AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 1 Octubre   2001
#ETA desafía al Gobierno francés...
Impresiones El Mundo 1 Octubre 2001

#...e Ibarretxe a nuestro sistema democrático
Impresiones El Mundo 1 Octubre 2001

#Ibarretxe, en evidencia
JUSTINO SINOVA El Mundo 1 Octubre 2001

#Camino de ruptura
Editorial ABC 1 Octubre 2001

#¿Terrorismo Light?
Juan VAN-HALEN La Razón 1 Octubre 2001

#El rito de Arzalluz en Salburúa
Carlos MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 1 Octubre 2001

#Autodeterminación
Alejandro MUÑOZ-ALONSO La Razón 1 Octubre 2001

#Lo moral y lo político del nacionalismo vasco
MIKEL AZURMENDI El País 1 Octubre 2001

#PNV: obsolescencia acelerada
Ignacio Villa Libertad Digital 1 Octubre 2001

#No está claro que ETA se encuentre en las últimas
Lorenzo Contreras La Estrella 1 Octubre 2001

#Provocación
ENRIQUE GIL CALVO El País 1 Octubre 2001

#Listas de terroristas y confusión
José Hermida Libertad Digital 1 Octubre 2001

#Un coche bomba hace explosión junto al Palacio de Justicia de Vitoria
AGENCIAS El Correo 1 Octubre 2001

#Doloroso lenguaje
Cartas al Director ABC 1 Octubre 2001

#La rabia y el orgullo de Oriana Fallaci
Enrique de Diego Libertad Digital 1 Octubre 2001

#Radicales queman dos coches de un policía jubilado en Ustaritz
AGENCIAS BILBAO El Correo 1 Octubre 2001

#Palabras y hechos
Editorial El Correo 1 Octubre 2001

ETA desafía al Gobierno francés...
Impresiones El Mundo 1 Octubre 2001

Hace unos meses, la gendarmería francesa descubrió que activistas etarras habían estado entrenándose en un bosque de la región francesa de Las Landas, al sur del país. Al incendiar la zona para borrar sus huellas, habían dejado abandonado un coche y restos de armamento pesado. La noticia causó la lógica preocupación. Este fin de semana, la banda terrorista ha tenido la desfachatez de distribuir en un boletín interno las fotos de las tiendas de campaña utilizadas en el campamento de adiestramiento y el coche utilizado como blanco de los disparos. ETA se jacta pues, públicamente de usar los bosques del sur de Francia como suelo para sus «pruebas de instrucción», lo cual supone un auténtico desafío al Gobierno del país vecino. Siempre se ha sabido que la dirección de la banda se refugia en Francia, donde roba polvorines, almacena material y da las órdenes de atentar a sus comandos. Pero resulta totalmente inaudito que, además, presuma de entrenarse militarmente con tiendas de campaña incluidas. Mucho se ha avanzado en los últimos años en la colaboración con el país vecino y gracias a ella se han producido y siguen produciéndose detenciones importantes. Sin embargo, parece ser que los jefes de la banda se mueven aún en terreno francés con cierta facilidad. Es un desafío al que el Gobierno galo debe responder de inmediato, redoblando sus esfuerzos policiales contra ETA, ahora que tanto énfasis se pone en una gran alianza internacional contra el terrorismo.

...e Ibarretxe a nuestro sistema democrático
Impresiones El Mundo 1 Octubre 2001

Lo escuchado ayer en las campas de Salburua, en la celebración del Alderdi Eguna (día del partido), demuestra que, al margen de los debates parlamentarios y su resultado, el PNV va a lo suyo. Que no es otra cosa que intentar imponer por cualquier vía su opción soberanista al resto de la sociedad vasca que no es nacionalista. El lehendakari volvió a responsabilizar del «problema vasco» en idéntico plano a la ETA que sigue matando y al Gobierno de Aznar que, en su opinión, continúa «cerrado en el inmovilismo ciego y no quiere escuchar lo que dice esta sociedad que quiere más autogobierno». A pesar de sus proclamas de diálogo, Ibarretxe no tuvo empacho en amenazar con convocar un referéndum «para que la sociedad explicite su mensaje» al Gobierno para que dialogue y a ETA para que deje de matar. ¿Es que la sociedad vasca no ha dicho suficientemente alto y claro que está contra la violencia? Por otro lado, el mensaje que subyace a esta amenaza, que dista mucho de ser un exceso mitinero, es que el sistema democrático mediante el que fue elegido lehendakari no funciona. El sabe perfectamente que su Gobierno no puede convocar una consulta legal si el Ejecutivo de Aznar no lo autoriza. Por lo que el fantasmagórico referéndum sería en realidad una simple encuesta. Eso sin tener en cuenta que sostener que no hay la suficiente democracia no hace más que dar argumentos a quienes practican la violencia.

Ibarretxe, en evidencia
JUSTINO SINOVA El Mundo 1 Octubre 2001

Los esfuerzos de Occidente para derrotar el terrorismo no han conseguido variar sensiblemente los planteamientos del Gobierno vasco, tan deseoso de ir por libre que hasta en eso se distingue. Ibarretxe debe de ser el único gestor de una entidad política occidental que no se manifiesta urgido por la necesidad de anteponer la lucha contra el terrorismo a cualquier propósito político.

Desde el 11 de septiembre, nadie duda del desafío terrorista a la sociedad de las libertades, cosa que ya sabíamos en España, tras padecer durante 30 años el terrorismo loco de ETA; ahora la destrucción causada por los aviones suicidas ha despejado las dudas a los más escépticos. Pero Ibarretxe continúa prácticamente como si nada de lo que hemos visto hubiera ocurrido.

El viernes propuso al Parlamento vasco una discusión sobre el supuesto «problema político» de Euskadi, que no es, contra lo que puede colegir cualquiera que esté atento a lo que ocurre en esa parte de España, el terrorismo de ETA, sino el objetivo que tiene trazado el nacionalismo desde su origen, esto es, el logro de una distinta relación política de Euskadi con el resto de la nación, que pasa por la autodeterminación y concluye en la independencia.

Con esta claridad nunca hablan los nacionalistas, como sabemos. Incluso se niegan a sí mismos, sobre todo cuando viajan a Madrid, donde callan o desmienten lo que dicen en Vitoria. Pero los gestos los dejan a la intemperie. Decir que la violencia no puede impedir el debate sobre el «problema político» de Euskadi es negar que el problema sea precisamente ETA, y actuar como si ETA no fuera el primer problema es una manera de dar oxígeno a la banda. Desde las elecciones, el Gobierno vasco se ha mostrado algo más enérgico contra los terroristas, y de hecho su condena verbal a ETA en el Parlamento ha sido inequívoca, pero pronto ha vuelto donde solía: a desplazar el terrorismo con la cantinela del llamado «problema político».

Ibarretxe no aparece como el jefe político que se enfrenta al terrorismo por encima de todo y con todas las consecuencias. En eso se diferencia de los líderes occidentales, que se han conjurado (y ahí está la última resolución de la ONU, que establece la obligación de romper claramente con quienes amparan a los terroristas) para acabar con el terrorismo como primera medida, medida de supervivencia sin duda. Ante ellos, los rodeos y los melindres de Ibarretxe lo dejan en estruendosa evidencia.

Camino de ruptura
Editorial ABC 1 Octubre 2001

El PNV no ha podido contener por más tiempo la impostura de su discurso conciliador y ayer destapó, sin matices ni ambigüedades, que su prioridad es la soberanía. Las campas de Salburúa han vuelto a ser el escenario de las verdades del nacionalismo, muy lejos de los protocolos que imponen el Parlamento vasco o las reuniones con la oposición o el Gobierno de Madrid. Por algo era el «Alderdi Eguna» o día del partido, ocasión para sincerarse y demostrar que entre Ibarretxe y Arzalluz no hay más diferencia que el volumen de sus extremismos. Si los mensajes lanzados han trazado el camino de la ruptura constitucional, las actitudes de ambos dirigentes constituyen un motivo de grave preocupación por lo que aún puede deparar lo que resta de legislatura. Ibarretxe y Arzalluz formaron un dúo extremista y exaltado, desplegando un lenguaje de masas en el que no faltaron la peligrosa identificación pueblo-partido y las apelaciones a una nación étnica, argumentos de ideologías que han dejado en la historia un reguero de desgracias. Sólo los incautos podían pensar que las cosas iban a ser de otra manera. Los resultados del 13-M no debilitaron al nacionalismo radical, sino que radicalizaron al nacionalismo democrático, en la medida en que le dieron un mayor poder en torno a un programa basado en la autodeterminación. El PNV está justificando los 80.000 votos que recibió de la izquierda proetarra, pero también está aplicando su propio programa de máximos. Por eso, Batasuna no encuentra espacio en el contexto político vasco. El PNV, con el poder institucional en la mano, le ha arrebatado el discurso radical de la autodeterminación, cumpliendo el Pacto de Estella con estricta fidelidad.

Las incógnitas se van despejando. Es evidente que el Gobierno de Ibarretxe va a promover la consulta sobre la autodeterminación y que las agendas de su política y de la actividad del Parlamento vasco van a estar supeditadas a este objetivo. Así sucedió con el debate del pasado viernes sobre pacificación y normalización, anticipo de lo que ayer se oyó en Salburúa. También es evidente que las ofertas de diálogo que hace Ibarretxe son trágalas para el PP y, especialmente, para el PSE, porque, si la autodeterminación es irrenunciable, ¿sobre qué se ha de dialogar? La táctica del PNV es identificar diálogo con respeto a la voluntad de los vascos, eufemismo de la autodeterminación, lo que acabará permitiendo al PNV decir que la culpa del conflicto vuelve a ser de los españolistas, que no quieren dialogar. Al PNV no le importa que este discurso legitime a ETA porque, al final, sus víctimas serán consecuencia de la cerrazón del Gobierno y de su negativa a respetar la decisión de los ciudadanos vascos.

Frente a esta campaña destructiva del nacionalismo, el Gobierno y los partidos autonomistas deben sacar conclusiones. La primera es que es preciso preservar el Acuerdo por las Libertades y Contra el Terrorismo como la única respuesta constitucionalmente admisible frente a la comunidad de fines entre el nacionalismo y ETA, que se debe denunciar también internacionalmente. A ese acuerdo debería sumarse definitivamente el nacionalismo catalán, liberándose de una insostenible solidaridad con los nacionalistas vascos. La segunda conclusión debe incumbir a los socialistas, en la medida en que los discursos de Ibarretxe y Arzalluz no les dejan el más mínimo resquicio para «tender puentes», los cuales, por la experiencia vivida y la deslealtad patológica del PNV, suelen tener un solo sentido a favor del nacionalismo. Nada pueden compartir los socialistas, salvo que busquen su suicidio político, con un partido cuyo presidente estaría dispuesto a cortarse la mano antes que firmar la Constitución. Por último, el nacionalismo está llevando la situación a términos extremos, anulando cualquier margen para la maniobra política, la transacción entre programas o el acuerdo conciliador. Si el desafío nacionalista persigue la ruptura de la unidad de España, no hay negociación posible y será la Constitución la que marque la respuesta del Estado. Que luego nadie se sorprenda si, ante la disyuntiva que plantea el nacionalismo, el Estado se protege, con todas las formas democráticas, pero también con todos los instrumentos y las consecuencias legales.

¿Terrorismo Light?
Juan VAN-HALEN La Razón 1 Octubre 2001

A Arzalluz le parece una tontería equiparar a todos los terrorismos, o sea al que atacó Nueva York y Washington y al que practica ETA. Con salmodia cuajada de didactismo de púlpito ha venido a enseñamos que hay terrorismo duro y terrorismo blando, malos y menos malos, como ¬salvando las distancias¬ un día se dijo que las drogas blandas eran el casi lógico acompañamiento de aquella movida ¬«chico, colócate»¬ y que de ahí a las drogas duras no había camino. Ojalá fuese así, pero la realidad demuestra otras cosas. Sí hay camino entre las drogas blandas y las duras, por más que nos duela. Y, desde luego, es muy probable que los terroristas que ocupaban los aviones estrellados contra las Torres Gemelas y el Pentágono, además de los que estaban preparados, según parece, para apuntar a otros objetivos, comenzaran su camino en la adolescencia en el llamado impropiamente «terrorismo de baja intensidad» del que las calles palestinas ofrecen muestras que abrasan. Obviamente nada tiene que ver la realidad de las drogas con la realidad del terrorismo. La droga es una especie de terrorismo individualizado, y en ese mundo el auténtico terrorista es el narcotraficante y el drogodependiente es la víctima que debe recibir toda la ayuda de la sociedad para salir del túnel.

Leyendo las declaraciones de Xabier Arzalluz, cualquiera podría entender que existe un terrorismo «a la medida». Una especie de mercado del terrorismo, en el que tuviese más cotización un acto terrorista según su envergadura criminal, según la intensidad de su bestial zarpazo. El atentado sería más terrorista de acuerdo con su daño. Así un tiro en la nuca sería menos terrorista que un coche bomba y éste menos terrorista que la voladura de un autobús y éste a su vez menos terrorista que el atentado contra unos grandes almacenes, pongamos por caso. Según este baremo el atentado contra Hipercor se llevaría la siniestra palma en la historia de nuestro terrorismo local. Y, en todo caso, su resultado sangriento y devastador queda aún astronómicamente muy lejos de la execrable acción de Nueva York y Washington.
Pero las cosas no son de esa manera, y el terrorismo sí es equiparable desde su mismo origen, desde su intención, desde sus multifacéticas brutales formulaciones. Para el conjunto de la sociedad es tan condenable el tiro por la espalda como la conversión de aeronaves comerciales de pasajeros en mortíferos proyectiles. En ese sentido no hay terrorismo de baja intensidad. Un atentado puede ser más o menos monstruoso de acuerdo con las circunstancias que lo rodeen, y desde luego ahí si tienen que ver las condiciones en que se produzca, el número de víctimas que ocasione, los daños que genere. Pero el desprecio a la vida, el ataque a la libertad, son los mismos en cualquier acto terrorista. Buscan el terror, la intimidación, y atacan la paz, los valores de convivencia sobre los que la sociedad descansa. La equiparación no es caprichosa.

A uno se le escapa ¬o no quiere llegar más allᬠla intención de las declaraciones de Arzalluz. ¿Qué doctrina, qué mensaje nos quiere transmitir? ¿Acaso que padecemos en España una especie de terrorismo light? Cuando el dirigente nacionalista manifiesta su miedo a la respuesta de Bush porque no sabe «si va a hacer justicia o a defender sus propios intereses» o se pregunta «¿qué hay detrás? ¿por qué llegan a despreciar tanto?» parece no comprender ni valorar los intereses de la sociedad norteamericana, tan cruelmente golpeada, que no son otros que hacer justicia y erradicar la amenaza del terror, y parece no calibrar el más grande de los desprecios: el desprecio a la vida, a la paz, a la libertad.

A Arzalluz no le ha gustado que Bush haya declarado la guerra al terrorismo, y no ha sido capaz de silenciar esa contrariedad. Parece que no le ha hecho feliz que Bush otorgue la consideración de guerra a su decidida voluntad de movilizar todos los medios posibles contra el terrorismo, a escala internacional, y contra aquellos colectivos y países que lo apoyan o protegen. Pero el presidente norteamericano no cuenta entre sus asesores de Seguridad Nacional con el señor Arzalluz, y no parece dudoso que seguirá adelante con su decisión cuyo alcance resulta hoy imprevisible. Por ello, no hay terrorista en el mundo que hoy pueda sentirse tranquilo.

Pocos en nuestro mundo dejan de considerar al terrorismo como una forma nueva de guerra, y esa superación o nueva faz de las guerras convencionales fue ya sabiamente anunciada por Toynbee. Se trata de una guerra de enemigos vaporosos, enmascarados en una falta de reglas ¬las reglas son respetadas por la sociedad, por los Estados, pero obviamente no por el terrorismo¬ para la que habrá que encontrar una estrategia y una logística eficaces. Más allá de cualquier respuesta militar fulminante, al diseño de esa estrategia y esa logística para una guerra que durará años se aplica Bush, que ha visto a su pueblo sangrando entre las garras del terrorismo. Golpeado cruelmente en el corazón de la Gran Manzana, Bush sabe que no hay terrorismos distintos, que no hay terrorismos de alta o de baja intensidad, ni terrorismos más o menos malos. Le guste o no le guste a Arzalluz.

El rito de Arzalluz en Salburúa
Carlos MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 1 Octubre 2001

Como de costumbre, el PNV ha celebrado en Salburúa su Día del Partido, acto partidario que complementa al Aberri Eguna o Día de la Patria, la otra fiesta abertzale por excelencia. Pero estas fiestas no buscan celebrar ni divertir, sino cultivar el eterno victimismo y la frustración gratuita, tan esenciales para la perduración del PNV como sus negocios con el poder. Los rituales de afirmación comunitaria tienen una importancia extraordinaria para el nacionalismo. Semejante a una oveja que bala desvalida si carece de rebaño y de pastor, parece que el nacionalista sólo está feliz y completo en esas grandes concentraciones donde recibe el consuelo de sus ritos rutinarios y oye las encendidas arengas de sus predicadores más celebrados. El ritual exige que estos predicadores denuncien la secular opresión española y anuncien la rebelión inminente. Mientras digiere la opípara pitanza, el nacionalista privilegiado y conformista juega a imaginarse como un patriota rebelde y perseguido, víctima de todas las persecuciones.

El sentimiento que alimenta su impostura no es otro que el odio a España, aventado a espuertas por los oradores. Por eso Arzalluz declara que preferiría cortarse la mano antes que votar con ella la Constitución Española, e Ibarretxe anuncia su disposición a convocar una consulta (¿de autodeterminación?) que permita de una vez por todas romper con los españoles. Pero Arzalluz no dice nada de cortarse la mano antes que dársela a ETA, e Ibarretxe pasa por alto que los últimos atentados terroristas han dejado claro, incluso para los EE.UU., que vivimos en un pequeño mundo interdependiente donde la independencia nacionalista es una ilusión reaccionaria. En fin, el rito de todos los años en Salburúa: odio étnico y mentiras xenófobas para aguantar hasta el año que viene. Pero el rito muestra una verdad: que el partido de Arzalluz no está con quienes queremos más libertad y seguridad para todos, sino con quienes quieren menos de ambas cosas. Convendría que nadie se engañara a este respecto.

Autodeterminación
Alejandro MUÑOZ-ALONSO La Razón 1 Octubre 2001

Para decepción de quienes esperaban que los nacionalistas abandonasen de una vez los ensueños soberanistas, el lehendakari Ibarreche ha vuelto con la vieja monserga de que en el País Vasco existe un «problema político», que sólo se puede resolver con una consulta popular (espléndido el artículo de Belloch sobre el referéndum) en torno al mal llamado derecho de autodeterminación. Mal llamado, porque no existe tal derecho en ningún texto jurídico, nacional o internacional, salvo lo que en su momento estableció Naciones Unidas sobre situaciones coloniales (excluyendo, por cierto, de ese derecho a Gibraltar). No hay, tampoco, ni un solo especialista serio que hoy defienda la autodeterminación, hasta el punto de que ya nadie la califica como un «derecho», sino como una «idea», que debe combatirse por sus nefastas consecuencias.

La última crítica solvente de la autodeterminación aparece en un libro del que es autor el viejo Robert McNamara, en colaboración con el profesor Blight, en el que, bajo el título Wilson s Ghost, «El fantasma de Wilson» ( Ed. Public Affairs. New York, 2001), propone las líneas maestras de una política exterior que garantice un siglo XXI sin guerras y en paz. McNamara estima que la paz no se mantiene ni con la Realpolitik o con una política basada en el «equilibrio de poderes», como quiere Kissinger (que, por cierto, acaba de publicar otro interesante libro: Does need America a Foreign Policy?) sino aplicando los imperativos de la moralidad y la multilateralidad. El título del libro se debe a que estos imperativos fueron defendidos por el presidente Wilson que, sin embargo, fracasó en sus propósitos. McNamara analiza las causas de ese fracaso, una de las cuales es, precisamente, su insistencia en la autodeterminación, a la que llegó a calificar en su discurso en París en 1919, cuando se negociaba el Tratado de Versalles, de «principio imperativo de acción». Allí Wilson prometió la autodeterminación a cualquiera que la desease y, como escribe McNamara, «aquello ha quedado demostrado que fue una prescripción para el desastre, pues los orígenes modernos de todos los conflictos entre comunidades (communal conflicts) proceden del idealismo mal orientado y desinformado de Wilson».

Es posible que Wilson se creyera que los debates sobre la autodeterminación en la Conferencia de Paz iban a ser tan educados y razonables como los que se mantenían en la Universidad de Princeton, de la que había sido presidente, escribe McNamara. Pero lo cierto es que, «aprovechando la anarquía del momento, se proclamaban nuevos Estados todos los días y, a veces, casi a todas las horas, por las diversas delegaciones... Allí se sembró ¬continúa¬ la semilla de las tragedias yugoslavas». «Wilson estaba profundamente equivocado al creer que el derecho a la autodeterminación nacional puede ejercerse, por lo general, de un modo amplio, libre y pacífico». Pero lo cierto es que la secuela normal y habitual de esa funesta idea ha sido la guerra, la matanza y la limpieza étnica, con su cortejo de minorías oprimidas y de refugiados. El veterano político norteamericano ¬que fue secretario de Defensa con Kennedy y Johnson¬ después de citar a un periodista, Michael Hirsh, que en 1999 escribía que «el sueño de Wilson se ha convertido en nuestra pesadilla», concluye así: «El principio de la sabiduría es renunciar al sueño de Wilson de una autodeterminación universal y sin conflicto, como una fantasía».

A esa fantasía, a esa pesadilla es a la que no renuncian Ibarreche y los nacionalistas vascos, empecinados en un camino que no lleva a ninguna parte, si no es a más sangre, más terror. Porque, por muy buenas que sean sus intenciones y por muy sincera que sea su condena del terrorismo, su insistencia en que existe «un problema político» lleva gasolina al siniestro motor de Eta. El único problema político que tiene el País Vasco ¬además del terrorismo, que no es problema político sino meramente criminal¬ es estar sometido a un obsoleto partido nacionalista, que, desde Sabino Arana, nunca ha sabido ponerse al día y siempre ha llevado no menos de cincuenta años de retraso. Con el argumento de que hay 700.000 individuos en aquella Comunidad que exigen el diálogo, se puede decir que como hay, quizás, varios millones de musulmanes adictos al fundamentalismo y dispuestos a la mal llamada «guerra santa», hay que establecer relaciones diplomáticas inmediatas con Ben Laden y los talibán. Arzallus e Ibarreche han perdido la oportunidad de proponerle tan sugestiva idea a Bush en ese telegrama que, como si fueran representantes de un Estado miembro de la comunidad internacional, le han enviado después del múltiple atentado del 11 de septiembre. Y que no piensen que porque los etarras son de su parroquia sus crímenes son más aceptables.

Por muy distintas que sean las situaciones y sus orígenes históricos, los vascos no tienen mayor «derecho» a la autodeterminación que los gibraltareños. El Reino Unido nunca les reconoció a éstos ese supuesto derecho, que les niega el Tratado de Utrecht, aunque en la «Constitución» que les concedió en 1969 ¬cuando España era un cero en la escena internacional¬ habló de respetar sus «deseos», en contra de las prescripciones del Tratado y de las Resoluciones de Naciones Unidas. Pero parece que la sensatez se impone y el ministro Hain ha reconocido ya lo infundado de las pretensiones a la autodeterminación de los gibraltareños. Pues bien: Más nulas e inútiles aún que las de Caruana, el ministro principal de la Roca, son las ensoñaciones «autodeterministas» de Ibarreche.

Lo moral y lo político del nacionalismo vasco
MIKEL AZURMENDI El País 1 Octubre 2001

Mikel Azurmendi es profesor y escritor.

1. Euskadi es una sociedad regida por un grupo primario que se constituye y se busca como comunidad de nacionalistas vascos. Es, además, todo el resto de vascos, casi otra media sociedad que, sin ser nacionalista, se compone de un conglomerado de vascos de izquierda, centro y derecha que se sienten nacionalistas españoles o, simplemente, ciudadanos vascos y españoles.

El estado de cosas político vasco consiste en un poder de Estado (Gobierno vasco), único recurso de todos los vascos para la obtención de sus bienes sociales. El bien mayor es la paz y el orden público, un bien instrumental para gestionar la igualdad de todos los vascos tras el logro de cuanto cada cual pueda decidir sobre su modo particular de vida buena sin constreñir la de ningún otro.

2. Los nacionalistas que gestionan desde el poder ese bien no son neutrales ante él, pues suponen que sólo sus proyectos de vida buena deben triunfar y, también, que su legitimidad es intrínsecamente superior a cualquiera de sus ciudadanos o incluso a la otra mitad de la sociedad vasca, la no-nacionalista precisamente. En cambio, no se cumple la recíproca, es decir, los no-nacionalistas no suponen como ellos.

En efecto, cuando la comunidad de nacionalistas vascos sostiene, en la versión más moderada (la del último Ibarretxe, por ejemplo), que 'el futuro de los vascos debe estar en manos de la voluntad mayoritaria de la sociedad vasca', no pretende sostener la obviedad y esperanza democráticas de que las cosas de mañana sean de la misma naturaleza política a lo que son hoy, es decir, democráticas. Lo que pretende más bien es hacerle reconocer al resto de vascos y de españoles que, aceptado el estado de cosas político actual como un mal menor, su proyecto de futuro nacional ha de activarse de manera que sea el único y vigente en Euskadi. Porque hasta que no sea así, la comunidad nacionalista siempre seguirá reivindicando 'que el futuro esté en las manos de la sociedad vasca': pues el futuro no lo proyecta como acumulación de presentes tan democráticos como el actual, sino como obtención del programa nacionalista total (construcción nacional). Es decir, el nacionalismo se considera a sí mismo como el mayor bien de todos los pensables para la sociedad vasca; y tras ello se activa a diario desde las instituciones. Además, ningunea a los ciudadanos vascos en sus intereses y deseos no-nacionalistas porque, al ser casi ininterrumpidamente legitimado por las urnas como mayoría (siquiera exigua), sostiene que su superioridad estriba en reflejar adecuadamente los intereses de toda la sociedad. Esto le lleva a suponer con increíble inmoralidad que los vascos que no pertenecen a su intención comunitarista pertenecen a alguna otra de 'fuera' ('los de Madrid') y que la alternancia democrática sería lo peor para el conjunto de intereses de la sociedad vasca.

Y, por el contrario, entre los no-nacionalistas no existe ninguna agrupación ideológica que sostenga nada parecido ni actúe sin neutralidad ante la cuestión de gestionar el máximo bien instrumental, la paz y el orden público. Esto está claro en su práctica política, tanto durante su época de gestión del Gobierno (español y vasco) como durante su trayectoria en la oposición: práctica de no suponerse los depositarios del mejor modo de vida buena ni, en consecuencia, sostener que su ejercicio del poder haya representado los intereses del conjunto de los españoles o vascos. Es más, muchísimos de ellos suponen ya que España ha sido un azar histórico que no acoge bien ni integra culturalmente todavía a una buena parte de españoles y no españoles, pero que desde ese azar hay que partir para construir un hogar de inclusión del otro (la mujer, el gitano, el inmigrante, el homosexual, por citar algunos).

3. Un corolario de lo anterior es que el Gobierno nacionalista, en tanto su política esté dirigida por ese anclaje moral de falta de neutralidad ante el bien instrumental mayor, no solamente no será beligerante con ETA ni procederá a luchar contra sus manifestaciones fascistas callejeras de aterrorización de los ciudadanos vascos, sino que no buscará la inclusión del 'otro' no-nacionalista como aspecto central de su política. El anclaje moral de neutralidad que se exige aún al nacionalismo vasco para hacer política democrática consistiría en su disposición a participar en un diálogo acerca de sus concepciones del bien con el resto de ciudadanos que no son de su comunidad primaria. Es decir, que abandonando su victimismo ante la crítica y también su intención totalitaria de sostener que es la ideología mejor y más adecuada al conjunto de la sociedad vasca, reconsidere su ideal moral de unificación comunitaria o construcción nacional. Ésta, la construcción nacional, es políticamente peligrosa porque es moralmente mala al estar siempre basada en jugar la carta del triunfo o, dicho de otro modo, al suponer siempre como supremo su punto de vista moral sobre los demás (por cierto, es el mismo defecto de la ideología proletaria leninista de construcción socialista).

En consecuencia, la institucionalización de mesas de paz, debates sobre la paz y planes de orden público que hace el Gobierno nacionalista desde su actual intencionalidad constituye siempre alguna trampa política fundada sobre una ausencia de moralidad.

4. El nacionalismo -y, desgraciadamente, también la mayor parte de la oposición- da por supuesto que su Gobierno vasco es democrático y es una forma de poder legítima. Pero esto sólo llega a ser una fictio juris o procedimental avalada por el supuesto incorrecto de que la democracia sólo fuese un mero uso del procedimiento de gobierno mayoritario tras expresión de la voluntad general o ejercicio de la libertad en los comicios (una voz, un voto). Según ese supuesto, Hitler, que llegó al poder democráticamente, solamente se equivocó en no haber sabido seguir usando el procedimiento democrático, porque ¿no podría haber llegado perfectamente a los mismos efectos a los que llegó, favoreciendo que los grupos nazis fueran autónomos ejercitando la violencia callejera en aras a crear suficiente terror social para que los parlamentarios alemanes votasen democráticamente créditos de guerra contra las naciones vecinas, así como el exterminio de los judíos, comunistas y gitanos, etcétera? Es decir, si a un Hitler parlamentarista se le hubiera ocurrido un análogo del Pacto de Estella-Lizarra para lograr a lo bestia lo que logró sin él, ¿no hubiera sido democrático su procedimiento?

No, el poder de un Gobierno democrático no es legítimo sólo por el uso de ese procedimiento del voto mayoritario, sino que requiere, además, la norma de la comunicación pública o lo que los analistas (como Seyla Benhabib, profundizando a Apel y Habermas) llaman la reciprocidad igualitaria: que cada ciudadano tenga 'igual oportunidad de hacer afirmaciones, recomendaciones y explicaciones..., iguales oportunidades de expresar sus deseos, sus anhelos y sus sentimientos'. Es decir, que dentro de la situación de diálogo público, cuantos hablan se sientan libres para tematizar las relaciones de poder, de manera que el reconocimiento recíproco esté siempre en situación de abogar por una extensión cada vez más amplia y una práctica continua.

Y esto sí se daba en otros gobiernos democráticos del mundo en la época de Hitler. Se daba algo y se da hoy mucho más, puesto que -además de procedimentalmente correctos- constituyen un espacio implicado en ver a qué cuestiones privadas se les está impidiendo volverse públicas, a ver qué grupos no tienen acceso a los medios de expresión pública o a defender su inclusión en el discurso de la legitimidad. Así es como la esclavitud americana dejó de ser una cuestión privada entre amos y esclavos para volverse una cuestión pública, la de los ciudadanos afroamericanos. Así es como las clases trabajadoras dejaron de ser un mero asunto de contratación privada entre patrones y obreros para volverse una cuestión pública. Así es como llegaron a convertirse los pueblos colonizados en asunto público de la propia metrópoli; así las mujeres han ido rompiendo su enclaustramiento privado en lo doméstico; así los gay y lesbianas, así los inmigrantes llegarán a serlo. Y así y así, pues para eso es la democracia, para cuestionar permanentemente las relaciones de poder a base de incluir a los excluidos en el círculo público.

5. Euskadi, el espacio político donde sólo una parte de la población es asesinada, extorsionada y amedrentada, no es todavía un espacio de poder legitimado porque su ámbito está constituido únicamente en términos de dominio de actividades estatales (el lehendakari a la cabeza) sin ámbito público de diálogo. Las víctimas y amenazados, los extorsionados y amedrentados, excluidos de la reciprocidad igualitaria y de cualquier ámbito dialogístico, son tratados aún como un asunto privado. El que en la Zumárraga que fue gobernada por socialistas hayan dimitido ya todos sus ediles, y el que en otras villas y comarcas enteras nadie ose presentarse candidato municipal por el PP o el PSOE, sigue siendo aún tratado como asunto privado por el poder estatal nacionalista. Y esta facticidad no podía ser sino una consecuencia política inevitable de aquella causa moral que he enunciado antes.

¿Cómo caminará el Gobierno vasco hacia su legitimación democrática? Solamente si abandona considerar como cuestión privada la cuestión de la víctima y del amenazado, del extorsionado y amedrentado, y la eleva ahora mismo, en el Parlamento, a cuestión pública, la cuestión central de la paz y del orden público:

- Afirmando con rotundidad que existen víctimas y existen verdugos, sin que se haya dado ningún conflicto político ni entre ellos ni en el seno de la ciudadanía

- Sosteniendo que no hay ninguna idea nacionalista que haya sido defendida asesinando a la víctima o que haya sido expresada por el asesinato y el terror

- Manteniendo la inocencia completa de la víctima y la injusticia total del verdugo. Y que éste nunca es inocente, por mucho que esté sufriendo

- Admitiendo que si hay víctima y hay verdugo es porque existe un hecho político fundacional que ya nos posibilita vivir en paz, la Constitución y el Estatuto. De lo contrario, no habría víctimas y verdugos, sino muertos tontos y asesinos listos.

- Concienciándose de que la rehumanización del verdugo es una tarea que depende de él mismo y no de impulsar no se sabe qué modificaciones territoriales del lugar donde cumplen con la justicia.

- Haciendo causa común pública con los partidos de oposición que no pueden presentar candidaturas propias en aras a promover en esos lugares de exclusión una única candidatura de expresión cívica.

PNV: obsolescencia acelerada
Por Ignacio Villa Libertad Digital 1 Octubre 2001

El debate sobre la pacificación que se ha desarrollado en el Parlamento vasco ha servido para dejar varias cosas claras. Primero: confirmar dónde está cada partido; si alguien tenía dudas, ya está todo muy claro. Segundo: los planteamientos expuestos por el nacionalismo no sólo están trasnochados, sino que también están fuera de lugar.

La impresión, una vez oído lo dicho, es que el nacionalismo sigue anclado en sus permanentes reivindicaciones. Su actitud es como la de aquel que no tiene una visión panorámica del paisaje, por encontrarse a pocos centímetros de un muro. El nacionalismo vasco es incapaz de ver poco más allá de sus obsesiones basadas en la propia supervivencia.

Además, el nacionalismo vasco, escondido en su cueva ideológica, parece incapaz de enterarse de lo que está pasando en el mundo. Y el origen de está en la observación permanente de su propio ombligo.

Los nacionalistas vascos mantienen su “chips” arcaicos y fuera de lugar, atrofiados para percibir que lo ocurrido el pasado 11 de septiembre marca el inicio de una nueva conciencia internacional en la lucha contra el terrorismo. Los nacionalistas vascos mantienen, tozudos, unos objetivos que “suenan” ya a pasados, aparentemente convencidos de que todo pasa en esta vida por la voluntad de los vascos. Los nacionalistas vascos, permisivos con el entorno del terrorismo, siguen pensando que ellos son diferentes y que nadie les entiende. En definitiva, los nacionalistas vascos parecen ajenos a todo lo que está ocurriendo en el mundo, después de los atentados de los Estados Unidos.

El debate sobre pacificación, que hemos seguido en el Parlamento vasco, nos devuelve al pasado. Pero un pasado que ya está fuera de lugar. Las cosas están cambiando, y están cambiando a gran velocidad. Quizá demasiada para una ideología anclada en ideas trasnochadas y caducas. El nacionalismo vasco, además de equivocado en sus planteamientos políticos, en los que mezcla nacionalismo y pacificación, se ha quedado antiguo. Y la enfermedad de la antigüedad es rápida y progresiva. ¡Avisados están!

No está claro que ETA se encuentre en las últimas
Lorenzo Contreras La Estrella 1 Octubre 2001

Una de las cosas que no está clara en las relaciones Madrid-Washington después de la tragedia del 11 de septiembre es que Estados Unidos vaya a poner sus servicios de inteligencia en disposición de prestar a España una colaboración que contribuya al arrinconamiento definitivo de ETA. Por mucho que Josep Piqué, a quien la nueva situación internacional le ha venido como anillo al dedo para aliviar las sombras de su pasado, diga y repita que la banda terrorista se encuentra prácticamente en estado preagónico, el aserto está por demostrar. Empieza por ser falso que la organización independiente vasca vaya a entrar o haya entrado en la conceptuación de pieza del terrorismo global o globalizado que los norteamericanos se proponen combatir. Distinto es que Piqué, con su desparpajo catalán de vendedor de paños, intente hacer creer que la lucha contraterrorista ha mejorado hasta ese punto, con lo cual procura anotarse un éxito diplomático y dotar sus últimos movimientos viajeros de ese toque milagroso y paleto de quien cree fanáticamente en la virtud de la fotografía.

Pero el caso es que se ha retratado junto a Colin Powell, asomando por encima de su hombro su cara de párvulo lampiño. Y ahora parece que ha descubierto una cláusula antiterrorista explícita y concluyente en el convenio bilateral vigente entre España y los Estados Unidos. Algo que no todo el mundo capta o aprecia. De todos modos, la imaginación es tan libre como el miedo. Ojalá el ex directivo de Ercros haya puesto una auténtica luminaria en la perspectiva que se venía percibiendo con menos claridades.

En la coyuntura presente la diplomacia española atraviesa, al menos en apariencia, un momento de optimismo. La agresión del fundamentalismo islámico sobre Nueva York y el Pentágono ha ayudado, pues, a concebir el actual escenario como corresponde al viejo y discutible axioma de que no hay mal que por bien no venga. Entrar en la categoría de las víctimas comunes del flagelo terrorista bajo la bendición solidaria del Tío Sam ha sido la conclusión interesada del Gobierno. O sea, ya todos somos uno. Y, naturalmente, ETA está perdida.

Pero lo que ETA no ha perdido es la cobertura, todo lo reducida que se quiera, de una parte de la sociedad vasca. Y ni Euskadi es bombardeable ni la CIA va a perseguir rastros de fundamentalismo por los caseríos, las poblaciones vascas y los rincones donde pululan elementos de la banda terrorista. Ya nos conformaremos con lo que haga la Guardia Civil o lo que aporte la gendarmería francesa y sus nuevas unidades de investigación. Y cuando el tiempo vaya cayendo sobre la memoria de lo acontecido, y lo importante sea Afganistán, habrá que recuperar el sentimiento de que el problema vasco va para rato. Que ha venido a ser lo manifestado indirectamente por Ibarreche y Arzallus en la celebración del Alderdi Eguna o Día del Partido, es decir, del PNV.

Los dos dirigentes vascos han demostrado en la campa de Salburúa que cualquier problema futuro de ETA no es para ellos premonición de cambio en la política nacionalista. La famosa prioridad de la pacificación sobre la conquista del autogobierno ha dejado de estar tan subrayada como pareció estarlo en la campaña electoral vasca de mayo. La conocida "doctrina Ardanza" ha sufrido una nueva descalificación. El imperativo político tiene color soberanista, por más que el PP diga que el PNV nos sabe capitanear la lucha contra el terrorismo.

Ya veremos cuáles son las derivaciones de la resolución aprobada el 29 de septiembre por el Consejo de Seguridad de la ONU, sobre todo ese punto que habla de "intensificar el intercambio de información" entre los países en materia de terrorismo. Piqué se ha referido a ello en Nueva York diciendo que "significa avanzar en cosas como la interceptación de mensajes y comunicaciones". De momento, hasta que no se demuestre lo contrario, palabras, palabras y palabras, aunque, eso sí, lo pasen muy mal los fundamentalistas islámicos.

Provocación
ENRIQUE GIL CALVO El País 1 Octubre 2001

La difícil respuesta ante los atentados masivos del 11-S está mereciendo comentarios de todo tipo. Algunos resultan grandilocuentes, como aquellos descubridores del Mediterráneo que bautizan el nacimiento de una novedad histórica: la guerra-red contra el terrorismo-red. Pero así se olvidan de toda la anterior criminalidad política descentralizada que desde su misma fundación atentó contra el Estado-nación, como fueron las sectas anabaptistas de la modernidad temprana o mucho después el guevarismo de los sesenta, pasando por el terrorismo nihilista o anarquista que hace un siglo ensangrentaba Europa. Todos ellos eran actores políticos extraestatales pero a la vez descentralizados e internacionalistas, como hoy lo son las sectas islamistas. Por eso carece de sentido hablar de guerra, según ha señalado Mary Kaldor en estas páginas, pues no se trata de un ataque militar sino de criminalidad política a gran escala, cuyas acciones escapan a la jurisdicción estatal de los sistemas penales.

Otros análisis son más peregrinos, como los de aquellos izquierdistas que culpan a la satánica trinidad del capitalismo, la globalización y el imperialismo. Es verdad que en esta ocasión sus plumas más comerciales no se han atrevido a abrir una campaña contra la reacción estadounidense, como sucedió hace diez años con la guerra del Golfo. Pero no por eso dejan de insinuar que la responsabilidad por lo sucedido es de los Estados Unidos, añadiendo que la desigualdad económica y la injusticia histórica son causas que en última instancia explican el estallido criminal. Pues bien, nada de eso. Por una vez suscribo la declaración del presidente Aznar ante el Congreso, cuando señaló: 'Bin Laden no es la expresión de los pobres, como el terrorismo que tenemos aquí no es la expresión de ninguna demanda de libertades'. Y añadió: 'No podemos analizar las motivaciones que llevan a los terroristas a cometer sus fechorías', porque existe el peligro de 'echar la responsabilidad sobre las víctimas'.

Explicar el atentado del 11-S implica interrogarse sobre las causas de la criminalidad política. ¿Es la injusticia económica o la discriminación cultural la causa de la violencia? En este campo, la literatura especializada solía dividirse entre las explicaciones economicistas o las cultu-ralistas. Pero desde Charles Tilly sabemos que no se subleva quien quiere (porque tenga causas justificadas para ello), sino quien puede (porque dispone de los recursos para hacerlo). Por eso, como las armas las carga el diablo, según reza el refrán, quien disponga de recursos destructivos siempre acabará por utilizarlos, tenga o no causa que alegar para ello. Y en esta línea, hoy sabemos que las causas que inician los conflictos pueden ser de naturaleza diversa: sociales, territoriales, culturales, etcétera. Pero lo más decisivo es que, una vez iniciado el recurso a la violencia por cualquiera de las partes, el conflicto se independiza de sus causas, adquiere autonomía y cobra vida propia, pasando a reproducirse a sí mismo por un proceso de realimentación circular: es el llamado ciclo de la violencia, cuya escalada de acción-reacción resulta difícil de romper o desactivar. Por eso los terroristas o guerrilleros se convierten en señores de la guerra, sólo interesados en perpetuar la violencia para vivir de ella.

En este sentido, ¿cuál es la causa del masivo atentado del 11-S?. Sin duda, la criminal voluntad de poder de un actor político extraestatal, cuya demostración de fuerza ha reestructurado de un solo golpe el escenario geoestratégico. Joseba Zulaika describió las acciones de ETA como órdagos que rompen la continuidad del juego, anulando las bazas acumuladas por el adversario. Pues bien, eso ha sido el 11-S: un órdago que ha quebrado el equilibrio internacional, poniendo su reloj a cero. ¿Con qué objeto?. Sin duda, con el de provocar una represalia comparable, pues los Estados Unidos están obligados a responder, abriendo un nuevo ciclo de acción-reacción. Y lo más maquiavélico de esta provocación es que, al no reivindicar su autoría, impide toda respuesta proporcional. Pues los Estados Unidos están obligados a dar respuesta a una provocación que ni se puede responder, porque no se sabe ante quién, ni se puede dejar de responder, entrando en un círculo de recurrente violencia infernal.

Listas de terroristas y confusión
Por José Hermida Libertad Digital 1 Octubre 2001

El Departamento de Estado norteamericano incluye o elimina a grupos armados de la lista de organizaciones terroristas en función de sus intereses geoestratégicos. Por ejemplo, el Movimiento para la Liberación de Irán ha dejado de ser calificado como terrorista y también los Tamiles, tal como explica el diario India Express www.expressindia.com/ie/daily/19990628/ige28010.html . La lista de movimientos terroristas elaborada por dicho Departamento se encuentra en el Apéndice B del informe denominado Ejemplos de terrorismo global www.state.gov/s/ct/rls/pgtrpt/2000/index.cfm?docid=2450 .

Una lista similar se encuentra disponible en la Escuela Naval de Postgraduados de EE.UU www.state.gov/s/ct/rls/pgtrpt/2000/index.cfm?docid=2432 , donde se puede acceder el informe del año pasado sobre la larga lista de actividades de distintos grupos terroristas entrenados en Afganistán para cometer atentados en los países vecinos, incluidos India, China y Bangla Desh: en ningún momento se considera la posibilidad de un ataque contra Estados Unidos.

Uno de los primeros grupos de residentes en los EE UU que han sido investigados es el de los estudiantes extranjeros, de lo que informa FoxNews www.foxnews.com/story/0,2933,35276,00.html . Allí nos enteramos del presupuesto de 32 millones de dólares destinado a controlarlos. Quizá a largo plazo podría tener un efecto indeseable, las limitaciones a la importación de conocimiento en el que se basa en gran medida la ventaja competitiva de Estados Unidos frente al resto del mundo. La administración norteamericana siempre se ha mostrado muy severa con relación a la extensión de la permanencia de estudiantes y no constituye ninguna novedad. El FBI ha llegado a investigar a estudiantes extranjeros porque obtenenían malas notas. Los suspensos afectan seriamente a los trámites para la renovación de la visa. Este programa de vigilancia de estudiantes extranjeros se puso en marcha después del ataque contra el World Trade Center de 1993.

En Estados Unidos hay una larga tradición de ofrecimiento de recompensas por búsqueda de criminales; incluso las empresas privadas, como la agencia de detectives Acuite www.acuite.com/rewards.html tienen sus propias páginas web de recompensas para la identificación de ladrones de mercancías, asaltos a tiendas y otros delitos. La página web de criminales buscados es la del FBI www.fbi.gov/mostwant/topten/fugitives/fugitives.htm y también hay una página similar, pero dedicada exclusivamente a terroristas en la página de recompensas www.dssrewards.net
del Departamento de Estado la cual, por cierto, proporciona información bastante exigua acerca de las personas que se buscan, lo que nos hace pensar más en una página testimonial, diríamos “para cumplir”, que en una iniciativa web realmente práctica.

¿Y qué tipo de información sobre terrorismo se da al público en Internet? Ciertamente, no es de mucha calidad. Incluso da la impresión de que está más orientada hacia el público profesional y académico (historiadores o sociólogos) que a la ciudadanía en general. Por otra parte, como el mayor desarrollo web tiene lugar en Estados Unidos, no se suministra información global, sino local (un ejemplo más de por qué la globalización es un concepto más teórico que real). El Centro de Investigación Terrorista www.terrorism.com/terrorism/links.html  contiene una gran cantidad de información sobre actividades terroristas, análisis y listados de webs, no obstante, y salvo un par de enlaces similares en Canadá y Reino Unido, no considera al resto del mundo fuera de Estados Unidos.

Por otra parte, está el tema de la calidad de la información. Por ejemplo, el Euskal Herria Journal www.contrast.org/mirrors/ehj/html/rbc.html es un enlace que figura en FAS www.fas.org/irp/world/para/eta.htm . Se supone que FAS es una web antiterrorista, pero la información histórica que se facilita a través del enlace resulta como poco, confusa, y desde luego, trata de suscitar simpatías desde el punto de vista histórico, pero en ningún modo es una web “antiterrorista”.

Otro tanto sucede con la página web de la Academia Militar Aérea de Australia www.au.af.mil/au/aul/bibs/tergps/tgeta.htm , que en la subpágina “Movimientos Terroristas e Insurgentes”, facilita enlaces a webs propagandísticas de la ETA; lógicamente, esas webs (en inglés) se encuentran correctamente redactadas y resultan, si no convincentes, sí por lo menos persuasivas para una persona que no viva el terrorismo de cerca, lo que resulta una contradicción con el motivo mismo de la página web en cuestión. Es como si en una web terrorista se pusiesen enlaces a páginas web budistas o algo por el estilo.

Sabemos que Internet todavía no está estructurado. Pero no parece demasiado posible que esa estructuración resulte posible a corto plazo. Puede que incluso no tenga lugar nunca. La información, tal como estamos viendo en el caso del terrorismo, se muestra cerrada dentro de distintas burbujas de comunidades (ideológicas, empresariales, de entretenimiento o de cualquier otro tipo) no demasiado permeables entre sí. Es decir, como la vida misma.

Un coche bomba hace explosión junto al Palacio de Justicia de Vitoria
La explosión ha provocado heridas leves a una persona y numerosos daños materiales
AGENCIAS El Correo 1 Octubre 2001

La explosión de un coche bomba ocurrida a las seis de la mañana de hoy en Vitoria ha destrozado la fachada del Palacio de Justicia y ha afectado a una veintena de coches, sin que haya habido heridos.

La única persona herida, un hombre que había bajado de su casa a comprobar el estado de su vehículo, sólo sufrió pequeños cortes por la caída de cristales, pero fue atendido en el lugar sin tener necesidad de ser trasladado al hospital. .

Según la Ertzaintza, la explosión del coche bomba, al parecer un vehículo de color azul, del que no se tienen más datos, causó numerosos daños en el palacio de Justicia, un edificio nuevo -de unos cinco años de antigüedad- de cuatro pisos con la fachada de cristal, cuyas ventanas han quedado destrozadas.

Han resultado afectados también más de veinte coches aparcados en las inmediaciones y algunos pisos situados enfrente del palacio, al otro lado de la calle.

El palacio de Justicia está situado en la avenida de Gasteiz, en el centro de Vitoria, a unos 500 metros de otros edificios oficiales como Ajuria Enea o la delegación del Gobierno, y todavía se desconocen los daños que pueda tener el edificio en su interior..

La Ertzaintza, además de acordonar la zona, también ha desalojado por precaución algunos pisos. La calle continuaba a las ocho y media de la mañana cortada en un kilómetro, mientras trabajaban los bomberos y el equipo de desactivación de explosivos.

La existencia de dos llamadas anónimas, una a la DYA de Guipúzcoa y otra a Radio Vitoria, ambas sobre las seis menos veinticinco de la mañana, en las que se anunciaba la explosión en horas distintas, ha retrasado los trabajos de extinción.

En la primera se aseguraba a la DYA que la explosión iba a producirse a las seis, como así ha sido, pero la segunda avisaba de que sería a las seis y media.

Este último dato hizo temer a la Ertzaintza que pudiera haber un segundo artefacto, por lo que se acordonó toda la zona, sin que pudieran entrar los bomberos.

Una vez registrados los alrededores del lugar de la explosión del coche bomba, al cabo de una hora los bomberos pudieron acceder y sofocar las llamas.

Según testigos presenciales, algunos materiales, como cristales, destrozados por la explosión han llegado a unos doscientos metros del palacio de Justicia.

La Ertzaintza ha explicado que tras la explosión del coche bomba a las seis de la mañana se han escuchado algunas pequeñas explosiones, al parecer procedentes de los vehículos afectados.
Al lugar han acudido el delegado del Gobierno, Enrique Villar, y el consejero de Justicia del Gobierno Vasco, Joseba Azkárraga.

30 kilos de dinamita
El coche bomba q contenía más de treinta kilos de dinamita, según informaron a Efe fuentes del Departamento de Interior del Gobierno Vasco.

Las citadas fuentes precisaron que el artefacto tenía un dispositivo temporizador preparado para hacerlo estallar a las 6 de la mañana, tal y como sucedió.

El coche que contenía el artefacto era un Renault 19 aparcado en un lateral del Palacio de Justicia, aunque, por el momento, no se ha informado sobre más datos del vehículo, si había sido robado o si tenía las placas dobladas

10 coches calcinados
Un total de 10 coches, que se encontraban aparcados en los alrededores del Palacio de Justicia de Vitoria, resultaron completamente calcinados, mientras que otros tantos fueron dañados por la explosión esta mañana de un coche cargado con 30 kilos de dinamita 'titadine'

Los daños superan los 100 millones
Los daños en el Palacio de Justicia provocados por la explosión de un coche bomba esta madrugada superan los cien millones de pesetas, según los primeros cálculos realizados por el Departamento de Justicia del Ejecutivo vasco.

Fuentes de esta Consejería explicaron que esta estimación de daños podría aumentar cuando los peritos puedan comprobar los daños producidos en el interior del Palacio de Justicia.

Los daños visibles en el edificio judicial son la rotura de grandes cristaleras, los marcos de éstas desencajados y la caída de losetas metálicas, sin que se haya visto afectada la estructura del mismo.

Además de los daños en uno de los laterales de los cuatro pisos del Palacio de Justicia, la explosión del coche bomba, cargado con más de treinta kilos de dinamita, ha provocado numerosos daños en viviendas correspondientes a cinco portales de la Avenida de Gasteiz.
Se han visto afectados cristales y persianas de hasta los octavos pisos de esos edificios y un total de diez coches han resultado calcinados por completo. Otros vehículos aparcados junto al coche bomba, entre cinco y diez, también han resultados con numerosos daños.

El Departamento de Interior del Gobierno Vasco ha informado a los administradores de estos portales y a todos los afectados por la explosión, a través de los medios de comunicación, de que los perjudicados pueden ya interponer las correspondientes denuncias por los daños que hayan podido sufrir.

En dos dependencias policiales, Interior informará de las ayudas a las que tienen derecho por parte de su oficina de Atención a las Víctimas del Terrorismo.

Doloroso lenguaje
Cartas al Director ABC 1 Octubre 2001

He escuchado en la radio quejarse del lenguaje de la BBC en relación con el terrorismo vasco. Creo fundamental seguir denunciando, en estos tiempos de movilización internacional ante el fenómeno terrorista, el tratamiento que se dispensa al terrorismo vasco en los medios de comunicación de algunas democracias occidentales. Gran Bretaña ha sufrido durante muchos años la lacra del terrorismo del IRA. Sin embargo, la BBC se empeña, al igual que sus colegas de la CNN, en llamar a ETA «grupo separatista vasco» o «grupo armado vasco». Nada mejor que comprobarlo de primera mano en el extra de la cadena televisiva publicado en la versión española de su web el pasado 8 de agosto, en el que bajo el título «¿Qué es ETA? Orgullosos de ser vascos» se desgrana la lucha de la organización para liberar al pueblo vasco. Incluso podemos encontrar un enlace a la página web de Euskal Herritarrok (eso sí, con la declaración de que el contenido de las páginas sugeridas no es responsabilidad de la BBC).

Verdaderamente doloroso si tenemos en cuenta que la prensa y los españoles de bien siempre han tratado el fenómeno del IRA como lo que es: terrorismo.

David Miranda Riera. Barcelona.

La rabia y el orgullo de Oriana Fallaci
Por Enrique de Diego Libertad Digital 1 Octubre 2001

El antiamericanismo es la forma estúpida del instinto suicida de Occidente. Desarmar a Occidente, criticar los valores occidentales es la moda occidental por excelencia. No es nueva. Lleva casi dos siglos de recorrido. Ahora, la progenie del postmarxismo, el estructuralismo, la postmodernidad, los huérfanos de Marx, los antiglobalización y todos los que practican esa violencia respetable, la ejercida contra Occidente, ya sin alternativa, han convertido el antioccidentalismo en la forma más pedestre, más inconsistente y más autoritaria de “pensamiento único”. Las masacres de las Torres Gemelas y el Pentágono han motivado una floración abrumadora de esa otra forma de suicidio, alternativa a la de los integristas, de la que hay muchos rastros en la historia: Munich, Vietnam-los años sesenta y, contra la lógica, después de la caída del Muro. Durante semanas la opinión pública española —en su conjunto, la europea— ha sido bombardeada por una infinidad de artículos situando a Estados Unidos como ¡el gran Satán! Y, contra la evidencia de la calle, la preocupación se ha intentado situar no en el terrorismo sino ¡en las represalias de Bush!

Sobre la cuestión reflexiona en “El País”, Josep Ramoneda: “España es un país profundamente antiamericano. Dicen que en ninguna parte de Europa las expresiones de solidaridad con las víctimas de los atentados de Washington y Nueva York han sido tan escasas. En algunos momentos, la prensa ha traslucido más preocupación por la hipotética respuesta de Estados Unidos que por los atentados, cosa que se corresponde con cierto estado de la opinión pública”. No voy a extenderme en las supuestas razones de esa hipotética estupidez patria, pero Ramoneda apunta que nosotros no fuimos liberados por los norteamericanos. Se quedaron a las puertas dejándonos con Franco. ¡Ese mito de la lucha antifranquista en una nación en donde el dictador murió en la cama con colas de devotos se ha convertido en el desideratum de todas las falacias, en el excusado de todos los complejos de culpa! ¿Cuántos antifranquistas hay en “El País”? Quienes lucharon contra Franco no suelen tener estos enervantes complejos de culpa ni estas poses beatas. Quienes no lucharon contra Franco, y se revisten de antifranquistas post mortem, por supuesto, tampoco están dispuestos a hacerlo contra Ben Laden y el integrismo. Hay un componente de estupidez, pero otro resaltable de cobardía.

Por eso, “La rabia y el orgullo”, el artículo de la gran periodista Oriana Falacci publicado por “El Mundo” —periódico que ha tratado de competir en antiamericanismo— tiene la fuerza churchilliana de la defensa de los valores occidentales. El coraje de Antígona.

La destinaria es la opinión pública italiana, pero no sobra una coma en castellano. La luchadora antifascista, la espléndida entrevistadora, la valiente e insobornable notaria de todos los conflictos, atenazada ahora por el cáncer, levanta la voz con el coraje de los indomables. ¡Qué ejemplo para las nuevas generaciones lanares de periodistas! No es un artículo para “las hienas que se relamen viendo las imágenes de las matanzas y se burlan diciendo “qué bien les está a los americanos”! Defensa orgullosa del americanismo —como diría Josep Ramoneda—, del occidentalismo, en esta Europa llena de hastío moral. “Cuando vi a blancos y negros llorar abrazados, y digo bien abrazados, cuando vi a demócratas y republicanos cantar abrazados God bless América, cuando les vi olvidarse de todas su diferencias, me quedé de piedra”.

Es un aldabonazo a las personas, que “sin ser estúpidas ni tontas, están todavía sumidas en la prudencia y en la duda. Y a esas les digo: ¡Despertaos, por favor, despertaos de una vez! Intimidados como estáis por el miedo de ir a contracorriente, es decir de parecer racistas (palabra totalmente inapropiada, porque el discurso no es sobre una raza, sino sobre una religión) no os dais cuenta o no queréis daros cuenta de que estamos ante una cruzada al revés”.

“Habituados como estáis al doble juego, afectados como estáis por la miopía, no entendéis o no queréis entender que estamos ante una guerra de religión. Querida y declarada por una franja del Islam, pero, en cualquier caso, una guerra de religión. Una guerra que ellos llaman yihad. Guerra santa. Una guerra que no mira a la conquista de nuestro territorio, quizás, pero que ciertamente mira a la conquista de nuestra libertad y de nuestra civilización. Al aniquilamiento de nuestra forma de vivir y de morir, de nuestra forma de rezar o no rezar, de nuestra manera de comer, beber, vestirnos, divertirnos o informarnos...

“No entendéis o no queréis entender que si no nos oponemos, si no nos defendemos, si no luchamos, la yihad vencerá. Y destruirá el mundo que, bien o mal, hemos conseguido construir, cambiar, mejorar, hacer un poco más inteligente, menos hipócrita e, incluso, nada hipócrita. Y con la destrucción de nuestro mundo destruirá nuestra cultura, nuestra ciencia, nuestra moral, nuestros valores y nuestros placeres...¡Por Jesucristo!”

“¿No os dais cuenta de que los Osama ben Laden se creen autorizados a mataros a vosotros y a vuestros hijos, porque bebéis vino o cerveza, porque no lleváis barba larga o chador, porque vais al teatro y al cine, porque escucháis música y cantáis canciones, porque bailáis en las discotecas o en vuestras casas, porque veis la televisión, porque vestís minifaldas o pantalones cortos, porque estáis desnudos o casi en el mar o en las piscinas y porque hacéis el amor cuando os parece, donde os parece y con quien os parece? ¿No os importa nada de esto, estúpidos? Yo soy atea, gracias a Dios. Pero no tengo intención alguna de dejarme matar por serlo”. Ni yo tampoco. ¿No queréis —añado— participar en esta lucha de ideas y sacudiros la estupidez de lo políticamente correcto, de ese instinto de suicidio que es un “efecto llamada” para los kamikazes?

Radicales queman dos coches de un policía jubilado en Ustaritz
AGENCIAS BILBAO El Correo 1 Octubre 2001

El domicilio de un policía jubilado se convirtió en el blanco de un ataque radical perpetrado durante la madrugada de ayer en la localidad vascofrancesa de Ustaritz. Varios desconocidos lanzaron dos artefactos incendiarios, que no llegaron a impactar en la casa, pero dejaron totalmente calcinados los dos vehículos pertenecientes al agente retirado. Los coches estaban estacionados en el patio. En el momento del sabotaje, la vivienda estaba desocupada y no se registraron heridos. La Policía Judicial de Bayona considera que los autores forman parte de los grupos enrolados en la ‘kale borroka’.

Éste es el sexto incidente de características semejantes que se registra en territorio vascofrancés desde el pasado 28 de julio. El ataque más reciente, hasta el sábado, tuvo lugar el pasado 10 de septiembre en Saint Jean de Pied de Port. Una agencia inmobiliaria recibió el impacto de un artefacto incendiario y sufrió importantes daños materiales. En esa ocasión, los agentes enmarcaron la agresión en una campaña contra la especulación inmobiliaria promovida por Abertzaleen Batasuna.

Tampoco es la primera vez que Ustaritz sufre las consecuencias de la ‘kale borroka’. El 12 de agosto, un grupo de radicales arrasó con cócteles dos oficinas inmobiliarias de la localidad. Días más tarde, una llamada anónima reivindicó que el sabotaje había sido una protesta por «la subida de los precios de los terrenos».

Palabras y hechos
Editorial El Correo 1 Octubre 2001

Por evidentes que resulten las dificultades que encuentran los partidos de la oposición para asimilar el escrutinio del 13 de mayo, siempre será más arriesgado para el futuro inmediato del país que el Gobierno sublime su victoria electoral, proyectándola muy por encima de la responsabilidad que las urnas le confieren para dirigir las instituciones de la autonomía a lo largo de la legislatura. Tanto el lehendakari Ibarretxe como su partido se han instalado en una lectura unívoca del resultado del 13 de mayo. A su entender, en esas elecciones la sociedad dio un voto favorable al diálogo y al respeto que merece la voluntad de los vascos. Pero el significado que para Ibarretxe adquieren ambos principios se identifica tanto con la concepción nacionalista del país y sus particulares aspiraciones, que convendría recordar a los actuales socios de gobierno que ni siquiera alcanzaron la mayoría absoluta en el Parlamento. Aunque el nacionalismo trate de acreditar su propia estrategia sobre el supuesto de que la política vasca está sometida a la disyuntiva entre diálogo e inmovilismo, aunque el propio Ibarretxe reitere que «como lehendakari» está permanentemente sentado en torno a la mesa del diálogo, la política que practica no resulta -más allá de las formas- más dialogante que la actitud que mantienen las formaciones de la oposición. Al fin y al cabo, el proceso que el nacionalismo trata de poner en marcha ha fijado una meta irrenunciable, hagan lo que hagan los demás: la habilitación de un proceso de autodeterminación en un plazo impreciso. Si las demás formaciones vascas y las voluntades políticas presentes en el resto de España se avienen a secundar la interpretación que el nacionalismo hace del autogobierno, el final no será otro que la superación del Estatuto. Si no se avienen a ello, el final será el mismo. En estas condiciones el diálogo se convierte en un recurso táctico que, como pudo verse en el pleno parlamentario del viernes, lejos de procurar el consenso trata de allanar el camino para afianzar las posiciones del propio nacionalismo.

Ibarretxe advirtió ayer que si se produce un bloqueo del autogobierno por parte del Ejecutivo central «tendremos que recurrir de nuevo a la sociedad» para que ésta manifieste su voluntad. Si nos atenemos a las facultades constitucionales del lehendakari, la advertencia puede sugerir que, en el caso de que el próximo mes de junio la reflexión parlamentaria sobre el autogobierno concluya con un dictamen de frontal discrepancia respecto a las posiciones del Gobierno Aznar, Ibarretxe podría proceder a la disolución anticipada de la Cámara. Si atendemos a la ilusión soberanista que inspira el discurso abertzale de los últimos años, las palabras del lehendakari se harían eco del deseo nacionalista de proceder a la convocatoria de un plebiscito, al tiempo que confirmarían una sospecha: el nacionalismo cree saber lo que quiere, pero no sabe cómo alcanzarlo. Tanto los dos socios nacionalistas del Gobierno vasco como los portavoces del PNV interpretan a menudo versiones distintas de una partitura que encuentra a duras penas su síntesis en Ibarretxe. De ahí que la ajustada mayoría parlamentaria y las dificultades para conciliar los distintos impulsos que laten en su seno constituyen los límites de la estrategia nacionalista.

Resulta especialmente desafortunado que, a la hora de exponer las causas que le llevarían a consultar a la ciudadanía, el lehendakari sitúe en el mismo plano la persistencia del terror, el desencuentro entre las formaciones vascas y el «inmovilismo ciego del Gobierno español». No sólo porque la mera sombra de semejante analogía vulnera los principios de la convivencia. También porque, frente al inequívoco repudio que la sociedad vasca ha mostrado respecto a ETA, las desavenencias políticas forman parte de la diversidad de sentimientos y proyectos que concurren en Euskadi como muestra de su pluralidad. Con independencia de las formas educadas o broncas con que se expresen unos u otros dirigentes políticos, el verdadero problema que impide el diálogo es que cada cual -empezando por el nacionalismo- ha trazado su propio camino sin que esté dispuesto a ceder ante sus adversarios más que en cuestiones accesorias.

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