AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 25 Octubre   2001
#El desarme del IRA y la paz en el País Vasco
Carlos MARTÍNEZ GORRIARÁN. Profesor de Filosofía. Universidad del País Vasco ABC 25 Octubre 2001

#Eta No Esta En Condiciones De Exigir Nada A Nadie
Editorial El Mundo 25 Octubre 2001

#Debate tramposo
Editorial ABC 25 Octubre 2001

#Conocidos y verdugos
Pablo PLANAS ABC 25 Octubre 2001

#Eta se queda sola en Europa
Redacción - Madrid.- La Razón 25 Octubre 2001

#Pastor de lobos
Jaime CAMPMANY ABC 25 Octubre 2001

#El desarme de Eta
Editorial La Razón 25 Octubre 2001

#Voluntad de no matar y diálogo
Agustín de GRADO La Razón 25 Octubre 2001

#Correo irlandés
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 25 Octubre 2001

#Humillados por Ben Laden
Iñaki EZKERRA La Razón 25 Octubre 2001

#Dos lenguajes
JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA El Correo 25 Octubre 2001

#Setién y la conferencia
Ramón PI ABC 25 Octubre 2001

#Los efectos de la piedra arrojada
Julián LAGO La Razón 25 Octubre 2001

#Operación combinada
Lorenzo CONTRERAS La Razón 25 Octubre 2001

#ETA, globalizada
EMILIO LAMO DE ESPINOSA El País 25 Octubre 2001

#Distintos pero no distantes
Alberto Míguez Libertad Digital 25 Octubre 2001

#Torturas
MARTIN PRIETO El Mundo 25 Octubre 2001

El desarme del IRA y la paz en el País Vasco
Por Carlos MARTÍNEZ GORRIARÁN. Profesor de Filosofía. Universidad del País Vasco ABC 25 Octubre 2001

El IRA acepta empezar a destruir su arsenal para sacar del atasco al proceso de paz; es, sin duda, una noticia excelente. ¡Qué más querríamos que un anuncio semejante procediera de ETA! Lo único malo de esta buena nueva es la lectura torticera de su significado que harán -ya están haciendo- el nacionalismo vasco y sus aliados de la izquierda divina. Como la gente está más que harta de ETA, que da mucho miedo, siempre existe el peligro de que algunas personas influyentes, de fiar para otros asuntos pero tendentes a la beatería papanatas en este particular, presten oído a la conocida tabarra de proponer una versión vasca del Acuerdo de Stormont. Y eso con el legítimo objetivo de convencer al terrorismo abertzale para que deje de serlo y se dedique a la política vasca donde, no obstante, iba a costarles hacer sombra a Arzalluz en materia de proferir brutalidades y aberraciones, o a Oliveri en beneficiarse de altísimos cargos.

Lo primero que van a decir los entusiastas de Stormont es que los constitucionalistas (y los Gobiernos español y francés, etc.) debemos aprender del proceso del Ulster, extrayendo las consecuencias pertinentes. Es lo primero y lo último en lo que estoy de acuerdo con ellos. Aprender es un empeño para toda la vida, pero muy distinto de engañar a los demás y a uno mismo. Y asimilar a ETA con el IRA y al Ulster con el País Vasco es un engaño completo. Aparte del terrorismo y del gusto abertzale por todo lo gaélico (no correspondido), todo lo demás son divergencias. Decir que el problema vasco y el norirlandés son semejantes, y que por tanto requieren modelos de negociación semejantes, es un engaño interesado o una tontería. Algo semejante a combatir el hambre en África enviando vídeos de Arguiñano.

Veamos las diferencias recientes, ahorrándonos las históricas, que casi convierten a Irlanda en antístrofa o contraimagen del País Vasco.

La primera, que en el País Vasco no hay una guerra civil larvada entre dos comunidades con sus respectivos grupos terroristas. Los 3.500 asesinatos habidos en el Ulster se reparten entre ambos bandos; los más de 800 de ETA nunca han tenido reciprocidad (Batallón Vasco-español o GAL fueron grupos mercenarios, suprimidos por la democracia española y sin nada que ver con los unionistas protestantes).

En segundo lugar, la respuesta de la administración británica al terrorismo del Ulster consistió en suspender sus poco competentes instituciones propias, que han sido, precisamente, las restauradas por Stormont: parlamento y gobierno provincial, que deberá incluir a republicanos y unionistas en una típica fórmula consociativa, bajo estrecha tutela de Londres (que se reserva suspender el sistema de gobierno, como ha hecho cuando lo creía conveniente). El autogobierno previsto es mucho más limitado en competencias que el Estatuto de Guernica o el Amejoramiento del Fuero navarro. Se reformará la policía, en manos de los protestantes, para que sea aceptable para los católicos. Los terroristas encarcelados podrán acogerse a medidas de reinserción, previa renuncia expresa a las armas. Respecto al reconocimiento de la posibilidad de que algún día el Ulster se una a la República de Irlanda dejando el Reino Unido, es sólo eso, la admisión de una posibilidad que no entusiasma en Dublín. Nada que ver con la autodeterminación unilateral mediante un referéndum a la quebequesa.

La tercera diferencia es política. Aquí, a diferencia de allí, gobiernan unos nacionalistas que no renuncian a la independencia, sin sufrir represalias por ello. Todo lo contrario: controlan una policía integral, dos cadenas de televisión y varias radios y publicaciones, cuatro redes educativas, empresas públicas y semipúblicas, y disfrutan de una peculiar autonomía fiscal, al servicio de la causa, que no gusta nada en Bruselas. Además, ellos no padecen atentados ni restricciones intolerables de su libertad personal.

Pero la gran diferencia radica en el principal agente de nuestra tragedia: ETA y su entorno. Mientras que Gerry Adams y Martin McGuinness han demostrado tener sentido común y autoridad sobre el IRA, aquí sucede todo lo contrario. Es ETA quien determina lo que hacen Batasuna y sus anexos. Los escasos disidentes que reclaman el fin de la violencia por razones de utilidad, como el colectivo Aralar, son excomulgados de inmediato. Lejos de intentar convencer a los terroristas de la necesidad de dejarlo, sus cómplices les animan a perseverar como única garantía de perpetuación del conflicto y, con éste, del negocio de la violencia del que viven todos ellos. Los políticos del Sinn Fein han convencido al IRA para que acepte romper el tabú del desarme (aunque sea simbólico), y los de Batasuna, como ese concejal de Azkoitia, se dedican a preparar coches bomba para asesinar a un colega desarmado: es otra leve diferencia.

Añadamos un detalle esencial. Ni el IRA ni su brazo político sufren la competencia en la reivindicación nacionalista de un partido de gobierno como el PNV, que deplora los métodos del terrorismo pero comparte los fines, que hace poco para acabar con la violencia que sufren los no nacionalistas y mucho para explotarla en su propio beneficio, convirtiendo la reivindicación de la paz en una exigencia insaciable de satisfacción. Sin IRA ni Adams pero con Otegi y ETA, más Arzalluz, Ibarretxe y compañía, es obvio que la experiencia norirlandesa apenas tiene posibilidades de imitación provechosa para resolver la ecuación vasca.

Por lo demás, no exageremos la importancia del proceso público de paz. Notemos el efecto del giro de la situación mundial tras el 11-S. Tras la masiva movilización antiterrorista de la opinión pública de Estados Unidos, donde viven unos treinta millones de descendientes de irlandeses, el IRA -algunos de cuyos militantes han sido pillados in fraganti entrenando a guerrilleros colombianos- habrá entendido el riesgo de caer del lado equivocado de la línea, ese en el que ETA sigue anclada. El desarme del IRA ha sido la consecuencia de la presión permanente de los partidos y gobiernos de Londres, Dublín y Washington. Una típica política de garrote y zanahoria.

El IRA parece haber elegido, al menos, la respetabilidad histórica de quien reconoce la derrota y se retira a tiempo. El juego de inversiones en campo vasco permanece, porque aquí la ulsterización no traería la paz, sino auténtica guerra civil. Puede que, entonces, un eusko-Stormont la cerrara con la devolución a las diputaciones forales de sus viejas y venerables competencias. Y con el reconocimiento de que, si algún día una mayoría cualificada de nacionalistas vascos reclamara pacíficamente unir a las tres provincias en una comunidad política, se estudiaría las posibilidades de la petición. Todo a la irlandesa.

El proceso de paz en el Ulster tiene todavía muchas trampas que salvar: los grupos unionistas o las escisiones del IRA contrarias al desarme, y el terrible odio sectario. Hay que desearle lo mejor. Sin duda tiene mucho que enseñarnos, y mucho más que aprenderemos estos días.

Eta No Esta En Condiciones De Exigir Nada A Nadie
Editorial El Mundo 25 Octubre 2001

Aunque nacionalistas y no nacionalistas coinciden en que la situación del País Vasco no es comparable con la del Ulster, la decisión del IRA de iniciar la entrega de sus armas ha suscitado un intenso debate en nuestro país sobre una hipotética tregua de ETA.

Ayer, destacados dirigentes del PNV, de EA y de Batasuna reclamaron al Gobierno el comienzo de una negociación política sobre el conflicto vasco como condición para que la banda terrorista deponga las armas o acepte una nueva tregua. Arnaldo Otegi coincidió con Anasagasti en responsabilizar al «inmovilismo» del Gobierno de la ruptura de la anterior tregua.

Los nacionalistas argumentan que la paz en Irlanda ha sido posible gracias a la flexibilidad mostrada por el Gobierno británico, que aceptó negociar con el Sinn Fein, brazo político del IRA, y, más tarde, firmar los acuerdos de Stormont.

Redondo Terreros respondió que ETA es la única banda terrorista que queda en Europa y Mariano Rajoy pidió al PNV apoyo a las medidas internacionales que se están adoptando. Las dos formaciones no nacionalistas consideran que no se puede pagar un precio político por la paz, lo que equivaldría a ceder al chantaje de los asesinos.

Lo sucedido en el proceso de paz en el Ulster avala las tesis de Redondo y Rajoy, ya que el IRA acordó un alto el fuego en 1997, que ha mantenido hasta hoy a pesar de todos los avances y retrocesos en la negociación entre los partidos de Stormont.En nuestro país, ETA decidió unilateralmente volver a matar tras lo que consideraba un insuficiente progreso en relación a las quiméricas exigencias que planteaba.

El argumento fundamental que asiste a los partidos que defienden el actual marco constitucional es que el Estatuto de Gernika ofrece una autonomía al País Vasco muy superior a la de los acuerdos de Stormont, bloqueados por la mayoría protestante ante la negativa, ahora superada, del IRA a entregar las armas.

John Hume, líder católico moderado y Nobel de la Paz, declara hoy a EL MUNDO que la convivencia en el País Vasco sólo será posible si ETA deja de matar. Esta es la gran cuestión. Cualquier futura solución requiere que la banda terrorista imite lo que ha hecho el IRA porque no es posible negociar nada cuando una de las partes juega con la ventaja del tiro en la nuca.

ETA tiene ante sí probablemente su última oportunidad. Sin las complicidades ni los santuarios de los que ha disfrutado en el pasado, los dirigentes de la banda se enfrentan al mismo destino que Gadafi, el asesino sanguinario que será muy probablemente extraditado temporalmente por Francia. Ha llegado la hora del adiós. Ni política ni moralmente ETA está en situación de exigir nada. Debe deponer las armas y, todo lo más, negociar la forma de su entrega.

Debate tramposo
Editorial ABC 25 Octubre 2001

El estado actual de la política vasca reduce las expectativas del pleno sobre autogobierno, que hoy se celebra en el Parlamento vasco, a la ratificación de las discrepancias entre nacionalistas y no nacionalistas. Las últimas declaraciones de los dirigentes del PNV no dejan lugar a un mínimo margen de entendimiento y frustran el debate. Por lo pronto, ETA sigue sin existir para el PNV como un factor condicionante de la vida de la mitad de los vascos. Con esta premisa, el diagnóstico nacionalista sobre la realidad vasca, y sus efectos políticos, son inasumibles por los no nacionalistas. La experiencia del primer pleno sobre pacificación y normalización política y los mensajes posteriores del Alderdi Eguna certifican que los debates de la Cámara planificados por Ibarretxe sirven exclusivamente a la estrategia nacionalista de crear el ambiente adecuado para la consulta sobre autodeterminación, más que al propósito real de ofrecer contenidos para un acuerdo común. Del Estatuto vasco se ha dicho que es una carta otorgada (Egibar) y que ya no es un punto de encuentro entre los vascos (Ibarretxe); además, el Parlamento de Vitoria no expresa fielmente la voluntad de los vascos y por eso es preciso consultarles directamente sobre el autogobierno y, ahora, sobre la existencia de ETA. Es evidente que los nacionalistas ya han hecho su debate sobre el autogobierno. Se trata de una política de relativización de las instituciones vascas, pero también de la conciencia ética de los ciudadanos, pues sólo a quien duda de la ilegitimidad absoluta del terrorismo se le ocurre consultar a una sociedad sobre la conveniencia de que desaparezca una organización terrorista.

Pero como la táctica manda, el pleno de hoy viene precedido de un argumento ad hoc que, con los antecedentes vistos, suena incoherente en boca de Ibarretxe. El lendakari habla de regresión estatutaria al referirse a la política de Aznar, lo que encierra el doble falso mensaje de que el PNV apuesta por el Estatuto y que es Madrid el que impide no sólo el pleno de su desarrollo, sino también el mantenimiento de los actuales niveles competenciales de la Autonomía vasca. De esta forma, podrán decir los nacionalistas que la consulta sobre autodeterminación sería la consecuencia inevitable de la política del Gobierno central. La dificultad del acuerdo en torno a la resolución que hoy proponga Ibarretxe a los grupos radicará no tanto en la letra del documento -que será lo suficientemente ambigua para tentar al PSE y dejar aislado al PP- cuanto en la trayectoria real del nacionalismo, que tiene un objetivo predeterminado e inaccesible a la transacción política con los no nacionalistas. Ese objetivo, la ruptura del marco estatutario y, por tanto, constitucional, excluye de raíz cualquier acuerdo con el PP y debería hacerlo también con el PSE.

Conocidos y verdugos
Pablo PLANAS ABC 25 Octubre 2001

Hay gestos cotidianos que matan. Cuando López de Lacalle iba a comprar los periódicos, un domingo como otros, un pistolero de ETA le descerrajó varios disparos por la espalda. En ese magma vasco, creer que el asesino conocía personalmente a su víctima no es descabellado. Sólo una de tantas atrocidades. En Azcoitia resiste todavía Pilar Elías, la única edil del PP. Esta mujer es viuda. A su marido, Ramón Baglietto, lo mató un etarra que le conocía perfectamente, de sobra. De hecho, Baglietto le había salvado la vida en una vieja historia que ya es casi un mito. Un crío iba a cruzar la carretera cuando pasaba un camión. Baglietto, un viejo carlista, como la familia Arzalluz, se lanzó a por el muchacho y lo rescató de la muerte. A la vuelta de los años, ese niño mató a un concejal «enemigo». Era el marido de Pilar Elías. Así y a fuerza de temporizadores se ha construido una historia universal de la ignominia que, de espaldas a la historia, amenaza con más capítulos. ETA renueva a sus asesinos en Madrid y un profesor universitario charla con su verdugo. ¡Cómo! Como ocurren estas cosas en el castigado y brumoso norte. Camina bajo unos soportales de su ciudad Mikel Iriondo, profesor universitario, constitucionalista, miembro de ¡Basta ya!, y se cruza con un vecino de toda la vida, quizá un nacionalista radical, pero el clima es un buen pretexto para no entrar en honduras políticas. Charlan en euskera y se despiden con un «agur». ¿El último adiós? Al cabo de unos días, la Policía desarticula el «comando Zuhatza (árbol)» y ahí está, entre conocidos de vista y saludados, ese convecino, y entre los papeles de los matarifes, el nombre de Iriondo, sus hábitos, sus horarios, la condena a muerte. Como en el gueto de Varsovia, como en el Berlín judío, la muerte en el País Vasco puede depender de un mal día. Te cruzas con un conocido y hasta puede que llegues a tomar un vino con él. Tal vez sólo pasen unas pocas horas entre una conversación sobre el otoño de las setas y la «ejecución». Quizá decir que el muerto conocía a su víctima sólo añada más morbo al cuerpo tendido. Iriondo dice que la vida continúa. Está vivo y ya sabe algo más de un conocido.

Eta se queda sola en Europa
El resto de grupos terroristas que existían han depuesto las armas en los últimos años
El anuncio de desarme hecho público por el IRA ha dejado a Eta sola en el panorama europeo como única banda terrorista que persigue sus objetivos a través de la violencia armada. Muchos otros grupos de este tipo, como el IRA, también han abandonado las armas en los últimos años.
Redacción - Madrid.- La Razón 25 Octubre 2001

En los últimos 20 años, numerosos grupos terroristas que habían surgido en Europa, como las Brigadas Rojas en Italia, Baader-Meinhof en Alemania o Acción Directa en Francia, han ido progresivamente disminuyendo, hasta hacerla desaparecer, su actividad armada, dejando solas en este aspecto al IRA y a Eta. Sin embargo, el anuncio hecho el martes por el Ejército Republicano Irlandés de que ha comenzado su desarme para salvar el proceso de paz en Irlanda del Norte ha colocado en una situación más que comprometida a los activistas de la banda independentista vasca. «Eta es la gran aludida», ha dicho el ex ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, no sin razón. El «gran espejo» en el que se mira la banda para seguir con su lucha armada no refleja ya ni asesinatos ni coches bomba, sino que ha despuesto las armas, como está sucediendo también con otros grupos terroristas euro- peos con aspiraciones independentistas. En Francia, por ejemplo, el Frente de Liberación Nacional Corso (FLNC) y la Armatta Corsa, los dos grupos terroristas de Córcega, mantienen una tregua desde hace dos años (sólo rota con eventuales enfrentamientos entre los propios activistas de la banda) mientras los políticos discuten en París el grado de autonomía para la isla.

Pero también otras organizaciones que no tenían fines independentistas, sobre todo inclinadas a la extrema izquierda, y que campaban a sus anchas por Europa hace décadas han arrojado la toalla ante el agotamiento inútil que suponía el empleo de la violencia. Los últimos grupúsculos de la Baader-Meinhof, banda terrorista alemana de tendencia anarquista, dejaron las armas en 1998 después de 28 años y más de 30 asesinatos ante la inutilidad de su lucha. Este grupo había sufrido ya antes un duro golpe con el encarcelamiento de sus dos principales dirigentes, Andreas Baader y Ulrike Meinhof en 1975. Ambos aparecieron, junto con otros activistas, muertos en sus celdas con un disparo en la cabeza en lo que se presumió fueron suicidios en cadena, aunque este aspecto nunca quedó claro.

Otra de las principales bandas que aterrorizaron a los ciudadanos con sus acciones y que han desaparecido son las Brigadas Rojas. Este grupo terrorista, que surgió del Colectivo Metropolitano de Milán, fundado por estudiantes y trabajadores opuestos a la política conciliadora del Partido Comunista, perpetró una intensa campaña de atentados en la década de los 70 en Italia dirigida a desestabilizar la actividad política en el país transalpino. Su acción de mayor repercusión fue, sin duda, el secuestro y asesinato del entonces primer ministro italiano, Aldo Moro, en el año 1978.

Desde ese momento, la presión policial sobre este grupo se hizo cada vez más intensa, conduciendo a la detención de sus cabecillas, lo que hirió de muerte, ya en la década de los ochenta, a la banda, que había perdido prácticamente todas las simpatías y apoyo social del que había gozado. Aunque en 1998 volviese a asumir la autoría de la muerte de Massimo D´Antona, consejero del Ministerio de Trabajo.

Pastor de lobos
Por Jaime CAMPMANY ABC 25 Octubre 2001

En vez de sumergirse en el tedio de las cifras de los Presupuestos Generales, potro de tortura para políticos, José María Aznar leía en su escaño del Congreso zéjeles y casidas en edición bilingüe, árabe y castellano. Toda precaución es poca, y en este tiempo de talibarbarie y guerra bacteriológica no viene mal bañarse de lirismo en los versos divinos de Ben Hazam o en los versículos espirituales de Ibn Arabí, el murciano, a cuya tumba en Damasco peregrinan los musulmanes como los cristianos a la de Santiago Apóstol. Aznar atraviesa una etapa de devoción poética, y la poesía arábiga ayuda a liberarse del síndrome Berlusconi y Oriana Fallaci. Claro está que los polvos del carbunco causan espanto, pero claro está también que aquí y ahora, más que al ántrax, debemos temer al tiro en la nuca y a las bombas de los etarras.

En contra de lo que algunos dicen, los musulmanes están mucho más adelantados que nosotros en el arte terrible de la guerra. Los talibanes afganos de Ben Laden utilizan como armas de guerra las bacterias y los grandes aviones de pasajeros, mientras que los terroristas vascos de Arzalluz utilizan el coche-bomba y la bicicleta-bomba, que se conoce que aún no han inventado la aviación. Hay que reconocer que desde el punto de vista del fanatismo religioso, los islamitas mean mucho más alto que los etarras, porque los primeros profesan el terrorismo en nombre de Alá y los etarras lo practican con la bendición del obispo Setién. Siempre hay jerarquías, incluso en los fanatismos, y además hay que reconocer que el Corán es mucho más espiritual y pacífico que las homilías y declaraciones del obispo Setién.

Ya ha vuelto el obispo donde solía y ahora se ha puesto a hacer distinciones escolásticas entre terrorismos, el «externo», que es perverso, y el «interno», que es justificable. Es una manera de bendecir a los etarras, porque matan para defender lo que creen justo. Y además añade que no es lícito acabar con el terrorismo por todos los medios. O sea, resulta fácil interpretar que con el terrorismo hay que acabar con el «diálogo» y con soluciones «políticas», es decir, pasando por el aro. Los irlandeses del «Ira» abandonan su costumbre de matar y entregan las armas. «Eta» se queda sola en Europa como ejército del terror, y el obispo Setién acude enseguida para justificar su existencia y para impedir que sea considerado como lo que es: un terrorismo más, igual a todos los otros.

Alguna corrección merecería Setién desde los superiores órganos de la Iglesia. Podrían tenerlo apartado en algún lugar escondido para facilitarle una larga y solitaria meditación. Deberían hacer con él lo que han hecho con Milingo. Pero la Conferencia Episcopal acaba de lavarse las manos, no se sabe bien si en el «lavabo inter innocentes manus meas» o en la palangana de Poncio Pilatos. La Conferencia Episcopal ha aclarado que el obispo Setién ha hecho sus declaraciones a título personal y sin consultar con la Conferencia. Pues, hombre, no iba a hacer esas declaraciones, ni ningunas otras, en nombre de la Conferencia Episcopal, de la Congregación de la Fe, del Santo Padre, del Sínodo de los Obispos o del Espíritu Santo. También Milingo se casó con la gordita a título personal.

Las palabras de Setién, que es un cura trabucaire y levantisco, merecen una aclaración diáfana y definitiva de la Conferencia o del Vaticano. Se ha dicho alguna vez que es un pastor de ovejas negras. No. Es un pastor de lobos. Está siempre a favor de Caín con desprecio hacia Abel. Justifica y ampara a los cainitas, y sólo sale de su retiro para alentar a la manada de alimañas con argumentos falaces y palabras equívocas. Predica canallescamente el quinto mandamiento. Mete a Dios en la política como Judas y es un heterodoxo de la caridad. Anatema.

El desarme de Eta
Editorial La Razón 25 Octubre 2001

La decisión del Ejército Republicano Irlandés (IRA) de desmantelar sus arsenales de armas y explosivos ha llevado de inmediato los focos sobre la actitud de Eta, al quedar ésta como la única banda terrorista de alta peligrosidad que queda activa en Europa Occidental. La coincidencia entre los partidos españoles, incluso los nacionalistas, es que Eta debería seguir los pasos del IRA; aunque, naturalmente, hay notables matices sobre las posibilidades y las consecuencias de este presunto desarme. Mientras, los terroristas españoles se mantenían en silencio y sus socios políticos se movían en la más absoluta perplejidad, sin saber si apoyar una solución similar para Eta (como hizo el brazo político del IRA, el Sinn Fein, para Irlanda) o si esperar a que los propietarios de las pistolas les den antes instrucciones sobre lo que van a hacer con ellas.

Es obvio que hay muchas diferencias entre IRA y Eta. En primer lugar, en el peso de su portavoz «político», Gerry Adams, que cuenta con poder de decisión dentro de esa estructura terrorista. En España, su contraparte Arnaldo Otegui no juega más que un papel patético de recadero de otros. Si éstos no quieren hablar, o no le dan instrucciones, difícilmente nos enteraremos de lo que piensan. Pero hay muchas más diferencias. Por ejemplo, que en el caso norirlandés, el verdadero peso del separatismo antiestatal está, precisamente, en el complejo terrorista en torno al IRA, mientras que en España está distribuido en dos sectores: por un lado, los propios terroristas, mientras que a su lado, con los mismos objetivos independentistas, pero diferente metodología (democrática y no terrorista), el PNV.

Ello complica enormemente las cosas, porque lo que en Irlanda se plantea como un proceso de paz entre bandos enfrentados, con iguales métodos terroristas, entre el IRA y los unionistas, en España se plantea como el ejercicio de un terrorismo contra el Estado sin un bando contrario con el que se pueda llegar a un acuerdo de paz. Allí hay guerra con procedimientos terroristas; aquí hay terrorismo sin guerra.

De ahí que Eta no sepa si le conviene dejar o no las armas. Porque, si lo hace, no es que tema al Estado: teme que su peso quede difuminado por el PNV, que compite con el mundo proetarra en llevar la dirección del proceso independentista al que aspira.

Mientras, el PNV plantea su deseo de que Eta deje las armas. Y, sin duda, creemos en esta buena voluntad. Pero simultáneamente mantiene su táctica de dejar la mejor salida posible a los terroristas, como se ha demostrado al conocerse la valiente denuncia del presidente de México, Vicente Fox, de que el PNV presionó a su Gobierno para que no entregara a los etarras que allí viven.
En estas condiciones, la exigencia de que Eta se desarme puede ser utópica. Pero tal vez no imposible. Quizá llegue algún día a enterarse de que el 11 de septiembre realmente existió.

Voluntad de no matar y diálogo
Agustín de GRADO La Razón 25 Octubre 2001

Cuando el terrorista del IRA que Daniel Day-Lewis interpreta en la película «The boxer» abandona la cárcel, regresa a su deprimido barrio en Belsfast, dominado por el fundamentalismo nacionalista. Lo hace para dar de nuevo la batalla por los suyos. Y monta una escuela de boxeo donde los chavales, católicos y protestantes, aprenden a pelearse dentro de unas reglas. Velada tras velada, el destartalado gimnasio se convierte en un centro de convivencia que devuelve al barrio la esperanza de que algún día la paz será posible. Un coche-bomba colocado por sus antiguos compañeros del IRA acaba con el sueño.

Después de 30 años de lucha armada, el IRA, ahora sí, ha decidido subirse al cuadrilátero que los partidos norirlandeses acordaron poner en pie el Viernes Santo de 1998. Aceptar el combate dentro de las reglas democráticas. Esta histórica decisión es la que deja a ETA y a Arzallus en evidencia. El IRA mantiene y defiende sus objetivos de una Irlanda unida, pero renuncia a imponerlos mediante el tiro en la nuca. Destruye su arsenal sin esperar a que la autodeterminación del Ulster sea un hecho. Aparca sus dogmas para dar paso a la paz.

Es cierto que al IRA el chantaje de la entrega de las armas se le había agotado después del 11 de septiembre, cuando su principal valedor en el mundo fue víctima de un ataque terrorista; no lo es menos que también llevaba más de tres años sin cometer un atentado. La diferencia entre los procesos de paz en Irlanda del Norte y el País Vasco no es el diálogo entre el Gobierno y los terroristas, como quieren hacernos creer, sino la voluntad de los que matan para dejar de hacerlo. Mientras allí los radicales emprendieron hace años un camino hacia la moderación, aquí el nacionalismo democrático optó por el contrario, rompió con los constitucionalistas y se echó al monte de la mano del integrismo abertzale.

Sin la amenaza terrorista, el Ulster recupera el Gobierno autónomo con las competencias para organizar la convivencia en la provincia (incluso con algún ministro que hace años líderó a los terroristas), tendrá una policía propia y el Ejército británico dejará de patrullar sus calles. Son las condiciones que, a juicio de Blair, permiten a Irlanda del Norte entrar en una nueva era. Son todas ellas condiciones que disfruta el País Vasco desde hace más de 20 años. Salvo una: que ETA sigue matando.

Correo irlandés
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 25 Octubre 2001

Aunque el desarme real del IRA habrá que verlo terminado y aunque seguramente habrá ramas y esquejes del terrorismo católico y protestante que retoñen con la furia del vencido, parece claro que el 11 de Septiembre ha terminado con el santuario político financiero irlandés en Estados Unidos, así que Gerry Adams ordenó a Adams Gerry destruir al menos el escaparate del arsenal y pasar a la historia como Espartero, o sea, El pacificador. Lo importante no es sólo el hecho en sí sino el proceso en que se inserta y los datos que suministra sobre la lucha contra el terrorismo en las sociedades occidentales. Nada será igual tras comprobar que Arcadia, capital Washington, puede ser la indefensa víctima del peor ataque terrorista de la Historia Moderna.

Como muchas veces hemos dicho que la situación vasca nada tenía que ver con la irlandesa, tampoco es cuestión de desdecirse ahora y aprovechar que el Pisuerga pasa por Belfast. La mejor prueba de que son casos distintos es que los etarras no imitan a los provisionales del IRA y los del PNV ya no proclaman la semejanza entre ambos irredentismos. Sin embargo, hay un hecho que sí va en contra de la pervivencia de ETA, al margen del efecto que el desarme y probable autodisolución del IRA pueda tener en las factorías criminales del separatismo vasco: la crisis del correo en los USA por culpa del terrorismo biológico. Es la demostración de que la sociedad norteamericana y no sólo ella va a seguir padeciendo ataques terroristas del más despiadado y refinado salvajismo. Está en la naturaleza del fundamentalismo islámico y de sus matarifes, de forma que, como bien avisaron Bush y sus ministros, esta guerra va para largo. Pero es una guerra.Y en ella, tanto el IRA como ETA están del lado del hijo de Laden.Los irlandeses ya han acusado recibo de esa carta con carbunco estratégico. Los etarras deben tenerla ya en el correo.

A primera vista, la monumental fechoría del hijo de Laden y sus talibanes es un acicate para terroristas de toda laya. Maldad, conjuras, secreto, sangre, espectáculo, martirologio y erostratismo con producción hollywoodiense... Lo tiene todo para encandilar malvados con ínfulas políticas. Pero la política tiene que pasar la prueba del algodón de la realidad y es difícil que el Occidente real se deje matar por estos costrosos resentidos ni, lo más importante, que se deje suicidar a manos de sus propios enemigos internos, empezando por esos perioterroristas que se niegan a llamar terrorismo al terrorismo, prueba de lo terroristas que son. Vencer a España es muy difícil para ETA y Arzalluz; vencer a los USA, imposible. Eso también lo trae el correo, aunque los nacionalistas vascos se nieguen a leerlo. Pero se enterarán.

Humillados por Ben Laden
Iñaki EZKERRA La Razón 25 Octubre 2001

No sólo han sido los americanos los humillados por el atentado de las Torres Gemelas. Hay otros grandes humillados que ni siquiera están del lado de los americanos curiosamente y que hasta se fingen aliados del terror fundamentalista para disimular. Me refiero a Eta y a su mundo, a su submundo. El estacazo que ha supuesto la figura de Ben Laden para el narcisismo etarra y su terrorismo de tercera regional sólo es comparable a la humillación que supone para el PNV y para todo el nacionalismo no ser, por culpa de esta guerra, el centro de la atención ni internacional ni nacional ni vecinal siquiera.

Ya puede montar conferencias de paz Jonan Fernández. Ya puede esquivar en esas conferencias la cuestión terrorista, que ¬se suponía¬ era la que iba a tratarse. Ya puede reemplazar esa cuestión por la de la autodeterminación para intentar llevarse a algún infeliz al huerto. Ya puede llevarse al huerto, en efecto, a Elorza y Eguiguren, que esta guerra los barre a todos en el guiñol mediático. Ya puede el PNV intentar chupar cámara amenazando con estrambóticos referendos. Lo que de verdad le interesa al personal no son las bombas de Eta sino las de Bush sobre Afganistán, no es el terrorismo sino el bioterrorismo. El ántrax no es sólo mortal para los carteros neoyorquinos sino también para el nacionalismo vasco.

Por de pronto se ha demostrado que no existe el «problema vasco». Un problema que desaparece de repente no es un problema o es un falso problema. Aquí el único problema auténtico es el de cuatro gatos que hacen como que ese problema existe con la ayuda de algún antropólogo que los ha ascendido a objeto de estudio. Alguna vez he comparado el narcisismo abertzale con el orgullo del simio que se sabe estudiado y se siente problemático. También podría hablarse de «la coquetería del germen». Está demostrado científicamente que los gérmenes aceleran su ritmo de crecimiento y reproducción cuando están siendo observados en el laboratorio. La mirada humana, el calor del microscopio los estimulan.

Esa mirada y ese calor son los que ha empezado a echar de menos el nacionalismo por culpa de Ben Laden. De ahí que intente llamar desesperadamente la atención de los medios de comunicación y lance órdagos sin precedentes. De ahí que Ibarretxe desafíe a la legalidad constitucional prometiendo una consultilla casera sobre la autodeterminación y que Arzalluz proponga otra sobre si Eta debe desaparecer, que convertiría en relativos y «opinables» los Derechos Humanos y sería en todo equivalente a un referéndum en el que se votara «Auschwitz sí, Auschwitz, no». Asistimos al despecho de los gérmenes.

Dos lenguajes
JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA El Correo 25 Octubre 2001

No es previsible que en el pleno parlamentario que hoy se celebra en Vitoria sobre autogobierno se alcancen acuerdos de gran calado político. Sí es, en cambio, probable que, más allá de los acuerdos procedimentales que pudieran alcanzarse, se ahonde aún más el foso que divide a la mayoría gubernamental del resto de los partidos. Cabría pensar que esta incapacidad de extender los acuerdos de fondo más allá de la mayoría que uno ya ostenta se debe a que la legítima dialéctica gobierno-oposición ha contaminado también a una materia que debería mantenerse inmune a ella: la de los consensos básicos sobre los que se asientan y se hacen políticamente manejables las discrepancias. Si así fuera, la situación podría reconducirse con un poco de cordura por parte de todos.

La cosa parece, sin embargo, más compleja. Uno tiene la impresión de que el desencuentro que desde hace algún tiempo se ha instalado en la política vasca y que tiene todos los visos de agravarse en el futuro guarda relación con los dos tipos de lenguaje que las partes emplean en sus respectivos discursos y que discurren, como las líneas paralelas, sin esperanza de encontrarse. Se produce así un diálogo de sordos. A la hora de articular su discurso y sus propuestas, el nacionalismo se atrinchera en una especie de iusnaturalismo en el que el derecho positivo puede ser siempre cuestionado mediante la apelación a otros derechos, los llamados naturales, que se encontrarían disponibles al margen de la historia y de las leyes, y serían superiores a cualquier ordenamiento jurídico. Es el lenguaje que se expresa en el «todo cabe en democracia», «qué hay de malo en consultar al pueblo», «las leyes no pueden anteponerse a la voluntad popular» o «la Constitución se ha convertido en una cárcel de naciones».

Frente a este lenguaje, tan fácilmente comprensible para el pueblo como comprensible le resulta cualquier populismo, al constitucionalismo le ha tocado, por así decirlo, bailar con la más fea: la defensa de algo tan impopular y tan poco populista como la Ley. Se ve obligado a recordar que no hay ejercicio productivo de la democracia sin un procedimiento establecido que la regule y que la Ley o el derecho positivo no es coacción de la voluntad popular, sino, por el contrario, la voluntad popular misma, sólo que hecha gestionable y puesta a disposición de la política.

De este modo, el lenguaje adanista de quienes pretenden que el pueblo funda, libre de toda traba, su propio futuro en cada momento de la historia se contrapone al más modesto de quienes piensan que los compromisos libremente contraídos en el pasado han de ser tenidos en cuenta y respetados en las decisiones que se adopten de cara al futuro. Los unos hacen teodicea y los otros, mal que bien, tratan de hacer política. Difícil ponerse de acuerdo, cuando se hablan tan distintos lenguajes.

Setién y la conferencia
Por Ramón PI ABC 25 Octubre 2001

Es muy dudoso que la Conferencia Episcopal vaya a contradecir los puntos de vista del obispo dimisionario de San Sebastián, José María Setién. Casi estoy por afirmar que, oficialmente, desde la madrileña calle de Añastro, donde la Conferencia tiene su sede, no saldrá ningún comunicado formal llevándole la contraria. Y eso no sucederá por dos razones principales: la primera es que la Conferencia Episcopal no tiene jurisdicción sobre los obispos, no es una instancia superior, como lo sería el Tribunal Supremo respecto de una Audiencia Provincial, o la Comisión Ejecutiva Federal del PSOE respecto de un secretario provincial. Es otra cosa, cuya doctrina, por cierto, está en parte «in fieri», elaborándose desde el Concilio Vaticano II hasta ahora mismo en el Sínodo que se celebra estos días en Roma.

La segunda razón es más práctica: Setién dice lo que dice sugiriendo más que afirmando, dando a entender más que comprometiéndose, de forma que, mientras la literalidad de sus palabras significa una cosa, el mensaje oblicuo profundo, que es el que la gente capta, resulta exactamente el contrario. Eso lo puedo decir yo, pero no la Conferencia como tal. Y como yo puedo decir cosas que la Conferencia Episcopal no puede, paso a decirlas a continuación.

Monseñor José María Setién es independentista. Está en su derecho de serlo, porque ser independentista no es inmoral en sí mismo, sino moralmente indiferente sobre el papel. Otra cosa es que sea, atendidas las circunstancias concretas de cada caso, políticamente inconveniente o racionalmente necio ser independentista. Por ejemplo, si para ser independentista hay que falsificar la historia, inventarse un escudo, una bandera, una lengua que unifique varias hablas ininteligibles entre sí, y con todo este potaje asegurar que existe una nación, a mí me parece que eso es, por lo menos, una mamarrachada intelectual. Y según cómo se traduzca en la práctica esta majadería, puede llegar a ser una imprudencia grave que ya tendría que ver con la moral, y de qué manera, si este modo de pensar condujera a otros a creer que se está justificando el asesinato como arma política. Y si, encima, uno es obispo, aunque sea dimisionario, e induce a otros a creer que la Iglesia está desplazando de los asesinos a sus víctimas la responsabilidad de los crímenes, entonces creo que estaríamos ante un caso de escándalo muy serio. Pero todo eso, como digo, la Conferencia Episcopal no lo dirá, aunque más de un obispo lo piense.

Los efectos de la piedra arrojada
Julián LAGO La Razón 25 Octubre 2001

Una piedra lanzada sobre el agua expande una serie de círculos concéntricos, cuyo alcance está en relación directa no solamente con el peso de la misma, sino también con la fuerza con que se lanza y con la zona concreta bajo la que se sumerge: las aguas agitadas siempre desdibujan la geometría de las ondas.

Los atentados del 11 de septiembre era la piedra lanzada por Ben Laden y los círculos concéntricos posteriores, los efectos desencadenados por el terrorismo fundamentalista. No parecía necesario ser profeta para intuir las consecuencias globalizadoras derivadas de aquellos sucesos. El anunciado precinto de las armas del IRA constituye un efecto de los círculos concéntricos referidos.

A nadie puede pasar inadvertido el soporte, tanto financiero como sentimental, que la inmigración irlandesa de Estados Unidos ha aportado a la violencia del IRA: eran sus círculos concéntricos. Ahora, los atentados contra la primera potencia del mundo han abierto una decisiva etapa en la pacificación del Ulster, hasta el momento interrumpida por los movimientos subterráneos de las aguas.

En un intento torticero de homologarle con la violencia irlandesa, el terrorismo etarra primero y el radicalismo nacionalista vasco después recurrían al Ulster como referente del llamado proceso de pacificación vasco.
La comparación de ambas realidades resulta en sí misma aberrante, tanto histórica como políticamente, ya que causas, génesis y situaciones se parecen tanto como un huevo a una castaña.

Para sí quisiera el independentismo irlandés, que tanta sangre ha derramado, gozar de los techos de autogobierno de que disfruta el Ejecutivo de Ajuria Enea.

Al igual que la poderosísima comunidad irlandesa en Estados Unidos, el influyente nacionalismo vasco antes o después, más pronto que tarde, habrá de revisar también su coartada romántica, cuyas consecuencias sin duda han facilitado argumentos ideológicos a la banda terrorista vasca.

Porque, por mucho que predique monseñor Setién lo contrario, la esencia de los terrorismos, de todos los terrorismos, del etarra también, es la misma por su propia naturaleza criminal. Lo adjetivo nacionalista o fundamentalista, no puede justificar pues, en ningún caso, las prácticas del asesinato, la extorsión y el terror, es decir, lo sustantivo de Eta.

Los círculos concéntricos del pasado 11 de septiembre han llegado, ya, hasta Euskadi. Las aguas subterráneas del soberanismo no podrán, por mucho más tiempo, impedir los efectos de la piedra arrojada.

Operación combinada
Lorenzo CONTRERAS La Razón 25 Octubre 2001

El IRA dice adiós a las armas. E Irlanda, en consecuencia, si no surgen inesperados retrocesos en la etapa que acaba de abrirse, acaricia la paz. Eta no dice adiós a nada que no sea lo de siempre y, por tanto, el País Vasco continúa inmerso en su pesadilla y con él, por irradiación del fenómeno, el conjunto de España.
Siempre se dijo, con lógica, que la situación irlandesa y la vasca no eran comparables. Ahora, sin embargo, empieza a circular la teoría de que las dos situaciones deben encontrar desenlaces parecidos. Si el 11 de septiembre norteamericano ha proscrito todos los terrorismos, también el etarra, como el del IRA, entran en la misma categoría de «fórmulas» a extinguir.

Sin embargo, esa analogía puede no funcionar. Los irlandeses independentistas, en cuanto organización armada, han dependido demasiado del patrocinio estadounidense por simpatías «aborígenes». No consta, en cambio, que los independentistas vascos radicales o abertzales, dependan de parecidos apoyos exteriores. Es cierto que Washington tiene además ascendiente moral y político sobre el Sinn Fein, la matriz más que el brazo político del IRA.

Pero no hay rastro visible de ninguna influencia exterior eficaz sobre ninguna de las «extensiones» civiles del terrorismo etarra. Si alguna organización vasca está en condiciones de mostrarse mínimamente operativa en la inspiración de un proceso de paz, ese sería el PNV si jugara a ser parte sensible de la democracia española o, como los propios nacionalistas dicen, del Estado español. Pero no juega.

Hay además otro factor fundamental en la diferenciación de los dos conflictos. El Sinn Fein manda en el IRA. Eta manda en Batasuna y las restantes organizaciones afines. El Sinn Fein, como resultado de su propia prioridad, tiene un Gerry Adams, al igual que en su día tuvo un Collins o un De Valera. Batasuna carece de nadie que se pueda comparar a tales líderes. El Sinn Fein ha podido contar, sin grandes evidencias, con eclesiásticos componedores. Batasuna, y más concretamente Eta, han tenido cerca al máximo descomponedor, monseñor Setién, con toda una cohorte de auxiliares con mitra y sin mitra. Justo lo que Eta quería.

Arzallus se ha visto una vez más en su papel. No necesita que lo vean, aunque sea así, sino que él mismo palpa y valora su mesianismo. Y a decir verdad, si hay algún Gerry Adams vasco, aunque sea a título de préstamo o de intrusismo, ese es Arzallus. Cuando propone un referéndum sobre el futuro de Eta, en realidad busca el camino de su legitimación, y la cuantificación directa de los apoyos populares de la banda en un mundo vasco que no votaría libremente. No es casualidad que Setién establezca la distinción moral entre la banda terrorista y otros terrorismos. Se trata de una operación combinada.

ETA, globalizada
EMILIO LAMO DE ESPINOSA El País 25 Octubre 2001

 La opinión pública occidental, y muy especialmente la anglosajona, estaba habituada a contemplar el fenómeno del terrorismo vasco a través del filtro del irlandés. La comparación entre ETA y el IRA ha sido constante y así la expresión 'separatistas vascos' ha sido usual en la prensa inglesa y estadounidense. Cierto que no se hablaba de 'luchadores por la libertad', pero la mención al carácter 'terrorista' de ETA era marginada sistemáticamente. Por supuesto ese modo de aparecer le daba a ETA un plus notable de credibilidad internacional, que repercutía también en Europa y, sobre todo, en Latinoamérica Hay que reconocer que el Gobierno del PP ha hecho una excelente labor, iniciada hace años con la generosa colaboración del PSOE, para darle un vuelco a la imagen del terrorismo vasco en Europa.

Utilizando hábilmente las instituciones de la Unión se ha conseguido privar a ETA y su discurso de ese plus de credibilidad de que gozaba, y los apuros del PNV en Europa prueban que su comprensión hacia el terrorismo ya no era comprendida por sus socios políticos. Todo esto ocurría antes del 11 de septiembre, que le ha dado un vuelco a la actitud occidental hacia el terrorismo. Para empezar, y aunque Setien sigue manteniendo que hay excepciones al quinto mandamiento y matar no es siempre igualmente malo, la opinión pública mundial, sin duda bastante más cristiana que su prelado, ha aceptado la regla de oro de que los terrorismos no tienen adjetivos y todos ellos son formas de violencia inaceptables, sea cual fuere su motivación. Además, y puesto que la guerra contra el terrorismo es la legitimidad de la actual intervención armada en Afganistán, Estados Unidos consiguió que las Naciones Unidas aprobaran el 29 de septiembre pasado una importantísima resolución, la 1373, aprobada por unanimidad por los 189 países invocando el capítulo 7 de la Carta, lo que le da carácter imperativo, y que obliga a todos los países a colaborar en la lucha contra el terrorismo.

La resolución vino así a dar pleno respaldo a las reiteradas peticiones españolas a favor de una orden de detención europea y otras medidas de colaboración entre los países de la Unión. De este modo, al aislamiento en la opinión pública y en la legalidad internacional se suma el de la más efectiva legalidad europea. Todo ello tiene mucho que ver, por supuesto, con la petición que Gerry Adams formuló al IRA para que éste entregara las armas, y con la posterior aceptación de su solicitud. La noticia es pues muy bienvenida, no sólo porque abre el camino para la paz en Irlanda sino porque puede también abrirlo en Euskadi. ETA es hoy el único grupo terrorista de Europa. Y lo es en el peor momento posible.

La probabilidad de que ETA o cualquier grupo armado pueda conseguir sus objetivos por medios terroristas es hoy mucho menor que hace seis meses. La presión policial sobre ETA está dando frutos notables; su movilidad en Francia ha decrecido; el entramado financiero se complica; el aprovisionamiento y la logística pasan a ser problemas de enorme complejidad.

Puede que el actual silencio de ETA responda a dificultades internas o puede que sea sólo un movimiento táctico a la espera de que el furor antiterrorista amaine, pero es indudable que la organización está pasando por serias dificultades. A cuyo alivio acude solícito el talibán Arzalluz con la insólita sugerencia de celebrar un referéndum de autodeterminación si ETA no deja las armas, lo que es tanto como pedir el reparto de la riqueza si los ladrones no paran de robar. Propuesta vergonzante que trata después de corregir sugiriendo otro referéndum adicional, éste contra ETA, como si los vascos no estuvieran hartos de decir no a la violencia, un clamor que ha alcanzado a todo el mundo menos a este sujeto. Es hora de que no sólo Batasuna, sino el PNV todo, reconsidere su actitud hacia la violencia nacionalista. Pues puede que haya un contencioso político en Euskadi pero, hoy por hoy, ese contencioso se manifiesta sobre todo en la falta de libertades y, en definitiva, en la ausencia de democracia para la mitad de los vascos, esos que una y otra vez nos dicen que no se atreven a hablar de política en una sociedad supuestamente libre.

Distintos pero no distantes
Por Alberto Míguez Libertad Digital 25 Octubre 2001

Una lluvia de comentarios de diversa intención, tendencia y contenido acompañaron en las últimas horas las noticias llegadas del Ulster tras el anuncio de que el grupo terrorista IRA entregaba las armas (algo a lo que se había comprometido formalmente hace más de un año) y que el ejército británico desmantelaba algunas de sus instalaciones más simbólicas.

Todos los comentaristas coincidían en dos extremos: la situación en el País Vasco español es incomparable a la de Irlanda del Norte y cualquier homologación y paralelismo constituye un enorme disparate. Sería además disparatado comparar el grado de autonomía de que goza Euskadi con los mínimos ambicionados por los católicos del Ulster, que no alcanzarían, en el mejor de los casos, una décima parte de lo que consagra el Estatuto de Autonomía. Ya les gustaría a Gerry Adams y a sus amigos conseguir cotas parecidas.

ETA e IRA se parecen en sus métodos, en su crueldad y en su vesania. Creen o creían -porque las cosas han variado considerablemente- que sus objetivos eran alcanzables por la vía armada.

Como era de esperar el PNV y sus portavoces han cogido el rábano por las hojas y se han sacado de la manga la peregrina teoría de que el ya histórico Acuerdo de Viernes Santo consagra el principio de autodeterminación y que los habitantes del Ulster serán llamados a ejercerla en el futuro. Ignoro dónde han leído tan ilustres señores tal estupidez: desde luego no en el texto del Acuerdo.

Tal vez se lo inventaron. Los firmantes indican, eso sí, que el pueblo del Ulster viene ejerciendo a través de votaciones regulares y libres ese derecho. Y que en el futuro, repito, en el futuro y en caso de que la inmensa mayoría de los votantes deseara la unión con la República de Irlanda ésta podría concretarse y que para eso dicha República cambió algunos de los artículos de su Constitución.

La probabilidad de que tal mayoría llegase a concretarse por vía democrática resulta un tanto lejana porque nunca en los últimos veinte años los católicos republicanos ganaron una elección por mayoría y así se ha reflejado en la Cámara autónoma del Ulster.

Lo que sí parece evidente es que la entrega de las armas por parte del IRA constituye un ejemplo letal para ETA que se encuentra mucho más sola hoy en su empecinamiento criminal aunque cuente, eso sí, con la ayuda de su brazo político, Batasuna, y con la simpatía y solidaridad del PNV y demás compañeros de viaje.

Algunos peligros acechan todavía al proceso de paz en el Ulster y convendría no ocultarlos pese a la euforia actual. En primer lugar que los grupos disidentes y todavía más sanguinarios que la organización terrorista (el “IRA auténtico”, por ejemplo, que acaba de rechazar la entrega de las armas) sigan matando. Y que las bandas armadas protestantes hagan lo propio y no admitan, como también acaban de anunciar, homologar los métodos de sus antagonistas.

Queda por último una larga tarea de varias generaciones: reconciliar a una sociedad en práctica guerra civil desde hace muchos años, restañar unas heridas que todavía supuran. No es ése, desde luego, el caso del País Vasco español donde hay, qué duda cabe, antagonismos políticos, culturales y sociales importantes, pero no dos sociedades contrapuestas y enemigas, dispuestas a exterminarse mutuamente. También en esto Euskadi y el Ulster son distintas.

Torturas
MARTIN PRIETO El Mundo 25 Octubre 2001

Alguna vez he recordado como ejemplo de horror institucional la matanza por marinos de terroristas, o guerrilleros si les place, en el penal patagónico de Trelew. En aquella fusilada pereció el novio de mi mujer, Mariano Pujadas, uno de los dirigentes del trostkysta ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo). No bastó a los matarifes de la Armada, y sus compinches civiles de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) buscaron en Córdoba a la familia de Pujadas, incluidos los abuelos y hasta el gato, arrojándolos a un pozo donde echaron granadas. Mi esposa emprendió, como tantos argentinos de su generación, un viaje iniciático por Europa de más de un año y recaló en Estados Unidos para completar estudios de Medicina antes de regresar bajo unas juntas militares ya debilitadas por su éxito carnicero frente a los insurgentes, el aislamiento de la Administración Carter y su opulenta corrupción económica. Solemos rememorar aquellos años de arrabio en que fueron cayendo como naipes las dictaduras del Cono Sur. «¿Tú crees que esto es picana?», le pregunto sobre una fotografía dada por el vocero etarra Gara de una persona con un costado punteado como por una apretada viruela. «Sí». «¿Tú crees que en España le estamos dando picana a los preventivos de ETA?».«La tortura no es exclusiva del Tercer Mundo». Mala apertura mañanera del ordenador.

Ni Setién ni Arzalluz, hoy tan polémicos, han dicho algo sobre esta Iratxe Sorzabal picada por la electricidad en un costado. Sí ha sido motivo de duros enfrentamientos en ayuntamientos vascos a los gritos de torturadores contra asesinos y por acuerdos sobre los derechos humanos de los presos. Gara es tan fiable como el cristianismo del emérito Setién, y pueden haber trucado la imagen en la que no se ve la cabeza. Durante años los etarras capturados alegaban ante el juez malos tratos, por sistema. Luego apelaban a la Convención de Ginebra como si fueran soldados en una guerra declarada. Pero por lo general han tenido siempre lengua larga para confesar sus crímenes, sin necesidad de aprieto alguno, porque de nada te sirve ser edil de Azkoitia si luego te encuentran un coche bomba en tu garaje, o en tu casa o aguantadero hay Titadine para volar el edificio. Una comisaría de la Ertzaintza o un cuartelillo de la Guardia Civil no son la recepción de un hotel, pero todos entendemos lo que va del maltrato a la tortura.Esta degenera a la víctima, al verdugo y al que la contempla o sabe de ella sin repulsa. Desde el ministro del Interior al fiscal general del Estado, a los jueces de la Audiencia Nacional y a los médicos forenses, corresponde asegurar que aquí no se picanea a nadie y al menos denunciar por calumnias a toda la galaxia legal etarra. Por lo que se sepa en el futuro que no se diga que este periodista calló, precisamente ahora con la que está cayendo, sobre el terrorismo.

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