AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 26 Octubre   2001
#Paz o autodeterminación
Iñaki EZKERRA La Razón 26 Octubre 2001

#La Autodeterminacion O La Realidad Virtual De Ibarretxe
Editorial El Mundo 26 Octubre 2001

#Ibarreche roza el límite
Editorial La Razón 26 Octubre 2001

#La identidad es nazi
Enrique de Diego Libertad Digital 26 Octubre 2001

#Consulta segura
Charo ZARZALEJOS ABC 26 Octubre 2001

#Consulta en el PNV
Editorial El País 26 Octubre 2001

#Por el IRA los conoceréis
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 26 Octubre 2001

#Los ayudantes del verdugo
Pío Moa Libertad Digital 26 Octubre 2001

#Las sandalias del pescador
Luis María ANSON La Razón 26 Octubre 2001

#Mulá Iben Setién
Alfonso USSÍA ABC 26 Octubre 2001

#«Ahora vienen a por nosotros porque los concejales llevan escolta»
SAN SEBASTIÁN EL CORREO 26 Octubre 2001

#Un candidato del PP al Constitucional arremete contra la Carta Magna en un texto
Esther L. Palomera - Madrid.- La Razón 26 Octubre 2001




Paz o autodeterminación
Iñaki EZKERRA La Razón 26 Octubre 2001

Frente al argumento constitucionalista de que el PNV y EA deben renunciar a su demanda de autodeterminación mientras persista la violencia en el País Vasco y esa demanda evidencie que Eta y todos los partidos nacionalistas conforman una comunidad de fines, Ibarretxe aduce con tono timorato que cualquier propuesta es políticamente legítima, vaya o no condimentada con el terrorismo, y que no es lícito asociar autodeterminación a violencia. Con este guión ha inaugurado el curso político. Lo que nos espera es la elevación de este amago precario de razonamiento defensivo a axioma filosófico, a dogma religioso, a eslogan publicitario y a tópico recurrente en el libreto nacionalista de toda la legislatura que comienza. Estaba cantado que ése iba a ser el lema de la Conferencia de Paz de Elkarri. Como si se tratara de una antinomia kantiana o un aforismo de Confucio, nos vamos a hartar en los próximos cuatro años de oír ese rimbombante «no es lícito...» en mesas, foros, tertulias radiofónicas y pregones festivos de pueblo.

Sin embargo, es todo el nacionalismo en su conjunto y sin excepción el que incurre en esa «ilicitud» tan pomposa de asociar violencia a autodeterminación. Incurre Eta al practicar el terror. Incurren sus portavoces políticos al no condenar ese terror y defenderlo. E incurren también todos los líderes del PNV y EA cuando asocian de modo impenitente paz a autodeterminación. Si, en efecto, la violencia no tiene que ver nada con la autodeterminación ¿por qué Iba- rretxe se empeña en presentarla una y otra vez, de forma infalible y sistemática, como la condición indispensable para el cese de la violencia? Al hacerlo demuestra dos cosas: que el nacionalismo necesita del terror para llevar adelante su programa político y que la autodeterminación no tiene por sí misma el suficiente atractivo para los vascos ni interesa siquiera a quienes, entre los vascos, la solicitan. Lo que a los vascos les atrae y les interesa por sí misma es la paz. Sólo en la medida en que desean ésta desesperadamente como la primera de todas las demandas se les puede intentar convencer para que reclamen la segunda. Sólo mientras se les presente la autodeterminación como la desesperada posibilidad de alcanzar esa paz deseada.

Prueba de ello es que cuando deja de haber atentados la gente en Euskadi se olvida de la autodeterminación. No es un tema que aflore espontáneamente en las reuniones familiares ni en los encuentros con los amigos ni en los almuerzos de oficina. Un vasco no se encuentra con otro ante el Guggenheim y le dice que anda jodido porque no hay autodeterminación. A un vasco no se le ocurre lo de la autodeterminación si está solo y tranquilo y no se le molesta. Ni se le ocurre a las parejas que se besan por el paseo de La Concha. No hay una chica que le mire a su compañero a los ojos y le diga «por qué no probamos a traer la autodeterminación» como si dijera «por qué no probamos a traer un bebé». El único que equipara en Euskadi proposiciones de naturaleza tan dispar es Arzalluz cuando aplica a su proyecto soberanista metáforas fisiológicas de párroco enmadrado y salido ¬salido de madre¬ como aquella de la nación que iba a romper aguas. Pero lo de Arzalluz es disculpable. Ya se sabe que el Alzheimer hace estragos.

Retomando el ejemplo de los tortolitos donostiarras, con la autodeterminación pasa como con el individuo que los asaltara en ese mismo paseo a punta de navaja. El hecho inevitable de que la chica asustada le diga a su pareja en voz bien alta, clara y tajante «dale la cartera» no debe interpretarse como una demanda clamorosa, irrenunciable y libremente expresada de la voluntad popular de la muchacha. Si ésta no estuviera viendo brillar la hoja amenazante del arma del quinqui sobre el hermoso azul del océano Cantábrico y no calibrara la posibilidad de ver a su hombre ensangrentado en medio de ese incomparable marco no tendría ni mucho menos la ocurrencia de ordenarle que le diera la cartera a un pacífico transeúnte que pasara a su vera. Aunque cualquier mujer ¬donostiarra o no¬ le disuadiría inmediatamente a su chico de no hacerse el valiente en un trance semejante, no es lícito deducir de ello que «andar regalando carteras llenas de dinero a desconocidos por los paseos del planeta es un deseo típicamente femenino».

Uno renuncia en estas líneas, y sin que sirva de precedente, a considerar la interminable lista de aspectos negativos que conlleva dar la propia cartera o satisfacer la demanda de autodeterminación que reclaman los nacionalistas. Uno en esta ocasión renuncia incluso a esgrimir el obstáculo insalvable de que la autodeterminación es una cartera en la que no sólo va el dinero propio ¬que podría entregarse voluntariamente en un acceso de locura, filantropía o caridad cristiana¬ sino el de toda la empresa. Aunque se aceptara que esa autodeterminación sea, en efecto, una reclamación legítima, factible, procedente, bella, buena y verdadera, el primer trámite democrático y decente del nacionalismo es sustraerla del chantaje terrorista. El paso elemental y a la vez el gran reto, el auténtico órdago político al que no se atreven ni Iba- rretxe ni Arzalluz es el de devolver a la autodeterminación el significado ideológico del cual la han vaciado para hacerla pasar camuflada ante las narices de su propio electorado. Es el de decirnos a los vascos que la autodeterminación no traerá necesariamente la paz y que si ellos la reivindican no es porque vean en ella un medio para impedir que caigan más ciudadanos sino para facilitar sus fines caiga quien caiga. Es el de asumir que la autodeterminación y la paz son cosas distintas y puede que hasta opuestas. Sobre todo cuando saben que son opuestas y que la esperanza en la autodeterminación garantiza la perpetuación del terror.

La Autodeterminacion O La Realidad Virtual De Ibarretxe
Editorial El Mundo 26 Octubre 2001

Tras el repliegue estratégico forzado por los atentados del 11 de septiembre en EEUU, el lehendakari Ibarretxe intentó ayer recuperar la iniciativa política con la propuesta de un «gran pacto de Estado» para cambiar el marco constitucional y lograr el reconocimiento del derecho de autodeterminación de los vascos.

Aprovechando el debate sobre autogobierno en el Parlamento de Vitoria, Ibarretxe propuso la creación de una «comisión política» formada por el Gobierno autonómico y el de la nación para negociar «eque principale» (sic) que se puede traducir como «entre iguales originarios» las relaciones del pueblo vasco con España. Ibarretxe subrayó que los «vascos no están subordinados» al Estado español y que tienen derecho a decidir libremente su futuro. Por ello, reivindicó un reconocimiento de «Euskal Herria como sujeto político con identidad propia».

Aznar rechazó de plano las propuestas de Ibarretxe y afirmó que «cuando se tiene más autogobierno que nunca... ir más allá supone echar abajo el edificio del Estado». Ciertamente, la idea de negociar «entre iguales originarios» remontándose a una ambigua legalidad preconstitucional y casi prehistórica parece un dislate.Pero el pacto que demanda el lehendakari no es otro que la Constitución y el Estatuto vasco, que fueron el punto de encuentro entre nacionalistas y no nacionalistas. Ahora, Ibarretxe plantea unilateralmente un nuevo modelo que quiebra ese gran pacto de convivencia.

Ibarretxe no habla abiertamente de independencia. Opta por manejar el equivoco término de «autodeterminación», surgido después de 1918 y muy ligado a los procesos de descolonización. Que se sepa, el País Vasco nunca ha sido un Estado ni una colonia y, por ello, es díficil que pueda autodeterminarse. La propia Carta de las Naciones Unidas excluye esa posibilidad en los Estados legítimamente constituidos.

Pero es que además hablar de la creación de un nuevo Estado dentro de la UE resulta quimérico e irreal en unos momentos en los que los Quince están cediendo importantes cuotas de soberanía y cuando se plantean formas de colaboración política supranacionales.El peso de un Estado vasco, con dos millones de habitantes, en una Europa ampliada de 400 millones de ciudadanos sería tan insignificante como el de Eslovenia.

Ibarretxe habló ayer de los cuatro territorios históricos españoles como sujetos de la autodeterminación pero excluyó a los tres franceses que también forman parte de Euskal Herria, según los estatutos del PNV. ¿Acaso no tienen el mismo derecho a autodeterminarse? ¿Puede Alava, por ejemplo, decidir por separado o tiene que aceptar el resultado mayoritario? ¿Y San Sebastián podría autodeterminarse en sentido distinto que el Goyerri?

El discurso de Ibarretxe es una mezcla de tópicos y vaguedades que no resisten el menor análisis. Lo peor no es que sea «desleal» a la Constitución y al Estatuto de Gernika, como afirmó ayer Mayor Oreja. Es su absoluta irrealidad, que demuestra que el lehendakari vive interesada y oportunistamente en un mundo virtual.

Ibarreche roza el límite
Editorial La Razón 26 Octubre 2001

El presidente del Gobierno vasco, Juan José Ibarreche, ha dicho que quiere negociar con el Estado el derecho de autodeterminación. Lo ha adornado de palabras ambiguas, como en él es habitual, pero se le ha entendido perfectamente. Lo ha llamado «pacto de Estado», en la terminología al uso que emplean los partidos cuando deben negociar asuntos de interés colectivo, pero realmente lo que encierra su propuesta es un pacto del País Vasco con el Estado español, como si se tratara de entidades políticas del mismo nivel. Y con ese acuerdo, lo que pretende Ibarreche es que el Estado acepte que «los vascos puedan decidir libremente su futuro», es decir, pretende consagrar a través de esa negociación que se asuma que en España cualquier territorio puede autodeterminarse. O sea, separarse del resto, si así lo decide.

La petición es tan descabellada en un Estado históricamente consolidado como España que sólo podía recibir la respuesta que logró. Aznar le replicó que como siga pidiendo, al final tanta exigencia puede poner en peligro el edificio del Estado autonómico. Y tiene razón, porque el Estado de las Autonomías se basa en dos principios: la descentralización en la gestión, pero la lealtad colectiva bajo la soberanía común. Si una parte busca separarse de ese proyecto con una soberanía propia, en ese momento el pacto autonómico queda roto. Ibarreche está apurando al máximo su capacidad de dinamitar la estructura constitucional de España. Va siendo hora de que queden claros los límites para tanta aventura.

Puede entenderse que los nacionalistas se busquen un reducto de poder, porque eso va con su ideología. Pero el límite de este poder se encuentra en la institucionalidad estatal a la que pertenecen. No pueden sorprenderse porque el Estado, y el Gobierno que lo representa, se vea en la obligación de plantarse.

La identidad es nazi
Por Enrique de Diego Libertad Digital 26 Octubre 2001

Lo de la identidad –tan traído y tan llevado, tan del gusto de los nacionalistas– es un concepto nazi. Identidad es un eufemismo de canon. La utilización del concepto nos pone en la pista segura del objetivo del PNV: un proyecto totalitario. El totalitarismo está en Batasuna, pero también en el PNV, no en su aceptación temporal de los ritos democráticos, que no se pone en duda, sino en su proyecto final. Porque la realidad previsible pertenece a ese mundo fenecido de los totalitarismos se abunda tanto en los eufemismos; una forma de ocultar el pensamiento y sus efectos perversos, exponiendo delante una cortina de humo con claves propias de iniciados.

La clave de la nación moderna es el Estado de Derecho. El punto fundamental de la democracia es el concepto de derecho personal. La identidad nos retrotrae a un mundo de colectivos, de abstracciones. A ese mundo en el que en nombre de conceptos vagos y genéricos se termina descoyuntando al hombre y la mujer concretos. Es ingeniería social pura y dura, de la peor especie.

Consulta segura
Por Charo ZARZALEJOS ABC 26 Octubre 2001

Se intentó el acuerdo pero no fue posible, de manera que despues de doce horas de debate todo acabó como había empezado: habrá comisión para la profundización del autogobierno y en el presente curso parlamentario deberá presentar conclusiones. Tratan los nacionalistas de buscar un nuevo acuerdo en el que, sin duda alguna, estará presente el derecho de autodeterminación.

Los nacionalistas con Ibarretxe a la cabeza avanzan en la senda autodeterminista, con independencia de lo que piensen los demás. Van a buscar el acuerdo, dicen y reconocen que la mayoría cualificada es mejor que la mayoría simple, pero advierten que el 51% es más que el 49%. Antes, aseguran, se quieren cargar de razón; por eso denuncian que Aznar se niegue a la comisión de autogobierno y reclaman presencia directa en Europa porque «no nos puede defender quien actúa de fiscal». Adelantan que no será como Padania. No, la consulta que viene -en el País Vasco todos lo dan por descontado que se va a celebrar- será sobre el censo oficial y no en la plaza pública. La consulta viene, pero no hay prisa. Hay que modular los tiempos y las opiniones pero esta será, es desde ya mismo, la legislatura de la consulta.

Mayor Oreja reconoció los derechos históricos y recordó que los derechos son inseparables de obligaciones y, aunque preguntó a Ibarretxe sobre las obligaciones de Euskadi con España, no hubo respuesta. Egibar dijo que ninguna. Redondo, en un discurso sin el menor toque Egiguren, reclamó la vigencia de la Constitución y el Estatuto. Pero nada fue posible y así, poco a poco, con los buenos modales que le gustan a Ibarretxe, la consulta, la apelación a la sociedad, como dice el lehendakari, será una realidad si, como en los toros, el tiempo no lo impide. De momento, la oposición no logra impedirlo y como augura algun ilustre socialista «en el momento que crean oportuno, cuando vean el resquicio mas favorable, pondrán las urnas».

Como la consulta se da por segura, en los pasillos en los que se adivinaba un cierto cansancio, se notaba el estado de preocupación de los socialistas. En el PSE hay una quiebra muy seria. Hoy no es el partido de hace un mes y su secretario general adelanta que va ser cortés con el documento de Egiguren y Egiguren cree que todo se va a resolver sin necesidad de cambios en la dirección.

Además de la situación del PSE, la decisión del IRA ha estado presente. No hay en el País Vasco buenos pálpitos, al menos a corto plazo.

Consulta en el PNV
Editorial El País 26 Octubre 2001

El Estatuto de Gernika ha cumplido su misión con honor, pero ha dejado de ser un punto de encuentro entre los vascos, por lo que se necesita un nuevo consenso situado más allá de esa norma, según defendió ayer el lehendakari en el pleno sobre autogobierno celebrado en el Parlamento de Vitoria. Las bases de ese nuevo consenso que propuso vienen a ser un resumen del programa máximo nacionalista, o tal vez una media entre ese programa y el de Batasuna: reconocimiento de Euskal Herria como sujeto político, derecho de autodeterminación, relación con el País Vasco francés, más competencias, relación directa con las instituciones europeas. Es decir, un consenso nacionalista al que son invitados a adherirse los no nacionalistas.

El lehendakari dijo que no había que mezclar violencia con autogobierno. Parecía una autocrítica por haber pretendido (en Lizarra) hacer pagar a los no nacionalistas un precio para apaciguar a ETA. Ahora se pretende lo mismo a cambio de nada: que todos asuman el programa nacionalista, porque Ibarretxe interpreta que el Estatuto ya no es punto de encuentro. Es una profecía autocumplida. Las elecciones no ponen de manifiesto que la sociedad sea hoy más nacionalista que hace 15 años, pero es evidente que, si el lehendakari que gobierna en nombre del Estatuto lo considera insuficiente para las aspiraciones vascas, su legitimidad se verá afectada. Por eso resulta sorprendente que sea el propio Ibarretxe quien se pregunte por qué el Estatuto 'no ha servido para ensanchar los consensos básicos que teníamos en 1979'. La idea de romper un consenso del 85% para atraer al 15% que quedó fuera ha resultado desastrosa; con el agravante de que tampoco ha servido para atraer a esa minoría, como ayer volvió a poner de manifiesto Otegi.

Algunos nacionalistas indicaron hace tiempo la incoherencia de reclamar a la vez, y con gran énfasis, el cumplimiento íntegro del Estatuto y su superación. Ahora se ve que lo importante no era la reclamación, sino el énfasis: se trata de dramatizar la relación con el Gobierno central a fin de justificar la ruptura. Es un dramatismo artificial, porque, incluso si la interpretración nacionalista fuera correcta, lo que queda por transferir es algo que no afecta a lo esencial del autogobierno. Las encuestas reflejan desde hace años que el llamado 'cumplimiento íntegro del Estatuto' es la menor de las preocupaciones de los ciudadanos.

Deducir de las divergencias existentes sobre competencias que se está 'negando la existencia del pueblo vasco', como llegó a decir Ibarretxe, es una exageración radical y sólo se explica si se están buscando argumentos para romper la baraja. La vía estatutaria es un mecanismo para integrar en el Estado a comunidades con personalidad diferenciada. No tiene sentido reivindicar el Estatuto como vía para salirse de ese Estado. Ibarretxe propuso 'un gran pacto de Estado' para 'dar respuesta a las demandas de autogobierno y de la capacidad para decidir el futuro que tiene el pueblo vasco como expresión de su nacionalidad'. Un pacto de Estado para que se le reconozca el derecho a romper el Estado. No tiene mucho sentido.

Sí lo tendría la adaptación del Estatuto a las nuevas condiciones creadas por la integración europea, que ha afectado a la distribución competencial entre los tres niveles (europeo, español, autonómico). Sería lógico, por ello, establecer mecanismos de representación de los intereses territoriales en las instituciones europeas. Pero esa cuestión es inseparable de la lealtad constitucional. Lo que no es posible es exigir presencia en una institución que agrupa a Estados y a la vez reclamar el reconocimiento de que 'el Pueblo vasco no es una parte subordinada del Estado', como también dijo ayer Ibarretxe para justificar su planteamiento autodeterminista.

El mensaje es confuso: si no se satisfacen las aspiraciones nacionalistas, habrá llegado el momento de consultar a la población. Pero no sobre la independencia, sino sobre el derecho a ser consultada sobre si desea la independencia. Vuelve a confundirse a la comunidad nacionalista con la población vasca. Se sabe perfectamente que el 40% que vota a PP y PSOE es contrario a la independencia y favorable a la autonomía, y que el 10%-15% que suele votar a HB es independentista. Lo que plantea problemas es ese otro 40%-45% de electores que votan PNV-EA y entre los que hay independentistas y autonomistas. Es en su propio partido donde debería realizar una consulta Ibarretxe. Si no lo hace es porque ello dividiría a sus seguidores, lo que pondría en peligro su mayoría. Pero eso no le da derecho a desplazar el problema al conjunto de la población y a desestabilizar el Estado autonómico al grito de '¿Qué hay de malo en ello?'.

Por el IRA los conoceréis
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 26 Octubre 2001

SI al PNV y compañeros de viaje se les puso la cosa especialmente mal después del 11 de septiembre, ¿qué decir ahora con el giro del IRA? El abandono de las armas por parte de éste sin que el Gobierno británico haya tenido que hacer concesiones políticas deja en el ridículo más espantoso al PNV, a los firmantes de la conferencia de Elkarri, al sector pactista del Partido Socialista y a todos los partidarios de la negociación con ETA.

Ante el ejemplo del IRA todos estos han quedado como colaboradores fácticos de ETA, como sus adelantados, sus voceros, los justificadores del crimen en la medida que echan la culpa al Gobierno por su «inmovilismo». El caso del IRA se contrapone no sólo al modelo etarra y el Sinn Fein ha resultado más positivo y eficaz no ya que Batasuna, sino que el PNV y los muy democráticos partidarios de la pacificación mediante la negociación. En efecto, el IRA ha abandonado la violencia como método por el puro convencimiento de que el crimen no les iba a llevar nunca a una salida airosa. Treinta años de frustración después de tres mil muertes ¿acaso no era una razón suficiente?

A la vista de lo mal que les han dejado el IRA y el Sinn Fein, los dirigentes de Batasuna, del PNV, de Elkarri y de un modo vergonzoso este tropel de colaboracionistas con el que cuentan los independentistas, se han apresurado a dar unas versiones increíbles del proceso irlandés a fin de poder seguir manteniendo sus tesis tradicionales. ¿Que la realidad irlandesa es otra? Les da igual. Con un desprecio absoluto de los hechos utilizan el caso del IRA para seguir defendiendo la necesidad de una negociación política como condición necesaria para la paz. En el fondo el PNV no puede soportar la idea de que ETA haga algo parecido. Porque, en ese caso, ¿qué sería de sus aspiraciones?, ¿en qué quedaría convertido como organización mediadora?, ¿cómo se haría valer en el futuro?, ¿quién zarandearía el árbol del que deben caer los frutos?

Al defender una paz negociada el PNV se comporta como alguien que pone un precio al fin de la violencia y como quien carece de una moral elemental. Sencillamente no entiende que el empleo del Terror no tiene excusa alguna y que el Terror es algo condenable al margen de cualquier disensión política. Al hacer esta interpretación incorrecta del proceso irlandés y al culpar al Gobierno del PP de que ETA siga matando demuestra su incapacidad para distinguir el Bien del Mal. Al ex jesuita Arzalluz y al obispo Setién no les acaba de entrar en la cabeza que el crimen no puede ser argumento para nada. Arzalluz no distingue el Mal porque vive en él y ha hecho de él su morada. No demonizo, por tanto, a Xabier Arzalluz. Describo simplemente su militancia no orgánica en el crimen organizado. Si no fuera así, ¿podría criticar al Gobierno porque no se ajusta a las exigencias que ponen ETA y él para dejar de matar?

Con un tono más edulcorado, propio de los que se saben culpables, los partidarios de la negociación, los dialogantes, los que en el fondo creen que la solución es partir esta nación -aunque no «sean» nacionalistas vascos- están todos los que componen la aureola del PNV y, en definitiva, el sistema defensivo de ETA. Hablan de las similitudes de los procesos irlandés y español a pesar de que saben que el País Vasco es tan español como Andalucía; no reconocen que el giro del IRA ha determinado la retirada del Ejército británico y que, por tanto, allí intervenía el Ejército, a diferencia de nuestro caso; tampoco quieren reconocer que allí existen unas bandas paramilitares protestantes y que el IRA ha abandonado las armas incluso antes de que se disolvieran aquellas...

Todo este viscoso mundo hecho de capas progresivamente «irresponsables», incluso cándidas, respecto a los crímenes de ETA ha quedado en cueros a partir del 11 de septiembre y del giro del IRA.

Los ayudantes del verdugo
Por Pío Moa Libertad Digital 26 Octubre 2001

La idea del referendum sobre la disolución de la ETA no es una simple locura, aunque tiene mucho de ello. Es el intento de legitimar a los verdugos: hasta ahora, la banda terrorista habría cumplido un papel "positivo" y acorde, en buena parte, con los deseos y aspiraciones del "pueblo vasco", debido a la existencia de un "problema político". En otras palabras, la ETA habría permitido al PNV recoger bastantes nueces. Pero ahora, con el cambio en la actitud general hacia el terrorismo, después del 11 de septiembre, la banda puede volverse un incordio peligroso. ¿Qué mejor que ofrecerle el homenaje de un "pueblo" que decide jubilarlos de manera honrosa y democrática, y cuya voz deberían atender los héroes del tiro en la nuca? La profunda estupidez del negocio no debe velar el cálculo siniestro y cómplice del PNV. Setién lo ha dicho con su repugnante hipocresía: muchos (él el primero, eso se lo ha callado), no ven en ETA terroristas, sino buenas gentes, quizá algo exaltadas, dedicadas a resolver por la violencia un problema político, para el que la represión no es salida.

La base de ese "problema" —suele olvidarse—, la idea que vertebra y hermana al PNV y a la ETA consiste en la pretensión de que los vascos constituyen un pueblo sumamente especial, "singular por sus bellas cualidades, pero más singular aun por no tener ningún punto de contacto o fraternidad ni con la raza española ni con la francesa, que son sus vecinas, ni con raza alguna en el mundo". Esa mezcla de falsedad y perversión tiene éxito precisamente porque halaga una vanidad pueril, pero presente en todo el mundo, aunque unos la combatan mejor que otros. Arana y sus discípulos justifican y exaltan esa vanidad, tal como hacían los nazis respecto de los alemanes, herrenvolk se autodenominaban, esto es, “pueblo de señores”. De esa pretensión ridícula surge todo el problema. Y casi habría que darles la razón en cuanto a su singularidad, porque ningún pueblo ha tenido nunca por héroes a una caterva de verdugos, asesinos por la espalda y secuestradores, cuyas hazañas, si asombran por algo, es por su sordidez. Aludo, obviamente, al pueblo peneúvico, no al pueblo vasco en su conjunto.

Existe en Vasconia, pues, un problema político: el creado por el PNV, los Setién y todos los tartufos entregados a justificar y ayudar a los asesinos, sus hermanos de sangre —y nunca mejor dicho—; afanados en recoger los coágulos sangrientos —tomados por nueces— sin reparar en que les manchan más aún que a los propios terroristas: "Hay alguien más despreciable que el verdugo: su ayudante", dijo Marx, autor de frases realmente buenas, en ocasiones.

Las sandalias del pescador
Luis María ANSON La Razón 26 Octubre 2001
de la Real Academia Española

Su Santidad el Papa se ha manifestado contra el terrorismo de Eta. Lo ha hecho de forma inequívoca, en varias ocasiones y en actos solemnes. El presidente de la Conferencia Episcopal Española, cardenal Rouco, ha concedido a varios medios de comunicación declaraciones públicas, sin arrugas, de condena a los etarras. El obispo Setién fue apartado de su misión pastoral en San Sebastián y actúa como un individuo aislado e incómodo para la Iglesia. Sería absurdo exigir de la Jerarquía que salga al paso de cada una de las tropelías verbales del prelado pro-etarra, aunque, tras la portada de LA RAZÓN, la Conferencia Episcopal le haya proporcionado un cachete.

El ayatolá fundamentalista Arzallus y el obispo auxiliador de etarras Setién han reaccionado como era de esperar, porque son ambos perspicaces y tienen la hiel en los labios, al comprender la peligrosidad para Eta de la Coalición Internacional contra el terrorismo. Se acabaron los tiempos de complacencia exterior, de santuarios franceses, de campos de entrenamiento en el Yemen o Siria, de refugio en Cuba o Venezuela. La Coalición Internacional, que ha puesto ya genuflexos a los terroristas del Ira, acabará terminando con Eta. Arzallus y Setién lo saben y por eso han expelido veneno y atrocidades. A cierto sector del PNV le conviene objetivamente la existencia de Eta. No se recogen las nueces si alguien no zarandea el árbol. Sin la coacción del terror sobre la sociedad vasca, los peneuvistas no podrían avanzar. El pueblo vasco desembarazado del miedo daría respuesta adecuada a las utopías nacionalistas. Cierto sector del PNV necesita diez o quince años más para subvertir al pueblo y cambiar su pensamiento a través de la política totalitaria de educación, de los medios de comunicación autonómicos y del goteo de los intereses creados: ayudas, subvenciones y otras inacabables prebendas.

Setién hace el juego a Eta para favorecer a ese sector del PNV que se beneficia de la violencia etarra. Pero no se puede exigir a la Iglesia Católica que condene cada paso del obispo felón cuando la Jerarquía en España y en el Vaticano se ha pronunciado de forma reiterada contra Eta. Juan Pablo II se calzó sabiamente las sandalias del pescador que caminan desde hace dos mil años con un ritmo sereno que nadie va a alterar.

Mulá Iben Setién
Por Alfonso USSÍA ABC 26 Octubre 2001

Me ha sorprendido lo mucho que han escandalizado las palabras del mulá Iben Setién en las que establecía diferencias entre el terrorismo exterior y el interior. A los que hemos seguido de cerca la trayectoria de este mulá, sus opiniones ya no tienen capacidad para sorprendernos. Lo que nos sorprende cada día más es el silencio de sus compañeros, por bien y serenamente que Ramón Pi nos recuerde que muy poco pueden decir y hacer. La ráfaga genial y resumida de Antonio Mingote retrata, que no caricaturiza, la situación: «Después de la luminosa disertación del obispo Setién sobre los diferentes terrorismos, ahora, según sea quien te mate, estarás muy asesinado, poco asesinado, regularmente asesinado, e incluso asesinadito nada más». Si los compañeros del mulá no quieren darse por enterados, no resultaría inconveniente enviarle toda la información al señor Nuncio de Su Santidad, aunque fuera con la sola intención de que mereciera la pena de ser archivada.

Este mulá disfrazado de obispo de la Iglesia Católica durante treinta años ha acumulado méritos para ser públicamente reprendido por la superioridad jerárquica. Recuerda Jaime Campmany que al volcánico Milingo, que tampoco tenía que dar cuentas a nadie de sus actos -según parece-, le llamaron del Vaticano pocos días después de contraer nupcias con aquella radiante y posteriormente desconsolada gordita. Si al mulá disfrazado de obispo se le hubiese amonestado cada vez que lo merecía, llevaría tres décadas de estancia en Roma, pero ya está escrito, dicho y tristemente demostrado, que para la Iglesia es más grave el polvete de un cardenal que la amistad con el terrorismo de un obispo. Con lo breve que resulta el polvete y lo larga y terrible que ha sido esa amistad.

Al mulá le ha parecido buena la idea de su talibán jefe Osama Salburúa Ben Arzallus de convocar una consulta popular -no vinculante, claro-, acerca de si debe o no debe seguir la ETA asesinando, secuestrando y cometiendo toda suerte de atentados. Nada extraño, por cuanto al mulá, previamente, se le ha antojado mucho más respetable y digno de su amparo el dolor de los terroristas presos que la tragedia de los asesinados. Mucho más respetable y digno de su interés es el estado de ánimo de los familiares de los asesinos que el de las familias de los muertos. Nada extraño, por cuanto el mulá disfrazado de obispo vasco se atrevió a reconocer públicamente, en una entrevista emitida por la Televisión pública vasca, que «jamás oficiaría un funeral o una misa por el alma de un guardia civil». Nada extraño, por cuanto el mulá Iben Setién, poco después del asesinato del teniente de alcalde del Ayuntamiento de San Sebastián, Gregorio Ordóñez, en su despacho del Obispado, les preguntó a las compañeras del edil asesinado María San Gil y María José Usandizaga que «dónde estaba escrito que a todos los hijos había que quererlos por igual».

Sucede que hace veinte años, a los que escribíamos que el mulá Iben Setién era un impostor, un canalla y un sinvergüenza, nos llovían palos y reconvenciones de todas partes, y se nos llamaba malos cristianos, apóstatas y cómplices de Lucifer. Si además corría, como en mi caso, sangre vasca por mis venas -a propósito, con su Rh negativo-, se nos acusaba de antivascos. Pero ya no somos sólo unos pocos -poquísimos, me atrevería a apuntar- los que han roto sus prudencias respecto al perverso mulá. Nadie pone ya en duda su labor de sembrador de odios, de recolector de miserias, de pastor de lobos y cobijo de ratas.

Lo escribió Voltaire, que no era precisamente un beato: «El cristianismo debe ser divino, pues ha perdurado mil setecientos años a pesar de estar lleno de villanías y sinsentidos». Insisto en que lo escribió Voltaire, con doscientos años de anterioridad al nacimiento en Hernani del mulá Iben Setién. Mucho Dios tiene que ser Dios para soportar a determinados pastores de su Iglesia.

«Ahora vienen a por nosotros porque los concejales llevan escolta»
El matrimonio del PP de Azkoitia cuyo piso fue atacado por unos encapuchados afirma que nunca abandonará el País Vasco
SAN SEBASTIÁN EL CORREO 26 Octubre 2001

Guillermo Mazorra y María Isabel Lete, el matrimonio de afiliados del PP de Azkoitia cuya vivienda fue atacada el miércoles por la noche por unos encapuchados, están convencidos de que los violentos «vienen ahora a por nosotros, que no tenemos nada, porque ya no pueden ir a por los concejales que llevan escolta». Dos desconocidos colocaron en la puerta de su domicilio, en un noveno piso de la calle Jausoro, un artefacto compuesto por un aerosol y dos bombonas de camping gas, que causó daños en el descansillo del inmueble.

Mazorra, de 65 años, relató a ‘Efe’ que pasadas las once de la noche, mientras el matrimonio veía la televisión, escucharon «un ruido grande», por lo que salieron al pasillo para saber qué pasaba: «En ese momento se produjo una explosión pequeña y empezó a meterse humo debajo de la puerta. Se veía que fuera había llamas. Abrí la puerta y vi que el fuego llegaba hasta el techo».

Aunque inicialmente se planteó lanzar el artefacto por la ventana del descansillo, Mazorra optó por desplazar la bomba con el pie y, de una patada, lo arrojó escaleras abajo. «Explotó en el descansillo; si tardo un segundo más en abrir la puerta nos mata a mí y mi mujer, eso seguro», narra Mazorra, a quien la Ertzaintza ya le ha advertido de que «no vuelva a hacer eso, que sin darme cuenta me he jugado la vida».

La víctima del atentado agradeció a la Policía autónoma «su excelente» servicio: «Llegó inmediatamente con bomberos, ambulancias y médicos». El matrimonio vive en el noveno piso de un bloque de doce plantas en el que residen 36 vecinos, por lo que no alberga «ninguna duda de que venían a por nosotros por ser afiliados del PP». Al parecer, un joven que paseaba su perro por la calle observó cómo dos personas «con capuchas azules» abandonaban precipitadamente el edificio instantes antes de la explosión.

Mazorra precisó que ni él ni su esposa han llegado a recibir amenazas directas en forma de insultos en la calle o llamadas telefónicas, aunque recordó que en su portal aparecieron durante tres días inscripciones con el lema «PP asesinos» y una pintada de «Españoles hijos de puta» en el ascensor.

Tras las elecciones
Estos hechos sucedieron después de las elecciones autonómicas del pasado 13 de mayo, día en que estos dos afiliados del PP participaron como interventores en dos mesas electorales de Azkoitia, donde sufrieron un incidente con un apoderado de Euskal Herritarrok. Mazorra aseguró que, tras una discusión por un acta, el joven de EH llegó a empujar a María Isabel Lete.

A partir de ese momento el matrimonio comenzó a sentirse inseguro y llegó a plantearse, incluso, cambiar de garaje para evitar un ataque contra su vehículo. «Yo tenía miedo por el coche y, mira por donde, un poco más y me meten la bomba en la cama», lamentó Mazorra, que llegó a Azkoitia procedente de Galicia hace 47 años, cuando tenía 18. Después de tanto tiempo en esta localidad guipuzcoana, de donde es natural su mujer, de 67 años, y «siempre trabajando como Dios manda», ahora tiene miedo «incluso de tener perro, porque al final van a ir hasta a por el perro».

Pese a todo, este afiliado popular, que se jubiló hace apenas unos días, descarta tajantemente la posibilidad de abandonar el País Vasco. «Tendrán que pasar por encima de mí. Ni soñarlo. ¿Qué he hecho yo más que trabajar? Si me quieren matar, tendrán que pasar por encima de mí», advirtió.

Un candidato del PP al Constitucional arremete contra la Carta Magna en un texto
García Calvo habla de «injerencia política en la designación de los miembros»
Esther L. Palomera - Madrid.- La Razón 26 Octubre 2001

Su candidatura, a propuesta del PP, para el Tribuna Constitucional a punto estuvo de dar al traste con el pacto de las vacantes institucionales. Su nombre, Roberto García Calvo, ha estado envuelto en la polémica desde que se le propuso para el cargo. Ahora, vuelve a estar en el ojo del huracán, tras conocerse algunas de sus reflexiones ¬publicadas en el texto «La Justicia en crisis»¬ sobre la Carta Magna, el papel del TC o la politización de los jueces.

Exceso de protagonismo
García Calvo defiende que el CGPJ, del que el mismo fue miembro, tiene un «exceso de protagonismo»; que la Constitución «está llena de ambigüedades preocupantes» y que hay «una injerencia política patente en la designación de los componentes» del Tribunal del que formará parte a partir del próximo día 30.
La Constitución ¬dice el aspirante a vocal del Tribunal Constitucional en su libro «La Justicia en crisis», de 1994¬ no es la «resultante armónica y precisa de un consenso social logrado tras un diálogo leal de las distintas fuerzas políticas, sino la condensación de varias clases de posiciones contradictorias, Por ende, su influencia genética respecto de ulteriores ambiguedades ha de tomarse como dato muy preocupante». El hoy magistrado del Supremo entiende, y así lo constata en un capítulo del citado libro que lleva el título «Un problema constitucional», que ha de destacarse, además, un problema implícito en el artículo 9.2 de la Constitución, «sin duda ¬apostilla¬ la gran reserva y el más rico botín de la izquierda política». Y es que asegura que dicho precepeto es «un factor de desestabilización arduamente justificable desde una mínima racionalidad jurídica». Afirma, por tanto, que el párrafo segundo del artículo 9 implica una contradicción y consagra «un modo de entender los valores de libertad e igualdad de caso imposible conciliación con sus versiones de libertad desde la Ley y de igualdad ante la ley».

Sistema de elección
Roberto García Calvo cuestiona, también, el sistema de elección de los vocales del Consejo General del Poder Judicial, al que él perteneció tras la defunción de uno de sus vocales entre los años 1989 y 1990. El magistrado recurrió, además, sin éxito ante el Constitucional, cuando acabó su mandato al entender que no debía salir del órgano de gobierno de los jueces por no haber cumplido cinco años de mandato. En 1994, en su libro, habla del deterioro del juez y del «excesivo protagonismo del Consejo, que decididamente ha suplantado a aquél como imagen pública de la Justicia Institución». Es más, entiende que el papel del CGPJ, el mismo órgano al que él se intentó aferrar, ha sufrido un duro golpe, «abriendo cuaces para un proceso de politización de resultados incontrolables».

El que, a partir del próximo día 30, será vocal del Tribunal Constitucional no oculta su preocupación por la «sumisión de los jueces a los partidos políticos» ni tampoco por la «desaparición del principio consitucioanl de independencia judicial, al ejercer el control absoluto de los mecanismos de designación de los cargos orgánicos en la carrera judicial».

Injerencia política
En conclusión, le inquieta «la injerencia política patente ¬dice el magistrado¬ en la designación de algunos componentes del Tribunal Constitucional, al tener el CGPJ capacidad decisiva en el nombramiento de dos magistrados del mencionado Tribunal» y también el «control mayoritario ¬por no decir absoluto¬ del Poder Judicial consiguiendo que el partido político mayoritario en el Poder imponga sus tesis en las decisiones de este órgano por cauce de los vocales afines a sus postulados ideológicos».

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