AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 20 Septiembre   2001
#Cobardía y terrorismo
José A. SENTÍS La Razón  20 Septiembre 2001

#Abrir los ojos
Ignacio Villa Libertad Digital 20 Septiembre 2001

#Guerra al terrorismo
Antonio GARCÍA TREVIJANO La Razón 20 Septiembre 2001

#El fundamentalismo
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 20 Septiembre 2001

#PRIMERA CRISIS PARA IBARRETXE
Editorial El Mundo
20 Septiembre 2001

#Respuesta difícil
Alejandro MUÑOZ-ALONSO La Razón
20 Septiembre 2001

#LOS TRES FRENTES DEL CONFLICTO
Impresiones El Mundo 20 Septiembre 2001

#No habrá guerra de civilizaciones
BERNARD-HENRI LEVY El Mundo
20 Septiembre 2001

#ETA destruye con una bomba la sede de la Seguridad Social de Zarauz
SAN SEBASTIÁN. ABC 20 Septiembre 2001

#Bruselas da «luz verde» al proceso para la entrega rápida de terroristas en toda la UE
Javier Jiménez - Bruselas.- La Razón 20 Septiembre 2001

#Nuestros talibanes
Enrique de Diego Libertad Digital 20 Septiembre 2001

#Malo para ETA
PATXO UNZUETA El País 20 Septiembre 2001

Cobardía y terrorismo
José A. SENTÍS La Razón  20 Septiembre 2001

La forma políticamente correcta de juzgar el terrorismo es asociarlo a todo mal sin mezcla de bien alguno. De ahí que los atentados integristas hayan sido calificados de cobardes (entendiendo el valor como virtud) y que se consideren así cobardes los atentados de Eta. Pero es una simplificación que habría que aclarar. Para empezar, hay que diferenciar a los agentes del terror de sus inspiradores. Porque, desde un punto de vista lógico, mal se puede llamar cobarde al que es capaz de sacrificar su vida en un empeño, aunque éste sea abominable. Sin embargo, sí puede considerarse cobarde quien no es capaz de responsabilizarse del acto cometido.

   El terrorismo integrista utiliza el valor de los suicidas como estrategia. Pero sus ideólogos prefieren la cobardía como táctica.

   En los actores del terrorismo etarra, por el contrario, la cobardía viene de ellos mismos, porque quieren matar sin riesgo. El valor está en sus ideólogos, porque dan la cara, y sólo por milagro (y por dejación de la sociedad) nadie se la parte. Pero es valor. Porque hay que tenerlo para aparecer en todos los medios como cómplices de asesinos y aguantar el tipo: como los «Terneras» al uso, como los abogados de etarras, como los cabecillas batasunos. Todos ellos permanecen impertérritos y desafiantes ante la Fiscalía del Estado, ante los jueces. Les retan diciendo: «No os atrevéis con nosotros, los cobardes sois vosotros». Son dos terrorismos, por tanto, y son dos tipos de utilización del valor y de la cobardía. Puestos a entender, entiendo más a los pistoleros etarras, pusilánimes y arrugados, temerosos del castigo y escondidos tras el mando a distancia del coche bomba. Tienen una miseria moral comprensible; son una escoria razonable. Tienen miedo al castigo porque creen en él. Y admiro la chulería de sus cabecillas, porque administran con sabiduría la cobardía social. No sólo no tienen miedo, sino que inspiran miedo a los demás, siempre preocupados por otorgarles concesiones para que les permitan vivir sin riesgo.

   Los terroristas suicidas de religiosidad fanática están en otra galaxia. Carecen de miedo, porque su reino no es de este mundo. Los que lo tienen, aunque presuman de relación directa con la divinidad son sus inspiradores. Los jefes económicos y políticos del integrismo terrorista no tienen lo que hay que tener. No es que no arriesguen su vida; es que ni tan sólo se juegan su dinero en Bolsa. Los respetaría si se inmolaran ellos, o inmolaran sus capitales, en la catarsis universal que promueven. Pero no lo hacen, porque son unos cobardes, probablemente avariciosos. Yo les propondría el suicidio, porque con él se ganarían setenta y dos vírgenes en el cielo. De hecho, no comprendo que no se inmolen. Les animo a ello, para estar a la altura de sus discípulos o, al menos, para que éstos no se den cuenta algún día de que han sido los tontos útiles de unos cobardes ambiciosos, así en la tierra como en el cielo.
 

Abrir los ojos
Por Ignacio Villa Libertad Digital
20 Septiembre 2001

José María Aznar ha dado un paso más. El presidente del Ejecutivo, aprovechando la sesión de control al Gobierno, ha explicado el diseño que ha realizado sobre la lucha contra el terrorismo internacional. Aznar ha descorrido la cortina sobre el trasfondo de la llamada “coalición” internacional contra el terrorismo y por las libertades”. Aznar ha dado una vuelta de tuerca cuando ha pedido que la colaboración internacional se transforme en una acción concertada.

Este cambio, este avance, tiene importantes matices. Por un lado, significa que el concepto de cooperación exige un compromiso mayor por parte de todos los países, y por lo tanto, esa colaboración internacional deja paso a una acción concertada entre todos los demócratas. El presidente del Gobierno recupera, pues, los argumentos expuestos recientemente: no es suficiente colaborar, todos tienen que trabajar sin fisuras en la misma dirección.

El terrorismo afecta a todos, y todos debemos ser conscientes de ello. El terrorismo internacional es el mayor peligro para los sistemas democráticos fundamentados en la libertad. Aznar, en definitiva, ha vuelto a enviar un mensaje a sus colegas comunitarios, que el próximo viernes se reunirán en Bruselas. El presidente del Gobierno español ha recordado a los Quince que no hay razones para la tibieza y para la duda. El terrorismo necesita una acción concertada que se traduzca en una “coalición internacional”.

Además, en esta ocasión, José María Aznar ha enunciado, por primera vez y con claridad, que cuando habla de una ofensiva protagonizada por los países libres y democráticos para acabar con el terrorismo, se está refiriendo no sólo a los recientes atentados en Estados Unidos, sino también al terrorismo etarra, que desde hace tanto tiempo se sufre en España.

En esta ocasión, nadie podrá reprochar al presidente Aznar que no hable con claridad y nitidez. El presidente del Ejecutivo está asumiendo sin miedo el liderazgo en Europa, en la lucha contra el terrorismo. Mientras en otras capitales europeas se condena, pero se matiza; se ofrece ayuda, pero se condiciona; el Gobierno español está empleando con sabiduría política el tremendo atentado de Estados Unidos, con el fin de abrir los ojos a tantos gobiernos que, por comodidad, han preferido y prefieren mirar hacia otro lado.

Aznar está actuando con claridad y con buen tino en un momento delicado y difícil. Esperemos que Europa sepa estar a la altura de las circunstancias.

Guerra al terrorismo
Antonio GARCÍA TREVIJANO La Razón 20 Septiembre 2001

Según la estimación de Estados Unidos hay organizaciones terroristas en sesenta naciones del mundo. Casi la mitad de los Estados de la ONU. Los más viejos Estados de Europa figuran en esa lista negra junto a naciones sin Estado, como Palestina. La extensión de la moderna versión de acción directa y terrorífica no es fenómeno correlativo al de la expansión de las libertades públicas, tras la caída del telón de acero, como desean creer los nostálgicos del orden a toda costa. La mayoría de los movimientos terroristas nacieron bajo sistemas dictatoriales, y la noción de orden público en las democracias liberales, salvo en el habeas corpus y la proporcionalidad punitiva, que empiezan a tambalearse con los delitos de terror, no difiere del orden público de los Estados militares o de un solo partido.

   La declaración de guerra al terrorismo hay que entenderla en este contexto, no como actos bélicos contra las naciones que lo padecen y lo combaten, sino como lucha armada internacional contra las agencias de terror que operan fuera de las fronteras del país de origen, y castigo militar a las regiones donde se albergan. La palabra guerra está usada en sentido metafórico, al modo como se habla de guerra al narcotráfico, para indicar un cambio drástico en determinación y voluntad política de vencer al terror, tanto dentro como fuera de Estados Unidos, aunque sin entrar en el análisis y disolución de las causas que lo convierten en terrorismo. Por eso, el gobierno federal ha distinguido entre su tarea inmediata, la persecución y punición de los responsables del 11 de septiembre allí donde se encuentren, y la empresa de larga duración, el combate contra lo que, sin ese análisis, no pueden ser más que efectos del terrorismo. La manera de tratar la cuestión inmediata puede aligerar o agravar el problema de fondo, disminuir o acentuar las causas políticas y raciales o religiosas del terrorismo internacional.

   De momento parece que los Estados Unidos son reacios a actuar militarmente contra Afganistán, sin la cobertura de un frente musulmán antiterrorista que integre a sus aliados tradicionales (Egipto, Arabia Saudí, Emiratos) junto con la aterrada Autoridad Palestina. El problema es doble. Israel no tolera tan hipócrita falsificación de la causa antiterrorista y quedaría al margen de la acción militar. La clase dirigente de esas naciones musulmanas teme la reacción del integrismo latente y la reactivación furiosa del terror dentro de sus fronteras.

   Los ejemplos de Pakistán, con masas en la calle contra su gobierno por ser mensajero del ultimátum de Estados Unidos a Afganistán, y de las manifestaciones de júbilo en Palestina por el atentado, se toman como presagio de lo que sucederá en las naciones árabes que se involucren en ataques bélicos a un régimen musulmán. La guerra del Golfo no sirve de precedente porque en ella no estuvo en juego la cuestión religiosa. Incluso en el Estado laico turco, miembro de la OTAN (que no es una nación árabe), la masa abucheó el minuto de silencio por las víctimas que, en Estambul, precedió el partido de fútbol con el Barcelona.

   Desde la guerra de Octavio contra Marco Antonio, que decidió el apogeo de Occidente, no se había vuelto a ver en la historia el despliegue militar de un imperio para capturar un solo hombre. Ben Laden sentirá arder en sus entrañas místicas aquel terrible verso del poeta maldito: «Me he armado contra la justicia. He huido. Brujas, miseria, odio, a vosotros he confiado mi tesoro» (Rimbaud). Los que aceptan la justicia de las armas quieren la destrucción de los pueblos. Guerras civiles y fronterizas en la zona caliente no serán justas ni santas. El terrorismo encuentra en la guerra su sentido nacional. Y la intervención militar de los Estados Unidos se la puede servir en bandejas de plomo.

El fundamentalismo
FRANCISCO UMBRAL El Mundo
20 Septiembre 2001

El fundamentalismo tiene dos vectores: uno es la adhesión fija, duradera y cerrada a los libros sagrados o a cualquier cosa que se tome por tal. No sólo hay fundamentalistas del Corán o de la Biblia. Hitler era fundamentalista de Nietzsche, del Nietzsche que a él le interesaba. Yo he conocido fundamentalistas de las Rimas de Bécquer o de Gabriel y Galán. Pero no se puede ser hombre de un solo libro porque eso es malo para el hombre y sobre todo es malo para el libro.

El fundamentalismo, que suele polarizarse en torno a un libro, una religión o un personaje, no es un éxtasis de la cultura sino un éxtasis de la ignorancia. Para lo que sirve la cultura, entre otras cosas, es para disolver estos escollos o grumos de ignorancia que a veces se forman en una raza, una ciudad, una tribu, etc. El fundamentalismo es la forma extática del terrorismo, o más bien el terrorismo es la forma dinámica del fundamentalismo. La adhesión sostenida y dura a un solo núcleo de verdades o mentiras, de leyes o aleluyas, acaba criando callo en las conciencias. Cultura es dispersión, maleabilidad, sorpresa, novedad, tradición puesta al día y predisposición al error. Ahora hay unos cuantos países que no basan su persistencia en una economía, en una ideología abierta, en esa charnela que forma el pasado con la actualidad, sino que se aculatan en la tapia de un fundamentalismo más o menos histórico, pero que poco tiene de fundamental referido al mundo de hoy y sus exigencias, desde la técnica hasta la democracia.

Porque no hay que confundir la miseria o la sumisión con la crudeza del fundamentalismo. Los pobres del Tercer Mundo viven a la deriva y no tienen tiempo de echar fundamento en nada. Son los intelectuales, los monjes, los clérigos traidores, los esclavistas millonarios quienes fomentan un fundamentalismo con más o menos raíz local para, en nombre de él, lanzar a las masas a morir contra las refinadas técnicas de Occidente.

El fundamentalismo es una amalgama de acertijos y petróleo que se ha vuelto belicosa levantando incluso las banderas de la pobreza, que debieran ser las suyas pero no lo son. Caídas, desaladas las dos grandes ideologías de la modernidad, liberalismo y comunismo, van cogiendo cuerpo y estatura los fundamentalismos como consecuencia de la desaparición del gran bloque soviético que los asumía, castigaba, integraba o diluía. Ahora van por libre.

Este pistón del fundamentalismo es lo que se está utilizando contra Occidente para bien y para mal. Ahora, nos molesta bastante, y con razón, que el señor Bush pueda erigirse en capitán de una cruzada contra el Tercer Mundo, pero el fundamentalismo no sabe dialogar, no quiere dialogar y prefiere volar unas torres a integrarse en la economía y la cultura de un tercer milenio que se va a salvar por la ciencia si no se pierde por la violencia dispersa de unos y otros. El fundamentalismo tiene que comprar armas a Occidente, pero le repugna menos una pistola que un libro de Bertrand Russell. El fundamentalismo es la Edad Media que vuelve, que nos cierra el paso y cree que un avión de pasajeros es una lanza contra el corazón de América.

PRIMERA CRISIS PARA IBARRETXE
Editorial El Mundo 20 Septiembre 2001

A
penas han pasado tres meses desde que Ibarretxe formó Gobierno y ya se ha enfrentado a una crisis originada por la incorporación de Javier Madrazo. La creación de una consejería ad hoc para el líder de IU-EB ha originado un baile de competencias como consecuencia del cual ha disminuido el poder de Eusko Alkartasuna (EA).

El partido de Begoña Erratzi no ha disimulado su malestar. Gorka Knör ha acusado al PNV de «haber jugado» con su partido durante la negociación. Los tres consejeros de esta formación se han visto obligados a cambiar de cartera y a ceder competencias, mientras que el PNV ha respondido al enfado de sus socios advirtiéndoles que tienen más poder del que les corresponde por su representación parlamentaria.

Cabe preguntarse cuál es la razón por la que a Ibarretxe le compensa soportar una crisis a cambio de la entrada de Madrazo. Y la respuesta es que necesita a IU-EB como coartada para dar la impresión de que el nacionalismo vasco es capaz de gobernar con una formación no nacionalista. Lo que pasa es que el lehendakari ha hecho esta jugada en interés suyo y del PNV a costa de sus propios socios. Y el líder de IU-EB se ha prestado a la maniobra a cambio de un cargo, asegurando que su entrada en el Gobierno será un «acicate» para el PSOE. Una equivocación más de Madrazo, porque Rodríguez Zapatero dejó ayer muy claro, tras entrevistarse con Ibarretxe, que no está por la labor de superar el Estatuto, como pretende el PNV, y defendió la vigencia del pacto por las libertades y contra el terrorismo firmado con el PP.

Respuesta difícil
Alejandro MUÑOZ-ALONSO La Razón 20 Septiembre 2001

La represalia contra los terroristas responsables de la brutal matanza del 11 de septiembre, así como contra quienes les ayuden, según prometió Bush, se enfrenta con enormes dificultades, incluso después de que casi nadie duda de la responsabilidad de Osama Ben Laden. La posibilidad de que el régimen talibán entregue a quien tanto les ayudó en su momento y que es considerado como un héroe por sus fanatizados seguidores es muy remota. A esa conclusión se llega a la vista de lo que se sabe de la reunión de clérigos musulmanes afganos que va a servir para enfervorizar aún más contra los Estados Unidos a los radicales afganos, que cuentan con la ayuda de sus homólogos del vecino Pakistán. A pesar, desde luego, de los esfuerzos del régimen militar de Musharraf, que hace equilibrios por satisfacer a Estados Unidos, su aliado histórico, sin romper con los talibanes, cuyo régimen no sólo han reconocido sino que ayudaron a triunfar.

   Por otra parte, en la hipótesis lejana de que los talibán se mostraran dispuestos a la entrega de Ben Laden, las contrapartidas que exigen no podrían ser aceptadas por Estados Unidos. A pesar de que para Bush capturar a este moderno «Viejo de la Montaña» es una máxima prioridad, no se podría permitir hacer nada que consolide un régimen bárbaro, que ha generado millones de refugiados, mantiene a toda la población femenina en una situación de semiesclavitud y es incapaz de afrontar el problema del hambre que aflige a sus ciudadanos (si es que se puede hablar de ciudadanos y no de súbditos en un caso como este), agravado por la larga sequía.

   En estas condiciones a Estados Unidos sólo le queda la opción militar que, en definitiva, no podría tener otro objetivo que sustituir al régimen talibán por la llamada Alianza del Norte, arrinconada en sus reductos, próximos a Tayikistán y conmocionada todavía por la pérdida de su líder, Massud, en un atentado terrorista en el que algunos también ven la mano de Ben Laden. Las incógnitas que esta opción plantea son muchas y complejas. Los norteamericanos, basados en su experiencia y en el conocimiento de la zona, saben muy bien lo que hay que evitar, pero resulta más complicado fijar la estrategia adecuada. Bush y sus consejeros lo están discutiendo. Pero, obviamente, desconocemos los términos concretos del debate.

LOS TRES FRENTES DEL CONFLICTO
Impresiones El Mundo 20 Septiembre 2001

E
l militar: la implicación de Irak
La operación Justicia infinita se ha puesto en marcha con el envío de 100 aviones al Golfo Pérsico. Todo indica que la guerra se librará en varios frentes. Ayer, por primera vez desde el derrumbamiento de las Torres Gemelas, un alto cargo estadounidense reconoció la implicación de otros países además de Afganistán en el ataque terrorista. El fiscal general Ashcroft evitó citar a Estados concretos, pero es evidente que se refería a Irak. Aunque Bagdad ha negado tajantemente toda implicación en los atentados, existen fundadas sospechas de que el régimen de Sadam Husein podría haber sustentado o financiado al entramado criminal que dirige Bin Laden. Un contundente ataque aéreo sobre posiciones militares iraquíes serviría para presionar a Afganistán y para saciar la sed de venganza del pueblo estadounidense. Pero cualquier castigo, por justificado que sea, debe ir precedido por pruebas.

El político: el apoyo de Pakistán
La posición del general Pervez Musharraf era ciertamente difícil. El presidente paquistaní debía optar por secundar al régimen talibán en su apuesta suicida por proteger a Osama bin Laden contra la ira estadounidense o apoyar al coloso Occidental con el riesgo de desatar una tremenda reacción interna. En un notable ejercicio de realpolitik, se dirigió a la población con un discurso cargado de pragmatismo y sentido común. Habló del peligro que podría suponer para los intereses paquistaníes en Cachemira desafiar a Washington. Pidió a sus conciudadanos que antepusieran las vidas de millones de personas a la de un solo individuo y les animó a que aparcaran sus sentimientos religiosos en favor de un inteligente cálculo político. Musharraf tiene razón. Sumarse a la comunidad internacional es para Pakistán mejor opción que recluirse en la soledad de la intransigencia talibán.

El legal: entre la libertad y la seguridad
Era de prever que los atentados terroristas perpetrados en EEUU suscitarían en la población una profunda sensación de indefensión. El Gobierno de Bush ha reaccionado para paliar esta secuela del ataque, anunciando que extenderá el límite de 24 horas que está permitido detener a cualquier inmigrante bajo sospecha de haber cometido un crimen antes de pasarlo a disposición judicial. Esta iniciativa, que aún está por concretar, anticiparía un paquete de reformas legislativas destinadas a reforzar la protección ciudadana. Pero existe un fundado temor de que las prisas por responder a los atentados acaben por erosionar las más básicas libertades individuales que ampara la Constitución. Antes de introducir cambios que podrían derivar en detenciones de carácter indefinido, Bush y sus colaboradores deberían emplearse en mejorar los mecanismos de seguridad y las redes de Inteligencia.

No habrá guerra de civilizaciones
BERNARD-HENRI LEVY El Mundo
20 Septiembre 2001

S
e vuelve a hablar, en estos momentos, de ese profesor americano, Samuel Huntington [1], que anunciaba, hace unos años, tras la caída del Muro de Berlín, la aparición de un nuevo conflicto del siglo XXI: la guerra de civilizaciones contra el Islam. Creo que Huntington se equivoca. Creo, más exactamente, que las democracias sólo ganarán la guerra que acaba de serles declarada si se niegan, con todas su fuerzas, a ceder a las facilidades maniqueas de esta teoría de la guerra de las civilizaciones.

Es un hecho que los kamikazes del World Trade Center son musulmanes. Es otro hecho que una parte de la calle, desde Gaza a Bagdad, Damasco e Islamabad, ve a estos kamikazes como los nuevos mártires que vengan, con sangre, las humillaciones infligidas a la nación árabe. Y es también un hecho que hay, en el corazón mismo del Islam, como en el de cualquier corpus religioso, trozos de tradición y de textos susceptibles de ser instrumentalizados por los partidarios de lo peor.

Sería necesario, dicho sea de paso, que los intelectuales musulmanes, los doctores de la fe, las autoridades morales, políticas y espirituales del Islam se decidiesen a decirlo y a desautorizar alto y claro a los que pretenden que el atentado suicida es la vía real que conduce al paraíso. Creo, sin embargo, que Huntington y sus nuevos devotos se equivocan.

Pienso que sería a la vez criminal y suicida pisarle los talones, en medio del clima de emoción que estamos viviendo, a los teóricos de una guerra de las civilizaciones, cuya forma presente sería el choque frontal entre Occidente y el Islam. Y lo creo por toda una serie de razones teológicas, estratégicas y casi semánticas...

Semánticas: ¡Qué regalo para el terrorismo cuando se califica la guerra que nos ha declarado de «guerra de civilizaciones»! ¡Qué victoria para los asesinos el que su guerra bárbara, su guerra de incivilización se viese aureolada del maravilloso prestigio de un choque entre visiones del mundo!

Estratégicas: nadie sabe qué es lo que quiere Bin Laden. Nadie, quizás ni siquiera él mismo, conoce su programa y su proyecto. Está clarísimo, sin embargo, que su sueño es ver al mundo árabe-musulmán bascular por completo hacia el odio a Occidente, derrocar a sus dirigentes, que están a sueldo del Gran Satán, y comulgar en el culto de estos nuevos redentores. ¿Vamos, pues, a servirle en bandeja su sueño? ¿Vamos, también nosotros, a propiciar esta radicalización, que es el objetivo de su guerra, metiendo en el mismo saco al islamismo y al Islam? ¿No nos damos cuenta, en una palabra, de que el mejor discípulo de Huntington se llama hoy Bin Laden?

Teológicas, por fin: no soy, ni mucho menos, un especialista en el Islam. Pero sé, lo sabemos todos, que el Islam no es un bloque. Sé, como sabemos todos, que el Islam es, hoy como ayer, el teatro de un enfrentamiento de una excepcional intensidad entre los partidarios de la regresión y los defensores de las corrientes más abiertas que reniegan de la caricatura que algunos dan de su fe. En otras palabras, si la guerra no enfrenta a Occidente con el Islam, es porque atraviesa el interior del propio Islam.

Sólo ganaremos esta guerra si ponemos tanta energía, mañana, en saludar y apoyar a estas corrientes liberales como la que vamos a poner, muy pronto, para golpear, como se merecen, a todos los que, de cerca o de lejos, han participado en la masacre.

Una última consideración. Me resulta difícil no escribir el nombre del que fue la encarnación de este Islam liberal en lucha contra el integrismo: el comandante Masud [2]. Conocí bastante a Masud. Durante los últimos 20 años había tenido la ocasión de admirar, en ese bastión del Panshir que pensábamos inviolable, su temperamento de resistente que hacía la guerra sin amarla. Y ésta es la primera razón para rendirle homenaje. Fue asesinado, en circunstancias extrañas, unas cuantas horas antes del ataque contra Nueva York. Como si la moderna secta de los asesinos, decididamente expertos en el terror, hubiese anticipado la respuesta americana y la hubiese privado, de antemano, de aquel que, sobre el terreno, hubiese sido su mejor aliado. Y ésta es otra razón para evocar su memoria. Y, por último, cómo no pensar en ese episodio reciente y tan descorazonador.

Fue la pasada primavera. Masud salía, por vez primera, de su reducto afgano para venir a advertir, desde Francia, al mundo entero de los terribles peligros que le hacía correr el Islam de los talibán y de sus aliados. Y Francia que le recibió tan mal. Y las autoridades de la República que se escondieron de una forma tan lamentable. Y todo el mundo que, al igual que Francia, optó por no escucharle y dejar que el centinela regresase tristemente a su ejército de sombras.

Mi última conversación con Masud, la relaté en Le Monde. «¿A Bin Laden no se le puede encontrar?», le pregunté. Se inclinó sobre un mapa y puso su dedo sobre la ciudad de Kandahar: «Está ahí, en una casa que le prestó el 'mulá' Omar, en la misma calle donde vive el jefe de los talibán».

Bernard-Henri Levy es filósofo y ensayista, autor de obras como La comedia de este mundo y La pureza peligrosa.

[1] Samuel Huntington, profesor de Ciencias del Gobierno en Eaton y director del Centro de Estudios estratégicos de Harvard, es autor de El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial.

[2] Ahmed Shan Masud, comandante de la Alianza del Norte que lucha en Afganistán contra el régimen talibán, falleció en atentado el pasado 9 de septiembre, cuando dos terroristas que se hicieron pasar por reporteros de la televisión argelina hicieron estallar una bomba que llevaban escondida en la cámara.

ETA destruye con una bomba la sede de la Seguridad Social de Zarauz
SAN SEBASTIÁN. ABC 20 Septiembre 2001

Un artefacto, compuesto por dos kilos de dinamita robada en Francia, destrozó ayer la sede de la Seguridad Social en Zarauz. Expertos antiterroristas atribuyen el atentado a uno de los dos grupos «legales» que mantiene ETA en Guipúzcoa tras la desarticulación del «comando Buruntza».

La explosión se registró pasadas las doce de la madrugada de ayer sin previo aviso de ETA y causó cuantiosos daños materiales tanto en el exterior de las dependencias como en su interior, así como en el ambulatorio médico ubicado en el mismo edificio, donde a esa hora se encontraban algunas personas, y en varios vehículos.

Como consecuencia de la deflagración, las persianas se desprendieron de sus marcos y se esparcieron partes de ellas en un radio de treinta metros. La instalación de una persiana de seguridad evitó, no obstante, que la explosión afectara en mayor medida al consultorio médico situado en el mismo edificio.

Los cuantiosos daños, que podrían ascender a varios millones de pesetas, obligarán a la sede a permanecer cerrada durante al menos un mes. Mientras, las oficinas podrían ser trasladadas a algún local perteneciente al ayuntamiento de Zarauz o a alguna de las dos sedes de la Seguridad Social en San Sebastián.

La Junta de Portavoces del Ayuntamiento de Zarauz calificó el atentado como «una nueva muestra de la estrategia de terror y amenaza continua que los terroristas pretenden extender entre la población». EA, PNV, PSE y PP subrayaron, además, que los autores «han vuelto a poner en peligro la vida de personas inocentes, como las que en ese momento trabajaban en el Ambulatorio que se encuentra junto a las dependencias atacadas».

OBRA DE UN «COMANDO LEGAL»
«Ataques nocturnos, desprecio a las posibles víctimas que se pueden causar -añade el comunicado- y alarma entre los vecinos son las fórmulas que algunos han elegido para impedir el desarrollo y la vida normalizada de nuestro pueblo». Los corporativos de Batasuna eludieron condenar el atentado.

El atentado podría ser obra de alguno de los dos «comandos legales» que ETA mantiene en Guipúzcoa tras la desarticulación, el pasado mes de agosto, del «comando Buruntza». No obstante, tampoco se descarta que los autores sean algunos de los etarras que lograron huir entonces.

Bruselas da «luz verde» al proceso para la entrega rápida de terroristas en toda la UE
Los atentados contra EE UU ponen de manifesto la urgencia de tomar medidas entre los Quince
La Comisión Europea propuso ayer mejorar la lucha contra el terrorismo en la UE mediante la creación de una orden de busca y captura común a los quince Estados miembros y el establecimiento de una definición armonizada del acto terrorista, así como una armonización de las penas para los acusados por este tipo de delitos. Con la definición común se pretende evitar que los terroristas continúen beneficiándose, como hasta ahora, de las diferentes legislaciones existentes en los Estados miembros y que la solicitud de entrega de un presunto terrorista sea reconocida en toda la UE
Javier Jiménez - Bruselas.- La Razón
20 Septiembre 2001

Aunque Bruselas ha trabajado durante muchos meses con el objetivo de buscar instrumentos con los que combatir mejor en toda la Unión a bandas como Eta, los recientes atentados contra Estados Unidos han puesto de manifiesto la urgencia de mejorar la lucha antiterrorista en los «Quince».

   El trabajo de la Comisión se ha traducido en dos propuestas concretas. Por una parte, propone una definición común de lo que se considera acto terrorista y la equiparación en los quince Estados miembros de la UE de las penas, que oscilarían entre un mínimo de dos años y un máximo de veinte para los delitos más graves. Según la Comisión, la definición de terrorismo se aplicaría a las acciones que «son cometidas intencionalmente por individuos o grupos contra uno o varios países, sus instituciones o su población con intención de afectar gravemente a sus estructuras políticas, económicas o sociales».

   Con la definición común se pretende evitar que los terroristas continúen beneficiándose, como hasta ahora, de las diferentes legislaciones existentes en los Estados miembros. El comisario europeo de Justicia e Interior, Antonio Vitorino, recordó ayer que en estos momentos sólo seis países disponen de leyes o instrumentos jurídicos específicos relativos al terrorismo: España, Italia, Francia, Portugal, Alemania y el Reino Unido. Por otra parte, y una vez definido en toda la UE qué se considera delito de terrorismo, la Comisión propone actuar contra esta lacra mediante la eliminación de los procedimientos tradicionales de extradición y su sustitución por un sistema de colaboración entre las autoridades jurídicas de los diferentes países que estaría basado en la orden de busca y captura europea.

   Esta segunda propuesta de Bruselas se fundamentaría en el reconocimiento mutuo de decisiones judiciales y prevé que cuando un juez de un país solicite la entrega de un presunto terrorista su decisión sea reconocida y ejecutada en toda la UE en un máximo de 90 días. Vitorino considera que este plazo «es razonable para garantizar el respeto de los derechos y las libertades, que es una cuestión esencial en todas las democracias» y que además supondrá una mayor agilidad porque el actual procedimiento de extradición puede tardar «muchos meses y a veces años» en llevarse a cabo. El comisario explicó que en caso de que dos países reclamen a la misma persona, la solución sería «que las dos jurisdicciones lleguen a un acuerdo para garantizar la justicia» en ambos casos.

Reacciones de satisfacción
La aprobación de las propuestas por parte de la Comisión fue acogida con satisfacción por Nicolás Redondo, secretario de los socialistas vascos, y Carlos Iturgaiz, presidente del PP en el País Vasco, que se encontraban en Bruselas. Redondo aseguró que la orden de busca y captura, unida a la colaboración internacional en la lucha contra el crimen organizado, «disminuirá radicalmente el espacio de comprensión, tolerancia y cobijo al terrorismo». Por su parte, Iturgaiz dijo que cuando haya «una unidad de acción entre los estados para luchar contra el terrorismo, los terroristas van a estar más aislados». Una vez presentadas oficialmente las propuestas de la Comisión para armonizar la lucha antiterrorista en la UE corresponde a los ministros de Justicia e Interior estudiarlas y aprobar su aplicación. «mensajes catastrofistas». Francisco Álvarez-Cascos, dijo ayer en Murcia tras inaugurar el XVII Congreso de Ingeniería de Proyectos que, en su opinión, los atentados de Estados Unidos podrían acabar mejorando las relaciones entre los países árabes y el mundo occidental, y desembocar en un compromiso internacional de lucha contra el terrorismo. Alvarez-Cascos aseguró no ser partidario de transmitir a los españoles «mensajes catastrofistas».

Nuestros talibanes
Por Enrique de Diego Libertad Digital 20 Septiembre 2001

La salud vital de la nación española no está tan mal como pretenden y promueven nuestros talibanes. El 58 % de los españoles está a favor de combatir el macroterrorismo, o terrorismo genocida, al lado de los Estados Unidos. Una clara mayoría percibe la evidente realidad de que el ataque contra las Torres Gemelas y el Pentágono, es contra todos nosotros, contra eso que se llama Occidente, casi siempre para denigrarlo, a pesar de ser el motor del progreso y de la libertad personal. Han atacado a los Estados Unidos porque son nuestra defensa. Luego vendrían a por nosotros.

Después del bombardeo mediático de nuestros talibanes, resulta asombroso ese resultado en una estadística, cuando de forma tan patética se ha intentado demonizar a George Bush en vez de a Bin Laden, y se ha pretendido extender el temor, no al totalitarismo y al terrorismo, sino a las represalias norteamericanas. Chamberlain era un hombre de coraje al lado de nuestros polifemos políticamente correctos, de nuestros potmodernos de la nada (Afganistán es el modelo de la postmodernidad y el paraíso de la antiglobalización).

En este consenso de la cobardía y el síndrome de Estocolmo, so capa de moderación, se ha puesto de manifiesto el alejamiento de los supuestos líderes de opinión y de los universitarios opinadores de la realidad. La Universidad es la reserva espiritual de este talibanismo, de este quintacolumnismo contra los valores occidentales. Tanto la Universidad, como buena parte de los medios, conspiran a favor de un peculiar instinto suicida de Occidente. ¿Alguien hará a Bin Laden, ex-alumno de Oxford, doctor honoris causa?

Malo para ETA

PATXO UNZUETA El País
20 Septiembre 2001

La reacción internacional al ataque terrorista del día 11, ¿tendrá alguna influencia sobre las expectativas de ETA? Desde luego, no las favorecerá. De momento afectará a la estrategia de Lizarra: el proyecto de utilizar el condicionante de ETA para desencadenar una dinámica política cuyo desenlace sea la independencia del País Vasco.

No hay que exagerar el riesgo de emulación. Los terroristas islámicos están dispuestos a la autoinmolación, mientras que los activistas de ETA no sólo tienen pretensión de impunidad, sino que celebran sus atentados comiendo cocochas (la imagen es de Julio Caro Baroja).

Nadie se ha atrevido a defender abiertamente el atentado contra unos edificios en los que trabajaban 40.000 personas, pero el prefecto de los Pirineos Atlánticos ha demandado al semanario abertzale Ekaitza, editado en el País Vasco francés, por publicar una ilustración de las Torres Gemelas derrumbándose con esta leyenda propia de Radovan Karadzic: 'Todos lo habíamos soñado... Hamás lo hizo'. Entre las recomendaciones de Henry Kissinger para hacer frente a la situación figura la de publicar una lista de grupos terroristas y advertir a los Gobiernos de que 'cualquier país que les proporcione refugio tendrá que hacer frente' a una serie de sanciones y restricciones. 'Todos los países', añade el ex secretario de Estado norteamericano, 'deberán ser advertidos de que la apología del terrorismo por los medios de comunicación estatales será considerada como un acto no amistoso. Los aliados de Estados Unidos deben ser invitados a unirse a cualquier aspecto de estas medidas que estén dispuestos a apoyar'.

Puede ser que a algunos activistas de ETA las imágenes de las matanzas del día 11 les exciten, pero el clima político del que son expresión las opiniones de Kissinger parece poco propicio para sus fines. Según el experto surafricano Adrian Guelke, los terroristas pueden optar por retirarse por un cambio en las circunstancias o porque llegan a la conclusión de que sus objetivos son inalcanzables. Ahora hay un evidente cambio de circunstancias que tal vez favorezca que los ulemas de la izquierda abertzale concluyan que la lucha armada no da más de sí. Según algunos portavoces de Elkarri, ETA quiere buscar una salida, pero no sabe cómo hacerlo. Si esa intuición fuera certera, resultarían contraproducentes las iniciativas (como la Conferencia de Paz de Elkarri) cuyo efecto previsible sea devolver a ETA la impresión de que sus objetivos están al alcance de la mano y cuentan con la comprensión internacional; pues, a la vista de los resultados electorales y de las encuestas, esos fines sólo serían alcanzables mediante el chantaje contra la mayoría que prefiere la autonomía a la independencia, lo que es una invitación a la continuidad de ETA. La propia organización terrorista lo sabe hace tiempo, pero ahora también sabe que no logrará forzar una negociación política con el Gobierno, y menos desde que el pacto PP-PSOE blindó ese compromiso para el futuro. Por eso cambió de estrategia y pasó a dirigir su presión al mundo nacionalista para forjar un frente abertzale capaz de imponer por vía de hecho avances irreversibles hacia la independencia.

Pero esa estrategia requiere la participación de los nacionalistas no violentos, los cuales ya saben que arriesgan mucho, y ahora más, aliándose con el mundo de ETA. El Gobierno vasco ha tenido que implicarse, mediante la Ertzaintza, en el combate antiterrorista, lo que es contradictorio con la lógica del frente abertzale y hace improbable un Lizarra 2.

El clima creado por las matanzas de Nueva York y Washington no sólo reforzará las políticas de cooperación judicial y policial europeas contra el terrorismo, sino que diluye las ensoñaciones nacionalistas de internacionalizar el conflicto. En la propuesta presentada en octubre pasado por EA al PNV para sentar las bases de una estrategia soberanista compartida se plantean unos objetivos (autodeterminación, derecho a establecer vínculos asociativos con Navarra y el País Vasco francés) con la advertencia de que, 'si se produjera una negativa sistemática de los Estados' a negociarlos, 'PNV y EA se comprometen a internacionalizar el conflicto invocando los pactos sobre derechos civiles y políticos de la ONU'. Pero no parece que esté el horno para esos bollos, lo que deja a Lizarra en suspenso y a ETA sin estrategia: lo que es malo para Lizarra es malo para la continuidad de ETA.

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