija o en su nombre. Hace seis o siete años fui a ver al cura de Ibarra (pequeña aldea de Tolosa) y, como éste estaba diciendo misa, aparqué mi coche en la puerta de la iglesia, en una placita donde estaban jugando unos niños de 8 a 12 años. Éstos, al ver la matrícula de mi auto se vinieron para nosotros y nos increparon airadamente: «Malagueños, ¿qué tenéis contra Euskadi y por qué no os gusta?». Les dijimos que sí nos gustaba y que nuestra hija se llamaba Izaskun y, tras hablar un rato con ellos, se apaciguaron y volvieron a sus juegos, pero eso nos hizo ver la difícil solución que tiene el problema vasco dado el evidente adoctrinamiento a que estaban sometidos aquellos niños desde tan pequeños y que les hacía sentirse amenazados por nosotros. En vista del tiempo pasado, no me cabe duda de que algunos de ellos estén «kaleborrokeando» o, incluso, hayan ascendido a acreditados terroristas. Sigo conservando mis amigos y mi hija sigue orgullosa de su nombre, pero desde entonces, con pesar, no hemos vuelto a Euskadi. Alfredo Malo Aragón. Málaga.

Los violentos cortan la línea férrea Madrid-Irún y queman un autobús
BILBAO. El Mundo 19 Agosto 2001

- Bilbao y Anoeta (Guipúzcoa) sufrieron en la madrugada del viernes al sábado dos nuevos episodios de kale borroka. El primero se produjo en la localidad guipuzcoana hacia las 2.15 horas, cuando un grupo de encapuchados cortó la catenaria en la línea ferroviaria Irún-Madrid.

En la capital vizcaína, unos desconocidos calcinaron un autobús en el barrio de Atxuri después de obligar al conductor a abandonar el vehículo. Según informó la Consejería de Interior, el ataque se produjo poco antes de las 6.30 horas. Tras desalojar al conductor, cuatro encapuchados rociaron el vehículo con líquido inflamable para, posteriormente, prenderle fuego.

El autobús, de la compañía Bilbobus, quedó totalmente calcinado, y las llamas llegaron a afectar también a la fachada y las ventanas del colegio Maestro García Rivero, que quedaron ennegrecidas y dañadas.

Varios efectivos de bomberos acudieron al lugar para sofocar el fuego.

En Anoeta, un grupo de desconocidos cortó los contrapesos de la catenaria -el cable que sujeta y tensa la parte eléctrica del tren- en la línea que enlaza Irún y Madrid.

El sabotaje se produjo a la altura del paso a nivel de esta localidad guipuzcoana, hasta donde se desplazaron varios operarios de la compañía ferroviaria para subsanar los daños y restablecer, una hora después, el servicio.

Por otro lado, ayer quedó en libertad por orden judicial el joven detenido en la noche del viernes por la Ertzaintza durante los incidentes registrados en San Sebastián, tras impedir la policía vasca la manifestación de Segi prohibida por el Departamento vasco de Interior.

Según informó éste, el joven F. M. A., de 22 años y domiciliado en San Sebastián, fue arrestado en torno a las 21.30 horas del viernes por «resistencia y negativa a identificarse».

Trasladado a dependencias policiales, el detenido pasó ayer por la mañana a disposición del juzgado de guardia de San Sebastián, que decretó su libertad, según precisaron las mismas fuentes.

Esta fue la única detención practicada en San Sebastián por la Ertzaintza, que estableció un dispositivo especial de seguridad ya desde la tarde ante el anuncio de la organización Segi de que mantenía su convocatoria de manifestación en favor de la independencia, pese a que había sido prohibida por el Departamento vasco de Interior ante el riesgo de que durante la misma se produjeran brotes de violencia callejera y delitos de apología del terrorismo.

Villar cree que los mandos de la Ertzaintza son «ineficaces y sectarios»
BILBAO EL CORREO 19 Agosto 2001

El delegado del Gobierno en el País Vasco, Enrique Villar, arremetió ayer contra los actuales mandos de la Ertzaintza y aseguró que, a su juicio, el Gobierno vasco «no va a conseguir la paz».

En declaraciones a ‘Radio Nacional’ recogidas por ‘Europa Press’, censuró la labor de los máximos dirigentes de la Policía vasca con referencias al sindicato mayoritario del Cuerpo. «Erne es el mayor crítico con sus propios mandos. Ellos, que conocen mejor el régimen interior, son los que pueden manifestar la disconformidad con los mandos, que, en la actualidad, creo que son sectarios e ineficaces», comentó.Por ello, se mostró partidario de que las Fuerzas de Seguridad del Estado actúen en Euskadi contra la violencia callejera. «Hasta ahora -argumentó-, se ha demostrado que, fundamentalmente por falta de voluntad y por ineficacia en el mando, la Ertzaintza no ha resuelto los problemas». En este sentido, apeló al Gobierno vasco para que «ponga los medios necesarios». «Y si no tiene suficiente gente, me lo dice», puntualizó.

Villar, que recordó el «ofrecimiento leal» de Mariano Rajoy para hacer frente a la ‘kale borroka’, pidió al ministerio y a la Consejería de Interior que «se organicen de la manera que sea» para acabar con los que «aprovechan las fiestas para emboscar».

Del nacionalismo a la guerra civil
Por Juan Pedro QUIÑONERO ABC 19 Agosto 2001

Las familias del nacionalismo corso han desembocado en la guerra civil. En los últimos tres años, portavoces, militantes, dirigentes y meros confidentes de las distintas sensibilidades nacionalistas se han asesinado entre ellos, acusándose unos a otros de sucesivas traiciones que todos consideran indispensable vengar con sucesivos baños de sangre.

Ese proceso de guerra civil entre nacionalistas corsos tiene una larga historia, que se confunde con los orígenes de los clanes nacionalistas, pero comenzó a agudizarse hacia 1992 y se ha agravado durante los últimos dieciocho meses de proceso negociador entre el Gobierno de izquierda plural de Jospin y los representantes de toda la Asamblea regional corsa.

En menos de diez años, han muerto unos 30 miembros del Frente de Liberación Nacional Corso (FLNC histórico o no histórico), el Movimiento por la Autodeterminación (MPA) y la Cuncolta, matándose los unos a los otros. Más de tres muertes de sangre por año, poco menos de un crimen por trimestre para vengar traiciones nacionalistas, entre familias enfrentadas por el ensangretado futuro de Córcega, una isla que apenas tiene 450.000 habitantes y sólo puede vivir gracias a los subsidios de los presupuestos de Francia y la Unión Europea.

François Santoni fue asesinado la noche del jueves al viernes pasado por dos razones: ser uno de los patriarcas fundadores de A Cuncolta Nazionalista y haber escrito hace meses un libro en el que se denunciaba de manera parcial e interesada la «deriva mafiosa» del nacionalismo corso. No es un secreto que Santoni también fue uno de los fundadores de Armata Corsa, el grupo armado rival del FLNC original (rival, a su vez, del FLNC-canal histórico).

Los votantes nacionalistas no llegan a las 50.000 personas, en una isla que no tiene medio millón de habitantes. Entre los 50.000 escasos electores nacionalistas, sólo una minoría mucho más modesta todavía apoya la «lucha armada». Y esa minoría, a su vez, está dividida en microgrupos que no dudan en matarse para hacer prevalecer su punto de vista.

La mafia asesina y extorsiona con fines crapulosos (robo, venta de drogas, blanqueo de dinero, etc,). Se trata de un negocio que se sirve del crimen para imponer sus productos y mercados. En el caso de los nacionalismos corsos, el crimen echa sus raíces en una tierra ensangrenada por otras razones: las familias se matan para vengar e imponer unos criterios cuyo objetivo y finalidad crapulosa escapa a quienes viven fuera de esas zahúrdas de homicidas.

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