AGLI

Recortes de Prensa     Martes 2 Octubre  2001
#Globalización del terror
Editorial ABC 2 Octubre 2001

#ETA SE ENFRENTA A LA COMUNIDAD INTERNACIONAL
Editorial El Mundo 2 Octubre 2001

#Sr. Bush, en España también hay terrorismo
Editorial La Razón 2 Octubre 2001

#Es lo mismo
Luis María ANSON La Razón 2 Octubre 2001

#Estella II
MARIO ONAINDIA El Mundo 2 Octubre 2001

#Los palurdos
Jaime CAMPMANY ABC 2 Octubre 2001

#Bin Tirofijo
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 2 Octubre 2001

#ETA, sin pretextos
Editorial El País 2 Octubre 2001

#De conflictos y diferencias
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 2 Octubre 2001

#Intimidar a la sociedad
Editorial El Correo 2 Octubre 2001

#¿En qué lengua habla Ibarreche?
Lucrecio Libertad Digital 2 Octubre 2001

#Nuestros talibanes y su horizonte genocida
Enrique de Diego Libertad Digital 2 Octubre 2001

#«Bush debe incluir a Eta entre sus objetivos»
L. R. N - Madrid.- La Razón 2 Octubre 2001

#PP y PSOE acusan a Ibarretxe de dar argumentos para que ETA siga matando
BILBAO / MADRID. M. Alonso / ABC 2 Octubre 2001

#Miguel Sánchez-Ostiz: «Un nacionalista dijo: "Soy persona antes que vasco"; eso sirve para todos»
MADRID. Antonio Astorga ABC 2 Octubre 2001

#Encapuchados destruyen con ‘cócteles’ una tienda de Telefónica en Rentería
SAN SEBASTIÁN EL CORREO 2 Octubre 2001

Globalización del terror
Editorial ABC 2 Octubre 2001

La reaparición de ETA  en plena catarsis mundial sobre el terrorismo, que está dando lugar a una nueva moral sin que en ella tengan cabida eufemismos ni concesiones, no ofrece novedades sobre su estrategia. Por tanto, no puede haber variaciones en el juicio que merecen sus actos criminales, como el perpetrado ayer contra el Palacio de Justicia de Vitoria, destrozado por cuarenta kilos de dinamita. La única respuesta que merece esa banda de asesinos es la firmeza policial, reforzar los sistemas de seguridad y poner todos los medios disponibles en manos de los especialistas en la lucha antiterrorista. La capacidad de regeneración de ETA tiene precedentes a lo largo de su negra existencia, por lo que ni la Policía, ni la Guardia Civil ni la Ertzaintza pueden bajar la guardia tras las recientes desarticulaciones del «Donosti» y el «Barcelona».

En una nueva demostración de cinismo, varios parlamentarios de PNV, EA y sus nuevos socios de IU condenaron horas después de la explosión, y precisamente en la misma ciudad que acababa de ser nuevamente sacudida por el terror, «los atentados terroristas» de Estados Unidos, pero optaron, claro está, por abstraerse de lo sucedido en Vitoria para «no mezclar» a los asesinos de ETA con los autores de la terrible matanza del 11 de septiembre en Nueva York y Washington.

La globalización del terrorismo y del fanatismo no sólo se ha hecho patente a través de las relaciones entre sus diversas organizaciones criminales y de la aplicación de la violencia para tácticas similares, aunque sean distintos sus objetivos inmediatos. Ayer se vio una secuencia de atentados con coche bomba -Vitoria, Jerusalén y Cachemira- que confirman esa realidad global. Pero, además, los terrorismos comparten también fobias concretas, que no son meras coincidencias, sino la consecuencia inevitable de que los terroristas tengan en común el mismo desorden mental. Por ejemplo, la fobia por los periodistas y por la libertad de información. El viernes pasado fue detenida por los talibán Yvonne Ridley, periodista del Sunday Express, quien se atrevió a entrar en Afganistán para informar sobre el terreno. El sábado, los paramilitares unionistas del Ulster acabaron con la vida de Martin O´Hagan, reportero del Sunday World, el primer periodista asesinado en Irlanda del Norte en 30 años de terrorismo republicano y protestante.

Como no podía ser menos, ETA tiene también un odio enfermizo a los medios de comunicación no nacionalistas, objetivos preferentes de su estrategia terrorista. Como sucede con toda organización dedicada al terrorismo en nombre de una causa fundamentalista, ETA también tiene sus altavoces, como el diario Gara, plataforma de presentación de estrategias y comunicados de la banda terrorista con un sentido servil del periodismo, en el que no faltan quienes no tienen mejor dedicación que hacer revistas de prensa ajena, como muestrario de objetivos para ETA.

La coincidencia de esquemas de comportamiento cómplice con el terrorismo no acaba ahí, sino que se extiende a zonas en teoría más templadas, como aquellas en las que se encuentran los que condenan la violencia pero no se comprometen para acabar con ella, por simple análisis de rentabilidad política. Como han hecho algunos sectores del mundo musulmán, que han condenado los atentados del 11-S pero han culpado a Estados Unidos de provocarlos, Xabier Arzalluz, bien precedido por el verdadero Ibarretxe, renovó el «algo habrán hecho» con el que los nacionalistas despachaban los asesinatos de ETA.

El más exaltado líder ultranacionalista de Europa demostró en el «Alderdi Eguna» que con ETA comparte la aspiración soberanista y el odio visceral hacia determinada prensa -El Correo Español, El Diario Vasco y ABC, citados los tres medios por su nombre- a los que tachó de «jauría mediática». Unido este insulto apuntador con el desprecio hacia la Constitución y con la equiparación entre ETA y el Gobierno, el PNV ha asumido la responsabilidad de avivar el fuego del terrorismo contra los medios de comunicación.

ETA SE ENFRENTA A LA COMUNIDAD INTERNACIONAL
Editorial El Mundo 2 Octubre 2001

Srinagar, Jerusalén, Vitoria. Tres coches bombas hicieron explosión ayer en tres rincones muy distintos del mundo dejando de manifiesto que el terrorismo es una lacra que requiere una rotunda respuesta global.

El espectacular atentado cometido por ETA contra el Palacio de Justicia de la capital alavesa no causó heridos, pero sí daños materiales por un coste de hasta 200 millones de pesetas. La India e Israel tuvieron menos suerte. Mientras que el ataque registrado en Jerusalén y reivindicado por la Yihad Islámica causó dos heridos, el atentado suicida perpetrado por un grupo radical musulmán contra el Parlamento de la capital de la provincia de Cachemira acabó con al menos 29 vidas. Las reivindicaciones de estas organizaciones pueden ser muy distintas, pero todas están presas del mismo fanatismo y afrontan un oscuro futuro común.

El atentado de ayer es el primero que comete ETA desde que el pasado sábado el Consejo de Seguridad de la ONU aprobara una resolución que obliga legalmente a sus 189 miembros a involucrarse de lleno en la lucha contra el terrorismo. Los estados deberán cortar las vías de financiación de las bandas criminales, cooperar en materia de extradición y perseguir judicialmente a los sospechosos y a quienes les amparan. Esto no es baladí. Adoptado invocando el capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas, el dictamen es un punto de inflexión en la prevención y lucha contra la barbarie a escala mundial. Por ello, si con esta salvaje acción ETA pretendía demostrar que tiene la capacidad para seguir matando, lo que realmente ha dejado patente es una ofuscación total.

Pero los etarras no son los únicos que de ahora en adelante lo tendrán más difícil. Quienes les apoyan -tanto directa como indirectamente- tampoco podrán seguir justificando o utilizando el terror para avanzar en la construcción de su particular delirio político. Estos últimos harían bien en reflexionar acerca de las palabras que pronunció ayer el alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani ante la Asamblea General de la ONU, reunida para coordinar una poderosa campaña global contra la barbarie terrorista: «Les pido que miren la destrucción, esa enorme pérdida de vida humana sin sentido. Y les pido que después miren en sus corazones y reconozcan que no hay lugar para la neutralidad en materia de terrorismo. Ustedes están o con la civilización o con el terrorismo».

Sr. Bush, en España también hay terrorismo
Editorial La Razón 2 Octubre 2001

Como ayer dijo el representante de Batasuna en el congreso del Sinn Fein, Joseba Álvarez, «no es momento de bajar la cabeza». Efectivamente, la banda terrorista Eta no la ha bajado y, pese a la sensibilidad mundial ante el fenómeno del terrorismo, ha puesto un potentísimo coche bomba en Vitoria. Y, como siempre, hay razones que lo explican, porque la brutalidad terrorista tiene su lógica, aunque ésta sea aberrante para las sociedades civilizadas.

Es bueno, en todo caso, describirlas. No se puede abordar el fenómeno del terrorismo hablando sólo de su «locura». Si se quiere luchar con eficacia contra él hay que saber de dónde procede, cuáles son sus objetivos; y, tras ello, abordar las causas y actuar contra los efectos.

Y el objetivo del terrorismo rampante de Eta, expresado en su último atentado, es, en primer lugar, recordar al PNV que los pasos para su pretendida autodeterminación no pueden hacerse sin Eta o contra Eta. La banda piensa (y no sin razón) que los avances independentistas se deben a sus atentados. También lo pensó el PNV, o al menos alguno de sus dirigentes, cuando alentaba a Eta a actuar para lograr avances soberanistas, como por ejemplo cuando se discutía el Estatuto de Guernica. Por eso, cuando el PNV se quiere ahora arrogar la iniciativa política autodeterminista (anteayer mismo, Ibarreche, con su amenaza de «referéndum») rápidamente Eta le recuerda su existencia. Independencia, la que quiera el PNV, pero con el liderazgo de quienes impulsan ese proceso con las armas, con los asesinatos, con la intimidación del terror.

El problema no es la coherencia de Eta, que siempre ha sido malvadamente coherente. El problema está en el aprovechamiento político del terrorismo por parte del PNV, que puede hablar de «conflicto político vasco» porque existe el terrorismo, pero lo quiere aislar del fenómeno terrorista, como si los vascos tuvieran otro problema que la violencia emanada del independentismo. El PNV quiere poner a los partidos democráticos como «agentes del conflicto», cuando son sus víctimas. Y se sitúa como árbitro, cuando es parte del problema, porque quiere lograr un beneficio político.

Pero Eta y el PNV parecen ambos ir por libre, sin considerar que hay una transformación brutal del mundo tras el 11 de septiembre. Allá ellos, pero es obvio que los nacionalismos autodeterministas tienen ahora menos lugar que nunca en las democracias occidentales, cuando todas ellas se sienten impulsadas a la estabilidad interna y a la unión internacional para protegerse de un enemigo común, que es precisamente el terrorismo.

El presidente de Estados Unidos, George Bush, está ahora ante una decisiva batalla contra el terrorismo mundial. Sin embargo, se ha olvidado de que los terroristas, tengan la motivación que tengan, utilizan los mismos métodos y tienen los mismos objetivos desestabilizadores. Por ello, se ha preocupado del terrorismo de origen islámico, quiere acabar militar y económicamente con él. Pero no se preocupa de los otros terrorismos como el que afecta a España.

Se ha cuidado Eta en recordárselo, y también se lo recordamos nosotros. Si Estados Unidos quiere una alianza internacional que incluya a España, España le debe requerir también apoyo. No es que nuestro país sea decisivo en el contexto mundial, pero no está de más que Bush no lo desprecie. Encontrará mucha más ayuda entre nosotros, si también nos ayuda. Y, aunque Bush no lo sepa, o lo ponga en segundo plano, España está, por su situación geoestratégica, en una encrucijada clave para la penetración del terrorismo islámico en Occidente.

Es lo mismo
Luis María ANSON La Razón 2 Octubre 2001

de la Real Academia Española

El Gobierno debe reaccionar como una pantera de Java y aprovechar la declaración de la ONU para incluir a Eta en el terrorismo internacional. La salvajada de ayer contra el Palacio de Justicia de Vitoria es lo mismo, en otra proporción, que el ataque contra las torres gemelas de Nueva York. No hay terrorismo de baja intensidad, ni terrorismo nacional. No hay terrorismo justificable. Hay terrorismo.
La ONU ha sido explícita. Se va a perseguir a los terroristas en todo el mundo hasta asfixiarles. Se emprenderán acciones concretas sobre las naciones que amparan, refugian, financian o entrenan a los terroristas. La comunidad internacional podrá exigir, por tanto, a los países que cobijan a etarras -Cuba, Venezuela, Uruguay, México, Argelia y Francia- que los entreguen para que sean juzgados.

España ha habilitado sus bases conjuntas y ha entrado de hecho en la guerra que Estados Unidos ha desencadenado contra el terrorismo. Aznar ha anunciado que enviará tropas cuando se lo soliciten y ha votado a favor de la resolución de la OTAN. Ha llegado el momento de comprometer a la comunidad de naciones contra el terror que padecemos los españoles y que tiene conexiones evidentes con las redes del terrorismo internacional. Ángel Acebes, un ministro que está siempre donde debe estar, ha dicho: «El terrorismo de Ben Laden es el mismo que el terrorismo de Eta. Todo terrorismo atenta por igual contra nuestra forma de vivir en libertad y en democracia». Tiene razón Acebes, toda la razón.

Estella II
MARIO ONAINDIA El Mundo 2 Octubre 2001

En el debate de investidura, el lehendakari Ibarretxe tuvo el acierto de proponer que el Parlamento fuera el foro donde se debatieran y resolvieran los problemas más graves de los vascos, empezando por un pleno sobre la violencia y otro sobre el autogobierno.

Decía haberse percatado de que había sido un error del PNV y del resto de los partidos ligar la violencia etarra a la autodeterminación y a cualquier otra fórmula de autogobierno, por lo que se proponía una condena unánime, no política sino ética, al terrorismo.

Estas buenas intenciones debieron saltar por los aires, igual que tantas otras cosas, cuando las Torres Gemelas de Nueva York se derrumbaron como un castillo de naipes. El mundo de después del 11 de septiembre empezaría a no distinguir tipos de terrorismo y considerarlos todos por igual. Riesgo que Arzalluz vio como nadie, adelantándose a decir que era una «tontería equiparar el terrorismo etarra con el islámico»; caso de que siguiera con sus buenos propósitos poselectorales, pues, el lehendakari se encontraría con que, en efecto, desde el punto de vista ético, resultan iguales todos los terrorismos.

No es casualidad, pues, que el pleno sobre la violencia y la normalización celebrado en el Parlamento Vasco el pasado 28 de septiembre sirviera para demostrar la imposibilidad de poner en práctica las buenas intenciones de Ibarretxe, porque se habló mucho más de normalización, esto es, del proyecto de Estella, que de violencia etarra y cómo combatirla. Normalización que denota que Euskadi atraviesa una situación política anormal o más bien prenormal derivada de que todavía no todos los vascos asumen el proyecto nacionalista.

Y así queda patente que el PNV, EA e IU sigan fieles a la estrategia de imponer el modelo de autogobierno diseñado en Estella, superando sus aristas más conflictivas como la dependencia parlamentaria del Gobierno respecto de Herri Batasuna -viable sólo con la tregua- y el pacto con ETA que llevaba a considerar la kale borroka como «chiquilladas».

De manera que en lugar del señuelo de paz a cambio de soberanía, tendremos soberanía por soberanía, perdón, a cambio de normalización que viene a ser lo mismo, un palabro más que añadir a la larga lista de eufemismos que se inventan cada año para envolver su programa político y hacer que deje de parecer un proyecto, y en ese sentido legítimo, para presentarlo como un derecho cuya negación sería la causa de la violencia etarra. Lo cual demostraría que el giro soberanista del PNV, lejos de ser simplemente (como se vendió en su día) una forma de lograr la paz dando satisfacción a las reivindicaciones de ETA, respondía a cuestiones estratégicas e ideológicas mucho más profundas.

En efecto, la dirección del PNV no estaba nada conforme con el efecto de la autonomía en la sociedad vasca, que no le aportaba votos y estaba relajando a su base social haciéndole olvidar sus objetivos a largo plazo; de manera que, ya en 1998, los votos del PP y del PSE sumaban más diputados que los del PNV y EA, 32 contra 28 (21-7); porque el avance que sin duda representa la autonomía en la conciencia nacional de los vascos (como en cualquier otra comunidad autónoma de España) no estaba teniendo su reflejo en el progreso electoral y social del nacionalismo, sino en la adecuación de los partidos nacionales al hecho autonómico diferencial vasco.

Ya en 1998 el proyecto de Estella pasaba por un Gobierno que no necesitaba contar con el apoyo parlamentario de Euskal Herritarrok, pero el avance electoral de esta fuerza al albur de la tregua y el descalabro de Izquierda Unida (que perdió cuatro de sus seis diputados) obligaron al partido de Arzalluz a contar con EH. De ahí el monumental enfado del líder peneuvista aquella noche electoral.

El resultado electoral de 2001 permite tener un gobierno de Estella sin apoyo de Batasuna, aunque en precario, pues carece de la mayoría de la cámara, no debido a la recuperación de Ezker Batua, que apenas pasó de dos a tres diputados, sino porque la ruptura de la tregua resultó beneficiosa para el PNV y un descalabro para Batasuna. Por todo esto, el lehendakari se mostró duro en el terreno policial en la lucha contra ETA, asumiendo al parecer las numerosas críticas dirigidas por los sindicatos policiales vascos, particularmente Erne y CCOO de la Ertzaintza, y porque ETA estaba en vísperas de empezar a atentar contra la policía vasca. Pero no fue menos duro a la hora de deslegitimar al régimen autonómico y al Estado español.

A juzgar por el discurso del lehendakari, en Euskadi existe un Estado de derecho, y por lo tanto dice que va a utilizar todos los medios que le ofrece éste para combatir al terrorismo etarra. Pero ello no impide que exista un contencioso o problema entre los vascos y el Estado español desde tiempo inmemorial que sólo puede resolverse cuando Euskadi se normalice, es decir, cuando todas las fuerzas políticas acepten la visión nacionalista.

La postura de sus socios de EA es mucho más dura, pues siguen hablando del déficit democrático del Estado por «la existencia de la tortura poco menos que sistemática» (suponemos que por parte de la Guardia Civil pero no por la Ertzaintza), «el mantenimiento de la Audiencia Nacional, que desconoce la presunción de inocencia y la carencia del derecho de autodeterminación, equivalente al de la vida».

A lo largo de estos 20 años hemos comprobado lo inane de una estrategia que condena a ETA por sus medios pero asume sus objetivos como legítimos y niega la existencia de un Estado democrático, porque lo que se quita con una mano se otorga con la otra. Y a ETA le preocupan más los posicionamientos políticos que las críticas éticas y morales.

¿Por qué, entonces, el gobierno vasco plantea las cosas de una manera tan peculiar y peregrina? Si Euskadi fuera un país normal, el lehendakari trataría de combatir el terrorismo no sólo de una manera policial, sino también política, intentando legitimar el Estatuto que le permite ejercer el cargo. ¿Por qué el PNV se empeña por tanto en no plantear el problema como una lucha, no sólo de medios sino también de fines, entre un grupo fascista que emplea el terror y un sistema democrático? ¿Por qué lo formula como el enfrentamiento entre un grupo terrorista y la mayoría del pueblo vasco pero no en un sistema democrático? Que esto no es fruto de la casualidad se comprueba si tenemos en cuenta que el lehendakari es el único presidente de Gobierno del mundo y de todo el universo que no jura su cargo prometiendo «respetar y hacer respetar la ley» sino que se compromete a «cumplir su cargo». Porque está preparando la trampa para el siguiente debate sobre el autorgobierno.

Si Euskadi fuera un país normal, el Gobierno actual trataría de concretar cuántas más competencias desea para seguir con el proceso de construcción nacional; y si sobrepasan el Estatuto, nada sería más lógico y normal que plantear la reforma de la actual autonomía siguiendo las vías legales que figuran en el propio Estatuto, todo ello sin ningún límite, al amparo no sólo de la disposición adicional del Estatuto, de la Constitución e incluso del artículo 150.2 del mismo, que permite la transferencia de competencias exclusivas del Gobierno central a las comunidades autónomas. Esta fórmula podría permitir alcanzar nuevos consensos entre todas las fuerzas democráticas.

Un buen motivo para no hacerlo, porque seguimos en la prenormalidad. No son precisamente la cohesión social, la libertad de los ciudadanos amenazados y la defensa del sistema democrático las mayores preocupaciones del nacionalismo, como tendremos oportunidad de comprobar en posteriores debates.

Mario Onaindia es presidente del Partido Socialista de Euskadi en Alava.

Los palurdos
Por Jaime CAMPMANY ABC 2 Octubre 2001

Vuelven a lo suyo. Ya están otra vez en su costumbre, la bomba y el separatismo, el petardazo de Vitoria y el referéndum de la autodeterminación en Salburúa. El mundo entero se dispone a sofocar las hogueras del terrorismo, pero los nacionalistas vascos, Arzalluz el energúmeno, el endemoniado, e Ibarreche el minso, el hipocritón, continúan recogiendo las nueces que tira la dinamita. Ellos tienen un terrorismo doméstico, también independiente, especial e incomparable, made in Euskadi. Se trata, claro está, a la vista está, de un terrorismo bendecido y sagrado, el yihad vascuence, la guerra santa del pueblo que habla el idioma que se hablaba en el paraíso terrenal, ese mismo idioma en el que Eva le dijo a Adán: «Adviértele a Dios que no nos vamos a dejar invadir por nuestros hijos».

Aquí han resonado al tiempo la explosión de la bomba de Vitoria, junto al Palacio de Justicia, lugar escogido con cuidado por los terroristas, y las palabras de Ibarreche amenazando a la Constitución y al Gobierno -a España- con convocar un referéndum acerca de la autodeterminación. Habrá sido quizá un propósito de sinergia, que eso de la sinergia está muy de moda. Yo os di el aviso con tiempo. «Ibarreche es un hombre inteligente, capaz, y una buena persona. Lo que sucede es que no es español». Es decir, no se considera español, no quiere ser español por más que gobierne una región española. O mejor dicho, gobierna una región española para tratar de conseguir que no deje de ser española, pero sólo asoma esa oreja cuando le conviene. Se echa harina en las patas como el lobo del cuento.

Yo creo que nuestros nacionalistas vascos padecen, entre otras plepas y alifafes, la enfermedad crónica del aldeanismo rústico. Son palurdos, gente torpe y rústica especialmente apegada a la aldea y al campo, que vive alrededor de su ombligo y desdeña a sus convecinos que salen del valle y salvan la montaña. Los grandes vascos viajeros y universales hicieron grande al País Vasco dentro de España, pero estos otros vascos se quedaron bajo el campanario, huyendo de todas las culturas que a mi tierra -y a su tierra- vinieron como los campesinos búlgaros huían de la vacuna. Estos nacionalistas son los que al hacer un catálogo de los grandes escritores vascos dejan fuera de la lista a don Miguel de Unamuno, fuerte vasco de Bilbao, y a don Pío Baroja, singular vasco de San Sebastián.

Palurdo quiere decir «torpe, lerdo y atontado», pero se aplica a los aldeanos y campesinos. O sea, que son los tontos del pueblo, esos tontos que escapan de cualquiera que llega, y creen que el mundo que empieza más allá de los límites del término municipal es una gente invasora y hostil, que habla otra lengua, que come otros alimentos, que tiene otras costumbres y que reza a otros dioses. Matan, como las fieras, a todo el que se aproxima a su cueva, y maldice a los que se van de ella en busca de abrir el horizonte y de enriquecer su mente y sus saberes. Javier Arzalluz se fue a Alemania y entró en la Compañía de Jesús, pero no resistió un ataque tan fuerte de europeísmo y de sabiduría. Volvió enseguida a la caverna, y quiere poner fronteras alrededor del Árbol de Guernica.

A esta gente, en mi tierra los llaman «perullos». El perullo es un Pero Grullo de huerta o de secano, al que no le ha entrado la letra en la cabeza. La única gramática que se le alcanza es la gramática parda. Pero el perullo de mi tierra, a falta de otros saberes, es sociable, cortés, hospitalario y avisado. Y no desprecia a sus vecinos que, con más o menos luces, y con muchos siglos encima de avatares y peripecias, ayudaron a hacer algo tan hermoso, tan diverso, tan rico y tan entero como es España. Señor Ibarreche: vaya usted a hacer el referéndum más allá de las islas Filipinas. Aquí, nones.

Bin Tirofijo
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 2 Octubre 2001

No es casualidad sino coherencia trágica que después de Estados Unidos la nación con más víctimas en la matanza del Once de Septiembre sea Colombia: un centenar. Pero estas víctimas del terrorismo lo eran por segunda vez. Casi todas habían huido de su país por culpa del terrorismo generalizado de las FARC, el ELN y su antítesis gemela de las AUC. Antes de que los matara Bin Laden, ya los había puesto en peligro de muerte Bin Tirofijo. Al final, dirán los orientalistas, les aguardaba la muerte, el destino fatal. Pero no hay casualidad alguna en la forma deliberada y minuciosa con que el terrorista prepara su carnicería. Igual que asestar veinte puñaladas a la señora o al marido es un asesinato y no un accidente doméstico, poner un coche bomba en un juzgado, asesinar de un tiro en la nuca a un periodista, volar un edificio de correos, secuestrar y pedir rescate so pena de asesinato, traficar con las mafias para sacar dinero, comprar armas, hacerse una fortuna en Suiza por si las cosas se tuercen, son formas idénticas del mismo fenómeno terrorista.

«¡El nuestro es distinto!», claman los cómplices. Pero no. El coche bomba lo puso ayer ETA, anteayer el IRA y anteayer Tirofijo, decano de la carnicería política asilvestrada. El periodista lo asesinó anteayer ETA, ayer el IRA y hoy quizás esté degollando a alguno, mejor alguna, el talibán de guardia. El secuestro de todo un país y la amenaza genocida contra toda una nación son la razón de ser del IRA y de la ETA, que matan a sus víctimas sólo por ser españolas o británicas. Los talibanes matan infieles y hacen vídeos sobre el degüello de rehenes para edificación espiritual contra el «paganismo antimonoteísta». Les basta que sean norteamericanos, británicos o eso, infieles. Luego, cuantos más niños destripados y más minutos en televisión, mejor.

Pero cuando se habla de la guerra total e internacional contra el terrorismo, en ningún país puede avanzarse tanto como en Colombia porque en ninguno ha llegado tan lejos el terror, ni cuenta con tantos cómplices en el exterior. Bin Tirofijo, recibe en su territorio, regalado por Pastrana y alimentado por el narcotráfico, a diplomáticos de la UE y politicastros del mundo entero. La propia embajada norteamericana lo toma como referencia para examinar de derechos humanos al ejército de Colombia. Expediciones humanitarias hacen turismo revolucionario para ayudarle a despejar más territorio, partidos y onegés de izquierdas, con Cuba siempre al fondo, hacen propaganda y recaudan dinero en todo el mundo para las FARC. Muchos países colaboran con el terrorismo colombiano. ¿Queremos que nos ayuden en Vitoria? Ayudemos en Medellín.

ETA, sin pretextos
Editorial El País 2 Octubre 2001

Los terroristas hicieron estallar ayer un coche bomba frente al Palacio de Justicia de Vitoria, provocando daños cuantiosos en el edificio y la destrucción de una docena de vehículos particulares. Los encargados de la parte literaria justificarán este hecho por algún motivo tal vez relacionado con la Administración de justicia. El viernes pasado destruyeron una discoteca que había sido objeto de denuncia por parte de los vecinos. ETA es una organización en permanente búsqueda de pretextos para justificar su presencia. El principal es que las actuales instituciones no satisfacen las auténticas aspiraciones de los vascos ni son capaces de resolver los problemas de su sociedad. De ello se deduce que uno de los objetivos de los demócratas para hacer frente al terrorismo debería ser el de reforzar y acreditar las instituciones representativas.

Sin embargo, no siempre se hace. El lehendakari anunció la víspera, en una campa próxima a Vitoria, que, si las cosas no cambian (esto es, si ETA 'sigue matando' y el Gobierno se mantiene en su 'inmovilismo ciego'), planteará una consulta popular, apelando a una ciudadanía que 'quiere más y más autogobierno y más capacidad para decidir'. El mensaje no puede ser más deslegitimador de las instituciones: apelación directa al pueblo porque el Parlamento no refleja la voluntad popular. Esa voluntad la deduce Ibarretxe de los 604.000 votantes que apoyaron su programa de paz, diálogo y ámbito vasco de decisión. Sin embargo, hubo una cifra similar de votantes que no lo aprobaron. La idea de que lo que antes era válido como punto de encuentro, el Estatuto, ha dejado de serlo porque ahora la gente es más nacionalista carece de fundamento. En las pasadas elecciones de mayo, con la participación más alta de las siete elecciones autonómicas celebradas, el voto nacionalista cayó a su cota más baja (52,8%) y dentro de ese ámbito se redujo a su mínima expresión el sufragio radical a EH.

Es un abuso considerar que la victoria electoral supone un mandato para cambiar las reglas del juego definidas por el Estatuto. Pero es además un error político. La prioridad que el propio Gobierno de Ibarretxe otorga ahora a la derrota de ETA exige no contribuir a su intento de deslegitimar el Estatuto como una imposición de Madrid. Era, y sigue siendo, un marco que refleja el pluralismo actual de la sociedad vasca. El mensaje implícito de Ibarretxe es que el Estatuto es insuficiente porque no ha traído la paz. Pero eso supone poner en manos de ETA la definición de lo que es autogobierno suficiente. Y eliminar cualquier posibilidad de consenso que no implique la renuncia a sus ideas de una mitad de la población.

Ayer mismo, Arzalluz declaró que para acabar con 'cualquier pretexto que pueda tener ETA' hay que eliminar el 'conflicto político' subyacente. De momento, sería bueno que no se agravase con propuestas rupturistas de la legalidad que pueden alimentar las fantasías de los dinamiteros.

De conflictos y diferencias
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 2 Octubre 2001

Se había empeñado usted, lehendakari, en separar paz y soberanismo y consideró que el busilis estaba en tratar los asuntos en plenos separados. No entiende que la oposición siga sin ver la luz después de que usted les haya invitado a admitir la existencia de un conflicto «al margen de la violencia». La vida, lehendakari, es una sucesión ininterrumpida de conflictos enmarcada entre dos que son definitivos: el nacimiento y la agonía, antesala de la muerte. Hay, pues, muchos conflictos: entre vascos nacionalistas y otros que no lo son, entre empresarios y trabajadores, profesores y alumnos, socialistas y populares, Madrazo y el Partido Comunista de Euskadi, eta abar. Los sistemas democráticos, por lo general, no sirven para resolverlos, sino para institucionalizarlos.

Hay muchos conflictos al margen de la violencia, pero no son relevantes; la ‘violencia es El Conflicto’. Aquí hay gente que mata para doblegar la voluntad política de casi la mitad de la población. Pretender que se puede discutir libremente con alguien que teme por su vida es una milonga, lehendakari. Recordará usted aquellos broncos años setenta, cuando el radikal-sindicalismo secuestró a una hija del empresario Olarra en vísperas de negociar el convenio. ¿Sería bastante con establecer dos mesas negociadoras, una para hablar del futuro de la chica y otra del conflicto laboral? ¿Bastaría con que ambas mesas estuvieran en estancias alejadas entre sí?

Otra cosa que no entiendo es su afán por afear al PP que el viernes votara con Batasuna en contra de su propuesta, cuando en el mismo pleno usted rechazó junto a los siete magníficos de Otegi la propuesta socialista. Eso sin contar las veces que votó junto a usted Josu Ternera durante la pasada legislatura, incluso para investirle a usted, incluso para declarar «no vigente» el Estatuto.

Pero agua pasada no mueve molino y no quiero que vea en mis palabras afán criminalizador, lehendakari. Uno está de acuerdo con el consejo de Arzalluz a Aznar en Salburua, imitar la visita de Bush a una mezquita para explicar que musulmán no es talibán: «Con el mismo talante, Aznar debería decir desde un batzoki que el nacionalismo vasco y la violencia de ETA son cosas diferentes». Imaginen que Aznar se aparece a la hora de los potes en Sabin Etxea, que debe de ser la mezquita mayor de Euskalherria, y se dirige a la parroquia para decir: «Tiene razón Arzalluz. ETA y el nacionalismo son distintos y las diferencias no sólo son formales, sino también funcionales: ETA es la espuma y vosotros la cerveza; ETA menea el árbol y vosotros recogéis las nueces». Probablemente aquellas buenas gentes se ofenderían. La verdad aquí también es diferente, según la diga Agamenón o su porquero.

Intimidar a la sociedad
Editorial El Correo 2 Octubre 2001

Los ciudadanos de Vitoria se despertaron ayer sobresaltados, conscientes de que el estruendo sólo podía significar, nuevamente, una mala noticia. La explosión de un coche bomba aparcado junto al Palacio de Justicia, en plena zona urbana, fue la demostración de fuerza que ETA busca siempre para marcar con su bárbara presencia la vida cotidiana. La afirmación de que el atentado no produjo más daños personales que leves heridas a un vecino refleja hasta qué punto el propio lenguaje periodístico -las convenciones a través de las cuales los ciudadanos expresan sus sentimientos- termina obviando esas otras heridas que todo episodio de violencia provoca en forma de miedo, angustia e inseguridad. No es verdad -como algunas voces tratan siempre de denunciar- que los medios de comunicación agrandemos el problema del terrorismo. Al contrario, nuestro mayor límite es que, en muchas ocasiones, no somos capaces de transmitir, en toda su hondura, el drama humano que sigue a cada acto de terror. Ese drama, que resulta más visible cuando ETA atenta contra una persona, una familia o una colectividad dada, existe también cuando miles de vecinos son obligados a superar, en el más cauteloso de los silencios, el susto que provoca un amanecer roto por la barbarie. La extrema incertidumbre hacia la que el terrorismo pretende conducir a las sociedades libres se vuelve, en el caso de ETA, especialmente diabólica. Porque su irracionalidad obliga al ciudadano a convivir con la violencia procediendo a un cálculo racional de las posibilidades que tiene de que realmente le pase algo; le induce a colocarse instintivamente del lado de los que, en principio, no tienen nada que temer.

Cuando todo indica que la capacidad operativa de ETA se encuentra menguada por la eficaz actuación policial de los últimos meses, la banda armada trata de mantener una mínima cadencia en sus atentados. A veces, un breve período de tiempo sin que la presencia coactiva de ETA se explicite con la actuación de sus comandos resulta suficiente para suscitar en la opinión pública una falsa sensación de normalidad que tiende a menospreciar la importancia de la amenaza, o que invita a vivir como si ésta no existiera en realidad. Lo mismo ocurre en el debate político. Hay ocasiones en las que el fragor reciente de un atentado impide cualquier otra consideración que no sea la de la condena del terror. En otras, es la temporal ausencia de la violencia la que alienta las reflexiones más disparatadas respecto al futuro. Pero es tan evidente que nos encontramos más cerca de la primera situación que de la segunda, que resulta obligado apelar a la responsabilidad de las instituciones para que sitúen en el primer lugar de sus agendas no un deseo genérico de paz, sino el compromiso concreto de acabar con la violencia y brindar a la ciudadanía un máximo de seguridad y de libertad.

¿En qué lengua habla Ibarreche?
Por Lucrecio Libertad Digital 2 Octubre 2001

Ignoro si el señor Ibarreche habla vascuence o español. O ninguno de ambos. Más verosímil me es la última hipótesis. El presidente vasco habla una lengua ajena al uso común de las condicionales. Lo que resulta es esto –juro por todos mis muertos que no se trata de invención mía ni de arrebato de cliente estable en frenopático—: «Si ETA sigue matando y seguimos sin darnos cuenta que tenemos que hablar para resolver las cosas; si se sigue sin aceptar desde Madrid que ésta es una sociedad que quiere más autogobierno, no tendré ningún temor en acudir, en apelar a la sociedad para que explicite su mensaje».

En la elemental arquitectura retórica del pasaje, una secuencia de tres condiciones rige el desenlace conclusivo: referéndum. Pequeñas aberraciones morfológicas (“darnos cuenta que”) dejadas de lado, es un procedimiento oratorio de lo más tosco. Pero aun lo tosco tiene reglas. Las que fijan continuidad entre lo condicionante y lo condicionado.

A otros interesará la parte conclusiva, el dichoso referéndum patrio. A mí me trae al fresco. Me fascina la serie argumental. Enumeremos sus tres condicionantes: 1) ETA sigue matando. 2) seguimos sin darnos cuenta que (sic) tenemos que hablar para resolver las cosas. Y 3) se sigue sin aceptar que ésta es una sociedad que quiere más autogobierno.

Un fino matiz se aprecia allá donde el lector se detiene a constatar que, siendo tres las condicionantes sobre las que la conclusión se asienta, sólo en dos ocasiones la conjunción condicional sella su función. El matiz se trueca en punto sin retorno al constatar que esa curiosa elipsis afecta a la continuidad entre el primer y el segundo condicionante. La rigidez de lo enumerativo queda así desplazada por la hilazón de lo consecutivo. “Si ETA sigue matando y seguimos sin darnos cuenta que tenemos que hablar para resolver las cosas” no es ya la enumeración de dos datos autónomos (discutibles o no, pero autónomos). Sin una mala conjunción por medio, sin siquiera signo de puntuación, el todo es dado, en la retórica presidencial, como unidad de sentido: que ETA mate y que no nos demos cuenta de que hay que hablar, es lo mismo. Ése es el verdadero –y silencioso— argumento.

Lo es. Si Ibarreche habla español. No estoy seguro. Tal vez alguna laberíntica rama dravídica le permite un uso innovador, para mí ignoto, de las condicionales.

Nuestros talibanes y su horizonte genocida
Por Enrique de Diego Libertad Digital 2 Octubre 2001

El atentado contra el Palacio de Justicia de Vitoria, con la gran cantidad de explosivo empleado, tiene el terrible simbolismo de un ataque contra el Estado de Derecho y de un intento de amedrantamiento a la Justicia. Se produce inmediatamente después de la escalada verbal de integrismo proferida por Ibarretxe y Arzalluz. El día del partido ha sido motivo para una regresión fundamentalista, con rechazo de la pluralidad real de la sociedad vasca, y con frases tan virulentas como la del talibán Arzalluz –el único político occidental que elogió a Jomeini como hombre sensato y sabio- quien dijo que se cortaría la mano antes de firmar la Constitución.

La sociedad vasca, lo que precisa es más y más libertad; pero los talibán violentos y sus padres de las madrasas, quieren una intensificación del conflicto con un horizonte genocida.

«Bush debe incluir a Eta entre sus objetivos»
Los partidos democráticos señalan que no caben distinciones entre los grupos terroristas y piden que la comunidad internacional actúe también ante la banda terrorista y su entorno
El atentado de Eta contra el Palacio de Justicia de Vitoria ha agravado las voces que exigen que Estados Unidos y la comunidad internacional incluyan a la banda entre sus objetivos terroristas. Las fuerzas democráticas volvieron a expresar ayer su más rotunda condena contra la nueva aparición de Eta, que rompió en la madrugada del domingo su tregua tácita tras los sucesos del 11 de septiembre en Nueva York. Ante esta nueva actuación, han recordado además que no caben distinciones entre grupos terroristas, que sólo persiguen trasladar «temor y muerte» a la sociedad.
L. R. N - Madrid.- La Razón 2 Octubre 2001

La banda terrorista Eta se ha saltado, con su nueva actuación, el silencio impuesto tras los terribles atentados del 11 de septiembre en Nueva York. Así lo apuntaron ayer partidos, sectores sociales y asociaciones judiciales que, después del nuevo atentado contra el Palacio de Justicia de Vitoria, han recordado que la comunidad internacional debe actuar ante Eta y su entorno. Por este motivo, fuentes de PP y PSOE señalaron que el presidente de Estados Unidos, George Bush, debe incluir a la banda entre los objetivos marcados en la lucha contra el terrorismo como la nueva amenaza mundial para la convivencia pacífica.

En este sentido, el secretario general del PP, Javier Arenas, quiso transmitir ayer la «más rotunda» condena de la Ejecutiva del partido hacia el atentado de Vitoria y subrayar que no se puede distinguir ningún tipo de terrorismo, ya que «todos persiguen lo mismo: trasladar el temor y la muerte a la sociedad».
Arenas mostró la satisfacción del Partido Popular por los «avances extraordinarios» que se producen en el mundo y en el ámbito europeo en lo que significa la construcción de un espacio de lucha contra el terrorismo, «lo que se llama la coalición de la libertad contra cualquier tipo de terrorismo», matizó.

Mientras, el portavoz de la Asociación Francisco de Vitoria, José Luis González Armengol, subrayó la ruptura de la tregua tácita que mantenían los terroristas tras los sucesos de Nueva York y denunció las «deficiencias» que se han revelado en las medidas de seguridad.

González Armengol afirmó que Eta «pretende seguir llamando la atención con situaciones» como las de la noche del domingo en Vitoria, así como que «no es nuevo que, de forma contumaz, desde Eta y sus aledaños se ataque con virulencia a edificios judiciales».

«Esto, una vez más, tiene que alertar a los encargados de la seguridad, porque son hechos muy reiterados y, precisamente, en sedes judiciales, lo que significa que las medidas de seguridad que se adoptan en los mismos para protección, tanto de las personas como de los inmuebles, son clarísimamente deficientes», declaró a Ep.

A su vez, el secretario general de UA, Pablo Mosquera, afirmó también que la comunidad internacional debe tener presente que Eta resulta «tan peligrosa» como cualquier otro terrorismo y que debe colaborar para acabar con esta banda armada. Tras el atentado de Vitoria, se demuestra, en opinión, que Eta, el nacionalismo radical y «todo el fundamentalismo que hay en ese mundo» carece de «propósito de enmienda».

Para Mosquera, se equivocaron aquellos optimistas que pensaban que la banda no se atrevería a atentar después de los acontecimientos de Estados Unidos, pero es que «éstos son más chulos que nadie, más fundamentalistas que nadie, no sé si creen que los derechos históricos del supuesto pueblo vasco son más importantes que, incluso, los derechos que defienden los talibán». Queda claro que «nos deben ayudar a acabar con ellos», enfatizó.

El portavoz del PSE-EE en el Parlamento vasco, Rodolfo Ares, consideró «prioritaria» la unidad de los demócratas para derrotar al terrorismo. El parlamentario socialista indicó que Eta ha vuelto a recordar que es «la amenaza totalitaria que pone en peligro las libertades y derechos de los vascos e hipoteca el futuro de Euskadi».

PP y PSOE acusan a Ibarretxe de dar argumentos para que ETA siga matando
BILBAO / MADRID. M. Alonso / ABC 2 Octubre 2001

Tras el discurso soberanista del PNV en el Alderdi Eguna y el atentado de ETA en Vitoria, el PP y PSE coincidieron ayer en recordar que el problema vasco es el terrorismo y no la autodeterminación. Los socialistas reprochan al PNV que equipare a una banda con el Gobierno democrático y el PP acusa a Ibarretxe de dar argumentos para que los etarras sigan atentando.

El vicepresidente primero del Gobierno, Mariano Rajoy, dijo que el PNV «no está dando la talla» en la lucha contra el terrorismo. En su opinión, la consulta popular planteada por Ibarretxe es algo «insólito» porque supondría que un gobernante no cumple la Ley. Por su parte, Jaime Mayor manifestó que los discursos de Ibarretxe y Arzalluz tratan de introducir en la desesperanza a los no nacionalistas. «Cuando Ibarretxe dice que si ETA sigue asesinando el PNV va a profundizar en la defensa de la autodeterminación y la ruptura -afirmó- vuelve a dar argumentos y razones para que ETA vuelva a tratar de matar».

En el mismo sentido, el portavoz del PSE, Rodolfo Ares, consideró «altamente irresponsable equiparar a un grupo terrorista con el Gobierno democrático de España, como han hecho los nacionalistas en el Alderdi Eguna». «Con esa actitud -añadió- no se contribuye a acelerar el fin del terrorismo, sino a seguir oxigenando a ETA».

AMENAZA TOTALITARIA
Para los socialistas, «ETA es la amenaza totalitaria que pone en peligro las libertades y los derechos de los vascos e hipoteca su futuro», por lo que abogan por la unidad de los demócratas «para acabar» con el terrorismo. «Sólo derrotando a ETA -manifestó Ares- el país recuperará sus libertades plenas y garantizará el futuro de su autogobierno».

Unidad Alavesa volvió a plantear la posibilidad de pedir un referéndum para ver si Álava quiere o no formar parte del País Vasco si los nacionalistas llegaran a realizar una consulta popular sobre la autodeterminación.

El secretario general del PP, Javier Arenas, lamentó el anuncio de Ibarretxe y apuntó que un gobernante democrático «no puede plantearse incumplir las leyes y saltárselas a la torera». Asimismo, se mostró convencido de que «se pondrán en marcha todos los instrumentos que nos da el Estado de Derecho para impedir que un gobernante se pueda saltar las leyes» y añadió que «el Gobierno hará todo lo que esté en su mano» en este sentido. En su opinión, ha quedado demostrada la «incapacidad de Ibarretxe para liderar la lucha contra el terrorismo».

Por su parte, el secretario de Organización del PSOE, José Blanco, pidió al lendakari y al PNV que trabajen más para conseguir la unidad democrática en la lucha contra ETA «y hablen menos de autodeterminación y soberanía». En este sentido, el dirigente socialista recordó a Ibarretxe que el principal problema para España y para el País Vasco no es la autodeterminación, sino «el terror y la violencia».

Xabier Arzalluz, sin embargo, consideró que lo que permite la pervivencia de ETA es la existencia de «un conflicto político que hay que eliminar». «Entonces se acabó cualquier pretexto que pueda tener ETA». Arzalluz insistió en que «al final podrá ejercerse el derecho de autodeterminación y decidirá el pueblo» y comparó a ETA con el PP y el PSE, señalando que a los tres «les molesta» una consulta popular.

Miguel Sánchez-Ostiz: «Un nacionalista dijo: "Soy persona antes que vasco"; eso sirve para todos»
MADRID. Antonio Astorga ABC 2 Octubre 2001

Miguel Sánchez-Ostiz está cansado de describir desastres porque eso no es la vida. Desde el runrún del zacuto de su pensar (parafraseando a Torres Villarroel, -«¡qué gran maestro y gamberro!»)-, el escritor amasa más personajes positivos que negativos porque necesita creer en la alegría de la vida. Ahora abre ciclo sobre el País Vasco con «El corazón de la niebla».

Este es un libro contra el desprecio hacia el individuo, contra el odio, contra el rencor. «El corazón de la niebla» (Seix Barral) es una obra a favor de la libertad de cada uno de nosotros... ¿frente al tribalismo?

-La identidad de cada uno de nosotros está más en lo que nosotros hacemos con nuestra propia vida que en lo que nos da la tribu. Dijo una cosa tremenda y genial Koldo Michelena, que además era nacionalista: «Soy persona antes que vasco». Eso sirve para todos. Lo primero es ser persona y ser persona es algo muy serio. Luego unos hablan de «tiempos banales», otros de «postmodernismo». Anda, váyanse a...

-¿Se vive mejor entre la niebla del valle que entre tribus urbanas?
-Mi vida, desde que me fui al Valle de Baztán, el 1 de abril de 1995, ha sido muy placentera y rica en lo humano. Me he tropezado con una gente muy sencilla, que no está maleada, que me ha demostrado con hechos su calidad humana.

-Su retrato de seres y estares es demoledor...
-A mí me interesaba escribir una novela humorística. Un filósofo desengañado del mundo -¡ya empezaba con coñas!-, que se retira al campo y allí se lo comen con patatas: las abejas le pican, las ovejas no sé qué... Entonces poco a poco, aquella burla empezó a coger otros aires, sobre todo en los dos últimos años que han coincidido con mi vida en el mundo rural, en el que veía que las cosas no son siempre como se dicen, que es un laberinto, que es mucho más complejo de lo que parece, que la barbarie de ETA no es la barbarie de los vascos, que hay bárbaros de derechas... Me interesa la vida cotidiana más que las ideologías y los discursos políticos. En el valle de Baztán hay 16 pueblos y 6.500 ciudadanos. Yo vivo junto a otras veinte personas. Estamos obligados a convivir, incluso gentes con ideas muy distintas. Yo sé, como sabe el narrador de mi novela, que hay escritores y periodistas que tienen serios problemas de expresión en el País Vasco. Y hay muchos más de los que están en Madrid y de los que salen en prensa. Hay otra gente que no saldrá nunca y que se ha pringado con sus artículos. Es lo que le pasa al narrador de esta novela, que sabe que un amigo suyo ha tenido serios problemas de agresión y de amenazas y éste no ha respondido. Tiene un sentimiento de culpa y de cómo se ha podrido.

-¿Es una novela contra los que miran a otra parte?
-Va dirigida a los que disuelven su verdadera identidad. En la novela hay de todo: bárbaros de derechas, hay ex etarras, gente que ha padecido y hecho padecer la dictadura...

-¿El tiempo juega a favor de un mundo oscuro donde la ley no significa nada? Eso es algo que saben las víctimas de todas las fechorias.
-Eso es lo más duro de toda esta historia. Reflexiono sobre la libertad de conciencia, la pobreza, el dolor, el perdón, la identidad, el sentimiento de arraigo y desarraigo en una tierra. Sin olvidar la ironía, porque, ¡hombre!, es que si no le echas un poco de burla a este asunto... Mire, yo no valgo para hacer ensayo político porque no haría más que burrear.

-¿Y el papel de la patria y lengua?
-Hay gente que por la lengua pega tiros. En la nuca y por la espalda. La patria es un asunto a reformular: si más que ella lo que importa son las leyes que nos hacen ciudadanos con derechos y obligaciones; si somos un país de ciudadanos más que un país de tribu levantisca.

Encapuchados destruyen con ‘cócteles’ una tienda de Telefónica en Rentería
SAN SEBASTIÁN EL CORREO 2 Octubre 2001

Un grupo de encapuchados atacó anoche con ‘cócteles molotov’ una tienda de telefonía en la localidad guipuzcoana de Rentería, según indicaron fuentes de la Ertzaintza. El sabotaje se produjo poco después de las 21.00 horas, cuando varias personas con el rostro oculto por capuchas entraron en el establecimiento, propiedad de Telefónica y ubicado en la calle Xenpelar.

Una vez dentro, los atacantes conminaron a salir del local a la única dependienta que se encontraba a esa hora en su interior. Inmediatamente después, los individuos arrojaron varios artefactos incendiarios, que originaron un incendio. El fuego se extendió por toda la tienda en pocos minutos y causó daños materiales importantes. Sin embargo, no fue preciso evacuar a los vecinos del inmueble donde se encuentra la tienda.

Las llamas, que fueron sofocadas por una unidad de los bomberos, afectaron también a dos cajeros automáticos de la Kutxa. Asimismo, un turismo que se encontraba aparcado a muy pocos metros del local sufrió la rotura de una de sus ventanas.

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