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Recortes de Prensa     Miércoles 10 Octubre   2001
#La hoz y el «chador»
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 10 Octubre 2001

#Cerco a Redondo Terreros
Editorial La Razón 10 Octubre 2001

#El reguero de pólvora
Editorial La Razón 10 Octubre 2001

#La exigencia ineludible
Ignacio GÓMEZ DE LIAÑO, historiador ABC 10 Octubre 2001

#La guerra de España
Juan Alberto BELLOCH La Razón 10 Octubre 2001

#Soliloquio de un etarra
José María CARRASCAL La Razón 10 Octubre 2001

#Explosión en el socialismo vasco
Carlos DÁVILA ABC 10 Octubre 2001

#Terrorismo y guerra
RICARDO UTRILLA El Correo 10 Octubre 2001

#Incorrección
FÉLIX DE AZÚA El País 10 Octubre 2001

#Elorza quiere ajustar cuentas con Redondo
Impresiones El Mundo 10 Octubre 2001

#Radicales atacan con 15 ‘cócteles molotov’ un autobús en Villava
DIEGO DELGADO PAMPLONA El Correo 10 Octubre 2001

La hoz y el «chador»
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 10 Octubre 2001

Llevamos dos días de un poquitín de preludio de aviso de guerra y ya se nos ha manifestado Izquierda Unida más rápido que el Once de Septiembre dizque contra los bombardeos pero evidentemente y aunque no lo confiesen, en apoyo del régimen talibán y del terrorismo de Bin Laden, como en su día de Sadam Husein o de Milosevic y siempre de Fidel Castro. Son coherentes: si todo lo norteamericano es malo, inevitablemente todos sus enemigos acaban siendo buenos o por lo menos merecen comprensión. Tampoco inventan nada: es la vieja técnica de los Movimientos por la Paz, financiados generosamente por Moscú y alimentados por el sectarismo del rojerío profesional o aficionado, que se creaban y florecían en cualquier sitio y en el momento justo donde el Kremlin abría un nuevo frente militar. Ni más ni menos que hace ETA con Elkarri y el PNV: nosotros matamos, ellos piden la paz, nosotros ganamos.

Junto a los nostálgicos del Muro y del Gulag, que están ya a punto de sustituir la hoz y el martillo por la burka y el chador, florecen por doquier las jeremiadas pacifistas, los mohínes apenados, las indignaciones teatrales, apenas contenidas. Primero, es contra el mundo, que no aprende, que no es del todo bueno. Después concretan más: los menos buenos son los poderosos, que en vez de dedicarse a hacer el bien, hacen el mal. Luego especifican: los Estados Unidos se lo han ganado, son los culpables de todo lo que pasa en el mundo y todo lo que les pase será poco. Ahí ya se paran, templan y se recrean en la suerte. El antiamericanismo de toda la vida mezcla de antiliberalismo, antisemitismo y odio a todo lo occidental, nada más occidental- con unas gotitas de antiglobalización, que no nos falte. Hay programas de televisión en que la mezcla de pensamiento débil, debilidad mental y demagogia casposa alcanza niveles de espanto, sin dejar por ello de resultar insignificante.Pero hasta en lo más vetusto y polvoriento surge algún fenómeno nuevo. Esta vez, los estrategas de café han encontrado unos contertulios fantásticos: los apocalípticos de la ecología, convertidos en nostradamus de cibercafé. ¡Qué tardes! Historia obliga y manda el antibelicismo. ¡Predicando «contra todas las guerras» queda uno tan sensible, tan humano, tan bien!

Ante estos querubes del sentimiento uno se queda siempre con la misma pregunta: ¿fue injusta,inútil, mala en fin, la guerra contra Hitler? ¿Habrían combatido ellos al nazismo o habrían colaborado pacíficamente con las SS, sin comparar civilizaciones? No les pregunto por combatir al comunismo, que aún les encandila.Pero ¿hizo bien Chamberlain cuando tras el aplastamiento de Checoslovaquia aceptó en Múnich la paz de Hitler? Decir, decía exactamente lo mismo.

Cerco a Redondo Terreros
Editorial La Razón 10 Octubre 2001

El alcalde socialista de San Sebastián, Odón Elorza, y el vicesecretario general del PSE-EE, Jesús Eguiguren, son la parte más visible de un «golpe de estado» en su partido para descabalgar de la secretaría general a Nicolás Redondo Terreros. Lo que propone este sector del socialismo guipuzcoano es aproximarse al partido de Arzallus, siguiendo una senda en paralelo a la recorrida ya por la IU de Madrazo hasta alcanzar una consejería en Vitoria. Con la excusa del último resultado electoral, han visto el momento de acabar con todo lo que en el proyecto de Redondo Terreros molesta a los nacionalistas. No es de extrañar, por eso, que PNV, EA e IU apoyen entusiasmados el intento de «cuartelazo» en el PSOE vasco.

Si lo que se quiere es ir de la mano del PNV, hay que sacrificar a los «michelines» que osaron plantar cara a la falta de libertades del pueblo vasco y se atrevieron para ello a pactar con el PP. No se sabe cuál será el premio por dar un paso atrás, pero sí está claro cuál ha sido el castigo por mantenerse fieles a la democracia y a la Constitución: múltiples ataques de todo tipo y los asesinatos de socialistas como Buesa, Jáuregui. Elespe o Lluch, entre otras muchas víctimas.

No es sólo oportunismo político de los aspirantes; hay que entender que el heroísmo civil de Redondo y su equipo es poco rentable, sobre todo cuando lo más cómodo y ventajoso es hablar de «diálogo» y «autodeterminación», sin importar la cesión en cuestiones tan básicas para un socialista como la libertad y el modelo de Estado. Pero les daría tranquilidad, espacios para pasear sin escolta y quizás hasta un sillón en Ajuria Enea. A largo plazo, sin embargo, sería todo el PSOE quien pagaría la renuncia a la identidad propia y los oportunistas de hoy se terminarían rechazados a la vez por el socialismo traicionado y por el nacionalismo al que dejarán de ser útiles. La cuestión es si el secretario general del PSOE, Zapatero, está dispuesto a evitarlo.

El reguero de pólvora
Editorial La Razón 10 Octubre 2001

Se puede afirmar ya sin género de duda que el principal objetivo de Ben Laden en el diseño del holocausto neoyorkino no era otro que forzar a una acción bélica estadounidense que propiciara la reacción unificada del mundo islámico, hasta ahora poco proclive en su mayoría a aceptar el iluminado mensaje fundamentalista. Advertido de este peligro, el gobierno estadounidense preparó su respuesta con el mayor cuidado posible para diferenciar entre el objetivo de su respuesta (el terrorismo de base islamista) de los países islámicos en su conjunto, con la excepción de aquellos que protegían o ayudaban a los fanáticos. Ésa fue la razón de las gestiones diplomáticas en el mundo árabe moderado y se ha manifestado con gestos tan simbólicos como los «bombardeos» de alimentos sobre Afganistán.

Sin embargo, y pese a los esfuerzos para estructurar una coalición internacional de cobertura al castigo de la brutalidad de las Torres Gemelas, un sector de la opinión pública occidental se mantiene crítico con la respuesta bélica y, lo que es peor, un amplio número de musulmanes se ha inclinado hacia las tesis de Ben Laden que, antes que reconocer la salvajada de su crimen masivo, prefieren culpabilizar a la víctima de éste, como si el responsable de la matanza del 11 de septiembre fuera el que la sufrió.

Si hay algo que prende con facilidad en las masas es el fanatismo y la demagogia. También, por supuesto, porque existe un caldo de cultivo (numerosas personas marginadas del progreso occidental). Pero no es éste el elemento decisivo de este conflicto generalizado en ciernes. Es la identificación ideológica (religiosa) de una colectividad, que ha sido sensible en una parte al mensaje de que hay una división mundial entre creyentes, es decir, los musulmanes de la ortodoxia fundamentalista, y entre infieles, la entera civilización occidental.
Esta opinión se puede comparar al reguero de pólvora que puede prender un explosivo de incalculables dimensiones. No sólo en Afganistán, donde se da por descontado. También en Pakistán, donde la minoría pro talibán está agitando al país vecino de los afganos con riesgo evidente de desestabilización interna. Y, en otros países musulmanes, los sectores más radicales empiezan a echarse a la calle. Es el caso de Indonesia, enorme país de mayoría musulmana, donde se empiezan a producir manifestaciones. En Palestina sucede lo mismo. Y puede extenderse a otros muchos lugares que cuentan ya con una guerrilla islamista que forma parte de la tupida red del integrismo.

Es evidente que Estados Unidos se mueve con la máxima precaución para evitar esta expansión del conflicto. Pero puede fallar la estrategia, como prevé Ben Laden. Nadie puede olvidar que entre los objetivos de este fanático está la desestabilización de Arabia. Y con ella, de los países árabes gobernados por minorías «moderadas», aunque carentes de autoridad moral por sus comportamientos dictatoriales oligárquicos. El objetivo es, pues, la mundialización del «choque de civilizaciones». Los aliados occidentales deben moverse con pies de plomo para evitarlo.

La exigencia ineludible
Por Ignacio GÓMEZ DE LIAÑO, historiador ABC 10 Octubre 2001

Hace unos meses, cuando fueron destruidos los budas de Bamiyán, empezó a fijarse el gran público en la existencia de un régimen -el Talibán- que gobernaba de forma tan totalitaria que a su lado los de Hitler, Stalin y Mao podían pasar (¿quién lo iba a decir?) por unos pobres aprendices. Se escribieron artículos, se pronunciaron frases, no se hizo nada. Poco después, empezó a ser del dominio público que ese régimen llevaba años utilizando el tráfico masivo de opio y una forma perversa de entender la religión para crear una red internacional de fanáticos con el objetivo declarado de destruir la civilización occidental e imponer a los países musulmanes su gobierno totalitario. De esto ni siquiera se escribieron artículos, hasta se tachó de «demonizador» al dirigente (Bush) que se atrevió a plantear el problema, y se siguió sin hacer nada. El pasado 11 de septiembre algunos de esos fanáticos perpetraron un atentado que superaba todo lo imaginable, y no han faltado los que, de una manera u otra, han pretendido hacer culpables a las propias víctimas y disimular la responsabilidad de los que cometieron el crimen y del régimen que los sostiene. Ahora, cuando al fin empieza a hacerse algo, todavía hay gente que se pone a invocar la paz... Pero yo no quiero la paz a cambio de que se me amordace, se me apalee, se me «reeduque» o se me anestesie con un tratamiento a base de opio. Yo no quiero la paz de los fanáticos ni la de los cementerios, una paz por la que he de pagar el precio de no poder decir lo que siento, de no poder señalar a los que asesinan, extorsionan y torturan. Yo no quiero la paz de los que han llegado al extremo de hacer a la mujer culpable de un crimen imperdonable por el mero hecho de serlo, y han convertido su atuendo en una celda de castigo. Yo no quiero esa paz.

Desde el 11 de septiembre, el concepto de «solidaridad mundial» ha dejado de ser un vago recurso retórico para volverse una exigencia ineludible. Esta exigencia de solidaridad empieza por algo tan obvio y primario como hacer todo lo posible para que, en cualquier parte del mundo, no logren sus fines los que pretenden imponer su voluntad mediante el asesinato y el secuestro, mediante el terror y el sometimiento, mediante la persecución de derechos tan fundamentales como la libertad de expresión y de conciencia.

Para conseguir ese objetivo verdaderamente solidario, ya sé que la guerra no es suficiente, pero también sé, que en el momento presente, es, por más que me cueste decirlo, necesaria. Espero y deseo que Estados Unidos y sus aliados acierten en la elección de los objetivos y en los medios más convenientes para conseguirlo. Espero y deseo que no se vea empañada la justicia de un empeño tan noble y tan difícil.

La guerra de España
Juan Alberto BELLOCH La Razón 10 Octubre 2001

España se ha comprometido sin matices, aunque espero que con información, en una guerra que debe contemplarse como uno de los episodios, el netamente militar, de una confrontación de más largo aliento; la que una alianza internacional liderada por Estados Unidos ha decidido emprender contra el terrorismo, contemplado ahora como un fenómeno global.

España ha puesto a disposición de esa finalidad bases militares, material y nuestros servicios de inteligencia nada desdeñables, por cierto, en materia de terrorismo fundamentalista de origen islámico. También, como Aznar recuerda con insistencia, pondremos soldados si se nos solicita. La asunción de tales compromisos comporta en términos objetivos un incremento real del nivel de riesgo que colectivamente, como país, nos corresponde en el concierto internacional o, lo que es lo mismo, nos hemos puesto en primera línea de tiro pasando a constituir potencial objetivo de acciones terroristas de esta índole.
Hay muchas razones que, pese a todo, justifican la decisión del Gobierno. Y no se trata sólo, aunque también, de una elemental solidaridad humana con las miles de víctimas de Nueva York y Washington. Ni tampoco como se dice con demagogia del papel que corresponde a un país sometido al «diktat» del Imperio. El tema es mucho más diverso y complejo. Lo que hoy pretendo plantear es algo muy preciso. ¿Tenemos derecho a solicitar, y perdonen la crudeza, un precio razonable por el incremento de nuestro nivel de riesgo? Y en caso afirmativo, ¿en que moneda de cambio debe ser abonado?

No cabría desde luego plantear la consecución de pretensiones desvinculadas del objetivo global, el terrorismo. Pero dentro de este concreto marco, cualquier pretensión española justa debe tener acomodo. No hablo desde la estricta óptica mercantil, por lo demás frecuente y hasta lógica en las relaciones internacionales, sino sobre todo desde una visión estratégica del proceso. Luchar activamente contra Eta no sólo interesa a España sino que coincide de manera radical con el objetivo final de la alianza que no puede dejar a su aire el cabo suelto del terrorismo de origen nacionalista.

Es peligrosa la especie según la cual no puede compararse el terrorismo de Eta con el de Ben Laden. No nos explican por qué, pero algunos nacionalistas vascos lo sostienen con la impavidez del que afirma lo evidente. Por de pronto, tanto Eta como Ben Laden abrevan en las mismas aguas del fundamentalismo, sin otro matiz que el factor religioso que prima sobre el étnico en el caso de Ben Laden, mientras que en el caso de los etarras predominan los factores estrictamente racistas. Parece evidente que ninguna persona sensata puede perder su tiempo en pesar en una balanza, si el grado de maldad de un etarra nazi es superior o no a un talibán-inquisidor de cualquier creencia religiosa.

Toda ideología justificadora del terrorismo necesita de un repertorio concreto de injusticias. En este campo el terrorismo talibán cuenta con una variedad e intensidad de agravios acumulados en su memoria sin parangón posible con el magro repertorio de que pueden echar mano los etarras. Ni Arzallus siquiera puede negar que entre la situación por ejemplo del pueblo palestino y la del pueblo vasco no existe punto alguno de comparación. El primer caso, matanzas masivas de civiles, ejecución sumaria de menores, campos de concentración, miserias, ausencia de derechos civiles... En el segundo caso, una comunidad próspera donde sólo sufren limitación en sus derechos civiles quienes se oponen al terror.

¿En eso se diferencian o quizá en el número de muertos y atentados? La historia del terrorismo etarra, con casi mil muertos, a sus espaldas tiene variados ejemplos de toda la amplia gama de horrores capaces de concebir y ejecutar la maldad, no sé si llamarla humana.

Resulta por ello plenamente legítimo para España el solicitar y conseguir que Eta sea tratada con idéntica vara de medir que Ben Laden. Ni más ni menos.

No basta con decir que Eta debe figurar en la lista de organizaciones terroristas por la sencilla razón de que ya lo está y desde hace muchos años. Este dato por ejemplo fue esencial para que España pudiera concertar con Estados Unidos un convenio en materia de extradición, que tuve ocasión de negociar con la fiscal Reno, más valioso y eficaz para la represión del terrorismo que los existentes en el marco de la Unión Europea.
Lo que hay que lograr hoy es otra cosa: un impulso cualitativo de carácter político. Se trataría, en suma, de aplicar la doctrina Bush sobre Ben Laden al terrorismo etarra. Según esta doctrina, asumida ya por la comunidad internacional, el objetivo no sólo son los líderes y los grupos terroristas, sino también los gobiernos que los protegen, apoyan, comprenden, justifican, miran a otro lado, o pactan con ellos líneas estratégicas de actuación conjunta con reparto de papeles. Esta misma doctrina excluye las posturas equidistantes y los discursos legitimadores en términos políticos de la violencia terrorista. O se está dentro de la alianza o se es enemigo fuera de ella. ¿Se imaginan que lográramos que tal doctrina se aplicara en el marco español, europeo y mundial como la línea estratégica para combatir a Eta? Sus días por fin estarían contados. Una simple y clara manifestación de Bush al respecto produciría el efecto colateral de permitir a los talibanes, con pistola o sin ella, del nacionalismo vasco salir de su ensimismamiento, abandonar toda esperanza.
Este es el momento de la verdad. La propia opinión pública hoy favorable puede mudar de actitud si al repartir la cosecha para unos son los frutos envenenados y para otros el trigo maduro. Digámoslo con claridad: para que esta guerra sea nuestra guerra, habrá que pasar factura.

Soliloquio de un etarra
José María CARRASCAL La Razón 10 Octubre 2001

Esos cabrones han metido el zanco hasta la mismísima ingle, salpicándonos a todos con su mierda. ¿Moros tenían que ser! Mira que sacudirles a los yankis, con lo mirados que son con los suyos y lo que pintan en el mundo. Ya podían haberse cargado españoles, o franceses, o belgas, o italianos, un europeo, que últimamente se están poniendo muy bordes. Cualquiera menos americanos. ¿A ver cómo les vendemos ahora que somos independentistas, que lo único que queremos es la libertad de nuestro pueblo, como Washington y su gente cuando luchaban con los ingleses, que también se merecen una buena hostia, fíjate en los del IRA! Y mira que les teníamos medio convencidos. Los vascos pintan mucho allí, con los pastores de Nevada y demás. Uno llegó incluso a senador, era vasco-francés, bueno, para la publicidad vale, aunque los hermanos del norte se la cojan con papel de fumar a la hora de ser decididos. Pero llegan estos jodíos beduinos y se ponen a matar así, a lo bestia. Además, sin importarles un huevo morir ellos también. ¿Habrase visto mayor salvajada? Eso hay que hacerlo con finura, con distinción, sin correr uno peligro. Una carga explosiva en los bajos del coche. O en una bicicleta en la acera. Avisando incluso por teléfono, para pillar a los policías cuando lleguen. ¿Es que esos cafres no se han enterado que existen mandos a distancia? Son capaces. Claro que saber que allá arriba te esperan veinte jais cojonudas debe dar cierto aliciente a la cosa. Pero tampoco. Ni veinte ni veinte mil. Lo de matarte es muy fuerte. Una verdadera salvajada. Euskadi no te pide esas animaladas. Matar, bueno. Pero ¿matarte? Nosotros somos civilizados. Abogamos por el diálogo. Sabemos siempre a quién matamos, no como esos conductores de camellos, que no discriminan. A lo mejor son así porque no les dejan beber. Eso de pasarte la vida sin tomarte un chiquito tiene que ser muy jodido. Así ya se entiende un poco más que no les importe morir. Aunque se lo tienen merecido si los yankis les envían ahora a la edad de piedra a hostiazo limpio. Por bestias. Claro que a ellos, ¿qué les importa, si ya están en ella?

Lo malo es que nos dejan a todos los movimientos de liberación con el culo al aire. ¿No habían pensado en ello? ¿No se daban cuenta de que a los americanos hay que darles de comer aparte, de que con ellos lo mejor es ponerse tierno, sentimental, soltarles el rollo, dársela con queso? Se lo creen todo. Incluso terminan soltándote guita si insistes en lo de la autodeterminación. Vamos, era como para darles de hostias, con barbas y todo. Aunque habría que andarse con cuidado, parecen tenerlas de alambre. Seguro que no se las han afeitado desde que salieron de la mili. Aunque también es verdad que les salió de puta madre. Las dos torres y seis mil guiris de una tacada, en el corazón del imperio. Treinta veces más que en Hipercor. Como para quitarse el turbante. Si no fuera porque hay que matarse...

Explosión en el socialismo vasco
Por Carlos DÁVILA ABC 10 Octubre 2001

Tenía que suceder. La guerra soterrada en el PSOE vasco ha estallado en toda su virulencia. Antes, en, y después de las elecciones de mayo, Nicolás Redondo tuvo que aguantar una doble presión: la llegada desde el ámbito donostiarra del partido, y la procedente de Madrid en la que una facción zapatista, con José Blanco a la cabeza, aborrecía lo que unos y otros llamaban la «política de seguidismo con el PP». Zapatero, como de costumbre, no se ha mojado y ahora, a cuenta de la presencia de algunos socialistas en la supuesta conferencia de paz de Elkarri, el volcán se ha abierto en canal. Odón Elorza, un prodigio de torpeza política, hacía mucho tiempo que ya estaba en el otro lado. Estaba en la acera del profesor asesinado por ETA, Ernest Lluch, y de Maragall, su amigo del alma, al que sigue fielmente en pos de esa bobada agraviante que se llama federalismo asimétrico.

Odón Elorza boicoteó la campaña de su partido y empezó a entenderse más bien que mal con los nacionalistas. La explicación de su cambio puede ser, como casi todas las cosas en la vida, estrictamente personal: él, que se creyó (y lo era) un ser amado por el donostiarrismo de todo jaez, de la derecha y la izquierda, creyó intuir que la valerosa teniente de alcalde del PP, María San Gil, le estaba ganando terreno. Y aquí empezó la extraña conversión de un alcalde no muy sobrado de luces (¿o es que hay que recordar qué clase de apodo soporta en su propio partido?) que fue conquistado por la verborrea ininteligible de Maragall.
Elorza, acompañado por el silencio más cómplice que colaborador de Ramón Jáuregui (otro de los pertenecientes al «sindicato de agraviados»), empezó a oponerse a toda la política de Nicolás Redondo, empujado vehementemente por Rosa Díez y Javier Rojo, y a defender una estrategia radicalmente opuesta a la acuñada por la dirección del PSE: acercamiento al PNV e, incluso, apoyo, bien que con algunos matices, al malhadado pacto de Estella. La Ejecutiva de Madrid ha dejado que la situación se pudra. Y así han quedado las cosas, cuando una terna de socialistas se sienta en la Conferencia de Elkarri (por cierto, ¿qué pinta allí el concejal bilbaíno Dimas Sañudo?), y cuando el PSE está al borde mismo de la escisión. Zapatero guarda silencio como cada vez que le explota la olla doméstica, Elorza está ufano, y Redondo, harto de aguantar, quiere un congreso con todas las consecuencias. Esto no ha hecho más que empezar.

Terrorismo y guerra
RICARDO UTRILLA El Correo 10 Octubre 2001

En las modernas discusiones bizantinas no se trata ya de determinar cuántos ángeles caben en la cabeza de un alfiler, sino lo que es o no es terrorismo, lo que es o no es guerra. Afganistán ha llevado el dilema a sus últimos extremos. Porque, si ya se planteaban dudas al respecto, ahora entramos en plena confusión. Hasta los talibanes afirman que lo que está sucediendo en su país no es una guerra, sino terrorismo norteamericano. Y más o menos lo mismo se pretende, de uno y otro lado, en el conflicto de Oriente Próximo. Por su parte, los defensores del IRA y de ETA afirman que no se puede comparar la actividad de esos grupos con la de Bin Laden, con el terrorismo fundamentalista islámico.

Se trata en ambos casos, al parecer, de suavizar un terrorismo y anatematizar al otro. Pero no dejan de ser piruetas del lenguaje, del intelecto. Lo de Afganistán no será una guerra, pero se le parece muchísimo. Y en cuanto al terrorismo ‘de baja, media o reducida intensidad’... El colibrí y el cóndor son incomparables, pero ambos son pájaros. Ya está bien de ceremonias de la confusión.

Habrá que llamar de una vez a las cosas por su nombre, si se pretende comprenderlas y darles solución. No se podrá negar, así, que el llamado mundo occidental está en guerra con los terroristas que han usurpado y falseado la doctrina islámica y que los terroristas irlandeses y vascos están en guerra con instituciones y colectivos de los países que habitan. Nadie podrá salvarse ya intentando hacer creer cosa distinta de la clamorosa realidad. Cuando se adoptan posturas extremas, con la intensidad o la orientación que sea, hay que apechar con las consecuencias.

A los talibanes, es evidente, les conviene más presentarse como víctimas del terrorismo que como ejército en lucha con otro. No sólo rebajan al enemigo a su mismo nivel de genocidas de inocentes, sino que intentan compensar así su evidente inferioridad en un conflicto armado con la primera potencia mundial y sus aliados. Lo de los terroristas europeos viene a ser lo mismo, aunque de signo contrario.

No habrá mejor prueba de la confusión reinante al respecto que los intentos de la ONU para definir lo que es terrorismo. Palabra y concepto sometidos a todos los subjetivismos, como el bien y el mal, lo justo y lo injusto... Todo depende del color del cristal con que se mira y del puesto de observación. Como diría el famoso judío, todo es relativo.

Pero diríase que los humanos necesitamos definir bien las cosas antes de enfrentarnos con ellas. No importa la pérdida de tiempo y oportunidades. Hay que definir antes de actuar y así nos va. Como si, atacados por una serpiente, nos detuviéramos a estudiar si es venenosa o no, si es víbora o inofensiva culebra. Lo cual, elevado a categoría universal, en plena era de globalización, puede llevar a situaciones tan esperpénticas como la ahora vivida en la ONU con el enigma del terrorismo. Y en esta disputa, llegando los perros... galgos o podencos, algo habrá que hacer y cuanto antes, para conseguir que dejen de mordernos.

Incorrección
FÉLIX DE AZÚA El País 10 Octubre 2001

Desde luego, sin la menor duda, no puede ser un 'choque de civilizaciones', porque sólo hay una civilización, la del capitalismo y su ejército de máquinas. Habrá países con más microondas y otros con menos neveras, pero nadie escapa a la civilización de la técnica. Y nadie divisa la menor alternativa.

Tampoco puede ser un 'choque de culturas', porque no existe tal cosa como una 'cultura cristiana' o una 'cultura islámica', sino miles de sociedades autistas, como mónadas sin ventana. Incluso en una sociedad diminuta como la de España, buen número de vascos y catalanes dicen no tener nada que ver con la 'cultura española'. Y llevan camino de conseguirlo.

¿'Choque de religiones', entonces? ¡Nada más absurdo! El mahometano filipino, el del Yemen y el negro de Washington seguidor de Casius Clay no tienen apenas nada en común, aunque se ilusionen creyendo compartir un dios y una vida extraterrestre. Tampoco el ecónomo de Valladolid se parece mucho a Teresa de Calcuta.

Y, sin embargo, no podemos reducirlo al capricho de un puñado de terroristas enloquecidos. Al contrario. Se trata, más bien, de gente con estudios superiores, que han bailado el rock y bebido champagne, occidentalizados. Se diría que, precisamente por haber conocido la vida secular y agnóstica, hubieran reaccionado más ferozmente contra ella.

Así que quizás sea ésa la diferencia real y el choque verdadero. La que se da entre sociedades gobernadas por clérigos y las administradas por laicos. Ese choque sí me parece real, y seguramente tiene cierta relevancia.

En una entrevista concedida años antes de saltar por los aires, el almirante Carrero aseguraba que él prefería un mundo destruido por la bomba atómica a un mundo sumido en el pecado. El almirante Carrero, como los clérigos misóginos de Afganistán, como los teólogos del Gobierno de Sharon, como los curas energúmenos del carlismo vasco, son la verdadera diferencia y el verdadero choque que podemos reconocer.

Y, si así fuera, la solución es sencilla, aunque políticamente incorrecta: anticlericalismo, desde la escuela, anticlericalismo.

Elorza quiere ajustar cuentas con Redondo
Impresiones El Mundo 10 Octubre 2001

La oposición a Nicolás Redondo dentro del PSE ha comenzado a moverse para ajustar viejas cuentas y pasar factura de los resultados electorales. Aunque es un sector minoritario, como dijo ayer Jesús Caldera, quiere plantear batalla. Odón Elorza, el alcalde de San Sebastián, ha dado el primer paso al pedir un Congreso extraordinario para cambiar a los órganos de dirección. Una jugada arriesgada porque no dispone de los suficientes apoyos como para dar el golpe de timón que pretende con el fin último de acercarse al PNV. El documento elaborado para la conferencia política en el que se recoge un discurso sobre la autodeterminación más ambigüo de lo que ha sido el del PSE en el último año también contribuye a incrementar la confusión. Mal harían los socialistas vascos en variar una estrategia conjunta con el PP que ha deblitado a ETA, como la propia banda ha reconocido.

Radicales atacan con 15 ‘cócteles molotov’ un autobús en Villava
El chófer de un transporte escolar se saltó una parada e incrementó la velocidad para evitar a un grupo de encapuchados en San Sebastián
DIEGO DELGADO PAMPLONA El Correo 10 Octubre 2001

Un grupo de encapuchados atacó con 15 ‘cócteles molotov’ un autobús urbano que acababa de finalizar su servicio el lunes por la noche, en Villava. El conductor, que no atendió la orden de parar el vehículo, logró trasladar el autobús hasta las cocheras de la empresa, donde sofocó las llamas causadas por el impacto de varios artefactos.

La emboscada tuvo lugar al filo de las diez y media, después de que se apearan los últimos viajeros del vehículo en Villava, localidad que celebra sus fiestas patronales. En la confluencia de las calles Fermín Tirapu y Ezkaba, un encapuchado se plantó ante el autobús para evitar que reiniciara la marcha.

Al no atender el chófer el requerimiento, la media docena de radicales que formaban el grupo comenzaron a lanzar ‘cócteles molotov’ desde todos los lados. Algunos artefactos penetraron en el interior del autobús por la puerta central, todavía entreabierta, mientras otros se colaban por las lunas rotas de la puerta trasera.

Con llamas en dos puntos del vehículo, el conductor se dirigió velozmente hacia las cocheras de la empresa Cotup, donde tomó una manguera para extinguir el fuego. Los daños, según pudo comprobar, se limitaron a un cristal roto, paredes ennegrecidas y varios asientos afectados por las llamas.

La posterior inspección del vehículo por parte de la unidad de Policía Científica permitió conocer que había sido alcanzado por 15 ‘cócteles molotov’. Al menos nueve de ellos, según indicó la Delegación del Gobierno, habían penetrado en el interior del autocar.

La misma fuente desconocía ayer si el joven que trató de detener el autobús había sufrido alguna lesión. Desde la empresa de transporte urbano no se descarta, por el contrario, que el encapuchado hubiera resultado herido cuando arrancó el autobús.

Convocada ayer con carácter de urgencia, la Junta de Portavoces del Ayuntamiento de Villava expresó de manera unánime su «absoluta repulsa» por el ataque perpetrado contra el autobús durante las fiestas de la localidad. La acción había tenido lugar después de que el Consistorio hubiera alcanzado un acuerdo con grupos y colectivos de Villava para contribuir al desarrollo normal de las fiestas.

Dos detenidos
La escena volvió a repetirse ayer por la mañana en San Sebastián. También fue el conductor el que evitó el ataque. El chófer se disponía a recoger a los estudiantes de una parada del barrio de Gros, pero decidió mantener la marcha e incrementar la velocidad ante la rápida aparición en la zona de un grupo de encapuchados.

Según la versión del gerente de la compañía afectada, el conductor no paró el vehículo porque tenía la «convicción» de que los radicales se disponían a atacar el autobús. Poco después, el conductor puso los hechos en conocimiento de los responsables de su empresa, que a su vez avisaron a la Ertzaintza.

La Policía autónoma sorprendió a un grupo de personas cruzando contenedores en la calzada y arrestó a O.R.M. de 20 años y vecina de Hernani, y E.E.A., de 22 y con domicilio en San Sebastián.

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