AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 22 Septiembre  2001
#La Ertzaintza desarticula el 'comando Buruntza' de ETA e intercepta un coche bomba
AGENCIAS San Sebastián El País 22 Agosto 2001

#LA DUPLICIDAD MORAL DE BATASUNA
Editorial El Mundo 22 Agosto 2001

#El caso oscuro del cochecito asesino
Carlos MARTÍNEZ GOARRIARÁN. Profesor de Filosofía. Universidad del País Vasco ABC 22 Agosto 2001

#El Foro de Ermua señala a Segi como responsable del crimen
MADRID. ABC 22 Agosto 2001

#Los chicos de la gasolina ya no son tan chicos
Ignacio Villa Libertad Digital Libertad Digital 22 Agosto 2001

#El juguete bomba y la colaboración interpolicial
Lorenzo Contreras La Estrella 22 Agosto 2001

#Investigar el crimen hasta el final
Editorial La Estrella 22 Agosto 2001

#Atacan con cocteles molotov los juzgados de Amorabieta
Efe - Amorabieta (Vizcaya).- La Razón 22 Agosto 2001

La Ertzaintza desarticula el 'comando Buruntza' de ETA e intercepta un coche bomba
La policía autonómica ha detenido a ocho personas y se ha incautado de 160 kilos de explosivo

AGENCIAS San Sebastián El País 22 Agosto 2001

En una operación coordinada por el juez Garzón y desarrollada en tres localidades de Guipúzcoa, la Ertzaintza ha desarticulado esta madrugada el comando Buruntza de ETA con la detención de sus cinco miembros y de otras tres personas presuntamente relacionadas con la organización. También se ha incautado de armas y de 160 kilos de explosivo y ha localizado un vehículo preparado como coche bomba.

Los agentes han detenido a tres personas en Zizurkil, otras tres en Zaldibia y otras dos en la localidad de Lasarte.

En una rueda de prensa en la que ha ofrecido detalles sobre la operación, el consejero del Interior del Gobierno vasco, Javier Balza, ha afirmado que ésta es la más importante de las realizadas contra la infraestructura de ETA en Guipúzcoa desde los años 80.

Balza ha explicado que de estas ocho personas, cinco son miembros del comando Buruntza de ETA -aunque uno sería sólo un colaborador-. Según el consejero de Interior, tres serían miembros legales -no fichados- de la organización y dos serían liberados -a sueldo- de ETA.

Ahora se investiga la posible vinculación que mantienen los otros tres detenidos con la organización terrorista.

Los liberados podrían estar relacionados con los recientes asesinatos del concejal de UPN José Javier Múgica en Leiza (Navarra) y del ertzaina Mikel Uribe en Leaburu (Guipúzcoa), ambos perpetrados el pasado 14 de julio.

Siete de los ocho detenidos son: Ibón Etxezarreta Etxaniz, de 28 años, y su compañera sentimental, Susana López García, de 23, ambos arrestados en Lasarte; Oskarbi Jáuregi, de 25 años y detenida en Zaldibia; Francisco Javier Makazaga Azurmendi, Luis María Carrasco Aseginolaza, Javier Unanue Estensoro y Miren Alai Intxausti.

Ibón Etxezarreta y Luis María Carrasco Aseguinolaza están considerados legales, y Francisco Javier Makazaga Azurmendi, liberado, estaba en busca y captura por el juez Baltasar Garzón y al parecer integraba un grupo Y de apoyo a ETA que operaba en la zona del Gohierri.

Oskarbi Jáuregi es considerada colaboradora y hay un miembro no identificado, que también podría estar liberado.

Operación sin incidentes
La operación policial se ha desarrollado "sin incidentes", según el consejero, a pesar de que los presuntos miembros de ETA estaban "preparados con sus armas dispuestas".

Durante la operación la Ertzaintza ha registrado cuatro viviendas y un garaje, situado en Lasarte, donde se ha encontrado el coche bomba. El vehículo había sido robado hace dos meses y estaba preparado para ser utilizado en atentado en días inmediatos.

También se ha localizado en el garaje documentación de objetivos de ETA, documentación sobre la banda, placas dobladas, publicaciones de la organización terrorista y dinero.

Asimismo, en los pisos se ha localizado 160 kilos de explosivo, en su mayoría Titadine, aunque también había amonal y amosal, cinco subfusiles, dos fusiles de asalto, tres pistolas y una escopeta recortada, así como numerosas granadas, tubos lanzagranadas e importante material electrónico, en concreto, unos 50 teléfonos móviles en fase de preparación para ser convertidos en radiomandos para activar bombas y también diversos sistemas electrónicos.

LA DUPLICIDAD MORAL DE BATASUNA
Editorial El Mundo 22 Agosto 2001

Aún no se ha esclarecido el enigma de la explosión del cochecito bomba que provocó terribles heridas al pequeño Jokin y que mató a su abuela. Y podría no aclararse nunca. Porque, al igual que ocurrió tras la deflagración de dos billeteras bomba en Muskiz y Archanda en 1994, ningún grupo quiere verse vinculado con un acto cuya absurda crueldad ha dejado atónitos a todos los españoles.La izquierda abertzale ha preferido desmarcarse lo más nítidamente posible del episodio. A diferencia de como actúa tras cada atentado de ETA, Batasuna se ha sumado al manifiesto de condena emitido por el Ayuntamiento de San Sebastián y ha acordado enviar una delegación a la concentración que tendrá lugar hoy en la capital guipuzcoana. En esta misma línea, el sindicato abertzale LAB -del cual es delegado el hijo de la fallecida y padre de Jokin- ha realizado un contundente llamamiento a la movilización ciudadana.

Por otra parte, los radicales se han apresurado a acusar al Ministerio del Interior de la autoría del cochecito bomba. Joseba Permach, el portavoz de Batasuna, ha calificado el incidente como «un capítulo más de la guerra sucia contra Euskal Herria» y ha sugerido que el Estado ideó el macabro plan con el fin de «criminalizar a la izquierda abertzale». Ciertamente, Mariano Rajoy tiene la responsabilidad de explicar exactamente en qué sustenta su conclusión de que la colocación del artilugio asesino es un «acto clásico de kale borroka». Pero las acusaciones del partido de Otegi son una pura huida hacia adelante.

Una de las hipótesis más verosímiles apunta a que el artefacto iba destinado a herir o mutilar a algún ertzaina. Así lo cree el propio dueño del bar donde fue hallado el juguete-bomba, que en unas manifestaciones a este periódico explica que, en su opinión, «alguno de los chavales, que tenía preparado el cochecito para utilizarlo contra la Ertzaintza, entró en mi bar y se deshizo de él, para que no se lo quitasen si lo detenían». Esta teoría queda sustentada por cualquier análisis de la sangrienta trayectoria de ETA. Además, cabe señalar que las familias de los 26 niños que han muerto víctimas de acciones terroristas no han recibido siquiera un pésame de parte de quienes justifican la muerte como parte inevitable de un conflicto político. Más bien lo contrario.

El afán de los radicales por distanciarse de la mutilación de Jokin resulta, por tanto, sorprendente. Callan cuando estalla un coche bomba de verdad y se rasgan las vestiduras cuando lo hace uno de juguete. Su duplicidad deslegitima las críticas que vierten sobre Interior. Las convirtien en una muestra más de su victimismo habitual.

El caso oscuro del cochecito asesino
Por Carlos MARTÍNEZ GOARRIARÁN. Profesor de Filosofía. Universidad del País Vasco ABC 22 Agosto 2001

DE lo ocurrido el día 20 de agosto en San Sebastián poco puede afirmarse todavía con certeza, salvo que Francisca Araunzetamurgil fue asesinada por una pequeña bomba oculta en un cochecito de juguete, que también hirió gravísimamente a uno de sus nietos, de 16 meses de edad. Se ignora todavía a quién podía ir destinado este artefacto y quién lo fabricó, aunque a este respecto lo más probable, dada la absoluta falta de competencia de que disfrutan en su oficio, es que sea obra de algún miembro de ETA, probablemente uno de los especializados en «kale borroka» que campan a sus anchas por el barrio, la Parte Vieja Donostiarra, donde se ubica el bar Atxiola, receptor involuntario del artefacto asesino.

De momento se ignora si el artefacto falló en otro intento, y fue por ello abandonado con homicida indiferencia experimental, o si más bien fue dejado aposta en los lavabos, buscando la concatenación de sucesos que, efectivamente, no solo sucedió, sino que era la más previsible, a saber: que el artefacto con pinta de inocente juguete fuera recogido por cualquiera, niños inclusive, y que alguien lo accionara sin saberlo, padeciendo las consecuencias del error e ilustrando a los terroristas sobre las posibilidades prácticas de tales artefactos.

Este último supuesto no es tan improbable como puede parecer, pero si se llegara a confirmar alguna vez más allá de la sospecha (algo improbable porque es muy difícil que ETA asuma semejante fechoría, seguramente endilgada a cualquier grupúsculo ad hoc o a la conspiración del poder establecido), revelaría que los terroristas han decidido emprender acciones terroristas obligadamente indiscriminadas, donde todo se dispone y decora para una víctima tan desconocida como previsible. Imaginar que un grupo de desalmados pueda someter a la población a la zozobra de sufrir una explosión en cualquier momento y lugar, y completamente al margen de su responsabilidad o ideología, es algo que compone un panorama desde luego estremecedor, pero que no estremece a todos por igual, o al menos no por las mismas razones.

Si a cualquier persona decente le horroriza que un juguete abandonado oculte una bomba alevosa, hay dos clases concretas de personas con razones para negarse a admitir esa posibilidad, a saber: las que se creían a salvo del peligro de sufrir ellos o sus deudos un atentado gracias a su apoliticismo o simpatías políticas ultranacionalistas, y los empeñados en el País Vasco en asegurar que todo marcha razonablemente bien y que, salvo algún atentado deplorable, no deja por ello la sociedad vasca de ser una comunidad pacífica, tolerante, hospitalaria, e ilusionada, como gustan de repetir los alcaldes de San Sebastián o Bilbao en sus bandos festivos por si, a base de repetirlo, sucede el milagro.

El mismo día de los hechos, el alcalde Odón Elorza cometió el desliz inconsciente de criticar el mal efecto que hace terminar la Semana Grande con una abuela muerta y su nieto moribundo en oscuras circunstancias, como si la mala imagen fuera tan deplorable como fabricar una bomba con aspecto de juguete o si los terroristas no persiguieran nada peor que chafar el autobombo municipal. Pero semejante desdichado comentario forma parte del hábito de anestesiar a la población ante los excesos terroristas con discursos de sosiego, silencio y despistes deliberados varios, como el cometido por los que insisten en llamar «juguete pirotécnico» a la bomba asesina de Francisca Araunzetamurgil.

La mayor insistencia y perseverancia en la anestesia social ante el terrorismo procede, como es obvio, de los empeñados en tratar la aparición del juguete homicida como un accidente misterioso cuya responsabilidad cabe achacar a múltiples causas, disolviendo así la probabilísima autoría etarra (y en todo caso terrorista, sea cual sea la sigla que vaya detrás) en un maremágnum de posibles aunque rocambolescas explicaciones (venganzas, imprudencias, casualidades trágicas) tomadas de novelas negras dedicadas a teñir la novela vasca de color de rosa, llegando a presentar a la víctima como causa de su propia muerte por manipular de modo imprudente un sofisticado, aunque por sí inofensivo, modelo automovilístico.

Los mayores esfuerzos en la disolución de lo sucedido proceden, como era de prever dados los antecedentes, de la Consejería de Interior del Gobierno Vasco, cuya función principal es, como ya he tenido ocasión de comentar en esta página, tranquilizar a la población quitando importancia al terrorismo y hacer como que hace sin hacer nada serio a ese respecto. En efecto, tras las primeras noticias de testigos presenciales coincidentes en que habían oído una pequeña explosión en el interior del automóvil afectado, Interior del Gobierno Vasco dedicó sus mayores esfuerzos a relativizar el dato e incluso a negarlo. Acaso eso explique por qué se negó el acceso y la investigación de lo sucedido a guardias civiles desplazados allí a tal efecto, a pesar de todas las reuniones de coordinación policial celebrada por el ministro Rajoy y el consejero Balza y sus subordinados, insistiéndose después en la mentira de que no había rastros de explosivos en el escenario del suceso. Algunos políticos y periodistas vascos, de los convencidos de la necesidad de moderar, calmar y silenciar, entraron al juego hablando de «explosión casual de un juguete pirotécnico» (sic).

Así pues, hemos asistido al intento de convertir una causalidad terrorista -acto con intención criminal- en mera casualidad accidental -azar indiferente sin objetivos-. Donde hay autores de un artefacto asesino quieren poner un juguete pirotécnico divagante, y convertir a las víctimas de un artefacto criminal en afectados por un accidente complicado. Algunos se preguntarán para qué tanto esfuerzo en maquillar los hechos y en alejar la explicación más probable en beneficio de la más rocambolesca. Todo esto obedece al intento de eludir el fracaso del nacionalismo gobernante en su obligación de mejorar la seguridad, investigando y persiguiendo a fondo a la «kale borroka». Y también -coherente con lo anterior- al interés un tanto estúpido por quitar gravedad a un terrorismo, a una apología de la violencia con la que, en realidad, se nos invita a coexistir bajo la fórmula del «diálogo con todos y sin límites». Pero claro, esa coexistencia tan cómoda y canalla será imposible si algunos o todos los terroristas han decidido explorar la senda tabú del atentado indiscriminado, destinado a cualquiera, niño o abuela. Esto, que no es imposible y debemos pensar, es en cambio impensable para algunos que, por desgracia, tienen poder y nos mandan. De ahí el exorcismo del oscuro caso del cochecito asesino convertido en juguete pirotécnico mal manipulado.

El Foro de Ermua señala a Segi como responsable del crimen
MADRID. ABC 22 Agosto 2001

El presidente del Foro de Ermua, Vidal de Nicolás, considera que el juguete bomba fue preparado por alguien afín a la «kale borroka». En declaraciones a Servimedia, De Nicolás afirmó que los integrantes de la violencia callejera en el País Vasco «son capaces de esto y de mucho más», por lo que no descartó que finalmente se demuestre que fueron simpatizantes de la asociación juvenil Segi, sucesora de Haika, quienes manipularon el juguete e introdujeron un explosivo en su interior.

«Cualquiera puede hacerlo», dijo, ya que «vivimos sometidos a una represión brutal de la «kale borroka». Somos una tribu salvaje en medio de la cual se producen de vez en cuando cosas como la de ayer (por el lunes)».

No obstante, concedió «el beneficio de la duda», ya que la Ertzaitnza no ha confirmado todavía que el autor o autores del juguete bomba pertenezcan al movimiento de la «kale borroka». «Sería una sorpresa que hubieran dado un salto de esta categoría. Es tan execrable en sí mismo que les dejaría sin cobertura ninguna, incluso dentro de la propia gente de ellos», señaló. Por último, calificó de «malvado, criminal y bandido» a quien manipuló el juguete bomba y recordó que existen antecedentes de artefactos similares en el País Vasco, como el que ocurrió hace años en la playa de La Arena con un billetero bomba.

Los chicos de la gasolina ya no son tan chicos
Por Ignacio Villa Libertad Digital Libertad Digital 22 Agosto 2001

Todavía a la hora de escribir estas líneas, desde las filas nacionalistas resuenan excusas, explicaciones, declaraciones... Todavía hay quien pretende dejar las puertas abiertas a todas las hipótesis. Les cuesta reconocer que lo que ha ocurrido en San Sebastián tiene una gravedad incalculable. Todavía hay quién, desde el PNV y desde el Gobierno vasco, ha intentado apurar al máximo la posibilidad de un accidente. Y es que les cuesta reconocer que hemos vuelto a traspasar el límite de lo admisible. En primer lugar, por supuesto, por el asesinato de una persona inocente y por la gravedad de las heridas de un pobre crío de poco más de un año. Pero es que, en esta ocasión, hay una vuelta de tuerca más: es la salvajada que significa dejar un pequeño juguete en un bar, abandonado, sin destino concreto. Cualquier persona, y previsiblemente cualquier chaval, puede ser el destinatario de esa miniatura de bomba.

Todos sabemos que ETA sólo sabe asesinar. Habitualmente mata con nombre y apellidos, en otras ocasiones ha matado a “bulto”. Pero en esta ocasión ha ido más allá. Utilizar un “juguete-bomba” es entrar en una dinámica perversa, es colocar una trampa en la calle y esperar para conocer quién va a ser la víctima inocente y desconocida que pica en el anzuelo. Es la degradación más brutal que podíamos espera. Es el resultado de una vida sin escrúpulos y también sin objetivos políticos. ¿Adónde quieren llegar? ¿Qué objetivo tiene todo esto?

En acciones como esta, la culpa es de ETA. Pero no puede caer en el saco del olvido la actitud del Gobierno vasco de consentimiento al terrorismo callejero durante años. Estos son los maravillosos frutos de los “chicos de la gasolina” de Arzalluz. Es verdad que, en esta ocasión, desde el nacionalismo vasco se ha condenado lo ocurrido. Es cierto que se han convocado movilizaciones. Pero también es cierto que han apurado al máximo antes de aceptar una realidad incontestable. El Gobierno vasco ha perdido mucho tiempo, muchos años con los ojos vendados hacia el terrorismo. Está atrofiado políticamente, intenta reaccionar pero no puede. Y cuando lo hace, tímidamente, ya se encargan desde el más puro “fundamentalismo” dirigentes como Arzalluz o Egibar de recolocar las cosas en la situación inicial.

El “juguete-trampa” de San Sebastián, es el síntoma más claro de la degradación. Los terroristas ya sabíamos dónde estaban. Es el Ejecutivo de Vitoria el que tiene que reaccionar. El terrorismo callejero, alimentado ideológicamente en más de una “ikastola”, está ofreciendo ahora su cara más feroz. El rostro más cruel. Lo ocurrido en San Sebastián es el fruto de la desidia, del consentimiento, de la incapacidad del Gobierno vasco, que ha dejado de lado sus responsabilidades en el capítulo de orden público. El nacionalismo recoge ahora la terrible siembra que ha permitido durante años. Y es que ahora, quizá, Arzalluz empezará a caer en la cuenta de que los “chicos de la gasolina”ya no son tan chicos.

El juguete bomba y la colaboración interpolicial
Lorenzo Contreras La Estrella 22 Agosto 2001

No ha tardado en imponerse la versión más verosímil: el cochecito-juguete bomba que mató a una abuela y dejó desgraciado para siempre a su nieto, si es que sobrevive, forma parte de los instrumentos empleados, esta vez en San Sebastián, por la "kale borroka". Algún desalmado militante de esa ira callejera en desbandada por el barrio viejo donostiarra durante una manifestación ilegal de Batasuna, no tuvo mejor ocurrencia que dejar en un bar, abandonado, el artefacto que destinaba a la Ertzaintza bajo la apariencia de un inofensivo juguete perdido. El activismo sin moral de la ETA auxiliar inventada por "Txelis" antes de que, como buen cristiano, se le apareciera San Pablo, según dice Mario Onaindía funciona sin sentido discriminatorio, con toda la sociedad vasca convertida en potencial objetivo de su barbarie.

La acción terrorista encanalla aun más la imagen del entorno etarra y supone un nuevo paso en la pendiente del descrédito de la organización en su conjunto. Ya las elecciones vascas del pasado 13 de mayo reflejaron en las votaciones el comienzo de un descenso importante de la rama política que representa a los llamados eufemísticamente violentos.

Pero incluso cuando más se ennegrece la reputación de ese entorno etarra tiene la banda una suerte especial para convertir en mensaje político, si cabe llamarlo así, su activismo desmadrado. Cuando al juguete bomba estallaba en una calle de San Sebastián se reunían en Madrid, anticipando su programa de colaboración interpolicial, los segundos de Interior en el Gobierno central y en el Gobierno vasco, Pedro Morenés y Mikel Legarda. Una primera impresión era que ETA respondía a esta confirmación de los entendimientos entre Vitoria y Madrid, aunque la explosión fuese, desde el punto de vista del tiempo, una ocasión no elegida.

La atrocidad perpetrada en San Sebastián tiende a vigorizar la política de concertación de las distintas policías después de que, electoralmente hablando, quedara sentada la primacía del nacionalismo en la gobernación de Euskadi. Esto significa, al menos en principio, que para ETA empiezan a correr malos tiempos. Si el PNV no pierde la cabeza y, en cambio, aprovecha la ola de impopularidad etarra, más que probable a la vista de la inseguridad ciudadana que este terrorismo tercermundista comporta, la situación puede cambiar en el sentido de la liquidación definitiva del "espíritu de Lizarra". Un espíritu que se agazapa todavía en los repliegues de la mentalidad nacionalista y que podría volver a manifestarse si ETA, inesperadamente, iniciara otra tregua-trampa como una especie de condescendencia con el sector más sabiniano del PNV, es decir, el de Arzalluz y Eguibar.

Probablemente la actual política de Ajuria Enea, con Ibarreche a la cabeza, está sujeta a plazo medio e incluso corto si alguna maniobra política soberanista la deja obsoleta. No hay que descartar esta "salida" del túnel en que el nacionalismo intransigente e independentista radical de Arzalluz se ha metido como consecuencia de la escalada etarra. La colaboración policial con Madrid tiene que provocar más de un dolor de cabeza en el Euskadi Buru Batzar. La progresiva conversión de la Ertzaintza de una policía del Estado -de las Autonomías, pero Estado- tiene que haber puesto a cien los rodillos mentales del supremo jefe ideológico. Ahí, en la agresión abierta y continuada contra la Ertzaintza, radica la transformación temporal de la situación política vasca, acercándola a las exigencias del Estatuto y de la Constitución durante un periodo que ojalá sea duradero para crear irreversibilidad práctica en determinados aspectos de la vida del Estado. Irreversibilidad que, lamentablemente, sólo será posible si el terrorismo sigue alimentando el distanciamiento entre el PNV y ETA.

Investigar el crimen hasta el final
Editorial La Estrella 22 Agosto 2001

Las últimas horas, tras el estallido del juguete bomba y su trágico desenlace, la sociedad se plantea una vez más la inquietante pregunta: ¿Cómo es posible que algo tan salvaje, tan inhumano, pueda producirse en un lugar como España, país social y culturalmente moderno, económicamente avanzado y de régimen democrático-constitucional, que, además, es miembro de la Unión Europea?. La respuesta obligada no puede hallarse más que en el reconocimiento de que en España, concretamente en el País Vasco, hay en estos momentos dos sociedades perfectamente diferenciadas: una mayoritaria, civilizada, culta y avanzada; y otra, minoritaria que, por las ya conocidas razones de fundamentalismo nacionalista radical, revela un estado alarmante de envilecimiento y de familiaridad con la crueldad que hace posible la perpetración constante de estos actos de extrema violencia.

Sin duda, lo que ha sucedido en San Sebastián rebasa todo nivel de previsiones sobre el grado de villanía del terrorismo, cualquier que sea la identidad de los autores, aunque lo más probable es que no estén muy lejos de quienes en los últimos años han probado hasta la saciedad su habilidad y destreza para la salvajada más inhumana. Que hayan salido de inmediato voces nacionalistas, radicales y menos radicales, para sugerir que la autoría de esta barbarie anda por las latitudes de la 'guerra sucia' de Estado no pasa de ser una salida personal de urgencia ante la vergüenza de tener que reconocer, una vez más, que aquí quien mata a niños, ancianos y a quien se le ponga por delante, es ETA y sus aledaños.

A propósito de estas 'voces nacionalistas', el Gobierno Nacional y el Vasco están obligados, ahora más que nunca, a investigar a fondo, con todos los medios y voluntad democrática de que sean capaces para aclarar el suceso en sus más mínimos detalles, sobre todo su autoría. Frente a las sugerencias de 'guerra sucia', que son acusaciones encubiertas de un determinado nacionalismo exculpador de ETA, el Gobierno de José María Aznar no debería descansar hasta probar el crimen cometido y desautorizar con todas las de la ley la ignominia de las sospechas.

Atacan con cocteles molotov los juzgados de Amorabieta
Efe - Amorabieta (Vizcaya).- La Razón 22 Agosto 2001

Desconocidos atacaron la pasada madrugada con «cócteles molotov» el juzgado de paz de la localidad vizcaína de Amorebieta, que resultó con daños materiales muy importantes en su interior, donde se declaró un incendio, según informaron fuentes de la Ertzaintza.

El ataque, que no provocó daños personales, se produjo sobre las tres menos cuarto de hoy cuando los violentos lanzaron varios artefactos incendiarios contra el edificio judicial, ubicado en la calle Gregorio Mendibil del municipio vizcaíno. Varios «cócteles molotov» penetraron en el interior de los juzgados y provocaron daños de importancia en varias dependencias, alguna de las cuales podría haber resultado calcinada.

Las mismas fuentes precisaron que efectivos del cuerpo de Bomberos tuvieron que intervenir para sofocar el fuego registrado, que no afectó a ningún edificio cercano a las dependencias judiciales atacadas.

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