AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 19 Octubre   2001
#El asesino de enfrente
Edurne URIARTE ABC 19 Octubre 2001

#Como antes del 11
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 19 Octubre 2001

#El problema del fondo y de la forma
Ignacio Villa Libertad Digital 19 Octubre 2001

#Sin ninguna duda
Enrique de Diego Libertad Digital 19 Octubre 2001

#El orianazo
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 19 Octubre 2001

#La soga en casa del ahorcado
Julián LAGO La Razón 19 Octubre 2001

#Un miserable
Alfonso USSÍA ABC 19 Octubre 2001

#¿Español o castellano?
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 19 Octubre 2001

#Y Brasil
Luis María ANSON La Razón 19 Octubre 2001

#Brasil reclama más dinero y más medios para convertir el español en su segunda lengua
J.C.R./J.R. - Valladolid.- La Razón 19 Octubre 2001

#El arresto de ‘Baltza’ conduce hasta el centro de operaciones del ‘impuesto revolucionario’
FERNANDO ITURRIBARRÍA CORRESPONSAL. PARÍS El Correo 19 Octubre 2001

#De Galicia a otros lares
Pablo Sebastián La Estrella 19 Octubre 2001

#Pragmatismo
XABIER GURRUTXAGA El Correo 19 Octubre 2001

#El debido respeto a lo que decida democráticamente mi mano derecha
Nota del editor 19 Octubre 2001

El asesino de enfrente
Por Edurne URIARTE ABC 19 Octubre 2001

Por si a alguien le quedara alguna duda, las detenciones de «comandos» etarras nos muestran una y otra vez que ETA está estrechamente conectada con todos los demás grupos de la llamada izquierda abertzale, Batasuna, Ekin, Segi o cualquier otro nombre que quieran dar a las subdivisiones de un mismo movimiento totalitario.

El problema es que muchos de los miembros de estas subdivisiones, concejales de Batasuna o integrantes de Segi, son nuestros vecinos de enfrente, o nuestros compañeros de trabajo, o los de la tienda de la esquina. Y eso ha tenido dos efectos. Por un lado, el efecto de la anestesia de la normalidad: ¿cómo puede estar planeando matarme o expulsarme del País Vasco ese vecino con el que me cruzo? Por otro lado, el pánico ante un monstruo tan cercano que puede poner mi nombre entre los primeros de la lista o puede vigilar mis movimientos para indicar el mejor momento y lugar para asesinarme.

La anestesia de la normalidad y el miedo al asesino de enfrente mantienen en el País Vasco una red civil que permite a ETA controlar las calles y legitimar su discurso desde las mismas instituciones. Si a esto añadimos la comprensión nacionalista respecto a sus hijos descarriados, nos encontramos una y otra vez con la terrible estampa de ayer en el Ayuntamiento de Azkoitia: PNV, EA y Batera votando al unísono una moción «en defensa de los derechos de los detenidos». Enfrente, Pilar Elías, la concejal del PP (el PSOE no ha podido sustituir al concejal que se fue), viuda de un asesinado por ETA, Ramón Baglietto, cuyos derechos la democracia no puede garantizar.

El terror se normaliza y aquellos que tienen la valentía de alzar su voz se convierten en los extraños. Se trata de esa cotidiana inversión de valores del País Vasco con la que la democracia aún no ha podido acabar. Pero tiene instrumentos para hacerlo, y es hora de que comience a utilizarlos para salvar a los ciudadanos de ese círculo perverso de la anestesia y del miedo.

Como antes del 11
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 19 Octubre 2001

Pocas cosas le resultan más difíciles al ser humano que cambiar de ideas, especialmente cuando no las tiene. Y creo que eso es lo que está sucediendo en nuestro país después del 11 de septiembre: todos decimos que nada podrá volver a ser lo mismo, y efectivamente no lo será, pero aquí seguimos exactamente igual que el 10 de septiembre, el del 2001, el del 91, y el del 81. Las ideas sobre el terrorismo que en España han exhibido los partidos democráticos se resumen básicamente en una: negarse a pensarlo en serio, no afrontar con todas sus consecuencias morales, políticas, legales, y económicas el desafío terrorista a la integridad nacional y a la libertad ciudadana. Hemos actuado como si el terrorismo no fuera con nosotros. En vez de reaccionar, nos escabullimos.Y después del 11 de septiembre, esa dimisión toma caracteres grotescos. Por comparación con los norteamericanos y hasta comparándonos con nosotros mismos.

Hagamos memoria. ¿Cómo eludimos los ciudadanos corrientes las obligaciones que imponía el terrorismo? Mediante triquiñuelas verbales, negando que nosotros fuéramos el objetivo del terror.Primero, nosotros eramos los civiles, por oposición a los militares asesinados; luego, eramos los no vascos, porque entre los civiles asesinaban sobre todo a vascos; después, éramos los no nacionalistas, porque fingimos creer que había una oposición entre dos nacionalismos, aunque cosa rara sólo mataba uno; más tarde, empezamos a usar a troche y moche la fórmula de los demócratas (para ser más precisos, nosotros los demócratas, porque hace ya veinte años desde el 23-F de 1981 que nadie dice «nosotros los antidemócratas» o «ellos, los demócratas»), bien es cierto que los etarras que mataban españoles, sin preguntar si eran demócratas, se proclamaban también demócratas, y patriotas, y socialistas, y revolucionarios.En fin, arrinconados en la nulidad conceptual y la dimisión cívica, quedó el refugio verbal de «los progresistas»y el de «las izquierdas», concepto rescatado de la Guerra Civil y de lo que el franquismo conservaba de Guerra Civil. Todo inútil. Nos han seguido matando, nos seguimos dejando matar.

Ultimamente, somos constitucionalistas, palabra fea y como funcionarial pero a la que le hemos cogido afecto. Cómo no tenérselo a algo por lo que admirables, heroicos compatriotas nuestros entregan su vida: ¡la Constitución Española!

Quizás sería mejor decir España y la Libertad, conceptos y sentimientos más hondos y por los que realmente nos matan sus enemigos, los de España y de la Libertad, pero nos sobran palabras o nos lo parece. Ahora bien, ideas para combatir el terrorismo, ninguna.Somos capaces de morir con gran dignidad, pero acabar con el terror, ni se nos ocurre. En eso estamos como antes del 11 de septiembre. De hace 25 años.

El problema del fondo y de la forma
Por Ignacio Villa Libertad Digital 19 Octubre 2001

Después de presenciar el debate parlamentario sobre la crisis surgida tras el 11 de septiembre, aflora a borbotones una petición para los políticos: ¡no confundan el fondo con la forma! El Parlamento, escaparate natural de las propuestas partidistas, debería ser el punto de unión de todas las fuerzas políticas cuando se habla sobre la lucha contra el terrorismo. Este principio, que parece evidente, no todos lo tienen tan claro.

Concretando, el debate sobre la crisis internacional nos ha dejado a un Rodríguez Zapatero resolutivo en las formas, incisivo en las criticas, pero genérico y aguado en los principios. Ha sacado su mejor artillería para criticar a un presidente del Gobierno que, en su opinión, ha informado tarde y mal, que ha dejado demasiado “suelta” a la ministra Villalobos y que se ha quedado en el vagón de cola a la hora de ir a visitar a Bush.

Criticas razonadas, y posiblemente también razonables, pero que han difuminado los perfiles de la obligada contundencia a la hora de unificar criterios en la lucha contra el terrorismo. Zapatero ha estado más impactante que otras veces haciendo su obligado trabajo de oposición pero, a la vez, ha perdido frescura a la hora de mantener los principios intocables de la lucha contra el terror.

En cuanto a José María Aznar ha ocurrido lo contrario. El presidente del Gobierno ha presentado un perfil plomizo, aburrido y plano en lo formal. En cambio, se ha mostrado inexpugnable a la hora de defender los principios y las razones que deben inspirar toda lucha contra el terrorismo. Aznar ha vuelto a insistir en la necesidad de ahogar todas las tramas políticas, económicas y de apoyo que tienen las organizaciones terroristas. Y ha sido tajante con la falsa careta de Batasuna, verdadero escondite político de la banda terrorista ETA.

Del resto de grupos parlamentarios, de todos los demás sin excepción, una sola impresión: ¡qué bajo nivel político tenemos en el congreso!. ¡Una pena!

En fin, volviendo a la cuestión principal, podemos concluir que el presidente Aznar, tosco en las formas, ha estado lúcido y claro en el fondo; mientras que Zapatero, ágil en las formas, se ha mostrado patoso en el fondo. Y no podemos perder de vista que, en cuestiones antiterroristas, sólo vale el fondo. Las formas son fuegos de artificio.

Sin ninguna duda
Por Enrique de Diego Libertad Digital 19 Octubre 2001

Dice Mariano Rajoy que se ha demostrado, “por si a alguien le cabía alguna duda”, la conexión entre Batasuna y Eta. Que ambas organizaciones son lo mismo es una evidencia que sólo puede negarse desde la estupidez o la mala fe. Quienes más claro lo tienen son, desde luego, los batasunos. De hecho, las evidencias van por la senda de que actualmente Batasuna es la Eta interior. Lo demás es comentario. Ya no hay ni zulos. Se utilizan las casas -en Torrevieja- o los garajes -en Azcoitia- como infraestructura terrorista.

La lógica de la afirmación de Rajoy es la ilegalización de Batasuna. Ningún sentido tiene que sea legal un partido que considera lícito el asesinato de los contribuyentes, que anima a sus jóvenes a pasar de la retórica al tiro en la nuca. Ni en nombre del nacionalismo, ni del marxismo-leninismo, ni de la religión (ahora que el Gobierno hace la vista gorda hacia los vocingleros integristas islámicos presentes en nuestro territorio), ni de la raza, ni de cualquier otro criterio puede ser legal un partido cuyo objetivo sea el genocidio de los que no piensan como él.

La democracia se basa en la eliminación de la violencia. Batasuna en la eliminación por la violencia. La opción lógica de la ilegalización (la situación actual es una demostración constante del desarme del Estado de Derecho) no se ha tenido en cuenta por el chantaje en contra del PNV, las cosas como son. No se puede utilizar el sistema para destruirlo. No tiene sentido seguir con esas ilegalizaciones que se sortean mediante cambios de nombre, como sucede con las juventudes. El principio democrático es claro: promover el asesinato no puede estar amparado por las leyes. Mariano Rajoy puede dar sensatas lecciones a la opinión pública, pero él tiene el poder, concedido por los ciudadanos, para poner en texto legal la obviedad. Lecciones prácticas mejor que teóricas.

El orianazo
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 19 Octubre 2001

Oriana Fallaci, la vieja comadre del mejor periodismo internacional, abrió por fin la puerta de su casa y sacudió la alfombra en el rellano. Luego volvió para adentro y cerró la puerta por siempre. Ya había dado el orianazo.

Los niños de coro que tiene la Fallaci en la filosofía y el periodismo italianos han prolongado el orianazo con una serie de glosas y comentarios que van a este tenor, según palabras textuales: «Los kamikazes a la antigua se inmolan por su patria, son locales; los suicidas de Nueva York son globales y su patria es el Corán». Pero no podemos admitir que una cultura de un solo libro sea una cultura global o universal. Todo terrorismo es local en su intención y habitualmente en sus logros, y no entendemos muy bien por qué algunos pensadores italianos quieren engrandecer, magnificar a los analfabetos del 11 de septiembre dándole a su sucia proeza una dignidad global. Los tristes logros del terrorismo no se miden por el número de muertos sino por la idea a la que sirven. Tanto el irlandés que asusta a los niños como el vasco que asusta a los concejales o el árabe que estrella aviones no son seres globales, protagonistas de la Historia, porque no están completos en sí mismos ni conocen de verdad la causa que sirven.

Al terrorista tipo primero se le desprovee de toda noción cultural o histórica, luego se le rellena con unos contenidos elementales y mortíferos. En el lugar de la idea se pone la acción y en el lugar del libro una metralleta.

No sé si a esta comida de coco o lavado de cerebro contribuye alguna droga nefanda, pero esa borrachera de Dios que les entra a los kamikazes es muy sospechosa y no parece fácil llevar a un hombre tan lejos por la vía de su autodestrucción, no son héroes globales, sino tan provincianos como los separatistas de Córcega. La prensa, toda la prensa ha exaltado mucho el heroísmo de una pieza que lleva a esos hombres a morir por Alá. Lo que no se ha preguntado nadie es si Alá desea o necesita esas muertes. Donde el gran periodismo ve unos superhombres y unos Rambos de la acción patriótica uno sólo ve a unos pobres chicos dopados, fanatizados, dopaminérgicos, con la cabeza vacía y el cuerpo lleno de violencia. Toda su vida interior se resume en alguna frase de Mahoma que les cae en lo hondo como una piedra y no como una fruta.

No le gusta a uno ese juego intelectual que consiste en enfrentar sin mala intención a los ágrafos talibanes, que no dudan un momento, con el dudoso hombre occidental y escéptico. Nuestras dudas son mucho más fecundas que el petrefacto mental que tienen por pensamiento muchos terroristas. Lo dijo William Blake: «Si el sol dudase un momento se apagaría». Esos chicos de la metralleta no dudan un momento, pero se apagan en su holocausto. No son soles adolescentes. Son víctimas del poder y la conveniencia de los jeques del cielo oriental y la noche de los minaretes. Una forma de explotación o esclavitud. Aunque los chicos hayan conmovido al globo, no son globales. Tampoco son patriotas ilustrados, a la manera europea, sino hombres/bala lanzados a morir por quienes nos saludan todos los días, sonrientes, desde la televisión.

La soga en casa del ahorcado
Julián LAGO La Razón 19 Octubre 2001

La detención de siete etarras del «comando Donosti», dispuestos a cometer un nuevo atentado, pone de relieve algunos datos que profundizan en el fenómeno terrorista, más allá del simplismo de quienes sólo explican en clave política la violencia en Euskadi. La realidad vasca resulta, por su naturaleza endogámica, más compleja y contradictoria de lo que a simple vista parece.

   Convengamos que, en los últimos tiempos, se había extendido una atmósfera fatalista en relación con el terrorismo, en ocasiones no sin intención partidista. Según la tesis monotemática de la dirección del PNV, Eta nunca será derrotada con medidas policiales: la vía de la pacificación vasca, tantas veces defendida por el propio Juan José Ibarreche, pasa únicamente por el proceso soberanista.

   Tampoco creemos que las medidas policiales por sí mismas liquiden la violencia. Pero sí que la eficacia de las Fuerzas de Seguridad del Estado, Policía autonómica incluida, unida a una estricta aplicación de las leyes y a una sincera colaboración internacional desactivarían en parte los mecanismos empáticos de Eta: los recientes acuerdos, alcanzados por el vicepresidente Mariano Rajoy con el gobierno de París, apuntan en tal dirección.

   Pero hay más trasfondo en el problema. La detención de los siete miembros del «comando Donosti» (dos de los cuales participaron en los asesinatos del socialista Buesa y su escolta) ahonda en el entramado político-emocional tras el que se ampara el terrorismo vasco.

   Así, uno de los detenidos, Asier Altuna, que en su garaje ocultaba un coche-bomba, reúne dos condiciones que no pueden pasarnos inadvertidas. Además de ser el portavoz de Batasuna en Azkoitia, Altuna está emparentado con el diputado general de Guipúzcoa Román Sudupe.

   Vaya por delante que no estigmatizamos los vínculos de sangre, y menos aún en el caso del peneuvista Sudupe, cuyo compromiso democrático está fuera de toda duda: nadie está libre de contar entre sus familiares con un sobrino criminal. Lo que aquí sí sostenemos es que lo tribal representa un importante soporte sentimental del que Eta se aprovecha.

   Sabemos que en Euskadi recordar los lazos de parentesco con los etarras es mencionar la soga en casa del ahorcado, pero habrá que mencionarla alguna vez. Acaso el reconocimiento expreso de tal circunstancia facilitaría, en cierta medida, la solución del problema que nos atañe.

Un miserable
Por Alfonso USSÍA ABC 19 Octubre 2001

En el libro «Memorias para la paz» (Editorial HMR, Madrid 1998), del que son autores Juan María Bandrés y Raimundo Castro, escribe el primero en la página 251: «Cuando hablo del PNV me refiero a algunos sectores. Nos consta a nosotros que por aquella época, Xabier Arzallus (sic) y Andoni Monforte, se dirigen a San Juan de Luz, mantienen conversaciones con los «polimilis» antes de su disolución, y les preguntan muy seriamente si han pensado que es un buen momento para disolverse, si es un buen momento para hacer treguas, porque -esto es lo tremendo de la cuestión-, no hay competencias que ser transferidas». Se refiere Bandrés a los tiempos que gobernaba la UCD. Los etarras «polimilis» acordaron buscar otros caminos ajenos al terrorismo para alcanzar sus objetivos, y Javier Arzallus acudió a convencerlos para que no dejaran de «activar» hasta que el Gobierno de España cediera más competencias a la Autonomía vasca. A eso se le llama inducir al crimen, pero ni el Fiscal ni juez alguno sintieron curiosidad por el caso.

En el libro «Patriotas de la muerte», de Fernando Reinares (Taurus, Madrid 2001), el catedrático de Ciencia Política de la Universidad de Burgos entrevista a cuarenta y siete terroristas de ETA. En la entrevista 45, página 94, el etarra entrevistado dice: «Es cuando Arzallus, por ejemplo, el presidente del PNV, fue a «Iparralde» (departamentos vascofranceses) a decirnos que teníamos que romper la tregua, que teníamos que empezar a darles caña». A eso se le llama instigación y estímulo al asesinato, pero ni el Fiscal ni juez alguno han sentido curiosidad por el caso.

De Javier Arzallus se guardan en las bibliotecas, videotecas y hemerotecas, centenares de frases, juicios, opiniones y sentencias que servirían, en cualquier otra Administración de Justicia, para procesar a su autor por apología del terrorismo y colaboración con banda armada. Los suficientes datos y pruebas para, al menos, ser reclamado por un juez para mantener con él una charla en presencia de su abogado. No se ha dado el caso hasta la fecha, y dudo mucho que, a estas alturas de su miserable andadura, reciba en su domicilio particular o en «Sabin-Echea» la citación pertinente.

Las acusaciones y revelaciones anteriores se han publicado sin que Arzallus las haya desmentido, o interpuesto una querella por calumnias, considerando la gravedad de los contenidos. Ahora no han sido un abogado inmerso en su momento en la rama «Político-Militar» de la ETA como Juan María Bandrés, ni un terrorista etarra los voceadores de la acusación. Todo un Jefe de Estado, el presidente de los Estados Unidos de México, ha confirmado que Javier Arzallus le solicitó que no extraditara a España a los terroristas etarras refugiados en México. A eso se le llama amparo y colaboración con el terrorismo, y las palabras del presidente Fox están grabadas y publicadas, y mucho me temo que ni al Fiscal ni a juez alguno de la Audiencia Nacional se les despierten sus dormidas curiosidades para interesarse por el caso.

¿No van a ser perseguidas, controladas y embargadas las personas, partidos políticos, asociaciones y medios de comunicación que amparan y protegen a los grupos terroristas en todo el mundo? ¿Qué más claras pruebas se necesitan para incluir a Javier Arzallus en la siniestra relación? Cada día que pasa, más diáfana aparece la figura del miserable talibán moviendo los hilos, alcanzando acuerdos, provocando «acciones» y colaborando desde la aparente honorabilidad de su cargo con el terrorismo etarra.

¿Por qué la Justicia, el Gobierno y demás instituciones sienten tan acusado pavor cuando se trata de ajustar las posibles -ya comprobadísimas- cuentas pendientes de Arzallus con la libre, pacífica y honrada ciudadanía? El testimonio del presidente de México no tiene vuelta de hoja. Pero nadie, ni el Fiscal, ni los jueces de la Audiencia Nacional se van a interesar por el caso.

¿Español o castellano?
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 19 Octubre 2001

Qué difícil resulta dar con la verdad cuando los hechos tienen que ver con los nacionalismos y sus intereses. Qué aburrido. Qué triste. Estamos comprobándolo ahora con la polémica sobre la denominación de nuestra lengua común. A pesar de la insistencia de Cela, hay resistencias cerriles a aceptar que la imposición del término «castellano» en este último cuarto de siglo se debe a su consagración en la Constitución y, por tanto, a un acuerdo de los partidos políticos y a una cesión a los nacionalismos.

Hasta aquellos momentos, los españoles utilizábamos de forma indiferenciada los términos «castellano» y «español». No así los hispanoamericanos o latinoamericanos (ésta es otra) que preferían llamar «español» a la lengua de Cervantes y de sor Juana Inés de la Cruz. También se decía «lengua española» cuando se hablaba de las Academias, de la extensión de nuestro idioma en el mundo, de la enseñanza en el extranjero. En todo caso, no había un fondo político tras una opción u otra. Hasta la transición y primeros años de democracia. La imposición del término «castellano» se fue haciendo sin debate y al compás del rechazo progresivo que iba teniendo la palabra «España» en ciertos medios políticos y su sustitución por el eufemismo (?) «Estado español». Todo ello pertenece a ese tipo de procesos intrahistóricos, culturales, sobre los que se tiene conciencia plena aunque no un reconocimiento explícito. El triunfo del término «castellano» fue una consecuencia de la derrota de todo lo «español» en ese periodo y en los medios de la oposición democrática.

En realidad, la elección del término «castellano» para nuestro común idioma es la traducción en esta cuestión de la hegemonía del pensamiento autonomista y de la hegemonía del ideario de los nacionalismos. Al tener que redactar este pasaje de la Constitución, se aceptó la tesis de CiU, PNV, PSUC y PSC. Éstos fueron los que decidieron lo políticamente correcto.

Como he dicho, la designación de «castellano» a nuestro idioma común estaba en las mismas claves que la sustitución de «España» por el eufemismo (?) «Estado español». Los nacionalistas partían -y siguen partiendo- de la necesidad de recuperar la autonomía plena de las cuatro naciones hispánicas: catalana, vasca, gallega... y castellana, a las que corresponden sus idiomas respectivos. Y así como se impuso una de las nacionalidades sobre las demás (Castilla sobre las otras tres), del mismo modo el «castellano» sobre las otras lenguas. Éste es el pensamiento de Jordi Pujol, éste es el de los nacionalismos vasco y gallego y esto es lo que se impuso en la cultura de aquellos años y se consagró en la Constitución.

¿Debo recordar la trascendencia que tienen las lenguas para los nacionalismos y para la conquista de sus objetivos políticos? Lo que se demostró en la Constitución, una vez más, fue la ingenuidad de los demás, o su oportunismo o su ignorancia. La desactivación de un pensamiento español, el desarme de un espíritu nacional español pasaron por esta cuestión del idioma del mismo modo que para los nacionalistas y sus compañeros de viaje significaba un rearme.

Añadiré más. Si el término «español» despierta los odios de los nacionalistas, lo «castellano» permite evocar el proceso de dominación de la parte que resultó vencedora, que se impuso por la fuerza, que secuestró el destino histórico de las demás, incluido el cultural y, por supuesto, la lengua. Al elegir la acepción «castellano» para el idioma común, los nacionalistas y sus compañeros de viaje no quisieron hacer un favor a Castilla. Su objetivo fue hacer retroceder la historia a aquellos momentos en los que se construyó un error histórico que ahora hay que eliminar hasta de la lengua común.

Lo dice un castellano.

Y Brasil
Luis María ANSON La Razón 19 Octubre 2001
de la Real Academia Española

Eso ha sido lo más importante del II Congreso Internacional de la Lengua Española, que se clausura hoy, envuelto gratamente en la hospitalidad del pueblo vallisoletano. Lo dijo el presidente de Argentina: para el próximo Congreso, Brasil será invitado. El gigante de Iberoamérica, con cerca de doscientos millones de habitantes, estará presente dentro de cuatro años en Buenos Aires, en la vasta asamblea que congrega a los expertos de nuestro idioma y que encabeza la Real Academia Española.

El Gobierno brasileño con inteligencia y los pies puestos en la realidad ha respondido al cerco de los países hispanos estableciendo la obligatoriedad del estudio del español. En muy poco tiempo todos los niños brasileños aprenderán castellano en las escuelas. Lo necesitan para entenderse con su entorno geográfico. La actitud liberal de la clase política brasileña, tan admirable, merece el reconocimiento.

La Real Academia Española y sus hermanas de Hispanoamérica decidirán, tal vez, negociar con la brasileña para unificar, siempre que se pueda, los nuevos vocablos que se incorporan al idioma y que proceden de la tecnología, la ciencia, la biología, la medicina, la física, el deporte, la comunicación...

Un diez por ciento del vocabulario de un ciudadano medio se ha renovado en los últimos veinte años. Si hispanos y brasileños hubieran adoptado el mismo término al adaptar los nuevos vocablos, o al traducirlos, generalmente del inglés, hispanohablantes y brasileños se entenderían cada vez más fácilmente. Portugués y español son dos lenguas maravillosas que deben mantenerse con la mayor pureza posible. Pero acercarlas, conseguir que aquellos que las utilizan se entiendan mejor, es una hermosa tarea que requiere el apoyo general.

Brasil reclama más dinero y más medios para convertir el español en su segunda lengua
Empresarios y profesores creen que países con lengua común deberán unirse en bloques económicos
El mercado brasileño, con 165 millones de habitantes, es inhóspito y desconocido para las editoriales españolas. Pero el actual auge en este país del español, que se ha consolidado como segunda lengua, despierta ya el interés de muchas empresas. Sólo hay un inconveniente. El dinero. Escasean los recursos para impulsar y consolidar la lengua española. Por otro lado, un debate evaluó la importancia y la necesidad de que el mundo de la economía y la política ayuden en la consolidadición del castellano. Entre otros participaron José Manuel Reyero, Valentín Díez Morodo y Carlos Slim.
J.C.R./J.R. - Valladolid.- La Razón
19 Octubre 2001

La situación actual permite apreciar en Brasil un inusitado interés por la lengua española y la cultura hispánica. Así lo afirmó ayer el catedrático de la Universidad de Alcalá Francisco Moreno Fernández y académico del Instituto Cervantes. Pero el interés es recíproco: «Al mismo tiempo -añade el catedrático-, en los países hispanoamericanos y en España se ha despertado un interés por todo lo brasileño que va más allá de las estrategias económicas, entre otras razones, porque tales estrategias van ligadas a la gran afinidad sociocultural de ambas áreas». Pero el optimismo lo frenaron ayer los propios brasileños: ni hay medios ni dinero para formar los 200.000 profesores que se necesitan, ni la presencia editorial en castellano es la que debiera.

Limitados
«Los brasileños son conscientes de que usan una lengua que sólo les sirve para dentro de sus fronteras. Y han visto en el español una lengua internacional que les permite comunicarse con toda América», descifró ayer en Valladolid Enrique Guillermo de Avogrado, director de Analitical Internacional, un empresario que lleva 25 años en Brasil. «De hecho -aseguró- los brasileños entienden mejor a los argentinos que a los propios portugueses».

   No es la única razón del «boom» del castellano en Brasil. «En el siglo XXI, el mundo vive la posibilidad de destrucción, se necesita sobrevivir, y la única solución es la unión, la formación de bloques económicos con afinidades propias. La identidad cultural es importante. Organizar bloques entre los países de lengua española de América y los de la Península Ibérica nos imprime seguridad, ya que somos vecinos de una misma raíz», explica Mariluci Guberman, presidenta de la Asociación de Profesores de Español del Río de Janeiro, fundada hace veinte años con una evidente visión de futuro.

   Pero en la integración americana, donde el Mercosur es una puerta abierta al futuro económico, «la enseñanza de la lengua española en Brasil es fundamental». Así lo reconoció el Congreso brasileño, que el año pasado decretó la enseñanza obligatoria del español como segunda lengua en la educación media y superior.

   También son importantes las quejas. Según la periodista brasileña María Andrés, «se echa de menos una mayor participación conjunta de los gobiernos latinos para llevar a cabo algún tipo de política de promoción del español». Las buenas palabras de los presidentes de México o Argentina no siempre se acompañan de hechos. Guberman deja a salvo de momento a España. «Al contrario de los países de Hispanoamérica, España adopta una política cultural eficaz: tiene proyectos culturales como el del Instituto Cervantes, ofrece becas de perfeccionamiento al profesor de español, ofrece asesoramiento a los especialistas». Aunque las críticas también apuntan al propio Brasil: «Se ha calculado -afirmó ayer Mario González, presidente de la Asociación Brasileña de Hispanistas-, tal vez con alguna exageración, en 200.000 el número de profesores que harían falta. Aunque no se hubiera impuesto la obligatoriedad del estudio del español, está claro que no hay profesores suficientes para atender la demanda y no se ve cómo formarlos a corto plazo. La tarea depende de iniciativas gubernamentales».


El arresto de ‘Baltza’ conduce hasta el centro de operaciones del ‘impuesto revolucionario’
La Policía francesa localizó la contabilidad de los chantajes, cartas listas para su envío y dinero en efectivo Por primera vez hay pruebas para juzgar a los etarras del delito de extorsión de fondos en banda organizada
FERNANDO ITURRIBARRÍA CORRESPONSAL. PARÍS El Correo 19 Octubre 2001

ETA había acondicionado la oficina de recaudación del ‘impuesto revolucionario’ en la vivienda de Dax (Las Landas) en la que el pasado 29 de setiembre fueron detenidos el dirigente Asier Oiartzabal, ‘Baltza’, y las liberadas Oihane Errazkin, ‘Zapa’, y Dolores López, ‘Lola’. La policía gala se incautó de la contabilidad de la extorsión, una remesa de cartas listas para ser enviadas a empresarios vascos y cerca de cincuenta millones de pesetas en divisas española, francesa y belga, según fuentes de la investigación.

Además del mando del aparato logístico y del ‘comando’ de asalto a polvorines, Oiartzabal había asumido responsabilidades al frente del aparato financiero de ETA según se deduce de la documentación y efectos intervenidos en su posesión. Las fuentes citadas indicaron que los ocupantes del piso de Dax tenían archivadas anotaciones precisas sobre las sumas reclamadas en concepto de ‘impuesto revolucionario’ con mención pormenorizada de los extorsionados, los pagos efectuados, las entregas pendientes y sus plazos.

También se hallaron cartas preparadas para su envío a destinatarios concretos, con el sello de ETA, en las que se fijan las contribuciones exigidas y las modalidades de pago bajo amenaza de represalias en caso de negativa. Por último, se confiscó una suma de dinero en efectivo por un importe total cercano a los cincuenta millones de pesetas sobre todo en billetes españoles, también franceses y, en menor cuantía, belgas.

30 años de prisión
Los investigadores creen disponer de todos los indicios concordantes para cerrar el círculo de la extorsión: contabilidad, cartas y dinero en metálico. Esta conjunción de elementos, excepcional en las operaciones policiales practicadas en Francia, justifica que los detenidos hayan sido imputados por primera vez por la juez antiterrorista de París, Laurence Le Vert, de receptación de extorsión de fondos en banda organizada, delito penado con un máximo de treinta años de prisión en la legislación gala.

Las anteriores incautaciones de dinero a ETA en Francia no habían dado lugar a esta inculpación. Fue el caso de los cerca de 825 millones de pesetas interceptados en dos ocasiones en 1988 y correspondientes a entregas por el secuestro del empresario Emiliano Revilla. La primera, de 725 millones, se produjo el 26 de abril en Bayona a cargo de José Félix Pérez Alonso, ‘Clementino’. La segunda, de 99.095.000 pesetas, tuvo lugar en París semanas después, el 3 de julio, en poder de Juan Carlos Etxeberria Garmendia, ‘Botas’.

Tampoco hubo imputación por extorsión de fondos tras el hallazgo el 14 de setiembre de 1994 en Mouguerre (País Vasco francés) de 154.410.000 pesetas al parecer pertenecientes al rescate de Julio Iglesias Zamora. La custodia de la suma había sido encomendada a Kepa Mujika Garmendia, hermano de ‘Pakito’, y a Josu López Castañares, detenidos aquel día en una base de operaciones subterránea habilitada en los cimientos de una casa campestre.

En un bidón
El dinero se encontraba en el interior de un bidón repartido en fajos de cien billetes usados de 5.000 pesetas con numeración salteada. Estaban envueltos en tres páginas de un ejemplar del diario ‘Egin’ fechado el 16 de octubre de 1993, apenas dos semanas antes de la liberación del industrial guipuzcoano tras 117 días de cautiverio. La juez Le Vert tramitó en su día una comisión rogatoria a la Audiencia Nacional para comprobar el origen exacto de los billetes pero la Justicia española nunca respondió a su iniciativa.

La elevada suma intervenida en Dax puede obedecer, según hipótesis policiales, a la necesidad de blanquear dinero en efectivo procedente de la extorsión ante la inminente adopción del euro. Desde abril policías españoles y franceses investigan las ramificaciones de las tramas financieras de ETA y su entorno en los dos países. La existencia de este grupo de trabajo conjunto, revelada por este periódico, fue confirmada la semana pasada por el primer ministro francés, Lionel Jospin, en la cumbre bilateral celebrada en Perpiñán.

De Galicia a otros lares
Pablo Sebastián La Estrella 19 Octubre 2001

Fraga está seguro de que va a ganar en Galicia, eso no lo duda nadie, pero no se fía de las encuestas del CIS por más que le den renovada la mayoría absoluta. Y buena razón que tiene el presidente de la Xunta, el viejo "dragón de Perbes", por más que el está convencido de su mayoría absoluta. La batalla de Galicia ha pasado inadvertida en los grandes medios nacionales por causa de otras guerras, la de Afganistán o las tensiones que el presidente Aznar sufre en su Gobierno y con sus "amigos" nacionalistas.

Pero el test gallego es un test sobre todo para Aznar y Zapatero y tiene en otras latitudes otros reflejos relacionados con el nacionalismo, al que el presidente Aznar, en Galicia, Euskadi o en Cataluña, le tiene declarada la guerra y parece decidido a meterlos en el campo de Satanás, por más que ese discurso en las elecciones del País Vasco le salió muy mal. Aznar olvida muy pronto que él gobernó con el PNV y CiU durante la legislatura 1996/2000, que su Gobierno negoció con ETA (lo que es ilegal) y que ahora tiene un pacto de legislatura con Pujol en el Parlamento catalán.

Sobre todo Aznar no debe olvidar que la fractura social que se vive en el País Vasco deja en posiciones de una tremenda soledad a sus militantes y votantes, que deben tener amparo de todos los ciudadanos vascos y de todas las instituciones, lo que no es fácil de conseguir con la estrategia de la tensión. De la misma manera que el presidente debería de pensar que no todas las elecciones se pueden ganar por mayoría absoluta como en Madrid o puede que en Galicia por enésima vez, y que a lo mejor en el 2004 el PP necesita de los nacionalistas para gobernar.

Y esa tensión permanente y sin diálogo con el Gobierno vasco tiene ya efectos en Cataluña, donde Pasqual Maragall, con su discurso de corte catalanista, está cada vez más cerca de CiU, de esa gran coalición PSC-CiU en la que sólo el protagonismo personalista de Maragall y Pujol hace que no llegue a un gran e histórico acuerdo que seguramente no gustará a Madrid, sea federal o confederal, y que será posible si en la capital del Reino se sigue por la vía de demonizar todo lo nacionalista sin la menor distinción, lo que por ejemplo arruinó un posible acercamiento del PP con Unió.

En cuanto a lo de declarar a Batasuna como organización terrorista o proterrorista para incluirla en las listas internacionales, el PP y su Gobierno están en su derecho y tienen más que pruebas (lo confirmó recientemente Rajoy) para ello. Además, ni en Batasuna ni su portavoz, Otegi, niegan o desdicen dicha relación. Pero si es así primero tendrán que ilegalizar a este partido o coalición, porque mal se vería fuera de España que una formación política fuera declarada terrorista mientras que se considera legal en Madrid.

Estamos en tiempos de guerra y de mucha tensión, entre el ataque a las torres gemelas de Nueva York, las cartas del ántrax y las bombas que caen sobre los desamparados de ese país abandonado de todos los dioses que se llama Afganistán, mientras en Israel se escribe con mayúsculas la ley del Talión. Son tiempos de dureza económica y tensión política y social y tiempos de integración y no de dispersión de todas las fuerzas políticas. El debate de ayer del Parlamento español, tardío, sobre la guerra fue un ejemplo más. El presidente Aznar, en todo esto y en todo ello, debe sumar en vez de restar.

Pragmatismo
XABIER GURRUTXAGA El Correo 19 Octubre 2001

El 20 de agosto de 1998 el Tribunal Supremo de Canadá daba a conocer su opinión sobre una eventual separación de Quebec. La respuesta, elogiada desde múltiples sectores jurídicos y políticos, tanto por su profundidad y consistencia como por su evidente pragmatismo, tuvo la virtud de agradar tanto a los federalistas canadienses como a los soberanistas quebequeses. Los primeros quedaron satisfechos porque obtenían la garantía de que una eventual secesión de Quebec deberá respetar, en todo caso, los principios del derecho canadiense, los intereses del resto y las de las minorías. Los segundos porque les reconoce la legitimidad del proyecto secesionista y establece para el resto del país y de sus instituciones la obligación de negociar las condiciones de la separación en el supuesto de que lo quebequeses optaran por la secesión.

En su respuesta el alto tribunal viene a rechazar las dos posiciones extremas. La que considera que Quebec es el titular jurídico del derecho de autodeterminación reconocido a los pueblos por el Derecho Internacional, lo que obligaría a Canadá a aceptar tal derecho. Y, en el extremo opuesto, la que considera que una decisión clara de los quebequeses favorable a la separación no crearía ninguna obligación jurídica ni política al resto de Canadá.

Esta singular ‘doctrina jurídica’ ha calado entre nosotros y está contribuyendo a transformar y moldear los discursos y las estrategias políticas de los distintos grupos. Es evidente el cambio progresivo que se está dando en el discurso de los jeltzales, particularmente en el de Ibarretxe, cuando fundamenta su proyecto no tanto en el ‘derecho de autodeterminación’, cuanto en el ‘respeto a lo que decidan democráticamente los vascos’. El documento de Eguiguren no oculta su satisfacción e interés por la doctrina establecida, considerándola como un instrumento útil, no sólo para ‘armarse’ ideológica y políticamente en su confrontación con el nacionalismo, sino también para explorar nuevos espacios para el consenso.

Si los socialistas vascos entran definitivamente en el debate propuesto por Eguiguren, asumiendo como propia la doctrina expuesta por el Supremo de Canadá, habrán dado un paso muy importante en su propósito de construir un proyecto propio y alternativo al del nacionalismo. Un paso que ya se dio en su día Ramón Jáuregui cuando en la reunión del Pacto de Ajuria Enea de 11 de enero de 1996 se suscribía con el resto de los partidos que: «... el Pueblo vasco puede encontrar cauces pacíficos y democráticos para hacer valer los derechos que pudieran corresponderle, toda vez que, en un proceso democrático, la voluntad mayoritaria de la ciudadanía vasca, legítimamente expresada, debe encontrar su aplicación en el ordenamiento jurídico vigente en cada momento». Eran otros tiempos que es preciso recuperar.

El debido respeto a lo que decida democráticamente mi mano derecha
Nota del editor 19 Octubre 2001

No sería necesario rebatir las dos falacias que presenta el antículo anterior, si en los medios de comunicación no nos silenciasen sistemáticamente, y tuviéramos la oportunidad de defender el sentido común, cuando lo atancan con tanta insensatez.

Primera falacia: tomar la decisión del Tribunal Supremo de Canada como verdad indiscutible, lo que a la vista de lo que ocurre por aquí con el comportamiento de sus colegas, no deja de ser un disparate, sólo tenemos que recordar los repartos según el poder político del momento de los candidatos al Tribunal Constitucional, lo que le invalida éticamente. Tampoco podemos olvidar el comportamiento siempre por detrás de la sociedad y la errática jurisprudencia que más parece una loteria.

Segunda falacia: admitir que algo indefinible se pueda separar; ? qué es el pueblo vasco ? las facetas que habría que definir, los diferentes niveles para cada una de ellas, su imbricación, hacen del todo imposible definir el tema. Tampoco hay que olvidad la granuralidad, pues cualquier derecho que se quiera asignar a un grupo, debe tenerlo con más razón cualquier componente de tal grupo, y así llegaríamos a tener que respetar los deseos de la mano derecha (algunas veces se los otorgamos de módo instantáneo, sólo basta someterla a cualquier estímulo que considere peligroso, pero claro, siempre está el cerebro detrás).

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