AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 22 Septiembre   2001
#Golpe a nuestros talibanes
Enrique de Diego Libertad Digital 22 Septiembre 2001

#Europa responde
Ignacio Villa Libertad Digital 22 Septiembre 2001

#El enemigo en casa
Julia Escobar Libertad Digital 22 Septiembre 2001

#El terrorismo, nuestro terrorismo
JAVIER TUSELL El País 22 Septiembre 2001

#Su terrorismo (de Tusell)
Nota del Editor 22 Septiembre 2001

#Los ulema
Jaime CAMPMANY ABC 22 Septiembre 2001

#Legítima defensa
Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 22 Septiembre 2001

#Catalanohablantes
Cartas al Director ABC 22 Septiembre 2001

Golpe a nuestros talibanes
Por Enrique de Diego Libertad Digital 22 Septiembre 2001

La detención del jefe del aparato logístico etarra es un duro golpe a nuestros talibanes nacionalistas, a nuestros pequeños Ben Laden. Más porque en la evitación del robo de explosivos se limita la capacidad destructiva de la banda. Ese interés en dotarse de armamento indica que la dinamita robada en marzo ha sido utilizada o se encuentra inservible. Eso sucedía con buena parte de la que obraba en poder del comando Barcelona.

La conexión bretona no es nueva e incide en el carácter transnacional del terrorismo, en la necedad de considerar los conflictos como locales. Necedad sostenida por Francia durante décadas. Hay una solidaridad interna de los sanguinarios unidos por su odio a la libertad. Parece obvio que el robo en ciernes tenía la intencionalidad de una nueva campaña de terror, emuladora de la de los integristas islámicos.

En buena medida nuestro problema taliban tiene el mismo origen: las escuelas desde las que se predica el odio y la yihad nacionalista formando nuevos mártires-asesinos. En eso los nacionalistas moderados tienen una muy seria responsabilidad, pues las competencias educativas son suyas.

Europa responde 
Por Ignacio Villa Libertad Digital 22 Septiembre 2001

Satisfacción plena. El Consejo europeo extraordinario celebrado en Bruselas ha servido para recoger los frutos de muchos años de trabajo de España. Ha tenido que ocurrir una gran desgracia, como la de Estados Unidos, para que la actitud de los indecisos socios europeos cambie radicalmente. Europa ha comenzado a darse cuenta del verdadero peligro de nuestro tiempo: el terrorismo.

Con el susto en el cuerpo, los países europeos históricamente renuentes a la lucha antiterrorista han bajado la cabeza. Han caído en la cuenta de que no pueden seguir amparándose en la ambigüedad. Por fin, España ha conseguido su gran objetivo: el terrorismo es problema de todos y, por lo tanto, todos deben comprometerse en esa lucha.

El Gobierno español se lleva de este Consejo extraordinario el compromiso definitivo de la Unión Europea para que la orden de busca y captura común a los Quince sea una realidad en breve. Algo importante, imprescindible en la lucha contra el terrorismo etarra. Además, parece también muy importante que la Unión Europea haya aceptado la propuesta española de la creación de una gran coalición internacional, por encima de culturas y religiones, para luchar contra el terrorismo.

Con esta decisión ya no habrá excusas. No habrá santuarios, ni escondites. Y eso, para España, es trascendental. En Bruselas han perdido la batalla todos los terroristas. Pero, sobre todo, ha perdido la batalla la banda terrorista ETA. Desde ahora, ETA ha dejado de tener refugios para escapar. Esta banda terrorista ha perdido una batalla. Quizá no será la última, pero desde luego es la más importante. España se sitúa a la cabeza de la lucha contra el terrorismo en Europa. Asume un liderazgo que la Unión ha rechazado durante años. Por fin, el Viejo Continente reacciona.

El enemigo en casa
Por Julia Escobar Libertad Digital 22 Septiembre 2001
La concentración de ayer en la Puerta del Sol ha sido una vergüenza. No sólo por la tibieza de las palabras oficiales de repulsa, sino por la escasa aunque mayoritariamente hostil respuesta popular: No sé cuántas personas estábamos allí concentradas, pero se podía circular perfectamente y había más gente en las calles comerciales aledañas que en la propia plaza y, lo que es peor, la mayoría no fue a solidarizarse con las víctimas, ni a llorarlas, sino a expresar su odio por las mismas y por el país que ha sufrido la primera agresión bélica de envergadura, realizada por ejército organizado de terroristas al servicio de ciertos regímenes de determinados países a los que no pueden servir a cara descubierta por razones obvias. Un ejército que lleva operando muchos años, para empezar en sus propios territorios y contra su propia gente, porque no hay que olvidar las miles de víctimas musulmanas de Argelia, Sudán, Egipto, Irán, Afganistán, Líbano y pare usted de contar.

Los kamikazes españoles que ayer enarbolaban banderitas supuestamente de paz, algunos por la barbarie de la ignorancia y muchos a sabiendas y por pura maldad, están firmemente convencidos de que el verdadero culpable de todos esos atentados –incluidos los de las torres gemelas– es el presidente Bush, del mismo modo que están convencidos de que es el gobierno español, con su resistencia al “diálogo”, el culpable de que ETA siga matando. Lo más indignante es que los que estábamos allí de buena fe hicimos el caldo gordo, con nuestra sola presencia, a esa gentuza que si no eran mayoría al menos se hacían más visibles por la perfecta organización de sus huestes que repartían carteles pacifistas como los perversos reparten caramelos en un parvulario; carteles que expresaban su repulsa a todo, menos a los atentados del martes 11, que se condolían de la posible guerra, pero no de los miles de muertos americanos, que hablaban de víctimas, pero no de las que habíamos ido a llorar.

Mentiría si dijera que todos se dejaron engañar: muchos protestaron por la presencia de esos talibanes con piel de oveja que predicaban la paz mundial, pero, como siempre ocurre en estos casos, ellos gritaban más fuerte. Unos pocos americanos miraban desolados a su alrededor; algunos se marcharon no sin haber preguntado si la manifestación era a favor o en contra y una joven pareja, de origen hispano, ocultaba atemorizada y al borde de las lágrimas, un cartel que rezaba más o menos así: “España llora a las víctimas del pueblo americano ”. ¿España? Lo dudo.

El terrorismo, nuestro terrorismo
JAVIER TUSELL El País 22 Septiembre 2001

Las Torres Gemelas de Nueva York ya no proyectan ninguna sombra, pero junto a sus humeantes restos no sólo es preciso pensar el futuro de la Humanidad, sino también el de sociedades concretas como la nuestra. Lo que ha sucedido (y más aún lo que cabe esperar que ocurra en el inmediato futuro, si se hace bien) perjudica a ETA. Pero creo que aún más lo que ha sucedido en el propio País Vasco desde las pasadas elecciones; de cualquier modo, cabe prolongar esta tendencia a la luz de los acontecimientos norteamericanos.

Empecemos por la constatación de lo obvio, tarea nunca innecesaria al tratar de materias como éstas. Euskadi va mejor. En el pasado teníamos un panorama de éxitos policiales limitados, ausencia de colaboración de los grupos democráticos, elevadísimo nivel de decibelios en un debate político recorrido más por la adrenalina que las ideas, y carencia absoluta de perspectivas de futuro. Hoy vemos mayor eficacia de las fuerzas de seguridad, un Gobierno que se dice 'incluyente' y que, por tanto, no sólo ha roto el abismo entre las dos comunidades, sino que está abierto hacia otras opciones, más serenidad y, en general, un horizonte inmediato más despejado. Claro está que la solución no está cercana, pero quienes auguraron catástrofes inmediatas, en el caso de vencer quienes luego lograron el triunfo, deberían revisar sus puntos de vista. ¿Qué hubiera sucedido con otro resultado? Lo ignoramos, pero concédase que es improbable que en el plazo transcurrido se hubiera avanzado hasta donde se ha llegado. Y no hay inconveniente en admitir que en ello ha jugado un papel importante el reflejo de una parte de la sociedad vasca ante la movilización de otra.

Ahora me parece que el mensaje que cruza el Atlántico tras el atentado viene acompañado de dos palabras que merecería aplicáramos a la situación vasca: consenso y matiz. La necesaria respuesta norteamericana será tanto más constructiva y perdurable cuanto a mayor número de naciones alinee en su búsqueda de la justicia. Y a ello ayudará sin duda un juicio sobre los acontecimientos que evite emplear el término 'guerra' para lo que no debe ser denominado así, o identificar todo el islam a toda Palestina con el terrorismo.

Consenso y matiz debieran ser ejes prometedores de futuro al tratar de la cuestión vasca. Lo curioso del caso es que ahora prosperan más entre los grupos políticos que en los medios intelectuales. Desde las pasadas elecciones vascas hemos tenido una floración de propuestas de dureza en el tratamiento con el nacionalismo democrático que iban desde el empleo de medidas de excepción, como la suspensión del Estatuto, hasta presión económica, pasando por la más genérica y burda de 'enseñar una estaca'. No son personas irrelevantes y carentes de mérito quienes han hecho sugerencias como ésas.

Nadie ignora que quienes escribimos en este diario hemos expresado opiniones ásperamente contrapuestas sobre esta cuestión. Quizá sería el momento de superarlas. Quienes veíamos un peligro grave en la demonización del nacionalismo democrático tendríamos que ponderar aún más la angustiosa situación de los perseguidos y reconocer que su movilización, aun con un lenguaje más que discutible, ha tenido aspectos positivos. Quienes han estado en el otro lado convendría que releyeran a Koestler. Escribiendo éste acerca de los ex comunistas, aseguraba que eran como ángeles caídos que descubrían que el supuesto cielo era, en realidad, un infierno. Ése es el mérito de muchos ex etarras. Pero Koestler escribió también que entre los ex comunistas había neuróticos que llevaban en su cráneo bien instalado un Telón de Acero que les impedía un uso correcto de ese importante órgano. Eso es lo que sucede con la floración de remedos de Maeztu, pocos pero bien gritones, provenientes de la izquierda o del terrorismo, que envenenan un debate que siempre pudo ser productivo y es ahora imprescindible.

La apelación al consenso o al matiz suena como propia de chupacirios o, en general, gentes tan bobaliconas en lo moral como poco sutiles en lo intelectual. Pero, por más que se conquisten éxitos espectaculares con el desgarro, todo el mundo sabe que en esas dos palabras está más cercana cualquier solución.

Su terrorismo (de Tusell)
Nota del Editor 22 Septiembre 2001

Yo tengo que afirmar categóricamente que el terrorismo no es mío, que es un diábolico efecto que sufro, en una escala infinitamente menor que muchos valientes ciudadanos que tratan de vivir en el país vasco, pues el terrorismo que yo sufro sólo consta de amenazas, insultos, soeces, pues el beneficioso aislamiento que me permite Internet, no les da para mas, aunque también sufro una sutil marginación cuando algunos malintencionados hablan en la lengüita, por cierto artificial, consensuada e impuesta, que utilizan para recordarme que yo no pertenezco a su grupo (afortunadamente, pues me permite formar parte de grupos buenos). Pero vayamos al grano, es inadmisible que nos quiera imbuir su síndrome de Stockholm, consenso y matiz frente a dinamita, goma-2 y demás artilugios mortíferos (con una dosis suficiente de fundamentalismo o nacionalismo, cualquier objeto se convierte en tal). Es una verdadera tragedia que el grupo Prisa vaya por el mundo comprando acciones de medios de comunicación en los, a partir de tal desgracia, el sentido común y la razon se van a quedar fuera.

Los ulema
Por Jaime CAMPMANY ABC 22 Septiembre 2001

Dicho sea con todos los respetos, pero yo creo que estos ulema afganos son unos cachondos que practican el pitorreo de la exégesis teológica y la guasa de la consulta jurídica. Al consejo de los mil ulema les fue preguntado si el terrorista Osama bin Laden debía ser expulsado del territorio del Afganistán después de la reclamación de los Estados Unidos. Los ulema se han tomado dos días de largos debates para pensárselo antes de responder. O sea, su respuesta ha sido reflexiva y meditada, y consiste en invitar al tal Osama bin Laden a abandonar voluntariamente el Afganistán cuando lo crea posible y conveniente. Vamos, que se vaya de allí cuando le pete si es que le peta. Algo así como lo que le han dicho a Barrionuevo en la cárcel: «Dése usted una vueltecita por aquí cuando le venga bien y le pille de paso».

Ahora que Luis María se nos ha hecho más mozárabe que el arco de herradura y predica a los infieles los suras del Corán, y Sánchez Dragó dice que el judeocristianismo es la mayor falsificación de la Historia, hay que estar al tanto de los usos y costumbres de estas gentes que a mi tierra vinieron. Tendremos que arrostrar desde luego las iras de doña Marta Ferrusola. Hay que saber, por ejemplo, que el ulema no es un clérigo, ni un almuédano, ni un nabí, ni un imán, ni tiene carácter sacerdotal. Es un teólogo del islamismo, hermeneuta coránico y doctor en las leyes tradicionales. Los ulema forman una muralla sagrada contra el avance de la occidentalización y conservan la ortodoxia. No iban a ser ellos los que expulsaran de su territorio a Osama bin Laden.

La respuesta de la asamblea se conocía de antemano, y faltaba conocer el cachondeo en que viene expresada. Es natural. Osama bin Laden, además de ser proveedor de armas y dineros de la nación afgana, es cuñado, suegro o yerno, o las tres cosas al tiempo del jeque, el emir o lo que sea, vamos, el que manda, de Afganistán. Además, esa joya islámica tiene más de cincuenta hermanos, casi más que mujeres, y ante eso, lo mejor es no salirse del «orate fratres». Un hombre con cincuenta hermanos no puede por menos de resultar peligroso. Los Giménez-Reyna no llegan a eso, y ya ven. Además, por lo que dicen, Osama bin Laden, además de ser caudaloso en familia, es inmensamente rico, mucho más rico incluso que Jesús Polanco, El Hombre Más Rico de España.

Y como estos páramos fueron declarados por Carlos Solchaga la tierra del pelotazo, no me extrañaría que el grande, rico y escurridizo Osama haya tenido negocios con los Albertos, tan apegados a los moros, y salga su nombre en el enredo de las Torres de Kio o entre los depositantes de Gescartera. Quizá su nombre anda detrás de algunos de esos regalos que hacían en el chiringuito. Estos moros son muy generosos en el asunto de los obsequios para ganar voluntades. Cuando vino a España el rey Abdullah, que era el tiempo en que no venía nadie, regalaba relojes de oro a los chicos de la prensa y a las bailaoras de flamenco y las chungas, las miarma y algunos de mis colegas aparecieron con las muñecas decoradas con enormes Rolex de oro.

Desde el imperio, nos lo ha dicho Bush en términos que no dejan lugar a dudas ni permiten la calle de en medio: «O se está con nosotros o con el terrorismo». Está claro que los ulema están con el terrorismo, y ante lo que les puede caer encima ya han llamado a la yihad, que aquí ya llevamos conocidas unas cuantas. En cuanto los moros sufrían un descalabro durante la Reconquista, llamaban a la «guerra santa». Los talibán llaman a los islamitas a la yihad, y Bush convoca a los cristianos de la OTAN, que es la yihad del Occidente. La Historia enseña que las grandes victorias y los grandes imperios han seguido el camino del sol. Y en esas estamos.

Legítima defensa
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 22 Septiembre 2001

El antiamericanismo, esa enfermedad infantil de la inteligencia progresista que amenaza con volverse crónica, vuelve a asomar en estos días terribles. Apenas un cortés recuerdo de las víctimas y a lo suyo, a alertar contra los riesgos del imperialismo yanqui y a negarle a Estados Unidos el ejercicio del derecho a la legítima defensa y a la protección de sus ciudadanos. Cada uno es libre de temer lo que quiera o sienta, pero sentirse más amenazado por la eventual respuesta americana que por la agresión criminal del terrorismo puede revelar tendencias delirantes.

Más allá del debate jurídico en torno a la naturaleza de la legítima defensa, su posición resulta meridiana: a Estados Unidos no le cabría otra opción legítima que aguantarse, esperar la próxima agresión y encomendarse a Naciones Unidas. Y todo ello a partir de una confusión entre la legítima defensa y la ilegítima venganza. En primer lugar, no se puede trasponer sin más al ámbito de las obligaciones de los Estados la noción penal de la eximente de legítima defensa. Aún así, no es evidente que la legítima defensa de una persona sólo incluya, como pretenden algunos, la posibilidad de repeler la agresión inmediata y no también la provisión de todo lo necesario para evitar futuras agresiones. Pero aunque así fuera, aunque la persona sólo tuviera derecho a repeler la agresión inmediata, no cabe trasladar sin más esa concepción a los Estados. Precisamente, el Estado tiene en su territorio el monopolio de la violencia legítima (cuando es un Estado legítimo) y el deber, no sólo el derecho, de proteger a sus ciudadanos. Si la organización internacional poseyera medios para combatir el terrorismo, tal vez podría discutirse la legitimidad de una acción unilateral por parte de un Estado agredido. Pero no es el caso. ¿Pueden obligar Naciones Unidas a Afganistán a entregar a Bin Laden para ser juzgado por un tribunal internacional? Mientras la respuesta a esta pregunta no sea afirmativa, Estados Unidos, y el resto de las democracias, tendrán derecho al ejercicio de la legítima defensa. Naturalmente este argumento no entraña la afirmación de la licitud de cualquier medio empleado para defender a sus ciudadanos y para restaurar la justicia, sino sólo de los necesarios para castigar a los criminales y para prevenir futuros ataques.

No obstante, ni siquiera es necesario apelar a la institución de la legítima defensa, sobre todo si se entiende como un derecho personal o como una eximente penal. Existe toda una vieja tradición acerca de la guerra justa. Ignoro si calificar así, como guerra, al terrorismo es hacerle un gran favor. Mas no es del todo descabellado y descortés tratar a alguien como quiere ser tratado. Si declaran la guerra a Occidente, quizá habría que atender su propia sugerencia y obrar en consecuencia. Por otra parte, reconocer que Hitler fue el jefe del Gobierno alemán y que la segunda guerra mundial fue una guerra no entraña elevar a los altares al tirano ni atenuar la perversidad de sus crímenes.

Quizá en este caso, como sucede casi siempre, habría que huir de dos extremos. Ni cualquier respuesta es lícita, ni es lícita la falta de respuesta. Es cuestión de prudencia y medida. Virtudes que no adornan al antiamericanismo profesional y vocacional que pretende excluir de entre las obligaciones de un Estado democrático la de proteger a sus ciudadanos y a sí mismo frente a la guerra desatada por el terrorismo. No cabe olvidar que el desarme moral de una sociedad es el mejor aliado para sus enemigos. Un Estado no tiene sólo el derecho a defenderse; tiene el deber de hacerlo.

Catalanohablantes
Cartas al Director ABC 22 Septiembre 2001

Dice Pere Esteve que el catalán lo hablan ¡siete millones de personas! Pudiéramos decir que el hablarlo siete millones en Europa, cuando en Cataluña hay seis millones de habitantes y sabiendo que aún hay un elevado porcentaje que no lo utiliza, es una falacia (¿o es que incluye el valenciano y el balear?). Si hay un alto número de catalanohablantes en Cataluña se debe a la obligatoriedad del uso. En la docencia es totalmente obligatorio su uso, así como en la Administración pública. También se les está obligando a las empresas privadas. Igual sucede con los medios de comunicación: no hay renovación de licencia radiofónica si no hay un porcentaje determinado de programas y publicidad en catalán.

Es de dominio público que para cualquier oposición y trabajo es condición indispensable tener el correspondiente certificado de la «Junta Permanent» o de cualquier otro organismo que lo homologue. Estas personas, en sus particulares estadísticas, entran a formar parte de los catalanohablantes, aunque sólo lo utilicen de manera absolutamente obligatoria en su puesto de trabajo.

Aurora Navarro Martín. Seo de Urgel (Lérida).

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