AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 29 Septiembre   2001
#La falacia de la pacificación
Editorial La Razón 29 Septiembre 2001

#El método Ibarretxe
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 29 Septiembre 2001

#Quien utiliza a ETA como coartada es Ibarretxe
Impresiones El Mundo 29 Septiembre 2001

#Un entendimiento imposible
CARMEN GURRUCHAGA El Mundo 29 Septiembre 2001

#Los fanáticos
José Antonio VERA La Razón 29 Septiembre 2001

#Euskadi is different
ISABEL SAN SEBASTIAN El Mundo 29 Septiembre 2001

#Atentado contra una discoteca en Navarra
ANA BELASKO El Mundo
29 Septiembre 2001

#Increíble pero cierto
Charo ZARZALEJOS ABC
29 Septiembre 2001

#Cruce de monólogos
Editorial El País 29 Septiembre 2001

#Sin consenso
Editorial El Correo 29 Septiembre 2001

#PNV: obsolescencia acelerada
Ignacio Villa Libertad Digital 29 Septiembre 2001

#El suicidio colectivo del integrismo
Enrique de Diego Libertad Digital 29 Septiembre 2001

#El PP reclama a Ibarretxe un plan para «derrotar» a los terroristas
FERMÍN APEZTEGUIA VITORIA El Mundo 29 Septiembre 2001

#La RAE asegura que las nuevas tecnologías no afectarán al castellano
EFE Libertad Digital 29 Septiembre 2001

#Publican el «Gran diccionario de uso del español actual»
MADRID. T. de León-Sotelo ABC 29 Septiembre 2001





La falacia de la pacificación
Editorial La Razón 29 Septiembre 2001

De acuerdo con el guión previsto por los estrategas del PNV, el gobierno Ibarreche abrió ayer un debate en el parlamento regional sobre la «pacificación y normalización política». Es ocioso decir que el sentido de tal debate es avanzar en las propuestas de autodeterminación que animan al PNV y a sus socios políticos, y que hablar de pacificación o normalización no es más que otra excusa que añadir a la manipulación de los mensajes para que la sociedad vasca se trague a largo plazo el sapo independentista.
Y esto es así porque no tiene el más mínimo sentido lógico plantear un debate parlamentario sobre la pacificación entre partidos democráticos pacíficos. Entre el PNV y EA, por un lado, y el PP y el PSOE, por otro, pocas diferencias pueden registrarse sobre su voluntad de paz. En todo caso, la discusión debería realizarse entre todos ellos y la banda terrorista Eta en sus versiones «política» y «armada». Y el debate sería extraordinariamente corto, porque la forma de lograr la paz es muy sencilla: que Eta deje de matar. En el momento en que esto sucediera, habría paz y normalidad. No harían falta muchas disquisiciones sobre los caminos para lograrlas. Sin embargo, Ibarreche se empecina en montar falsos debates, con el objetivo de que dé la impresión de que la culpa de que no haya paz es «de todos». Es decir, de los partidos democráticos (menos el PNV, claro, que es el que «busca» la solución) y de Eta. Y como todos tienen la culpa, tienen que dialogar para corregir sus pecados. Eta, dejando las armas. Y los partidos democráticos (y ahí viene la trampa de Ibarreche) cediendo soberanía a favor del País Vasco.
Pues bien, Ibarreche puede utilizar la parafernalia que desee para lograr sus objetivos independentistas. Pero que se sepa que ese camino es exactamente el contrario al objetivo de «pacificación y normalización» que dice defender. Más bien es la apertura de la caja de Pandora de la confrontación.
España es un Estado democrático que respeta y se apoya en los valores de la paz y la libertad. Mírese el PNV en ese espejo y piense si no son sus propuestas rupturistas con la legalidad constitucional las que pueden poner en peligro esa paz y esa convivencia.

El método Ibarretxe
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 29 Septiembre 2001

Hubo un tiempo en que los expertos en el nacionalismo vasco distinguían entre programa máximo y a corto plazo. La independencia era una aspiración ideológica, casi una utopía, pero desde hace unos años y por cesión ante el terrorismo, pasó a convertirse en un objetivo a corto plazo, casi en un punto electoral. Ahora bien, como eso de la «construcción de la nación vasca» es más complicado de lo que parece, el PNV no tiene inconveniente en contradecirse y dar marcha atrás cuando le conviene. Por ejemplo, cuando sus dirigentes viajan a Madrid.

Cuando vino Ibarretxe a presentar sus respetos al Rey se comió la reivindicación de la autodeterminación que había sido el tema de las elecciones (así ganó ochenta mil votos batasunos). Tampoco se refirió a ello cuando, a los pocos días, se entrevistó con Aznar. Fue tal la bajada de pantalones, que Arzalluz negó que alguien hubiera pensado alguna vez en la autodeterminación. Son así. No se atreven a plantear ante el Gobierno de España lo que vocean los batzokis, en los mítines o en la fiesta del Alderdi Eguna. El suyo es un oportunismo metodológico.

Pero si es grave una política montada sobre las contradicciones, ¿qué decir de su utilización del terrorismo? Dice Ibarretxe que la existencia del terrorismo independentista no debe ser coartada para plantear el problema de la independencia. Como si el objetivo de la independencia no alimentara el terrorismo o como si pudiera hablarse seriamente de un problema vasco que no fuera el del terrorismo. Saben muy bien los dirigentes del PNV que sin terrorismo su reivindicación independentista quedaría en el cielo de los programas máximos, en el de las utopías. Saben muy bien que ETA no es coartada de constitucionalistas sino arma de los nacionalistas para el chantaje.

Porque la más grave de las contradicciones de las que está hecho el método del PNV es que se llame moderado o pacífico cuando recibe toda su fuerza del terror de ETA.

Quien utiliza a ETA como coartada es Ibarretxe
Impresiones El Mundo 29 Septiembre 2001

El debate que se celebró ayer en el Parlamento vasco sobre la pacificación del País Vasco, primero de los tres anunciados por Ibarretxe en su investidura, no arrojó novedad alguna ni propició puntos de encuentro entre el PNV y los partidos constitucionalistas. El lehendakari sostuvo que en el País Vasco existe un conflicto político que hay que afrontar sin utilizar a ETA como «coartada» y pidió al resto de los partidos que asuman esta tesis como si fuera una verdad incuestionable y no la excusa para la estrategia soberanista del PNV. Porque, como bien le replicaron tanto Nicolás Redondo como Jaime Mayor Oreja, el fondo del asunto es exactamente el contrario del que expone Ibarretxe.

Quien utiliza como coartada los atentados de ETA no son el PSOE y el PP, sino precisamente el PNV. Sostener que, además del terrorismo, los vascos tienen un contencioso político sin resolver -al margen de la Constitución y el Estatuto- sólo sirve para alimentar y dar oxígeno a ETA. La normalización del País Vasco no pasa, como asegura Ibarretxe, por la superación del actual marco jurídico, sino por derrotar a los terroristas. Y de eso, de poner en marcha un plan de medidas para erradicar definitivamente a ETA -la única que amenaza las libertades e impide la pacificación- el lehendakari no dijo nada de nada. Con este punto de partida, el diálogo entre el PNV y la oposición no es posible. Ayer volvió a quedar muy claro que PSOE y PP mantienen su alianza política. A pesar de lo cual, Ibarretxe anunció que seguirá adelante con su proyecto soberanista y reiteró que si tiene que convocar un referéndum sobre la superación del marco jurídico-político, lo hará. Pero para eso no hacen falta tantos debates.

Un entendimiento imposible
CARMEN GURRUCHAGA El Mundo
29 Septiembre 2001

El debate del Parlamento vasco sobre Pacificación sonó a algo ya conocido. Cada partido expuso sus posturas conocidas sobre cómo afrontar el llamado problema vasco. En un lado, PNV, EA e IU; en el otro, PP y PSOE; en terreno de nadie, Batasuna.

El lehendakari y los partidos que le sostienen se situaron en esa eterna e indefendible equidistancia, criticando tanto las posturas que mantienen las formaciones constitucionalistas como las del entorno del MLNV (Movimiento de Liberación Nacional Vasco). Por mucho que se empeñe Ibarretxe, no se puede hacer una comparación entre quienes asesinan y quienes son asesinados; entre el sufrimiento de los familiares de Miguel Angel Blanco y los de Baldo, por poner un ejemplo; o entre Gregorio Ordóñez y García Gaztelu.

Ibarretxe repitió que ETA no puede ser la coartada para evitar afrontar el problema político que, en su opinión, existe en el país. Socialistas y populares, en cambio, rechazaron la existencia de un conflicto político y reiteraron que lo prioritario es consensuar la manera de combatir a ETA. PNV, EA e IU volvieron a defender el derecho de los vascos a elegir su destino y otra vez dio la impresión de que sus portavoces sólo vieron la posibilidad de que triunfe la opción nacionalista. Todos hablaron de la necesidad de establecer una mesa de diálogo para combatir a ETA en la que, según los nacionalistas e IU debe estar Batasuna, mientras que populares y socialistas opinan lo contrario.

Los fanáticos
José Antonio VERA La Razón 29 Septiembre 2001

Insisto otra vez: el problema es de fanáticos, no de islámicos. Y fanáticos hay en todas partes. En todas las culturas. En todas las épocas. En todas las religiones. Fanáticos hay aquí mismo, en esta sociedad occidental en que vivimos, en el trabajo, en el barrio, en los campos de fútbol, en la televisión. Por eso es bueno que la santa-cruzada de Bush sea contra los fanáticos-terroristas del islam, pero no contra el islam. Porque fanáticos hubo y hay también en el cristianismo, en el judaísmo, en el budismo, en el ateísmo, en el protestantismo, en el catolicismo y en todas las religiones en general.

Y son fanáticos los nacionalistas fanáticos, los terroristas abertzales, los racistas americanos, los impostores de las sectas, los judíos ultrajudíos y los ultraliberales y los ultracomunistas y los nazis. Por eso hay que reflexionar un poco para no satanizar sin motivo. Porque, sí. El islamismo que mata y hostiga es un horror. Lo es la cultura del terror de los integristas chiíes de Irán, con sus persecuciones, lapidaciones e intransigencias. Y también el integrismo asesino de Argelia, culpable de dantescas matanzas en barrios y aldeas y de la exterminación de cientos de intelectuales, periodistas y extranjeros por el simple hecho de ser intelectuales, periodistas y extranjeros.

En su demencia, los extremistas argelinos se han propuesto acabar con todas las cabezas pensantes del país. Se cuentan por decenas los escritores, universitarios, artistas, músicos, médicos y psiquiatras que han sido eliminados porque sus ideas no coinciden con las del fundamentalismo del gía y el fis. Es más: incendian casas y pueblos enteros, saquean escuelas y desvalijan las universidades que no imparten sus doctrinas extremas, basadas en imponer la decencia femenina y en perseguir la occidentalización de las costumbres cerrando bares, espectáculos musicales y medios de comunicación. Son fanáticos integristas, desde luego. Pero sus víctimas, no lo olvidemos, son musulmanes y árabes moderados. Como lo son también las víctimas de los talibán afganos, que imponen su ley y locura a base de prohibirlo todo: escuchar música, ver la televisión, ir al cine, hacer fotografías, dibujar, leer libros no autorizados y tener relaciones los hombres con las mujeres y las mujeres con los hombres, a no ser que estén unidos por un parentesco próximo, pues ni siquiera un médico puede atender a una mujer enferma, ni un sastre tomar medidas a una señora, ni las mujeres trabajar fuera de casa, ni salir solas a la calle, o ir a la escuela, celebrar fiestas, reunirse, jugar al ajedrez, al parchís o a las cartas. Te pueden detener por llevar un libro encima o por lucir una barba inadecuada o por cualquier cosa de las consideradas normales en otras partes del mundo. Y no es que se trate de costumbres aberrantes, que también. Es que las imponen. Te obligan por la fuerza, con violencia, sabiendo la población que cualquier infracción de la norma se castiga con crueldad o con la muerte, a pedrada limpia, con palizas en plena calle o en los estadios y campos de fútbol, para que sirva de escarmiento a los demás.

Esos, perdona, no son sólo musulmanes. Son fanáticos. Individuos exaltados por el odio y la religión. Intolerantes obstinados en tener la razón y en imponerla. Es la base del fanatismo. La imposición. Algo a lo que no son ajenas otras religiones y doctrinas. La Inquisición católica, por ejemplo, envió a la hoguera a cientos de inocentes y desencadenó horribles campañas de represión que incluían azotes, destierros, galeras y, por supuesto, la muerte. Los miles de seguidores del ku-klux-klan americano exhibían entre sus símbolos la cruz y la biblia y juraban «ante el juez inmaculado del Cielo y de la Tierra, y ante los santos evangelistas de Dios todopoderoso» que irían a la guerra ¿santa? contra los negros, adúlteros, judíos, católicos, pacifistas y comunistas, recurriendo a todo tipo de métodos, raptos, flagelaciones, linchamientos, asaltos, etcétera. Eran fanáticos. Como lo son los terroristas abertzales. Como los fanáticos integristas que siguen a Ben Laden y los fanáticos hebreos que persiguen a los palestinos y los fanáticos nazis que estuvieron a punto de aniquilar a los judíos.

Han pasado cuarenta-y-seis años de Auschwitz, aquella fábrica de exterminio creada por Himmler a instancias de Hitler, en la que miles de ancianos, niños y embarazadas fueron gaseados con ácido prúsico cristalizado y miles de hombres y mujeres fusilados o ahorcados y convertidas sus grasas en jabón, sus huesos en fertilizantes y sus cabellos en hilos para la industria textil. Era cruel. Siendo judíos no podían leer ni escribir. Como tampoco podían leer ni escribir los «enfermos-mentales» del comunismo y del fanatismo ateo, aquellos hombres hacinados por Stalin y por Castro en gulags y campos-de-reeducación en los que se trataban y curaban las «fantasías» burguesas, reformistas o religiosas de quienes no tenían una percepción soviética del mundo y debían ser ayudados con psicofármacos para reconducirse.

La historia se repite. Ha avanzado la técnica, pero los hombre somos iguales: ambiciosos, radicales, fanáticos. El pasado se reproduce una vez más. El integrismo es derrotado, pero vuelve con los años. Ahora, en forma de fanatismo islámico. Pero antes y después, de la mano de otras religiones, ideas o costumbres. Los seiscientos hombres y mujeres de los Diez-Mandamientos que se suicidaron en Uganda hace unos meses eran fanáticos. También aquellos davidianos que se inmolaron en Waco (Texas). Como los cientos de miles de personas que pertenecen a esas sectas que niegan la libertad a sus miembros y les imponen su verdad. Fanáticos ha habido siempre y los seguirá habiendo. No están sólo en el islam. Están en todas partes. El problema surge cuando esos fanáticos se imponen a los demás y tocan el poder. Entonces el mundo tiembla. Como ocurre ahora.

Euskadi is different
ISABEL SAN SEBASTIAN El Mundo
29 Septiembre 2001

Suenan finalmente unidas las voces de toda una civilización dispuesta a terminar con el terrorismo que la amenaza en lo más profundo de su ser. Claman los pueblos de cinco continentes por una acción concertada de sus gobiernos, sus Fuerzas Armadas y sus servicios de Inteligencia, que coloque fuera de combate a esos fanáticos de la violencia ciega dispuestos a defender vagos principios religiosos o ideológicos llevándose por delante la vida de inocentes. Acuerdan las múltiples instituciones democráticas que hacen grande a nuestra vieja Europa, que el tiro en la nuca o el atentado suicida no son «argumentos» aceptables en ningún conflicto; y tan contundentemente respaldan todas esta conclusión, que hasta la Justicia y la Administración francesas, hasta hoy tan incomprensiblemente remisas a combatir sin contemplaciones a ETA, se deciden -¡ya era hora!- a facilitar la lucha de España contra esa brutal organización, entregándonos «en caliente» a los terroristas detenidos en su suelo y expulsando de él a un buen número de «refugiados» (hasta la palabra resulta insultante) beneficiarios de un estatus anacrónico que muchos de ellos aprovechaban para proporcionar ayuda y cobertura a los asesinos del hacha y la serpiente. Se alzan, en buena hora, todas las manos en una repulsa sin paliativos del fenómeno terrorista.

¿Todas? No. En un rincón perdido de la Península Ibérica, entre las faldas de los Pirineos, las estribaciones de la meseta castellana y el bravío Mar Cantábrico, una pequeña comunidad autónoma, denominada Euskadi o País Vasco, según se exprese uno en vascuence o castellano, permanece una vez más al margen de ese consenso casi planetario y ni siquiera tiene a bien llamar a las cosas por su nombre. Mientras el mundo entero se rebela contra un terrorismo recién descubierto como amenaza cierta y se dispone a liquidarlo cuanto antes, el Parlamento vasco, o mejor dicho los partidos nacionalistas que detentan en él la mayoría, insisten en hablar de «problema político», «conflicto» o «vulneración de derechos humanos» susceptible de resolución mediante un diálogo abocado a terminar en una claudicación más o menos evidente ante las pretensiones terroristas. Más de 30 años lleva ETA asesinando a hombres, mujeres y niños inocentes y cerca de 1.000 víctimas inaceptables acumula ya en su haber, pero la mayoría de la sociedad vasca sigue sin considerar que los causantes de tanto dolor y tanta injusticia deban ser tratados como los secuaces de Bin Laden, cuya sanguinaria irrupción en nuestras vidas se acaba de producir. Tal vez por ello el presidente del PNV, Xabier Arzalluz, y el lehendakari, Juan José Ibarretxe, se apresuraran a enviar el pasado 11 de septiembre un telegrama de condolencias a George W. Bush, cosa que, tratándose de sangre española, jamás ha hecho el primero de los citados y muy rara vez el segundo. Seguramente sintieran de forma más lacerante en sus corazones los muertos de las Torres Gemelas que los de Hipercor o el cuartel de la Guardia Civil de Vic, y recordaran, además, aquel otro telegrama célebre que enviara en su día su fundador, Sabino Arana, al inquilino de la Casa Blanca, felicitándole por el hundimiento de la Flota española en la bahía de Santiago de Cuba.

Pero los tiempos han cambiado y los vientos soplan en otra dirección. La «aldea global» de Mc Luhan, en la que moramos, no puede confundirse con la «aldea gala» de Goscini, cuya peripecia cómica evocarían las andanzas del PNV, si no fuera por sus consecuencias trágicas. El mundo entero ha proclamado que el enemigo de nuestra civilización es el terrorismo y se ha decidido a hacerle frente. Los días de ETA están contados y su final no puede ser sino la derrota, como llevan años exigiendo desde las filas de la oposición Jaime Mayor Oreja o Nicolás Redondo Terreros, cuya trayectoria coincide con la del progreso.

EL PERSONAJE
Un ministro insolidario
Malestar con Cascos. En las filas del PP no gobernante existe un cierto malestar con el comportamiento del ministro de Fomento, Francisco Alvarez Cascos, hacia sus compañeros de partido en las comunidades autónomas que gobierna el PSOE. Dicen algunos de estos dirigentes en la oposición, que Cascos, antiguo azote del socialismo, pone ahora su mejor empeño en entenderse y retratarse con los presidentes autonómicos socialistas, hasta el punto de marginar en algunos eventos importantes a sus propios compañeros y menospreciar su trabajo.

LA NOTICIA
Un asesino anda suelto
Error de Francia. Hace dos años, las autoridades españolas solicitaron a Francia la entrega del presunto terrorista Félix Alberto López de Lacalle, alias Mobutu, sobre quien recaían fundadas sospechas de pertenecer a la cúpula de ETA. Mobutu no tenía causas pendientes en la Audiencia Nacional, por lo que habría sido puesto en libertad en España, pero vigilado. París denegó la petición y le liberó sin control alguno. Hoy Interior está seguro de que Mobutu forma parte de la nueva dirección de la banda terrorista en Francia.

LA SOSPECHA
El PSOE investiga a la Iglesia
La «lavadora». El PSOE está estudiando con enorme interés el papel que pueda haber desempeñado la Iglesia en España como lavadora de dinero negro, aprovechando los privilegios fiscales de que disfruta, por los cuales las donaciones que recibe están exentas del control de la Hacienda Pública. A raíz de algunas revelaciones del caso Gescartera, en el PSOE sospechan que lo que algunos denominan «paraíso fiscal interno» podría haberse utilizado para blanquear dinero de procedencia ilícita, así como para evadir impuestos.

Atentado contra una discoteca en Navarra
3 artefactos con 10 kilos de dinamita cada uno
ANA BELASKO El Mundo
29 Septiembre 2001

PAMPLONA.- Tres artefactos compuestos por unos 10 kilos de explosivo cada uno causaron cuantiosos daños materiales en la discoteca Universal, de la localidad navarra de Lacunza, al estallar durante la madrugada de ayer. Fueron colocados por varios encapuchados, que secuestraron a un vigilante jurado al que abandonaron en un monte próximo.

Mientras la Delegación del Gobierno en Navarra aseguró que se trata de un acto terrorista, el director general de la Guardia Civil, Santiago López Valdivielso, matizó que eso no se puede asegurar y que su impresión es que no es un atentado de ETA.

Pero, horas después, el delegado del Gobierno en Navarra, José Carlos Iribas, indicó que, aunque no se conocía con exactitud el tipo de explosivo utilizado en el atentado, posiblemente se trata de Titadine. En su opinión, «todos los indicios» apuntan a que la organización terrorista ETA es la autora de este atentado.

El Gobierno navarro había decretado antes el cierre de ese local durante dos años, por falta de condiciones de seguridad. La Guardia Civil ha realizado varias redadas, en las que se incautó de pequeñas cantidades de droga.

El Ayuntamiento y los vecinos de la localidad han expresado en muchas ocasiones su protesta por los ruidos y peligros que provocan algunos usuarios de la discoteca, local que ya ha sufrido ataques y amenazas anteriores.

Alrededor de las 22.00 horas de la noche del pasado jueves, tres personas encapuchadas entraron a punta de pistola en la discoteca y maniataron y amordazaron al vigilante, a quien dijeron que, si no colaboraba, le matarían.

Hacia la 1.00 horas de la madrugada, el vigilante, de unos 60 años, logró liberarse de sus ataduras y avisó al propietario del local y después a la Guardia Civil.

Antes de que los guardias civiles llegaran a la discoteca se produjo en ella una fuerte explosión, a la 1.20 horas de la madrugada.

Increíble pero cierto
Por Charo ZARZALEJOS ABC 29 Septiembre 2001

Aunque al lendakari Juan José Ibarretxe le resulte «increíble» que se niegue la existencia de un «problema político» cuando más de 700.000 personas han dicho que la sociedad vasca tiene derecho a decidir su futuro, lo cierto es que precisamente el énfasis puesto en el «problema» político en un pleno dedicado a la pacificación y normalización es lo que ha impedido el acuerdo sobre una resolución de mínimos para afrontar la lucha contra ETA.

Todas, absolutamente todas las previsiones se han cumplido. Ha habido más dureza dialéctica contra ETA, se han apoyado desde el Gobierno la utilización de los resortes del Estado de Derecho en la lucha contra la violencia y se ha insistido, desde los partidos nacionalistas de manera separada pero al mismo tiempo indisoluble, que mas allá de la violencia hay un problema político que hay que resolver por el diálogo.

TURBANTE O BOINA
De manera muy premeditada, Ibarretxe no ha hablado de «conflicto», pero lo cierto es que se ha hablado más del derecho de autodeterminación, de la voluntad de los vascos que de ETA. Sólo cuando le tocó el turno a Nicolás Redondo el pleno se centró en lo que para la oposición es el principal, el mas urgente, el único conflicto que existe en el País Vasco: ETA. Por eso el PSE pidió la unidad democrática y recordó que todos los terrorismos son igual de perversos, «con turbante o con boina».

Y le siguió Mayor Oreja, que advirtió de la nueva opinión pública europea frente al terror y dijo que sí, que había que ir a la normalización que para «nosotros supone que en los próximos meses ETA no nos mate. La normalidad pasa por hacer lo que hacen todos lo gobiernos de la Unión Europea».

Una vez más Ibarretxe no ha lanzado propuestas concretas y ha eludido hablar de medidas concretas, mas allá de las expuestas por él mismo que se concretan en la persecución del delito, para acabar con ETA, porque sobre ese asunto, le dijo a Nicolás Redondo, no quería diferenciarse.

Quería Ibarretxe que se reconociera la existencia de un «problema político», que se dijera si la sociedad vasca tiene o no derecho a decidir su futuro y el quid que se deslizaba por los pasillos es que los nacionalistas querían sobre todo algún acercamiento del PSE, pero Ibarretxe comentó que el problema del PSE no es con él, sino que el problema lo tienen los socialistas consigo mismos. Nicolás Redondo nunca creyó que los nacionalistas quisieran pacto alguno y, efectivamente, no hubo acuerdo ni de mínimos.

Todo está donde estaba y los nacionalistas no pueden hablar de ETA y sólo de ETA. ETA es un problema «terrible» pero se acabó el pleno y no hay, por ejemplo, compromiso del Gobierno nacionalista para evitar que haya alcaldes de Herri Batasuna, como quería el PSE, ni anuncio alguno de viajes del lendakari a apoyar las resoluciones de la Unión Europea, como quería el PP.

Se compartieron obviedades porque lo que de verdad estuvo presente fue el conflicto político, no el terrorismo de ETA, y a la hora de hablar del «conflicto» el acuerdo es imposible.

«Aquí no hay conflicto, hay reivindicaciones máximas del nacionalismo», afirma Redondo. «¿Qué más da que yo diga que hay un problema si para ustedes es lo mismo problema, contencioso que conflicto y si de antemano tiene decidido que la solución es el derecho de autodeterminación», indicaba Mayor Oreja.

LA DERROTA DE LA OPOSICIÓN
La oposición vio perdidas, derrotadas todas sus posiciones y desde el nacionalismo se advirtió que «no vamos a cejar en nuestro empeño y si hay que descender a la sociedad para chequear nuestros proyectos, lo haremos», advirtió Ibarretxe, que, de acuerdo con lo previsto, recordó que el Partido Popular no había asumido los resultados del 13 de mayo. La oposición ha perdido, el Gobierno ha ganado por la mínima y ETA, en el fondo, constata con satisfacción que sólo se le exige que desaparezca, pero no hay acuerdo para su derrota.

Cruce de monólogos
Editorial El País 29 Septiembre 2001

El 'lehendakari' anunció en su investidura un plan que pasaba por la celebración de dos debates parlamentarios separados, sobre pacificación y sobre autogobierno. Ayer se celebró el primero, pero pareció que para Ibarretxe se trataba ante todo de despejar el tema de la pacificación para entrar en el otro, desmintiendo la voluntad de no mezclarlos. El resultado fue una reedición, algo más sofisticada, de los planteamientos nacionalistas que rompieron el consenso en torno al Estatuto. El nuevo consenso reclamado por el lehendakari es muy difícil en esos términos. La oposición lo ofreció para combatir a ETA, y los partidos del Gobierno de Vitoria, con acentos diversos, para establecer un nuevo marco político.

Ibarretxe dejó muy claro su rechazo de la violencia, exigió a ETA su retirada y anunció una serie de iniciativas (incluyendo la aprobación de un manifiesto y la creación de un observatorio de derechos humanos) destinadas a hacer evidente ese rechazo y su solidaridad con quienes padecen la coacción de ETA. Despejado ese asunto, el resto del discurso estuvo dedicado a reiterar que, si bien no se puede subordinar la paz a la obtención de un determinado objetivo político, tampoco se puede invocar la violencia como coartada para evitar el debate sobre determinadas aspiraciones nacionalistas. La afirmación de que no hay que confundir pacificación con normalización política fue otra formulación de la misma idea.

Sin embargo, los partidos nacionalistas han venido confundiendo ambas cosas al condicionar la paz a la obtención de su programa político del momento: un concierto favorable, competencias antiterroristas para la Ertzaintza, la superación del Estatuto de Gernika... Esa lógica sigue presente en el mensaje del PNV, y ostentosamente, en el de EA. La objeción, planteada, entre otros, por el ex lehendakari Ardanza, de que mientras exista ETA no es planteable la reivindicación soberanista tiene una clara motivación: que ETA amenaza -y mata- a quienes propugnan soluciones diferentes. Normalización política significa que no haya ciudadanos amenazados por sus ideas, y no que todos acepten las que sostienen los nacionalistas. Por ejemplo, la de la existencia de un conflicto que requeriría soluciones que vayan más allá del marco estatutario. El empeño en hacer comulgar a la oposición con ese planteamiento impidió ayer un acuerdo en torno a una declaración contra la violencia cuyo contenido central era compartido por todos los partidos democráticos.

Sin consenso
Editorial El Correo 29 Septiembre 2001

En la sesión de ayer, el lehendakari Ibarretxe sometió a la consideración del Parlamento una serie de propuestas que, en lo sustancial, había adelantado ya en el pleno de designación que inauguró la presente legislatura. En los últimos meses Juan José Ibarretxe ha reiterado su propósito de separar el objetivo de la paz del debate sobre el contencioso político. Pero, una vez enunciado el principio, cada pronunciamiento suyo ha incurrido -de una u otra manera-en el mal que él mismo pretende exorcizar. Tanto su intervención de ayer como el debate que suscitó fueron la mejor prueba de ello. Durante mucho tiempo -en los años de la transición y posteriores- el nacionalismo vasco democrático se resistió a admitir que la violencia constituye un problema en sí misma. Fue el Pacto de Ajuria Enea la primera ocasión en la que el nacionalismo democrático suscribió formal y solemnemente una declaración que calificaba la violencia como «expresión de la intolerancia» negándose, al mismo tiempo, a concederle cualquier otra carta de naturaleza o justificación política. Pero el deslizamiento del anunciado debate parlamentario sobre pacificación hacia la reedición de una enésima confrontación entre el nacionalismo y el constitucionalismo refleja, entre otras cosas, la dificultad que afecta al nacionalismo gobernante para asumir, como objetivo prioritario de su acción, la derrota política y policial de ETA.

Es cierto que -como ya ocurriera en la sesión de designación de lehendakari- Ibarretxe se esmeró ayer en una explícita y pormenorizada asunción de responsabilidades en la lucha policial contra ETA. La propia ubicación de dicho compromiso al inicio de su intervención demuestra que el empecinamiento terrorista de la banda armada, el seguidismo de Batasuna respecto a la misma y el revés electoral sufrido por la izquierda abertzale el pasado 13 de mayo, han llevado al lehendakari y a su partido a retirar la mano tendida con que han tratado de mantener la ilusión del reencuentro abertzale durante tanto tiempo. Sin embargo, con su referencia al final dialogado de la violencia el lehendakari incurrió ayer en una peligrosa ambigüedad, al comprometer la acción de gobierno para «adelantar el final de la violencia y facilitar el desarrollo de escenarios de diálogo». El punto 10 del Acuerdo de Ajuria Enea lo expresa taxativamente: dicha eventualidad requeriría una clara e inequívoca voluntad de poner fin a la violencia por parte de quienes la practican, condición que a todas luces están lejos de cumplir quienes han convertido el poder fáctico del terror en argumento de su propia existencia.

El segundo propósito con que el lehendakari Ibarretxe acudió a la Cámara vasca fue demostrar la existencia de «un problema político más allá de la violencia». El debate sobre la cuestión puede resultar estéril si se convierte -como se convirtió ayer- en una discusión escolástica sobre la existencia de un algo tan absoluto como etéreo. Sobre todo porque, en su ensayo de interpretación de la historia y génesis del denominado problema vasco, al lehendakari se le olvidó señalar que el núcleo de dicho problema, hoy, es la difícil coexistencia de proyectos políticos antagónicos en Euskadi, y el riesgo cierto de que la bifurcación de dichos proyectos imposibilite la convivencia normalizada en el País Vasco. Mientras el ánimo nacionalista trate de solventar el «problema político» obteniendo el favor de una mayoría social e institucional que permita al nacionalismo ir más allá del Estatuto, soslayando esa terca pluralidad con que se viene manifestando la sociedad vasca desde que recuperó la posibilidad de expresarse en libertad, el conflicto no podrá correr una suerte distinta al enconamiento de posiciones, a la perpetuación de una bipolaridad maniquea.

Frente a ello ha de ser posible la reconstrucción de un espacio de encuentro en torno al Estatuto que evite, hoy y en el futuro, una confrontación absurda en un mundo tan interdependiente. El nacionalismo gobernante argumenta a menudo que cualquier solución al llamado «problema vasco» ha de pasar por el establecimiento de acuerdos que no supongan renuncia alguna a la ideología de cada cual. Pero, por su propia naturaleza, la democracia constituye un permanente ejercicio de renuncia. De tal forma que la primera obligación de un gobierno de composición abertzale debiera ser la de desprenderse de las aspiraciones particulares del nacionalismo para construir un espacio que sirva al interés común de los ciudadanos vascos. Tras una prolija exposición de motivos, trufada de consideraciones que suscitan profundas divergencias políticas en Euskadi, el lehendakari Ibarretxe sometió a votación una brevísima resolución que él mismo sabía no iba a concitar más acuerdo que el que mostraron los escaños que sostienen a su gobierno. No hace falta incurrir en un juicio de intenciones para llegar a la conclusión de que la cita de ayer no fue un intento fallido de consenso. Fue la escenificación de un ejercicio de táctica política para demostrar que el Gobierno Ibarretxe está en condiciones de marcar la pauta de una legislatura en la que la oposición no tendrá otro remedio que entrar en un terreno de disputa delimitado por el nacionalismo. El cual se ha planteado como objetivo inmediato la fractura de la ‘entente’ entre socialistas y populares.

PNV: obsolescencia acelerada
Por Ignacio Villa Libertad Digital
29 Septiembre 2001

El debate sobre la pacificación que se ha desarrollado en el Parlamento vasco ha servido para dejar varias cosas claras. Primero: confirmar dónde está cada partido; si alguien tenía dudas, ya está todo muy claro. Segundo: los planteamientos expuestos por el nacionalismo no sólo están trasnochados, sino que también están fuera de lugar.

La impresión, una vez oído lo dicho, es que el nacionalismo sigue anclado en sus permanentes reivindicaciones. Su actitud es como la de aquel que no tiene una visión panorámica del paisaje, por encontrarse a pocos centímetros de un muro. El nacionalismo vasco es incapaz de ver poco más allá de sus obsesiones basadas en la propia supervivencia.

Además, el nacionalismo vasco, escondido en su cueva ideológica, parece incapaz de enterarse de lo que está pasando en el mundo. Y el origen de está en la observación permanente de su propio ombligo.

Los nacionalistas vascos mantienen su “chips” arcaicos y fuera de lugar, atrofiados para percibir que lo ocurrido el pasado 11 de septiembre marca el inicio de una nueva conciencia internacional en la lucha contra el terrorismo. Los nacionalistas vascos mantienen, tozudos, unos objetivos que “suenan” ya a pasados, aparentemente convencidos de que todo pasa en esta vida por la voluntad de los vascos. Los nacionalistas vascos, permisivos con el entorno del terrorismo, siguen pensando que ellos son diferentes y que nadie les entiende. En definitiva, los nacionalistas vascos parecen ajenos a todo lo que está ocurriendo en el mundo, después de los atentados de los Estados Unidos.

El debate sobre pacificación, que hemos seguido en el Parlamento vasco, nos devuelve al pasado. Pero un pasado que ya está fuera de lugar. Las cosas están cambiando, y están cambiando a gran velocidad. Quizá demasiada para una ideología anclada en ideas trasnochadas y caducas. El nacionalismo vasco, además de equivocado en sus planteamientos políticos, en los que mezcla nacionalismo y pacificación, se ha quedado antiguo. Y la enfermedad de la antigüedad es rápida y progresiva. ¡Avisados están!

El suicidio colectivo del integrismo
Por Enrique de Diego Libertad Digital 29 Septiembre 2001

La idea del suicidio, en la civilización occidental, es un gesto de cobardía, la consumación del fracaso, una nihilista evasión de la realidad. En el integrismo islámico –una secta ultraconservadora del ya de por sí bastante fundamentalista Islam– es el grado más alto de la perfección espiritual cuando se enmarca dentro de la jihad, la guerra santa, para infligir al enemigo el mayor dolor posible. El sahid o mártir se purifica por el crimen, espera sin juicio previo, venerado por sus afines, entrar al final de los tiempos en el paraíso de un Dios, al que proclama clemente y misericordioso, pero al que convierte en un jefe de asesinos, incapaz de alcanzar el mínimo de humanidad.

La civilización occidental considera la vida un bien absoluto, porque concibe al hombre en posesión de derechos inalienables. A todo hombre. Con validez universal. El integrista, último biotipo de los totalitarios, relativiza la existencia mediante esquemas de responsabilidad colectiva, por los que encarna el mal en grupos enteros de hombres, sin discernimiento sobre diferencias, ni espacios para la inocencia. El Satán del cristianismo -espiritual- es para los integristas un conjunto de diablos, encarnados en categorías como Estados Unidos –el gran Satán–, Israel –el pequeño Satán– y el conjunto de las naciones occidentales –los cruzados. Por mucho que ese lenguaje nos parezca delirante o desfasado, se refiere a una mentalidad colectivista, que entronca con la Edad Media, pero no nos es desconocido: tiene el hedor de los campos de exterminio del siglo XX. Sus argumentos son esotéricos, transcienden la racionalidad.

No se refieren, por ejemplo, al conflicto árabe-israelí, por mucho que algunos transfieran ahí el argumento, ni al más determinante -para Osama ben Laden, y sus sicarios- de la “profanación” de la tierra del Profeta, Arabia Saudí -considerada constitucionalmente santa-, por los militares “infieles” estadounidenses durante la inacabada guerra del Golfo. El designio, la psicopatología, es genocida, de dominación universal. No escapan al anatema, fatiz, los musulmanes no integristas, pues la secta considera al Islam comunidad espiritual, Umma, cuyos límites se reducen al resto de los puros. Estos, como los pocos seguidores de Mahoma en su huida o Hégira de La Meca a Medina en el año 622, se creen llamados a dominar el mundo, sean cuales sean las dimensiones de los torrentes de sangre derramada. Como toda secta autodestructiva, su pulsión es el suicidio colectivo. Cuanto mayor es el deseo de pureza, mayores los delirios apocalípticos.

El integrismo estaba en el peor momento de su nefasta historia. Ha buscado –como siempre pretende el terror– la sublevación de las masas, la “revolución islámica”. Salvo los otros terroristas, el resto está interesado en pasar página. Será una guerra larga, pero el 11 de septiembre fue el principio del suicidio colectivo del integrismo.

El PP reclama a Ibarretxe un plan para «derrotar» a los terroristas
Mayor Oreja pide al lehendakari que abandone sus «elucubraciones teóricas» y «jerga ambivalente» y se convierta en «la voz vasca» ante Europa
FERMÍN APEZTEGUIA VITORIA El Mundo 29 Septiembre 2001

El Partido Popular emplazó ayer al lehendakari a alzarse en líder de la lucha contra ETA. El presidente del grupo parlamentario, Jaime Mayor Oreja, reclamó al Gobierno vasco un «plan de acción» contra la banda armada y a Juan José Ibarretxe que se convierta en «la voz vasca» ante Europa y ante los países donde los activistas encuentran refugio.

La intervención del líder conservador, con reiteradas alusiones a la falta de diálogo entre el Ejecutivo y la principal fuerza de la oposición, giró en torno a la necesidad de evitar «el conflicto político» en el debate sobre la paz. «Cuando se habla de pacificación se habla de erradicar a ETA y la normalización sólo significa la devolución de la libertad a quienes carecen de ella», explicó.

Mayor Oreja defendió la necesidad de una política antiterrorista común que evite toda alusión a la existencia en Euskadi de un problema político. «Si yo admito que existe un conflicto -dijo al lehendakari- usted al día siguiente me pide el reconocimiento del derecho de autodeterminación». Y eso, sentenció, es algo que «jamás hemos aceptado».

«Lo absurdo es dar todos los días vueltas a la idea de diálogo y a la unidad política», añadió el dirigente popular, que estableció márgenes a ambos conceptos. «Diálogo, todo el necesario para desarticular una organización terrorista; y unidad, toda la necesaria para acabar con ETA». Al hilo de esta declaración de principios, hizo una «reflexión» a la Cámara, que fue una acusación directa a los grupos del Gobierno: «Si ETA en lugar de ser una organización nacionalista fuese el Grapo o tuviera como núcleo ideológico la extrema derecha o el anarquismo, muchas de sus vacilaciones no existirían».

«Empate infinito»
Jaime Mayor Oreja pidió, por todo ello, al jefe del Gabinete vasco que se deje de «elucubraciones teóricas» y jerga ambivalante» y admita que la organización armada puede ser «derrotada con los instrumentos que da el Estado de Derecho». «¿Se imagina que los líderes mundiales después del 11 de septiembre hablaran de una situación de empate infinito?», se preguntó en alusión a la lucha internacional contra el terrorismo tras los ataques sufridos por Estados Unidos. El ex ministro concluyó con un reproche al Ejecutivo autónomo: «No se avanza hacia la paz cuando de manera constante se intenta quebrar y crear una alternativa a la política de pacificación del Gobierno» central.

Los populares presentaron once propuestas de resolución en la sesión. No lograron sacar adelante ninguna. El portavoz del grupo, el presidente del PP vasco, Leopoldo Barreda, se quejó de la «falta de voluntad» de PNV, EA e IU para alcanzar un acuerdo. «Es inexplicable. Meses de preparación de un debate para, luego, algo tan frustrante», afirmó.

La RAE asegura que las nuevas tecnologías no afectarán al castellano
La posible influencia en el idioma de tecnologías como el correo electrónico o los mensajes por teléfono móvil no son “motivo de preocupación” porque se trata sólo de nuevos registros que no afectarán al castellano, señaló este viernes en la lección inaugural en la apertura del curso académico de la Universidad Pública de Navarra el director de la Real Academia Española de la Lengua, Víctor García de la Concha.
EFE Libertad Digital 29 Septiembre 2001

García de la Concha señaló en conferencia de prensa que "la persona que modifica las palabras en el móvil porque dispone de muy pocas matrices utiliza un código convencional y ese es sólo uno de los registros existentes. No hablamos igual en casa con unos amigos que en una conferencia. Son diferentes niveles de expresión".

Otro caso, aseguró, es el del léxico, con la introducción de nuevos términos ingleses relacionados con la ciencia y la tecnología, en este sentido comentó que la Real Academia está tratando con las demás academias americanas de crear un "diccionario pan-hispánico de dudas", que estará terminado en dos años.

El diccionario, explicó, recogerá "todas las dudas que se plantean en el universo hispanohablante" y tratará de ofrecer una respuesta consensuada por todas las academias, especialmente en lo referido a la nueva terminología, "para que la fuerza no se aminore".

Se refirió también a la situación del castellano en otros países, como Estados Unidos, donde "hay influencias mutuas y condicionamientos del medio forzoso, que es el inglés, en la realización del español de los hispanohablantes. Se puede hablar de peligros si se quiere hablar así, pero sólo son condicionamientos de lenguas en contacto".

Dentro de España, indicó, se habla de un "empobrecimiento" del castellano, pero "habría que hablar de un empobrecimiento del uso del lenguaje, porque la potencialidad del español es riquísima".

Según García de la Concha, el uso del idioma se empobrece porque "estamos en una civilización predominantemente audiovisual, pasiva, y no en una que favorezca la lectura y la escritura, que es donde se afianza la corrección del léxico".

El director de la Real Academia destacó que, entre las lenguas occidentales, el castellano es la segunda más hablada del mundo después del inglés con un total de 360 a 370 millones de hispanohablantes nativos, que están en crecimiento sobre todo el área de América Latina, y unos 400 millones que la tienen como segunda lengua.

Publican el «Gran diccionario de uso del español actual»
MADRID. T. de León-Sotelo ABC 29 Septiembre 2001

Aquilino Sánchez no se ha contentado con buscar las palabras, que es lo habitual a la hora de hacer un diccionario. Ha salido a su encuentro, de modo que sean las palabras las que lleguen a él. El resultado ha sido el «Gran Diccionario de uso del español actual» (SGEL). Puede decir con orgullo que no hay nada igual en el mercado editorial español del momento. ¿Cómo ha trabajado? Como alguien consciente de las posibilidades que hoy ofrece la informática, una herramienta de la que no se disponía hace tiempo, y que permite manejar un enorme número de palabras. Junto con un equipo de ocho personas que le han ayudado en su tarea, ha hecho el primer diccionario en su género basado en un corpus linguístico de referencia, que recoge en sus veinte millones de palabras el lenguaje que se usa actualmente en España e Hispanoamérica. Abarcar toda la geografia de nuestra lengua oral y escrita es algo que también satisface al lingüista con respecto a su obra, por la sencilla razón de que puede citar a algunas de prestigio, que no la contemplan.

En un volumen de 2.160 páginas se recogen más de 70.000 voces y locuciones españolas e hispanoamericanas, incluyéndose también la transcripción fonética del término. Para seguir con los datos, que son cifras que enriquecen el idioma de quien acceda al diccionario, puede decirse que se pueden consultar hasta 150.000 acepciones o definiciones, que se aclaran con más de 100.000 ejemplos de uso real extraídos del mismo corpus de referencia. Cada voz se completa con anotaciones gramaticales, ortográficas y de puntuación. No falta un gran número de sinónimos y antónimos.

Aquilino Sánchez confiesa haber vivido desde 1991 para una obra que ya puede tenerse entre las manos. El autor hace hincapié en que se trata de un diccionario en el que por reflejar el uso actual del español se han incluído centenares de nuevas palabras mientras que se han suprimido algunas que ya resultan obsoletas. Declara que ha huido de las definiciones abstractas empleando conceptos sencillos y comprensibles para describir la palabra definida. «Es manejable y con significados claros», explica. Sánchez es catedrático de la Universidad de Murcia.

Recortes de Prensa   Página Inicial