AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 17 Octubre   2001
#Miserables
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 17 Octubre 2001

#Fox, “españolazo”
Jesús Gómez Ruiz Libertad Digital 17 Octubre 2001

#«El español no es atendido como es debido en España»
Redacción - Valladolid.- La Razón 17 Octubre 2001

#El español: idioma en auge
Editorial La Estrella 17 Octubre 2001

#Hay que cuidar el idioma
Pedro Muñoz La Estrella 17 Octubre 2001

#Aquí estamos para demostrar las omisiones
Nota del Editor 17 Octubre 2001

#Cuando la defensa del español levanta ampollas
Impresiones El Mundo 17 Octubre 2001

#Seña de identidad
Editorial ABC 17 Octubre 2001

#Una lengua de futuro
Editorial El Correo 17 Octubre 2001

#El español como recurso económico
Fernando DE LA RÚA La Razón 17 Octubre 2001

#La potencia económica de un idioma: una mirada desde España
José Luis García Delgado y José Antonio Alonso 17 Octubre 2001

#Pange lingua
Ignacio RUIZ QUINTANO ABC 17 Octubre 2001

#Globalizar en español
Editorial El País 17 Octubre 2001

#Mucho más que una lengua
Editorial La Razón 17 Octubre 2001

#La verdadera guerra
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón 17 Octubre 2001

#ETA busca joven inestable sin cultura
MADRID. ABC 17 Octubre 2001

#La UE estrecha el cerco contra el terrorismo
Impresiones El Mundo 17 Octubre 2001

#Nación y Sartre
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 17 Octubre 2001

#La Policía desarticula un comando de ETA en Guipúzcoa que preparaba un coche bomba
SAN SEBASTIÁN. Agencias ABC 17 Octubre 2001

#Fiebre por lo español en Brasil
JUAN ARIAS Río de Janeiro El País 17 Octubre 2001

Miserables
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 17 Octubre 2001

Ha contado el presidente Fox que, recién elegido, fue visitado por una delegación del PNV que en la audiencia le pidió que no accediese a las peticiones de extradición de terroristas de ETA que le llegaran del Gobierno español. Esta terrible historia me ha traído a la memoria otra no menos terrible: la del telegrama de felicitación que Sabino Arana envió al presidente de Estados Unidos cuando España perdió Cuba. Por mucho que odiara a España, ¿acaso no tuvo en cuenta el traidor de Sabino Arana a los vascos que podían vivir en Cuba en aquellos momentos? En este caso cabe preguntarse algo parecido: por mucho que la dirección del PNV necesite complicar las cosas al Gobierno de España, ¿no es consciente de lo que supone apoyar de forma tan directa el terrorismo?

Porque no han leído ustedes mal: unos mensajeros de Arzalluz viajaron a México para echar una mano a los etarras perseguidos por la Justicia española. Así que los muy pacíficos y moderados dirigentes del PNV se dedican a hacer la contraofensiva al Gobierno español. No es que firmen el pacto de Estella/Lizarra con ETA sino que la amparan de forma directa. Es la misión que les corresponde según la división de trabajo que les exige la conquista del Estado.

Algunos lo hemos sabido siempre y lo hemos dicho muchas veces: el PNV ampara a ETA, colabora con ETA de muchos modos y por lo mismo es responsable del terrorismo. También hemos dicho una vez y otra que el PNV sin ETA no pasaría de ser un pequeño partido local que denigra con su comportamiento la etiqueta democristiana. Por ello fue expulsado de la internacional que lleva este nombre, y también por ello sólo tiene defensores de la catadura moral de Cossiga (la conspiración contra Aldo Moro).

Yo sé que hoy debo renunciar a cualquier tipo de sofisticación retórica. Hoy debo dedicar esta columna a proclamar algo brutalmente elemental, una vez más: el PNV es algo porque ETA existe y porque ETA mata. El PNV no sólo se crece con ETA sino que se justifica como alternativa a ETA. Y a su vez ¿qué sería de ETA si no tuviese este amplificador nacionalista, si no contase con la ayuda, la comprensión y la complicidad del PNV?

Es verdad que el relato del presidente Fox no es lo peor que nos podían contar del PNV, pero hay que reconocer que es de una gran osadía. Viajaron a México para proteger a asesinos perseguidos -repito- por la Justicia española. ¿Lo hicieron por su cuenta? ¿Se lo encargó ETA? ¿Se lo hacen saber a ETA en todo caso, después? ¿A cuántos gobiernos no habrán acudido? ¿Cuántas gestiones no habrán hecho en Bruselas, en París, en Quito? No ciertamente en Cuba o en Libia o en Yemen. En esos sitios no les necesita ETA.

Si el relato de Fox deja desnudos a Arzalluz, a Ibarretxe, a Egibar, a Anasagasti y, de paso, a los Odón Elorza, a los Jesús Egiguren, no deja mejor a estos profesores de ética, a estos historiadores contemporáneos, a estos periodistas de alquiler... que en Madrid, en los periódicos de Madrid, en las emisoras de Madrid, en las cátedras de las universidades madrileñas, establecen diferencias muy sofisticadas, muy rebuscadas, entre el PNV y ETA, que defienden a aquél como alternativa a ésta y que nos acusan a algunos de demonizar al PNV cuando establecemos la cadena lógica de responsabilidades...

El relato de Fox pone a estos defensores del PNV ante la brutal realidad de un partido que se llama democrático y que se reparte el juego «político» con el terrorismo. ¿Qué alegarán ante esta acusación del presidente Fox? ¿Con qué argumentos se defenderán ellos mismos?

Estos miserables.

Fox, “españolazo”
Por Jesús Gómez Ruiz Libertad Digital 17 Octubre 2001

La tragedia del once de septiembre ha retirado de repente la venda de los ojos a Francia y a México en relación con el terrorismo etarra. De verlos como una banda de guerrilleros románticos en busca de la libertad para su país (“organización independentista”, que decía la CNN), ahora los ven como lo que son: una banda de asesinos sin escrúpulos (la CNN ahora dice “organización terrorista”). A los hijos “descarriados” -y no tan pródigos- del PNV se les van acabando los santuarios; y Arzallus y Anasagasti, -sus amantísimos padres putativos- ya no saben qué hacer para proteger a sus peones de brega, esos que sacuden el nogal.

Los líderes peneuvistas acusan a Vicente Fox de “amiguismo” con Aznar, porque el presidente mexicano decidió extraditar etarras sin consultarles. Sólo les ha faltado llamarle “españolazo”, como peyorativamente llaman los batasunos a quienes se declaran españoles en el País Vasco. Arzallus todavía no se ha enterado de que hace casi 200 años que México es un estado soberano, mientras que el País Vasco nunca lo ha sido, pese a todos los intentos nacionalistas por reescribir la Historia. Pero lo más chocante es que el propio Fox les ha puesto en evidencia, al declarar haber recibido “indicaciones” de Arzallus para que no extraditara a sus gloriosos gudaris con tanta liberalidad.

A la dirección nacionalista no se le ha ocurrido otra cosa mejor que acusar al presidente mejicano de mentir. Y por qué iba a mentir Vicente Fox, se preguntaría uno. Después de las vueltas, revueltas y recontravueltas que ha dado el PNV en su larga política de ambigüedad con el terrorismo (25 años mareando la perdiz), la verdad es que a los nacionalistas vascos les queda ya muy poca credibilidad, si es que les queda alguna. Por eso, cuando se acogen al sagrado de la Justicia -que no ha hecho gran cosa hasta ahora por investigar el holding del asesinato y la extorsión- para evitar que se fiscalicen y congelen las cuentas bancarias del entramado etarra, uno no puede evitar reprimir una triste sonrisa. ¿Qué dirá el amigo (de conveniencia) de Montesquieu, Jon Josu Imaz, cuando la Unión Europea apruebe definitivamente los mecanismos necesarios para intervenir las cuentas de las organizaciones terroristas?

Pero la guinda en el pastel del despropósito la ha puesto Llamazares, el utillero oficioso y casi vocacional del PNV, que como limosna ha recibido una consejería en el Gobierno Vasco en la persona de Madrazo. Como pago a tan señalado servicio, ha acusado a Aznar de paranoico y de querer saltarse el Estado de Derecho, del que, por cierto, quedan ya pocas trazas en el País Vasco si se tiene en cuenta que medio parlamento tiene que llevar escolta para protegerse de la calculada incuria, hostilidad abierta y necedad colaborante del otro medio. Madrazo y Llamazares, por razón de sus cargos políticos, seguramente tendrán también escolta. Pero es difícil de creer que su miedo y “paranoia” por ser un posible objetivo terrorista sea superior al que puedan tener los líderes del PNV, o incluso los de EH... a no ser que teman a Ben Laden. Aunque, si bien se mira, tampoco, que después de todo hizo su contribución económica a la causa de la “liberación” del pueblo vasco.

«El español no es atendido como es debido en España»
Cela reclama «orden, inteligencia y dinero»
En una jornada de inauguración que destacó por las buenas palabras de los participantes, el Nobel Camilo José Cela irrumpió, ante un auditorio repleto de autoridades, con un discurso crítico sobre el escaso cuidado que ha recibido el español a lo largo de los años por parte del Estado y los Gobiernos.
Redacción - Valladolid.- La Razón 17 Octubre 2001

El premio Nobel de literatura, escritor y académico Camilo José Cela hizo un llamamiento a la defensa del español fuera de las fronteras de los países que lo hablan y «aquí dentro, donde tampoco es atendida como es debido». Su discurso no se entretuvo en preliminares ni en anécdotas, fue directo, duro, contundente, como acostumbra, y muy crítico.

Cela recordó que «nuestra lengua, el español, ha seguido siendo ignorada, cuando no zaherida oficial y administrativamente entre nosotros desde que la memoria alcanza y tan sólo en estos gozosos momentos, con motivo de la creación del Premio Cervantes, parece que se hace una clarita en nuestro horizonte».

Insistió en que es doloroso que «siendo la nuestra una de las lenguas más hermosas, poderosas y eficaces del mundo, nadie hasta hoy se haya preocupado de enseñarla por ahí fuera y de defenderla por aquí dentro, donde tampoco es atendida como es debido».

Cela disculpó a la Academia de estos males cuando durante largos años permaneció «en la más indigente inopia» y achacó este mal «al Estado que ahora parece arrepentirse de graves y pretéritos errores y aún olvidos». El escritor recordó cómo se ha perdido el español en las Filipinas, cómo está a punto de perderse en Guinea, en el Sáhara y entre los emigrantes de Europa, pero se mostró optimista porque «parece ser que por fin y en buena hora estamos conjurando y atajando el peligro de que nuestros nietos tuvieran que llorar la pérdida del español en la Península Ibérica».

Después, Cela insistió en que «a todo puede ponerse coto con paciencia, inteligencia y con dinero» y abogó por meter «un poco de orden en nuestro pensamiento y el necesario coto a nuestras inexplicables e ingenuas vergüenzas».

Al respecto, se preguntó por qué algunos españoles se avergüenzan de hablar «en español y llamarlo por su nombre, prefiriendo decirle castellano», o por qué se oyen los términos hispanoamericanos e Hispanoamérica y se llega «a la equívoca y acientífica aberración de llamarle Latinoamérica o latinoamericano». Por qué, siguió preguntando el Nobel, «se olvida que en los Estados Unidos los hispanohablantes caribes, mejicanos y centro-americanos se llaman hispanos a sí mismos».

Cela, que se declaró amante de «la lengua, de las lenguas y de todas las lenguas, especialmente de las españolas, como el español, el catalán, el gallego y el vasco», preconizó la suma y no la resta, que se apueste al alza y no a la baja, y que se defienda la libertad de las lenguas y de sus hablantes.

«No usemos -puntualizó- la lengua para la guerra y menos para la guerra de la lengua, sino para la paz y sobre todo para la paz entre las lenguas. De la defensa de la lengua. De todas las lenguas sale su fortaleza y en su cultivo literario se fundamenta su auge y su clásica y elegante vigencia». El académico recordó que es necesario el dinero para defender el español porque «la lengua es la más eficaz de todas las armas y la más rentable de todas las inversiones. Nunca es tarde para que pongamos nuestros ahorros al servicio de futuros beneficios que serán de todos y que servirán para todos».

El español: idioma en auge
Editorial La Estrella 17 Octubre 2001

Con gran brillantez e importante apoyo internacional, los Reyes inauguraron ayer el Segundo Congreso de la Lengua Española, que se celebra en Valladolid, antigua capital del Reino que hoy se convierte en capital de la lengua. Para quienes vivimos con el idioma, y de la mano del idioma vamos hacia la noticia, esta relevante cita de la palabra castellana es todo un acontecimiento, sobre todo porque concita excelentes y sentidas solidaridades exteriores en un momento en que Gobierno e instituciones se abren nuevos caminos para reforzar la presencia de nuestro idioma en el mundo y consolidar su futuro.

Sorprende y duele que hoy, cuando la lengua española avanza a pasos agigantados hacia su preeminencia mundial mejorando su cuarta posición actual, cuando su acogida en países como Estados Unidos o Brasil, sin alargar más la lista, le ha colocado en un segundo lugar, con posibilidades de alcanzar categoría de idioma oficial, aquí en España reciba reticencias y trato discriminatorio, cuando no vejatorio, por parte de sectores nacionalistas catalanes y vascos.

Contemplado hoy el vital homenaje internacional a la lengua española, llama poderosamente la atención que gobiernos como el de la Generalitat catalana y el de Vitoria no hayan sabido conjugar aún la defensa de su cultura con la debida a la lengua española. En un momento en que la sociedad española, en su conjunto, defiende y se enorgullece de sus culturas y lenguas minoritarias, estos gobiernos, por el contrario, siguen dando la espalda al español. Feliz e irónicamente, dos ilustres y competentes personalidades, uno vasco y otro catalán, Jon Juaristi y Luis Racionero, están al frente de instituciones básicas para la proyección y solidez de la lengua española, como son el Instituto Cervantes y la Biblioteca Nacional de España.

A la altura de este acontecimiento, desde el Gobierno español se deberían desplegar todos los esfuerzos e iniciativas posibles para que se atiendan en todo el mundo las necesidades actuales de la lengua, tanto en su propagación a través de centros e instituciones como mediante las más modernas redes de la comunicación internacional, como es el caso de Internet, donde el español tiene que alcanzar, frente a la hegemonía del inglés, mejores posiciones.

Hay que cuidar el idioma
Pedro Muñoz La Estrella 17 Octubre 2001

Quiero imaginar, y en esta esperanza dejo andar la pluma, que una buena parte de los lectores perdonarán el descarado apasionamiento con que hoy voy a glosar el acontecimiento del Segundo Congreso de la Lengua Española que se celebra en Valladolid. Lo primero que tengo que decir es que, efectivamente, me parece todo un acontecimiento. Y no sólo para los locos de la palabra, para quienes nos servimos de ella para andar por la vida, de noticia en noticia, asistidos de cerca por la milagrosa ortopedia de las comas, de los adjetivos y de los socorridos adverbios terminados en 'mente' que de tan buena manera nos ayudan a proyectar, sobre los renglones, nuestras ideas por disparatadas que sean.

Sin duda, es todo un acontecimiento ver cómo, a través del Congreso, se confirma el hecho de que la lengua española se haya convertido en centro de atención no sólo de los responsables de Estado, Gobierno e instituciones españolas, sino del mundo hispanoamericano, algunos de cuyos presidentes, acudieron para testimoniar su solidaridad. Y es, a mi juicio, tanto más acontecimiento cuanto que, durante décadas y décadas, en España no se ha hecho mención de la lengua española, ni se ha defendido el derecho a su existencia en muchos escenarios donde los nacionalismos vasco y catalán le han negado el pan y la sal, ni se le han otorgado atenciones especiales, ni se han hecho referencias a su existencia por no mencionar su adjetivo. Eran los tiempos de la transición y siguientes en que, con la memoria reciente de la dictadura, aquí no hablábamos de España ni de lo que era propio del patrimono español, y, por consiguiente, tampoco de la lengua española para que no se nos tachara de fachas.

El último cuarto de siglo de la historia de nuestro idioma habrá sido cualquier cosa menos fructífero para la palabra española. Durante todo el gobierno socialista de Felipe González, la lengua española ha ocupado y preocupado aquí tanto como el canto de los jilgueros mediterráneos en la Laponia finlandesa. Se ha hablado la lengua por instinto, porque está en los genes, porque sale por la boca sin más, pero ni por parte del gobierno ni de las instituciones culturales ni de la propia sociedad se ha visto a alguien promover su cultivo, desarrollar en serio y con medios e inversiones el interés por su difusión, ni en centros de enseñanza pública ni en el ámbito de las responsabilidades del Gobierno central. Y así se explica que, gracias a esta dejadez, indolecia imperdonable, haya generaciones de esta sociedad moderna que no saben hablar más que con ruídos en una jerga cómicocircense, en una procesión singular de de monosílabos -o'sea, oye, tú, colegui, tronco, guay...- que desplaza todo intento de hacer hueco al idioma culto.

De otro lado, en Cataluña y en el País Vasco, donde por fortuna se ha promovido, entre tanto, la defensa decidida de la cultura e idiomas propios, la lengua española ha vivido años de olvido, cuando no de desprecio, porque sus gobiernos nacionalistas han sido incapaces de corresponder al esfuerzo general hacia su reconocimiento conjugando la prosperidad de su lengua local con el derecho de existencia de la española o castellana.

Hoy el Congreso de Valladolid, nos reconcilia con la razón, con la justicia y con el sentido común. Es el segundo congreso. El primero se celebró hace un año en Zacateca, en Méjico. ¿Y antes?. Antes, nada: el desierto, el desinterés total, hasta la vergüenza muy extendida de hablar castellano con propiedad, con esmero, con lujo de detalles y dominio de la palabra.

Con ocasión del Congreso, recordamos que nuestra lengua española tiene como soporte hoy todo un orbe inmenso de más de cuatrocientos millones de seres que están abonados al vocabulario de Cervantes con el que se extienden por el mundo en proporciones geométricas por todo lo largo y ancho del planeta a medida que se desarrollan los índices demográficos y se multiplica de la especie. Así de fácil y así de eficaz. A más población, más idioma. En Estados Unidos, donde no faltan reticencias en algunos sectores sociales de estricta afinidad anglosajona, los hispanos están acercando el idioma español a cifras espectaculares que lo convierten en el segundo. Y en Brasil está en vísperas de convertirse en segundo idioma oficial porque así lo quieren los brasileños.

Qué lástima que hasta ahora, y no sólo en los últimos años mencionados, se haya olvidado España de cuidar su lengua en tierras de Filipinas, de Guinea Ecuatorial o del joven Sahara español a cuyas comunidades no somos capaces de agradecer, en la medida de sus merecimientos, sus atenciones por la lengua española. pmunoz@estrelladigital.es opinion@estrelladigital.es

Aquí estamos para demostrar las omisiones
Nota del Editor 17 Octubre 2001

Los dineros públicos o sea los que nos roba la hacienda por su incapacidad o connivencia con los poderosos para no conseguirlos también de éstos, en manos de la Junta de Galicia y los señores feudales gallegos, consiguen que no podamos llegar a la opinión pública y que muchos periódicos nos omitan, pero aquí estamos demostrando su inmundicia ética. Que conste que el libro de Manuel Jardón también lo tienen en La Estrella Digital, por lo que no pueden decir que desconocen el problema de la imposición lingüística en Galicia.

En cuanto a los que se acuerdan de citar sólo los tres idiomas autonómicos, olvidándo el resto de los que ienen los mismos derechos, incluído el silbo canario, habrá que recordarles que aquí estamos para demostrar su incultura lingüística o aún peor, su falta de ética, vaya Vd. a saber.

Cuando la defensa del español levanta ampollas
Impresiones El Mundo 17 Octubre 2001

Genio y figura, está claro que Camilo José Cela quiso ayer sembrar la polémica con la ardorosa defensa que hizo de la lengua española, en el Congreso que sobre ésta se inauguró ayer en Valladolid. No ocurre en casi ningún país que la defensa de la lengua oficial levante ampollas, pero en España sí. Empezando por el propio nombre con que se designa a esa lengua, que algunos prefieren llamar castellano, como si la equipararan al resto de las lenguas habladas en nuestro país. Cela fue explícito al criticar a los que se avergüenzan de hablar «en español y de llamarlo por su nombre».

Sacó a la palestra la vieja polémica sobre la denominación del idioma, a menudo mediatizada por consideraciones políticas, como ocurrió cuando se prefirió la de castellano en la Constitución de 1978. Sin embargo, todas las grandes lenguas han cambiado su nombre cuando han dejado de ser la variante dialectal de una zona para convertirse en la lengua de un país. Así ocurrió con el toscano, llamado italiano sin complejos, y así debería pasar con el idioma un día hablado en Castilla, y hoy convertido en lengua de casi 400 millones de hablantes de 20 países.

Aunque su tono habrá exasperado a más de uno, no le falta razón a Cela, que criticó los «errores y olvidos» del Estado en la enseñanza de la lengua española «por ahí fuera» y su defensa «por aquí dentro». El mejor ejemplo de esa expansión fue la presencia en Valladolid de cuatro jefes de Estado hispanoaméricanos, los de España, Colombia, México y Argentina. Y el peor error, poner con ellos en pie de igualdad a Teodoro Obiang, que además de sus desmanes políticos, se ha caracterizado por defender para Guinea la francofonía y despreciar el español.

Seña de identidad
Editorial ABC 17 Octubre 2001

«La más emblemática y esencial seña de identidad y además una herramienta insustituible para potenciar la comunidad hispanohablante en el concierto de las naciones». Con estas palabras definió ayer Su Majestad el Rey al idioma español en el acto de inauguración del II Congreso Internacional de la Lengua Española, que se celebra en Valladolid. La cita llega apenas unos días después de que la Real Academia Española presentara la nueva edición de su Diccionario, convertido en termómetro de la evolución y vitalidad de nuestro idioma.

El crecimiento y la expansión de la lengua española, su asentamiento y progresión son ya un lugar común, un hecho incuestionable, y puede ya hablarse de cuatrocientos millones de hispanohablantes en todo el mundo, lo que la convierte en la segunda lengua internacional, por detrás del inglés. Pero este hecho, que ha de llenar de satisfacción y de orgullo a quienes pensamos y hablamos en español, ha de ser al mismo tiempo, y sobre todo, un acicate y un desafío y ha de abrirnos los ojos acerca de la responsabilidad que comporta.

El gran reto del idioma español en estos albores del siglo XXI es, y así se ha subrayado en este congreso, su proyección dentro de la denominada sociedad de la información, su consolidación como dinamizador de una comunidad que, a ambos lados del Atlántico -nueve de cada diez hispanohablantes están en América-, tiene un creciente protagonismo dentro del panorama internacional. Los esfuerzos realizados por las Academias de la Lengua o por el Instituto Cervantes para acompasar la difusión del idioma a la acelerada marcha de las nuevas tecnologías no son caprichosos, sino imprescindibles. No se puede perder de vista, por ejemplo, el inmediato escenario que va a dibujarse en Estados Unidos, donde pronto habrá más hispanohablantes que en la propia España, con todo lo que este hecho significa. Nuestro idioma no puede considerarse hoy en día, únicamente, como un activo cultural y social, como eje de unión de las naciones iberoamericanas, sino que puede y debe ser un decisivo generador de riqueza, medida ésta en términos estrictamente económicos: comercio, turismo cultural, inversiones... son ejemplos del edificio que puede levantarse sobre los cimientos del idioma español.

Internet desempeña -huelga decirlo- un papel esencial en este proceso. La red es hoy en día un territorio por el que hay que transitar de manera absolutamente imprescindible y que sigue, en buena medida, virgen. La proyección del idioma español ha de dirigirse invariablemente a ella, y en este sentido queda todavía mucho terreno por conquistar, aunque el avance haya sido notable (España era ya, en septiembre de 2000, el décimo país del mundo en número de usuarios, con 4,6 millones de personas conectadas, aunque esta sea todavía una asignatura pendiente en Iberoamérica, donde hay únicamente 16,45 millones de usuarios, algo más de la décima parte de los existentes en Estados Unidos). La presencia del español en Internet es sensiblemente inferior a su difusión real. El número de páginas web en español apenas supera los 7,5 millones (un 2,42 por ciento del total), cifra que superan el inglés (214,2 millones), el japonés (18,3), el alemán (18), el chino (12,1) y el francés (9,2). Es este, por tanto, un terreno en el que queda todavía mucho trecho por andar.

Hay otro aspecto especialmente preocupante dentro del desarrollo del idioma, y es su progresivo deterioro. De nada servirá la expansión del español si legamos a las generaciones futuras una lengua empobrecida, corroída y contaminada, carente de personalidad y arañada por otras lenguas. De nada servirá el esfuerzo por abrillantarla si quienes la reciben no aprenden al mismo tiempo a cuidarla y a respetarla y a quererla. Es pavoroso comprobar el desdén que se tiene hoy en día por la gramática, por la ortografía, por el vocabulario, y el terrible reflejo que ello tiene en los medios de comunicación, en las escuelas, en las universidades o en medios profesionales. El Congreso de Valladolid ha de servir como piedra angular del progreso del español, que ha de crecer tanto en cantidad como en calidad.

Una lengua de futuro
Editorial El Correo 17 Octubre 2001

El II Congreso Internacional de la Lengua se inauguró ayer en Valladolid con la pretensión de analizar, más allá de la filología y la lingüística -materias obligadas-, el potencial económico del español, su inserción en la Sociedad de la Información y su adaptación al mundo de las nuevas tecnologías. Una vertiente inédita del análisis que se intenta desarrollar de forma consensuada entre todos los países de habla hispana. El español es la cuarta lengua más utilizada del planeta, por más de 400 millones de personas, detrás del chino, del inglés y del hindi, pero tiene oportunidades de convertirse en el segundo idioma internacional, sólo superado por el inglés, si la comunidad hispanohablante da la batalla por superar sus puntos débiles, que, según el presidente del Instituto Cervantes, Jon Juaristi, son dos: su desfase como lengua de investigación científica y su limitación como lengua de las nuevas tecnologías y, en concreto, del mundo de Internet. Los especialistas piensan que esta última carencia se resolverá cuando Latinoamérica acceda masivamente a la Red. La incorporación del español al mundo de la Ciencia dependerá particularmente del esfuerzo español al desarrollo del ‘I+D’ en el seno de la UE y como avanzada de la comunidad iberoamericana.

El español es fuente de riqueza y a su alrededor existe ya un volumen de negocio cuantificado y considerable. Su enseñanza da vida a un sector pujante que generó entre 42.000 y 50.000 millones de pesetas en 2000, frente a 25.000 en 1995. El turismo idiomático genera más de 40.000 millones al año en España, y se prevé que para 2005 los textos de aprendizaje del español supondrán el 25% del negocio editorial de nuestro país. La publicidad en castellano ha invertido más de 450.000 millones de pesetas en 2000 en Estados Unidos, país cuya colectividad hispana es la segunda del mundo, después de México y por delante de la propia España. En un mundo que tiende a la globalización, el idioma es un valor, un activo, que ya no tiene más patria que sus propios hablantes y que debe ser cuidado con esmero desde un punto de vista intelectual, como herramienta de la comunicación que es, pero también en su faceta comercial y económica. Si a los lingüistas les corresponde velar por su buena salud, por su correcta evolución y por su homogeneidad, a la sociedad, en general, y a los políticos, en particular, les compete impulsar este vehículo inigualable que tanto sirve para expresar la afectividad como para cerrar una transacción. En este asunto, el pragmatismo tiene que ir de la mano de la preocupación intelectual.

El español como recurso económico
Fernando DE LA RÚA La Razón 17 Octubre 2001

Al idioma castellano pertenece un rol protagónico en el mundo actual; rol asignado por la fuerza que le infunden las personas que lo hablan y lo escriben y también, por el cada vez más creciente atractivo de las culturas de nuestra lengua entre quienes lo descubren (...).

Este interés se asienta no en la mera curiosidad, sino en el reconocimiento de los valores internos e históricos y las múltiples posibilidades que brinda en diversos campos del conocimiento y la acción (...).

La lengua es la herramienta para hacer real a una comunidad mejor integrada en una convivencia de signo humanista. Porque poseemos el beneficio de su riqueza, como hablantes de la lengua española, podemos contribuir de manera fundamental en este sentido. Cultivarla, no es responder a un afán retórico; significa al contrario, empeñarse en evidenciar hasta qué punto resulta consecuente con estos valores (...).

Al perfeccionar el vínculo con nuestra lengua, perfeccionamos nuestras posibilidades de responder con eficacia al imperativo de recíproca comprensión entre los hombres. Escritores, investigadores, historiadores del idioma, son desde esta perspectiva mediadores en el imperio colectivo para construir la paz (...).

Es alentador que en este II Congreso de la Lengua, se consideren no sólo los aspectos mencionados como esenciales, sino también y consecuentemente con ellos, la potencialidad del español como recurso económico y de la tecnología, hacer de nuestro idioma una herramienta indispensable del crecimiento económico, porque de ello resultará también el bienestar de la gente. De ahí la importancia de extender las búsquedas hacia el desarrollo de las industrias que potencien la lengua como recurso rentable (...).

El mundo se comunica en red, y estos desarrollos enriquecen recíprocamente con su intercambio a todos los idiomas. El español ha incorporado infinidad de términos sin haber perdido la fortaleza de su propia identidad (...).

Propongo que el III Congreso de la Lengua lo denominemos «El español, las tecnologías y la nueva integración». La primera, evoca el carácter diferencial que las diversas tecnologías le dan a nuestra lengua con oportunidades en el mercado mundial. La nueva integración, evoca el objetivo de incluir a las nuevas fronteras. Invitaremos a la hermana República del Brasil en respuesta al esfuerzo de su gobierno para el aprendizaje y difusión de nuestra lengua entre su gente.

La potencia económica de un idioma: una mirada desde España
II Congreso Internacional de la Lengua Española
Valladolid, octubre de 2001
José Luis García Delgado y José Antonio Alonso http://www.eumed.net/cursecon/textos/Delgado-esp.htm 17 Octubre 2001

La economía como disciplina científica nació con la industrialización. No es extraño, por tanto, que en su discurso haya dominado un cierto sesgo productivista, que otorga a los factores y recursos materiales, respecto a otros posibles activos intangibles, un papel preferente en la explicación del progreso económico. En el curso del último medio siglo, y muy especialmente a partir de la década de los setenta, esta visión comenzó a cambiar, al advertirse la importancia que en el comportamiento económico tienen variables sociales de carácter no material, relacionadas con el marco institucional y de incentivos disponible, con el cuadro de valores que informa a las personas, con las relaciones que los agentes sociales traban entre sí y con los conocimientos que se acumulan no sólo en las máquinas, sino también en los individuos y en las organizaciones.

Al concepto de capital físico, variable central en las explicaciones tradicionales del crecimiento económico, se fueron añadiendo los términos de capital humano, que expresa los niveles de formación y capacitación de las personas, de capital natural, asociado al patrimonio de recursos aportado por la naturaleza, y de capital social, que alude a los niveles de confianza social, al grado de asociacionismo, a la conciencia cívica y a los valores culturales dominantes en la sociedad. Junto a ello, hoy se insiste más que antaño en el papel crucial que para el progreso económico tiene la existencia de un marco institucional y normativo adecuado, al tiempo que se reclama como condición de desarrollo el establecimiento de una situación efectiva de buen gobierno. Se abre espacio así a factores intangibles relacionados con las instituciones, los saberes, las normas y los valores colectivos en la explicación del progreso.

Es importante subrayar este cambio, no sólo por el enriquecimiento que comporta en la teoría económica, al ampliar el espectro de sus preocupaciones analíticas, sino también por los puentes que de este modo proyecta hacia otras disciplinas y ámbitos de la reflexión humana. Remedando una terminología extraída de la informática, cabría decir que si la reflexión económica en el pasado se centró sobre el hardware productivo de los países, hoy dedica una más destacada atención al software de las sociedades: de la realidad tangible y exteriorizada de los recursos productivos al universo menos material de las instituciones, las políticas, los conocimientos y los valores. Y, al igual que el software informático se configura y expresa al modo de un lenguaje, también la lengua, el idioma define y articula buena parte de los factores intangibles más relevantes de una sociedad.

La lengua como bien público
El papel central que la teoría económica atribuye al mercado ha alentado, en ocasiones, visiones excesivamente reductoras de la realidad social, que dañan la riqueza analítica e interpretativa de la disciplina. De hecho, alguno de los más notables extravíos de la ciencia económica deriva de esa abusiva sinécdoque que supone entender que no hay otro mecanismo de asignación y coordinación social eficiente que el mercado o que no existe más universo que el de los bienes aptos para su transacción mercantil.

En la realidad económica existen numerosos bienes —los llamados bienes públicos y semipúblicos—, algunos de muy destacada utilidad social, que no se ajustan a semejante patrón, por no ser excluibles, al no poderse determinar fácilmente la compensación que se requiere para acceder a su titularidad —el precio—; y por no ser rivales, al estar disponibles para todos de una forma no limitada una vez que son producidos. Estas características limitan el estímulo que los potenciales consumidores tienen para asumir, de forma espontánea, el coste equivalente a su producción. Son bienes, por tanto, que no pueden ser dejados a la gestión del mercado, siendo necesario el recurso a la acción social coordinada para regular su provisión y consumo.

La lengua tiene, como se habrá advertido, gran parte de las características propias de un bien público. Se trata de un bien no excluible, ya que no cabe atribuir un precio que limite el acceso a su titularidad y consumo; y es, desde luego, un bien claramente no rival, en la medida en que el uso del idioma por parte de un determinado agente no impide similar práctica por parte de consumidores rivales. Es más, cabría decir que la potencialidad de los servicios que la lengua proporciona se amplifica en la medida en que aumenta el número de las personas que recurren a su utilización.

De acuerdo con las características señaladas, la regulación del uso de la lengua, su protección e, incluso, su provisión no puede ser dejada al cuidado espontáneo del mercado, debiendo ser asumida por las instituciones públicas. Acaso la anterior expresión puede suscitar la sorpresa de muchos. Es claro que la protección de un idioma —caso de considerarse necesaria— debe corresponder a instituciones con capacidad normativa, pero ¿cabe extender semejante responsabilidad al ámbito de la producción idiomática? ¿No es acaso cierto que el idioma se produce de forma espontánea, a instancias de la expresión popular, como resultado de la vitalidad comunicativa de las gentes?

Si por producción lingüística se entiende la generación de nuevos recursos expresivos, nuevos giros idiomáticos o nuevas voces y vocablos, habrá que convenir en que es la calle su principal factoría. No obstante, la potencia comunicativa de un idioma, su fortaleza y funcionalidad, dependen de la capacidad que una comunidad tiene para convertir su lengua en un elemento de identidad y en un polo de referencia y atracción para grupos ajenos; lo que, a su vez, está en relación con la amplitud, riqueza intelectual y vitalidad creativa de la comunidad social que la respalda. Dicho de otro modo, la potencialidad de un idioma depende, por un lado, de la capacidad que la lengua tiene para erigir lazos identitarios en el seno de la comunidad que la practica y, por otro, de la vitalidad creativa e intelectual y de la ascendencia internacional de dicha comunidad. Ha de convenirse en que los poderes públicos tienen una notable responsabilidad en la promoción de todos estos factores.

Pero el propósito de este artículo no es sólo justificar la importancia que tiene la acción pública para amplificar la funcionalidad y potencia de un idioma: se propone sugerir, además, que la tarea de engrandecer un idioma si tiene un indudable interés cultural, tiene también un muy destacable interés económico.

Funciones económicas de la lengua
No es fácil identificar de una manera precisa aquellas funciones que la lengua cumple desde una perspectiva económica: su papel como elemento de cohesión de una comunidad, como factor de identificación y de vertebración colectiva, dificulta semejante tarea de disección. No obstante, es posible avanzar en la reflexión, señalando alguna de sus funciones más señaladas. Entre ellas habría que entresacar las cuatro siguientes.

a) La lengua como mercado
Una de las primeras y más inmediatas dimensiones económicas de la lengua alude a la enseñanza del idioma como actividad mercantil, ámbito propicio para la generación de iniciativas empresariales. En este caso, el soporte de los bienes y servicios sobre los que se constituye el mercado es el propio idioma: es decir, la enseñanza de la lengua y el adiestramiento en su uso. Es el idioma, por tanto, materializado en un conjunto de bienes requeridos para el proceso formativo (libros, diccionarios, materiales pedagógicos complementarios,...); y de servicios asociados a la enseñanza (centros docentes, viajes organizados, estadías, profesorado,...). La profundidad y amplitud de este mercado depende muy crucialmente de la dimensión y utilidad internacional del idioma, ya que es el resto de la comunidad internacional —más que la titular de la lengua— quien determina la demanda básica. Una demanda que va a estar influida por la capacidad creativa, la influencia económica y política y la ascendencia intelectual de la comunidad lingüística en cuestión.

La experiencia anglosajona puede constituir un adecuado ejemplo de lo que se sugiere: tanto en Estados Unidos como en el Reino Unido existe un vigoroso sector de la actividad empresarial vinculado a la enseñanza de la lengua, que acoge centros de enseñanza, actividades de preparación de profesorado, publicaciones en muy variados soportes, organización de viajes y servicios de acogida para los alumnos. Una actividad que se despliega tanto en el propio país como en mercados ajenos, alentando una fecunda vía para las relaciones internacionales.

Por lo que atañe al español, las posibilidades son notables, aun cuando resta mucho por hacer en este ámbito. Cada vez son más las personas que integran el español entre sus preferencias lingüísticas, tanto en Europa como en Estados Unidos o Japón. La reciente declaración de segunda lengua de enseñanza obligada en las escuelas de Brasil, la existencia de más de 30 millones de hispanohablantes en Estados Unidos o el atractivo económico y cultural de los mercados español e iberoamericano, llamado a seguir una senda ascendente en el tiempo, son factores, entre otros, que contribuyen a despertar el interés creciente por un correcto aprendizaje del español. Pero, la escasa dotación de ofertas formativas atractivas, en las que se combine el aprendizaje del idioma con otras actividades complementarias de carácter turístico y cultural, hace que sea todavía muy limitado este mercado tanto en España como en el resto de los países hispanohablantes. No obstante, se trata de una de las vertientes económicas más inmediatas de la potencia de un idioma.

b) La lengua como soporte de la creación: la industria cultural
Las posibilidades económicas de un idioma no se agotan en este primer ámbito relacionado con su difusión y enseñanza: necesariamente deben considerarse también las posibilidades que aparecen asociadas a la comercialización de aquellos productos que descansan de modo central en el idioma. Es el caso, en primer lugar, de aquellos ámbitos creativos cuyo soporte básico es la lengua, como la literatura, la canción, el teatro o el cine; afecta también a las actividades profesionales que dependen del recurso idiomático, como puedan ser las desempeñadas en los medios de comunicación, en sus diversas especialidades y soportes (prensa escrita, radio o televisión); y, en fin, llega a incidir también sobre aquellos ámbitos relacionados con la difusión y divulgación de la producción científica e intelectual (investigaciones, estudios, ensayo). En la mayor parte de los casos aludidos no puede decirse que el idioma sea la materia misma de las transacciones, pero constituye un soporte crucial para definir su contenido.

Conviene advertir que, al contrario que en la función precedente, en ésta el mercado lo conforma la propia comunidad hispanohablante, si bien con posibilidades de extensión a otros ámbitos lingüísticos que se sientan atraídos por la producción específica en español. La capacidad para ensanchar ese mercado dependerá crucialmente de la originalidad y vitalidad creativa que en los ámbitos señalados tenga la comunidad hispanohablante, por una parte, y de la capacidad de la industria para convertir esas creaciones en productos accesibles y atractivos en los mercados, por la otra. Si el primer factor es importante, el segundo es igualmente decisivo: por mucha que sea la creatividad de un pueblo, el mercado derivado de sus producciones artísticas e intelectuales quedará limitado si no existe una industria cultural suficientemente poderosa como para difundir y rentabilizar el esfuerzo. Por lo demás, la existencia de esa industria, si no garantiza la calidad de las creaciones, sí estimula su producción, contribuyendo de este modo a ampliar el vigor creativo de la comunidad.

El despliegue de la industria cultural no debe entenderse como una tarea encomendada a los poderes públicos: es función de la iniciativa privada (editoriales, productoras, empresas de comunicación, ...) identificar las oportunidades de negocio que se abren en este campo. Si bien debe ser el sector público el que establezca el marco normativo y de apoyo a la industria para hacerla viable. Especialmente en el caso de aquellas producciones creativas más innovadoras y arriesgadas, en aquellas de mayor interés social o en las que comportan costes difícilmente recuperables.

Cabe decir que el progreso que experimentó España en este ámbito ha sido verdaderamente destacable, especialmente en el caso de la producción editorial y de la comunicación, donde es muy notoria la presencia de poderosos grupos empresariales con proyección más allá de las fronteras nacionales. Sólo en España se registra una producción editorial cercana a los 62.000 títulos al año; a los que hay que añadir los 90.000 editados en América Latina, más de 40.000 en lengua española. Lo que da idea de un mercado amplio y con un potencial de dinamismo notable. Para España esta producción es fuente de un próspero comercio internacional, exportándose tres veces y media el valor de lo que se importa; al tiempo que se mantiene a lo largo del tiempo una modesta pero continuada acción inversora en el exterior. De hecho, el sector editorial concentra en torno al 1 por 100 de las exportaciones españolas y cerca del 0,7 por 100 de las inversiones en el exterior como promedio de los últimos cuatro años.

c) La lengua y los costes de transacción
Una tercera dimensión económica de la lengua es la que se deriva de la reducción que en los costes de transacción tiene el recurso a un medio de comunicación compartido entre las partes: se trata de uno de los beneficios económicos de la comunidad de lengua menos explorados pero más significativos. Se entienden como costes de transacción aquellos en que incurren los agentes como consecuencia de las tareas de identificación y conocimiento entre las partes, de negociación de las condiciones del intercambio y de fijación de las garantías y compensaciones en caso de incumplimiento. Estos costes pueden ser elevados cuando se trata de una operación económica compleja, como pueda ser la provisión de un bien de equipo con especificaciones técnicas precisas, un acuerdo de cooperación interempresarial o un proyecto de inversión directa.

En razón a su naturaleza, la magnitud de los costes de transacción depende de la capacidad de comunicación y de entendimiento entre las partes: de ahí las ventajas que proporciona la pertenencia de ambas a una misma comunidad idiomática. No sólo por la incomparable ventaja que proporciona para la comunicación, sino también por el papel central que el idioma tiene —a continuación se insistirá en ello— en la generación de valores, hábitos y marcos institucionales compartidos. De ahí que la presencia de un idioma común constituya un poderoso mecanismo para reducir los costes de transacción, facilitando los procesos de internacionalización económica.

Semejante evidencia inspiró una de las hipótesis interpretativas más novedosas de la secuencia de internacionalización de la empresa, que alude a la distancia psicológica entre mercados como uno de los factores que condiciona la proyección internacional. Las empresas, con el objeto de reducir los costes de transacción y los niveles de riesgo, suelen iniciar su experiencia internacional en los mercados que mejor conocen, los que perciben como más afines, aquellos con los que tienen menor distancia psicológica; y sólo se proyectan hacia áreas más remotas una vez que logran acumular experiencia y capacidades en esos escenarios más familiares. Disponer de un entorno amplio y dinámico de mercados internacionales psicológicamente cercanos se conforma como un activo valioso para el aprendizaje internacional de las empresas.

España, sin duda, confirma esta hipótesis: la internacionalización de la empresa española comenzó, y de manera muy señalada, en el ámbito de Iberoamérica y de Portugal, los dos escenarios con los que nuestro país tiene mayor cercanía lingüística y cultural. Antes incluso de haberse liberalizado la inversión en el exterior, en el entorno de los años setenta, más de la mitad de los capitales españoles se orientaban hacia aquella región americana; y el porcentaje pasa a suponer entre un tercio y la mitad de la inversión en los años más recientes. De hecho, es en los dos mercados señalados donde la presencia de intereses españoles adquiere una mayor relevancia, hasta situar a España en los primeros lugares entre los inversores foráneos. La dimensión y el potencial dinamismo de algunos mercados latinoamericanos en el futuro —más allá de las circunstancias azarosas del presente— convierten a la comunidad lingüística hispanohablante en un poderoso factor de estímulo —y en un escenario de aprendizaje— para los procesos de internacionalización de la empresa española.

d) La lengua como seña de identidad
Por último, la lengua cumple una función básica como materia envolvente de una comunidad: elemento básico de identidad colectiva y factor de diferenciación frente al resto. Abusando del lenguaje económico, cabría decir que la lengua es la más poderosa y eficaz imagen de marca de un colectivo. Como tal, el atractivo de la lengua ayuda a caracterizar el potencial económico y cultural de una comunidad, al tiempo que la ascendencia de esa comunidad incide sobre el interés internacional que despierta su lengua.

Por lo demás, a través de esa función generadora de identidad social, la lengua ayuda a moldear la cultura de una comunidad, a generar los valores colectivos que la conforman y hasta las instituciones sociales en que aquellos se expresan. Fue Wittgestein quien señaló que la frontera del saber la determina el alcance de cuanto puede ser nombrado. Sin el determinismo lógico que la anterior sentencia comporta, habría que convenir en que es también la lengua la que conforma culturas y valores. De ahí que sea tan frecuente encontrar afinidades culturales y semejanzas de orden institucional entre países de una misma área idiomática, aun cuando sus fronteras se encuentren separadas por océanos. Y todos estos factores facilitan la integración económica de los países y su proyección sobre comunidades lingüísticas ajenas.

Desarrollo y creación cultural: el caso de España
A lo largo de las páginas anteriores se ha tratado de argumentar que el respaldo a la capacidad y potencia de un idioma no es sólo una empresa de interés cultural, sino también de interés económico; y se identificaron como factores cruciales en la potenciación del idioma tanto el despliegue de la capacidad creativa de la comunidad como el desarrollo de una industria que proyecte semejantes logros y realizaciones.¿Cuál ha sido la relación entre estos dos factores en el caso español? La perspectiva histórica puede aportar algunos elementos esclarecedores en la relación entre desarrollo económico y proceso creador, entre modernización social e incidencia de la lengua y la cultura española.

A grandes trazos, y para lo que aquí interesa destacar, lo que en seguida sobresale es la diferencia entre los dos primeros tercios del siglo XX, por una parte, y el último tercio del novecientos hasta la actualidad, por la otra. Digámoslo muy sumariamente: durante los dos primeros tercios del siglo XX, el sobresaliente proceso de creación artística y cultural en España va muy por delante de la modernización económica y social, con soportes empresariales y articulación mercantil para los productos de la esfera creativa muy endebles, aunque en consonancia con una economía poco desarrollada y muy encerrada en su propio mercado interior. Por el contrario, en el curso de los tres últimos decenios, aquella relación parece haberse invertido, sobresaliendo ahora el vigor del crecimiento económico, la amplitud de la apertura exterior y el calado de las transformaciones sociales, siendo obligado, por eso mismo, disponer de nuevos soportes industriales y comerciales para que la creación artística y cultural encuentre campo apropiado para el despliegue de sus potencialidades y el aprovechamiento económico de sus logros.

Sin duda, puede tildarse de simplificador este esquema dual, que pasa por encima, entre otras cosas, de los heterogéneos subperíodos que agrupan cada una de las dos grandes etapas que distinguimos; pero creo que no falsifica lo sucedido, aportando una sugerente línea de interpretación.

Contemplando por unos instantes la primera de esas dos asimétricas partes en que proponemos dividir el siglo recién concluido, apreciamos, efectivamente, cómo las sucesivas hornadas de hombres de ciencia y los cultivadores de los diversos campos de la cultura literaria, artística rivalizan en capacidad y brillo creativos, hasta el punto de poderse hablar, con justificada hipérbole, de una nueva edad de oro de la cultura española. Esto vale no solo para el primer tercio de siglo, es decir, para el conjunto de lo aportado por las generaciones del 98, del 14 y del 27; sino, también, para el más que notable escalón generacional siguiente, el de 1936 y, en parte aún, para el excelente de los años 50. Y vale también lo antedicho tanto para artistas como para investigadores, tanto para el ámbito de la cultura literaria como para el de la cultura científica, por recurrir a los términos de Snow.

Una potencia creativas muy superiores a los que podía exhibir el proceso de industrialización en España, que avanzaba a ritmo lento, sufriendo además un tajo profundo entre la mitad de los años 30 y el comienzo del decenio de 1950. Es cierto que en los dos primeros tercios del siglo la economía española, fuertemente protegida de la competencia exterior, diversifica su tejido industrial, tanto sectorial como territorialmente, al tiempo que se eleva el grado de urbanización y de alfabetización de la población; pero el crecimiento de la renta por habitante presenta como media un valor muy modesto, acentuándose, cuando la centuria está ya más que mediada, la distancia que durante el ochocientos arrastrábamos respecto de los niveles medios de renta de la mayor parte de los países europeos occidentales.

Ese es el marco económico en que se desenvuelven las trayectorias creativas de los integrantes de esos cinco peldaños generacionales señalados. Respecto de los que cabe predicar las tres notas caracterizadoras siguientes:

En primer lugar, su anticipación al proceso de modernización económica y social, al que, sin duda, contribuyen con sus obras, estimulándolo, sin poderse sin embargo beneficiar de la cobertura productiva y mercantil que una industrialización más avanzada les hubiera proporcionado.

En segundo lugar, y derivadamente, la escasa articulación organizativa y comercial de ese brillante progreso secular, consiguiéndose, pues, esos avances creativos como suma de admirables esfuerzos aislados, sin que el talento creador y la inventiva de cada cual pudiera beneficiarse de estructuras colectivas favorecedoras de la creatividad y de la difusión de sus logros.

La tercera característica es la de ir a contrapié en muchos casos de las condiciones políticas, de los valores materiales y morales dominantes en la sociedad, lo que espoleaba todo tipo de manifestaciones artísticas y literarias llenas de sentido crítico.

Ese modelo de relación entre producción de cultura, por un lado, y desarrollo económico y social, por otro, vigente durante más de medio siglo, en el que la inventiva y la creatividad individuales suplían, al menos en parte, carencias organizativas y compensaban la parvedad de impulsos institucionales para el fomento y la promoción de los productos artísticos e intelectuales; ese modelo propio de una industria poco evolucionada y de una economía muy cerrada sobre su mercado interior ha dejado de existir en apenas un tercio de siglo, desde iniciado el decenio de 1960 hasta el presente.

Cabe recordar a este respecto algo a lo que no siempre se presta la atención que merece: en apenas cuarenta años, a partir del comienzo de la década de 1960, el crecimiento económico español, en renta por habitante, ha sido con toda probabilidad equivalente al conseguido durante los ciento veinte años anteriores, descontando ese «decenio bisagra» que es el de 1950. Un dato que sin duda impresiona cada vez que se hace a colación. Un crecimiento no poco espectacular que ha ido acompañado de enormes cambios estructurales, como son el proceso de desagrarización, la apertura exterior y la ampliación de la capacidad económica del sector público.

Crecimiento y transformación que han hecho quebrar el anterior sistema de relaciones y funciones del mundo de la creación con su entorno. Una quiebra que debe dejar paso a otro modelo en el que la creatividad cultural y artística ha de contar con los necesarios resortes empresariales para moverse en un escenario sustancialmente modificado, esto es, el propio de un país de industrialización avanzada y con un alto grado de sincronización en una economía internacional cada vez más globalizada. Quiere decirse que el proceso de creación cultural ahora se enmarca en condiciones materiales radicalmente distintas: la chispa inventiva, el talento, incluso el genio del creador tendrán recortadas las posibilidades de dar a conocer, de proyectar, de trascender sus obras si no es a través de organizaciones sólidas de producción y de mercado. Sólo asumiendo esta realidad se podrá explotar adecuadamente — esto es, en términos de mercado y más allá de las fronteras— la multiplicada capacidad creativa que en la España democrática manifiestan generaciones nacidas ya a partir de los 50 y cuyos elementos históricos de referencia son la transición política y la convergencia con Europa.

Un contingente creativo al que debe sumarse, obligadamente, el que surge del resto de las sociedades hispanohablantes, porque sobre todas ellas descansa el dinamismo de la comunidad lingüística, la potencialidad y el atractivo del idioma. Y, aunque con temporalidad distinta, también es común a la experiencia iberoamericana un cierto desajuste entre capacidad creativa y desarrollo industrial, que sólo parece haber logrado un acoplamiento vivificador en el entorno de las fecundas décadas que median entre los 50 y los 70, cuando creadores y editoriales de Hispanoamérica polarizaron la producción cultural en lengua española. Pasada esa época, y tras la severa crisis de los 80, todavía no parece recuperada la industria cultural iberoamericana, que se revela incapaz de situarse al nivel que reclama la vitalidad creativa de la región.

Todo lo cual apunta a una misma conclusión a uno y otro lado del océano: la necesidad de estimular una industria cultural que potencie los esfuerzos individuales, dándoles a éstos su valor de mercado. Y no será tanto el apoyo material del Estado lo que se requiera, en muchas ocasiones, cuanto la correcta definición de los derechos de propiedad, el marco de estímulos correcto para que los particulares se sientan, según el caso, atraídos a emprender, unos, y a sostener, otros, las empresas culturales. Empresas culturales en toda su dimensión, integrando los nuevos espacios que propician los nuevos entornos de comunicación. No cabe olvidar que, de acuerdo con los datos del 1999, cerca de 4 millones personas en España y más de 11 millones en América Latina, todos ellos de habla española, estaban conectados a Internet.

Apostar por la industria de la cultura, en suma, será una buena apuesta para la política económica española: los hechos lo hacen exigible. Entre otras cosas, para seguir aspirando a que España, también en este terreno, ahora ya a la puerta del nuevo milenio, sea capaz de flotar sobre la corriente de los tiempos, por emplear una expresión muy querida de Ortega, quizá el intelectual español de nuestro siglo que, gracias al apoyo industrial de Urgoiti, mejor cobertura empresarial ha encontrado para su trabajo creativo, lo cual tal vez no sea ajeno a la proyección que felizmente ha encontrado su obra. Tomemos todos buena nota.

Pange lingua
Por Ignacio RUIZ QUINTANO ABC 17 Octubre 2001

Si no hemos entendido mal la propaganda, la idea de la Academia es hacer con la lengua lo que a nadie se le había ocurrido: dinero. Ya lo anunció este verano su director en una revista cultural: «Sabemos sacarle brillo a la peseta.» Pero que nadie crea, con esto, haber sorprendido en su covacha al hebreo de corva nariz que manipula sus maleficios sobre nuestra moneda, la cual, por otra parte, tiene sus días contados. No más supersticiones. Ni más complejos. Lo dice el secretario general del comité organizador del Congreso de la Lengua: «La mezcla de lengua, arte y negocio no es indecorosa.» Y todos asentimos: «Para nada, para nada.» Animado, el secretario general, etcétera, remacha: «¡Vamos a romper el tabú!» Y, seguramente, lo romperán, al modo, además, con que los mahometanos exaltados rompen todos los días un muñeco.

En nombre del sentido común, ¿qué justificación puede haber para la proliferación en este pequeño planeta de un número estimado en veinte mil lenguas diferentes? La interrogante de Steiner, que considera probable que la sexualidad y el habla se hayan desarrollado tejiéndose íntima y recíprocamente, sólo puede despejarse sacando la lengua a la plaza del mercado, que es el método de producción económica más eficaz que se conoce: sustituyamos la noción de valor por la de precio, y nuestra lengua subirá y bajará como las acciones bursátiles.

«¿Qué dineros, qué inversiones, qué presupuestos mueve el español?» Esto es lo que se han propuesto averiguar en Valladolid los académicos, que, como el resto de los españoles, según la aguda observación de Fernández Flórez, son grandes buscadores, infatigables buscadores, aunque de gangas, de influencias, de protecciones, de facilidades. Nuestra innata propensión al sondeo se resume en una frase-sésamo: «Hay que buscar dinero, aunque sea en el centro de la tierra.»

Para el español, el centro de la tierra es el Estado. «Mis viajes son verdaderos viajes de Estado», tiene dicho el director de la Academia, gris el pelo y grises las palabras, pero con esa función preciosa de segregar sobre cualquier cuestión de «capasanta» o padre ecónomo la sugestión de cierto patriarcalismo. En este caso, el sometimiento de la lengua a la suprema taumaturgia de los números. Como en el siglo pasado lo representó el sol, la lengua representa en este siglo nuestro tesoro -«nuestro petróleo», en palabras de otro académico-, y, siendo así, tampoco es cosa de meterla en un calcetín o debajo de un ladrillo. Nuestra lengua no puede revelarse cobarde, como ha sido la tradición de nuestro dinero. Cada hablante debe convertirse en un agiotista.

Bien empleada, la lengua ha de proporcionarnos lo bastante para, por una vez en la vida, tener cubiertos los gastos del mes sin contar tristes historias a los amigos. ¿Cómo? «El ejemplo es Inglaterra», contestó, en su momento, nuestra ministra de Cultura. Pero, si es cierto que cada lengua engendra y articula una visión del mundo, ¿qué tiene que ver nuestra visión del mundo con la de los ingleses? Los ingleses, de entrada, «ignoran» la cultura. Como aclaró lord Goodman, cuando presidía el Arts Council: «Los ingleses están libres de cualquier cultura: ésa es una de sus más preciosas libertades.» Un inglés que aspire a vivir de la cultura, tiene que hacerse hispanista. Así se explica la impotencia de Chesterton: «¿Cómo vamos a encontrar ocho cortas palabras inglesas que equivalgan a «Sumit unus, sumunt mille; quantum isti tantum ille»? ¿Cómo se las entenderá uno para traducir el verdadero sonido del «Pange lingua», cuando la primera sílaba deja un retintín semejante al encuentro de címbalos?»

En Inglaterra la lengua la garantizan los hablantes, que no garantizan más prosa que la de Shakespeare, mientras que en España la lengua la garantizan los académicos, cuya prosa, la única que cuenta con la garantía del Estado, es la que saldrá a la venta. Desde luego, en Andalucía y en las Castillas hay un mercado, como ha sabido verlo nuestro ministro de Exteriores, con su sutil, certero y agudo sentido del comercio: «El mejor español, quitando el acento, es el que se habla en Cataluña.» ¿A quién importa hoy un acento? Telefónica está sin acento, y paga la mitad del Congreso de la Lengua.

Globalizar en español
Editorial El País 17 Octubre 2001

Con la presencia de cinco jefes de Estado y la participación de unos 300 especialistas se inauguró ayer en Valladolid el II Congreso de la Lengua Española. Su celebración pone de manifiesto que tener una lengua en común, con todas sus variedades, es un atributo que nos ha dado la historia a todos los hispanohablantes y que debemos aprovechar. Pues esta lengua tiene un enorme potencial humano y cultural, y también económico y hasta diplomático, si se hace más presente en los foros internacionales.

El valor económico de la lengua, en un tiempo en que las industrias de la cultura ocupan un lugar central en la actividad productiva, está siendo el eje de los debates en Valladolid, frente al I Congreso, más institucional, que se celebró en Zacatecas (México) en 1997. No perder este tren que se ha puesto en marcha con las nuevas tecnologías de la información exige constancia e imaginación. Y medios: unos recursos económicos acordes con los objetivos marcados. Las buenas perspectivas de estas industrias han dependido con frecuencia más de la iniciativa de emprendedores privados capaces de superar fronteras que de apoyos oficiales. Pero el impulso público es indispensable, en particular para que el español sea, además de idioma de comunicación, de literatura y entretenimiento, vehículo de expresión de la ciencia de nuestros países y del mundo. No hay que dar por supuesto que sea inevitable ceder ese campo al inglés como lingua franca de la globalización. También tiene que haber una globalización en español, sin que ello vaya en detrimento de las otras lenguas minoritarias que forman parte del patrimonio cultural de las Américas y de España.

Ante todo, cuando tanto y tan mal se habla de choques de culturas, el español es, como lo definió ayer el rey Juan Carlos, un 'instrumento de acercamiento', una lengua que favorece el entendimiento y la tolerancia, incluso ese proceso tan positivo que es el mestizaje, contrapuesto tanto a la multiculturalidad como a la uniformización étnica. El valor humano del español va de Valladolid a Tierra del Fuego, pasando, pese al abandono institucional, por Manila y Malabo, Nueva York y Los Ángeles. Hoy son algo más de 400 millones los hispanohablantes; de ellos sólo la décima parte corresponden a España. En términos demográficos es una lengua mucho más americana que española. Como ha señalado el escritor y académico Mario Vargas Llosa, América fue definitiva para que el español rompiera su moldura inicial. Esta realidad queda reflejada en la nueva edición del Diccionario de la Real Academia Española, que contiene 40.000 novedades que en una gran parte corresponden a revisiones de los americanismos e incorporación de miles de nuevos artículos y acepciones: un trabajo exhaustivo en el que han participado, denodada e igualitariamente, las 22 academias agrupadas en la Asociación de Academias de la Lengua Española.

La lengua común fortalece, como ayer afirmó el Rey, la posición en el mundo de todos los países donde se habla. Incrementar la presencia de nuestra lengua común en los foros internacionales, e impulsar unas relaciones transatlánticas que han de considerar a todas las Américas, requiere esfuerzo y constancia. Algo nuevo tiene el español a su favor, frente a siglos y años no tan lejanos: por vez primera, y salvo contadas excepciones, la inmensa mayoría de los hispanohablantes viven en sistemas democráticos, lo que refuerza su alcance y autoridad moral.

Mucho más que una lengua
Editorial La Razón 17 Octubre 2001

El II Congreso Internacional de la Lengua Española, inaugurado ayer en Valladolid por el Rey ¬acompañado en la presidencia por la Reina, el Príncipe de Asturias y la Infanta Elena, además del presidente del Gobierno, y los presidentes de Argentina, Colombia, México y Guinea Ecuatorial¬, mostró ayer que el español es hoy mucho más que una lengua viva y con enorme y prometedor futuro; es, ante todo, el nexo de una cultura que integra a 400 millones de personas y un vehículo excepcional que permite a ciudadanos de países dispares acumular sus fuerzas para afrontar el futuro el futuro.

El Nobel Camilo José Cela quiso ayer, al dirigirse a los asistentes al Congreso, ejercer el papel de abogado del diablo y recordar a todos que si el español goza hoy de una fortaleza envidiable respecto a otras lenguas en recesión (el caso del francés es un buen ejemplo) no ha sido precisamente gracias al apoyo anterior de gobiernos y ciudadanos, al menos en España. Nuestra lengua se ha perdido prácticamente en Filipinas, se pierde paso a paso en Guinea y el Sahara y abandona su papel de resguardo de identidad cultural entre los hijos de los emigrantes españoles en Europa. Y todo ello en medio de «inexplicables e ingenuas vergüenzas» de algunos españoles por hablar en español y llamarlo por su nombre, mientras prefieren referirse a él como «castellano», al igual que se huye sin razón del término «hispanoamericano» para ampararse en «la acientífica aberración de llamarse latinoamericano».

Acierta Cela al señalar esta falta de cuidado, de inteligencia, a la hora de proteger al español en una Nación donde hoy las lenguas se utilizan más para dividir que para lo que nacieron y sirvieron durante siglos: para comunicar. Por eso es de agradecer el cambio de tendencia de los poderes públicos, de las instituciones y de las instancias sociales. Y explica la oportunidad de los Congresos sobre la Lengua Española que se sucederán por la geografía hispanoablante en el futuro.

De la reunión de Valladolid se extrae esta visión por el porvenir, que evita discusiones sobre el pasado que, aunque enriquezcan la comprensión histórica del camino seguido por la lengua hasta hoy, no dejan de dividir esfuerzos y debilitar unidades. La feroz competencia de la aldea global y de la mundialización económica aconsejan crearlas en torno al español para utilizarlo como lugar de encuentro de una comunidad cultural. Porque ya no se precisan discursos de reivindicación indigenista para reconocer en el español que hoy utilizamos el aporte de otras lenguas ibéricas o amerindias; ni para dejar de lamentarse por la pérdida de algunas de esas joyas lingüísticas. Otras, gracias precisamente a la existencia del español como vehículo de intercambio con la sociedad exterior, permanecen vivas.

Ha recordado el presidente mexicano Vicente Fox que, en este sentido, el aporte cultural del español, siempre enriquecido por nuevas palabras, «permite atravesar veinte fronteras» y sirvió para crear un hilo conductor, dar unidad a todo un continente donde antes de la llegada de Colón existían culturas dispersas. Y ha sido desde ellas, aupadas en el idioma común, desde donde emergieron nuevos conceptos, distintas y enriquecedoras visiones del mundo, que, como ha explicado ante el Congreso el escritor Mario Vargas Llosa, tomaron posesión del español, universalizándolo y preparándolo para ser hoy instrumento de futuro.

Porque el tesoro de la lengua lo es sobre todo por su potencialidad: las palabras de Don Juan Carlos alientan a todos los pueblos hispanohablantes a proyectarla y a tener muy en cuenta que en la nueva sociedad de información, abierta a todos, la lengua es y será el instrumento básico y la herramienta última de la comunicación, incluso del negocio. Ésa es la razón que obliga a nuestra lengua común a multiplicar su presencia en el mundo y escalar posiciones, para aprovechar «unas posibilidades de proyección exterior del español, de su patrimonio y de su cultura» que se incrementan de forma hasta hace poco impensable.

Hoy es posible, con «dinero e inteligencia», aprovechar la fuerza emergente que se advierte en el español, visible desde Estados Unidos a la Unión Europa, para que un instrumento excepcional de comunicación se convierta además en soporte de intercambios económicos y científicos. Y es posible superar el reto de ampliar aún más la realidad del español en el mundo. Hoy, afortunadamente, se alejan estúpidos y caducos complejos y se acercan en un mismo fin naciones, administraciones públicas y muy diversas instituciones, todas ellas con el mismo proyecto. El Congreso que ayer se abrió en Valladolid supone un nuevo aliento en este formidable empeño de extender por el mundo, con el español, una unión moral alrededor de la cultura que sea totalmente respetuosa con las peculiaridades de cada nación, pero que aproveche la fuerza que otorga la lengua común, tal vez el arma más poderosa de que se pueda disponer.

La verdadera guerra
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón 17 Octubre 2001

No hay choque de civilizaciones ni contienda entre Occidente y el Islam. En el pasado los pueblos se enfrentaban entre sí para rapiñarse sus campos, sus cosechas y su oro, y el mismo designio voraz y sangriento movía al Imperio Otomano en su largo forcejeo con los Habsburgo por el dominio del Mediterráneo que a los reyes de Francia en su disputa con la Monarquía española por la hegemonía europea. Tampoco es verdad que unas culturas sean superiores a otras en sentido racial o antropológico, lo que sucede es que existen elementos luminosos dentro de cada una de ellas que proporcionan a los seres humanos vidas dignas, prósperas, libres y felices, y componentes oscuros que les condenan a la degradación, la miseria y la explotación. Dentro de cada cultura anida lo excelso y lo abominable. La cultura alemana ha producido a Goethe y a Himmler, la italiana a Miguel Ángel y a César Borgia, la islámica a Omar Khayam y al Viejo de la Montaña. Osama Ben Laden no es un monstruo por el hecho de ser musulmán, sino por otras razones, ninguna de ellas mínimamente aceptable.

Las simplificaciones sólo son buenas en matemáticas, en las que el mayor éxito es demostrar un teorema potente con un razonamiento muy corto y claro. En la vida y en la política los esquematismos conducen normalmente a la estupidez o al asesinato. El mundo de Eta y de Al Qaeda es de una sencillez escalofriante: a un lado están los verdugos, impermeables al razonamiento y a cualquier sentimiento humanitario y al otro las víctimas, culpables por definición y sin derecho a defenderse ni a juicio previo. Identificar al Gran Satán con el país de Abraham Lincoln, de Louis Amstrong y de Woody Allen es tan demente como ver al actual Estado español democrático como la encarnación del Mal. Los terroristas de cualquier signo o color crean una realidad ferozmente mutilada, de la que se han borrado todos los matices, las contradicciones y los argumentos, para dejar sólo un tablero desoladoramente liso separado en dos mitades irreconciliables. De hecho, cuando un adepto a una de estas sectas de la bomba, la pistola y el ántrax intenta recuperar la lucidez es inmediatamente eliminado por sus propios compañeros de horror, que no pueden admitir en su seno ni un asomo de reflexión o de escrúpulos morales. La verdadera guerra que se está librando hoy en Afganistán y en las oficinas de correos no es el viejo conflicto entre moros y cristianos, sino la eterna colisión entre la bondad, la tolerancia, la compasión, la comprensión y la racionalidad y la maldad, el odio, la intransigencia y la brutalidad. En este combate unos liquidan a seis mil inocentes en media hora y otros deciden darse un garbeo por la Explanada de las Mezquitas por el gusto de humillar. Y los unos y los otros nos arrastran a todos los demás a un abismo de difícil salida porque una vez sueltos los Cuatro Jinetes cuesta mucho volver a encerrarlos.

ETA busca joven inestable sin cultura
MADRID. ABC 17 Octubre 2001

El catedrático de Psicología Clínica en la Universidad del País Vasco, Enrique Echeburúa, considera, en un artículo publicado en el último número de «Papeles de Ermua», que lo que ETA y la «kale borroka» tienden a acoger en su seno son «gente de poca edad, inestable emocionalmente, mal socializada, con carencias culturales graves» que en otras sociedades formarían parte de movimientos marginales.

En su artículo, titulado «Por qué y cómo se llega a ser terrorista», Enrique Echeburúa subraya que «las personas fanáticas, que se adhieren de una forma acrítica a una idea política y la siguen dogmáticamente con exclusión de toda información incongruente con ella, se caracterizan por una falta de empatía para sensibilizarse con el sufrimiento ajeno y por una ausencia de remordimiento cuando son ellas quienes lo generan». En su opinión, la militancia política y la creencia ciega en unos ideales patrióticos, con una fe del carbonero, constituyen ideas sobrevaloradas, que ocupan un lugar muy importante en sus pensamientos, impregnan afectivamente su vida y ejercen una acción tiránica sobre sus conductas».

IRREDUCTIBLE A LA LÓGICA
«En cierto modo -añade Echeburúa- los terroristas se sienten héroes, miembros escogidos de una vanguardia de elite, que tienen como tarea una misión trascendente que justifica la muerte de los enemigos». «Sólo así se explica la importancia concedida a sus acciones por el propio sujeto, que le lleva a minusvalorar el dolor de los demás, a considerarlo, en todo caso, como un mal necesario para la consecución de un objetivo superior, a ser insensible al rechazo social mayoritario y, en último término, a sobrevivir sin sentirse atormentado por sentimientos de culpa». «Sólo un alto grado de obcecación puede mantener, sobre todo si coincide con un nivel cultural bajo, una percepción tan distorsionada de la realidad y la incapacidad de un juicio crítico», añade en su artículo.

Echeburúa explica que «el fanatismo recluye a una persona en una prisión interior y es irreductible al razonamiento lógico, al que sólo se llega -y no siempre- cuando surgen circunstancias vitales dramáticas: la detención y el encarcelamiento; la muerte de un compañero en la lucha, etcétera». «Si, como es obvio, nadie nace fanático, ¿cómo se produce entonces el lavado de cerebro?», o cómo surge «victimismo y odio en personas que han nacido en un régimen democrático y no han conocido la dictadura?», plantea el catedrático de Psicología. Como respuesta, alude a a «factores psicológicos», entre ellos, «la inmadurez y la dependencia emocional»; «la impulsividad y la búsqueda de emociones fuertes», o «la personalidad paranoica». Es decir, «el fanatismo encuentra un caldo de cultivo adecuado en la inmadurez emocional de muchos adolescentes, que pueden resultar fácilmente manipulables».

Otro factor «son las frustraciones diversas acumuladas en la vida cotidiana, que generan una baja autoestima y de las que se responsabiliza a otros, junto con un vacío moral». Así, «sentirse protagonista en un grupo terrorista o violento, estimulado por el riesgo y la clandestinidad y aupado por ciertos medios de comunicación, puede resultar muy atractivo cuando en la vida civil (familia, estudios, amigos, etcétera) una persona se siente mediocre». «En cierto modo -agrega-, lo que ETA y la kale borroka tienden a acoger en su seno son, en general, personas desplazadas (gente de poca edad, inestable emocionalmente, mal socializada, con carencias culturales graves, etcétera), que en otras sociedades tienden a formar parte de movimientos marginales».

Echeburúa escribe que la «visión deformada de la realidad» de los fanáticos «necesita ser realimentada para contrarrestar el sentir mayoritario de la población» y destaca el papel que juegan «Gara» o «Ikasle Abertzaleak». También alude al papel de la familia y de la educación que pueden fomentar en el niño «un nacionalismo exaltado» sobre todo si cuenta con algún familiar preso.

La UE estrecha el cerco contra el terrorismo
Impresiones El Mundo 17 Octubre 2001

Los ministros de Justicia y Finanzas de la UE alcanzaron ayer en Luxemburgo un trascendental acuerdo en la lucha contra el terrorismo que entrará en vigor dentro de un año. El pacto suscrito obliga a los quince Estados a facilitar la información de las cuentas bancarias de una persona investigada por delitos de terrorismo si un juez así lo solicita. Ello supone, por ejemplo, que el Gobierno francés estaría obligado a facilitar esa información a requerimiento de un juez de la Audiencia Nacional. Hasta ahora, no sólo no estaba forzado a hacerlo sino que podía ampararse en el secreto bancario. Los ministros aprobaron también otro punto de extraordinaria importancia: los Estados tendrán que congelar automáticamente los bienes y cuentas de un posible terrorista cuando un juez de un Estado miembro de la UE lo solicite. Por último, los Quince acordaron extender a abogados y notarios la obligación de denunciar movimientos de capital de presuntos narcotraficantes o terroristas. Martí Mingarro, decano del Colegio de Abogados de Madrid, afirmó ayer que la medida es inconstitucional si no respeta el secreto profesional. Habrá que esperar a ver cómo se concreta este compromiso político en una directiva, pero no hay duda de que la UE ha empezado a estrechar el cerco sobre ETA y otras organizaciones terroristas. Según lo acordado hace un mes, la UE va a elaborar una lista no sólo de esas organizaciones sino de los partidos y formaciones políticas que las apoyan. El portavoz del Gobierno vasco declaró ayer que no tiene sentido incluir en esa lista a Batasuna, que es un partido legal. El ministro Acebes precisó que en esa relación «estarán todas las organizaciones que cooperan con ETA», lo que indica que el Gobierno no descarta incluir a Batasuna, que ha ensalzado y homenajeado como héroes a etarras con un horrendo historial de asesinatos.

Nación y Sartre
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 17 Octubre 2001

El siglo XXI va a ser decididamente el de la rebelión de los pueblos sin historia. ¿A qué se debe esta herborización de naciones pequeñas o mínimas en Oriente y Occidente? Todos los nacionalistas en pie de guerra a derecha e izquierda, no son sino inquilinos de su propio egoísmo. Quieren erigir un pueblo, edificar un pasado, traer un futuro en el que ellos serán grandes e importantes como las viejas naciones de Europa. El nacionalismo es una exasperación del yo, pues confiere una identidad a todo el que no la tiene por sí mismo. Y esta necesidad de identificarse no es sino inseguridad, debilidad del yo, inmadurez. Recordemos frente a esto a un hombre/resumen del siglo XX: Jean-Paul Sartre.

Sartre escribió páginas muy originales sobre su deseo de vover al anonimato, echándose a vivir en hoteles grises, sin biblioteca, sin referencias, abrumado de autobiografía. Y no quiere decirse que Sartre huyese ni aceptase la gloria sino que se rechazaba a sí mismo y este deseo de no tener biblioteca es uno de los más originales en su personalidad. Es tanto como renunciar a todo lo pensado para pensar por sí mismo. Si en su escritura aparece la cita de otro, es porque le ha venido al vuelo y no porque se haya levantado a buscarla, como suelen hacer los ensayistas encorpachados de notas. Quiere decirse que el hombre original no necesita edificarse unos antepasados culturales o religiosos, que por otra parte ya están ahí, queramos o no.

Pero el filósofo aún da otro paso en esta dirección o contradirección negativa, y es cuando se pone a pensar contra sí mismo, a destruir todo lo edificado, que ya no le vale por consabido y consagratorio. Sólo contra la propia obra se sigue haciendo obra fecunda.

Qué diferencia entre este intelectual que llenó todo un siglo y los patriotas, nacionalistas, terroristas, talibanes, fundamentalistas y otras aldeanías que se afanan en reunir la familia entera en torno de sí como las gallinas reúnen a sus polluelos.

El hombre es más libre sin compromisos integristas, sin compromiso consigo mismo, incluso, que adherido a una nube cumulativa de creencias, parientes, intereses, políticos y jefes, muchos jefes. Sartre, los surrealistas, los vanguardistas, los anarquistas, todos los revolucionarios nos dejaron el siglo pasado como un símbolo de la libertad o su afán. Pero todo eso ha caído por razones geopolíticas y porque al capital de Oriente u Occidente le conviene más la fórmula del gallinero con su ley del picoteo. Todo hombre quiere dejar rastro de sí, una rodela de gloria y respeto, de hazaña y tiempo, siquiera sea en el ámbito de su aldea, de su familia, de su biografía. Nadie quiere morir sin dejar biblioteca y los musulmanes dejan esa biblioteca de un solo libro que es el Corán.

Nosotros dejamos grandes bibliotecas públicas y privadas como el ladrillamen que atestigua nuestro paso por la tierra. Se lucha por la identidad que no se tiene, y éste es el caso de las guerras actuales. Pero Occidente llegó a dar hombres/límite, como Sartre, que no alcanzó a incendiar la Biblioteca de Alejandría, pero sí la de su casa, casa que tampoco solía tener. Hemos olvidado el siglo XX nada más superarlo y las identidades aldeanas y fanáticas manifiestan al hombre como un animal incierto, inseguro y con biblioteca.

La Policía desarticula un comando de ETA en Guipúzcoa que preparaba un coche bomba
SAN SEBASTIÁN. Agencias ABC 17 Octubre 2001

Agentes del Cuerpo Nacional de Policía han desmantelado durante la pasada noche un comando de ETA en Guipúzco, con la detención de siete personas, que tenían en su poder un vehículo robado que habían empezado a manipular para utilizarlo como coche bomba, según informaron a la agencia Vasco Press fuentes policiales. El vehículo, un Renault Clio, ha sido intervenido por la policía que también se ha incautado de una importante cantidad de explosivos y de armamento.

Durante la operación policial han sido detenidos dos presuntos miembros ´liberados´ de ETA identificados como Roberto Lebrero Panizo, antiguo integrante del ´comando Ustagui´, y Luis Mariñelarena Garciandía, acusado de haber participado en el asesinato de Fernando Buesa y su escolta cuando formaba parte del ´comando Ituren´. Ambos activistas se dieron a la fuga en el verano del pasado año para eludir la acción policial. También se han arrestado a cinco activistas ´legales´, entre ellos Asier Altuna Epelde, portavoz del grupo municipal de Batasuna en el Ayuntamiento de la localidad guipuzcoana de Azcoitia, informaron fuentes de este consistorio.

En la operación, desarrollada en San Sebastián, Soraluce y otras localidades guipuzcoanas, se han incautado 60 kilos de explosivos, bombas-lapa, subfusiles y pistolas. En las últimas horas se han practicado registros en varias localidades guipuzcoanas y la operación continúa abierta.

Los detenidos han sido trasladados a dependencias policiales de San Sebastián, aunque está previsto que en las próximas horas sean conducidos a Madrid. Los arrestos han sido practicados por efectivos de las unidades de intervención del Cuerpo Nacional de Información que han culminado de esta forma una investigación llevada a cabo durante los últimos meses por efectivos de la Comisaría General de Información.

En el dispositivo policial, dirigido por el Juzgado Central de Instrucción número 1 de la Audiencia Nacional, han participado 170 efectivos.

Según el Ministerio del Interior, la operación está totalmente abierta y no se descartan nuevas detenciones en las próximas horas. El vicepresidente primero del Gobierno y ministro del Interior, Mariano Rajoy, ofrecerá detalles de esta operación a las 12.30 horas en la sede del Ministerio.

Fiebre por lo español en Brasil
JUAN ARIAS Río de Janeiro El País 17 Octubre 2001

La ley para las escuelas y colegios brasileños que prevé la obligatoriedad de la enseñanza del español sigue a la espera de la aprobación definitiva del Parlamento. Sin embargo, como quedó patente recientemente en el Congreso Nacional Brasileño de Profesores de Español -al que asistieron en Fortaleza más de 500 enseñantes- es ya tanta la demanda de español en este país que poco cambiaría incluso en el caso de que la obligatoriedad no fuera aprobada por ley. 'Existe en Brasil una verdadera fiebre por el español', dijo Mariluci da Cunha Guberman, presidenta de la Asociación de Profesores de Español de Río de Janeiro, que a primeros de noviembre celebrará el 25º aniversario de su fundación con un gran seminario sobre la lengua española en el que ya se han inscrito más de 300 profesores de castellano.

En los dos Estados más importantes del país, el de São Paulo y el de Río de Janeiro, la enseñanza del español es ya obligatoria en las escuelas públicas, y en muchos colegios privados lo es por decisión de los mismos. 'Brasil tiene que hablar español', dijo el ex ministro de Asuntos Exteriores brasileño, Luiz Felipe Lampreia.

La idea de la obligatoriedad de la enseñanza del español nació en Brasil hace unos ocho años pensando sobre todo en los países del Mercosur. Pero hoy la petición y la necesidad de aprender español en este país se ha robustecido tras haberse convertido España en el primer inversor extranjero de Brasil. A ello hay que añadir que cada vez más las familias de clase media que antes enviaban a sus hijos a estudiar en las universidades norteamericanas hoy se inclinan más hacia las españolas.

Hay en este país no sólo fiebre por la lengua de Cervantes, sino también por todo lo que significa cultura española: literatura, cine, música, pintura o costumbres. Lo demuestra el gran espacio dedicado por los medios de comunicación a todo lo que es español y la acogida favorable que cualquier manifestación artística española tiene en el país, como la última muestra patrocinada por Telefónica en São Paulo titulada De Picasso a Barceló. El Gobierno decidió a los pocos días de inaugurarse hacer gratuita su entrada, ya que hasta de las favelas llegaba la gente para visitarla.

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