AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 24 Agosto   2001
#La eficacia policial, el mayor enemigo de ETA
Impresiones El Mundo 24 Agosto 2001

#Golpes a ETA
Carlos DÁVILA ABC 24 Agosto 2001

#El diálogo que nos espera
Juan Calvo-Sotelo es abogado La Razón 24 Agosto 2001

#La Guardia Civil detiene al «Comando Barcelona» e incauta 200 kilos de explosivos
MADRID. Agencias ABC 24 Agosto 2001

#La operación de la Ertzaintza contra ETA desmantela un taller dedicado a la fabricación de coches bomba
VITORIA / MADRID. J. J. S. / J. P. ABC 24 Agosto 2001

#La memoria herida
ANTONIO ELORZA El País 24 Agosto 2001

#Horror al cuadrado
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón  24 Agosto 2001

#Recado de la Ertzaintza a Eta
Juan BRAVO La Razón 24 Agosto 2001

#El golpe a ETA y las incógnitas de la política nacionalista
Lorenzo Contreras La Estrella 24 Agosto 2001

#Urrusolo, llega la bestia
Editorial La Estrella 24 Agosto 2001

La eficacia policial, el mayor enemigo de ETA
Impresiones El Mundo 24 Agosto 2001

Decíamos ayer que la Ertzaintza se había apuntado su mayor éxito en una década al detener a cinco de los miembros del llamado complejo Donosti. La importancia de esta operación policial se acrecienta todavía más al saber que Javier Makazaga y Santiago Vicente Aragón eran, casi con toda seguridad, los responsables de este macrocomando de ETA. Ambos tenían bajo sus órdenes a tres grupos satélite, que podrían ser responsables de buena parte de las atrocidades cometidas por la banda en Guipúzcoa después de la ruptura de la tregua. La Ertzaintza cree que Makazaga y Aragón sustituyeron a García Gaztelu, Txapote, cuando éste pasó a dirigir todo el entramado criminal de la banda. Sólo cabe lamentar que estos dos asesinos no fueran capturados mucho antes, con lo cual se habrían podido ahorrar algunas vidas. Pero la experiencia refleja que, tarde o temprano, los verdugos acaban respondiendo de sus crímenes. Las detenciones practicadas por la Ertzaintza demuestran, una vez más, que la eficacia policial es el principal enemigo de ETA. Otro asesino que tendrá que responder de sus atrociedades es Urrusolo Sistiaga, entregado ayer por las autoridades francesas. Urrusolo, que abandonó la banda hace bastantes años, está acusado de 16 asesinatos y varios secuestros, entre ellos, el de Manuel Prado. El «etarra de las mil caras», como fue conocido por su capacidad para cambiar de personalidad, jamás se ha arrepentido de lo que hizo. Ayer se negó a responder a las preguntas de Garzón, limitándose a señalar que llevaba mucho tiempo fuera de España. Ni el paso de los años ni el abandono de la organización disminuyen la responsabilidad de este criminal, cuyos actos tampoco van a quedar impunes.

Golpes a ETA
Por Carlos DÁVILA ABC 24 Agosto 2001

El mismo efecto que me produjo ver hace años a Giscar d´ Estaing en un mitin de Aznar en Valladolid, me han causado los autoelogios que el Gobierno vasco se ha metido en el cuerpo con motivo de la detención del último asqueroso «comando» de ETA. Hay que explicarse: si Francia no hubiera tardado tantos años y años en convertir a los «refugiados políticos vascos» en asesinos, y si Ajuria Enea no hubiera tardado tanto en hacer de los «chicos de la gasolina» simplemente unos criminales, ni ETA sería hoy lo que es, ni por tanto, estaríamos hablando de una prolongación de más de 40 años. El efecto del cínico ex presidente francés en Valladolid fue lisa y llanamente repugnante para todos los que sabemos de ETA, y el de los responsables del Gobierno vasco presumiendo de una encomiable acción, tan tardía como consecuente, es malo para todos. Por eso, por tardía.

Se escribe este Repaso el mismo día en que precisamente Francia nos envía -¡ya era hora!- a uno de sus más miserables criminales: Urrusolo Sistiaga. Sólo «Paquito» y ese parlamentario disfrazado de humanista vasco que atiende lógicamente por un alias animal, «Josu Ternera», pueden echar un pulso en siniestralidad a Urrusolo, un especimen terrorista al que ETA dejó solo hace años porque el cerdo se atrevió a criticar la estrategia de la dirección. Gentes como Urrusolo han vivido en Francia como se les antojaba, como los detenidos este miércoles por la Ertzaintza han contado con el beneplácito de las autoridades de Interior vascas. Sin Francia y sin Balza e Ibarretxe estaría ETA ya mucho más derrotada. Lo terrible es que haya tenido que morir un ertzaina para que la Policía autónoma haya actuado; lo terrible es que los «borrokas» hayan matado con un cochecito-trampa para que haya caído el peso de la ley sobre ellos.

En todo caso Urrusolo ya está en España y muchos de los etarras del «comando» en prisión. Felicidades para todos. Urrusolo y sus jóvenes compinches tienen que saber que ya no van a salir de la cárcel hasta dentro de 35 años, lo que marca una legislación perfectamente democrática. Ya no habrá cerdos como «Ternera» inmunes parlamentariamente que, desde su escaño, organizan la algarada criminal en las calles del País Vasco. Toca ya que actúen los jueces y que cuanto antes se cambie ese TC del que se han aprovechado los etarras y sus conmilitones para seguir haciendo fechorías. Que Cruz Villalón esté todavía en la presidencia de ese TC es un espanto. Diga lo que diga su patrocinador, el PSOE, que también lo defiende.

El diálogo que nos espera
Juan Calvo-Sotelo es abogado La Razón 24 Agosto 2001

Las técnicas de actuación política del nacionalismo vasco, que hemos tardado demasiado tiempo en descubrir (utilización de conceptos y mensajes de común aceptación que ocultan intenciones políticas de más alcance: «diálogo sin límites», «proceso de paz», «autodeterminación», etc.) se han revelado eficaces, ética aparte. El concepto «diálogo sin límites» nació en el «Plan de Ardanza» de 1.998, se invoca permanentemente por los dirigentes nacionalistas, y ha sido uno de los pilares de la campaña de Ibarretxe en las últimas elecciones. Su trasfondo de concordia y racionalidad ha calado en la mayoría de la población vasca, en la catalana, e incluso en amplios sectores del resto de España. Esta aparentemente bien intencionada propuesta, que ha vuelto a formularse perentoriamente en el debate sobre el estado de la Nación y en el de investidura de Ibarretxe, merece una pequeña reflexión en torno a esa mesa de diálogo que no tardará en llegar.

   Empecemos por configurarla. A mi juicio, hay tres sectores que deberían tener voz en ella: a) el independentista, que no se conforma con el sistema autonómico actual; b) el autonomista, satisfecho con el Estatuto de Autonomía (por cierto, ¿cómo se las va a apañar el PNV para representar al mismo tiempo a vascos autonomistas y a independentistas?); c) el centralista, que también existe. Conviene aclarar sobre las posibles pretensiones de este sector que Arzalluz e Ibarretxe han dejado bien claro recientemente que cualquier recorte de las competencias transferidas es inadmisible y sería contestado inmediatamente con la insumisión. Aceptado esto resignadamente, nos encontramos con que los autonomistas y los amordazados centralistas confluyen a la fuerza en un mismo sector, con lo que sólo quedan dos partes para dialogar: los independentistas y los otros. Pero cada parte no representa a la mitad de los vascos, pues los puramente independentistas son, en estos momentos, minoría (aproximadamente un 34% del electorado, según el sondeo más favorable, y un 17%, según el más desfavorable). Sin embargo, como su mandatario más poderoso (PNV) mete a sus electores autonomistas en el mismo saco, porque es la tendencia de la cúpula actual, se hincha falsamente esa parte.

   Sigamos. Conformadas las partes, ¿de qué van a dialogar sin límites? Los otros podrán hacer valer, como meta o como mal menor, su aspiración o su resignación con un desarrollo pleno del Estatuto; ello es irrelevante para conseguir la «paz» porque no aplaca a los que matan (no olvidemos que de ese diálogo tienen que salir soluciones que satisfagan a los asesinos, porque si no, sobra el diálogo y bastan las medidas policiales). Al final, el único «diálogo sin límites» posible se limita a cómo desbordar la autonomía para ir aproximándose a la independencia, lo que se exige por la parte minoritaria como condición para la «paz». Todas las propuestas que aterricen en la mesa irán en esa línea. Y pregunto: ¿por qué tienen que dialogar (o negociar, dicho con más propiedad) sobre la independencia, o sobre los pasos previos, los otros, la gran mayoría del electorado, el 66%, si no la quieren? Sólo hay una respuesta: porque Eta mata por esa causa y ha impuesto el terror. Pero, dicen, detrás hay un conflicto histórico vasco que hay que resolver. Permítaseme un apunte: efectivamente, hay un conflicto, pero no tan histórico: data de 1.893, fecha en la que surgió, de la mano de un carlista resentido, un brote racista en el País Vasco, una concepción de lo vasco contra lo español, un odio enfermizo hacia España como fundamento de un nuevo movimiento político que ha prendido en parte de los vascos y que se traduce en la actualidad en el empecinamiento de una minoría de la población en imponer, por las buenas o por las malas, su proyecto nacional a la mayoría.

   ¿Qué peso tendría ese 34% de partidarios de la secesión en un clima sin tensiones? ¿tendrían fuerza para torcer la voluntad de la mayoría, para intentarlo siquiera? El nacionalismo vasco moderado (en las formas) se ha servido de Eta para representar el papel estelar de la película, para hacer de hombre bueno que abomina públicamente de la bestia en la que sin embargo se apoya porque le da fuerza, al tiempo que ofrece a las víctimas sus servicios (un diálogo sin límites) para acabar con ella. Feo. Darse cuenta de esta encerrona y denunciarlo es formar parte del «pensamiento único» y ser tachado de inmovilista, intolerante y franquista. Todavía no he visto a nadie del sector del «pensamiento plural» caer en la cuenta de que, probablemente, el desarrollo y hasta el feliz término (para los proponentes) de este «diálogo sin límites», llevaría a la mayoría de los vascos a un futuro que no desea, fruto de una negociación prisionera de la coacción.

   Nuevas declaraciones de Arzalluz tras las elecciones pulverizan, no sé si conscientemente o no, el «giro de moderación» post-electoral, el tan deseado «cambio» en el PNV: «la autodeterminación es un derecho histórico irrenunciable»; «lo de Lizarra vamos a seguir intentándolo»; «nuestro partido nació para representar a un pueblo dueño de sí mismo, y sigue siendo ésa nuestra meta»; «a aquél que piensa que con el Estatuto se acaba todo no se le considera miembro cabal de este partido»; «a aquél que piense que el Estatuto es una meta y no un medio se le indicará que cambie de partido»... Éste es el discurso de la cúpula del PNV/EA, que ha impulsado la trayectoria vasca de estos últimos años, que no ha cambiado, y que, no seamos ingenuos, no va a cambiar. Ibarretxe lo suaviza, lo enmascara, con formulaciones como: «¿ creen los vascos que tienen derecho a que les pregunten si quieren decidir su futuro?» O: «Treviño será lo que los treviñeses y treviñesas quieran»... Estos planteamientos, melifluos y trapaceros hasta la náusea, son difícilmente rebatibles desde un prisma ideal, puesto que parece que invocan a las más puras esencias democráticas, pero su perversidad es indudable porque explotan la obviedad de que todos los seres humanos, tanto individualmente como en grupos mínimamente organizados, creen que tienen derecho a decidir su futuro. Servirse de ellos, cuando lo que se busca es la secesión del País Vasco, o la incorporación del Condado de Treviño, no es jugar limpio. Todos somos dueños de nuestro futuro, pero no a costa de dinamitar la casa común. Pues de este tenor van a ser las «soluciones» que presenten los nacionalistas en la mesa de diálogo y a las que será imposible oponerse permanentemente sin el formidable coste de imagen (inmovilismo, intolerancia, etc) que ya conocemos. Sin embargo, los dirigentes nacionalistas vascos deberían ser más prudentes con esos planteamientos porque pueden volverse contra ellos. ¿Se han parado a pensar en lo fácil que sería aplicar la receta, pero a la inversa, en Álava, por ejemplo?

   Álava se está pronunciando con claridad, consulta tras consulta. En las pasadas elecciones, hubo 101.675 votos PP/PSOE y 11.361 de IU, que suman 113.036, frente a 76.312 votos nacionalistas. Esa tendencia, que va a más, revela un distanciamiento progresivo de los postulados nacionalistas. Históricamente Álava ha estado tan próxima a Castilla como a Guipúzcoa y Vizcaya. Algún cronista de la transición defiende la tesis de que Álava forma parte hoy de Euzkadi por las presiones anexionistas del nacionalismo vasco, cuando quizá se hubiera sentido más a gusto compartiendo Comunidad con La Rioja, Navarra, o la misma Castilla-León; o ellos solos. Pues bien, para el fundamentalismo nacionalista la pérdida de un «territorio histórico» es un contra-dios. Si a nosotros, españoles, nos duele la posibilidad de que el País Vasco se separe de España, para ellos, que son nacionalistas graves (acertado diagnóstico de Savater), vislumbrar la hipótesis de perder una provincia ya incorporada a la Comunidad supondría tal conmoción que les obligaría a replantear toda su estrategia. ¿Quién impide aplicar allí las edulcoradas formulaciones ibarrechianas en combinación con una de las técnicas más depuradas del nacionalismo vasco, la «construcción nacional», para sacar a la luz el «conflicto alavés», y con él, el despertar de una conciencia colectiva medio dormida, que diría Sabino Arana? A los alaveses no se les ha consultado; se les ha negado ese derecho. Son víctimas de una constante imposición nacionalista, sin contar con la aventura que les espera de la mano de la autodeterminación (de la de Euskalerría, no de la suya), aterradora para los más lúcidos y simplemente no deseada para la mayoría. Pronto se alzarán voces reclamando con justísima indignación el derecho de los alaveses a decidir su futuro. La reivindicación de ese derecho, reiterada en cuantos foros quepa, generará una creciente tendencia popular a incorporarlo al acervo alavés, con carácter irrenunciable. Nada más lógico, a continuación, que plantear en la mesa de diálogo esa sencilla propuesta, de manual nacionalista al uso, sin rubor: «preguntar a los ciudadanos de Álava si creen que tienen derecho a decidir su futuro». Y todo esto defendido a la manera ibarrechiana, abierta y dialogante, muy natural, invocando siempre la democracia como justificación última, ha de desembocar fatalmente en que «Álava será lo que los alaveses y alavesas quieran». Ya ha dado un primer aviso su Diputado General, Ramón Rabanera, al decir que, si se inicia el proceso de la autodeterminación vasca, como máxima autoridad de la provincia propiciará «el desarrollo del ámbito de decisión alavés», para que «el futuro de Álava no lo decidan otros».

   La paradoja que aguarda al nacionalismo vasco si emprende el camino de la autodeterminación, es que los mismos principios democráticos que invoca para su ejercicio le van a hacer muy difícil oponerse a su aplicación en otros «ámbitos de decisión». Si Treviño será lo que los treviñeses quieran, ¿por qué no Bilbao, San Sebastián, Irún, y otros grandes municipios ¬y comarcas¬, que votan no nacionalista? ¿Acaso no hay en Europa estados independientes con una entidad menor, en todos los sentidos, que muchos municipios vascos?: Lienchestein, Mónaco, Luxemburgo... ¿No hay también poblaciones radicadas geográficamente fuera de las fronteras de su país, como Llivia?. ¿O es que los donostiarras, los bilbaínos, los iruneses, no tienen derecho, como dice Ibarretxe, a decidir su futuro? El ámbito vasco de decisión, para vincular legítimamente a todos los colectivos de ciudadanos afectados por un proceso tan trascendente como la independencia, debe constituirse mediante la libre y voluntaria adhesión de ámbitos menores de decisión. Lo que exige un respaldo popular casi absoluto, porque si no, más que autodeterminación, se producirá una autodesmembración. El nacionalismo independentista vasco tiene que hacer un serio ejercicio de reflexión al respecto.

La Guardia Civil detiene al «Comando Barcelona» e incauta 200 kilos de explosivos
MADRID. Agencias ABC 24 Agosto 2001

La Guardia Civil, en una operación que mantiene abierta en Cataluña, ha detenido a seis presuntos terroristas integrantes de un
"comando itinerante" de ETA, según informaron en fuentes de la lucha antiterrorista.

Según estas fuentes, en la operación ha sido incautado numeroso material y 200 kilos de explosivos.

El vicepresidente primero y ministro del Interior, Mariano Rajoy, y el secretario de Estado de Seguridad, Pedro Morenés, han estado
siguiendo los detalles de la operación durante toda la madrugada. 

El ministro Rajoy tiene previsto ofrecer en Galicia una rueda de prensa para explicar los detalles y pormenores de la operación
desarrolada por la Guardia Civil.

La operación de la Ertzaintza contra ETA desmantela un taller dedicado a la fabricación de coches bomba
VITORIA / MADRID. J. J. S. / J. P. ABC 24 Agosto 2001

Los «liberados» Francisco Javier Macazaga, «Txema», y Santiago Vicente Aragón, eran los jefes del actual «complejo Donosti». Pese a que algunos de sus «taldes» han conseguido, de momento, huir, la´ Ertzaintza está en disposición de esclarecer prácticamente todos los atentados cometidos por ETA en Guipúzcoa desde 1998. Uno de los grupos desarticulado actuaba como «comando roba coches».

Las investigaciones abiertas por la Ertzaintza han permitido conocer que los miembros «legales» Luis María Carrasco e Ibón Echezarreta realizaban labores para ETA desde 1996 a las órdenes de Francisco Javier García Gaztelu, «Txapote», cuando este se encontraba al frente del «comando Donosti». Tras la huída de «Txapote» a Francia, los «legales» se quedaron descolgados de la banda. Posteriormente, en 1998, fueron captados por Macazaga quien, junto a Santiago Vicente Aragón, habían recibido órdenes de la dirección de ETA de coordinar el «complejo Donosti». Se da la circunstancia de que Aragón formaba parte de la cuadrilla de amigos, en Pamplona, de Juan Luis Rubenach, que en 1998 actuó como «dinamizador» del «complejo Donosti».

La Policía autónoma cree que de Francisco Javier Macazaga dependían varios «taldes» y de Santiago Vicente Aragón otros tantos. Entre ellos no tenían relación orgánica, de forma que la caída de uno no arrastrara la del resto. El hecho de que la Ertzaintza haya podido detener en esta operación a los dos «liberados» es lo que ha permitido el desmantelamiento de dos de estos grupos, ésto es, los que cubrían las comarcas de Lasarte-Tolosa y del Goyerri. Sin embargo, han podido eludir el cerco otros «taldes», como los que tendrían su ámbito de actuación en la costa guipuzcoana, San Sebastián y la zona de Rentería-Oyarzun.

OTRO TALLER PARA COCHES BOMBA
El «talde» del Goyerri desarticulado estaba integrado por Oskorbi Jáuregui, detenida el miércoles, y Odei Galarraga que de momento ha conseguido huir. Ambos actuaban como un «comando robacoches» y dependían del «liberado» Santiago Vicente Aragón. Disponían en Zaldivia de un garaje en el que ocultaban los vehículos robados y en algún caso los convertían en coches bomba para suministrárselos a otros «taldes» encargados de cometer los atentados. En el interior de este garaje registrado ayer, la Ertzaintza encontró placas de matrículas falsas, así como veinte kilos de dinamita y herramientas para forzar las puertas de los turismos. Se cree que Odei Galarraga, a quien los agentes no tenían controlado durante las investigaciones, huyó , tras conocer la captura de Oskorbi Jáuregui, a bordo de una furgoneta robada que ocultaban en esa bajera con la intención de confeccionar un segundo coche bomba.

Las declaraciones de algunos de los detenidos está permitiendo a la Ertzaintza el esclarecimiento de la práctica totalidad de los atentados perpetrados por ETA en Guipúzcoa desde 1998 aún no resueltos, aunque en algunos casos varios de sus autores hayan conseguido huir.

Algunos de los arrestados han reconocido su participación en los asesinatos del concejal de UPN en Leiza, José María Múgica, del mando de la Ertzaintza Mikel Uribe, en Leaburu, del subteniente, Francisco Casanova, en Berriozar, del edil del PSE en Lasarte Frolilán Elespe y del ex gobernador civil de Guipúzcoa, Juan María Jáuregui, en Tolosa.

Al grupo que actuaba en la costa guipuzcoana a las órdenes de Macazaga, algunos de cuyos integrantes huidos han sido identificados, se le relaciona con el asesinato del presidente de ADEGUI, José María Korta, con la destrucción de una discoteca en Zumaya, propiedad de unos familiares, y con la bomba que ETA colocó en el cementerio de Zarauz con el objetivo de eliminar a los dirigentes del PP.

Al «talde» de San Sebastián dirigido por Macazaga se le atribuye el atentado frustrado contra los periodistas Aurora Inchausti, Juan Palomo y el hijo de ambos, así como el coche bomba dirigido contra el concejal socialista Iñaki Dubreuil, que costó la vida a dos trabajadores; el asesinato del director financiero de El Diario Vasco, Santiago Oleaga; del cocinero Ramón Díaz, y la colocación de una bomba trampa, tras el lanzamiento de granadas, cerca del cuartel de Inchaurrondo que hirió a diez agentes. Asimismo, al «talde» de Oyarzun-Rentería se le relaciona con el atentado con bomba trampacontra el cuartel de la Guardia Civil de Irún. De Macazaga también dependía el «comando Gaua», desarticulado después de asesinar al ertzaina Iñaki Totorika. Al «comando» se le ha incautado placas de Policía y carnés de afiliación del PP y UGT falsos.

En algunos casos, la información que tenían los detenidos sobre objetivos, que incluía a ertzainas, periodistas, políticos y empresarios, estaba muy elaborada. Ayer fue puesta en libertad Susana López, novia de Ibón Echezarreta. Precisamente, el hecho de que ambos se fueran a casar el próximo sábado y tuvieran previsto irse de luna de miel fue, junto a la preparación de un atentado inminente, la causa que aceleró la operación.

La memoria herida
ANTONIO ELORZA El País 24 Agosto 2001

Antonio Elorza es catedrático de Pensamiento Político de la Universidad Complutense.

Las recientes condenas de dos militares, el serbio Krstic, por la matanza de Srbrenica en Bosnia, y el español Rodríguez Galindo, por la tortura y asesinato de dos etarras, vuelven a poner sobre la mesa cuestiones que, por desgracia, han estado una y otra vez presentes en la historia del pasado siglo: la propensión de quienes monopolizan el uso de la fuerza a ignorar los derechos humanos, la asociación entre nacionalismo étnico y barbarie, y, en fin, el papel creciente que adquiere la memoria colectiva en la afirmación de la justicia.

La violencia fue siempre un componente de la historia de los hombres, pero sólo en el siglo XX la revolución experimentada en la comunicación y en la imagen hizo posible el acceso generalizado a sus representaciones. Se hizo visible para todo el mundo. Como contrapunto, en los regímenes terroristas, dictaduras fascistas o estalinismo se fundían irracionalidad ideológica y racionalidad técnica. Los primeros hornos crematorios que pueden contemplarse en Mauthausen, al servicio de la lógica de exterminio nazi, son todavía la versión siniestra de una instalación de panadería. Ausch-witz es ya una monstruosa fábrica de la muerte, como el Gulag. Innovación técnica y destrucción fueron rasgos definitorios de los totalitarismos, pero su estela no desaparece en Núremberg. La siniestra conjunción presidió la intervención norteamericana en Vietnam, en los años sesenta, y vuelve a estar presente hoy en los territorios palestinos ocupados ilegalmente por Israel. Los asesinatos preventivos y las represalias que ordena el Gobierno de Ariel Sharon sobre los terroristas palestinos y la población civil, por medio de disparos 'inteligentes' desde helicópteros y aviones de combate, muestran, en la misma línea, la sofisticación que puede alcanzar técnicamente una política criminal. Desde su perspectiva, para nada cuentan los niños muertos en el curso de las operaciones, ni la ilegalidad flagrante de sus ejecuciones sin juicio, ni siquiera la oleada de terrorismo fanatizado que está provocando entre los palestinos y cuya barbarie es asimismo condenable. Sharon ignora el papel que desempeña la imagen en el marco de unas comunicaciones y de una información mundializadas. Es sobre todo la visión de los cadáveres infantiles lo que suscita en el espectador una inmediata reacción de condena, a pesar de la vocación de equidistancia de tantos comentaristas comprensivos con ese centinela de Occidente que desde 1967 se burla, poniendo en peligro la propia supervivencia con el respaldo norteamericano, de los acuerdos de la ONU y de los compromisos contraídos. Una vez más, como en el cuadro de Goya sobre los fusilamientos del 3 de mayo, ante la barbarie organizada, queda el recurso de la linterna que arroje luz sobre sus actuaciones. Con la esperanza de ver un día al líder sionista como visitante forzoso de La Haya.

Así las cosas, la memoria herida por la acumulación en el siglo de tantos actos de brutalidad adquiere una dimensión punitiva, con rasgos que algunos pueden juzgar como censurables. En este sentido, argumentan de forma plausible que la ley del Talión no es la justicia, y que no van a volver a la vida los judíos franceses gaseados en los años cuarenta, los argelinos destrozados por las torturas de Massu o los militantes de izquierda eliminados en Chile en 1973 porque unos ancianos, otrora verdugos, acaben sus días en prisión. Contempladas las cosas de este modo, los muertos son los muertos, buenos sólo para el dolor, y éste no debe alentar la venganza. Ocurre, sin embargo, que en este caso la citada dimensión punitiva es, simplemente, instrumental. Importan ante todo dos objetivos: primero, poner fin a la presunción de impunidad de que se beneficiaron siempre aquellos que ejercían el poder, y segundo, grabar en las mentes de los hombres una idea de justicia de alcance universal y destinada a garantizar la afirmación de los derechos humanos.

Son propósitos que, a su vez, se constituyen en la clave de bóveda de una política democrática, necesariamente activa tanto en el orden interno como a escala mundial, frente a todo síntoma de fascismo, de racismo o de violación de los derechos humanos. A sabiendas de que cualquier transigencia en este terreno determina un proceso de degradación moral de la sociedad o de los colectivos que la asumen. Tuvimos entre nosotros buena ocasión de comprobarlo cuando saltó a la luz pública el caso GAL a mediados de los ochenta, y personalidades y grupos por encima de toda sospecha aceptaron, eso sí, casi siempre en privado, que el Estado de derecho quedara temporalmente sepultado en cal viva. De ahí la pertinencia de que el procesamiento y la condena del llamado GAL verde constituya un hito en la memoria colectiva de nuestra democracia, como punto de inflexión en el tratamiento del problema ETA. A partir de ese instante, toda ambigüedad carece de fundamento y la oposición a la estrategia del terror y de la intimidación, puesta en práctica por el nacionalismo radical, pasa a constituirse en eje de la política democrática en Euskadi.

La memoria de las víctimas se convierte de este modo en agente principal de la recuperación de la justicia y del mantenimiento de la democracia seriamente amenazada en tierra vasca. Lo mismo cabría predicar del escenario balcánico, en el cual, si bien los verdugos serbios fueron los protagonistas, no por eso han de gozar de impunidad los croatas o bosnios musulmanes. Desde esta tríada historia-memoria-justicia resulta posible trazar una clara divisoria, en el plano político, con los demócratas de un lado y genocidas y criminales de otro, siempre sin excluir la actuación contra quienes desde el bando de las víctimas pudieran también violar los derechos humanos. Justamente es esta depuración de responsabilidades la base para distinguir inequívocamente las situaciones respectivas. El ejemplo lo tenemos bien próximo. Para la justicia española, los guardias civiles implicados en la tortura y asesinato de Lasa y Zabala son responsables de gravísimos delitos, por encima de la bondad de la causa que pudieran defender contra el terror; en cambio, para Arnaldo Otegi y los suyos, la etarra muerta al manipular un artefacto mortífero es una heroína de la causa nacional vasca, un ejemplo a imitar en la siembra de la muerte. Son dos lógicas opuestas, la del Estado de derecho y la del crimen político. La deshumanización radical, característica del nazismo, alcanza aquí el grado de plenitud que antes lograra en el asesinato de Miguel Ángel Blanco o en el secuestro de Ortega Lara.

En este contexto, corresponde a la historia la triple función de analizar el papel jugado por la memoria colectiva -historia de la memoria-, dar solidez a sus componentes fundamentales -constituir sus referentes, por ejemplo, al convalidar la existen cia del genocidio armenio o del proceso que lleva del antisemitismo nazi a Auschwitz-, y, por último, de poner al descubierto los fraudes de una memoria manipulada. Es éste un enfrentamiento inevitable casi siempre en el caso de las ideologías nacionalistas, que a partir de una operación selectiva dibujan un cuadro idílico de los propios antecedentes y modifican o encubren todo aquello que pudiera resultar problemático. Y enfrentamiento también, aunque muchas veces infructuoso en cuanto a resultados, con los intentos de forjar una memoria histórica basada en el mito o en analogías infundadas. La imagen, tantas veces repetida, de una paradisiaca revolución social reventada por el estalinismo, codificada por Ken Loach en Tierra y libertad, o la reciente consideración de jóvenes fachas de la División Azul o del Corpo di Truppe Volontarie mussoliniano, al mismo nivel que los voluntarios de las Brigadas Internacionales, todos ellos 'extranjeros de sí mismos', serían muestras de esa mitificación deliberada del pasado con que tropieza la historia, en su acepción originaria de investigación y explicación.

Por sí sola, la historia no crea la libertad, pero, como contrapartida, el adanismo es el supuesto de la opresión y de la injusticia. Volviendo al tema central de la política internacional en el mundo de hoy, sin la memoria de lo que ha sido la política israelí desde Oslo, al incumplir una y otra vez los propios compromisos y fragmentar hasta el límite el posible territorio palestino, y lo que representó siempre la estrategia de la brutalidad tecnificada de Sharon desde los días de la ocupación de Líbano, la crisis aparece como la simple confrontación de dos violencias. Resulta entonces posible contemplar el conflicto desde la equidistancia, e incluso admirar los asesinatos quirúrgicos (sic) y el fracaso de la 'chusma de Arafat', como hacía en este mismo diario cierto E. N. Lutt-wak. Y respaldar la recomendación de Bush, que Europa y América tengan allí una sola voz (la suya). En una palabra, sin la memoria histórica sólo hay sitio al enjuiciar el conflicto palestino para la infamia y el error, aceptando la destrucción de un pueblo. De poco valdría condenar a Krstic o a Milosevic si este crimen contra la humanidad también se consuma. La nueva concepción de una justicia mundializada no admite la amnesia selectiva.

Horror al cuadrado
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón  24 Agosto 2001

El extraño episodio del juguete asesino ha introducido una nota de desconcierto, como si en un morboso intento de crear el absurdo dentro del absurdo, una mente desquiciada, aún más enferma que las que habitualmente animan el llamado Movimiento Vasco de Liberación Nacional, haya querido estirar el límite de la intrínseca perversidad en la que amanecen cada mañana los tres territorios históricos. El abandono de un cochecito de cuerda por rotación de sus propias ruedas, un mecanismo clásico que nos devuelve a una época en la que no existían las baterías recargables ni los mandos de teledirección, en los lavabos de un bar de barrio tras haberlo transformado en una pequeña máquina de muerte, no ofrece al análisis de las posibles motivaciones de acción tan repulsiva otra salida que la perplejidad impotente. Todo en este crimen sádico conduce a interrogantes sin respuesta. La naturaleza del objeto, portadora de una altísima probabilidad de que la víctima fuese un niño de corta edad, el lugar en el que lo dejó su siniestro artífice, muestra inequívoca de que no estaba dirigido contra un blanco específico, la total desconexión del método empleado con los cauces acostumbrados por los que discurre la maldad etarra, una incongruencia tras otra que al final trazan una estela sangrienta que desemboca en el estupor helado que despierta en los seres humanos normalmente constituidos el contacto con lo monstruoso.

   Buena prueba de la confusión generada está en las reacciones contradictorias de las diferentes autoridades y fuerzas políticas, cogidas sin excepción a contrapié por un delito de estas características. Así, el Ministerio del Interior, atribuyendo de inmediato la autoría en un reflejo tan automático como comprensible a los practicantes de la kale borroka, la consejería vasca competente y el PNV, manifestando sin ambages su escepticismo ante la hipótesis de un origen abertzale para el mortífero juguete, y el mundo batasuno, lanzando irresponsablemente la sospecha de que estamos ante un ejemplo de guerra sucia de la inteligencia del Estado. Esta vez la condena ha sido unánime, cosa bastante lógica teniendo en cuenta que el hijo que ha perdido a su madre y el padre que ha visto espeluznantemente mutilada a su criatura de año y medio son la misma persona, militante del sindicato ELA y afecto por tanto a las tesis de los terroristas.

   Un suceso, pues, capaz de elevar al cuadrado el horror que cotidianamente nos obsequia el ultranacionalismo identitario vasco. Sin embargo, a poco que se reflexione, no es tan raro que semejante despropósito se haya producido. La situación vasca está impregnada sin remisión de locura y la demencia acaba generando en los que viven sumergidos en ella pensamientos y actos inexplicables, incluso desde la perspectiva de esa misma insania. Del árbol insensatamente sacudido ya no caen nueces, sino camisas de fuerza.

Recado de la Ertzaintza a Eta
Juan BRAVO La Razón 24 Agosto 2001

Entre todas las claves analizadas en la última operación de la Ertzaintza contra el «comando Donosti» de Eta, con la caída del talde «Inteligencia» una en la que se puede hacer especial hincapié es que este grupo terrorista era el probable asesino del mando de la Policía Autónoma vasca, Mikel Uribe. Es tradición en muchas policías de todo el orbe demostrar a sus enemigos en el mundo de la delincuencia que es capaz de protegerse con total firmeza de los ataques. Así lo ha demostrado hasta la saciedad la policía estadounidense, aunque, sin ir tan lejos, sólo haya que recordar cómo ha reaccionado la Gendarmería francesa cuando alguien se ha atrevido a cruzar la línea y asesinar a uno de sus compañeros. Es sabido que, en esos casos, las policías han de demostrar que tienen el monopolio de la fuerza que les otorga el Estado de Derecho, porque, si no lo hacen, pasarían a ser carne de cañón en una guerra callejera abierta con los grupos de delincuentes. La Ertzaintza, aquí, ha dado un mensaje a la banda terrorista, que es independiente de las operaciones políticas que haya después en el mundo del nacionalismo

El golpe a ETA y las incógnitas de la política nacionalista
Lorenzo Contreras La Estrella 24 Agosto 2001

El golpe propinado a ETA por la Ertzaintza podría ser en España la noticia del verano e incluso del año. Si, junto con el paro, el terrorismo etarra es nuestro principal problema, no hay que esforzarse mucho para comprender la trascendencia de lo ocurrido en Zizurkil, Lasarte y Zaldibia. La caída del comando "Buruntza" y la importancia del material capturado es menos significativo que el hecho de haberse iniciado una cooperación policial entre Madrid y Vitoria. El otro día me referí a la quema de las naves por parte del PNV. Ahora empieza a olfatearse el humo. Es de esperar que no sea sólo el rastro de un incendio en el seno de la organización nacionalista, sino el principio de consolidación de una línea política capaz de romper con el aventurerismo soberanista excesivo y la complicidad con ETA iniciada en Lizarra.

Demostrarle a la banda que las promesas de Ibarreche sobre la prioridad de la lucha antiterrorista no eran una simple argucia electoralista puede producir un efecto alternativo: o bien una recapacitación de la dirección etarra que le incline a ganar tiempo con una nueva tregua-trampa, o, por el contrario, una radicalización todavía mayor de la violencia que significaría el último y desesperado intento de supervivencia de la organización terrorista y su sistema de intereses.

Es lógico que se le busquen explicaciones al cambio de actitud nacionalista, si es que de cambio duradero se trata. Podría pensarse que han influido varias causas, entre ellas -y no la menor- la desaparición de Mayor Oreja como ministro del Interior. Pero más poderoso parece otro motivo, concretamente la ofensiva etarra contra la Ertzaintza, con su valor de aviso al PNV sobre lo que al propio partido le esperaría en un futuro no demasiado lejano.

En este sentido, jugarse los nacionalistas democráticos el ser o no ser de su poderío parece más decisivo y determinante que el respeto a la voluntad electoral manifestada en las urnas del pasado 13 de mayo. La nueva estrategia, caso de confirmarse, no podría ser entendida sin la voluntad y el apoyo de Javier Arzallus, cuya mente, mucho más fina que la de su adlátera Joseba Eguibar, habría operado el comienzo del milagro. Todo menos creer que Ibarreche, con su equipo de Ajuria Enea, de acreditada docilidad ante los criterios del jefe, se ha sentido autónomo dentro del nacionalismo vasco y depositario supremo de su confianza.

Precisamente la esperanza de que Arzallus esté plenamente detrás de este aparente giro político sería la que diese solidez al nuevo escenario. Pero, la prudencia aconseja no hacerse ilusiones. Habría que esperar a las grandes festividades y ocasiones nacionalistas, el Aberri Eguna y el Alderdi Eguna entre ellas, con los mensajes adyacentes de los líderes peneuvistas, para confirmar la tendencia a la materialización de un sueño de pacificación, ligado por supuesto a la derrota de ETA.

A fin de cuentas, la doctrina es la doctrina, y los excesos retóricos de los discursos y mensajes no tapan la profunda filosofía que los animan. A veces la retórica y el énfasis coyuntural son menos superficiales de lo que suele decirse. Lo que queda del año en curso y toda la longitud del 2002, año capicúa, darán la medida de cómo se administra la droga del nacionalismo de raíz sabiniana. La apuesta del PNV por un serio proyecto de sofocación de ETA marcaría el nuevo "tempo" de las aspiraciones nacionalistas, sin la permanente presión del terror. Todo ello acompañado de un nuevo estilo. La verdad es que a José María Aznar le habría venido Dios a ver.

Urrusolo, llega la bestia
Editorial La Estrella 24 Agosto 2001

E
n la cárcel, que es su destino natural, se encuentra José Luis Urrusolo Sistiaga. Acaba de ser entregado por las autoridades galas y ya ha estrenado su celda en la prisión de Soto del Real, de donde es de esperar que no salga, como no sea para entrar en otra. Como malhechor, ha pasado cuatro años en las cárceles francesas. Ahora, la policía y las pruebas le señalan como criminal peligroso al que se imputan 16 asesinatos, secuestros y otras bestialidades.

Las noticias dicen de él que es un dirigente histórico de ETA y que, a juzgar por el balance negro de sus crímenes, es uno de los más sanguinarios pistoleros que ha tenido esta banda de alimañas en toda su existencia de terror. Leer su diabólica biografía en las informaciones del día es como someterse a la pesadilla de bucear en la conciencia perversa de un ser que amontona monstruosidad tras monstruosidad en su obsesiva carrera por alcanzar alguna vez lo que el nacionalismo radical vasco entiende por la 'libertad' de su patria. Entre los datos de su currículum reveladores de la psicopatología del individuo, se dice que estudió en el colegio "El corazón de María", de San Sebastián, hoy convertido en Ikastola vasca.

Cuentan que cuando fue detenido, en 1997, en Burdeos, felicitó por 'su éxito' a los gendarmes franceses pavoneándose de ser un alto jefe de ETA y, por tanto, un valioso objetivo para ellos. Por esta reacción se puede intuir que al repugnante sanguinario le movía seguramente más su enfermiza vanidad de jefe que la búsqueda real de un mejor futuro para su gente y su país. Su ambición 'política' queda reflejada en numerosos conflictos domésticos con los otros 'jefes' de la banda. A través de ellos se acredita, dentro y fuera de ETA, sus especiales ambiciones de poder, una de las razones por las cuales, en un momento determinado, la dirección de la banda llegó a expulsarlo.
Este retrato del monstruo da la medida del delincuente y, en cierto modo, de todos cuantos desde esta banda de forajidos han venido asesinando sin pausa hasta lograr la más terrible página de horrores que se conoce en Europa después del nazismo. Así que bien está que la bestia siga entre rejas.

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