AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 7 Octubre   2001
#Debemos reaccionar
Editorial El Correo 7 Octubre 2001

#Campaña sucia en Galicia
Editorial La Razón  7 Octubre 2001

#Batasuna, cada vez más aislada
Impresiones El Mundo  7 Octubre 2001

#Galicia: El Cambio Requiere Un Recambio Que No Existe
Editorial El Mundo  7 Octubre 2001

#Civilización y barbarie
Editorial ABC  7 Octubre 2001

#Terror y conflicto político
FERNANDO SAVATER El País  7 Octubre 2001

#Elkarri en nombre de ETA
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC  7 Octubre 2001

#ETA ordena que los municipios gobernados por EH queden a salvo de la «kale borroka»
MADRID. D. Martínez / J. Pagola ABC  7 Octubre 2001

#Radicales atacan con cócteles molotov varias patrullas de la Ertzaintza en Durango
EFE Libertad Digital  7 Octubre 2001

Debemos reaccionar
Editorial El Correo 7 Octubre 2001

El pasado lunes por la mañana un coche-bomba explotó en Vitoria-Gasteiz, cargado con más de 30 kilos de dinamita, y produjo grandes destrozos en los Juzgados de la capital alavesa. Por la tarde, un grupo de encapuchados quemó totalmente una tienda de venta de teléfonos móviles que había conseguido la adjudicación de Movistar-Telefónica y dos cajeros automáticos de Kutxa en Errenteria.

Con esta última acción, ¿qué pensaban conseguir? ¿Dañar la estructura económica de Telefónica o simplemente, que es lo que han hecho, destrozar un negocio que daba trabajo a tres o cuatro personas? ¿Hasta dónde pueden llegar con su fanatismo y su afán de destrucción?

Pero siendo gravísimas estas acciones terroristas, al día siguiente la reacción no fue contundente. Solamente un grupo de personas nos concentramos junto al Juzgado de Errenteria, que casualmente está cercano a la tienda de Telefónica incendiada. Un pequeño grupo, ni tan siquiera los trabajadores de dicho Juzgado, ni los de Kutxa. Esta sociedad vasca ha sufrido durante larguísimos años los envites del terrrorismo y parece ser que se encuentra apelmazada, acorchada, sin capacidad de reacción, mirando para otro lado como si con ella no fuera esta macabra historia.

Esta historia de violencia, de fanatismo, de sinrazón, va con todos. No podemos seguir mirando hacia otro lado. No es una parte de la sociedad la amenazada y coaccionada, es el conjunto del pueblo vasco el que sufre, más o menos, las acciones terroristas. En definitiva, ETA no sólo quiere destruir, asesinar, amenazar y coaccionar, sino que intenta amordazar al conjunto del pueblo vasco, para así conseguir sus objetivos, que no son otros que dirigir a la sociedad hacia el desasosiego, hacia el amordazamiento de las ideas, hacia esa perversa idea de que todo vale.

Pues no, en la vida no todo vale, o no todo puede valer. Las ideas, por muy buenas que sean, si se intentan conseguir asesinando al que piensa lo contrario, se vuelven perversas. Los fines van unidos a las formas, y si éstas no son democráticas tampoco lo son los objetivos que se pretenden conseguir. Es necesario un revulsivo, que el conjunto del pueblo vasco reaccione ante estos bárbaros, ante quienes quieren quitarnos la libertad y la vida. Por ello, hoy más que nunca es necesaria la unidad de todas las fuerzas democráticas para conseguir que el pueblo salga a la calle, a expresar libremente sus ideas, a clamar por la paz, por la libertad y contra el terrorismo de ETA y de sus aliados. Pero sobre todo es necesario e imprescindible que reaccionemos, que no miremos para otro lado. Está en juego nuestra libertad, nuestra dignidad y nuestro futuro como pueblo y como personas.

Campaña sucia en Galicia
Editorial La Razón  7 Octubre 2001

La campaña electoral gallega acaba de comenzar y, con los primeros mítines, se advierten ya las estrategias de los principales partidos. Sobre todo, en los dos grupos de la oposición con posibilidades de obtener representación parlamentaria: el Bloque Nacionalista Galego (BNG) y el PSdG-PSOE. Ambos han planteado previamente la posibilidad de unir los votos socialistas a los del fundamentalismo nacionalista, de mezclar churras con merinas en un «todo vale» con tal de desalojar a Manuel Fraga y al PP del poder.

El Bloque, el partido de Beiras, apuesta esta vez por la moderación de su discurso, quiere hacer olvidar a los electores las imágenes de sus amistades peligrosas con los radicales vascos y plantea opciones que, si bien se nutren básicamente de ilusiones, están cuidadosamente dirigidas hacia el lado práctico y el sentido común de los gallegos. También, como el Bloque, los socialistas han tratado de buscar un cambio a su estrategia de elecciones anteriores pero, lejos de seguir los consejos del alcalde coruñés Vázquez, profundo conocedor de la política gallega, o de aplicar esa supuesta «oposición tranquila» de Zapatero, recaen en el error del ataque personal. Error comprensible, pues es difícil desmontar en una campaña electoral la realidad del progreso de Galicia, de su nivel de vida y de la normalidad de sus instituciones. Poco se puede decir para convencer a los gallegos de que su lengua o identidad propia están en peligro, cuando la normalización del gallego se ha hecho eficazmente, con naturalidad y sin enfrentamientos inútiles.

De ahí la recaída en la línea de la confrontación personal. Perdieron al intentarlo contra Fraga. Escaldados, han buscado otro objetivo, y deformado voluntariamente la verdad para hallarlo, en el equipo del presidente de la Xunta. Así se advierte en sus ataques al conselleiro Cuiña, al que nunca podrían criticar por su ejecutoria personal o sus éxitos en la gestión.

Batasuna, cada vez más aislada
Impresiones El Mundo  7 Octubre 2001

La implantación geográfica del movimiento abertzale controlado por ETA, quedó ayer más mermada. Abertzaleen Batasuna, la ramificación de HB en el País Vasco-francés, decidió no sumarse a la coalición Batasuna, nueva marca de EH tras su descalabro electoral. La baja de los abertzales vasco-franceses se suma a la de los miembros navarros, agrupados en Aralar, que el pasado verano decidieron no incorporarse a la coalición. La nueva Batasuna queda, pues, demediada en lo geográfico, al circunscribirse su representatividad a las tres provincias de la Comunidad Autónoma Vasca. Teniendo en cuenta que también ha perdido a algunos de quienes representan las posturas más abiertas en el País Vasco, está claro que los que se han quedado en Batasuna encarnan más que nunca el abertzalismo más radical e impermeable a las necesidades de la sociedad vasca.

Galicia: El Cambio Requiere Un Recambio Que No Existe
Editorial El Mundo  7 Octubre 2001

Si una imagen vale más que mil palabras, los carteles de las elecciones autonómicas gallegas suministran valiosas claves sobre la campaña que acaba de comenzar. El PP presenta a un sonriente Fraga con 20 años menos. El PSOE retrata a un Emilio Pérez Touriño al que cuesta reconocer sin su habitual y frondoso bigote. Y el BNG concurre con Xosé Manuel Beiras con una bandera institucional al fondo, como si ya fuera presidente.

El problema del PP es que Fraga tiene 78 años y ha ganado tres elecciones por mayoría absoluta; el del PSOE, que su candidato es poco conocido y no tiene demasiago gancho en Galicia y el del BNG, que el nacionalismo radical de parte de sus dirigentes asusta al electorado. Así pues, los carteles retratan a los tres aspirantes no como en realidad son sino como a sus partidos les gustaría que fuesen.

Fraga es, una vez más, el gran favorito para los comicios del próximo día 21, ya que las encuestas predicen que conservará la mayoría absoluta, aunque por muy escaso margen. Ha hecho una buena gestión en sus doce años al frente de la Xunta, en los que Galicia se ha desarrollado económica y culturalmente. Pero, como caracteriza a su personalidad, Fraga ha gobernado de forma presidencialista, sin designar un sucesor claro.

Su avanzada edad es un evidente handicap de cara a un electorado que probablemente empieza a percibir la necesidad de un cambio pero sin identificar cuál puede ser el posible recambio. Los actuales barones de Fraga reunen algunos de los defectos de su jefe pero pocas de sus virtudes.

Las encuestas dan un número de votos similar al PSOE y al BNG.Ambos partidos sólo podrían gobernar en coalición si superan juntos en escaños al PP. La fórmula no ha dado buenos resultados en los ayuntamientos en los que ya gobiernan por la escasa homogeneidad de ambas formaciones. El BNG es una amalgama de nacionalistas que van desde el independentismo a posiciones moderadas similares a las de CiU con un líder que se confiesa «marxista», mientras que el PSOE es un partido dividido en familias, sin un liderazgo claro.

Fraga derrotó en 1989 a González Laxe, humilló cuatro años después a Antolín Sánchez Presedo y volvió a ganar ampliamente a Abel Caballero en 1997. A lo largo de estos años, el PSOE ha buscado sin éxito un líder para derrotar a Fraga. El único dirigente socialista regional que no ha querido enfrentarse con él ha sido el carismático Francisco Vázquez, alcalde de La Coruña y muy crítico con los pactos con el BNG.

La oposición lo tiene muy difícil porque, además, la actual incertidumbre internacional juega a favor de Fraga. Pero el PP debe lograr movilizar a un electorado poco motivado, que da por descontada su victoria. El exceso de confianza es el gran enemigo de Fraga, que ha declarado que le gustaría acabar sus días «con las botas puestas».

Civilización y barbarie
Editorial ABC  7 Octubre 2001

La Historia es larga y la Razón no ha muerto. La opinión publica occidental, más allá de lo que exige la corrección política de los gobiernos, se siente amenazada en los fundamentos que constituyen la arquitectura de un modelo de convivencia cívica. No es un choque de civilizaciones. Porque si la religión marca el origen de las civilizaciones, antes cabría distinguir entre religiones monoteístas y politeístas. Y entonces el cristianismo y el islamismo, junto con el judaísmo, compartirían frente al budismo su carácter monoteísta y su posterior proceso civil: normas, valores y demás. Por eso, es cierto, el Islam, como tal, no es el enemigo. El enemigo, lo que perciben los ciudadanos occidentales, es el modelo de vida. El respeto a unas normas surgidas de los ciudadanos y no de los templos. El sentido de que la libertad individual está por encima de los fundamentos religiosos como norma de convivencia social. Por eso cada ciudadano tiene miedo. Miedo a perder lo que a través de los siglos la noble práctica de la Razón le ha otorgado: la libertad del individuo frente a los designios celestes; frente a las guerras santas; frente a la irracionalidad de un fundamentalismo de origen oscuro e inaprensible. Es decir, la tensión entre un tipo de sociedad rural, basada, casi, en los ciclos de la climáticos, frente a una sociedad urbana, cuyo último fundamento es la libertad de la información y no los augurios del mandamiento divino. De ahí la sensación de que no fuera una casualidad atentar contra el corazón mismo de la civilidad, la mezcla de razas, culturas, lenguas y religiones, metáfora formidable del cosmopolitismo contemporáneo, esencia de la urbanidad, que fue, es y será Nueva York. Eso es lo que quizás muestran las encuestas aparecidas estos días en ciudades europeas y americanas, como ha sido el ejemplo de la propia sociedad española.

El ejercicio ha sido simple. Cada ciudadano, sea cual fuere su condición, ha colocado una línea. La que separa a la Razón -fundamento de la vida civilizada- de la Barbarie ancestral a la que parece encomendada el fundamentalismo. La que distingue las diferencias entre la sociedad que permite otras prácticas religiosas en su seno, como símbolo de libertad, y aquellas sociedades que impide prácticas distintas a su tradición. El caso es de libro. Un musulmán se mueve con libertad y practica sus creencias sin limitaciones en las sociedades democráticas, mientras que un occidental no siempre puede practicar su modelo de vida -basado en esa libertad individual- en las sociedades teocráticas musulmanas. Ése es el miedo que muestran las encuestas. Ciudades cosmopolitas, frente a ciudades restringidas a la práctica religiosa y nacionalista. De ahí que lo que espera la sociedad occidental es un gesto por parte de las sociedades musulmanas.

Y ese gesto no es otro que la denuncia radical de la idea que identifica a un asesino -por convicción religiosa- con un mártir. De no producirse no cabe la equiparación. La solución, por tanto, no es de índole religiosa, ni militar, sino política. Occidente sufre en su territorio la guerra civil latente en el Islam, con las redes fundamentalistas islámicas que atentan contra las instituciones democráticas, en una suerte de «terrorismo de franquicias», como ya se ha denominado al espantoso atentado de Nueva York y Washington. Y la necesidad de atraer a los más de once millones (en la UE) y siete millones (en los EE.UU.) de ciudadanos de origen musulmán que viven y disfrutan de ese triunfo de la Razón frente al fundamentalismo. Claro que las certezas no existen, como advirtió Berlin, pero lo que late en las respuestas de los ciudadanos occidentales es que hoy los bandos están delimitados, más allá de las convicciones religiosas, en los términos que identifican fundamentalismo y terrorismo frente a democracia y urnas.

De ahí, también que, de nuevo, las encuestas muestren cómo las sociedades van por delante de sus gobiernos al percibir la amenaza sin los matices propios de la práctica diplomática. Y más de uno haya sentido la debilidad de las democracias europeas -con alguna excepción- ante la avalancha terrorista y manifieste su preocupación ante lo que podría significar, por mor de un equivocado concepto de diálogo, una merma irreversible de la conquista de sus libertades.

Terror y conflicto político
FERNANDO SAVATER El País  7 Octubre 2001

Fernando Savater es catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense.

Conocí a François Santoni a finales del pasado junio, mes y medio antes de que fuera asesinado. Coincidimos en un programa radiofónico de France Culture para hablar sobre terrorismo nacionalista, él sobre el caso de Córcega y yo sobre el de Euskadi. Era un tipo bastante imponente, con su elevada estatura y su cráneo rapado; tenía mirada huidiza y hablaba con voz suave. Describió con tintes acerbos a sus antiguos correligionarios, a cuyas criminales prácticas mafiosas no concedía ninguna legitimidad política: creía que el gobierno francés se equivocaba tomándoles como interlocutores fiables. En cambio, criticaba al gobierno español por intentar resolver el problema vasco policialmente y era partidario en este caso de la negociación. Le expliqué que la extorsión y demás procedimientos gangsteriles también se daban entre nosotros, pero él insistió en que había conocido a etarras durante su estancia en la cárcel y le parecían gente 'normal'... supongo que por comparación con los que a él más le preocupaban. Aunque le señalé que el concepto de 'normalidad' es estadístico, no moral, y que los cazadores de cabezas de la Papuasia también son normales a su modo sin que ello les convierta en ideales cívicos, creo que no le convencí. He notado que quien padece a nacionalistas violentos siempre considera a los suyos especialmente perversos, mientras que tiende a disculpar un poco a los que hostigan al vecino. En cualquier caso, cuando describí el Estatuto vasco y la autonomía que concede, Santoni exclamó que él se conformaría muy gustoso con algo semejante para Córcega. Bueno, puede que él sí -ya nunca lo sabremos-, pero estoy seguro de que el resto de la mafia corsa continuará sus fechorías como si tal cosa, argumentando con santa indignación que el conflicto político sigue en pie. A la experiencia vasca me remito.

A partir de los atentados del 11 de septiembre, parece que la mayoría de los países empiezan a tomarse en serio, como cosa de todos y no sólo como furúnculo exótico de unos cuantos, el tema del terrorismo. Nunca es tarde si la dicha es buena. La tendencia a comprender y justificar a bandas de asesinos integristas siempre que actúen fuera de las propias fronteras parece haber llegado a su fin. Es evidente que los Estados democráticos están llenos de defectos y abusos, pero no menos claro resulta que ni la ideología ni los procedimientos de los grupos fanatizados que atacan a la población civil para hacerse valer políticamente son el camino de enmendarlos. Tienen razón Arzallus, Llamazares y otros pensadores del mismo calibre cuando nos recuerdan que no todos los terrorismos son iguales. Algunos, como el de los indudablemente maltratados palestinos, surgen de una frustración desesperada que se convierte de manera explicable pero nefasta en coartada de atrocidades agresivas y represivas que aumentan cada vez más los males ya enquistados; en cambio, otros, como el de los criminales vascos de andorga llena y chalet en la costa para veranear poniendo bombas, proceden de la pura mugre xenófoba que calumnia y sabotea las libertades democráticas dentro de las cuales viven tan ricamente. Pero todos ellos tienen algunos rasgos en común, que es bueno subrayar si a este peligro global se le quiere adecuadamente dar una respuesta también global, es decir, internacional. A este fin resultan muy interesantes los estudios de Mary Kaldor, que fue profesora de la cátedra Jean Monnet de Estudios Europeos y actualmente dirige el programa para la Sociedad Civil Global en la London School of Economics. Su obra principal sobre el tema, Las nuevas guerras. Violencia organizada en la era global, acaba de ser muy oportunamente publicada por la editorial Tusquets. Y también ha aparecido un artículo suyo en EL PAÍS el pasado día 27 ('Comprender el mensaje del 11 de septiembre').

Para la profesora Kaldor, los movimientos terroristas actuales -el crimen político organizado a gran escala- son una forma nueva de guerra, que tiene que ser afrontada con una combinación de instrumentos políticos y policiales (en casos extremos acepta recurrir a una combinación de lo policial y lo militar, como se ha intentado en Kosovo). Lo distintivo de estas supermafias ideologizadas es crear por medios criminales un tipo especial de conflicto político: 'En estas 'nuevas guerras', el objetivo ya no es la victoria militar. La estrategia consiste más bien en obtener poder político sembrando el miedo y el odio, creando un clima de terror'. Su propósito es convertir en insostenible la situación de aquéllos de los que quiere librarse, por medio de la amenaza violenta y la recompensa a los afectos a su proyecto de dominio: 'En lugar de crear un entorno favorable para la guerrilla, la nueva guerra pretende construir un entorno desfavorable para todos aquellos a los que no puede controlar. El dominio del propio bando se basa en la distribución de beneficios positivos (...). Depende, más bien, de mantener el miedo y la inseguridad y de perpetuar los odios recíprocos'. El objetivo es 'controlar a la población deshaciéndose de cualquiera que tenga una identidad distinta (o incluso una opinión distinta)'. El tema de la identidad es fundamental, porque en él se apoya el conflicto político que intenta crear el terrorista. 'Al decir 'política de identidades', me refiero a la reivindicación del poder basada en una identidad concreta, sea nacional, de clan, religiosa o lingüística. (...) La nueva política de identidades consiste en reivindicar el poder basándose en etiquetas: si existen ideas sobre el cambio político o social, suelen estar relacionadas con una representación nostálgica e idealizada del pasado. (...) A diferencia de la política de las ideas, que está abierta a todos y, por tanto, tiende a ser integradora, este tipo de política de identidades es intrínsecamente excluyente y, por tanto, tiende a la fragmentación. (...) Es decir, aunque las nuevas guerras parecen deberse a diferencias entre distintos grupos lingüísticos, religiosos o tribales, también pueden considerarse como conflictos en los que representantes de una política de identidades particularista cooperan para suprimir los valores del civismo y del multiculturalismo. En otras palabras, se pueden considerar guerras entre el exclusivismo y el cosmopolitismo'. Como es lógico, este tipo de conflicto político alimentado por medio del terror crea un determinado perfil de víctimas: 'A menudo, los primeros civiles que se convierten en blanco de los ataques son los que defienden una política diferente, los que intentan mantener unas relaciones sociales incluyentes y cierto sentido de la moral pública'. ¿Soluciones? Naturalmente, Mary Kaldor no tiene una varita mágica para resolver la cuestión, pero apunta que 'lo que se necesita es una nueva forma de movilización política cosmopolita, que comprenda tanto a la llamada comunidad internacional como a las poblaciones locales y que sea capaz de contrarrestar la sumisión a diversos tipos de particularismo. (...) El objetivo es establecer un entorno seguro en el que la gente pueda actuar con libertad y sin miedo y en el que puedan fomentarse formas políticas incluyentes. Es preciso encontrar maneras de marginar a los responsables de la limpieza étnica, no darles más importancia al incluirles en las negociaciones'.

Aunque la profesora Kaldor no menciona en el libro específicamente el caso vasco, parece obvio que su estudio puede servirnos de ayuda para contextualizar nuestro terrorismo casero dentro de coordenadas más amplias de agresión a las instituciones democráticas basadas en la ciudadanía y no en la etnia. Es lo que intentamos hacer desde hace tiempo en movimientos ciudadanos como Basta Ya, por ejemplo cuando fuimos a Estrasburgo a reclamar del Parlamento Europeo no sólo la condena de la violencia, sino también el apoyo a planteamientos políticos no etnicistas. En esa línea -precursora de medidas que hoy se solicitan internacionalmente contra el terrorismo y sus propósitos políticos- se encaminó también nuestro apoyo al pacto por las libertades y contra la violencia, así como a las medidas judiciales contra el entramado financiero y propagandístico de ETA. Y nuestro explícito respaldo a las leyes fundamentales que amparan a nacionalistas y no nacionalistas, en lugar de deslegitimarlas a fin de dar paso a otras con las que se encuentren 'cómodos' quienes viven para hacer la vida imposible a los demás... a veces quitándosela. En su momento y después nos ganamos por todo ello las iras no sólo de los instalados en el régimen nacionalista, sino también de cierta izquierda en acelerado proceso de descomposición teórica y política, la misma que critica por igual 'la dependencia de Batasuna respecto a ETA y la del PSOE respecto al PP'. Me da la impresión de que a estos maquiavelos de guardarropía, ansiosos de tocar por última vez algo de poder antes de desaparecer en el sumidero de la historia, les queda ya poco tiempo de vigencia: aunque todo salga de la cabeza, no conviene confundir la caspa con las ideas... ni siquiera para 'ser de izquierdas'.

En el País Vasco hay formaciones políticas que condenan la violencia y, por tanto, se niegan a aceptar como legítimo conflicto político el que la violencia sustenta; y otras que condenan la violencia pero recomiendan para solucionarla 'moverse' en la dirección conflictiva que el terrorismo impulsa. Es pintoresca la indignación de los gerifaltes del PNV al no verse representados en una institución como el Consejo del Poder Judicial: los mismos que excluyen diariamente de su régimen a los partidarios de la constitución española hasta para dar pregones de fiestas se quejan amargamente de que otros representantes del Estado del que tanto se benefician y al que sin tregua desacatan les sean de repente ariscos. Gente de buen corazón dice que no hay que portarse con ellos como ellos se portan con los demás y puede que tengan razón: pero también será preciso, digo yo, mostrarles de modo fehaciente que su comportamiento político no puede salirles eternamente gratis. No sé si habrá 'regresión' autonómica, pero estoy seguro de que la única e intolerable involución política que nos amenaza es el despedazamiento institucional de un Estado democrático moderno en beneficio de intereses sectarios, apoyados en el crimen, en cuyo lenguaje la palabra 'diálogo' significa 'déme usted de una vez la razón'. Los próximos meses serán decisivos para ver en qué para todo esto.

Elkarri en nombre de ETA
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC  7 Octubre 2001

Las conversaciones que ha organizado Elkarri son un intento de sacar el debate vasco de las instituciones. Concretamente, del Parlamento. La fórmula responde al mejor estilo abertzale: se busca la solución del «contencioso» en un ámbito para nada relacionado con la legitimidad constitucional como lo es, al fin y al cabo, el Parlamento. Un espacio que no tiene nada que ver con el Estatuto que es, quiérase o no, una derivación de la Constitución.

Las conversaciones de Elkarri les vienen muy bien a los nacionalistas institucionales porque con ello demuestran que la solución del contencioso tiene que venir directamente de lo que ellos entienden por «pueblo» como expresión de las concepciones euskaldunes. El Parlamento vasco es una cesión histórica, es un recurso, un medio, en el largo camino hacia la conquista de la soberanía. Udalbiltza es otra cosa; eso sí, es para los nacionalistas, la expresión auténtica de la comunidad euskaldún, la representación verdadera de Euskal Herría. El Parlamento es una ficción útil, coyuntural, superable, que expresa una relación de fuerzas espuria, derivada de la opresión del Estado y soportable en la medida en que resulta manejable. Otra cosa habría sido si los constitucionalistas hubieran ganado las últimas elecciones. Entonces sí que habría que haber recurrido a fórmulas cuya legitimación vasca fuera incontrovertible.

En estas condiciones, Elkarri hizo una propuesta de conversaciones por la paz muy favorable a las tesis euskaldunes. Reunámonos en un ámbito -vino a decir- donde pueda conseguirse el entendimiento que resulta imposible en el Parlamento vasco ya que en éste los socialistas, por ejemplo, no pueden manifestarse con la espontaneidad y libertad necesarias. Por otra parte, en este concilio no se da esa rígida relación de fuerzas, en el fondo falsa, que viene de las elecciones y que por tanto tienen la ganga del miedo. Las conversaciones de Elkarri se presentan como una fórmula más sensible a la realidad, más representativa de ciertas fuerzas sociales y culturales. A las conversaciones de Elkarri puede acercarse hasta algún premio Nobel o algún político europeo.

Así pues, las conversaciones de Elkarri serán el guión de la negociación que no son capaces de llevar a cabo el Gobierno español y ETA.

a- Nada interesa tanto como el fin de la violencia.

b- Es posible conseguirlo si se ponen sobre la mesa las condiciones que no se atreven a proponer los españolistas.

c- ETA tendrá que aceptarlas al menos como punto de partida si quiere demostrar su buena fe.

Como se ve, Elkarri y sus socios harán el trabajo en los términos que interesan a los nacionalistas vascos, terroristas e institucionales. Quiero decir que plantearán por ETA las concesiones políticas que nunca permitiría plantear un gobierno español en unas conversaciones. Aquí, en este ámbito, se pondrán sobre la mesa, se aprobarán, serán motivo de una venta propagandística muy eficaz (¿acaso hay algo que tenga más valor que la paz?, ¿acaso hay algo que importe más que la vida humana?) y de ese modo se pondrá contra la pared al Gobierno «de Madrid». Elkarri y sus amigos le habrán hecho el trabajo a ETA. Porque ETA no estará presente en las reuniones como tampoco el PP, aunque con una diferencia. Los intereses de ETA están representados de forma indirecta (hay muchos firmantes de Estella en las conversaciones), mientras el PP estará absolutamente ausente. Se ha negado a estar. El PSE/PSOE lo hará en el mejor de sus estilos: habrá socialistas importantes pero a título personal.

Éste es el plan que acaba de ponerse en marcha: un rodeo a las instituciones, la búsqueda de una nueva legitimación.

ETA ordena que los municipios gobernados por EH queden a salvo de la «kale borroka»
MADRID. D. Martínez / J. Pagola ABC  7 Octubre 2001

Las localidades del País Vasco y Navarra gobernadas por Batasuna se libran, salvo excepciones, de la «kale borroka» y, especialmente, de las «razzias» de castigo contra la población. Municipios como Hernani, Lezo, Pasajes, Ondárroa, Aulestia, Dima, Gatica, Lequeitio..., con alcalde batasuno, no sufrieron un sólo embate proetarra el mes de agosto. San Sebastián e Irún, gobernados por el PSE, con apoyo del PP, soportaron, nueve y cinco, respectivamente.

El pasado mes de agosto, San Sebastián, con ayuntamiento gobernado por el PSE-EE con el apoyo del PP, ha sido el municipio más castigado por los actos de terrorismo callejero. Los proetarras hicieron explosionar artefactos en la Delegación de Tráfico, en los domicilios de un ertzaina y de un colaborador de «El Diario Vasco», en un establecimiento de Telepizza e incendiaron dos autobuses urbanos. El episodio más dramático se registró el día 20, cuando un juguete bomba hirió de extrema gravedad al niño Jokin Galarraga y acabó con la vida de su abuela, Francisca Arancetamurgil. Precisamente, dos días antes los proetarras protagonizaron disturbios y enfrentamientos con la Ertzaintza en la misma zona en la que fue abandonado el artilugio que resultó ser mortífero.

LA «RAZZIA» DE IRÚN
En el siniestro «ranking» de municipios castigados por la barbarie proetarra, a la capital guipuzcoana le sigue Irún, localidad que también está gobernado por el PSE-EE con la colaboración del PP. Los terroristas callejeros atacaron la delegación de la Cadena Ser, las oficinas de Iberdrola, incendiaron un vehículo de esta compañía así como una oficina de la Telefónica.

Bilbao, gobernada por el PNV y donde EH ha ido perdiendo apoyos, también ha estado salpicada de actos de «kale borroka» durante agosto. Los proetarras quemaron dos turismos, un autobús urbano, atacaron el domicilio particular de un ertzaina y provocaron disturbios el día de la Semana Grande, en el que fue izada la bandera española en el mastil del Ayuntamiento, junto a la ikurriña y las enseñas europea, de Vizcaya y de Bilbao. En Lasarte, feudo de los socialistas desde la llegada de la democracia, los terroristas callejeros quemaron dos entidades bancarias y una cabina telefónica. Las localiades guipuzcoanas de Andoain y Rentería, gobernadas también por el PSE-EE, o las de Idiazábal y Zarauz, con alcalde de EA, también sufrieron algún acto de «kale borroka».

En Oyarzun, cuyo ayuntamiento está gobernado por EH, sin embargo, los proetarras atacaron el pasado mes una sucursal bancaria, si bien es cierto que figura en la lista de objetivos marcados en los manuales de los grupos «Y». Pero no fueron atacados las cabinas telefónicas, el transporte público o la casa consistorial, como en otros municipios gobernados por partidos democráticos, que por sus repercusiones pueden tener una interpretación de castigo a la población.

En este sentido, resulta significativo que en otro municipio guipuzcoano con alcalde batasuno, Arechavaleta, el balance de la barbarie proetarra se limitó a quemar un contenedor de basuras. Anoeta es otra pequeña localidad gobernada por EH. En agosto sufrió de lejos el vandalismo, ya que los proetarras cortaron la catenaria del servicio ferroviario Madrid-Irún.

LOCALIDADES «LIBERADAS»
Localidades guipuzcoanas de cierta importancia, por su influencia y el número de población, como Pasajes, Hernani, Usúrbil o Lezo, que desde hace años soportan alcaldes de HB/EH/Batasuna, aparecen como zonas «liberadas» en el mapa de la barbarie proetarra. El pasado mes de agosto, por ejemplo, ninguno de esos municipios sufrió, ni de lejos, episodios de «kale borroka».

En Vizcaya, por ejemplo, ni tan siquiera hay contadas excepciones. Además de Bilbao, Marquina, también con alcalde del PNV, sufrió el pasado mes de agosto el ataque a la oficina de Correos y a cuatro entidades bancarias. En Portugalete, gobernado por el PSE-EE, se registraron atentados contra otras dos sucursales. En este municipio, además, un grupo organizado de proetarras abrasó vivos a dos ertzainas tras tenderles una emboscada.

En Trápaga, cuyo ayuntamiento también está presidido por los socialistas, los pretarras intentaron arrasar con artefactos incendiarios la estación de Renfe, mientras que en Durango, gobernado por el PNV, quemaron una entidad bancaria y una bandera española. En las localidades de Abadiño, Amorebieta y Górliz, también con alcalde nacionalista, los terroristas callejeros atacaron el domicilio particular de un ertzaina, los juzgados de paz y una discoteca.

Radicales atacan con cócteles molotov varias patrullas de la Ertzaintza en Durango
Un grupo de encapuchados ha atacado con cócteles molotov a varias patrullas de la Ertzaintza en la localidad vizcaína de Durango cuando, al parecer, pretendían tomar una zona céntrica del municipio cerrando los accesos con contenedores, lo que fue impedido por la rápida intervención de la Policía Autónoma.
EFE Libertad Digital  7 Octubre 2001

Durante la actuación, la Ertzaintza se ha incautado de 25 cócteles molotov y otros tantos cohetes. Un portavoz de la Policía autónoma ha apuntado que los violentos provocaron daños en un vehículo policial y un cajero bancario aunque no ha habido que lamentar daños personales. Tampoco se han practicado detenciones.

Los incidentes se registraron hacia las doce y cuarto de la noche de este sábado cuando un grupo de encapuchados prendió fuego a varios contenedores, tras cruzarlos en la calle Convento de la localidad vizcaína, que se encuentra estos días en fiestas. En unos dos minutos llegaron al lugar las primeras patrullas de la Ertzaintza, que fueron recibidas por los violentos con el lanzamiento de un cóctel molotov. Los alborotadores se dirigieron posteriormente por otras calles cercanas a la calle Convento, cruzaron, asimismo, contenedores y lanzaron otro artefacto incendiario contra otra patrulla policial que encontraron a su paso. A continuación se disolvieron.

Los incidentes produjeron daños en un vehículo de la Ertzaintza, que resultó con salpicaduras de ácido y ennegrecido parcialmente por humo. Además, un cajero del banco Santander Central Hispano quedó ennegrecido también por humo, aunque estos daños no afectan a su funcionamiento. La Policía Autónoma vasca sostiene que los violentos no pretendían preparar una emboscada a las patrullas policiales, sino “cerrar el acceso por varias calles a una zona y dentro de ella campar a sus anchas, pero la rápida intervención policial se lo impidió”.

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