AGLI

Recortes de Prensa     Martes 23 Octubre   2001
#El Gobierno sigue confuso
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 23 Octubre 2001

#Justicia y nacionalistas
Editorial ABC 23 Octubre 2001

#Arzallus se acerca a Ben Laden
Editorial La Razón 23 Octubre 2001

#La pregunta
Jaime CAMPMANY ABC 23 Octubre 2001

#La pregunta de Arzalluz
Iñaki EZKERRA La Razón 23 Octubre 2001

#¿Y si dicen que sí?
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 23 Octubre 2001

#«Cuando Eta mata a una persona, asesina a una parte de la democracia europea»
Alberto RUBIO La Razón 23 Octubre 2001

#El dedo de Fraga
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo 23 Octubre 2001

#Galicia lírica
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 23 Octubre 2001

#Los gaiteros de Fraga
José María CARRASCAL La Razón 23 Octubre 2001

#¿DE VERDAD SOMOS TAN RAROS?
XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS La Voz 23 Octubre 2001

#Elorza recibe más críticas: Laborda dice que «no tiene razón» y Vázquez que «está fuera»
Redacción - Madrid.- La Razón 23 Octubre 2001

#La provocación batasuna en Éibar acaba a puñetazos
L. R. N. - Éibar (Guipúzcoa).- La Razón 23 Octubre 2001

El Gobierno sigue confuso
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 23 Octubre 2001

Decíamos la semana pasada que el Gobierno no deja de emitir signos harto confusos sobre la batalla legal contra el terrorismo de ETA que las nuevas circunstancias mundiales permiten plantear a escala internacional. Añadíamos que Rajoy transmite perplejidad donde Mayor sembraba certezas, y hoy debemos ratificarnos en esa impresión. Con un agravante: los confusos signos emitidos por el ministro del Interior en el Parlamento empiezan a producir desconfianza e incluso cierta alarma.

Porque no se puede decir en serio que el Gobierno va a hacer un “esfuerzo de imaginación” para luchar legalmente contra ETA o para ilegalizar sus pantallas legales de financiación. Creíamos que lo de “echarle imaginación” a la lucha contra ETA pertenecía únicamente al ámbito del PNV y de los diversos cebrianes, sebastianes, elkarris y madrazos que no saben cómo romper la Constitución para brindarle al terrorismo separatista la colaboración que le niegan a la democracia española. Se nota que Rajoy no estaba con los cinco sentidos en la trinchera de la lucha antiterrorista porque de otro modo no hubiera utilizado tan manida y malhadada expresión.

Por el contrario, lo que le pedimos al Gobierno en ese asunto es menos hablar y más hacer. Y si no puede hacer, mejor callar. Cuando haya hecho todos los ejercicios que la imaginación le permita y cuando, sobre todo, hayan dedicada tiempo y esfuerzo para proponer nuevas herramientas legales en la lucha antiterrorista, que las pacten con el PSOE, que nos las cuenten en el parlamento y que las saquen a pasear por las instituciones europeas y mundiales. Mientras tanto, le pediríamos al discreto ministro Rajoy el ejercicio de esa cualidad, que el Gobierno nos ahorre aspavientos dialécticos y que, si puede hacer, haga algo. Y si no puede, por lo menos que se calle. No hace falta dar a los malos motivos de tranquilidad e incluso de hilaridad. Por lo menos que piensen que al Gobierno se le podría estar ocurriendo algo. Uno de estos años podría suceder.

Justicia y nacionalistas
Editorial ABC 23 Octubre 2001

El empeño de los nacionalismos vasco y catalán por extender su control a la Justicia viene de largo. No se conforman con las competencias que ya tienen reconocidas en materia de dotación y gestión de medios materiales y aspiran, entre otros objetivos, a la supresión del carácter nacional de determinados cuerpos de funcionarios judiciales para poder regularlos, a la segregación de competencias que ahora residen en el CGPJ, y luego transferirlas a órganos autonómicos, y a la conversión definitiva de los Tribunales Superiores de Justicia en tribunales supremos propios. Todo ello con la defensa de una política activa de inmersión lingüística de los jueces, que incluye la exigencia de conocimiento del catalán y del euskera como condición para ocupar una plaza judicial en el ámbito territorial de las respectivas comunidades. La polémica sobre la renovación -aún pendiente- de los órganos constitucionales -TC y CGPJ- ha sido la última excusa de los partidos nacionalistas para justificar la reivindicación de una organización judicial propia.

Este objetivo explica el proyecto de decreto regulador del Consejo de Justicia de Cataluña, que hace unas fechas fue informado negativamente por el CGPJ. No es para menos. La Generalitat catalana pretende crear un órgano que, bajo la apariencia inocua de una entidad plural dedicada al debate y a la reflexión sobre la Justicia, pretende realmente abrir brecha en el principio de unidad jurisdiccional, que la Constitución sitúa en la base de la organización y del funcionamiento de la Justicia española. El proyectado Consejo de Justicia se basa, sencillamente, en la asunción de competencias reservadas al CGPJ, para lo que no ahorra invasiones en la Ley Orgánica del Poder Judicial, por ejemplo, al pretender que se incorporen jueces, magistrados y delegados territoriales del CGPJ en Cataluña y que dicho órgano realice funciones de informe y dictamen sobre el estado de la Justicia. Además, la propia denominación induce a confusión sobre la verdadera función del organismo catalán, dada su similitud con la del órgano constitucional de gobierno de los jueces. Confusión probablemente buscada a propósito para ir ganando terreno al Estado en el ámbito de la Justicia, aunque sólo sea, al principio, a través del lenguaje y de la imagen.

Sin embargo, el reproche más grave del CGPJ al proyecto de Decreto es el menoscabo que para la independencia de los Tribunales de Justicia supone la presencia de jueces y magistrados junto con representantes políticos y altos cargos de las Administraciones Públicas, todos bajo la presidencia de Jordi Pujol, dando lugar a una peligrosa imagen de mezcla entre el poder judicial y el poder ejecutivo. Con iniciativas de este tipo, el nacionalismo sólo muestra tener un interés ideológico sobre la Justicia.

Arzallus se acerca a Ben Laden

Editorial La Razón 23 Octubre 2001

La última (por ahora), barbaridad del presidente del Partido Nacionalista Vasco, Javier Arzallus, ha sido la atrocidad de afirmar que debe convocarse un «referéndum» para saber si Eta debe desaparecer. Un disparate de tal calibre ha reunido en contra del líder nacionalista a todo el arco parlamentario, incluidos sus flamantes socios de IU-EB que esta vez, ni siquiera como agradecimiento a la consejería recién otorgada, han podido «entender» o hacer oídos sordos a tan sorprendente exabrupto.

Acierta Manuel Fraga al decir que la propuesta de Arzallus es igual a convocar una consulta para, por ejemplo, debatir si el Sida debe desaparecer. Pero quizás haya sido el vicepresidente del Gobierno, Mariano Rajoy, quien mejor ha resumido las reacciones de sorpresa ante lo ocurrido: «No puedo entenderlo ¬dijo¬, salvo que esta persona haya perdido absolutamente el juicio». No parece ser el caso. Es más, lo que se intuye detrás de las palabras de Arzallus, apoyado además por la Presidencia nacionalista del País Vasco, es más que una demencia senil o exceso verbal en un rapto de confusión mental. Es algo mucho más serio y grave: si Arzallus se plantea que deben ser los vascos (los que él considere como tales) los que deben decidir si Eta sigue matando o no, bien se puede traducir que lo que se pregunta el actual líder del nacionalismo, es si la banda asesina sigue siendo útil o no. Porque de vez en cuando Arzallus revela con sus discursos y sus formas de entender la vida política que sigue siendo lícito recoger las nueces del árbol sacudido por los asesinatos de la banda mafiosa. No hay más que pensar en cuál sería el papel de un personaje como este sin la cruel existencia de Eta.

No tuvo escrúpulos al pactar con el crimen en Estella ni su partido al intentar presionar a México para que no se extraditasen más etarras a España. Porque para Arzallus nada debe oponerse, y mucho menos la vida y el sufrimiento de las víctimas del terror, cuando se trata de cumplir la «santa» misión de separar el País Vasco del resto de España. Su discurso neonazi de racismo, factor rh y nacionalismo excluyente, lejos de ser arcaico y anclado en siglos pasados, como se ha dicho, resulta enormemente actual. Basta con advertir su paralelismo con las razones de oportunismo con las que Osama Ben Laden y su organización de fanáticos justifican las matanzas del 11 de septiembre, y cuantos han perpetrado antes o cometerán después. Afortunadamente el cerco internacional impuesto sobre Ben Laden y sus cómplices talibanes está fabricado con el mismo material con el que se terminará estrangulando a Eta y sus cómplices. Aunque a Arzallus no le guste o se niegue a reconocerlo, el mundo camina hacia la unión de todos contra el terror, sin concesiones de oportunidades políticas o justificaciones de cualquier tipo. Por eso cuando Ben Laden, escondido en las montañas afganas, ve sus barbas a punto de pelar, haría bien Arzallus en poner las suyas a remojar.

La pregunta
Por Jaime CAMPMANY ABC 23 Octubre 2001

Hay que reconocer que tiene gracia. Igual que te digo una cosa te digo otra, Maitechu mía. Otras veces propone cabronadas, o dice disparates, o se deja deslizar por la apología del terrorismo, o profiere amenazas histéricas, pero esta vez Javier Arzalluz tiene gracia. A lo mejor resulta que en vez de un endemoniado, un iluso delirante o un orate frenético, Arzalluz es un humorista. A lo mejor, cultiva el humor de la paradoja o la aporía. A lo mejor, cuando los de Ajuria Enea se querellaron contra el gran Mingote fue sólo por envidia de Arzalluz. A lo mejor, lo vemos un día en un programa de Euskal Telebista contando chistes, en el papel de Arévalo, de Marianico el Corto, vestido de Doña Rogelia, o haciendo gracietas con «Cruz y Raya» o «Martes y Trece».

Hay que reconocer que esa declaración en que el baranda del nacionalismo frenético confiesa que quiere hacer un referéndum para que los vascos digan si quieren que ETA siga matando o prefieren que desaparezca, es un hallazgo de humor con perendengues, arracadas y chorreras. Hombre, es un humor macabro, eso sí, pero es que en Celtiberia se lleva mucho el humor negro, y ahí están El Roto, Ballesta, y aquellas viñetas de «La Codorniz» de la oficina siniestra y de la pareja macabra.

No recuerdo si era de Herreros o de Tono aquel dibujo con un sujeto que tiene clavado un cuchillo en la espalda. «¿Le duele?» Y el tío responde: «No, sólo cuando me río». O aquel médico que le pregunta a un paciente desmedrado y pequeñito al que acaba de auscultar: «¿Usted no ha tenido nunca pulmonía doble?» «No, señor», responde el hombrecillo. «Pues ahora la tiene, dirurín dundín dirurín dundero». Todos esos personajes son inventados, son personajes de papel. Pero el chiste que hace Arzalluz es un chiste con muertos de verdad, con hombres que fueron de carne y hueso.

Alguno de nuestros grandes humoristas tendría que haber publicado el dibujo de un político feroz y energuménico que dijera: «Y ahora voy a hacer un referéndum para preguntarle a la gente si quiere que sigamos matándola». Y para añadirle algo más de humor macabro, esa misma pregunta se le podría hacer a un muerto al que le acaban de pegar un par de tiros en la nuca, o a una niña a la que una bomba acaba de arrancarle las piernas. En realidad, esa pregunta del referéndum que propone Javier Arzalluz habría que hacérsela solamente al propio Arzalluz y a quienes le apoyan en la presidencia del PNV. «Señor Arzalluz: ¿Quiere usted que «Eta» desaparezca o que siga matando?». Porque ahí, en usted y casi sólo en usted, radica el problema. Mientras usted quiera que los etarras sigan meneando el árbol para que usted recoja las nueces, el terrorismo encontrará apoyo macabro en el ala delirante, radical y separatista del PNV, partidaria de la violencia para conseguir fines políticos. Hala, vamos a hacer ese referéndum, señor humorista.

Arzalluz tiene que saber mejor que nadie que en el País Vasco cualquier referéndum que tenga como argumento el terrorismo o los fines políticos que quiere alcanzar el terrorismo sería una consulta suicida. Muchos de los votos de ese referéndum serían votos condicionados por el terror. Que el terrorismo tiene el objetivo de aterrorizar sale de su propia definición. Arzalluz sabe mejor que nadie que el terror ha acabado con la libertad de muchos vascos, que ha barrido la libertad de muchos lugares de aquel País, que allí no se habla ni se vota ni se vive en libertad. Arzalluz sabe que los vascos que salen a la calle a gritar «ETA no» y a pedir paz y libertad son, no ya valientes que se juegan la vida, sino héroes. Y que a veces, como héroes mueren. Y sobre los muertos, sobre tantos muertos, pocas bromas, señor gracioso.

La pregunta de Arzalluz
Iñaki EZKERRA La Razón 23 Octubre 2001

Si hay algo que quedó claro con las elecciones del 13-M y con el histórico descalabro de Otegi es que la sociedad vasca quiere que Eta desaparezca. Sólo así puede interpretarse el corrimiento de votos de la coalición proetarra hacia el PNV. Esta lectura resulta tan obvia que hasta es la de Eta y la de Batasuna. Es una lectura tan inesquivable que a ella se debe la operación Aralar. De este modo sólo puede calificarse de «ridícula» la pregunta que ahora propone Arzalluz para los vascos, la de si piensan que Eta debe o no debe desaparecer.

El hecho de que sea Arzalluz el único que sigue teniendo dudas sobre la actitud de los vascos ante el terrorismo y de que se muestre incapaz de entender algo que han entendido hasta los más brutos ¬los que ponen las bombas¬ aunque no les guste y continúen poniéndolas, demuestra que el vampiro del Rh tiene falta de riego sanguíneo y de una mínima capacidad de discernimiento mental, por lo cual debe retirarse de la política o seguir el ejemplo de Fraga y enseñarnos un certificado médico.

Sí. La verdadera pregunta que hoy se podría hacer a los vascos es si creen que Arzalluz debe desaparecer o permanecer en activo. Esa es la cuestión que no ha quedado clara tras el 13-M y que resultaría realmente esclarecedora. Los nacionalistas lograron ganar esas elecciones usando dos discursos distintos y llamando a dos electorados distintos. Hubo, sin duda, quienes votaron esa alternativa porque les gustan las mamonadas que dice el nazi del PNV (aquella vieja lacrimógena que se arrodillaba ante él como ante el Santísimo) y hubo quienes votaron al PNV de Ibarretxe, al discurso de la moderación de Ibarretxe, que llegó a defender el Estatuto, a Ibarretxe mismo porque, con su papelón de títere de Arzalluz, les daba más pena que las víctimas de Eta, que ya es decir.

En realidad la consulta sobre si Arzalluz debe permanecer en la política o retirarse a un psiquiátrico y dejar de dar la murga o la «muga» (frontera en euskera) la tendría que hacer el PNV dentro de sus filas. Ese es el verdadero referéndum al que debe aspirar el PNV y el que debe realizar en condiciones democráticas, garantizando el secreto del voto. Ese es el experimento con gaseosa que hoy podría hacerse gratis en Euskadi, sin vulnerar la legalidad, sin que interfiera Eta y sin poner la convivencia en más peligro del que ya está. Ese sería el gran paso para vislumbrar qué PNV fue el que ganó en las elecciones. Seguiríamos sin saber la opinión de ese electorado que no está afiliado, pero la consulta serviría para calibrar a modo de sondeo por donde van los tiros en el nacionalismo. Dicho sea lo de los tiros en el sentido menos metafórico.

¿Y si dicen que sí?
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 23 Octubre 2001

Xabier Arzalluz hablaba el domingo a las juventudes de su partido y les advertía de que si ETA no oye la voz del pueblo, «se irá a una consulta, para que el pueblo vasco diga formalmente si ETA debe desaparecer».

A estos extremos nos llevan afirmaciones peregrinas que gente muy principal suelta aquí como quien lava, en plan «todas las ideas son legítimas». No es cierto. No lo son las que niegan la libertad, defienden la esclavitud o el racismo o avalan la muerte de unas personas a manos de otras. Es sabido que un porcentaje significativo de nuestros conciudadanos sostiene la perversa idea de que se puede matar por los objetivos políticos que persigue.

No es la primera vez que se enuncian en el ámbito nacionalista parecidas melonadas. Hace unos años, durante el largo secuestro al que ETA sometió al empresario José María Aldaya, ETB emitió un programa en cuyo guión se preguntaba al público televidente si en su opinión Aldaya merecía estar secuestrado. «Usted decide el final», rezaban los anuncios del invento. Al final, los espectadores no tuvieron que decidir nada, porque hubo algo de lío y la pregunta no se hizo. No caben muchas dudas sobre el sentido en que se habría pronunciado el pueblo llano. Es que la propia consulta era indecente, porque suponía admitir la posibilidad, siquiera fuese teórica, de que los ciudadanos podrían votar mayoritariamente a favor del secuestro de Aldaya, que los partidarios del «Aldaya, paga y calla», ganasen la consulta. La mera posibilidad es aberrante, porque supondría la autonegación del estado de derecho. Ningún gobernante tiene legitimidad para proclamar que «Aldaya permanecerá secuestrado si los vascos y las vascas quieren. ¿Qué de malo hay en ello?» Por poner un ejemplo quizá más fácil de entender: conozco a muchísima gente (entre la que me cuento) que jamás participaría en un referéndum para volver a introducir la pena de muerte en el Código Penal. Ni a dialogar sobre ello, aunque negar el diálogo fuera negar la solución.

Llama la atención, por otra parte, que políticos tan aficionados a gobernar mediante referenda, consultas o quién sabe quizá si con encuestas, se sorprendan de que sus militantes y cargos públicos sometan a consulta popular proyectos que a ellos les parecen tan incuestionables como la térmica de Amorebieta. Mucho menos cuestionable debería parecerle a Arzalluz la actitud que deben mantener los poderes públicos frente al crimen. ETA es una organización ilegal y totalitaria, que se expresa mediante la extorsión, el secuestro y el asesinato y es deber de los gobernantes combatirla hasta su desaparición, no preguntar a los vascos y a las vascas si creen que ETA debe desaparecer. Y si llegado el caso dicen que sí, ¿qué hacemos?

«Cuando Eta mata a una persona, asesina a una parte de la democracia europea»
Patrick Cox, presidente del Grupo Liberal en el Parlamento Europeo
En 1986 dejó el periodismo por la política. Su último documental desveló las relaciones entre terrorismo y mafia en Irlanda del Norte. Pat Cox, nacido en Dublín hace 48 años, considera que Europa debe sumar esfuerzos para erradicar la violencia de su territorio.
Alberto RUBIO La Razón 23 Octubre 2001

Será el próximo presidente del Parlamento Europeo, en sustitución de Nicole Fontaine, de acuerdo con el compromiso sellado por populares y liberales tras las elecciones de 1999. Patrick Cox, presidente del Grupo Liberal Europeo -«somos el tercero en número, pero el segundo más influyente de la Eurocámara»-, confía en que el PPE apoyará su candidatura en la votación que tendrá lugar en enero, aunque recuerda que «el voto es individual»... Habrá que esperar.

-Hay dudas respecto a su postura frente al terrorismo...
-He visto lo que se ha publicado. Pero no creo que el PP sea la fuente de esos rumores, para los que no hay ninguna base, y que están diseñados para desestabilizar la relación entre populares y liberales.

-Se lo digo porque usted es irlandés y dicen que podría ser «condescendiente» con los terroristas.
-Entiendo su papel de abogado del diablo. Y no lo tomo en términos personales. Pero le puedo decir que cuando Eta ha puesto bombas o ha asesinado políticos, lo he condenado. La democracia exige respeto a la Ley y que trabajemos con el diálogo, no con bombas y balas. Sería horroroso que, además de que nuestra gente sea asesinada, nuestros amigos presumieran que siendo irlandeses somos terroristas. Ese vínculo es en mi caso absolutamente erróneo.

-¿Qué piensa del terrorismo?
-Hay una diferencia absoluta entre democracia y terrorismo. Al terrorista no le preocupa el derecho a la vida ni el imperio de la Ley. Me avergüenza cómo se presentan ante el mundo los terroristas irlandeses. Pero son una minoría y una aberración, no la regla. Deseo el éxito del proceso de paz en Irlanda del Norte, pero lamento que el principal partido republicano, que es parte de ese proceso, insista en retener las armas.

Amenazado
-¿No lo dirá para ganar votos?
-No. No lo digo porque sea lo que debo decir en España ni para ganar votos en el Parlamento Europeo. Siempre me he opuesto al terrorismo en mi propio país.

-¿Cómo?
-Fui el primer periodista de la televisión irlandesa que hizo un reportaje detallado del estilo mafioso que utilizan los llamados «patriotas». Lo titulamos «El Juego del Patriota». Bajo el pretexto de ser los «libertadores», tenían negocios de drogas, protección, al estilo de la mafia en Italia o del Chicago de los treinta.

-¿Recibió amenazas?
-Tuve muchas intimidaciones, pero afortunadamente nunca se materializaron. Mi esposa estaba embarazada y recuerdo que, mientras hacía una investigación en Irlanda del Norte hubo gente que telefoneó para amenazar con echar gasolina por el buzón para quemar nuestra casa. No es nada agradable. La Policía llegó a instruirme para localizar bombas en mi coche. Sé algo del terrorismo.

-¿Afectó esa situación a su familia?
-No de una forma tan terrible como a las familias de políticos, periodistas, militares o policías en España. Pero soportamos una fuerte intimidación psicológica. Cuando estaba filmando en Belfast me preguntaba si llegaría a ver a mi hija, que nació mientras yo estaba allí. La llamamos Grace, porque por la gracia de Dios ambos padres estábamos vivos para verla en ese momento. Por ello siento algo muy profundo dentro de mí cuando hablo de estas cosas.

-¿Hay vínculos entre Eta y el IRA?
-Recientemente el Sinn Fein, el partido asociado al IRA, tuvo su congreso anual y allí hubo representantes de Eta y de otras organizaciones. Todos estos grupos están ligados unos con otros.

-¿Qué puede hacer la UE?
-Prepararse para apoyar a los Estados cuando lo necesiten, ayudar con fondos, con solidaridad, promover la reconciliación. Antes del 11 de septiembre, el Parlamento ya debatió el «Informe Watson» y hace poco hemos aprobado medidas para congelar los bienes de los terroristas.

-¿Cómo ve el caso de España?
-Compartimos su lógico interés para erradicar el terrorismo en España. Pero el Parlamento Europeo no puede decirle a su Gobierno cómo debe actuar, como no podemos decirselo a los británicos o los irlandeses en Irlanda del Norte. Podemos apoyarles en su lucha contra el terrorismo, pero no podemos decirle a España como dirigir su democracia.

-La política de la presidenta del Parlamento ha sido muy útil para España ¿Seguirá usted la misma línea?
-El logro de la señora Fontaine, que merece la pena seguir desarrollando, fue mostrar una inequívoca solidaridad con la democracia española. Ese es el puente de solidaridad política y humana que ha construido. Cada vez que Eta asesina a una persona en España, está asesinando a una parte de la democracia europea. Como demócratas, tenemos que estar hombro con hombro con España.

Cooperación
-¿Se erradicará el terrorismo?
-La respuesta está en no quedarse aislados, en recopilar y compartir toda la información policial y militar sobre los terroristas y en infiltrar estas organizaciones. Grupos como Eta o el IRA auténtico, que puso la bomba en Omagh, operan con conexiones a través de las fronteras. Incluso cuando atacan la soberanía de los Estados, como Eta en España, hay tantas conexiones interfronterizas que el Estado no puede por si solo responder a esta amenaza.

-¿De que sirve atacar Afganistán?
-Lo que vemos estos días en la televisión es la forma en que Estados Unidos exorciza la preocupación de su población. Pero Bush ya está preparando a la población para comprender que no verán por la CNN las otras medidas que se están tomando. Las fuerzas militares son, probablemente, la respuesta menos apropiada a largo plazo porque el terrorismo no opera como unidades militares convencionales.

-¿Medidas excepcionales?
-Tenemos que ser muy duros con el terrorismo, pero si hacemos leyes antiterroristas debemos asegurarnos de que tengan garantías judiciales porque, a veces, se puede culpar a inocentes. Acuérdese de los «cuatro de Gilford». Somos sociedades democráticas y libres, por eso la responsabilidad ante el Parlamento y el derecho a una revisión de la sentencia son dos importantes aliados de la lucha antiterrorista. Hay que evitar que la lucha contraterrorista pueda rebajar la calidad de la democracia.

El dedo de Fraga
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo 23 Octubre 2001

No es el dedo de Dios, pero como si lo fuera. En el peor momento de Aznar, cuando Gescartera puede terminar siendo como el Sansón que derribe el templo de los filisteos de Génova, llega Fraga, extiende su índice electoral y le salva políticamente de las iras de propios y extraños. Ungido con su meñique hace una docena de años, ha vuelto a ser ungido con su anular el último domingo. Ahora sólo tiene que soltar lastre, cesando algunos ministros gescarterizados o manifiestamente mejorables, para abordar en enero el próximo Congreso del Partido Popular y la presidencia de la Comunidad Europea en las mejores condiciones.

Las urnas gallegas consagran oficialmente la inexistencia real de una alternativa. Ya pueden caer rayos, truenos y centellas que Aznar puede dormir tranquilamente en la Moncloa si, claro está, no se duerme en los laureles. Por si las moscas, el dedo de Fraga no descansa y uno de los viejos amigos socialistas de don Manuel, Francisco Vázquez, acaba de arrear una certera bofetada política a Touriño en la mejilla de Odón Elorza al declararle ajeno al PSOE.

Justo en el momento en que Zapatero se felicita de su pausado avance gallego, llega este aviso a los nada curtidos navegantes de Ferraz. La polémica del socialismo gallego en la campaña, entre partidarios de acuerdos con Beiras y los que prefieren un pacto con Fraga, vuelve a reabrirse nada más cerrarse las urnas aprovechando la que se desarrolla a la vez en el socialismo vasco. Sean cuales sean las motivaciones de Vázquez, el hecho cierto es que apunta al talón del Partido Socialista con o sin Zapatero.

En la misma medida que, a esta dualidad de posturas contradictorias en Galicia y Euskadi, hay que sumar la que se da en el resto de España por cuanto Maragall, Bono e Ibarra leen el adjetivo español de la sigla socialista en versiones opuestas. Al fin y al cabo, el dedo de Fraga dejó diseñado un modelo de Estado, un modelo de sociedad y un modelo de partido como herencia a Aznar. Justo lo contrario de un Zapatero que ha heredado una organización hecha unos zorros, un proyecto social difuso y una concepción de España inexistente. Ahora le toca abordar esa triple definición, sobre todo la estatal, cuando se encuentra con las manos atadas por quienes le llevaron a Ferraz desde planteamientos socialistas antagónicos sobre el modelo de Estado.

Aquel común denominador, basado en el recambio generacional simbolizado en Zapatero, es el que está a punto de reventar. Es en esa llaga socialista donde Fraga ha hurgado con especial saña política y delectación electoral. Desde la mano de Santa Teresa nunca una mano, mucho menos un dedo, había tenido tanta importancia como el dedo de Fraga.

Galicia lírica
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 23 Octubre 2001

La cuestión no está en que Fraga se mueva mucho sino en que Galicia no se mueve nada. Quiere decirse que el mundo galaico es un mundo intemporal, «lírico», como dijo el propio Fraga en la noche de su triunfo. Galicia vive en lo permanente y la democracia es una consecuencia de las ciencias, o sea, el arte de cambiar y evolucionar metódicamente, incesantemente. Por eso se equivocan quienes quieren venderle a Galicia nacionalismo o socialismo, es decir, lo que Galicia no quiere comprar.

En cuanto a la democracia, aquella región vive una democracia natural que es una forma de resignación, un poético fatalismo que precisamente es todo lo que tiene que ver con China. El tópico dice que Galicia es un pueblo atrasado, pero yo creo que ni atrasado ni adelantado sino que Galicia levita sobre sí misma, en una niebla de «ángeles de Compostela» como dijera Gerardo Diego, y es difícil implantar allí una realidad fabricada en Madrid, no porque los gallegos estén atrasados sino porque están más adelantados que nosotros en el camino de perfección de la indiferencia.

Galicia es una nación tan completa en sí misma que ni siquiera necesita proclamarse nacionalista. De ahí una cierta obviedad o sobranza que aureola la figura de Beiras. Galicia ha aprendido de la lluvia que la página de la Historia se repite siempre, y esto lo confirma la cuarta elección o reelección de Manuel Fraga, que, haciendo como que hace democracia, lo que hace es devolver a las gentes ese pasado idílico del que comen.

Tampoco quiero decir con esto que la democracia real y actual no llegue un día al mundo galaico, pero será por caminos más sinuosos que el de quienes imitan pacíficamente a ETA o el de un socialismo madrileño, el PSOE, que no tiene arraigo en el país porque al país hay que empezar por darle doctrina.

Ese pueblo ha escuchado muchos mítines, pero todo le suena a madrileño, a forastero, y su democracia tienen que traérsela en el pico las anduriñas.

Entre el medievalismo de Fraga y la gestión de los nuevos partidos, Fraga les suena a cosa propia. Fraga es un petrefacto que lleva ahí muchos años y puede estar siglos. Fraga es anterior a la lluvia y, por tanto, posterior a cualquiera. Su política es negativa para Galicia, pero él tiene un valor de referente que es lo que le aporta votos. Se dice que nadie se ha ocupado de educar a esa gente, pero no refiramos esto a la falta de escuelas sino que nadie ha cogido el hilo de la parla galaica para decirles las cosas de modo que sean más que verdades. Galicia cree más en sus líricas mentiras. Rasalía de Castro, Alvaro Cunqueiro, lo mucho que Cela tiene de gallego, Celso Emilio Ferreiro, Eugenio Montes, Novoneyra, Oroza, etc., son la modernidad de Galicia, del socialrealismo a la vanguardia.

No puede decirse que no haya otra Galicia que la de Castelao. Galicia llueve siempre igual y vota siempre lo mismo. De eso se está beneficiando el señor Fraga. Nos gustaría más cualquiera de los otros, pero la retórica de Fraga se decora mejor con el Obradoiro. No es que en Galicia sea imposible instaurar la contemporaneidad sino que unos cuantos petrefactos históricos lo estorban cada día. Mayormente, Fraga Iribarne.

Los gaiteros de Fraga
José María CARRASCAL La Razón 23 Octubre 2001

Las dudas que tenía sobre el resultado de las elecciones gallegas se disiparon cuando oí decir a Pérez Touriño que un triunfo de Fraga no iba a ser una derrota de Rodríguez Zapatero. Era ponerse la venda antes de recibir la pedrada, o mejor, poner la mejilla para recibir la torta destinada al jefe. Pues todas las acrobacias que hagan los socialistas gallegos con números, escaños y porcentajes, no lograrán tapar un hecho fundamental: que el PP les dobla en votos y que el Bloque les iguala. Algo vergonzoso para un partido de su historia y de su arraigo. Hartos de estar en la oposición, los socialistas periféricos están adoptando una táctica peligrosa: aliarse con los nacionalistas locales. Posiblemente es la forma más rápida de desalojar del poder al PP. Pero los riesgos son enormes. Sobre todo para ellos. Aliándose con los nacionalistas, los socialistas se traicionan a sí mismos.

El nacionalismo es una fuerza conservadora, apoyada en los elementos más retrógrados de una sociedad y en los sentimientos más elementales, pese al barniz progresista que quiere dársele. Mientras el socialismo representa a las clases bajas, cuyos intereses estarán siempre mejor salvaguardados en un gobierno amplio, nacional, que en las oligarquías y fanatismos locales. Eso por no hablar de la última letra de sus siglas, la E del PSOE, su carácter español que tan mal compagina con aquellos que empiezan negando a España su carácter de nación. Alguien que se ha dado cuenta de ello es Vázquez, el alcalde de La Coruña. Pero Vázquez es una excepción en el socialismo gallego, dirigido por los Touriños, que han subordinado los intereses nacionales a los locales, la política, a los rencores. Han ganado así algunos votos. Pero de su izquierda, no del centro. Corno sigan por este camino, pueden prepararse a continuar en la oposición. Ellos y Rodríquez Zapatero, que ha dado otra muestra de su calculada ambigüedad o de su falta de autoridad, no sabemos qué es peor. Parece que no han aprendido la lección de Almunia, que se corrió a la izquierda, para servirle en bandeja la mayoría absoluta a Aznar, Las elecciones se ganan hoy desde el centro. Y el votante del centro le teme tanto a la izquierda pura y dura como al nacionalismo fanático y exclusivista.

Pero lo ocurrido el domingo no ha sido sólo el fracaso de la oposición gallega, conchabada para echar a Manuel Fraga. Ha sido también, y diría sobre todo, un triunfo- personal de éste. Ganar cuatro elecciones seguidas por mayoría absoluta, venciendo el natural desgaste y una antinatural coalición es más difícil que ganar cuatro Vueltas a Francia. Subrayo lo de personal, pues si la derrota de Pérez Touriño es una derrota de Zapatero, el triunfo de Fraga no es un triunfo de Aznar ni del PP, por mucho que quieran vendérnoslo así desde la Moncloa y desde Génova. El factor Aznar ha contado muy poco en Galicia puede que para suerte de los vencedores. Pues de haber contado, con Gescartera y otros líos, los resultados hubiesen podido ser distintos. Los términos en que se plantearon las elecciones tanto por parte del equipo gobernante como por parte de la oposición fueran si Fraga continuaba al frente de Galicia o no. Y los gallegos han dicho que sí, con la contundencia que lo dijeron las tres veces anteriores. El resultado ha sido tan claro como el planteamiento.

Tampoco los acontecimientos internacionales han tenido mayor peso en la decisión. No faltarán quienes digan que los ataques terroristas en Nueva York y Washington y la guerra en Afganistán han inclinado muchos votos. Ganas de enmascarar un fracaso. Los gallegos son lo bastante inteligentes para saber que esos acontecimientos les caen muy lejos y que lo que estaba en el candelero era, repito, Fraga su política y su persona. Nada más y tampoco nada menos. Ni siquiera su edad ha jugado el papel preponderante que la oposición, a falta de mejores argumentos, quiso imprimirle. En Galicia, los años nunca han sido un estorbo. Lo ha sido, en cambio, la falta de sentido común e inteligencia. Quien eligió esa táctica o muy desesperado estaba o muy mal conocía a los gallegos. Puede que ambas cosas.

Paso al menos una vez al año por Galicia en busca de solaz y compañía. Este verano estuve incluso dos, como puede que recuerde algún lector, ya que les conté a la vuelta mis impresiones. Allá por junio, el panorama estaba aún bastante confuso, con muchos «veremos» a modo de respuesta. Luego, la cosa se fue aclarando y a finales de septiembre ¬también se lo conté¬ se había impuesto la actitud de «más vale pájaro en mano que cien volando». Algunos lo atribuirán a la cautela tradicional de los gallegos. Vuelven a equivocarse. Si el gallego fuera tan cauteloso como tienen fama, no se hubiera desparramado por todo el mundo. Lo que es es reflexivo prudente. Fraga ha cambiado Galicia de arriba abajo, como reconocen sin querer sus enemigos, al decir que quieren terminar la modernización de su país. Los gallegos prefieren que lo haga quien ha puesto sus bases. Ya no tienen que cruzar el Atlántico para «hacer la América». La tienen en casa. Quedan, en efecto, muchas cosas por hacer, pero los cimientos de una comunidad moderna están puestos. Y quienes se ofrecían para rematar la obra no lograron ofrecer bastante seguridad a un pueblo engañado mil veces desde dentro y desde fuera. Fraga no despierta simpatías. Puede que ni siquiera las busque. Pero despierta confianza, cosa que no lograron despertar sus rivales. Y este 21 de octubre, los gallegos se han atenido más a los hechos que a las palabras. Los hechos son los verdaderos gaiteros de Fraga. Ante ellos, apenas pudieron oírse las sirenas nacionalistas y las ambigüedades socialistas.

¿DE VERDAD SOMOS TAN RAROS?
XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS La Voz 23 Octubre 2001

La idea general es que los hijos de Breogán somos diferentes, y que las cuatro mayorías absolutas alcanzadas por Fraga constituyen un récord que nadie podrá arrebatarle en los siglos venideros. Por eso hemos sufrido una noche electoral en la que muchos tertulianos decidieron sustituir la política por el sentimentalismo, y, lejos de abrir sus ojos a la realidad cotidiana, optaron por endilgarnos una sarta de tópicos que bien se los podían quedar para sus respectivas comunidades: el pobre rústico que vota engañado, las vacas marelas que pastan en la cuneta, el voto agradecido al indiano retornado, el respeto al patrón honrado y trabajador que se sacrifica por su gran familia, el hombre fiable y de palabra, la papeleta controlada por el cacique y la idea de autoridad que triunfa en una sociedad desestructurada. Todo para decir que los gallegos estamos dominado por un fraguismo exótico y electoralmente intratable.

Nadie recuerda, sin embargo, que Pujol va por la quinta legislatura, que Bono y Rodríguez Ibarra tienen a sus espaldas cuatro mayorías absolutas, que Chaves es anterior a Fraga y preside una comunidad que nunca cambió de color, que Castilla-León lleva diecisiete años dominada por el PP sin que las dos sucesiones operadas cortasen la racha, que Madrid es más conservador que Galicia, que el País Vasco siempre tuvo gobierno PNV, que Cantabria siempre fue del PP y que la Coalición Canaria es endémica en las Islas.

Por eso conviene superar los complejos. Porque, lejos de estar ante un raro fenómeno de personalismo político, estamos ante la más paladina normalidad de las políticas autonómicas, donde la regla es que el que coge poder no lo deje, y donde abunda una clase política casi fosilizada. Claro que, si tal cosa ocurre en todas partes, cualquiera que sea el partido y la persona que se aloja en el poder, habrá que empezar a pensar en la existencia de algún desajuste o defecto estructural que resta movilidad al sistema y lo convierte en pura palanca del poder.

Tal sucede, por ejemplo, con el modelo de financiación de las autonomías, que todavía carga la función fiscal en la Hacienda central, mientras configura a la Hacienda autonómica como una fábricas de maná. Y de ahí que, visto el modelo autonómico en conexión con otras cuestiones de similar naturaleza y envergadura, se configure como un sistema político esencialmente inmóvil y muy proclive a las inercias del poder. Y, si lo mismo sucede en Cuntis, Parla y Antequera, me parece un craso error explicar lo de aquí subiendo a las auras vacuas. Nuestro problema político, en la medida que lo haya, no tiene nada que ver con el éxito electoral de Fraga, sino con el déficit de pluralismo, cosa de la que hablaremos mañana.

Elorza recibe más críticas: Laborda dice que «no tiene razón» y Vázquez que «está fuera»
Redacción - Madrid.- La Razón 23 Octubre 2001

El portavoz del PSOE en el Senado, Juan José Laborda, manifestó ayer su apoyo al líder del PSE-EE, Nicolás Redondo Terrenos, frente al alcalde socialista de San Sebastián, Odón Elorza, quien «no tiene razón», en referencia a las declaraciones de Elorza de que el PSE necesita caras nuevas, y que la actual crisis interna está motivada por la propia dirección y por un proyecto que hace aguas. Para Laborda, el líder del PSE-EE además de que «tiene razón» en lo que dice, cuenta con la mayoría política dentro del partido socialista en el País Vasco. Asimismo, señaló que los socialistas y muchos ciudadanos están «plenamente identificados» con el postulado de Redondo porque se asienta en «tres pilares clarísimos»: La Constitución, el Estatuto de Autonomía y el Pacto por las Libertades y el Terrorismo.

El alcalde socialista de La Coruña, Francisco Vázquez opinó que «ningún socialista debe plantearse en ninguna región de España el ejercer el derecho de autodeterminación». Recordó que apoya al secretario general del PSE, Nicolás Redondo Terreros, «porque está dando la cara y está defendiendo la libertad y las tesis del PSOE». Finalmente el secretario general de los socialistas vascos, Redondo Terreros, aseguró que se mantendrá en la lucha pese a lo que muchos puedan pensar.

La provocación batasuna en Éibar acaba a puñetazos
Cuando los ediles proetarras trataban de aprobar una moción en favor de los detenidos del «comando Aranba» los vecinos se cruzaron gritos de «torturadores» y «asesinos» Dos de ellos llegaron a la agresión física
L. R. N. - Éibar (Guipúzcoa).- La Razón 23 Octubre 2001

Los asistentes al pleno que se celebró ayer en el Ayuntamiento de Éibar, en el que se debatía una moción presentada por Batasuna a raíz de la detención de tres presuntos colaboradores del «comando Aranba» de Eta en esta localidad guipuzcoana, llegaron a las manos tras registrarse numerosos enfrentamientos verbales entre personas que portaban carteles con los nombres de los detenidos y otros que enseñaban el lema «Eta no».
Todos los partidos con representación en este Consistorio, gobernado por el PSE-EE, votaron en contra de la moción de Gestoras pro amnistia y asumida por Batasuna en la que se expresaba la «preocupación» por el «estado de indefensión» y «posible trato recibido a manos de la Policía Nacional» por los tres presuntos colaboradores de la banda.

En el pleno, que se prolongó durante casi dos horas, los enfrentamientos verbales fueron la nota predominante, que se reprodujeron desde el inicio del mismo y que llegó a que dos asistentes se golpearan.
Cuando la secretaria del Ayuntamiento de Éibar procedió a la lectura de la moción, se levantaron algunos de los asistentes con carteles con el texto «Peligro de tortura» y los nombres de los detenidos. Al mismo tiempo, otro sector del público se levantó portando cartulinas con el lema «Eta no». Tras varios enfrentamientos verbales en los que unos llamaban «torturadores» a los otros, que les respondían «asesinos», dos personas llegaron a agredirse físicamente.

En el turno de intervenciones, el portavoz de EH en esta localidad guipuzcoana, Emiliano Aiastui, señaló que los medios de comunicación «se han hecho eco de una nota del Ministerio del Interior y a los detenidos ya se les da por culpables». Asimismo, pidió al Ayuntamiento que se solidarice con los detenidos y manifestó que «este dolor no es solo de la izquierda abertzale».
En este sentido, dijo que «tenemos un ejemplo con José Luis Vallés que», según señaló, «lo estará pasando muy mal y no tenemos ningún problema en solidarizarnos con él». «Tenemos que poner todos los medios para solucionar el conflicto», concluyó.

«Manifestación proetarra»
Por su parte, el PNV presentó los ocho puntos para la pacificación del «lendakari» y la representante del Partido Popular, Regina Otaola, dijo que la moción era «una manifestación proetarra que va en contra del Estado de Derecho». Asimismo, calificó a los miembros de la izquierda abertzale de «cotalibanes, que emprenden el camino que conduce a la destrucción», a los que también tachó de «euskonazis» y «colaboradores chivatos». «No nos van a hacer agachar la cabeza», advirtió.

Por otra parte, mostró su solidaridad y apoyo a Vallés, al que animó a seguir con su trabajo. Por último, felicitó a la Policía Nacional por las detenciones y animó a este Cuerpo y a la Ertzaintza para que «sin desmayo continuen con esta labor».

Por su parte, el PSE-EE, a través de su portavoz, trasladó su «desprecio a Eta» y mostró su compromiso a seguir trabajando en el Ayuntamiento y su solidaridad a Vallés y a su familia.
Respecto a las pancartas sobre «torturas» exhibidas por personas del público, aseveró que «sí hay torturas en el País Vasco, que sufrimos algunos y nuestras familias porque estamos amenazados y todos los días corremos el peligro de recibir un tiro en la nuca, sin haber tenido delito, juicio, ni derecho ninguno».
Esta intervención fue respondida por los asistentes con aplausos, mientras otros se levantaron con gritos de «La Policía asesina y tortura», siendo enfrentados por el resto del público.

Diálogo
Por su parte, el alcalden de Éibar Iñaki Arriola (PSE-EE), abogó por buscar puntos mínimos de encuentro entre distintos partidos pero precisó que para que se produzca el diálogo, Eta tiene que desaparecer, intervención que fue respondida con aplausos y nuevos enfrentamientos verbales entre asistentes.
El Ayuntamiento de Éibar, está gobernado por los socialistas, que cuentan con nueve representantes. El resto de la corporación está integrada, por seis ediles de del PNV cuatro de Euskal Herritarrok y dos del Partido Popular.

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