AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 4 Octubre   2001
#Hasta aquí hemos llegado
Editorial La Razón 4 Octubre 2001

#La estafa de Arzalluz
Editorial ABC 4 Octubre 2001

#La mano de Arzalluz
Valentí PUIG ABC 4 Octubre 2001

#Táctica o estrategia
JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA El Correo 4 Octubre 2001

#Aznar se enfrenta a Arzallus y dice que sus desafíos dan coartadas a Eta
Carmen Morodo - Madrid.- La Razón 4 Octubre 2001

#Desencuentro autonómico
Editorial El Correo 4 Octubre 2001

#Tigres de papel
PATXO UNZUETA El País 4 Octubre 2001

#ETA no es prioritaria para USA
Pío Moa Libertad Digital 4 Octubre 2001

Hasta aquí hemos llegado
Editorial La Razón 4 Octubre 2001

El presidente del Gobierno, José María Aznar, le dijo ayer con claridad a los nacionalistas vascos, aunque con palabras políticamente más correctas, que «hasta aquí hemos llegado». La última polémica sobre la exclusión de un representante del PNV del Consejo General del Poder Judicial ha sido el detonante. La respuesta del PNV fue, una vez más el órdago: la posibilidad de abandonar el Parlamento español. Aznar lo ha entendido, con toda razón, como el enésimo chantaje y ha anunciado su firme decisión de no plegarse a él.

La conveniencia de contar o no con los nacionalistas en los citados órganos es discutible. En condiciones de normalidad, los partidos de ámbito nacional siempre lo habrían facilitado, como hicieron en el pasado. Lo hubiéramos considerado razonable, y así lo hemos expuesto, pero sólo como reafirmación de lealtad constitucional. Si el PNV la respetara, su participación en los órganos del Estado resultaría incuestionable, y lo contrario una provocación.

Pero el problema es que el PNV está caminando a marchas forzadas por el filo de la navaja de la ruptura de la legalidad constitucional. En esta senda, ninguna cesión le es suficiente. Tal vez por eso se mostró tan reacio a negociar otro nombre que el de Margarita Uría para el Consejo General del Poder Judicial. Como estrategia de provocación. Es posible que la inflexibilidad del PP y del PSOE en este asunto le haya dado argumentos al PNV. Pero también es cierto que ambos partidos se han hartado de ceder. Y, bien pensado ¿por qué habrían de hacerlo, cuando han sido virtualmente aplastados por el rodillo nacionalista en el País Vasco?

Los nacionalistas vascos llevan veinte años reclamando avances soberanistas como condicion sine qua non para que se acabe la violencia terrorista. Más aún, culpabilizan a las víctimas de esa violencia por su inflexibilidad, porque no les dan más soberanía al País Vasco; es decir, más poder a quien lo gobierna. Y, en el colmo de la hipocresía, dicen que, como Eta mata y los partidos no «dialogan», se verán forzados a «consultar» al pueblo vasco, para que éste «decida libremente su futuro». Todo ello cuajado de victimismo y de apelaciones a la democracia.

Ha llegado la hora de poner al PNV en su sitio. La expresión de la democracia es la legalidad constituida. La ruptura con ella es antidemocrática y quienes están llamados a defender al Estado no pueden permitirla. La democracia española es una construcción del conjunto de sus ciudadanos, no un juguete que se pueda administrar en cada pueblo, en cada región o en cada «batzoki». El PNV está obligado por la legalidad. Y ésta emana de una realidad histórica y política que se llama España que no se puede vulnerar por el capricho o el afán de poder de una determinada oligarquía regional. Y menos, cuando sus pretensiones sólo sirven para alentar el terrorismo, ante la esperanza de victoria de sus fines independentistas.

La estafa de Arzalluz
Editorial ABC 4 Octubre 2001

La última estafa de Xabier Arzalluz es presentarse ante la opinión pública como un constitucionalista incomprendido, ansioso por participar lealmente en los órganos constitucionales. Esta queja, en boca de Convergencia y Unión, es sincera, porque el nacionalismo catalán siempre ha demostrado una verdadera disposición de compromiso con el Estado y de aportación a su estabilidad institucional. Pero dicha por Arzalluz, es un chiste de mal gusto. Lo que sucede es que pasar de la mutilación a la amenaza es un salto demasiado grande incluso para un político tan falso como Arzalluz. Si el domingo, en las campas de Salburúa, advirtió que se cortaría la mano antes que firmar la Constitución, el martes amenazó con sacar al PNV del Congreso y del Senado como respuesta a la ingratitud del Estado por no haber sentado a Margarita Uría en el Consejo General del Poder Judicial. Al final, la diputada Uría se habrá dado cuenta de que su candidatura no era más que un instrumento del PNV para provocar esta situación de crispación permanente, planificada como un episodio más de la victimización del nacionalismo. A Arzalluz siempre hay que agradecerle su falta de sutileza, porque descubre las verdaderas intenciones de su partido, aunque sea a costa de empequeñecer al lendakari Ibarretxe, falso moderado que se identifica totalmente con el radicalismo de su jefe de partido.

El PNV no se irá del Parlamento -ni Arzalluz se cortaría la mano si tuviera que firmar la Constitución-, porque su táctica siempre ha sido estar en las instituciones que deslegitima, aprovechando todos sus réditos sin dar a cambio la más mínima lealtad. Con el Consejo del Poder Judicial pretendían lo mismo, siguiendo la estela dejada por Emilio Olabarría, también diputado antes que vocal del Consejo, a quien muchos jueces del País Vasco lo recuerdan por no apoyarles debidamente frente a las amenazas del Sindicato de Abogados Euskaldunes a cuenta del uso del euskera en los Tribunales de Justicia. Por eso, el PP hizo bien en evitar que se repitiera la historia, lo que no suponía dejar al PNV fuera del Consejo General del Poder Judicial, aunque su presencia, desde luego, no habría sido resultado de los méritos acumulados en beneficio de una Justicia que el nacionalismo ha puesto en solfa por el uso del euskera, por los ataques a la Audiencia Nacional o por la desobediencia civil. Cabe preguntarse si el PNV realmente quiere participar en las instituciones o infiltrarse en ellas para torpedearlas.

En cualquier caso, la política hipócrita del PNV hacia las instituciones del Estado está tan arraigada porque le ha sido rentable y nunca ha rendido cuentas por ella. Un evidente complejo ante el nacionalismo, provocado por el chantaje terrorista -el mismo que ahora calienta el plan del PNV para justificar la consulta sobre autodeterminación- es el que ha consentido que no haya reciprocidad en las relaciones con el Estado y con las fuerzas políticas no nacionalistas. Su actuación prepotente en el Parlamento vasco, pese a contar -antes de sumar los tres votos comunistas de IU- con sólo un diputado más que el PP y el PSE, demuestra ese talante avasallador que ha trasladado a sus relaciones con el Estado. El PNV exige concierto económico, nuevas transferencias, presencia en los órganos constitucionales y representación en Europa, pero, con el más incendiario de los lenguajes ultranacionalistas, repudia la Constitución que ha permitido al País Vasco organizarse, por primera vez en toda su historia, como una realidad política.

Si el PNV se va del Parlamento, unos cientos de miles de ciudadanos españoles se quedarán sin representación, pero no se conmoverán los cimientos del sistema. Además, después de oír a Arzalluz en el «Alderdi Eguna», que el PNV se vaya del Congreso y del Senado, más que una represalia, sería un acto de coherencia con su fobia -otra más- constitucionalista. Por eso, las quejas de Arzalluz por la ingratitud del Estado que les excluye no son más que lágrimas de cocodrilo, que llora mientras se come a su víctima.

La mano de Arzalluz
Por Valentí PUIG ABC 4 Octubre 2001

AMPUTARSE una mano para desasirse de la Carta Magna corresponde a la categoría de transgresiones que tanto admiraba Buñuel. Es cierto que también existe toda una corriente de arte gestual, nutrido de cuantiosas banalidades, pero generalmente no resulta válida para mantener las relaciones convenientes entre los electores y sus representantes. Por eso que los domingos de Arzalluz tienen casi siempre algo de escenografía ubuesca, con la frente alta y el dedo conminativo. Ahí queda la mano de Arzalluz simbólicamente amputada en la hora en que más necesario era tenderla.

En otra gama cromática, a Jordi Pujol le incomoda haber pactado con el PP cada vez que tiene debate en el parlamento autonómico de Cataluña. Entonces hace un paréntesis en la práctica del transaccionismo y acusa al Gobierno de Madrid de todos los males que padece Convergència. Ahí la mano se esconde después de haber tirado la piedra.

Sea por error o con acierto, existe una política redistributiva de los poderes institucionales del Estado y, en su desempeño por consenso, reaccionar con la destemplanza de quien no ganó en la lotería deteriora el juego de equilibrios y controles. En el carácter de Arzalluz la legítima pataleta parlamentaria se transforma en secesión titánica: así enardece uno el gesto y hace ademán de retirarse de todo, aunque la puerta de salida solo sea un dibujo en la pared. Por lo demás, es una evidencia que quienes se ausentan del bien común poco contribuyen a construir la ciudad.

Al morir un gran pianista se acostumbraba a sacar un molde en yeso de sus manos de virtuoso. Esa mano de Arzalluz cercenada en aras del soberanismo más bien tiene visos de elemento de aquelarre. En cualquier caso y para su bienestar mental, la paz constitucional permite decirlo todo.  vpuig@abc.es

Táctica o estrategia
JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA El Correo 4 Octubre 2001

Ahora, una vez asegurada la mayoría parlamentaria y dado por imposible cualquier entendimiento con los populares, el lehendakari parece querer abrir espacios de acuerdo hacia los socialistas. Resulta, sin embargo, difícil de saber, en esta legislatura en la que la confrontación ha sido sustituida por una política de encubrimiento de las propias intenciones, si tal deseo persigue pactos de alcance estratégico u oculta, más bien, intereses de carácter meramente táctico.

La experiencia reciente aconseja mantener el escepticismo. Es obvio que el socialismo no se encuentra cómodo con la excesiva vinculación que ha mantenido con el PP en materia de política vasca, entre otras razones porque el enfrentamiento radical con el nacionalismo al que esa vinculación lo arrastra no le resulta rentable. Es sabido asimismo que, dentro del socialismo, coexisten de antaño tradiciones vasquistas y españolistas que han provocado en la organización intermitentes movimientos pendulares. Bien podría ser, por tanto, que el nacionalismo, conocedor de estas circunstancias, sólo estuviera interesado en explotarlas con el fin de alcanzar un objetivo tan inmediato y cortoplacista como el de romper la actual alianza PP-PSOE, dejar solos a los populares y ganarse la no beligerancia socialista. Eso le bastaría por el momento. Eso y, llegadas las elecciones forales y municipales, suscribir con el socialismo pactos de mera gestión institucional.

Si el nacionalismo persiguiera objetivos de mayor alcance -como, por ejemplo, el de articular pactos transversales con el constitucionalismo sobre la base del respeto del otro en un país de estructura plural-, habría dado ya claras muestras de su voluntad y demostrado un nuevo talante. No lo ha hecho. Se ha atrincherado, más bien, en su nueva mayoría y no ha abandonado ese convencimiento tan suyo de que él es el auténtico intérprete de la verdadera voluntad de su pueblo, así como el más eficaz promotor de sus genuinos intereses, mientras que los demás sólo se moverían por intereses ajenos al país, cuando no mezquinos o bastardos. Encaramado en ese pedestal de superioridad, el nacionalismo se mantendrá de momento a la espera de que sean los otros los que se muevan y de que lo hagan, además, en la única dirección que él considera correcta: la aceptación de algo, en su opinión, tan obvio e inocuo como el ámbito vasco de decisión. Pero, en ese terreno , no hay cabida para pactos estratégicos. A falta de ellos, para las políticas de largo alcance, el nacionalismo ha preferido recurrir a la decisión de la mayoría. Nada suena más democrático. Sólo que, en democracia, la de las mayorías no es la única ley que cuenta. Sobre todo, cuando aquellas son escasas y lo que deben dirimir afecta al núcleo mismo de la convivencia.

Aznar se enfrenta a Arzallus y dice que sus desafíos dan coartadas a Eta
Avisa que se defenderá contra las calumnias en Gescartera Zapatero se lava las manos y hace culpable al PP de la exclusión nacionalista de las instituciones
El presidente del Gobierno, José María Aznar, responsabilizó ayer al PNV de dar coartadas a Eta con su política rupturista y su empecinamiento en llevar la contraria al «mundo entero» al establecer diferencias entre los terroristas. Advirtió que no cederá a sus chantajes impresentables y «poco democráticos». Sobre Gescartera, anunció que el PP se defenderá de quienes le calumnien directa o indirectamente y negó autoridad a la nueva dirección socialista para darle ningún tipo de «lección ética o moral».
Carmen Morodo - Madrid.- La Razón 4 Octubre 2001

Aznar aprovechó una reunión con el Grupo Parlamentario Popular para lanzar varios mensajes a los nacionalistas vascos y al PSOE. A los primeros, comenzó acusándoles de dar argumentos a Eta por plantear políticas rupturistas, y distinciones entre los terroristas, mientras que el conjunto de la comunidad internacional se une para acabar con esa lacra. El «integrismo enloquecido» y los «designios de aventura al margen del sentido común» tienen «consecuencias muy graves».
Fue más allá al valorar su reacción ante el acuerdo sobre la renovación de cargos institucionales. El hecho de ser nacionalista es una cosa «muy respetable», pero no da derecho a plantear «chantajes» o presiones al resto de los ciudadanos que son «inaceptables». La política, continuó Aznar, de «o se me da lo que quiero o rompo la baraja» demuestra una actitud «poco democrática».

Gescartera y Zapatero
Las advertencias al PSOE vinieron al tocar el asunto de Gescartera. El PP, anunció, se defenderá de aquellos que «directa o indirectamente» le quieran calumniar «diciendo que puede haber algo que ocultar o que se ha encubierto algo». La acción de su Gobierno y de su partido ante este asunto ha sido «impecable» en la búsqueda de «transparencia», y recordó, en ese punto, la actitud que mantuvieron los Ejecutivos socialistas ante los escándalos de la etapa anterior. Si bien admitió que los actuales responsables del PSOE no son los mismos de entonces, precisó, en alusión a José Luis Rodríguez Zapatero, que «sí estaban sentados en sus escaños votando contra la transparencia y las medidas para luchar contra esos casos». Por ello, no tienen autoridad ninguna para hablar de ética o moral. En su discurso, reiteró que España no descarta ningún tipo de participación en el castigo a los responsables de los atentados contra EE.UU.

Por su parte, el secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, echó ayer balones fuera e instó a PNV y a CiU a plantear al PP sus quejas, por su exclusión en el CGPJ y en el Tribunal Constitucional, ya que es el que tiene mayoría. NACIONAL

Desencuentro autonómico
Editorial El Correo 4 Octubre 2001

El momento por el que atraviesa el autogobierno en Euskadi viene siendo calificado de «regresión autonómica» por parte del nacionalismo gobernante. La descripción de la situación como si fuera fruto de una actitud férreamente centralista por parte del Gobierno Aznar permite al nacionalismo soslayar la responsabilidad que le atañe en la búsqueda de un clima de normalidad y lealtad mutua en las relaciones institucionales entre la autonomía vasca y los órganos centrales del Estado constitucional. Pero el bloqueo y la parálisis que afectan a la asunción del resto de las competencias que contempla el Estatuto, o a un desarrollo legislativo respetuoso con la pluralidad autonómica, no deriva ni única ni fundamentalmente de la existencia de una lectura centrífuga o centrípeta del Estado de las autonomías, como ocurre en el caso catalán. El problema va más allá de las discrepancias que pudiera suscitar un conflicto de competencias, el desacuerdo en la interpretación de una previsión estatutaria, o la distinta valoración financiera de una transferencia pendiente. El problema apunta al afianzamiento de dos poderes legítimos -el central y el autonómico- enfrentados entre sí, que podrían estar tentados de basar buena parte de su legitimidad precisamente en la perpetuación de ese enfrentamiento.

Es cierto que el desarrollo real de la autonomía vasca ha seguido el curso de los acontecimientos políticos, el juego de las mayorías en Euskadi y en España. Pero es obligado recordar que el propio nacionalismo ha sido partícipe de ese juego y de esos acontecimientos; que en tanto gestor y receptor principal de la mayor transformación que han experimentado el País Vasco y España en siglos de historia, el nacionalismo ha ido bendiciendo una realización que alguno de sus dirigentes amenaza ahora con maldecir. Durante años la opinión pública vasca ha sido testigo de desencuentros que iban trenzándose con acuerdos suscritos con la Administración central que, en cada ocasión, el Gobierno vasco y los responsables nacionalistas no dudaban en calificar de «históricos». En su intervención del martes ante el Parlamento catalán, el presidente Pujol advirtió del peligro de un «serio enfrentamiento» autonómico, pero al mismo tiempo apuntó que para convertir el enfrentamiento en estrategia es necesaria la seguridad previa de que la confrontación no desembocará en una «frustración colectiva».

En el caso vasco toda estrategia que suscite frustración en la sociedad comporta una agravante: que es la frustración el caldo del que se aprovechan el extremismo y el terrorismo para condicionar la vida política. Al cuestionar el fundamento democrático del Estado constitucional y de cuantas decisiones adopten sus órganos -por criticables o perfectibles que resulten- el nacionalismo gobernante en Euskadi está cuestionando parte de su propia trayectoria a cambio de un futuro tan incierto que ni él mismo se atreve a definir. Su repentina obsesión por realzar los déficits del desarrollo estatutario muy por encima del valor que parece conceder a la autonomía de la que realmente disfrutan los vascos, es mucho más que una versión tergiversada, injusta y partidista de la situación: representa un enfoque descabellado del futuro del autogobierno, que nunca podrá abrirse paso desde la polarización de posturas, sino desde el restablecimiento de un espacio común en torno al propio Estatuto.

Tigres de papel
PATXO UNZUETA El País 4 Octubre 2001

El viernes, Ibarretxe consideró 'increíble' que haya quienes se nieguen a reconocer la existencia de un 'problema político' en el País Vasco. El domingo, en una campa, añadió ante miles de nacionalistas (convocados tras la consigna 'De las palabras a los hechos') que si las cosas no cambiaban se proponía consultar directamente a la población, se supone que sobre la posibilidad de la independencia. El mismo día Arzalluz dijo que antes se cortaría la mano que aprobar una constitución española, y el martes completaba el mensaje amenazando con abandonar el Parlamento.

Parecen sólo palabras (tigres de papel), pero si PP y PSOE hubieran aceptado la declaración del lehendakari sobre la existencia de un 'problema político más allá de la violencia' el acuerdo habría sido interpretado para siempre como el reconocimiento por parte de la oposición de que no hay solución posible en el marco institucional, y que hay por tanto que modificarlo para llegar al corazón del conflicto. La lógica de la consulta de Ibarretxe es la de contraponer dos legitimidades o, como ha insinuado Egibar, plantear un conflicto a quienes niegan que exista.

Negar la existencia de un 'contencioso entre el pueblo vasco y el Estado español' supone, según Ibarretxe y Egibar, retroceder a posiciones anteriores al Pacto de Ajuria Enea. Esa formulación no aparece en el texto del Pacto, de 1988, sino en una declaración añadida en 1991, por insistencia de EA. Su alcance venía matizado por consideraciones como la que precisaba que la existencia de ese contencioso 'no puede ocultar la auténtica naturaleza del problema, que consiste en que una minoría de vascos se niega a aceptar la voluntad de la gran mayoría' (...) a la que pretende 'doblegar mediante la fuerza y el terror'.

Entre las 'realidades' que probarían la existencia de ese problema tan especial, Ibarretxe volvió a invocar (abusivamente) los resultados del referéndum constitucional, la pervivencia del nacionalismo a los 106 años de su fundación (¿no será que la voluntad de continuidad del nacionalismo alimenta la del conflicto?) y la aprobación en 1990 por el Parlamento vasco de una declaración a favor de la autodeterminación. En esa declaración, auspiciada por Euskadiko Ezkerra, la autodeterminación se plantea como un proceso 'gradual' integrado por el 'conjunto de decisiones que el pueblo vasco adopte', siempre partiendo del Estatuto como 'punto de encuentro' y 'marco válido' para resolver los problemas de la sociedad vasca. Poco que ver con el rupturismo de Lizarra, aunque sea invocada ahora como aval democrático de la pretensión de pasar de las palabras a los hechos.

Entre el viernes y el martes, PP y PSOE pactaron una renovación de los vocales del Consejo General del Poder Judicial que excluía por primera vez al PNV. Excluir a las minorías nacionalistas de los organismos comunes supone una invitación a limitar su participación en la propia comunidad, en la que son mayoritarios. Es decir, lo contrario a lo que se perseguía con la creación del Estado autonómico. El buen sentido político debería sustituir mediante acuerdos la ausencia de normas que garanticen esa presencia. La sospecha de que el PNV ha preferido explotar el victimismo a buscar un acuerdo no exculpa, sino agrava, el error. Sobre todo porque refuerza la línea rupturista dentro del nacionalismo. Pero tiene fuerza el argumento del PP de que no era conveniente una candidata tan marcada políticamente (la diputada Margarita Uría). La reforma en el sistema de elección aspira justamente a combatir la imagen de parcialidad que proyecta el reparto entre partidos. Como mínimo, sería deseable evitar un tránsito directo del escaño al Consejo.

También era diputado, cuando fue nombrado, el anterior vocal propuesto por el PNV, Emilio Olabarría. Sus pronunciamientos públicos en un tema tan delicado como el de los presos, sosteniendo públicamente, de acuerdo con la posición de su partido, que la dispersión es ilegal -no un error político, sino contraria a la ley-, fue un caso extremo de lo que habría que evitar en un organismo como el CGPJ. Pero socialistas y populares estaban mal situados para hacer reproches al PNV porque el acuerdo entre ellos no había sido de consenso sino de consentimiento mutuo: yo no cuestiono tus candidatos si tu aceptas los míos.

Había motivos para un debate sobre estas cuestiones, pero Arzalluz ha conseguido (otra vez) que de lo que se hable sea de sus tigres de papel.

ETA no es prioritaria para USA
Por Pío Moa Libertad Digital 4 Octubre 2001

Todos deseamos y esperamos que Bush encuentre el modo de lidiar con el terrorismo islámico y vencerlo. España debe actuar en esa lucha con solidaridad, pero no con supeditación hacia USA, porque es también una lucha nuestra, tanto por lo que tiene de defensa común de las sociedades de libertades, como porque, si hoy el terrorismo islámico nos afecta más bien indirectamente, en cualquier momento podemos empezar a recibir sus golpes. Los oficiosos bobalicones que intentan paralizar la réplica gritando la obviedad de que "no todo el Islam es terrorista", olvidan que son los propios islamitas pacíficos quienes en primer lugar deben esforzarse en poner coto a los fanáticos, de lo cual se ve más bien poco, y que en la mentalidad musulmana España es un país perdido para el Islam, al que podría retornar si Alá lo permite y los necios y donjulianes de aquí lo facilitan.

Naturalmente, en nombre de la lucha común, España tiene el derecho y el deber de exigir a USA también una solidaridad clara en la lucha contra el terrorismo etarra. Y algo se conseguirá, sin duda, a ese respecto, pero sería poco realista esperar gran cosa. Por dos razones principales: en primer lugar, la ETA no amenaza realmente a USA, y, por pura lógica, los norteamericanos le prestarán poca atención. Aunque en momentos de crisis se exaltan los intereses comunes, sería pueril esperar que otros vinieran a resolver nuestros problemas. Bastante será si ayudan algo, y desde luego, es preciso presionarles al respecto.

En segundo lugar, la ETA está muy ligada al PNV: aunque éste se sienta a veces perjudicado y rezongue, su estrategia es "recoger las nueces", y así seguirá, sin duda. A su vez, el PNV tuvo en el pasado lazos de dependencia con la CIA, a cuyo servicio trabajaron bastantes nacionalistas, y otros muchos fueron mantenidos o subvencionados largos años por los servicios exteriores useños. Esas influencias y agradecimientos mutuos permanecen a través de instituciones diversas, como la universidad y otras. No por casualidad, la gran prensa anglosajona llama "separatistas" a los terroristas y "nacionalistas moderados" a quienes tratan de rentabilizar políticamente los asesinatos. Puede deberse, y en parte se debe, a fallos de información por parte de los gobiernos españoles, pero hay también algo más.

Me produce inquietud tanto el incondicional entusiasmo pro USA, como el obtuso "antiamericanismo", ahora tan extendidos, pues ambas cosas llevan a la impotencia. G. Washington tiene una frase que viene muy al caso: "La nación que se entrega a sentimientos habituales de amor o de odio respecto a otra, se hace en cierto modo su esclava, ya que es esclava de tal odio o tal amor".

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