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Recortes de Prensa     Domingo 21 Octubre   2001

Terrorismo y nuevas medidas
Editorial El Correo 21 Octubre 2001

Tras el 11 de septiembre, las sociedades occidentales se aprestan a dotarse de nuevas medidas para la prevención y persecución del terrorismo. La búsqueda de un máximo de seguridad sin que ello afecte al sistema de libertades y garantías consagradas en las distintas constituciones representa un reto común a todas las democracias. En el seno de la Unión Europea, sus distintos miembros tratan de conjugar las legislaciones nacionales con modificaciones legales y medidas administrativas que permitan conformar un ámbito de actuación común a los Quince. La elaboración de una ‘lista europea’ de organizaciones terroristas es un cometido que el Consejo se ha propuesto para el inicio del próximo mes de noviembre y que requiere, en la práctica, una definición compartida de lo que ha de entenderse por terrorismo. Pero si atendemos a la discusión que se ha suscitado entre los países miembros, cabe extraer dos conclusiones básicas para valorar la trascendencia y la complejidad de lo que se pretende. En primer lugar, la UE no podrá sostener ninguna medida que no esté en condiciones de asumir el orden constitucional de cada uno de sus países miembro. En segundo lugar, parece evidente que allá donde el sistema de garantías está consolidado los cambios legislativos no deben cuestionar esas garantías, sino que han de dirigirse hacia la consignación de determinadas conductas como delitos y hacia el agravamiento de las penas a imponer a las mismas.

El 11 de septiembre ha encendido todas las luces de alerta frente a la existencia de un riesgo global que el fanatismo trata de extender al conjunto del planeta. Los atentados terroristas y las organizaciones que practican la violencia responden a un mismo patrón de transgresión extrema de valores, libertades y derechos. El terrorismo persigue horadar la legitimidad democrática y reducir las certidumbres que caracterizan a la civilización a su mínima expresión. Pero si bien los fenómenos terroristas responden a un patrón análogo de conducta y merecen un reproche moral sin distinciones por parte de las sociedades democráticas, ello no significa que las medidas que puedan adoptar las instituciones resulten igual de efectivas en unos casos y en otros. La comunidad internacional tiene la obligación de dotarse de cuantos recursos estén en su mano para prevenir y perseguir la trama internacional terrorista, y para disuadir a quienes pudieran en un futuro formar parte de la misma. Pero, en función de la carga fanática que encierra cada fenómeno o sus características orgánicas, las nuevas medidas no podrán asegurar el mismo grado de efectividad frente a los distintos tipos de terrorismo que se dan en el mundo. Lo que puede llegar a disuadir a quien practica el llamado terrorismo callejero para que varíe su comportamiento difícilmente podrá inducir un cambio de conducta en los suicidas asesinos. Y aquello que puede dificultar la operatividad de la red terrorista a nivel internacional tendrá efectos limitados sobre la vertiente más focalizada del terror.

El primer objetivo que las modificaciones legales en la materia han de perseguir es que las sociedades europeas reconozcan qué es y qué no es lícito en un sistema de libertades, comprometiendo solidariamente a las unas con las otras. Es precisamente ésta la función primera que la promulgación de las leyes y su cumplimiento ha de jugar en el caso del País Vasco: despejar cualquier duda o confusión que la cultura de la violencia haya introducido en la escala de valores de determinados sectores de la sociedad vasca, en la que demasiado a menudo los verdugos aparecen como víctimas e incluso como héroes. Desde ese punto de vista, parece evidente que la actitud que las instituciones competentes en materia antiterrorista en Euskadi y en España han de mantener frente a las organizaciones que dan cobertura al terrorismo de ETA ha de volverse más vigilante. Sin incurrir, en ningún momento, en la persecución de las ideas legítimas, y con la exigencia de pruebas que certifiquen la naturaleza delictiva de las conductas que pudieran ser perseguidas, la actitud a mantener ante las llamadas organizaciones del MLNV no puede seguir moviéndose entre el todo o la nada: la radical ilegalización o la total impunidad. El mismo día en que Pernando Barrena alegaba públicamente que los más de mil cargos electos de su formación actúan dentro de la legalidad vigente, una actuación policial demostró que no era ése el caso de un concejal de Batasuna en Azkoitia. Lo que involucra a Batasuna en este caso como en otros no es que alguno de sus miembros o representantes públicos sea sorprendido en la comisión de un delito. Lo que involucra a Batasuna es que sus dirigentes amparen política y socialmente a quien así actúa. El hecho de que este proceder no vulnere ninguna previsión del Código Penal no exime a las instituciones y a las demás formaciones políticas de formular el más severo reproche ante semejante actuación; al tiempo que obliga a las instancias competentes a abordar con extremado celo las tareas de investigación sobre el alcance de la trama terrorista en Euskadi.

La autodeterminación no es el camino
JAVIER ROJO El Correo 21 Octubre 2001

En España, el Estado democrático se instaura cuando al régimen franquista le sigue el orden constitucional. Pero el orden constitucional español no es meramente un sistema de libertades y una organización democrática del Estado; es también el orden estatutario, porque tanto la Constitución como los estatutos de autonomía -en su ámbito- constituyen el bloque de constitucionalidad. Esto significa que, tras el tránsito de la dictadura al establecimiento de la democracia, el pueblo español -y los distintos pueblos que lo integran- ha establecido la regla legítima de convivencia entre las nacionalidades y regiones mediante la constitución del Estado de las Autonomías. Cualquiera que sea la versión histórica que alumbre esta reflexión, el pueblo vasco siempre ha estado ligado políticamente a España, aunque fuera a través de una compleja y no siempre pacífica relación foral. España, a su vez, ha sido uno de los primeros Estados europeos en constituirse como una nación plural y diversa, junto a Francia o a Inglaterra. El pueblo vasco no es una entidad anterior ni ajena al Estado democrático español. No somos una isla en el concierto internacional. No tenemos una soberanía anterior ni superior a la que, junto a los otros pueblos de España, hemos configurado en el orden constitucional-estatutario. Somos parte de un todo y estamos sometidos a las reglas de esa convivencia común, incluso para dejar de pertenecer a ella.

El Estatuto es un pacto entre vascos que resuelve la demanda identitaria en un proyecto de convivencia solidario con otras nacionalidades y regiones que integran España. Concilia correcta e inteligentemente las reivindicaciones de autogobierno con el encaje constitucional. Nunca, en dos siglos de constitucionalismo en España, se había encontrado fórmula tan generosa como singular. En el referéndum de 1979 el Estatuto de Gernika fue revalidado por el 94'60% de los votantes que dijo sí, sobre un 60 % aproximado de vascos que acudieron a las urnas. Desde entonces, en más de treinta ocasiones, los vascos hemos votado.

Cabe pues decir que los vascos ejercemos una autodeterminación dinámica en la única forma en que se expresa ese principio democrático individual o colectivo, en una sociedad democrática, moderna, en un orden constitucional homologable en el mundo occidental al que pertenecemos. Si la autodeterminación se interpreta como la respuesta del pueblo a una consulta específica sobre su marco jurídico-político, ésta ya se produjo con motivo de los referéndum constitucional y estatutario. Si la interpretamos como la manifestación de voluntad que democráticamente expresan los vascos en una perspectiva dinámica, la estamos ejerciendo casi cada año, en las diferentes consultas electorales conformando así el ‘statu quo’ actual, con los respectivos apoyos que concedemos a las diferentes opciones políticas.

Por ello cabe reiterar que la autodeterminación no es un derecho colectivo que vincula y compromete a todos, porque no lo es. Tiene la misma legitimidad que cualquier otra reivindicación partidista, como pudiera ser la defensa de la república frente a la monarquía o la nacionalización de la Banca frente al régimen de propiedad privada de las entidades financieras.

El nacionalismo debiera tener claro que Euskadi es una sociedad plural donde todos los ciudadanos que integramos la actual Comunidad Autónoma Vasca debiéramos ser iguales en derechos y en deberes a la hora de configurar nuestro estatus y decidir nuestro futuro. No importa que hayamos nacido aquí o no. No importan nuestros apellidos ni nuestros sentimientos políticos. No importa que hablemos euskera o no. Todos iguales, pero a la vez muy diversos. Euskadi está atravesada por sentimientos, símbolos y proyectos demasiado diferentes, que algunos están interesados en hacer confrontar. Y desde hace unos años el enfrentamiento político amenaza con dividir a la sociedad peligrosamente, entre nacionalistas y autonomistas, en dos mitades.

La alternativa de la autodeterminación en una sociedad tan diversa y compleja es la alternativa del bisturí que llevaría al pueblo vasco a su dramática y quizás irreversible fractura. Durante más de veinte años hemos desarrollado un modelo en el que esas diferencias han encontrado un marco, unas reglas de convivencia. Quizá todos albergábamos dudas y motivos para la queja, pero el Estatuto y el autogobierno han constituido el único punto de encuentro que nos ha permitido construir esta comunidad de derechos y progreso que hoy es Euskadi. Este gran acierto es el que hoy se pone en riesgo.

La autodeterminación en el contexto social y político de Euskadi, hoy en 2001, cuando una violencia terrorista selectiva y dirigida contra los no nacionalistas amenaza la democracia misma, puede favorecer un proceso de limpieza étnica en nuestro país. ¿Puede el nacionalismo gobernante garantizar que esto no se producirá cuando, aun a su pesar, éste ya se está produciendo hoy por causa del chantaje terrorista de quienes se reclaman también nacionalistas vascos radicales? ¿Alguien está en condiciones de garantizar la igualdad de opciones en toda Euskadi para defender posiciones diferentes en una supuesta consulta autodeterminista?

Proponer la autodeterminación es romper ese modelo y esa vía de esfuerzo por entendernos y respetarnos pensando distinto, porque la autodeterminación es la apuesta por la victoria de unos y la derrota de otros. Es jugarnos el futuro a un cara o cruz suicida que corta el camino de la construcción en común, desde el reconocimiento de la diversidad, desde la aceptación del otro y de sus derechos tan legítimos como los propios. La autodeterminación no es el derecho negado al pueblo vasco, por el que lucha ETA con su terrorismo. Primero porque no es un derecho; segundo porque nadie ha negado al pueblo vasco sus aspiraciones, concretadas en el autogobierno del Estatuto que los propios vascos hemos confirmado; y tercero porque ETA no aspira a que el pueblo vasco se autodetermine, sino que mata para imponerle su imaginario nacionalista de una Euskadi reunificada, euskaldún e independiente. Por ello es importante decir de una vez que es falso contemplar el reconocimiento del supuesto derecho a la autodeterminación como la llave de la paz. Es justamente su contrario.

Nunca como ahora las distintas comunidades -Euskadi entre ellas- han tenido campo de autonomía comparable. Y nunca los pueblos -el de Euskadi entre ellos- han gozado de tal grado de libertad. Hoy, si algo se le puede reprochar al sistema en la Comunidad Autónoma Vasca es la falta de libertad y de derechos básicos de quienes no nos sentimos nacionalistas. El País Vasco no necesita un debate que nos divida. Precisa caminar por sendas de mayor realismo, de concentración de sus energías en una estrategia común entre demócratas para normalizar y pacificar el país. La autodeterminación no es camino para la convivencia.

La persistencia de la trampa
Mª ENRIQUETA BENITO BENGOA El Correo 21 Octubre 2001

Nos encontramos ante una nueva ofensiva del bloque de Lizarra que trata de camuflar su fracaso anterior de falsas treguas, falsos procesos de diálogo, falsos conflictos políticos y falsos ámbitos vascos de decisión. El nuevo proceso que nos anuncian encubre trampas dialécticas y lenguajes maquillados que nos hablan de diálogo para la paz, autogobierno en lugar de independencia, cumplimiento pleno del Estatuto mientras quieren forzar a los ciudadanos a su superación, y consultas populares en lugar de hablar lisa y llanamente de referéndum para la independencia.

Ese proceso tramposo lo han iniciado con una panoplia de conferencia para la paz con el planteamiento de la equidistancia entre las víctimas y el victimario, como si el punto medio entre ambas fuera la virtud y como si el victimario tuviera el mismo rango de valor en su expresión ética que las víctimas. Ese proceso tramposo orientado desde la Lehendakaritza, con un importante apoyo económico, procura impregnar a la sociedad de un sentido tramposo de lo que significa el diálogo, cuando no hay nada que dialogar con los que chantajean e imponen el terror con el fin de socavar el Estado de Derecho y la democracia, con quienes no sólo vulneran los derechos humanos más elementales, sino que tratan de conseguir por medio de la violencia lo que no consiguen a través de las urnas.

Y nos situamos en medio de ese escenario edificado sobre trampas ante un debate sobre el autogobierno; como si el País Vasco no hubiera conseguido las más altas cuotas de soberanía de su historia, y como si en estos últimos más de veinte años no hubiera gobernado el nacionalismo a sus anchas dictando los caprichos veleidosos de su despotismo sobre los derechos de los ciudadanos vascos.

Como ese debate es otro debate-trampa y no va a ser un debate sobre autogobierno, pues éste no puede ser más amplio, sino sobre independencia, los foralistas alaveses de Unidad Alavesa proclamamos nuevamente que los derechos históricos tienen su fuente en la foralidad, y es en ese ámbito donde se han de manifestar los deseos de la sociedad alavesa.

La autonomía vasca nace de los derechos de los territorios forales, y no al revés. Es de la fuente foral de donde surgen los derechos primigenios del autogobierno y solamente en ese ámbito puede surgir la proclamación del ser para decidir de los vascos.

A lo largo de toda su historia Álava, Guipúzcoa, Navarra y Vizcaya han tenido a sus fueros como referentes fundamentales de su autogobierno y es desde la esencia foral de donde nace la capacidad para decidir de los vascos. En consecuencia, nadie debe imponer a Álava su futuro. Los alaveses deben ser consultados con capacidad propia de decisión, ya que, en coherencia con su trayectoria histórica, social, cultural e institucional, Álava tiene su entronque inseparable con la unidad constitucional de España y con el autogobierno que nace de sus fueros.

En consecuencia, Unidad Alavesa pedirá a los alaveses que no acepten que se vulnere su ámbito alavés de decisión y su capacidad basada en fuente foral de mantenerse dentro de España como territorio con capacidad propia de autogobierno.

Todo está en los libros
Breverías ABC 21 Octubre 2001

Numerosos libros de texto con los que «estudian» los escolares vascos pintan toda la Euskal Herría soñada por el PNV. Este material «didáctico» -que apoya la asignatura «Conocimiento del medio natural, social y cultural»- recoge mapas disparatados que incluyen a Navarra y parte de Francia en esa ensoñación que recorre la cabeza averiada del nacionalismo expansionista. Al ex consejero de Educación, mentor de esta peculiar geografía, le es indiferente que en los colegios se enseñen mentiras indiscutibles. Y si la «construcción más importante» de ese ente unitario es la catedral de Bayona, en los colegios vascos dos y dos pueden ser cinco y «adoctrinamiento» infantil puede escribirse con z, de zote.

Redondo reprocha a Elorza que se aproveche de su cargo institucional y perjudique al PSE
AMURRIO (ÁLAVA). M. Alonso ABC 21 Octubre 2001

El secretario general del PSE, Nicolás Redondo, afirmó ayer en Amurrio que Odón Elorza «se aprovecha de su responsabilidad institucional» como alcalde de San Sebastián y «perjudica al Partido Socialista». Redondo defendió el «patriotismo constitucional» como posición en el País Vasco y acusó a Ibarretxe de no haber querido consensuar con quienes sufren la violencia -PSE y PP- su documento a favor de la vida.

En una rueda de prensa previa a un encuentro con afiliados en la localidad alavesa de Amurrio, Nicolás Redondo se negó, en principio, a contestar a la afirmación de Odón Elorza en el sentido de que «la crisis del PSE es de dirección y de un proyecto que hace aguas», pero esa negativa incluyó un duro reproche al alcalde de San Sebastián: «Yo no contesto a Odón Elorza porque, mientras él sabe que perjudica al partido diciendo lo que dice, yo no quiero ni perjudicarle a él, ni perjudicar a los ciudadanos de San Sebastián; él se aprovecha de su responsabilidad institucional y perjudica al Partido Socialista y él sabrá por qué, pero nunca tendrá Odón justificaciones con lo que yo diga sobre él para argumentar posibles resultados futuros».

QUE SEA «DISCIPLINADO»
El secretario general de los socialistas vascos dijo además que esperaba que Odón Elorza sea «disciplinado» y le recordó que «quien ha decidido mantener el pacto con el PP» ha sido él.

Nicolás Redondo anunció que en la reunión de la Ejecutiva de su partido prevista para el próxima martes se fijará la posición de la dirección del PSE para el inicio del debate interno en el seno del socialismo vasco, que no tendrá como base el documento elaborado por Jesús Eguiguren, sino que «estará integrada por algunas posiciones individuales y por algunos documentos hechos y otros que todavía no están hechos».

El secretario general del PSE defendió ante los afiliados de su partido la necesidad de realizar un «intenso» debate en el seno del socialismo vasco «para perfeccionar y concretar la alternativa del PSE al nacionalismo vasco». «Entre los que quieren pactar con el nacionalismo vasco y algunos que quieren hacer otras cosas yo lo que quiero es que mi partido se convierta en alternativa al PNV», dijo el secretario general de los socialistas vascos.

«PATRIOTISMO CONSTITUCIONAL»
Nicolás Redondo consideró que la posición de los socialistas en el País Vasco debería ser la defensa del «patriotismo constitucional». «Quiero defender el patriotismo constitucional en el País Vasco, donde ese patriotismo constitucional, democrático, cívico, no se defiende con la dignidad y la gallardía que se tiene que defender desde las instituciones», señaló ante los periodistas. Asimismo, reprochó el dirigente socialista al lendakari Juan José Ibarretxe que hable continuamente de diálogo y no haya querido consensuar con los socialistas ni las resoluciones del pleno parlamentario sobre pacificación, ni el documento a favor de la vida. «Ese señor que está hablando todo el día de diálogo -señaló Redondo-, no ha querido dialogar, ni consensuar con nosotros y se ha buscado la forma de firmar ese documento con los suyos; el esfuerzo de consenso se ha hecho sólo entre los nacionalistas, porque no ha querido pactarlo con el resto de las formaciones políticas democráticas, como también quiso que fracasara el pleno de pacificación».

RELACIÓN DEL PNV CON BATASUNA
En opinión del secretario general del PSE, el PNV y EA «no quieren la unidad democrática porque -dijo- yo creo que siguen pensando en mantener una cierta relación con Batasuna y la posición de unidad democrática no les gusta a los nacionalistas porque quieren volver a una unidad de todas las formaciones nacionalistas y muy especialmente de las formaciones autodeterministas. La unidad democrática no entra dentro de su jerarquía».

«Es intolerable que el campeón del diálogo, la persona que ha estado diciendo durante más veces continuadas que sí al dialogo, saque un documento sin hacer ningún esfuerzo por llegar a un acuerdo con el resto de las formaciones democráticas», insistió Redondo.

El dirigente socialista atribuyó al «miedo» y a la «cobardía» los acuerdos aprobados con los votos del PNV y EA en los ayuntamientos de Azcoitia y Echarri Aranaz en los que se expresa la solidaridad con los familiares de los etarras detenidos en las últimas operaciones llevadas a cabo por la Policía.

Adeu, Maragall
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 21 Octubre 2001

Esta derrota previsible de Maragall, ¿qué sentido ha tenido? Dicho de otro modo, ¿por qué Maragall ha querido pasar por un trance al que nadie le obligaba y cuyo resultado negativo conocía? Ha sido un acto desesperado, estético, un fuego de artificio, pólvora inútil, gasto innecesario. Una metáfora de suicidio. Quizá también una revuelta contra la sociedad. No tanto una censura a Pujol cuanto a la sociedad catalana.

Para explicar este acto inútil habría que acudir a razones psicológicas ya que es imposible hacerlo a partir de las claves políticas. Ha sido un acto rigurosamente personal en el que el partido ha sido un invitado. Quizá por ello este Maragall estrambótico o pintoresco sencillamente me resulta mucho más seductor o intrigante que el político aparentemente racional, supuestamente tocado por el seny.

Si Maragall sabía, como sabía, que no contaba con los votos de ERC, ¿por qué ha hecho este gasto? Un político joven puede plantear una moción de censura como quien se presenta en sociedad o como quien exhibe unas ciertas cualidades teatrales, retóricas... Lo que pudo tener sentido hace dos décadas ahora resulta absurdo. Pero ¿acaso no estamos ante un político absurdo?

En realidad la política catalana está recorrida por un viento de locura. A veces esto se ve muy claramente. Sólo un analista superficial -y estos son la mayoría- puede afirmar que la vida pública catalana está dirigida por el seny. Creo más bien que esto del seny es una construcción facilona con la que se pretende ocultar la verdadera realidad. Yo creo que, como se ha apuntado en más de una ocasión, los políticos catalanes y por tanto los partidos están condenados a moverse en un cierto hamletismo, en la duda esencialista más que existencialista, entre el ser y no ser respecto a lo español. Y esta escisión es aún mucho mayor cuando se trata de un partido como el PSC que es una realidad escindida culturalmente.

Las derrotas en general y las políticas concretamente suelen producir melancolía. La de Pujol incluso habría tenido esos efectos aun cuando se trate de alguien capaz de reducir la pasión nacional a la mediocridad de un hecho presupuestario. Después de dos décadas de poder incluso la caída de Pujol habría tenido a su favor esa grandeza que da el uso prolongado del poder arrebatado al fin por la usura del tiempo...

La derrota de Maragall, en cambio, en vez de melancolía produce patetismo. Esa distancia insalvable entre lo que se pretende y lo que se consigue, con el agravante de hacerlo con superioridad moral e intelectual. Una de las evidencias en esta operación es la cortedad de la personalidad de Maragall. Ni siquiera el enemigo se ha visto obligado a utilizar todos sus recursos. No tuvo que actuar Pujol. Se limitó a asistir a la batalla desde la tronera. Se valió sobradamente el delfín.

Estamos, además, ante un fracaso que trasciende lo personal. Desde hace tiempo, desde la caída de González sobre todo, Maragall ha querido convertirse en un líder capaz de reorientar la política española desde la periferia: un sueño mucho más audaz y arriesgado que el de Cambó ya que las pretensiones del socialista no han sido las de intervenir de forma decisiva en la política española en nombre de Cataluña sino las de cambiar la forma misma de participar en la gobernación. Ha querido cambiar la forma misma del Estado y, en ese sentido, Zapatero le ha reconocido autoridad.

Advierto que estoy utilizando el pretérito perfecto. No quería yo llegar a tanto. Quizá se deba a que estoy excesivamente influido por el propio Maragall, por este acto gratuito, por esta actuación desesperada; por esta simulación de suicidio; por esta inmolación calculada que yo no llego a comprender quizá por mi propensión excesiva a la lógica.

Los candidatos no han logrado desperezar una campaña anodina
SANTIAGO. A. Aycart ABC 21 Octubre 2001

La menos impactante de las campañas autonómicas gallegas desde 1989, terminó ayer en el mismo ambiente de apatía con que se desarrolló, marcada por el convencimiento de que todo seguirá igual después de las elecciones. Todas las encuestas coinciden en que Manuel Fraga revalidará su mayoría absoluta y el BNG se mantendrá como segunda fuerza.

La poca asistencia de público a los mítines -un acto electoral ya anacrónico que ha compartido protagonismo con Internet, la red en la que han navegado todos los candidatos- y el hecho de que todas las cadenas relegaran a sus últimos minutos la diaria información electoral demuestran el mínimo eco popular de la campaña electoral, después de una larga precampaña que se inició en enero, con la presentación de la fracasada moción de censura del BNG contra Manuel Fraga.

No ha contribuido desde luego a aumentar el interés la actitud de todas las formaciones, que han dado la impresión de tener algo que ocultar a los ciudadanos, un juego del escondite definido por el candidato de IU, Carlos Dafonte, como «baile de máscaras», en el que el PP enmascaró la sucesión, el PSOE los pactos postelectorales y el BNG su programa final

Así, el BNG se camufló detrás de la imagen de moderación en la que se empeñó su dirección, hasta el extremo de que su candidato a la presidencia, Xosé Manuel Beiras, llegaba a advertir a los asistentes a sus actos que no le derrapaban las neuronas cuando cambiaba de discurso, sino que se trataba del directo para las televisiones, en el que intentaba dar una imagen más acorde con los mandatos de su equipo de asesores y los gustos del común de los electores, menos radicalizados que sus simpatizantes.

EL DISFRAZ DEL BNG
Ha sido tal el empeño del BNG por disfrazarse que Beiras escondió hasta sus principios marxistas para ofrecer al PSOE un acuerdo en torno a un proyecto socialdemócrata, un paso más, después de haber dejado para otro momento las tesis independentistas en el afán por conseguir romper el techo electoral, y presentarse como adalid de la defensa de la misma Constitución que no hace más de un año denostaba.

Aunque para ejemplo de ambigüedad, el aportado por el socialista Emilio Pérez Touriño, que consiguió evitar confirmar en toda la campaña la cantada intención de pactar con los nacionalistas si el PP perdía la mayoría absoluta.

Como el gallego de la fábula, del que no se sabe si sube o baja la escalera, Touriño eludió preguntas directas e indirectas, interpelaciones, acusaciones y requerimientos para intentar ocultar tras una nube de vaporosos desmentidos sus intenciones postelectorales, convencido de que sus únicas posibilidades de recuperar los escaños perdidos paulatinamente en favor del BNG pasaban precisamente por mantener en la inopia a los electores. Eso sí, como en el gol de Butragueño, Touriño se apareció en la victoria del Madrid ante el Anderlecht.

LA FOTO DE FRAGA
Tampoco el PP ha dado pruebas de gran transparencia al rechazar cualquier aclaración sobre la sucesión de Manuel Fraga, que opta a su cuarto mandato consecutivo convencido de que los gallegos apostarán por los hechos de su gestión y no por las palabras de la oposición. De hecho, buena parte de la campaña de PSOE y BNG se ha centrado en criticar la foto del candidato popular, de la que Beiras llegó a sugerir que era el ejemplo de la labor de un «cirujano de reparación».

No han dudado por otra parte los populares en hacer una clara apelación al miedo, al contrastar su garantía de estabilidad en unos momentos de crisis internacional, frente a la inseguridad y las incógnitas de una coalición PSOE-BNG, en una campaña centrada primero en la gestión, que dejó paso en el esprint final a la batería de promesas electorales, entre ellas la oferta de reducción de impuestos y creación de puestos de trabajo. Tampoco se cansó de prometer el PSOE, cuyo candidato garantizó un sueldo a los marineros que no pudieran salir a faenar por temporales, paro biológico o falta de acuerdo pesquero, y se comprometió a publicar una lista con los maltratadores condenados que se negaran a ser rehabilitados.

Las batallas del español
Dennis Matthews, de Norcross, Georgia, decidió castellanizar su comercio para competir con los supermercados hispanos. María Cobarrubias, inmigrante mexicana en el mismo pueblo, vio cómo la multaban por no tener rotulado en inglés el cartel de su tienda. El idioma español en los Estados Unidos se mueve entre la desconfianza y el interés por los negocios. Pero es sólo una de las batallas en disputa
Alfredo Semprun La Razón 21 Octubre 2001

Madrid María Cobarrubias, mexicana nacida en Jalisco, el Consejo Municipal de Norcross, una pequeña ciudad de Georgia de apenas 7.000 habitantes, le impuso una multa de 115 dólares por no tener rotulado en inglés el letrero de su «Supermercado Jalisco». Otra tienda rival, «La Mexicana», de Jaime Elizondo, también recibió la visita de los ayudantes del marshal Smith con la correspondiente papela. «Yo no digo que algunas palabras españolas no sean aceptables -comentaba el sargento Smith-, pero mercado no lo entiende nadie».
La ordenanza municipal de Norcross se basa en la «seguridad ciudadana». Hay que rotular todos los carteles, anuncios y avisos con, al menos, el 75 por ciento de las palabras en inglés para facilitar el trabajo de los bomberos, policías y servicios sanitarios. Smith quería dejar claro que no se trataba de un ataque a la minoría hispana, sino de una simple medida de protección municipal: «También he llamado la atención (multado) a varias iglesias coreanas y a un par de establecimientos de belleza orientales».
La ordenanza de Norcross es de reciente aprobación, 1995, y vino precedida del notable incremento de la inmigración de origen mexicano en el estado de Georgia: medio millón de hispanos que se establecieron principalmente en los alrededores de Atlanta.

Multa absurda
A María Cobarrubias la multa, más que indignarla, lo que le pareció fue una tontería: «Para qué voy a rotular en inglés si todos, absolutamente todos, mis clientes hablan español». También Jaime Elizondo se quejaba: «Con el cartel en inglés he perdido muchos clientes. No se fían de que los productos que vendo sean auténticamente mexicanos».

Frente al idioma español en los Estados Unidos, los anglos mantienen tres actitudes: la de James Crawford, autor de varios estudios sobre política lingüística, que mantiene que la extensión del castellano es «un fenómeno ilusorio», condenado a ser absorbido por el inglés a medida que las sucesivas generaciones de inmigrantes se norteamericanicen; la de Eric Stone, promotor de uno de los muchos grupos cívicos del «English Only», que cree que «la extensión del uso del español puede llevar a la aparición de un fuerte movimiento independentista, principalmente en las regiones del suroeste»; y la de Dennis Matthews, comerciante del mismo Norcross, que le ha cambiado el rótulo a su supermercado «Valu Foods» -ahora se llama «El Valu»-, ha puesto una alfombra que reza «bienvenidos», ha contratado empleados bilingües y, por fin, ha conseguido incrementar su ventas. «También me anuncio en las emisoras de TV y radio que sólo emiten en castellano».

Entre el «fenómeno ilusorio», la «amenaza separatista» y el «business is business» existen tantas opiniones sobre el futuro que le espera al español en los Estados Unidos como observadores interesados. Incluso en un mismo estudio, el del anuario del Instituto Cervantes sin ir más lejos, se ofrecen sin solución de continuidad datos para el optimismo (el incremento del número de hispanohablantes) y para el pesimismo: en las zonas más hispanizadas por el origen de la población, como Arizona, Nuevo México y Colorado, el español pierde terrreno porcentualmente a medida que las sucesivas generaciones se hacen «con el inglés».

Estadísticas e intuiciones
«De hecho, dice el informe, se ha observado que el porcentaje de hablantes de español no crece al mismo ritmo que el de la población hispana». Y añade, con cierta alarma, «el descenso relativo ocurre a pesar de que el número de hispanos ha llegado casi a triplicarse entre 1970 y 1990 en California y Arizona».
Preocupante. Casi daría la razón a la tesis del «fenómeno ilusorio» si no fuera porque, a continuación, los redactores del informe explican: «Aun con todo, la relevancia del español en el Sureste es innegable. Un 82,6 por ciento de los hispanos mayores de 5 años lo utiliza en su vida cotidiana».
Por si acaso, los «anglos» nunca han permanecido pasivos ante el español. Tras el tratado Guadalupe-Hidalgo (1848) -cuando México, que ya había perdido Texas y California, tuvo que entregar la soberanía de Arizona, Colorado y Nuevo México- las autoridades norteamericanas se apresuraron a dictar leyes y disposiciones encaminadas a borrar el español de la enseñanza pública, de los tribunales y de la Administración. En 1898, Puerto Rico sufrió el mismo acoso legislativo. La historia de cómo el idioma español permaneció en la isla caribeña es la historia de una lucha gigantesca, mantenida con armas sencillas: canciones, cuentos infantiles, maestros nocturnos y, como fuerza de choque, la Radio: esa tecnología maravillosa que se puso al servicio de la puertorriqueidad.
Filipinas fue, sin embargo, la batalla perdida. La «historia aceptada» nos dice que, en realidad, nunca se habló el castellano en la España asiática, que sólo la minoría de origen europeo, algunos filipinos asimilados y los curas -de desproporcionada influencia en el archipiélago- conocían el español. Su pérdida, pues, no fue tal. La llegada del inglés se habría producido en un vacío, sin traumas.

Adiós filipino

Pero Guillermo Gómez Rivera, coordinador de la Academia Filipina, ha demostrado que, sin ser el castellano la «lengua nacional», era hablada en 1898 por más de un millón de personas, de una población que apenas llegaba a los nueve millones. El impulso al español en el archipiélago fue tardío. Las leyes de Instrucción Pública, en el reinado de Isabel II, no llegaron hasta 1863. No hay que extrañarse. El gran impulso al castellano en América no se produjo hasta mediados del siglo XVIII. De hecho, la extensión de nuestro idioma es fruto de la política nacionalista de las nuevas repúblicas independientes, como nos recordaba hace unos días el profesor mexicano Miguel León Portilla, en Valladolid. Al fin y al cabo, el Imperio español de los primeros siglos no tenía una noción de unidad lingüística: los súbditos del rey hablaban alemán, flamenco, portugués, castellano, catalán, napolitano, quechua o nahuatl.
Por lo tanto, en las Filipinas, el impulso castellanizador, que también afectó a los apellidos, llegó tarde. Y lo que pasó después con la base hispanohablante de las islas fue estremecedor: un millón de filipinos, según el estudio de Gómez Rivera, murieron en la guerra de resistencia a los Estados Unidos; resistencia encabezada por una minoría comprometida que hablaba español.
Luego entraron en juego los intentos legislativos lingüísticos norteamericanos unidos a otro tipo de presiones. En 1930, por ejemplo, el Círculo Cervantino de Manila protestaba por «la política de la Metro-Goldwyn-Mayer en Filipinas de devolver a Estados Unidos las películas en español sin exhibirlas».
Gómez Rivera recoge este delicioso comentario: «Confiamos -dicen los autores de la protesta- en que volverá de su acuerdo y tornaremos a ver en el cine Ideal películas totalmente hechas y habladas en castellano, como sucede en otros cines que no son tan exclusivistas».
Pero la puntilla al futuro de nuestra lengua fue la Segunda Guerra Mundial. Descontadas las bajas entre los castellanohablantes europeos y chinos por obra del invasor japonés; muchos filipinos siempre han mantenido que el bombardeo «en alfombra» de la vieja ciudad de Manila (Intramuros y los barrios de Ermita y Binondo, donde se hablaba el chabacano o español criollo) fue una deliberada acción «genocida» por parte de Washington. Entre el humo y el polvo de las viejas iglesias, de los palacetes, de las murallas y las calles «a la española» de Manila, se perdía, quizás para siempre, la cultura que llevó Legazpi. Aún así, hay lugar para la esperanza: más de un millón de filipinos conocen la lengua española o se sirven del chabacano. Y la Academia Filipina pide nuestra ayuda.
Es allí donde España debería concentrar sus esfuerzos. Allí y en el norte de Marruecos; en el Sahara, donde el español es lengua de resistencia; en Guinea, donde el «milagro» se ha producido contra toda esperanza. Porque las estadísticas sobre Guinea Ecuatorial son sorprendentes: tras la represión anticastellana de Macías, el número de ecuatoguineanos que confesaban hablar español con sus padres había pasado, en sólo cinco años, de un 8,8 por ciento al 26 por ciento; y el número de los que hablaban castellano con sus hijos había subido, en el mismo período, del 18,7 por ciento al 53,3 por ciento.

El español es útil

Los autores del estudio ecuatoguineano, Antonio Quilis y Celia Casado Fresnillo, recogen algunas respuestas muy significativas sobre la utilidad del español en aquellas tierras.
El español es útil porque sirve para mantener la unión del país, porque es la lengua del trabajo, porque sirve para comunicarse con el extranjero, porque representa un avance cultural y social...
Y son significativas porque muchas de estas respuestas se dan también entre los inmigrantes hispanos de los Estados Unidos que han decidido olvidar su lengua materna.
Pese a la creencia, más bien temor, arraigada en algunos sectores anglos de que el uso generalizado del español puede acabar con la unión de su país, la realidad demuestra que la lengua y el patriotismo no tienen una relación directa.
La misma mujer negra -afroamericana- que se desesperaba en la calle Flager de Miami porque andaba perdida y ningún transeúnte hablaba inglés, podría haber asistido al día siguiente al «reconfortante» espectáculo que miles de cubano-americanos dieron en el Orange Bowl en homenaje a su patria de adopción. Festival de banderas, himnos y uniformes militares. El español al servicio del imperio.
Es cierto que en algunos sectores de la emigración hispana, principalmente mexicanos, el uso del español puede ser considerado como «lengua de resistencia», pero no es algo general.

Potencias iberoamericanas

El español permanecerá en los Estados Unidos -o arraigará en Brasil- en tanto sea útil. Y esa utilidad depende, en gran medida, del desarrollo cultural y económico de las grandes potencias iberoamericanas. De la misma manera que, después de sus años de resistencia, los puertorriqueños descubrieron la ventaja de ser bilingües («puente entre dos mundos») o que Miami se convirtió en el gran puerto comercial de las Américas, los hijos de los inmigrantes van aceptando que su lengua materna no les pone en desventaja, ni mucho menos...
En Los Ángeles de California, por ejemplo, los 5,5 millones de hispanos han hecho cambiar el panorama del mercado televisivo y para encontrar trabajo conviene conocer algo de español. El informe del Instituto Cervantes lo recoge textualmente: «La estación afiliada a Univisión ha mejorado sus índices de audiencia, sobrepasando a varias de las cadenas nacionales que transmiten en inglés. En los programas en hora preferente es el tercer canal más sintonizado; mejor aún, el programa de noticias locales de las 23 horas ocupa el primer lugar entre los espectadores de 18 a 34 años de edad, dejando atrás el mismo tipo de emisión en inglés de la ABC, la NBC y la CBS».
California, por cierto, es uno de los catorce estados norteamericanos que han aprobado establecer el inglés como única lengua oficial. California ha aprobado, también, la supresión de la enseñanza bilingüe en las escuelas públicas y la ha sustituido por un programa de «inmersión rápida», en inglés, por supuesto.
También Arizona, Colorado y la Florida, los estados con más población de origen hispano, se han adherido entusiasmados a la legislación del «only English». No parece que sea una mera casualidad.

Odón, invíteme a un café
MARÍA SAN GIL El Correo

Odón, esta respuesta a su artículo de ayer no pretende ni mucho menos reabrir una crisis que nosotros, los populares, damos por zanjada con un alto grado de satisfacción, ya que introdujimos proyectos en el Presupuesto de 2002 por un importe de 843 millones que sirven para mejorar Donostia-San Sebastián. Muchos de esos proyectos servirán para intentar paliar el desempleo, cohesionar socialmente los barrios con el centro de la ciudad, mejorar la calidad de vida medioambiental de muchos donostiarras, garantizar la seguridad de las instalaciones deportivas, mejorar el saneamiento de la ciudad, promover suelo industrial para incrementar con ello nuestra actividad económica...

Yo entiendo que estar demasiado tiempo en un cargo probablemente termina abotargando la memoria, y quizás eso es lo que le ocurre a usted. Prefiero creer que es abotargamiento y no voluntad manifiesta de mentir. Porque usted, con tantos años en el cargo, sabe que el primer pecado capital de un político es la mentira, o lo que es peor, la media verdad.

El artículo que usted escribe tiene una profunda carga política, como casi todo lo que hace, pero hoy no es día de entrar en debates políticos y sí de aclarar varias cuestiones de ámbito exclusivamente municipal. Es falaz, y así hay que denunciarlo, que usted diga que los populares no nos estamos esforzando en la gestión municipal. Usted sabe positivamente que nuestra dedicación y esfuerzo son absolutos. Le contaré que pasamos tantas horas en el despacho trabajando que hemos terminado comprándonos un microondas para, por lo menos, comer caliente. Cualquier donostiarra sabe que en nuestro despacho nos pueden encontrar de sol a sol. ¿Y usted cree de verdad que alguien que soporta sus desplantes, sus prepotencias y las dificultades de un gobierno en común trabajaría tanto y tan duro si no creyera que los proyectos municipales que defendemos merecen la pena hasta el punto de tragar tanta quina?

Usted sabe mejor que nadie que nuestra gestión municipal es buena, nuestra dedicación magnífica y nuestra disposición espectacular. Si no fuera así, ¿donde está su responsabilidad como alcalde?

Pero también me gustaría aclarar posibles medias verdades (siempre más dañinas que las mentiras) a las que usted hace referencia en su artículo. Tengo que recordarle que la querella del año 1994 se la interpuso solito Gregorio Ordóñez, y le recuerdo también que como lo ha matado ETA, no puede explicar los motivos que le llevaron a interponerla. Vamos a dejar tranquilos a los que no están y no utilicemos querellas de hace ocho años para querer mezclar en esto a Jaime Mayor, que es y fue ajeno a dicha querella. Pues bueno era Gregorio para pedir solape o ayuda a nadie. Se bastaba y se sobraba él solito. Otro pequeño dato demostrable: el asesinato de Gregorio fue lo que procesalmente motivó el archivo de las actuaciones por «abandono de la querella» ante la muerte del querellante y no su sobreseimiento, que es una cosa muy distinta a efectos penales.

Dice también en su artículo que hubo en el pasado mandato varios intentos de moción de censura. El abotargamiento de sus meninges, señor Elorza, empieza a ser preocupante. Prefiero creer esto último a pensar que hay intenciones torticeras detrás de esa falsa acusación.

En la pasada legislatura, a pesar de haber ganado los populares las elecciones municipales con Jaime Mayor Oreja como candidato a Alcalde, usted nos usurpó la alcaldía, pactó con los nacionalistas y nos envió a la oposición. No existieron intentos de mociones de censura. Me remito a la hemeroteca y a la memoria de los donostiarras. Ellos juzgarán quién falsea el pasado.

Voy terminando y recojo la idea de que usted apuesta por el diálogo. Bueno, pues apostemos juntos. Siempre que tengo ocasión le digo que me choca mucho que estando nuestros despachos, el suyo de Alcaldía y el del Grupo Popular, a escasos diez metros, siempre se dirija usted a mí por carta (es lo que yo llamo nuestra relación espistolar) y nunca en persona o por teléfono. ¿No le parece raro no llamarme nunca a su despacho, aunque sea para ‘reñirme’ o pedirme cuentas, mejor dicho, explicaciones en cuanto a los proyectos y la gestión de los concejales populares?

Odón, de vez en cuando, invíteme a un café, y eso, estoy segura, evitará que tengamos que relacionarnos por carta, evitará dimes y diretes, evitará que los donostiarras se tengan que avergonzar de sus representantes municipales y sobre todo pondrá en práctica esa voluntad que usted tanto esgrime (con otros) que es llegar a acuerdos dialogando. Los populares del Ayuntamiento de Donostia-San Sebastián seguiremos trabajando con ahínco y dedicación pues ese es el compromiso que adquirimos con todos los donostiarras en octubre de 1999. A veces un cafelito a tiempo alivia tensiones y mejora relaciones. Querer es poder.

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