AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 28 Octubre   2001
#Terrorismo sin fronteras
ENRIQUE VILLAR El Correo 28 Octubre 2001

#EL PNV DA UN PASO ADELANTE
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 28 Octubre 2001

#La enfermedad moral
VICENTE CARRIÓN El Correo 28 Octubre 2001

#Desde el escaño por Álava
PABLO A. MOSQUERA MATA El Correo 28 Octubre 2001

#La izquierda exigua y residual
Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 28 Octubre 2001

#«Fórmulas jurídicas» contra ETA y su entorno
El Mundo 28 Octubre 2001

#Mayor acusa a Ibarretxe de ir «a piñón fijo» en la convergencia con ETA
BILBAO. ABC 28 Octubre 2001

#Sola entre verdugos
Alberto Fernández-Salido - Azcoitia (Guipúzcoa) .- La Razón 28 Octubre 2001

#Bajo la mirada del asesino
PABLO ORDAZ Eibar El País 28 Octubre 2001

#Atacan con cócteles molotov la vivienda de la hermana de un concejal del PNV en Azpeitia
BILBAO. Agencias ABC 28 Octubre 2001

Terrorismo sin fronteras
ENRIQUE VILLAR El Correo 28 Octubre 2001

Con reiteración e inoportunidad, lleva tiempo el PNV asomándose a cualquier foro o escaparate internacional para reivindicar sus postulados nacionalistas, siempre desde una perspectiva disgregadora e insolidaria. Y continúa con esa ceguera política, tras haber sido expulsado de varios organismos internacionales. En un mundo tendente a la globalización, cada vez más interrelacionado, en un marco de cooperación y de consenso internacional, en un ámbito de colaboración antiterrorista sin precedentes, los dirigentes nacionalistas vuelven a nadar contra corriente, haciendo el ridículo más espantoso.

Tras los ataques terroristas a EE UU del 11 de septiembre, se empieza a consolidar por parte de las sociedades democráticas la convicción de que, primero, el terrorismo bajo cualquiera de sus formas es una lacra para la Humanidad y, segundo, que la lucha contra esta nueva peste trasciende las fronteras nacionales. Desgraciadamente, los españoles, en general, y los vascos, en particular, sabemos, unos más que otros, lo que es padecer las múltiples caras del terrorismo: muerte, destrucción, extorsión, miedo, exilio... Frente a la acción terrorista caben diferentes actitudes. También nuestro ejemplo nos permitiría un amplio repaso de las mismas. Una de las más sangrantes puede ser aquella que, concediendo un soporte político o ideológico al terrorismo intenta acabar con él enarbolando su bandera, defendiendo esos fines. Al fin y al cabo nacionalistas son.

Siempre he creído que la actitud de los nacionalistas, del PNV en concreto, ante el fenómeno terrorista ha carecido de la contundencia necesaria. Los acontecimientos del pasado septiembre nos han permitido asistir al enfrentamiento, por esta causa, del PNV con las tesis del presidente Bush y del resto de dirigentes mundiales y, más recientemente, con el presidente de México, Vicente Fox al que ha tachado de mentiroso. De una sola tacada, contra el presidente de Estados Unidos de América y de Estados Unidos de México. ¿Se puede ser más insensato?

A grandes rasgos, Xabier Arzalluz ha declarado que equiparar a todos los terrorismos «es una tontería». Más cercana en el tiempo está la revelación del presidente mexicano de que el PNV le había pedido que modificara la política que permite expulsar o extraditar a los etarras que huyen y encuentran refugio en aquel país. Desde estos planteamientos no deberían sorprendernos ciertas actitudes... pero a muchos nos siguen doliendo. En cualquier caso, estas actitudes nos siguen sonando condescendientes, justificadoras, ambiguas y en ningún caso adecuadas para enfrentarse a la locura y sinrazón terroristas desde la unidad. De manera decidida y sin complejos y desde el respeto escrupuloso de la ley.

Qué sensación de rabia da escuchar a personajes como la alcaldesa de Azkoitia, del PNV, solidarizarse con los padres, familiares y allegados de dos personas detenidas por su presunta vinculación a la banda terrorista ETA, preocupándose además por que sus derechos sean respetados. Con lo fácil que habría sido lamentar y denunciar que compañeros de Ayuntamiento podrían estar dispuestos a colaborar con el asesinato de inocentes, mostrando de paso alivio por su detención. ¡Con la cantidad de ocasiones en las que los derechos humanos de concejales de otros partidos se han pisoteado incluso hasta en sus tumbas! Sigue extendiéndose la impresión de que los representantes nacionalistas están más cómodos cerca de los verdugos que de las víctimas.

Porque el terrorismo no tiene apellidos, ni religiones. Ni se convierte en lícito porque alguien comparta sus fines. Si alguien, en cualquier lugar del mundo, está dispuesto a matar a un semejante en nombre de una idea, todos los ciudadanos del mundo estamos siendo aludidos por este terror y estamos siendo convocados para plantar cara ante la sinrazón. Del apoyo decidido por parte de los países libres y democráticos vendrá en gran medida la derrota del terror.

El PNV tiene la posibilidad de seguir errando el camino o de abandonar sus ambigüedades y decir que comparte, sin miedos, el planteamiento de que ETA y el terrorismo mundial pueden ser derrotados y que, de esa derrota, vendrá la paz. A partir de ahí se abrirán otros caminos de esperanza. Otra vía, según mi criterio, les conduce a ser, para mí, unos talibanes.

EL PNV DA UN PASO ADELANTE
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 28 Octubre 2001

¡Pobriños! Los dirigentes del PNV viven en un completo caos de los sentidos. Confunden, lo que es grave, la realidad con sus deseos. Y confunden también, lo que es peor, sus deseos con los de todo el pueblo vasco.
Hace poco más de una semana, defendía Arzalluz que Ibarretxe pudiese plantear un referéndum sobre ETA, dirigido a preguntar a los vascos si aquella debería disolverse. Resulta difícil encontrar un ejemplo más dramático de hasta qué punto pueden los sueños de la razón producir monstruos. Pues monstruoso es que alguien llegue siquiera a imaginar que en un Estado democrático la existencia de un grupo terrorista se haga depender de lo que diga el cuerpo electoral.

No es ya que la decisión resultaría, fuera la que fuese, absolutamente inicua, a la vista del dato de que competería por igual -un hombre, un voto- a los que sufren la violencia, a los que no la sufren y a los que la protegen o la animan. ¡No! Es que el cumplimiento de la ley no puede nunca supeditarse a la voluntad de sus destinatarios. ETA es una banda criminal, cuyas acciones son, sin excepción, penalmente perseguibles: ETA roba, amenaza, extorsiona, secuestra y asesina. El que haya quien apoye esas acciones criminales no elimina, ni reduce, ni modula la inexcusable obligación del poder público -el central y el autonómico- de perseguirlas sin cuartel con todos los instrumentos de la ley.

Cuando aún no se habían apagado los ecos del delirio protagonizado por Arzalluz, su segundo ha venido a proponer otro referéndum, destinado ahora a determinar si los vascos quieren o no decidir ser independientes. Ibarretxe está, claro, en su derecho de considerar superado el pacto estatutario y de plantear, en consecuencia, que ha llegado el momento de cerrar otro diferente. Lo que ya no parece tan legítimo es proclamar esa exigencia en nombre de todo el pueblo vasco.

Pues la verdad es que ese pueblo, que ha demostrado ser plural una y otra vez, está mayoritariamente en otra cosa. Es cierto que una minoría, la que vota a Batasuna, defiende con claridad la independencia. Y lo es que la defienden igualmente una parte de los electores del PNV y Eusko Alkartasuna. Todos los restantes, que son sin duda más de la mitad de los que votan, se han manifestado en repetidas ocasiones a favor del mantenimiento del pacto estatutario.

Por lo que se ve el PNV ha optado finalmente por romperlo. Será su responsabilidad, como lo será la de todo lo que ocurra a consecuencia de esa opción. Como en aquel manido chiste sobre Franco, también Ibarretxe podría decir que hace un año el PNV estaba al borde del abismo y que ahora ha dado, finalmente, un paso hacia adelante.

La enfermedad moral
VICENTE CARRIÓN El Correo 28 Octubre 2001

Precisamente porque nada hay de irreprochable en la decisión del Ayuntamiento de Azkoitia de solidarizarse con los familiares de los detenidos, y de reclamar para estos un trato conforme a derecho, lo sucedido en el pleno extraordinario convocado a raíz de la detención de uno de sus concejales, acusado de preparar un coche-bomba en el garaje, me parece un síntoma muy revelador de la enfermedad moral que padece nuestra tierra.

Cierto es que no he visto publicada en su integridad la moción aprobada a instancias de PNV-EA y Batera, por lo que podría temerse que los medios de comunicación hayan distorsionado el sentido de una declaración donde se pide a ETA el abandono de las armas y se afirma la «apuesta inequívoca por las víctimas de la violencia y el terrorismo». No sería difícil ahuyentar tales dudas si los medios de comunicación dieran un poco más de espacio a la literalidad de los hechos que a su interpretación. Lo que sí resulta dudosa es la tan «inequívoca apuesta por las víctimas del terrorismo» de los nacionalistas del Ayuntamiento de Azkoitia cuando permiten que la concejala del PP, Pilar Elías, sea tildada de asesina y carcelera en sus propias narices, con perdón. Precisamente Pilar Elías, viuda de Ramón Baglietto por obra de ETA, cuyo asesino fue excarcelado hace años, se cruza con ella en el pueblo y se jacta en la Prensa de no estar arrepentido de haber asesinado a quien, para más inri, le salvó la vida de niño... En fin, como si nos faltara un Kafka en el Urola.

La cosa es que a Pilar Elías no debió de parecerle tan inequívoca la moción propuesta por los nacionalistas, pues votó en contra y dice sentirse muy sola compartiendo Ayuntamiento con quienes la insultan y amenazan, sin seres que la arropen, aunque sólo fuera por no haber tirado la toalla ante tanta desvergüenza. Si el lehendakari lo fuera de todos, en lugar de escenificar rúbricas vacuas, debiera haber ido a Azkoitia a pegarle un abrazo a Pilar.

Pero no, el portavoz oficial de su partido considera impecable la moción aprobada, quizás porque está «exenta de tacha», como define el Casares. Si así fuera, habríamos de convenir en que el problema -lo que intento acotar como enfermedad moral- no estriba tanto en lo que se dice como en lo que se calla. Y por estas tierras se calla mucho y hay mucho lío filosófico entre lo principal y lo secundario, lo sustancial y lo accidental, lo de aquí y lo de allí, la causa y el efecto. Para no ponerme espeso, voy a esbozar un ejemplo de lo que entiendo por una moción inequívoca y categorialmente impecable. Ahí va: 1° Esta Corporación se avergüenza profundamente de que uno de sus miembros participe en las acciones criminales de ETA. 2° Esta Corporación se alegra enormemente por los crímenes y atentados evitados con esta detención y se solidariza con todos los que con ella reviven el miedo, el asco y el dolor que estos criminales vienen provocando. 3° Esta Corporación felicita calurosamente a los policías que han arriesgado sus vidas para detener a estos delincuentes, así como a todos los que trabajan para erradicar el terrorismo. 4° Comprendemos asimismo el dolor que esta detención provoca en familiares y allegados. 5° En último lugar, y porque la democracia nunca puede ponerse a la altura de sus saboteadores, confiamos en que estos sean tratados con la dignidad que todo ser humano merece. De no ser así, reclamaremos al poder judicial que haga valer las leyes y convenciones necesarias para que nadie se sienta legitimado a considerar que el Estado las infringe intencionadamente.

Les gusta? Reconozco que habrá quien no esté de acuerdo con las precisiones finales, pero sólo pretendo mostrar cuánto cambia el contenido de un mensaje cuando lo secundario se hace principal, cuando no se deja claro que la humanidad está por delante de la vecindad; de lo contrario parecería que los etarras matan porque se les detiene impunemente, como demasiada gente parece creer, y no al revés. Quizás nuestro auténtico problema nacional sea no saber si acercarnos a estos temas con el corazón, con la cabeza, con ambos o en qué orden. Si en vez de defender incondicionalmente a la víctima frente al verdugo, por doloroso que nos resulte reconocer la culpa en nuestros seres queridos, necesitamos filtrar nuestra sensibilidad ante el dolor ajeno con criterios religiosos, étnicos o ideológicos, estamos moralmente enfermos. Tampoco es una enfermedad especialmente novedosa -ya se detectó en el clan del oso cavernario, y no empezó a remitir hasta pasada la Edad Media-, y a diario podemos ver sus síntomas, por ejemplo, en Palestina, donde el inmenso dolor que provocan las víctimas propias a veces se acompaña de la satisfacción por las ajenas.

Que semejante dolencia haga estragos entre nuestros políticos es demencial, por acostumbrados que estemos, pero aún más me indigna la indiferencia con la que consentimos que se manipule la sensibilidad antirrepresiva de los jóvenes sugiriendo que de Madrid sólo vienen torturas, sufrimientos arbitrarios, odio a lo vasco y todo tipo de agresiones. Parece ser poca la gente que se niega a confundir la vida con un partido de fútbol en donde ‘los nuestros’ siempre son los mejores ‘manque pierdan’. En fin, paciencia, comprensión y ayuda dicen que necesitan los enfermos para sanar, nunca contagio. Cuídense.

Desde el escaño por Álava
PABLO A. MOSQUERA MATA El Correo 28 Octubre 2001

Tras cinco legislaturas, más de quinientas iniciativas y otras tantas veces en la tribuna del Parlamento vasco, he renunciado al escaño que me dieron los alaveses en las elecciones del 13 de mayo. He querido dejar que pasaran unos días, y que Enriqueta Benito ocupara tal escaño, para hacer una reflexión sobre la experiencia que he vivido desde 1984, tras unas elecciones que despedían la campaña electoral con el asesinato de Casas en su domicilio de San Sebastián, por la misma organización que hoy sigue quitándonos la libertad y, si puede, la vida. Seguimos como entonces, bajo la amenaza de los asesinos de ETA, que siguen empeñados en hacernos a su imagen y presunto derecho histórico a ser nación y Estado. O sea, la tiranía en nombre de la libertad a criterio de su ideología fundamentalista.

Han sido diez años de Pacto para la normalización y pacificación de Euskadi, en torno a la Mesa que se reunía en el Palacio alavés de los Ajurias, y donde compartíamos y consensuábamos fórmulas y mensajes para liderar la unidad de los demócratas en pos de la dignidad y contra la violencia. Claro que, para hacer Lizarra, había que acabar con este foro y romper la política del acuerdo para volver al enfrentamiento total. Hube de comprobar cómo se desposeía de su escaño a mi amigo Goyo Ordóñez, de la forma más despiadada y salvaje que se podía emplear con un paisano valiente y querido: pegándole un tiro en la nuca cuando comía en el centro de la ciudad en la que estaba a punto de ser alcalde.

Me han recordado alguna vez que mis derechos a ser lo que era, y que me permitían salir a la tribuna, eran como una benevolente concesión del pueblo vasco a una persona nacida en Galicia, ignorando que la ciudadanía no depende del lugar de nacimiento, del acento ni mucho menos de certificados de buena conducta o de cartas de naturaleza otorgadas por los amos de la finca. Salvo unos meses, allá por los ochenta, nunca he cobrado el sueldo de parlamentario, pues elegía seguir cobrando el de médico del hospital Santiago, que era mi profesión y mi puesto de trabajo ganado por oposición. Y este aspecto de mi currículum fue la primera razón de ser parlamentario: trasladar mis conocimientos profesionales en dirección, docencia y gestión sanitaria a la Cámara donde se deciden las normas capaces de dar recursos económicos al servicio de los usuarios del Sistema Nacional de Salud. Traté de hacer país, desde mi condición de profesional, fruto de escuela pública, instituto de enseñanza media (público), Universidad y sanidad públicas.

Trasladé al Parlamento vasco mis inquietudes como miembro fundador de la sociedad regional norte de Geriatría y Gerontología, por entender que estábamos ante uno de los mayores retos de la Humanidad: el fenómeno sin límites del envejecimiento poblacional. Otra de mis grandes satisfacciones fue contribuir a que se aceptara la existencia del fenómeno de la pobreza, conviviendo con la sociedad del consumo y del ocio, quizá por mi pasado en el Pozo del tío Raimundo con el padre Llanos, en la ciudad de la ‘señá’ Cibeles, cuando las barriadas del Madrid de las señoronas que vestían de Balenciaga ocultaban, entre ‘seiscientos’ y televisores en blanco y negro, la miseria de las chabolas.

Y estuve en Chile, con la primera delegación del Parlamento vasco que, en 1985, se pasó al general Pinochet por el ‘arco del triunfo’ y nos fuimos a contribuir con la Democracia Cristiana chilena, a poner los cimientos para que regresara la democracia que fue arrebatada a golpe de bombas contra el Palacio de la Moneda en el que murió, como un orgulloso partisano, un tal Allende. Pero lo más satisfactorio fue formar parte del único, hasta ahora, grupo parlamentario Foralista Alavés. Para defender los derechos forales, que no históricos, de la comunidad de ciudadanos habitantes de Álava.

Hacer alavesismo, demandar otro reparto de los dineros que se pagan en las haciendas forales, exigir alternativas a las inversiones en el Bilbao Metropolitano para la capital de Álava, que lo es por imperativo legal de Euskadi; oponerme a la política lingüística del nacionalismo vasco, que no es lo mismo que estar contra el euskera, al que siempre he calificado como patrimonio de la Humanidad. Dejar constancia de algo que no es obvio. El Estatuto de Autonomía configura una comunidad internamente descentralizada y donde se mantienen las instituciones y peculiaridades de los órganos forales, lo que nos lleva a recordar que, en caso de consulta a los ciudadanos, lo que otros llaman pueblo vasco, las características de este país obligan a que el resultado se valore por territorios, o incluso se haga la consulta en Álava sobre cómo y dónde quieren estar los ciudadanos de Álava. En resumen, que nunca agradeceré suficientemente a los votantes alaveses la distinción que me han hecho para contribuir a la historia moderna del País Vasco y de España.

La izquierda exigua y residual
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 28 Octubre 2001

Mientras la izquierda ilustrada y consecuente intenta aplicarse a sí misma la sana terapia consistente en aprender de los propios errores y se esfuerza por construir, pese a todo lo de ella que se derrumbó en 1989, un sistema de ideas a la altura del siglo XXI, en España, Izquierda Unida sigue empeñada en una obstinada batalla contra la razón y contra su propia supervivencia. El electorado se limita a levantar acta de sus desatinos y, de perseverar en el extravío, cabe augurarle un futuro destino extraparlamentario. En la mayoría de los casos, Izquierda Unida proporciona un criterio casi seguro para el acierto: hacer justo lo contrario de lo que propone. Quizá el paradigma del descarrío lo constituya la actitud de Madrazo en el País Vasco, donde Izquierda Unida ha alcanzado cotas de desprestigio político y moral casi imbatibles.

En la imagen que ofrecemos a nuestros electores, aparecen dos de los máximos responsables de la tenaz campaña emprendida contra el buen sentido en su carrera irrefrenable por retroceder en el devenir de la historia. Paradojas del progresismo. En un ambiente tan destartalado y cutre como el que albergan sus propuestas políticas, los dos dirigentes filocomunistas se exhiben sobre el fondo ominoso de un cartel que habla con elocuencia de la altura y profundidad de su ideología. El más fino ingenio y la mayor clarividencia política nos obsequian con esta desternillante equiparación entre el dirigente, quizá mediocre, de una sociedad con muchas y grandes cosas que cambiar, pero, al cabo, democrática y libre, y un fantoche totalitario y delincuente, dispuesto a convertir mediante el terror al mundo en un campo de concentración fundamentalista. Izquierda Unida, como el asno de Buridán, duda entre la perversidad de Bush o la de Bin Laden. Así se conquista el futuro. La izquierda que desbarra unida permanece unida.

«Fórmulas jurídicas» contra ETA y su entorno
El Mundo 28 Octubre 2001

MADRID.- El vicepresidente primero del Gobierno y ministro del Interior, Mariano Rajoy, aseguró ayer que España y la Unión Europea están buscando «fórmulas jurídicas» para evitar que grupos afines a ETA burlen la ley cambiando de nombre, como ya ha ocurrido en España cuando se ha ilegalizado una organización juvenil o un periódico.

Dentro del contexto internacional para buscar fórmulas que permitan cortar las redes financieras de los grupos terroristas, Rajoy se refirió a la política de subvenciones a organizaciones o grupos del entorno de ETA, advirtiendo que el Gobierno vasco debería hacer lo mismo que el central en cuanto a la concesión de subvenciones a este tipo de colectivos. Así, aseguró que se conformaría con que, «a la hora de subvencionar a todos los grupos que sirven a los objetivos políticos de ETA y de su entorno, que es la misma ETA, se actuara igual por parte de distintas instituciones en el País Vasco que lo que hace el Gobierno español».

«Simplemente me conformaría con eso», apostilló para añadir que «ahí tiene una buena oportunidad el PNV para ponerse con todos en la lucha contra el terrorismo», declaró Rajoy a la agencia Europa Press.

En opinión del titular de Interior, «ETA tiene a su disposición a un partido político que se llama Batasuna y a una serie de organizaciones como Gestoras pro Amnistía, como la antigua Jarrai, que son instrumentos de la propia organización terrorista».

«ETA manda en Batasuna»
El ministro tiene claro que «quien manda es un grupo de terrorismo» y cree que el partido político «son una serie de señores sin criterio propio y que están exclusivamente a las órdenes de lo que les mande hacer un grupo terrorista».

Rajoy defendió que aunque coger comandos es importante, también lo es luchar contra otro tipo de organizaciones que ETA tiene «a su alrededor y que sirven para sus fines». Así, puso como ejemplo, los grupos que «buscan fondos económicos, grupos como las juventudes que son auténticos semilleros de terroristas, el periódico, las propias Gestoras pro Amnistía...» y también Batasuna que, según el ministro y vicepresidente primero del Gobierno, es «un instrumento de la organización terrorista ETA y está a la órdenes de la banda».

Mayor acusa a Ibarretxe de ir «a piñón fijo» en la convergencia con ETA
BILBAO. ABC 28 Octubre 2001

El presidente del Grupo Parlamentario del PP en la Cámara autonómica vasca, Jaime Mayor Oreja, lamentó ayer que la comisión que se creará para abordar los avances y la situación del Estatuto de autonomía, por iniciativa el lendakari, Juan José Ibarretxe, sólo tienda a la «ruptura» y el «desacuerdo» entre vascos nacionalistas y no nacionalistas.

En una entrevista concedida a RNE, el dirigente del PP dijo, en este sentido, que la abstención de la coalición Batasuna respecto a la creación de esta comisión se debe, paradójicamente, a que a la formación proetarra «le gusta» este proyecto.

«Es una comisión de ruptura y ellos -sostuvo en referencia a los nacionalistas vascos- quieren de alguna manera seguir favoreciendo ese proyecto de convergencia entre ETA y el PNV». A juicio del que fuera ministro del Interior, no es otra la la actual estrategia del PNV.

Asimismo, Mayor indicó que, mientras los nacionalistas están apostando por liquidar el actual marco político y jurídico, establecido en la Constitución de 1978, el PP está decidido a que no se supere ese marco de ninguna manera. «El Estado -agregó el responsable de los populares vascos- tiene la obligación democrática de hacer prevalecer la norma suprema que es la Carta Magna».

A su entender, en el denominado «Pleno de autogobierno» que se celebró en el Parlamento vasco el pasado miércoles, el lendakari dejó claro que tiene una estrategia «de piñón fijo» en pro de avanzar hacia la independencia. Para Mayor Oreja, la actual estrategia del PNV es una suerte de «Estella «light» y a plazos, en la que se produce un proyecto de convergencia con ETA y no un proyecto de coincidencia» con los que no sienten en clave nacionalista.

Sola entre verdugos
Le llaman «torturadora» los mismos que hace 21 años asesinaron a su marido. Recibe tarjetas con su nombre dentro de una diana, una vez le mandaron un paquete-bomba que no llegó a estallar y vive pegada a dos escoltas. A María Pilar Elías, la única concejal del PP en el Ayuntamiento de Azcoitia, le tocaba sentarse en los plenos al lado de Asier Altuna, el portavoz de Batasuna al que hace días le encontraron un coche-bomba en el garage. Esta es la historia de una mujer vasca que se siente española.
Alberto Fernández-Salido - Azcoitia (Guipúzcoa) .- La Razón 28 Octubre 2001

En el buzón de su casa todavía se lee el nombre de Ramón Baglietto, a pesar de que le asesinaron una noche de mayo de hace 21 años. María Pilar Elías, su viuda, le tiene tan presente que el pasado jueves, cuando este periodista le preguntó por qué nadie lo había cambiado, necesitó varios segundos para encontrar una respuesta: «Qué gracia, pues fíjate que nunca lo había pensado hasta ahora». Las cartas llegan sin problemas porque todos en Azcoitia saben quién es Pilar y cuál es su historia. Lo malo es que, de vez en cuando, entre el correo que le envían a esta concejal del PP, se cuela alguna tarjeta con su nombre dentro de una diana. Incluso, una mañana de marzo de 1999 alguien le dejó un paquete bomba que parecía un libro. En esas ocasiones no hay remite, pero tampoco hace falta. Azcoitia es tan pequeño que ciertas acciones no necesitan firma. La última de estas obras anónimas tuvo lugar la noche del miércoles, cuando dos individuos con pasamontañas azul –y eso que la noche fue primaveral– dejaron una olla explosiva en la puerta de una vivienda del pueblo. Casualmente, en el domicilio de Isabel y Guillermo, matrimonio de jubilados afiliados al PP. Gente peligrosa que pasadas las once de la noche veía la televisión. Olieron el humo, abrieron la puerta y se encontraron las llamas. Mientras él alejaba el artefacto de un par de patadas, segundos antes de que estallara, ella llamó por teléfono a su amiga Pilar, que a esas horas ya se había despedido de sus escoltas y estaba a punto de acostarse. Al otro lado del teléfono, Isabel le gritaba: «¡Pilar, que tengo un atentado en casa. Llama a la Ertzaintza!».

Esa misma tarde, Pilar e Isabel habían estado juntas. Se habían reunido con otros afiliados para hablar de la confección de listas. Alguien debió verlas y decidió amedrentar al matrimonio a la vieja usanza: con una advertencia a la puerta de casa. Después de hablar varias veces con la Erztaintza e informada de que esta vez se salvaron, Pilar se metió en la cama. Dice que no durmió en toda la noche porque le podía la emoción, y que hasta se le saltaban las lágrimas. A la mañana siguiente, sin embargo, su fuerza parecía intacta: «Estos sinvergüenzas no nos echarán de aquí. No podrán con nosotros».

Esa fortaleza es, precisamente, lo que más solivianta a los del pasamontañas. Una y otra vez desde hace décadas se han topado con esta mujer vasca que presume de ser española. «Ya me mataron al marido, ya he criado a mis hijos, y ahora sólo tengo mi libertad. Es lo último que me queda, y eso, aunque me maten, no me lo podrán quitar». Estas frases, a medio camino entre la confesión y el epitafio, guardan un poso de heroísmo no buscado, más bien impuesto por las circunstancias. Pero el mensaje no es nuevo. Apenas se ha modificado desde hace dos décadas, cuando había un muerto cada 60 horas y el cadáver de su marido yacía todavía caliente en una cuneta del puerto de Azcárate. Pensaban que con Ramón Baglietto muerto se acabaría el problema, que el dolor callaría a otra familia más, pero día tras día siguen dándose de bruces con Pilar en las comisiones del Ayuntamiento o en las calles de Azcoitia, como si nada.

«Ya voy para casa, ya salgo», le dijo Ramón aquella noche de lluvia cerrada en una llamada telefónica antes de cerrar su negocio en Elgóibar. Fue la última conversación. Media hora después, alguien tocó el timbre de su casa para anunciarle que su marido había muerto. Encontraron su coche empotrado contra un árbol y a Pilar le dijeron que había tenido un accidente. «No, no, a Ramón le han matado», replicó entonces, con una clarividencia que aún recuerda. No se equivocó. Cinco miembros de un comando etarra le habían seguido durante días, y esa noche le tendieron una trampa. Le siguieron con el coche y en una curva que obligaba a reducir la velocidad abrieron fuego. Su paisano Cándido Azpiazu empuñó el arma, y se encargó de rematarle a bocajarro.

El verdugo conocía muy bien a su víctima en aquella ocasión. ¿Cómo olvidar al hombre que 18 años antes, el 21 de septiembre de 1962, le había salvado de morir atropellado por un camión? (REPORTER contó la enrevesada historia de este asesinato en agosto pasado, publicando en exclusiva la entrevista íntegra al atormentado, que no arrepentido, Azpiazu). Ramón, sin embargo, no había seguido los pasos de aquel bebé de once meses que el destino le había puesto en los brazos. Había olvidado su cara. Por eso no le reconoció las muchas veces que le tuvo delante entre 1961 y 1980. Ramón no sabía, por ejemplo, que Azpiazu era el agente del «Círculo de Lectores» encargado de dejar la revista en el hogar de los Baglietto y de entregar sus pedidos. (Cuenta Pilar que cuando supieron de este macabro quiebro del destino, se dieron de baja, y que con el tiempo, cuando algún visitador despistado ha vuelto a tocar a la puerta de su casa, se marchaba temblando al escuchar los motivos del rechazo). Azpiazu pagó su crimen con un breve paso por la cárcel. Cumplió 12 años, en lugar de los 30 que imponía su condena, acogiéndose a unas medidas especiales instauradas por el Gobierno socialista. Ahora, el verdugo es un hombre libre que –según su propia confesión– se cruza «de vez en cuando» con Pilar en las calles de Azcoitia. Ella no sabe quién es él, ni quiere saberlo. «No, de verdad que no le conozco. No tengo ni idea. Creo que ha cambiado mucho, y que ha perdido pelo. Prefiero no saber quién es, porque yo no soy de las que se calla. Yo le diría alguna cosa. ¿Qué? Pues ahora mismo no sé, porque soy muy espontánea... Bueno sí, espera, le diría: “Vosotros sí que vivís bien, y no nosotros, que no tenemos vuestra misma libertad”».

Lo extraño, lo retorcido, lo increíble, se halla en que después del asesinato de su marido, Eta y sus valientes sigan teniendo a Pilar entre sus objetivos. Porque ya se habló antes de las amenazas recibidas entre el correo y del paquete bomba detectado a tiempo, pero la retahíla de coacciones no siempre cabe en los periódicos. Hace cuatro meses, un conocido advirtió a Pilar de que la tarde anterior había visto a tres encapuchados enfrente de su terraza. Pilar pidió a la Ertzaintza que se diera una vuelta por los arbustos señalados y le confirmaron las sospechas: había huellas y restos de su paso por allí. Ésa es la lluvia fina, el sirimiri terrible de esta dictadura del miedo impuesta por una minoría pero que cala hasta los huesos a quienes la sufren.

El mundo al revés
Ante semejante horizonte, a Pilar no le ha quedado más remedio que blindar sus días con dos escoltas y cuidar sus hábitos. Nunca sale sola. Bueno, una vez sí lo hizo. Fue una noche del año pasado. «Me dolía la garganta y tenía tal afonía, que no me quedó otra que irme de urgencia al ambulatorio sin avisar a los chicos. Un ertzaina de paisano debió de verme pasar sola, y al salir de la consulta me encontré a dos agentes esperándome en la puerta. Me echaron la bronca por arriesgarme. ¡Fijate cómo hay que vivir aquí. Por eso no podemos ceder ante el miedo!». Así, la mañana del jueves pasado, después del susto en el domicilio de Isabel y Guillermo, Pilar buscaba adeptos para una protesta de cinco minutos. En esas andaba cuando la llamó por teléfono Nerea Zubizarreta, la alcaldesa, del PNV, desde Roma. «Oye, Nere, ah, que estás de viaje. Pues ya puedes rezar allí», le decía Pilar. Al colgar, se explayó: «Llamaba para solidarizarse con nosotras. Yo sé que a ella le duelen estas cosas, pero claro, estos del PNV tienen una ambigüedad encima que a veces te dejan de un aire».

Por ejemplo, el comunicado de hace una semana, cuando la Policía detuvo a Asier Altuna, concejal y portavoz de Batasuna en el Ayutamiento de Azcoitia. Tenía en su garaje un coche-bomba preparado para dejar una viuda y unos huérfanos más. Horas después de la detención, se convocó un pleno municipal en el que se leyó el comunicado en cuestión: «Decía que se solidarizaban con el detenido y se pedía el respeto a sus derechos humanos. El PNV votó a favor. No me lo podía creer. Yo me opuse, y los de Batasuna me llamaron “torturadora, carcelera y española”, ¿Es o no es el mundo al revés?».

Altuna, el concejal del coche-bomba, se sentaba a la izquierda de Pilar en las sesiones. «En su mirada se ve el sinvergüenza que lleva dentro. Él era el veneno, aunque me ha sorprendido que guardara ese coche en su garage. Con él no se podía hablar, porque a la mínima me llamaba “torturadora”. Un día me enfrenté a él y le dije que no sólo se preocupara por los derechos de los presos, que pensara también en el lugar donde tenemos a nuestras víctimas: bajo tierra. Me cortó la palabra la alcaldesa, claro». Aunque no siempre ha sido ella quien ha tenido que quedarse con la palabra en la boca. Hace un par de años, Pilar hizo lo mismo con una vecina de aviesas intenciones: la madrastra de Cándido Azpiazu (la madre murió atropellada por un camión en el accidente mencionado). «Yo sé quién es ella. Me la encuentro mucho por el pueblo. Una noche llamó y, con tono amenazante, me dijo que ella también tenía algo que decirme. No la dejé hablar y colgué el teléfono, claro. ¡Que me lo diga a la cara! Ahora, cuando nos cruzamos, cambia la vista. Ni me mira».

Cuando las fuerzas flaquean
A sus 59 años y sin fecha de jubilación («seguiré hasta que el pueblo deje de votarme»), la constancia de Pilar Elías se ha convertido en uno de los bastiones de la política vasca no nacionalista. «Pero no somos héroes, ¿eh?, que muchas veces, cuando llego a casa y cierro la puerta siento que las piernas me tiemblan. ¿Qué podemos hacer si no? ¿Callarnos, marcharnos? Nací en Azcoitia, siempre he vivido aquí y amo esta tierra tanto como el que más. Lo único que hace falta es libertad, y sólo vendrá si seguimos trabajando». Por primera vez en seis horas ríe. Acaba de acordarse de las dos semanas de vacaciones («las primeras en muchos años») pasadas en Alicante este septiembre. «Fui con mi hermana. Salíamos del hotel, íbamos a restaurantes, a la playa sin escolta. En mi vida he disfrutado más que en esos días. Eso es lo que quiero yo para mi tierra. ¿Te imaginas?» Pero su sonrisa dura poco.

Bajo la mirada del asesino
Iñaki, José Luis, Mikel y Regina fueron vigilados día tras día por tres de sus vecinos de Eibar para que ETA eligiera a cuál de los cuatro era más fácil matar
PABLO ORDAZ Eibar El País 28 Octubre 2001

Ya hace tiempo que Mikel se siente de cristal. Al salir de casa, algunas miradas lo atraviesan sin detenerse, más interesadas en averiguar dónde están sus guardaespaldas, cuántos son, qué cara tienen. Ahora ya sabe por qué. Tres vecinos de su pueblo, Eibar, un laberinto de calles incrustado en el fondo de un valle de Guipúzcoa, fueron detenidos hace unos días por la policía acusados de vigilarlo y anotar sus movimientos en un siniestro diario que luego pasaron a ETA junto con el de otros tres vecinos, Iñaki, el alcalde; Regina, la concejal del PP; José Luis, un edil socialista... Otros terroristas, escondidos en Soraluze y Azkoitia, también pueblos de Guipúzcoa, fueron recibiendo la información de los cuatro hasta elegir a José Luis, la presa más fácil, trabajador de una fábrica de cartuchos situada en una esquina de Eibar. Cuando ya tenían el coche y los explosivos para matarlo, la policía los detuvo a todos, diez en total. Dos de ellos ya habían sido fichados anteriormente, pero el resto podía salir a la calle tranquilamente, vigilar a cuerpo gentil, incluso saludar como si tal cosa a alguna de sus víctimas:

-Un día me encontré frente a frente con uno de ellos -recuerda Mikel, profesor en la Universidad del País Vasco-. Nos paramos y mantuvimos una breve conversación en euskera sobre asuntos sin importancia. Aquí, de política sólo se habla con los amigos.

Mikel también conocía de vista a los otros dos detenidos, gente madura, vecinos del pueblo de toda la vida, piezas indispensables en el engranaje de ETA. Según los planes de la organización, José Luis, el concejal socialista, tendría que haber muerto el pasado domingo, destrozado por un coche cargado de explosivos, acompañado quizás hasta en eso por su guardaespaldas, del que no se separaba ni un minuto desde que, el pasado mes de marzo, asesinaron a Froilán Elespe, concejal socialista de Lasarte (Guipúzcoa), y la dirección del partido se puso seria y obligó a todos sus cargos a vivir escoltados.

Ésta es, pues, la historia de Mikel Iriondo, Iñaki Arriola, José Luis Vallés y Regina Otaola, un profesor universitario, el alcalde socialista de un pueblo de 30.000 habitantes y dos de sus concejales. Se enteraron hace una semana de que tres vecinos de Eibar estaban escribiendo su diario para que ETA pusiera el punto final. Ahora, todavía con el susto en el cuerpo, se apresuran a ser ellos los que sigan redactando su propia vida. Pero no es fácil.

Domingo 21 de octubre. José Luis se levanta temprano, la casa aún está en silencio. Hace cuatro días que guarda un secreto, puede que el más importante de su vida. La policía lo había llamado el miércoles por la noche. 'José Luis', le dijo un jefe de la Brigada de Información, 'lo sabían todo sobre ti. En los últimos meses te habían seguido todos los días, a ti y a tu escolta; habían estudiado vuestros itinerarios, el lugar de la empresa donde trabajas, todo. Tenían previsto matarte el próximo domingo. Con un coche cargado de explosivos...'. Este día 21 era ese 'próximo domingo'. Si la policía no los hubiera detenido, piensa José Luis, se estaría levantando por última vez, desayunando por última vez, saliendo de casa por última vez, viendo a su familia por última vez... Quiere quitarse de la cabeza los malos pensamientos, pero le vuelven en forma de unas fichas del tamaño de medio folio. Se las enseñó la policía el miércoles por la noche y en ellas estaba escrita su vida con la letra de otro. Su biografía no autorizada.

Mikel se cruzó con uno de los que le espiaban y charló un poco. A los otros dos los conocía de vista

José Luis quiere seguir manteniendo el secreto, pero no puede. La misma tarde del domingo reservada por ETA para su muerte, su familia se enteró de que aquel coche robado que vieron en la televisión, el Renault Clio de color blanco que un concejal de Euskal Herritarrok de Soraluze guardaba en su garaje, estaba destinado a estallar al paso de José Luis. No es fácil digerir tanta dinamita. Aunque nunca llegue a explotar.

Lunes 22 de octubre. El mismo día en que, si la policía no hubiese actuado, los socialistas hubieran tenido que ir al entierro de José Luis, los concejales de Euskal Herritarrok solicitan al alcalde de Eibar la celebración de un pleno. Quieren debatir una moción, redactada por Gestoras pro Amnistía, donde se pide solidaridad con los detenidos y que el municipio se haga cargo de los gastos. El alcalde, también en el punto de mira de los recién encarcelados, acepta que el pleno se celebre y entonces se produce un espectáculo surrealista. Junto a la silla vacía del hombre que iba a ser ejecutado sin juicio -José Luis decide no asistir para no convertirse en el centro de todas las miradas- los concejales de EH colocan unos carteles donde se puede leer: 'Incomunicación. Posible Tortura'. Se producen enfrentamientos entre los vecinos. '¡Asesinos!', gritan unos. Una mujer se da por aludida. '¡Como me llames asesina te denuncio!', La otra insiste. '¡Asesina, asesina!'. Se producen forcejeos y la moción de EH se rechaza. Los detenidos de Eibar no tendrán la solidaridad ni el dinero de los vecinos del pueblo. Al menos no oficialmente. En Azkoitia, sin embargo, es distinto. Allí, el jueves anterior, el pleno sí aceptó una moción en solidaridad con las familias de los detenidos. La única concejal del PP, María Pilar Elías, viuda de Ramón Baglietto, asesinado por un terrorista de ETA al que de pequeño salvó la vida, pide la palabra y dice: 'Yo lo único que pido es libertad y paz, derechos humanos para los que tenemos que vivir con escoltas'. Un concejal de EH le increpa: '¡Torturadora!'. Ella se defiende: '¡Asesino!'. La alcaldesa, del PNV, se dirige a la concejal del PP: 'María Pilar, no te metas'. El pleno termina y dos jóvenes vestidos al estilo radical, coleta y aretes en las orejas, se van comentando entre dientes:

-Son unos hijos de puta.
-Sí, no tienen vergüenza.

Martes 23 de octubre. Iñaki, el alcalde de Eibar, tiene todos los cansancios reunidos en la cara. Firma papeles en su despacho y mira un plano de su pueblo colgado en la pared, un laberinto de calles estrechas, tráfico denso, incesante ir y venir de vecinos. A él y a los otros amenazados por ETA siempre les asalta la misma pregunta al pasear junto a sus guardaespaldas. ¿Dónde estará la trampa? ¿Quién mira para espiar y quién simplemente para ver? 'Yo quería', reflexiona, 'que sólo se notara que soy socialista por hacer viviendas, polideportivos, zonas verdes..., y no por esto. Es duro poner tanto y encima que se quieran cobrar tu propia vida'. Iñaki piensa en su compañero José Luis: 'Lo más difícil será consolar a la familia. Tú ya vives con eso. Sabes que te pueden matar en cualquier momento, pero la familia...'. A Iñaki le duele especialmente que le llamen torturador: 'Yo estoy en contra de la tortura, pero ellos...'. Ellos... Sale en la conversación la imagen de Ortega Lara saliendo del zulo, el cuerpo de Miguel Ángel Blanco atado y agonizante. Los cuatro amenazados están de acuerdo: 'Si hay un caso de tortura, que se investigue y se castigue a los responsables, pero aun así ellos van a seguir utilizando ese argumento para justificar sus crímenes'.

Miércoles 24, seis de la tarde. Ya hace seis años que Regina, concejal del PP, vive encerrada tras siete llaves y dos guardaespaldas. Sólo se siente libre en su casa o muy lejos de Euskadi. No es la primera vez que la policía llama para decirle que ETA quiere matarla. Y, aun así, sigue aquí, en el último pueblo de Guipúzcoa, erre que erre. ¿Por qué?:

-Yo creo en la libertad. Creo que se pueden defender las ideas de forma pacífica y libre. No quiero que estos totalitarios se salgan con la suya.

'Ésos son los peores. Los que nunca serían capaces de jugarse el bigote. Son los que hacen héroes a los asesinos'

A Regina, a Iñaki, a José Luis o a Mikel, lo que más les impresiona no es salir en una lista de ETA, haber sido seguidos por vecinos convertidos en terroristas o tener sin saberlo una fecha asignada en el cementerio. Lo que más perplejos les deja es pensar en toda esa gente que nunca sería capaz de apretar un gatillo pero que sin embargo disfrutaría con su muerte. 'Ésos son los peores', dice Mikel, 'los que nunca serían capaces de jugarse el bigote. Compensan el defecto personal en el exceso ajeno. Son los que hacen héroes a los asesinos'.

Mañana, antes de salir a la calle, de madrugada aún, estos cuatro vecinos de Eibar volverán a estudiar con sus escoltas la mejor forma de llegar vivos a la noche. Intentarán regatear al destino por el laberinto de Eibar, al llegar a la facultad o en la fábrica de cartuchos. Aun así, todos tienen la sensación de que es una lucha inútil y un poco egoísta. Como en el juego de cartas, si el asesino te guiña, estás muerto; si consigues apartar la mirada, otro morirá por ti. El miércoles por la noche, dos jóvenes con capuchas azules intentaron quemar a una pareja de jubilados en Azkoitia. Su delito, ser militantes del PP. Siempre hay un asesino dispuesto a escribir el diario de su víctima.

Atacan con cócteles molotov la vivienda de la hermana de un concejal del PNV en Azpeitia
BILBAO. Agencias ABC 28 Octubre 2001

Varios desconocidos han atacado esta madrugada con "cócteles molotov" la vivienda de la hermana de un concejal del PNV en Azpeitia (Guipúzcoa), sin que se hayan originado daños de importancia, según informó la Ertzaintza.

Durante esta noche también se han registrado otras cinco acciones de violencia callejera en varios puntos del País Vasco, aunque en ningún caso han ocasionado daños personales y los daños materiales han sido escasos.

El ataque contra el piso de la familiar del edil del PNV de Azpeitia se ha producido en esta localidad guipuzcoana poco antes de las tres y media de la madrugada cuando varios desconocidos lanzaron "cócteles molotov" al balcón de la vivienda. Los artefactos han provocado un pequeño incendio que se ha consumido solo y han originado escasos daños en la persiana y en algunos utensilios que estaban en el balcón.

Poco después, y también en Azpeitia, un grupo de atacantes han vertido líquido inflamable en la sucursal del BSCH de la calle Emparan, lo que ha ocasionado un pequeño incendio y escasos daños.

En San Sebastián se han registrado dos acciones con "cócteles molotov" sobre la una y media de la madrugada. Una de ellas contra la Jefatura Provincial de Tráfico y otra contra la fachada de la sede de CC.OO., ambas ubicadas en la Avenida Carlos I. En el primer caso, los vándalos han roto los cristales y han provocado un pequeño incendio en el recibidor de la oficina, mientras que en el segundo únicamente han ocasionado el ennegrecimiento de la fachada.

Otro ataque se ha registrado en Baracaldo (Vizcaya) pasadas las dos de la madrugada, cuando varios "cócteles molotov" han impactado contra el cajero automático de una sucursal de La Caixa en la Avenida Euskadi.

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